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AMISTAD EN GRANDE

25 agosto 2016

A la memoria de Nacho Padilla, gran amigo de la infancia.

A la par y en consonancia con su obra literaria, el versátil autor galés Roald Dahl (1916-1990) tuvo una estrecha relación con la televisión y el cine, participando como guionista en Solo se vive dos veces, (Gilbert, 1967) y en Chitty Chitty Bang Bang, (Hughes, 1968), ambas basadas en novelas de Ian Fleming, así como en El enterrador nocturno (Reid, 1971), insertando una combinación de romance, tensión sexual y misterio, cual sello de la casa: elementos narrativos en apariencia contradictoria o subversiva confluyendo en un mismo relato para ser leídos en distintos niveles.

Además, su vínculo con la pantalla fílmica se ha fortalecido como creador de historias irresistibles que pedían a gritos su traslado al mundo de las imágenes, tanto por su originalidad temática, imaginería visual y creación de personajes atípicos, como por su capacidad para incorporar perspicaces ideas de diferente nivel de profundidad en un mismo argumento, en particular las que en apariencia se orientan a un público infantil en el que se confronta el mundo adulto con el de la niñez, pero con personajes que a pesar de la edad conservan cierto espíritu inocente.

Los ejemplos más notables son Willy Wonka y la fábrica de chocolate (Stuart, 1971), con el guion del propio Dahl y que mereció una segunda mirada bajo el título de Charlie y la fábrica de chocolate (Burton, 2005); Las brujas (Roeg, 1990), que bien merecería volverse a ver; la animada Jim y el durazno gigante (Selick, 1996); Matilda (DeVito, 1996), capturando su toque de rebeldía y El fantástico Sr. Zorro (Anderson, 2009), quizá la mejor adaptación que ha recibido la obra del también cuentista (Relatos de lo inesperado, 1979; Historias extraordinarias, 1977) que padeció una vida familiar signada por la tragedia.

Steven Spielberg ya había visitado tangencialmente el universo del escritor cuando produjo Gremlins (Fante, 1983), filme en el que se recuperaba en cierto sentido a las criaturas del folklore inglés dándoles una cara amable; de alguna manera parecía que, por la trayectoria de ambos, en algún momento habría un punto de encuentro entre el texto literario y el traslado fílmico, más allá de cuestiones de derechos, agendas y casas productoras.

Los avances tecnológicos para la producción de imágenes (en este caso la motion capture que funciona muy bien para la gestualidad), la posibilidad de adaptar un texto que cabía en la mirada del afamado director y el interés de la casa Disney, abrieron la puerta para que por fin se pro
dujera el filme sobre el gigante y una huérfana, que ya había detonado The BFG (Cosgrove, 1989), cinta animada para televisión.

DADOR DE SUEÑOS

En cuanto a los rasgos del personaje principal, este acosado y bienintencionado grandulón de útiles orejas expandidas aunque pequeño en comparación con los de su género, parece ser la cara opuesta del gigante egoísta de Oscar Wilde y estar más cerca del gigante de hierro de Ted Hughes, inspirador de la emotiva película de animación homónima de Brad Bird, también perseguido aunque apoyado en una sólida amistad con un niño, tal como le sucede a este amistoso ser.

El buen amigo gigante (The BFG, RU-EU-Canadá, 2016) narra la historia de una amistad entre Sophie, una huérfana con espíritu aventurero (Ruby Barnhill) y un gigante bonachón, vegano y bebedor de un licor artesanal por si hacía falta, que guarda, comparte y asigna los sueños de las personas. Mientras que la primera se las arregla para vivir en el orfanato esperando al monstruo de las tres de la mañana, el segundo resiste el acoso y las burlas de sus congéneres, un grupo de gigantes caníbales de maneras rupestres que no entienden de sueños y quimeras, sino solo de carne y ronquidos.

BFGLa propuesta de la escritora recién fallecida en noviembre del 2015 Melissa Mathison, responsable también de los guiones de El corcel negro (Ballard, 1979), The Escape Artist (Deschanel, 1982), la memorable E.T. El extraterrestre (Spielberg, 1983), La llave mágica (Oz, 1995) y Kundun (Scorsese, 1997), recupera la premisa esencial de la historia enfatizando un humor alejado de las tonalidades oscuras y planteando, sobre todo, la importancia del vínculo que se puede establecer entre dos personas marginadas.

Después de retomar otro clásico europeo en Las aventuras de Tintín (2011), Spielberg opta por cocinar esta historia de buenos amigos a fuego lento, de manera sencilla y parsimoniosa con un enfoque cuidadosamente familiar, quizá perdiendo intensidad emotiva pero ganando tiempo para el hermoso despliegue visual, en consonancia con las ilustraciones originales del libro, mostrado desde las primeras de cambio con la secuencia del gigante recorriendo las calles londinenses y recurriendo a ingeniosas estrategias de camuflaje, notablemente capturado por una cámara que se ubica en los ángulos precisos y se desplaza con la misma soltura que el escurridizo dreamcatcher.

El episodio en el Palacio de Buckingham, particularmente durante el desayuno ofrecido por la reina (Penelope Wilton) y organizado por su asistente (Rebecca Hall), termina por ser el más logrado en términos de entretenimiento, mientras que la secuencia del lago de los sueños resulta visualmente absorbente, si bien el significado que implica la invitación por parte del gigante en términos de confianza, no alcanza a plasmarse del todo. Las escenografías, por su parte, están llenas de detalles que bien vale la pena revisar, como la de la habitación del niño que había llegado antes a la tierra de gigantes.

Está presente el cumplidor score de John Williams para acompañar a las secuencias, ya sea de cierta acción o de emotividad, puntual y expansivamente creadas por la cámara experta del habitual Janusz Kaminski, abriendo espacios para que la luz ilumine los registros actorales del gran Mark Rylance (que repite con Spielberg tras su soberbia actuación en Puente de espías), potenciados por la excelsa técnica de animación que se inscribe como un avance en relación con otros absorbentes esfuerzos vistos en cintas como El expreso polar (Zemeckis, 2004), Una mirada a la oscuridad (Linklater, 2006) y Beowulf (Zemeckis, 2007).

 

INFANCIA BUSCA DESTINO

4 agosto 2016

Para entender quién eres ayuda saber de dónde vienes, si bien es necesario seguir reflexionando sobre la propia condición presente como base mínima para más o menos dibujar un futuro deseable, sobre todo porque uno nunca termina de configurarse del todo. En general, incluso los niños que tienen claro su origen se hacen preguntas al respecto, pero con la seguridad de saber que ocupan un lugar en una comunidad o familia; los que no, se invaden de cuestionamientos acerca de su propia identidad y buscan adherirse a su entorno próximo, aunque de inicio no pertenezcan a él.

Un par de películas en las que un niño y una niña respectivamente, tratan de entenderse a sí mismos: porqué son como son, cuál es la historia de sus familias y cómo pueden interpretar las claves que se les van presentando, sobre todo las que parecen venir de otros lugares y épocas. Ambas están curiosamente vinculadas con la hermosa y sutil obra animada La leyenda de la princesa Kaguya (Takahata, 2013), una por temática similar y otra por pertenecer a la misma casa productora, la imprescindible Ghibli, y por ende compartiendo orientación estilística y en cierto sentido argumental. Luminosidad y luminiscencia como fenómenos cercanos pero distintos en cuanto al grado de temperatura, en este caso emocional.

NIÑO LUMINOSO

Escrita y dirigida por el aún treintón oriundo de Arkansas Jeff Nichols (Shotgun Stories, 2007; Atormentado, 2011; El niño y el fugitivo, 2012), uno de los directores actuales más consistentes de la escena fílmica, El elegido (Midnight Special, EU-Grecia, 2016) transita con fluidez entre la fantasía, el apunte social y el drama familiar, centrándose en Alton, un niño con habilidades sobrenaturales y una particular fragilidad que le impide entrar en contacto con el sol. Un ser diferente ante el cual las estructuras sociales no saben qué hacer, a diferencia de su núcleo familiar, que lo protege con fe y por un amor lejos de la conveniencia relacional.

ElegidoDadas sus notables e indescifrables capacidades, el pequeño de gogles permanentes se convirtió en una especie de enviado para El rancho, la secta donde ha vivido -que recuerda en parte a la retratada en Red State (Smith, 2011)- cuyo líder interpreta sus aparentes desvaríos y monólogos en clave como mensajes de la divinidad, anunciando eventos trascendentes y dignos de ser materia para el sermón adoctrinante; por su parte, el gobierno y sus diferentes agencias no siempre en sintonía, detectaron el caso y lo ubican como un aliado, o un peligro según el caso, para efectos de seguridad nacional.

Pero entre estos dos grupos de interés está el padre del niño, quien ayudado por un amigo de la infancia, lo consigue extraer del grupo religioso para emprender la huida y reunirse con la madre, dando pie a una inquietante persecución en la que confluyen los distintos y antagónicos propósitos de los involucrados. Entre algunos episodios extraños padecidos o provocados por el protagonista, entretenido en leer un cómic de Superman, va descubriendo de dónde viene y, en consecuencia, quién es y cuál es su propósito.

Con intrigante edición que deja suspendidas las secuencias, dosificando la información para que el espectador vaya insertándose en las ambigüedades del relato, el filme se despliega a la par de los amplios horizontes y espacios capturados en las escenas transicionales, enfocadas a cimentar la noción del trayecto como búsqueda, sin destinos claros pero con acciones definitivas. El enigmático y atmosférico score de David Wingo, por momentos con intenciones de acelerar la marcha, se integra de manera puntual, reforzando significados explícitos cuando se trata de escape o resignación ante las fuerzas militares y sectarias.

Michael Shannon, habitual del director, brinda otra de sus grandes actuaciones como el decidido padre del pequeño, interpretado con la necesaria dosis de inocencia por Jaeden Lieberher y acompañado por un eficaz Joel Edgerton, como el amigo incondicional, y por un dubitativo agente encarnado por Adam Driver, asumiendo por entero la confusión. El gran Sam Shepard, como el mandamás de la secta, y Kirsten Dunst como la madre confundida pero siempre amorosa, complementan un reparto que contribuye a trascender la anécdota del infante con poderes.

La cinta acaba por ser una confirmación de la competencia narrativa y de dirección de actores de Jeff Nichols, aprovechando los recursos propios del lenguaje cinematográfico, para convertir una historia que podría quedarse como una buena anécdota, en campo para la emoción y reflexión, con todo y un mundo imaginario de diseño arquitectónico emparentado con las vanguardias.

NIÑA LUMINISCENTE

En El mundo secreto de Arrietty (2011), el director Hiromasa Yonebayashi plasmaba el Marnieemotivo encuentro entre un niño enfermo y la diminuta adolescente del título, pertenecientes a dos especies humanas diferentes, en particular distinguidas por el tamaño. Ahora, en El recuerdo de Marnie (Japón, 2014), construye la amistad entre una niña adoptada que gusta del dibujo, y otra jovencita que habita una casa misteriosa en un pantano, cuidada por una severa ama de llaves con todo y su castigadora forma de peinar, y un par de mucamas que no parecen guardarle demasiado aprecio.

Basada en la novela de Joan G. Robinson, la historia sigue a Anna, una niña introvertida que tiene que mudarse a un pueblo por cuestiones de salud; ahí será bien recibida por un matrimonio, cuya hija ya voló del nido, que le ayudará a cambiar de aires tanto físicos como emocionales. Pronto logra hacer amistad con la misteriosa habitante de una casa que parece transformarse ante su mirada, como si de otra época se tratara: se trata de una rubia jovial que poco a poco la va sacando de su ensimismamiento, mientras un silencioso barquero y una estilizada pintora aparecen en escena cual testigos de tiempos idos.

El halo de misterio y la posibilidad de la luminiscencia se articulan en una animación sello de la casa, cuidadamente artesanal y evocativa, tal como la experiencia que empieza a vivir Anna cual viaje a un mundo pasado cargado de explicaciones acerca del propio origen: la posibilidad de comprender los sucesos anteriores en relación con sus padres fallecidos abre la puerta para reparar en los propios rencores entremezclados con la culpa, presentes desde hace tiempo pero difícilmente explicables a partir de la confusa información que tenía: nada como saber para perdonar(se).

FAUNA ANIMADA EN FUGA

26 julio 2016

Las formas en las que nos relacionamos con los demás seres vivos son un tema de constante debate, sobre todo desde que las tendencias industrializadoras y las corrientes ecologistas entraron en pugna, aderezadas por las nociones de progreso y conservación, usualmente vistas como antagónicas aunque no necesariamente lo sean del todo. En particular los nexos con los animales, que van de la cruel explotación a la excesiva humanización (como lo señalaba Javier Marías en Perrolatría, El País Semanal, junio 19, 2016), se encuentran en la mesa de las discusiones por completo necesarias para dilucidar qué clase de especie queremos ser y en qué mundo queremos cohabitar.

Para alimentar la reflexión, recientemente se ha retomado la temática en algunas publicaciones como en el número de julio de Letras Libres (Los animales, nuestras víctimas), la tribuna de Milenio (¿Para qué sirven los zoológicos?) en la que se discute acerca de la existencia de estos sitios en las sociedades actuales y en publicaciones diversas, entre las que vale la pena destacar La sexta extinción. Una historia nada natural (Crítica, 2016) de Elizabeth Kolbert, libro ganador del Pulitzer de no ficción. El cine ha retomado el asunto sobre todo desde el género documental, tal como se puede ver en el durísimo Earthlings (2005), dirigido por Shaun Monson con la narración de Joaquin Phoenix y en el impactante Operación delfín (The Cove, 2009) de Louie Psihoyos.

Tradicionalmente, el cine de animación ha retomado a los animales para desarrollar varias de sus historias, asignándoles características humanas y colocándolos en situaciones comunes para nosotros, en las que combinan las habilidades propias de cada una de las especies y ciertos atributos y defectos exclusivos de las personas. Estimables cintas recientes como El fantástico Sr. Zorro (Anderson, 2009), Rango (Verbinsky, 2011) y Zootopia (Howard y Moore, 2016), ejemplifican esta vertiente argumental.

EN BUSCA DE LA MEMORIA PERDIDA

Dirigida cual spin off característico por Andrew Stanton (Wall-E, 2008) con el apoyo de Angus MacLane y soportada con el habitual sello de Pixar sin alcanzar las cuotas acostumbradas, Buscando a Dory (EU, 2016) retoma el argumento de su predecesora Buscando a Nemo (2003), cambiando el objeto de las pesquisas -los padres extraviados- e intercambiando los roles establecidos de protagonismo –ahora es la pez cirujano azul del título- y de soporte –los peces payaso Nemo y su padre Marlin-, además de la inclusión de diversos personajes en los que radica la novedad y el principal atractivo del filme.

A partir de un flashback involuntario generado en la clase del profesor Raya, la estimada y espontánea Dory (Ellen DeGeneres), todavía con problemas de pérdida de memoria inmediata, como le sucedía al personaje de Guy Pearce en Amnesia (Nolan, 2000), recuerda que en algún momento tuvo padres (Diane Keaton y Eugene Levy) y decide emprender una travesía orientada a encontrarlos, para la cual contará con el apoyo decisivo de Nemo (Hayden Rolence) y dubitativo de Marlin (Albert Brooks), además de las conocidas tortugas y alguno que otro pez considerado.

Dory actúa con base en la intuición y su capacidad de improvisación, en contraste con su amigo Marlin, siempre calculando los riesgos y anticipando consecuencias inexistentes. La memoria como la base de la identidad y el encuentro con el origen adornado con conchas son motivos suficientes para atravesar todos los mares del mundo; también poder ayudar a una amiga es razón para atreverse a emprender acciones que van en contra de lo que uno haría en circunstancias habituales. De alguna manera, se señala el valor de las diferencias y de las aparentes discapacidades, como en el caso del ave que ayuda a la protagonista el león marino rechazado, al final guiñando el ojo.

El destino llevará al trío, entre separaciones y reencuentros, a un instituto de conservación de la vida marina, donde aparecerá un mimético pulpo de hoscas maneras pero con buenos corazones (Ed O’Neill); una beluga en proceso de recuperar su capacidad de localización (Ty Burrell); unos expectantes y baquetones leones marinos (Idris Elba y Dominic West), peleando por el espacio de la piedra, y una tiburona ballena con problemas de vista (Kaitlin Olson), entre otras criaturas conviviendo en espacios diferenciados y aguantando, en algunos casos, la invasión de manos infantiles en su hábitat.

Con una animación destellante, sobre todo la de los ambientes marinos y ciertos seres marinos vistos de pasada (los crustáceos jardineros), y ágil combinación de perspectivas y desplazamientos de cámara, la cinta se nutre de un buen desarrollo de personajes y ciertas secuencias de humor y emoción, aunque el guion resulte reiterativo por momentos y los acontecimientos tarden en tomar el ritmo esperado, sobre todo antes de la llegada al instituto: siendo así, se depende de la simpatía de los personajes y de los episodios de acción, ya sea para escaparse o reencontrarse.

El desenlace de la historia se modificó después de que el jefe Lasseter y el propio Stanton vieron el documental Blackfish (Cowperthwaite, 2013) que también provocó que Sea World cancelara el programa de espectáculos con orcas. Conviene quedarse después de los créditos para disfrutar de una breve escena de conexión con el clásico animado que nos presentó las tribulaciones de un padre para encontrar a su hijo en el fondo del mar y alrededores, incluyendo el no tan aséptico consultorio de un dentista.

EN BUSCA DE LA MASCOTA PERDIDA

Retomando la premisa argumental de Toy Story (Lasseter, 1995), colocando animales caseros en lugar de juguetes, La vida secreta de las mascotas (The Secret Life of Pets, EU, 2016) es una entretenida aventura urbana al margen y a pesar de los humanos, que nos lleva de Manhattan a Brooklyn, protagonizada casi en su totalidad por perros y gatos, además de algún periquillo australiano, un ave de rapiña (Albert Brooks), un conejo con ínfulas de revolucionario (Kevin Hart) y demás fauna citadina, incluyendo un cerdo tatuado, el infaltable camaleón, una chinchilla regordeta en perpetuo extravío y hasta un Alligator (Teague, 1980) sobreviviendo en el drenaje profundo.

MascotasDirigida con soltura y referencias múltiples por Chris Renaud (Mi villano favorito 1 y 2, 2010/2013; El Lórax en busca de la trúfula perdida, 2012) con el apoyo de Yarrow Cheney, la historia sigue a un terrier (Louis C. K.) que ve amenazada su idílica vida con su joven dueña cuando tiene que compartir departamento y afecto con un gran can peludo de torpes formas (Eric Stonestreet). Ambos terminan perdidos y tendrán que unirse para salvar el pellejo, mientras que las mascotas vecinas, encabezadas por una perra enamoradiza de corte telenovelero pero dispuesta todo (Jenny Slate), se aprestan a ayudarles ante la amenaza de los animales sin dueño y los empleados de la perrera neoyorquina.

El humor y la cuota de diversión se fortalecen, además de mostrar la vida de las mascotas cuando sus dueños se van de casa (ese metalero poodle gigante y las fiestas adolescentes aprovechando la ausencia de autoridad), gracias al trazo físico-gestual y psicológico de ciertos personajes, como la cínica gata obesa/obsesa (Lake Bell), un ansioso bulldog de distracciones simples (Bobby Moynihan), el alivianado salchicha (Hannibal Buress), un viejo hush puppies, soltando la clásica frase final “nadie es perfecto” de Con faldas y a lo loco (Wilder, 1959) y el amenazante gato rosado (Steve Coogan).

De telón de fondo, una Nueva York plasmada con cierta idealización visual, cual homenaje explícito, y elusiva puesta en escena que se favorece de buscar los contrastes entre la colorida superficie y el submundo de las coladeras donde se planean los próximos movimientos sociales. La domesticación entra en debate con la vida callejera, entre la obediencia compensada con seguridad y afecto, y la libertad e independencia con el riesgo de no superar la sensación de abandono y de conseguir el alimento diario. Al final, todo dueño se parece a su mascota. Unos más que otros.

 

ANOMALISA: EXTRAÑO EN TODAS PARTES O EL INFIERNO ES UNO MISMO

21 junio 2016

De pronto la sensación de confusa soledad se apodera de las motivaciones vitales. Si el infierno son los otros, como decía Sartre, los vínculos afectivos van convirtiéndose en un problema irresoluble y una carga fastidiosamente pesada. Aunque sabemos que las llamas más abrasivas son las que van creciendo en el interior, el contacto con los demás termina por avivarlas en un sentido destructivo. Los escenarios en los que se protagonizan las rutinas sucumben ante una monotonía absoluta, de una impersonalidad aplastante donde da igual estar en casa que en un hotel ubicado en cualquier parte del mundo.

Todas las voces del exterior se homogenizan como si de un agotado coro uniforma se tratara, tratando de ser complacientes o de plano exigentes, pero nunca cercanas (voz exactamente cansina de Tom Noonan). El timbre y tono son los mismos, más allá de quien se trate, porque los demás han dejado de ser individuos para convertirse en una masa informe e indistinguible, repitiendo los mismos esquemas y las frases prefabricadas: acaso el problema no está en los otros, sino en la propia incapacidad de encontrarle significado a los discursos del de enfrente, para lo que es necesario, desde luego, dejarse de ver el ombligo al menos por un momento.

No hay escapatoria posible por más que se intente reencontrarse con un pasado que parecía mejor; con un presente anodino del que solo se puede reportar estar casado y tener un hijo, o con un futuro que no se alcanza siquiera a vislumbrar. Solo queda asomarse a la ventana para ver la personificación del autoerotismo frente a la mirada de la computadora, o bien vivir una pesadilla con personal obediente dispuesto a entregarse sin pasión, mientras que la máscara se desprende a la mitad de la escapada.

LA ESPERANZA DE LA ANOMALÍA

Escrita y dirigida por el neoyorquino Charlie Kaufman (How and Why, 2014) con el apoyo de Duke Johnson, Anomalisa (EU, 2015) abre con una pantalla en negro acompañada de ruido ambiental en el que se escuchan voces sin algún significado perceptible, como anticipando la ausencia de comprensión hacia sí mismo y los demás, vivida por el protagonista de esta desencantada y realista experiencia que busca la anomalía como tabla de salvación rupturista en un mundo de angustiante similitud.

Michael Stone (voz precisa de David Thewlis) es un conferenciante de origen inglés afincado en Los Ángeles con libro publicado en mano sobre la calidad en el servicio; llega a la ciudad de Cleveland para dar una ponencia al respecto, insertando temas manidos como la importancia de la sonrisa aunque no se sienta uno feliz, como si el asunto se resolviera con simulaciones permanentes que terminan volviéndose costumbre. Quizá esa vacuidad de premisas simplonas termina por poner al protagonista en un proceso de indefensión ante el sentido de su propia existencia.

Lo acompañamos desde que va en el avión, junto a un tipo que le agarra la mano por la costumbre de dormir con la esposa, hasta que hace el check inn en el pulcro y funcional hotel donde todos pueden ser anónimos, pasando por la fila para recoger el equipaje y el trayecto en taxi, escuchando recomendaciones turísticas y culinarias entre dificultades para darse a entender, a pesar de tratarse del mismo idioma. Escucha sugerencias turísticas como visitar el zoológico de la ciudad y disfrutar del chili con carne, si bien nadie le recomienda visitar el museo de arte, ir a un partido de los Bengalíes, si es temporada, o de los Rojos.

Ya en la habitación empieza a sentir el peso de la soledad afectiva: un trago mitigador del minibar con cena pedida, solicitud de servicio al cuarto, alguna llamada a la novia que regresaba a la memoria desde el vuelo, con el consecuente encuentro en el bar del hotel y, finalmente, la fortuita reunión con dos mujeres que viajaron varias horas para escuchar a este gurú volando bajo. Con una de ellas, la menos agraciada, surgirá una especial conexión que podría parecer la respuesta a sus dubitativas preguntas. Lisa (Jennfer Jason Leigh) se convertirá, con todo y su baja autoestima, en la personificación de la autenticidad al menos un tiempo, contando su día o cantando el clásico ochentero Girls Just Want To Have Fun de Cindy Lauper.

LA FUERZA DE LA ANIMACIÓN

Si en Nueva York a escena (2008) el dramaturgo se extraviaba entre las etapas de su vida y de su conciencia, aquí el expositor en depresión queda atrapado en un estado de aislamiento emocional vivido hace tiempo pero apenas asumido, corriendo por los pasillos inermes del hotel en busca de compañía que pudiera derivar en un encuentro sexual, suponiendo que la intimidad física pudiera paliar la ausencia de sentido. Difícil trastornar la realidad como proponía el propio guion de Kaufman en los guiones de ¿Quieres ser John Malkovich? (1999) y El ladrón de orquídeas (2002), ambas dirigidas por Spike Jonze.

AnomalisaLa animación en stop motion, aderezada por un score a cuentagotas, destaca por dar una notable sensación de realismo, no tanto por su trazo visual o proporcionalidad, sino por su intención de crear escenografías que se reconocen de inmediato, como los espacios típicos de las calles, los asépticos hoteles de cadena, la fría calma de los aeropuertos y el bullicio de las casas. Los colores marrones, anaranjados y amarillentos acentúan esa sensación de estar en cualquier parte y en ninguna, además del gesto idéntico de todos los personajes, salvo los protagónicos, sin importar el rol social desempeñado.

La cámara enfatiza la perspectiva central del sentido emocional de cada escena, logrando que nos olvidemos que, a fin de cuentas, estamos viendo una película de animación capaz de retratar con inusual profundidad al profesionista independiente del siglo XXI, atrapado en sus propias contradicciones entre el discurso de la amabilidad y la sonrisa pronta, y el contraste con la evidente infelicidad que va cargando a cuestas, incapaz de llevar a la práctica inmediata alguna de las ideas que plasma en conferencias y publicaciones.

El regalo al hijo se vuelve como un requisito tanto para el padre como para el vástago, que solo le interesa la compra compensatoria de la ausencia paterna: da igual que sea una antigüedad japonesa de una tienda de juguetes sexuales, porque la recompensa es inmediata o no es. Llegar a la propia casa se puede convertir en un Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Gondry, 2004), con tipos deambulando por ahí y diciéndote que les da mucho gusto cuando ni siquiera los conoces. No queda más que sentarse en las escaleras para ver si se escucha alguna voz diferente o, ya de plano, ponerse los audífonos para evitar la confusión proveniente del ruido ambiental.

JOYAS ANIMADAS

11 septiembre 2015

Si bien sabemos que en el mundo de los estudios cinematográficos de animación Pixar levantó el listón que han intentado alcanzar algunos competidores como Dream Works, Universal o Blue Sky, existen otras casas productoras reconocidas que, a partir de una propuesta estética inconfundiblemente imaginativa, siguen alimentando el género con filmes de sorprendente manufactura, integrando posibilidades tecnológicas con belleza artesanal y sensibilidad argumental.

DE LA REBELIÓN EN LA GRANJA A LAS LUCES DE LA CIUDAD

Uno de ellos es Aardman, fundado en los setenta por Peter Lord and David Sproxton que incorpora el clásico humor inglés y cuya carta de presentación fue Morph; en los ochenta, ya en conjunto con Nick Park, cabeza visiblemente creativa, diseñaron el video de Sledgehammer para Peter Gabriel y produjeron Un día de campo en la luna (1989), donde conocimos a los ahora célebres Wallace & Gromit, también protagonistas de Los pantalones equivocados (1993), la serie de diez cortos Cracking Contraptions (2002), Un asunto de pan y muerte (2009) y de La batalla de los vegetales (2005), amplia y justamente premiadas.

A partir de oportunos convenios, aparecieron las notables Pollitos en fuga (2000), Lo que el agua se llevó (2007), Operación regalo (2011) y ¡Piratas! una loca aventura (2012). Ahí está la técnica del stop motion llevada a sorprendentes niveles gracias a unas manos tan creativas como llenas de plastilina, demostrándonos que este dúctil material puede convertirse en arte puro, desenfadado y cómicamente costumbrista, heredando el humor mudo llevado a grandes altitudes por Charles  Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd.

ShaunAhora regresan con la deslumbrantemente cómica Shaun, el cordero (Shaun the Sheep: The Movie, RU, 2015), luminoso largometraje dirigido a diez dedos por Burton y Starzak, basado en el inteligente y nada borrego personaje creado por Park, ya merecedor del protagonismo en una cinta de largo aliento después de sus constantes apariciones en televisión a partir del 2007 inspiradas, a su vez, en el corto Una afeitada al ras (1995), ganador del Oscar.

En esta oportunidad, la entrañable oveja lidera a su hato para, primero, romper con la rutina vivida en la granja bien vigilada por el perro pastor y, después, para rescatar a su cuidador extraviado con amnesia en la ciudad, ya vuelto una celebridad de la nada simplemente por realizar peinados cual eficaz trasquilador, frente a los peligros implícitos del cambio de hábitat y los provocados por un perseguidor de animales sin dueño.

Las logradas escenografías cual curso avanzadísimo de elaboración de maquetas, un score siempre a tono, aprovechando el bagaje de la música inglesa, , acompañan la hilarante travesía de este grupo de ovejas con mandíbula oblicua en busca de su pastor, contada a través de secuencias coherentes entre sí pero que valen por sí mismas como impagables sketches cómicos, como los disfraces utilizados que incluyen convertirse en una back pack.

No faltan las múltiples referencias ingeniosamente insertadas en la trama como la del misterioso artista callejero Bansky, los trajes de Breaking Bad, Robert De Niro en Taxi Driver, Hannibal Lecter en forma gatuna y la dualidad de La noche del cazador (Laughton, 1955), representada por el BARK/BITE en lugar del famoso LOVE/HATE de los nudillos, dándole un toque de intertextualidad a toda la escena de la prisión, dentro de la que también se identifica la presencia de Sueño de fuga (Darabont, 1994).

Unos cínicos cerdos parranderos, un oportuno toro, el gallo abriendo y cerrando la puesta en escena y un extraño y solidario perro callejero, que contrasta con el de los ojos locos siempre mirando fijamente, además de paródicos apuntes sobre el absurdo de la fama, complementan esta maravilla animada que consigue desplegar humor en varios niveles y para todo mundo sin descuidar el toque emotivo.

LA LEYENDA DE LA PRINCESA NACIENTE

El otro estudio clave en el universo de la animación contemporánea es Ghibli, salpicado de la deslumbrante cosmovisión japonesa, alimentada con historias de otras latitudes, y con una tendencia hacia la estética manual que entiende que la belleza está en el detalle. Fue fundado a mediados de los años ochenta por el gigante de la animación mundial Hayao Miyazaki junto con su amigo y maestro Isao Takahata y la primera película del sello fue Nausicä en el valle del viento (1984), del propio Miyazaki.

Vendrían después varias obras maestras de ambos a quienes se sumaron, siguiendo el estilo visual y la tonalidad de los argumentos, otros realizadores como Tomomi Mochizuki (Puedo escuchar el mar, 1993), Yoshifumi Kondo (Susurros del corazón, 1995), Hiroyuki Morita (Haru en el reino de los gatos, 2002), Hiromasa Yonebayashi (Arrietty y el mundo de los diminutos, 2010; El recuerdo de Marnie, 2014) y Gorō Miyazaki (Cuentos de Terramar, 2006; La colina de las amapolas, 2011), hijo del padre fundador.

El estudio cuenta con un museo en Tokyo, asentado en una hermosa casa que parece sacada de alguna de sus películas; desde que se llega, en un camioncito propio, la sensación inmediata es formar parte de un mundo fantástico pintado a mano, lleno de colores e historias emotivas. Desafortunadamente, Ghibli se encuentra en una reestructura  dadas las dificultades económicas por las que atraviesa, crisis acentuada con el anuncio dado a conocer por Miyazaki acerca de su decisión de colgar los lápices a color.

Justamente del cómplice Takahata, bien conocido por la imprescindible La tumba de las luciérnagasPrincesa Kaguya (1988), llega La leyenda de la princesa Kaguya (Japón, 2013), cuya historia se basa en el antiguo cuento El cortador de bambú, acerca de una pequeña niña que nace en una de estas plantas y es recogida por una pareja de ancianos campesinos sin hijos, quienes la educan como propia en el campo pero que al crecer deciden llevarla a la gran ciudad para que viva como lo que se supone es: una princesa en espera de un príncipe, aunque no sea azul.

De la natural y fresca vida en la comunidad rural, la heroína tendrá que pasar por el duro proceso de aprendizaje para ser de la realeza, recibir candidatos para casarse con ella y averiguar su identidad: de dónde vino, cuál es su destino y cuál es el significado de su presencia en este mundo, que parece ajeno al de su origen. A través de poéticas pinceladas vamos acompañando a esta pequeña para encontrar las respuestas a sus preguntas, mientras intenta ser feliz estrechando lazos afectivos.

Hermosamente dibujada, con trazos sencillos y colores apagados que se soportan en líneas negras, muy en consonancia con la tradición de la pintura japonesa que tanto influenció a los impresionistas, el filme encuentra un pausado dinamismo en ciertas secuencias con emotivos desplazamientos que permiten a los personajes, delineados con claridad y acompañados de un luminoso score, disfrutar de los amplios espacios naturales que contrastan con la vida en palacio. Una obra maestra de sutileza pictórica.

LA MENTE COMO ECOSISTEMA EMOCIONAL

8 julio 2015

Apunta el afamado científico Michio Kaku en su interesantísima y accesible obra El futuro de nuestra mente (Debate, 2014) que en los últimos quince años hemos aprendido más sobre el funcionamiento del cerebro que en toda la historia previa de la humanidad. Plantea que los dos mayores misterios de la naturaleza, paradójicamente, son el universo y la mente humana; en la Vía Láctea existen cien mil millones de estrellas, más o menos la misma cantidad de neuronas que habitan en nuestro cerebro.

El estadounidense de ascendencia japonesa explica que fue a partir de la aparición de las máquinas de imagen por resonancia magnética y otros escáneres cerebrales, cuando la neurociencia se transformó radicalmente, a partir de los años noventa; las ciencias cognitivas, por su parte, también han recibido un desarrollo trascendente desde diversas áreas del conocimiento, sobre todo a desde su interacción en proyectos de investigación de largo aliento.

Claro que nos hemos parado en los hombros de gigantes, desde los filósofos de la antigua Grecia (Anaxágoras dijo que la mente es la más fina y pura de todas las cosas hace 2500 años aproximadamente) y los trabajos de Freud, Jung y Carl Sagan con su clásico Los dragones del Edén (1977), hasta António Damásio con El cerebro creó al hombre (2010), pasando, por supuesto, por los estudios de Sacks, Maturana, Pinker y tantos más que nos han dejado sus hallazgos para seguir investigando.

La manera como pensamos y reconstruimos la realidad, las múltiples formas en las que sentimos y desarrollamos procesos intersubjetivos y la fuerte influencia que tienen los contextos sociales en los que nos desenvolvemos, convierten al estudio del cerebro y la mente en un campo tan apasionante como misterioso, en particular por el cúmulo de factores interdisciplinarios que confluyen en su análisis.

DIALÉCTICA AFECTIVA

Con su habitual talento para contar historias que combinan una gran sensibilidad con emoción y humor, Peter Docter, responsable de clásicos pixarianos como Monsters Inc. (2001) y Up (2009), dirige junto con el filipino Ronnie del Carmen, quien aparece como coautor del relato base, la cinta Intensa-mente (Inside Out, 2015), inmersión a la mente de una niña común de once años que vive feliz con sus padres en Minnesota y de quien vamos conociendo su existencia desde su nacimiento: forma parte del equipo de hockey, tiene una buena amiga y se siente parte de un mundo reconocible.

La estabilidad se rompe cuando la familia se muda a San Francisco, bellamente plasmada, por laIntensamente chamba del papá: el proceso de adaptación a la escuela y el entorno, además del amenazante fin de la infancia y las presiones propias de la vida de los adultos, sacudirán los cimientos relacionales y obligarán a los tres involucrados a reformular sus vínculos y enfrentar las diferencias, poniendo en acción sus neuronas espejo. Si el asunto visto así resulta interesante, más aún si nos sumergimos en los mecanismos mentales que operan en los involucrados, particularmente en los de la protagonista.

La historia parece retomar diversas ideas acerca de indagaciones recientes sobre la actividad de la mente, como las de Michael S. Gazzaniga expuestas en ¿Quién manda aquí? El libre albedrío y la ciencia del cerebro (Paidós, 2012) y Lo que el cerebro nos dice: los misterios de la mente humana al descubierto (Paidós, 2012) de V. S. Ramachandran. El guion del propio Docter en complicidad con Josh Cooley y Meg LeFauve, productora de Historias fantásticas (Cave, 2002) consigue darle un tratamiento accesible y profundo al mismo tiempo a una temática que podría ser sumamente árida o reducida a manual de autoayuda, a pesar de verse en la necesidad de simplificar ciertos  procesos que suceden en nuestras cabezas.

La premisa, entonces, se centra en la forma de tomar decisiones a partir del concurso de cinco emociones –alegría, temor, enojo, disgusto y tristeza- representadas por sendos personajes que, por alguna razón no explicada, en el caso de la niña son mixtos y en el de los papás corresponden al sexo de la persona. Claro que podría pensarse también en la empatía, el afecto, el orgullo, la vergüenza y la sorpresa, por ejemplo. El filme, entonces, juega con los procesos internos de pensamiento y las acciones externas, con todo y el agudo sentido del humor expresado en el recuerdo del piloto brasileño todavía guardado por las dudas.

La alegría y la tristeza terminan fuera del centro de control y se aventuran para buscar el camino de regreso por diversos espacios del cerebro, entre los que se encuentran algunos tipos de pensamiento y los ámbitos de la conciencia, sin quedar muy clara la diferencia entre el basurero del olvido, que es la única cosa que no existe según Borges, y el subconsciente, habitado por un payaso gigante en espera de fiesta. En alguno de los recovecos, las emociones viajeras se topan con un curioso elefante que resulta ser el cada vez más olvidado amigo imaginario, quizá más común en los hijos únicos.

La artística escenificación del pensamiento abstracto, repasando vanguardias pictóricas del siglo XX, y la cómica puesta en escena del apartado de los sueños cual rutinaria producción televisiva, resultan brillantes y con altas dosis de imaginación, al igual que la representación de los pensamientos centrales relacionados con la memoria a largo plazo y las islas vistas como sustentos afectivos, así como la construcción de recuerdos en formas de coloridas esferas convertidas en ideas fijas y certezas instaladas en nuestra mente, sin que nos detengamos a pensar qué tanto nos ayudan a desarrollarnos socialmente: las damos por hecho sin posibilidad de cuestionarlas, vía el pensamiento autocrítico.

Del riesgo de la depresión al hueco optimismo o de la neurosis permanente a la parálisis temerosa, terminamos por corroborar que la imbricación de las emociones es la que les da sentido en la mundo exterior y que dependen unas de otras para construir los propios caminos vitales e incluso para comprenderse entre sí.

Claro que el contraste entre lo que estamos pensando mientras escuchamos a alguien o nos enfrentamos a alguna situación es un banquete para la comedia (como bien lo ha explotado Homero Simpson), aquí aprovechado para evidenciar a papás (que en realidad sí ponemos atención) y mamás e incluso hasta a algunas mascotas, aunque el ejemplo final del gato sea equivocado.

No se había visto el cerebro tan estéticamente animado, lleno de coloridos recovecos y amenazantes oscuridades por las que avanza un tren cargado de pensamientos siempre al borde del descarrilamiento, como en esta nueva obra maestra del cine de animación.

DESEOS IMPREVISTOS

23 marzo 2015

Ya sabemos que hay que tener cuidado con lo que deseamos porque en una de ésas, se nos cumple: ahí nos damos cuenta que en realidad lo importante era el solo hecho de querer algo, no de tenerlo. Un poco como el síndrome del objetivo alcanzado: ya que lo logramos, ahora no sabemos qué hacer con ello y perdemos el sentido que habíamos depositado en la búsqueda, en el proceso. Además, está el asunto de las expectativas: depositamos tanto en algo que buscamos alcanzar que cuando se convierte en realidad, nos percatamos que la felicidad estaba en otra parte (aunque en el fondo ya lo supiéramos).

El clásico “vivieron felices para siempre” es, por decir lo menos, una buena broma. Los personajes de los cuentos clásicos cargan esta consigna imposible de alcanzar porque encierra en sí misma una contradicción: no hay mal que dure cien años, pero tampoco bien que nunca se acabe; ni hablar, es parte de la condición humana que de pronto puede extenderse hasta los cuentos o los musicales.

Tener un hijo largamente esperado, casarse con la persona de tus sueños, recuperar la juventud perdida o hacerse rico como por arte de magia, forman parte de algunos deseos que pueden motivar la incursión en las profundidades de un desconocido y amenazante bosque, o sea, territorios desconocidos: solo entrando ahí cabe la posibilidad de alcanzar el propósito, sobre todo por la implicancia de buscar más allá de los propios límites.

LA VIDA ES UN CUENTO

Basada en el musical ochentero de la dupla Sondheim / Lapine (también responsable del guion) y dirigida por Rob Marshall, con los filmes propios del género Chicago (2002) y Nine (2009) en su currículo, En el bosque (Into the Woods, EU, 2014) imbrica varios cuentos de los hermanos Grimm alrededor de una pareja que desea fervientemente tener un hijo, para lo cual tiene que conseguir algunos objetos solicitados por la bruja con el fin de cancelar la maldición familiar y, de paso (o al revés), volver a ser joven y bella.

Como cabría imaginarse, dichos objetos involucran a otros reconocibles personajes: el pelo de Rapunzel, niña hechicera, aviéntame tu cabellera; la capa de la buza caperuza que fácilmente la puede suplir (Lilla Crawford, ambigua); el zapato dorado de una dubitativa y huidiza cenicienta; la vaca blanca deslechada, propiedad del afectuoso Jack (Daniel Huttlestone, todavía formando parte de los miserables) y al fin intercambiada por los frijoles mágicos con los consecuentes regaños de su madre, viviendo en la angustia perpetua por las permanentes vacas flacas.

Impecables resultan el diseño de producción y la edición de sonido, así como la fotografía, propicia para el lucimiento actoral y de las propias escenografías. Maquillajes y vestuarios con el sello de la casa, coreografías discretas y efectos especiales suficientes. El problema del film tiene que ver con la adaptación del guion y la edición: el ritmo es disparejo, por momentos la historia se percibe reiterativa (la fiesta hubiera sido de una noche y no de tres, por ejemplo) y ciertos números aportan poco al sentido emocional del film. Además, no todas las canciones se encuentran al mismo nivel, el destino de Rapunzel queda en el olvido y resultan discutibles las omisiones en relación con el material original.

Eso sí, el trabajo de casting termina por ser meritorio: ahí están las interpretaciones comandadas por Meryl Streep, en plan bruja esperando que el diablo la vista a la moda, y bien secundadas por Emily Blunt, como la mujer del panadero equivocándose de cuento; James Corden en busca de su gran oportunidad; Chris Pine cual príncipe encantador medio coscolino; Anne Kendrick huyendo del compromiso; Christine Baransky, intentando colocar a sus hijas a fuerza que ni los zapatos entran; Mackenzie Mauzy, esperando salir de la torre de la falsa pureza; Frances de la Tour, cual giganta en busca de venganza y Johnny Deep, encarnando a un lobo que actúa como Jack Sparrow (otra vez).

El habitual mundo de fantasía y felicidad se transforma en una comunidad realista, con todo y amenaza externa con la consecuente búsqueda de algún chivo expiatorio como si de un sacrificio salvífico se tratara. A fin de cuentas, las familias se pueden configurar de maneras inesperadas y, extrañamente, funcionar como un refugio afectivo para sus improbables miembros.

BOB ESPONJA: EN BUSCA DEL CÓDIGO ENIGMABob Esponja

Ya que estamos con mundos de fantástica y aparente felicidad, sumerjámonos en Fondo de Bikini, una comunidad subacuática poblada por personajes de muy diversas especies marinas, además de una ardilla, que tienen como epicentro una hamburguesería regenteada por un ambicioso cangrejo, atendida por un calamar amargado y una esponja de inocencia a prueba de tsunamis –cuy mejor amigo es una estrella de mar macho tan babeante como simpático-, y envidiada por un alterado plancton, cuya compañía es una computadora que hace las veces de su pareja.

Ahora el detonante de la trama es el robo de la fórmula secreta con la que se hacen las cangreburguers, situación que trasciende más allá de un pleito empresarial: la convivencia social se desmorona y de pronto parece que estamos en una especie de Mad Max submarina, con todo y el pacífico caracol Gary convertido en un Coronel Kurtz y peces desquiciados aporreando lo que encuentran a su paso, llantas incluidas. Una alternativa será viajar en el tiempo para recuperar la fórmula: sin hamburguesa no hay paz social.

Realizada por Paul Tibbitt, responsable de la primera entrega, Bob Esponja: Un héroe fuera del agua (EU, 2015) funciona como un divertimento a tono con la expectativa que ha generado esta caricatura, una de las más importantes del siglo XXI. La animación está más cuidada, así como la integración con la acción fuera del mar; el humor se conserva con todo y los pequeños detalles salpicados de psicodelia, aunque quizá falte alguna secuencia como aquélla de la borrachera de helados de su antecesora, y la presencia de Antonio Banderas, totalmente sobreactuado como ameritaba el caso, resulta agradecible.

INVENTORES ANIMADOS

7 febrero 2015

Un par de películas de animación con evidente espíritu japonés: una realizada allá y otra inspirada en la isla que comparten como centro argumental la pérdida y la posibilidad de innovación creativa como para darle sentido al mundo: o más allá, para crear un entorno diferente donde la luz brille por encima de las calamidades. Ahí, justo donde el recuerdo inspire o el viento nos anuncie la necesidad de mantenernos dispuestos a optar por la vida.

DEBEMOS INTENTAR VIVIR

Se levanta el viento (Japón, 2013) representa un elocuente final de trayectoria artística llena de imaginación, puesta al servicio del cine como vehículo expresivo, específicamente a través de la animación hermosamente artesanal. El gran realizador nipón Haya Miyazaky ha declarado que la cinta biográfica basada en su propio cómic sobre Jirô Horikoshi, el diseñador de aviones durante la II Guerra Mundial, es la última que dirige: inevitable resulta encontrar ciertas comparaciones entre ambos, particularmente las vinculadas al espíritu creativo y a la búsqueda de la belleza ya sea en los aeroplanos o en las películas animadas, según sea el caso.

La historia sigue justamente a este ingenioso diseñador desde su infancia hasta su etapa adulta, ya convertido en un visionario diseñador aeronáutico, pasando por su juventud con todo y las inspiraciones oníricas de Caproni, un creador italiano de aviones por completo anticipado a su época, así como su ingreso a una compañía creadora de aviones en 1927, su relación matrimonial con Nahoko y su vínculo amistoso con su colega Honjo. El argumento se contextualiza a partir de eventos catastróficos como el terremoto de 1923 y la dura epidemia de tuberculosis.

En su undécimo largometraje, el también realizador de notables cortos como Pan-dane to Tamago-hime (2010), propone unSe levanta el viento héroe masculino de la vida real, en contraste con sus habituales protagonistas femeninas insertas en mundos complejos –Nausicaä, Sheeta, Kanta/Michicko, Kiki, Mononoke, Chihiro, Sofî, Ponyo-, y se inclina más al realismo que a la fantasía, solo incorporada a través del onirismo recreado en el mundo del futuro inventor: el poder de la inspiración atraviesa la convicción de que los sueños pueden transformarse en estética realidad.

Una vertiente narrativa que complementa el argumento central del filme, posa su atención en el matrimonio del protagonista con una sensible pintora de frágil estado de salud: esta dimensión entre romántica y dramática contribuye a entender de manera más integral al personaje, considerando todo el desarrollo en la empresa y con su buen amigo y colega, mostrando la obsesión por convertir el sueño recurrente en prístina realidad.

La temática de la guerra vuelve a desplegarse como en El castillo vagabundo (2004) y se plantea la disyuntiva de crear artefactos para la destrucción o para engrandecer al ser humano (de hecho estos aviones Zero se usaron en Pearl Harbor). La reflexión también se formula en torno a la manera en la que la cultura japonesa se fue transformando en términos de calidad: de los aviones malhechos en casa, a la necesidad de construir artefactos impecables en funcionamiento y en forma; no es casual que se describa esa capacidad nipona para retomar buenas ideas de otras partes del mundo y engrandecerlas.

Una vez más la animación es deslumbrante por la capacidad de absorbernos y colocarnos justo ahí, en el terremoto de Kanto; en el aire, el cielo, el campo y la lluvia; en los sueños del niño y en las difíciles condiciones que se vivían en aquellos años: la paleta cromática busca los claroscuros y tanto los paisajes como los interiores son labrados con delicadeza pictórica. La banda sonora termina por ampliar la recreación de una época y un momento particular en los márgenes de la terrible guerra.

En su poema El cementerio marino de 1922, Paul Valery concluye que “El viento se levanta! … ¡Hay que intentar vivir! / Mi libro cierra, inmenso, luego lo vuelve a abrir, / ¡De las olas deshechas nuevas olas derivan! / ¡Vuelen, vuelen ustedes, páginas deslumbradas! / ¡Rompan, olas! ¡Rompan con aguas exaltadas / Este techo tranquilo donde los foques iban!” Como las velas que se enfrentan a la tormenta, pareciera que la proyección vital puede mirar hacia un horizonte donde, en efecto, el viento nos pueda dar un nuevo impulso, cuando todo parece perdido.

DEBEMOS INTENTAR RENOVARNOS

Con una impronta japonesa desde la ambientación y nombre de la urbe donde se desarrollan los sucesos (San Fransokyo), Grandes Héroes (Big Hero 6, EU, 2014) es una sensible y entretenida cinta de animación que se sustenta en la relación que establecen un niño genio rebelde y una especie de robot cual muñeco de nieve inflable de irresistible simpatía. Es de hecho este personaje el que resulta clave para que el filme consiga trascender más allá del disfrute momentáneo, además de la integración de un cierto dramatismo.

Dirigida por Don Hall y Chris Williams con guion armado por una multitud, la cinta sigue la línea estética desarrollada en Ralph (Moore, 2012) y Frozen (Buck y Lee, 2013), estableciéndose como una propuesta de Disney paralela a Pixar, tratando de diferenciarse y al mismo tiempo de incorporar ideas que alimenten este tipo de filmes de animación. Además de una buena dosis de emoción y humor, la historia se articular a partir de diálogos inteligentes y una edición eficaz, soportada por una animación que integra ciudades y nos lleva a un mundo extrañamente familiar.

ENTRE DRAGONES, SIMIOS Y HUMANOS: LA DIFICULTAD DE LA CONVIVENCIA

28 julio 2014

Un par de dignas secuelas que consiguen colocarse cerca del nivel de sus predecesoras, manteniendo la esencia argumental y abriendo otras vetas narrativas. Franquicias que nacieron sin demasiadas expectativas y que de pronto se posicionaron como cintas no solo rentables, sino con valores fílmicos ubicados tanto en la propuesta visual y el diseño de producción, como en el desarrollo de personajes y el establecimiento de sus vínculos afectivos, no obstante pertenecer a diferentes especies. Se ubican entre lo mejor de un verano fílmico que resultó ser atractivo, a pesar del predominio de remakes, segundas / terceras/décimas partes y derivaciones temáticas ya tratadas con anterioridad.

SEGUIR O NO AL ALFA, ÉSA ES LA CUESTIÓN
Dirigida con funcionalidad narrativa por el neoyorquino Matt Reeves (El funebrero, 1996; Cloverfield: monstruo, 2008; Déjame entrar, 2010), El planeta de los simios: confrontación (Dawn of the Planet of Apes, EU, 2014) se articula a partir de un reconocible conflicto central que contrapuntea a dos manadas y a sus respectivos líderes entre sí: la necesidad de seguir teniendo luz eléctrica para los humanos, que solo se satisface arreglando una planta ubicada en el territorio ahora dominado por los simios, en el bosque de San Francisco. Mientras tanto, la historia sigue en el camino para entroncar con el clásico sesentero de Franklin J. Schaffner.
Las dos posturas posibles para solucionar el conflicto se expresan en las decisiones antagónicas asumidas por los machos alfa y los aspirantes a serlo: confiar en el otro bando, ceder en determinadas peticiones y seguir adelante; o bien, usar la fuerza para evitar ser dominados por el contrario y someterlo. Entre tanto, se discuten la fidelidad a la familia, la importancia del hogar, el uso o no de las armas, la necesidad básica de la energía eléctrica y, para ambas manadas, la determinación de a qué líder seguir: será más fácil, como suele suceder, alinearse con el estruendoso, complotista y bélico que con el mesurado, confiado y esperanzador.
Planeta de los simios 2014Entre humanos y simios hay una historia con heridas sin sanar, que alimentan la necesidad de venganza y la falta de confianza, tal como se puede advertir en los conflictos de Palestina e Israel, de Rusia y Ucrania o los del África subsahariana, por mencionar algunos que se encuentran, otra vez, en estado crítico. La espiral de la violencia es puntualmente señalada por Cesar, el líder simio (interpretado una vez más con gestualidad sorprendente por el especialista Andy Serkis), asumiendo que si bien ellos empezaron esta nueva guerra, los humanos nunca olvidan ni perdonan.
El filme, a pesar de estar ubicado en la ciencia ficción, consigue capturar esta atmósfera de tensión que tanto se vive en la actualidad y en donde las resoluciones de paz parecen nunca ser definitivas, por la permanencia de una semilla de odio que no consigue ser erradicada del todo y que brota al primer pretexto que se presenta o que si no, se inventa. Aunque se alcanza a profundizar más en los personajes simiescos que en los humanos, queda de manifiesto la posibilidad para la convivencia pacífica y también la facilidad con la que dos grupos pueden terminar en franca batalla campal.
Con un dinámico juego de cámaras que presenta planos abiertos para ver cómo funciona la comuna de nuestros primos (la escuelita) y de qué manera quedó la ciudad californiana de las libertades individuales, nos inmiscuimos ya sea en el bosque o la fortaleza a través de perspectivas diversas, retomando la mirada de los protagonistas o bien presentando los sucesos desde una posición nítida, con texturas salpicadas de verdes nebulosos, grises lluviosos y luces que se atreven a sobresalir entre la oscuridad, ya sea por el fuego conquistado o la electricidad recuperada.
El trabajo de edición le da el tiempo justo a cada momento, en particular durante el logrado episodio de la confrontación física, así como de las definitivas secuencias paralelas, en las que los líderes humanos (Jason Clarke y Gary Oldman, capaz de darle matices a su personaje en una sola toma) y simios (el mencionado Serkis y Tobby Kebell, también jugando con los gestos), contraponen sus alternativas resolutivas. Claro, la tendencia de la manada será seguir la rama más fuerte, con las excepciones de la disidencia, más pensante y procurando evitar las peligrosísimas generalizaciones.

DESOBEDECER AL ALFA, HE AHÍ EL DILEMA
Tras una brillante primera parte presentada cuatro años atrás, Cómo entrenar a tu dragón 2 (EU, 2014) se centra en el proceso de crecimiento de Hiccup cinco años después, una vez más buscando otros horizontes que lo llevarán a un encuentro con su propio origen, mientras que su poblado se ve envuelto en un conflicto de proporciones mayúsculas en el que se involucran humanos y dragones integrando ambos bandos antagónicos.Cómo entrenar a tu dragón 2
Además de un nudo dramático que alcanza a mover sentimientos gracias a un enfático desarrollo de los personajes, tanto principales como secundarios, la trama integra momentos de efusivo humor y vertiginosa acción, resolviendo las situaciones con imaginación y lógica en función de los propios eventos suscitados: la desobediencia de pronto puede convertirse en la única opción para mantener los logros alcanzados.
El director quebequense Dean Deblois (Lilo & Stitch, 2002; Cómo entrenar a tu dragón, 2010) responsable también de Heima (2007), documental sobre los conciertos brindados por Sigur Rós en su natal Islandia, consigue desplegar una propuesta visual cargada de imágenes oníricas, como las que nos llevan por encima de las nubes, y de hermoso colorido, como las del santuario de los escupefuego. Una película animada de amplio registro que se ubica como una de las mejores del año.

ANIMACIONES PARA CERRAR Y EMPEZAR EL AÑO

16 febrero 2014

Un par de películas que en el papel parecían pronto olvidables terminan por dejar un agradable sabor de boca gracias al simpático diseño de personajes, diálogos imaginativos y una propuesta de animación que por sí misma vale la pena, además del sentido que le otorga a la narración. Incluso para públicos potencialmente rejegos, como mis hijos que se consideraban demasiado “grandes” para semejantes filmes, las historias regalan momentos de emoción y humor que permanecen en la memoria.
“Confíen en mí”, les dije en tono de gravedad a mis pequeños, arriesgando mi discutible credibilidad en gusto fílmico, pero por fortuna tanto el gélido cuento de clásica hechura como la famosa marca de juguetes que inició siendo de madera, dieron sólido sustento a sendas producciones que consiguen hacerse un lugar en el cada vez más poblado mundo de la animación, claramente potenciado por las posibilidades tecnológicas aunque todavía, por fortuna, atento a la importancia de saber contar historias, más allá de los recursos con los que se cuente.

FROZEN: EMOCIONES INCONTROLABLES AL CALOR DEL HIELO
Retomando solo la estructura básica del clásico cuento La reina de las nieves de Hans Christian Andersen -que también de alguna manera influyó en la famosa novela detectivesca La princesa de hielo (2002) de Camilla Läckberg- Frozen: una aventura congelada (EU, 2013) relata las dificultades a las que se enfrentan dos hermanas princesas para poder mantener su relación, dado que la mayor de ellas tiene un poder incontrolable que pone en peligro la vida de la menor: sus emociones se expresan en diversas formas de hielo, monstruo incluido, capaces de sumir a toda la comarca en un invierno perpetuo. Aunque su intención sea la de no dañar a persona alguna.
El cuadro de personajes lo complementa un príncipe advenedizo, un joven campirano acompañado de su reno, un empresario abusivo y, el mejor de todos, un entrañable y simpático muñeco de nieve que responde al nombre de Olaf, además de una comuna de troles en forma de piedra que gustan de la magia que suele acompañar al amor. A pesar de la previsible ruptura de la estructura narrativa dada la inserción de los consabidos números musicales, el guion resulta lo suficientemente entretenido y ágil para mantenernos expectantes sobre el curso de los acontecimientos.
Sobre todo, el filme se desarrolla a partir de una exquisita puesta en imágenes que aprovecha el hielo y la nieve como materiales moldeables, así como los parajes congelados para regalarnos creativas estampas de intrincado diseño, con un énfasis hacia las tonalidades azules que permiten resaltar los rojos y amarillos en ciertas secuencias. Los movimientos de cámara, en particular los que provocan vértigo, brindan el necesario dinamismo al conjunto del relato, si bien conocido, pertinentemente adaptado a los tiempos que corren.Frozen
Supervisada por el mandamás de Pixar John Lasseter y dirigida por el especialista del departamento de animación Chris Buck (Tarzán, 1999; Los reyes de las olas, 2007), junto con la debutante Jennifer Lee (guion de Ralph el demoledor, 2012), la cinta encuentra el tono adecuado para desplegarse en los territorios del humor, la comedia musical y el romance, ubicando públicos infantiles de todas las edades: no se trata, en efecto, de una apuesta original, sino más bien de un filme de continuidad de la marca Disney, que desde el cortometraje previo deja en claro su estilo ancestral.

LEGO: CONSTRUYENDO LA MITOLOGÍA
Basada en la famosa marca de juguetes danesa y dirigida con una inesperada cuota de humor y desenfado por Phil Lord y Christopher Miller (Comando especial, 2009; Lluvia de hamburguesas, 2012), Lego la película (EU, 2013) le brinda vida a los pequeños muñecos y a su cúmulo de piezas ensamblables, siempre posibilitadas a separarse y buscar nuevas edificaciones. El convencional argumento pasa a segundo término gracias al arquitectónico despliegue visual y, sobre todo, al riesgo asumido para romper con ciertos esquemas en el trazo de los personajes.
Entre otros personajes que aparecen brevemente, un Batman entre comodino, depresivo y cercanamente sangrón; un líder invidente que se saca profecías de la manga; un villano vinculado a los negocios (otra vez); un policía que encarna la doble personalidad; una gatita unicornio que descubre la posibilidad de explotar y una joven intensa con la esperanza de ser la elegida, secundan o persiguen a un tipo absolutamente normal y corriente -aunque en el lado opuesto de Homero Simpson- dedicado a seguir las instrucciones no solo en su trabajo, sino en las acciones cotidianas. Es una lástima para este rutinario héroe desconocido que la felicidad no se acompañe de un manual de procesos y procedimientos, por más libros que se sigan publicando al respecto.
La ruptura de la narración del mundo Lego para aterrizar en la relación entre un padre e hijo de carne y hueso, plantea de manera ingeniosa la idea de cómo el juego se traslada de la imaginación a la realidad palpable sin necesariamente hacer distingos, un poco como la forma en la que la cinta establece sus mecanismos para que vayamos acompañando al muñequito amarillo en sus peripecias para salvar al mundo: sorprende que uno acabe sintiendo empatía y echando fanfarrias para este hombre común, de un optimismo un cuanto tanto exasperante.
Se trata de una película bien armada y embonada (Leslie dixit), acorde a la materia prima con la que se construyen los diversos mundos representados, incluyendo la estática mente del protagonista, así como los efectos de movimiento, entre las olas, el polvo, las destrucciones y persecuciones, ensambladas de manera dinámica y creativa, considerando la geometría establecida desde el diseño mismo de los componentes disponibles.

CUMPLEAÑOS DE SONIDO & VISIÓN
Cumplimos cuatro años de colaborar en Milenio León a través de esta columna que intenta seguirle el pulso a las producciones fílmicas y musicales, cada vez más difíciles de abarcar dada la amplitud de propuestas y la mayor posibilidad de acceso. Agradezco a todas las personas del periódico por el espacio y la libertad para escribir sin ninguna otra limitante que mi propio criterio. Y gracias a ustedes, estimados lectores, por darle sentido al esfuerzo aquí realizado. Seguimos con ánimos renovados.