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RYLEY WALKER: UN FOLKLORISTA PARA EL NUEVO MILENIO

30 septiembre 2016

Los distintos géneros de la música popular, cimentados a lo largo de muchos años, han logrado combinarse para dar como resultado nuevos estilos y fascinantes imbricaciones sonoras: porque la diversidad nutre y el arte se dinamiza y evoluciona a partir de los encuentros entre tendencias, ideas y perspectivas. Las mutaciones e hibridaciones contribuyen a mantener las formas musicales en condiciones vitales. La visita reciente de un músico joven a nuestro país ejemplifica muy bien la forma en la que no hay mejor forma de innovar que sustentarse en la tradición, trascendiendo etiquetas y fronteras estéticas.

El cantautor Ryley Walker (Chicago, 1989) creció en un vibrante y ecléctico contexto musical cortesía de la ciudad de los vientos, aunque en su segundo disco, Bill Meyer aclara que su evolución como artista inició en Rockford, una ciudad industrial donde surgió Cheap Trick y que representa un espacio de apertura donde igual convive el skate-rock que la nostalgia sesentera. Claro, no basta con estar ahí, sino aprender a absorber sonidos y esencias musicales del medio ambiente.

A través de algunas presentaciones en vivo acompañado de su guitarra, el intérprete, compositor y cantante desarrolló un estilo propio que se ha ido consolidando gracias a la disposición exploradora: gusto por los pasajes instrumentales, hundiendo dedos y sentimientos en las cuerdas para producir un folk con aliento de actualidad, aderezado con notas de jazz, rock y cierta experimentación en los márgenes de las composiciones, para viajar por estados de ánimo calmos a convulsos sin mediar palabra.

ryley-walkerDe pronto aparecen las influencias que van de los clásicos del género como Tim Buckley y John Fahey a reminiscencias del Neil Young más campirano. Con The Evidence of Things Unseen (2011), un EP de edición limitada solo grabado en cassette, empezó a manifestar sus planteamientos en torno a un reconocimiento de la tradición, ahí está el homenaje en la portada al Death Chants, Breakdowns & Military Waltzes (1963) del propio Fahey, pero con la mirada puesta hacia la innovación, como se infiere en Deathly Premonitions (2011), disco de cuatro canciones realizado en colaboración con su colega Daniel Bachman y en West Wind (2013), vinil de tres canciones que alcanzó circulación más en forma.

El sello de autenticidad quedaba fuera de duda. La búsqueda de la complejidad armónica, más por el cúmulo de ideas puestas en juego que por un mero lucimiento, quedó plenamente plasmada en All Kinds Of You (2014) su primer largo: la guitarra se lanza por caminos de terracería con toda la convicción de quien ya ha recorrido esos parajes, mientras otras cuerdas acompañan las acometidas con un peculiar sabor a campo que igual se abraza a texturas psicodélicas o bluseras.

The West Wind y Blessings representan un faro inicial de identidad con todo y esa viola que aporta su nota de bucolismo, mientras que en las dos partes de Twin Oaks, contrastantes en ritmo e intención, despliega su habilidad para diseñar figuras sonoras. Junto con la tradición de la América profunda, se insertan influjos provenientes del folk inglés que remiten al gran Bert Jansch, aún en activo, como se disfruta en Great River Road, Clear the Sky y Tanglewood Spaces, corte que cierra este sorprendente disco inicial.

BENDITA PRIMAVERA

Primrose Green (2015) le abrió las puertas a públicos más allá del circuito por el que transitó en su debut. Eficazmente infectado por un jazz proveniente de la acertada inclusión de músicos locales clavados en el género, de pronto mutando a sonidos más rockeros, el álbum se mantiene en la tesitura de un folk innovador, destilado en barril de viejo cuño con la integridad y cuidado del caso, para generar canciones de un sabor popular con sello de origen, tan fehaciente como los colores que empiezan a aparecer a partir de finales de marzo.

Instrumentación boyante desde el corte titular para de inmediato atajar la síncopa en Summer Dress y dejar que la instrumentación burbujeante de Love Can Be Cruel y Griffiths Buck Blues se expliquen por sí mismas a partir de un diálogo de cuerdas. En tono de mayor gravedad, Same Minds se articula con un dejo de insistencia que se expande a cortes con vocal a tono como Sweet Satisfaction, The High Road y la ceremonial Hide in the Roses, en una epifanía que ameritan las certezas del caso. Se trató de uno de los discos principales del año.

Muy pronto apareció Golden Sings That Have Been Sung (2016), otro sólido álbum que si bien no llega a las cuotas impuestas por su antecesor, sí alcanza a perpetuar esta naciente racha creativa con figuras tutelares en la mira tan disímbolas como John Martyn, cuyo fantasma se pasea entre las cuerdas, el genio ubicuo de Jim O´Rourke y Tortoise, sus coterráneos que gustan del postrock intenso (no sé si hay de otro). La abridora The Halfwit in Me, memorable en su arquitectura, y la tensa de lograda sutilidad A Choir Apart, funcionan a manera de continuidad en relación con la obra previa, mientras que el resto apunta hacia direcciones diversas, prometedoras en su mayoría.

Después de tocar en México, Ryley Walker puso en su cuenta de twitter: “Mexico City rules. Good food. Cool people. Beautiful architecture everywhere. So dope.” Estos vecinos del norte son a los los que hay que invitar.

TRÍO DE SONORAS VISITAS

29 agosto 2015

Empezamos septiembre, el mes más bonito del año, con atractivas presentaciones en nuestro país que parecen darle la bienvenida a un prometedor otoño en cuanto a sonidos se refiere.

AMERICAN GOTHIC

Desde las praderas americanas, Iron And Wine es el proyecto del compositor y multiinstrumentista Sam Beam (Carolina del Sur, 1974), cual profeta barbado que gusta de transitar por los ambientes pintados por Grant Wood y escritos por William Faulkner, entre el pop, el folk y la americana, dentro de la tendencia formada por nombres tan notables como Bon Iver, My Morning Jacket y Fleet Foxes.

Originada en Florida en 1999, esta agrupación debutó con The Creek Drank the Cradle (2002), síntesis de un par de propuestas enviadas al sello Sub Pop que, viendo los resultados, acabó siendo sumamente atinada en cuanto a coherencia, enfoque y espíritu. De las canciones que no fueron consideradas surgió el también notable EP The Sea & the Rhythm (2003), por si quedaba alguna duda.

Ya con la posibilidad de contar con un estudio después de tan sólida presentación, Beam y su numerosa compañía (a lo que ya está acostumbrado dado que tiene cinco hijas) grabaron Our Endless Numbered Days (2004), obra confirmatoria de la capacidad letrística para recrear mundos emocionales que respiran al aire libre sin preocuparse por el fin de los días, como se afirmó en los EP´s Passing Afternoon (2014) y el espléndido Woman King (2005).

La ruta emprendida continuó con In the Reins (2005) lograda colaboración con el grupo Calexico y Shepherd’s Dog (07), alcanzando quizá sus cuotas más altas a la fecha, a través de la creación de evocativas imágenes y refulgentes contornos melódicos, pastoreados con buena dosis de sensibilidad. Apareció después el doble álbum recopilatorio Around the Well (2009), formado por lados B, rarezas y canciones que no pudieron ver la luz en un primer momento, al tiempo que seguía la costumbre de sacar EP´s al por mayor.

Al grito de besa y deja morir, Kiss Each Other Clean (2011) se presenta con faisanes poblando las imágenes y algunos discretos cambios de registro que si bien no siempre funcionan, apuntan hacia un ensanchamiento de referencias: coros incrementales, apuntes cercanos al soul y funk matizado con una contenida rítmica setentera. Walking Far From Home abre un racimo de canciones con varios puntos de inflexión, pero cantadas como si las decisiones ya estuvieran tomadas: se percibe relajamiento general sólo trastocado por algún teclado o el sonido de algún metal que contrapuntea el desarrollo armónico y por las letras como de costumbre inquietantes que visitan temáticas tan vitales como imposibles de asir.

Iron and WineEn Ghost on Ghost (2013) la aventura va más allá del hábitat folk para internarse por atmósferas discretamente jazzeras, empapadas de tonalidades country que persisten en la recreación de la intimidad acaso buscada por espíritus de otro mundo, celebrando la quietud de la noche o su capacidad de invisibilidad. Dos volúmenes de Archive Series (2015) recuperan sencillos y lados B, mientras que el disco de versiones Sing into My Mouth (2015), tejido junto con Ben Bridwell, líder de Band of Horses, obliga a proponer un brindis por el poder del trabajo colaborativo.

EL TRÍO COMO ALINEACIÓN CLÁSICA DEL JAZZ

Originario de Wisconsin, Dan Nimmer (1982) empezó a tocar piano de oído y muy pronto incorporó una tradición jazzística (Peterson, Tatum, Garner), manifestada en su tersura para la interpretación y en su agudo y dinámico sentido tanto rítmico como armónico. Músico de sesión y líder de un trío, recibió y aprovechó una gran oportunidad en el 2005 cuando Wynton Marsalis lo invitó a formar parte de la orquesta de jazz del Lincoln Center y de su quinteto, tras haberse dado a conocer con diversos músicos.

Apoyado por John Webber (bajo) y Jimmy Cobb (batería), debutó con Kelly Blue (2006), muy pronto seguido por Tea For Two (2007), ahora con el bajista David Wong y la batería de Pete Van Nostrand, como para disfrutar de una buena infusión en plan íntimo, y por Yours My Heart Alone (2008), ya en plan de rendición declarativa con Washington y Nash integrando el trío. De regreso con Wong y Van Nostrand, grabó el muy disfrutable Modern – Day Blues (2010) y All the Things You Are (2012), que mereció una versión de algunos cortes por parte de la vocalista Sayaka Tsuruta.

UNA NUEVA VOZ

El cantante irlandés de voz decidida y sugerente conocido como Hozier, joven con presumible capital cultural (James Joyce, Leonard Cohen), combina acordes bluseros y aromas gospel con un folk de sentimiento a flor de piel que va saltando de manera rítmica, solicitando que lo lleven a la iglesia acaso para encontrar el camino al Edén como la gente real lo va intentando, aunque sea en solitario. Con Hozier (2014) álbum homónimo e iniciático saltó de la virtualidad, ámbito donde se dio a conocer, al mundo tangible de los discos y las presentaciones en vivo.

DIVERSIDAD SONORA

13 junio 2015

Conciertos para gustos diversos que confluyen durante el fin de semana en nuestro país; un buen pretexto para darse una vuelta por el DF y revisitar las propuestas que van del jazz al pop sicodélico y de ahí al folk y al rock de consumo masivo.

DAMIEN RICE

Con la sensibilidad a flor de piel, vocal trémula que exuda melancolía atrapada en una angustiaDamien Rice contenida y composiciones de melodiosa soledad, este cantante irlandés se dio a conocer primero con Juniper, grupo que pronto abandonó para dejarse cobijar por el productor David Arnold, quien había trabajado con Bjork. El sencillo The Blower’s Daughter, que apareció en el film Closer (Nichols, 2004), funcionó como carta de presentación ante públicos más amplios y preparó O (2003), su largo debut conformado por diez cortes de fuerte alcance dramático.

Después de colaborar con Tori Amos, The Frames y Herbie Hancock, grabó 9 (2006), obra con la que se mantuvo en la tesitura de la frágil emotividad, expresada a través de un folk propio de un trovador en tiempos posmodernos. Tras algunos discos en vivo, por fin apareció My Favourite Faded Fantasy (2014), uno de los mejores trabajos del año integrado por ocho canciones de tersas texturas que construyen emocionales melodías, cargadas de sugestivas letras. Fundamental la producción del ecléctico Rick Rubin para resaltar la esencia del artista y lanzarla a la tierra de las fantasías posibles.

HELEN SUNG

De formación clásica, la pianista nacida en Houston de origen chino, entró al mundo del jazz por la puerta del postbop, aprovechando su sólida visión para la comprensión de las leyendas del género –ahí están sus estudios en la Thelonious Monk Institute of Jazz Performance– y para la improvisación, ingrediente siempre atractivo en el mundo de la síncopa. Colaboradora con varios ilustres personajes como Wayne Shorter, debutó como solista con Push (2004), expresando plena confianza y soltura al momento de acometer el instrumento.

Siguieron los álbumes Helenistique (2006), Sungbird (After Albeniz) (2007) y Going Express (2010), a través de los cuales cimentó su prestigio como una representante de la continuidad de la tradición jazzística con buenas dosis de modernidad y un peculiar toque femenino lleno de entusiasta rítmica y técnica exquisita. Apoyada por el bajista Peter Washington y el bajista Lewis Nash, perpetró (re)Conception (2011), obra en la que ataca con dinamismo imparable su instrumento, reinventando piezas de algunos autores esenciales como Bacharach, Ellington, Shearing y Monk, además de integrar una composición propia.

En formato principalmente de sexteto y con grandes invitados como Paquito D’Rivera, Seamus Blake, Ingrid Jensen, John Ellis y Regina Carter, entre otros, grabó el estimulante Anthem for a New Day (2014), mostrando a la pianista en plan de liderazgo compartido, dando el lugar a sus reconocidos colegas pero conversando con ellos de tú. Se presenta en la Ciudad de México y en Cuernavaca.

THE MAGIC NUMBERS

La propuesta del cuarteto londinense se desarrolla a partir de un pop soleado con sutiles tesituras experimentales, acaso retomadas de ecos sesenteros, que rondan atmósferas psicodélicas de mágica numeralia. Liderado por el trinitario Romeo Stodart e integrado por su hermana Michele en el bajo, junto con otra pareja de hermanos, Sean Gannon en la batería y la vocalista y multiinstrumentista Angela, el grupo debutó con The Magic Numbers (2005), álbum homónimo que resultó ser una grata y fresca sorpresa en el panorama musical de inicios de siglo, enclavado en una lógica retro con la mirada al futuro.

Como una continuación natural y con una notoria influencia de The Mamas & The Papas, según se ha señalado, grabaron Those the Brokes (2006), al que le siguió el EP Undecided (2007). Con The Runaway (2010), se advertía un cierto estancamiento que pareció exigir cierta pausa a la banda, aprovechada por la bajista Michele Stodart para adentrarse en solitario por los territorios del country con su álbum Wide-Eyed Crossing (2012). La cuarta entrega, titulada Alias (2014), significó el regreso de la prestidigitación numérica, expresada en canciones confeccionadas con ganchos melódicos y juegos de cuerdas que, en efecto, le dan clara identidad a la propuesta.

IMAGINE DRAGONS

Este cuarteto bastante valorado por las nuevas generaciones, propone un pop energético con aderezo electrónico que busca la emoción pronta, tal como sucede en Las Vegas, su hábitat natural como el de The Killers, uno de sus modelos a seguir; tomó forma apocalíptica en Night Visions (2012), su primer largo en el que se incluyen algunas canciones que han sonado en los circuitos radiales gracias a su consistencia pegajosa y al uso de recursos, si bien efectistas y ligeramente prefabricados, al final atractivos y bastante resultones.

Con la misma idea de no andar descubriendo el hilo de ningún color ni el agua de variadas temperaturas, se siguieron enfocando a lo que saben hacer y grabaron Smoke + Mirrors (2015),  disco conformado por apuntes electrónicos de armónica intuición que soportan una disposición a la actitud energética y convencida: se nota que creen en lo que cantan, más allá de que sigan buscando el sello distintivo. Ahí están otra vez las canciones que sonarán sin parar y que estarán en boca de un buen número de adolescentes, tanto recientes como tardíos: de pronto uno se descubre cantando (es un decir), junto con los hijos, las estrofas de estos escupefuegos.

DISCOS DE 1963: CINCUENTA AÑOS DE GIRAR SIN PARAR (PRIMERA PARTE)

15 diciembre 2013

Año recordado fundamentalmente por la aparición del grupo de música popular más influyente que ha existido, por la presencia de la primera obra maestra del cantautor más importante en la historia de la música popular y por la continuación de diversos géneros que empezaban a encontrar la potencialidad del encuentro con otras propuestas, más allá de sus propia fronteras.
Un breve recorrido por algunos álbumes –principalmente del folk, rock´n’roll, soul, funk, R&B y jazz, que quedarán para la segunda parte- que cumplieron la mitad del siglo como si nada, al contrario, creciendo ante cada escucha. No son todos los que debieran pero sí constituyen una muestra suficiente para adentrarse en los sonidos de hace medio siglo.

CONOCIENDO A LOS GENIOS
Bob Dylan (1941) firmó su prematura primera obra maestra: el icónico The Freewhelin’ Bob Dylan, saturado de clásicos y con portada mil veces retomada. La poesía había aterrizado con abstracta energía en los sonidos folk ahora entonados con ecos nasales, mientras la respuesta se difuminaba en un viento soplado por una enigmática chica del país del norte, cargado de una dureza lluviosa que anunciaba, como para no pensárselo dos veces, la llegada de los maestros de la guerra: quizá una guitarra y una armónica puedan hacer que se retiren.
Por su parte, cuatro jóvenes hacían su presentación desde Liverpool: se hicieron llamar The Beatles y grabaron los álbumes Meet the Beatles y Please Please Me. La revolución había empezado, justo donde menos se esperaba: un grupo con peinados de niños buenos que parecía pensado para enloquecer jovencitas, como tantos y tantos que van y vienen sin ninguna repercusión, pronto se convertiría en la banda que trastocó para siempre la forma de crear y entender la música popular.Beatles

CONSTRUYENDO LOS GÉNEROS
Sam Cooke (1931-1964) se encargó de invitarnos a disfrutar de una noche llena de sentimiento, ritmo diverso y alma compartida, a través de Night Beat, disco esencial de la historia del soul que se da la mano con el blues, el góspel y jazz. James Brown (1933-2006) desgranó funk interminable en Live At the Apollo, muestra contundente de cómo convertir una presentación en un auténtico concierto exorcizante, y Johnny Cash (1932-2003) exudaba country con Blood, Sweat and Tears, firmado junto a The Carter Family.
The Beach Boys siguieron haciendo olas, ahora por partida triple: Surfin’ USA, Little Deuce Cope y Surfer Girl, como para no dejar de vivir las playas californianas donde todo podía pasar, como encontrarse con el clásico Bo Diddley´s Beach Party, efusiva fiesta con Bo Diddley (1928-2008) como anfitrión de lujo y ya entrados en el tema, disfrutar de la comedia hablada del gigante de la parodia Allan Sherman (1924-1973), a través del disco My son, My Nut, imprescindible para quienes se interesen en este renacido campo.
El folk tuvo su presencia con Peter, Paul & Mary, quienes también dobletearon con In the Wind y Moving, y sobre todo con el histórico concierto del mítico revivalista neoyorkino Pete Seeger (1919) capturado en Carnegie Hall Concert, We Shall Overcome, homenajeado años después por el jefe Springsteen. Por otro lado, Tony Bennett (1926) mantuvo el nivel con I Wanna Be Around… y Roy Orbison (1936-1988) colaboró con un prematuro álbum de éxitos titulado In Dreams. Apareció también Indian´s Master Musician de Ravi Shankar (1920-2012), quien se convertiría en figura muy conocida en Occidente.
Barbara Streisand realizó su disco debut, ya con sus capacidades teatrales aplicadas a la vocalización, por medio de The Barbara Streisand Album, mientras que Judy Collins (Seattle, 1939) hizo lo propio con Judy Collins 3, incluyendo una memorable versión de Masters of War de Dylan, y la organista Shirley Scott (1934-2002) con Soul Shoutin’, su obra más sentida pergeñada junto a Stanley Turrentine. La jazzera Sheila Jordan (1928) grabó Portrait of Sheila Jordan, iniciando su carrera en todo lo alto.
El disco navideño del año, y quizá de la historia, corrió por cortesía del afamado y controvertido productor Phil Spector, vía A Chistmas Gift For You From Phil Spector, con invitados diversos (The Ronettes y The Crystals, entre otros) y su famoso muro de sonido en acción. The Impressions, trío liderado por el brillante compositor Curtis Mayfield, debutó causando una muy buena ídem, no solo por los juegos de vocalización, sino por las aún recordadas composiciones como se escucha en The Impressions. Nat “King” Cole (1919-1965) deslizó con la suavidad acostumbrada su obra Those Lazy-Hazy-Crazy Days of Summer, ya en sus últimos años de vida.
El blues estuvo sentidamente representado por el reconocido John Lee Hooker (1917-2001) con el recopilatorio Don’t Turn Me From Your Door: John Lee Hooker Sings His Blues y por Lightnin’ Hopkins (1912-1982) y su Goin’ Away; el dueto integrado por Joe Venuti & Eddie Lang produjo Stringing the Blues, en una exquisita conversación entre violín y guitarra, mientras que otro dúo conocido como Jim & Jesse, grabó Bluegrass Special, música de raíces con espíritu religioso.

CONCIERTOS: SANGRE JOVEN

12 agosto 2011

Empieza le etapa fuerte de conciertos en nuestro País y para muestra, varios botones. Grupos que andan dando sus primeros pasos en el saturado circuito del rock y sus derivados, buscando identidad y ganarse un lugar en los tímpanos de las audiencias: jóvenes que se buscan conectar con jóvenes en tiempos donde la globalidad, a pesar de la heterogeneidad persistente, permite encuentros y accesos que antes resultaban impensables.
La aldea puede escuchar propuestas en simultáneo que nacen en todos los continentes, sin importar las distancias; en este caso, alternativas atravesadas por aportes del campo de la informática vueltas opciones sonoras, vía sensibilidad melódica y construcción armónica que igual sirve de escenario para la fiesta que para la reunión más pausada. Veamos.

MAPS & ATLASES EN LEÓN
Este cuarteto formado en Chicago durante el otoño del 2004 por estudiantes de la escuela de arte de Columbia -Shiraz Dada (bajo), Chris Hainey (batería), Dave Davison (guitarra/vocal) y Erin Elders (guitarra)-, anduvo en un largo proceso de búsqueda hasta que se presentaron con el EP Tree, Swallows, Houses (06), en el que ya se advertía esa combinación entre el indiefolk y el llamado mathrock, subgénero hijo del progresivo y hermano del postrock en el que cabe una melodía reconocible envuelta en estructuras musicales disonantes o experimentales, estableciendo paralelismos con el abstracto lenguaje matemático.
Con influencia de bandas como Hella, según se ha señalado, continuaron su ruta en busca de nuevos contextos con el EP You and Me and the Mountain (08), con un estilo más inclinado hacia tesituras folk, cargadas de una escritura que respiraba campo abierto. Después de estas obras cortas, por fin llegaría Perch Patchwork (10), sorprendente propuesta que sabe integrar sonidos disonantes con armonías reconocibles, en la línea de Animal Collective con todo y los juegos de vocalizaciones traslapadas. La mejor noticia es que se presentarán en nuestra Ciudad, además de tocar en el D.F. y en Guadalajara.

PHANTOGRAM
Dúo neoyorkino muy en la línea de las propuestas que combinan la estética digital con organicidad vocal, cual ilusión óptica llevada al campo de la audibilidad, integrado por los amigos desde la preparatoria Josh Carter (guitarras) y Sarah Barthel (teclados), quienes se dieron a conocer con un par de EP´s: Running From the Cops (09) cuya canción titular de ritmo machacón y voces susurrantes, también presentada en versión instrumental y Phantogram (09), alimento ambos para Eyelid Movies (10), su primer largo, en el que también se insertan guitarras como en espiral.
En canciones como Mouthful of Diamonds, la voz en clave femenina contrapuntea la electrónica entre suave y distorsionada, con ruidillos aparecidos por aquí y por allá, mientras que 10,000 Claps transcurre en tonos más pausado, al tiempo que When I´m Small despliega una vocal de ensueño que se eleva sobre una instrumentación de cambios bruscos, jugando con una planeada ralentización. Bloody Palms mete discretamente el acelerador y en Voices un pop con sutiles salpicadas psicodélicas se da tiempo para llevarnos por atmosféricas construcciones sonoras. Se presentan en el D.F.

ART VS. SCIENCE O EL FALSO DILEMA
De Australia nos llega este trío en el que todos cantan, conformado por Jim Finn (teclados), Dan McNamee (teclados/guitarra) y Dan Williams (batería). Inspirados por Daft Punk, empezaron a proponer sus sonidos para acompañar atrevidas incursiones a ese territorio siempre arriesgado conocido como la pista de baile, donde siempre se transita al filo de la navaja entre la liberación corporal y el ridículo masivo.
Con su álbum The Experiment (10) debutaron en el circuito del dance-pop con ecos más allá de la isla que parece continente: coros bien afilados para meterle energía a las dinámicas instrumentaciones, siempre a punto para no dejar a nadie sentado y, si se puede, indiferente. Ya veremos cómo van evolucionando en sus próximos trabajos: por lo pronto, vale la pena dejarse atrapar por sus redes para vivir la noche como se merece, ahora que estarán en el D.F.

YACHT: TECNÓLOGOS SONOROS
Dueto de Portland que nació como el proyecto solista de Jona Bechtolt, quien grabó los álbumes Super Warren MMV (04), MEGA (05) y I Believe in You. Your Magic is Real (07). Con la incorporación definitiva de la anterior colaboradora Claire L. Evans, el ahora dueto produjo See Mystery Lights (09), álbum que atrajo los radares de los escuchas más allá de la habitual zona de influencia en la que se habían hecho escuchar.
Con Shangri-La (11) la propuesta terminó de tomar forma, soportada por un concepto en el que se propugna el pensamiento abierto, la libertad de conciencia y el uso de los avances informáticos, cual camino hacia la creación. Estos filotecnólogos de lances utópicos, recorren caminos andados por algunos colegas y buscan mantenerse en la actitud constante de buscar alternativas arquitectónicas para sus canciones, en las que se respira cierta tradición con miras hacia un futuro prometedor. Su concierto será en el D.F.