Archive for 28 enero 2011

SCOTT PILGRIM: COLLAGE DINÁMICO

28 enero 2011

En la anterior entrega comentábamos acerca de las tendencias que ha seguido el cine con respecto a la incorporación del cómic o de la novela gráfica como fuente para sus argumentos y propuestas. En la tercera de ellas, podemos ubicar filmes que han buscado rutas alternativas para presentar a los héroes descritos en las historietas, más allá de la pureza absoluta, la doble personalidad, la maldición cargada a cuestas y los trajes de dudosa estética.
Muy al caso, llega una película a tono con los tiempos que viven los jóvenes urbanos, canadienses en este caso, entre las bandas de rock, los romances indefinidos, la dificultad para ubicarse en el mundo de los adultos –laboral y social-, la realidad virtual y los videojuegos, así como las relaciones interpersonales con toda la carga de conflictos y satisfacciones que implican, a tono con Kick Ass (Vaughn, 10)-. Pero también ante la presencia de ideales que pueden llevar a un tipo por completo común a pelear por su amor, sobre todo contra sí mismo, y a mantener los principios artísticos por sobre el tentador contrato de la disquera.
Basada en el cómic del canadiense Bryan Lee O’Malley y dirigida por Edgar Wright, especialista en el juego de trastocar géneros como vimos en El despertar de los muertos (04) y Hot Fuzz (07), Scott Pilgrim vs. los ex de la chica de sus sueños (Scott Pilgrim vs. The World, EU, 10) es un absorbente y desfachatado collage con pinceladas de posmodernidad que combina sin demasiado pudor lenguajes y géneros, construyendo una propuesta innovadora, más allá de gustos personales, que a pesar de su reconocible premisa y su indudable creatividad para la apantallante forma, consigue conectar con el interés del espectador, desde el humor hasta el enredo afectivo con todo y sus apuntes sociales.
Un adolescente tardío como ahora abundan, bajista de una banda de garage pero de casa (Michael Cera, como dibujado por el autor), sueña con una chica en principio inalcanzable que de pronto aparece en la realidad (Mary Elizabeth Winstead), a pesar de haber iniciado un romance con una inocente preparatoriana china (Ellen Wong). Con personajes nombrados a partir de referencias musicales o fílmicas, nuestro improbable héroe iniciará un viaje a las nebulosas atmósferas del amor apoyado por su compañero de cuarto gay (Kieran Culkin), su hermana siempre al teléfono (Anna Kendrick) y sus compinches del grupo, incluyendo a la peculiar baterista (Alison Pill) al borde de la falta de emoción y algún freakie extraviado.
Además de enfrentar su pasado y sus propias fechorías románticas, deberá pelear, si quiere terminar de conquistar a la enigmática recién llegada a la ciudad, con 7 de sus antiguos amores, que incluyen a un bailarín medio farsante, un hígado actor/patineto con múltiples dobles (Chris Evans), un vegetariano súper poderoso tipo el Dr. Manhattan de Los vigilantes (Snyder, 09), unos gemelos orientales de intensos teclados, una dolida escapista y el líder, un insufrible productor musical dueño de antro con todo y pirámide (Jason Schwartzman).
Con peleas al más puro estilo de videojuego -sin sangre de por medio y caricaturescas-, con vidas por recuperar y monedas por amasar, la fotografía de Bill Pope nos permite adentrarnos en la particular mezcla entre ficción y “realidad”, con cierto aspecto propio de las añejamente llamadas “maquinitas” y con pinceladas de las cintas independientes, con la cámara cercana tipo documental y un predominio de tonalidades apagadas, excepto por la cabellera de la susodicha chica de los pesadillescos sueños.
El dinamismo de los desplazamientos de la cámara y la construcción de secuencias a través de la inserción de mil puntos de vista (incluyendo animación ad hoc), obligan a mantenerse atento para no perderse alguno de los detalles que saturan la pupila. La puesta en escena juega con la diversidad de planos en simultáneo y las rupturas a la lógica secuencial provocan entre risas y sorpresas, sobre todo por la capacidad de insertar elementos inesperados aunque siempre pertinentes.
No obstante, la continua presencia de mensajes del lenguaje comiquero, así como la inserción de cortes inesperados en las secuencias, ya sea a manera de flashbacks o de imaginería de los mismos personajes, se van integrando a una narración que consigue imbricar lógicas discursivas de diferentes medios como la historieta, el videojuego, el propio cine y hasta el teatro y la danza, considerando la importante presencia de la música, cortesía de Nigel Godrich (productor de Radiohead y Beck, entre otros).
Un coctel, en síntesis, que funciona en diversos niveles y aunque se podría pensar que es una obra dirigida a jóvenes, en realidad abarca gustos más amplios que disfruten del humor construido a partir de los diálogos y del mismo lenguaje fílmico, así como de las posibilidades que pueden surgir cuando se entreveran fuentes y géneros falsamente excluyentes.

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CINE EN RECUADROS

21 enero 2011

Llámesele cómic, novela gráfica o historieta, el cine ha volteado cada vez con más fuerza a esta fuente de argumentos y personajes para darles lo que en su medio original no encuentran, sin que ello constituya una limitante: movimiento y difusión masiva. Por supuesto, las cofradías alrededor de dichos relatos rara vez quedan satisfechas porque consideran que nadie los entiende mejor que ellos, por un lado, y por el otro, dejan de ser una posesión exclusiva para convertirse en materia conocida por las masas, comparativamente ignorantes junto a quienes detentan la “verdadera” comprensión de tal o cual personaje o autor.
En lo que va del siglo, hemos podido observar algunas tendencias en el cine basado en historietas, particularmente las referidas a héroes: está la que es propia del mainstream con altos presupuestos, gente de renombre y omnipresentes campañas mediáticas; como ejemplos estarían Superman, El Hombre araña, Hulk, X-Men, Iron Man y, sobre todo, Batman, quien de la mano de Christopher Nolan alcanzó un nivel inédito, particularmente por la definitiva ruptura de los esquemas maniqueos que aquejan a este tipo de films.
Una segunda tendencia es la de los filmes de perfil medio que simplemente reproducen lo planteado en la fuente: Ghost Rider, The Punisher, Blade, Daredevil y Los 4 fantásticos son algunos casos. Una tercera es la que ha intentado humanizar a los personajes y probar nuevas rutas para el retrato del superhéroe comiquero: Hellboy, Los vigilantes, Kick-Ass, no necesariamente con los resultados esperados, aunque sí en búsqueda de ampliar horizontes para el subgénero.
Ahora tenemos un par de ejemplos que caben en la segunda y tercera tendencia; uno en cartelera y el otro enviado directamente al circuito de video con justa razón, en este caso.

EL AVISPÓN VERDE
Originalmente creado para un programa radiofónico en los 30´s para después mutar al mundo de la historieta y de la televisión, recordando al Llanero solitario, El avispón verde parte de la idea de hacerse pasar por villano para poder hacer el bien. Acompañado de su famoso asistente conocido como Kato, con mayores habilidades que él, combina su labor como editor del periódico de su padre con el de improbable justiciero.
Ahora llega al cine planteando expectativas muy específicas, dado el propio tipo de personaje y el personal involucrado en su realización. Tratándose de Michel Gondry (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, 04; La ciencia del sueño, 06; Originalmente pirata, 08) se esperaría un poco más de riesgo y originalidad: si bien se perciben ciertos intentos por hacer una propuesta diferente, en términos generales la película sigue los cánones impuestos y queda la impresión de que se optó jugar más a lo seguro que incursionarse en otros terrenos más innovadores.
No obstante, El avispón verde (The Green Hornet, EU, 11) se disfruta como un entretenimiento que se desarrolla con equilibrio, entre la acción, la evolución de personajes y situaciones, un guión dinámico y una funcional puesta en escena, en la que se incluyen los famosos automóviles y las imperdibles peleas cuerpo a cuerpo. Las salpicadas de humor son bienvenidas y ciertos apuntes visuales, como la pantalla dividida o el manejo inesperado de la cámara.
Seth Rogen, actor famoso en el mundo de la nueva comedia norteamericana, coescribe e interpreta el papel de Britt Reid, acompañado de una decorativa Cameron Diaz y de Jay Chou como Kato, quizá el personaje más interesante del film asumiendo aquel papel que interpretó Bruce Lee en la famosa serie televisiva de los 60´s. Tom Wilkinson, por su parte, es el rígido padre con quien su hijo mantuvo una relación de amor-odio y Edward James Olmos es el segundo de abordo en el periódico. Y en el terreno de los villanos, Christoph Waltz elabora una buena caricatura de Chudnofsky aunque se mantiene lejos de su personaje en Malditos bastardos (Tarantino, 09).

JONAH HEX
De la casa DC Comics y ambientado en la Guerra Civil norteamericana, surge un personaje con el rostro desfigurado que busca venganza, como tantos otros que padecieron la pérdida de su familia a manos de un villano abusivo. Trasladado a la pantalla con escasa fortuna por Jimmy Hayward, Jonah Hex (EU, 10) es un film que aporta poco en clave de western dado que se convierte en absolutamente predecible y en escasos momentos nos interesa lo que suceda o lo que le pueda pasar al héroe, ya no digamos a su interés romántico (Megan Fox siempre boquiabierta).
Mientras tanto, Josh Brolin y John Malkovich hacen lo que pueden con sus esquemáticos personajes para inyectarle algún tipo de interés más allá de la acción, bien filmada pero hueca que de alguna manera impide que uno tire la toalla antes de los créditos finales. Un film que cae en la segunda tendencia que mencionábamos con anterioridad.

REDENCIONES: CRIMINALIDAD BOSTONIANA

16 enero 2011

Habitualmente concebida como una de las ciudades más cultas, refinadas y de mayor tradición en los Estados Unidos, con todo y algunas de las mejores instituciones educativas del mundo, la casa de los Medias Rojas, los Celtics y casi de los Patriotas, ha sido retratada recientemente en el cine como la cuna de bandas criminales o de psicópatas que asolan las calles de notable armonía con el paisaje urbano que ha logrado integrar en su configuración épocas y estilos arquitectónicos de amplio abanico.
En películas como Río Místico (Eastwood, 03), Los infiltrados (Scorsese, 06) y Al filo de la oscuridad (Campbell, 10), vemos cómo la criminalidad, en ocasiones también insertada en la policía, despliega sus tentáculos por las arterias citadinas de esta hermosa urbe nunca exenta de los males que aquejan a las grandes concentraciones humanas. Un par de películas al respecto, una en la cartelera y otra circulando por los videoclubes de la ciudad. Veamos.

REDENCIÓN EN LA LEJANÍA
En Atracción peligrosa (The Town, EU, 10) Boston se convierte en un escenario vivo, particularmente el barrio de Charlestown, donde se desarrolla esta conocida historia de policías y ladrones con pertinentes tintes de drama. Las continuas tomas áreas funcionan como contextualización pero también como contraste para mostrar la gran ciudad y sus pequeños vericuetos, incluyendo una mirada a las entrañas del mítico monstruo conocido como Fenway Park y a diversos sitios que se convierten en parte del desarrollo dramático.
Más allá del fallido título en español, ahora se confirma que lo que vimos en Desapareció una noche (Gone Baby Gone, 07), el sorprendente debut de Ben Affleck que adaptó con soltura la novela de Denis Lehane, no fue un afortunado tiro al aire que dio en el blanco, sino el sólido arranque de un director que parece tener mucho más qué decir detrás de cámaras que frente a ellas. En esta ocasión, se retoma Prince of Thieves de Chuck Hogan para narrar la historia de un asaltante que termina relacionándose con la gerente del banco a la que sometió en uno de sus atracos, con todas las implicaciones del caso.
En efecto, Affleck toma la cámara por los cuernos y consigue construir un enérgico relato en el que caben un par de secuencias de acción firmemente filmadas junto a pasajes que se detienen en los personajes, a pesar de basarse en sujetos arquetípicos: el pillo que busca cambiar y termina en lo mismo (Ben Affleck) casi como un asunto heredado por su padre (Chris Cooper); el ladrón agresivo que da la vida y nunca ve más allá (Jeremy Renner, aún en su Zona de Miedo), el siniestro viejo titiritero que mueve los hilos (el recién fallecido Pete Postlethwaite); la enamorada que se mantiene a pesar de conocer a qué se dedica su galán (Rebecca Hall, estupenda); el sabueso que persigue fines sin importar los medios (Jon Hamm, como todo Mad Men) y la mujer extraviada entre las drogas y el abandono afectivo (Black Lively).
Hay un poco del thriller policiaco de los setenta aderezado con los recursos tecnológicos actuales, incluyendo una lograda edición de sonido y una versatilidad en la edición, gracias a la suma inteligente de perspectivas según requiere la intensidad dramática de la secuencia, apuntalada por un score siempre ambiental. Si bien el desenlace puede parecer convencional, el despliegue y énfasis de los momentos argumentales, más allá de la tensión provocada por los tiroteos y persecuciones, consigue que al espectador le importen los personajes.
¿Puede un romance transformar la vida de un hombre? “Por más que cambies, no puedes dejar de cargar con tu pasado y con las consecuencias de tus actos”: más o menos así reflexiona el protagónico con voz en off, llevándonos a pensar si en efecto, la criminalidad se va heredando de generación en generación como si se tratara de un lunar imposible de eliminar de la piel simplemente porque se trae tatuada en los genes.

REDENCIÓN EN LA SOMBRA
Dirigida por Brian Goodman, Lo que no te mata (What Doesn´t Kill You, EU, 08) sigue a dos ladrones del sur de Boston conocidos desde la infancia que parecen estar predeterminados a vivir del crimen, casi como si fuera un asunto genético, tal como se expone en Atracción peligrosa. Como suele ocurrir, ambos le rinden cuentas a un jefe que mira los toros desde la barrera mientras sus muchachos se ponen a trabajar, atrapados en un circuito de robo, violencia y adicción.
A partir de una consistencia narrativa que incluye ciertas rupturas temporales, vemos los esfuerzos por cambiar con escasa probabilidad de alcanzar el objetivo; la búsqueda de redención aparece como más compleja que cualquier atraco que se presente, incluyendo los camiones blindados. Encontrar una sana cotidianidad no es búsqueda sencilla, sobre todo cuando no se encuentra en el esquema vital de la persona. Mark Ruffalo consigue una sentida actuación, así como Amanda Peet, su crédula esposa, mientras que Ethan Hawke vuelve a realizar el mismo papel desde hace algunos años.
Blog: cinematices.wordpress.com

CHICAGO EN MÉXICO

11 enero 2011

Aprovechamos la visita de esta longeva banda a nuestro País para hacer un recuento de sus más de cuarenta años de trayectoria, entre caídas y levantadas pero aún dándole aliento a nuestros oídos.

LOS AÑOS DORADOS
Empezaron como septeto con sólida alineación, de consistente defensa rítmica, un medio campo de elusivos alientos, una delantera de saludable versatilidad en las voces, colmilluda e influyente producción (J. W. Guercio) y un creativo juego melódico: Robert Lamm (vocal, teclados), Terry Kath (vocal, guitarra), Peter Cetera (bajo, vocal), Daniel Seraphine (batería), Lee Loughnane (trompeta, vocal), James Pankow (trombón) y Walter Parazider (instrumentos de viento, vocal), aparecieron como Chicago Transit Authority para presentar álbum homónimo en 1969, justo cuando en el rock continuaba la eclosión aparecida un par de años antes, dentro del que se aventuraron a combinar sonidos arriesgados con estructuras clásicas del jazz, del pop y del R&B y una cierta esencia política.
Con nombre reducido para llamarse igual que la ciudad en la que se formaron, entraron a la década de los setenta con el igualmente disfrutable Chicago II (70), iniciando la tradición de titular sus discos por número, que presentaba el sencillo Make Me Smile como para continuar su expansión por las orejas del mundo. Con Chicago III (71) se mantuvo el éxito comercial y el vendaval de canciones, constituyéndose como el tercer álbum doble al hilo (para la generación del i pod: hubo una época en la que a los discos se les llamaba LP’s, eran unos objetos hermosos y si había muchas canciones se empaquetaban dos de ellos o incluso tres).
Después de una obra grabada en vivo en Japón y una caja de cuatro discos titulada Chicago at Carnegie Hall (Chicago IV) (71), regresaron con nivel similar al de sus inicios con Chicago V (72) y Chicago VI (73), aunque cada vez con una orientación más pop siguiendo el formato de las canciones de entre tres y cuatro minutos, fácilmente manejables por las estaciones radiales. Las composiciones, primordialmente las de Robert Lamm, seguían expresando una atractiva capacidad melódica no obstante ya se combinaban con más aportaciones de otros miembros como Peter Cetera.

LOS AÑOS DIFÍCILES
Chicago VII (74) y Chicago VIII (75), con la integración del percusionista Laudir de Oliveira, siguieron siendo comercialmente positivos pero cada vez más la crítica se desencantaba con la banda; para sacarle más provecho al asunto de la rentabilidad, se imprimió el Chicago IX: Chicago´s Greatest Hits (75), acaso como un síntoma de agotamiento creativo o de cambio de intereses que quizá no estaban del todo asimilados.
Con If You Leave Me Now como carta de presentación, Chicago X (76) resultó ser una obra en la que la orientación de la banda parecería tomar rumbo definitivo, decantándose hacia las baladas de fuerte pegada, aunque los siguientes cuatro trabajos, Chicago XI (77), Hot Streets (78), Chicago 13 (79) y Chicago XIV (80), se antojaron extraviados. La salida del productor y la muerte de Terry Kath fueron factores para que el grupo entrara en una etapa confusa, incluyendo la carencia de un guitarrista plenamente compenetrado.

LOS AÑOS RECONSTRUCTIVOS
Como para calmar las aguas, aparece Greatest Hits Vol. II (81) que le da cierto aire a Chicago 16 (82), álbum en el que se integró la famosa Hard To Say I´m Sorry, balada que sirvió a muchos jóvenes ochenteros para arrepentirse ante su cada cual sin necesidad de hacer desfiguros, como a los setenteros les funcionaba aquella canción de Elton John: Sorry Seems To Be the Hardest Word. Las adhesiones del productor David Foster y de Bill Champlin (guitarra/teclados) les vino como un buen revulsivo al grupo.
Vendría después Chicago 17 (84), el último gran disco de la banda con todo y su pulido pop en el que Peter Cetera se despedía en plan grande de la mano otra vez del productor David Foster y toda la experiencia puesta al servicio de los cortes: You’re The Inspiration y Hard Habit To Break continuaban la tradición de sensibilidad a punto en el terreno de las baladas románticas y Stay the Night le imprimía cierto dinamismo al arranque del álbum.

LOS AÑOS DEL MANTENIMIENTO
Con algunos discos recopilatorios y cambios de alineación como la presencia de Jason Scheff como cantante, la banda ha continuado grabando álbumes ya más bien enfocados a un público más específico espantosamente conocido como adulto contemporáneo, que suena a tipos aburridos de barriga prominente y vida resulta en apariencia: en los ochenta desfilaron Chicago 18 (86) y Chicago 19 (88), mientras que en los noventa hicieron lo propio Chicago Twent-1 (91), Night & Day: Big Band (95), Chicago´s First Christmas (98) y Chicago XXVI- The Live Album (99).
Aún con bríos aunque sin demasiada variedad sonora, en el nuevo milenio han presentado el inesperadamente agradable Christmas: What´s It Gonna Be, Santa? (03), el saludable regreso con canciones inéditas Chicago XXX (06), Stone of Sisyphus: XXXII (08), grabado originalmente en 1993 y Peter Wolf como invitado, y un disco de éxitos en conjunto con Foreigner, en una extraña jugada mercadológica.

2010: EL CINE QUE VIMOS EN LEÓN

7 enero 2011

Se estrenaron en la cartelera comercial de nuestra ciudad 245 películas aproximadamente, además de la presencia en pantalla de la 51ª. Muestra Internacional de Cine, El 30º.Foro de la Cineteca Nacional, el festival de documentales Ambulante y el Tour de Cine Francés. La apertura de alternativas de acceso a películas de todas partes (vía la red, la venta física o la renta), aún no le ha restado importancia a cómo el tipo de cintas que ofrecen las salas determina el gusto o el hábito de ver ciertas películas, es decir, en términos generales permanece la idea de “vamos al cine” más que “vamos a ver tal o cual película”.
La tónica fue más o menos la misma: predominio de la filmografía estadounidense, retrasos o ausencias de algunas películas que nos llegaron directamente al circuito de video y omnipresencia de los blockbusters que sí llegaban en tiempo y forma, dada la cantidad de copias distribuidas en el País y la fuerte campaña mediática que los acompañaba. Una película que duraba poco en cartelera –una semana- o resultaba ser una joya o todo un churrito; mientras que a las que duraban por los siglos de los siglos, habría que entrarles con cierta desconfianza.
Se mantuvo el esfuerzo de la Casa de la Cultura Diego Rivera para ofrecer ciclos de cine, así como algunas alternativas independientes tanto de exhibición como de formación. Los videoclubes se volvieron a consolidar como verdaderas válvulas de escape para ver cine de todas formas, colores y sabores. Repasemos las 30 mejores (15 en esta primera parte), sólo considerando las que se exhibieron en la cartelera comercial de León, en orden alfabético según título en español.

1. 500 días con ella (500 Days of Summer, EU, 09) de Marc Webb: la comedia romántica del año, rompiendo con la falsa linealidad de las relaciones amorosas y, de paso, con el forzado desenlace acostumbrado; cómo pasar del verano al otoño con el corazón malherido.
2. La amante de Mussolini (Vincere, Italia, 09) de Marco Bellocchio: no sólo de Berlusconi vive el escándalo italiano; punzante cinta histórica que brinda un punto de vista poco explorado del contexto del Duce, entre la megalomanía y la sumisión incómoda.
3. Amantes (Two Lovers, EU, 08) de James Gray: personajes que olfatean las relaciones tormentosas con un epicentro llamado Joaquin Phoenix en poderosa interpretación.
4. Amor sin escalas (Up in the Air, 09) de Jason Reitman: agridulce viaje acerca de la soledad laboral con un George Clooney calculador hasta que irrumpen los afectos, contra los que no hay despido que valga ni rollo que funcione.
5. Celda 211 (España, 09) de Daniel Monzón: intenso drama carcelario con tintes denunciatorios dominado por un Luis Tosar en pleno uso de sus derechos actorales. Para cambiar la situación, hay que empezar por el sistema penitenciario.
6. Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon, EU, 09) de Dean DeBlois y Chris Sanders: historia de crecimiento familiar y transformación cultural entre vikingos, dragones y un inesperado héroe juvenil.
7. El conquistador (Mongol, Rusia-Alemania-Kazajistán, 07) de Sergei Bodrov: infancia es destino también en el caso de Genghis Khan; épica e intimismo con valores de producción que estallan en la pupila.
8. Enemigo interno (The Bad Lieutenant: Port of Call –New Orleans, EU, 09) de Werner Herzog: reptiles pantanosos en la Nueva Orleans post-Katrina, corrupción adictiva y redención imposible. Nicolas Cage sí actúa, cuando lo dirigen maestros indiscutidos.
9. Enseñanza de vida (An Education, Reino Unido, 09) de Lone Scherfig: en la década de los sesenta todos fueron adolescentes con un mundo por descubrir, aunque fuera un espejismo; Nick Hornby describe al crecimiento como proceso de descubrimiento doloroso y satisfactorio a la vez.
10. El escritor fantasma (The Ghost Writer, Francia-Alemania-Reino Unido, 10) de Roman Polanski: historia de brumas, ferrys cual escenarios de angustias contenidas y un trasfondo político de alto voltaje; la atmósfera lo puede ser todo.
11. El fantástico señor zorro (The Fantastic Mr. Fox, EU, 09) de Wes Anderson: fábula mordaz bajo tierra en stop motion cortesía de Roald Dahl, plagada de humor que no se cansa de reflejar humanas realidades familiares.
12. Gomorra (Italia, 08) de Matteo Garrone: retrato de la mafia napolitana sin adornos basado en el libro del ahora perseguido Roberto Saviano; no hay crisis existenciales o peinados engominados, sino contextos perversos y redes podridas en tiempos de globalización económica.
13. Loco corazón (Crazy Heart, EU, 09) de Scott Cooper: Jeff Bridges en plan grande, brindando de más y aún rasgando la guitarra frente a una vigésima oportunidad al borde del precipicio, en ambientes country con aroma a Nashville.
14. Los que se quedan (México, 08) de Carlos Hagerman y Juan Carlos Rulfo: la migración reflexionada a partir de quienes se quedan viendo la espalda de los que tienen que irse; la nostalgia por la ausencia del ser queridos pero también la esperanza instalada en el gesto. Extraña más el que se queda, dicen.
15. Los herederos (México, 08) de Eugenio Polgovsky: el trabajo infantil en nuestro País, revisado desde una perspectiva sensible, cercana y profunda. La sonrisa no se borra pero las oportunidades se escapan.
16. La isla siniestra (Shutter Island, EU, 10) de Martin Scorsese: locura y recuerdos incendiarios, personalidades fracturadas y actores que se saben mover entre las sombras, apoyados por una dirección de lujo.
17. El limonero (Etz Limon, Israel-Alemania-Francia, 08): el eterno conflicto en perspectiva micro con un simbólico árbol de limones como motivo de disputa entre una viuda palestina y el ministro de la defensa israelí.
18. Lo que mis ojos han visto (Ce que mes yeux ont vu, Francia, 07) de Laurent Bartillat: investigación sobre los misterios de un pintor y su obra que corre en paralelo con una particular relación entre la joven protagonista y un mimo sordomudo; todo un viaje de descubrimiento estético.
19. Mi pareja es mi rival (Notre univers impitoyable, Francia, 08) de Léa Fazer: género y situación laboral revisitadas en una doble perspectiva; ingeniosa y punzante para los tiempos que corren con lúdicos juegos de posibilidades.
20. El origen (Inception, EU, 10) de Christopher Nolan: el entretenimiento no está disociado de la inteligencia; sueños que sueñan y realidades que se escapan cuando ya no se puede girar más allá de los propios extravíos. Manipulación perfecta e imperceptible y el adiós a Pete Postlethwaite.
21. Océanos (Océans, Francia, 09) de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud: documental de conciencia que privilegia las imágenes, narradoras por sí mismas de lo insondable como idea de la belleza y de un ecologismo a prueba de panfletos.
22. Preciosa (Precious, EU, 09) de Lee Daniels: de un caso que se prestaba a morboso capítulo de reality show, se consigue construir una historia cercana y afectivamente genuina, con sólidas interpretaciones femeninas.
23. El secreto de mis ojos (Argentina, 09) de Juan José Campanella: cuando se intenta reescribir la vida son inevitables los nuevos hallazgos y las inesperadas sacudidas que derrumban suposiciones largamente cultivadas. Notable thriller político, detectivesco, dramático, romántico y lo que le sigue.
24. La teta asustada (Perú, 09) de Claudia Llosa: los abusos cometidos trascienden más allá de lo imaginable, sobre todo cuando se cometen justo en los inicios de la vida. Enterrar el pasado para buscar romper con dolorosas experiencias que se transmiten de generación en generación.
25. Toy Story 3 (EU, 10) de Lee Unkrich: notable broche de oro a la joya de la corona de Pixar. Es momento de crecer y pensar en qué hacer con los juguetes de la infancia. Después de verla, uno no puede percibir igual a peluches, muñecos, cochecitos y demás compañeros silenciosos de toda una vida.
26. La Transmisión (The Signal, EU, 07) de Bruckner, Bush y Gentry: cine de bajo presupuesto y estructura narrativa dislocada; el apocalipsis se inserta por la televisión, teléfonos celulares y todo artilugio electrónico. Dividida en tres partes vinculadas por una perversa señal.
27. La última estación (The Last Station, Alemania-Rusia-Reino Unido, 09) de Michael Hoffman: la etapa final de un relajadísimo Tolstoi rodeado de conflictos entre su familia, la comunidad que fundó y su fortuna. Actuaciones a la altura de las circunstancias y un diseño artístico envolvente.
28. El último camino (The Road, EU, 09) de John Hillcoat: la novela de Cormac McCarthy recibe un digno tratamiento en esta road movie postapocalíptica. Un padre y su hijo enfrentan a la intemperie sin mayores armas que su capacidad de diálogo. ¿Dónde está Dios?
29. Volver al futuro (Back to the Future, EU, 1985) de Robert Zemeckis: reestreno por sus 25 años bien cumplidos. Su capacidad de entretenimiento sigue intacta, con todo y sus giros discretamente oscuros. Fuera del sangrón desenlace, todo un clásico ochentero.
30. Zona de miedo (The Hurt Locker, EU, 08) de Kathryn Bigelow: la adicción a la guerra se convierte en inviolable candado para asumir responsabilidades de más alto espíritu, como ser padre, responsabilizarse de la familia, convertirse en ciudadano; sólo queda regresar e intoxicarse de nuevo.

VIDEOPCIONES: LAS 15 QUE NO SE PUEDEN ESCAPAR
Además del cine en cartelera, algunas obras clave que sólo llegaron a los videoclubes de la ciudad.
La clase (Entre Les Murs, Francia, 08) de Laurent Cantet: bitácora fílmica en clave de docudrama, que expresa una realidad bien conocida por muchos educadores, eludiendo la grandilocuencia del docente que todo lo puede y, en el otro extremo, las generalizaciones vacías acerca de la imposibilidad por cambiar el estado de las cosas.
Desgracia (Disgrace, Australia-Sudáfrica, 08) de Steve Jacobs: basado en la novela homónima del escritor de Hombre lento. La rabia no se extermina tan fácilmente, sino que más bien parece resurgir cuando menos se espera.
Donde viven los monstruos (Where the Wild Things Are, EU, 09) de Spike Jonze: notable guión estirado de David Eggers y el propio Jonze para construir un inteligente traslado a la pantalla del brevísimo y famoso cuento sesentero de Maurice Sendack.
En la luna (Moon, GB, 09) de Duncan Jones:, se inserta en la tradición de las grandes películas espaciales orientadas a la reflexión acerca de la condición humana; en épocas de clonación, más vale construir alianzas con mi otro yo, por el bien de la familia.
Extraños crímenes de Oxford (The Oxford Murders, España-Reino Unido-Francia, 08) de Álex de la Iglesia: juego fílmico que combina lances detectivescos con lógica matemática entre citas de Wittgenstein y laberintos emocionales.
Greenberg, un perdedor sin ilusiones (EU, 09) de Noah Baumbach: la dificultad de llegar a los cuarenta sin un proyecto claro de vida, cargando con la antipatía a cuestas pero aún con las puertas abiertas para lo que venga.
Hace mucho que te quiero (Il y a longtemps que je t’aime, Francia, 08) de Philippe Claudel: una mujer en busca de una lejana redención, interpretada con gran sensibilidad por Kristin Scott Thomas; momentos de genuina emotividad, más allá del descubrimiento del suceso detonador.
In-sectos (Bug, EU, 06) de William Friedkin: paranoia y claustrofobia, experimentos militares, nivel metafórico de la autodestrucción en donde ya no se reconoce a nadie; esa simbólica invasión interna que se vuelve contagiante a través del encuentro sexual. Lecturas múltiples.
Irak: crímenes de guerra (Redacted, EU-Canadá, 07) de Brian de Palma: propuesta crítica basada en hechos reales y con una estructura en forma de falso documental, confirmando que en los conflictos bélicos quienes más sufren son los que nada tienen que ver.
Los límites del control (The Limits of Control, EU-Japón, 09) de Jim Jarmusch: elementos abstractos que definen el tono neo-noir del film; búsqueda incierta y soledad detonante, mientras las rutinas construyen certidumbres sólo interrumpidas por las palomas que rompen el cielo y las obras del museo Reina Sofía como elementos anticipatorios.
La mitad siniestra (Peacock, EU, 10) de Michael Lander: un hombre escindido notablemente interpretado por Cillian Murphy en la tesitura de Psicosis (Hitchcock, 60); maltrato materno canalizado a través del trasvestismo constituyéndose en un festín para los psicólogos.
Nueva York a escena (Synecdoche, New York, EU, 09) de Charlie Kaufman: los vericuetos de la identidad, crisis creativa y confusión profunda entre las realidades; desdoblada representación de la vida de un dramaturgo en proceso de continua pérdida. P.S. Hoffman ni mandado a hacer.
Sólo los niños van al cielo (Ricky, Francia, 09) de Francois Ozon: gente ordinaria y milagros a la vista; las heridas no siempre anuncian violencia, sino tal vez el inicio de un vuelo mágico que termina por fundirse en abrazos angelicales.
Un hombre serio (A Serious Man, EU, 09) de los hermanos Coen: comedia negra, casi siempre contenida, en la que un profesor judío es víctima de múltiples calamidades personales, cual envío de plagas, con quienes lo rodean. La sabiduría está en la sicodelia.
Violines en el cielo (Okuribito, Japón, 08) de Yôjirô Takita: extrañas maneras del destino para comprenderse a sí mismo; de los sublimes y melancólicos sonidos del chelo infantil, a los rituales mortuorios para dar la última despedida a personas que emprenden quizá el viaje definitivo.

Ahora sí estamos listos para el 2011. Buen año.

LOS DISCOS DEL 2010

1 enero 2011

Vamos a dar un paseo sonoro, más amplio que profundo, por algunos de los discos que se presentaron en este año por terminar y que dejaron audibles huellas en nuestras agobiadas memorias.

MUJERES AL BORDE
Con su ácido folk barroco y desgranando el arpa cual ángel terrenal, Joanna Newsom realizó el inabarcable Have One On Me, álbum triple de 18 piezas que terminó siendo el disco del año para la revista UNCUT. Con la desgracia a cuestas de haber perdido a su esposo, Corinne Bailey Rae grabó The Sea, alcanzando las cuotas de intensidad que sólo las obras-bálsamo acostumbran aportar; por su parte, Jannelle Monáe tomó a todo mundo por sorpresa con The ArchAndroid, desarrollado entre las fronteras del R&B, el Soul y la teatralidad que el caso exige. Otra grata sorpresa, ésta desde una estética gótica, fue Zola Jesus con Stridulum, en el que Nika Roza Danilova destila enigmas.
Dos pares de hermanas: las veteranas Wilson y las Casady; las primeras bajo el nombre de Heart regresaron a la escena mostrando energía con Red Velvet Car y las segundas, conocidas como Cocoroise, se aventuraron a una expedición marítima con el expansivo Grey Oceans, embarcadas en soportes acústicos y electrónicos de acento folk. La reina del asfalto intercultural, M.I.A., continuó con la construcción de su frondosa propuesta urbana en MAYA, al tiempo que KT Tunstall mantuvo el nivel con Tiger Suit y Kate Nash, hija de las redes sociales, mantuvo el furor adolescente en My Best friend Is You, al igual que Laura Marling, apenas iniciando los veintes, dando paso firme con I Speak Because I Can.
En el espléndido Love And its Opposite, Tracey Thorn plantea reflexiones sobre la quinta década de vida, en la que aparece la necesidad de volver a tomar decisiones que parecían haberse sedimentado, en particular las relacionadas con el matrimonio y la familia. Elizabeth Cook muestra capacidad rimadora en Welder y la joven sueca Robyn (ahora que están de moda por Wikileaks) nos pone en movimiento con Body Talk, al tiempo que Taylor Swift expande fronteras del country y nos da una orden clara con Speak Now.
Con más experiencia en estas lides, Sheryl Crow vuelve a la cruz de su parroquia en 100 Miles From Memphis; Sarah McLachlan se nos fue a los cuernos de la luna con Laws of Illusion y la anglonigeriana Sade nos reclutó suavemente con Soldier of Love. La gran Mavis Staples, en complicidad con Jeff Tweedy, se permitió recordarnos, con el alma puesta en la voz, de la importancia de saber voltear a nuestro alrededor, vía su obra You Are Not Alone.

ENTRE LA RIMA Y EL SAMPLEO
Sir Lucious Left Foot… The Son of Chico Dusty, debut en solitario de Big Boi, la mitad de Outkast, lo muestra en plena forma para el cochambre sonoro; ahora sí con un regreso a la altura de las expectativas, Eminem presentó Recovery en pleno análisis de la vida a la mitad del camino, mientras que Drake, actor canadiense debutante en estos menesteres, grabó el sentido Thank Me Later. Lil Wayne se confesó en el digital I Am Not a Human Being y el creador de éxitos radiales The-Dream entregó Love King, la tercera parte su oda al amor.
The Roots continuaron su contestataria trayectoria primero solos con How I Got Over, una obra mayor, y después bien acompañados por John Legend con Wake Up!, conjunto de clásicos souleros de los 70´s que reciben aquí un contundente tratamiento. Ya cerca del final del año, volvió a aparecer Kanye West, sin ningún problema de autoestima, con el imaginativo My Beautiful Dark Twisted Fantasy, álbum del año para Rolling Stone y Spin. Con la rima desenvainada, Rick Ross cocinó desde Florida su Teflon Don y el productor El-P ensambló Weareallgoingtoburninhellmegamixxx3 (así es el título) con su acostumbrada búsqueda innovadora.

DE TECLADOS, BYTES Y SECUENCIAS
El dueto Crystal Castles vuelve a titular su disco simplemente como su nombre, tejiendo una electrónica de intrincado diseño, mientras que Robert Hood, oriundo y pieza clave del tecno made in Detroit, plasmó en Omega una especie de soundtrack para el último ser humano, con dedicatorias a Dios y enclavado en un minimal postindustrialismo muy acorde a los tiempos que corren, en los que el mundo puede convertirse en un videojuego musicalizado por Daft Punk y denominado Tron Legacy. La asociación entre The Orb y David Gilmour cristalizó en el etéreo Metallic Spheres.
Formas sonoras en apariencia contradictorias se pueden encontrar en Cosmogramm de Flying Lotus, explorando posibilidades múltiples y expandiéndose a sonidos contrastantes: uno de los discos del año, al igual que el exquisito Swim de Caribou, obra en la que se dan la mano las notas musicales con los números cual lenguajes en continua intercomunicación. Four Tet buscó estructuras amigables en There Is Love in You, en franca declaración elogiosa y Matthew Dear nos invitó, con vocal pausadamente grave, a un recorrido justo cuando va anocheciendo en Dark City.
Hot Chip produjo One Life Stand, álbum más reflexivo y entretejido con elementos acústicos, sin abandonar del todo el espíritu festivo. Una de las asociaciones clave de la electrónica postmilenaria, los hermanos suecos identificados como The Knife, siguieron explorando posibilidades combinatorias en Tomorrow, In a Year, con todo y toque operístico. Y cual dúo dinámico, Hurts se presenta en el universo del synthpop, el cual estuvo marcado por el regreso de los grandes de OMD con History of Modern, a través de su álbum Happiness, de anunciada intención.

ENTRE LA SICODELIA, EL POP LUMINOSO Y EL FOLK EN EBULLICIÓN
The Soundcarries, cuarteto de Notthingham, continuó con su pop de sinuosa iluminación jazzera en Celeste, ubicado en la ruta abierta por Belle & Sebastian, quienes ahora nos regalaron el sugerente Write About Love. Y en estos terrenos del pop con tintes de ensoñación, Beach House nos condujo por caminos soleados con su efectiva sencillez desparramada en Teen Dream, similares a los que propone Best Coast en Crazy for You y su premeditada baja fidelidad: sueños adolescentes y enamoramientos sin meditación, ¡qué tiempos aquellos! dirían los clásicos, cuando todavía se podía ver el mundo en colores inexistentes.
Para rematar, con su King of the Beach, Wavves nos invita a darnos una efusiva vuelta por la zona costera de preferencia siempre y cuando sea californiana, igual para encontrarnos con el disco homónimo de los talentosamente precoces Avi Buffalo, el debut adolescente del año; primerizos también los de Surfer Blood que se presentaron con Astro Coast para inundar Palm Beach. Kings of Leon, ya en plan de estrellas, nos llevan al atardecer en Come Around Sundown con su épica folk. Los noctámbulos de fin de semana, Vampire Weekend, mantuvieron el colmillo afilado y fresco en Contra.
Para continuar con un poco de sicodelia enmarcada en estructuras pop, se dejó escuchar Of Montreal con su False Priest y los viajes sonoros sin moverse de la silla con todo y felicitaciones que propone MGMT en su barroco Congratulations; ya entrados en gastos, Yeasayer deslumbró con Odd Blood, álbum lleno de matices y texturas multidimensionales. Con su álbum homónimo, The Drums nos invitan a refrescar nuestro ritmo vital y los muy animados personajes de Gorillaz hacen lo propio en Plastic Beach, especie de trayecto por una realidad virtual adornada con palmeras inesperadas.
En los terrenos del folk y del country alternativo, The Tallest Man on Earth plasmó The Wild Hunt con una calidez contrastante con su tierra sueca, de donde surgió el disco Fields de Junip, proyecto lidereado por Jose Gonzalez (seguramente el sueco con el nombre menos sueco del país). El folk con el sello de la casa de Sam Amidon se dejó escuchar en I See the Sign y el territorio country sirvió de marco para que Jamey Johnson propusiera The Guitar Song.
Exorcizando demonios internos y de los alrededores, John Grant se abrió de capa y conciencia en Queen of Denmark (número 1 para MOJO), mientras que Phosphorescent miró a la tradición reposada con aires de nostalgia en Here´s To Talking It Easy. Midlake sigue sembrando y ya cosechando obras como The Courage of Others y el joven Conor J. O’Brien, conocido por su proyecto Villagers, visitó las sombras en Becoming a Jackal, de oscuras intensidades.

DUETOS MIXTOS Y SONIDOS CON AROMA A MAPLE
Sleigh Bells debutan con Treats, álbum que le inyecta al pop saludables dosis de sicodelia, experimentación, escándalo y quietud a la vez: como ver a un grupo de porristas en plena ruptura de rutinas buscando alguna señal en el cielo, al parecer sí encontrada por Goldfrapp en Head First, álbum en el que vuelven a enchufarse desde una perspectiva más melódica y con reconocible empleo de teclados más propio de los grupos de electropop: las nubes no impiden que el sol ilumine los tonos rosas.
En este tenor, The Weepies contribuyen para que los enamorados –y los no tanto- se den la mano y caminen a dulzón paso rítmico con Be My Thrill. She & Him, integrado por M. Ward y Zooey Deschanel, la princesa alternativa, propuso la secuela titulada Vol. 2, en clave de country/folk. Continuó la muy fecunda relación entre Isobel Campbell & Mark Lanegan en Hawk, muestra del bueno ojo que permite levantar sensibles vuelos.
Desde Canadá, Shapes and Sizes, cuarteto de Victoria, presentó Candle to Your Eyes, enclavado en la tradición del indie con guitarras angulosas y vocales de peligro latente. Bajo la idea de que el talento también se reproduce en multitud The New Pornographers firmaron Together con una muy agradecible carga de optimismo y el colectivo de Toronto Broken Social Scene, contribuyó con Forgiveness Rock Record, como para volver a unir la rota escena social a través de un trayecto por diversas estaciones sonoras de texturas jugosas y lúdico dinamismo. Por ahí también retumbaron acordes envueltos en las atmósferas de The Besnard Lakes y su Are the Roaring Night y de Sufjan Stevens con The Age Of Adz.
También de Toronto, los Cowboys Junkies mantuvieron sólida presencia con el estupendo Renmin Park: The Nomad Series Vol. 1, inicio de un prometedor proyecto. Y los que ya demostraron que no son promesa sino poderosa e incendiaria realidad, son los siete magníficos de Arcade Fire, quienes con el brillante The Suburbs nos han llevado por los recuerdos del barrio y de paso han firmado uno de los discos del año. Doug Paisley recorrió en solitario la pradera americana acompañado de su obra Constant Companion y de Vancouver nos llegó la psicodelia envoltoria de Black Mountain y su Wilderness Heart.

MÁS SABEN POR VIEJOS
De vez en cuando aparecen discos que más allá de su valor musical se convierten en celebraciones vitales. Un hombre extraviado en un oscuro laberinto ha visto la luz en alguna de las salidas. Pieza clave de la irrupción sicodélica en el rock, Roky Erickson firmó en complicidad con Okkervil River y tras quince años de doloroso silencio, True Love Cast Out All Evil. En este sentido, Neil Young se encerró con su guitarra, la imagen de su esposa y el productor Daniel Lanois para grabar el poderosamente íntimo Le Noise; con American VI: Ain´t No Grave, se cierra la imprescindible serie de Johnny Cash en colaboración con Rick Rubin.
Grinderman presenta su opus 2: Nick Cave y secuaces cual vieja manada de lobos que aún sabe enseñar los dientes y aullar sin pensárselo demasiado a la mitad de la sala de tu casa. En plan rompedor, también apareció Tom Petty & The Heartbreakers con el energético bluesrock de Mojo, así como Richard Thompson, fundador de Fairport Convention, con Dream Attick, que recoge canciones en vivo con el sello de la casa oliendo a campiña encendida. Otro regreso fue el del poeta y activista Gil Scott-Heron con I´m New Here, tras 16 años de ausencia. El blues tuvo en el joven de 74 años Buddy Guy uno de sus sonidos distintivos, a través del adiposo Living Proof.
Originado en el programa televisivo de Elvis Costello, Elton John & Leon Russell grabaron The Union, con el talentoso apoyo en las letras del viejo cómplice Bernie Taupin. También integrando fuerzas y estilos, el excéntrico explorador Robert Wyatt se juntó con Gilad Atzmon y con Ros Stephen para grabar Fort he Ghost Within, entre jazz, tango y rap de los confines del mundo. Con aires renovados a partir del nuevo milenio, Graham Parker ahora nos regala Imaginary Television, con su acostumbrado pop metabólico y con tonos dylanianos, John Mellencamp firmó No Better Than This.
Robert Plant continuó su paseo por Nashville y alrededores en el magnífico Band of Joy; ocho años pasaron para que Peter Wolf levantara la mano con el entusiasta Midnight Souvenirs. Los dos puntales del primer Roxy Music se aventuraron en este año con sendas obras: Brian Eno, además de sus conocidas labores de súper productor, firmó Small Craft on a Milk Sea regresando al formato de canción y Brian Ferry presentó Olympia, confirmando su sitio en el hogar de los dioses rockeros e irradiando clase en cada corte. Paul Weller continúa en gran momento creativo como lo confirma el agitador Wake Up the Nation.
Peter Gabriel demostró que un disco de versiones no responde necesariamente a una falta de creatividad, sino al contrario, de posibilidad exploratoria: en Scratch My Back, coloca por delante su capacidad interpretativa y reinventa orquestalmente, reconocimiento incluido también como acto de humildad, grandes canciones; por su parte, Phil Collins rompió el silencio para regodearse con el sonido Motwon en Going Back, al igual que Huey Lewis & The News con el sello Stax vía su álbum Soulsville; en esta ruta de las versiones, Neil Diamond culminó un proyecto largamente anhelado con Dreams y Eric Clapton volvió tras cinco años sin grabar en solitario con disco ídem, articulado a partir de visiones personales de obras ajenas sólo de nombre.

UN POCO DE INDISPENSABLE JAZZ
A media luz, sonidos exquisitos en compañía especial con músicos de excepción: Keith Jarret / Charlie Haden acompañan sutiles lances románticos en Jasmine, y Charles Loyd Quartet nos deja reflejarnos en Mirror, con todo y sentida versión de La llorona. Para hacer un recorrido lingüístico, Bobby McFerrin funge como guía de turistas de lujo en VOCAbuLarieS y Jacky Terrasson nos empuja a la tradición y más allá en Push. The Bad Plus siguen la consigna de su álbum Never Stop para seguir formando un triángulo de inagotada vibra neoyorquina.
Brad Mehldau presentó Highway Rider, uno de los discos del año, mientras que Pat Metheny por ahí anduvo con Orchestrion. Cuatro grandes tríos: Davis/Laubrock/Sorey propusieron el racional e intangible Paradoxical Frog, un poco en la misma línea que Remembrance, obra para internarse en el bosque nevado de absorbente belleza, cortesía del pianista noruego Ketil Bjørnstad; Jason Moran volvió a demostrar su condición de sumeteclas imprescindible en Ten, obra de exigente estética, al igual que Whirl, álbum de Fred Hersch y Flying Toward the Song de Geri Allen, más percusiva que nunca.
Con esa capacidad para rebasar nuestra posibilidad de escucha, John Zorn es uno de los pilares de la vanguardia musical: inabarcable, este año grabó como solista, en el trío Moonchild y con sus proyectos Masada: The Book of Angels y Filmworks. El guitarrista Marc Ribot se sumergió en la pantalla real e imaginaria con Silent Movies, mientrs que su colega Bill Frisell nos mandaba a mundos oníricos en Beautiful Dreamers para extraviarnos con Lost In A Dream, álbum en vivo con derroche de talentoso diálogo facilitado por la batería de Paul Motian.

ALREDEDOR DEL MUNDO
Desde África, King Sunny Adé tejió Bábá Mo Túndé, el venerable Salif Keita elucubró La Différence y Ali Farka Touré & Toumani Diabate sumaron sensibilidades y talentos en el maravilloso Ali & Toumani, de póstuma aparición. La veterana orquesta Konono No. 1, lidereada por Mawangu Mingiedi y tocando siempre con instrumentos hechos de partes usadas de coches, megáfonos y lo que se tenga a la mano, siguió iluminando fiestas de todas partes desde el Congo con Assume Crash Position
Chieftains se integró con Ry Cooder, ese explorador incansable de vetas sonoras sin geografías cerradas para rendir tributo en San Patricio. El francés Yann Tiersen debutó en disquera estadounidense con Dust Lane, mientras que el argentino Dino Saluzzi siguió trayendo los vientos pamperos con El encuentro. Desde Madrid, Delorean nos traslada a las fiestas de relajada sofisticación con Subiza, álbum enclavado en el Glo-Fi con harta presencia de teclados, voces como pasadas por filtros múltiples sostenidos por una rítmica que exige seguimiento.

CONSOLIDANDO
Los neoyorquinos The Walkmen lanzaron Lisbon, su sexto álbum en el que mantienen la tensión afilada entre pasajes de tirante parsimonia; sus coterráneos de Interpol presentaron disco homónimo entre oscuridades que miran a sus inicios; Spoon acometió Transference, su séptimo disco, con la concisión que dan los años de continuo aprendizaje en los terrenos del rock sin adjetivos, en los que también anduvieron Black Rebel Motorcycle Club con su Beat the Devil’s Tatoo y los Manic Street Preachers, llegando con la energía inalterada a su décimo álbum, el retratista joven de espíritu Postcards From a Young Man.
Con High Violet, The National mantiene ese tono de áspera melancolía confrontada con elocuentes melodías, y de paso firma uno de los discos clave del año. Por su parte de Band of Horses, continua recorriendo la llanura americana por sus rutas pop con Neil Young como faro orientador, ahora vía Infinite Arms. Bright Eyes nos cuenta historias de bar en tono de comedia negra y regresos confusos en One Jug of Wine, Two Vessels; Damien Jurado muestra un bosque contemplativo pero de tupida armonización en Saint Bartlett.
Deerhunter terminaron por convencer con uno de los discos del año, Halcyon Diggest, de la misma manera en que The Black Keys rasparon cuerdas y gargantas con el intenso Brothers, otra obra clave del 2010 que nos dejó escuchar la tercera apuesta de LCD Soundsystem llamada This is Happening: en efecto, James Murphy se ha vuelto todo un suceso. Xiu Xiu lanzó un dardo cargado de angustia llamado Dear God I Hate Myself a partir de sonidos experimentales con un dramatismo incisivo que parece no encontrar consuelo, como en Swanlights, la trémula propuesta del eterno doliente Antony and the Johnsons.
Tindersticks va en Falling Down A Mountain de una oscuridad jazzeada a una apertura de miradas que se mantiene entre el nervio y la penumbra, justo cuando Eels nos propone mirar hacia el futuro en Tomorrow Morning, álbum que confirma el prolífico momento de la banda y cuando The Hold Steady continúa regalándonos algunas de las mejores letras del circuito en Heaven Is Whenever. Excediendo límites carreteros, Drive-By Truckers siguen aventando lámina en The Big To-Do y Los Lobos se mantienen dentro de la estética de la tercera nación, que subsiste entre los dos vecinos distantes, vía su disco Tin Can Trust.

DESPEGANDO
En su segunda obra titulada Hidden (disco del año para la revista NME), These New Puritans se formaron en la fila del rock de vanguardia, al igual que Foals y su Total Life Forever, buscando ser los nuevos Radiohead, con las proporciones guardadas; Klaxons transitaron en Surfing the Void por la delgada línea del new rave, etiqueta que sintetiza su amalgama aún por explorar. Siguiendo los pasos del jefe Bruce Springsteen, quien recuperó canciones del cajón en The Promise, The Gaslight Anthem grabaron el urgente American Slang.
Horse Feathers nos saca al campo para andarse entre las ramas a través de un folk aderezado con cuerdas aliento barroco en Thistled Spring y Titus Andronicus revisan la guerra civil norteamericana en Monitor; Menomena abre espacios para las explosiones guitarreras, vocal nasal y un piano convencido en Mines, mientras que Gorilla Manor muestra la capacidad melódica en ascenso de Local Natives, con todo y su bienvenido pleonasmo. En Home Acress, el cuarteto Aloha siguen compartiendo un fuego reparador de discreto tinte progresivo pero ahora con una marimba que brilla con el sol y el dueto angelino No Age se interna a zonas de independencia en Everything in Between.
The Coral nos convence de ver el mundo a colores con su Butterfly House, álbum que los coloca como banda constante y sonante del siglo XXI, como Blonde Redhead, el ahora trío ítalo-japonés asentado en Nueva York que nos presenta con aire cosmopolita Penny Sparkle. Ariel Ariel Pink´s Haunted Graffiti nos presenta Before Today, álbum de sonoridades viajeras de territorios psicodélicos al pop ochentero y rumbo a enclaves del postpunk y del hedonismo setentero con frecuente uso de sintetizadores de baja fidelidad (Chillwave le llaman). Y para ponernos en plan más intenso, The Dillinger Escape Plan se derrite en el galvanizado Option Paralysis, que debería traer una recomendación de no intentar cantar así en la regadera, por el bien de la salud de los vecinos.

REGRESANDO Y BUSCANDO
Después de nueve años, Superchunk vuelve al combate con la fiereza de siempre en Majesty Shreeding. Edwyn Collins revive literalmente con el fantástico Losing Sleep, y los viejos punketos y postpunketos y lo que siga de The Fall siguen moviendo cabezas con Your Future, Our Clutter. Swans regresa con plena intensidad desparramada en el absorbente My Father Will Guide Me Up A Rope To the Sky, primer disco del milenio para un grupo clave de los noventa, activo desde los primeros ochenta.
Teenage Fan Club iluminó las zonas escondidas de la luz con Shadows, tras cinco años de paciente elucubración. El gordazo Meat Loaf apareció sorpresivamente con Hang Cool Teddy Bear, aún con el espíritu teatral que lo llevó fuera del infierno.
Solistas: Philip Selway (Radiohead) buscó resquicios cercanos en Familial, mientras que Fran Healy (Travis), hizo lo propio en Wreckorder; Brandon Flowers (Killers) siguió en el tapete verde con Flamingo y Ed Kowalczyk (Live) debutó con Alive. Maximum Balloon es el proyecto de Dave Sitek (TV On the Radio), quien se estrena con disco ídem poblado por invitados de alcurnia. Jónsi (Sigur Rós) nos regaló un inusitado optimismo en Go, disco emocionalmente hermoso y genuinamente reparador. El milproyectos y aventurero hiperactivo Mike Patton entra a un mundo orquestal y circense en italiano con Mondo Cane, de evidente espíritu felliniano.

Asociaciones: The Dead Weather trasciende más allá de la brillante ocurrencia para alcanzar su opus 2: Sea of Cowards. La asociación entre Danger Mouse and Sparklehorse produjo Dark Night of the Soul, camaleónico álbum que integra, cual collage orgánico, un cuerpo que se desprende en la oscuridad y brilla con luz propia, con todo y la presencia de David Lynch y una despedida para Mark Linkous y Vic Chesnutt: ambos decidieron terminar con sus vidas. El mismo peligroso ratón hizo dupla con James Mercer (Shins) para conformar Broken Bells, cuyo primer fruto fue un álbum homónimo de gustosa asimilación.

Terminamos. Más música y menos calamidades para el 2011.