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PATTI SMITH: LA MADRE PUNK AÚN ENTRE NOSOTROS

29 abril 2012

Entonces niños míos,
hay que voltear las mesas.
Liberar al futuro del imperio material
pues sólo será considerado
el onceavo mandamiento:
amarse los unos a los otros.
Éste es el pacto, la insignia que cruza nuestro pulso.
Ésa es nuestra ofrenda
para adornar y adorar.
Y enterrar.
Y arder.
Sobre un montículo.

(Tomado de Notas al futuro, Patti Smith)

Quizá se trata de la figura femenina más influyente en la historia del rock, en particular por la manera en la que ha insertado el tono poético, soportado en su origen por Rimbaud, en las canciones de naturaleza directa, y por su gran capacidad para crear tendencias y posturas artísticas con alto grado de independencia. Musicalmente, se ha movido en los terrenos del avant-garde siempre espejeado con una estética influenciada por la lógica punk de visceral naturaleza.
Nacida en Chicago el 30 de diciembre de 1946, Patti Smith aterrizó en Nueva York en 1967, donde se empezó a involucrar en los florecientes movimientos de vanguardia que se esparcían por todos partes: teatro y cine experimentales, lectura dramatizada de poesía, danza descarnada, Sam Sheppard, Velvet Underground, Bob Dylan, Pop art… la ciudad vuelta un escenario de innovación y renovación artísticas.
Después de escribir un par de volúmenes de poesía, colaborar con algunas letras para Blue Öyster Cult y entrar en contacto con el guitarrista Lenny Kaye y posteriormente con el tecladista Richard Sohl, empezó a brindar una serie de presentaciones siempre con el apoyo del fotógrafo vuelto amante Robert Mapplethorpe y de Tom Verlaine (Television), quien colaboró en un par de canciones. Con la adhesión del batería Jay Dee Daugherty y de Ivan Kral, aunada a la mano maestra de John Cale (Velvet Underground), Patti Smith grabó Horses (75) álbum debut ahora considerado el primero que imbricó el punk con un alcance artístico de mayor sublimación.
Tras esta poderosa irrupción en el universo de las grabaciones, siguió Radio Ethiopia (76), firmado por Patti Smith Goup y en el que los cortes transitaban desde estructuras más libres a otras de características típicamente rockeras, más presentes en Easter (78), con todo y la clásica Because the Night, escrita junto a Bruce Springsteen y la controversial Rock n Roll Nigger, cual oda a la marginalidad. Durante los siguientes años, Patti Smith se retiró para procrear a sus dos hijos –había tenido uno de adolescente que dio en adopción- junto con su esposo Fred “Sonic” Smith de MC5 y Sonic´s Rendezvous.
La reaparición fue a través de Dream of Life (88), álbum que no alcanzó para retomar su trayectoria discográfica y los siguientes años se convirtieron en una pesadilla por la presencia continua de la muerte de varias personas cercanas. Con Kaye, Daugherty y el bajista Tony Shanahan, regresó después de este difícil periodo con Gone Again (96), obra que parecía haber funcionado como una especie de consolidación terapéutica y que denotaba cierta luminosidad. La poetisa estaba de regreso como se apreció en Peace and Noise (97), ahora de carácter más lúgubre pero con igual intensidad.
El nuevo milenio fue saludado por el político y socialmente comprometido Gung Ho (00), de alto voltaje tanto en la música como en la letra, al que le siguió una oportuna compilación titulada Land (1975-2000) que incluyó, además de una cuidada selección de sus canciones, algunas rarezas para coleccionistas. Este segundo aire dio para que la admirada de R.E.M. e influencia para la mayoría de las grandes del rock contemporáneo como Kate Bush, PJ Harvey, Tori Amos y Cat Power, grabara Trampin´ (04), disco para confirmar la inagotable expresividad de Smith.
Un álbum de covers titulado Twelve (07); la introducción al Salón de la Fama del Rock; la presentación del espléndido documental Patti Smith: Dream of Life (08), dirigido por Stephen Sebrings y la aparición del sensible y epidérmico Éramos unos niños (Just Kids, 2010, Lumen, 2012), un libro de memorias que se centró en la vida compartida con el fotógrafo Mapplethorne, en el contexto artístico y cultural del Nueva York de finales de los 60’s y de los 70´s, y que fue premiado por el National Book Award en el campo de la no ficción, se constituyeron en diversas manifestaciones que daban cuenta, por si quedara duda, de la importancia para el arte que ha tenido esta mujer, como lo confirmó el reconocimiento sueco Polar Prize.
Para su visita a México, Patti Smith trae Banga (12) con el propósito de compartirlo en su concierto que se desarrollará en el Museo Anahuacalli, también conocido como de Diego Rivera. Un lugar mágico escondido en la legendaria colonia El Reloj del DF, ideal para recibir a una presencia imponente, de continua inquietud estética y en un momento de su vida que le permite mirar atrás para poder seguir apuntando al futuro, convirtiendo la expresión de ideas y sentimientos en poesía desarmante, en canciones de una fuerza interior capaces de contagiar el espíritu no solo de una época, sino de todo un estado de ánimo comunitario.

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PULP Y JAMES PARA UNA SEMANA

22 abril 2012

Un par de grupos ingleses que después de un arranque incierto, encontraron a mitad de los años noventa sus mejores momentos, cuando el britpop estaba en plena ebullición creativa. De una u otra forma con cambios de alineación o a través de lances en solitario, han seguido circulando en lo que va del siglo y ahora nos visitan. Para los que fuimos creciendo con ellos, todo un festín nostálgico.

SALIDA EN FALSO
A finales de los setenta en Sheffield, un adolescente de amplias inquietudes y mordacidad afilada, con ánimo de parecerse a una combinación de David Bowie con Bryan Ferry, decide formar una banda a la que llama Arabic Pulp, la que tras algunos intentos cambia de nombre y alineación. Conocida como Pulp, debutan con It (84), sin mayores repercusiones; una nueva formación dio como resultado Freaks (86), con un mayor grado de consistencia y compenetración: lances de europop, una postura glam y una vocal que igual dramatiza que recita para solicitar un poco de atención por parte de mujeres inasibles. Otros cambios de alineación siguieron para dar origen a Separations (89), un álbum con mayor empaque que ya marcaba tendencia, como se deja escuchar en My Legendary Girlfriend.
De regreso a 1982: un nuevo grupo empieza a formarse con la figura de Morrissey como faro iluminador. Retomando elementos del folkpop, el rock colegial y los movimientos alternativos, James se integró por los universitarios Paul Gilbertson (guitarra), Jim Glennie (bajo) y Gavan Whelan (batería), quienes invitaron a Tim Booth (vocal) para que se les uniera: los primeros resultados fueron los EP’s Jimone (83) y James 2 (85), así como Stutter (86) su debut largo ya con Larry Got en lugar de Gilbertson. Tras hacer ruido de alcance todavía local, presentaron Strip-Mine (88), más orientado al flokpop denotando mayor compenetración y One Man Clapping (89), irónico título para su álbum en vivo.

EL RECONOCIMIENTO GLOBAL
Ya con Russell Senior (guitarra, violín), Candida Doyle (teclados), Nick Banks (batería) y Steve Mackey (bajo), Pulp por fin encontró lo que tanto estaba buscando: His ´N´ Hers (94) detonó todo un fenómeno alrededor de la figura de Cocker, al grado de considerarlo rey del humor ácido y hasta símbolo sexual. La mesa quedó puesta para Different Class (95), una de los discos imprescindibles de la década que conectó con la gente común, cual especie de oda a la normalidad; por primera vez, ser ordinario era cuestión de buen gusto y, paradójicamente, era ser diferente: despertarse un lunes en la mañana sin saber qué hacer, espiar a la vecina o aspirar a encontrarte con la mujer de tu vida sin ninguna posibilidad.
This is Hardcore (98) mantuvo el nivel alcanzado aunque cambió ciertas jugadas que no fueron del todo apreciadas: ahora el ambiente sonoro era más oscuro y por momentos la sensación predominante era la del miedo. Para despedirse y con título que hacía referencia al 11 de septiembre, We Love Life (01) nos dejó con ganas de más pop de inteligencia corrosiva que tan bien confeccionaba la banda. Por fortuna, además de los dos espléndidos álbumes solistas de Cocker, Jarvis (06) y Further Complications (09), aún con la pluma desenvainada, andan en gira con la esperanza de que graben nuevo material.
Como septeto y ya sin Whelan, James se abrió al mundo con Gold Mother (90), obra ambiciosa que los empezaba a colocar en pos del reconocimiento global, mismo que se vería reforzado con Seven (92) y alcanzado con Laid (93) su definitivo álbum rompedor con la presencia de Brian Eno, quien los condujo por texturas y parajes nuevos para ellos, exprimiendo hasta donde era imposible algunos talentos hasta entonces guardados. La complicidad continuó con Wah Wah (94) experimento sonoro perpetrado entre banda y productor. Como para no perder el ritmo, Tim Booth se reunió con Angelo Badalamenti para grabar Booth and the Bad Angel (96).
Después de algunos cambios en la alineación, presentaron Whiplash (97), con el que incursionaron en algunas atmósferas electrónicas y le dieron una repasada a diversos temas de actualidad, como la guerra vuelta espectáculo televisivo, la crisis ambiental y el venenoso influjo de la fama, desplegado en la estupenda She´s a Star. Más accesible, con algunas joyas como las mostradas en el collar que porta el presumido cerdo de la portada, Millionaires (99) cerró el milenio de buen ánimo.
De regreso con una letrística más abstracta y una voz afilada, presentaron el exitoso Pleased to Meet You (01), pulida obra con todo y la canción emblema Getting Away With It, que consiguió instalarse en la rockola de las reuniones caseras. Tras siete años de silencio, apareció Hey Ma (08) no sólo un regreso de mero recuerdo, sino también de presente. Con letras que reflexionan sobre los años de ausencia, con la obligada referencia al 11 de septiembre y repitiéndose a sí mismos que están vivos, el disco representa un agradecido reencuentro del grupo con sus orígenes, continuado con el díptico The Night Before (10) y The Morning After (10).

JUEGOS DEL HAMBRE O CÓMO SOBREVIVIR AL AUTORITARISMO

20 abril 2012

En la sociedad del espectáculo, hasta la sobrevivencia puede convertirse en programa televisivo: la realidad no se vive, sino se captura a través de cámaras y pantallas colocadas en todas partes; las emociones se desarrollan por medio de lo que le sucede a los otros, a los protagonistas forzados de un reality show en el que deben salvar el pellejo a costa de los demás. Desde luego, el control político pasa por dar cierta esperanza, no demasiada, y mantener el miedo: qué mejor que una serie transmitida en vivo y a todo color en donde los bárbaros se destrocen entre sí, mientras la clase privilegiada brinda por la carnicería.
Basada en el guión y novela de Suzanne Collins, primera de una trilogía sobre un futuro distópico en el que El Capitolio (centro) selecciona periódicamente a una pareja mixta de jóvenes por cada uno de los 12 distritos (periferia) para pelear a muerte hasta que solo quede uno vivo, al tiempo que los eventos se transmiten cual programa en horario estelar, y dirigida por el también escritor Gary Ross (Seabiscuit, 03), Los juegos del hambre (The Hunger Games, EU, 2012) termina siendo una atractiva combinación de videojuego, circo romano, cine de aventuras con contenido político y melodrama juvenil, con todo y una crítica a los sistemas autoritarios.
En un país que se supone es Estados Unidos dentro de algunos años –no tantos, por lo visto- y después de un periodo de rebeldía, el poder ha sido concentrado y mantenido a punta de sumisión: como una forma de seguir demostrándolo, cada año se realiza la selección de jóvenes para que participen en un juego a muerte. Este año, los habitualmente ganadores del sector 1 y 2 tendrán que enfrentarse a una estrella naciente: la arrojada joven del sector 12 (Jennifer Lawrence, aún en el Invierno profundo cazando ardillas) que se ofreció como voluntaria para salvar a su hermana (Willow Shields), a quien acompañará el dubitativo trabajador de una tienda regenteada por su madre (Josh Hutcherson), con habilidades para el decorado de pasteles y el lanzamiento de bultos.
Si bien el director ya había explorado la presencia de la televisión como realidad paralela en Amores a colores (Pleasantville, 98), acá más bien se acerca a propuestas como El Show de Truman (Weir, 98), donde una especie de orwelliano Big Brother mediático -acá encarnado por Wes Bentley como el operador en jefe y por el gran Donald Sutherland como el mero mero preciso- mete mano negra para hacer del programa todo un suceso (bolas de fuego, caninos gigantes), desde el efusivo presentador (Stanley Tucci, desatado) y su colega (Toby “Capote” Jones), hasta el staff de cada distrito (Elizabeth Banks, cual reina del país de las maravillas; Woody Harrelson en deliciosa sobreactuación y el roquero Lenny Kravitz), como si de una burocracia costosa se tratara.
Con abundancia de primeros planos y una cámara flotante y nerviosa cual joven en combate no pedido, combinando una lógica subjetiva con una perspectiva objetiva, como de espectador distante, las secuencias se desarrollan entre el trazo afectivo de los personajes, en algunos casos demasiado maniqueos, y los eventos en los que despliegan las secuencias de acción, alcanzando niveles de tensión que nos mantienen involucrados con el desarrollo de los acontecimientos: en algún momento, el filme consigue que nos interesen los personajes, tanto los protagónicos como los de soporte.
El diseño de arte le brinda un atractivo adicional al filme: de los maquillajes y peinados estrafalarios a los vestuarios de diseñador retrofutrista, nos instalamos en decorados de interiores con sofisticada ambientación –de buen y mal gusto, según el caso- y a diseños urbanos que combinan la idea de la vanguardia citadina con zonas marginadas aún atrapadas en una época anterior al siglo XX. El uso de los silencios entronca con secuencias de emotividad capturada vía música de James Newton Howard y T- Bone Burnett, como en la muerte de la diminuta Rue (Amandla Stenberg) o en los flashbacks de paleta deslavada, que muestran la tragedia familiar y el primer encuentro entre los protagonistas.
La perspectiva de la sobrevivencia adolescente adquiere dimensiones sociológicas en deuda con El señor de las moscas, creando alianzas para fortalecerse, generando odios irracionales y aún manifestándose sentimientos de solidaridad, apoyo y sacrificio. No obstante, se asume el papel asignado por las estructuras de poder y, como en la guerra, se cae en el absurdo de matar a desconocidos, sólo porque alguien más lo manda: todo sea para mantener el status quo.
La trilogía parece destinada a ocupar algunos espacios en el gusto juvenil, ahora que Harry Potter ha depuesto la varita, y convertirse en uno de los fenómenos mediáticos importantes para los inicios de esta nueva década. Si bien se trata de una obra que retoma elementos ya revisitados en otras propuestas, su amalgama funciona en términos narrativos y afectivos.

EN LAS (INTER)CAMPAÑAS, TODO SE VALE

15 abril 2012

Muy oportuna es la llegada de la película de George Clooney –recién arrestado por protestar frente a la embajada de Sudán en Estados Unidos- para los tiempos que corren en nuestro País, donde estamos viviendo un extraño periodo conocido como intercampaña, en el que el IFE lleva la voz cantante y los ya ahora candidatos guardan silencio: las promesas de carcajada, las vaguedades al por mayor, los clichés patrioteros, los lugares comunes sin pizca de imaginación y las profundas contradicciones entre los dichos y los hechos, tendrán que esperar. Como si fueran muy interesantes.
Para algunos, como varios medios de comunicación que no saben cómo llenar sus tiempos, se trata de un absurdo que rompe la dinámica electoral, mientras que para otros ha resultado ser un oasis revelador de otras prácticas partidarias, como la de la cuestionable selección de candidatos a las cámaras en donde, básicamente, confirmamos que los partidos están muy interesados en sí mismos, por si quedara duda. El pueblo queda reducido a una entelequia que siempre es bueno y tiene la razón, o que es incapaz de tomar decisiones o, de plano, a un mal necesario.
A pesar de desarrollarse en el contexto de las primarias del partido demócrata en Estados Unidos, Poder y traición (Ides of March, EU, 11), basada en Farraguth North del exconsejero Beau Willmon, encuentra diversos referentes con el periodo electoral en curso dentro de nuestro País, cada vez más desalentador y ausente de verdaderas expectativas de transformación. En efecto, la manera en que el cambio se convierte en una palabra vacía frente a un auditorio aullante o ausente, da igual, queda claramente plasmada en el cuarto filme del también actor, tras las sólidas propuestas de Confesiones de una mente peligrosa (02), Buenas noches, buena suerte (05) y Jugando sucio (08), comedia menor aunque muy entretenida sobre el inicio del fútbol americano.
El filme se centra en la figura ascendente de un joven treintañero (Ryan Gosling, confesándole a Hoffman que ha aprendido del mejor) que trabaja como parte del equipo de asesores del gobernador con ansias presidencialistas (George Clooney), lidereado por un viejo lobo de procelosas aguas empantanadas (Philip Seymour Hoffman, siempre digno) y enfrentado con el líder del equipo del candidato rival (Paul Giamatti, tentando). Primero con los ideales en alto y después transpirando real politik, el filme describe con prístino detalle la forma en la que un hombre no solo se vuelve parte del sistema, en lugar de cambiarlo, sino que incluso lo puede llegar a encabezar ya sin la intención de transformarlo por los beneficios que recibe del status quo.
No falta el lío de faldas vuelto tragedia que se vuelve moneda de cambio con practicante incluida (Evan Rachel Wood); las estrategias debajo la mesa que van y vienen cual boomerang impredecible; las complicidades odiadas pero necesarias para ganar como sea (Jeffrey Wright); las relaciones con la prensa entre lo institucional y el vínculo personal (Marisa Tomei) y, sobre todo, el despojo de los principios en aras del poder como si se trataran de un ropaje viejo que se deposita en el cesto de los ideales extraviados, ahora solo útiles al momento de los discursos y las entrevistas a modo.
Cuando la podredumbre de los sistemas políticos no alcanzar a reventarlo del todo, las prácticas se van manteniendo hasta el límite de la tolerancia popular o la de otros grupos que reclaman igual tamaño en su rebanada de pastel, como sucedía en El escándalo (Primary Colors, 98) y Juegos de poder (05) de Mike Nichols, Bob Roberts (Robbins, 92) o Bulworth (Beatty, 98). Actuaciones de realismo puro y fundamentado en una edición funcional de simbólicas transiciones que nos regala finas estampas de primeros planos y tomas abiertas con la bandera al fondo, el filme transcurre más en tono expositivo que analítico, quizá más descriptivo que reflexivo, aunque conservando la tensión narrativa en todo momento.
El argumento no nos dice nada que no supiéramos o imagináramos, pero se contextualiza de una forma creíble, nítida y bien articulada: pone el punto en la llaga de la moral puritana que tanto impera en el juicio a los políticos de nuestros vecinos –acá no acaban siendo tan graves los chismes de alcoba- y en cómo la práctica partidaria se ha ido ensuciando y “farandulizando”, al punto de que son las estrategias de publicidad las que determinan triunfos, más que las propuestas razonables de los candidatos (que no es que abunden, tampoco).
Hollywood y su star system se han cargado hacia los demócratas, sobre todo recientemente: todo un tema puede ser el análisis de cómo un poder de facto tan poderoso como la industria fílmica estadounidnse, cuya principal arma es la comunicación masiva, genere tantas molestias: claro, una película puede más que un discurso e incluso que un cambio de política pública, en términos de percepción a gran escala.

CONCIERTOS VACACIONALES II

10 abril 2012

Continuamos con las propuestas musicales para escucharse en nuestro País. Ahora demos una brevísima repasada a los visitantes que nos acompañan de miércoles a viernes. Además se puede aprovechar la estancia en el DF para disfrutar de la robusta -en todos sentidos- exposición de Botero en el Palacio de Bellas Artes.

CAMINOS INGLESES EN SOLITARIO
Noel Gallagher parece que está en busca de un nuevo Oasis musical: la mitad fraterna de la famosa banda británica que quizá se agotó en sus dos arrolladores primeros discos, aunque se tardaron en darse cuenta por la soberbia insufrible que los caracterizó, nos visita con Noel Gallagher´s High Flying Birds (11), un disco muy audible en la línea de su exbanda, pero con cierta libertad ajena a las presiones de costumbre. Ya sin el pesadito de su hermano, Noel se percibe más enfocado y con menos necesidad de compartir ideas, labrando canciones que si bien no representan una novedad, sí se plantean como una nueva oportunidad para recobrar el talento alguna vez mostrado.
Por su parte, el multinstrumentista londinense Steven Wilson, conocido por su trabajo en Porcupine Tree, entre otros proyectos de muy interesante y diversa naturaleza desde finales de los ochenta, y por ser uno de los dignos herederos de la tradición del rock progresivo que transitaba de Pink Floyd a King Crimson, debutó como solista con el laberíntico Insurgentes (08), al que le siguió Grace for Drowning (11) compuesto por dos capítulos con sendos discos: Deform to Form a Star y Like Dust I Have Cleared from My Eye, en el que participaron grandes nombres del medio y que resultó ser una poderosa obra de largo aliento.

ST. VINCENT O CÓMO SER EXTRAÑAMENTE COMPASIVA
Es el nombre del proyecto de Annie Erin Clark, nacida en Oklahoma hace tres decenios. Atenta aprendiz en la escuela de música de Berklee, continuó creciendo artísticamente en compañía de su tío, la mitad del dúo jazzero Tuck & Patti, para después participar con Glenn Branca en una grabación e integrarse a Polyphonic Spree, grupo de pop saturado con múltiples elementos sonoros. Antes de lanzarse al abismo creativo de la soledad, formó parte del grupo de Sufjan Stevens, uno de los grandes trovadores contemporáneos. Quizá su trabajo como repartidora de flores ahora suene a metáfora: los pétalos se han convertido en canciones de sentimientos encontrados.
Con este cúmulo de experiencias sonoras, apareció Marry Me (07) como una manifestación de sus coordinadas estilísticas, aún por pulir: estructuras pop de sorprendentes texturas y capas armónicas, letras más allá de los sentimientos descritos bajo el lugar común y una postura de inteligente desafío. Con Actor (09), envuelto en un halo fílmico, las cualidades vocales, compositivas y armónicas se precisaron, así como la estructura de las letras, mientras que en Strange Mercy (11), destila confianza para expresarse de manera más abierta e intuitiva, explorando estructuras musicales más complejas, sin perder sensibilidad.

MGMT: POP PINTADO DE SICODELIA
Con el apoyo de Dave Fridmann (Mercury Rev) y sobre una consistente estructura sonora apoyada en el uso de sintetizadores sin perder el olfato melódico, el dúo conocido como MGMT, originario de Connecticut y formado en el 2002, sorprendió gratamente con el irreverente Oracular Spectacular (08), su primer largo tras haberse dado a conocer con el EP Time To Pretend (05), en el que ya se advertía cierto espíritu similar al de los Flaming Lips, aromatizado con sustancias evasivas.
Ben Goldwasser y Andrew Van Wyngarden han logrado amalgamar lances prestados de la psicodelia, el pop y el electrorock para cimentar su muy audible y actualizada propuesta, tal como quedó de manifiesto en Congratulations (10), un segundo largo que nos lleva por senderos de mayor sicodelia, atravesando paisajes hipnóticos o de reconocible aspecto, como si de un viaje sideral se tratara pero con imágenes conocidas. Para el 2011 participaron en el proyecto Late Night Tales, grabando un disco con sus remezclas y demostrando, de paso, su colmillo para ambientar lances nocturnos de diversa índole.

EXPERIENCIA PARA INFLUIR
Seminal banda emergida de los ambientes punk pero con melodías mejor confeccionadas, los Buzzcocks firmaron, con el recopilatorio Singles Going Steady (78), un clásico de la historia del rock que aún hoy sigue siendo influencia de grupos recién formados. Fundados por Pete Shelley y Howard Devoto a mediados de los 70’s, se desintegraron durante los ochenta para retomar el camino a finales de esta misma década.
Con una radical postura antifascista que se expresaba a partir de una electrónica dura, cercana al hardcore, los alemanes Empire, Elias y Crack –ya fallecido- y la estadounidense-japonesa Nic Endo de Atari Teenage Riot, se dieron a conocer a principios de los 90’s, década durante la cual desarrollaron su sonora propuesta de cyborgs enfurecidos. Tras un silencio de poco más de diez años, regresaron con Is This Hyperreal? (11).

CONCIERTOS VACACIONALES

3 abril 2012

Periodo de reflexión que no necesariamente se contrapone a la oportunidad de disfrutar de una andanada de visitantes con sonidos de energías varias. Los compromisos de lunes y martes de la semana de Pascua.

MARK LANEGAN: UN FUNERAL ADEREZADO DE BLUES
Inició su aventura con Screaming Trees, banda de Seattle que acabó siendo precursora del grunge: con ella, definió su estilo en el que igual cabía un rock de piedra que ciertos y discretos apuntes folk y blues, subsumidos a la fiereza del garage. Clairvoyance (86) fue su primer disco y de ahí fueron subiendo en precisión y enfoque, como lo muestra su penúltima y ya consolidada obra titulada Sweet Oblivion (92), en pleno apogeo de Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden, dominadores mediáticos de las camisas de franela a cuadros y los pantalones rotos.
Tras un intento de grabar con Cobain y Novoselic de Nirvana, finalmente apareció el primer lance solista: The Winding Sheet (90), obra confeccionada con la ayuda de Mike Johnson, pronto bajista de Dinosaur Jr. con quien formaría una sólida complicidad para el blusero Whiskey for the Holy Ghost (94), uno de los mejores trabajos solistas del nacido en el estado de Washington. Tras bajar el telón de Screaming Trees con Dust (96), cerró a tambor batiente el siglo con Scraps at Midnight (98) y I´ll Take Care of You (99), disco de covers que hurgaba en los orígenes de su propia propuesta.
Tras Field Songs (01), conformó una nueva banda con la que presentó el estupendo Bubblegum (04), en el que participaron varios amigos ilustres y PJ Harvey. Con la cantante escocesa Isobel Campbell, ex Belle & Sebastian, nos regaló los espléndidos Ballad of the Broken Seas (06), Sunday at Devil Dirt (08) y Hawk (10); de manera simultánea y como para contrastar estas tonalidades de folk británico, colaboró con Queens of the Stone Age, supergrupo de firme y reconfortante pesadez que apostaba por un rock en el poderoso sentido del término.
Por no dejar, también apareció en el disco de Soulsavers titulado It’s Not How Far You Fall, It’s the Way You Land (07) y grabó Saturnalia (07) como la mitad de los Gutter Twins. Blues Funeral (12), mientras tanto, funciona como una obra de reflexiones en tonos pausados y con algunos lances de intensidad guitarrera, remitiéndonos a una especie de síntesis experiencial de todos los años vividos y los estados de ánimo expresados.

LAMB OF GOD Y HATEBREED: DURO Y A LA CABEZA
Quinteto formado en Virginia con todo y nombre místico que contrasta con la fiereza de su propuesta: eso sí, a pesar de su éxito comercial, se han mantenido fieles a sus creencias musicales. Su primer lance fue el incendiario Burn the Priest (98), al que le siguió New American Gospel (00) como toda una declaración de principios tanto en sus letras como en su estética sonora, en la que igual cabe un poco de speed que de death y, ya entrados en gastos, cierto espíritu alternativo.
Ya asumidos como mesías del mundo heavy, salpicando consignas políticas y apocalípticas más a siniestra que a diestra, y con una sólida fama dentro de los circuitos de las cabelleras agitadas y playeras negras, Lamb of God firmaron As the Palaces Burn (03), rápidamente perseguido por Ashes to Wake (04), uno de sus álbumes capitales, y por el duro Sacrament (06); en el inter, grabaron un disco en vivo titulado Killadelphia (05).
Vendría después Wrath (09), en el que no bajaba la dinámica y un recopilatorio titulado Hourglass: The Anthology (09), que incluye algunas rarezas y demás joyitas para fans incondicionales y dispuestos al sacrificio (monetario). Con Resolution (12) la fuerza se mantiene intacta y la intención clara: hacer un álbum de metal con todas las de la ley, procurando voltear a las bases como para recordar de dónde vienen para saber a dónde van.
Por su parte, Hatebreed ha permanecido como un referente no del todo reconocido en el terreno de metal y del hardcore, siguiendo los lineamientos por todos reconocidos: riffs perturbadores, vocales que no dejan de aturdir y rítmica incansable. El quinteto de Connecticut lidereado por Jamey Jasta (vocal), y en el que han participado diversos músicos entre los que aún se encuentran Chris Beattie (bajo) y Matt Byrne (batería), debutó con Satisfaction Is the Death of Desire (97), en cuyo título se plasmaba parte de su propuesta letrística, buscando ciertas paradojas y aparentes contradicciones.
Perseverance (02) y Rise of Brutality (03) resultaron una deseada consecuencia de su debut: mantenerse en la escena alternativa del metal conservando principios y propuesta, como se confirmó en Supremacy (06) con todo y Frank Novinec, guitarrista de cepa metalera. Ya con Wayne Lozinak, le entraron a la lógica de los covers en For the Lions (09), seguido de un álbum homónimo en el mismo año.