Archive for 30 octubre 2012

SABER DEMASIADO

30 octubre 2012

Personajes que se mueven en las oscuras fronteras de la justicia, entre traiciones, proyectos secretos y batallas que transcurren por debajo del radar oficial. De épocas distintas, cuando los enemigos eran claramente identificados, reales o inventados pero visibles, en el contexto de un mundo bipolar, a tiempos en los que la fragmentación y la globalización dificultan saber con claridad contra qué o quién se pelea: los espías ya no son como antes, pero tampoco los sistemas que los (des)cobijan. Las herramientas tecnológicas tampoco.
Dos películas que en diferentes tonalidades colocan a hombres al filo de la legalidad, buscando enfrentar poderes de los que acaso ellos forman parte. Una en los videoclubes que bien merece la pena y un digno thriller de acción en cartelera, como para sumergirse en las aguas turbias de la búsqueda del control y del poder que cuando las dos partes en conflicto los buscan como fines en sí mismos, se detonan los conflictos suficientes como para que todos los que estamos en medio, sin deberla ni temerla, padezcamos las consecuencias (nada que ver con nuestra reciente situación electoral).

ESPÍAS DE TRAJES GRISES Y PORTAFOLIOS CAFÉS
Con una intrincada adaptación de la dupla O’ Connor (q.e.p.d.) / Straughan de la novela El topo de John Le Carré, especialista indiscutible del género y aquí fungiendo como productor ejecutivo, y una dirección a manera de rompecabezas dialogante por parte del sueco Tomas Alfredson, quien ya había explorado con gran fortuna el género vampírico en Déjame entrar (08), El espía que sabía demasiado (Tinker Taylor Soldier Spy, RU-Francia-Alemania, 11) es una cerebral película de tensión contenida en la que el centro del relato es el intento para descubrir a un doble agente insertado en las más altas cúpulas del sistema de espionaje inglés (MI6).
Gary Oldman interpreta a Smiley, personaje intrigante y complejo que encarnara Alec Guiness en la adaptación televisiva de 1979; es un espía de la vieja guardia alguna vez despedido y reclutado de nuevo para desenmascarar al traidor: parsimonioso, de pocas palabras y con nula gesticulación, se aventura en una jaula de leones –sus ex compañeros- para desarrollar las indagatorias correspondientes, en las que empiezan a participar diversos personajes con alguna historia que contar, siempre al filo de la mentira. Las piezas del ajedrez se van moviendo paulatinamente, casi de manera imperceptible.
Alrededor del protagónico, un notable cuadro actoral que se mete en la piel de estos hombres oscuros, aun tomando notas en libretas, volteando a ver a todos lados y ejercitándose en el río, cual refugio único donde la confianza sí puede existir. La intriga política, amorosa y criminal se confunden en un mundo todavía analógico, pero igualmente sometido a la sospecha y a la paranoia como formas de entender las relaciones tanto personales como de poder: asomarse a la ventana para solo ver como se caen las pocas certezas apenas descubiertas.
El filme es básicamente de atmósferas, más que de acción: hay traiciones, complicidades y laberínticos sucesos, pero los contextos que se van desarrollando parecen predominar en la estructura narrativa. Nos metemos de lleno en 1973 con la Guerra Fría llegando a uno de sus puntos más delicados y las tensiones con la Unión Soviética van incrementándose; los estadounidense no quieren dejar de tener influencia en Europa e Inglaterra está metida de lleno en el conflicto, todavía transcurriendo en las cloacas de los sistemas políticos y no entre los ejércitos.
A partir del uso del flashback, tonos entre grisáceos y verdosos, apenas contrastados por una iluminación igual de siniestra que los personajes en los que se deposita –salvo la pared naranja de la oficina que resalta una y otra vez como si de un set de televisión se tratara- y una notable integración de secuencias, por momentos encadenadas con música alusiva, los acontecimientos van abriendo interrogantes absorbentes que exigen del espectador que haga su trabajo. Como en los oscuros ambientes en los que se desenvuelven los personajes, no todo está a la luz ni las respuestas a la mano: hay que hurgar y tejer fino para encontrarlas. Una notable adaptación de una igualmente ejemplar novela de género.

ESPÍAS DE PUÑOS LIMPIOS Y PIERNAS RÁPIDAS
En tono high tech y siguiendo la fórmula de Jason Bourne, notablemente llevada a la pantalla por Paul Greengrass, aparece una historia cual efecto colateral, que sabe ubicarse en una estructura fundamentalmente de acción pero sin perder a sus personajes en el intento, particularmente a su protagonista (Jeremy Renner, convincente), intentando salvar el pellejo junto a una doctora que participaba en el programa (Rachel Weisz) y perseguido por un implacable agente que mucho tuvo que ver en la concepción de la idea (Edward Norton).
Dirigida por Tony Gilroy, (Michael Clayton, 07; Duplicidad, 09), responsable del guion de los filmes del espía desmemoriado, El legado Bourne (The Bourne Legacy, EU, 12) se enfoca al programa secreto conocido como Outcome, del cual Aaron Cross forma parte. Como pudiera pensarse y al igual que Treadstone, el proyecto en el que estaba involucrado Bourne, se convierte en un problema: uso de sustancias experimentales, agentes muertos, información oculta y la prensa al acecho. A la falta de sorpresa general del film, le corresponde una notable edición de las secuencias de acción y una capacidad narrativa para mantenernos interesados en lo que le sucede a este nuevo profesional del escapismo.

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AMIGOS: HAY COSAS QUE EL DINERO NO PUEDE COMPRAR

23 octubre 2012

La vida es más llevadera si tienes un amigo, aunque sea uno. No es asunto de cantidad, sino de calidad. Claro que están los hijos, la pareja, los padres, los hermanos y los colegas, pero la amistad es una relación que te permite ser como te dé la gana, porque no hay un rol social que dicte un deber ser del amigo: cada relación de amistad se construye como se quiera y como se pueda. No hay una letanía de Melchor Ocampo o cursos para saber cómo ser amigo, simplemente lo somos porque sí.
Hay menos obligaciones y más derechos; más complicidad que exigencia y menos expectativas que realidades, porque los defectos del otro se asumen como parte del conjunto. Nadie mejor que un amigo para descargar en él toda nuestra creatividad irónica, porque con él hay más comedia y menos melodrama, a diferencia de la pareja o los padres. Pero un amigo te puede salvar la vida o, mejor aún, tú se la puedes salvar a él. Y lo mejor: probablemente ni cuenta nos damos.
Dirigida por el dueto ya con trayectoria Olivier Nakache y Eric Toledano (Tellemen proches, 09; Nos jours heurex, 06, Je préfère qu’on reste amis, 05), a partir de un enfático trazo de personajes y un coqueteo con las feel good movies, Amigos (Intouchables, Francia, 12) es una entrañable historia de amistad, nunca sentimentaloide, tejida a través de la capacidad de compartir sin complejos y de poner las diferencias en la mesa para burlarse de ellas: de cómo dos hombres transformaron el destino de sus vidas justamente con quien menos esperaban hacerlo, probablemente porque no esperaban hacerlo. Cuando el espacio para el victimismo se cancela, existe una mayor posibilidad de rozar momentos llenos de plenitud.
Philippe es un millonario tetrapléjico (François Cluzet, expresivo en su parálisis aun como Serpico) que busca candidatos para ocupar el puesto de su cuidador personal; tras entrevistar a sosos parisinos de buenas intenciones pero con perspectiva lastimera, aparece un joven negro de los barrios apodado Driss (Omar Sy, de risa descomunal) que solo busca una firma de rechazo para poder cobrar el seguro de desempleo. Su desfachatez y ausencia absoluta de complejos, llama la atención del empleador y decide contratarlo, ante la mirada sorprendida de una de sus asistentes.
La relación entre ambos, con ese dejo infantil del recién llegado y de la búsqueda de cambio del contratante, se sustentará en la ausencia de lástima y conmiseración: nada de piedad, mucho de apertura y humor negro. A pesar de las obvias diferencias, el trato es de igual a igual, como suele ser entre amigos, y del vínculo laboral transitamos a una construcción paulatina de lo que conocemos como amistad, en donde se comparten las bromas, se sigue la máxima del que se ríe se lleva y también los momentos complicados, propios de la condición física y anímica de Philippe y de la situación familiar de Driss.
Cuando se anuncia que una película se basa en hecho real, uno se queda pensando si se trata de una estrategia publicitaria para darle verosimilitud a la cinta o, en efecto, el hecho sucedió tal cual se narra. En este caso, el guion parece que retoma el hilo argumental principal y quizá lo aderece con algunas licencias –personajes secundarios, situaciones románticas- que le den ese toque fílmico a la historia, en el que cae en ciertos maniqueísmos como cuando presenta a la gente rica como estirada, aburrida y antipática –que los hay, sin duda- y a los de colonias populares como tipos sonrientes y divertidos al filo de la banqueta –que también los encuentras- disfrutando de la vida sin ningún resentimiento.
Algunos de los mejores momentos del filme (la secuencia de las barbas rasuradas), que sabe mantenerse en el terreno de la comedia apenas salpicándose de sustancioso y contenido dramatismo, transcurren en los encuentros de Driss con las manifestaciones artísticas, develando el snobismo y mercantilismo en el que ha caído parte de este ambiente: nos carcajeamos con él en la Ópera y cuando relaciona la música clásica con las caricaturas, así como cuando critica una pintura que asemeja una mancha de sangre y, al enterarse del precio, piensa “de aquí soy” y explora la posibilidad de entrarle a la creación artística para atrapar algún incauto con euros en la cartera.
El juego de contrastes expresado en las dicotomías blanco/negro, culto/popular, rico/pobre, desinhibido/reprimido, sano/enfermo, al que han acudido otras cintas como Historias cruzadas (Taylor, 06) y El chofer y la señora Daisy (Beresford, 89), funciona acá con mayor amplitud dada la ausencia de didactismo y de intenciones al menos un poco menos obvias de manipularnos. Ambos personajes se presentan como reflejo de la sociedad francesa, segmentada por razones económicas, culturales y étnicas, que intenta avanzar en la comprensión de las nuevas realidades migratorias y en las inéditas configuraciones comunitarias.
Los incisivos primeros planos se entremezclan en momentos de transición no solo de los propios personajes sino de la relación que se va construyendo entre ellos, mientras la música del sensible pianista italiano Ludovico Einaudi le aporta la cuota de emoción afectiva a las secuencias, entre el contraste de Vivaldi, Bach, Earth, Wind & Fire y Kool & The Gang. La edición mantiene el ritmo del relato y la estructura narrativa que inicia con una secuencia que refleja la ya avanzada relación entre estos dos hombres, funciona para introducirnos en el cuestionamiento de cómo fue que siendo tan distintos, terminaran bromeando a costa de la policía. Creo que porque se hicieron amigos.

ARVO PÄRT: LA MÚSICA COMO EXPANSIÓN DEL ESPÍRITU

16 octubre 2012

La mística, entendida a grandes rasgos como las formas de relación e integración que se pueden establecer con Dios, puede encontrar rutas y trayectorias de expresión a través de la música en general y de la sacra en lo particular, con una clara intencionalidad de conectarse con el Altísimo. Tanto en la interpretación como en la composición el diálogo puede quedar establecido para reinventarse por medio de la fuerza vocal, la sensibilidad instrumental o la imbricación de ambas, formando un todo heráldico que apunta hacia la eternidad.
Nacido en Estonia, cuando aún era una nación independiente –ahora lo es de nueva cuenta- Arvo Pärt (1935) empezó a introducirse en el mundo de los sonidos y silencios a la edad de siete años y ya de adolescente compuso sus primeras obras. La influencia temprana provenía sobre todo de los gigantes rusos y de un clasicismo que se instalaba como estilo “permitido” por las autoridades, aunque como bien sabemos, el arte siempre encuentra las rutas de escape para saltarse los reduccionismos burocráticos y autoritarios.
Así, se internó por territorios de carácter más experimental, muy en boga a lo largo de buena parte del siglo XX, como el serialismo, el dodecafonismo y minimalismo, para posteriormente bucear en las profundidades de la música sacra –cantos gregorianos, renacentismo- y convertirse en uno de los músicos vivos más importantes del mundo: la religiosidad particular se funde con una espiritualidad amplia para expresar alabanzas que trascienden los determinismos y se incorporaran al alma orante, en cuanto su posibilidad no solo de hablar, sino de escuchar la voluntad divina.
Después de sus primeras composiciones hacia finales de los años cincuenta (relevantes las dos sonatinas en 1958), durante la siguiente década se desarrolló en el ámbito clásico de la mano de Shostakvich y Prokófiev, dentro del que realizó varias piezas para conjuntos de cuerdas, con la incorporación de las percusiones como elemento distintivo, algunos trabajos orquestales y sus tres primeras sinfonías (63, 66, 71), ya incorporando un cierto toque medieval en la tercera de ellas. A partir de la mitad de los setenta, Pärt bebió de otras influencias y sus horizontes se ampliaron en términos estilísticos, como se deja escuchar en obras fundamentales como Für Alina (76), Tábula Rasa (77) y Spiegel Im Spiegel (78), con fuerte presencia del piano como instrumento básico de referencia.
Las siguientes dos décadas fueron caracterizadas por la preponderancia de las obras corales y religiosas, en las que la intensidad se desplegaba a través de una sensible amalgama de voces humanas con segmentos instrumentales como se advierte en De profundis (80), Stábat Mater (85), Miserere (89), Litany (94) y Alina (99), desarrollada casi como un acto de fe. La invitación de Manfred Eicher a la gran disquera ECM resultó fundamental para el reconocimiento mundial de su obra, todavía no tan conocida entre el gran público de occidente.
Saludó el nuevo milenio, justamente, con Orient & Occident (00) para conjunto de cuerdas y con Lamentate (02) para piano y orquesta, entre otras obras más, con la sensibilidad todavía desbordándose por los canales de la comunión, como se aprecia en su cuarta sinfonía que llegó en el 2008, en la que se permite regresar a esta forma de carácter más orquestal. La música del estoniano se ha utilizado en numerosos filmes, dado su carácter fuertemente evocativo y que remite de inmediato a la floración de los sentimientos que la puesta en imágenes busca provocar.

CONCIERTO EN LEÓN
Con Virgencita bajo el brazo, la composición que nos va a regalar a todos los mexicanos en honor a la Guadalupana, según ha trascendido, Arvo Pärt parece que sí estará presente en el concierto que el Coro de Cámara Filarmónico de Estonia y la Orquesta de Cámara Tallinn brindará el jueves 18 de octubre en el Teatro del Bicentenario, oportunidad única en nuestra Ciudad para disfrutar y conmoverse con la presencia de una figura monumental del mundo de la música, uno de los visitantes más distinguidos que hemos tenido por nuestros rumbos.
El programa incluye Fratres (77), pieza que ha recibido varios tratamientos instrumentales a lo largo de los años: se trata de una pieza de carácter dialógico, por momentos susurrante y en ocasiones exultante; Cantus in Memory of Benjamin Britten, con su tono de melancólico homenaje con todo y repicar de campana distante; Adam’s Lament, compuesta en el 2009 para coro mixto y orquesta de cuerdas, en la que recupera un texto de los lamentos del monje San Silouan el Athonita por la pérdida del paraíso; Salve Regina, orientada a la fuerza coral de redención absoluta y Te Deum (84-86), composición de intensidades profundas que expresan con claridad el agradecimiento al Creador, entre voces firmes y cuerdas efervescentes.
Un concierto imprescindible que dejará su impronta en la Ciudad como uno de los momentos más memorables de nuestra urbana historia cultural.

FESTIVALES DE ROCK

13 octubre 2012

Ya tienen una larga historia: se volvieron célebres en los años sesenta, sobre todo a partir del Monterey Pop en 1967, cuando había que dejar clara la declaración de principios (Woodstock) o en el momento en el que la conciencia social aparecía para apoyar causas nobles (Bangladesh). A partir de ahí, han ido y venido propuestas que navegan entre la comercialización, el despliegue artístico, la manifestación cultural, la filantropía sincera o impostada y el mantenimiento de tradiciones musicales en pos de volverse ritual.
Más allá de gustos, el Festival Vive Latino y el Corona Capital se han constituido como las dos celebraciones masivas dentro del ámbito del rock más importantes en nuestro País; por cartel y aunque el primero tiene un enfoque más determinado, el segundo resulta ser el más atractivo y cada vez parece nutrirse más y mejor. Su aspiración parece ser ubicarse entre los principales del mundo: Coachella, Glastonbury, Fuji, Lollapalooza, All Tomorrows Parties, Roskilde y el Primavera Sound, por mencionar algunos.
Ante la disminución en la venta de discos y el hábito cada vez menos frecuente de escucharlos completos (ahora más bien se bajan y oyen canciones, no álbumes), la importancia de los Festivales ha crecido justo porque responden a esta lógica: no un largo concierto de un grupo, sino muchos “conciertitos” de sendas bandas, que parecen cubrir un amplio espectro tanto estilístico como de trayectoria. Además, la relevancia de la música en vivo, paradójicamente, vuelve a crecer en plenos tiempos de digitalización extrema.
En un mismo espacio, con 15 horas de diferencia o a lo largo de un par de días, se pueden escuchar a las agrupaciones emergentes favoritas de espíritus juveniles, junto a las consagradas que parecen ya estar más allá del primer hervor, mientras el convivio va subiendo de intensidad (o disminuyendo, según el caso) y la socialización va siendo más importante que la música en sí misma, que en ocasiones puede quedar como un trasfondo de lujo para que la fiesta siga avanzando inexorablemente: entre wannabes y escuchas exigentes, los músicos ponen a prueba su capacidad de involucramiento con el respetable (es un decir).

CORONA CAPITAL: EL ROCK COMO FIESTA
Revisemos algunos de los participantes extranjeros que nos harán los honores durante el 13 y 14 de octubre, empezando por el dueto The Black Keys, quienes aparecen como cabezas del cartel con toda razón: su más reciente álbum, El Camino (11), se constituyó como una de las mayores crestas del año, con todo y ese afilado blues barnizado de consistentes capas roqueras. Alabama Shakes, con notoria influencia de los de Ohio, se acaba de presentar en sociedad con el efusivo Boys & Girls (12), mientras que The Kills, con la misma base blusera pero cargándose más al punk, viene a compartir The Last Goodbye (12), terrenos también revisitados por Black Lips como se deja escuchar en Arabian Mountain (11).
Desde las praderas americanas, Iron & Wine pondrá en la mesa el espléndido Kiss Each Other Clean (11), entroncando con el laberíntico country rock de My Morning Jacket y su Circuital (11) y con el folk crepuscular de M. Ward desparramado en A Wasteland Companion (12). Habrá que darle la bienvenida a Cat Power quien regresó irradiando luz con el redondo Sun (12), al tiempo que las hermanas canadienses Tegan and Sara nos acompañarán con el melódico Get Alone (11); Florence + The Machine pondrá su energía pop con el exhaustivo Ceremonials (11) y Dum Dum Girls nos ofrecerá un aroma de ensoñación retro en Only on Dreams (11).
Comandados por un set del patriarca DJ Shadow y la presentación del LCD Soundsystem James Murphy, desfilarán por el escenario las propuestas de tres duetos: Death in Vegas con su toque sicodélico expresado en Trans-Love Energies (11); Basement Jaxx con su batalla en tonalidades house escenificada en Basement Jaxx vs. Metropole Orkest (11) y los irónicos de Modeselektor a través de Modeselektor Prodly Presents Modeselction, Vol. 2 (12). Sleigh Bells viene a presentarnos Reign of Terror (12), continuando su fiesta desordenada de adolescencia manifiesta y premeditada distorsión, con ciertos apuntes pop de ensoñación, para continuar con Neon Indian y su Era extraña (11), así como con el hip-hop alternativo de Shabazz Palace desparramado en el sólido Black Up (11).
Manteniendo notable consistencia en los senderos del rock afilado y alternativo, The Walkmen nos visitan para desplegar Heaven (12) y Snow Patrol viene en plan anunciatorio con Fallen Empires (11); con esencias nórdicas enclavadas en el pop, The Raveonettes comparten Observator (12), The Hives le pone vitaminas a Lex Hives (12) y Miike Snow nos pone de buenas con Happy To You (12). Desde Nueva York, Here We Go Magic presenta A Different Ship (12) a partir de su intrincado pop, también redimensionado por los sutiles The Drums en Portamento (11); The Big Pink en Future This (12), ya mostrando de lo que son capaces; The Maccabees con Given to the Wild (12), enclavado en la estética indie y por The Vaccines que traen bajo el brazo Come of Age (12), su segunda entrega.
La cuota de experiencia para deleite de los asistentes más creciditos, la pondrán Suede y New Order.

OUMOU SANGARÉ Y ZHU XIAO MEI EN EL CERVANTINO: CONTRASTES

6 octubre 2012

La de Mali se presenta el miércoles en Guanajuato y la de China el martes en León. Dos mujeres que han vivido experiencias fuertes en carne propia y que aquí están, con sus talentos musicales llenos de contraste pero exudando sensibilidad, amor a la vida y espíritu en pleno goce de la libertad que da la capacidad para expresar lo que uno tiene en el fondo del alma. La mirada femenina en plenitud.

LAS VARIACIONES GOLDBERG EN MANOS ORIENTALES
La pianista china es toda una autoridad en la interpretación de las Variaciones Goldberg, una de las inmortales obras de J.S. Bach. Empezó a tocar desde pequeña como suele suceder en su País, y dado su inusual talento, ingresó al Conservatorio de Beijing a la edad de 10 años. Con la llegada de la Revolución Cultural, tuvo que irse a trabajar al campo en Mongolia y después de cinco años, se fue a Estados Unidos en 1979 y después a París, donde se convirtió en una de las grandes pianistas del mundo, dotada de una técnica impecable que sirve de soporte a una inspiración de quien ha palpado la vida de manera directa.
Grandes maestros como Scarlatti, Schuman, Haydn y Schubert, así como Mozart, Beethoven y otras obras del propio Bach han sido interpretados por esta mujer que, además de atreverse con gran respeto a grabar las huellas que nos han dejado estos gigantes, parece convertir las teclas de piano en vehículos sonoros de múltiples dimensiones: no solo es la depuración exacta, sino la inspiración para transmitir las sensaciones que las obras mismas proponen desde su concepción. La escucha del disco grabado en 1990 nos remite de inmediato a una atmósfera de rítmica intimidad proveniente de alguna casona de la campiña, extraviada en el siglo XVIII.
Es así como transcurren los 32 segmentos de estas variaciones que nos someten a una experiencia de música en estado puro, con secuencias que nos llevan por sitios diferentes cada vez que las escuchamos: en efecto, tienen la cada vez más escasa virtud de sonar distinto y conectarse con nuestros sentimientos del momento. Tímpanos de todo el mundo han sido testigos del viaje al que nos invita Zhu Xiao Mei, particularmente con la interpretación de esta obra escrita para teclado y concluida en 1741, aunque ha sido tocada con otros instrumentos como el arpa.
Pensada como una serie de ejercicios de avanzada, se dice que fue compuesta para acompañar las noches de insomnio del conde Hermann Carl von Keyserlingk, quien le había echado la mano a Bach para ser nombrado compositor de la corte de Sajonia. Sin duda y ante esta maravilla del contrapunteo y los juegos armónicos, más difícil resultaba para el susodicho noble poderse dormir: no en balde ha sido grabada por otros grandes del piano como Glen Gould, Peter Serkin, Wanda Landowska y Claudio Arrau, entre muchos otros.

AVE CANORA EN BUSCA DE LA IGUALDAD
La reivindicación de la mujer en una sociedad donde la poligamia (sin considerar la poliandria, desde luego), el permiso social para el maltrato y las limitaciones escolares, profesionales y laborales, se ha convertido en una genuina bandera, sin caer en extremismos que convierten ciertas posturas feministas en otro tipo de machismo, de la versátil cantante y compositora Oumou Sangaré (1968), quien ha sabido montarse en la ola estilística del pop africano sin despegarse de sus raíces sonoras, invadidas de un sabor a tierra cultivada con sensualidad única de la región de Wasulu, lejos del mundanal ruido y cerca del canto primigenio.
Debutó con el rompedor Moussolou (90), en el que propone su atrevida visión acerca del amor, la mujer y la libertad, con todo y una textura saturada de colores vivos, no obstante el tratamiento de temas que podían mover más a la tristeza: aún en esas condiciones, la posibilidad de mirar un cielo transparente se convierte en experiencia única que invita a levantar el vuelo y la voz. Ya con la disquera World Circuit, que aseguraba una mayor difusión, grabó Ko Sira (93) y Worotan (96), con todo y la sólida sección de metales que se entremezcla con los coros e instrumentos tradicionales.
Vendría después Oumou (03), álbum doble compuesto por canciones recopiladas de los discos anteriores y por piezas que habían sido grabadas solo en casetes de alcance local: se trata de una notable síntesis de la obra de esta cantante ahora transformada en portavoz de causas justas alrededor del mundo y marcada por el abandono de su padre. Con Seya (09) nos encontramos en un claro proceso evolutivo, sobre todo en el terreno musical: ahí están los atrevidos apuntes jazzísticos, la contundencia instrumental y la lograda mixtura de ritmos no solo de la casa sino de otras latitudes que, a fin de cuentas, tienen su origen en África, como nuestra especie.

2012: EL CERVANTINO AHORA

2 octubre 2012

Tiempos cervantinos para nuestro Estado que nos traen un cúmulo de artistas inscritos en diversos campos que van de la tradición a la vanguardia y de regreso, según se trate la propuesta sonora, escénica, visual o la combinación de todas: alimento para el conjunto de nuestros sentidos, uno por uno o todos a la vez, como para terminar bien empachados de expresividad y sensibilidad compartida y así estar en posibilidad de apreciar el mundo de manera distinta, aunque nada haya cambiado afuera pero sí dentro. Acá en León arrancamos con Celso Piña el día de hoy, como para agarrar calor y ambiente.

LA SENSIBILIDAD POLACA ENTRE CHOPIN Y EL JAZZ
Revisemos algunos de los invitados en el terreno de la música, navegando entre lo clásico y lo popular, como lo demuestra el espectáculo abridor, cortesía del grupo Rock Jazz Chopin, cuya propuesta se entromete por las fronteras de la clasificación antes descrita y mezcla sin demasiado pudor las composiciones del inmortal compositor polaco que le da nombre, con apuntes jazzísticos y rockeros que transcurren sobre las hermosas melodías con el sello de la casa.
Creado por Andrzej Matusiak y fortalecido desde el 2008 por la versátil cantante Anna Serafińska, este proyecto parece enfocarse, tal cual lo han hecho algunos otros músicos como Errol Garner, a redimensionar el evocativo romanticismo tormentoso del genial Frédéric Chopin (1810-1849), dándole ciertos toques de luminosidad que podrán capturarse el miércoles 3 en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas.
Por su parte, Leszek Możdżer (1971) es un pianista originario de Gdansk que anda sumiendo teclas y sumando acordes desde los cinco años; al inicio de su trayectoria se centró en la música clásica y ya de joven entró al mundo del jazz. A pesar de su corta edad, ha participado en más de 80 discos, ya sea como acompañante, parte de un trío o como titular. Este nutrido currículo se ha debido, en buena medida, al convencimiento, sensibilidad y flexibilidad al momento de sentarse al piano, además de poseer una técnica notable, como se deja escuchar a partir de Talk to Jesus (96) y Facing the Wind (96) junto al contrabajista David Friesen.
Cercano al mundo del cine, homenajeó a su compatriota y colega, preferido por el brillante director Kieslowski (Tres colores: azul, rojo, blanco), en el íntimo Preisner: 10 Easy Pieces for Piano (00), al que le seguiría un par de álbumes en vivo, Makowicz vs. Możdżer at the Carnegie Hall (05) y Live in Warsaw (05), en los que se muestra la potencialidad in situ para crear atmósferas que pueden ir de mantos lúdicos a nostálgicos sin que tengamos la oportunidad de percatarnos, como antes se había percibido en Piano (04). Ya lo comprobaremos el jueves en la ex Hacienda de San Gabriel de Barrera.
Vendría un par de discos en formato de trío, The Time (05) y Between Us and the Light (06), para dar paso al brillante Pasodoble (07), en el que se hace acompañar del contrabajista Lars Danielsson, con quien ya había trabajado, y que resultó ser una combinación de texturas múltiples, plagada de versatilidad dada la forma en que ambos exploran sus instrumentos y los imbrican entre sí, estableciendo exquisitos duelos como también se despliegan en Firebird V11 (08), junto a Phil Manzanera y en Kaczmarek vs. Możdżer (10). Impressions on Chopin (10), en el que se da vuelo recreando a su ídolo al que ya había revisitado y Komeda (11), más en la lógica del jazz cerebral, son un par de ejemplos para entender las dos grandes vertientes de su obra.

MORITZ EGGERT
Este compositor y pianista alemán nacido en 1965 vendrá a compartirnos el jueves 4 piezas del homenajeado Cage, figura capital de la música contemporánea, y algunas composiciones propias que bien pueden apreciarse en sus distintos ámbitos, como la música de cámara, ópera, teatro y ballet, trabajo orquestal y para música vocal. Cobró mayor popularidad cuando fue artífice del espectáculo de apertura del mundial del fútbol en el 2006, celebrado en su tierra. Parte de su talento se puede apreciar en discos como Hämmerklavier (96), en el que establece un intenso encuentro con el piano de corte experimental y en Wide Unclasp (03), de tesitura avant garde en la que poesía y jazz avanzan juntos por senderos de una sinuosidad absorbente.

MUTEK NUTRE AL CERVANTINO
Por nuestros rumbos se presenta Shantel & Bucovina Club Orkestar el viernes 5 en Guanajuato y el sábado 6 en León, como para sentirse parte de una fiesta gitana salpicada de modernidad electrónica de acento alemán que se puede escuchar en los dos volúmenes de Bucovina Mixtape grabados en el 2005 y en recientes aproximaciones sonoras a esta cada vez más usual forma de sincretismo musical; mientras que Jon Hopkins & Scuba hacen lo propio el mismo sábado en La Subterránea.
El primero ha ganado merecida fama como productor de grupos como Coldplay y Massive Attack, además de colaborar con el patriarca Brian Eno. Su estilo ambient con tintes de electrónica invasiva se empezó a reflejar desde Opalescent (01) y se pulió en Contact Note (04). Después de Art of Chill 2 (06) grabó Insides (09) y Diamond Mine (11), junto a King Creosote, álbumes que lo colocaron como figura a seguir dentro del género y más allá, por las ruralidades que aun guardan sus secretos. El segundo es el proyecto de Paul Rose y su campo de acción ha sido la diversidad de géneros electrónicos con el dubstep como columna vertebral.