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INFANCIA BUSCA DESTINO

4 agosto 2016

Para entender quién eres ayuda saber de dónde vienes, si bien es necesario seguir reflexionando sobre la propia condición presente como base mínima para más o menos dibujar un futuro deseable, sobre todo porque uno nunca termina de configurarse del todo. En general, incluso los niños que tienen claro su origen se hacen preguntas al respecto, pero con la seguridad de saber que ocupan un lugar en una comunidad o familia; los que no, se invaden de cuestionamientos acerca de su propia identidad y buscan adherirse a su entorno próximo, aunque de inicio no pertenezcan a él.

Un par de películas en las que un niño y una niña respectivamente, tratan de entenderse a sí mismos: porqué son como son, cuál es la historia de sus familias y cómo pueden interpretar las claves que se les van presentando, sobre todo las que parecen venir de otros lugares y épocas. Ambas están curiosamente vinculadas con la hermosa y sutil obra animada La leyenda de la princesa Kaguya (Takahata, 2013), una por temática similar y otra por pertenecer a la misma casa productora, la imprescindible Ghibli, y por ende compartiendo orientación estilística y en cierto sentido argumental. Luminosidad y luminiscencia como fenómenos cercanos pero distintos en cuanto al grado de temperatura, en este caso emocional.

NIÑO LUMINOSO

Escrita y dirigida por el aún treintón oriundo de Arkansas Jeff Nichols (Shotgun Stories, 2007; Atormentado, 2011; El niño y el fugitivo, 2012), uno de los directores actuales más consistentes de la escena fílmica, El elegido (Midnight Special, EU-Grecia, 2016) transita con fluidez entre la fantasía, el apunte social y el drama familiar, centrándose en Alton, un niño con habilidades sobrenaturales y una particular fragilidad que le impide entrar en contacto con el sol. Un ser diferente ante el cual las estructuras sociales no saben qué hacer, a diferencia de su núcleo familiar, que lo protege con fe y por un amor lejos de la conveniencia relacional.

ElegidoDadas sus notables e indescifrables capacidades, el pequeño de gogles permanentes se convirtió en una especie de enviado para El rancho, la secta donde ha vivido -que recuerda en parte a la retratada en Red State (Smith, 2011)- cuyo líder interpreta sus aparentes desvaríos y monólogos en clave como mensajes de la divinidad, anunciando eventos trascendentes y dignos de ser materia para el sermón adoctrinante; por su parte, el gobierno y sus diferentes agencias no siempre en sintonía, detectaron el caso y lo ubican como un aliado, o un peligro según el caso, para efectos de seguridad nacional.

Pero entre estos dos grupos de interés está el padre del niño, quien ayudado por un amigo de la infancia, lo consigue extraer del grupo religioso para emprender la huida y reunirse con la madre, dando pie a una inquietante persecución en la que confluyen los distintos y antagónicos propósitos de los involucrados. Entre algunos episodios extraños padecidos o provocados por el protagonista, entretenido en leer un cómic de Superman, va descubriendo de dónde viene y, en consecuencia, quién es y cuál es su propósito.

Con intrigante edición que deja suspendidas las secuencias, dosificando la información para que el espectador vaya insertándose en las ambigüedades del relato, el filme se despliega a la par de los amplios horizontes y espacios capturados en las escenas transicionales, enfocadas a cimentar la noción del trayecto como búsqueda, sin destinos claros pero con acciones definitivas. El enigmático y atmosférico score de David Wingo, por momentos con intenciones de acelerar la marcha, se integra de manera puntual, reforzando significados explícitos cuando se trata de escape o resignación ante las fuerzas militares y sectarias.

Michael Shannon, habitual del director, brinda otra de sus grandes actuaciones como el decidido padre del pequeño, interpretado con la necesaria dosis de inocencia por Jaeden Lieberher y acompañado por un eficaz Joel Edgerton, como el amigo incondicional, y por un dubitativo agente encarnado por Adam Driver, asumiendo por entero la confusión. El gran Sam Shepard, como el mandamás de la secta, y Kirsten Dunst como la madre confundida pero siempre amorosa, complementan un reparto que contribuye a trascender la anécdota del infante con poderes.

La cinta acaba por ser una confirmación de la competencia narrativa y de dirección de actores de Jeff Nichols, aprovechando los recursos propios del lenguaje cinematográfico, para convertir una historia que podría quedarse como una buena anécdota, en campo para la emoción y reflexión, con todo y un mundo imaginario de diseño arquitectónico emparentado con las vanguardias.

NIÑA LUMINISCENTE

En El mundo secreto de Arrietty (2011), el director Hiromasa Yonebayashi plasmaba el Marnieemotivo encuentro entre un niño enfermo y la diminuta adolescente del título, pertenecientes a dos especies humanas diferentes, en particular distinguidas por el tamaño. Ahora, en El recuerdo de Marnie (Japón, 2014), construye la amistad entre una niña adoptada que gusta del dibujo, y otra jovencita que habita una casa misteriosa en un pantano, cuidada por una severa ama de llaves con todo y su castigadora forma de peinar, y un par de mucamas que no parecen guardarle demasiado aprecio.

Basada en la novela de Joan G. Robinson, la historia sigue a Anna, una niña introvertida que tiene que mudarse a un pueblo por cuestiones de salud; ahí será bien recibida por un matrimonio, cuya hija ya voló del nido, que le ayudará a cambiar de aires tanto físicos como emocionales. Pronto logra hacer amistad con la misteriosa habitante de una casa que parece transformarse ante su mirada, como si de otra época se tratara: se trata de una rubia jovial que poco a poco la va sacando de su ensimismamiento, mientras un silencioso barquero y una estilizada pintora aparecen en escena cual testigos de tiempos idos.

El halo de misterio y la posibilidad de la luminiscencia se articulan en una animación sello de la casa, cuidadamente artesanal y evocativa, tal como la experiencia que empieza a vivir Anna cual viaje a un mundo pasado cargado de explicaciones acerca del propio origen: la posibilidad de comprender los sucesos anteriores en relación con sus padres fallecidos abre la puerta para reparar en los propios rencores entremezclados con la culpa, presentes desde hace tiempo pero difícilmente explicables a partir de la confusa información que tenía: nada como saber para perdonar(se).

SOCIEDADES PARODIADAS

19 septiembre 2012

Entre broma y broma, la realidad puede transparentarse para verle sus costuras absurdas, abusivas e irracionales. Comedias que funcionan a medias, dado que sus blancos son por momentos evidentes y sus trazos demasiado gruesos, pero que consiguen lanzar algunos dardos efectivos para burlarse de usos y costumbres tanto de la sociedad de consumo y del espectáculo, como de los totalitarismos políticos y religiosos. Un consistente drama de pilón que muestra el potencial peligro de las sectas.

SOCIEDAD DICTATORIAL
Dirigida por Larry Charles, responsable del provocador documental ¡Reli…¿qué?! (08) y ahora en el campo de la ficción, a diferencia de sus híbridos Borat (06) y Brüno (09), El dictador (EU, 12) es una irregular sátira que se avienta contra las dictaduras unipersonales, tan frecuentes en los países del norte de África, y contra los gobiernos dizque democratizadores de occidente que no se quedan muy atrás cuando de abusos se trata, sobre todo cuando los intereses comerciales están en juego, empleando pretextos ideológicos como fachada para el control.
Una vez más Sacha Baron Cohen coescribe e interpreta al protagónico, un dictador de un país del norte de África que se ve suplantado en Estados Unidos por un manipulable doble y tiene que sobrevivir como un inmigrante cualquiera en Nueva York, después de tener un poder inimaginable. Ben Kingsley es el traidor y Anna Faris la posible mujer de sus sueños: ambos, entendiendo el contexto, se dan vuelo con una bienvenida sobreactuación.
La premisa alcanza para regalarnos algunas viñetas de ese humor tan característico de esta dupla, entre la incorrección política más absoluta –no hay derecho humano que se salve- y la develación de ciertas realidades –el discurso ante la asamblea- que permiten hacer llevadera una historia que en términos argumentales parece más bien divagar sin mucho rumbo y sin una secuenciación que permita mantener el interés sobre la historia en sí misma.

SOCIEDAD ESTULTA
Dirigida en tono derivativo por Mike Judge, quien mostró su irreverencia con sus personajes Beavis and Butt Head y El rey de la colina, La Idiocracia (Idiocracy, EU, 06), parte de una premisa original que no se aprovecha del todo: un tipo común (Luke Wilson) y una prostituta (Maya Rudolph) del presente son congelados para un experimento; despiertan 500 años después en una sociedad dominada por la estupidez, en la que las máquinas se encargan de todo y la basura está en todas partes, como sucedía en la obra maestra Wall-E (Stanton, 08). Los ridículos espectáculos masivos, la televisión de realidad, empresarios engañabobos y la absurda impartición de justicia son apenas algunos de los rasgos de esta sociedad (la de la película).
La gente deambula sin mayor oficio ni beneficio y los recién llegados, como cabría esperar, se convierten en los más inteligentes del planeta, después de pasar algunas dificultades. Con narración en off, la idea de plantear un retroceso en el desarrollo evolutivo del ser humano, a diferencia de otras propuestas futuristas, se podría prestar a un humor más fino e inteligente: paradójicamente, la cinta no consigue trascender este planteamiento de base y se queda como un intento por satirizar a una humanidad cada vez menos inteligente, por decirlo de manera amable.

SOCIEDAD DOGMÁTICA
El problema de las sectas no es que crean en lo que crean, sino que consideren ser los únicos poseedores de la verdad, revelada solo a ellos y a nadie más, y que sus prácticas estén por encima de los derechos humanos. En Martha Marcy May Marlene (EU, 11), se describe el proceso de descomposición mental de una joven que ingresa a una secta, su escapatoria y su posterior dificultad para congeniar la realidad con la fantasía, ya viviendo en la casa de su hermana y su esposo.
Dirigida por Sean Durkin en clave de thriller psicológico y narrada en dos tiempos con certeros flashbacks que muestran episodios de la vida en la manipuladora comuna, la cinta busca más introducirse en la psiqué escindida de la protagonista que en el morbo de los sucesos shockeantes. Notables interpretaciones de la joven Elizabeth Olsen y de John Hawkes, como el siniestro líder del clan, abusador sexual, machista, manipulador y criminal, independientemente de los rollos motivadores que se avienta.
En otro registro, Locura en el paraíso (Wanderlust, EU, 12) coloca a una pareja citadina conviviendo con una comuna hippie y si bien se alcanzan algunos momentos simpáticos no todas las caricaturizaciones funcionan del todo; el asunto se vuelve un poco previsible y aunque cierra tratando de recuperar a todos los personajes, varios quedan en el limbo, como si la edición cortara ciertas posibilidades de desarrollo argumental o situaciones de mayor contraste entre ambos mundos.
Por su parte, Pare de pecar (Salvation Boulevard, EU, 12), arranca con un interesante plantemiento que contrapone la fe con la razón a través de sendos personajes –un pensador agnóstico y un pastor- y que ahonda en los dogmatismos de los nuevos creyentes en tono de humor negro. Dirigida por George Ratliff con reparto de lujo, la cinta termina por desparramarse entre los diversos cabos sueltos, los destinos de los personajes y las intrigas en torno a un crimen.