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MEAT LOAF: UN VAMPIRO ROBUSTITO FUERA DEL INFIERNO

24 junio 2012

Con un estilo descaradamente teatral, cercano a la estructura del musical, en donde las canciones son tan largas como sus títulos, y con melodías premeditadamente pegajosas llenas de pianos vigorosos y guitarras hardrockeras que igual coquetean con el rockabilly sesentero, Marvin Lee Aday, originario de Dallas, Texas y mejor conocido como Meat Loaf, apodo que le endilgó un entrenador en la escuela por razones obvias, brincó a la fama gracias a su obra Bat Out of Hell (77), uno de los diez discos más vendidos en la historia del rock.
Fue en este trabajo donde las canciones de Jim Steinman, escritor broadwaiano, encontraron un vehículo ideal en la poderosa figura de quien, después de mudarse a Los Ángeles, iniciara su carrera en el showbisness con el grupo Popcorn Blizzard, abridor de The Who y The Stooges, allá a finales de los 60’s, después de cuyo rompimiento probara fortuna en el musical hippioso Hair y en As You Like It, sirviera en las vocales, a mediados de los 70’s para algún trabajo de Ted Nugent y participara en The Rocky Horror Show, musical que dio origen a la película de culto del mismo nombre.
Este estruendoso debut, que combinaba baladas memorables como Heaven Can Wait y Two Out of Three Ain´t Bad con interminables piezas bailables del calibre de You Took the Words Right Out of My Mind y Paradise By the Dashboard Light, delineó la orientación de su carrera como cantante, aunque hasta la fecha no ha podido igualar, treinta y cinco años después, este clásico desorbitado. El amor de pareja con sus conflictos y reencuentros, aderezada con coros predominantemente femeninos, ha sido la temática casi única de su propuesta lírica, sin mayores rebuscamientos.
A este trabajo, le seguiría el atormentado y muy disfrutable Dead Ringer (80), en el que la fórmula compositiva de Jim Steinman permaneció casi intacta. Incluso por estos años, canciones suyas alcanzaron importante fama en la voz de Bonnie Tyler y a través de la película Streets of Fire, al tiempo que sacaba un álbum propio titulado Bad for Good (81). Mientras tanto, Meat Loaf continuó su producción con Midnight at the Lost and Found (83), Bad Attitude (84) y Blind Before I Stop (86), tres discos prescindibles que extrañaron los vericuetos compositivos de Steinman.

DE REGRESO AL AVERNO
Fue hasta 1993, después de algunos trabajos en vivo y recopilatorios, cuando vio la luz la secuela de su álbum debut. Reunido otra vez con su compositor de cabecera, Meat Loaf dio a conocer Bat Out of Hell II: Back Into Hell, cuyo sencillo I´ll Do Anything For Love regresó los reflectores hacia su inmensa figura. Sin alcanzar el nivel de su precuela, el disco presentó momentos que recordaban ese estilo bombástico, deliciosamente predecible y con la clásica orientación hacia agradar desde la primera escucha. El vuelo alcanzó para que se dejara escuchar el inconsistente Welcome to the Neighborhood (95) que incluyó una discreta colaboración de Steinman.
En su faceta como actor, el energético gordazo participó en varias películas menores desde finales de los setenta, hasta que empezó a aparecer en otras cintas de mayor difusión y envergadura como El mundo según Wayne (Spheeris, 92), Salto de fe (Pearce, 92) y El poderoso (Chelsom, 98); destacó su presencia en la oscura El club de la pelea (Fincher, 99), así como en Locos en Alabama (Banderas, 99), Fórmula 51 (Yu, 01) y Focus (Slavin, 01), entre otras.
Tras un tiempo de silencio, mitigado por los característicos Very Best of… y Live At…, la lonja de carne volvió a las andadas. Dividido en dos capítulos, Couldn’t Have Said It Better (2003) retoma la fórmula de Steinman: parajes tranquilos que de pronto explotan para cantarle a la relación de pareja y sus vicisitudes, vocales femeninas dialogantes, baladas accesibles, pianos mezclados con ritmos machacones y todo el oropel que ha caracterizado la producción discográfica de este cantante-actor. Y para cerrar, como una especie de declaración de principios, se deja escuchar Forever Young, una de las canciones más optimistas de Bob Dylan.
Para seguir con la lógica de las trilogías, muy usada en la industria fílmica, grabó junto a Steinman en tono victorioso aunque ya sin la misma chispa el álbum Bat Out of Hell III: The Monster is Loose (06), al que le siguió Hang Cool Teddy Bear (10), en la misma línea que se predecesor aunque bajo otro concepto: la historia de un soldado contada a través de canciones en las que participa gente como Brian May, Steve Vai, el doctor House Hugh Laurie, Jack Black y Jon Bon Jovi. Mostrando aún sentimiento y energía, nos regaló Hell In a Handbasket (12), su obra más personal según ha dicho y en la que incorpora elementos del rap, con Chuck D como invitado y su estilo característico, ahora asumido por varios compositores y con la presencia de la habitual Patti Russo.
Así, entre motocicletas, mujeres despampanantes y una estética cercana al cómic expresada en algunas de sus portadas, tendremos la oportunidad de toparnos con esta inmensa figura en su visita a México.

PROMETEO: EN BUSCA DEL FUEGO ILUMINADOR

20 junio 2012

Los dioses pueden tener razones para estar arrepentidos de haber creado al ser humano, aunque por lo que nos cuenta la mitología griega, ellos tampoco eran un dechado de virtudes: siempre es más fácil ver los errores en el otro. Castigar al titán Prometeo, uno de los doce o trece según la versión que se tome, con un águila que le devoraba su hígado una y otra vez por robar y darle el fuego a los simples mortales, parecería excesivo, sobre todo porque las capacidades para usarlo como detonante del progreso, fueron diseñadas por los propios habitantes del Olimpo, quienes a fin de cuentas perpetraron una especie de golpe de estado celestial, mandando a sus rivales al Tártaro.
En una nave que toma el nombre del Titán referido, acaso como una metáfora dada su misión para encontrar las grandes respuestas de la humanidad -¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es nuestro propósito?- un grupo de tripulantes conformado por médicos, geólogos, arqueólogos, pilotos, una jefa corporativa, un androide y un fantasma en formato de holograma, se lanzan a buscar certezas en los confines del universo hacia finales de este siglo, específicamente en el planeta LV 223, dados los hallazgos, algunos años antes, de las coincidencias entre los mapas astrales de varias culturas ancestrales llevados a cabo por una pareja de investigadores.
Dirigida por Ridley Scott (Los duelistas, 77; Red de mentiras, 08) recuperando el brío mostrado en Los impostores (03) y Gánster americano (07), que parecía perdido con Robin Hood (10) y otras cintas demasiado genéricas, Prometeo (Prometheus, EU, 12) es una exploración arriesgada por los recovecos del cine de ciencia ficción, con el evidente sustento de Alien (79) y Blade Runner (82), sus dos obras maestras consecutivas del género, que consigue absorbernos como parte de la misión gracias a la abrasiva puesta en escena, al desarrollo de ciertos personajes, el diseño de las criaturas entre monstruosas y divinas, y a una premisa que termina por ser inquietante, a pesar de que el argumento pareciera hacer agua en ciertos lapsos del film.
El arranque de la historia es sumamente poderoso con un doblete de prólogos que saben dejar la mesa bien puesta: un alienígena humanoide destruyéndose y dejando su DNA en el agua cual impronta para la vida y el descubrimiento, milenios después, de una pintura rupestre con un mapa del cielo que confirma un pasado común de todas las grandes civilizaciones. En su desarrollo, se advierten claramente dos episodios: uno que se intenta acercar a 2001: Odisea del espacio (Kubrick, 68) tanto en contenido como en forma y en cierta forma a Misión a Marte (De Palma, 00), y otro que resulta más derivativo y movido con todo y tintes terroríficos, para entroncar y retomar el camino con un abridor y emocionante desenlace que deja puertas abiertas a la imaginería del espectador y de los productores que gustan de secuelas rentables.
La porosidad del guión escrito por Jon Spaihts (La última noche de la humanidad, Gorak, 11) y Damon Lindelof, uno de los responsables de la serie Lost, va soltando intrigantes preguntas abiertas de interesante reflexión, pero también cayendo en una que otra incongruencia que lo hace ver, por momentos, perdido: ¿Por qué algunos de los atacados mueren y otros se vuelven agresivos? ¿Por qué el feto solo tiene forma de calamar y ningún rasgo humano? ¿Por qué la arqueóloga entra tan fácil a la sala para hacerse la cesárea si había tantas restricciones? ¿En qué momento mágico algunos asumen el papel de héroes kamikazes?
Scott vuelve a colocar la dimensión femenina vinculada al heroísmo como lo hiciera en su clásico Thelma & Lousie (91), en la figura de la protagonista, interpretada llena de fe y coraje por Noomi Rapace, en la línea de Sigourney Weaver y su inmortal Ripley. En contraste, Charlize Theron funciona como la gélida mandamás, mientras que Michael Fassbender nos regala una exquisita mixtura entre el Peter O’Toole de Lawrence de Arabia (Lean, 62) y David Bowie en El hombre que cayó a la Tierra (Roeg, 76). Un poco inexplicable resultan la selección de Guy Pearce para interpretar a un anciano y el escaso desarrollo del resto de los tripulantes.
A la Impecable dirección artística y puesta en escena minuciosa y nítida, a pesar de la envolvente construcción de atmósferas lúgubres y hostiles, habría que sumarle una fotografía y manejo de cámara siempre preciso, aprovechando el diseño minimalista de interiores, con los contrastes de grandilocuencia en la nave de los ingenieros, y las explanadas rocosas de Islandia, así como una edición tan fluida como la poderosa sustancia oscura que invade venas y organismos para transformarlos en definitiva.
La presentación de temáticas como la fe no solo en un creador sino en las propias convicciones; la evolución como cadena de eventos ajenos a la linealidad; la maternidad como incomparable posibilidad de crear vida y la reflexión acerca de la compleja naturaleza humana, resultado de la acción de algún ser supremo o de una milenaria concatenación de nexos causales y acaso casuales, permiten que el filme trascienda la sala de cine y se mantenga en las conversaciones posteriores de quienes también nos hacemos estas preguntas, cuando la sobrevivencia nos lo permite.

TIPOS CON SUERTE

12 junio 2012

Películas que se pueden apreciar gracias a los videoclubes de la ciudad en las que vemos a hombres que van lidiando con sus sueños, amores, carreras, rutinas y, sobre todo, manías. Moviéndose desde la incorrección política o desde la intrascendencia personal, pero decididamente frontales y transparentes, sinceros en sus sentimientos y firmes en sus convicciones, aunque por momentos ni ellos mismos las tengan claras, viven sucesos que cambian o confirman sus percepciones, según el caso. Vamos viendo.

EL ENAMORADIZO
Basada en la novela homónima de Mordecai Richler y dirigida por Richard J. Lewis, realizador televisivo que aquí debuta en cine, La versión de mi vida (Barney’s Version, EU, 11) sigue a Panfosky, un intenso hombre de maneras abruptas que se dedica a ser productor de telebasura y que vive tomando decisiones con la epidermis (en su boda se enamora de una invitada, para no ir más lejos), no obstante que en el fondo palpita un corazón burbujeante, abierto y necesitado de todo tipo de afectos, incluso aquellos que resultan inoportunos.
Fan del hockey, bebedor y de carácter impulsivo, mantiene vínculos con su padre, un amigo con el que se detonan recuerdos culposos (Scott Speedman), su hija que lo acompaña ya hacia el final y, desde luego, su segunda esposa (Rosamunda Pike), debatiéndose entre un sincero cariño y la lógica racional que le indica lo difícil que resulta el cambio para un hombre: con todos ellos se presentan los consabidos altibajos que van desencadenando en la crisis de la memoria y la soledad, justo cuando el hubiera parece ser una incómoda compañía.
Con una agradecible combinación de humor, dilema moral y análisis sicológico, la cinta acompaña el la versión del propio sujeto, dándole peso a las propias percepciones sobre los eventos, a fin de cuentas determinantes para entenderlos. Claro que la cinta descansa en la inmensa actuación de Paul Giamatti, que muestra su amplitud de registro en las secuencias de alzheimer, junto a las de pujante vitalidad, así como los encuentros cara a cara con Dustin Hoffman, de quien parece estar aprendiendo muy bien la lección.

EL ILUSIONISTA
Dirigida con oficio por Sean McGinly (2 Days, 03) y producida por Tom Hanks, El Gran Buck Howard (The Great Buck Howard, EU, 08) nos invita a seguirle los pasos, en una etapa que ha dejado atrás los mejores años, a un mentalista que tuvo cierto éxito en la televisión y en Las Vegas, pero que ahora parece haber perdido el toque; sin embargo, él sigue en lo suyo buscando a que la gloria regrese con reflectores por todas partes. Con un nuevo asistente (Colin Hanks), que nos brinda la perspectiva del filme y una gira en puerta coordinada por una joven (Emily Blunt), este transformador de realidades echará su resto para demostrar(se) que mantiene el toque mágico.
John Malkovich se encarga de darle vida a este hombre de formas directas, difícil de trato y un poco alejado de la realidad (la suya es la que cuenta), que finalmente pareciera no estar del todo equivocado. La cinta nos lleva a reflexionar sobre las implicaciones del trazado de metas personales y de cómo saber caer de pie para seguir avanzando, aunque no exista ninguna certeza de la ruta que nos lleve al destino definido, por más que éste se encuentre anclado en un pasado que ya nadie valora.

EL TEATRERO
Dirigida sin riesgo por Malcolm Venville (Venganza premeditada, 10), El robo perfecto (Henry´s Crime, EU, 10) se centra en la consabida historia del hombre común e inocente de vida anodina que acaba en la cárcel y que al salir, junto a un amigo que conoció ahí mismo, deciden perpetrar un robo más de ingenio que de fuerza: entrar a la bóveda de un banco desde el edificio de junto, un teatro en el que se ensaya una obra de la cual forma parte una actriz que, a su vez, entabla una relación con el susodicho. En otras palabras, de cómo la vida puede dar un vuelco inesperado cuando más te lo esperas.
Las actuaciones de Keanu Reeves, James Caan y Vera Farmiga resultan frescas, así como una puesta en escena de cierta estructura teatral, bienvenida al caso. Si bien la trama no plantea mayores innovaciones, el resultado en conjunto del filme resulta entretenido por la manera en la que se va mezclando la ficción –de la puesta en escena- con la realidad, en la que los afectos, odios, solidaridades y traiciones, van apareciendo como si se tratara de diferentes actos teatrales. Así, un tipo que en un momento dado tenía todo que perder, de pronto se ubica en una posición donde tiene todo que ganar, hasta que, justamente, empieza a tener cosas que volver a extraviar.

EL CÓMIC COMO ESPECTÁCULO FÍLMICO

5 junio 2012

Ya entrados en gastos y en vista del éxito obtenido en cada una de las películas realizadas, ¿por qué no hacer una película con varios de los superhéroes del mundo Marvel en la que se tengan que unir, pese a sus diferencias y resistencias, para salvar el mundo? Una idea sumamente rentable, de inicio, para satisfacer la necesidad palomera del respetable y demostrar que el show debe continuar, sobre todo ahora que el mundo de los cómics ha encontrado un gran aliado en los grandes estudios cinematográficos: no porque quieran retomar la cultura de la historieta, sino porque ha resultado una mina de oro que ningún villano les podrá arrebatar.
Es así como el cine-espectáculo se despliega en los tiempos que corren: referencias que pueden acercar a un público adulto conocedor de los personajes a través de la mirada de las historietas desde los años sesenta, así como a un público joven e infantil, en cuyo gusto ya se ha incorporado el concepto comiquero del superhéroe, quizá a través de otros medios como los videojuegos, pero manteniendo la esencia de la narrativa: personas con poderes más allá de la normalidad llamados al heroísmo que, no obstante, presentan un cúmulo de sentimientos y afectos iguales a los seres humanos comunes, es decir, como nosotros los espectadores.
Dirigida por Joss Whedon, Los vengadores (The Avengers, EU, 12) consigue equilibrar el ego de los personajes, y de los actores dicho sea de paso, a través de un guión si bien maniqueo, lo suficientemente atractivo para mantener el interés sobre el conflicto central, aunque termina por ser más interesante y divertido ver la forma en que se ponen de acuerdo y trabajan en equipo los susodichos, bajo las oportunas órdenes del líder Nick Fury (Samuel L. Jackson). La dicotomía entre fuerza bruta e inteligencia científica se utiliza como eje de ingeniosos momentos humorísticos, si bien se le brinda a cada uno de los personajes su momento de gloria independientemente de sus músculos o sus neuronas.
Los momentos de humor se recargan fundamentalmente en la figura de Iron Man (Robert Downey Jr.), molestando y a la vez haciendo mancuerna en el terreno experimental con Hulk (Mark Ruffalo), quien a su vez guarda un pequeño secreto); más enfocados a la fuerza bruta, aparecen el Capitán América (Chris Evans) y Thor (Chris Hemsworth); la dualidad corre a cargo de Hawkeye (Jeremy Renner) y la viuda negra (Scarlett Johansson) combina habilidades de convencimiento con agilidad física.
Ante la avalancha de superhéroes, se esperaba un villano a la altura de las circunstancias. Sin embargo, el hermanito resentido de Thor (Tom Hiddleston) no pareció ser la mejor decisión, mucho menos los oscuros alienígenas que balbucean sentencias ceremoniosas y el ejército de seres que mueren sin que uno se entere bien qué papel juegan en la batalla. La lucha por la Tierra y el ya clásico material que todos desean, tampoco derrocha demasiada imaginación, pero usualmente uno no va a este tipo de películas para ver grandes conflictos de enredadas estructuras argumentativas: salvo que se busque deconstruir el género, como bien lo intentaron Christopher Nolan con Batman y Mattheu Vaughn con Kick-Ass (10) y X-Men (11).
La cinta resulta más interesante en su primera parte, durante la cual se va conformando el equipo y se ajustan los roles dentro de la dinámica del grupo, mientras que la segunda se desarrolla a partir de una mayor acción tan apantallante como esquemática, aunque aún con destellos de cierta picardía, lo que evita la rutina de las peleas en las que a punto de perder, los buenos sacan la casta y logran derrotar a los malosos que vienen con todo.
Un factor esencial para el desarrollo de las películas basadas en el cómics es la posibilidad que brinda el uso de efectos visuales, gracias a la estética digital, que permite no solo la consabida división de pantallas, sino extrapolar la imaginería visual depositad en el papel al medio audiovisual, con el frecuente uso de la famosa pantalla verde y el diseño tanto de escenarios y secuencias que rozan el hiperrealismo: otra vez el cine espectáculo retoma como elemento central la puesta en escena, tal como sucede en esta aventura conjunta de los superhéroes de la familia Marvel, ahora en manos de Disney.

OTRO SUPERHÉROE QUE NO ES SUPERHÉROE
Directo al circuito de video, llega Super héroe (Super, EU, 10) en la que un tipo común y corriente (Rainn Wilson) asume un rol desalvador enmascarado para tratar de recuperar a su esposa (Liv Tyler) que se fue con el villano (Kevin Bacon, en buena sobreactuación); para tal misión, recibe ayuda de una joven (Ellen Page) con espítiru comiquero. A pesar de encontrar logrados momentos de comedia, la cinta dirigida por el realizador televisivo James Gunn, carece del humor negro necesario para sostenerse a lo largo de la trama, por más que lo intenta.