Archive for 21 junio 2009

UNA NOCHE EN EL MUSEO 2: AL RESCATE DE LA TRADICIÓN

21 junio 2009

Que las figuras de un museo cobren vida por alguna razón que no importa mucho, es idea vieja: basta recordar, con sus respectivos refritos, Museo de cera (Andre de Toth, 53) con Vincent Price y un joven Charles Bronson como Igor, así como la muy nuestra Santo en el museo de cera (Corona Blake y San Fernando, 63) en la que Claudio Brook tiene que medirse contra el infalible Enmascarado de Plata. Claro que acá se trataba al revés: de cómo seres de carne y hueso podrían transformarse en decoración museográfica.
El pensadorAsí, tomando un poco de Jumanji (Johnston, 95) y Zathura (Favreau, 05), nos llega Una noche en el museo 2 (Night at the Museum: Battle of the Smithsonian, EU, 09), tratando de subirse en el inesperado éxito de su predecesora (06), con buena premisa de arranque pero difuso desarrollo. Dirigida por Shawn Levy, la cinta transcurre a partir de que las piezas de cera serán sustituidas por dioramas para acabar en alguna bodega: es ahí donde nuestro padre divorciado regresa al campo de batalla orientado a la distancia por su hijo.
La comedia ha cedido su lugar al vértigo, desperdiciando un importante potencial con todos los involucrados, desde apuntes históricos con vetas cómicas, hasta lo que pudo haber sido un interesante Encuentro de opiniones, como aquel viejo programa que pasaba en el canal 11 del IPN. No es que se trate de convertir a una cinta veraniega en una pieza didáctica, sino de aprovechar los recursos para abrir vertientes argumentales que fortalecieran el débil conflicto central.
Para esta secuela, se mantiene el equipo base y se suman algunos personajes, tanto para el bando de los villanos como de los buenos; los efectos visuales se han pulido de manera notable y la acción ha sustituido por completo a la inserción del asunto familiar: ahora resulta que el vigilante (Ben Stiller, volviendo a la rutina) se volvió un rico empresario pero opta por volver con sus amigos nocturnos para ayudarlos, contando con el apoyo de Amelia Earhart (Amy Adams).Vaquero Romano
En efecto, se les olvidó que también había que invertir en un guión decente y no nada más en la propuesta visual, ésta sí muy bien lograda con predominancia de tomas abiertas, sobre todo en aquella secuencia en la que algunos clásicos de la pintura y la fotografía se animan, literalmente, y forman parte de una escaramuza entre el vigilante y los súbditos del faraón egipcio, quien ha vuelto por sus fueros para dominar el mundo con la ayuda del inframundo: lástima que no contaba con Lincoln, el preciso honesto y con fobia a las aves de cualquier calaña.
La historia naufraga entre vistosas secuencias y escasa emoción; el humor aparece a cuentagotas –buena idea convertir a El pensador en un musculoso descerebrado- y uno nunca acaba de involucrarse con nadie ni entender bien a bien hacia dónde va el asunto. Además, se percibe cierto tufillo ideológico que por obvio parecería no resultar efectivo: los líderes que se unen al faraón son de cualquier parte menos de Estados Unidos.
El competente cuadro de actores y la animación de una notable diversidad de piezas de museo, no alcanzan para hacer de esta secuela un entretenimiento a la altura de los calores que estamos padeciendo. Ni siquiera la bailarina de Degas o los coreográficos cupidos consiguen flechar al espectador.

Publicada en el periódico a.m. el 21/06/09

WOLVERINE: LIDIANDO CON LA DESMEMORIA Y EL ANIMAL INTERIOR

13 junio 2009

Inicia oficialmente la temporada de las grandes producciones fílmicas, desde el punto de vista económico: cintas orientadas al espectáculo, predominantemente, y a buscar encontrarse con los públicos masivos. A diferencia del año anterior, la propuesta del 2009 parece sustentarse sólo en destellos –Up, por ejemplo- y en secuelas o precuelas cuyas películas antecedentes no fueron la gran cosa como para esperarlas con cierta emoción. Ojalá me equivoque. Por lo pronto, iniciemos el recorrido.
Con mis tres acompañantes habituales en el verano, su madre y hasta un amigo incluido (de los niños, cabe aclarar), asistimos al estreno largamente esperado –más por la influenza- de la nueva veta fílmica proporcionada por el mundo de los X-Men, bautizada como Orígenes. Obviando las chamarras por el cruel calor que estamos padeciendo, los imprevistos wolverines versión infantil del Bajío se presentaron con su playera blanca sin mangas, pantalón de mezclilla y peinado que pretendía ser agresivo: ya imaginarán los resultados. Eso sí, la ceja arqueada no podía faltar, a diferencia del puro que bien pudo haber sido de chocolate.
Dirigida con librito en mano por el sudafricano ya en plano mainstream Gavin Hood (Tsotsi, 05; El sospechoso, 07) para quien el tema del outsider no es ajeno, X-Men orígenes: Wolverine (EU, 09) centra su atención en el personaje del título, interpretado con alma por Hugh Jackman -a quien además habría que agradecerle su actitud hacia México- para entroncar con la situación de extravío del propio Logan que se presenta en X-Men (Singer, 00), corazón también de X2 (Singer, 03), acerca de este grupo de mutantes en perpetuo conflicto con humanos, congéneres y consigo mismos.
Los orígenes se remontan a la infancia del lobezno en Canadá hacia finales del siglo XIX, con todo y parricidio involuntario y huída junto a Victor Creed, su medio hermano vuelto después enemigo acérrimo, con quien participaría en diversas guerras bajo el falso discurso del servicio a la patria como bandera. Con fugaz edición, se suceden las secuencias deslavadas de toda esta trayectoria bélica que de alguna manera parecía darle sentido a la vida del soldado capaz de sanar rápidamente de las heridas físicas e imposibilitado para curarse las emocionales.Wolverine garras
Tras formar parte del consabido grupo de élite, integrado por mutantes un cuanto tanto desperdiciados en el film, decide abandonarlo todo al ver los métodos empleados, incluyendo a su familiar némesis Sabretooth (Liev Schreiber), quien cobra aquí una dimensión distinta a la de la primera película de la saga, en la que sólo era un gruñón de fuerza más bien bruta: no es que ahora sea un genio pero por lo menos articula algunas ideas. Iniciaría así una larga historia fratricida manipulada por el siniestro militar William Stryker (Danny Huston, llevándose la película).
El nacimiento propiamente del personaje, se retrata en la lograda secuencia en la que parece morir como Logan y resucitar como Wolverine, nombre prestado de la leyenda platicada por su novia (Lynn Collins), una maestra escolar vuelta pieza clave del desarrollo posterior de los acontecimientos. El del trío de garras retráctiles, quien primero apareció en el cómic de Hulk, es un forajido saturado de dolor interno y, lo peor, sin saber porqué lo invade: sólo lo siente pero es incapaz de procesarlo al no saber de dónde proviene, un poco como le sucedía a Jason Bourne, el hiperactivo espía abandonado a su (mala) suerte.
Al concentrarse en el protagonista, el guión pierde contexto y deja en la superficie tanto causas como personajes: no es que se pida profundidad pero sí un poco más de información que ayude a la narración. Sin embargo, conforme avanza la historia, se van superando los clichés del solitario vengador para aterrizar en un digno desenlace en la isla, ese espacio imaginario de experimentaciones siempre lejos de la luz pública. Sucede al revés que en la mayoría de las películas de este tipo: mejora al final.
JackmanClaro, hay elementos retomados de las grandes narraciones: la obvia del hombre lobo; la decapitación del mito vampírico y la recreación de Deadpool (Ryan Reynolds) de Frankenstein: un X-Men síntesis de varios pero al fin sometido a los caprichos de su creador y silenciado cruelmente. Como le sucediera a Superman, el de garras de hueso primero y adamantium después, es rescatado por un par de ancianos granjeros en cuya casa continúa la cacería por parte del perro faldero e infalible pistolero Agente Cero (Daniel Henney).
Mientras que las secuencias de acción no tienen mancha, se extraña un poco de más humor, más emotividad y menos dramatismo, y acaso mayor intensidad: se opta por renunciar a las pretensiones buscadas por El caballero de la noche (Nolan, 08) para volver a producir una típica película de cómic: maniquea, entretenida y esquemática. Hay desperdicios: los personajes que desfilan por el film como Gambito (Taylor Kitsch), Blackwing (Dominic Monaghan), Kestrel (Will.i.am) y The Blob (Kevin Durand) se quedan como meras viñetas sin alcanzar a generar algún tipo de interés.
“¿Wolverine perdió la memoria o tal vez no?” preguntó Gonzalo ya con el peinado muy venido a menos entre tanta palomita, mientras que José Pablo, el minicrítico y el pequeño Max coincidían en los comentarios de alabanza por lo que acababan de ver, colocando esta cinta por encima de cualquiera de las tres anteriores.
Por lo menos ya querrán usar esas camisetitas sin mangas moda músculo que tanto despreciaban y que ahora se volverán parte esencial de su guardarropa. Espero que no me pidan usar una de ésas ni peinarme con las alitas características: no vaya ser que ahora sí me confundan con Wolverine.

CAMERA OBSCURA: AL MAL TIEMPO… SENTIMENTALISMO DESBORDADO

12 junio 2009

Cual recorrido en apariencia optimista por parajes coloridos, es fácil dejarse envolver por los sonidos que parecen provenir de una primavera retro: pero justo ahí es donde los amores nunca terminan como uno quisiera, por más que una dulce voz femenina y una mano amable nos conduzcan durante el recorrido. Con una escondida tristeza que sabe arroparse entre alegres panderos, melodías hospitalarias y armonías de clara gentileza, vamos descubriendo que en la realidad muy pronto dejan de prevalecer los tonos rosáceos.
De nombre cinematográfico y con portadas siempre femeninas, Camera Obscura es un colectivo de Glasgow –más de cinco ya es muchedumbre para un grupo- que gusta de plasmar escenas luminosas con engañosos tonos pastel, a partir de un pop que parece provenir de tiempo atrás con algunos dejos de bossa nova, folk propio de la islas y alrededores y un soul discretísimo. De nutrido bagaje tanto fílmico, musical y literario, su propuesta igual recordaba a Donovan que a unos desenchufados Everything But the Girl.
En una constante lucha por desprenderse de la fuerte influencia de Belle & Sebastian (B&S), con quienes comparten tierra, estilo y afectos, Tracyanne Campbell (voz/guitarra), John Henderson (voz/percusiones), David Skirving (guitarra) y Gavin Dunbar (bajo), iniciaron su trayecto en 1996 con algunos sencillos; para antes de que terminara el siglo, Skirving fue sustituido por Kenny McKeeve y el baterista Lee Thomson le entró de tiempo completo al proyecto, brindándole un sano dinamismo.
Con el tecladista Lindsey Boyd convirtiendo al grupo en sexteto, presentaron el prometedor Biggest Bluest Hi-Fi (01), con un empujoncito del mítico DJ John Peel y una buena ayuda de Stuart Murdoch de B&S. Letras inteligentes, instrumentación versátil, estructuras típicamente pop y una voz que se queda en la memoria, empezaban a tener un sello quizá no tan distintivo aún, pero sello al fin. Al respecto de sus letras, Tracyanne comenta: “Creo que veo a las personas que salen en mis canciones como amigos o como gente a la que quiero cuidar o que me importa” (entrevista de David Saavedra en Rockdelux, septiembre, 2006).
Con las importantes adiciones del trompetista Nigel Baillie y la tecladista Carey Lander, ya sin Boyd, presentaron el frágilmente delicioso Underachievers Please Try Harder (03), en el que órgano, mandolina y trompeta construían intersecciones melancólicas y festivas, orientadas hacia las preocupaciones juveniles de cajón. De vuelta al formato de sexteto tras la salida de Henderson, y con Tracyanne en gran plan compositivo, nos regalaron el maduro y al mismo tiempo aventurado Let´s Get Out of This Country (06), después de haberle puesto música a dos poemas del escocés Robert Burns (1759-1796) en el exquisito EP I Love My Jean (05).
Éste era el más alto punto alcanzado en su consistente trayectoria: en definitiva, la escena del indie pop contaba con un distinguido miembro para documentar los primeros años del nuevo milenio. Por si hubiera alguna duda, My Maudlin Carrer (09) llega plagado de robusta sensibilidad para anunciarnos que el amor sí existe, pero se rompe fácilmente, sobre todo cuando es genuino. Sin Baillie pero con una saludable cantidad de músicos invitados, la obra se despliega conservando caminos recorridos e incorporando veredas alternas.
“En tus ojos hay la suficiente tristeza para matarnos a ambos”. Nos queda claro, aunque nos resistamos a creerlo.
Camera Obscura se presenta en México este sábado 13 de junio en el Lunario del Auditorio Nacional. Para poner en la mesa los sentimientos extraviados y decorarlos de una luminosa y auténtica tristeza, si es que es posible.
camera

UP: ADIÓS GLOBO

10 junio 2009

Para alcanzar el cielo hace falta tener claro lo que el desprendimiento implica; también aventurarse a escribir nuevas páginas, reconociendo el valor de las ya pasadas y adaptarse a las vicisitudes de la travesía emprendida para incorporar nuevos objetivos, aunque en un principio puedan parecer una carga: ya después descubriremos que en realidad el peso sobrante puede estar en lo que creíamos más importante.
Dirigida por Pete Docter -coautor de la idea para Wall-E (08)- y Bob Peterson -uno de los guionistas de Buscando a Nemo (03)- ambos responsables de Monsters Inc. (01), una de las crestas de la casa, Up: Una aventura de altura (EU, 09), es un regocijante, emocionante y didáctico viaje por la posible transformación de una anciano gruñón, nunca amargoso, que ante las circunstancias decide, con la bandera del más vale tarde que nunca, emprender un periplo a manera de homenaje a su esposa, presente no sólo en la pared del hogar sino en el corazón atravesado por una simbólica X.Up carl
A partir de una estructura que toma prestados elementos de la road movie y el buddy film, se va construyendo una entrañable relación entre el viejo Carl y un inesperado niño explorador, a los que se les sumarán un ave exótica, obsesión del explorador idolatrado desde la infancia, y un perro parlante, miembro de un extraña manada de canes capaces de articular palabras. Si bien hay una peccata minuta en la relación de las edades entre ambos ancianos, la evolución de los personajes se siente cercana, así como sus conflictos y aspiraciones.
La propuesta visual se coloca al servicio de la historia y no al revés: la 3D es más bien discreta –de hecho en algunas partes conviene verla sin lentes para disfrutar más el colorido- y tanto los detalles como las tomas abiertas, particularmente en Sudamérica, son de una eficacia deslumbrante, al punto de lograr transferir la sensación de intimidad y de vértigo respectivamente; el juego de texturas según la época y la combinación de realismo con fantasía, provocan un vistoso ir y venir de imágenes impecablemente ensambladas, dotando a la narración de un ritmo armónicamente sostenido.
UP todosCon todo el riesgo que implica esta premisa, la historia sale avante por el ingenioso manejo de elementos ya conocidos, dándoles original mirada: animales que hablan, vínculo anciano-niño, aventura a la Indiana Jones conociendo a Julio Verne y hasta enloquecido viajero en busca de la reivindicación con el gremio. La precisa combinación de momentos humorísticos, emotivos y de acción, con todo y esa notable capacidad para atrapar a padres e hijos por igual, permite que la sorpresa sea mayor, considerando la aventurada apuesta del desarrollo argumental.
En efecto, parecen infalibles. Hasta la discutible Cars los vuelve más humanos. El minicrítico y sus hermanos han puesto a Up como la mejor de esta verdadera fábrica de sueños; en lo personal me sigo quedando con Wall-E. Lo cierto es que la gente de Pixar continúa colocando el listón de la animación corporativa muy alto, como los globos que levantan esa casa ya sin lastre, sólo conteniendo los recuerdos esenciales de una vida en pareja llena de cosas aburridas y, por ello, memorables.

METALLICA: EL MAGNETISMO DEL MONSTRUO

3 junio 2009

Si hubiera que elegir un grupo que revolucionó el rock duro en la década de los ochenta, llevándolo a estructuras estilísticas novedosas, la mayoría de los fanáticos metaleros se decidiría por Metallica. Si hubiera que escoger a un grupo dentro del rock pesado que generó las mayores decepciones durante la década de los noventa, dados sus cambios de rumbo y sus crisis cuasiexistenciales, habría que decidirse por… Metallica. Y si quisiéramos tensar la cuerda, tendríamos que admitir que el regreso más importante del 2008 dentro del ámbito de los ruidositos corrió por cuenta de… Metallica.
El cuarteto angelino nació en 1981 y creció en la cuna del metal underground, más cerca de la calle que de los reflectores, más acá de la gente de a pie que de la televisión, como se estila ahora en la producción de famosos a fuerza y a la carta. La hiperactiva guitarra de Kirk Hammett, secundada por la del imponente vocalista y letrista James Hetfield, encontraba un macizo soporte en la batería del danés Lars Ülrich y el bajo de Cliff Burton, consolidada pareja rítmica de incansable labor.some
Junto a Megadeth, banda formada por Dave Mustaine tras ser despedido de Metallica, y Slayer (algunos incluirían a Anthrax), conformaron la triada bendita del trash californiano que trastocó la forma de entender el rock pesado, su lugar en los medios y entre las grandes audiencias, así como en la industria discográfica. En las antípodas del llamado glam metal, saturado de peinados de pistola, agresividad impostada y poses para todo –especialmente para insultarnos con el dedo medio-, esta tendencia tendía a explotar rabias contenidas de auténtica cosecha, como sus heroicos antecesores setenteros.
KillComo marcan los cánones, estamos frente a un grupo sobreviviente: de la prematura muerte de su bajista en accidente carretero mientras rodaban por Suecia; de los continuos calificativos de vendidos cada vez que componían una canción diferente o cuando se enfrentaron a Napster; de los desorbitados egos, conflictos internos, adicciones e inseguridades tan bien retratadas en Metallica: Some Kind a Monster (Berlinger y Sinofsky, 04), logrado texto documental en el que la conflictiva intimidad de la banda y sus circunstancias, con terapia incluida, se retrata de manera honesta. Un grupo Frankenstein en pleno proceso de reinvención tras tiempos aciagos.
RideLa travesía inició con Kill ‘em All (83), cargado de rabia post-adolescente pero con ideas musicales de sorpresiva madurez, como se deja escuchar en Whiplash. Aquí la musculosa guitarra de acompañamiento servía de catapulta a los explosivos y veloces riffs que de pronto incursionaban en la atonalidad; el manejo de los tiempos, con inusual habilidad para la aceleración y viceversa, los acercaba a un speed en el que se sobreponían las ideas creativas a la velocidad per se; mientras que la técnica depurada de velados tintes progresivos cobraría mayor presencia en Ride the Lightning (84), opus dos del cuarteto, como se plantea en Fade to Black.
Con este par de obras como catapulta, apareció Master of Puppets (86), quizá su obraPuppets definitiva y todo un clásico del metal, con la canción titular como síntesis de la propuesta estilística de la banda. Por su parte, Slayer presentaba este mismo año su Reign in Blood, otro disco capital para la cultura del rock pesado. Mostrando agallas no sólo para poner caras de enojados, se aventuraron a explorar nuevos territorios, tras la traumática muerte de Burton y el ingreso de Jason Newsted, con …And Justice For All (88), álbum de corte más político y lleno de búsquedas sonoras más allá de la fiereza habitual, como se deja escuchar en One.Justice
Entrando a los noventas, el mismo año que Nirvana lanzaba su Nevermind, presentaron su disco homónimo, popularmente conocido como The Black Album (91), Negro
una de las obras más polémicas en la historia del rock: los fans de cepa, que se sentían poseedores exclusivos de la banda, los atacaron hasta que se cansaron porque sentían que se habían vulgarizado, en el sentido de hacerse populares; por su parte, millones de orejas se acercaron a los ahora famosos y otro grupo de conocedores, exentos del dogma que sostiene al culto, reconocieron la grandeza de canciones, independientemente de su orientación “comercial”, como Enter Sadman, Sad But True, The Unforgiven, Wherever I May Roam y Nothing Else Matters. Varios años dedicados a giras y lidiar con el veneno de la fama hasta que regresaron, bien peinaditos y mejor vestiditos, con Load (96) y su medio hermano Reload (97), trabajos que los pusieron contra las cuerdas porque ahora sí la orientación cambió por completo, desde la imagen hasta la propuesta musical, más enfocada al difuso mundo del alternativo. LoadReloadComo para volver atrás, presentaron el doble Garage Inc. (98), en el que integraron una grabación de 1987 y nuevas versiones de sus grupos referenciales. garageEl disco S & M (99) cerraría la década en vivo junto a la sinfónica de San Francisco.
Con la brújula descompuesta, la partida de Newsted y las tensiones a todo lo que daban, se involucraron en el proceso de grabación de su siguiente trabajo, puntualmente retratado en el documental mencionado. AngerEl resultado fue St. Anger (03), ya con Robert Trujillo en el bajo y vueltos padres de familia cool, del que se desprende un catálogo de furia positiva que los acercaba un poco al camino extraviado, objetivo alcanzado al fin en Death Magnetic (08), inmersión en busca de sus raíces guiados por la mano experta de Rick Rubin: la fuerza creativa está de regreso.
Metallica vuelve a México con su magnetismo renovado. MagneticEl monstruo sigue vivito y tocando para todos: fans de cepa, advenedizos y casuales. Sin rencores ni distingos.

UNA PASIÓN SECRETA: SILENCIO EXTREMO

2 junio 2009

¿Puede ser más fuerte la vergüenza de reconocer abiertamente el propio analfabetismo que el pago de una prolongada condena en prisión? ¿Es posible que una mujer acepte falsamente haber escrito unos reportes que mandaron a muchas prisioneras de los campos de concentración a la muerte, con tal de no revelarse como iletrada? Guardar silencio aunque en ello se vaya la libertad; mantener un secreto a pesar de las terribles consecuencias: mejor en cautiverio con la intimidad salvaguardada que en la calle sobreviviendo estigmatizada.
The readerBasada en la intensa novela El lector de Bernhard Schlink; producida por los recientemente fallecidos Sidney Pollack y Anthony Minghella; escrita por David Hare y dirigida por Stephen Daldry (Billy Elliot, 00; Las horas, 02), Una pasión secreta (The Reader, EU-Alemania, 08) es un recuento de confesiones nunca pronunciadas y celosamente protegidas; de drásticas decisiones y prolongadas rupturas; de las consecuencias imprevisibles de un momento luminoso justo cuando la niñez se evapora entre la revelación sexual y el enamoramiento imposible de olvidar, aún en la adultez, cual disfraz de madurez alcanzada a plenitud.
Pero es también una mirada a la toma de conciencia del mal provocado, superando la tentación de la banalidad en la que “sólo hacía mi trabajo”, que tanto se ha debatido en torno a los genocidios. No es casual que la protagonista se llame Hanna, como la pensadora alemana que analizó la naturaleza del mal a partir de las atrocidades nazis y que continuó desarrollando poderosas reflexiones acerca de los totalitarismos de diversa índole.
Esta dura transformación es encarnada por otra Hanna, el personaje de la película (Kate Winslet, quien anticipó en la divertida serie Extras, sin saberlo, este tipo de papel y su Oscar), una boletera de tranvía que es contratada para trabajar con la SS, después de haber vivido un breve pero intenso romance sexoliterario con un joven quinceañero (David Cross), vuelto después abogado (Ralph Fiennes, lacónico) incapaz de establecer relaciones sólidas y apenas con el empuje para ver a su hija y servir de mensajero exculpatorio con una familiar de las víctimas (Lena Olin).Una pasión secreta
A pesar de presentar ciertas dificultades para llegar a la médula de su par literario y poner el énfasis más en la relación que en el dilema moral de los personajes, la cinta consigue, a través de una estructura de flashbacks y la foto precisa de Roger Deakins, reconstruir los tres momentos esenciales del vínculo entre los protagonistas, así como sus transformaciones básicas. Desde luego, el primer reencuentro, ella como acusada y él como espectador-estudiante de derecho bajo la tutela de su maestro (Bruno Ganz), resulta el más poderoso desde el punto de vista argumental.
¿Ocultar es mentir? ¿Tenemos que salvar a alguien que no quiere ser salvado?

Publicado en el periódico a.m. el 1 de junio del 2009