Archive for the ‘Uncategorized’ Category

JAMES GRAY Y SUS EPOPEYAS AL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

5 octubre 2019

Gran realizador neoyorquino que se ha mantenido relativamente fuera del radiar mediático, James Gray (corto Cowboys and Angels, 1991) ganó en el festival de Venecia con Little Odessa (1994), su debut cuando apenas contaba con 25 años. Sin prisa, dirigió La traición (2000), Los dueños de la noche (2007), Amantes (2008) y Sueños de libertad (2013), sólidos dramas que integraban crimen, romance, lealtades familiares y apuntes políticos, entre cuyos repartos la constante fue la presencia de Joaquin Phoenix, hoy convertido en el actor de moda. Pero como lo hiciera Coppola en Apocalipsis ahora (1979) y muchos más, sus dos películas recientes retoman en cierto sentido el clásico texto de Joseph Conrad, cada una representando al mítico Kurtz de diferente forma.

DEL AMAZONAS A NEPTUNO

En efecto, el director y también escritor coloca a sendos hombres en situaciones de partida hacia destinos inciertos pero inevitables: uno se obsesiona con llegar a una ciudad en medio de la jungla amazónica, después de haber encontrado vestigios en viajes anteriores, y el otro asume la misión de encontrar a su padre en los confines del sistema solar, en donde presumiblemente se encuentra vivo tras muchos años de extravío. Ambos tienen el temple necesario para efectuar los prolongados viajes y parecen estar dispuestos a desaparecer de su vida cotidiana el tiempo que sea necesario, si bien los recuerdos y pensamientos de sus seres cercanos los invaden en momentos de reposo o angustia: o sea, siempre.

Con base en el libro de David Grann, Z. La ciudad perdida (The Lost City of Z, 2016), retoma la vida aventurera durante los primeros 25 años del siglo XX del coronel británico Percival Fawcett en busca de reconocimientos (Charlie Hunnam, convencido), enviado primero por la Royal Geographical Society a resolver cartográficamente un conflicto entre la frontera de Brasil y Bolivia, bien apoyado por su colega (Robert Pattinson, resolutivo), y después continuando las expediciones por su cuenta por diferencias con uno de los involucrados, incluso acompañado por su hijo distante al final cercano (Tom Holland), para encontrar esa mítica ciudad con la que se obsesionó y que lo hacía separarse de su esposa (Sienna Miller, estoica) por periodos prolongados.

Por su parte, Ad Astra: Hacia las estrellas (EU, 2019) cuenta la historia en un futuro cercano del eficaz astronauta Roy McBride (Brad Pitt, sensible y controlado a la vez), a quien se le encarga, bajo la vigilancia de un viejo lobo de mar (Donald Sutherland), el proyecto de averiguar qué sucedió con una misión enviada varios años atrás para buscar vida inteligente, encabezada por su padre (Tommy Lee Jones en plan Kurtz espacial), con la que se perdió toda comunicación. El trayecto implicará una parada en la base de la luna y otra en Marte, última instalación humana, en donde empezará a descubrir secretos, y continuará con diversos eventos que pondrán a prueba su estabilidad física y emocional, incluyendo la aparición sorpresiva de unos simios como si estuviera navegando por el río africano de Conrad hacia el encuentro existencial.

EL TRAYECTO ES EL DESTINO

El cine de Gray se caracteriza por el cuidado en el desarrollo de los personajes y en la construcción narrativa pausada, acelerando cuando se debe pero deteniéndose en motivaciones, contextos emocionales y dilemas de difícil resolución. En los dos filmes, los protagonistas se enfrentan a estructuras que les impiden seguir con sus objetivos y, a pesar de ello, buscan continuar con sus planes aludiendo a otras posibilidades y encontrando aliados fuera de las esferas de poder que los intentan coartar. La temática de la paternidad es crucial en las dos películas: qué tanto un padre es responsable de estar cerca de sus hijos y qué tanto de cumplir las trascendentes misiones que se le encargan, sobre todo cuando implican ausencias prolongadas. Y aquí surge la reflexión sobre la contención materna como exigencia socialmente asumida.

Fawcett empezó mostrando su capacidad cazando un venado en situaciones complicadas y aceptó un encargo que en principio parecía intrascendente: pero el Amazonas cual pulmón del mundo, en peligro ahora que no lo cuida el obtuso presidente de Brasil, encanta a cualquiera y más en aquellos años. Su sencillez y capacidad de admiración lo llevó a establecer buenas relaciones con los indígenas, intercambiando regalos y tratando de hablar en su idioma, mostrando una humildad inexistente en su nación de origen, soberbia desde la ignorancia construida sin conocer el campo de acción ni entendiendo que las diferencias culturales son la riqueza de la humanidad como especie.

McBride se ve envuelto en un proyecto corporativo, bien delineado por el guion que incluye situaciones y personajes que le imprimen al filme un halo de misterio, entre la rebelión y la obediencia institucional. Al final, la soledad en un inabarcable espacio exterior, determinará las reflexiones del astronauta añorante, como sucedía con En la luna (Jones, 2009) y las obras cumbres del género espacial-existencial de Kubrick y Tarkovsky. Como suele suceder, el hombre será una pieza necesaria por un momento pero igual desechable después para lograr los fines propuestos: no hay mucho heroísmo allá fuera, solo cumplimiento del deber y, si se puede, introspección absoluta.

RECREACIONES Y TRANSICIONES

A la par de la manera en la que los personajes asumen las transformaciones que implican sus interminables viajes sin resultados a la vista, la propuesta visual de los filmes apuestan por la elegancia en la edición –como los trenes y naves espaciales que cobran vida a partir de un detalle visual- y por indagar por las perspectivas más adecuadas para la imagen: espejos y reflejos expresando dualidad; horizontes abiertos que reflejan la pequeñez del humano ante la vastedad del entorno selvático o espacial; interiores de cuidado detalle en su diseño y ambientación que nos coloca en el contexto y época descritas. Las esporádicas secuencias de acción están filmadas con brío: ataque de nativos, enfrentamientos en la superficie lunar o durante la I Guerra Mundial y asedios de animales hambrientos.

Las secuencias con las tribus amazónicas resultan certeras en cuanto a la relación que establecen con los occidentales recién llegados, así como en sus celebraciones. De igual forma, la Inglaterra de principios del siglo XX queda puntualmente retratada, sobre todo en términos de pensamiento dominante: los salvajes son los otros, a pesar del irracional pensamiento colonial que tanto fustigó el explorador protagónico que, con todo y su evolucionada forma de pensar, todavía quería a su mujer en casa. En tanto, las instalaciones lunares y marcianas están diseñadas con una asepsia escalofriante de precisión evaluativa infalible, donde parece no existir el error o la desviación, salvo cuando en la intimidad de las naves se suscitan eventos que pueden acabar en tragedia y rompen la lógica estructural.

En síntesis, dos hombres enfrentados a un destino en primera instancia impuesto del exterior pero después asumido como propio, ya en posibilidad de elección pero a estas altura vuelto casi obsesión, construida por la propia percepción del mundo: parece que la vida juega en ambos sentidos, proponiendo alternativas, obligando por momentos y posteriormente dejando que el individuo decida por cuál río navegar o por cuál curso planetario volar para encontrarse de frente con ese corazón que ilumine las tinieblas o bien, que termine por confirmar que el trayecto era más importante que el punto de llegada, señalando que la vuelta a casa es en realidad el fin último de la existencia.

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BIENVENIDOS SONIDOS DIVERSOS

31 agosto 2019

A partir de géneros varios como la electrónica, el jazz y el metal con toques exploradores, músicos que andan por tierras mexicanas despliegan sus propuestas para compartirlas con nosotros y alterar orejas, nervios o pies, según el caso: o todos las anteriores. Y además, un trío formado por acá que vale mucho la pena. Veamos.

PISTA INTENSA EN CÓDIGO FEMENINO

Con formación clásica, la treintañera Laurel Halo, originaria de Michigan ahora asentada en Berlín, gusta de entrarle a las labores propias de DJ y de explorar diversos territorios dentro del universo de la electrónica, a partir de los influjos de Detroit, esa ciudad donde ahora solo los amantes sobreviven. Tras asimilar diversas culturas eléctricas, debutó con el intrigante Quarantine (2012), tapizado por ensoñaciones oscuras que servían de base para la evolución de traslapadas vocalizaciones desafiantes, como emergidas de ambientes vaporosos. Siguieron Chance of Rain (2013), de carácter más inasible y evasivo, y el indicativo In Situ (2015), como para confirmar el contexto de realización y la continuidad en referencia a su predecesor.

Incorporando elementos del R&B y apuntes jazzísticos vertebrados con notas del popart, en el marco de los sonidos digitales, presentó Dust (2017), volviendo a compartir su voz a sabiendas que en eso nos convertiremos, en tanto Raw Silk Uncut Wood (2018), mi favorito, se enfocó en las instrumentaciones con un carácter más avant-garde, potenciadas por la contribución del chelista Oliver Coates y el percusionista Eli Keszler. Tras colaborar con músicos notables y ser parte de diversas celebraciones, acaba de grabar DJ-Kicks (2019), su aporte a la famosa serie de remixes de música electrónica para la disquera ¡K7 Records, en la que participan varios colegas y que ha contado con participantes cabecillas del género.

También con rigurosa formación clásica en vías de expansión, la chelista y compositora Lori Goldston creció en Long Island y se mudó a Seatlle a mediados de los ochenta, donde fundó pocos años después la Black Cat Orchestra, que fusionaba sonidos varios de diferentes partes del mundo y que grabó un par de álbumes, además de funcionar como soporte para varios artistas como David Byrne y Mirah. Como solista, dado el prestigio construido y la amplitud de miras, colbaoró con grupos como Nirvana y Earth, ahí nomás. Estampando su firma, grabó Film scores (2013), poniéndole sonidos a imágenes que refieren a situaciones cargadas de incertidumbre.

Tras seguir con sus contribuciones, produjo Creekside: solo cello (2014), en el que se da vuelo sin necesidad de atender exigencias externas: solamente su inspiración casi surgida en el momento, que termina por ser hipnótica. Después grabó The Seawall (2017) junto con Dan Sasaski, y Études no. 11 (2017), además de participar en el disco de The Passion of Joan of Arc (2018), al lado de Baker y Belfi. Su arco interpretativo es amplio, no solo en términos técnicos, sino de estilos emanados de diversas partes del mundo, además de aprovechar los espacios y recursos como el del pizzicato para la improvisación creativa.

DEL GRUPO AL INDIVIDUO

Stephen O’Malley es el conocido líder del grupo de doom/drone/metal Sunn O))), entre otros proyectos, pero también ha desarrollado una carrera en solitario digna de escucharse, sobre todo por las atmósferas cavernarias que consigue crear a partir del empleo de instrumentaciones y secuencias que nos llevan adentro de la cueva, no obstante su orientación vanguardista. En plan individual resulta más calmo, como se advierte en 6 Degree F Skyquake (2008), Keep an Eye Out (2008), Cocon & Oiseau De Nuit (2010) y Romeo (2011), álbumes en los que indaga acerca de emociones más contenidas que explosivas, más implícitas que explícitas, más sugeridas que expresadas.

Al parejo de sus otros trabajos en equipo, siguió grabando discos como el contenido St. Francis Duo (2012),  seguido por Shade Themes From Kairos (2014), perpetrado junto con los brillantes exploradores Oren Ambarchi y Randall Dunn, en tono pausado e introspectivo. Después de grabar el inquietante y continuista Gruidés (2015), produjo Eternelle Idole (2015), invitando a través de tres piezas a escaparse de la inmediatez y sumergirse en una realidad de sonidos impredecibles pero siempre absorbentes: nos coloca, cual debe, en una posición de espera para adentrarnos en el disfrute de la experiencia sonora.

En tanto, desde Nueva Orleans, el ex vocal de Pantera Phil Anselmo, ahora con su grupo The Illegals,plantando cara a las recientes políticas del vecino del norte, llega con bríos intactos para, a través de Walk Troughts Exits Only (2013), volver a explotar con vocales guturales y riffs calculados con velocidad incomparable en estado creciente, abriendo espacios para el movimiento descontrolado. Claro, con Choosing Mental Ilness (2018) confirmó que los estados mentales alterados convienen para seguir caminando por este valle de sombras, pedaleando hasta que el cuerpo aguante: tanta razón suena desfasada y poco útil para asimilar estas intensidades neurológicas.

UN POCO DE JAZZ ENTREMEZCLADO

Love Electric es un trío internacional de fusión que revisita con robusta soltura el rock y el jazz, compuesto por el estadounidense Todd Clouser (voz, guitarra), el argentino asentado en la CDMX Hernan Hecht (batería y producción) y el chilango Aaron Cruz (bajo), que han contado con la presencia incombustible del afamado tecladista John Medeski. Grabaron el consistente Son For a Hero (2014) y se dieron a conocer, sobre todo, a partir del sólido Psychmonde (2016), de dinámica contagiante y recordando los influjos setenteros de la música que traspasaba fronteras genéricas, incluso dándose tiempo para los pasajes poéticos cargados de sensibilidad

SUBTERRÁNEOS: DOPPELGÄNGERS Y COCODRILOS

19 agosto 2019

Dos películas que se sumergen o se entierran, según el caso, para descubrir un mundo que acecha a los de arriba, solo esperando que las condiciones sean propicias para hacerse presentes y atacar a destajo, formando alianzas para que la cacería sea más eficaz. El agua a torrentes y los espejos oscuros, cual vehículos para acceder a una realidad deseada, en donde las presas luchan por conservar primero la vida y después, si se puede, los privilegios acostumbrados. Curiosamente, otro de los lazos entre ambas cintas es Tiburón (1975), el clásico de Spielberg que remite a los ataques de los cocodrilos en una, y a las secuencias de la playa, en la otra, con todo y playera incluida; además, está Espejos siniestros (2002), relacionada con la primera cinta comentada y dirigida por el realizador de la segunda, como si de un riesgoso puente se tratara.

JUEGO DE ESPEJOS

Al doble siniestro de una persona viva sin vínculo sanguíneo se le denomina con el vocablo alemán doppelgänger, usualmente acechante y portador de mala suerte. La idea es en sí misma terrorífica: pensar que hay una entidad como yo que no soy yo pero es igual a mí, mueve a cierta sensación de ruptura, de dislocación, de cierta angustia existencial. El espejo no siempre refleja la imagen que nos gustaría e incluso, como se aprecia en las ideas borgianas y en los cuadros La reproducción prohibida y El falso espejo del pintor surrealista belga René Magritte, nos puede dar la sensación de que el reflejo está en la misma posición que nosotros, mirando al frente, cobrando vida propia e independiente. Acaso como sucede en el universo de los sueños, a veces trastocados en pesadillas.

Nosotros (Us, EU, 2019) la segunda película de Jordan Peele, también comediante metido al cine de terror cargado de alegorías sociales, parte de una premisa inquietante en la que el enemigo es una versión pervertida de los propios protagonistas. Una niña de vacaciones con sus padres se extravía en una casa de espejos, en donde advierte que su reflejo cobra vida. Al salir de ahí y tras vivir esa experiencia, manifiesta dificultades para comunicarse y expresar emociones. Años después, ya como mamá (Lupita Nyong’o, entre angustiada, afónica y desquiciada) va al mismo lugar de descanso con su esposo (Winston Duke, distendido) y sus dos hijos (Evan Alex y Shahadi Wright Joseph), donde conviven con otro matrimonio y sus hijas gemelas.

Si en ¡Huye! (Get Out, 2017), su debut fílmico como director, el tono de metáfora sutil funcionaba de manera impecable para ejemplificar a los blancos dizque progresistas, salvo su improbable desenlace, acá la trama se desliza paulatinamente hacia un trazo más grueso, enfocada en la lucha de la familia justamente para volverse huidiza y sobrevivir ante la invasión de sus símiles en plenas vacaciones: un papá vociferante, un hijo pirómano/canino llamado Pluto, una hija de sonrisa macabra y la mamá, única que puede hablar con vocalizaciones forzadas y quien parece dirigir el asalto al hogar de la familia y a toda la ciudad de Santa Cruz en California, al grito de Hands Across America y bajo la profecía de Jeremías, advirtiendo el castigo ineludible por más que se clame piedad.

A diferencia del enfoque de comedia surrealista de El ladrón de orquídeas (Jonze, 2002), de Una vez en la vida (Dead Ringers, Cronenberg, 1988), donde los gemelos hacen alianza hasta que una mujer trastoca su vínculo y más cerca del thriller El otro (Mulligan, 1972), con hermanos tomando caminos morales distintos, y del suspenso sicológico de Doble amante, amante doble (Ozon, 2017), la historia se sacude del tono convencional en su parte media, pasada la premisa inicial, con una conclusión que vuelve a reflexionar en torno a la otredad en términos síquicos y a la meritocracia desde una perspectiva social, en la que se puede cuestionar qué le corresponde a cada quién en el entramado de las sociedades contemporáneas. Claro que abundan las referencias fílmicas de los ochenta y a la cultura del Hip-Hop: ahí está la llamada para que suene el clásico de N.W.A.

Al inicio se anuncia que existe una buena cantidad de túneles e instalaciones abandonadas de las que poco se sabe, mientras que en los créditos de apertura aparecen varios conejos blancos en jaulas y se observa uno de otro color; algunas secuencias se desarrollan en esos sitios, entre una estética aséptica y lúgubre, siempre sospechosa, donde se expone el otro lado del espejo, lleno de seres que parecen truncos, dominados por una fuerza exterior como si de zombis se tratara y emulando lo que sucede en el exterior, allá arriba, sin entender del todo que existe esa otra realidad más colorida y disfrutable, donde se pueden pintar los labios (notable en la brevedad Elisabeth Moss) o usar una cómoda bata (Tim Heidecker, en modo superfluo).

JUEGO DE REFLEJOS

Dirigida con notable destreza técnica y amplio sentido de la angustia por el parisino Alexandre Aja (Furia, 1999; Cuernos, 2013; La resurrección de Louis Drax, 2016), Infierno en la tormenta (Crawl, EU-Francia-Serbia, 2019) centra su atención en cómo la fuerza de la naturaleza, cada vez más alterada por la intervención del ser humano provocando el calentamiento global, se dirige directamente contra la propia sobrevivencia de nuestra especie a través, en este caso, de lluvias torrenciales, a nivel de huracán categoría 5, que convierten calles y casas en territorio dominado por hambrientos cocodrilos, quizá representando esa molestia del planeta asfixiado, que aprovechan la circunstancia para ampliar los márgenes de su voracidad.

Una joven nadadora (Kaya Scodelario, como pez en el agua) se lanza al rescate de su padre (Barry Pepper) en medio de un ambiente altamente peligroso por la fuerza, justamente, de la tormenta que azota una región pantanosa en Florida; al llegar a la casa de éste, encuentra al perro y decide ir al hogar donde vivían antes, cuando todavía estaban juntas las hermanas, la madre y el susodicho, quien a la vez era el entrenador de natación de su luchona hija. Es ahí en donde tendrán que vérselas con la inundación que parece interminable y con el peligro que encierra la proliferación de los lagartos, cuya conducta está bien estudiada por el guion, identificando sus debilidades y fortalezas, en función de la presencia o no de agua.

Con una edición que mantiene la tensión y concisión narrativa y un desplazamiento de cámaras efectivo y ágil, tanto por arriba como por debajo del agua y en interiores y exteriores, jugando con las diferentes perspectivas de los involucrados en la catástrofe, incluyendo los temibles reptiles dedicados a lo suyo, la cinta consigue construir el escenario de claustrofobia y, sin caer en demasiados sentimentalismos, se orienta a escudriñar las ganas de seguir viviendo del padre y de su hija, a pesar de encontrarse en ese contexto de claustrofobia y completa angustia, tal como el realizador lo había trabajado en El despertar del miedo (Haute Tension, 2003), Despertar del diablo (The Hills Have Eyes, 2006) y Piraña 3D (2010).

JÓVENES AL FILO: BATALLAS

11 agosto 2019

Personajes que buscan resolver sus conflictos y seguir adelante, cayendo y levantando para encontrarle sentido a su existencia. Luchando contra las drogas, las rutinas asfixiantes o las limitaciones para alcanzar propósitos más allá de lo que se vislumbra como plausible. Todas las cintas se encuentran a la mano en las plataformas de confianza o físicamente en el formato de DVD o Blue Ray.

BATALLA CONTRA LA ADICCIÓN

Un par de películas que plantean la lucha que sostienen sendos jóvenes contra la dependencia a las drogas, no obstante contar con padre o madre cercanos y tener cualidades más allá de la mayoría. Interpretados por dos brillantes actores que ya despuntan en el mundo fílmico (nominados al Oscar), bien arropados por un reparto de experiencia asumiendo el rol de sus padres, los personajes encarnados muestran la fragilidad ante la dependencia aún cuando no se observan de manera nítida las causas para caer en estas terribles garras. En ambos casos cuentan con progenitores razonables que están en su segundo matrimonio, con hermanos menores que los aprecian y extrañan, y que se mantienen emocionalmente cerca de ellos.

Dirigida por Peter Hedges (Momentos de perdón, 2003; Dan en la vida real, 2007; La extraña vida de Timothy Green, 2012), Regresa a mí (Ben is Back, EU, 2018) es una mirada en 24 horas de cómo una madre (Julia Roberts, siempre al pendiente), confía y busca convencerse de que su hijo adicto (Lucas Hedges, ansioso), sorpresivamente recién llegado para la navidad, puede mantenerse sobrio para el festejo, conviviendo con su hermana distante (Kathryn Newton, conocida por su papel en Big Little Lies) y sus dos pequeños medio hermanos afroamericanos, producto del nuevo matrimonio de su madre con Neal (Courtney B. Vance), también incrédulo frente a la visita inesperada.

En un poblado bañado por la nieve de carácter premeditadamente conservador, con todo y discretos apuntes raciales (“si fuera negro, estaría en la cárcel”), se revisan, a partir de una puesta en escena funcional y ciertos pasajes fotográficos que enfatizan la soledad interna del personaje, a pesar de buscar el hogar como refugio, mascota incluida, las diferentes tentaciones que los contextos presentan para las recaídas o para la ruptura, una vez más, de la confianza que siempre una madre mantiene como estandarte: esta vez sí va a ser diferente, contra lo que el resto de los allegados pudiera pensar. Así el amor materno.

Dirigida por el belga Felix van Groeningen (Bélgica, 2016; El círculo roto, 2012), Beautiful Boy: siempre serás mi hijo (EU, 2018), se basa en el texto autobiográfico del periodista independiente David Sheff y de su hijo Nic (Timothée Chalamet, frágil y huidizo a la vez) , quienes narran los difíciles momentos de adicción del joven y el doloroso acompañamiento de su padre (Steve Carell, sensible), soportado por su actual esposa (Maura Tierney, comprensiva) y de la madre del susodicho (Amy Ryan, estoica), sosteniendo la esperanza de recuperación del extraviado vástago, no obstante las evidencias contundentes en contra, caracterizadas por las recaídas, las mentiras y los robos con tal de evitar la abstinencia.

Lejos de señalar culpables, víctimas o victimarios, la historia se enfoca en la manera en la que los distintos sujetos involucrados van buscando alternativas para la resolución de los problemas, inevitablemente generando conflictos entre ellos, rendiciones, dudas y esperanzas frente a la posible recuperación de un joven talentoso que no sabe, ni él mismo, porqué terminó cayendo en el infierno de la adicción. Con canciones exactas, flashbacks oportunos que enfatizan la relación padre-hijo y notables actuaciones, somos testigos de los esfuerzos y retrocesos, parte del proceso curativo, para escaparse de este problema cuyo origen, por incierto, se convierte en más difícil de solucionar.

BATALLA CONTRA LA RUTINA

Dos filmes que retoman casos reales en los que se plantean ciertas condiciones de jóvenes acomodados en Europa, lidiando con la relación parental y la búsqueda de satisfactores que se presentan al alcance de la mano pero no terminan por llenar las expectativas, sobre todo porque puede no saberse, en el fondo, qué es lo que se quiere de la vida; mientras tanto, seguir el curso de los acontecimientos y acogerse a la procrastinación como fórmula para irla llevando en lo que algo del espacio exterior manda señales para reaccionar en algún sentido, cualquiera que éste sea.

Realizada con el acostumbrado tono directo por Fien Troch (Kid, 2012; Unspoken, 2008), Hogar (Bélgica, 2016) retoma un caso real para centrarse en el contexto de un grupo de jóvenes en torno a un centro escolar que pasa el tiempo entre patinetas, algo de droga y acercamientos sexuales, en un contexto donde los padres o están desaparecidos o, en un caso, abusan del hijo en cuestión; el regreso de un joven que había estado detenido por conductas violentas, suma un elemento disonante al ambiente que parece estar bajo un letargo generalizado, entre las rutinas de las labores y las escapadas juveniles de rigor.

La tensión va creciendo dados los conflictos particulares y la supuesta normalidad, siempre escondiendo perversiones, se romperá frente a un hecho previsiblemente violento, en el que se involucran algunos de los jóvenes, que además de lidiar con sus propias dificultades existenciales, ahora se enfrentan a un hecho que los rebasa. Con fotografía dirigida a capturar los interiores de las casas, como para develar lo que sucede tras la fachada de la cotidianidad, la historia se va convirtiendo en una olla de presión que tarde o temprano tendrá que explotar en un entorno donde, en apariencia, nada sucede.

Dirigida y escrita por la debutante en largometrajes Eva Husson, Bang Gang (Una moderna historia de amor) (Francia, 2015), retoma un caso real de un grupo de adolescentes clasemedieros de Biarritz, Francia, que ven la vida pasar entre encuentros sexuales y drogas. George (Marilyn Lima) muestra interés por Alex (Finnegan Oldfield) después de un encuentro y junto con otros amigos de la escuela, como una forma de generar celos, empieza a promover una actividad grupal, que da título al filme, en el que se involucran ideas orgiásticas: poco a poco se van sumando más estudiantes gracias a la novedad del “ejercicio” (retomado del famoso juego de la botella), que irrumpe dentro de sus rutinarias vidas, aunque a fin de cuentas también se vuelva parte de la cotidianidad.

PLANTAS NUCLEARES O EL OSCURO TIEMPO CIRCULAR

3 agosto 2019

Un par de programas televisivos de lograda manufactura, una miniserie de cinco episodios y una serie de dos temporadas al momento, rondan las problemáticas surgidas alrededor de la energía nuclear y los avances de la física, desde la recuperación de un tristemente célebre evento, sucedido en la década de los ochenta del siglo pasado, años que también retoma, en una de sus épocas, la otra producción a partir de la ciencia ficción, articulada por la antigua idea de los viajes a través del tiempo: en ambos casos, se observan las estructuras sociales implicadas, las relaciones de poder, los vínculos personales puestos a prueba y las consecuencias específicas que viven los sujetos en contextos de anomalía absoluta.

En el espléndido y cercano para los mortales Lo que no podemos saber (Acantilado, 2018), el matemático londinense Marcus de Sautoy, plantea diversas temáticas científicas que se encuentran en la frontera del conocimiento y que incluso rebasan la propia capacidad de comprensión: así parecen estar los personajes involucrados de estas series, atrapados en mundos que escapan al entendimiento pero que al mismo tiempo los impelen y les exigen acciones con base en lo que se sabe, casi nunca suficiente para tener certezas acerca de la toma de decisiones y sus consecuencias, tanto en el terreno de la realidad como de la contexto sobrenatural. Entonces, surgen las mentiras y los secretos como armas temporales, al final falibles, para enfrentar las eventualidades.

TIEMPO ATRAPADO

Creada por Craig Mazin, dirigida por Johan Renck –con sólida trayectoria en la televisión y en los videos musicales- y producida por la cadena HBO con el habitual sello de calidad de la casa, Chernobyl (EU-RU, 2019) es una concisa recreación del terrible accidente ocurrido el 26 de abril de 1986 en el rector 4 de la planta nuclear, cercana a la ciudad de Pripyat al norte de Ucrania: a lo largo de los cinco episodios se exponen los principales sucesos conocidos tiempo después a cuentagotas, así como el desarrollo de algunos personajes, tanto de los directamente involucrados con los círculos de poder como de personas comunes, las cuales encontraron voz en las emotivas entrevistas de la premio Nobel Svetlana Alexievich, desde una lógica periodística, organizadas en Voces de Chernóbil (1997).

El hilo conductor lo llevan el convencido y lacónico científico Valery Legasov y el enérgico y pragmático Boris Shcherbina, enviado desde el Kremlin para tratar de resolver la situación e identificar culpables, interpretados con gravedad adecuada por Jared Harris y Stellan Skarsgård, respectivamente; al principio renuentes y distantes entre sí, van conformando una mancuerna decisiva para evitar que la tragedia se extendiera aún más de lo que lo hizo; a ellos se les suma Ulana Khomyuk, un personaje ficticio que se incluyó en la trama como un homenaje a todos los hombres y mujeres de ciencia que trabajaron para contener las secuelas de la explosión, bien asumido por Emily Watson en constante estado de urgencia.

Se insertan además algunos relatos colaterales muy significativos como el de los encargados de exterminar a los perros; el del jefe de los mineros y su equipo; el de la esposa que pierde a su marido que fue a atender el estallamiento y el de la mujer que se resiste a evacuar mientras ordeña a su vaca. El drama, el thriller político y la televisión de juzgado articulan los diferentes capítulos con notable equilibrio narrativo y emotivo, soportados por un impresionante diseño de arte que incluye escenarios, vestuarios y utensilios cuidadosamente ambientados a la época que refiere, además de una fotografía que acentúa el tono críptico y angustioso del suceso relatado, musicalizado gélidamente por Hildur Guðnadóttir.

En términos de discurso ideológico, la miniserie ha sido señalada de contar con una mirada demasiado occidentalizada –incluso es hablada en inglés-, orientando su crítica a un sistema totalitario y caduco como el principal responsable de la catástrofe: si bien la estructura burocrática centralizada y vertical provoca la intención de tapar errores y evadir responsabilidades, también se muestran a los héroes dispuestos a arriesgar sus vidas para solucionar la catástrofe; es decir, pareciera que este tipo de jerarquización y disciplina puede ser un arma de doble filo. Por supuesto está también la disputa entre la perspectiva técnica y científica en contraposición a la política y de control de información, tan común en los días que corren.

TIEMPO LIBERADO

Dirigida por Baran bo Odar, también fungiendo como creador junto con Jantje Friese, Dark (Alemania-EU, 2017 – ) es una serie que posa su atención en cómo el ser humano busca encontrar su sentido e identidad entre ideas preconcebidas sobre la predestinación y la imposibilidad de cambiar no solo el pasado, sino un presente lleno de preguntas que difícilmente encuentran una respuesta en la lógica racional. El escenario es un pueblo alemán llamado Winden, en el que varias familiar conviven, tienen conflictos y mantienen vínculos que siempre parecen estar caracterizados por misterios que van más allá de la propia comprensión tanto de padres como de hijos.

Dos familias relacionadas con infidelidad y suicidio incluidos, además de la desaparición misteriosa de un niño, parecen funcionar como el epicentro de una trama con múltiples tentáculos argumentales en los que aparecen un misterioso cura que convence a un niño de seguirlo; un policía intrigado a lo largo de los años, padre de la directora de la planta nuclear; varios jóvenes que viven entre el despertar del amor y los secretos acechantes y otros núcleos familiares y personajes que van y vienen dentro de la trama y, en algunos casos, a través de las épocas que presenta el relato: principios de los años veinte, las que forman el loop cada 33 años como la duración de la vida de Jesús (1953, 1986 y 2019) y hasta un futuro a la Mad Max.

Por supuesto, los viajes en el tiempo generan diversas paradojas de los sucesos vividos como de las relaciones entre los personajes e incluso personales, al grado de poder dialogar con el yo joven, siendo viejo o niño y viceversa: con notable habilidad para tejer la maraña de relaciones, sucesos y diferencias entre los distintos tiempos, a pesar de que por momentos algunos personajes pueden quedar un poco abandonados, la serie se lanza sin demasiado pudor a buscar la reflexión filosófica-existencialista, religiosa y científica, a partir sobre todo de los descubrimientos de la física cuántica, como el bosón de Higgs, también conocida como la partícula de Dios, los agujeros de gusano relacionados con los viajes en el tiempo y los agujeros negros que todo lo desaparecen.

Para ayudar a la comprensión de la trama, se aprovecha una edición fulminante que relaciona a los personajes en sus diferentes edades y momentos, además de basarse en un logrado casting que trasciende los parecidos físicos; los dramas propiamente humanos se entrelazan con la vertiente cienciaficcional que aporta un notable interés narrativo, también logrado por el trazo de los sujetos involucrados en las diversas situaciones, lejos de cualquier maniqueísmo. Los misterios se administran cuidadosamente a lo largo de la trama y el soporte musical de Ben Frost y las canciones que acompañan las secuencias paralelas, aportan un sensible sustento auditivo a la contundente fotografía que hace olvidar las limitaciones de los efectos especiales.

DESPUÉS DEL CINE

25 julio 2019

Un par de películas de sendos realizadores iberoamericanos que han trascendido fronteras, ahora reflexionando sobre tiempos idos alrededor de la producción fílmica, integrando con maestría destellos de humor en tramas que se desarrollan a partir de la nostalgia. La producción de cintas como parte esencial del sentido de la vida o bien convertir ésta en materia filmable, entreverando la mirada autobiográfica con ficciones que rondan la puesta en escena para salvar el pellejo. Personajes que saben más por viejos que por talentosos, aunque por supuesto que la habilidad para la creación ayuda.

REMEMORAR LA VIDA

Dirigida con sabiduría contrastante por Pedro Almodóvar, Dolor y gloria (España, 2019) es un reposado, sobrio y sensible texto sobre cómo las propias experiencias vitales van conformando el ser artista del protagonista, un director en retiro involuntario que no ha podido vencer el bloqueo creativo, acentuado por múltiples males físicos –didácticamente explicados con ilustraciones- que se suman a una depresión generalizada. Sumergido en una alberca, Salvador Mallo (alter ego almodovariano) busca aislarse del mundanal ruido cargado de un oxígeno cada vez más difícil de respirar. Llama la atención que la dirección de películas implica también una intensa actividad física.

Emparentada temáticamente con la fallida La mala educación (2004), la cinta gana en sutileza y, sin necesidad del estruendo burdo, plantea un discurso retrospectivo que incluso admite momentos de comedia, sobre todo cuando el protagonista conversa con su madre ya anciana o cuando está bajo el efecto de la droga, muy bien interpretado por Antonio Banderas, ganador al premio de mejor actor en el festival de Cannes gracias a los matices que expresa, entre la inseguridad de un hombre roto, física y espiritualmente, pero al mismo tiempo sabedor de su potencial artístico.

La noticia de que se hará un homenaje a una cinta suya de hace treinta años lo anima un poco y decide buscar al actor de la película (Asier Etxeandia), con quien se mantuvo distanciado desde entonces; tras los reclamos de rigor, terminan fumando la pipa de la paz (de heroína), literalmente, y el realizador inicia unos viajes mentales hacia su infancia, recordando la relación con su madre (Penélope Cruz) y su esquivo padre, así como la calentura provocada por La ley del deseo (1987), dirigida hacia un joven albañil con dotes para la pintura, que ayudó en la remodelación de la casa-cueva y a quien le enseñó a leer y escribir.

Con fotografía multicolor pero controlada en momentos justos, cortesía del habitual colaborador José Luis Alcaine –los vestuarios de tonos enfáticos, el interior de la casa que emula la del director, la reminiscencia de la infancia- y un score de acompañamiento necesario, la cinta confirma a Almodóvar como un director esencial, tras algunos traspiés recientes (en especial Los amantes pasajeros, 2013), capaz de seguir entregando filmes tan logrados como Todo sobre mi madre (1999) o Hable con ella (2002). Y claro que el desenlace, jugando con encuadres matizados por la autoficción, devela las intenciones del realizador, recuperando su vida como objeto filmable y digno de ser contado, más allá de las convenciones de quienes consideran su existencia interesante para los demás mortales.

REINVENTAR LA VIDA

El versátil realizador bonaerense Juan José Campanella, quien igual entrega una obra maestra como El secreto de sus ojos (2009) que Metegol (2013), un disfrutable divertimento futbolero, o bien le entra al trabajo televisivo, dirige con chispeante imaginación, retomando el texto Los muchachos de antes no usaban arsénico de Giustozzi y Martínez, El cuento de las comadrejas (Argentina-España, 2019), en tono de comedia negra salpicada con apuntes sobre la creación fílmica como actividad que salta a la vida cotidiana para resolver un conflicto relacionado con la venta de una vieja casona.

De paso, la película es un gran ejemplo de cómo insertar el flashback sin romper la narrativa del presente, más bien nutriéndolo para explicar la situación actual del director en pleno bloqueo; si bien se fuerzan algunas coincidencias (la acuarela que llega a su destino años después, la asistencia del amante bisexual al monólogo), la historia se despliega de manera redonda, sin necesidad de exagerar el drama o plantear un punto de inflexión, sino más bien presentando a un hombre en pleno proceso de transformación y en un momento clave para la toma de decisiones: atenderse con los médicos especialistas, dejarse ayudar por su asistente y volver a escribir o seguir por el camino de la pausada y silenciosa autodestrucción.

Una diva del cine argentino (Graciela Borges, frágil y firme a la vez) vive con su esposo en silla de ruedas (Luis Brandoni, amable siempre), intérprete de roles pequeños, y otros dos hombres: un director (Óscar Martínez, escopeta en mano) y un guionista (Marcos Mundstock, divertidamente siniestro) con quienes trabajó en diversas ocasiones y que tienen un pasado en común difícil de confesar. Los cuatro mantienen una relación amor-odio y establecen una serie de imaginativas conversaciones en las que se molestan y se dicen sus verdades; este frágil equilibrio se rompe cuando aparecen dos jóvenes (Nicolás Francella y Clara Lago) que le proponen a la actriz vender su casa, situación que generará un conflicto mayor.

A partir de diálogos ingeniosos, el director de Luna de Avellaneda (2004) y El hijo de la novia (2001), recurre premeditadamente a ciertos clichés del thriller (el trueno justo, la mirada inquisidora de los personajes, el juego de planos) para insertarlos en una trama que termina por atrapar dadas sus aristas: el choque generacional, las relaciones entre los personajes y la posibilidad latente de que suceda casi cualquier cosa, además de la revelación de un pasado atrapado en las estatuas que se niegan a confesar. Nunca hay que dejar de ver al rival en una partida de pool, más allá de que meta casi todas las pelotas en la buchaca.

TORNEOS VERANIEGOS DE FÚTBOL (I)

24 junio 2019

Un trío de certámenes futboleros se disputan de manera simultánea: la Copa Mundial femenina de la FIFA, la Copa América y la Copa Oro, correspondientes a CONMEBOL y CONCACAF respectivamente y que después de lograr una unificación hace tres años, vuelven a jalar cada quien por su lado, perdiendo todos, sobre todo el aficionado. En esta primera entrega, va una revisada fugaz al torneo de ellas, al momento.

MUJERES EN EL TERRENO DE JUEGO: PRIMERA FASE

Se celebra en Francia la octava edición del torneo femenil mayor y fueron 24 las selecciones que se clasificaron para la justa deportiva, en la que se ha vuelto a poner de manifiesto la entereza con la que la buena parte de las jugadoras se desempeñan en el campo, lejos de las mañas que aquejan con mayor frecuencia a los hombres. Además, se han podido observar conjuntos muy animosos junto a otros muy sólidos que prometen seguir brindando un gran espectáculo en la siguiente fase, ya con encuentros probablemente más equilibrados.

En el grupo A, las locales consiguieron los tres triunfos posibles y avanzaron al frente solo permitiendo un gol en contra, seguidas por las noruegas, también en la siguiente fase; las nigerianas alcanzaron el pase y las coreanas, con más entusiasmo que talento, se quedaron en el camino. En el grupo B, las teutonas alcanzaron los nueve puntos desplegando un fútbol que extrañan actualmente sus contrapartes masculinas, sobre todo para evitar anotaciones; las españolas se ubicaron el segundo lugar por diferencia de goles con 4 puntos igual que las chinas y al fondo quedaron las sudafricanas que ya habían ganado con asistir al Mundial. Las italianas lideraron el grupo C, en tanto las de Australia ocuparon el segundo puesto por diferencia de goles, seguidas de las brasileñas, alcanzando la calificación, en tanto las jamaicanas quedaron fuera.

Las inglesas ganaron sus tres partidos y encabezaron con autoridad el sector D, seguidas de las japonesas siempre competitivas, mientras que las argentinas y escocesas no alcanzaron el pase. Las holandesas marcaron la pauta en el pelotón E con triplete de victorias, seguidas por las canadienses que consiguieron un par de triunfos, suficientes para mantenerse con vida en el certamen, al igual que Camerún, en tanto la neozelandesas se despidieron del Mundial. Y el grupo F terminó siendo controlado por las estadounidenses con nueve puntos, en tanto las suecas ocuparon la segunda posición dando gran batalla a las vecinas del norte; a pesar del esfuerzo las chilenas se quedaron en el camino al igual que las tailandesas.

Los mejores terceros lugares, todavía con vida en el Mundial para la siguiente fase de acuerdo a las reglas de clasificación, fueron las selecciones de Brasil, China, Camerún y Nigeria, esperando dar alguna sorpresa en los compromisos próximos ante las favoritas. Mención aparte merece la brillante jugadora Marta del conjunto brasileño, quien consiguió anotar en cinco copas del mundo, hazaña que ningún varón ha conseguido a la fecha: además, su buena ejecución del penal frente a Italia les aseguró el pase a su selección a la siguiente ronda.

OCTAVOS DE FINAL

En la fase subsiguiente, las alemanas mostraron su jerarquía y su condición de favoritas derrotando a las entusiastas nigerianas, que merecían un poco de mejor suerte, con engañoso marcador de tres a cero, sin dar precisamente su mejor partido aunque siendo contundentes: Popp hizo el primero y Däbritz de penal el segundo antes de la media hora de juego; ya hacia el final, Schüller sentenció el partido. En tanto australianas y noruegas empataron a un gol: Herlovsen puso al frente a las escandinavas en el primer medio y Kellond-Knight emparejó el encuentro para Australia, así conservado en los tiempos extra. En la instancia de los penales, las nórdicas resultaron ganadoras por cuatro tantos a uno, mostrando el temple gélido característico de la zona del norte del planeta.

Las inglesas aprovecharon bien las oportunidades generadas y derrotaron con suficiencia a las camerunesas. Houghton al cuarto de hora y White al término del primer tiempo le dieron rumbo al partido con sus anotaciones, mientras que Greenwood confirmó el triunfo a poco más de media hora del final. En el mejor partido de la fase al momento, francesas y brasileñas regalaron un sólido y equilibrado juego, extendido hasta los tiempos extra para definir a las triunfadoras: primero las anfitrionas rompieron el cero en los inicios de la segunda parte vía Gauvin, aunque las cariocas reaccionaron pronto e igualaron el marcador minutos después por conducto de Thaisa. El equilibrio se mantuvo hasta que en el complemento del tiempo regular, Henry anotó el definitivo para las galas.

CHAMPIONS 2019 (III): SEMIFINALES DE IDA

2 mayo 2019

Llegaron a estas instancias un par de equipos con nóminas considerables y otros dos que apuestan más a la austeridad, en contraste con los millonarios presupuestos de varios clubes que se quedaron en el camino. Eso sí, los cuatro son de gran tradición y con una muy fiel base de seguidores que forma parte de la institucionalidad de estos cuadros y que entienden de fútbol: los ingleses rijosos que hicieron destrozos en Barcelona no cuentan como aficionados.

Ante la eliminación del Real Madrid, el título se renueva después de tres años de dominio merengue: se enfrentan el Barcelona y el Liverpool, los acaudalados y de donde se dice saldrá el campeón, y el Tottenham frente al joven Ajax de Holanda, llegando quizá más lejos de lo pensado pero con los méritos necesarios para ser considerados protagonistas, sobre todo ahora que se han convertido en esenciales para la renovación de las selecciones de sus respectivos países.

APROVECHANDO LAS CIRCUNSTANCIAS… Y LA JUVENTUD

El Tottenham salió su hermoso estadio en Londres sin su mejor jugador con nombre de detective, Harry Kane, con la ausencia del coreano Son y de los mediocampistas Dier y Winks: ausencias que obligaron a Pochettino a replantear sistema y estrategias específicas al frente y en el centro del campo, además de saber que se iba a enfrentar al Ajax, un equipo muy joven pero con madurez en ascenso vertiginoso tras eliminar al Real Madrid y a la Juventus, sin perder la desfachatez propia de la etapa del ciclo vital por la que atraviesan la mayoría de los jugadores dirigidos por Ten Hag: el capitán De Ligt tiene 19 años, por ejemplo, que se conjunta bien con compañeros de mucha experiencia como De Jong, ya alcanzando 21 primaveras.

En efecto, si bien durante la primera parte los locales tuvieron más la pelota y daban sensación de dominio, el talento mayor surgió de la visita, al grado de que al cuarto de hora de juego se fueron arriba vía gol de Donny van de Beek, culminando una jugada bien entretejida por el equipo holandés que lo dejó solo frente al campeón del mundo Lloris. Los Spurs reaccionaron con más intensidad que argumentos y más empuje que brillantez, sabiendo que era importante empatar casi como no recibir el segundo. La parte complementaria fue de tónica similar, con el balón como propiedad mayoritaria para el equipo inglés y aguante de los llamados Ajaccied, que estuvieron cerca de ampliar la diferencia con un disparo de Neres que visitó el poste.

APROVECHANDO LAS OPORTUNIDADES… Y MESSI

El Barcelona empezó a querer imponer condiciones desde el arranque, pero el Liverpool se plantó de igual manera, como avisando que en este encuentro no hay equipo favorito presionando en la parte alta. Los primeros veinticinco minutos transcurrieron marcados por el equilibrio, con cierta mayor comodidad para la visita pero con un par de jugadas de mayor peligro para los anfitriones, incluyendo una mano en el área no señalada. Justo apareció un pase filtrado de Coutinho para el buen movimiento de Suárez: se movió el marcador y el cuadro catalán, impulsado por su gente y, sobra decirlo, por un Messi luchón. Tuvo el empate el equipo inglés por medio de Mané, pero el balón se fue por arriba.

Para la segunda parte, la visita empezó no solo a dominar los tiempos, espacios y la posesión, sino a generar llegada por diversos medios que mostraban versatilidad pero falta de contundencia: un disparo de Milner y otro del egipcio Salah que sacó abajo en gran lance el alemán Marc-André ter Stegen; siguieron las llegadas con la suficiente claridad y continuidad como afirmar que el empate era cuestión de tiempo, sobre todo porque no se veía que los blaugranas reaccionaran. Pero apareció el mejor jugador del mundo capaz de hacer la diferencia en un deporte esencialmente de equipo (siempre y cuando no sea un Mundial).

A quince del final, cuando lo que el local estaba haciendo era aguantar, Messi tomó la pelota y tras una serie de rebotes terminó anotando el segundo; pero como no había sido un gol tan lucidor, siete minutos después cobró un tiro libre impecable para incrustarla en el ángulo, a pesar de estar la pelota colocada en el centro de las afueras del área, donde es más difícil acomodar el disparo. El partido al final se abrió: tuvo alguna otra el Liverpool, que pudiera haberle dado más vida a la vuelta y el ingresado Démbelé tuvo más fallas que minutos. Esta vez, el marcador final no reflejó el desempeño de ambos equipos y desafortunadamente el partido de regreso ha perdido parte de emoción, al menos de entrada. 

¿FINAL DEFINIDA?

Los dos equipos ingleses están en problemas, a pesar de que no fueron superados ampliamente por sus rivales en cuanto a desempeño en la cancha. Para el Liverpool la gesta es mucho más complicada: tres goles en contra, no anotó de visita y enfrente está el Barcelona; en tanto, para el Tottenham, si bien se asoma un panorama en contra, tienen la relativa posibilidad, paradójica por supuesto, de que jugando de visita el gol vale oro y solo va por uno. Difícil la presencia inglesa en la final pero de peores circunstancias han salido airosos: Never Surrender.

LIBROS 2018 (III): ESTABAN ALGUNOS MEXICANOS CON UN PAR DE ARGENTINOS…

29 abril 2019

Llegamos a la tercera entrega de los libros publicados en el 2018, siguiendo el recorrido por algunas de las líneas publicadas el año anterior.

Con Ahora me rindo y eso es todo (Anagrama, 2018), el estimado Álvaro Enrigue (Guadalajara, 1969), trenza una soberbia mezcla de vertientes narrativas, incluyendo una que se mira a sí misma en plan metaliterario, y su infaltable y sutil sentido del humor: novela abarcadora y sincrética que va de las particularidades de sus personajes, construidos con sumo nivel de detalle, al trazo preciso de los contextos históricos y sociales en los que se inserta el relato (o los relatos), atravesados por una frontera desértica cargada de historias épicas en los que igual aparecen los colonos sintiéndose dueños, que los apaches; una mujer que huye de sí misma y un hombre que persigue; misioneros buscando transmitir una fe que parece humo y pobladores de lugares vacíos y algún escritor que busca en las grietas de Chihuahua y sus confines hacia el norte, elementos para compartir con un lector que ya llegará. Gran libro.

Un crítico literario aspirante a poeta vive con su novia, escritora a su vez; al querer rentar un departamento conoce al hijo de su futura casera, un tipo de ésos que siempre traen agendas propias entre manos, pero nunca se sabe cuáles y todo se trastoca. En El oficio de la venganza (Alfaguara, 2018), Luis Muñoz Oliveira (México) construye un relato que parte de la conocida situación en la que un tipo normal se ve envuelta en una trama fuera de lo común, para centrarse en la búsqueda de la venganza como sentido de vida, pero sin tener claros los medios y los fines: personajes estrafalarios, sectas prehispánicas y una lógica de sacrificio que únicamente se entiende en la charlatanería como forma de enajenamiento.

Es de esas novelas personales cuya sombra debe ser arrasada para ver la luz: rupturas, herencias no pedidas y conexiones vitales de tres generaciones, escritas por el representante de la tercera que, en un acto necesario de distanciamiento y acaso de redimensionamiento, cuando habla de él lo hace en primera persona y se asume como interlocutor, no tanto en términos de saga familiar, sino más bien como un acuerdo con el propio origen. Corre sangre irlandesa por las venas de la rama materna: el abuelo fingió su muerte, consiguiendo un cadáver y provocando una explosión del negocio del cuñado; el padre se va de Sinaloa a Guerrero y se vuelve guerrillero para terminar como escultor, en tanto el hijo, quien elabora esta catártica y absorbente historia, lidiando con la enfermedad, su linaje y su imaginación para volverse escritor y No contar todo (Random House, 2018), firmando como Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978).

También de nietos y abuelos, linajes que se trastocan y herencias que se transfiguran. Un simbólico gusano misterioso que parece dictar la trama que empieza con dos pubertos que huyen a Suecia de la invasión nazi a Dinamarca; de ahí llegan a México y al paso de los años, uno de ellos tiene un nieto de su mismo nombre, al final protagonista de esta historia circular, entre amores con distinto nivel de correspondencia, sustancias recreativas y placeres múltiples, atravesados por la creación teatral y fílmica: la intrigante escritura de Pablo Soler Frost (Ciudad de México, 1965) se entremezcla, cual serpiente sigilosa, con herencias judías intervenidas por nuevas formas de adoración. Europa y los faunos (Random House, 2018) es un recorrido de ida y muchas vueltas por territorios fascinantes. Ignacio Solares (Ciudad Juárez, 1945) nos recetó el muy disfrutable Prolongación de la noche (Alfaguara, 2018), delicioso recuento de cuentos breves para paliar esas prolongadas oscuridades en las que uno acaba irremediablemente solo, y Martín Solares (Tampico, 1970) en tonalidades detectivescas nos entregó Catorce colmillos (Random House, 2018), como para clavarle el diente e ir identificando culpables e inocentes en los oscuros pasillos de París.

Desde Argentina un par de novelas: con nervio casi audiovisual desprendido por Kike Ferrari (Buenos Aires, 1972), que destila con velocidad y veracidad completa a uno de esos personajes despreciables que abundan en Latinoamérica, con eternos cadáveres en el clóset, que se envuelven en su poder y se sienten capaces de todo, muy bien desarrollado en Que de lejos parecen moscas (Alfaguara , 2018, y El libro de las mentiras (Alfaguara, 2018), tejida por Gastón García Marinozzi (Córdoba, 1974) a manera de establecer un presente en su país, contrastando a un joven aspirante a artista con un genocida de la dictadura, representando un pasado que sigue persiguiendo anhelos y esperanzas estudiantiles.

LIBROS 2018 (SEGUNDA PARTE): VIVOS, MUERTOS Y FEMINISMO

13 abril 2019

Seguimos el recorrido por algunas de las páginas que alumbraron el año anterior. Nos tomamos algunas licencias con libros que llegaron en el 2018 aunque su inscripción diga 2017): asuntos de la industria y distribución editoriales.

ENTRE DOS DIMENSIONES VITALES

Escrita por Eka Kurniawan (Tasikmalaya, Indonesia, 1975), La belleza de una herida (2017, Lumen, 2018) es una historia familiar que renace con la aparición de su protagonista, recién llegada del mundo de los muertos y en donde se contextuliza, con notable mezcla de fantasía y realismo social, la historia de una familia y los acontecimientos íntimos,  políticos y sociales que la definieron; en tanto, Jesmyn Ward (Misisipi, 1977) obtuvo el National Book Award con la novela La canción de los vivos y los muertos (2017; Sexto piso, 2018), en la que una familia interracial busca dialogar con quienes ya se fueron e integrarse en entre sí, transitando por pasajes de constantes pruebas emocionales: profunda y emotiva.

Armada ingeniosamente con destellos satíricos a partir de viñetas interconectadas a nivel global, Kentukis (Random Hosue, 2018) de Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) funciona como una alegoría de los vínculos humanos que se establecen con las herramientas tecnológicas, vueltas aquí más fines que medios y corporeizadas por los personajes del titulo, que pueden cobrar formas distintas y se venden bien, aunque tengan estatus de ciudadanía: son invitados a la intimidad del hogar con todo lo que ello implica. Ahora somos huéspedes e invitados inesperados, complicando las relaciones humanas mediadas por las nuevas aplicaciones.

La gran escritora Rachel Cusk (Ontario, 1967) entregó Prestigio (Libros del Asteroide, 1968) a manera de conclusión de su íntima trilogía que confirma la importancia de las conversaciones casuales: una obra clave del año que confirma a su autora como una de las grandes escritoras de su generación. En tanto, Ania tiene que cumplir un encargo de su padre que al mismo tiempo puede ser liberador: despedir a un tío para lo cual hará un viaje de absoluto crecimiento. O no. Alejandra Costamagna (Santiago de Chile, 1970) entrega El sistema del tacto (Anagrama, 2018), saltando en tiempos y memorias alrededor de la protagonista, insertándonos en su periplo, recuerdos y pensamientos por más que nos resistamos.

RELACIONES PELIGROSAS

Un par de amigas desde la infancia que buscan ser bailarinas de ballet se conocen desde muy temprana edad: pero, como suele suceder, los obstáculos son múltiples, desde sociales y personales hasta familiares. La pluma privilegiada de Zadie Smih (Londres, 1975), desata los cordones de las zapatillas y nos pone a pensar, reír y reflexionar en Tiempos de Zwing (2016; Salmandra, 2017), mientras que Kamila Shamsie (Karachoi, Pakistán, 1973) escribió, en absoluta pertinencia en los tiempos que corren, Los desterrados (2017, Malpaso, 2018), en la que una familia sigue atrapada entre sus propias convicciones que representan las crisis entre la intención totalizadora de occidente y los grupos terroristas de oriente.

María Fernanda Ampuero (Guayaquil, 1974) escribió descarnadamente a través de su Pelea de gallos (Páginas de espuma, 2018), un vívido retrato de los que sucede cuando la puerta se cierra en una casa, con todo y la indefensión que ello implica; por su parte, Wendy Guerra (La Habana, 1970) recupera la historia de Adrián Falcón (seudónimo) en El mercenario que coleccionaba obras de arte (Alfaguara, 2017), personaje singular que transitó entre la guerrilla latinoamericana y el espionaje estadounidense: acá el retrato es más personal que político, como para acercarse a un hombre escurridizo que parecía estar en todas partes, sin tomar parte, valga la redundancia.

En la ágil Cara de pan (Anagrama, 2018), Sara Mesa (Madrid, 1976), establece una relación tan extraña como entrañable: una adolescentes que se va de pinta de la escuela y un hombre que va al parque para observar los pájaros. Si bien todo puede suceder, el vínculo entre ambos termina por ser enternecedor. Martine Desjardins (Montréal, 1957) nos entrega un delicioso relato costumbrista en La cámara verde (2016, Impedimenta, 2018), retrato de una familia más o menos críptica y llena de secretos a la que llega una inquilina que invadirá incluso los misterios mejor guardados: novela del siglo  XXI con la gracia y picaresca del XIX.

Alma Delia Murillo (Ciudad de México, 1979) explora la amista de tres niños, recordando la obra maestra Nunca me abandones de Ishiguro, que se expande con soltura hasta la etapa adulta de los personajes, cargando muertes, fantasías, esperanzas y culpas: escritura limpia y personajes entrañables, tanto adultos como pequeños que inevitablemente podrías ser tú que estallan en El niño que fuimos (Alfaguara, 2018), cuestionando que siempre infancia sea destino; por su parte Cristina Morales (Granada, 1985) entregó Lectura fácil (2017; Anagrama, 2018), ganadora del premio Herralde de Novela y en donde las cuatro protagonistas encarnan un feminismo a prueba de patriarcados y superando sus propias limitaciones, sin dejar pie con bola en una Barcelona con vientos de cambio.

Otra mujer que se rebeló fue Tara Waestover (Idaho (1986), quien decidió escaparse de su entorno familiar para ir a la escuela, “travesura” que cuenta en Una educación (Lumen, 2018): no es gran literatura pero que parea efectos de quien esto escribe resulta relevante. En este sentido, se rescata El prado de Rosinka (1974, Impedimenta, 2018), otro experimento familiar para vivir en el bosque, lejos del mundanal ruido, escrito por Gudrun Pausewang (pseudónimo de Gudrun Wilcke, Alemania, 1928). Julie Buntin (Michigan) escribió Marlena, una amistad peligrosa (2017; Seix Barral, 2018), en donde consigue plantear el conflicto que genera la adolescencia a partir de un vínculo intenso y conflictivo.