Posts Tagged ‘Cómic’

COLECTIVOS EN LA FRONTERA DE LA LEY

19 julio 2016

Un par de películas corales que prometían una cuota saludable de entretenimiento se quedaron a medio camino de la aventura criminal y del truco de magia eficaz, en particular por la forma de entretejer los respectivos argumentos y acaso confiando demasiado en el carisma de sus protagonistas, de pronto atrapados en diálogos y situaciones poco imaginativas o insertadas de forma caprichosa, evidenciando un apresurado trabajo de edición.

VILLANOS DOMESTICADOS

A finales de los cincuenta apareció el primer escuadrón suicida en el universo DC, conformado por un grupo de soldados desobedientes en el contexto de la II Guerra mundial. El segundo fue creado en los ochenta por John Ostrander, cuando la guerra fría seguía presente pero empezaba a dar signos de derretimiento. Estaba conformado por un grupo de villanos con poderes que aceptaban trabajar para el gobierno, medio a fuerza, a cambio de la reducción de sus condenas. Todos estaban controlados con un explosivo insertado que detonaría en caso de cualquier viso de rebeldía.

Con esta idea de base, David Ayer, quien había mostrado mayor intuición y enfoque en Tiempo para morir (2005) y Último turno (2012), escribió y dirigió Escuadrón suicida (Suicide Squad, EU, 2016) como parte de este nuevo intento de DC Comics por levantar cabeza en el traslado de sus historietas al cine, que no ha sido todo lo superpoderoso que su pudiera esperar. Y la tendencia parece continuar. Lejos siguen estando sus esfuerzos del nivel alcanzado por Tim Burton y Christopher Nolan en sus respectivas recreaciones de Batman.

La premisa de juntar a un enloquecido grupo de supervillanos con su corazoncito bien puesto en el fondo de sus anhelos, sonaba atractiva y con gran potencial de entretenimiento, pero al final del día la película falla en su conjunto, aunque de pronto pueda ser rescatada por algunos lances individuales, como si de una selección deportiva se tratara, llena de estrellas pero sin una estrategia colectiva más o menos vistosa y funcional para desempeñarse en el terreno de juego. La lucidora selección musical no alcanza a ocultar esta ausencia de imaginación para el tejido fino, sí observada en Guardianes de la galaxia (Gunn, 2014), por poner un ejemplo propio del género.

El problema central radica en la estructura del guion. Como bien apunta el especialista MaxSuicide Squad Cuevas, a la historia le falta desarrollo porque no hay un segundo acto distinguible y nos saltamos de un par de presentaciones poco imaginativas de los personajes, a la batalla contra la brujita contorsionista metida en el cuerpo de una arqueóloga (Cara Delevingne), su hermano obediente y las personas transformadas en un ejército sin rostro que va muriendo como si estuviéramos en un repetitivo videojuego sin niveles.

A los intentos más o menos interesantes por trazar la psicología de los personajes utilizando flashbacks o adentrándose en el mundo de sus deseos, que de pronto se contradicen entre las expectativas de vida y las motivaciones presentes, se presenta una historia secundaria que se mete con calzador, dando la sensación que ni picha, ni cacha ni deja batear: es el guasón haciendo sus locuras y rescatando/usando a la protagonista como carne de cañón, amante maldita o lo que se ofrezca en el momento. No ayudan la falta de picardía propia de criminales de este tipo y la extraña conversión de los malosos tratándose como si fueran una familia, lugar común que no cabe en este tipo de historias.

El cuadro actoral cumple en la medida que el corte final lo permitió. Viola Davis le da el necesario toque de insensibilidad y control a Amanda Waller; Will Smith hace lo propio con Deadshot, entre la fanfarronería y la empatía; Margot Robbie consigue equilibrar desquiciada candidez con agresividad espontánea para darle vida a Harley Quinn, pasando del ejercicio de la psiquiatría al sueño de darle de desayunar a los hijos en bata y tubos, mientras despide al marido proveedor, un Jared Leto que encuentra el filón adecuado para distinguirse de los ilustres intérpretes previos del Guasón, a pesar de las limitaciones del guion y los tijeretazos de la postproducción.

El resto del reparto hace lo que puede y las secuencias de acción más logradas son las que dan rienda a suelta a las habilidades de cada uno de los integrantes, liderados por el rudo primero y enamoradizo después Rick Flag (Joel Kinnaman), en conjunto con la implacable Katana (Karen Fukuhara), y complementado por un sufriente Diablo (Jay Hernandez), con todo y el guiño a los latinos; el desenfadado Boomerang (Jai Courtney); Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje), con su bienvenida cuota de humor y otro villano que no nos fue presentado y se quiso pasar de vivo a las primeras de cambio.

MAGOS SIN CHISPA

Escrita por Ed Solomon y dirigida por Jon M. Chu (G. I. Joe: El contraataque, 2013), Los ilusionistas 2 (Now You See Me 2, EU-China-GB-Canadá, 2016) solo se sostiene por ciertas secuencias de creativo engaño colectivo y algunas de habilidad individual que parecen atrapadas en una historia cual truco de magia gastado y ejecutado con trampas evidentes, incluyendo un villano resentido (Daniel Radcliffe) que los obliga a robar un dispositivo que permita ingresar a todos los sistemas de información del mundo.

Más que un filme, pareciera un conjunto de actos de prestidigitación atractivos con intermedios innecesarios, mostrando problemas de fluidez narrativa, que no abonan al interés sobre los personajes ni a la admiración hacia la forma de resolver las situaciones en las que se meten los cuatro jinetes, de protagonismo un cuanto tanto disminuido (ahora hasta el gemelo de Woody Harrelson es más divertido), ahora con la bienvenida inclusión de Lizzy Caplan y rodeados por la siempre agradecible presencia de Michael Cane, Morgan Freeman y Mark Ruffalo.

 

OMNIPRESENCIA DE LOS SUPERHÉROES

8 mayo 2016

Los superhéroes comiqueros han tomado las pantallas grande, chica y pequeña por asalto, para regocijo de unos y hartazgo de otros. Los maniqueísmos no se han hecho esperar: de los que no resisten que alguna película o serie pueda ser criticada negativamente, a quienes no están dispuestos a aceptar que una de ellas valga la pena en términos cinematográficos; están también los fans duros que no permiten un solo cambio en relación con el cómic, ni siquiera en la combinación de universos.

METRÓPOLIS

Una película que ejemplifica la situación descrita es Batman vs. Superman: El origen de la justicia (EU, 2016), vapuleada por la mayor parte de la crítica pero con aceptables resultados en taquilla y en el gusto de cierto sector de público. Para uno que no es fan, como mi caso, me parece que se trata de un filme que no está al nivel de las cintas del hombre murciélago de Nolan o Burton, ni de cerca, pero tampoco a ras de piso como las de Los cuatro fantásticos (Story, 2005, Trank, 2015) o Linterna verde (Campbel, 2011).

MegalópolisEl principal problema de la cinta de Zack Snyder es su indefinición e incapacidad de síntesis: no sabe si ser el inicio de una saga o concentrarse en contar una historia redonda en sí misma. Tiene sus momentos de interés pero en general se aprecia deshilvanada, soltando apuntes en diversos sentidos sin conseguir la tan ansiada coherencia narrativa. El reparto es cumplidor al igual que la puesta en escena, fuertemente potenciada por un score que se emociona más que lo que termina por suceder.

CIUDAD GÓTICA

Aprovechando el formato y alcance de la serie televisiva, algunos personajes y contextos del mundo del cómic han encontrado buen refugio en este medio. Creada por Bruno Heller, Gotham (EU, 2014- ) se centra en la trayectoria del comisario Gordon, desde que empieza como un eficaz detective hasta que va tomando el liderazgo de la justicia en una ciudad dominada por la corrupción y las componendas entre autoridades y delincuentes: no hay que preocuparse, lo bueno es que es ficción.

Con ágil desarrollo argumental y salpicadas de humor, vamos conociendo a todos losGotham famosos y deschavetados personajes haciendo sus pininos, incluyendo un Bruce Wayne preadolescente apenas superando la muerte de sus padres en compañía de Alfred. Con producción cuidada y un casting adecuado, la serie responde a la expectativa de conocer los orígenes, motivaciones y experiencias de los malhechores y héroes de Ciudad Gótica, todavía dividida en mafias identificables y convencionales.

HELL’S KITCHEN

De regreso al mundo Marvel, particularmente en el contexto del barrio Hell´s Kitchen, un par de series han llamado la atención, con todo y su contenido subidito de tono en comparación con lo que se podría esperar de un programa enfocado a preadolescentes (que igual disfrutamos los que creemos haber superado esa etapa). Se trata de héroes de menor alcance mediático que los conocidos más allá del planeta cómic, accidentados y potenciados por una material radioactivo, pero que igual valen alguna temporada, o dos.

Por una parte, el serial creado por Melissa Roseberg, Jessica Jones (2015- ) aborda la vida de una joven que tras sufrir un accidente desarrolló una fuerza notable y, con traumático pasado a cuestas, sobrevive casi siempre de mal humor y con botella en mano como detective privada sin quererse mostrar demasiado, sobre todo por el asedio que recibe de un villano controlador de mentes y comportamiento infantiloide. Con buen ritmo y diálogos que redondean a los personajes en la medida de lo necesario, uno acaba por interesarse de los eventos en el barrio.

Krystten Ritter asume con soltura el papel protagónico a lo largo de los diferentes capítulos en los que se plantean casos alrededor de la confrontación entre la joven heroína renegada y el maloso en turno conocido como Kilgrave, como si se tratara de una Sherlock y su némesis Moriarty, interpretado con buena dosis de capricho por David Tennant. Alrededor, personajes entre aliados y con dobles agendas que circundan a la protagonista, siempre metida en algún lío de puertas abiertas.

Hell´s KitchenPor la otra, Daredevil (2015- ) regresa a las pantallas al justiciero ciego, que recuerda a Zatoichi, después de aquella olvidable película del 2003 en la que Ben Affleck, ahora probando fortuna como el señor Wayne, encarnó al invidente. El personaje de sentidos agudizados vive una doble existencia: como abogado de un despacho en ciernes, junto con su amigo de la carrera, poniendo la cuota de buen humor, y su asistente con la tensión romántica contenida, y como noctámbulo impartidor de justicia a golpe limpio.

Creada por Drew Goddard, director de La cabaña del terror (2012) y guionista de Guerra mundial Z (2013) y Misión rescate (2015), la serie busca romper el maniqueísmo típico de buenos y malos sin matices, planteando la idea de la violencia como el camino para lograr los propósitos deseados: los diálogos con el cura y el mentor Stick, así como las disertaciones del villano, interpretado con pausada y deliciosa sobreactuación por Vincent D’Onofrio, en contraste con Charlie Cox quien parece tomarse muy en serio su papel, al igual que el héroe que representa, rompen la lógica habitual de este tipo de enfrentamientos.

ANTMAN & ETHAN HUNT: IRRUPCIONES

7 agosto 2015

Un par de blockbusters rescatables del verano fílmico coinciden en desarrollar un episodio en el que los protagonistas tienen que ingresar a empresas de alta tecnología, convertidas en fortalezas infranqueables, para evitar que los siniestros malosos, ambos en primera instancia formando las filas de los buenos, concreten sus perversos planes salpicados de la usual venganza contra quienes, según ellos, los usaron y después los despreciaron o dejaron de entenderlos: en el fondo, parece un asunto de necesidad de afecto.

HORMIGAS AL RESCATE

A estos maravillosos insectos los hemos visto en plan montonero escenificando Marabunta (Haskin, 1954); como reflejo de la lucha de clases en Hormiguitaz (Darnell & Johnson, 1998) y cual comunidad explotada esperando un libertador en Bichos (Lasseter, 1998). Pero también pueden organizarse en torno a un héroe que se hacía grandote y se hacía chiquito para evitar una catástrofe; un tipo que de pronto puede combinar lo mejor de ellas con lo más rescatable de la raza humana: si arañas y moscas ya se habían mezclado con nosotros, por qué no estas industriosas criaturas de fidelidad a prueba de moches.

Dirigida por Peyton Reed (Yes, Man, 2008) con base en el personaje creado por el trío Lee, Lieber y Kirby, especie de superhéroe menor en contraste con Spiderman, Antman (EU, 2015) resulta ser la grata sorpresa del verano comiquero gracias a la ingeniosa combinación de humor, aventura y adecuada construcción de personajes que se desarrollan a través de un guion, cortesía de Edgar Wright y el propio Paul Rudd, entre otros, que apuesta por un enfoque de sencillez que redunda en un film justo para el entretenimiento, que a estas alturas no es asunto menor.

Cual Increíble hombre menguante (Arnold, 1957), un ladrón recién salido de prisión que busca un trabajo estable para estar cerca de su hija, termina aceptando el clásico último robo que lo llevará a verse en la necesidad de participar en una extrañaAntman misión, junto con el científico creador de un imperio industrial ahora fuera de las decisiones de su propia empresa, y la hija de éste, con todo y sus resentimientos hacia el padre y las dudas respecto al nuevo recluta. Si en Ant Bully. Las aventuras de Lucas (Davis, 2006) un niño se hacía parte del hormiguero, aquí las hormigas se pondrán a las órdenes del insospechado héroe.

Paul Rudd como el portador del traje convertidor, Evangeline Lilly como la férrea mujer aún con asuntos por reclamar y Michael Douglas en el papel del brillante científico intentando que su invento no caiga en las manos equivocadas, muestran una bienvenida química tanto en los momentos tensos como en los de complicidad absoluta. Cumplidor también resulta el villano, encarnado por Corey Stoll, a quien vimos ser manipulado por Kevin Spacey en House of Cards (Willimon, 2013 – ).

Las secuencias narrativas del cómplice interpretado por Michael Peña le aportan la cuota de humor al filme, mientras que el entrenamiento del futuro hombre hormiga le brinda dinamismo a la historia, sobre todo cuando se presentan los tipos de estos insectos y en los momentos en los que se presentan los intentos humanos para adquirir los poderes de los himenópteros. La inserción en el mundo de los Vengadores y la relación entre padres e hijas, respectivamente, redondean un film del que se esperaba una pequeña contribución, pero que terminó engrandecido, como la contribución de cada hormiga para su colonia

SINDICATO FANTASMA

Dirigida y coescrita con confianza por Christophe McQuarrie, quien ya dirigió a Tom Cruise en Jack Reacher (2012), además de escribir los guiones de Al filo del mañana (2014) y las historias de Operación Valquiria (2008) y Sospechosos comunes (1995), Misión: Imposible – Nación secreta (EU, 2015) apuesta por la acción inteligente y cargada de adrenalina, gracias a una fotografía de constantes vaivenes y al arriesgado trabajo de montaje que nos coloca en el vértigo de un avión, en la velocidad de la carretera y nos sumerge en lances con muy poco margen de éxito.

Sin alcanzar las cuotas de su predecesora Protocolo fantasma (Bird, 2011), el filme se inserta en esta renovada tendencia de la saga para presentar más el trabajo en equipo, como sucedía en la serie televisiva, que el heroísmo individual, si bien se sigue manteniendo como claro protagonista Ethan Hunt, con un Tom Cruise echando toda la carne al asador y combinando bien tanto con el infalible Simon Pegg, ya dueño de la vertiente humorística, como con Rebecca Ferguson, funcionando como centro gravitacional de los conflictos.

Misión imposible 5Jeremy Renner, Ving Rhymes y Alec Baldwin, sumándose al cuadro como el jefe de la CIA, complementan un reparto sólido, en el que se incluye Simon McBurney como el jefe espía inglés y Sean Harris, metiéndose en el piel de un manipulador y anticipatorio villano que alcanza buenas dosis de siniestralidad, a pesar de darle una y otra oportunidad a la ambigua mujer que un día parece estar de un lado y al siguiente del otro. Pareciera que el presente de los conflictos bélicos ya no se centra en las naciones que conocemos, sino en esos países deslocalizados que emergen para buscar el control ideológico, político y económico.

Ya se sabe que el que a hierro (no) mata, a hierro muere, por lo que la batalla no admite tregua o empate: estará escenificada por bandos invisibles que parecen no existir pero que se mueven sigilosamente por los pasillos del contraespionaje, causando o evitando daños de proporciones mundiales. Más que una historia articulada, estamos frente a emocionantes episodios como los que se desarrollan en la Ópera, al estilo de diversos filmes; en el avión y en la intromisión acuática al complejo para robar información, así como en la que aparece el Primer Ministro inglés (Tom Hollander) y la correspondiente al desenlace.

ESPÍAS DESENFADADOS

22 julio 2015

Las películas de espías se han vuelto muy serias, le dice Samuel Jackson a Colin Firth en una tensa y divertida conversación que sostienen acerca de los clichés que pululan en las cintas de acción en general: además, rememoran los primeros filmes de James Bond mientras saborean unas hamburguesas en bandeja de plata y miden fuerzas una vez que han descubierto su inevitable rivalidad.

El subgénero ha dado pie a diversas tendencias que van de un realismo ajeno a cualquier tipo de glamour (La vida de los otros, 2006; Un enemigo en casa, 2007; El espía que sabía demasiado, 2011; El hombre más buscado, 2014) a la comedia que viaja entre la parodia y el homenaje con la serie, no la película, del Súper Agente 86 como referencia principal (Espías como nosotros, 1985; Johnny English, 2003/2011; Austin Powers, 1997/1999/2002), pasando por el tratamiento deliciosamente idealizado justamente con James Bond a la cabeza, aunque recientemente se haya tenido que manchar las manos en las estupendas películas protagonizadas por Daniel Craig, en la línea de Jason Bourne y otros atormentados y vulnerables personajes.

La veta del espionaje sigue dando buenos frutos, como se puede advertir en la intensa serie Los infiltrados (The Americans, 2013 – ), que ya comentamos en este espacio, y en películas recientes que amplían las posibilidades para seguir disfrutando de estos personajes y sus emocionantes aventuras, ya sea desde la lógica del humor o de la estética comiquera y de videojuego, como sigue.

ESPÍA EN TUBOS Y CHANCLAS

Realizada con preciso sentido cómico y flexible dirección de actores por Paul Feig, Spy: Una espía despistada (EU, 2015)Espía es una hilarante comedia que se sustenta tanto en la creación de situaciones como en ingeniosas líneas de diálogo, además de jocosas interpretaciones con el necesario énfasis para que los personajes se desarrollen más allá de los meros estereotipos chistositos. La trama es más o menos convencional: varios malosos están en busca de adquirir una bomba y una eficiente analista que ayuda a su compañero en el trabajo de campo desde su computadora, tiene que entrar al quite para salvar al mundo.

El director vuelve a hacer mancuerna con Melissa McCarthy, después de Damas en guerra (2011) y Chicas armadas y peligrosas (2013) para desarrollar un papel que pareciera estar pensado para ella, dado su registro interpretativo: así, puede ser una dulce analista, la mejor vendedora de algún estado del medio oeste norteamericano, la loca de los gatos que no falta ni en Los Simpsons, la tía que nadie quiere ir a visitar, una explosiva armapleitos o una lépera guardaespaldas, según se necesite.

El registro cómico de la protagonista se ve potenciado por una serie de interacciones con otros intérpretes para resolver algún tipo de asunto: con Jude Law, su galán inalcanzable apenas susurrándole al oído a kilómetros de distancia y recibiendo espantoso regalo; con Jason Statham, quien no deja de burlarse de sí mismo y de sus personajes anteriores, al tiempo que minimiza a la agente recién integrada en campo; con Rosie Byrne, insultándose de lo lindo mutuamente a través de ingeniosos diálogos y confirmando el lugar común que este tipo de películas son tan buenas como la villana en cuestión; con su amiga Miranda Hart, toda una revelación de caras y gestos, aquí como un ideal complemento de la rotunda espía con peinados diversos y con Allison Janney, en ajustado plan anticlimático.

ESPÍA EN JEANS Y SWAG

Con base en la novela gráfica de Mark Millar y Dave Gibbons The Secret Service, y guion de la colaboradora habitual Jane Goldman, Matthew Vaughn dirige Kingsman: El servicio secreto (Reino Unido, 2014) con la necesaria dosis de picardía, vitalidad y estilacho entre elegante e irreverente. Cierta estética de videojuego, sobre todo en las coreografías de los divertidos pleitos, se combina con elementos de un mayor clasicismo que se refleja en las secuencias de entrenamiento y equipamiento de los futuros espías.

Una agrupación secreta pierde a uno de sus miembros y tiene que darse a la tarea de seleccionar a su reemplazo, para lo cual recluta niños bien de la sociedad inglesa, salvo un adolescente curtido en la lógica de las banquetas y los barrios de alumbrado público insuficiente. Al mismo tiempo, un villano de caricatura, peligroso por inestable y riesgoso por sus conexiones políticas (suena conocido), pretende ayudar al planeta haciendo un proceso de selección antinatural, de acuerdo con sus propios criterios y apoyado por una mortal fémina de aspecto cortante.

Además del dinamismo en la edición y el desarrollo de secuencias explosivas que integran pertinentes elementos deKingsman comedia, el filme cuenta con un reparto tan impecable como la elegancia de los caballeros ingleses: del venerable Michael Cane al contundente Mark Strong y del sofisticado Colin Firth a la impredecibilidad de Samuel L. Jackson, pasando por los cumplidores jóvenes Taron Egerton y Sophie Cookson.

Dentro de la filmografía de Vaughn, esta cinta está más cerca de No todo es lo que parece (Layer Cake, 2004), que por cierto incluía en su reparto al futuro James Bond, y de Kick-Ass (2009), el superhéroe común, que de Stardust (2007) y de la brillante X-Men: Primera generación (2011), aunque el realizador inglés vuelve a demostrar su capacidad para moverse dentro de los estándares del mainstream con gran soltura y astucia, ensanchando sus márgenes con pizcas de innovación e inteligencia.

X-MEN O LOS RECUERDOS DEL PORVENIR

31 mayo 2014

Cuando el presente es insostenible y no se vislumbra ninguna alternativa de cambio, conviene mirar al pasado, analizar las causas y sus relaciones que influyeron en el estado de las cosas y, desde ahí, aventurar algunas opciones de transformación. Si la historia se desconoce, la maldición es repetirla hasta que el tejido social aguante o, como suele suceder, se avizoren posibles modificaciones que a la mera hora terminan siendo más de lo mismo, aunque mantienen la esperanza en un mejor futuro que, paradójicamente, se vuelve un analgésico para intentar trastocar la situación actual y de paso, aceptarla como un mal necesario.
Para los humanos solo nos queda estudiar lo que sucedió, analizarlo y reflexionar sobre ello para tratar de hacer algo diferente y evitar la piedra resbaladiza. Para los X-Men, aparecidos en el universo Marvel en 1963, existe la oportunidad de mandar a alguien al pasado para tratar de modificar la historia justo cuando todavía no ha sucedido; un poco como le hizo la maligna inteligencia artificial en Terminator (Cameron, 1984), aunque no contaba con la astucia de la resistencia de carne y hueso, que hizo lo propio para procrear y salvar al líder del futuro aún no nacido.
En X-Men: Días del futuro pasado (EU-GB, 2014), se presenta un futuro distópico en el que tanto humanos como mutantes, cual Sospechosos comunes (1995), son dominados por los centinelas, unos quemantes robots sin rostro de diseño tan impersonal como paralizante, que se apropian de los poderes de quienes los atacan y, además, están hechos de un material que prescinde del metal, reduciendo el poder de Magneto a la mera añoranza por su comportamiento soberbio y bélico. Marginados, sobreviven en constantes trifulcas abriendo portales en el tiempo para engañar provisionalmente al enemigo y contar con más tiempo para encontrar la solución.
Un grupo de mutantes integrado por Iceman (Shawn Ashmore), Sunspot (Adan Canto), Bishop (Omar Sy), Colossus (Daniel Cudmore), Blink (Bingbing Fan) y Warpath (Booboo Stewart), conforman una célula que resiste una y otra vez la muerte o su acechanza, como sucedía en 8 minutos antes de morir (Jones, 2011) y en Al filo del mañana (Liman, 2014), gracias a la habilidad de Kitty Pride (Ellen Page), quien puede mover conciencias a través del tiempo que avisen con la suficiente anticipación de la llegada de los centinelas.
Así, los otrora antagonistas líderes de los dos bandos de X-Men, deciden enviar, con la ayuda de Pride, al incombustible Wolverine (Hugh Jackman ya asumido como todo un glotón, según traducción literal), único que aguantaría el periplo por los gusanos temporales, justo cuando se estaba cocinando la manufactura de estos artefactos terroríficos, con la misión de convencerlos a ellos mismos, ahora en situación depresiva, para que trabajen juntos y puedan detener el asesinato perpetrado por Raven/Mystique (Jennifer Lawrence con cara de perpetuo rencor) en contra del ambicioso diseñador de las armas (Peter Dinklage, todavía jugando a los tronos), cuyos planes fueron retomados con siniestras consecuencias.
X-Men futuroLa historia de Goldman, Kinberg y Matthew Vaughn (director de la cinta anterior) se plasma en un inteligente guion que combina pertinentemente apuntes históricos –Kennedy, Nixon, Vietnam- con un suficiente desarrollo dramático que sostiene los momentos tanto de acción como de humor, brindándole al film la necesaria variedad que exigen los blockbusters de estos tiempos. Además, se resuelve de manera ingeniosa la integración de las primeras entregas (X-Men, 2000; X-Men 2, 2003; X-Men III: La batalla final, Ratner, 2006) con la oxigenante X-Men: Primera generación (Vaughn, 2011) e incluso con las cintas de X-Men orígenes: Wolverine (Hood, 2009) y Wolverine: Inmortal (Mangold, 2013).
Responsable de las dos primeras entregas, Bryan Singer (Valkiria, 2008; Jack el caza gigantes, 2013) vuelve a dirigir con conocimiento de causa, tanto en relación con los personajes y su desarrollo, como con la lógica de las películas orientadas al entretenimiento inteligente que trasciende la pirotecnia visual para más bien aprovecharse de ella e, incorporando el componente fantástico, destacar la trama con los conflictos de los personajes por delante: mientras la vejez le ha dado una mayor sabiduría a los jefes, en su juventud insisten en operar bajo ciertos esquemas autodestructivos escondidos en comportamientos soberbios o derrotistas.
Claro que se requiere un sólido casting: tanto James McAvoy como Michael Fassbender interpretan con brío a los controladores de mentes y metales, respectivamente, mientras que Patrick Stewart remite de inmediato al profe y Sir. Ian McKellen es garantía para pasar de la maldad al arrepentimiento y de ahí a la grandilocuencia en un solo cambio de gesto: o sea, puede transitar de Gandalf a Magneto sin despeinarse y solo cambiando sombrero por casco. No obstante ciertos cambios de opinión de los personajes parecen demasiado fáciles, los diálogos refuerzan la fuerza de la historia, considerando motivaciones, angustias y afectos de los protagonistas.
No faltan las secuencias absorbentes como la fuga del Pentágono, con todo y el tono humorístico en cámara lenta; la del final de la guerra cuando Mystique hace de las suyas y conocemos al joven Striker (Josh Helman) y la del desprendimiento del estadio, como para que no se nos olvide que todo es parte de la sociedad del espectáculo. La recreación de los setenta no solo pasa por las patillas, la música y las chamarras de cuero café, sino también por la exposición de la idiosincrasia, particularmente la referida a la guerra fría, todavía lejos de enfriarse a pesar del fin del conflicto en Vietnam.
Cierto es que se desperdicia el potencial narrativo de Quicksilver (Evan Peters, siempre en el fugaz cotorreo) y algunos personajes importantes como Storm (Halle Berry), Beast (Nicholas Hoult) y Rogue (Anna Paquin) quedan reducidos en su desarrollo, quedando al nivel de comparsas; el desenlace, por su parte, no está a la altura del resto de la película aunque vale la pena quedarse al final de los créditos para ahora sí entender cómo se construyeron las pirámides de Egipto. Hasta el momento, se trata de la superproducción más sólida, junto con Godzilla, en lo que va de la colección primavera-verano del catálogo fílmico.

HÉROES EN LAS ALTURAS

26 mayo 2014

Ya sea contemplando la ciudad desde la punta de los rascacielos o vigilando a los pasajeros en el interior de un avión en pleno vuelo, tenemos a dos hombres de edades diferentes que se debaten entre el cumplimiento de su deber y sus conflictos afectivos, particularmente lidiando con la pérdida de algún ser querido. Películas de acción orientadas al entretenimiento y a la adrenalina que, no obstante, se dan el tiempo para humanizar a sus protagonistas que difícilmente pueden poner los pies en la tierra.
HOMBRE ARAÑA ELECTRIFICADO
La nueva saga del superhéroe más famoso de Marvel, tras la trilogía dirigida por Sam Raimi (2002; 2004; 2007), inició con una formulación del personaje sin despegarse demasiado de sus premisas básicas, quizá dándole más importancia a ciertos factores pero a fin de cuentas recuperando su perfil característico: acaso el cambio más notable se advierte en la personalidad del humano-arácnido, quien pasó de ser un tímido preparatoriano de pronto probando su lado oscuro, a un joven de buen ánimo dispuesto a bromear mientras se bate a muerte con algún villano.
Para esta transformación también hacía falta otro actor: ahí entra al relevo Andrew Garfield, quien puede desenvolverse en el tono de comedia y al mismo tiempo darle un cierto toque dramático cuando lo amerita, como bien lo hizo en La red social (Fincher, 2010) y Nunca me abandones (Romanek, 2010). De igual manera, se imponía el cambio en la actriz que interpretara el siempre difícil interés romántico: Emma Stone, igual probada en la comedia y en el drama, cumple con el papel de ser la joven con aspiraciones y cierta capacidad de riesgo para no conformarse con caer en las redes del galán saltimbanqui.
Dirigida por Marc Webb, responsable de El sorprendente hombre araña (2012), y con guion escrito por una multitud que se nota por todos los cabos sueltos no del todo cerrados, El sorprendente hombre araña 2: la amenaza de Electro (EU, 2014) plantea las dificultades que enfrenta el protagonista para lidiar con todas sus relaciones y, además, contener a los villanos de cajón, empezando por el desaprovechado rinoceronte Aleksei Sytsevich (Paul Giamatti, furibundo en sus risotadas), continuando con el empleado necesitado de atención ahora electrificado hasta ponerse azul de soberbia (Jammie Fox, lleno de timidez resentida) y terminando con Harry Osborn, en trance de volverse duende verde (Dane Dehaan, repitiendo su papel de Poder sin límites [2012], que tan bien le sale).
Spiderman es un joven que tiene que asimilar su orfandad, aquí explicada con otras aristas, y combinar sus tareas de rescate con sus relaciones familiares, representadas por la tía (Sally Field); amistosas, expresadas en el reencuentro con Harry, y románticas, que lo colocan en estados de efusividad y depresión en un parpadeo. No obstante, se trata de un personaje que no se sume en las profundidades existenciales vistas en otros como Batman o algunos de los X-Men, sino que mantiene ese tono de cierta fantasía comiquera en donde la vida se va armando cuadro por cuadro.Spiderman 2014 1
Como demostró en 500 días con ella (2009), el director sabe construir relaciones amorosas creíbles combinando el drama y la comedia, tal como lo desarrolla en esta entrega del fotógrafo misterioso: el vínculo romántico ocupa un espacio importante de la trama, incluyendo la imposibilidad por la promesa hecha al padre de Gwen Stacy y tanto por su alternativa de irse a estudiar a Londres como por el tipo de actividad que desarrolla su enmascarado novio. Se vuelve a colocar a la empresa, en este caso Oscorp, como villana indirecta y campo de luchas de poder, mientras que los problemas de personalidad una vez más se ven acrecentados cuando se adquieren capacidades más allá de lo esperado.
Con fluida edición para el desarrollo de la secuencias, una ambientación propia del mundo conocido de Spiderman y con un suficiente balance entre puños y palabras que incluyen algunas líneas de diálogo ingeniosas, la cinta funciona justo para lo que fue realizada: brindar entretenimiento y abrir espacios para que la esperada trilogía cierre en una tesitura de cierto desparpajo, pero sin dejar de dibujar las dificultades que implica ser el objeto de tantas expectativas, como si de una telaraña inabarcable se tratara.

SIN TIEMPO PARA EL JET LAG
Dirigida por el barcelonés Jaume Collet-Serra ya instalado en Hollywood (La casa de cera, 2005; La huérfana, 2009) y volviendo a hacer equipo con Liam Neeson como en Desconocido (2011), Non-stop: sin escalas (GB-Francia-EU, 2014) logra generar la tensión suficiente como para que nos pongamos el cinturón de seguridad, a pesar de las arbitrariedades del guion y de ciertas secuencias que terminan siendo ilógicas una vez conocido el desenlace, como la insistencia por inculpar al protagónico, por ejemplo.
El asunto es que en un vuelo de Nueva York a Londres, un policía aéreo medio entregado a la bebida por una pérdida no resuelta, recibe un mensaje amenazante: o se depositan 150 millones de dólares en una cuenta secreta (que luego resulta estar a su nombre) o un pasajero morirá cada 20 minutos. Claro que el protagonista empieza a buscar al sospechoso ayudado por algunos pasajeros, convenciendo con dificultades a los de control aéreo y a la tripulación, mientras que la sentencia empieza a cumplirse en situaciones extrañas.
Ciertas pistas resultan ingeniosas y la presentación de los candidatos para erigirse como culpables, incluyendo el prejuicio racial y social, resulta suficiente para crearnos incertidumbre y mantenernos al filo de la butaca, aunque al salir de la sala todo quede como una turbulencia pasajera que se resolvió de una forma que no nos generó preocupación o sorpresa. Es decir, el trazo de los personajes no alcanzó a que nos interesara, más allá de la curiosidad, quién era la o el extorsionador, ni si tenía motivos más allá del billete.

SENTIRSE AJENO

29 abril 2014

Cuando no encajas en ningún contexto conocido, puede ser momento de explorar otras realidades o bien recrear otros mundos en los que haya más posibilidad de pertenecer. Quizá eres de otra época y de pronto te despiertas años después en un mundo extraño, aunque bélicamente familiar; a lo mejor tu forma de pensar y entender los cambios no te alcanza para explicarte cómo y dónde estás; es mejor lo que sucede en tu imaginación que en la realidad tangible o ninguna de las opciones a la mano para dedicar tu vida son para ti, sobre todo cuando te das cuenta que estás siendo utilizado.

AJENO A LA ÉPOCA
La segunda entrega del súper héroe más estadounidense de todos, se ubica en la paranoia post 11/09, cuando la seguridad nacional se ha convertido en obsesión y el miedo en moneda permanente de cambio. Al estilo de Sentencia previa (Spielberg, 2002), la inversión económica se orienta engañosa y paradójicamente a la prevención de los ataques, bajo el argumento de que se puede aplicar un castigo a quien tenga la intención de cometer un delito, a partir de un armamento altamente sofisticado.
Dirigida con eficacia por los realizadores básicamente televisivos Anthony y Joe Russo (Bienvenidos a Collinwood, 2002; Tres son multitud, 2006) Capitán América y el soldado del invierno (EU, 2014) se sostiene por una ágil narrativa que no descuida las secuencias orientadas al diálogo, funcionando como un contrapeso a los intensos momentos de acción, algunos de ellas dinámicamente montados como el del ataque a la camioneta. Si bien algunas conversaciones no tienen sentido entre los interlocutores, sino que más bien se dirigen al espectador, en general se consigue ir más allá del reduccionismo caricaturesco de malos y buenos.Capitán América
Oportunos apuntes humorísticos –aunque se desperdicia la veta de la situación de Steve Rogers (Chris Evans) adaptándose a los tiempos presentes- y suficiente desarrollo de personajes como el de la Viuda Negra (Scarlett Johansson), el Halcón (Anthony Mackie), Nick Fury (Samuel L. Jackson) y el misterioso villano de fuerza incontenible, todavía en la lógica de la guerra fría, complementan la propuesta enfocada directamente al entretenimiento, no obstante la inserción de ciertos episodios relativamente siniestros como el de la presencia computarizada de Toby Jones o los flashbacks que refuerzan la falta de pertenencia del superhéroe.
Claro que siempre será bienvenida la aparición de Robert Redford, más allá del mero cameo, comprometiéndose con el desarrollo del filme y, por supuesto, la esperada aparición del patriarca Stan Lee, con su debida cuota de simpatía ahora como trabajador del Smithsonian. El continuo uso de los recursos digitales está bien equilibrado y a la altura de las circunstancias, terminando por resultar pertinente a la noción de espectáculo, sin robarse, al menos del todo, la atención del desarrollo argumental y sus circunstancias.

AJENA A LA ORGANIZACIÓN SOCIAL
Dentro de la tendencia literaria y fílmica de las sagas juveniles tipo Juegos del hambre y anexas, llega Divergente (EU, 2014), filme que retoma elementos de aquí y allá para ubicarnos en un futuro distópico, otra vez, en el que predomina el control estatal, la destrucción del pensamiento autónomo y la aparente armonía que en realidad esconde una segmentación social absoluta y determinista, recordando al Gran Hermano orwelliano y a varias sociedades reales que han funcionado más o menos sí, disfrazadas de igualdad de oportunidades y de libre albedrío.
Basada en la serie de novelas de Veronica Roth y dirigida con manual en mano por Neil Burger (Interview With the Assassin, 2002; El ilusionista, 2006; Regreso a casa, 2008; Limitless, 2011), la primera entrega de la saga no logra hacer honor a su título, dado el convencionalismo y la saturación de clichés que la vuelven en todo momento predecible, maniquea y bienintencionada, no obstante el fulgurante diseño de producción, sobre todo plasmado en esas recreaciones de un Chicago sobreviviente, y una edición funcional, a pesar de la discutible distribución del tiempo dedicado al proceso de entrenamiento y a la puesta en práctica.
DivergenteEl abandono de la casa paterna en el marco de una sociedad ultraplanificada parece significar el tránsito a la vida adulta sin posibilidad de retorno, como si la vida fuera una sola trayectoria siempre hacia adelante. Tris, otra de las heroínas juveniles que empiezan a pulular por todas partes, vive justamente el momento de la toma de decisión con muy pocos elementos que la orienten. Interpretada con empatía por Shailene Woodley, la protagonista se enfrentará a la mandamás (Kate Winslet, lumínica y amablemente prepotente) y a una estructura social que solo se comprende cuando se empieza a vivir fuera de la preparación.

AJENO AL MUNDO TANGIBLE
Trabajar en una revista de papel tiene sus riesgos, sobre todo cuando no estás preparado para el cambio digital o tu puesto se vuelve innecesario y obsoleto, dadas las nuevas tendencias del adelgazamiento empresarial. Un negativo perdido que serviría para la última portada física de la revista Life, se convierte en la misión de un hombre común paralizado por la fantasía o, si se quiere, revivido en la colorida imaginación mientras sobrevive en la grisura de la realidad.
Ben Stiller actúa y dirige La increíble vida de Walter Mitty (The Secret Life of Walter Mitty, EU, 2013) un remake del filme Delirio de grandezas (1947), dirigido por Norman McLeod y basado en el cuento de James Thurber publicado en 1939. Con el clásico Major Tom bowieano como figura inspiradora y la mujer de sus sueños funcionando a la manera de un inesperado cómplice, el protagonista se lanza a una serie de aventuras que le empiezan a dar contenido a su paralizante existencia y, de paso, a su página de encuentros virtuales.
Con una serie de oportunas canciones bien elegidas para acompañar ciertas secuencias, la cinta se va desplegando en un tono acaso demasiado esperado y optimista, instalándose en la necesidad de dar un mensaje positivo, dándole una lección a los malos y, de paso, a los espectadores. La premisa se prestaba para profundizar en el humor negro, la crítica social y, ya entrados en gastos, en las transformaciones sociales y laborales que implican los desarrollos tecnológicos y las lógicas del mercado.Walter Mitty
Con todo, la cinta está bien producida e interpretada, manteniendo un ritmo fluido además de incorporar algunos apuntes familiares emotivos y otros realmente hilarantes, sobre todo al momento de entrar en las comparaciones entre las ensoñaciones y La dura realidad (1994), sin llegar a los niveles de sátira alcanzados por otras cintas del propio Stiller como Una guerra de película (2008) o Zoolander (2001).

EL BIEN Y EL MAL SIN MEDIAS TINTAS: FUEGO SIMBÓLICO

29 diciembre 2013

Ahora las segundas partes, en varios casos, ya están previstas de antemano. Ya sea desde la tendencia de la literatura juvenil de proponer trilogías, tetralogías o las que aguante el mercado, o desde la lógica del cómic, que admite alguna secuela, precuela, reboot, spin-off y toda una gama de posibilidades, el cine ha retomado estas ideas y, sobre todo a partir de El Señor de los anillos, propone películas seriadas que mantiene taquilla cautiva durante varios años. Películas en las que el bien y el mal, casi sin los matices de gris, luchan para apoderarse de tierras medias, distritos o planetas, según el caso.

DE CALABOZOS Y DRAGONES
Dirigida por Peter Jackson, El Hobbit: la desolación de Smaug (EU-NZ, 2013) sigue el viaje del grupo de los enanos y Bilbo Bolsón rumbo a la recuperación del reino perdido, apoyados por Gandalf el Gris, quien se tendrá que enfrentar a un creciente enemigo poderoso. Perseguidos por los orcos, se toparán con un bosque desconcertante plagado de arácnidos, un hombre oso de extraña dualidad, el reino de los elfos y un poblado cercano a la montaña donde aguarda el implacable dragón del título, impresionantemente recreado y con una voz profunda cortesía del maloso de Star Trek, Benedict Cumberbach.
A diferencia de su más contemplativa predecesora, esta entrega apuesta por una edición de mayor vértigo y una inserción de secuencias de acción más prolongadas, resueltas con destreza por la plasticidad de la puesta en escena y por la estrategia un poco de parque de diversiones que se emplea en las escapatorias. Las historias secundarias se integran con pertinencia a la trama central, ahora divida en dos vertientes, dada la necesaria separación del mago gris para enfrentar un mal más abstracto –notable la escena de Saurón- que con el que se las tienen que ver los enanos. Así, el universo tolkiniano tiene una digna representación en la pantalla.
El reparto de costumbre con algunas adiciones resuelve con dinamismo el desarrollo argumental que no se extravía a pesar del impresionante trabajo visual, potenciado por los 48 cuadros por segundo y la 3D que no dejan alternativa: formas parte de la caravana, los orcos te acechan sin miramientos, las arañas te envuelven en sus siniestras conversaciones, el enorme oso te quiere devorar, los elfos te atrapan, te las ves cara a cara con el mismísimo mal en proceso de encarnación, deambulas por las callejuelas de Laketown y dialogas con el imponente dragón lleno de fuego y muerte: hasta el poder del anillo empieza a formar parte de tu actuar y sientes que Gandalf te protege.Smaug

EL PODER DE LA FAMA
Dirigida por el vienés Frances Lawrence (Agua para elefantes, 2011) y basada en la segunda entrega de los libros escritos por Suzanne Collins, Los juegos del hambre: En llamas (EU, 2013) retoma la historia de la pareja ganadora de la mortal competencia anterior, ahora usada como arma propagandística para mantener al pueblo con la necesaria esperanza para que no haya revuelta alguna, hasta que, dadas las circunstancias, conviene convocar a unos nuevos juegos con rivales de habilidades diversas.
Con un diseño de producción que no escatima en locaciones, vestuarios y maquillajes que por sí mismos valen la pena, la cinta transcurre en apego a su par literario aunque por momentos no queden del todo asentados ciertos antecedentes de los personajes, como el encarnado por el gran Phillip Seymour Hoffman, quien le imprime una buena dosis de tablas actorales al ya de por sí renombrado elenco, disfrutando con todo de sus magníficas sobreactuaciones a tono con el sentido de sus personajes.
La narrativa logra equilibrar romance triangular, amistad a prueba de totalitarismos, drama silenciado y acción, así como un giro argumental que abre la puerta a una nueva veta argumental. Se mantiene la intención de plantear una sociedad futurista con rasgos que podemos encontrar en el pasado y presente de las sociedades humanas, además de integrar los juegos políticos en las resoluciones de los conflictos, acaso más peligrosos que las guerras armadas francas y directas: un poco de hambre, con algo de esperanza y un mucho de miedo para que las llamas no alcancen una fuerza que después sea imposible controlar.

TINIEBLAS CÓSMICAS
Dirigida por Alan Taylor, quien se ha distinguido como realizador televisivo de altos vuelos, Thor: el mundo oscuro transcurre justo cuando un arma milenaria reaparece en escena junto a un grupo de malosos interplanetarios que parecían exterminados; como si de invasores bárbaros se tratara, empiezan a atacar el centro imperial para poder controlar el universo conocido. Mientras tanto, el protagonista lidia con su hermano encarcelado, el romance en espera y una relación conflictiva con su padre.
La cinta acierta cuando no se toma en serio a sí misma y se atreve, incluso, a insertar detalles de un humor bienvenido que rompe con una solemnidad poco propicia para este tipo de historias: el cameo de Stan Lee y la secuencia en el metro, son las que se quedan en la memoria. Ayuda también, además de los efectos visuales y el intenso montaje, la ambigüedad de Loki, quien se termina por robar una película sedienta de matices morales.

SALVAR A LA HUMANIDAD

15 junio 2013

Un par de películas pertenecientes a subgéneros bien definidos -superhéroes y zombis- recurren al argumento de las cintas de catástrofes, en este caso provocadas por unos alienígenas que quieren restaurar su mundo y unos muertos vivientes de ferocidad a prueba de lentitud que buscan convertirse en la especie dominante. Lástima que no contaban con Superman, ahora conocido como el hombre de acero, y Brad Pitt: estrellas pop del mundo del cómic y de la fantasía hollywoodense, respectivamente.

Dirigida por Marc Forster (Más extraño que la ficción, 2006; 007: Quantum of Solace,2008) y con guion de origen múltiple remotamente basado y desperdiciando buena parte del potencial del libro de Max Brooks, estructurado más bien en forma de dinámico reportaje de investigación, Guerra Mundial Z (World War Z, EU, 2013) es una recreación de un apocalipsis caracterizado por la batalla entre los humanos y unos zombis más cercanos a 28 días después (Boyle, 2002) que a la clásica vertiente propuesta por el patriarca George A. Romero.

Al parecer no hay tiempo para demasiadas explicaciones y la acción se coloca al frente, con secuencias absorbentes de impecable manufactura –la del avión, por ejemplo- que logran ponerte al filo de la butaca, sobre todo en la primera parte, cuando la intensidad alcanza sus mejores cuotas. El contrapunto sensible con el tema de la esposa y las hijas termina por ser un lastre para el desarrollo argumental, en lugar de aportarle más humanidad al héroe sacado de la congeladora para que entre al terreno de juego y se encargue de salvar a la especie a la que pertenece.

Están presentes los apuntes políticos característicos del cine de zombis –como la secuencia en Jerusalén o el manejo de los refugios- aunque se optó por no meterse en terrenos espinosos (en el libro el origen apunta a China y al encubrimiento de su gobierno) y enfocarse a la figura del héroe y sus periplos para poder descubrir una posible cura o, al menos, una tabla de salvación mientras la especie se reorganiza. Los buenos momentos de suspenso conviven con ciertas secuencias de humor involuntario –ese castañeo de dientes del doctozombie- y la fórmula de la catástrofe vista como espectáculo visual se mantiene a lo largo del film.Guerra mundial Z

El problema es que faltan personajes y sobran viñetas: lo que termine por sucederles a los humanos con los que tenemos contacto a fin de cuentas no nos preocupa demasiado y la ausencia de un sustento dramático se pretende sustituir con continuos sustos de casa del terror, o bien la presencia del protagonista y de su aliada emergente. En el libro sobraban alternativas para retratar en pantalla, como la piloto Christina Eliopolis, la sobreviviente Jessica Hendricks, el general indio, el sensei, el joven japonés y muchos más, con gran potencial para dotar al film de diferentes perspectivas: el sobre trabajado guion nunca terminó de cuajar, como suele suceder en estos casos, no obstante, la cinta termina por funcionar en términos veraniegos.

Por su parte, Zack Snyder (300, 2006; Sucker Punch, 2011) quien por cierto, dirigió El despertar de los muertos (Dawn of the Dead, 2004) una de las cintas más significativas del género en lo que va del siglo, ahora entra al reto de volver a representar al superhéroe de cómic más emblemático de la historia, después de probar suerte con Watchmen (2009) y al que no se le ha hecho justicia en el cine; incluso la serie Smallville (Gough y Millar, 2001-2011), que retrata su juventud, funcionó mejor que varios de los esfuerzos anteriores.

En esta oportunidad, el elenco resulta más que cumplidor, cada quien de acuerdo a sus posibilidades actorales y a los papeles encomendados: Henry Cavill como el nuevo alienígena de curiosa similitud cristiana, enviado por el padre que aparece, en la línea shakesperiana de El Rey León, errando durante muchos años y al fin encontrando el momento de sacrificio a los 33 años, abriendo los brazos en plan de inmolación.

Amy Adams, convertida ya en una versátil actriz, encarna a una Luisa Lane más propositiva y atrevida que las anteriores: hasta se anima a dar el primer beso a sabiendas de que a partir de ese momento todo va de mal en peor para las parejas, mientras que Michael Shannon, otro actor en plenitud, interpreta al general Zod, un villano a la altura de las circunstancias, con todo y su ideología de la superioridad racial (o de especie, en este caso). Además, los roles secundarios son cubiertos con solvencia por Diane Lane, Kevin Costner, Laurence Fishburne y Russell Crowe.
Los conflictos morales aparecen por aquí y por allá, acaso por la mano de Christopher Nolan, y la construcción del héroe se realiza con base en puntuales flashbacks –decisión arriesgada en términos de ritmo- que dan cuenta de cómo fue el desarrollo del personaje, obligado a mantenerse en la clandestinidad hasta que no quedara de otra: los malos tenían que pedir su cabeza.

El hombre de acero (Man of Steel, EU, 2013) es la mejor película sobre este personaje pero no llega al pódium de las mejores de superhéroes de cómic, con Batman a la cabeza.

ASCENSOS Y DESCENSOS

11 agosto 2012

Un par de films de acción con trasfondo social y político, enclavados en la lucha por el control territorial y por ende, para asumir el poder como forma de dominio: ya sea una ciudad en aislamiento o un mercado clientelar. ¿Qué significa el ascenso: la muerte, la normalidad, el anonimato, la ausencia definitiva, el romance efímero? ¿Y el descenso: liberación, salvajismo o enajenación? Ambas en la cartelera de la ciudad.

LA ESPERANZA COMO FORMA DE CONTROL
El cine del londinense Christopher Nolan (corto Doodlebug, 97) se ha caracterizado por el abordaje de la pérdida y la dificultad de sobrevivir a ella: de la autonomía en Following (98); de la memoria en Amnesia (00); del descanso en Insomnia (02); de la personalidad en Batman inicia (05); de la moral en El caballero de la noche (08); de la sorpresa en El gran truco (06) y de la realidad en El origen (10). El cine como espectáculo se entrelaza, con más fortuna en unas que otras, con la mirada artística y la firma de autor.
Ahora, con El caballero de la noche asciende (The Dark Night Rises, EU, 12) plantea la pérdida de la esperanza como el vehículo, paradójicamente, para cambiar el estado de las cosas. Si la esperanza se convierte en una especie de anestesia que impide a las sociedades actuar por estar esperando mejores oportunidades, mantenla siempre de alguna manera, lo bastante cerca para que sea alcanzable y lo suficientemente lejos para que no ocurra la transformación anhelada. Construye mitos, siembra el miedo, finge hacer justicia y el control estará asegurado.
Con dos mujeres cargadas de misterio a su alrededor (Marion Cotillard, Anne Hathaway), el apoyo de sus incondicionales (Michael Caine y Morgan Freeman, breves y luminosos) y aún con la confianza de un par de representantes de la ley (Gary Oldman, Joseph Gordon-Levitt), el hombre murciélago (Christian Bale) deberá salir de su ostracismo para enfrentar a sus demonios internos, a cierto policía desorientado (Matthew Godine) y, sobre todo, al siniestro enmascarado de respiración profunda y cuerpo anabólico (Tom Hardy), buscando imponer el terror como forma de entender la vida.
Más allá de filias y fobias, Nolan ha cambiado las reglas del juego para el cine basado en cómics, si bien parece haberse engolosinado en esta entrega final sobre su mirada a este personaje irremediablemente escindido, olvidando algunos detalles de coherencia interna en el imaginativo guion que sabe establecer conexiones con los dos filmes anteriores, y quizá cayendo por momentos en ciertos lances pretenciosos. Cierto es que a partir de ahora, el planteamiento para realizar un filme de algún superhéroe, tendrá que voltear a ver lo hecho con Batman.
No obstante, las vueltas de tuerca, la combinación de drama con acción, el desarrollo de algunos personajes (otra vez un villano a la altura de las circunstancias) y el manejo de emociones múltiples, se mantiene a lo largo del film, soportado por el intenso score de Hans Zimmer, una puesta en escena grandilocuente fotografiada a partir de la lógica de contrastes, y una edición de rítmica variada, según la intención emocional de la secuencia. Digna conclusión, quizá con un desenlace demasiado subrayado, a una de las grandes sagas del siglo XXI del cine entendido como espectáculo puro.

NEGOCIOS RIESGOSOS
Después de realizar puntillosas películas sobre las realidades bélico-políticas (Salvador, 86; Pelotón, 86; Talk Radio, 88; Nacido el cuatro de julio, 89; JFK, 92; Nixon, 95), de corrupción financiera-deportiva (Wall Street, 87; Un domingo cualquiera, 99) y de violencia social (Asesinos por naturaleza, 94; Camino sin retorno, 97), Oliver Stone no ha logrado volver a su nivel en lo que va del siglo, realizando documentales sobre Castro y Chávez, alguna secuela tardía, un drama convencional y biopics de escasa fuerza narrativa.
Ahora regresa para dirigir Salvajes (Savages, EU, 12), cinta basada en la novela homónima de Don Winslow, quien colabora en el guion y es bien conocido por su inquietante texto El poder del perro, en la que se confrontan un par de amigos con negocio próspero de mariguana que comparten novia y ganancias, contra la llegada de un cartel mexicano a territorio estadounidense que quiere su parte del pastel: en medio, un agente que le puede ir apostando al mejor postor, según se muevan los vientos de cambio.
Con narradora en off y una acezante edición que no se detiene para mostrar la violencia gratuita que invade estas batallas por el mercado y los territorios, la historia se desarrolla sin dar mayores pistas contextuales, centrada en el trazo de los personajes, entre siniestros y caricaturescos, y los procesos de negociación/traición que van delineando la relación entre ellos: ante la propia perspectiva, los otros son vistos como unos salvajes, hasta el momento que te asumes como tal y reconoces que tú también lo eres, aunque con buena vibra.
Un filme que funciona mucho mejor como un thriller de acción que como un retrato cercano al complejo problema que aborda, dibujado de manera más certera en Tráfico (Soderbergh, 00). Parece que Stone ha sacrificado mirada crítica y amplia en aras del impacto inmediato. Juego de texturas, banda sonora continua y un elusivo juego de angulaciones de cámara buscando darle un barniz de actualidad a la película, se combina con una estridencia actoral que es bienvenida siempre y cuando se trate de una sobreactuación premeditada. Ninguno de los dos finales propuestos parece tener mucho sentido, a menos que se trate de una parodia.