Archive for 30 septiembre 2008

MUJERES DE MIEDO

30 septiembre 2008

Una serie de películas de horror españolas y orientales que se desarrollan a partir de la presencia de mujeres, por decir lo menos, de miedo, en el sentido desafortunado del término.

REC / FRÁGIL
Alimentándose del reality show televisivo y del cine de zombies, estamos frente a un cruce entre la bruja de Blair –nada más que aquí sí pasan cosas- y Exterminio, nada más que la historia se desarrolla al interior de un edificio que podemos seguir gracias a un camarógrafo y a una presentadora de un programa nocturno, cuyo capítulo en cuestión consistía en seguir a un cuerpo de bomberos en una misión aparentemente rutinaria.
La idea de la presentación fílmica en tiempo real como espectáculo mórbido, se plantea como la base de REC (España, 07), manteniendo la tensión con algunas trampas narrativas y a pesar de la ausencia de ciertas explicaciones; la obsesión de grabarlo todo, ya sin importar la propia sobrevivencia, se ubica como un contenido dentro del festín sangriento en el que se va transformando esta historia de encierro forzado que consigue lo que se propone, sobre todo gracias al inquietante desenlace.
El film está dirigido por Paco Plaza con el apoyo de Jaume Balagueró, principal responsable de la nueva oleada del cine de horror hispano, que ha sabido tomar prestado de aquí y de allá y que dirigió Frágil (05), con la producción de Julio Fernández, en la que una enfermera se ve envuelta en una extraña situación de rupturas –de la realidad, de huesos, del equilibrio emocional- provocada por una oscura historia en un hospital infantil. Si bien no derrocha originalidad, la cinta consigue envolvernos con esas atmósferas grises y con ciertas secuencias de imprevisible impacto nervioso.

ALUCINACIONES DEL MAL / NUNCA ESTAMOS SOLOS
Un detective en pleno trance de confusión entre la realidad y sus percepciones, entre el pasado y el presente; una mujer con identificable vestido rojo que aparece muerta y de regreso al mundo de los vivos o al del hombre en cuestión, sacudido por terremotos admonitorios y una serie de casos que lo ponen de cabeza. Por momentos derivativa pero al fin angustiante, Alucinaciones del mal (Sakebi / Retribution, Japón, 06) es la más reciente obra de Kiyoshi Kurosawa (Cure, Pulse, Charisma), uno de los realizadores más importantes del terror oriental.
Una mujer empieza a recibir visitas inesperadas de su gemela, muerta años antes, justo cuando la felicidad parece sonreírle junto a su galán. Con efectivo empleo del flashback y un desarrollo consistente que flaquea hacia el tramo final, Nunca estamos solos (Tailandia, 07) está dirigida por Banjong Pisanthanakun y Parkpoom Wongpoom (Están entre nosotros), quizá muy en deuda con otras obras de mayor calibre como Los poseídos, también sobre un par de hermanas.

Nos leemos después.
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UNA GUERRA DE PELÍCULA O CÓMO REÍRSE DE SÍ MISMO

27 septiembre 2008

La autocrítica siempre será bienvenida, sobre todo cuando se confecciona con humor y no tanto como un “me tiro para que me levanten”. La capacidad para no tomarse demasiado en serio y reírse de sí mismo, denota inteligencia, como aquella máxima de Groucho en la que afirmaba de manera categórica que él jamás pertenecería a un club donde lo aceptaran como socio; o cuando Kevin Spacey, en Belleza americana (Mendes, 00), le decía a su interlocutor que no se preocupara por no recordarlo, porque de cualquier manera él no se acordaría tampoco de sí mismo.
Algo así consigue Una guerra de película (Tropic Thunder, EU, 08), dirigida e interpretada por Ben Stiller (La dura realidad, 94; Dr. Cable: El desastre llama, 96; Zoolander, 01), en la que a partir de una serie de estereotipos y viñetas le da una buena repasada al mainstream hollywoodense y a varios de sus clichés, tics y perversiones, en un tono que contrasta con otras propuestas críticas como la magnífica El ejecutivo (Altman, 92) o las insondables propuestas recientes de David Lynch.
Feria de personajes: el desquiciado responsable de los efectos especiales (Danny McBride); el director teatral inglés que no sabe en la que se metió y que de todas formas es prescindible (Steve Coogan); el productor gandalla que sólo se comunica con insultos (Tom Cruise en muy buena forma, como en Magnolia) y su asistonto reducido a mico (Bill Hader); el falso héroe de guerra (Nick Nolte); el insulso representante actoral en crisis de conciencia (Matthew McConaughey) y toda la banda asiática de narcotraficantes dirigida por un niño (Brandon Soo Hoo), faltaba más, admirador improbable del propio Stiller.
Desde luego, los insufribles actores: el héroe de acción caído que ha tratado de ampliar su rango haciendo el ridículo (Ben Rambo Stiller); el que cree que puede con cualquier papel gracias a su talento, dando consejos y nunca dejando de actuar (Robert Downey Jr. de australiano a negro); el que llama más la atención por sus problemas personales y sus flatulencias que por su trabajo (Jack Black); el que está que si sale del clóset o no (Brandon T. Jackson como Alpa Chino) y el que aspira a convertirse en gigoló por el simple hecho de volverse actor (Jay Baruchel).
Las referencias a un par de grandes películas sobre la guerra de Vietnam –Apocalipsis ahora, Pelotón- muestra cómo algunos estudios sólo refritean ideas y las hacen pasar como propias, desarrollándolas de manera descontextualizada. El proceso de producción, como cabía esperar, depende de dos hilos: el carácter del bailarín productor y la rentabilidad económica del producto, ya ni siquiera concebida como obra fílmica.
No podían faltar las referencias a la entrega del Oscar y a las transformaciones de los intérpretes que creen descubrir el sentido de sus vidas. Además del irónico y humorístico trazo de los personajes con todo y las ingeniosas líneas de diálogo, la producción de la película sobre una película que nunca terminó siendo una película, acaba resultando eficaz, con los volátiles desplazamientos de cámara y una fluida edición que sigue los diferentes frentes abiertos en el desarrollo de la historia.
A diferencia de las rutinarias películas paródicas que se sustentan en burdas recreaciones sobre otros filmes, aquí estamos frente a una propuesta que lanza sus envenenados dardos hacia los sistemas de producción y comercialización que privan en varios de los estudios de Hollywood. Quizá ya lo sabíamos, pero he aquí la oportunidad de verlo en vivo y a todo color, siguiendo los mismos esquemas que se critican.

PAUL NEWMAN (1925-2008)
Lo vimos por última vez en Camino a la perdición (02) y lo escuchamos en Cars (06). De la mano de Scorsese se llevó el Oscar por su actuación en El color del dinero (87) y nos regaló una memorable interpretación en El veredicto (Lumet, 82). Se consagró con Butch Cassidy and the Sundance Kid (69) y El golpe (73), junto a Robert Redford. Alumno aventajado del Actor’s Studio, debutó en las tablas de Broadway en los cincuenta y de ahí cimentó una prolífica y contundente carrera cinematográfica.
Casado con Joanne Woodward durante 50 años –periodo inusual en la feria de vanidades holywoodense- mostró compromiso político en todo momento: su línea de productos alimenticios sirvió para causas humanitarias, en consonancia con su sólida conciencia social. La profunda mirada azul quedará plasmada no sólo en la pantalla, sino en la búsqueda de convertir este mundo en un mejor lugar para todos. Un gran actor. Un mejor hombre.

Nos leemos después.
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DESENCUENTROS

20 septiembre 2008

Cintas en los videoclubes de la ciudad que no pasaron por los cines pero que bien valen la pena una mirada atenta. Encuentros y desencuentros que ponen a prueba las lealtades y las verdaderas motivaciones de los personajes. Veamos.

CUANDO LOS HERMANOS SE ENCUENTRAN

Dirigida por Tamara Jenkins (Barriadas en Beverly Hills, 98), dentro de la estética del clásico cine independiente norteamericano, La familia Savage (The Savages, EU, 07) coloca a dos hermanos en una situación forzada de reencuentro cuando tienen que atender a su padre senil (Philip Bosco), quien se ha quedado solo ante la muerte de su pareja. Ambos rondan los 40 y están atorados en sendos procesos creativos relacionados con la escritura teatral; ella se conforma con ser la amante de un tipo casado entrado en años y él rehuye el compromiso de casarse con su novia polaca a quien se le está por vencer la visa.

Con soberbias actuaciones de Laura Linney y Philip Seymour Hoffman, la directora consigue rescatar a sus propias criaturas del patetismo en el que se han envuelto, gracias a un inteligente desarrollo de sus personajes y al rescate de una cotidianidad en la que nos podemos ver de alguna manera reflejados, sobre todo quienes andamos por esas edades. Los reproches soltados a los demás se vuelcan implacablemente para entender que aún la mascota desahuciada puede seguir corriendo y que el talento puede seguir floreciendo.

A partir de mostrar locaciones contrastantes –del desierto de Arizona a la lluviosa Bufalo- se construye una perspectiva visual con movimientos pausados de cámara que juegan con el tempo fílmico de tal forma que llegamos a comprender a este par de hermanos en trance de madurez. La responsabilidad que implica atender al distante progenitor, con quien muy poco se comparte, colocará a los hijos en una posición de ruptura frente a su propio ostracismo y su propia zona de infeliz comodidad.

LUCHA DE PODERES

Dirigida por Ang Lee de regreso a sus tierras tras Secreto en la montaña (05), Lujuria y traición (Lust, Caution, China-EU-Taiwán, 07) sigue a una aspirante a actriz de teatro (Tang Wei) que durante la ocupación japonesa a finales de los treinta y principios de los cuarenta, se inserta en una célula rebelde para fingirse dama de sociedad, inmiscuirse en un grupo de mujeres y poder liquidar al esposo de una de ellas, un jefe policíaco torturador (Tony Leung), con quien establece un apasionado romance que va tomando rumbos inesperados para ambos.

El poder del erotismo y el poder político represivo entran en una equilibrada batalla a través de un romance siempre bien contextualizado en una época convulsa, llena de abusos y traiciones. La fotografía del compatriota Rodrigo Prieto enfatiza los entornos cerrados con elusivas sombras llenas de ausencia, así como los exteriores, caracterizados por un efervescencia clasista en la que siempre caben los dobles juegos: los de mesa y los de la vida.

Entre el idealismo transformador y el mantenimiento autoritario del status quo, la pulsión romántica se erige como una tercera fuerza incontrolable. Las convicciones, por más siniestras o loables que sean, se pondrán en tela de juicio ante la avalancha de sensaciones que el erotismo produce sin avisar su llegada y mucho menos su despedida, acaso porque una vez atrapado no sea posible escapar sin una huella indeleble que a parecerá en la cama vacía, apenas iluminada.

Nos leemos después.

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PERSÉPOLIS O CÓMO SE CONSTRUYE LA IDENTIDAD

6 septiembre 2008

Fue la capital del imperio persa y víctima de las pretensiones conquistadoras de Alejandro Magno. Como esas ciudades con fuerza propia, se intentó arrasarla, muchos siglos después tras la revolución iraní, para borrar la historia preislámica, aunque la resistencia contuvo el ataque. Sus ruinas son Patrimonio de la Humanidad desde 1979 por la enorme riqueza cultural y artística que representa. Recientemente, su nombre ha sido visto en las marquesinas de muchos cines alrededor del mundo.

Basada en los cuatro tomos de la autobiográfica novela ilustrada de Marjane Satrapi y dirigida por ella misma en colaboración con Vincent Paronnaud, Persépolis (Francia-EU, 07) es un intenso, cercano y emotivo recorrido por la vida de una mujer desde su niñez hasta su juventud, en un convulso contexto sociopolítico que va de los años setenta en Irán, su tierra natal, hasta su partida a Francia durante los primeros años de la década de los noventa, pasando por una estancia en Viena y el regreso a casa en los ochenta.

Hija de una familia acomodada, pasa sus primeros años entre las ideas progresistas de sus padres para darse cuenta, a través de las historias de algunos parientes, de los abusos del poder tanto de la monarquía como de la república. Justo cuando empieza a dejar de ser niña, vive parte de su adolescencia en la indiferencia y snobismo occidental, donde empieza a conocer el amor de pareja y a resentir la crisis de identidad, para regresar a Irán en donde cada movimiento y acción están vigilados, incluyendo cualquier manifestación de cariño.

Con una tan sencilla como absorbente animación en blanco y negro, apenas presentando algún contrastante colorido justo cuando va a iniciar alguna etapa de su vida, la historia de esta vivaz y rebelde niña que igual platica con Dios y Marx, se imbrica de manera puntual con los principales sucesos políticos de Irán, tanto sus conflictos internos como con otros países: las ambiciones petroleras de los ingleses representadas en un sketch con marionetas, la guerra con Irak o las intervenciones de los Estados Unidos, en específico a través de la venta de armas.

Este notable equilibrio entre la mujer y su entorno, le brinda fuerza al relato que sabe cómo relacionar el drama de la pérdida, el humor de diversos sucesos y el desarrollo de una adolescente común, encantada por el punk y el metal de Iron Maiden y viviendo su sexualidad con los conflictos inherentes ante las decepciones amorosas, incluyendo un precipitado matrimonio. Junto a ella, su liberal abuela señalándole alternativas siempre posibles (voz de Danielle Darrieux) y sus comprensivos padres (Simon Abkarian y Catherine Deneuve), pensando en las mejores posibilidades de vida para su retoño.

Con una estética animada diferente a la acostumbrada, aprovechando los negros y sombras para cerrar secuencias de manera casi teatral, los grises panorámicos y los blancos para expresar una efímera luminosidad, la propuesta visual consigue profundizar en los estados de ánimo de la protagonista –como en su depresión o en la alegría del primer amor- y hasta sumergirnos en los históricos conflictos bélicos y sociales o, en contraste, arrancarnos saludables carcajadas como cuando va dejando de ser niña o se recupera de la depresión, y asumirse como iraní, no obstante la fuerte presencia de la cultura occidental, particularmente el rock en sus diversas vertientes.

Entre estos dos mundos, de férreo control y de indiferencia absoluta, más el suyo propio, Marjane (voces de Gabrielle Lopes y Chiara Mastroianni), irá encontrando su lugar como mujer en contextos discriminatorios y dogmáticos (interesante un análisis desde la perspectiva de género), como hija/nieta/amiga y como persona con una identidad en permanente recomposición. Aderezado con un eficaz score y una fluida edición que permite mantener el interés e involucramiento del espectador, el film es una mirada honesta, crítica y a la vez transparente de una mujer que, como su patria, ha ido creciendo en medio de crisis, injusticias y esperanzas. Una gran película.

Nos leemos después.

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EL CHICO O CÓMO CHARLOT SE CONVIERTE EN PADRE ADOPTIVO

2 septiembre 2008

Una grata sorpresa resultó ser la inauguración del Foro de la Cineteca con la proyección del primer filme largo de Charles Chaplin. La llegada de esta celebración fílmica a nuestra ciudad es una de las mejores oportunidades para cinéfilos y allegados, dada la diversidad y consistencia de su programa: qué mejor que arrancar con uno de los más influyentes y grandes directores de la historia del cine. Si observamos con detenimiento, muchas propuestas del cine cómico y animado respiran por sus poros: ahí está la maravillosa Wall-E para corroborarlo.

Ya mostrando desde entonces esa tendencia de combinar el humor físico más logrado con algunos pasajes emotivos en los que se muestra que el vagabundo Charlot también tiene su corazoncito, Chaplin entregó El Chico (The Kid, 1921), grabada en seis rollos y con una duración cercana a la hora, en la que desarrollaría sus principios esbozados en Vida de perro (1918). A estas alturas, el director de La quimera del oro (1925) contaba con una larga trayectoria en la producción de cortometrajes y su personaje más famoso ya estaba instalado en el imaginario narrativo del público.

Una angustiada y desesperada mujer (Edna Purviance) decide abandonar a su hijo recién nacido, pronto encontrado por el vagabundo quien intenta deshacerse de él -pretexto que sirve para desarrollar ciertas secuencias hilarantes- pero termina, más por no tener de otra que por convencimiento- quedándose con el pequeño infante. Como cabría esperar, de aquí se desata un vínculo entre ambos, a partir de que el bebé se convierte en niño, interpretado por Jackie Coogan, quien después se convertiría en el Tío Lucas de la serie televisiva Los locos Adams.

La complicidad que se desarrolla entre ambos para la sobrevivencia y la consecuente relación afectiva que se va construyendo poco a poco, permiten que el espectador, además de divertirse, se involucre afectivamente con los personajes y comparta con ellos sus aventuras callejeras y sus audaces estrategias para intentar salirse con la suya: el manejo del tiempo narrativo muestra la audacia chaplinesca para contar historias de manera fluida y entretenida.

El componente de la comedia física funciona de manera impecable y aún hoy, a casi noventa años de distancia, sigue provocando saludables carcajadas incluso en los niños del siglo XXI, como lo pude comprobar con mis tres retoños que se mostraron francamente entusiasmados con la cinta; quizá la parte más sentimental peque de cierta inocencia u obviedad pero igual funciona como un buen complemento a la propuesta narrativa. Más discutible puede ser la secuencia del sueño del vagabundo, en la que un paraíso terrenal se ve corrompido por cuestiones tan comunes de nuestra especie como los celos y la envidia.

El chico levantó el listón para el cine cómico en general y para el de Chaplin en particular, quien a partir de aquí desarrollaría su obra más importante que lo colocaría como un realizador imprescindible. Un buen acercamiento al hombre y al artista puede verse en aquella película de Richard Attenborough en la que Robert Downey Jr. se metió en la piel del genial cómico, aunque lo mejor que uno puede hacer al respecto, es regresar a sus cintas y dejarse llevar por la sonrisa que se asomará con sólo ver su icónica figura, manteniendo cierta elegancia optimista aún en la callejón más escondido.

Nos reímos después.

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