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LÓGICAS SOBREVIVIENTES

6 septiembre 2012

En cartelera y en los videoclubes de la ciudad, grupos o individuos que tienen que huir, esconderse, escabullirse o enfrentar a sus rivales en territorios inhóspitos para mantenerse con vida. Veamos.

LA LÓGICA DE LA CORRETIZA
Basada –es un decir- en el paranoico cuento del gran Philip Dick y ostentándose como remake del mucho mejor filme de Verhoeven de 1990, El vengador del futuro (Total Recall, EU, 12) es una hueca apuesta que intenta mantenernos interesados, casi con respiración artificial, en una historia que cuando apenas va despuntando se ve interrumpida por algún tipo de persecución, como si en efecto se tratara de corretizas a lo loco con uno que otro diálogo intercalado. El director Les Wiseman se confirma como un mejor coordinador de efectos especiales que como un contador de historias a través de imágenes: no es suficiente el talento para el montaje de secuencias de acción porque la emoción depende de quiénes están involucradas en ellas.
Y no es que necesariamente las películas que se desarrollan bajo la estrategia del gato y el ratón estén destinadas al fracaso, pero cuando se cuenta con un material tan sugerente como el propuesto por el escritor usualmente mal llevado al cine (con la gran excepción de Blade Runner), acaba por ser un desperdicio proponer una convencional cinta de acción en la que poco importa lo que le pase al protagonista y sus mujeres, quién gane entre los rebeldes y el gobierno represor o, peor aún, cuándo estamos en la realidad y cuándo en el mundo de los implantes cerebrales para jugar con la memoria. El asunto llega a tal punto, que uno acaba extrañando a Schwarzenegger y sus dotes actorales.

LA LÓGICA DE LA MANADA UNIDA
Dirigida con brío reflexivo por Joe Carnahan, Un día para sobrevivir (The Grey, EU, 11) es una intensa lucha por la sobrevivencia que emprende un grupo de trabajadores de una petrolera después de sufrir un accidente aéreo en Alaska. Si en Narc: Calles peligrosas (02) el director recreaba las batallas en el escenario urbano, acá las estrategias son para salir avantes en una absorbente tundra, hábitat natural de los lobos: ahí están las dos manadas confrontadas con sus respectivos machos alfa. A partir del uso del flashback para darle profundidad al protagónico (Liam Neeson) y de la recolección de las carteras para humanizar al grupo, somos testigos de una historia impecablemente trasladada al mundo de las imágenes, con trasfondo emocional que logra trascender la mera acciónde resistencia al límite.

LA LÓGICA LIBERTARIA
Un peculiar grupo de siete presos de un campo de concentración en la rusia stalinista consigue escapar para enfrentarse a un reto quizá mayor que el propio Gulag: sobrevivir a campo traviesa para poder salir de territorio soviético y llegar a la India, objetivo en principio inalcanzable. Dirigida con sensibilidad por el australiano Peter Weir, después de varios años de ausencia, Camino a la libertad (The Way Back, EU-Emiratos Árabes-Polonia, 10) se desarrolla a partir de la mirada amplia con fotografía panorámica de amenazante impetuosidad y del análisis de las relaciones que se van estableciendo al interior del grupo, cómo interactúan y de qué manera se van transformando. A pesar de cierta precipitación en el desenlace, la cinta consigue involucrarnos en la batalla que libran estos hombres comunes, más la adolescente que se les une, para poder ver en vida lo que imaginaban lograr.

LA LÓGICA DEL TIEMPO PERDIDO
Con base en una interesante premisa escrita por él mismo, Andrew Niccol dirige El precio del mañana (In Time, EU, 11), acerca de un mundo en el que el tiempo se ha vuelto la moneda de cambio y las personas viven hasta los 25 años, a menos que compren horas extra; desde luego, todo un sistema autoritario está detrás del asunto y un tipo más o menos común (Justin Timberlake) los pondrá de cabeza. El thriller cienciaficcional toma el camino de la acción y el romance más o menos reiterativo y forzado, en lugar de explorar otros territorios dramáticos que parecían estar presentes y dar para interesantes rutas narrativas.

LA LÓGICA DE LA BALACERA
Dirigida por Stéphane Rybojad debutando en cine, Fuerzas especiales (Francia, 11) centra su atención en el secuestro de una periodista (Diane Kruger), el intento para usarla como moneda de cambio, su posterior rescate y la travesía que emprende tanto ella como el comando para poder sobrevivir en territorio afgano con los talibanes pisándoles los talones. Con sólido reparto actoral, el filme opta por concetrarse en la persecución, de una forma un tanto cuanto maniquea, que en explorar el conflicto político-social planteado en un inicio y que se antojaba más interesante. Así, nos quedamos con un típico filme de héroes occidentales que sobreviven a la barbarie de los pueblos subyugados.

TONY SCOTT
Una pena el deceso de este productor y director inglés, avecindado en Los Ángeles, que debutó con la vampíricamente estilizada El Ansia (83) y que alcanzó algunas cimas como en La fuga (93), con todo y el emblemático diálogo entre Christopher Walken y Dennis Hopper, y El fanático (96), con un siniestro Robert de Niro. Se volvió especialista en filmes de acción primero convencionales (Beverly Hills Cop 2, 87; Venganza, 90; Días de trueno, 90; El último Boy Scout, 91) y después armados con más inteligencia a manera de rompecabezas (Marea roja, 95; Enemigo público, 98; Juego de espías, 01; Deja Vu, 06); después de un par de trastabilleos (Hombre en llamas, 04; Domino, 05) terminó haciendo un par de películas sobre trenes frenéticos (Rescate del metro 123, 09; Imparable, 10). Junto con su célebre hermano, compartía una casa productora y estaba preparando, según se dice, una secuela de Top Gun (86).

BAARIA: GENERACIONES CIRCULARES

29 marzo 2011

Una película-río atraviesa el tiempo y fluye por acontecimientos varios, enfocándose en un puñado de personajes que de alguna manera se convierten en portadores de las formas de pensar y actuar en determinados contextos. Usualmente, este tipo de films abarca tres o cuatro generaciones que se van conectando por afinidades familiares o sociales, estableciendo continuidades narrativas que se articulan para darle a la historia un sentido de unicidad.
El riesgo, claro, aparece cuando las bifurcaciones sobrepasan al cauce central y el resultado termina en un desbordamiento tal que lejos de darle diversidad a la propuesta, termina en una dispersión episódica que impide el involucramiento por parte del espectador, perdiendo el interés por los personajes y sus circunstancias. Es probable que todo el aparato narrativo de estas cintas presente tensiones entre el desarrollo de los sujetos y la necesidad de contar los grandes acontecimientos en los que están envueltos.
Dirigida con aliento épico por el siciliano Giuseppe Tornatore (La desconocida, 06; Una pura formalidad, 94), Baarìa: Amor y pasión (Italia, 09) es justamente una cinta que se despliega a lo largo de 50 años, de 1930 a 1980, siguiendo a un tronco familiar en el poblado que da título al film, dentro de la región de Bagheria en Palermo, sitio donde nació este realizador que alcanzara notoriedad con Cinema Paradiso (89), cuyo espíritu está presente en la cinta sobre todo cuando la comunidad se entrega al disfrute del cine, con todo y discusiones morales y las referencias, explícitas o implícitas, de los grandes directores italianos de los cuarentas y cincuentas.
En un tono que retoma el neorrealismo italiano, desde el punto de vista temático, y el cine felliniano en su forma y puesta en escena, el director de Todos estamos bien (90), Novecento: La leyenda del pianista (98) y Malena (00) regresa a la premisa de apretar los botones sentimentales y humorísticos por igual, con mejores resultados los segundos que los primeros, para construir una extendida historia -150 minutos- que mezcla romance, contexto político, situación social, saga familiar, guerra y todo lo que sea posible en la vida de Peppino (Francesco Scianna), un hombre al que seguimos desde niño hasta que se convierte en padre de familia, atravesando por su formación sentimental, ideológica, política y laboral.
Desde la perspectiva de la pequeña comunidad, se siguen los grandes acontecimientos que marcaron aquellos años, particularmente la II Guerra Mundial, y la aparición del comunismo con todos sus mitos, esperanzas y promesas, mientras que elementos como la religiosidad popular y las tradiciones del campo se entremezclaban con el ascenso de la mafia –de paso se menciona a los Corleone- y las diversas disputas que todos estos factores generaban. No obstante, la cinta se da tiempo para darnos ciertos toques de realismo mágico que la hacen más ligera y llevadera, si bien por momentos se extraña una mayor fuerza dramática.
Tanto el diseño de producción –vestuario, construcción de sets, utilería- como el score, cortesía del mítico Ennio Morricone, nos remiten de inmediato a una época histórica determinada, así como el cúmulo de detalles no sólo visuales sino también narrativos (como sucedía con El hombre de las estrellas, 95), en los que se advierten formas de pensar propias de los tiempos que corren, así como la aparición en los pueblos de artefactos varios de acuerdo a los avances tecnológicos primero llegados a las grandes ciudades.
Los espectaculares desplazamientos de cámara y la fotografía de provocadora belleza por momentos captan más la atención que lo narrado, es decir, en ciertos pasajes interesa más la forma que el fondo. La cinta gana fuerza cuando intervienen los personajes femeninos, en especial la esposa (Margareth Madé) y la abuela (Ángela Molina), cuya historia se inserta con tino a través de un flashback: la vitalidad de ambas va sosteniendo al personaje central y ejemplifican la importancia de la mujer en las estructuras familiares de la cultura latina, a pesar de que en otro sentido se le menosprecie.
La estructura circular del film, con esas elipsis continuas en ocasiones bruscas y con esos trompos girando mientras que la mosca sale volando, nos coloca en la posición de apreciar el tiempo no de forma lineal, sino con las idas y vueltas más propias de las vidas humanas y de los acontecimientos históricos que no se suceden de manera predecible y ordenada, sino con regresos al punto de partida. De ahí que un padre refleje su propia infancia en el hijo y éste, a su vez, se proyecte en su progenitor cual modelo a seguir. Para correr, no hacen falta alas, aunque las víboras prietas acechen en los sueños.

JESUCRISTO FÍLMICO

14 abril 2009

Desde diferentes perspectivas, la figura de Jesús ha sido representada a lo largo de la historia del cine. Entre obras apegadas a los Evangelios que confundieron solemnidad con acartonamiento y propuestas con una visión muy personal, se han recorrido los pasajes de esta singular vida que trastocó para siempre el pensamiento del mundo. Independientemente de las creencias, el peso histórico de este personaje es incuestionable y el cine lo ha retomado en diversas ocasiones con o sin el beneplácito de la jerarquía eclesial católica.

 

LOS PRIMEROS AÑOS

La primera aparición de la figura de Cristo en el cine se le adjudica a La Passion du Christ (Léar y Basile, 1897), con intérpretes improvisados; este mismo año, se realizaron varias cintas en diferentes países que no han logrado resistir el paso del tiempo. Fue el agente de los hermanos Lumiere en Italia, Vittorio Calcina, quien realizó antes del nuevo siglo la más importante versión fílmica sobre Jesús de aquellos años: Pasion Pathe (1899), un corto de diez minutos en el que se recuperaban sobre todo las última horas de la vida de Cristo, incluyendo el andar sobre las aguas a través de un logrado efecto visual para aquellos años.

Ya en los novecientos, aparecieron Le Christ marchant sur flots (George Mèliés, 1900), La Passion du Christ (1902) y La vie du Jesús (1904), ambas de Ferdinand Zeeca, así como Le Baiser de Judás (Armand Bour, 1913). Fue en 1915 cuando se intentó realizar una película más panorámica, abarcando desde la infancia hasta la resurrección: Cristo (Liguoro y Antamoro, 1915).

Intolerancia (1916), trascendente obra maestra de Griffith que a través de un notable desarrollo del lenguaje cinematográfico, planteó en cuatro episodios de diferentes épocas la maldad humana: uno de ellos se refirió a la condena de Jesús de Nazareth, ejemplificando, precisamente, la falta de un valor esencial para la convivencia: la tolerancia. Los otros pasajes, una huelga obrera en Chicago durante 1912, la caída de Babilonia y la sangrienta noche de San Bartolomé, se fueron articulando en un sorprendente montaje paralelo que influyó de manera notable en el desarrollo de muchas cintas posteriores.

I.N.R.I (1923) de Robert Wiene, continuó con la tradición al igual que La vie de Jesus de Marcel Gibaud y Ecce Homo de Walter Rilla, ambas filmadas en 1936. Uno de los precursores del cine como espectáculo fue Cecil B. De Mille (Los diez mandamientos, 23), quien utilizó la Biblia como fuente argumental; entre sus producciones se encuentran Rey de Reyes (The King of Kings, 1927) y El signo de la Cruz (The Sign of the Cross, 1932), cuyas propuestas visuales estaban más cerca de la iconografía tradicional que de una auténtica recreación de aquellos tiempos.

 

CONTRASTES

Para la década de los cincuenta, Henry Koster filmó, inaugurando la tecnología del cinemascope, La túnica sagrada (The Robe, 53) sobre los primeros días del cristianismo y desde Suiza llegaba Barrabás (Barabbas, 53) de Alf Sjöberg. Por su parte, Gólgota (Duvivier, 56) se apegó a la versión de San Mateo. En los sesentas, Nicholas Ray hizo un remake de Rey de Reyes (61) y Richard Fleischer de Barrabás (62). También se produjo La historia más grande jamás contada (63) de George Stevens, otra adaptación sobre los Evangelios con reparto multiestelar.

El controvertido Pier Paolo Passolini, dirigió El Evangelio según San Mateo (64), film orientado más hacia un enfoque popular y con un dejo de ideas marxistas que rompieron con el molde tradicional de la figura de Jesús. La irreverencia volvería con la parodia de los comediantes de Monty Python titulada La vida de Brian (79) de Terry Jones y con Jesucristo Superestrella (Jewison, 73), adaptación hoy inocua de la rock ópera compuesta por Tim Rice y Andrew Loyd Weber.

En España, bajo el auspicio franquista, apareció El proceso a Jesús (Sáenz de la Heredia, 73) como una respuesta a las supuestas blasfemias de la anterior cinta, mismas que volvieron, según la jerarquía católica, con La vida sexual de Jesús ( Dinamarca-Inglaterra, 73). Aunque de manera tangencial, las versiones de Ben-Hur, Quo Vadis? y Espartaco también se han acercado a la figura de Jesús, al igual que la española Marcelino pan y vino (1954) de Ladislao Vajda, El Judas de Ignacio F. Iquino y Cristo se detuvo en Éboli (79) de Francesco Rosi, basada en la novela de Carlo Levi.

El cine mexicano también le entró al tema con poca fortuna: apenas superiores a algunas pastorelas escolares, Jesús de Nazaret (Morales, 42), María Magdalena (Contreras, 45), Jesús, Nuestro Señor (Zacarías, 69), El Mártir del calvario (Morayta, 52), quizá la más acabada, y Jesús, María y José (Zacarías, 72) se desarrollaban en medio de una rigidez tanto actoral como escénica que en lugar de estar haciendo una película parecía que estaban recordándonos las respuestas para alguna clase de religión (basta checar las barbas de utilería para confirmar lo dicho).

 

LOS AÑOS RECIENTES

El director católico Franco Zeffirelli presentó Jesús de Nazareth (77), lograda adaptación fílmica que agradó al Vaticano pero despertó rechazo contradictorio: entre los extremistas puritanos, quienes alegaban que se planteaba a un Jesús demasiado humano, y entre la izquierda, por ser demasiado conservadora y no trascender un catequismo poco vinculado con la época actual.

Godard fue prohibido en México con Yo te saludo, María (84), cinta en la que colocaba a una joven embarazada sin la intervención de ningún hombre, que terminaba siendo rechazada por la sociedad. Para cerrar la década, dos obras clave: La Última Tentación de Cristo (89), obra maestra de Scorsese basada en la novela de  Nikos Kazantzakis, en donde se profundizaba en la aceptación del propio Jesús sobre su divinidad y su misión salvífica.

Absurdamente prohibida y recién estrenada hace cuatro años, como si nuestra fe dependiera de ello, se trata de un filme con un diseño artístico que nos transporta como ningún otro a la época, siempre soportado por la envolvente música de Peter Gabriel. Por su parte, Jesús de Montreal (Arcand, Canadá, 89), sorprendente alegoría sobre la vida de Cristo, seguía a un grupo de teatreros que escenifican la Pasión, misma que empieza a invadir sus propias vidas.

El nuevo milenio inició con películas relacionadas con grupos secretos y complots (tipo Los ríos de color púrpura 2 y  la fallida El código Da Vinci), y con Jesucristo cazador de vampiros (01) una cinta que buscó el sampler entre vampirismo, actos mesiánicos y karatecas. La pasión (04), controvertida cinta de Mel Gibson, resultó para algunos una mirada racista y gore, en donde predomina la sangre sobre la palabra, y para otros una obra maestra que retrató con fidelidad el sufrimiento vivido por Jesús. La directora Catherine Hardwicke, realizó Jesús, el nacimiento (Nativity Story, 06), centrándose justamente en los momentos que rodearon al origen de lo que hoy conocemos como Navidad.

 

COLOFÓN

Este es un panorama general sobre la manera en que Jesucristo ha sido retomado por el cine; no son todas las cintas que han abordado el tema pero su mirada nos puede brindar una idea de cómo se ha entendido la complejidad de una figura que sigue siendo fundamental para la historia de la humanidad, se crea o no en su divinidad. Ojalá que la charlatanería y la censura se dejaran de lado en un asunto que, de una u otra forma, se relaciona con todos nosotros.

REBELIONES

21 febrero 2009

REBELIONES

Las más efectivas usualmente vienen desde adentro: algún grupo inconforme con el curso de los acontecimientos, con la forma de liderazgo o con los objetivos que se han ido planteando, ajenos a los ideales originales… o quizá simplemente porque ellos no son los mandones. Un par de cintas en las que seguimos a sendos grupos de complotistas y que tienen en común, extrañamente, a un actor versátil y experimentado que gusta hacerla de todo: Bill Nighy.

OPERACIÓN VALQUIRIA

Recreación histórica del famoso intento por asesinar a Adolfo Hitler, entre algunos más que consignan los libros, en el que se vieron involucrados varios miembros del ejército nazi y un grupo de civiles. Dirigida por el especialista en cine comiquero Bryan Singer, Operación Valquiria (Valkyria, EU, 08) se sustenta en el proceso de planeación de un atentado que atravesó por diversos obstáculos para a fin de cuentas, fracasar estrepitosamente.

A pesar de cierto maniqueísmo y un afán más descriptivo que analítico, acaso porque no podía ser de otra forma, el director de Sospechosos comunes (95) logra entregar un funcional thriller político no obstante contar con varios elementos en contra: una historia cuyo desenlace todos conocemos; una temática que puede saturar al espectador desde hace algún tiempo; la presencia de una megaestrella que bien puede estar en plan cooperativo o controlador y, finalmente, un género que normalmente deja inconforme a la mayoría de los espectadores.

Tom Cruise convence en el papel central y se nota bien arropado por un cuadro solvente de actores (Tom Wilkinson, Kenneth Branagh; Terence Stamp); la puesta en escena aprovecha consigue crear las atmósferas necesarias; el diseño de arte logra trasladarnos a la época y el desarrollo del film es fluido y con momentos de genuina tensión, gracias a un dinámico movimiento de cámaras, siempre en el lugar justo, y a una edición que sabe cuándo darle continuidad o detenerse un poco en la escena.

Cierto, se extraña una mayor toma de riesgos para ahondar sobre las aún confusas motivaciones de los complotistas. Al terminar de ver al film, invade la sensación de lo caprichosa que puede ser la historia, un poco como las valquirias wagnerianas, y de qué forma se va tejiendo el curso de los acontecimientos de tal forma que tan sólo un pequeño cambio, uno solo, hubiera significado una transformación absoluta del mundo como lo conocemos hoy.

INFRAMUNDO: LA REBELIÓN DE LOS LYCANS

Tercera entrega de la saga, ahora sin la necesaria presencia de Kate Beckinsale, quien sólo hace un cameo, que funciona más bien como un antecedente de la tensión desatada entre vampiros y licántropos, junto a las demás especies –humanos incluidos- que alcanza proporciones interminables, por aquello de que a unos les cuesta trabajo morirse y otros van mutando a la primera provocación y como dirían  los clásicos, se traen ganas pero de las malas.

Dirigida por Patrick Tatopoulos, Inframundo: La rebelión de los Lycans (EU, 08) nos ubica en una típica estructura feudal, esclavismo incluido, en la que los vampiros funcionan como los señores que se supone protegen a los humanos de los salvajes lobos del bosque, mientras que van creando una tercera raza –mezcla de humano con lobo- para que los sirvan. Como cabría esperar, el primero de los Lycons empieza a rebelarse, se enamora de la hija predilecta del chupasangre mayor y se arma la revuelta.

La historia de liberación mil veces contada adquiere aquí un tono fantástico que no le viene mal. Si bien la cinta no trasciende su condición dominguera, resulta un buen esfuerzo desde la apuesta visual, el diseño tanto de interiores como del escenario externo y en cuanto a las batallas, siempre en penumbras y dinámicamente coreografiadas, manteniendo cierta adrenalina. Inframundo continúa en esa búsqueda para constituirse en franquicia que sea recordada más allá de los círculos del cine de horror y fantástico.

Nos leemos después.

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EL ROBO DEL SIGLO: MUCHO MÁS QUE JOYAS Y DINERO

11 octubre 2008

Las películas basadas en hechos reales suelen jugar con fuegos cruzados. Son blanco fácil de críticas negativas por falsear la verdad, omitir detalles que a más de uno le parecían cruciales o simplemente reducir su propuesta a una sucesión de hechos que ya todos conocían. Aún así, la realidad real sigue siendo fuente inagotable para el cine: suceden hechos que ni al más ingenioso escritor se le pudieron haber ocurrido.
Cuando se tiene en las manos una jugosísima historia que incluye un escándalo sexual de la realeza (cuando no eran comunes); fotografías comprometedoras de altos funcionarios (cuando no era fácil trucarlas); una banda que maneja giros negros con el consecuente entramado de corrupción; un falso líder del black power; la policía secreta metiendo la nariz; una femme fattale y una ex modelo, así como una improvisada banda con una misión que la rebasa y cuyo líder es también un hombre de familia, se cuenta con una gran oportunidad, pero también con un gran riesgo.
Nadie sabe lo que se roba hasta que todo mundo lo reclama. En efecto, un robo bancario de pronto se vuelve un suceso que trasciende el juego de policías y ladrones: el establishment está en riesgo. La princesa puede dejar de ser parte de un cuento disneyano, un grupo de policías puede revelarse como célula de pillos, el supuesto Malcom X inglés se mostraría como un delincuente, la supuesta eficacia de la policía secreta se pondría en duda y al siniestro dueño de prostíbulos se le caería el teatrito.
Así, se estructura el clásico guión del conflicto central, en el que unos objetos son codiciados por varios sujetos y el antihéroe necesita algo que los demás le pueden dar: el guión-telaraña se va entretejiendo de manera tensa y con creciente grado de complejidad para los protagonistas a un grado tal, que las salidas se van reduciendo al mínimo. Se trata de la recreación del famoso asalto al banco de la calle Baker en Londres, durante 1971. El film consigue que el apego o no a los hechos reales pase a segundo término.
Dirigida por el oficioso australiano Roger Donaldson (de Perros durmientes, 77 a El amo del viento, 05), El robo del siglo (The Bank Job, Inglaterra, 08) es un dinámico y consistente entramado de intrigas que nos involucra en una atmósfera de verosimilitud gracias a la correcta mirada de época, así como a la construcción creíble de personajes, envueltos en situaciones inesperadas que cuando suponen controlar, se vuelven contra ellos, incluyendo líos de faldas. No hay mucho tiempo para el respiro.
Gracias a la puntual edición, el desarrollo de la cinta nos captura y envuelve, brindándole un equilibrado peso a las diversas aristas del atraco y sus circunstancias. Las diversas perspectivas son puntualmente retratadas por la cámara que se pone al servicio de la narración, sin piruetas innecesarias o desplazamientos espectacularmente huecos. Donaldson consiguió salir airoso de la disyuntiva que imponen las películas basadas en sucesos documentados.

DÉCIMOSEGUNDO TOUR DE CINE FRANCÉS
A pesar de no ser el mejor momento por la presencia del Festival Cervantino, siempre será bienvenido el deseado paquete de películas galas que ya se ha vuelto tradición, como el Foro y la Muestra de la Cineteca. Retomando el nombre de la famosa carrera ciclista, esta celebración nos ha traído algunos films que sin problema se ponen el suéter amarillo: seguro esta ocasión seguirá con la tradición.
Ya que estamos en éstas, ojalá que algún día pudieran llegar otros ciclos que se ofrecen en dicho recinto, como el del nuevo cine alemán, el cine nórdico, el cine judío, el cine africano y tantos más que serían muy bien recibidos en nuestra ciudad, cada vez con una base más sólida de cinéfilos exploradores de otros terrenos fílmicos.

p.d. Vaya una admirada felicitación al cineclub de la Universidad de Guanajuato por sus primeros cincuenta.

Nos leemos después.
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