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CORPORACIONES ABUSIVAS: CONTROLES

24 abril 2013

Desde diferentes géneros, enfoques y propósitos, tres películas en las que unas empresas omnipresentes e inescrupulosas parecen regularlo todo, incluyendo la posibilidad de ser feliz y hasta, en algunos casos, de sobrevivir. Drama realista, thriller organizacional y ciencia ficción como para contar con perspectivas múltiples acerca de diversos tipos de crisis. En cartelera y en los videoclubes de la ciudad.

CONTROL A DISTANCIA
Una pareja realiza labores de mantenimiento y extracción en la Tierra, ya devastada por una guerra contra los alienígenas Scavs, mientras reciben órdenes de una supervisora siempre al pendiente (Melissa Leo, siniestramente motivante) y recordando la importancia del trabajo en equipo; además, deben cuidarse de unos seres extraños que pululan por el inhóspito paisaje. En poco tiempo podrán volver a Titán, una luna de Saturno donde ahora viven los humanos. La caída de una nave con una sobreviviente, recuerdos quebradizos que se resisten a desaparecer y un pequeño paraíso escondido, se van convirtiendo en elementos que generan dudas acerca de la misión y del sentido de la vida.Oblivion
Dirigida por Joseph Kosinski (Tron, 10) con base en su propia novela gráfica, Oblivion: el tiempo del olvido (EU, 13) retoma ideas, entre el reciclaje y el homenaje, de toda una tradición ciencia ficcional cinematográfica, entre cuyas referencias más claras es posible ubicar a Metrópolis (Lang, 27), 2001: Odisea en el espacio (Kubrick, 68), El planeta de los simios (Shaffner, 68), Solaris (Tarkovski, 72), Blade Runner (Scott, 82), Terminator (Cameron, 84), Brasil (Gilliam, 85), En el globo plateado (Zulawski, 87), El vengador del futuro (Verhoeven, 90), Matrix (hermanos Wachowski, 99), Inteligencia artificial (Spielberg, 01), Wall-E (Stanton, 08,) y En la luna (Jones, 09). Ya cada quien irá encontrando en dónde se percibe la influencia de estas obras.
A pesar de resultar predecible por las múltiples referencias citadas, el argumento termina por esbozar planteamientos interesantes como la forma en la que la humanidad se subyuga frente a sus propios adelantos y la manera en la que los recuerdos se vuelven el último reducto de identidad, poniendo a prueba certezas en apariencia irrebatibles. El score de M83 se integra de forma orgánica con la extensiva fotografía del oscareado Claudio Miranda (Una aventura extraordinaria, 12) y con el diseño tanto de producción como artístico, creando las realidades necesarias para compartir soledades, desengaños y angustias. Por su parte, Tom Cruise mantiene la convicción acostumbrada y es bien secundado por la matizada Andrea Riseborough, pareja y colega a la vez.

CONTROL LABORAL
En la línea de Trabajo confidencial (Inside Job, Ferguson, 10), documental didácticamente certero y poderosamente revelador sobre la crisis del 2008, El precio de la codicia (Margin Call, EU, 11) es una notable relación de hechos sucedidos durante 24 horas, empezando por un inclemente recorte de personal y terminando con una emergencia empresarial para sobrevivir, a costa de lo que sea: una firma financiera que juega a la especulación, la simulación y el engaño descarado para mantener la máxima de que la casa nunca pierde. Por si hubiera duda, ahí está la presencia de la bandera estadounidense, como para reforzar el desencuentro.
Escrita y dirigida por el debutante J.C. Chandor, la cinta se apoya en una asfixiante y claroscura propuesta visual con descriptivos paneos por la oficina que contrastan con las tomas en exterior, y en el trazo de los personajes padeciendo o tomando decisiones, por momentos, contra sus propias convicciones, si quedara alguna: de manera nítida se exhiben algunas de las causas de una crisis anunciada en la que la falta de regulación gubernamental se sumó a la avaricia desmedida de ciertos Gordons Gekkos, nombre de aquel personaje memorable que nos regaló Michael Douglas en Wall Street (Stone, 87).Margin Call
Las notables actuaciones son encabezadas por Jeremy Irons como el mero mero que da escalofríos con su falsa calidez y por Kevin Spacey, regodeándose en la ambigüedad de quien está en medio, pensando en su perro recién fallecido; Stanley Tucci, Paul Bettany, Zachary Quinto, Simon Baker y Demi Moore complementan este cuadro de asesores y quants que van y vienen, de victimarios pronto convertidos en víctimas y de piezas reemplazables a las que los dueños hacen sentir lo contrario mientras convenga, sin importar trayectorias, logros, historias y afectos.
Por su parte, Hombres de negocios (The Company Men, EU, 10) presenta la forma en la que las duras estrategias del llamado downsizing, lideradas por una fiel empleada (Maria Bello, implacable) de un corporativo, empiezan a ser sufridas por un trío de ejecutivos bien parados en una empresa, acostumbrados a un cierto nivel y estilo de vida proporcionado por sus empleos que, al momento de esfumarse, los obliga a renovarse o morir, literalmente: el desprecio del trabajo manual, la centralidad del trabajo como vehículo para la felicidad, la construcción de la identidad a partir de tu desempeño en el mundo laboral y la dependencia del sueldo seguro, con Porsche en el porche, son temáticas que se despliegan con buen ritmo y dinámica fotografía.
Dirigida por John Wells, la cinta no alcanza la profundidad esperada y por momentos pareciera esquemática y maniquea, aunque sí consigue ubicar las consecuencias familiares y personales de las crisis laborales en las clases medias altas y altas, en gran parte gracias al trío de convincentes actuaciones, cortesía de Ben Affleck, Tommy Lee Jones y Chris Cooper, bien contrastadas por un Kevin Costner en plan refunfuñón pero aleccionador, como si la vida simple fuera más feliz, casi en automático. Queda claro, eso sí, que del sueño americano cada vez es más fácil despertar.

ORCHESTRAL MANOUVERS IN THE DARK: ELECTRIFICACIÓN INGLESA

18 abril 2013

No podían faltar en las fiestas ochenteras y hasta ya entrados los noventa: con sus melodías contagiantes, rítmica motivante y letras que bien podían describir pasajes de la propia vida con voz de joven eterno, encajaban como anillo al dedo para crear atmósferas de cierta sofisticación pop. Se constituyeron como uno de los principales grupos de aquellos años gracias a su equilibrio entre las exploraciones armónicas y su accesibilidad para ser prontamente identificados, convocando a públicos diversos en torno a sus incluyentes lances sonoros. Los terrenos del synthpop fueron su ámbito, como el de grupos mainstream como Depeche Mode y Pet Shop Boys, aún sumiendo teclados y sumando adeptos.
Así, todos bailábamos electrificados y en constante locomoción, mientras mandábamos mensajes y compartíamos algún secreto, nos confesábamos perdidamente enamorados, a pesar de tener presente la posibilidad de que la persona amada se fuera, y pensábamos que viviríamos y moriríamos para siempre. Junto a valiosos grupos y solistas como Talk Talk, ABC, Soft Cell, The Human League, Duran Duran, Camouflage, Gary Numan, Thomas Dolby, A-ha, A Flock of Seagulls y Alphaville, por mencionar algunos, inundaron los espacios de aquellos años, recibiendo la influencia de Japan, Ultravox y, desde luego, Kraftwerk, Roxy Music y David Bowie.
A finales de los setentas, los compañeros escolares Paul Humphreys y Andy McCluskey empezaron a tocar en su natal Liverpool y produjeron, con la famosa Factory Records, su primer sencillo de nombre elocuente: Electricity, que a su vez formó parte de Orchestral Manouvers in the Dark (80), su debut homónimo en el que también se incluyó Messages, otra canción muy conocida que le permitió al dueto ampliado (han ido y venido diversos músicos) ganar cierta notoriedad, además de la lograda integración que hicieron del Krautrock con las tendencias imperantes como la llamada New Wave. Muy pronto apareció Organisation (80), muy bien recordado no solo por el clásico Enola Gay, sino por constituirse como una muestra del potencial compositivo y de búsqueda sonora que los marcaría durante los siguientes años.
OMDEn efecto, la consolidación llegaría con Architecture & Morality (81), álbum que alcanzó el justo equilibrio entre la experimentación y la calidez pop, con cortes pronto convertidos en sencillos radiales (Souvenir, Joan of Arc) que compartían espacios con otros de estructura más intrigante (la canción titular y The New Stone Age, con la presencia de Warren Zevon): la combinación estuvo atravesada por un espíritu arty de irresistible elegancia. Con el conceptual e innovador Dazzle Ships (83), uno de sus discos menos conocidos y valorados, reflexionaron sobre las relaciones entre el ser humano y el desarrollo tecnológico, en plenos tiempos de Guerra Fría y del thatcherismo cobrando fuerza, con sus luces y sombras. Esta etapa discográfica cerró con Junk Culture (84), manteniendo esta capacidad de riesgo con crítica social y creando canciones de sensibilidad cercana (Tesla Girls, Locomotion), incluyendo un cierto sabor trompetero.
Con Crush (85), luciendo una portada de Paul Slatter con clara influencia hopperiana, todo mundo los conoció o al menos sus canciones principales: Secret, So In Love y hasta La Femme Accident se convirtieron en piezas tocadas una y otra vez en los diversos rincones del Planeta; sin ser su mejor disco, acabó resultando el que les abrió las puertas que faltaban, por las que también se coló If You Leave, sencillo más recordado que Pretty in Pink, la película de la cual formó parte. En similar línea pop aunque con ciertas reminiscencias de sus inicios, grabaron Pacific Age (86), en el que se incluyó (Forever) Live and Die, una de sus grandes canciones cargadas de elegante estilo.

APAGÓN Y REENCENDIDO
Vendrían años difíciles: la desbandada terminó con la separación del dueto base y el resto de la década transcurrió en silencio. Humphreys formó la banda Listening Pool y McCluskey continuó con las orquestales maniobras en la oscuridad. Regresó con Sugar Tax (91) y continuó con el bailable Liberator (93), en el que colaboró de manera tangencial Humphreys, y el terminal, en apariencia, Universal (96), obras sin igual nivel de consistencia de las que, sin embargo, se pueden extraer algunas gemas pop como Pandora´s Box (It´s a Long Long Time), Call My Name, Dream of Me (Based on Love´s Theme) y Walking on the Milky Way, entre algunas otras menos conocidas.
Cuando todo parecía finiquitado y cuando muy pocos lo esperaban, el dueto base decidió reunirse para dar un concierto e interpretar su disco de 1981, junto con los viejos conocidos Malcolm Holmes (batería) y Martin Cooper (sax, teclados): el primer resultado fue Live: Architecture & Morality and More (08) y el segundo, por lo visto, las ganas de volver a grabar, tal como se vio reflejado en History of Modern (10), con una notoria carga nostálgica (ahí está If You Want It) pero sonando sin anacronismo alguno, como se destila en la pacificadora New Holy Ground y en las solventes History of Modern (part I) y Green, sonando como si nada hubiera sucedido.
Para demostrar que no se trató de un mero estertor, después de Live in Berlin (11), están de regreso con English Electric (13), retomando las preocupaciones por el humanismo, como en su disco Dazzle Ships y desde el corte introductorio Please Remain Seated, en tiempos de excesiva presencia de las tecnologías, particularmente las relacionadas con la robótica: “un futuro tan brillante que quema mis ojos… una casa y un coche y una esposa robot”, se lee en el cuadernillo de estética arquitectónica que pareciera trasladarse a la música de énfasis geométrico. Y claro que el espíritu de HAL 9000 se pasea por algunos de los cortes transicionales.
Metroland y Kissing the Machine, con la colaboración de Claudia Brücken (Propaganda), las podría firmar Kraftwerk en sus épocas dulces, mientras que Night Café nos vuelve a colocar en un apacible estado retro, pronto interrumpido por los susurros de la cortante The Future. Helen of Troy continúa la línea de incorporar mujeres épicas y Our System avanza con cautela, entre coros de ángeles cibernéticos y descargas con voltios controlados, como la insistente cuenta regresiva que atraviesa Decimal, antecedente de la evocativa Stay With Me, petición recurrente en tiempos idos.
El álbum cierra con la rítmica Dresden que suena sumamente familiar, para hacer otra parada verbalizada en Atomic Ranch, cual vida en la Matrix y terminar el recorrido con Final Song, integrando un sampleo de Lonely House y vocalizada por Abbey Lincoln. Vinieron como parte del Festival Corona el año pasado y ahora, en su justa dimensión, se presentan nomás ellos para revivir emociones que, uno nunca sabe, pueden seguir presentes en nuestras narices: es cosa de olfatearlas y seguir caminando por la vía láctea.

SONIDOS BRITÁNICOS EN MÉXICO

17 abril 2013

Tres conciertos para un mismo día en nuestro País que vienen a ofrecer sendos grupos: uno con trayectoria de poco más de 20 años y otros dos que andan haciendo sus pininos pero ya jugando en ligas de reconocible importancia.

SPIRITUALIZED: VIAJE POR EL ESPACIO DE LA LUZ
Una vez llegado el final de Spaceman 3, grupo con el que desparramó, durante la segunda mitad de los ochenta y el amanecer de los noventa, texturas trance a partir de guitarras distorsionadas y teclados incisivos con enfoque minimal, el vocalista y guitarrista británico Jason Pierce (disco solista Guitar Loops, 06; colaboración en el score de Mister Lonely de Harmony Korine) conformó Spiritualized, todavía con The Velvet Underground como figura tutelar y dispuesto a continuar con esa particular creación de atmósferas entre la reiteración sonora y la expansión de mantos sinfónicos.
Junto al guitarrista Mark Refoy, el bajista Willie B. Carruthers y el baterista Jon Mattock, como a mnaera de continuidad natural, Pierce firmó el contundente Lazer Guided Melodies (92), álbum debut antecedido de algunos EP´s que allanaron el camino para el nacimiento de esta banda quizá ya existente pero de nombre distinto, la cual presentó Fucked Up Inside (93), álbum en vivo al que le siguió el EP Electric Mainlinie (93), como para ir poniendo el escenario propicio para sus siguientes trabajosAhora como trío integrado por Kate Radley (teclado/guitarra), Sean Cook (bajo) y Pierce, presentaron el intenso Pure Phase (95), obra que avisaba, de alguna manera, la proximidad de su cumbre: Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space (97), con la que ampliaron horizontes experimentales y profundizaron en terrenos conocidos, acompañados del baterista Damon Reece y de algunos invitados de lujo, como Dr. John, Jim Dickinson y The Balanescu Quartet, con quien ya habían colaborado en el álbum anterior. A la distancia, se puede considerar como uno de los discos esenciales de la década, con todo y su espíritu góspel entremezclado con lances orquestales de estética beatlesca, como para poder desplazarse por el cosmos personal y descubrir los propios secretos.
Después del doble en vivo Royal Albert Hall October 10 1997 (98), los cambios en la alineación continuaron y.Spiritualized
el grupo cada vez se fue convirtiendo más en el proyecto de Pierce. El nuevo siglo fue saludado con Let It Come Down (01), caracterizado por cierta suntuosidad que contrastó con Amazing Grace (03), de carácter más directo y a la cabeza, en el que cabía un rock guitarrero junto a texturas distorsionadas como pasadas por filtros múltiples. Tras una pausa que se empezaba a prolongar, por fin grabaron el evocativo Songs in A and E (08), con predominancia de medios tiempos concebidos melódicamente, expandidos a Sweet Heart Sweet Light (12), en el que también se incrustaron canciones angulosas.

DOS TRÍOS PARA LLEVAR
Un par de grupos de reciente aparición nos hacen los honores en esta semana, navegando entre el pop de corte electrónico con un cierto aliento postrock, con las intensidades del caso o bien con guitarras que prefieren olfatear terrenos más melódicos. Por una parte, el trío originario de Liverpool conocido como The Wombats, compuesto por los compañeros estudiantiles Matthew Murphy (vocal/guitarra), Dan Haggis (batería) y el bajista noruego Tord Øverland-Knudsen, quienes empezaron a hacer ruido en el 2006 con el sencillo Girls, Boys and Marsupials, muy a tono con su propio nombre distintivo.
Su debut largo fue A Guide to Love, Loss & Desperation (07), a manera de orientación para las diferentes emociones que parecieran inevitables de ser experimentadas. Tras el EP On Bright Antenna (08) y con cierto reconocimiento a cuestas, grabaron This Modern Glitch (11), ya con una producción de mayor nivel que contribuyó a un sonido enfocado y a una cohesión que se advertía en los diferentes cortes, con un bajo navegando con seguridad, melodías inteligibles y unas vocales ya convencidas de su propia propuesta.
Por otra parte, directamente de Irlanda del Norte y con un sonido enclavado en un pop elaborado con meticulosidad, Two Door Cinema Club se conforma por Alex Trimble (vocal/guitarra/programación), Sam Halliday (guitarra/vocal) y Kevin Baird (bajo/vocal), quienes se conocieron en la escuela y por amigos mutuos. Empezaron a tomarse el asunto en serio desde el 2007 y para el 2009 ya habían grabado su primer EP, titulado Four Words to Stand On, mostrando que sus territorios eran compartidos con bandas como Phoenix.
Con Tourist History (10) se posicionaron pronto como una de las bandas nuevas dignas de ser escuchadas en el amplísimo espectro del pop, particularmente por su sensibilidad para la composición y la capacidad de integrar los teclados pintados de vitalidad con unas guitarras que se encargan del resto, bien soportadas por una base rítmica de cierta desfachatez. Puliendo la producción y manteniendo creatividad al momento de componer, superaron la dura prueba del segundo álbum como el venturoso Beacon (12), que amplió el radio de alcance del grupo y que les ha permitido mantenerse en la mira de propios y extraños.

UN REINO BAJO LA LUNA: LA EDAD DE LA INOCENCIA

8 abril 2013

Si un rasgo distintivo de los grandes directores cinematográficos es su capacidad para crear un universo propio con un sello particular que se convierta en adjetivo (hitchconiano, bergmaniano, chaplinesco), entonces Wes Anderson es un claro ejemplo de cómo desarrollar una propuesta innovadora desde el punto de vista narrativo, tanto de gramática fílmica como de estética visual, basada en su característica perspectiva frontal, como para que el intercambio con el espectador se desarrolle cara a cara, en forma cercana y directa. En efecto, sus historias están pobladas por seres que navegan entre una evocativa disfuncionalidad, cargada de un humor natural, y una plena autoconciencia de su propia condición, puesta a prueba en situaciones que rayan en un inocente absurdo, siempre desarrolladas en mundos personales que parecen ajenos a la realidad.
Sus filmes acaban por ser extrañamente luminosos, no solo por el enfático uso de los colores y de la iluminación, sino por cómo sus criaturas, habitualmente desarrolladas en peculiares contextos familiares (Los excéntricos Tenenbaum, 01), ponen el corazón por delante y emprenden aventuras de liberación entre inverosímiles y arriesgadas (Bottle Rocket, 96; Vida acuática, 04; Viaje a Darjeeling, 07), que usualmente llegan a buen puerto, aunque el tránsito no resulte como se había planeado.
Después de la estupenda El fantástico seño zorro (09), en la que igual conviven las temáticas familiares con la liberación, el riesgo y el humor sutil, el también productor del filme Historias de familia (Baumbach, 05) presenta Un reino bajo la luna (EU, 12) cual mirada estrafalaria a un primer amor desplegado a través de una aventura escapista, de paso transformando a una serie de adultos un cuanto tanto extraviados en sus propias lógicas de funcionamiento, acosados por una soledad no del todo reconocida. Estamos a mediados de los sesenta en una pacífica isla boscosa de Nueva Inglaterra, a donde todavía no llegaba la revolución hippie.
Sam, quien por momentos recuerda al Max de Rushmore (98), es un inteligente y seguro niño huérfano de doce años con personalidad definida (Jared Gilman), rechazado por todos sus compañeros de la tropa scout y hasta por sus padres adoptivos; durante un campamento, decide escaparse para encontrarse, de acuerdo a un plan previo orientado a vivir en un sitio recóndito de la isla, con una niña lectora de igual edad y problemáticas similares (Kara Hayward), que vive con sus papás y sus tres hermanos pequeños, puntualmente presentados al inicio de la cinta por medio del característico travelling, mientras se explica y suena la música de Britten.Un reino bajo la luna
A la búsqueda de los niños se suma un nutrido grupo de personajes con sus respectivas manías y angustias: además de los compañeros, el líder al fin sensible de la patrulla scout (Edward Norton); el tristemente solitario policía local (Bruce Willis); los padres de la niña, una desternillante pareja de abogados que hasta en las conversaciones de recámara lo siguen siendo (Bill Murray y Frances McDormand), con megáfono y hacha en mano respectivamente, y hasta la telefonista de pronto sumada a la travesía.
Por ahí aparecen también la ruda agente del servicio social (Tilda Swinton); un jefe scout de rostro adusto con cobijita a cuadros (Harvey Keitel) y el primo de uno de los niños rescatadores, quien parece hacerla de jefe informal en los campamentos y hasta de casamentero, según se ofrezca (Jason Schwartzman): notable casting con algunos de los actores de cajón y otros bastante dispuestos a probar con registros a los que no están acostumbrados.
Los diálogos adquieren por momentos una forma teatral en la línea del mejor Kaurismäki, combinando una franqueza casi inocente con una profundidad que solo logran alcanzar los niños de cualquier edad: la hilaridad se desboca y las relaciones se reconstruyen continuamente. El diseño de arte, particularmente en el diseño de interiores, en los vestuarios siempre combinados (esa abundancia de ropa a cuadros) y en los objetos propios de la época (sensacional el tocadiscos portátil), contribuye a la inmersión en esta particular comarca dentro de la que todo parece transcurrir como si se tratara de una caricatura costumbrista de múltiples dimensiones.
La estructura narrativa, con guion de Roman Coppola, se alimenta de un puntual flashback para identificar cómo se conocieron los protagonistas, la presentación de las rutinas en la casa y en el campamento y con la presencia en apariencia fuera de la lógica argumental del geógrafo local y narrador (Bob Balaban), vestido como duende e informando sobre las características de los territorios donde se despliega la historia, también expuestos en mapas indicativos de los desplazamientos de los personajes, en busca de reinos inexplorados pero bien alumbrados por una luna grandotota.
Al score del reconocido Alexander Desplat se le suman obras de Purcell, Schubert y Saint-Saëns, intercaladas con canciones tradicionales que acompañan la brillante puesta en imágenes, pintada de un amarillo omnipresente o tendiendo a tonalidades rojas y azules, según las situaciones en las que se encuentren los personajes. Como si de una maqueta se tratara, quizá para darle ese tono de cierta irrealidad, el fotógrafo de cabecera Robert D. Yeoman construye encuadres de atractiva composición, con los diversos elementos puestos en un mismo plano interrumpiendo el horizonte, o bien jugando con las sombras y los planos, enfatizando el recurso del close-up en los dubitativos rostros infantiles. Una obra maestra.