Posts Tagged ‘Jazz’

Lee Konitz / Brad Mehldau / Charlie Haden / Paul Motian: Live at Birdland, ECM, 2011.

22 mayo 2016

Es un disco en el que intervienen cuatro grandes jazzistas de nuestro tiempo. Los experimentados Lee Konitz (saxofón alto) y Charlie Haden (contrabajo), se unen a Brad Mehldau (piano) el más joven de todos pero ya consolidado, y a Paul Motian (batería), quien murió en el 2011 tras una brillante trayectoria como músico de sesión y líder de grupo. Grabada en vivo durante diciembre del 2009 en Nueva York, dentro del recinto conocido como Birdland, esta obra se conforma por 6 piezas que se desarrollan a partir de un tema base pero que dan pie para el arte de la improvisación. Trabajo la analogía con tres piezas.

ANALOGÍA

El disco es como una conversación entre viejos amigos. Toma la palabra el saxofón y empieza a narrar las vicisitudes de la vida, mientras los demás escuchan con atención, quizá haciendo algunas breves intervenciones. En particular, Paul Motianplatica una experiencia romántica que lo dejó marcado. De pronto, el contrabajo contrasta la historia con otra anécdota sobre un amor perdido, que se le había escapado de la memoria: el piano asiente y la batería parece recordar en un discreto murmullo; nuevamente el saxofón interviene para retomar lo dicho por el contrabajo y relacionarlo con su propio suceso: ahora parece más melancólico que antes, quizá más bien está rememorando con un dejo de satisfacción, sobre todo cuando el piano lo acompaña con algunas preguntas que lo hacen detallar aún más su historia (Lover Man).

Cambiando de tema, el piano inicia una discusión contenida sobre cómo podría entrar al mundo de los sueños de una forma más consciente; de inmediato, la batería interviene para proponer alternativas mismas que se convierten en materia de diálogo con el saxofón, quien parece tomar un cierto protagonismo que lejos de molestar le pone mucho sabor a la plática; el contrabajo, por su parte, se muestra expectante: tiene fama de ser un gran escuchador. El tema se desvía pero el piano vuelve a retomar su idea inicial e invita al resto a sumarse al diálogo en primer término complementado por la batería, seguida del contrabajo quien de pronto se queda solo, atrayendo la atención de todos con un discurso sutil, muy reflexionado. (Lullaby of Birdland).

Tras un pequeño silencio, en el que los amigos parecen sumirse en sus pensamientos, el saxofón regresa para compartir algunas ideas acerca de la importancia de la luz y de cómo el sol va a dejar de existir en algún momento: muy pronto todos salen de su ensimismamiento y entran a la polémica, imaginando un mundo a oscuras. Se advierte cierto nerviosismo en la plática, aunque el joven piano parece poner cierta tranquilidad, bien aprovechada por un comentario de la batería que da pie a la intervención del contrabajo, misma que parece tranquilizar a todos y dotar de cierto optimismo a la reunión, como si en efecto estuvieran agradeciendo por la existencia plena de la estrella que nos cobija (Solar).

JAZZ PARA VACACIONES

18 marzo 2016

Varias opciones de la música sincopada para disfrutar durante estos días en los que el sol sale para todos, a pesar de nevadas extrañas y contingencias ambientales cual avisos que parecen no querer ser escuchados.

EUROJAZZ EN EL EX-DISTRITO FEDERAL

El XIX festival de jazz que se celebra en el Centro Nacional de las Artes en coordinación con la Unión Europea mantiene la tradición de acercarnos a propuestas de aquel continente poco conocidas por estas tierras americanas. Si bien la excepcional disquera alemana ECM nos ha acercado a diversas manifestaciones jazzísticas del viejo continente, existen agradables sorpresas por descubrir, tal como se demuestra en algunas opciones del cartel de esta festividad. Veamos.

Desde Polonia nos visita el Adam Pierończyk Trio, encabezado por el sólido sax del titular y complementado en la base rítmica por el contrabajo de Robert Kubiszyn y la batería de Hernán Hecht. También compositor, músico acompañante de gente como Archie Sheep, Tomasz Stanko, Joey Calderazzo y Bobby McFerrin, así como director de festivales musicales, el originario de Elblag estudió en Alemania para después regresar a su país y consolidarse como uno de los más consistentes jazzistas polacos, que ya es mucho decir dada la tradición del género en aquellas tierras.

Bajo el nombre de Temathe, presentó en formato de trío Water Conversations (1996), seguido de Few Minutes in the Space (1997), que le brindó un pronto reconocimiento en el continente. Vinieron después Plastinated Black Sheep (1999) y su continuación Plastiline Black Sheep (2002), al tiempo que grabó varias colaboraciones de dinámica interacción con el pianista Leszek Mozdzer, quien por cierto estuvo en tierras guanajuatenses cuando asistió al Festival Cervantino del 2012.

Con apuntes electrónicos y cambiando la alineación de trío, presentó Digivooco (2001) con el colega Gary Thomas como invitado, para continuar la línea de vocalizaciones rítmicas que elevan la temperatura con Amusos (2004) y Busem Po São Paulo (2006), grabado en Brasil como para expandir ambientaciones y con la presencia de Guello en las percusiones y la gran Anna Serafinska en la vocal.

En formato de cuarteto produjo El buscador (2010) con el bajista Anthony Cox como invitado, también presente en Komeda The Innocent Sorcerer (2010), integrando una pausada guitarra de armónica serenidad; regresó al trío en Gajcy/Szyc/Pieronczyk (2011), incluyendo narraciones apoyadas en un sax extraviado. En The Planet of Eternal Life (2013) decidió acompañarse únicamente por su saxofón soprano, en contraste con A-trane Nights (2014), en el que resalta el sonido del trombón. Siguieron Migratory Poets (2014), aderezado por las recitaciones de Anthony Joseph y Wings (2015) en respetuoso diálogo con el contrabajista Miroslav Vitous.

A CAMPO TRAVIESA

Del pequeño Andorra, interpuesto entre Francia y España, llega el pianista, compositor y pedagogo Jordi Barceló, quien además de ser un gran músico de sesión, ha grabado los discos Latin Stride Piano (2010), integrado por standards y composiciones propias con enfático sabor latino y utilizando la técnica conocida justamente como stride, en la que la mano izquierda se eleva con teatralidad y desciende según el tipo de nota y momento; La Grandalla (2012), de tono más personal y Esperança (2015), ya colocándolo en el radar del jazz con aroma de café.

Por su parte, el guitarrista mexicano de flamenco asentado en Barcelona Manuel Alonso, ha tenido como referencia a Paco de Lucía y junto con el percusionista Pablo Gómez, han dado varios conciertos en México y España. En formato de trío, el pianista andorrano, el compatriota guitarrista y el especialista en el cajón flamenco, brindarán una jugosa mezcla de géneros entre emotiva y desenfadada a la que han llamado Latin Stride & Flamenco, acariciando la multiculturalidad de raíces comunes.

Por su parte, el trío finés Mopo, gusta también de la mixtura de géneros y aprovecha el folk de su tierra para incorporarlo a un jazz que por momento se eriza los cabellos con acordes propios del punk. Integrado por Linda Fredriksson, encargada de instrumentos de viento, Eero Tikkanen en el contrabajo, la armónica y el pollo de hule para llamar la atención, y Eeti Nieminen en la batería, la armónica y de vez en vez la campana de reno como para darle el toque tradicional, el grupo debutó con Jee! (2012) y alcanzó el reconocimiento por lo pronto local con el jocoso Beibe (2014), que nos remite a secuencias de algún filme de Kaurismäki.

El sexteto austriaco mixto Holler My Dear transita con soltura por un mundo iluminado en el que el jazz se hermana sin reticencias con el pop, el folk y el musical hall. La cantante y compositora Laura Winkler, el vocalista y multiinstrumentista Stephen Molchanski, el especialista en instrumentos de cuerda y corista Fabián Koppri, el contrabajista Lucas Dietrich, el acordeonista Valentin Butt y la baterista Elena Shams, se presentaron en tono indagatorio fantástico con Have You Seen the Troll? (2013), al que le siguió el optimista Eat, Drink and Be Marry (2015), en tono sugerente para darle orden a ciertas acciones esenciales de la vida.

Twitter: @cuecaz

MÚSICA POPULAR EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL CERVANTINO 2015

8 octubre 2015

Acompañamos la realización de este magno festival, toda una tradición en nuestras tierras, con algunos apuntes sobre los distinguidos invitados que vienen a compartir sonidos y afectos con nosotros.

JAZZ CERVANTINO 2015

Originario de Ohio, el pianista y compositor Aaron Diehl (1985) inscribe su propuesta jazzística en el gigantesco río de la tradición sincopada, particularmente en los terrenos del postbop. De familia cercana al mundo de la música, muy pronto se reveló como un virtuoso de la interpretación que lo llevó a recibir una invitación, ni más ni menos, del trompetista Winton Marsalis para sumarse a su septeto en un tour y, de paso, inscribirse en la prestigiosa escuela Juilliard, en la que fue alumno de Kenny Barron, entre otros imponentes docentes.

Profusamente premiado, debutó con Mozart Jazz (2006), seguido del elusivo Live at Caramoor (2008) y Live at the Players (2011) en formato de trío, donde se dan cita gigantes como Thelonious Monk, Geroge Shearing y el propio Mozart, revisitados por una desarrollada capacidad y elocuencia interpretativa. Bespoke Man’s Narrative (2013), implicó  su regreso al estudio y lo colocó en el radar de los narradores de sonidos jazzeros.

Space, Time Continuum (2015), destila calidez y elegancia, accesibilidad y técnica depurada: al escucharlo uno se siente de inmediato envuelto en una atmósfera llena de placidez rítmica y sofisticación acústica, acentuada por Benny Golson y Joe Temperly, saxofones invitados de lujo. Justamente en la prolongada canción titular participa la vocalista nacida en Miami Cécile Mclorin Salvant (1989), también visitante distinguida del Festival Internacional Cervantino.

Continuadora de la estela dejada por mujeres de la talla de Billie Holiday, Bessie Smith, Ella Fitzgerald y Carmen McRae, Salvant se empezó a interesar a muy temprana edad por la música como vehículo expresivo; con sangre francesa y haitiana corriendo por sus venas, irrumpió fuerte en la escena con su triunfo en el concurso vocal Thelonious Monk, después de haber grabado Cécile (2009) con el acompañamiento de la François Bonnel Paris Quintet.

El reconocimiento definitivo llegaría con Womanchild (2013), álbum que combina standars con piezas propias y en el que explota con fraseos que cortan el aliento (excepto el suyo), a partir de una elegancia irrefutable que sabe integrar el poder con la distinción y los cambios de tono siempre oportunos, recordando a la divina Sara Vaughn, y soportada por algunos miembros de la Jazz Lincoln Center Jazz Orchestra, entre quienes se encuentra nuestro conocido Aaron Diehl, con quien ha establecido una enriquecedora relación armónica.

Cecil MclorinEn For One To Love (2015), ya con toda la confianza de su lado, la cantante se desplaza por diversos territorios estilísticos y anímicos, que pueden ir de cierta picardía a una gravedad imponente, con los jugueteos propios de la tesitura de las piezas, construidas con una robusta base rítmica que permite dar rienda suelta a los diversos enfoques melódicos, capaces de transportarnos a una amplia gama de ambientaciones en las que el amor, en efecto, puede manifestarse en toda su plenitud, sin olvidar el sentido del humor y, por supuesto, el canto en francés.

ENCUENTRO DE TRADICIONES

El colectivo Marsh Dondurma empezó a aparecerse por las calles de Jerusalén, ciudad plagada de ecos religiosos de diverso signo que contrastan con una modernidad palpitante. En este contexto, la banda se constituye a partir de un vigorizante tumulto de percusiones y metales activados por quince músicos, más los que se acumulen esta semana, que gustan de entreverar la tradición sonora de su tierra con apuntes jazzeros y funketos. Marsh Dondurma (2005), New Flavours (2007), Neighborhood (2010) y Betwwen Times (2014) integran una discografía que no da mucho espacio para el respiro, acaso para volver a ensamblarse con las revulsivas secuencias rítmicas.

Reconocido por su sensibilidad para tocar el didyeridú (didgeridoo), un instrumento de viento tradicional entre los nativos del norte de Australia cuyo sonido nos puede llevar a procesos de meditación, Mark Atkins ha conformado ahora un trío junto con el pianista Parris Macleod y el baterista Matt Goodwin, quienes le han brindado un aire renovado a las composiciones del también cantante y guitarrista que se ha dado tiempo para tocar con Philip Glass, Robert Plant, Jimmy Page, Sinnéad O’Connor y Pual Kelly, entre muchos otros. Un puente entre épocas y estilos que siempre terminan por reconocerse.

Por su parte, Debanjan Bhattacharjee es un músico indio que se ha especializado en el sarod, instrumento de cuerda de frecuente presencia en las composiciones tradicionales indostaníes. Una de sus principales intenciones es mantener la tradición a través de la enseñanza de las técnicas y estilos, además de componer sus propias piezas dentro de esta vertiente. Su propuesta musical se puede conocer vía sus grabaciones, entre las que se encuentran Tradition Unfolds (2007), Rising Stars (2012), Relaxin Sarod (2012) y Soulful Bliss (2015). Un pasaje para tiempos que nunca terminan de pasar, entre el ritual místico y el arte atemporal.

TRÍO DE SONORAS VISITAS

29 agosto 2015

Empezamos septiembre, el mes más bonito del año, con atractivas presentaciones en nuestro país que parecen darle la bienvenida a un prometedor otoño en cuanto a sonidos se refiere.

AMERICAN GOTHIC

Desde las praderas americanas, Iron And Wine es el proyecto del compositor y multiinstrumentista Sam Beam (Carolina del Sur, 1974), cual profeta barbado que gusta de transitar por los ambientes pintados por Grant Wood y escritos por William Faulkner, entre el pop, el folk y la americana, dentro de la tendencia formada por nombres tan notables como Bon Iver, My Morning Jacket y Fleet Foxes.

Originada en Florida en 1999, esta agrupación debutó con The Creek Drank the Cradle (2002), síntesis de un par de propuestas enviadas al sello Sub Pop que, viendo los resultados, acabó siendo sumamente atinada en cuanto a coherencia, enfoque y espíritu. De las canciones que no fueron consideradas surgió el también notable EP The Sea & the Rhythm (2003), por si quedaba alguna duda.

Ya con la posibilidad de contar con un estudio después de tan sólida presentación, Beam y su numerosa compañía (a lo que ya está acostumbrado dado que tiene cinco hijas) grabaron Our Endless Numbered Days (2004), obra confirmatoria de la capacidad letrística para recrear mundos emocionales que respiran al aire libre sin preocuparse por el fin de los días, como se afirmó en los EP´s Passing Afternoon (2014) y el espléndido Woman King (2005).

La ruta emprendida continuó con In the Reins (2005) lograda colaboración con el grupo Calexico y Shepherd’s Dog (07), alcanzando quizá sus cuotas más altas a la fecha, a través de la creación de evocativas imágenes y refulgentes contornos melódicos, pastoreados con buena dosis de sensibilidad. Apareció después el doble álbum recopilatorio Around the Well (2009), formado por lados B, rarezas y canciones que no pudieron ver la luz en un primer momento, al tiempo que seguía la costumbre de sacar EP´s al por mayor.

Al grito de besa y deja morir, Kiss Each Other Clean (2011) se presenta con faisanes poblando las imágenes y algunos discretos cambios de registro que si bien no siempre funcionan, apuntan hacia un ensanchamiento de referencias: coros incrementales, apuntes cercanos al soul y funk matizado con una contenida rítmica setentera. Walking Far From Home abre un racimo de canciones con varios puntos de inflexión, pero cantadas como si las decisiones ya estuvieran tomadas: se percibe relajamiento general sólo trastocado por algún teclado o el sonido de algún metal que contrapuntea el desarrollo armónico y por las letras como de costumbre inquietantes que visitan temáticas tan vitales como imposibles de asir.

Iron and WineEn Ghost on Ghost (2013) la aventura va más allá del hábitat folk para internarse por atmósferas discretamente jazzeras, empapadas de tonalidades country que persisten en la recreación de la intimidad acaso buscada por espíritus de otro mundo, celebrando la quietud de la noche o su capacidad de invisibilidad. Dos volúmenes de Archive Series (2015) recuperan sencillos y lados B, mientras que el disco de versiones Sing into My Mouth (2015), tejido junto con Ben Bridwell, líder de Band of Horses, obliga a proponer un brindis por el poder del trabajo colaborativo.

EL TRÍO COMO ALINEACIÓN CLÁSICA DEL JAZZ

Originario de Wisconsin, Dan Nimmer (1982) empezó a tocar piano de oído y muy pronto incorporó una tradición jazzística (Peterson, Tatum, Garner), manifestada en su tersura para la interpretación y en su agudo y dinámico sentido tanto rítmico como armónico. Músico de sesión y líder de un trío, recibió y aprovechó una gran oportunidad en el 2005 cuando Wynton Marsalis lo invitó a formar parte de la orquesta de jazz del Lincoln Center y de su quinteto, tras haberse dado a conocer con diversos músicos.

Apoyado por John Webber (bajo) y Jimmy Cobb (batería), debutó con Kelly Blue (2006), muy pronto seguido por Tea For Two (2007), ahora con el bajista David Wong y la batería de Pete Van Nostrand, como para disfrutar de una buena infusión en plan íntimo, y por Yours My Heart Alone (2008), ya en plan de rendición declarativa con Washington y Nash integrando el trío. De regreso con Wong y Van Nostrand, grabó el muy disfrutable Modern – Day Blues (2010) y All the Things You Are (2012), que mereció una versión de algunos cortes por parte de la vocalista Sayaka Tsuruta.

UNA NUEVA VOZ

El cantante irlandés de voz decidida y sugerente conocido como Hozier, joven con presumible capital cultural (James Joyce, Leonard Cohen), combina acordes bluseros y aromas gospel con un folk de sentimiento a flor de piel que va saltando de manera rítmica, solicitando que lo lleven a la iglesia acaso para encontrar el camino al Edén como la gente real lo va intentando, aunque sea en solitario. Con Hozier (2014) álbum homónimo e iniciático saltó de la virtualidad, ámbito donde se dio a conocer, al mundo tangible de los discos y las presentaciones en vivo.

DIVERSIDAD SONORA

13 junio 2015

Conciertos para gustos diversos que confluyen durante el fin de semana en nuestro país; un buen pretexto para darse una vuelta por el DF y revisitar las propuestas que van del jazz al pop sicodélico y de ahí al folk y al rock de consumo masivo.

DAMIEN RICE

Con la sensibilidad a flor de piel, vocal trémula que exuda melancolía atrapada en una angustiaDamien Rice contenida y composiciones de melodiosa soledad, este cantante irlandés se dio a conocer primero con Juniper, grupo que pronto abandonó para dejarse cobijar por el productor David Arnold, quien había trabajado con Bjork. El sencillo The Blower’s Daughter, que apareció en el film Closer (Nichols, 2004), funcionó como carta de presentación ante públicos más amplios y preparó O (2003), su largo debut conformado por diez cortes de fuerte alcance dramático.

Después de colaborar con Tori Amos, The Frames y Herbie Hancock, grabó 9 (2006), obra con la que se mantuvo en la tesitura de la frágil emotividad, expresada a través de un folk propio de un trovador en tiempos posmodernos. Tras algunos discos en vivo, por fin apareció My Favourite Faded Fantasy (2014), uno de los mejores trabajos del año integrado por ocho canciones de tersas texturas que construyen emocionales melodías, cargadas de sugestivas letras. Fundamental la producción del ecléctico Rick Rubin para resaltar la esencia del artista y lanzarla a la tierra de las fantasías posibles.

HELEN SUNG

De formación clásica, la pianista nacida en Houston de origen chino, entró al mundo del jazz por la puerta del postbop, aprovechando su sólida visión para la comprensión de las leyendas del género –ahí están sus estudios en la Thelonious Monk Institute of Jazz Performance– y para la improvisación, ingrediente siempre atractivo en el mundo de la síncopa. Colaboradora con varios ilustres personajes como Wayne Shorter, debutó como solista con Push (2004), expresando plena confianza y soltura al momento de acometer el instrumento.

Siguieron los álbumes Helenistique (2006), Sungbird (After Albeniz) (2007) y Going Express (2010), a través de los cuales cimentó su prestigio como una representante de la continuidad de la tradición jazzística con buenas dosis de modernidad y un peculiar toque femenino lleno de entusiasta rítmica y técnica exquisita. Apoyada por el bajista Peter Washington y el bajista Lewis Nash, perpetró (re)Conception (2011), obra en la que ataca con dinamismo imparable su instrumento, reinventando piezas de algunos autores esenciales como Bacharach, Ellington, Shearing y Monk, además de integrar una composición propia.

En formato principalmente de sexteto y con grandes invitados como Paquito D’Rivera, Seamus Blake, Ingrid Jensen, John Ellis y Regina Carter, entre otros, grabó el estimulante Anthem for a New Day (2014), mostrando a la pianista en plan de liderazgo compartido, dando el lugar a sus reconocidos colegas pero conversando con ellos de tú. Se presenta en la Ciudad de México y en Cuernavaca.

THE MAGIC NUMBERS

La propuesta del cuarteto londinense se desarrolla a partir de un pop soleado con sutiles tesituras experimentales, acaso retomadas de ecos sesenteros, que rondan atmósferas psicodélicas de mágica numeralia. Liderado por el trinitario Romeo Stodart e integrado por su hermana Michele en el bajo, junto con otra pareja de hermanos, Sean Gannon en la batería y la vocalista y multiinstrumentista Angela, el grupo debutó con The Magic Numbers (2005), álbum homónimo que resultó ser una grata y fresca sorpresa en el panorama musical de inicios de siglo, enclavado en una lógica retro con la mirada al futuro.

Como una continuación natural y con una notoria influencia de The Mamas & The Papas, según se ha señalado, grabaron Those the Brokes (2006), al que le siguió el EP Undecided (2007). Con The Runaway (2010), se advertía un cierto estancamiento que pareció exigir cierta pausa a la banda, aprovechada por la bajista Michele Stodart para adentrarse en solitario por los territorios del country con su álbum Wide-Eyed Crossing (2012). La cuarta entrega, titulada Alias (2014), significó el regreso de la prestidigitación numérica, expresada en canciones confeccionadas con ganchos melódicos y juegos de cuerdas que, en efecto, le dan clara identidad a la propuesta.

IMAGINE DRAGONS

Este cuarteto bastante valorado por las nuevas generaciones, propone un pop energético con aderezo electrónico que busca la emoción pronta, tal como sucede en Las Vegas, su hábitat natural como el de The Killers, uno de sus modelos a seguir; tomó forma apocalíptica en Night Visions (2012), su primer largo en el que se incluyen algunas canciones que han sonado en los circuitos radiales gracias a su consistencia pegajosa y al uso de recursos, si bien efectistas y ligeramente prefabricados, al final atractivos y bastante resultones.

Con la misma idea de no andar descubriendo el hilo de ningún color ni el agua de variadas temperaturas, se siguieron enfocando a lo que saben hacer y grabaron Smoke + Mirrors (2015),  disco conformado por apuntes electrónicos de armónica intuición que soportan una disposición a la actitud energética y convencida: se nota que creen en lo que cantan, más allá de que sigan buscando el sello distintivo. Ahí están otra vez las canciones que sonarán sin parar y que estarán en boca de un buen número de adolescentes, tanto recientes como tardíos: de pronto uno se descubre cantando (es un decir), junto con los hijos, las estrofas de estos escupefuegos.

JAZZ DE ETIQUETA

25 marzo 2015

En la notable película Whiplash (Chazelle, 2014), una de las aspiraciones más importantes de los estudiantes que asisten a Shaffer, un ficticio conservatorio de jazz ubicado en Nueva York, es poder integrarse a la Jazz at Lincoln Center Orchestra (JALCO), dirigida por el excelso trompetista, compositor y educador Wynton Marsalis, perteneciente a un renombrado clan familiar y líder de los llamados Young Lions, especie de movimiento no escrito encaminado a retomar la fuerza de una música considerada patrimonio nacional de alcance planetario.

A mediados de los ochenta, el Lincoln Center se propuso ampliar sus programas para atraer a nuevas audiencias. Como una de las músicas más representativas de los Estados Unidos, se consideró que el jazz debía tener un espacio y programa específicos dentro del contexto institucional. Una serie de memorables conciertos dieron origen, en 1991, al departamento ahora conocido como Jazz at Lincoln Center (JALC) que cobijó la integración de la orquesta.

En su declaración de principios, el JALC se plantea como misión contribuir con el entretenimiento, enriquecimiento y expansión de la comunidad global jazzística, a través de las actuaciones, la educación y la conservación. Manifiestan que el jazz es una metáfora de la democracia: dado su carácter de improvisación, celebra la libertad personal e impulsa la expresión individual. Dado que el jazz es rítmica que se balancea (swinging), dedica su libertad a encontrar terrenos comunes con los demás. Añaden que con su raíces bluseras, el jazz nos inspira a mantener una cara de permanente optimismo frente a la adversidad.

Mucho más joven que otras organizaciones como la venerable Preservation Hall Jazz Band, que recientemente grabó That’s It! (2013), integrado por piezas propias por primera vez en sus más de 50 años de existencia, la (JALCO), además de sus actividades didácticas y sociales, se ha dado tiempo de grabar algunos discos, tanto en estudio como en vivo, que le hacen honores a grandes monstruos del género como Duke Ellington (Portraits of Ellington, 1992), John Coltrane (A Love Supreme, 2005) y Charles Mingus (Don´t be Afraid: The Music of Charles Mingus, 2005).

Con piezas propias del propio Marsalis y con su firma, la orquesta integrada por 15 intérpretes de altísimos vuelos más el afamado director, grabaron el oratorio Blood on the Fields (1997), el tradicionalista Big Train (1999) y Cast of Cats (2006), seguidos de Congo Square (2007) junto con el percusionista Yacub Addy; rindiendo homenaje a pintores famosos, firmaron Portrait in Seven Shades (2010) como una especie de conjunción mágica entre trazos y notas. Además, produjo con la Filarmónica de Los Ángeles y un coro de más de 100 gargantas el absorbente All Rise (2002).

Lincoln Center JazzAlgunos de sus conciertos han sido capturados en grabaciones que igual rinden tributo a gente como Paco de Lucía (Vitoria Suite, 2010), que al swing, concepto que se siente en el ritmo corporal más fácilmente de lo que se puede explicar (They Came to Swing, 1994; Live in Swing City: Swinging with the Duke, 1999); no han faltado Thelonious Monk, Jelly Roll Morton y desde luego Miles Davis, máxima influencia para la trompeta de Marsalis (The Fire of the Fundamentals, 1994).

El radio de acción no se ha limitado a Estados Unidos: sabemos que el  jazz está por encima de dictaduras, bloqueos económicos y guerras verbales. El encuentro de hace algunos años entre Marsalis y la JALCO con prominentes músicos cubanos como Chucho Valdés, entre muchos otros jóvenes entusiastas, representa una muestra más de cómo los lazos musicales pueden fracturarse por decisiones políticas pero nunca romperse: el tiempo se encarga de volverlos a unir. Aquella visita a Cuba, como anticipando los intentos por normalizar las relaciones entre ambos países, también pareció abrir la oportunidad para que ahora realicen una gira por Latinoamérica, México incluido.

EL JAZZISTA QUE VIENE DEL FRÍO

Volvamos a Whiplash. El implacable maestro le avisa a su ensamble, poco antes de salir a escena, que en el público hay gente de Blue Note y ECM, disqueras de élite. A esta última, fundada en 1969 por Manfred Eicher en Munich (se puede ver el documental Sounds and Silence del 2010 dirigido por Peter Guyer y Norbert Wiedmer), está muy ligado el pianista y compositor sueco Bobo Stenson (1944), activo desde finales de los sesenta y que tras firmar Underwear y Start, ambos en 1971, se ha convertido en toda una referencia del jazz europeo, colaborando con una interminable lista de músicos de excepción.

Particularmente conocido por su trabajo en formato de trío, junto con el bajista Anders Jormin y el baterista Jon Fält, con algunos cambios en el camino, Stenson tiene la notable capacidad para moverse de estructuras clásicas y tradicionales a propuestas avant garde, pasando por las alternativas de géneros populares diversos que se encuentren en el camino y manteniendo un particular sello, como se deja escuchar en discos esenciales del calibre de War Orphans (1998), Serenity (2000), Cantando (2008) e Indicum (2012). Una buena síntesis de su obra se puede encontrar en Selected Recordings (2002). Nos visita el miércoles 11 en el defeño centro cultural Roberto Cantoral.

WHIPLASH: LA BATERÍA CON SANGRE ENTRA

4 marzo 2015

De pronto el jazz se volvió elitista. De ser claramente popular y contar con múltiples seguidores durante buena parte del siglo XX, ahora parece ser parte del gusto de públicos más focalizados. El rock se convirtió en el género de masas y el Hip-Hop en la vertiente más presente de la música negra. Si bien algunos han señalado que el jazz murió con Miles Davies, hoy por hoy siguen apareciendo grandes músicos y se continúan produciendo discos memorables, aunque menos accesibles, ya sea por precio, difusión o distribución.

Cierto es que en Estados Unidos y Europa, el jazz sigue teniendo un nicho claramente identificable que se expresa en festivales, publicaciones, disqueras y escuelas: además están las fusiones que el propio género ha experimentado con otros sonidos, signo de los tiempos que corren. Las fronteras estilísticas se diluyen y las formas musicales se combinan sin pudor alguno, para gracia y beneficio de los escuchas. Y claro que el jazz mantiene esa fama, siempre discutible, de contar con los mejores intérpretes de la música popular, equiparables a los que se desenvuelven en la música clásica.

Los músicos de jazz transitan entre la técnica y la inspiración, la precisión y la improvisación, el virtuosismo individual y la capacidad de conjuntarse. El género se identifica en particular con los instrumentos de aliento, sobre todo saxofón y trompeta, y los percusivos como el bajo y la batería, además del piano, que puede funcionar a manera de comodín. La base rítmica es uno de los rasgos distintivos de esta música y uno de los que más atención jalan del escucha: una vez atrapados en la telaraña del ritmo es imposible escaparse.

Si bien la batería en los inicios se ubicaba como un mero instrumento comparsa, al paso del tiempo empezaron a surgir grandes intérpretes que la colocaron en un sitio de mayor protagonismo, desde el llamado abuelo Warren ‘Baby’ Dodds y los pioneros Ben Pollack, Zutty Singleton y Jo Jones, quien supuestamente le lanzó el platillo a Parker después de una interpretación, hasta el famoso Gene Krupa, durante los años 20´s y 30´s.

Vendrían después nombres míticos como Ed Blackwell, Max Roach, Roy Haynes, Art Blakey, Tony Williams, Elvin Jones, Paul Motian y Jack DeJohnette, por mencionar algunos ejemplos, hasta llegar a contemporáneos como Jeff ‘Tain’ Watts, Brian Blade, Rudy Royston y nuestro compatriota Antonio Sánchez, ya con discos propios además de tocar con Pat Metheny y Chick Corea, entre otros, y parte fundamental de la atmósfera creada en Birdman (G. Iñárritu, 2014).

AL MAESTRO SIN CARIÑO

Escrita y dirigida por Damien Chazelle, Whiplash: Música y obsesión (EU, 2014) sigue a un joven baterista de creciente ambición que ingresa al conservatorio más prestigiado de jazz de Nueva York; mientras practica en solitario, se encuentra con un maestro de didáctica implacable que busca al próximo Charlie Parker, aunque él sabía, supongo, que no lo iba a encontrar por dos razones: el mítico saxofonista de vida tormentosa es irrepetible (se puede ver Bird de Clint Eastwood) y si anduviera por ahí, no entraría a estudiar a ese lugar: parece ser que este tipo de talentos innatos no se acercan al sistema educativo.

Con todo y ciertas licencias (la recuperación mágica del accidente), la historia se desarrolla a partir de la relación que se establece entre maestro y alumno, alrededor de humillaciones, violencia física y simbólica, exigencias al límite, batallas ególatras, desafíos constantes y una extraña admiración mutua que va quedando oculta frente a tanta confrontación. El tempo se vuelve el ámbito de control docente y todos los alumnos tienen que estar a su ritmo, en sentido literal y metafórico. El perfeccionismo puede confundirse con capricho, la autoridad con sometimiento y el impulso con opresión: eso sí, en su práctica resulta bastante coherente.

WhiplashLa intimidación como método, evitar que se sientan seguros o confortables y la presión para sacar lo mejor de los aspirantes a músicos son apuestas arriesgadas cuyos resultados son inciertos. “Buen trabajo” es el peor comentario que se le puede hacer a alguien, de acuerdo a la racionalidad de este profesor, también caracterizada por fomentar una competencia amarranavajas y ser tanto pasional como ingenioso para el insulto.

Por su parte, con la imagen de Buddy Rich en su futuro, el joven alumno empieza a ser invadido por una soberbia que lo lleva a terminar una incipiente relación con una empleada del cine a donde iba con su padre, con quien mantiene una relación más o menos cercana pero cuyo modelo no quiere repetir: si él abandonó la literatura, yo no voy a dejar la batería. Incluso empieza a despreciar a los demás por considerarlos perdedores y se asume como destinatario de grandes logros. Pareciera que tiene más interés en la fama que en el jazz mismo.

Con su actuación, J. K. Simmons consigue trascender el papel del instructor abusivo, con todo y su impecable vestimenta negra y su puntualidad obsesiva, para brindarle a su personaje un amplio rango de matices, incluso lidiando con sus propias frustraciones, culpas y derrotas personales. A la altura, cual duelo actoral, Miles Teller consigue crear un sujeto que navega entre la búsqueda, la pérdida de piso y la mirada aspiracional para dejar de ser el niño abandonado por la mamá y sobreprotegido por el papá. Batallas de este tipo vimos en Reto al destino (Hackford, 1982), Cara de guerra (Kubrick, 1987) y El cisne negro (Aronofsky, 2010).

La edición de Tom Cross adquiere una rítmica sincopada a batacazo limpio: los cortes se articulan con golpes de tambor y pareciera que tanto la mezcla de sonido como el armado de las secuencias siguen una misma batuta de pronto acelerada y por momentos más reposada, dejando que la conversación en turno se desarrolle con calma tensa. Para complementar la propuesta visual, ahí están los desplazamientos de cámara que parecen formar parte de la partitura de piezas clásicas como Caravan, compuesta por Juan Tizol y popularizada por el gigante Duke Ellington, o la que le da el título al film escrita por Hank Levy.

Si el destino dorado de estos aspirantes es formar parte de la Jazz at Lincoln Center Orchestra ahora dirigida por Wynton Marsalis (que tocará en México el sábado 7 y domingo 8 de marzo) o bien firmar para disqueras prestigiosas como Blue Note o ECM, para el rudísimo profesor cargado de pasión y habilidad para el insulto ingenioso, es lograr, maquiavélicamente, que sus alumnos den todo de sí hasta que literalmente ya no puedan más, porque la batería con sangre entra.

VISITAS FEMENINAS

8 abril 2014

Varias presentaciones en curso de solistas y grupos femeninos, instaladas en géneros diversos del amplio espectro rocanrolero e incluso del jazz, funk y soul. De latitudes lejanas pero con una cercanía que parecieran haber nacido en el vecindario de junto, dada la posibilidad actual de escuchar música de todas partes con relativa accesibilidad. Veamos.

INICIANDO TRAYECTORIAS
Para cerrar el Festival Internacional de Música Indie de San Miguel de Allende, se presenta la joven cantante Lorde (Auckland, 1996), quien después de grabar el EP The Love Club (2013) y darse a conocer por Internet de acuerdo a los tiempos que corren, presentó su largo debut Pure Heroin (2013), álbum poblado de canciones que huelen a ese espíritu adolescente en tono contenido, soportadas por instrumental electrónico de orientación melódica con vocalizaciones frágiles pero convencidas.
Sin duda la neozelandesa admite influencias dentro del mundo de los góticos noventeros y comparaciones con varias cantantes contemporáneas que parecen marcar tendencia (Lana del Rey, Zola Jesus, Sky Ferreira, Lykke Li, Grimes), pero puede llegar a distinguirse pronto dada su habilidad para convertir sus obsesiones en piezas ensoñadoras. Por lo pronto y con la ayuda de Joel Little en la producción y ejecución, la nacida como Ella Yelich O’Connor entregó uno de los debuts femeninos más importantes del año. Ya veremos qué sigue.
Por su parte, Savages es un cuarteto de mujeres intensas que han bebido del movimiento de las riot grrrl, del punk inglés con tintes arty y de PJ Harvey como figura de referencia. Se formaron en Londres en el 2011, cuando la guitarrista Gemma Thompson y la cantante Camille Berthomier (Jehny Beth) decidieron formar una banda; pronto se sumaron Ayse Hassan en el bajo y Fay Milton en la batería para empezar a hacer ruido en diversos escenarios y desparramar energía sin necesidad de cuota de género.
Se presentaron en sociedad con el enervado álbum Silence Yourself (2013), de sugerente título y a través del cual se insertaron en la vertiente de colocar la agresión como instinto de sobrevivencia y sustento de expresión; estas rabiosas debutantes nos plantean una llamada de atención en clave decidida para tomar conciencia de nuestro alrededor; la cara salvaje de la feminidad, tan atrayente como absorbente, mirándonos de frente y directamente al sistema nervioso.

DESDE LAS INTERMINABLES TIERRAS DE LA CABEZA DEL MUNDO
Originarias de Calgary y asentadas en Vancouver, las gemelas conocidas como Tegan and Sara, de talento pianístico precoz, debutaron con The Business of Art (2000) y de pronto ya andaban de gira con Neil Young y The Pretenders, ahí nomás. Posteriormente grabaron If It Was You (2002) y So Jealous (2004), con el que ampliaron su rango de escuchas a partir de una propuesta folk con notorios coqueteos pop.
The Con (2007) significó un paso adelante en su espectro estilístico, ampliando sus configuraciones rítmicas y armónicas aderezadas con florituras punk, justo para después armar su fiesta personal con Santihood (2009), transportándonos a los años ochenta casi sin darnos cuenta. Get Along (2011) resultó una obra de mantenimiento Hearthtrob (2013) le pusieron un poco de beat electrónico a su propuesta habitual y el resultado terminó por ser una delicia, como para animar hasta a los menos aptos para levantarse del asiento.
La compositora, pianista y cantante Elizabeth Shepherd, después de orientarse al campo de la música terapéutica y trabajar como mesera en un piano bar de Toronto, donde tuvo la oportunidad de mostrar sus habilidades musicales, debutó en formato de trío con Start to Move (2006), cual llamativo primer movimiento con elusivos juegos vocales, incorporando una larga tradición de voces femeninas en el mundo del jazz.
La asentada en Montreal, continuó con Besides (2007), conformado por remixes y por Parkdale (2008), en el que exploró una veta más cercana al R&B y al funk; tras una breve pausa, volvió con Heavy Falls the Night (2010), en el que predominaron las piezas propias y Rewind (2012), cantando clásicos con atrayente soltura en inglés y francés, mientras que se convertía en madre de una hija a quien el disco está dedicado: las experiencias vitales se conectan con la creación artística de manera íntima y celebratoria.

ASÍ ES LA VIDA
Macy GrayDe la tradición impuesta por personalidades de la talla de Ella Fitzgerald y Billie Holiday, y continuada por Aretha Franklin, Nina Simone, Tina Turner y Patti LaBelle, hoy contamos con alumnas aventajadas que se han adaptado a los tiempos que corren, insertando sus privilegiadas voces en contextos musicales que igual van del soul al funk, que del rock al hip-hop e incluso del R&B a la llamada world music. Macy Gray es una de ellas.
Originaria de Ohio, aprendió a tocar el piano desde pequeña, cuando su voz llamaba la atención por su simpático timbre. Se trasladó a Los Ángeles donde empezó a escribir y cantar y pronto fue reclutada por una banda de jazz local. Ya encarrerada, entró al estudio de grabación para estampar On How Life Is (1999), su debut. “Se trata de canciones que reflejan simplemente lo que me ha sucedido; no estoy hablando para el mundo entero y no tengo un gran mensaje, sólo espero que la gente pueda relacionarlas con su vida”, comentó la cantante tras la exitosa aparición de su ópera prima.
El disco sorprendió por varios motivos: la voz gangosa, como de bruja, que alcanzaba amplios registros y que igual iba de la intimidad a la euforia con una facilidad pasmosa; las letras, basadas en vivencias propias y composiciones ya dolorosas, ya festivas, y una solvente instrumentación, que terminó por hacer de esta producción uno de los mejores trabajos de aquel año. Su segunda entrega, The Id (2001), confirmó las expectativas generadas, burlando el clásico síndrome del gran debut.
Si bien no ha conseguido igualar el listón levantado al inicio de su discografía, la también compositora ha mantenido presencia a lo largo de los siguientes años, con obras como The Trouble with Being Yourself (2003), a la que les siguieron una recopilación y un álbum en vivo. Regresó con Big (2007), el mejor disco desde su debut gracias, en parte, a la producción de will.i.am, quien movió las certezas de la cantante. En The Sellout (2010) se animó a escribir las letras sin demasiada fortuna; en Covered (2012) revisitó con soltura propia del R&B a varios colegas y en Talking Book: The Re-Imaging of a Classic (2012) hizo lo propio con el gran disco de Stevie Wonder.

AURAL 2014

17 marzo 2014

Un buen pretexto para visitar la capital del país en estos días es la celebración de la 30ª. edición del Festival del centro histórico de la ciudad de México, compuesto por diversas áreas entre las que figura el programa conocido como Aural, espacio para la presentación de propuestas musicales que buscan experimentar y ampliar esquemas estilísticos desde diversos géneros y a partir de sus enriquecedoras interrelaciones. En esta primera entrega, una mirada fugaz de dos de los músicos que integran el cartel, como sigue.

WADADA LEO SMITH: OCUPACIÓN SONORA DEL ESPACIO
Si bien su hábitat ha sido el jazz, este gran explorador de la trompeta y de varios instrumentos musicales gusta de imbuirse en diversos campos de acción –composición, docencia, protesta social, etnomusicología- y en diferentes géneros creativamente imbricados –world music, avant-garde, blues, R&B- por los que ha transitado como líder y acompañante, dejando su sello innovador y comprometido.
Los sonidos de su trompeta parecen provenir de lugares ocultos y por momentos conviven de manera natural con los silencios, dejando que el espacio tome aire para recibir la nueva andanada de enérgicas notas, con influencia del maestro de (casi) todos Miles Davis, a quien revisitó en Yo, Miles! (1998), en compañía del guitarrista Henry Kaiser, Yo Miles: Sky Garden (2004) y Yo Miles: Upriver (2005). De pronto, sus lances parecen sordas cuchillas que atraviesan el ambiente para dirigirse a algún horizonte por ampliar.
Ha compartido y grabado en las disqueras de santones de la vanguardia como Derek Bailey y John Zorn, además de tocar con personajes del calibre de Roscoe Mitchell, Lester Bowie, Cecil Taylor, Carla Bley, Charlie Haden y Don Cherry, entre muchos más; notable resultó el álbum America (2009), formando dueto con el legendario baterista Jack DeJohnette. Su capacidad creadora incluso lo llevó a inventar un sistema propio de notación al que bautizó como Ankhrasmation.
Originario de Leland, Mississipi, Ishmael Wadada Leo Smith (1941) entró en contacto con la música desde la pubertad de la mano de su padre y en 1967 formó Creative Construction Company, un trío junto a Leroy Jenkins y el saxofonista Anthony Braxton, con quien estableció una fecunda relación de altas dosis experimentales, como se advierte en Saturn, Conjunct the Grand Canyon in a Sweet Embrace (2004), fascinante conversación de largo aliento entre dos genios de las excursiones sonoras.
A principios de los setenta, además de fundar un sello discográfico, integró New Dalta Ahkri, en complicidad con Henry Threadgill, Anthony Davis y Oliver Lake. Una buena síntesis de su trabajo durante estos años se puede apreciar en Kabell Years 1971-1979 (2004). En los ochenta, el contestatario y aventurero trompetista adoptó la mística rastafari –de ahí el nombre de Wadada- que expresó en el álbum del mismo nombre publicado en 1983, año en el que también grabó Procession of the Great Ancestry, una de sus grandes obras.
Particularmente prolífica ha sido su producción desde mediados de los noventa a la fecha, como se aprecia en grandes álbumes como Kulture Jazz (1995), Prataksis (1997), Golden Hearts Remembrance (1997) y Reflectativity [2000] (2000), nueva versión del clásico de 1972, como para darle la bienvenida al nuevo milenio con su acostumbrada integración de notas fascinantemente extraviadas en dimensiones paralelas, también desplegadas en valiosas obras como Red Sulphur Sky (2001), Luminous Axis (2003) y Lake Biwa (2004).
En este periodo formó parte del Matthew Shipp´s New Orbit con el renovador pianista, e integró el Golden Quartet, asociación plagada de virtuosismo en la que además de DeJohnette, han participado Vijay Iyer y John Lindberg, por mencionar un par de estelares: su aventura empezó con con el imprescindible Golden Quartet (2000) y continuó con The Year of the Elephant (2002), Tabligh (2008) y Spiritual Dimensions (2009), disco doble de alcance ritual que trasciende etiquetas étnicas y religiosas para coincidir en la música como vehículo para trascender, sin caer en la artificialidad de la música que se ostenta como ideal trasfondo para la meditación.
En los años recientes la intensidad se acrecienta: después de los estupendos Heart´s Reflections (2011) y Dark Lady of the Sonnets (2011), grabó el monumental y concientizador Ten Freedom Summers (2012), seguido por la mirada al pasado de Ancestors (2012) y Occupy the World (2013), en el que se asoció con el combo nórdico Tumo para grabar este álbum doble con cinco piezas, desafiando métricas y esquemas para darnos la posibilidad de ensanchar miradas y ocupar el lugar que nos corresponde en este mundo convulso.Wadada

CHARLEMAGNE PALESTINE: EL CONCIERTO ES UN RITUAL
Con su copa de coñac, oso de peluche en el brazo y diversos aditamentos propios de los rituales ceremoniosos de múltiples culturas, aparece un hombre de aspecto bonachón para convertir el escenario en un epicentro energético y el piano en un vehículo para viajar a mundos donde los puntuales sonidos se expanden para confundirse estéticamente con los silencios, a partir de un absorbente juego de seriaciones: un minimalismo heredado de Steve Reich, Terry Riley, La Monte Young y Philip Glass que se deja envolver en aromas, humos y atmósferas para conectarnos con realidades incorpóreas.
Teclas y pedales se transforman en seres dialogantes que de pronto alcanzan un extraño frenesí, como sucede en Strumming Music (1974/1991), imprescindible obra del minimalismo reciente en la que con solo dos notas y una interpretación agobiante, el teatral Charlemagne Palestine (Brookly, 1945) acomete con desenfado y casi en estado de gracia a su instrumento, generando una telaraña de timbres y contrapuntos que nos capturan paulatinamente y que rompen con prejuicios valorativos entre la música occidental y de oriente.
Durante los noventa se publicaron otras obras que permitieron acercarse a este inusual artista, tales como Four Manifestations on Six Elements (1996) y Three Compositions For Machines (1998), para recibir el nuevo siglo con un doblete de altos vuelos: Alloy (2000) y Continuous Sounds Forms (2000). Una buena muestra para vivir su pathos se refleja en A Sweet Quasimodo Between Black Vampire Butterflies for Maybeck (2008), conformado por dos partes: una en la que narra anécdotas con sonidos ocasionales y otra en la que se lanza sobre el piano para construir estructuras in crescendo. Junto a Z’ev, grabó en la línea de reiteración abrasiva Rubhitbangklanghear (2013), música para extraviarse sin darse cuenta, con vibraciones de campanas incisivas.

TERENCE BLANCHARD: LA TROMPETA QUE MUEVE LA CUNA
Llama la atención que el extraordinario trompetista Terence Blanchard (1962) forme parte del cartel del Festival: no por su talento, sino porque se trata de un músico que, a diferencia de los demás, es más conocido entre los grandes públicos, sin que ello implique un juicio de valor, desde luego. Más allá de famas y cronopios, lo que importa es la música y ahí el de Nueva Orleans tiene mucho qué decir y aportar, sobre todo por su capacidad para retomar una larga tradición jazzística e incorporarla a su vital propuesta que suena poderosamente contemporánea, sin olvidar sonidos históricos, como se puede comprobar en The Billie Holiday Songbook (1994).
Después de formar parte de los Jazz Messengers por recomendación de Wynton Marsalis, uno de sus mentores, grabó cinco discos con Donald Harrison en formato de quinteto durante los años ochenta. Posterior a los discos Terence Blanchard (1992) y Simply Stated (1993), la presetación de Romantic Defiance (1994) representó su ingreso a los altos estándares del mundo del jazz, destilando notable flexibilidad en la trompeta, melódica y rítmicamente cobijada por el piano del gran Kenny Garrett.
De acuerdo a su título, The Heart Speaks (1995) resulta una obra que se orienta directamente a compartir sentimientos cercanos, cual bálsamo para provocar saludables palpitaciones que encuentran un remanso de luz a media intensidad en el clásico Wandering Moon (1999), obra exquisita que, con la presencia de Branford Marsalis como invitado de lujo, consigue aprovechar la forma de la balada para generar emociones genuinas.
Transitando del Hard Bop al Post Bop y al jazz modal con tal soltura que pareciera pertenecer a todas estas corrientes estilísticas y temporales, continuó su trayectoria durante el nuevo milenio con obras como la ecléctica Bounce (2003), la versátil Flow (2005), cual viaje por el Mississippi para recorrer presente y pasado, y el discretamente experimental Choices (2009), en el que juega con formas y elementos que van embonando en las estructuras jazzísticas ya plenamente dominadas.
En colaboración con Poncho Sanchez grabó Chano y Dizzy! (2011): el picor latino del famoso percusionista se conjuga con la excelsa algarabía del virtuoso trompetista para llevarnos sin descanso por todos los rincones de la pista, aventurándose por rítmicas del Caribe y más allá, con la elegancia propia de los intérpretes. ¡Azúcar! Vendría después Magnetic (2013), conservando justamente el poder magnético del título, recorriendo ya sea estructuras intrincadas o pasajes de clasicismo jazzístico, entre el frenesí de la síncopa y el reposo del piano.
Una importante vertiente de su trayectoria se constituye a partir de sus colaboraciones para el mundo del cine, como se puede apreciar en Jazz in Film (1999), contundente revisión de clásicas piezas del género instaladas en la pantalla. Ha colaborado continuamente con el director Spike Lee, primero como parte del score en cintas como Mo’ Better Blues (1990) y Do The Right Thing (1989) y después como responsable principal en filmes como Jungle Fever (1991), Malcolm X (1992), Clockers (1995), Summer of Sam (1999), 25th Hour (2003) e Inside Man (2006).
Dada la naturaleza propia de la música para cine, la estructura compositiva propuesta por Blanchard consigue integrar tonalidades orquestales, luminosas u oscuras según la temática, con apuntes porpios del jazz, del R&B y del blues que suscriben las narrativas fílmicas, como también se advierte en Eve’s Bayou (1997), enclavada en los aromas de Nueva Orleans, hábitat que ha servido como origen y destino de este músico de sólidas convicciones artísticas, tal como lo expresa en A tale´s of God Will (A Requiem for Katrina) (2006), capturando el espíritu doliente de su tierra después de la tragedia del huracán y el abandono por parte del gobierno.

FRODE GJERSTAD: CALENTANDO LOS CAMPOS NEVADOS
El músico noruego Frode Gjerstad (sax, clarinete y flauta) se desplaza por los territorios del free jazz, derritiendo los fríos de su país con el calor que provocan sus ensambles sonoros, con rítmica inquieta que parece estar en constante persecución de un saxofón siempre cambiando de dirección y textura. Formó el trío Detail con John Stevens y John Dyani en los años ochenta y principios de los noventa con quienes grabó siete obras; turisteó con el gran Evan Parker; se asoció con Peter Brotzmann en Invisible Touch (1999), Sharp Knives Cut Deeper (2001) y SORIA MORIA (2003); con Derek Bailey en Hello, Goodbye (1992) y Nearly A D (2002) y con muchos más pilares de la vanguardia.
Posteriormente integró un trío al lado del bajista William Parker y el percusionista Hamid Drake, con quienes ha grabado cinco discos entre los que destacan Seeing New York From the Ear (1996), que ejemplifica las búsquedas estilísticas propias de las tendencias sincopadas de los años sesenta; Ultima (1997), álbum de una sola pieza tanto literal como metafóricamente hablando y On Reade Street (2008). Se vinculó con Borah Bergman para grabar Ikosa Mura (1998) y Rivers in Time (2003), además de diversas asociaciones creativas con otros colegas que expanden las fronteras de sus viajes sonoros.
Más que en los cerebrales contextos jazzísticos de la región escandinava, su apuesta parece estar cerca de la vanguardia estadounidense, tal como se deja escuchar en Through de Woods (1997), con arriesgado formato de cuarteto, que en efecto permite descubrir el árbol sin dejar de ver el bosque, en particular por la guía trompetera de Bobby Bradford. Despidió el siglo con Borealis (1998), acompañado por la Circulasione Totale Orchestra, integrada por intérpretes nórdicos, también participantes en el álbum Open Port (2008), entre otros.
En los años recientes ha continuado en plan versátil, acompañándose de diversos músicos como Paal Nilsen-Love, con quien ha grabado cerca de quince discos, entre los que se encuentran The Blessing Light (2000), un homenaje en vivo al fallecido John Stevens, figura tutelar en su trayectoria, y Side By Side (2012). Por su parte, The Welsh Chapel (2002) significó otra apertura de horizontes con un derroche de intensidad salpicada con matices funkies, mientras que A Sound Sight (2007) mantiene la premisa de la inquietud. Tistel (2012) es uno de los álbumes que ha grabado junto al chelista Lonberg Holm, asentado en el contexto de avanzada de Nueva York.

ELECTRÓNICA CLIMÁTICA
Thomas Köner gusta de insertarse en la intimidad de los sonidos y de manera sutil crear atmósferas de cierto abandono, cual exploración por mundos gélidos cuyas sorpresas parecen contenidas sin dejar de anunciar su presencia, con todo y un halo de cierto misterio, como se advierte en Nunatak (1990). La sensación se puede equiparar, también, a la visita de un campo de batalla, atrapado en un vehículo amortiguador, en el que sobreviven ausentes fantasmas bélicos: las tonalidades grisáceas y desenfocadas de Novaya Zemlya (2012), álbum dividido en tres partes, son un buen ejemplo de la cuidadosa experimentación con diferentes ruidos y sonidos, intercalando diversos planos como el establecido por las cañonazos que parecen provenir de un horizonte extraviado cargado de estática atemporal.
Por su parte, Rashad Becker articula en Traditional Music of Notional Species, Vol. 1 (2013) una especie de llamados que se van interfiriendo con andanadas y ráfagas de electricidad transmutada en extraños y angustiantes sonidos proferidos por criaturas cibernéticas de vuelo irregular. Mientras tanto, Hanna Hartman parece apostar más por la aleatoriedad: en Hˆ2 (2011) se sugiere el vuelo atrapado de un ser que busca la luz del hogar entre oscuridades acezantes y fronteras intraspasables, aunque como luciérnaga siempre se puede brillar con luz propia.
En contraste, Keith Fullerton Whitman propone secuencias de carácter pastoral, casi contemplativas como se expone en Lisbon (2006), aunque en su contribución junto con Floris Vanhoof titulada Split (2013), supone la alteración de una especie de caja de música posmoderna que viaja por diferentes circuitos y canales. Vanhoof señala su enfoque con Cyclus of Confusion (2012), indicativo título de su críptica apuesta por el modelaje de las ondas sonoras: un tímido piano que quiere ser melódico, puertas que se cierran y una presencia extraña que anuncia su presencia a manera de espiral electrónica.

ROCK ALTERNATIVO
Black Pus es un proyecto básicamente en formato de dueto iniciado en el 2005 que disfruta los extremos rítmicos. Comandado por Brian Chippendale, más conocido como baterista de Lightning Bolt y creador de arte visual, se dedicaron a ponernos los pelos de punta y se dieron a conocer con Primoridal Plus (2011), en el que desplegaron todo el frenesí de la batería, aderezado con un enloquecido tapiz de enérgica electrónica con motivos que despuntan aromas de free jazz y vocalizaciones que parecen buscar sobrevivientes. El ruido como piedra de toque produjo All My Relations (2013), tan intrincado, incesante y ramificado como todo vínculo humano, con la correspondiente carga de intensidad que impide la posibilidad de tomarse un respiro.
Por su parte, los japoneses de Melt Banana gusta de convertir el ruido en furiosas canciones de brevedad desarmante, sostenidas por una guitarra de trayectoria indefinida pero continua cortesía de Agata, rítmica revitalizante y una vocalización que consigue sobresalir a pesar de insertarse en este festín sonoro de intensidades a prueba de agotamiento. Empezaron como trío en 1992, cuando Agata y la vocalista Yasuko O. se unieron a Rika (bajo), para después mutar a cuarteto con la adhesión de Sudoh Toshiaki (batería). Presentaron Cactuses Com In Flocks (1994) y Speak Squeak Creak (1994), a manera de carta de presentación.
Lograron llamar la atención de figuras del circuito vanguardista como Jim O’Rourke y Steve Albini, quienes les ayudaron en la grabación de Scratch or Stitch (1995), su primer gran disco que los puso en el radar del mundo alternativo occidental. En Charlie (1998) participaron invitados del calibre de Mike Patton y Trevor Gunn, cuya presencia terminó de motivar la patriarca John Zorn para que les grabara un disco en vivo, de salvajismo garantizado. Iniciaron el siglo con Teeny Shiny (2000) al que le siguió Cell-Scape (2003), con menor velocidad y mayor espesura, en contraste con Bambi Dilemma (2007), en el que nuevamente apretaron el acelerador. Después de otro álbum en vivo, volvieron con el elusivo Fetch (2013) en formato de dueto integrado por Yasuko O. y Agata.

MÚSICAS DE OTRAS LATITUDES
Desde la convulsa Siria llega Omar Souleyman con su propuesta entreverada de tecnopop, folk y dance que nos hace sentir parte de alguna celebración en la que predominan bailables imposibles, cortinas colgantes que esconden secretos y ojos misteriosos que parecen haberlo visto todo. Antes de darse a conocer de este lado del mundo, ganó enorme reconocimiento en su región, precisamente acompañando fiestas y encuentros de diversa índole; su música se capturó en casetes hasta que se empezó a grabar en CD’s, como en Leh Jani (1998), Highway to Hassake: Folk and Pop Sounds of Syria (2007) y Dabke 2020: Folk & Pop Sounds of Syria (2009).
Con Jazeera Nights (2010), Haflat Gharbia: The Western Concerts (2011) y Wenu Wenu (2013), la producción se pulió sin perder el sabor autóctono de los sonidos emanados como de una lámpara mágica entremezclando el Dabke (la música tradicional para la fiesta), el estilo llamado mawal en las vocalizaciones, integración de instrumentos tradicionales rítmicos y de aliento con sintetizadores, y salpicadas turcas, iraquíes y kurdas, como si se atravesaran las fronteras una y otra vez alzando un canto regional que suspira por la mujer amada, más allá de las diferencias geopolíticas.
Tanya TagaqEntretanto, Tanya Tagaq es una artista que, en la línea de Meredith Monk, Fátima Miranda y Diamanda Galás, aprovecha sus interminables rangos vocales para hechizarnos con un absorbente juego gutural, como si se transfigurara en alguna bestia salvaje o una misteriosa criatura infantil a punto de olvidar la edad de la inocencia. En el álbum Anuraaqtuq (2012) despliega todo su potencial a través de las cinco piezas nombradas con una sola palabra, como si se partiera de una noción abierta y polisémica para reconstruir la posibilidad de alteración ambiental.

DISCOS DE 1963: CINCUENTA AÑOS Y GIRANDO (SEGUNDA PARTE)

22 diciembre 2013

A la memoria de mi padre José Manuel (1931-2013),
quien me enseñó desde pequeño a disfrutar la síncopa de la vida.

JAZZ CON ENFOQUE COLABORATIVO
El prolífico y longevo Kenny Burrell (1931), legendario guitarrista todavía en activo y originario de la ahora endeudada Detroit, se destapó aquel año con el clásico Midnight Blue, acaso su obra más reconocida, con Lotsa Bosa Nova! y un trío de colaboraciones estampadas en Crash!, junto a Jack McDuff (1926-2001); Blue Bash! junto al inquieto organista Jimmy Smith (1928-2005), a quien le devolvió el favor participando en su dinámica obra Back at the Kitchen Shack; y Kenny Burrel & John Coltrane, lucidora participación con uno de los gigantes del saxofón, quien también se apuntó con John Coltrane and Johnny Hartman, vocalista barítono.
El propio John Coltrane (1926-1967), como para aprovechar al máximo su momento creativo, produjo Live at Birdland, uno de los grandes discos en vivo de la década junto a Ugetsu de Art Blakey’s Jazz Messengers (1919-1990), mostrando notable capacidad de improvisación y grabado en el mismo recinto con la participación del aún activo Wayne Shorter (1933) y de Freddie Hubbard (1938-2008), quien firmó por su parte Body & The Soul, justo moviéndose en estas dos dimensiones humanas. Y hablando de trompetistas privilegiadas, imposible obviar al más grande de todos: Miles Davis (1926-1991), quien nos llevó muy cerca del paraíso con Seven Steps to Heaven, donde ahora sabemos que los sonidos de la trompeta pueden ser hipnóticos.
La inolvidable Ella Fitzgerald (1917-1996) seguía mostrando poderío vocal en Sings the Jerome Kern Song Book y junto a su viejo amigo Count Basie (1904-1984) estampó Ella and Basie! con toda la admiración que esta pareja sigue produciendo. Sara Vaughan (1924-1990) levantó la mano con el sentido Sarah Sings Soulfully, confirmando su sobrenombre que la elevaba al rango de las divinidades.
Con cuarteto de lujo, el pianista Andrew Hill (1937-2007) nos obsequió el incombustible Black Fire, alimentado con derroche de inventiva armónica e impecable ejecución. Por su parte, el trompetista de Detroit Donald Byrd (1932-2013) presentó el restaurador A New Perspective, con deliciosos juegos vocales de alcance coral acompañados de colorida instrumentación, cortesía de un septeto poblado por nombres ilustres. El trombón encontró en Grachan Moncur III (1937), a uno de sus más versátiles intérpretes, un fluido vehículo de expresión como se advierte en Evolution, título preciso para definir el contenido.
El guitarrista Grant Green (1935-1979), destilando elegancia en Idle Moments, uno de sus mejores discos, se deslizó con suave rítmica alimentada por el vibráfono de Bobby Hutcherson (1941) y el saxofón de Joe Henderson (1937-2001), quien a su vez entregó el clásico Page One. Otro disco clave con el sax por delante fue Our Man in Paris, confirmando la distinción de Dexter Gordon (1923-1990) y, de paso, la globalidad del jazz. Ampliando horizontes para el Hard-Bop, el excelso trompetista Lee Morgan (1938-1972) compartió su clásico The Sidewinder, de imprescindible presencia en toda colección jazzera que se precie.
Charles MingusFue uno de los años de Charles Mingus (1922-1979) y sus incursiones en el avant-garde, a partir del atrevido, personalísimo y conceptual The Black Saint and the Sinner Lady, convertido en uno de los álbumes imprescindibles de la década y del revisionista Mingus, Mingus, Mingus, Mingus, Mingus, en el que el bajista nacido en Arizona y fallecido en Cuernavaca, vuelve sobre su obra con una diferente y apasionante perspectiva. Bill Evans (1929-1980) en plan reflexivo propuso Conversations With Myself, ya con absoluto dominio de un estilo pianístico de intensa interpretación en forma de monólogo.
João Gilberto (1931) y Stan Getz (1927-1991) firmaron el afamado álbum Getz/Gilberto, apellidos suficientemente representativos para que el jazz y el bossa nova tuvieran un romance espléndido, apadrinado por el patriarca Antonio Carlos Jobim (1927-1994) y su disco The Composer of Desafinado, Plays. En el terreno de la música para películas, destacó Elmer Bernstein (1922-2004) con su partitura para El gran escape y Henry Mancini (1924-1994) para el filme Charade, al tiempo que el gigante Thelonious Monk (1917-1982) se dedicaba a grabar álbumes en vivo a borbotones, dejando rastro de su inagotable creatividad al momento de pisar un escenario.
Eric Dolphy (1928-1964) grabó el exploratorio y rupturista Iron Man, así como Conversations, por no dejar y el saxofón alto de Jackie McLean (1932-2006) hizo su trabajo por partida doble con los intensos Destination Out! y One Step Beyond, ya influenciado por el free jazz. El trío del excelso pianista todavía entre nosotros McCoy Tyner (1938) se expresó por medio de, entre otro álbumes, Reaching Fourth, mientras que la trompeta de Kenny Dorham (1924-1972) sobrevolaba sutil y precisa en Una Mas.
Finalmente, Sonny Stitt (1924-1982) se destapó con el saxofón grande y grabó sin parar: entre los discos que nos entregó este año, destacaron Stitt Plays Bird y Sonny Stitt & The Top Brass; el guitarrista Joe Pass (1929-1994) entregaba Catch Me, su segunda producción pero ya dueño de un estilo propio y el saxofón de Paul Desmond (1924-1977), enclavado en el cool, dialogaba con inteligencia con la guitarra invitada de Jim Hall (1930-2013) en Take Ten.