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SONIDOS Y VISIONES DEL FIAC 2016: ENTRE LA SINGULARIDAD Y LA REITERACIÓN

30 noviembre 2016

Aprovechamos el desarrollo del Festival Internacional de Arte Contemporáneo en León para sumergirnos en algunas propuestas sonoras y tecnológicas que se alimentan de la innovación y la creatividad, buscando retomar elementos tanto del arte como de la ciencia cual mundos en expansiva colisión. En esta segunda entrega, una mirada y escucha a dos artistas representativos de las nuevas tendencias artísticas, siempre con los referentes históricos como soporte, que por fortuna están entre nosotros.

DEL BIT AL RUIDO, DEL BYTE A LA IMAGEN

Tristan Perich (Nueva York, 1982) ha buscado integrar lógicas provenientes del mundo de las matemáticas y la física con el arte sonoro y visual, cuales fórmulas y modelos puestos a prueba en intrincados pentagramas y encuadres de electrónica manufactura, así como en presentaciones en vivo donde crea escenarios orgánicos a partir de un enfoque digital lleno de bytes inquietos. Con base en ecuaciones y operaciones numéricas, desarrolla entidades musicales, instalaciones y dibujos en papel generados por máquinas que siguen determinados planteamientos programáticos.

Conocida es su pared microtonal de 7.25 metros, que estuvo en el museo de arte de San Diego a finales del año pasado, compuesta por 1,500 bocinas con una frecuencia específica que en conjunto alcanzan cuatro octavas; en este ámbito, también explora los intervalos y la noción de continuidad a través de frecuencias sonoras continuas, distribuidas en paneles de pequeños altavoces colocados estratégicamente. Su álbum 1-Bit Music (2004) fue realizado como un microchip en el que se sintetizó su música electrónica creada en vivo. (http://www.tristanperich.com/).

A largo de sus cinco movimientos y a partir de un solo microchip, 1-Bit Symphony (2010) tristan-perichestablece envolventes secuencias impredecibles de agudeza incisiva que se rompen y restauran en aparente casualidad, imposibles de pasar por alto. Desarrolladas en capas sonoras como si de un teclado multinivel se tratara, las piezas eluden las posibilidades melódicas para centrarse en estructuras de una extraña geometría, formando armonías contrapuestas con un particular sentido de la sinergia. En contraparte, se puede apreciar su obra 1-Bit Video, presentando imágenes en blanco y negro con baja resolución generadas por la síntesis de un microchip y rayos catódicos televisivos.

En este mismo sentido estético, Noise Patterns se integra por seis secciones que exploran las posibilidades del ruido, en cuanto a materia capaz de aparentar evolución y movimiento, creando justamente patrones solo susceptibles de ser descubiertos a posteriori. Si bien se puede escuchar en las plataformas digitales como si fuera un disco, el producto físico es un circuito sobre una tabla negra con un audífono que incluso tiene su pequeño switch de encendido, como para reforzar ese toque de digitalismo anacrónico que remite a imágenes polvorientas y llenas de pelusa.

ILUMINADA ELECTRÓNICA OSCURA

El trío londinense conformado por los artistas electrónicos e instrumentistas Matt Parker y Chris Amblin y por la vocalista nipona Ayu Okakita, navega entre varias influencias sonoras que van de las oscuridades electrónicas propias de los ochenta, al dubstep de reverberación hipnótica que tanta presencia tiene en las propuestas postmilenarias. Se bautizaron como Nedry en referencia al regordete empleado de Jurassic Park que tiene que enfrentarse con algunas de las lindas criaturas que se encontraban en cautiverio.

Ya colaborando directa y presencialmente después de una breve separación, el grupo debutó con el EP SZ (2010) de producción casera, que sirvió como impulso para consolidar su primer disco poco después: Condor (2010) resultó breve pero cautivante, gracias a esas vocales que han sido comparadas con Bjork y al tejido electrónico de creativo diseño, por momentos dejando que la luz lo traspase aunque con el énfasis puesto en una cuidada densidad.

Su segundo disco, titulado muy a propósito In a Dim Light (2012), inspirado en David Lynch y T.S. Eliot, según se ha señalado, marcó una sustentable permanencia que se extendió a una versión de remezclas. Las penumbras siguen rodeando una voz que combina cierto misterio con fragilidad y elementos cercanos al postrock y al trip-hop aparecen cual escenarios fantasmales que se disipan justo cuando podrían ser percibidos con mayor nitidez. La luz difusa, mientras tanto, se resiste a sucumbir del todo.

SONIDOS FEMENINOS DEL FIAC 2016

27 noviembre 2016

El error y el fallo como materia prima para reconvertirla en arte impensado. Si la ciencia avanza con base en las equivocaciones, el arte ensancha fronteras aprovechando los cabos sueltos y los caprichos de algún elemento del sistema: paradójicamente, esa ruptura abona a la singularidad de la entidad, más allá de afectarla negativamente, y la convierte en una realidad distintiva. Desde luego, dependemos del entramado subjetivo y de la perspectiva de quien aprecia para que así ocurra.

Algunos de los sonidos que acompañan la celebración del Festival Internacional de Arte Contemporáneo de León, ahora que está de regreso, como reclamando su lugar en una tradición que parecía desplazada, muy a tono con la concepción temática que presenta cual esperada anomalía que resquebraja la apabullante normalidad. En esta oportunidad, las claves femeninas que nos visitan.

EMIKA: VOZ EN ELECTRÓNICAS PENUMBRAS

Con sangre checa corriendo por sus venas, la artista inglesa Ema Jolly (1986), conocida en los circuitos de la electrónica como Emika, se trasladó a Berlín después de estudiar al respecto de los vínculos entre la música y las tecnologías informáticas. Tras algunos sencillos, debutó con Emika (2011), en donde plasmó su estética glitch, aprovechando sonidos erráticos puestos en orden por la vocal, poblando el ambiente de ecos fantasmales en cadencia sincopada con lances clasicistas, como si estuviéramos en una película de miedo en la que nunca se revela la verdadera causa de nuestro temores.

emikaDVA (2103), que significa dos en checo, representó una natural continuidad a sus intereses sonoros, introduciéndose en la diversa selva del dubstep con esas reiteraciones que van poniendo los pelos de punta sin que nos demos cuenta, gracias al hipnotismo de una vocal nebulosa de pronto queriéndose operística,. Una derivado de esta obra y recurriendo a la música clásica, en particular a la influencia de su compatriota Leoš Janáček, grabó en clave instrumental pianística Klavírní (2015), con piezas nombradas como Dilo y secuenciadas del 4 al 16, buscando crear una sensación de continuidad que intenta regresar una y otra vez.

Con su siguiente álbum, titulado sintéticamente Drei (2015), la cantante y compositora, bien armada con su laptop y su inventiva para recrear un sonido que suena familiar, sobre todo si pensamos en el tecno y el dark ochentero, volvió a levantar su cautivante y versátil voz, que igual se ajusta a esquema de pop sintético que a lúgubres atmósferas donde predominan las líneas de bajo con exceso de calorías. Ahora sabemos que las fallas también pueden ser amigables y, mejor aún, evocativas.

JASMINE: AMBIENTES A LA DISTANCIA

Con su álbum Yellow Bell (2015), de carácter introspectivo y conformado por una mezcla de sonidos aleatorios y edición expansiva, la artista Jasmine Guffond (1972), originaria de Sidney y afincada en Berlín, propone un entorno exigente y a la vez irresistible para el escucha con capacidades para adentrarse por texturas en principio inescrutables pero paulatinamente clarificadoras. La experimentación como premisa para moldear el silencio y entremezclarlo con el sonido, acaba por ser extrañamente cercana y familiar.

Elephant es una pieza por completo hipnótica, que parece ser un canto a los grandes yjasmine-guffond hermosos paquidermos, mientras que la pieza titular nos devuelve a una sutil disonancia que nos acompaña en el extravío. Con el conocimiento útil y las nociones medulares para comprender y profundizar en la cotidianidad, concluimos este trayecto auditivo tan cercano como si estuviéramos en un paseo donde lo que priva no es la mirada, sino el oído: una campana amarilla es nuestra guía y anfitriona.

 

CORONA CAPITAL 2016

20 noviembre 2016

Para el segundo día de actividad sonora, con la figura totémica de los legendarios Kraftwerk a la cabeza, se presentan algunas presencias de distinta ralea que generan buenas expectativas para el respetable. Algunas de ellas, como sigue.

LCD SOUNDSYSTEM

De la poblada jungla neoyorquina donde todos los sonidos caben, uno de sus habitantes, miembro de grupos noventeros de hardcore como Pony y Speedking, participó en la creación de un sello conocido como DFA por ahí durante el cambio de milenio, para después presentarse al mundo con el sencillo Losing My Edge, seguido de un puñado de grabaciones que empezaban a llamar la atención y que pronto tomarían la escena electrónica por sorpresa.

Junto con algunos cuates, James Murphy invadió la pista de baile con toques funk / punk a través de LCD Soundsystem (2005), álbum doble homónimo integrando sus piezas anteriores con nuevos cortes, que los convertiría en uno de los fenómenos a seguir en el circuito de la fiesta nocturna, sobre todo si te gustaría que Daft Punk tocara en tu casa. Con una colaboración para Nike titulada 45:33 (2006) y desarrollando su faceta de DJ’s, continuó alimentando su sello y su fama, hasta que llegó la hora de entregar un segundo disco, más allá de los sampleos y remezclas.

Silver of Gold (2007) fue el resultado y las ideas seguían brotando sin demasiada dificultad, entre el rock, la discoteca y la crítica mordaz, con un pie en la pista y el otro en la parodia inmisericorde. Drunk Girls, la pieza representativa, se acompañó de un video dirigido por Spike Jonze. Manteniéndose en lo suyo, Murphy entregó This is Happening (2010), sin deslumbrarse por la fama y enfocado en hacer de la pista un lugar en donde quepamos todos, incluyendo a quienes se consideran más rockeros que bailadores. A manera de síntesis compilatoria y aparente despedida, quedan The London Sessions (2011) y The Long Goodbye: LCD Soundsystem Live at Madison Square Garden (2014)

GRIMES

Originaria de Vancouver y estudiente de neurociencia en Montreal, la artista Claire Boucher, mejor conocida como Grimes, debutó con Halfaxa (2010), en el que se advertía un gusto por el riesgo y por la reunión de estilos varios: un pop de ensueño tirando a pesadilla sobre una electrónica de comportamiento impredecible; continuó su trayectoria con ánimo independiente vía Geidi Primes (2011), entreverando enfoques orientales con reiteraciones que nos sumergen en una textura dulce e inquietante.

Sorprendió a propios y ya no tan extraños con el ya mediático Visions (2012), lleno de complejas estructuras combina una electrónica de cierta oscuridad con ciertos lances enclavados en un pop inquietante, desplegando una vocal que parecen sobrevivir apenas a la maleza rítmica de atractiva variedad, provocando escalofríos o bien una extraña atracción, cual hipnotismo propio de las hechiceras. Lejos de conformarse, Art Angels (2015), confirmó el espíritu de búsqueda, aprovechando las posibilidades del pop, la electrónica y lo que se sume, para recrear un fascinante y volátil mundo de fantasía.

YEASAYER

Muy a tono con los tiempos que corren, el quinteto formado en Brooklyn muestra en su portafolio influencias que van del mesio este asiático a la región norafricana, con un sustento del rock electrónico propio de los clásicos británicos de los años noventa.. Debutaron con All Hour Cymbals (2007), explícitamente intercultural, desde la portada hasta la rítmica propuesta, como indicando la ruta y enfoque estilístico asumido de una forma por completo enfática.

Con un cierto enfoque más occidentalizado pero al fin consolidador, presentaron Odd Blood (2011), álbum lleno de matices y texturas multidimensionales resolutivas. Live at Ancienne Belguique (2011), antecedió a otro cambio de ruta, éste no del todo afortunado, reflejado en Fragrant World (2012). En esa compleja indagación sobre la identidad sonora, sobre todo en estos días de proliferación de propuestas, presentan el discretamente psicodélico Amen & Goodbye (2016), como dándonos una bendita despedida sin que nos olvidemos de empaparnos de un poco de su buena vibra.

LANA DEL REY

Originaria de Lake Placid y bautizada como Elizabeth Woolridge Grant, empezó a componer siguiendo las enseñanzas de su tío. Debutó con Born To Die (2012), en el que la aparente nueva aspirante al trono pop presentó una colección de canciones encendidas, con agudo sentido melódico e incorporando sonidos electrónicos muy que parecerían demasiado estudiados. Cual apéndice, apareció Paradise (2012), un mini álbum que siguió la tendencia de separar a la crítica del público amplio.

En el notable Ultraviolence (2014) hay un sosiego simulado que roza la intimidad, después de haberle dado la vuelta al mundo con su anterior álbum; la agresión está contenida entre canciones con tiempos ralentizados y lógica de aceptación, entre un dejo de melancolía. Claro que cuenta la producción de Dan Auerbach con florituras jazzeras que acentúan la atmósfera quieta de los sonidos. Honeymoon (2015) confirmó la postura: más oscuridad y menos mainstream; digamos que más autenticidad y menos oropel, si bien se puede tener ambas.

WARPAINT

Este femenino cuarteto angelino transita entre el art punk y el pop, con toda la confianza que da el talento puesto en común, sobre todo cuando el apoyo viene de John Frusciante (Red Hot Chilli Peppers) para realizar el EP debut Exquisite Corpse (2009), cual poema colectivo que encontró su extensión en The Fool (2010), primer largo de completa orientación femenina y con un toque dark listo para desarrollarse entre ámbitos de vanguardia contenida.

Warpaint (2014), su segunda entrega larga, siguió confeccionando un rock atmosférico que igual puede llevarnos a la ensoñación que a la convulsa realidad tangible; la producción de Flood contribuyó a la focalización sin rigidizar la inventiva de una banda que cumple con las expectativas y promete ampliarlas. Heads Up (2016) manda un mensaje claro de inventiva, madurez y convencimiento en la estática asumida: a pesar de la tristeza y los sinsabores, la cabeza se mantien erguida, entre acordes de cuestionadora lucidez atreviéndose a ser felices sin renunciar al optimismo.

LEONARD COHEN: PALABRA Y ACORDE

13 noviembre 2016

El gran poeta montrealés sutil y elegantemente cobijado por la música, saltaba a golpe de graves susurros de la sensualidad a la espiritualidad, del amor anhelante siempre al borde a la muerte esperada, y de una melancolía contagiante a un canto cargado de esperanza, con todo y un filón político propio de sus raíces. Junto a Bob Dylan y Paul Simon, se constituyó como uno de los principales letristas de la música popular, entre melodías evocativas enclavadas en un folk calmo con destellos country, impulsado por los infaltables coros femeninos en plenos crescendos y una instrumentación tan austera como precisa.

Originario de una emigrante familia judía clasemediera, Leonard Cohen (1934 – 2016) formó parte del grupo casero de country The Buckskin Boys y se presentó en el escenario de las letras en su época de estudiante universitario con Comparemos mitologías (1956), conjunto de poemas influenciados por García Lorca (nombre que le puso a su hija), al que le seguiría el consagratorio La caja de las especias de la tierra (1961), en el que demostró su capacidad para la creación de una poesía que se inmiscuye en la imaginación, sin dejar de pertenecer al mundo de los sentimientos compartidos.

Bajo los influjos de los vientos de la isla griega de Hydra, bañada por el hipnótico mar Egeo, a la que se fue a vivir un tiempo en los 60’s, escribió las novelas El juego favorito (1963), con fuerte carga sexual y apuntes autobiográficos de juventudes pasadas, y Los hermosos vencidos (1966), mostrando una importante evolución sobre todo en la creación de personajes, aquí formando un peculiar triángulo amoroso con la mira puesta en una mujer sagrada mohawk. Entre ambas, publicó Flores para Hitler (1964), al que habría que recurrir ahora que lo impensable ha ocurrido en las elecciones de Estados Unidos, y el también poemario Parásitos del Paraíso (1966), retomando sus temáticas habituales –religión, sexo, amor-

LA LETRA CON MÚSICA ENTRA

Fue a partir de estos años en los que empezó a componer canciones para alimentar de sonidos a sus poemas, reflejados por fin en el tardío y brillante Songs of Leonard Cohen (1969), su debut discográfico que abría con la clásica Suzzanne, ya interpretada antes por Judy Collins. Resonando las cuatro paredes, Songs from a Room (1969) mantuvo estilo y nivel para dar paso a una década prolífica en cantidad y calidad que empezó con Songs of Love and Hate (1971), en el que estos dos fuertes sentimientos de la vida humana se plantean en formas diversas.

Sus discos, por si quedaba la duda, se componían justamente de canciones, como señalan los títulos, vinculadas por un contexto definido. El libro La energía de los esclavos (1972) se tejió a partir de la integración de versos libres con fuerte carga denunciatoria. Tras el directo Live Songs (1973), el canadiense ya con el reconocimiento a cuestas de los círculos tanto literarios como musicales, consolidó su trayectoria con New Skin for the Old Ceremony (1974), musicalmente nutritivo con todo y la presencia de la voz de Janis Ian.

ENTRE EL ESPÍRITU Y LA CARNE

La década de los setenta culminó con Death of a Ladie´s Man (1977), con cierto cambio en la propuesta auditiva dada la intervención de Phil Spector, y el libro de poemas Memorias de un mujeriego (1978), parte de su incansable reflexión acerca de las mujeres y la condición femenina en el que, sin dejar de presentar imágenes específicas sobre el sexo, el deseo carnal y demás apetitos, se introducen en la complejidad de las relaciones de pareja, abriendo horizontes para seguirse preguntando acerca de su intrincada racionalidad, envueltas en un halo de misterio permanente. Recents Songs (1979), aderezado con florituras gitanas y toques de mariachi que sostienen una prosa enfática con su necesaria cuota sardónica, cerró esta etapa de desenfreno.

Posterior a la publicación de El libro de la misericordia (1984), inspirado por un aliento de carácter religioso, el silencio discográfico se rompió con Various Positions (1985), en el que se incluyeron la multiversionada Hallelujah y la irresistible Dance Me to the End of Love, antecediendo de paso al autoconfirmatorio I´m Your Man (1988), otro de sus clásicos que, para estar en consonancia con los tiempos, recurrió al sonido de los sintetizadores dejando en claro, a fin de cuentas, todo mundo sabe y que lo primero que habría que hacer es tomar Manhattan y después Berlín.

Compuesto en el contexto de los disturbios raciales de Los Ángeles tras el brutal acto policiaco en contra de Rodney King, el esperanzador The Future (1992), no obstante los grandes nubarrones que aquejan a la humanidad, marcó un alto en su trayectoria, acaso anunciando un milagro a la vista. Poco después de publicar el volumen de poemas Stranger Songs (1993), Cohen tomó la decisión de ingresar a un monasterio zen en el que permaneció cinco años en proceso de aprendizaje meditativo para finalmente ser ordenado monje budista. Así llegaría al fin del milenio.

CAMBIO DE MILENIO: A LAS AFUERAS DEL MONASTERIO

Regresó pasado el cambio de milenio, ya con la sabiduría que da la vejez en quien ha aprovechado la vida para aprender, con el estupendo Ten New Songs (2001), realizado en complicidad con la corista Sharon Robinson, representando la presencia femenina tan característica en su discografía y poética; liderado por el corte In My Secret Life, cual realidad paralela llena de deseos incumplidos, y con una referencia al gran poeta Kavafis, el álbum seguía la forma habitual de titular los discos pero ahora con un aire de novedad, como enfatizando la importancia de la vuelta al escenario, después de estar a un millar de besos de profundidad.

Confirmando que el retorno al ruedo no era asunto de un mero impulso creativo sino de un continuo en una trayectoria construida verso a verso, el ya setentón grabó Dear Heather (2004), producido en conjunto con Anjani Thomas, su pareja en ese momento, y con la participación de la propia Robinson. Continúan los versos al amor sublime y visceral con vocalizaciones más cercanas a la recitación que al canto, si bien desde una perspectiva más reposada, incluso aquí entonando letras de otros. Instrumentaciones directas y luces bajas para que los coros acompañen el tono barítono que se atreve a mostrarse ligeramente optimista.

Cual golpe mundano de realidad, atravesó dificultades económicas por un desfalco a manos de su representante, aunque pronto volvió a la actividad. Integrado por poemas transitando del erotismo al misticismo y por dibujos realizados en la segunda mitad de la década de los noventa, El libro del anhelo (2006) mereció la atención de Philip Glass, quien lo tomó como base para realizar Book of Longing. A Song Cycle based on the Poetry and Artwork of Leonard Cohen (2007), integrado por recitaciones en vivo del poeta acompañado por el piano del músico minimalista, cuerdas tensionantes y coros vivificadores.

A partir del 2008 y hasta el 2011, la premisa fue compartir su música en vivo. Dándole la vuelta al mundo, dejó su impronta en escenarios de aquí y allá (faltó México) con una vitalidad propia de un hombre que entendió el secreto de la juventud, sin importar los años. Live In London (2009) y Songs from the Road (2010), con DVD incluido, quedaron como evidencias de sus emotivas presentaciones.leonard-cohen

Las raíces y las fuentes de su arte fueron muy importantes para el cantautor. En 1972 dio un concierto memorable en Israel, como una especie de regreso a la semilla, en el que tuvo que abandonar el escenario dado que sentía que no podía continuar. En el camerino, mientras esperaba reponerse, lo asaltó el recuerdo de un consejo de su madre, que llegó justo a tiempo (http://elpais.com/elpais/2016/11/11/icon/1478846402_258278.html).

En el discurso de aceptación del premio Príncipe de Asturias en el 2011, agradeció y reconoció la importancia de la tierra española: primero por la enorme influencia de García Lorca, a través de la cual pudo descubrir que era posible tener una voz poética propia y distinguible; después por el guitarrista anónimo que le enseñó seis acordes provenientes del flamenco, base de toda la música que compuso y, finalmente, por su guitarra Conde que tanto atesoraba, siempre manteniendo su frescura vital.

IDEAS, PROBLEMAS Y OSCURIDAD: UNA TRILOGÍA FINAL

Old Ideas (2012) encontró a un Leonard Cohen bien y de buenas, conversando consigo mismo, acompañado por sus seres queridos (Patrick Leonard, Anjani Thomas, Sharon Robinson) y combinando estilos musicales con la pericia esperada, del jazz gitano al góspel y de ahí a discretos teclados electrónicos insertados en un festival folk de variada instrumentación. Las letras serpentean entre el humor, la reflexión espiritual y el infaltable deseo erótico, bien protegidas por cuerdas elocuentes y coros femeninos para desgranar con su rotunda voz una poética de ideas viejas siempre vigentes. Por si había alguna duda, el amor tiende a la oscuridad.

Ya como jovial ochentero, publicó el sabio y pausado Popular Problems (2014), otra consistente colección de canciones en la misma línea musical que su antecesor con buena presencia del teclado del propio Patrick Leonard, mientras el autor bolea cuidadosamente sus zapatos en imágenes de soporte; del álbum, oda a la lentitud frente al acelere sin sentido con algún canto arabesco y percusiones discretas, una mirada a la devastada Nueva Orleans y una disposición a tomarse las cosas en su justa medida, se generó una gira de la que se desprendió Live in Dublin (2014), triple CD, DVD y Blu-Ray, capturando su presentación en la mítica arena O2 de la capital irlandesa.

La aventura discográfica concluyó con el directo Can´t Forget: A Souvenir of a Grand Tour (2015) y el brillantemente oscuro, si cabe el oxímoron, You Want it Darker (2016), uno de los mejores álbumes del año y suprema despedida de uno de los artistas clave de las décadas recientes. Listo para morir, según declaró al New Yorker, aunque después matizó su declaración, y sugiriendo apagar la llama doble (diría Octavio Paz) para encontrar una mayor oscuridad, el poeta insufla de emotividad la gravedad de su voz, dialogando con Dios y con nosotros los mortales.

Una instrumentación desnuda entre la que se incluye una rememorativa guitarra flamenca y los coros de siempre con cierto toque eclesial, acompañando el canto de un alma que se presenta así, en completa paz y preparada para encarar el final aquí y empezar de nuevo donde corresponda. Metafórico o literal, según la intencionalidad del momento y el ámbito expresivo, ha decidido dejar la mesa y salirse del juego, acaso dirigiendo el camino hacia esa luz viajera cual rapsodia que desearía terminar como un acuerdo entre tu amor y el mío.

Notable ha sido la manera en que algunos cineastas como Robert Altman (McCabe & Mrs. Miller, 1971), Atom Egoyan (Exótica, 1994), Oliver Stone (Asesinos por naturaleza, 1994), Kathryn Bigelow (Días extraños, 1995), Curtis Hanson (Loco fin de semana, 2000), Zack Snyder (Watchmen, 2005), Richard J. Lewis (La versión de mi vida, 2007), Jean-Marc Vallée (Alma salvaje, 2014) y hasta Jon Stewart (Rose Water, 2015) han integrado sus canciones en determinadas secuencias vueltas memorables, sobre todo Hallelujah, Suzanne, Dance Me to the End of Love, Everybody Knows, I´m Your Man, Take This Waltz, Ain´t No Cure for Love y Waiting for the Miracle, entre otras.

En particular, el alemán Rainer Werner Fassbinder, representante del movimiento fílmico de los años setenta en su país, aprovechó sus piezas para incorporarlas a varios de sus filmes. Además, en incontables series televisivas y documentales se escuchan las canciones del quebequense, ya sea en versión original o por medio de algunas de las múltiples versiones inspiradas por la belleza de su música y poesía, tan terrenales como nuestras experiencias cotidianas y tan celestiales como la vivencia estética abrasadora.

Sensualidad, espiritualidad, romance, libertad, amor, compasión. Hineni, Hineni.

 

FORMAS DEL ROCK ESTADOUNIDENSE

6 noviembre 2016

Tres grupos visitan nuestro país en estos días con propuestas que reflejan algunas de las vertientes reconocidas del rock, desde el metal y el garage hasta el surf y la psicodelia, pasando por el clásico sonido sureño, un poco del infaltable country y sonidos bluseros insertado conforme a la tradición.

METAL PARA EL ALTAR

Quinteto formado en Richmond, Virginia, con todo y nombre místico que contrasta con la fiereza de su propuesta: eso sí, a pesar de su éxito comercial, se han mantenido fieles a sus creencias musicales. Primero conocidos como Burn The Priest y después asumiendo ya el nombre de Lamb of God, su propuesta se sustenta en una notable cohesión y energía inacabada del vocalista Randy Blythe, las contundentes guitarras de Mark Morton y Will Adler, el bajo incisiva de John Campbell y la batería interminable de Chris Adler.

Su primer lance fue el incendiario Burn the Priest (1998), álbum homónimo considerando que así se llamaron al principio, al que le siguió el enfocado y rotundo New American Gospel (00) como toda una declaración de principios tanto en sus letras como en su estética sonora, en la que igual cabe un poco de speed que de death y, ya entrados en gastos, cierto espíritu alternativo. Con este disco se instalaron en la escena metalera como un grupo clave del siglo XXI dentro del género.

Ya asumidos como mesías del mundo heavy, salpicando consignas políticas y apocalípticas más a siniestra que a diestra, y con una sólida fama dentro de los circuitos de las cabelleras agitadas y playeras negras, firmaron el transitorio As the Palaces Burn (2003), rápidamente perseguido por Ashes to Wake (2004), uno de sus álbumes capitales como para regresar de la cenizas, y por el duro e inclemente Sacrament (2006); en el inter, grabaron un disco en vivo titulado Killadelphia (05), con DVD integrado.

Vendría después Wrath (2009), en el que no bajaba la dinámica y un recopilatorio titulado Hourglass: The Anthology (2009), que incluye algunas rarezas y demás joyitas para fans incondicionales y dispuestos al sacrificio (monetario). Con Resolution (2012) la fuerza se mantiene intacta y la intención clara: hacer un álbum de metal con todas las de la ley, procurando voltear a las bases como para recordar de dónde vienen para saber a dónde van, sobre todo porque vendrían tiempos difíciles.

Tras un inicidente que llevó a la cárcel a Blythe por empujar del escenario a un joven fan durante un concierto en Praga, que murió posteriormente por la caída, el vocalista escribió un libro ya fuera de prisión titulado Dark Eyes, en el que plasmó las vivencias alrededor de la tragedia. Vendría después la grabación de VII: Sturm und Drang (2015), reflejando el estado de ánimo entre estresante, caótico y turbulento y con algunos invitados notables que participaron de esta catársis con los decibeles por los cielos.

UN VIAJE POR LOS ESPESOS SETENTAS

Constituido en Ames, Iowa, el grupo Radio Moscow, nombrado así por la emisora propagandística de la Unión Soviética, se integró en el 2004 por el cantante, compositor y baterista Parker Griggs y el bajista Luke McDuff, quienes compartían su gusto por el garage y los sonidos que predominaron décadas atrás, como los que salían de la genialidad de Cream o la Jimi Hendrix Experience. Primero como dueto y después como trío con la inclusión de la batería de Mayuko y en algún momento con cambios de alineación, lograron llamar la atención de Dan Auerbach (The Black Keys, The Arcs).

En la introducción de Radio Moscow (2007), su primer álbum, se presentan con nitidez: espesura setentera edificada por robusta rítmica y las consabidas guitarras en espiral, combinadas con un inconfundible acento sureño bañado, a su vez, de subyacente psicodelia. El resto de esta primera entrega es un dechado de energía bien enfocada en los cauces de la propuesta sonora en deuda con los Allman Brothers, si bien no del todo distintiva o identificable.

Brain Cycles (2009) representó un paso adelante con un narcótico enfoque infiltrado por intensidades crecientes, ya asomándose rasgos de identidad propia, con todo y la búsqueda de ese tercer ojo de los lentes que ilustran la portada, mientras que The Great Escape of Leslie Magnafuzz (2011), significó más bien una particular continuidad, dado que fue un disco grabado casi en su totalidad por Griggs, echando toda la carne al asador, tal como 3 & 3 Quarters (2012), realizado cuando tenía 17 años y que emana espíritu adolescente insuflado por el garage.

Con una nueva alineación que muy pronto aprendió a jugar de manera colectiva, integrada por el macizo bajo de Anthony Meier y las percusiones de Paul Marrone, con la necesaria cuota de dinamismo, Griggs presentó Magical Dirt (2014), disco que pareciera ser una especie de nuevo comienzo, no en el terreno estilístico de donde no se han movido un ápice, sino en la estructura del grupo, articulado como trío con buen punch. Una muestra de sus capacidades y limitaciones en vivo quedó asentada en Live in California (2016).

UN PASEO POR LAS OLAS

Formados en el 2006 en Dana Point y asentados en Costa Mesa, ciudad de Orange County, The Growlers se inspiran en una psicodelia sesentera que se sube a la tabla de surf para navegar sobre olas pop con espuma folk. Se les conoce con la etiqueta del Beach Goth, en el que se integran algunos de los tipos de música a los recurren, incluyendo ciertas oscuridades en pleno ambiente dominado por el sol; el nombre también sirvió para bautizar a un festival que organizan desde el 2012 y que va creciendo con convocatorias cada vez más jugosas.

Entre varios cambios de personal, debutaron con Are You in or Are You Out? (2009), al que le siguió el breve Hot Tropics (2010). La vocal de Brooks Nielsen comparte protagonismo con la guitarra de Matt Taylor, de aliento playero, para deslizarse por la feliz batería de Scott Montoya y por el bajo juguetón de Anthony Braun Perry, dejando como telón de fondo los acordes guiterreros de acompañamiento y los apuntes del teclado de Kyle Straka. De pronto, se pueden asomar algunas botas vaqueras pisando con sutileza la arena del mar.

Ya en plena etapa de consolidarse como un grupo al que se puede recurrir en momentos de buen ánimo, han grabado Hung at Heart (2013), quizá su mejor álbum, y Chinese Fountain (2014); City Club (2016), con el apoyo de Julian Casablancas (Strokes), denota el gusto por seguir haciendo música con base más en sus instintos que en una agenda prevista, estrategia que detona resultados contrastantes.