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MUTEK CERVANTINO

25 octubre 2011

Parte de esta celebración sonora, visual y sensorial conocida como Festival Internacional de Creatividad Digital y Música Electrónica llegará a Guanajuato en el marco del Cervantino: sinergia pura orientada a compartir manifestaciones artísticas en nuestras dos capitales: estatal y nacional. Un festival con larga tradición y otro que se abre espacio gracias a su enfoque y a su innovadora propuesta confluyen felizmente para albergar este festejo de música electrónica por el que han desfilado nombres tan poco conocidos como interesantes, así como personajes que ya tienen su lugar apartado en el trono de las tornamesas y demás artilugios enchufables.
Un par de propuestas canadienses que vienen a Guanajuato para convertir las herramientas tecnológicas y la multiplicidad de cables en trances musicales de altos vuelos. Después, un grupo que visita la capital del País y que igual merece nuestra atención.

KID KOALA: CONVERSACIONES DIGITALES
El originario de Vancouver con ascendencia china, nacido en 1975 como Eric San, debutó en solitario con el intrincado y absorbente Carpal Tunnel Syndrome (00), cargado de matices y mezclas que igual viajan del hip-hop a las conversaciones a ras de piso, con reiteraciones que de pronto se rompen a partir de la inclusión de instrumentos comunes, que terminan por conectar con audiencias de corte más analógico: construcciones sonoras de riqueza no solo sensible sino conceptual, jugando con ritmos y scratcheos continuos, entrelazados con un verbalismo de múltiples facetas.
Su siguiente grabación oficial, Some of My Best Friends Are DJ’s (03), mantuvo estilo y espíritu buscador, a pesar de tener la fama a cuestas que lo llevó a compartir escenario con los Beastie Boys y Radiohead; un CD/DVD titulado Live from the Short Attention Span Audio Theater (05), precedió al juguetón Your Mom’s Favorite DJ (06), seguido del continuista Phon-O-Victo (07), con apenas 38 minutos de duración y del también breve Space Cadet (11), con todo y puntual paginación que muestra la incansable capacidad de buscar laberintos auditivos, más que salidas fáciles.

GUILLAUME COUTU DUMONT: REITERACIÓN INCISIVA
Con una mezcla de la música electrónica arquetípica y una rítmica africana que se entremezlca con aromas esteuropeos, este canadiense de Montreal se dio a conocer con Face A Lést (07), su álbum debut que propone desde ya una hipnótica amalgama de estéticas sonoras diversas, enclavadas en géneros consolidados susceptibles de convertirse en materia maleable: su viaje a Senegal parece ser que resultó un proceso clave para abrir horizontes a su propuesta conectada con ánimos y conciencias en pos del movimiento corporal.
Con Breaking the Fourth Wall (10) nos invita, desde el propio título del álbum, a romper con cuadraturas de cualquier tipo para embarcarnos en un viaje sonoro que si bien se sustenta en el ritmo repetitivo, logra tocar nuestras neuronas que de inmediato mandan la orden al cuerpo para entrar en un trance de actividad física. Un sólido tapiz atmosférico cobija a lances ocasionales de trompeta o teclado para llamar una atención que se encuentra bien atrapada por la telaraña de las piezas. De pronto y cuando menos te lo esperas, el disco ha terminado por envolverte sin que hubieras puesto la menor resistencia.

METRONOMY: NOSTALGIA PARA NOCHES EN COMPAÑÍA
Continuando con las ilustres visitas aunque no en Guanajuato, contaremos con el proyecto de Joseph Mount que se ubica en el terreno del rock bailable con miras al pasado, pero que no tiene mayores miramientos para atreverse a buscar en el futuro. Después de andar dando de qué hablar durante varios años, apareció Pip Paine (Pay the 500 You Owe) (06), enclavado en una propuesta dance con los pies en la tierra de la melodía.
Ya con la incorporación en pleno de Oscar Cash y Gabriel Stebbing, Metronomy propuso al respetable el espléndido Nights Out (08), obra que nos llevaba a las noches de antaño en los barrios donde uno se convertía en todo aquello que alguna vez habría soñado. Con un pop de sintetizador y aires de cierta melancolía, el disco transcurre entre apuntes tecno y una vocal que acude al falsete como genuina emoción.
Manteniendo el nivel tanto armónico como melódico, en esa particular combinación de vanguardia retro, si cabe, The English Rivera (11) discurre entre la exaltación de la rítmica contenida y el susurro cómplice. Los cambios en la alineación parecieron no afectar el desarrollo de la propuesta del grupo, quien conservando estilo y empuje, da un viraje hacia un rock más elaborado, sin caer en rebuscamientos, que permite apreciar un interés por movilizarse dentro de sus márgenes habituales.
Propuestas varias para seguirle la pista al giro del mundo de la música, buscando conectar con los avances tecnológicos sin olvidarse de su misión central: generar emociones.

LOS LOBOS: AULLIDO CHICANO

18 octubre 2011

Los Ángeles representa un contexto ideal para que florezca la translocalidad: nacimiento de comunidades pertenecientes a un territorio determinado que se asienta en otro, manteniendo las prácticas culturales propias; entre otros, destacan sobre todo grupos de mexicanos que, fuera de nuestro país desde hace algún tiempo, parecen constituirse como una especie de espejo distante pero con fiel reflejo de la identidad nacional, si tal cosa existe. Y en otros casos, estableciendo relaciones culturales no de predominancia, sino de igualdad.
Los espacios demográficos se agrietan frente a los intensos movimientos interculturales y aunque vivimos tiempos de disminución en el tránsito migratorio hacia Estados Unidos, la semilla diaspórica está sembrada desde hace muchos años en esta ciudad que no se cansa de extender caminos e influencias: es la gran urbe ejemplificada en Blade Runner (Scott, 82), entre banquetas vaporosas, pantallas rutilantes y gente de mil colores.
Justo en esta metrópoli con múltiples y diversas manifestaciones musicales, surgió un grupo que primero parecía, como se autonombraron humildemente, una banda más del este de Los Ángeles, pero que al paso del tiempo ha mostrado una encomiable consistencia y un contagiante deseo de seguir expresando raíces y frutos a través de sus canciones que rezuman identidad reconstruida, con todo y esas letras que oscilan entre el realismo mágico, la migración y los amores lejanos. El núcleo del grupo lo integra la dupla David Hidalgo / Louie Pérez, soportados con solidez por Steve Berlin, Conrad Lozano y Cesar Rosas, además de los insignes invitados por disco.
Más que tener una propuesta desterritorializada, Los Lobos apuestan por un eclecticismo que palpita en sus venas y corre por su sistema neurálgico. Su condición de mexicanos-estadounidenses, esa mezcla que molesta tanto a los que esperan el choque de las civilizaciones, les permite no solo transitar, sino integrar diversos géneros como el corrido norteño, el rockabilly, el pop, el tex-mex, la cumbia, el bolero, el blues-country y el rock: la clave se centra en su calidad musical, más allá de la repetición de fórmulas y falta de innovación que pueden agobiar a estas tendencias.

LA SOBREVIVENCIA DEL LOBO
El quinteto se dio a conocer masivamente con una versión de La Bamba en 1987, éxito que les abrió las puertas para participar en diversos soundtracks, aunque venían haciendo ruido desde los setenta vía un álbum de covers. Con el EP … And a Time to Dance (83) y sobre todo con How Will the Wolf Survive? (84) su sorprendente debut largo de canciones propias, pusieron en claro su gran capacidad para la absorción de tendencias y estilos que reflejaban con nitidez la música de esa tercera nación que subsiste entre México y Estados Unidos. La presencia en la década de los ochenta se manifestó con By the Light of the Moon (87) y con La pistola y el corazón (88), obra confeccionada con tendencias del sur del Bravo.
A partir de Neighborhood (90), las canciones en inglés predominan aunque la pócima se mantiene, con un mayor énfasis en las estructuras propias del rock, como se manifiesta en el grandioso Kiko (92), acaso su álbum más logrado: ambos discos de ampliación de horizontes fueron producidos por Mitchell Froom, con quien la dupla central formó el proyecto de carácter más experimental conocido como Latin Playboys junto a Tchad Blake, del que se desprendieron los discos Latin Playboys (94) y Dose (99).

Después del celebratorio Just Another Band From East L.A. (93), grabaron Papa´s Dream (95), obra para niños –como Los Lobos Goes Disney (09)- en compañía de Lalo Guerrero, seguido de Colossal Head (96) y This Time (99), álbumes que mantuvieron el nivel acostumbrado con esa sensación de estar escuchando diferentes discos en uno solo y, no obstante, conservar una particular unicidad. Saludaron el siglo como buenos gallos con Good Morning Aztlan (02) y con The Ride (04), en el que participaron distinguidos invitados como Elvis Costello, Tom Waits, Richard Thompson y Mavis Staples: ahí nomás.
Para celebrar sus 30 años, el obligado par de conciertos en el Fillmore de San Francisco y posteriormente la imprescindible antología de lo mejor de la banda (labor difícil por la abundancia de opciones). The Town and the City (06), además de su coherencia musical, despliega un recorrido sobre la experiencia de los ilegales y de la condición fronteriza, desde una perspectiva luminosa. A partir de historias de tipos luchones que aprenden a navegar a contra corriente con la sonrisa en los labios, se teje el vitamínico Tin Can Trust (10), muestra de que la veteranía robustece.
Los Lobos representan un buen ejemplo del dinamismo de los flujos regionales, de los procesos interculturales y de la ruptura del espacio social como fortaleza, ahora convertido en parte de un entramado de vasos comunicantes por los que transcurren sonidos y estéticas combinatorias. Se presentan el 23 de octubre en el Plaza Condesa del D.F.

SANTANA EN LA CASA DE LA FIERA

11 octubre 2011

De Autlán Jalisco, cosecha de origen, para el mundo entero. Con el misticismo recorriendo la electricidad de las cuerdas junto a frenéticas polirritmias o descansando en evocativos acordes cargados de cierta espiritualidad ancestral, Carlos Santana se ha constituido, por mucho, como el roquero más importante que ha nacido en este país. Hijo de violinista de mariachi, el pequeño Carlos se mudó con su familia a Tijuana y de ahí a San Francisco: momento y lugar correctos. En efecto, la costa oeste fue un semillero profuso en ideas musicales y sociales durante los sesenta. El mexicano se dejó empapar por toda la sicodelia imperante y le agregó toda su sangre latina, cuando esa condición era mucho más auténtica que una mera moda de vive la vida loca.

LOS AÑOS MARAVILLOSOS
Lo suyo es la fusión: rock, ritmos latinos, jazz: todo densamente armonizado en una jungla sonora ubicada en algún lugar intermedio entre las músicas latinoamericanas y las negras, con la aportación de la psicodelica y el rock blanco. Fue en 1967 cuando formó la banda nombrada como su apellido para debutar en 1968 en el Fillmore West de San Francisco. Su primera obra en cuya portada aparece un león, apareció en 1969, año en el que se presentaron en Woodstock con la histórica interpretación de Soul Sacrifice con todo y el solo de batería de Michael Shrieve, vuelto clásico instantáneo del mítico festival. Con Abraxas (70), Santana confeccionó su prematura obra maestra: ahí está la versión de Black Magic Woman, dada a conocer por Fleetwood Mac y Oye cómo va del rey salsero Tito Puente.
“Abraxas fue punto de partida para demostrar que el rock podía usar y abusar de otras músicas para buscar vías de participación… el mayor atractivo de Santana era la manera de tocar la guitarra, que cautivaba por su emoción y erotismo, hacía el amor con ella e instaba a los escuchas a practicarlo.” (Vitoria, Juan. Los 100 mejores discos del Rock. Ed. La Máscara, 1993).
Santana III (71) le dio la bienvenida a Neil Schon (Journey) y confirmó que la exacta conjunción de ingredientes alcanzada no había sido casualidad. 1972 resultó ser un año crucial: grabó Caravanserai, participó con Buddy Miles en un disco en vivo y en la supersesión conocida como Love, Devotion, Surrender, junto al connotado guitarrista John McLaughlin, el imponente bajo de Stanley Clarke y Larry Young, entre otros. Ésta fue la mejor época de Santana, no obstante los permanentes destellos que invaden sus trabajos posteriores.

BUENAS VIBRAS
La década de los setenta se significó por la adopción de una espiritualidad que lo llevó a nombrarse Devadip; además de obras en vivo y recopilaciones, trabajos como Welcome (73), Borboletta (74), Amigos (76), Festival (76), Moonflower (77), Inner Secrets (78) y Marathon (79), estaban impregnados por ese particular misticismo, en el que igual cabían los ángeles que la Virgen de Guadalupe. Así, sus conciertos parecían liturgias sonoras invadidas por seres celestiales atentos a promover la integración de los asistentes.
Sin su banda, Santana grabó durante estos mismos años Illuminations (74) junto a Alice Coltrane y Oneness: Silver Dreams Goleen Realities (79). Ya para los ochenta, las incursiones en el estudio transcurrieron sin demasiada gloria pero tampoco con pena: The Swing of Delight (80), Zebop! (81), Shango (82), Havana Moon (83), conformado por versiones, Beyond Appereances (85), en plena etapa MTV, Freedom (87) y Blues for Salvador (87) su mejor obra sustentada en grandes pasajes instrumentales.
El místico guitarrista saludó los noventa con Spirits Dancing on the Flesh (90), Milagro (92) y algunas recopilaciones y recuperaciones en vivo de su estirada carrera. Cuando parecía que los conciertos y las colaboraciones iban a ser las únicas constantes, regresó con aires renovados.

UN SHAMAN SUPERNATURAL DE GUITARRA CELESTIAL
En efecto, Supernatural (99) fue un bienvenido retorno del ya sesentón que lo volvió a colocar en la palestra: las colaboraciones de lujo se entrelazan con las clásicas florituras de la guitarra santanesca para crear combinaciones de accesibilidad radiofónica con densidad armónica. En apariencia es un disco disperso, pero en realidad la cohesión está dada a partir del tapiz que le imprime la inconfundible voz de las cuerdas eléctricas.
Y este aliento todavía alcanzó, aunque en menor medida, para Shaman (02) en el que hasta Plácido Domingo le entra al quite para aventarse un tú por tú con la guitarra de su anfitrión. Aparecieron después All That I Am (05) y Guitar Heaven (10), álbum de covers.
Honesto, sin negar la cruz de su parroquia y siempre congruente con su estilo y forma de pensar, Carlos Santana ha conseguido tener un lugar propio en el universo de la música popular. Su visita a nuestra ciudad es motivo de celebración: a mejorar la historia de hace 23 años y de paso, echar buenas vibras al campo de los verdes.

HORRORES EN LA TIERRA: OSCUROS SONIDOS SALVADORES

3 octubre 2011

Un par de grupos que navegan por aguas oscuras en distintos niveles de profundidad, como si estuvieran buscando respuestas en los movimientos no siempre cadenciosos de las corrientes pluviales. Mientras que los primeros bucean donde la densidad impide movimientos veloces y la gravidez se vuelve absorbente, los segundos se mantienen más cerca de la superficie, donde se pueden encontrar intensidades engañosamente quietas.

UN MUNDO LLAMADO EARTH
Ubicados dentro del género conocido como Drone Doom, el grupo formado en Olimpya, Washington en 1989 y desarrollado en Seattle, ha tenido como miembro central al guitarrista Dylan Carson, amigo de Kurt Cobain. Junto a Joe Preston, se presentaron con el EP Extracapsular Extraction (91), al que seguiría Earth 2 (93), quizá su obra más importante y con la que cimentaron su estilo basado en un metal cargado de experimentaciones con una guitarra tan musculosa como siniestra: la ayuda del conocido productor Stuart Hallerman acabo resultando esencial para alcanzar el resultado anhelado coronado por riffs sostenidos hasta el final de los tiempos.
Con el Grunge en pleno apogeo y la muerte del hombre que lo llevó hasta sus últimas fronteras, sin olvidarnos de la constancia y tesón de Pearl Jam, grabaron algunas obras que no tuvieron la resonancia esperada durante la década, como Phase 3: Thrones and Dominions (95), Pentastar: In the Style of Demons (96), en una línea roquera de mayor convencionalismo y Liquid (99). Tras algunos trabajos en vivo y un silencio más o menos prolongado, vendría el inesperado segundo aliento, tras una dura etapa de batallas con sus propios fantasmas.
Grupos de intensidades ruidosas como Sunn O))), Boris y Corrupted se encargaron de mantener vivita y coleando (es un decir) esta tendencia de oscuridades alteradas, por lo que el regreso de Earth para el nuevo siglo apareció como una continuación, aunque con alineación diferente. En compañía de la baterista Adrienne Davies, Carlson se aventuró a una gira en el 2002 que se capturó en Living in the Gleam of An Unsheathed Sword (05), álbum que marcaría el inicio de un bienvenido retorno que no solo buscaba emular los tiempos de sus primeros discos, sino que se orientaba a encontrar otro tipo de alteraciones sonoras.
Y la primera prueba llegó con el contundente Hex: Or Printing in the Infernal Method (05), cuya fuerza en efecto se anuncia desde el mismo título, como si nos involucráramos en un sombrío y lóbrego apocalipsis con todo y algunos metales sonando cual anuncio celestial nunca esperado. La profundidad auditiva, así como la arquitectura armónica, se entrelazan en una estética de cierta desolación en la que uno puede sentirse desamparado, ante la insistencia de la distorsión que no ceja en su intento por envolvernos en un trance cautivador.
Después de Hibernaculum (07), una especie de nueva mirada a cortes previamente elaborados, apareció el bíblico The Bees Made Honey in the Lion´s Skull (08), con la presencia del gran Bill Frisell en tres cortes y una orientación que amplía los registros probados con anterioridad, entre los que cabe un cierto dejo de country y una mayor versatilidad estilística. Piezas de este disco y del Hex… fueron utilizadas, con la pertinencia acostumbrada, por Jim Jarmusch para Los límites del control (09), su inquietante película saturada de una soledad tensa que bien se acompaña por estos acordes.
Para confirmar que la banda aún tiene apuntes por compartir y ganas de continuar aprendiendo y probando, con esa por momentos doliente parsimonia, Carlson y compañía nos regalan Angels of Darkness, Demons of Light, Vol.1 (11), primera entrega de un díptico en el que las adhesiones de la chelista Lori Goldston y el bajista Karl Blau, le dieron una amplitud de miras a la propuesta que permite atisbar otros horizontes de novedosos paisajes. Vale la pena estar con ellos el sábado 8 en el Lunario del Auditorio Nacional del D.F.

THE HORRORS
Formado a mediados de la década de los 00´s, este quinteto inglés de Southend ha sabido integrar tendencias del rock que van del postpunk de su tierra con atmósferas que se despliegan en tinieblas, y de ahí los sonidos primigenios del garaje que se manifiestan en Strange House (07) su sólido debut que muy pronto los colocó, a pesar de la saturación de propuestas, en el radar de los escuchas que apreciaban ese toque arty de su imagen y sonido.
Continuaron con el estupendo Primary Colours (09) matizado por un sonido más cercano al gótico de finales de los setenta y principios de los ochenta, mismo que en Skying (11), su siguiente disco, se muestra con una mayor iluminación en texturas, vía un teclado más encendido, pero conservando su espíritu proveniente de mundos oscuros. Se presentan en el José Cuervo Salón del D.F. el viernes 7.