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TRÍO DE SONORAS VISITAS

29 agosto 2015

Empezamos septiembre, el mes más bonito del año, con atractivas presentaciones en nuestro país que parecen darle la bienvenida a un prometedor otoño en cuanto a sonidos se refiere.

AMERICAN GOTHIC

Desde las praderas americanas, Iron And Wine es el proyecto del compositor y multiinstrumentista Sam Beam (Carolina del Sur, 1974), cual profeta barbado que gusta de transitar por los ambientes pintados por Grant Wood y escritos por William Faulkner, entre el pop, el folk y la americana, dentro de la tendencia formada por nombres tan notables como Bon Iver, My Morning Jacket y Fleet Foxes.

Originada en Florida en 1999, esta agrupación debutó con The Creek Drank the Cradle (2002), síntesis de un par de propuestas enviadas al sello Sub Pop que, viendo los resultados, acabó siendo sumamente atinada en cuanto a coherencia, enfoque y espíritu. De las canciones que no fueron consideradas surgió el también notable EP The Sea & the Rhythm (2003), por si quedaba alguna duda.

Ya con la posibilidad de contar con un estudio después de tan sólida presentación, Beam y su numerosa compañía (a lo que ya está acostumbrado dado que tiene cinco hijas) grabaron Our Endless Numbered Days (2004), obra confirmatoria de la capacidad letrística para recrear mundos emocionales que respiran al aire libre sin preocuparse por el fin de los días, como se afirmó en los EP´s Passing Afternoon (2014) y el espléndido Woman King (2005).

La ruta emprendida continuó con In the Reins (2005) lograda colaboración con el grupo Calexico y Shepherd’s Dog (07), alcanzando quizá sus cuotas más altas a la fecha, a través de la creación de evocativas imágenes y refulgentes contornos melódicos, pastoreados con buena dosis de sensibilidad. Apareció después el doble álbum recopilatorio Around the Well (2009), formado por lados B, rarezas y canciones que no pudieron ver la luz en un primer momento, al tiempo que seguía la costumbre de sacar EP´s al por mayor.

Al grito de besa y deja morir, Kiss Each Other Clean (2011) se presenta con faisanes poblando las imágenes y algunos discretos cambios de registro que si bien no siempre funcionan, apuntan hacia un ensanchamiento de referencias: coros incrementales, apuntes cercanos al soul y funk matizado con una contenida rítmica setentera. Walking Far From Home abre un racimo de canciones con varios puntos de inflexión, pero cantadas como si las decisiones ya estuvieran tomadas: se percibe relajamiento general sólo trastocado por algún teclado o el sonido de algún metal que contrapuntea el desarrollo armónico y por las letras como de costumbre inquietantes que visitan temáticas tan vitales como imposibles de asir.

Iron and WineEn Ghost on Ghost (2013) la aventura va más allá del hábitat folk para internarse por atmósferas discretamente jazzeras, empapadas de tonalidades country que persisten en la recreación de la intimidad acaso buscada por espíritus de otro mundo, celebrando la quietud de la noche o su capacidad de invisibilidad. Dos volúmenes de Archive Series (2015) recuperan sencillos y lados B, mientras que el disco de versiones Sing into My Mouth (2015), tejido junto con Ben Bridwell, líder de Band of Horses, obliga a proponer un brindis por el poder del trabajo colaborativo.

EL TRÍO COMO ALINEACIÓN CLÁSICA DEL JAZZ

Originario de Wisconsin, Dan Nimmer (1982) empezó a tocar piano de oído y muy pronto incorporó una tradición jazzística (Peterson, Tatum, Garner), manifestada en su tersura para la interpretación y en su agudo y dinámico sentido tanto rítmico como armónico. Músico de sesión y líder de un trío, recibió y aprovechó una gran oportunidad en el 2005 cuando Wynton Marsalis lo invitó a formar parte de la orquesta de jazz del Lincoln Center y de su quinteto, tras haberse dado a conocer con diversos músicos.

Apoyado por John Webber (bajo) y Jimmy Cobb (batería), debutó con Kelly Blue (2006), muy pronto seguido por Tea For Two (2007), ahora con el bajista David Wong y la batería de Pete Van Nostrand, como para disfrutar de una buena infusión en plan íntimo, y por Yours My Heart Alone (2008), ya en plan de rendición declarativa con Washington y Nash integrando el trío. De regreso con Wong y Van Nostrand, grabó el muy disfrutable Modern – Day Blues (2010) y All the Things You Are (2012), que mereció una versión de algunos cortes por parte de la vocalista Sayaka Tsuruta.

UNA NUEVA VOZ

El cantante irlandés de voz decidida y sugerente conocido como Hozier, joven con presumible capital cultural (James Joyce, Leonard Cohen), combina acordes bluseros y aromas gospel con un folk de sentimiento a flor de piel que va saltando de manera rítmica, solicitando que lo lleven a la iglesia acaso para encontrar el camino al Edén como la gente real lo va intentando, aunque sea en solitario. Con Hozier (2014) álbum homónimo e iniciático saltó de la virtualidad, ámbito donde se dio a conocer, al mundo tangible de los discos y las presentaciones en vivo.

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AFIRMANDO Y APLAUDIENDO

22 agosto 2015

Puede ser una demostración espontánea de júbilo. También una reacción confirmatoria de un resultado anhelado. O una expresión de alivio ante momentos de incertidumbre o tensión. Chocar las palmas de las manos y gritar un sí en tono contundente, satisface esa necesidad de asegurar el alcance de la expectativa. Aplaudir es un gesto ancestral que conjunta la propia alegría con el reconocimiento hacia los demás. Afirmar verbalmente con énfasis permite que el otro se entere de nuestra convicción pero sobre todo, para reafirmarla hacia nosotros mismos.

AL PRINCIPIO FUE LA INTERNET

Compañeros de universidad en Connecticut, Alec Ounsworth y Tyler Sargent fundaron Clap Your Hands Say Yeah (CYHSY) durante los primeros años del siglo XXI. Asentados en Brooklyn, aunque Ounsworth vivía en Filadelfia, empezaron a tocar con la participación de Lee Sargent, Robbie Guertin y Sean Greenhalgh. Pronto fueron reconocidos tanto en vivo como en la red, incluso antes de fichar con alguna disquera: Internet como buen caldo de cultivo para el descubrimiento de propuestas al natural, sin pasar por el escrutinio mercadológico de algún genio de escritorio.

Clap Your Hands Say Yeah (2005), su homónimo álbum debut, resultó ser una fresca oleada de canciones con espíritu independentista arropadas en un pop de original orfebrería, siguiendo la estela dejada por los Talking Heads, con estilo vocal muy cercano a David Byrne y con el consabido toque de baja fidelidad, a tono con los tiempos recientes. Como reconociendo los problemas de la vida, la invitación es clara desde el primer corte: aplaude cual bálsamo confiable y como una oportunidad para darle una nueva mirada a las cosas sencillas y valiosas, usualmente a la mano y sin caer en un optimismo facilón.

Después de este debut, considerado uno de los mejores del año, presentaron el EP Fall 2006 Tour (2006) en conjunto conClap Your Hands Say Yeah los grupos Architecture in Helsinki y Takka Takka, al que le siguió Some Loud Thunder (2007), el siempre complicado segundo disco ya con el reconocimiento a cuestas y las expectativas colocadas más altas; sin alcanzar las cotas puestas por su primera entrega, la obra muestra momentos brillantes tanto en las composiciones como en las letras, aunque se advierta una menor espontaneidad y consistencia a lo largo de todos los cortes.

Una pausa que se prolongaba con rumores de ruptura fue interrumpida por la aparición de Hysterical (2011), tras cuatro años sin grabar. El álbum gana en coherencia sin perder el toque arty que caracterizó a su debut, mostrando habilidad para retomar el camino andado y exhibiendo cierta maduración dentro de la tendencia de su estilo particular, enclavado en un indie rock enfocado sin grandes pretensiones pero destilando efusividad propia del postpunk.

PARA CORRER HAY QUE SABER CAMINAR

CYHSY se reconfiguró tras la salida de algunos de sus miembros. Asumiendo por completo el control creativo, Alec Ounsworth y el baterista Sean Greenhalgh se pusieron a trabajar en Filadelfia, junto con varios invitados, para darle forma al siguiente disco de la banda. Con una mayor tendencia hacia la lógica electrónica en rítmica y estructura, aunque preservando el reconocible pop de cuidada manufactura, Only Run (2014) muestra en su portada a una sombra predominante y a una persona con notorio sombrero saliendo de cuadro en tonos azulosos.

Desde As Always, la canción abridora, se advierte el giro de timón hacia un electropop de cromatismos variados, con discretos apuntes de experimentación y una guitarra nebulosa que recuerda a The Cure. Blameless limpia la bruma con sentida vocal de agudeza penetrante y rítmica geométrica que visita pasajes suspendidos, mientras la elusiva Coming Down se apoya con la contrastante presencia de Matt Berninger de The National.

Little Moments le pone acotada épica saltarina al trayecto y de pronto un enfoque atmosférico se apodera de los siguientes cortes: Only Run nos convence de la belleza del mundo con accesible melodía, dejando que Your Advice nos lance un misterioso mensaje con sonrisa incluida que parece provenir de otra parte, viajando sobre un teclado de vaivenes imperceptibles que se conecta con Beyond Ilusion, cuya articulación parece querernos hipnotizar con programadores y una letra convincente.

El disco cierra con Impossible Request, que cuenta con una versión alternativa, en la que el desasosiego parece encontrar alguna certeza en sus armonías asequibles, y con Cover Up, iniciando con una vieja grabación en un restaurante y avanzando con cauteloso y contundente ritmo, al que contribuye Kid Koala, el DJ invitado para ponerle su contexto sonoro al corte final del disco.

LIENZOS EVOCATIVOS

14 agosto 2015

Un pintor cuyo vehículo de expresión más sensible es el pincel y los colores, cual instrumentos para capturar los misterios de la luz atrapada en las oscuridades de la naturaleza y del alma. Una pintura de significados diversos que no se detienen en la explicación técnica, en la fama alcanzada por el artista o en su valor en el mercado, sino que trascienden a la reconstrucción de un pasado emotivamente doloroso con posibilidades de transformarse en recuerdos vivificadores.

TURNER: LA TORMENTA PERFECTA

Considerado como uno de los pintores más importantes del siglo XIX y para algunos el más grande entre los ingleses, Joseph Mallord William Turner (Londres, 1775-1851) destacó en el ámbito del paisaje, particularmente marítimo, pero desde una perspectiva personalísima y claramente identificable, sobre todo por la tensión inherente en sus cuadros y la presencia de la luz como un elemento para ser reconstruido según los estados anímicos y los momentos del día, con todos sus imperceptibles misterios.

Famosa es su obsesión para capturar el instante amarrándose al mástil de alguna embarcación, según se cuenta, o asistiendo puntualmente a alguna escena natural. Antecesor del impresionismo y con tendencias románticas en cuanto al vínculo entre el ser humano y la naturaleza, Turner se enfrentó al rechazo y mala crítica de su obra, como se retoma en algunos pasajes del filme, enfocado a sus últimos veinticinco años de vida, en los que desarrolló un estilo más libre y arriesgado, alejado de su inicial enfoque academicista.

TurnerCon Mr. Turner (Inglaterra, 2014) Mike Leigh vuelve al género histórico después de Topsy-Turvy (1999), tomándose quizá algunas licencias, para construir una recreación de los gustos artísticos y el esnobismo predominantes de la época, no necesariamente en coincidencia con la propuesta del autor de El incendio de las Cámaras de los Lores y los Comunes (1835), y de ciertas costumbres en términos de relaciones familiares y sociales, así como de la asignación de roles según el género y la posición social.

El filme retoma su trayectoria cuando vivía con su padre (Paul Jesson), quien muere poco después acentuando el aislamiento del artista, y una fiel doncella con la que mantenía una relación ambigua (Dorothy Atkinson), al tiempo que tenía contactos generalmente conflictivos con la madre de sus hijas (Ruth Sheen) y con su colega John Constable (James Fleet). Encontraba cierta empatía en un burdel o con el escritor y crítico John Ruskin (Joshua McGuire), así como con una viuda a la que frecuentaba para hospedarse y con quien tiene un amorío (Marion Bailey).

El contraste entre la hosquedad y la sensibilidad del artista está notablemente encarnado por Timothy Spall, ganador de la Palma de Oro en Cannes y que ofrece una actuación compleja que transita desde el ensimismamiento hasta la expresividad pasional, tal como lo requería el protagonista, más afecto a gruñir que a hablar y a actuar impulsivamente que a dar explicaciones. La dificultad para comunicarse y relacionarse socialmente contrastaba con las escasas explicaciones que daba acerca de su visión estética.

La propuesta visual, cortesía del viejo colaborador Dick Pope, se plantea en consonancia con el estilo del pintor con todo y su paleta cromática, viajando de tonalidades rosáceas a tonos amarillos y cafés, como si el sol estuviera siempre presente o en proceso de abandono; si su propuesta pictórica tendía cada vez más hacia la abstracción, como se puede advertir en Lluvia, vapor y velocidad y en Amanecer con monstruos marinos (1845), la cinta opta por retomar sus clásicos paisajes en los que se advierte la pequeñez humana frente a la enormidad plástica del mundo tangible en plena ebullición.

ENFRENTAR A LOS FANTASMAS

“Mientras todos ven una obra maestra de uno de los artistas más exquisitos de Austria, yo veo a mi tía”, dice María Altman, una mujer judeo-austriaca que huyó de Viena cuando los Nazis ocuparon la ciudad y procedieron, como se advierte en Operación monumento (Clooney, 2014), a robarse las obras de arte de cuanta casa quedaba a su paso, además de someter a la población y devastar a los judíos.

Asentada en Los Ángeles desde entonces, buscó durante los años noventa recuperar el famoso Retrato de Adele Bloch-Dama de oroBauer, pintado por el genial pintor Gustav Klimt, que perteneció a su familia y que terminó en el Belvedere, después de la derrota alemana. Para ello contrata al joven abogado Randy Schoenberg (Ryan Reynolds, convencido), que venía de un fracaso laboral al intentar poner su propio despacho, y que resulta ser nieto del revolucionario músico, también de origen austriaco.

Dirigida por Simon Curtis y recurriendo a la ida y vuelta por el tiempo, inclusive en un momento yuxtaponiendo épocas de manera emotiva, La dama de oro (RU-EU, 2015) es una reflexión acerca del sentido que puede tener una obra de arte en cuanto a su poder para reconstruir recuerdos y llevarlos de un terreno sembrado por la culpa a un paisaje de absoluta reconciliación. Si bien el filme opta más por adentrarse en el asunto legal relacionado con el cuadro, la actuación de Helen Mirren, con una simple mirada, nos sumerge en el proceso de sanación de esta férrea anciana, querida sobrina de una de las mujeres más vistas pero menos conocidas del mundo de la pintura.

ANTMAN & ETHAN HUNT: IRRUPCIONES

7 agosto 2015

Un par de blockbusters rescatables del verano fílmico coinciden en desarrollar un episodio en el que los protagonistas tienen que ingresar a empresas de alta tecnología, convertidas en fortalezas infranqueables, para evitar que los siniestros malosos, ambos en primera instancia formando las filas de los buenos, concreten sus perversos planes salpicados de la usual venganza contra quienes, según ellos, los usaron y después los despreciaron o dejaron de entenderlos: en el fondo, parece un asunto de necesidad de afecto.

HORMIGAS AL RESCATE

A estos maravillosos insectos los hemos visto en plan montonero escenificando Marabunta (Haskin, 1954); como reflejo de la lucha de clases en Hormiguitaz (Darnell & Johnson, 1998) y cual comunidad explotada esperando un libertador en Bichos (Lasseter, 1998). Pero también pueden organizarse en torno a un héroe que se hacía grandote y se hacía chiquito para evitar una catástrofe; un tipo que de pronto puede combinar lo mejor de ellas con lo más rescatable de la raza humana: si arañas y moscas ya se habían mezclado con nosotros, por qué no estas industriosas criaturas de fidelidad a prueba de moches.

Dirigida por Peyton Reed (Yes, Man, 2008) con base en el personaje creado por el trío Lee, Lieber y Kirby, especie de superhéroe menor en contraste con Spiderman, Antman (EU, 2015) resulta ser la grata sorpresa del verano comiquero gracias a la ingeniosa combinación de humor, aventura y adecuada construcción de personajes que se desarrollan a través de un guion, cortesía de Edgar Wright y el propio Paul Rudd, entre otros, que apuesta por un enfoque de sencillez que redunda en un film justo para el entretenimiento, que a estas alturas no es asunto menor.

Cual Increíble hombre menguante (Arnold, 1957), un ladrón recién salido de prisión que busca un trabajo estable para estar cerca de su hija, termina aceptando el clásico último robo que lo llevará a verse en la necesidad de participar en una extrañaAntman misión, junto con el científico creador de un imperio industrial ahora fuera de las decisiones de su propia empresa, y la hija de éste, con todo y sus resentimientos hacia el padre y las dudas respecto al nuevo recluta. Si en Ant Bully. Las aventuras de Lucas (Davis, 2006) un niño se hacía parte del hormiguero, aquí las hormigas se pondrán a las órdenes del insospechado héroe.

Paul Rudd como el portador del traje convertidor, Evangeline Lilly como la férrea mujer aún con asuntos por reclamar y Michael Douglas en el papel del brillante científico intentando que su invento no caiga en las manos equivocadas, muestran una bienvenida química tanto en los momentos tensos como en los de complicidad absoluta. Cumplidor también resulta el villano, encarnado por Corey Stoll, a quien vimos ser manipulado por Kevin Spacey en House of Cards (Willimon, 2013 – ).

Las secuencias narrativas del cómplice interpretado por Michael Peña le aportan la cuota de humor al filme, mientras que el entrenamiento del futuro hombre hormiga le brinda dinamismo a la historia, sobre todo cuando se presentan los tipos de estos insectos y en los momentos en los que se presentan los intentos humanos para adquirir los poderes de los himenópteros. La inserción en el mundo de los Vengadores y la relación entre padres e hijas, respectivamente, redondean un film del que se esperaba una pequeña contribución, pero que terminó engrandecido, como la contribución de cada hormiga para su colonia

SINDICATO FANTASMA

Dirigida y coescrita con confianza por Christophe McQuarrie, quien ya dirigió a Tom Cruise en Jack Reacher (2012), además de escribir los guiones de Al filo del mañana (2014) y las historias de Operación Valquiria (2008) y Sospechosos comunes (1995), Misión: Imposible – Nación secreta (EU, 2015) apuesta por la acción inteligente y cargada de adrenalina, gracias a una fotografía de constantes vaivenes y al arriesgado trabajo de montaje que nos coloca en el vértigo de un avión, en la velocidad de la carretera y nos sumerge en lances con muy poco margen de éxito.

Sin alcanzar las cuotas de su predecesora Protocolo fantasma (Bird, 2011), el filme se inserta en esta renovada tendencia de la saga para presentar más el trabajo en equipo, como sucedía en la serie televisiva, que el heroísmo individual, si bien se sigue manteniendo como claro protagonista Ethan Hunt, con un Tom Cruise echando toda la carne al asador y combinando bien tanto con el infalible Simon Pegg, ya dueño de la vertiente humorística, como con Rebecca Ferguson, funcionando como centro gravitacional de los conflictos.

Misión imposible 5Jeremy Renner, Ving Rhymes y Alec Baldwin, sumándose al cuadro como el jefe de la CIA, complementan un reparto sólido, en el que se incluye Simon McBurney como el jefe espía inglés y Sean Harris, metiéndose en el piel de un manipulador y anticipatorio villano que alcanza buenas dosis de siniestralidad, a pesar de darle una y otra oportunidad a la ambigua mujer que un día parece estar de un lado y al siguiente del otro. Pareciera que el presente de los conflictos bélicos ya no se centra en las naciones que conocemos, sino en esos países deslocalizados que emergen para buscar el control ideológico, político y económico.

Ya se sabe que el que a hierro (no) mata, a hierro muere, por lo que la batalla no admite tregua o empate: estará escenificada por bandos invisibles que parecen no existir pero que se mueven sigilosamente por los pasillos del contraespionaje, causando o evitando daños de proporciones mundiales. Más que una historia articulada, estamos frente a emocionantes episodios como los que se desarrollan en la Ópera, al estilo de diversos filmes; en el avión y en la intromisión acuática al complejo para robar información, así como en la que aparece el Primer Ministro inglés (Tom Hollander) y la correspondiente al desenlace.