Posts Tagged ‘Monstruos’

UN RADIOACTIVO MONSTRUO ORIENTAL

19 mayo 2014

Los monstruos clásicos de la historia del cine, o sea, los de grandes dimensiones producto de alguna mutación genética o provenientes de otro mundo, con gran capacidad para generar rugidos tan intimidantes como ensordecedores y un potencial envidiable para destruir maquetas (reales o virtuales), han representado tanto nuestros profundos temores como las esperanzas de salvación, destacando lo peor y mejor de la especie humana: su posibilidad para convertirse en símbolos sigue siendo un buen motivo para traerlos a la pantalla.
Desde el cine serie B hasta la sofisticación de los últimos años en términos de armado y estructura visual, estos gigantes parecen permanecer ocultos durante largos periodos para reaparecer cuando menos los esperamos. Como suele suceder con las lógicas de la puesta al día de los géneros fílmicos, el que nos ocupa ha tenido sus presencias y ausencias: por lo visto, están de vuelta para ocupar los primeros planos en el reino del mainstream con toques de cinta independiente, como se advierte en Cloverfield: Monstruo (Reeves, 2008), Gigantes del pacífico (Del Toro, 2013) y Monstruos, zona infectada (Edwards, 2010). Incluso el cine de animación se ha sumado a la tendencia con Monsters Inc. en sus dos entregas (2001 / 2013) y Monstruos vs. Aliens (2009).
No parecía una buena idea en términos fílmicos revivir al clásico monstruo japonés, alegoría de la devastación y riesgos de la energía nuclear mal empleada, y a quien conocimos en la antibélica Gojira (Honda, 1954), sobre todo después de la fallida versión de 1998. No obstante, la ambivalencia del personaje en cuanto al rol que juega frente a la humanidad, su constitución que parece mezcla de varias especies de dinosaurios y la sólida tradición que lo ha mantenido vivo, sobre todo en Japón, donde se han realizado cerca de treinta películas, y ahora que los mercados cinematográficos asiáticos han adquirido particular relevancia, parecieron razones suficientes para despertar al gigante de su letargo e invitarlo a rugir cual macho alfa.
El reto era recuperar la esencia de Godzilla y al mismo tiempo brindarle un cierto aire de actualidad, manteniendo esa permanente tensión entre la fidelidad a la tradición y la capacidad de renovación de acuerdo con los tiempos que corren. Después de algunas cintas durante los sesenta y la primera mitad de los setenta, el propio Ishirô Honda junto con Luigi Cozzi y Terry O. Morse, propuso una versión en 1977 basada en la integración de imágenes de otras criaturas de la época y en una redición de su clásico cincuentero y de Godzilla, rey de los monstruos (1956), también del director japonés en complicidad con el propio Morse.
En la conmemoración de los treinta años, se presentó El retorno de Godzilla (Hashimoto y Kizer, 1984), con el gigantón en plan gandul y ha regresado desde su guarida en cintas como Godzilla vs. Super-Mechagodzilla (Okawara, 1993), proponiendo un duelo contra una especie de némesis creada por los humanos, así como Godzilla vs. el calamar gigante (Okawara, 1999), en la que se enfrentó a Orga en un lance para salvar a Tokio. Los estudios Toho seguían reviviendo una y otra vez a su monstruo favorito.
En el cambio de siglo nuestro personaje no ha podido descansar mucho: retomando la idea del enemigo artificial, ahí está Gojira tai Mekagojira (Tezuka, 2002), cinta que subió al ring a un nuevo Godzilla con un robot reconstruido con los huesos del original, seguida de Godzilla: Tokio S.O.S. (Tezuka, 2003), con la presencia amenazante de la memorable Mothra, quien ya se había dado un quien vive con el enorme dinosaurio en la cinta de 1964, y Godzilla: Final Wars (Kitamura, 2004) celebrando el cincuentenario de su aparición en las pantallas.

GodzillaEL REGRESO AL ORIGEN
El argumento de Godzilla (EU-Japón, 2014) abre, tras unos créditos acompañados de secuencias de apariencia documental y noticiosa, en dos direcciones con sendas indagaciones científicas: tanto en campo como en laboratorio, brindándole al filme un inicio sólido y más abarcativo del relato, anunciando que no solamente veremos las peleas espectaculares entre monstruos-humanos y humanos-monstruos, sino que se irán desplegando una serie de acontecimientos con adecuada concatenación y que le brinden otras aristas a la historia.
No falta en esta introducción el componente dramático y el golpe de angustia tan necesario para convencer a los escépticos que suponían innecesaria otra película de este monstruo (como quien esto escribe). Aunque se pudieron evitar ciertos clichés como el del científico afectado al que nadie le cree y que todos sabemos que tiene la razón, la historia y el desarrollo de la mayoría de los personajes consigue destacar frente a la lograda y dosificada pirotecnia visual, con todo y los mensajes ecologistas de asumirnos como una especie más, y los relacionados con el vínculo entre padre e hijo.
En efecto, se plantea en un momento crucial que la naturaleza se encargue… aunque cabe apuntar que se hace necesaria una pequeña y vital intervención del héroe, disputando el protagonismo con quien le puso nombre al film. El guion combina con suficiencia el drama humano intimista con la catástrofe generalizada, aunque desperdicia la oportunidad de proponer un desenlace más a tono con los sucesos familiares que persiguen al soldado. Eso sí, los cabos soltados van imbricándose con la suficiente oportunidad para darle unicidad al relato.
El casting sorprende por su solidez y por la capacidad actoral de los involucrados para insertarse en una película de estas características: Juliette Binoche consistente en su brevedad; Bryan Cranston como en versión Breaking “Mad”; Ken Watanabe y Sally Hawkins como un par de creíbles investigadores; David Strathairn como un pausado líder del comando a cargo y Elizabeth Olsen como la esposa del protagonista, quizá el personaje menos trabajado aunque interpretado con soltura por Aaron Taylor-Johnson, conocido por sus papeles en Kick-Ass y la reciente versión de Anna Karenina.
En las escenas de pelea hay reminiscencias a King Kong (el otro primigenio monstruo de la historia del cine que por cierto conoció al enorme mutante japonés en la película del propio Honda dirigida en 1962), sobre todo en las batallas contra los kaijus conocidos como mutos, bestias parásitas entre pterodáctilos e insectos de diseño aterrador tipo mantis religiosa (campamochas les llamó Ernesto Diezmartínez en su crítica), ya en menesteres de reproducción y totalmente fuera del control humano, como sucedía en Sobrenatural (The Mist, 2007) dirigida por Frank Darabont y cargada de mala leche. Ahora le tocó a San Francisco ser el ring de la destructiva pelea a múltiples caídas.
El director Gareth Edwards, como demostró en su anterior film, tiene sensibilidad para tratar con monstruos y con las emociones humanas, además de saberse apoyar en un score que pisa fuerte como el de Alexander Desplat. Godzilla no aparece de inmediato, siguiendo el ejemplo de Alien (Scott, 1979) y varias de las tomas están pasadas por un humo intrigante, como si se tratara de una especie de acto de magia en el que de alguna manera creemos, gracias al elusivo juego de cámaras y a la notable construcción de escenarios: incluso hay cierto aliento poético en ese lanzamiento en paracaídas con fondo musical de Ligeti, envuelto en texturas rojas que acompañan a la última esperanza de un género que se niega a quedarse sumergido en el mar o atrapado en alguna otra dimensión interestelar.

TITANES DEL PACÍFICO: LOS MUROS NO SIRVEN PARA NADA

14 julio 2013

Es posible ubicar en la actualidad a tres tipos de directores mexicanos: los que se enfocan a los festivales internacionales y son más reconocidos en ciertos circuitos europeos que aquí, donde igual tienen reducidos seguidores y detractores por igual; los que trabajan en el mercado local, buscando conectar con las mayorías y con la taquilla nacional en su permanente competencia con las películas hollywoodenses, y quienes andan entrando al mainstream después de una trayectoria reconocida, ya manejando presupuestos millonarios y codeándose con los grandes estudios.
En este último grupo se inserta el jalisciense Guillermo del Toro (Cronos, 1993; Mimic, 1997), cuyo principal campo de acción ha sido el cine de terror (El espinazo del diablo, 2001) y que ahora, muy en boga con las películas veraniegas, propone otra amenaza para la Tierra, además de ausencias, zombis y demás criaturas amenazantes, que tendrá que ser enfrentada en conjunto para mantener viva a la especie humana, más allá de diferencias ideológicas.
En Titanes del Pacífico (Pacific Rim, EU, 2013), como sucedía en El hombre de acero (Snyder, 2013), un grupo de alienígenas le echa el ojo a los recursos del Planeta como para aprovecharlos en su beneficio, previa desparasitación del ambiente: o sea, acabar con la plaga que representamos los humanos. Claro que hay de formas a formas, y cuando nos dan una razón para el desarrollo bélico, no paramos en estrategias, alternativas y trabajo conjunto.
Como ya lo había propuesto Stephen King, cuya novela sirvió de base para la cruel Sobrenatural (Darabont, 2007), un portal ha sido abierto entre un mundo paralelo y la Tierra por el cual se cuelan criaturas cada vez más poderosas dispuestas a terminar con los humanos, empezando por las ciudades costeras del Pacífico alrededor del mundo (por lo menos ahora no todo sucede en Estados Unidos) e intentando cada vez llegar más a tierra dentro. Titanes del pacífico
La defensa también ha ido evolucionando y unos gigantescos robots tripulados por una pareja en conexión afectiva (casi siempre), se encargaron de contener a las criaturas en un principio, hasta que éstas empiezan a representar un mayor desafío, lo que lleva a las autoridades globales a cancelar la división responsable y establecer una nueva estrategia: construir muros infranqueables. Si no fuera porque en realidad se han usado como método de contención y, al parecer, se seguirán empleando (como en el caso de la frontera entre México y Estados Unidos), el guion parecería absurdo y por completo fuera de lugar. Pero no.
Con un discreto cuadro actoral en el que destaca la interpretación de Rinko Kikuchi como el factor femenino de heroicidad, se busca explícitamente, no obstante el énfasis en la acción, construir personajes que puedan ser más o menos cercanos, con relaciones intensas largamente construidas, oportunamente plasmadas en los diálogos y en alguno que otro flashback: a pesar de caer en ciertos lugares comunes de valentía o de vínculos predeciblemente construidos, la fragilidad de los involucrados colabora para que las secuencias de riesgo contengan un ingrediente más de interés y emoción. La cuota de humor la ponen los científicos alocados y un divertidamente sobreactuado Ron Perlman, como el zar de los carroñeros.
Si bien el argumento recurre a ideas y premisas ya conocidas y aporta poco en términos de novedades, el propósito del homenaje prevalece sobre el mero refrito, en particular el referido a las películas y series japonesas, animé incluido, de monstruos salidos del mar y gigantes metálicos, con Godzilla a la cabeza, que de pronto aparecen con intenciones puramente destructivas y con una predilección por los edificios altos y aparentemente indestructibles. Queda también el recuerdo de Ultraman, con todo y el foquito encendido.
Las criaturas retoman elementos de los peces y dinosaurios, básicamente, y en algunos momentos la estética recuerda a 2001: Odisea del espacio (Kubrick, 1968), sobre todo cuando la cámara se centra en los tripulantes de los Jaegers y viajan a través de sus recuerdos y sentimientos adyacentes. Claro, cómo no evocar los juegos de la infancia con esos robots que caminaban solos con todo y una pantallita al frente, listos para enfrentar a los muñecos cuidadosamente dispuestos para el fragor de la lucha sin límite de tiempo.
Además de los escenarios y los consistentes efectos visuales, las secuencias de las batallas entre monstruos y robots están nítidamente montadas, más allá de las confusiones vistas en cintas al estilo Transformers; la propuesta artística supera a películas de su tipo, gracias a un agudo sentido de la perspectiva y a la precisa construcción de encuadres, con una combinación permanente entre escenas de mirada amplia con otras de carácter más detallista: ahí están secuencias con finales sutiles, como el de la destrucción de la oficina.
Un score en ocasiones exagerado acompaña las imágenes emotivas, ya sea por la acción o melodrama, de esta ciencia ficción gótica, según la ha definido el propio director (Total Film, 204, abril, 2013), que aprovechando un verano fílmico más bien flojito, se coloca como una de las cintas a ser atendidas.

LUNA NUEVA O CÓMO ENAMORARSE SIN MORIR EN EL INTENTO

11 diciembre 2009

Las versiones de los amantes malditos con Romeo y Julieta a la cabeza, no cesan de aparecer en el cine y la literatura. He aquí una descremada versión, para el siglo XXI, con colmillos limados, aullidos puberales y mucha abstención. Claro que si pensamos en el público a quien va dirigida esta serie –adolescentes femeninas- no podemos negarle eficacia temática y narrativa, sobre todo si de ahí las susodichas dan el salto a los textos de Shakespeare, por ejemplo, y a las auténticas películas de vampiros: sin brillantina, (des)peinados de salón, mirada felina ni prudencia a la hora de hincar el diente.
Si en la anterior entrega Catherine Hardwicke intentó capturar el espíritu adolescente del enamoramiento imposible, ahora Chris Weitz (Un gran chico, 02; La brújula dorada, 07) presenta la llegada a la mayoría de edad (en nuestro País) de la sufriente Bella Swan (Kristen Stewart, protagónica indiscutible), atrapada entre amores, monstruos y demás factores que suelen acompañar a la vida adulta: una constante cámara circular que cae en picado o rodea a la bella sin bestia apoyando las elipsis, intenta construir la atmósfera necesaria para enfatizar su estado anímico.
Luna nueva (EU, 09) es una historia de amor adolescente con fuertes dosis de fantasía que no apuesta por la originalidad, sino por la capacidad de construir un mosaico articulado a partir de grandes relatos. A la consumación imposible ahora se le añade el clásico triángulo amoroso, entre la humana que sigue convencida de pasarse al mundo de los muertos vivientes, el pálido galán dispuesto al sacrificio (Robert Pattinson) y el emergente piel roja arreglamotos con músculos visibles y secreto escondido (Taylor Lautner).
Alrededor de los galanes, sus respectivos clanes un cuanto tanto desdibujados: una pandilla de jóvenes con bermudas y torsos al aire, incluida la novia desfigurada muy contenta sirviendo panecillos (absurdo), y los ya conocidos vampiros alivianados que intentan sobrellevar su eternidad renunciando a la sangre humana, con que otra tentación aún no del todo resuelta.
Además, el papá de ella, haciendo peores chistes cada vez y un diluido líder del clan indio cuya presencia y ausencia terminan por resultar irrelevantes, al igual que los compañeros escolares y la vengativa vampira, acechando pero nunca entrando en plena acción como para justificar sus esporádicas apariciones. Otro ejemplo: el personaje de Dakota Fanning, más allá de echar miradas fulminantes y dar un par de órdenes, no queda del todo esbozado.
Justo el intento de sacrificio del novio en fuga, vía una Entrevista con el vampiro (Jordan, 94), léase el líder de la sangronsísima –en todo sentidos- y acartonada familia real (Michael Sheen, feliz en su sobreactuación), acentúa la sensación de estar viendo una cinta episódica, como sucede con la mayoría de las entregas de Harry Potter. De los bosques siniestros cercanos a Washington de pronto nos vamos a Italia sin que medie del todo un engranaje coherente.
Si bien las angustias amorosas de la joven se desarrollan con suficiente amplitud y uno alcanza a sentir cierta empatía, el resto de las posibles tramas argumentales quedan apenas esbozadas y sólo interrumpen la construcción paulatina del personaje central, en busca de atraer a su amado extraviado a través de ponerse en peligro sólo para intentar cubrir ese hueco enorme en el pecho como bien confiesa en sus correos electrónicos nunca contestados por la cuñada.
El privilegio de las secuencias de acción, particularmente las que enfrentan a las especies (a la Underworld pero sin tanta parafernalia), le resta fuerza al tono romántico buscado en cumbres borrascosas: incluso el empleo de buenas canciones para acompañar ciertos pasajes se antoja innecesario porque impide que emerja el propio espíritu de la historia.
Tampoco es que los efectos especiales ayuden de manera particular, sobre todo si nos fijamos en esos lobos que cambian caprichosamente de tamaño o en las humeantes apariciones del ahora ex novio, diciendo a la distancia lo que debe o no hacer la empedernida enamorada atrapada entre pesadillas tanto en el mundo real como en el de los sueños.
En síntesis, se trata de una de esas películas que logrará satisfacer a los fans, que no gustará a la crítica y que en un futuro quedará como un recuerdo, tan incierto como algunas de las visiones descritas en la historia, de un producto que acompañó efímeramente la educación sentimental de una generación.

MONSTRUOS, ALIENS, HUEVOS Y UN POLLO

3 abril 2009

 

Un par de cintas de animación que bien pueden ser disfrutadas por toda la familia, coinciden en cartelera rumbo a las vacaciones que ya están entre nosotros; ahora que la crisis económica se está dejando sentir sin muchos miramientos, un buen destino turístico puede ser la sala de cine de la esquina, mucho mejor que alguna playa paradisíaca, una impactante ciudad colonial o una bella e incomparable zona arqueológica. Todo está en creérselo.

monstruos-vs-aliens-300x3501DREAMWORKS SE RECUPERA
Tras varios esfuerzos muy apenitas (Madagascar, Kung-Fu Panda, Bee Movie) que los alejaron de los niveles alcanzados por Pixar, los trabajadores de sueños han logrado realizar su mejor película desde las realizadas en colaboración con Aardman (Pollitos en fuga, Lo que el agua se llevó, La batalla de los vegetales), gracias a una estructura argumental que funciona como homenaje a las películas de ciencia ficción de los 50´s, cargadas de paranoia nuclear.
El adecuado trazo de personajes, tanto de los monstruos principales (referenciando a La mancha voraz, Mothra, La mujer de 50 pies, El hombre mosca y El monstruo de la laguna) como de los secundarios (el presidente locochón y el militar cumplidor), consigue inmediata identificación de los pequeños; las pertinentes inserciones de humor y acción, y el diseño visual ya en la punta tecnológica, siempre como apoyo a la historia que se cuenta, terminan por redondear una cinta disfrutable que igual sirve para volver a los clásicos a los que rinde tributo.
Dirigida por Rob Letterman (El Espantatiburones) y Conrad Vernon (Shrek 2), Monstruos vs. Aliens (EU, 09) aprovecha en efecto las posibilidades de la 3D para construir escenarios atractivos y secuencias absorbentes para que, además de los momentos de emoción, se desplieguen apuntes sobre la amistad, el valor de ser diferentes y, sobre todo, que una comprensiva y tierna novia se puede convertir, a partir del momento de la boda, en una gigantesca mujer capaz de atraparnos en sus manos… manteniendo la dulzura, cabe aclarar.

HUEVOS A LA MEXICANA
Aprovechando el éxito taquillero de su predecesora, nos llega Otra película de huevos y un pollo (México, 09) dirigida por Gabriel y Rodolfo Riva Palacio en el mismo tono entre alburero e ingenioso, más allá de las limitaciones técnicas, tan redituable para pensar en términos de franquicia.
A pesar de su excesivo localismo y falta de cierre de algunos cabos (se hubiera podido presentar a la suegra convertida en sillón rojo, por ejemplo), la historia funciona en buena medida por la personalidad bien desarrollada de los diversos huevos, así como una mejora notable en la propuesta visual.

p.d. Los invito a entrar a https://cinematices.wordpress.com donde encontrarán estos escritos y otros acerca de cine y música, principalmente. Es un espacio para dialogar y construir ideas de manera conjunta. Ahí los espero.

Nos leemos después.
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REBELIONES

21 febrero 2009

REBELIONES

Las más efectivas usualmente vienen desde adentro: algún grupo inconforme con el curso de los acontecimientos, con la forma de liderazgo o con los objetivos que se han ido planteando, ajenos a los ideales originales… o quizá simplemente porque ellos no son los mandones. Un par de cintas en las que seguimos a sendos grupos de complotistas y que tienen en común, extrañamente, a un actor versátil y experimentado que gusta hacerla de todo: Bill Nighy.

OPERACIÓN VALQUIRIA

Recreación histórica del famoso intento por asesinar a Adolfo Hitler, entre algunos más que consignan los libros, en el que se vieron involucrados varios miembros del ejército nazi y un grupo de civiles. Dirigida por el especialista en cine comiquero Bryan Singer, Operación Valquiria (Valkyria, EU, 08) se sustenta en el proceso de planeación de un atentado que atravesó por diversos obstáculos para a fin de cuentas, fracasar estrepitosamente.

A pesar de cierto maniqueísmo y un afán más descriptivo que analítico, acaso porque no podía ser de otra forma, el director de Sospechosos comunes (95) logra entregar un funcional thriller político no obstante contar con varios elementos en contra: una historia cuyo desenlace todos conocemos; una temática que puede saturar al espectador desde hace algún tiempo; la presencia de una megaestrella que bien puede estar en plan cooperativo o controlador y, finalmente, un género que normalmente deja inconforme a la mayoría de los espectadores.

Tom Cruise convence en el papel central y se nota bien arropado por un cuadro solvente de actores (Tom Wilkinson, Kenneth Branagh; Terence Stamp); la puesta en escena aprovecha consigue crear las atmósferas necesarias; el diseño de arte logra trasladarnos a la época y el desarrollo del film es fluido y con momentos de genuina tensión, gracias a un dinámico movimiento de cámaras, siempre en el lugar justo, y a una edición que sabe cuándo darle continuidad o detenerse un poco en la escena.

Cierto, se extraña una mayor toma de riesgos para ahondar sobre las aún confusas motivaciones de los complotistas. Al terminar de ver al film, invade la sensación de lo caprichosa que puede ser la historia, un poco como las valquirias wagnerianas, y de qué forma se va tejiendo el curso de los acontecimientos de tal forma que tan sólo un pequeño cambio, uno solo, hubiera significado una transformación absoluta del mundo como lo conocemos hoy.

INFRAMUNDO: LA REBELIÓN DE LOS LYCANS

Tercera entrega de la saga, ahora sin la necesaria presencia de Kate Beckinsale, quien sólo hace un cameo, que funciona más bien como un antecedente de la tensión desatada entre vampiros y licántropos, junto a las demás especies –humanos incluidos- que alcanza proporciones interminables, por aquello de que a unos les cuesta trabajo morirse y otros van mutando a la primera provocación y como dirían  los clásicos, se traen ganas pero de las malas.

Dirigida por Patrick Tatopoulos, Inframundo: La rebelión de los Lycans (EU, 08) nos ubica en una típica estructura feudal, esclavismo incluido, en la que los vampiros funcionan como los señores que se supone protegen a los humanos de los salvajes lobos del bosque, mientras que van creando una tercera raza –mezcla de humano con lobo- para que los sirvan. Como cabría esperar, el primero de los Lycons empieza a rebelarse, se enamora de la hija predilecta del chupasangre mayor y se arma la revuelta.

La historia de liberación mil veces contada adquiere aquí un tono fantástico que no le viene mal. Si bien la cinta no trasciende su condición dominguera, resulta un buen esfuerzo desde la apuesta visual, el diseño tanto de interiores como del escenario externo y en cuanto a las batallas, siempre en penumbras y dinámicamente coreografiadas, manteniendo cierta adrenalina. Inframundo continúa en esa búsqueda para constituirse en franquicia que sea recordada más allá de los círculos del cine de horror y fantástico.

Nos leemos después.

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UN MONSTRUO GRANDE QUE PISA FUERTE

8 octubre 2008

Un monstruo ha crecido, en parte, por la irresponsabilidad de las autoridades. Vive debajo del agua. De pronto, decide salir para provocar un caos entre la ciudadanía y secuestra a una niña frente a los ojos impotentes de su padre. La policía y el ejército despliegan un operativo poco efectivo y nadie le hace caso al hombre para rescatar a su hija, por lo que junto con sus hermanos y su propio padre, decide ir en busca de la pequeña.
Todo ocurre en un centro urbano en el que muchos universitarios no encuentran trabajo y quien sí lo tiene, vive endeudado. Además, la verdad oficial aparece en la televisión y la inteligencia estadounidense –por llamarla de alguna manera- está completamente involucrada, creando una versión equivocada de los hechos, para no variar. El monstruo se hace más fuerte devorando a sus víctimas hasta dejar solo los huesos, en un espectáculo macabro.
Adivinaste: se trata de El huésped (Corea del Sur, 06), film dirigido por Joon-ho Bong en el que se actualiza el cine serie B de criaturas mutantes muy populares en los años cincuenta, época de paranoia por la guerra nuclear y los efectos radioactivos (recordar Godzilla cuya primera aparición fílmica fue en 1954 por cortesía del director Ishiro Honda). Sorprende que una película en apariencia poco original y repetidora de premisas muchas veces vistas, consiga ser tan pertinente a los tiempos que corren, en particular por todas las analogías que pueden entresacarse de su planteamiento argumental.
El monstruo se muestra bien y rápido: sin decir agua va, nos topamos con una lograda secuencia en la que lo vemos haciendo de las suyas a todo color y a plena luz del día. De ahí, nos vamos con el improbable héroe: un hombre de pocas luces que mal atiende el negocio de su paciente padre y a quien se le sumarán sus hermanos: un joven con fuerte resentimiento social y una tiradora con arco que suele paralizarse al momento de la verdad. La historia se centra en la dinámica de esta particular familia puesta en una situación extraordinaria.
Además de su consistente y equilibrada producción con ciertos dejos de melodrama que borda premeditadamente en la ridiculez (los llantos frente a la foto de la niña), esta cinta es de ésas que valen por los subtextos que la conforman: que un mandamás norteamericano le ordene a un empleado coreano vaciar las botellas de una sustancia peligrosa que irá a parar al río, a sabiendas de que está prohibido, ejemplifica de manera sencilla algunas de las relaciones políticas y de poder que se han establecido en este mundo globalizado.
Las autoridades contienen, no resuelven; acaso no tienen la menor idea de quién es realmente el enemigo: al tipo común lo tiran de a loco, no le ayudan, le estorban. Mejor apagarle a la tele, sobre todo cuando un funcionario estadounidense intenta explicar la crisis: una buena cena mientras la nieve cae, silenciosa, en la quietud de la noche. El rifle al alcance de la mano, por supuesto.

Nos leemos después.
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