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CUANDO LOS HIJOS MUEREN

27 abril 2017

La vida se convierte en sobrevivencia, en una batalla cotidiana frente a la tentación de morir lo más pronto posible y encontrarle algún sentido al hecho de seguir despertando cada mañana. Al dolor de la pérdida, se le suma el frecuente enfriamiento emocional entre los padres y la dificultad de continuar adelante con los otros hijos, si es el caso. El sentimiento de culpa, mientras tanto, ronda con crueldad los pensamientos incluso cuando no hay justificación, acechando constantemente y atacando el frágil equilibrio a la menor provocación. Un par de filmes en los que el tema se aborda desde perspectivas distintas. Como dice alguno de los personajes, la muerte de un hijo es como tener un permanente grito atorado en las entrañas.

LO QUE PERDIMOS EN EL FUEGO NO ESTÁ EN LAS CENIZAS

Escrita y dirigida con amplio sentido realista por Kenneth Lonergan (Margaret, 2011), dándose tiempo para hacer una breve aparición frente a cámaras increpando al protagonista, Manchester junto al mar (Manchester By the Sea, EU, 2016) es un contenido drama acerca de la pérdida más dura de sobrellevar, que incluso se atreve a insertar un sutil humor sin perder fuerza y que contribuye, al contrario, para profundizar en la cercanía de las situaciones y reacciones de los diferentes personajes y los cambios en los vínculos que establecen entre sí, en particular después de la tragedia central del relato.

Un hosco milusos que atiende los departamentos de varios edificios, recibe la noticia del fallecimiento de su hermano y la consecuente solicitud de que se convierta en el tutor de su sobrino, un adolescente entre simpático, listo, demandante y conflictivo (o sea, un adolescente). Como cabría esperar, la dinámica entre tío y sobrino, que convivían y jugaban años atrás, resulta en principio espinosa y áspera pero al fin afectuosa: ambos se encuentran con una circunstancia que no saben manejar pero que tendrán que afrontar, al menos mientras se ajustan las cuestiones legales y se toman las decisiones sobre el destino del joven.

Con ruptura de la linealidad temporal, más como una estrategia narrativa que como un mero artilugio desgastado, conocemos pasado y presente de este hombre, alguna vez casado y padre de dos hijas, parte de la comunidad y con una relación cercana con su hermano mayor, en dificultades matrimoniales por el alcoholismo de la esposa. Hoy carga una culpa imposible de digerir que asalta sus recuerdos y busca ser castigado, ya sea provocando peleas en los bares o aislándose de cualquier posibilidad de establecer una relación personal, en tanto su ex esposa ha intentado reconstruirse con una nueva pareja.

A la discretamente dolorosa interpretación de Casey Affleck, en la línea de sus papeles en El asesinato de Jesse James por el cobarde Tom Ford (Dominik, 2007), Desapareció una noche (Affleck, 2007) y El asesino dentro de mí (Winterbottom, 2010) se añaden notables secundarios como el joven Lucas Hedges, entre el sarcasmo y el miedo al congelamiento; Kyle Chandler como el hermano apoyador y Michelle Williams, conduciendo notablemente a su personaje a través de un proceso de transformación.

Una foto paisajística y recurrente, acompañada de Handel y Albinioni, contrastando con Ray Charles, Bob Dylan y Ella Fitzgerald, captura los parajes nevados que congelan la posibilidad de seguir adelante, expresada en las miradas extraviadas del protagonista, al tiempo que la notable edición contribuye al ensamble de las secuencias viajando en doble dirección temporal, con el necesario tono dramático y costumbrista, orientado a construir personajes que a pesar de todo terminan por ser entrañables.

ManchesterEl director vuelve a explorar las dificultades del regreso a casa como en Puedes contar conmigo (2000), ahora ubicando el contexto geográfico en Manchester-by-the Sea, un pequeño pueblo de Essex, Massachusetts, nombrado así a partir de 1989 y habitado por poco más de 5,000 personas (censo del 2010), en su mayoría de raza blanca. En este ámbito donde es difícil que exista el anonimato, los intentos por reinsertarse después de haber pasado tiempo fuera y con el estigma de la dolorosa experiencia, serán víctimas de los prejuicios y del auto sabotaje.

Acaso se tiene la esperanza de reparar el pequeño barco como vehículo para explorar los alrededores marítimos y, en su caso, escapar de una realidad incierta y apremiante, apenas soportada por el apoyo de alguna pareja de amigos y la necesidad de resolver trámites pendientes, cual terapia ocupacional siempre interrumpida por algún recuerdo que se clava en el alma: olvidar dónde se dejó el coche, jugar con una pelota y mirar directo hacia el mar, esperando que puedan emerger respuestas o, al menos, sumergir la tristeza en el horizonte.

SUPERAR EL DOLOR

Dirigida con buen sentido de la tensión por Karyn Kusama, La invitación (EU, 2015) aborda desde la lógica del thriller el duro tránsito de una ex pareja, actualmente en compañía de otras personas, para superar la muerte de su hijo. Tras dos años de separación, Eden (Tammy Blanchard) y su novio actual (Michiel Huisman) organizan una cena a la que asiste el ex marido Will (Logan Marshall-Green) y su pareja (Emayatzy Corinealdi), entre otros viejos amigos; a la reunión llega una joven extrañamente confianzuda (Lindsay Burdge), de esas que te dicen que te quieren sin conocerte y un misterioso hombre (John Carroll Lynch), quien cuenta una triste historia acerca de su esposa, demasiado personal para estar frente a un grupo de desconocidos.

La reunión va tomando un giro inesperado cuando los anfitriones muestran un video de alguien que muere pacíficamente para después proponer algunos ejercicios grupales sobre confesiones de secretos, deseos y asuntos por el estilo, a la manera de grupos de autoayuda sospechosamente sectarios. Will intuye que algo raro flota en el ambiente: ya no reconoce a su ex mujer, todos se comportan muy amables y tendrá que dilucidar que está pasando, mientras el dolor de la muerte de su hijo lo invade sin misericordia, sobre todo ahora que volvió a la casa donde lo crió.

De premisa interesante, si bien por momentos predecible y recurriendo a algunas reacciones incomprensibles (como la de no salirse de la reunión cuando surgen las dudas, como sí lo hizo una de las invitadas), el filme funciona con su mezcla de drama familiar, angustia existencial y crítica directa a las puertas falsas y soluciones únicas, sobre todo cuando se quieren imponer a los demás, manipulando con dogmatismos sacados de la manga y tomando decisiones que invaden la alternativa de vivir el propio dolor.

 

JOYAS ANIMADAS

11 septiembre 2015

Si bien sabemos que en el mundo de los estudios cinematográficos de animación Pixar levantó el listón que han intentado alcanzar algunos competidores como Dream Works, Universal o Blue Sky, existen otras casas productoras reconocidas que, a partir de una propuesta estética inconfundiblemente imaginativa, siguen alimentando el género con filmes de sorprendente manufactura, integrando posibilidades tecnológicas con belleza artesanal y sensibilidad argumental.

DE LA REBELIÓN EN LA GRANJA A LAS LUCES DE LA CIUDAD

Uno de ellos es Aardman, fundado en los setenta por Peter Lord and David Sproxton que incorpora el clásico humor inglés y cuya carta de presentación fue Morph; en los ochenta, ya en conjunto con Nick Park, cabeza visiblemente creativa, diseñaron el video de Sledgehammer para Peter Gabriel y produjeron Un día de campo en la luna (1989), donde conocimos a los ahora célebres Wallace & Gromit, también protagonistas de Los pantalones equivocados (1993), la serie de diez cortos Cracking Contraptions (2002), Un asunto de pan y muerte (2009) y de La batalla de los vegetales (2005), amplia y justamente premiadas.

A partir de oportunos convenios, aparecieron las notables Pollitos en fuga (2000), Lo que el agua se llevó (2007), Operación regalo (2011) y ¡Piratas! una loca aventura (2012). Ahí está la técnica del stop motion llevada a sorprendentes niveles gracias a unas manos tan creativas como llenas de plastilina, demostrándonos que este dúctil material puede convertirse en arte puro, desenfadado y cómicamente costumbrista, heredando el humor mudo llevado a grandes altitudes por Charles  Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd.

ShaunAhora regresan con la deslumbrantemente cómica Shaun, el cordero (Shaun the Sheep: The Movie, RU, 2015), luminoso largometraje dirigido a diez dedos por Burton y Starzak, basado en el inteligente y nada borrego personaje creado por Park, ya merecedor del protagonismo en una cinta de largo aliento después de sus constantes apariciones en televisión a partir del 2007 inspiradas, a su vez, en el corto Una afeitada al ras (1995), ganador del Oscar.

En esta oportunidad, la entrañable oveja lidera a su hato para, primero, romper con la rutina vivida en la granja bien vigilada por el perro pastor y, después, para rescatar a su cuidador extraviado con amnesia en la ciudad, ya vuelto una celebridad de la nada simplemente por realizar peinados cual eficaz trasquilador, frente a los peligros implícitos del cambio de hábitat y los provocados por un perseguidor de animales sin dueño.

Las logradas escenografías cual curso avanzadísimo de elaboración de maquetas, un score siempre a tono, aprovechando el bagaje de la música inglesa, , acompañan la hilarante travesía de este grupo de ovejas con mandíbula oblicua en busca de su pastor, contada a través de secuencias coherentes entre sí pero que valen por sí mismas como impagables sketches cómicos, como los disfraces utilizados que incluyen convertirse en una back pack.

No faltan las múltiples referencias ingeniosamente insertadas en la trama como la del misterioso artista callejero Bansky, los trajes de Breaking Bad, Robert De Niro en Taxi Driver, Hannibal Lecter en forma gatuna y la dualidad de La noche del cazador (Laughton, 1955), representada por el BARK/BITE en lugar del famoso LOVE/HATE de los nudillos, dándole un toque de intertextualidad a toda la escena de la prisión, dentro de la que también se identifica la presencia de Sueño de fuga (Darabont, 1994).

Unos cínicos cerdos parranderos, un oportuno toro, el gallo abriendo y cerrando la puesta en escena y un extraño y solidario perro callejero, que contrasta con el de los ojos locos siempre mirando fijamente, además de paródicos apuntes sobre el absurdo de la fama, complementan esta maravilla animada que consigue desplegar humor en varios niveles y para todo mundo sin descuidar el toque emotivo.

LA LEYENDA DE LA PRINCESA NACIENTE

El otro estudio clave en el universo de la animación contemporánea es Ghibli, salpicado de la deslumbrante cosmovisión japonesa, alimentada con historias de otras latitudes, y con una tendencia hacia la estética manual que entiende que la belleza está en el detalle. Fue fundado a mediados de los años ochenta por el gigante de la animación mundial Hayao Miyazaki junto con su amigo y maestro Isao Takahata y la primera película del sello fue Nausicä en el valle del viento (1984), del propio Miyazaki.

Vendrían después varias obras maestras de ambos a quienes se sumaron, siguiendo el estilo visual y la tonalidad de los argumentos, otros realizadores como Tomomi Mochizuki (Puedo escuchar el mar, 1993), Yoshifumi Kondo (Susurros del corazón, 1995), Hiroyuki Morita (Haru en el reino de los gatos, 2002), Hiromasa Yonebayashi (Arrietty y el mundo de los diminutos, 2010; El recuerdo de Marnie, 2014) y Gorō Miyazaki (Cuentos de Terramar, 2006; La colina de las amapolas, 2011), hijo del padre fundador.

El estudio cuenta con un museo en Tokyo, asentado en una hermosa casa que parece sacada de alguna de sus películas; desde que se llega, en un camioncito propio, la sensación inmediata es formar parte de un mundo fantástico pintado a mano, lleno de colores e historias emotivas. Desafortunadamente, Ghibli se encuentra en una reestructura  dadas las dificultades económicas por las que atraviesa, crisis acentuada con el anuncio dado a conocer por Miyazaki acerca de su decisión de colgar los lápices a color.

Justamente del cómplice Takahata, bien conocido por la imprescindible La tumba de las luciérnagasPrincesa Kaguya (1988), llega La leyenda de la princesa Kaguya (Japón, 2013), cuya historia se basa en el antiguo cuento El cortador de bambú, acerca de una pequeña niña que nace en una de estas plantas y es recogida por una pareja de ancianos campesinos sin hijos, quienes la educan como propia en el campo pero que al crecer deciden llevarla a la gran ciudad para que viva como lo que se supone es: una princesa en espera de un príncipe, aunque no sea azul.

De la natural y fresca vida en la comunidad rural, la heroína tendrá que pasar por el duro proceso de aprendizaje para ser de la realeza, recibir candidatos para casarse con ella y averiguar su identidad: de dónde vino, cuál es su destino y cuál es el significado de su presencia en este mundo, que parece ajeno al de su origen. A través de poéticas pinceladas vamos acompañando a esta pequeña para encontrar las respuestas a sus preguntas, mientras intenta ser feliz estrechando lazos afectivos.

Hermosamente dibujada, con trazos sencillos y colores apagados que se soportan en líneas negras, muy en consonancia con la tradición de la pintura japonesa que tanto influenció a los impresionistas, el filme encuentra un pausado dinamismo en ciertas secuencias con emotivos desplazamientos que permiten a los personajes, delineados con claridad y acompañados de un luminoso score, disfrutar de los amplios espacios naturales que contrastan con la vida en palacio. Una obra maestra de sutileza pictórica.

LA MENTE COMO ECOSISTEMA EMOCIONAL

8 julio 2015

Apunta el afamado científico Michio Kaku en su interesantísima y accesible obra El futuro de nuestra mente (Debate, 2014) que en los últimos quince años hemos aprendido más sobre el funcionamiento del cerebro que en toda la historia previa de la humanidad. Plantea que los dos mayores misterios de la naturaleza, paradójicamente, son el universo y la mente humana; en la Vía Láctea existen cien mil millones de estrellas, más o menos la misma cantidad de neuronas que habitan en nuestro cerebro.

El estadounidense de ascendencia japonesa explica que fue a partir de la aparición de las máquinas de imagen por resonancia magnética y otros escáneres cerebrales, cuando la neurociencia se transformó radicalmente, a partir de los años noventa; las ciencias cognitivas, por su parte, también han recibido un desarrollo trascendente desde diversas áreas del conocimiento, sobre todo a desde su interacción en proyectos de investigación de largo aliento.

Claro que nos hemos parado en los hombros de gigantes, desde los filósofos de la antigua Grecia (Anaxágoras dijo que la mente es la más fina y pura de todas las cosas hace 2500 años aproximadamente) y los trabajos de Freud, Jung y Carl Sagan con su clásico Los dragones del Edén (1977), hasta António Damásio con El cerebro creó al hombre (2010), pasando, por supuesto, por los estudios de Sacks, Maturana, Pinker y tantos más que nos han dejado sus hallazgos para seguir investigando.

La manera como pensamos y reconstruimos la realidad, las múltiples formas en las que sentimos y desarrollamos procesos intersubjetivos y la fuerte influencia que tienen los contextos sociales en los que nos desenvolvemos, convierten al estudio del cerebro y la mente en un campo tan apasionante como misterioso, en particular por el cúmulo de factores interdisciplinarios que confluyen en su análisis.

DIALÉCTICA AFECTIVA

Con su habitual talento para contar historias que combinan una gran sensibilidad con emoción y humor, Peter Docter, responsable de clásicos pixarianos como Monsters Inc. (2001) y Up (2009), dirige junto con el filipino Ronnie del Carmen, quien aparece como coautor del relato base, la cinta Intensa-mente (Inside Out, 2015), inmersión a la mente de una niña común de once años que vive feliz con sus padres en Minnesota y de quien vamos conociendo su existencia desde su nacimiento: forma parte del equipo de hockey, tiene una buena amiga y se siente parte de un mundo reconocible.

La estabilidad se rompe cuando la familia se muda a San Francisco, bellamente plasmada, por laIntensamente chamba del papá: el proceso de adaptación a la escuela y el entorno, además del amenazante fin de la infancia y las presiones propias de la vida de los adultos, sacudirán los cimientos relacionales y obligarán a los tres involucrados a reformular sus vínculos y enfrentar las diferencias, poniendo en acción sus neuronas espejo. Si el asunto visto así resulta interesante, más aún si nos sumergimos en los mecanismos mentales que operan en los involucrados, particularmente en los de la protagonista.

La historia parece retomar diversas ideas acerca de indagaciones recientes sobre la actividad de la mente, como las de Michael S. Gazzaniga expuestas en ¿Quién manda aquí? El libre albedrío y la ciencia del cerebro (Paidós, 2012) y Lo que el cerebro nos dice: los misterios de la mente humana al descubierto (Paidós, 2012) de V. S. Ramachandran. El guion del propio Docter en complicidad con Josh Cooley y Meg LeFauve, productora de Historias fantásticas (Cave, 2002) consigue darle un tratamiento accesible y profundo al mismo tiempo a una temática que podría ser sumamente árida o reducida a manual de autoayuda, a pesar de verse en la necesidad de simplificar ciertos  procesos que suceden en nuestras cabezas.

La premisa, entonces, se centra en la forma de tomar decisiones a partir del concurso de cinco emociones –alegría, temor, enojo, disgusto y tristeza- representadas por sendos personajes que, por alguna razón no explicada, en el caso de la niña son mixtos y en el de los papás corresponden al sexo de la persona. Claro que podría pensarse también en la empatía, el afecto, el orgullo, la vergüenza y la sorpresa, por ejemplo. El filme, entonces, juega con los procesos internos de pensamiento y las acciones externas, con todo y el agudo sentido del humor expresado en el recuerdo del piloto brasileño todavía guardado por las dudas.

La alegría y la tristeza terminan fuera del centro de control y se aventuran para buscar el camino de regreso por diversos espacios del cerebro, entre los que se encuentran algunos tipos de pensamiento y los ámbitos de la conciencia, sin quedar muy clara la diferencia entre el basurero del olvido, que es la única cosa que no existe según Borges, y el subconsciente, habitado por un payaso gigante en espera de fiesta. En alguno de los recovecos, las emociones viajeras se topan con un curioso elefante que resulta ser el cada vez más olvidado amigo imaginario, quizá más común en los hijos únicos.

La artística escenificación del pensamiento abstracto, repasando vanguardias pictóricas del siglo XX, y la cómica puesta en escena del apartado de los sueños cual rutinaria producción televisiva, resultan brillantes y con altas dosis de imaginación, al igual que la representación de los pensamientos centrales relacionados con la memoria a largo plazo y las islas vistas como sustentos afectivos, así como la construcción de recuerdos en formas de coloridas esferas convertidas en ideas fijas y certezas instaladas en nuestra mente, sin que nos detengamos a pensar qué tanto nos ayudan a desarrollarnos socialmente: las damos por hecho sin posibilidad de cuestionarlas, vía el pensamiento autocrítico.

Del riesgo de la depresión al hueco optimismo o de la neurosis permanente a la parálisis temerosa, terminamos por corroborar que la imbricación de las emociones es la que les da sentido en la mundo exterior y que dependen unas de otras para construir los propios caminos vitales e incluso para comprenderse entre sí.

Claro que el contraste entre lo que estamos pensando mientras escuchamos a alguien o nos enfrentamos a alguna situación es un banquete para la comedia (como bien lo ha explotado Homero Simpson), aquí aprovechado para evidenciar a papás (que en realidad sí ponemos atención) y mamás e incluso hasta a algunas mascotas, aunque el ejemplo final del gato sea equivocado.

No se había visto el cerebro tan estéticamente animado, lleno de coloridos recovecos y amenazantes oscuridades por las que avanza un tren cargado de pensamientos siempre al borde del descarrilamiento, como en esta nueva obra maestra del cine de animación.

INTERESTELAR: LAS ESTRELLAS MIRAN HACIA ABAJO

25 diciembre 2014

“Do not go gentle into that good night,

Old age should burn and rave at close of day;

Rage, rage against the dying of the light”.

Dylan Thomas

Que el amor pueda trascender tiempos y espacios es una perspectiva poderosa, no cursi. Si ese amor se fortalece con los hijos y se conecta a la humanidad, entonces somos capaces de emprender hazañas que no hubiéramos pensando lograr: porque acercarse al final con la imagen del rostro de los vástagos invadiendo la mente, quizá motive a dar marcha atrás y volver a la vida, acaso en alguna dimensión paralela donde podamos seguir acompañando y ayudando a quienes se quedaron en un hábitat moribundo.

Dirigida y coescrita con familiar aproximación por Christopher Nolan, en colaboración con su hermano Jonathan, cual nueva fase para la historia de la humanidad y con el referente del gigante 2001: Odisea del espacio (Kubrick, 1968), hasta en el contraste del esquinado TARS (voz de Bill Irwin) con Hal-9000, Interestelar (Interstellar, EU, 2014) es una alegoría de la relación entre padres e hijos como base para la continuidad de la especie: la posibilidad de perpetuarnos no parece estar en la búsqueda un nuevo planeta donde vivir –no hay otro más que el que tenemos- sino en ayudar a que las próximas generaciones sean la mirada a futuro de las actuales.

Un hombre viudo, ex piloto de la NASA ahora convertido en agrónomo (Matthew McConaughey, confirmando su estatus actoral), vive con su suegro (John Lithgow, ya instalado en la tercer roca del sol) y sus dos hijos, un joven obediente (Timothée Chalamet) y una niña de inteligente rebeldía con problemas en la escuela (Mackenzie Foy) que recibe misteriosos mensajes de una especie de fantasma en la máquina (recordando a Koestler), a manera de inesperados Encuentros del tercer tipo (Spielberg, 1977) y refiriendo a Solaris (Tarkovsky, 1972) en su dimensión metafísica.

Todavía mirando más el polvo de estrellas que el de sus zapatos, el explorador que nunca ha dejado de serlo, se topa con un proyecto secreto para viajar por el cosmos y buscar un nuevo planeta para la humanidad si es que hay regreso (Plan A) o dejar una especie de impronta para florecer allá, sacrificando a todo mundo conocido (Plan B). Lo acompañan tres tripulantes, incluyendo a la hija (Anne Hathaway, intentando sonar creíble en sus disquisiciones teóricas) del científico al mando, interpretado por el habitual Michael Caine, siempre sólido.

Hay actuaciones venerables como la de Ellen Burstyn tan breve como emotiva. Además, Cassey Affleck y Jessica Chastain asumen sus papeles con solvencia, al igual que Matt Damon con su debida cuota de ambigüedad y tanto Wes Bentley como David Gyasi cumplen con su rol de buenos acompañantes. La historia está atravesada argumental y evocativamente por cintas como Los elegidos de la gloria (Right Stuff, Kaufman, 1983), Contacto (Zemeckis, 1997), Horizonte final (Anderson, 1997); Misión a Marte (De Palma, 2000), Alerta solar (2007, Boyle), En la luna (2009) y Gravedad (Cuarón, 2013).

InterestelarSi en El origen (Inception, 2010) el viaje era al mundo de los sueños donde despierta el inconsciente, ahora es hacia otras dimensiones donde se espera que la especie perviva, una vez que el hogar originario está desfalleciendo: las cosechas solo pueden ser monocultivos y muy pronto ya ni eso. El maíz en sus diversas formas de consumo mantiene a una polvosa humanidad, a punto de colapsar. Aquí resalta el contraste de la fotografía a partir de las tomas panorámicas tanto en la Tierra como en el espacio y en los encuadres de los pequeños detalles que hacen la diferencia: visualmente sobria, inlcuyendo el diseño de naves y artefactos, la cinta propone constante intersección de texturas con aliento científico.

El enfático score del veterano Hans Zimmer, colaborador frecuente del realizador de El gran truco (2006), encuentra momentos de explosividad sentimental, justo cuando la suerte parece estar echada: una electrónica retro por momentos y actual en otros, acompaña buena parte de las secuencias sin saturarlas y evitando forzar las emociones generadas a partir de las arriesgadas decisiones, bien conocidas en este tipo de films. La edición de sonido resulta notable gracias al contraste logrado cuando el silencio lo invade todo, incluyendo las esperanzas de quienes se lanzaron en busca de un sueño atemporal.

EMOTIVA LECCIÓN DE FÍSICA

Nolan se apoyó en el notable físico Kip Thorne, fungiendo también como productor ejecutivo, quien colaboró con el diseño científico del agujero de gusano y del hoyo negro (ver los artículos de Martín Bonfil en Milenio), basado en los trabajos de relatividad general. El interés del director de Following (1998), Memento (2000) e Insomnia (2002) era dotar al film de cierta verosimilitud para que se ubicara en el terreno de la ciencia ficción y no de la fantasía, en el entendido de que no es un documental sobre Física. Así, nos colocamos en un contexto de singularidad en el que nada puede escapar, ni siquiera la luz, al fin atrapada: justo cuando se atraviesa el horizonte de sucesos donde la aleatoriedad predomina en el comportamiento de los átomos.

Para la sobrevivencia humana, aparecen atajos como el agujero de gusano, en donde el tiempo y las dimensiones espaciales se curvan de tal manera que permiten viajar distancias astronómicas en un intervalo de tiempo muy corto: es entonces cuando la vida humana adquiere total relatividad y un instante se puede convertir en una eternidad. Si la cuarta dimensión es temporal, entonces la quinta sería otra de carácter espacial, inconcebible para la mente humana: quizá aquí entramos a terrenos de mecánica cuántica y relatividad espacial.

¿Por qué cuando el protagonista entra al agujero negro no se colapsa en un punto de densidad infinita? Ahí aparecen los seres que viven en una dimensión superior (¿Dios? ¿Los humanos del futuro? ¿Nosotros mismos?) para orientar al héroe en la resolución del enigma de la gravedad y soltarse las manos atadas a la espalda, como operaban las indagaciones terrestres. Paradojas que implican desarrollos en diferentes dimensiones de la propia especie. Aunque al final, en efecto, sea el amor y la necesidad de estar con los seres queridos el móvil fundamental para empezar de nuevo, las veces que sea necesario.

La muerte no necesariamente es una noche amable y la luz puede alcanzar a recuperar su intensidad vital. La lucha dependerá de motivaciones asumidas, aunque por momentos nublen el juicio objetivo, si es que tal cosa existe. Porque la fuerza del propósito afectivo termina por ser un revulsivo para cumplir con la misión, aunque la decisión haya sido tomada desde una racionalidad distinta y la opción elegida implique mayores riesgos: el corazón conoce razones que la razón desconoce, decía Pascal iluminado por sus sentimientos.

p.d. Agradezco la asesoría de José Pablo Cuevas, prometedor físico que a sus 14 años ya sabe y se apasiona con estos asuntos que escapan a mi comprensión.

LA FAMILIA COMO CÍRCULO SIN CERRAR

22 diciembre 2014

El tema de la pérdida de un hijo, tan contrario a los procesos naturales de vida y por ende tan desestructurante, ha sido objeto de diversas películas que pusieron el énfasis en distintas situaciones presentes en esta tragedia: el proceso de la enfermedad, la atención médica y los tratamientos elegidos, las causas del fallecimiento y la forma de enfrentar la desgracia por parte del vástago y los padres, así como por las personas afectivamente involucradas.

Lars Von Trier proponía en Anticristo (2009) un viaje lleno de dolor en el que el mal se va apoderando de la pareja en desgracia y cargada de culpa por la muerte de su pequeño, justo en una especie de contaminado y boscoso jardín del edén. En contraste, la directora Valérie Donzelli propuso en Declaración de guerra (2011), con tintes autobiográficos, la dedicación de una joven pareja para salvar a su bebé del tumor cerebral detectado.

Si seguimos el enfoque sistémico para entender la conformación familiar, sabemos que el cambio de uno de sus miembros afecta y modifica al resto, trastocando todo el funcionamiento del sistema y las formas de relación entre las partes: el enclave familiar puede adaptarse a la nueva situación y continuar, o bien romperse en definitiva dada su imposibilidad para asumir las nuevas condiciones, usualmente llenas de dolor y desasosiego. La primera película en la cartelera de nuestra ciudad, una grata sorpresa, y las otras dos disponibles en video.

EL CÍRCULO ROTO

Didier es un músico de bluegrass admirador de Bill Monroe (Johan Heldenbergh, quien coescribió la obra en la que se basa el filme) y Elise, una creativa y luminosa tatuadora (Veerle Baetens): se conocen, se enamoran y empiezan a vivir juntos en un ambiente rural, cercano a una pequeña ciudad en la región de Flandes; ella se suma al conjunto de cuerdas como vocalista y ahora parecen compartirlo todo. El asunto parece idílico incluso después del inesperado arribo de una simpática hija, al principio creando desazón en él pero al final llenando la casa de vida, como suele suceder con los niños. El círculo parece perfecto.

Pero ante la enfermedad de la pequeña Maybelle (notable Nell Catrysse), el círculo empieza a mostrar sus fisuras. El doloroso proceso del tratamiento del cáncer y el mantenimiento de un espíritu esperanzador por parte de la familia se presentan con sensibilidad y con el suficiente realismo para involucrar al espectador en el duro trance que viven los padres y la niña, apoyados siempre por los músicos con quienes no solo comparten el escenario, sino también las vicisitudes de la cotidianidad.

Todo empieza a volverse triste: las canciones antes celebratorias, las animadas conversaciones, los encuentros sexuales, los momentos en la cocina… se acentúan las diferencias ideológicas y religiosas, salen a la luz los rencores, se buscan culpabilidades en la pareja y en quien se ponga enfrente: ahí está el veto de George Bush a la investigación con células madre y la arenga evolucionista a medio concierto, soltando los dardos contra la idea del dios vengativo, sádico y violento. Estados Unidos es objeto de odio y admiración al mismo tiempo: vibrante cultura popular y gobierno retrógrado de los primeros años del siglo XXI.

Dirigida y adaptada con punzante estilo visual a la pantalla por Felix van Groeningen (Steve & Sky, 2004; LaCírculo roto vitalidad de los afectos, 2009), El círculo roto (The Broken Circle Breakdown, Países Bajos-Bélgica, 2012) se estructura a partir del uso de la prolepsis (plantear primero el futuro, rompiendo la secuencia temporal), en una lógica de circularidad dramática donde las consecuencias y las causas se convierten en parte de un mismo ciclo. La dislocación entre imagen y sonido y los desplazamientos de la cámara acompañados de las contagiantes canciones, consiguen crear un interesante contraste con el drama que inunda buena parte de la historia.

Mejor ahora llamarse Alabama, como para reinventar la dura realidad, o proteger a las aves de su incapacidad para aprender a evitar chocar contra el cristal, aunque sea con soluciones temporales; voltear a ver las estrellas para ubicar al pájaro muerto y encender una vela en el altar de sincretismo religioso. Los tatuajes pueden cambiarse o taparse, pero hay dolores que se quedan insertos para siempre en la piel.

EL CÍRCULO POR CERRAR

Adaptada de la novela Abaire de David Lindsay (Pulitzer en drama) y dirigida por John Cameron Mitchell en cambio radical de registro después de Shortbus (2006), Al otro lado del corazón (Rabbit Hole, EU, 2010) sigue a un matrimonio que pierde a su hijo de cuatro años, el proceso de duelo y los intentos de cura, cada uno por su cuenta y separándose paulatinamente: ella se encuentra con el adolescente que provocó el adolescente fatal y él recurre a la evasión vía el pasado o el encuentro con otras personas.

Aaron Ekhart y Nicole Kidman, también productora, encuentran buen soporte actoral en Dianne Wiest Miles Teller, Tammy Blanchard, Giancarlo Esposito y Sandra Oh, quienes le brindan emotividad al relato. Después de la distancia, queda el encuadre silencioso que anuncia un pequeño resquicio de esperanza para salir de un hoyo que se ha convertido en guarida y obstáculo a la vez.

Por su parte, No pudo decir adiós (The Greatest, EU, 09) de Shana Feste coloca a un matrimonio maduro (Susan Sarandon y Pierce Brosnan) en la situación de aceptar la presencia de la solitaria novia (Carey Mulligan) de su hijo recién fallecido, mientras que el hermano lucha con sus propios demonios y la consecuente desatención (Johnny Simmons). El filme despliega una primera parte de solidez dramática que flaquea hacia el desenlace, no obstante consigue presentar una radiografía cercana de una familia en pleno proceso de recomposición.

REENCUENTROS FILIALES

12 diciembre 2014

Las relaciones entre padres e hijos suelen tener una fuerte carga de complejidad, dados los fuertes vínculos que la naturaleza establece más allá de formas de ser, afinidades de carácter o simpatías ocasionales. Filmes que abordan esta relación desde la ausencia y el reencuentro con las implicaciones psicológicas del caso y explorando, de paso, las configuraciones familiares en continua transformación. Todas disponibles en nuestra ciudad en formatos varios.

PHILOMENA: EL PERDÓN COMO FORMA DE VIDA

PhilomenaUna mujer busca a su hijo cincuenta años después. Tras ser internada en un convento, como los bien retratados en el filme En el nombre de Dios (Magdalene Sisters, Mullan, 2002), cuando se embarazó siendo adolescente y dado su hijo en adopción, decide emprender una travesía emocional que acaso incluya la expiación de una culpa asumida, simplemente por haber procreado fuera del matrimonio. Para tal efecto, la ahora anciana contará con el impulso de su hija y del inesperado apoyo de un arrogante exfuncionario gubernamental caído en desgracia y que en alguna época fue corresponsal periodístico.

Coescrita, producida e interpretada por Steve Coogan y dirigida con gran equilibrio emocional por el veterano Stephen Frears (de Gumshoe, 1971 a Lady Vegas, 2012), Philomena (RU-EU-Francia, 2013) retoma el caso real de una sencilla madre irlandesa que emprende un periplo que la lleva hasta Washington para rastrear a su vástago. Como ya lo hiciera con La reina (2006), el realizador inglés sabe qué hacer con un material lleno de potencial que, en otras manos menos experimentadas, se hubiera convertido en una cursi película de algún canal televisivo especialista en proyectarlas e incluso producirlas.

Con prudente empleo del flashback y de imágenes grabadas en medios caseros, se reconstruye este proceso en el que finalmente los dos protagonistas terminan por entender no quiénes son, sino qué posibilidades tienen de transformarse: por supuesto que está presente un discurso explícito al respecto de la importancia de la tolerancia. De ahí se desprende una estructura conocida como buddy film, en la que las diferencias entre ambos terminan por ser los vínculos que los unen, sin caer en obviedades ni afectos artificiosos y hasta abriendo una discreta ventana para esbozar una sonrisa.

Las pequeñas historias humanas suelen ser más interesantes que las andanzas de los políticos (detrás está la gente, diría Serrat), como seguramente le quedó claro al periodista Martin Sixmith, siempre y cuando sean contadas como lo hizo Frears, dejando que sean los mismos personajes y sucesos quienes conmuevan, sin manipulaciones y chantajismos. Claro que para ello necesitas una actriz del tamaño de Judi Dench, capaz de transmitir todo el dolor, el perdón y la reconciliación posible solamente con una mirada de profunda comprensión y una actitud que oscila entre la sencillez de una mujer creyente y la sabiduría de una progenitora que sabe lo que significa el amor materno.

DE TAL PADRE, TAL HIJO: NATURA NO MATA CULTURA

Dos matrimonios contrastantes en nivel económico y comportamientos (considerando que son de Japón, donde las variaciones son mucho menores que en nuestro país), cuyos hijos rondan los siete años, son llamados por el hospital donde nacieron los pequeños para informarles que por un error fueron cambiados al momento de nacer; es decir: quien durante muchos años se pensaba que era sangre de tu sangre, resulta que es hijo biológico de otra pareja, aunque la educación que has propuesto sea propia de tus creencias, valores y supuestos. El dilema se dibuja de inmediato: natura o cultura.

Escrita y dirigida con la sensibilidad justa por el originario de Tokyo Hirokazu Kore-eda (Después de la vida, 1998; Nadie sabe, 2004; Kiseki, 2011) De tal padre, tal hijo (Japón, 2013) es una sencilla mirada a cómo se construye la personalidad con base en los contextos familiares donde los niños se desarrollan. Las expectativas depositadas en los hijos, por momento distantes de su propia felicidad, parecen dotar del contraste buscado por el realizador. La buena dirección de actores infantiles refuerza la verosimilitud del relato.

Mientras que los dos tipos de padres presentados bordan el estereotipo –un exitoso hombre de negocios medio histérico y un oportunista más alivianado- las madres parecen ser más conciliadoras, jugando un papel secundario en las decisiones que se van tomando dadas las circunstancias. El filme consigue mantenerse en la delgada línea que divide el melodrama genuino del típico esquema forzado de la sensiblería, gracias también a un sentido del humor no exento de momentos que invitan a la acción de los lagrimales, jugando con el esquema de los opuestos.

DULCE HIJO: FRANKENSTEIN POSTMODERNO

Un director teatral realiza una serie de audiciones en su departamento, mientras un joven intenta regresar a casa de su madre después de pasar muchos años en una institución. Ambos coinciden en el mismo edificio y el recién llegado, al hacer una prueba termina matando a una chica con la que realizaba una improvisada audición, dada su incapacidad para socializar. A partir de este desafortunado suceso, el adolescente se convierte en una especie de fugitivo al interior de esta construcción que funciona como alegoría de una vida sin posibilidad de futuro, por más que se busquen las salidas con la hermana o con el apoyo de la madre.

Escrita, dirigida e interpretada en tono seco y enérgico por Kornél Mundruczó (Delta, 2008), Dulce hijo (Hungría-Alemania-Austria, 2010) es una mirada actualizada y deprimente del Frankenstein de Mary Shelley, que retoma las dificultades de los jóvenes para insertarse en un tejido social tan cerrado como inhóspito, como bien se refleja en los encuadres de los interiores asfixiantes y de los espacios abiertos que solamente terminan por ofrecer vacío y soledad, incluso cuando por fin el protagonista parece encontrar cierta comprensión por parte de su padre.

ENTRE DRAGONES, SIMIOS Y HUMANOS: LA DIFICULTAD DE LA CONVIVENCIA

28 julio 2014

Un par de dignas secuelas que consiguen colocarse cerca del nivel de sus predecesoras, manteniendo la esencia argumental y abriendo otras vetas narrativas. Franquicias que nacieron sin demasiadas expectativas y que de pronto se posicionaron como cintas no solo rentables, sino con valores fílmicos ubicados tanto en la propuesta visual y el diseño de producción, como en el desarrollo de personajes y el establecimiento de sus vínculos afectivos, no obstante pertenecer a diferentes especies. Se ubican entre lo mejor de un verano fílmico que resultó ser atractivo, a pesar del predominio de remakes, segundas / terceras/décimas partes y derivaciones temáticas ya tratadas con anterioridad.

SEGUIR O NO AL ALFA, ÉSA ES LA CUESTIÓN
Dirigida con funcionalidad narrativa por el neoyorquino Matt Reeves (El funebrero, 1996; Cloverfield: monstruo, 2008; Déjame entrar, 2010), El planeta de los simios: confrontación (Dawn of the Planet of Apes, EU, 2014) se articula a partir de un reconocible conflicto central que contrapuntea a dos manadas y a sus respectivos líderes entre sí: la necesidad de seguir teniendo luz eléctrica para los humanos, que solo se satisface arreglando una planta ubicada en el territorio ahora dominado por los simios, en el bosque de San Francisco. Mientras tanto, la historia sigue en el camino para entroncar con el clásico sesentero de Franklin J. Schaffner.
Las dos posturas posibles para solucionar el conflicto se expresan en las decisiones antagónicas asumidas por los machos alfa y los aspirantes a serlo: confiar en el otro bando, ceder en determinadas peticiones y seguir adelante; o bien, usar la fuerza para evitar ser dominados por el contrario y someterlo. Entre tanto, se discuten la fidelidad a la familia, la importancia del hogar, el uso o no de las armas, la necesidad básica de la energía eléctrica y, para ambas manadas, la determinación de a qué líder seguir: será más fácil, como suele suceder, alinearse con el estruendoso, complotista y bélico que con el mesurado, confiado y esperanzador.
Planeta de los simios 2014Entre humanos y simios hay una historia con heridas sin sanar, que alimentan la necesidad de venganza y la falta de confianza, tal como se puede advertir en los conflictos de Palestina e Israel, de Rusia y Ucrania o los del África subsahariana, por mencionar algunos que se encuentran, otra vez, en estado crítico. La espiral de la violencia es puntualmente señalada por Cesar, el líder simio (interpretado una vez más con gestualidad sorprendente por el especialista Andy Serkis), asumiendo que si bien ellos empezaron esta nueva guerra, los humanos nunca olvidan ni perdonan.
El filme, a pesar de estar ubicado en la ciencia ficción, consigue capturar esta atmósfera de tensión que tanto se vive en la actualidad y en donde las resoluciones de paz parecen nunca ser definitivas, por la permanencia de una semilla de odio que no consigue ser erradicada del todo y que brota al primer pretexto que se presenta o que si no, se inventa. Aunque se alcanza a profundizar más en los personajes simiescos que en los humanos, queda de manifiesto la posibilidad para la convivencia pacífica y también la facilidad con la que dos grupos pueden terminar en franca batalla campal.
Con un dinámico juego de cámaras que presenta planos abiertos para ver cómo funciona la comuna de nuestros primos (la escuelita) y de qué manera quedó la ciudad californiana de las libertades individuales, nos inmiscuimos ya sea en el bosque o la fortaleza a través de perspectivas diversas, retomando la mirada de los protagonistas o bien presentando los sucesos desde una posición nítida, con texturas salpicadas de verdes nebulosos, grises lluviosos y luces que se atreven a sobresalir entre la oscuridad, ya sea por el fuego conquistado o la electricidad recuperada.
El trabajo de edición le da el tiempo justo a cada momento, en particular durante el logrado episodio de la confrontación física, así como de las definitivas secuencias paralelas, en las que los líderes humanos (Jason Clarke y Gary Oldman, capaz de darle matices a su personaje en una sola toma) y simios (el mencionado Serkis y Tobby Kebell, también jugando con los gestos), contraponen sus alternativas resolutivas. Claro, la tendencia de la manada será seguir la rama más fuerte, con las excepciones de la disidencia, más pensante y procurando evitar las peligrosísimas generalizaciones.

DESOBEDECER AL ALFA, HE AHÍ EL DILEMA
Tras una brillante primera parte presentada cuatro años atrás, Cómo entrenar a tu dragón 2 (EU, 2014) se centra en el proceso de crecimiento de Hiccup cinco años después, una vez más buscando otros horizontes que lo llevarán a un encuentro con su propio origen, mientras que su poblado se ve envuelto en un conflicto de proporciones mayúsculas en el que se involucran humanos y dragones integrando ambos bandos antagónicos.Cómo entrenar a tu dragón 2
Además de un nudo dramático que alcanza a mover sentimientos gracias a un enfático desarrollo de los personajes, tanto principales como secundarios, la trama integra momentos de efusivo humor y vertiginosa acción, resolviendo las situaciones con imaginación y lógica en función de los propios eventos suscitados: la desobediencia de pronto puede convertirse en la única opción para mantener los logros alcanzados.
El director quebequense Dean Deblois (Lilo & Stitch, 2002; Cómo entrenar a tu dragón, 2010) responsable también de Heima (2007), documental sobre los conciertos brindados por Sigur Rós en su natal Islandia, consigue desplegar una propuesta visual cargada de imágenes oníricas, como las que nos llevan por encima de las nubes, y de hermoso colorido, como las del santuario de los escupefuego. Una película animada de amplio registro que se ubica como una de las mejores del año.

MUJERES JÓVENES: ENTRE EL FIN DE LA INOCENCIA Y EL INICIO DE LA ESPERANZA

15 abril 2014

Películas de diferentes partes del mundo que desde posturas temáticas, estilísticas y orientaciones contrastantes, centran su propuesta argumental en niñas y jóvenes atravesando ritos de pasaje, enfrentando pérdidas y asumiendo condiciones inéditas de vida, reconfigurando sus perspectivas ideológicas y topándose de frente con realidades inesperadas, solo para volver a intentar acomodarse en el mundo.
Guerras fuera y dentro del hogar; demonios y fantasmas acechando en el ambiente y en el interior del alma; aliados emergiendo de la nada y confusiones que lejos de esfumarse, parecen tomar formas cada vez más consistentes. Niñas en cuerpos de jóvenes o viceversa, librando acontecimientos y crisis propias. Todas disponibles en la ciudad en formato de video o sitios virtuales.

LIBRANDO PÉRDIDAS FAMILIARES
Una carta para Momo (Japón, 2012) es una sensible cinta animada que retoma la tradición de dos grandes maestros del cine nipón: de Yasujiro Ozu, incorporando sus apuntes costumbristas (esas comidas en familia) y de Hayao Miyazaki, en su artesanal propuesta visual e inserción del componente mágico, con todo y protagonista femenina: en este caso, una niña de ciudad que se muda junto con su mamá a Shio, una isla lejana, después de la muerte de su padre, de quien conserva una carta inconclusa y con el que se enojó la última vez que lo vio.
En su nuevo hábitat, como si de una novela de Banana Yoshimoto se tratara, Momo empezará el duro proceso de adaptación y, por supuesto, de redescubrimiento, acompañada por nuevos amigos tanto humanos como de origen misterioso. Escrita y dirigida por Hiroyuki Okiura (Cazadores de recompensas: Cowboy Bebop, 2001), la cinta propone una colorida animación desplegada a través de una edición que imprime un ritmo acorde a la aventura reveladora, combinando la necesaria acción con la propia transformación de la niña, incluyendo una brillante puesta en escena que nos sumerge en el natural ambiente de fantasía.Carta para momo
La vida según Attenberg (Attenberg, Grecia, 2010) es un relato de crecimiento emocional con dosis de humorismo, cuidando evitar el melodrama y resaltando la presencia de su protagonista, la joven Marina, interpretada con una perspicaz combinación de contención y explosividad por Ariane Labed, a quien vimos en Antes de la medianoche (Linklater, 2013). Se dedica a llevar y traer huéspedes de un hotel en un pueblo ubicado en Viotia, Grecia, mientras escucha a Suicide y ve los videos de animales de Sir Richard Attenborough, con quienes se siente más afín.
Sus contactos humanos se reducen a su padre enfermo, con quien mantiene una relación lúdica cargada de humor negro y juegos de frases cortas, y a una amiga que intenta promover su socialización; posteriormente, se vincula con un ingeniero que anda de paso. Dirigida por Athina Rachel Tsangari (The Slow Business of Going, 2000), la cinta apuesta por romper la narrativa vía las coreografías en las que las amigas simulan rituales animales y por medio de la inserción de encuadres que enfatizan los tránsitos vividos por la veinteañera. Evocativa y agridulce.
Fish Tank (GB-PB, 2009) se inscribe en la tradición del realismo social inglés, enfocándose en la agresiva adolescente quinceañera Mia (Katie Jarvis, notable), quien vive en un departamento con su también joven madre (Kierston Wareing) y su pequeña hermana precoz, entre una constante violencia verbal y un entorno entre apático y hostil. Su vida parece estar en estado de paro, si no fuera por su gusto para bailar hip-hop y alguno que otro enfrentamiento con otros jóvenes del rumbo. La llegada del nuevo galán (Michael Fassbender) de su madre provocará reacomodos impensados.
Dirigida por Andrea Arnold (Wasp, 2003, corto ganador del Oscar) con una fotografía traslúcida, encuadres arriesgados y tomas prolongadas, la cinta propone algunos apuntes simbólicos –caballo, pez- y va tejiendo una creciente tensión que puede explotar hacia cualquier dirección. En una clara necesidad de contar con un poco de atención, Mia puede despojarse en algún momento del enojo que la agobia, aderezado con la amenaza de ir a un internado, y mostrar interés en otra persona o en un proyecto, acaso en sí misma: bailar también puede ser una forma familiar para comunicarse.

LIBRANDO DILEMAS IDEOLÓGICOS
Hadjewich (Francia, 2009) es una meditación acerca de los misterios de la fe religiosa como liberación y, en la confusión, como posible estado de enajenación. Escrita y dirigida por Bruno Dumont (Camille Claudel 1915, 2013), quien tiende a explorar la bondad y la maldad (Fuera de Satán, 2011), así como la soledad brutalmente interrumpida (29 palmas: pasiones salvajes, 2003) y la violencia en sus diversas formas (La humanidad, 1999; Flanders, 2006), la cinta enfatiza los procesos de transformación religiosa experimentados por su doliente personaje.
En efecto, somos testigos de la forma en la que Céline, una pudiente joven veinteañera interpretada con devoción por Julie Sokolowski, es expulsada de un convento para regresar a casa de sus padres en París. Tras conocer a un joven árabe y todavía con el misticismo a flor de piel, decide involucrarse con un grupo religioso islamista. Como hiciera en La vida de Jesús (1997), aquí vuelve a contrastar posturas religiosas cristianas y musulmanas, a través de la búsqueda divina emprendida por la joven protagonista.
Secreto de estado (Secret Défense, Francia, 2008), sigue los pasos de Diane (Vahina Giocante, convincente), una estudiante que termina siendo reclutada por el servicio secreto francés para luchar contra el terrorismo, causa a la que se une Pierre (Nicolas Duvauchelle), un joven problemático que busca respuestas en un grupo extremista. Dirigida por Philippe Haïm (Barracuda, 1997; Les Dalton, 2004), la cinta se entromete en los procesos de adoctrinamiento y de cómo le pueden dar sentido a vidas vacías, a pesar de los desengaños.
Personajes con doble juego, involucramiento inoportuno de afectos y misiones de espionaje al borde de la resistencia física y emocional para concluir que, ciertamente, un agente no es una persona, sino un arma: al final terminas solo y con la identidad destrozada, si es que sobrevives. Realizada con nervio a partir de un guion que incluye sólidas vueltas de tuerca y un estilo suficientemente turbio, se alcanzan a presentar las dos posturas del Islam, evitando el acostumbrado maniqueísmo, y las tácticas oscuras de quienes se supone son los defensores de la libertad.

VIAJAR EN EL TIEMPO

23 enero 2014

Una forma de trasladarse a través de diferentes momentos de la vida es reconstruir con la propia memoria los sucesos experimentados, sus causas, consecuencias y contextos. La otra manera es por cortesía de la imaginación, la fantasía y hasta la ciencia ficción: el tránsito ya no solo es mental, sino físico, y de pronto uno se puede ver en una situación pasada en cuerpo y alma, con la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos.
Pero ya sabemos que más conviene aprender del pasado para reconstruir el presente que andarse lamentando, pretendiendo cambiarlo o considerarlo como insuperable. Un par de películas que retoman estas posibilidades para viajar por el tiempo en las que las relaciones familiares ocupan el centro del argumento, aderezadas por circunstancias que influyen en cómo padres e hijos van resolviendo sus propios vínculos y, en su caso, manteniéndolos más allá de los espacios temporales, entre la conservación y la ruptura de la tradición: siempre es momento para corregir el rumbo.

LA BATALLA POR LA IGUALDAD: ENTRE LA OBEDIENCIA Y EL PUÑO EN ALTO
Basada en la historia real de Cecil Gaines, quien atendió a ocho presidentes como eficaz y silencioso mayordomo, y dirigida con sentido del equilibrio por Lee Daniels (Preciosa, 2009; Amores peligrosos, 2012) El mayordomo de la Casa Blanca (The Butler, EU, 2013) sigue la azarosa vida del protagonista desde los años veinte, cuando su familia fue destruida en una plantación de algodón y empezó a aprender a ser un “negro de la casa”, hasta su larga trayectoria en el servicio del hogar presidencial, pasando por su proceso de aprendizaje en un hotel y la conformación de su propia familia.
Sustentado en el artículo de Wil Haygod, el abarcador guion de Danny Strong, responsable de Recuento (Roach, 2008), sobre las elecciones del 2000 en Estados Unidos, contextualiza suficientemente todos estos años de historia, en particular los años sesenta y la emergencia del movimiento de los Derechos Civiles en favor de los afroamericanos, clave para entender el núcleo dramático del film: la relación entre el mayordomo, de alguna manera obediente y sumiso, y su primogénito, quien se suma a los esfuerzos contestatarios –de Luther King a Malcolm X- para buscar la igualdad ciudadana. El mayordomo
Además, está la difícil relación matrimonial por las largas ausencias y el hijo menor, buscando equilibrar el vínculo familiar. Dentro de los grandes acontecimientos históricos, están las pequeñas historias personales de gente común, como sucedía en Desde el jardín (Being There, Hashby, 1979), que resulta ser testigo presencial de hechos que cambian el curso de las sociedades, en este caso, con especial énfasis la lucha de los afroamericanos para ocupar los mismos espacios públicos, poder votar y ganar salarios similares a sus pares blancos, con los referentes de Nelson Mandela y, a manera de culminación, la llegada de Obama a la Casa Blanca.
Con una edición que le brinda la necesaria dinámica elíptica al film, no obstante su larga duración y los varios años transcurridos que contempla, el filme avanza de manera consistente y dramáticamente sólida, planteando con claridad los conflictos centrales y contextualizando oportunamente los periodos presidenciales retratados, con todo y cuidadoso diseño de producción que incluye ciertas secuencias de discreto humor, como si de coreografías musicales se tratara.
La mirada por momentos condescendiente, sobre todo con algunos de los presidentes, no priva a la historia de su creciente y sentido tono dramático, impulsado por una contundente actuación de Forest Withaker, contrapunteada por la de David Banner como el hijo desobediente y soportada por Ophra Winfrey, además de las breves actuaciones de rostros conocidos encarnando al equipo de servicio y a los presidentes, luciendo una dedicada labor de maquillaje que se extiende a la vejez del matrimonio protagonista.

TIEMPO PARA LA COTIDIANIDAD
Dirigida y escrita por Richard Curtis (Los piratas del rock, 2009; Realmente amor, 2003) con la amabilidad, gracia y cuidado habitual hacia sus personajes como lo ha hecho en sus guiones (Cuatro bodas y un funeral, 1994; Notting Hill, 1999; El diario de Bridget Jones, 2001; Caballo de guerra, 2011), Cuestión de tiempo (About Time, RU, 2012) es una comedia con tintes de fantasía acerca de un joven común (Domhnall Gleeson) que en su mayoría de edad recibe la noticia por parte de su padre de que los hombres de su familia pueden viajar al propio pasado.
Las relaciones familiares y de pareja se convierten en el centro de esta historia con particular énfasis en la importancia de valorar el presente, más que en lo que pudo haber sido o en cómo se pueden evitar los sucesos no deseados con saltos al pasado. Para complementar el desarrollo argumental, se insertan secuencias acompañadas de una narración en off y música a tono, en especial con la pregunta que esbozan The Waterboys: How Long Will I Love You?
Además de la indudable química entre el actor protagonista y Rachel McAdams, quien ya había participado en cintas románticas con quiebres temporales o de memoria (Te amaré por siempre, 2009; Votos de amor, 2012), las actuaciones de soporte de Bill Nighy como el papá alivianado, de Tom Hollander con el dramaturgo-casero amargado y de Richard Cordery como el tío extraviado, le dotan a los inteligentes y sencillos diálogos una chispa que va del humor a la reflexión bienvenida.
En lugar de vivir dos veces el mismo día, disfrutarlo desde la primera y pensar que la felicidad está escondida en la cotidianidad.

MUD: EL RÍO COMO HOGAR Y ESCAPE

23 septiembre 2013

Entre las diversas vertientes fílmicas estadounidenses, el llamado cine independiente tuvo un auge importante durante la década de los noventa del siglo pasado (aunque heredero de las obras de finales de los sesenta), sobre todo porque empezó a llegar a un mayor público y tuvo una difusión que trascendió el territorio de los festivales.
Un cine en el que prevalecen los retratos de gente común, alejado de grandes producciones y centrado en las emociones, vivencias y experiencias de los personajes, interpretados primero por actores desconocidos y después por rostros reconocibles, que alternan las cintas mainstream de los estudios con producciones más discretas, aunque con frecuencia de mayor profundidad.
En esta tendencia se inscribe El niño y el fugitivo, (Mud, EU, 2012), notable ejemplo de cómo contar un historia a través de imágenes evocativas, cargada de diálogos sensibles y creíbles, con motivos e intenciones claramente visibles e inteligentemente develados: una serie de situaciones cocinadas a fuego lento en las que se van involucrando hechos pasados con consecuencias presentes y miradas hacia un incierto horizonte de futuro, a pesar de las cruces protectoras contra los malos espíritus.
Escrita y dirigida por Jeff Nichols (Shotgun Sories, 2007), quien vuelve a posar su mirada en una comunidad entre la ruralidad y el urbanismo como lo hiciera con Atormentado (Take Shelter, 2011), la cinta se centra en la relación que establece un hombre en estado de huida con dos preadolescentes que deciden ayudarlo para cumplir con sus propósitos: el vínculo se va fortaleciendo, además, porque este efímero Robinson Crusoe comparte con uno de ellos la difícil toma de conciencia acerca de la finitud de las relaciones amorosas: por más que duela, en determinadas circunstancias, conviene sepultarlas.
Es así como se va entendiendo que el amor no puede ser sencillo: la historia termina siendo un proceso de intensa educación sentimental, conformado por momentos de alcance poético –las aves en el cielo y en las manos, el beso silencioso- con otros de violencia directa que deja marcas en el rostro y en el alma apenas insertándose en el campo de batalla de las relaciones de pareja. Pero también la terquedad de la realidad termina por ser contundente para aprender a desaparecer con lacónico despido a la distancia, cuando ya no hay nada más que construir.
El conflicto central se instala para empezar a incorporar otro tipo de problemas, como si se tratara de una serpiente de río apoderándose del contexto cargado de rencillas añejas, vínculos fracturados y secretos por develarse. En el asoleado panorama, cada vez quedan menos espacios para esconderse, incluso para las ostras irremediablemente capturadas por ese buzo de cabeza metálica con luces incandescentes. El hogar queda a expensas de la destrucción simbólica y la balsa sobre el árbol se convierte en la última esperanza para navegar por otras aguas.
MudMientras que el espíritu de Mark Twain se pasea libremente por los parajes agrestes, justo como el Mississippi, la historia va incrementando la tensión de manera paulatina, como dando tiempo a que las situaciones queden por completo narradas y las relaciones totalmente establecidas: este ritmo narrativo le confiere al film una particular emotividad que se desliza casi de manera silenciosa pero que llegado el momento de la conclusión, ya estamos metidos hasta el cuello en las emociones generadas.
La música country, particularmente expresada a través de sutiles guitarras que abren o cierran episodios definitorios, contribuye a la creación de la atmósfera del Estados Unidos alejado de las grandes ciudades y los suburbios relucientes, retratado en filmes recientes como Una niña maravillosa (Zeitlin, 2012); Invierno profundo (Granik, 2010), Río Helado (Hunt, 2008), Río maldito (Estes, 2004) y, desde luego, Cuenta conmigo (Reiner, 1986), basada en la novela de Stephen King: en efecto, detrás del poderío imperial subsisten pequeñas comunidades a las que la mano invisible del mercado parece nunca haber tocado, como ésta ubicada en Arkansas.
El director sabe sacar provecho de sus intérpretes tanto adultos como infantiles: Matthew McConaughey entrega una sólida actuación como este forajido eterna y enfermamente enamorado, mientras que Tye Sheridan (El árbol de la vida) encarna con verosimilitud al joven en proceso de soltar los puños y abrir los ojos al mundo, junto a su inseparable amigo (el debutante Jacob Lofland), al tiempo que resiste una relación a punto de romperse entre sus bienintencionados padres (Sarah Paulson y Ray McKinnon).
Además, el filme es una muestra de cómo presentar y desarrollar a personajes secundarios: ahí está el hermano vengador y su padre, alejados de la hueca figura de los villanos inmisericordes; de la novia detonadora del conflicto (Reese Witherspoon, buscando el anti-glamour); del tío buscador de joyas en el mar (Michael Shannon, viejo conocido del director) y del misterioso vecino solitario (el gran Sam Sheppard): todos ellos encuentran un sitio justo y pertinente en el desarrollo argumental, con la implícita carga de misterio que los acompaña.
Las tomas abiertas de coherente transición, mostrando paisajes de angustiosa quietud o montadas en los vehículos por agua y tierra, permiten acentuar las expectativas y acompañar a los personajes en sus procesos de toma de decisiones, además de aquéllas movidas por el impulso inmediato, detonador de consecuencias que difícilmente pueden preverse y que conducen a la necesidad de seguir actuando al filo del río, donde se puede encontrar mucha basura pero de vez en vez, objetos valiosos: como la posibilidad de volver a creer en los demás.