Archive for 30 mayo 2015

PACIFICA QUARTET EN LEÓN

30 mayo 2015

Al escuchar un cuarteto de cuerdas se puede viajar de una profunda intimidad a una intensidad expansiva, dada las inmensas posibilidades sonoras y el amplio abanico estructural que ofrecen sus elementos: no es casual que se trate de una de las formas mejor aprovechadas de la música de cámara por parte de diversos compositores inmortales, quienes encontraron en esta formación un vehículo ideal para convertir en armonías sus geniales ideas melódicas, en particular desde la segunda mitad del siglo XVII y que en pleno siglo XXI se mantiene como una alineación estelar, tanto para los vanguardistas como para los tradicionalistas.

Como parte de esta larguísima tradición en el ámbito de la música clásica, Pacifica Quartet se formó en 1994 y muy pronto empezó a cosechar premios y reconocimientos no solo gracias a su impecable virtuosismo en la ejecución, sino sobre todo por su contagiante y emotivo estilo interpretativo, abarcando diversos compositores a los que integran, con el debido respeto dados los nombres de quienes se trata, a su peculiar forma de tocar que incluye una poco frecuente capacidad de riesgo. Asentado en Bloomington, Indiana, la agrupación está conformada por Simin Ganatra (primer violín), Sibbi Bernhardsson (segundo violín); Masumi Per Rostad (viola) y Brandon Vamos (chelo).

Ya con el prestigioso Naumburg Chamber Music Award en sus vitrinas, las grabaciones oficiales empezaron a partir del nuevo milenio. Debutaron con String Quartets by Easly Blackwood (2000), que incluye los tres cuartetos del también profesor, pianista y teórico musical nacido en Indianápolis en 1933: indicativo que el cuarteto presentara en primer término las composiciones de un paisano. Junto con Michael Tree como invitado en la viola tejieron String Quartet No. 13 in G Major Op. 106; String Quintet in E-Flat Major Op. 97 (2001), disco de vibrantes interpretaciones de las obras compuestas hacia finales del siglo XIX por el genial romántico checo Antonín Dvořák.

Ahora reconocidos con el Chamber Music America’s Cleveland Quartet Award y por el Lincoln Center en el 2002, y después de colaborar con el experimentalista Julius Hemphill en One Atmosphere (2003), siguieron explorando los terrenos del romanticismo con gran sensibilidad y se aventuraron a interpretar los cuartetos de otro compositor de corazón gigante: así quedó plasmado Mendelssohn: The Complete String Quartets (2005), como para recordar que la vida también está hecha de amores y desamores que se pueden curar con la expresividad de las cuerdas. Al año siguiente volverían a ser reconocidos con el Avery Fisher Career Grant, convirtiéndose, de acuerdo a su página de internet, en el segundo cuarteto en recibir este honor.

Pacifica QuartetCon Declarations: Music Between the Wars (2006), dieron un elusivo giro e integraron de manera exploradora y magistral tres obras compuestas entre 1922 y 1931, mostrando la notable amplitud de sus posibilidades estilísticas: el disruptivo Cuarteto no. 2 del checo Leoš Janáček; el de la inglesa de avanzada Ruth Crawford Seeger, titulado 1931, y el Cuarteto no. 4 opus 22 del teutón Paul Hindemith, figura central de la escena musical de la primera mitad del siglo pasado.

El siguiente desafío artístico recayó en las obras de Elliott Carter String Quartets nos. 1 and 5 (2008) y String Quartets nos. 2, 3 and 4 (2009), la primera de ellas reconocida con el Grammy y que en su conjunto representan una brillante alternativa para acercarse a la obra del músico neoyorquino, siempre transitando del clasicismo al avant-garde y que falleciera en el 2012. En el 2009 fueron nombrados como el ensamble del año por Musical America e iniciaron una residencia en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York y en el 2012 en la University’s Jacobs School of Music de Indiana; anteriormente hicieron lo propio en la Universidad de Illinois.

DE RUSIA CON AMOR

Una expedición por la grandeza de la música de cámara soviética del siglo XX, con Shostakovich y Prokofiev a la cabeza, redundó en cuatro volúmenes conocidos como Soviet Experience: String Quartets by Dmitri Shostakovich and His Contemporaries (2011-2014), toda una aventura por el carácter de aquella nación en la que también se incluyeron composiciones de otros artistas vitales como Alfred Schnittke y de Myaskovsky y Winberg, un par de músicos poco conocidos (al menos para un servidor), pero cuyas obras traen indudable sello de origen.

Cambiando de rumbo pero apuntando a los más grandes compositores de la historia, se animaron a grabar Mozart & Brhams: Clarinet Quintets (2014) con el apoyo del virtuoso clarinetista Anthony McGill, de la Metropolitan Opera: del máximo genio precoz se incluye el Quinteto en La mayor para clarinete y cuerdas, K. 581, también conocido como Quinteto Stadler y del gigante alemán su Quinteto para clarinete y cuarteto de cuerdas en si menor op. 115, ambos de sublime belleza que nos trasladan a mundos de reconocible atemporalidad.

Viajeros frecuentes alrededor del planeta y llenos de encargos para estrenar e interpretar obras diversas, ahora tenemos el privilegio de tenerlos en nuestra ciudad donde tocarán, según el programa anunciado, el Cuarteto N° 6, en si bemol mayor, opus 18 de Beethoven; el Cuarteto no. 1: Metamorfosis nocturnas de Ligeti y el Cuarteto en Fa mayor de Ravel: un balance estético que gusta de los contrastes pero siempre en los contornos de la música como expresión sublime del espíritu.

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UN CABALLERO INGLÉS EN LEÓN

22 mayo 2015

Ha reconstruido vasos comunicantes, cual hombre puente, entre las imágenes en movimiento y las notas musicales, entre la fotografía y el análisis musical, entre la reflexión de las estructuras sonoras y el manejo de las lentes para capturar la vida en movimiento. Este aliento renacentista lo ha llevado a desarrollarse en distintas disciplinas y, dentro de ellas, en varias áreas: compositor de óperas, ballets, conciertos, soundtracks, cuartetos de cuerda y música de cámara con su banda (fundada en 1977), además de conductor de orquesta, intérprete, fotógrafo, cineasta, guionista y crítico musical, sobre todo de 1968 a 1978.

Prolífico como John Zorn, con indudables lazos estilísticos provenientes del minimalismo de Cage y Glass, deudor de clásicos como Purcell y Mozart y compañero de propuestas de Ennio Morricone, Glenn Branca, Steve Reich y Wim Mertens, Michael Nyman (Stratford, 1944) es un explorador heredero de las tradiciones inglesas y de las resonancias sonoras anidadas en el siglo XX, cuando la melodía dejó de ser el componente principal de las propuestas musicales para adentrarse en la escultura del sonido como forma moldeable y campo exploratorio con posibilidades atonales y disonantes.

El también escritor del clásico ensayo Experimental Music. Cage and Beyond (1974), disponible en la red, decidió vivir en México, específicamente en la colonia Roma del DF, poco a poco dominada por los hipsters (ver la entrevista de Miriam Canales en Milenio, 20/05/15): una tierra acorde a su incansable espíritu buscador de sonidos y visiones que sólo acá confluyen con tal intensidad transdisciplinaria. Un no-lugar donde sucede lo que jamás pensamos que podría ocurrir.

CINE EN EL PENTAGRAMA

Muchos de nosotros lo conocimos gracias a las películas de Peter Greenaway de la década de los ochenta (El contrato del dibujante, 1982; Drowning By Numbers, 1988; El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante, 89; Los libros de Próspero, 1991), aunque escribía música para cine desde 1976, año en el que apareció su disco Decay Music, producido por Brian Eno y en el que la orientación era más experimental. Como apuntó Alex Ross, su música para Una zeta y dos ceros (1985) “da un aire cortesano barroco a resoplantes diseños minimalistas.” (El ruido eterno, 2009: 659).

En efecto, el manejo del contrapunteo entreverado con efusivas repeticiones se convirtieron en el sello de la casa: un piano que igual hacía el trabajo rudo que el delicado, con una base rítmica de sostenida emotividad, construye intersecciones con cuerdas enfáticas o alientos adiposos, finalmente convincentes más por elusivos que por insistentes. Las fronteras entre las músicas culta y popular quedaban gratificante difuminadas: ahí están las colaboraciones con músicos ligados al rock o con representantes de las músicas que palpitan alrededor del mundo, más allá de los confines del eurocentrismo.

Michael NymanSu aporte musical para El Piano (Campion, 1993) le abrió los conductos auditivos al gran público, dada su emotiva accesibilidad. El trabajo para componer scores se multiplicó: para Gattaca (Niccol, 1997) buscó un esquema musical más acorde a los productos de los grandes estudios y dos años después se llenó de chamba: Nabbie no koi (Nakae, 1999); Voraz (Bird, 1999), junto a Damon Albarn; la sensibilidad a punto con El ocaso de un amor (Jordan, 1999); la eficacia en Wonderland (1999) y la maestría ecléctica de The Claim (2000), ambas de Michael Winterbottom. Su versatilidad le permitía ponerle acordes a propuestas fílmicas de muy distinta ralea y de géneros que al parecer poco tenían en común.

Entre otras muchas cintas, ha musicalizado también Nathalie X (Fontaine, 2003); El decadente (Dunmore, 2004); Never Forever (Kim, 2007) con intensa actuación de Vera Farmiga; el espléndido documental Man on Wire (2008) y 9 meses 9 días (Ramírez, 2009), texto fílmico mexicano sobre los tres pescadores perdidos y milagrosamente aparecidos: como diría Daniel Sada, porque parece mentira, la verdad nunca se sabe. También le entró al cine de horror fantástico desplegado en Krokodyle (Bessoni, 2010). El documental NYman With a Movie Camera (2010) retoma su interés por el trabajo del precursor Dziga Vertov y su genial obra silente.

En años recientes ha musicalizado, entre otros, los documentales La maleta mexicana (Ziff, 2011), en el que se narra la recuperación de 4500 negativos de la guerra civil española, guardados durante 70 años en un clóset en el DF; Miradas múltiples, la máquina loca (Maillé, 2012), sobre el gigante de la fotografía Gabriel Figueroa; Eighteam (Rodríguez Briso, 2014) acerca de la recuperación de la selección de Zambia después del trágico accidente aéreo que sufrieron y Jag är Ingrid (Björkman, 2015), obra en la que se retrata la vida de Ingrid Bergman con el apoyo de su hija Isabella Rossellini.

También grabó la música para el filme argentino de corte social Elefante blanco (Trapero, 2012); el drama familiar Everyday (2012) nuevamente colaborando con Winterbottom y 2 Graves (Mc Devitt, 2013), retrato de un hombre en pleno viaje existencial motivado por la muerte de su padre.

FUERA DE LA PANTALLA

Además de sus reconocidas obras para el cine, vale la pena acercarse al resto de su vasta obra, como el racional The Kiss and Other Movements (1985); la marcha fúnebre Memorial (1986), en recuerdo de los aficionados del Juventus muertos en la tragedia del estadio Heysel, temática retomada en la Symphony no. 11: Hillsborough Memorial (2014), para recordar a los seguidores del Liverpool que perdieron la vida; Six Celan Songs (1990), basado en la poesía de Paul Celan e interpretado por Ute Lemper; Exit no Exit (2006), obra para clarinete y cuarteto de cuerdas y sus trabajos junto a David McAlmont.

En sus óperas, ha visitado temas tan disímbolos como The Man Who Mistook His Wife for a Hat (1987) basada en la novela médica de Oliver Sacks;  Letters, Riddles and Writs (1991) con Mozart como personaje; Noises Sounds and Sweet Airs (1994), soportada en La tempestad de Shakespeare; la monumental Facing Goya (2002), Man and Boy: Dada (2003), sobre la amistad entre el artista Kurt Schwitters y un niño de doce años, y Love Counts (2005) por poner algunos ejemplos de su amplísimo catálogo, que incluye seis conciertos y cuatro cuartetos de cuerda.

Con esos lentes de pasta gruesa en los que habita una mirada abierta y creativa, Michael Nyman y su banda visitan nuestra ciudad para regalarnos una mágica noche sonora en la calzada de las Artes del Forum Cultural.

JOAQUÍN SABINA EN LEÓN

14 mayo 2015

Si queremos convertir a la cotidianidad en objeto de sentidas, humorísticas, picarescas y reveladoras sentencias, qué mejor que escuchar y cantar al lado de ese poeta lúdico que transforma el día a día en jugosas analogías capaces de arrancarnos sonrisas y lágrimas por igual. Imaginativo escultor de frases memorables a ras de piso y admirador de José Alfredo Jiménez y Bob Dylan, además de todos los que quepan en medio, Joaquín Sabina (Úbeda, 1949) es uno de los principales cantautores en nuestro idioma (aunque no le gusta mucho que le digan así, según parece), junto con Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat y Víctor Manuel.

Estudió con las Carmelitas y los Salesianos. Tuvo que irse de España por sus ideas de izquierda, motivo de persecución en la época franquista. Durante su estancia en Londres desarrolló diversas actividades culturales y aceptó a miembros de ETA en su casa, acción de la que después se arrepentiría. Fue en Inglaterra donde escribió Memorias del exilio (1976), un cuaderno de canciones que alimentó su debut musical Inventario (1978), ya de regreso a su tierra una vez muerto el dictador.

Mejor letrista que compositor, aunque ha contado con el apoyo de Pancho Verona y Antonio García de Diego, vocalista aguardentoso y evocativo a la vez, presentó Malas compañías (1980), en el que se incluyó Calle melancolía, su primera canción ampliamente conocida, y Pongamos que hablo de Madrid, pieza sobre una ciudad recurrente en su obra, convertida en una compañera imprescindible para su vida. Junto con Javier Krahe y Alberto Pérez, firmó La mandrágora (1981), álbum grabado en vivo en el sótano del café que da título al disco.

El regreso en solitario se tituló, simbólicamente, Ruleta rusa (1984), que incluyó Juana la Loca ySabina Caballo de cartón, dos clásicos tempranos, mientras que Juez y parte (1985) en complicidad con Viceversa, representó el primer gran disco con piezas como Balada de Tolito, una de mis favoritas, y la imprescindible Princesa, así como algunas otras de aliento rocanrolero; este trabajo alcanzó su complemento en vivo, nombrado simplemente Joaquín Sabina y Viceversa en directo (1986).

Hotel dulce hotel (1987) lo convirtió en un artista conocido más allá del circuito español, sobre todo por Así estoy yo sin ti, canción de obligada educación sentimental para quienes andábamos en esos menesteres, y Que se llama Soledad. La década de los ochenta concluyó con El hombre del traje gris (1988), entre preguntas por meses extraviados mientras Eva toma el sol. Si estos años fueron de reconocimiento y admiración, su obra alcanzaría la cumbre en la década siguiente.

MENTIRAS PIADOSAS PARA SOPORTAR LA CRISIS

Ya con un dominio pleno de sus herramientas lingüísticas, con la creatividad a punto y a partir de melodías e instrumentaciones más pulidas, entregó Mentiras piadosas (1990), mi favorito sentimental con esa belleza de canción de absoluta nostalgia llamada Con la frente marchita. En plan de alquimista y de posesivo, produjo Física y química (1992), anunciando que nos dieron las diez y Esta boca es mía (1994), llevándonos por el bulevar de los sueños rotos para recoger siete crisantemos.

Partiendo de la individualidad para construir un nosotros, Yo, mi, me, contigo (1996) contó con la presencia de personajes como Manu Chao, Pedro Guerra y Charly García e incluía cortes como Y sin embargo y Postal de La Habana, otra de sus ciudades predilectas. Después del irregular Enemigos íntimos (1998), compuesto junto con Fito Páez, volvió a su mejor nivel con 19 días y 500 noches (1999), cerrando el milenio a tambor batiente con una de sus obras en la cúspide: es Sabina luciendo unas alas negras, cual ave de buen agüero.

Después de superar serios problemas de salud, presentó Ciento volando de catorce (2001), disco en el que recita diversos sonetos, y Nos sobran los motivos (2001), otra muestra de su indudable carisma en vivo. En Dímelo en la calle (2002), el cantante se sube al ring y se pone los guantes para regalarnos algunos duelos verbales con la imaginación reconocida, ahora sí musicalizados, mientras que Diario de un peatón (2003) es un disco-libro que incluye su anterior producción más algunas rarezas, lados B y un par de videos. Alivio de luto (2005) complementó esta especie de resurrección y segundo o milésimo aire, como los pájaros de Portugal.

Vendría después Vinagre y rosas (2009), álbum característico que muestra al ubetense aún cosas por decir, como se deja escuchar en Tiramisú de limón. Con la complicidad de Serrat produjo Dos pájaros de un tiro (2008), grabado en vivo durante su recorrido por España y América Latina, y La orquesta del Titanic (2012). Grabado en el Luna Park de Buenos Aires, otra ciudad por la que siente una gran simpatía, 500 noches para una crisis (2015) se desprende de la gira que ahora lo trae, por segunda vez, a nuestra ciudad. Qué bueno que no se bajó en Atocha y siguió su camino hasta estos lares. Bienvenido.

FESTIVAL CEREMONIA

9 mayo 2015

Para seguir sumando celebraciones musicales en nuestro país, ahora llega la tercera edición de este festival que apuesta al eclecticismos y a la combinación de géneros. Se llevará a cabo en el Foro Pegaso, ubicado en la carretera Toluca-Naucalpan del Estado de México. Una mirada fugaz a algunos de los ilustres invitados.

ROCK

Formado a mediados de la década de los 00´s, The Horrors es un quinteto inglés de Southend que ha sabido integrar tendencias del rock que van del postpunk de su tierra con atmósferas que se despliegan en tinieblas, y de ahí los sonidos primigenios del garage que se manifiestan en Strange House (07) su sólido debut que muy pronto los colocó, a pesar de la saturación de propuestas, en el radar de los escuchas que apreciaban ese toque arty de su imagen y sonido.

Continuaron con el estupendo Primary Colours (09) matizado por un sonido más cercano al gótico de finales de los setenta y principios de los ochenta, mismo que en Skying (11), su siguiente disco, aunque mostrando una mayor iluminación en texturas, vía un teclado más encendido, sin apartarse de cierto espíritu proveniente de mundos oscuros. Con Luminous (2014), en efecto, encontraron la luz de su estilo, sin que ello signifique absoluta madurez, sino un proceso en el que se siguen aventurando por parajes que enriquecen su propuesta.

HIP-HOP

Rodeado de una humareda permanente y relajante, el usualmente alivianado californiano, aunque contestatario Calvin Broadus, mejor conocido como Snoop Dogg, apodo puesto por su madre, se inició en los rudos ambientes del gangsta rap a principios de los noventa. Su presencia en el clásico The Chronic (1992) de Dr. Dre impulsó su trayectoria, pronto aprovechada para grabar su álbum debut Doggystyle (1993), seguido del breve soundtrack Murder Was the Case (1994): sus problemas con la ley potenciaron el estatus del rapero, pero su valía estaba más en su fino sentido para la melodía y su rítmica contagiante, además de su notable e inconfundible capacidad narrativa.

Después de Tha Doggfather (1996), tuvo continuidad en la década de los noventa con álbumesFestival ceremonia irregulares como Da Game Is to Be Sold, Not to Be Told (1998) y No Limit Top Dogg (1999). Sin embargo, con una rítmica envolvente como si de una cortina de humo se tratara y rimas afiladas que parecían romper con su pasado violento, presentó álbumes más redondos a partir del nuevo milenio como Tha Last Meal (2000), Paid tha Cost to Be da Boss (2002), quizá el mejor de su carrera, R&G (Rhythm & Gangsta): The Masterpiece (2004) y Tha Blue Carpet Treatment (2006).

La tendencia continuó con Ego Trippin (2008) Malice N Wonderland (2009), Doggumentary (2011), Reincarnated (2013), con fuerte influencia de reggae y firmado como Snoop Lion, y Bush (2015), barnizado de R&B con invitados distinguidos como Stevie Wonder, Kendrick Lamar, Rick Ross, Charlie Wilson y Gwen Stefani; la producción corrió por cuenta de Pharrell Williams, cuyo apoyo ha resultado vital para el rapero a lo largo del presente siglo. Además, gusta de aparecer frente a las cámaras, como se advierte en las películas y series televisivas en las que ha participado, casi siempre actuando (es un decir) como Snoop Dog.

Por su parte, Pusha T es uno de los principales raperos de la escena actual. Después de representar la mitad del aguerrido y fraterno dúo Clipse, de notable contribución al género durante la década pasada con tres discos en su trayectoria, el nacido en el Bronx bajo el nombre de Terrence Thornton fue cobijado por Kanye West y grabó el casero Fear of God (2011), seguido del oficial Fear of God II: Let Us Pray (2011), aunque su consolidación solista vino con My Name Is My Name (2013), uno de los mejores álbumes del año de Hip-Hop, aunque con un fuerte aderezo de R&B.

ELECTRÓNICA

Formado por los músicos Kenny Glasgow y Jonny White en Toronto hacia finales de la década pasada, el dueto Art Department se dio a conocer con el sencillo Without You, pronto invadiendo las pistas de baile durante el 2010. Debutaron con el imparable largo The Drawing Board (2011), plagado de brillantes matices electrónicos que colocó al grupo en un lugar visible dentro de la escena tecno. Regresaron con Social Experiment (2013), álbum de mezclas que antecedió a Natural Selection (2014), justo para celebrar la fiesta en un ambiente evolutivo.

Autonombrado Chet Faker para diferenciarse de algún homónimo y como un homenaje al gran jazzista Chet Baker, presente en su infancia auditiva por los gustos paternos, el australiano Nick Murphy empezó su carrera con un cover a la canción No Diggty, original de Blackstreets. Su estilo sosegado, de sentida parsimonia y pausada emotividad se reflejó en el EP Thinking in Textures (2012), orientado, en efecto, a brindarnos una ambientación para reflexionar más allá de la epidermis vía una inteligente conversación.

Después de grabar el EP Lockjaw (2013), una colaboración con su colega Flume, presentó Built On Glass (2014), ciertamente construido a partir de una electrónica abierta, de rítmica cadenciosa y cuidadosamente montada, como si estuviera sostenida por elusivos soportes de vidrio: toda una lección de paciencia acompañada de un cigarro solitario, mientras se despliega una atmósfera en lógica downtempo.

FAMILIAS AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS

4 mayo 2015

Un par de películas sumamente disfrutables y ligeras en el buen sentido, enfocadas a exponer diversas situaciones que viven sendas familias en contextos y momentos distintos. Comedias familiares por razón doble: el tema que abordan, alrededor de las peripecias y vicisitudes que experimentan y  la orientación que plantean en sus tratamientos argumentales. Ir al cine para vivir buenos momentos, justamente, en familia, y ya de paso darse la oportunidad de espejearse un poco.

RECONFIGURACIÓN FAMILIAR

Los musulmanes representan el 7% de la población francesa y la mayoría, desde luego, son pacíficos, como se advirtió en la reciente manifestación que llevaron a cabo contra el Estado Islámico; en Francia se encuentra la comunidad judía más grande después de las de Estados Unidos e Israel, con una población de aproximadamente 600,000 personas, aunque en el 2014 emigraron 7,000 por el creciente antisemitismo; en cuanto la población asiática, más o menos representan el 3% y la africana el 6%. Estamos en uno de los países con mayor diversidad étnica, religiosa y cultural.

Dirigida con dinamismo y entendible condescendencia por Philippe de Chauveron, dado que estamos ante una de las llamadas feel good movies, Dios mío ¿qué hemos hecho? (Qu’est-ce qu’on a fait au Bon Dieu?, Francia, 2014) retrata un fenómeno intercultural presente y creciente en la nación gala, pero desde la intimidad y el microcosmos de una familia en pleno proceso de ampliación (o reducción, según se vea), a partir de una perspectiva amable e integrista, que contrasta con los terribles sucesos recientes del ataque al semanario satírico Charlie Hebdo.

Un matrimonio tradicional católico de la provincia francesa se enfrenta tanto al proceso del nido vacío como a tiempos de apertura y cambio, ya no solo vistos en París, sino en buena parte del territorio nacional: su hija mayor se casó con un abogado musulmán (Medi Sadoun); la segunda con un negociante judío (Ary Abittan); la tercera con un banquero chino (Frédéric Chau) y la cuarta está en el proceso de contraer nupcias con un actor teatral, africano de raza negra (Noom Diawara), primero confundido con el valet parking por parte del padre de la novia.

Con muy simpáticas secuencias que parecen sucederse una tras otra, vemos las bodas en el registro civil y el contraste entre las multitudes de los novios con la ausencia de invitados de las novias: únicamente los papás con cara de angustia y de preguntarle a Dios, como apunta el título, qué hicieron mal para que sus hijas no asumieran los valores nacionalistas de Francia, aunque se entone la Marsellesa con enjundia, y de la religión católica. Los tiempos están cambiando, diría Dylan.

Dios mío..Las reuniones familiares, ya nos imaginaremos, pueden convertirse en un infierno o todo lo contrario, una muy buena oportunidad para aprender nuevas costumbres y ampliar horizontes: depende del tipo de prejuicios que se tengan. Interesante y cómica resulta la forma en la que se cruzan las percepciones durante la convivencia familiar y posterior a ella, cuando las parejas conversan acerca de los demás.

El filme se decanta por un tono irónico, manteniéndose en la corrección política aunque de pronto atreviéndose a burlarse de ésta, en el que se aprovechan los estereotipos culturales para elaborar humorísticas situaciones, complementada con la ruptura de ciertos moldes: el chino no es tan inescrutable y sonríe; el musulmán es más abierto y aplica la ley civil y el judío no es tan bueno en los negocios; incluso no siempre comen lo que se supone que debían disfrutar y hasta el patriarca africano (Pascal N’Zonzi) tiene su corazoncito, a pesar de representar una tierra históricamente saqueada por los países europeos.

Si bien dos de las hijas quedan un cuanto tanto desdibujadas (Frédérique Bel, Julia Piaton), el trazo de los personajes trasciende la caricatura multicultural, incluyendo la esposa del chino, con una hipersensibilidad muy afrancesada (Émilie Caen, en el llanto perpetuo), y la más chica (Élodie Fontan), rechazando convencionalismos sociales (el pesadito galán que le presentan sus padres) y en el trance de tomar la decisión de casarse o no, en virtud de los problemas presentados no solo de parte de su familia, sino de su posible suegro, al fin tan prejuicioso como su propio padre: pero cuando se buscan coincidencias, se encuentran.

Christian Clavier le da vida con gran soltura y un amplio registro cómico al padre de familia, un tipo gaullista, sarcástico y con ese complejo de superioridad que tienen algunos franceses en relación con otras naciones y culturas; mientras tanto, Chantal Lauby personifica con credibilidad a la madre, primero dubitativa y después buscando la interculturalidad a toda costa, junto a su probable consuegra (Salimata Kamate). Las actuaciones de los maridos, del cura y del patriarca africano, redondean un elenco bien seleccionado para los propósitos humorísticos del film. Para reírse a pierna suelta.

REORGANIZACIÓN FAMILIAR

Dirigida por Miguel Arteta, con amplia experiencia en las series televisivas, Alexander y un día terrible, horrible, malo… ¡muy malo! (EU, 2014) es una entretenida peripecia familiar que parte de la conocida advertencia de tener cuidado con lo que uno desea. Combinación oportuna de humor y la inevitable dosis de drama, orientada a mandar un mensaje claro y directo, aunque sin caer en un moralismo excesivo. La agilidad del relato, la creación de situaciones y las solventes interpretaciones contribuyen a captar la mirada y el interés.

Un padre desempleado y sobrecalificado pero un poco fuera de ritmo, entrándole a la crianza con enjundia mientras busca chamba (Steve Carell); madre siempre ocupada con fuertes presiones laborales (Jennifer Garner); dos hijos adolescentes con sus asuntos característicos, uno entrando a la pubertad alrededor del cual gira el conflicto (Ed Oxenbould, simpático) y un bebé, como para complicar más la situación. Como si de un ecosistema se tratara, la familia funciona de acuerdo al nivel de interacción entre sus miembros y en la manera en la que se comparte la atención, el interés y los problemas.

ENTRE LA LIBERTAD Y EL PECADO

1 mayo 2015

Las relaciones entre el individuo y las estructuras sociales continúa siendo una de las temáticas más complejas para entender el mundo de hoy; ampliamente estudiadas por la sociología, estas vinculaciones se van transformando y modificando permanentemente, según la época, el lugar y los contextos singulares en los que se desarrolla. El margen de acción libre de la persona y las oportunidades o limitaciones impuestas por las condiciones económicas, políticas, sexuales, raciales y sociales en las que se desenvuelve, resulta una diada que sigue siendo susceptible de nuevas miradas.

Un par de notables películas que formaron parte del Festival de Cannes en el 2013, coinciden en el análisis de casos concretos en distinto tiempo y circunstancia, aunque colocando a sujetos en situaciones difíciles frente a las estructuras y condiciones adversas: la necesidad de migrar, la injusticia o ausencia de oportunidades laborales, el abuso hacia la figura de la mujer… ya sea a principios del siglo XX o del XXI, parece que hay situaciones que tienden a repetirse como si de un maleficio se tratara.

Sin victimizar a sus personajes con manipulaciones melodramáticas, al contrario, y sin pretender dar clases de moral no solicitadas sobre lo que debería ser la sociedad, se trata de dos obras fílmicas que nos invitan a pensar, más que en asentir. Disponibles en video y en el mundo de las plataformas digitales.

CULPA Y ESCAPE

Con una violencia subyacente que en ocasiones emerge de manera inesperada, breve y contundente, el director Jia Zhang-Ke (Plataforma, 2000; Naturaleza muerta, 2006; 24 City, 2008), perteneciente a la sexta generación de los cineastas chinos y también documentalista, presenta la multigenérica Un toque de pecado (China, 2013), en la que apenas se rozan cuatro historias con sendos personajes que viven en el gigante asiático con su particular mezcla de capitalismo de estado y totalitarismo político, generador cada vez más de diferencias de clase y de esquemas que admiten corruptelas, con el consecuente hartazgo de ciertos individuos que buscan rebelarse de alguna manera.

Toque de pecadoUn obrero (Wu Jiang) denuncia a diestra y siniestra las pillerías sistemáticas del patrón, secundado por otros empleados y por las autoridades: como respuesta recibe una golpiza que, lejos de amedrentarlo, lo impulsa a tomar cartas en el asunto de una manera extrema. Mientras observa un camión volcado, pasa un joven motociclista emigrante (Baoqiang Wang), viajando por caminos que lo llevan a su pueblo o a la ciudad, pistola en mano, defendiéndose de posibles asaltantes y convirtiéndose en uno: una sociedad donde las armas terminan por ser una última compañía.

Una mujer (Tao Zhao) que mantiene un amorío con un hombre casado es descubierta, golpeada y humillada, para deambular con el cuerpo y el corazón roto: termina trabajando como recepcionista en un sauna donde tiene que soportar el abuso de algún cliente; en esa búsqueda laboral también se encuentra un joven (Lanshan Luo) que se enfrenta a un mercado de trabajo reducido, limitado y explotador: no parece haber muchas opciones, ni siquiera ante la oportunidad de convivir con una chica que ejerce la prostitución.

La cámara nos pasea con cierto desasosiego por áridas ambientaciones, entornos fabriles y rurales o de insultante elegancia abigarrada que contrasta con zonas de hacinamiento, esta reflexión a manera  de collage de la China contemporánea parece avanzar sin precisar el destino, deteniéndose en los microrrelatos para continuar su camino, entre agresivos actos de justicia por propia mano y retratos de una soledad atrapada por estructuras impávidas: como si de un salto al vacío se tratara.

MIGRACIÓN Y AUSENCIA

Dirigida con pincel en mano por James Gray (Furia de perros, 1994; La traición, 2000; Dueños de la noche, 2007; Amantes, 2008), Sueños de libertad (The Immigrant, 2013) recrea con acierto una época y estado de ánimo muy particular en la historia de Estados Unidos, nación de migrantes con diferente suerte y estatus: el sueño americano, ya los sabemos, para algunos es una pesadilla, aún hoy en día. El filme sigue a dos hermanas polacas que, tras sufrir algunas vejaciones en el trayecto, logran desembarcar con la bienvenida de piedra de la estatua de la libertad.

Una de ellas se tiene que quedar en el hospital por estar enferma, mientras que la otra, a punto de serInmigrante deportada por alguna falta en su registro, es salvada por un ambiguo hombre que le ofrece protección y apoyo: al no tener otra opción, después de intentar quedarse con sus tíos, la recién llegada queda sometida a este sujeto que navega entre la culpa, el abuso y la búsqueda irremediable de la redención, mientras regentea una especie de teatro-burdel bajo las órdenes de una severa matrona.

Las interpretaciones de Joaquin Phoenix y Marion Cotillard consiguen imbuirnos en una relación tormentosa e injusta, aderezada por la presencia de un tercero (Jeremy Renner), el primo de este hombre que resulta ser un mago de buenas maneras y al fin rival en este relacional triángulo más bien escaleno. Si bien la premisa puede sonar ya demasiada vista, la forma de construir a los personajes y, sobre todo, la puesta en escena, resultan claves para destacar la imposibilidad de salidas para esta inmigrante.

Una paleta cromática que privilegia el rojo y el amarillo, con iluminaciones sosegadas y una cámara que propone encuadres divididos de manera natural, como para enfatizar la dualidad en la que se mueve el protagónico y el doble papel que tiene que desarrollar esta mujer para poder salvar a su hermana: el rostro sumido en una pantalla ennegrecida, ya sea escondiéndose o confesando los pecados necesarios, transmite con fuerza la determinación de quien, a pesar de las estructuras de autoridad corruptas, seguirá durmiendo con un arma bajo la almohada.