KURSK: NEGLIGENCIA CRIMINAL

14 septiembre 2019 by

Tras el desastre humano y ambiental en Chernobyl, el sistema estatal soviético siguió su proceso de colapso que estalló a finales de los años ochenta. Poco más de diez años después, en el arranque del siglo XXI, otra catástrofe se vivió ahora en Rusia: un submarino nuclear de 154 metros de largo y poco más de diez de alto conocido como Kursk K-141, se hundió el 12 de agosto del 2000 en el mar de Barents por la explosión de un torpedo sobrecalentado que no se alcanzó a lanzar en un ejercicio de prácticas, mismo que provocó pocos minutos después que otros artefactos similares corrieran la misma suerte, matando a la mayoría de la tripulación, conformada por 118 personas; los sobrevivientes, alrededor de treinta, alcanzaron a refugiarse en la sala 9, esperando ser rescatados y luchando con sus propios medios para prolongar su vida.

Basada en Un tiempo para morir (2002) de Robert Moore, con guion de Robert Rodat y dirigida con solvencia intachable por el versátil danés Thomas Vinterberg (Todo es por amor, 2003; La caza, 2012), quien se diera a conocer con su aclamada La celebración (1998), inserta en el movimiento Dogma 95, Atrapados: una historia verdadera (Kursk, Bélgica-Luxemburgo-Francia, 2019) arranca con la realización de una boda de uno de los marinos que muestra el compañerismo del resto, vendiendo sus relojes para terminar de pagar la fiesta y lanzando brindis y cánticos jubilosos, antes de embarcarse en la inesperada calamidad. La apertura funciona para que podamos identificar a los personajes y en cierta forma conectarnos con ellos, sobre todo para darle mayor fuerza afectiva a las secuencias posteriores.

El realizador de la profunda Submarino (2010), de título premonitorio sobre su actual cinta, aunque en otra tesitura dramática, consigue aprovechar los espacios físicos y emocionales para desarrollar las diversas emociones que flotan en la historia, algunas hundiéndose irremediablemente y otras surgiendo frente a la adversidad; notable es el aprovechamiento de la luz propia de la narración para filmar las escenas al interior del submarino. La edición consigue entreverar con fluidez las secuencias en los dos ámbitos principales donde se desarrollan los acontecimientos: el interior angustioso y solidario, y el exterior controvertido y conflictivo, cargado de incertidumbre. Un score por momentos apesadumbrado y en otros más emotivo, acompaña los sucesos de dolor y esperanza en torno al hundimiento con puntual coherencia.

El reparto cumple con interpretaciones que permiten adentrarse en la tragedia, desde las diversas perspectivas contempladas: Matthias Schoenaerts, a quien el realizador ya había dirigido en Lejos del mundanal ruido (2015), combina el tono heroico con el íntimo, en tanto Léa Seydoux en el papel de su esposa, muestra la desazón y la capacidad de enfrentamiento con el sistema, topándose con pared en la figura del venerable Max Von Sydow, acá como el imperturbable y mentiroso jefe que impide la posibilidad de toda ayuda extranjera. Colin Firth asume el rol del líder de la flota británica en plan apoyador, en tanto Peter Simonischek (Toni Erdmann, 2016) el del comandante ruso que lamenta la situación de infraestructura y política de su patria; el resto del elenco cumple con la representación de las claustrofóbicas y dramáticas situaciones.

Inscrita en el cine de desastres y tangencialmente bélico, si bien particularmente emparentada con filmes como Colosos del mar (Wise, 1958), Al borde del abismo (Harris, 1965), Das Boot (Petersen, 1981), La caza al Octubre Rojo (McTiernan, 1990), Marea roja (Scott, 1995), U-571: La batalla del Atlántico (Mostow, 2000), K-19: The Widowmaker (Bigelow, 2002) y Misión submarino (Marsh, 2018), entre otros, que se han sumergido en los mares desde la realidad o la ficción para adentrarse en los laberínticos submarinos y sus peripecias, la cinta logra mantener la tensión a pesar de conocerse el desenlace de la historia, entre las intentonas de los rusos con su equipo obsoleto –el otro se fue para que los turistas bajaran a ver el Titanic- y la llegada de buzos noruegos y británicos, a pesar de las resistencias de la burocracia.

Por alguna equivocada razón (probablemente para evitar problemas políticos de mayor escala), en la película no se menciona en ningún momento al presidente Putin (sí, el mismo que está ahora), quien optó por irse de vacaciones (en aquel momento), acentuando el desprecio de un sistema por sus propios hombres, considerados solo marineros dispuestos a morir por su patria. El orgullo absurdamente entendido de no pedir ayuda a tiempo, por aquello de no mostrarse falibles y acaso ocultar algunos secretos militares, fue una de las principales causas de la profundización de la tragedia, en similar tesitura al desastre acaecido 14 años antes.

Por supuesto, la mentira descarada se usó como arma –fallida- de contención ante el juicio de un mundo más globalizado y sobre todo frente a la desesperación de los familiares, tratados como ciudadanos de segunda fácilmente manipulables. Elocuente es la mirada y actitud del hijo del protagonista: un sistema que le quitó a su padre no merece recibir un saludo, solo miradas de dolor, desprecio y absoluta incomprensión por cómo un gobierno puede tratar así a su propia gente, tanto a los marinos al pie del cañón, como a sus seres queridos.

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BIENVENIDOS SONIDOS DIVERSOS

31 agosto 2019 by

A partir de géneros varios como la electrónica, el jazz y el metal con toques exploradores, músicos que andan por tierras mexicanas despliegan sus propuestas para compartirlas con nosotros y alterar orejas, nervios o pies, según el caso: o todos las anteriores. Y además, un trío formado por acá que vale mucho la pena. Veamos.

PISTA INTENSA EN CÓDIGO FEMENINO

Con formación clásica, la treintañera Laurel Halo, originaria de Michigan ahora asentada en Berlín, gusta de entrarle a las labores propias de DJ y de explorar diversos territorios dentro del universo de la electrónica, a partir de los influjos de Detroit, esa ciudad donde ahora solo los amantes sobreviven. Tras asimilar diversas culturas eléctricas, debutó con el intrigante Quarantine (2012), tapizado por ensoñaciones oscuras que servían de base para la evolución de traslapadas vocalizaciones desafiantes, como emergidas de ambientes vaporosos. Siguieron Chance of Rain (2013), de carácter más inasible y evasivo, y el indicativo In Situ (2015), como para confirmar el contexto de realización y la continuidad en referencia a su predecesor.

Incorporando elementos del R&B y apuntes jazzísticos vertebrados con notas del popart, en el marco de los sonidos digitales, presentó Dust (2017), volviendo a compartir su voz a sabiendas que en eso nos convertiremos, en tanto Raw Silk Uncut Wood (2018), mi favorito, se enfocó en las instrumentaciones con un carácter más avant-garde, potenciadas por la contribución del chelista Oliver Coates y el percusionista Eli Keszler. Tras colaborar con músicos notables y ser parte de diversas celebraciones, acaba de grabar DJ-Kicks (2019), su aporte a la famosa serie de remixes de música electrónica para la disquera ¡K7 Records, en la que participan varios colegas y que ha contado con participantes cabecillas del género.

También con rigurosa formación clásica en vías de expansión, la chelista y compositora Lori Goldston creció en Long Island y se mudó a Seatlle a mediados de los ochenta, donde fundó pocos años después la Black Cat Orchestra, que fusionaba sonidos varios de diferentes partes del mundo y que grabó un par de álbumes, además de funcionar como soporte para varios artistas como David Byrne y Mirah. Como solista, dado el prestigio construido y la amplitud de miras, colbaoró con grupos como Nirvana y Earth, ahí nomás. Estampando su firma, grabó Film scores (2013), poniéndole sonidos a imágenes que refieren a situaciones cargadas de incertidumbre.

Tras seguir con sus contribuciones, produjo Creekside: solo cello (2014), en el que se da vuelo sin necesidad de atender exigencias externas: solamente su inspiración casi surgida en el momento, que termina por ser hipnótica. Después grabó The Seawall (2017) junto con Dan Sasaski, y Études no. 11 (2017), además de participar en el disco de The Passion of Joan of Arc (2018), al lado de Baker y Belfi. Su arco interpretativo es amplio, no solo en términos técnicos, sino de estilos emanados de diversas partes del mundo, además de aprovechar los espacios y recursos como el del pizzicato para la improvisación creativa.

DEL GRUPO AL INDIVIDUO

Stephen O’Malley es el conocido líder del grupo de doom/drone/metal Sunn O))), entre otros proyectos, pero también ha desarrollado una carrera en solitario digna de escucharse, sobre todo por las atmósferas cavernarias que consigue crear a partir del empleo de instrumentaciones y secuencias que nos llevan adentro de la cueva, no obstante su orientación vanguardista. En plan individual resulta más calmo, como se advierte en 6 Degree F Skyquake (2008), Keep an Eye Out (2008), Cocon & Oiseau De Nuit (2010) y Romeo (2011), álbumes en los que indaga acerca de emociones más contenidas que explosivas, más implícitas que explícitas, más sugeridas que expresadas.

Al parejo de sus otros trabajos en equipo, siguió grabando discos como el contenido St. Francis Duo (2012),  seguido por Shade Themes From Kairos (2014), perpetrado junto con los brillantes exploradores Oren Ambarchi y Randall Dunn, en tono pausado e introspectivo. Después de grabar el inquietante y continuista Gruidés (2015), produjo Eternelle Idole (2015), invitando a través de tres piezas a escaparse de la inmediatez y sumergirse en una realidad de sonidos impredecibles pero siempre absorbentes: nos coloca, cual debe, en una posición de espera para adentrarnos en el disfrute de la experiencia sonora.

En tanto, desde Nueva Orleans, el ex vocal de Pantera Phil Anselmo, ahora con su grupo The Illegals,plantando cara a las recientes políticas del vecino del norte, llega con bríos intactos para, a través de Walk Troughts Exits Only (2013), volver a explotar con vocales guturales y riffs calculados con velocidad incomparable en estado creciente, abriendo espacios para el movimiento descontrolado. Claro, con Choosing Mental Ilness (2018) confirmó que los estados mentales alterados convienen para seguir caminando por este valle de sombras, pedaleando hasta que el cuerpo aguante: tanta razón suena desfasada y poco útil para asimilar estas intensidades neurológicas.

UN POCO DE JAZZ ENTREMEZCLADO

Love Electric es un trío internacional de fusión que revisita con robusta soltura el rock y el jazz, compuesto por el estadounidense Todd Clouser (voz, guitarra), el argentino asentado en la CDMX Hernan Hecht (batería y producción) y el chilango Aaron Cruz (bajo), que han contado con la presencia incombustible del afamado tecladista John Medeski. Grabaron el consistente Son For a Hero (2014) y se dieron a conocer, sobre todo, a partir del sólido Psychmonde (2016), de dinámica contagiante y recordando los influjos setenteros de la música que traspasaba fronteras genéricas, incluso dándose tiempo para los pasajes poéticos cargados de sensibilidad

HOLLYWOOD: DE LAS SOMBRAS A LA DECADENCIA

24 agosto 2019 by

No es fácil definir a Hollywood: puede ser un reluciente conjunto de grandes estudios fílmicos, un paraíso decadente, una zona delimitada donde se vive el sueño americano o un aparato ideológico que implica grandes ganancias económicas. Un camino oscuro y sinuoso de mundos alternativos, cual película de Lynch; la edulcoración de las producciones cinematográficas o el sustento de este arte popular, el más de todos. Lo cierto es que se trata de un entramado heterogéneo –decir que una película es hollywoodense no alcanza a definirla en absoluto- donde caben propuestas que van desde la fórmula mejor calculada para la taquilla, productos pronto olvidables y hasta cintas que se vuelven clásicas al paso del tiempo.

Los setenta atestiguaron la renovación del star system con la aparición de directores fundamentales: Coppola, Spielberg, Scorsese, Altman y Allen, entre otros, retomando ya los influjos de cintas que advertían los tiempos de cambio producidas a finales de los sesenta, todavía con distribución marginal. Pero en el último año de la década descrita terminó la inocencia del amor y paz, con flores en las orejas y, en buena medida, la fantasía hippie: una secta, liderada por un tipo siniestro, perpetró un crimen salvaje en el que murieron una actriz, esposa de un director famoso, y sus acompañantes: la utopía de las margaritas y girasoles mostraba su lado enajenadamente salvaje, como bien lo advirtió The Velvet Undergorund.

DECEPCIÓN AMERICANA

Más que una historia del todo articulada, Había una vez en Hollywood (Once Upon a Time in Hollywood, EU-RU-China, 2019), que dicho sea de paso hubiera sido mejor utilizar el “érase” en lugar del “había”, se sustenta en viñetas alegóricas, brillantes la mayor parte de ellas; incluso en un momento determinado, como consecuencia de darle cauce al curso de los acontecimientos, se recurre a un narrador para explicar el destino del protagonista en cierta etapa de su carrera, siempre al borde del olvido o de caer irremediablemente en picada. Todavía se hacía una gran distinción, a diferencia de los tiempos que corren, entre el cine y la televisión: ahora las grandes luminarias, casi todas, aparecen en la pantalla chica y en la grande. Si se me permite la distinción longitudinal.

La novena película del escritor, actor y director Quentin Tarantino, sin contar sus intervenciones en otras producciones como Cuatro habitaciones (1995), La ciudad del pecado (2005) y Grindhouse (2007), vuelve a retomar un periodo histórico o suceso real, como en el caso de Bastardos sin gloria (2009) y Django sin cadenas (2012), para buscar cierta rectificación o transformación de los sucesos verídicos, acaso en consonancia con los deseos de muchos y en una tesitura de explotación, aprovechando la estética del cine B para explorar otras posibilidades narrativas y estilísticas, insertando secuencias de violencia directa sin demasiada conmiseración y para el agrado del respetable. Tarantino busca el aplauso de la tribuna.

Leonardo Di Caprio entrega una actuación notable como el patético actor de cine de western que va dando pasos hacia abajo, según la consideración de la época, directo a las series de televisión y de ahí a las películas de género en Italia (hoy ser parte de un programa televisivo no es nada mal visto); Brad Pitt, trabajando como doble, funciona muy buen en cuanto complemento afectivo, sobre todo fuera de la pantalla, sirviendo en tareas diversas que incluyen arreglar la antena del televisor –mientras sueña un duelo con Bruce Lee- chofer, carga maletas, acompañante de borracheras y cuidador de la mansión- todavía rescatable pero en la idea de las pinturas de David Hockney, enfatizando la soledad de las estrellas.

Algunos de los personajes están inspirados en hombres y mujeres reales y en general contribuyen a la construcción de la recreación de la época, como el productor encarnado por  Al Pacino (en plan de Caracortada de bar); Bruce Dern, como el viejo sometido que acoge a la secta, actuando como Geroge Spahn. También están el de Dakota Fanning, como intentando controlar todo el asunto cual pelirroja invisible y el de la adolescente Margaret Qualley, simbolizando la manera en la que la secta entre satánica y hippie se fue involucrando en el territorio de las estrellas. Los diálogos resultan tan eficaces como las distintas puestas en escena, sobre todo las que involucran, especialidad del director, peleas y violencias con su respectiva cuota de absurdo.

Una buena referencia para adentrarse en la cinta es la novela de la debutante Emma Cline, Las chicas (Anagrama, 2016), en la que se devela el proceso de convocatoria por parte de la secta hacia jóvenes solitarias e incomprendidas, detonadas por si hiciera falta, por la película de El bebé de Rosemary (1966), en la que justamente un culto tenía que cuidar al hijo del diablo. Por su parte, Damian Lewis, asumiendo el papel de Steve McQueen, aparece deseando lo imposible y esperando el gran escape, en tanto Emile Hirsch, incondicional y eterno enamorado de la actriz, junto con la pareja de amigos de Polanski, se mantienen en la casa del susodicho. Y en reparto de las jóvenes manipuladas por esa mente diabólica, se presentan actuadas

Hay referencias a Lancer, interpretada por James Stacy (Timothy Olyphant), en la que el villano realiza una notable secuencia bien reconocida por la niña actriz, como para recuperar la confianza, y en la que también aparece Luke Perry, encarnando a Wayne Maunder. Hay homenajes a series como Bonanza, FBI y el Avispón verde, y se hace referencia directa  a los asesinos y a la enfermiza secta de Charles Manson. Bienvenidas son las intervenciones de Kurt Russell, lidiando entre los empleados y la esposa; además de un homenaje a Natalie Wood, fallecida en extrañas circunstancias (lo que se suele decir cuando alguien poderoso la mató. Entre Hullabaloo homenjare y Vicio propio (Anderson, 2014), nos extraviamos en el final de los años secretos.

La cámara se desplaza con elegancia, gracias al efectivo uso de grúas que se elevan y descienden en los escenarios, para brindar un panorama de los contextos y saltar barreras entre casas de lujo, sets de grabación y calles curvas que bien se aprovechan para meter el acelerador; también se posa en los zapatos o directamente en el suelo, como para dar idea de que todos tenemos, aunque no lo queramos, los pies en la tierra: tiempos de velocidad desenfrenada en los que jovencitas pueden pedir aventón sin temor a ser descabezadas. Son años de cierta inocencia, a pesar de que se crea que se está transgrediendo los límites culturales: pura imaginería hippie.

La recreación de época para construir el espíritu de los sesenta en su fase final es notables, sobre todo en una ciudad como los Ángeles, tal como se muestras en la secuencia de la manera en la que se van prendiendo los locales correspondientes, considerando las referencias a nosotros como mexicanos, más allá de quienes reciben el coche; por supuesto, suena el folkpop de Simon & Garfunkel, la motivación de Neil Diamond, el ímpetu de Bob Seger, la pesadez de Deep Purple y en particular Paul Revere & The Raiders, colocando el sonido necesario para establecer el ambiente propuesto desde la expresión visual.

Revisionismo parece ser la palabra para Tarantino. Desde sus épocas atendiendo un videoclub hasta su consagración como director de altos vuelos, ha sabido incorporar tendencias y proponer un sello propio. Ni el genio que se supone, ni el copiador simplista: la justa medida aplica para el cine de este hombre que ama las imágenes en movimiento y que, si bien se le puede acusar de experto imitador en ciertos círculos, le ha inyectado al cine norteamericano una buena dosis de alternativa expresiva, que tanto gusta a los europeos. No es el gran renovador, pero tampoco el simple reproductor de estilos. Es una cosa y otra.

SUBTERRÁNEOS: DOPPELGÄNGERS Y COCODRILOS

19 agosto 2019 by

Dos películas que se sumergen o se entierran, según el caso, para descubrir un mundo que acecha a los de arriba, solo esperando que las condiciones sean propicias para hacerse presentes y atacar a destajo, formando alianzas para que la cacería sea más eficaz. El agua a torrentes y los espejos oscuros, cual vehículos para acceder a una realidad deseada, en donde las presas luchan por conservar primero la vida y después, si se puede, los privilegios acostumbrados. Curiosamente, otro de los lazos entre ambas cintas es Tiburón (1975), el clásico de Spielberg que remite a los ataques de los cocodrilos en una, y a las secuencias de la playa, en la otra, con todo y playera incluida; además, está Espejos siniestros (2002), relacionada con la primera cinta comentada y dirigida por el realizador de la segunda, como si de un riesgoso puente se tratara.

JUEGO DE ESPEJOS

Al doble siniestro de una persona viva sin vínculo sanguíneo se le denomina con el vocablo alemán doppelgänger, usualmente acechante y portador de mala suerte. La idea es en sí misma terrorífica: pensar que hay una entidad como yo que no soy yo pero es igual a mí, mueve a cierta sensación de ruptura, de dislocación, de cierta angustia existencial. El espejo no siempre refleja la imagen que nos gustaría e incluso, como se aprecia en las ideas borgianas y en los cuadros La reproducción prohibida y El falso espejo del pintor surrealista belga René Magritte, nos puede dar la sensación de que el reflejo está en la misma posición que nosotros, mirando al frente, cobrando vida propia e independiente. Acaso como sucede en el universo de los sueños, a veces trastocados en pesadillas.

Nosotros (Us, EU, 2019) la segunda película de Jordan Peele, también comediante metido al cine de terror cargado de alegorías sociales, parte de una premisa inquietante en la que el enemigo es una versión pervertida de los propios protagonistas. Una niña de vacaciones con sus padres se extravía en una casa de espejos, en donde advierte que su reflejo cobra vida. Al salir de ahí y tras vivir esa experiencia, manifiesta dificultades para comunicarse y expresar emociones. Años después, ya como mamá (Lupita Nyong’o, entre angustiada, afónica y desquiciada) va al mismo lugar de descanso con su esposo (Winston Duke, distendido) y sus dos hijos (Evan Alex y Shahadi Wright Joseph), donde conviven con otro matrimonio y sus hijas gemelas.

Si en ¡Huye! (Get Out, 2017), su debut fílmico como director, el tono de metáfora sutil funcionaba de manera impecable para ejemplificar a los blancos dizque progresistas, salvo su improbable desenlace, acá la trama se desliza paulatinamente hacia un trazo más grueso, enfocada en la lucha de la familia justamente para volverse huidiza y sobrevivir ante la invasión de sus símiles en plenas vacaciones: un papá vociferante, un hijo pirómano/canino llamado Pluto, una hija de sonrisa macabra y la mamá, única que puede hablar con vocalizaciones forzadas y quien parece dirigir el asalto al hogar de la familia y a toda la ciudad de Santa Cruz en California, al grito de Hands Across America y bajo la profecía de Jeremías, advirtiendo el castigo ineludible por más que se clame piedad.

A diferencia del enfoque de comedia surrealista de El ladrón de orquídeas (Jonze, 2002), de Una vez en la vida (Dead Ringers, Cronenberg, 1988), donde los gemelos hacen alianza hasta que una mujer trastoca su vínculo y más cerca del thriller El otro (Mulligan, 1972), con hermanos tomando caminos morales distintos, y del suspenso sicológico de Doble amante, amante doble (Ozon, 2017), la historia se sacude del tono convencional en su parte media, pasada la premisa inicial, con una conclusión que vuelve a reflexionar en torno a la otredad en términos síquicos y a la meritocracia desde una perspectiva social, en la que se puede cuestionar qué le corresponde a cada quién en el entramado de las sociedades contemporáneas. Claro que abundan las referencias fílmicas de los ochenta y a la cultura del Hip-Hop: ahí está la llamada para que suene el clásico de N.W.A.

Al inicio se anuncia que existe una buena cantidad de túneles e instalaciones abandonadas de las que poco se sabe, mientras que en los créditos de apertura aparecen varios conejos blancos en jaulas y se observa uno de otro color; algunas secuencias se desarrollan en esos sitios, entre una estética aséptica y lúgubre, siempre sospechosa, donde se expone el otro lado del espejo, lleno de seres que parecen truncos, dominados por una fuerza exterior como si de zombis se tratara y emulando lo que sucede en el exterior, allá arriba, sin entender del todo que existe esa otra realidad más colorida y disfrutable, donde se pueden pintar los labios (notable en la brevedad Elisabeth Moss) o usar una cómoda bata (Tim Heidecker, en modo superfluo).

JUEGO DE REFLEJOS

Dirigida con notable destreza técnica y amplio sentido de la angustia por el parisino Alexandre Aja (Furia, 1999; Cuernos, 2013; La resurrección de Louis Drax, 2016), Infierno en la tormenta (Crawl, EU-Francia-Serbia, 2019) centra su atención en cómo la fuerza de la naturaleza, cada vez más alterada por la intervención del ser humano provocando el calentamiento global, se dirige directamente contra la propia sobrevivencia de nuestra especie a través, en este caso, de lluvias torrenciales, a nivel de huracán categoría 5, que convierten calles y casas en territorio dominado por hambrientos cocodrilos, quizá representando esa molestia del planeta asfixiado, que aprovechan la circunstancia para ampliar los márgenes de su voracidad.

Una joven nadadora (Kaya Scodelario, como pez en el agua) se lanza al rescate de su padre (Barry Pepper) en medio de un ambiente altamente peligroso por la fuerza, justamente, de la tormenta que azota una región pantanosa en Florida; al llegar a la casa de éste, encuentra al perro y decide ir al hogar donde vivían antes, cuando todavía estaban juntas las hermanas, la madre y el susodicho, quien a la vez era el entrenador de natación de su luchona hija. Es ahí en donde tendrán que vérselas con la inundación que parece interminable y con el peligro que encierra la proliferación de los lagartos, cuya conducta está bien estudiada por el guion, identificando sus debilidades y fortalezas, en función de la presencia o no de agua.

Con una edición que mantiene la tensión y concisión narrativa y un desplazamiento de cámaras efectivo y ágil, tanto por arriba como por debajo del agua y en interiores y exteriores, jugando con las diferentes perspectivas de los involucrados en la catástrofe, incluyendo los temibles reptiles dedicados a lo suyo, la cinta consigue construir el escenario de claustrofobia y, sin caer en demasiados sentimentalismos, se orienta a escudriñar las ganas de seguir viviendo del padre y de su hija, a pesar de encontrarse en ese contexto de claustrofobia y completa angustia, tal como el realizador lo había trabajado en El despertar del miedo (Haute Tension, 2003), Despertar del diablo (The Hills Have Eyes, 2006) y Piraña 3D (2010).

JÓVENES AL FILO: BATALLAS

11 agosto 2019 by

Personajes que buscan resolver sus conflictos y seguir adelante, cayendo y levantando para encontrarle sentido a su existencia. Luchando contra las drogas, las rutinas asfixiantes o las limitaciones para alcanzar propósitos más allá de lo que se vislumbra como plausible. Todas las cintas se encuentran a la mano en las plataformas de confianza o físicamente en el formato de DVD o Blue Ray.

BATALLA CONTRA LA ADICCIÓN

Un par de películas que plantean la lucha que sostienen sendos jóvenes contra la dependencia a las drogas, no obstante contar con padre o madre cercanos y tener cualidades más allá de la mayoría. Interpretados por dos brillantes actores que ya despuntan en el mundo fílmico (nominados al Oscar), bien arropados por un reparto de experiencia asumiendo el rol de sus padres, los personajes encarnados muestran la fragilidad ante la dependencia aún cuando no se observan de manera nítida las causas para caer en estas terribles garras. En ambos casos cuentan con progenitores razonables que están en su segundo matrimonio, con hermanos menores que los aprecian y extrañan, y que se mantienen emocionalmente cerca de ellos.

Dirigida por Peter Hedges (Momentos de perdón, 2003; Dan en la vida real, 2007; La extraña vida de Timothy Green, 2012), Regresa a mí (Ben is Back, EU, 2018) es una mirada en 24 horas de cómo una madre (Julia Roberts, siempre al pendiente), confía y busca convencerse de que su hijo adicto (Lucas Hedges, ansioso), sorpresivamente recién llegado para la navidad, puede mantenerse sobrio para el festejo, conviviendo con su hermana distante (Kathryn Newton, conocida por su papel en Big Little Lies) y sus dos pequeños medio hermanos afroamericanos, producto del nuevo matrimonio de su madre con Neal (Courtney B. Vance), también incrédulo frente a la visita inesperada.

En un poblado bañado por la nieve de carácter premeditadamente conservador, con todo y discretos apuntes raciales (“si fuera negro, estaría en la cárcel”), se revisan, a partir de una puesta en escena funcional y ciertos pasajes fotográficos que enfatizan la soledad interna del personaje, a pesar de buscar el hogar como refugio, mascota incluida, las diferentes tentaciones que los contextos presentan para las recaídas o para la ruptura, una vez más, de la confianza que siempre una madre mantiene como estandarte: esta vez sí va a ser diferente, contra lo que el resto de los allegados pudiera pensar. Así el amor materno.

Dirigida por el belga Felix van Groeningen (Bélgica, 2016; El círculo roto, 2012), Beautiful Boy: siempre serás mi hijo (EU, 2018), se basa en el texto autobiográfico del periodista independiente David Sheff y de su hijo Nic (Timothée Chalamet, frágil y huidizo a la vez) , quienes narran los difíciles momentos de adicción del joven y el doloroso acompañamiento de su padre (Steve Carell, sensible), soportado por su actual esposa (Maura Tierney, comprensiva) y de la madre del susodicho (Amy Ryan, estoica), sosteniendo la esperanza de recuperación del extraviado vástago, no obstante las evidencias contundentes en contra, caracterizadas por las recaídas, las mentiras y los robos con tal de evitar la abstinencia.

Lejos de señalar culpables, víctimas o victimarios, la historia se enfoca en la manera en la que los distintos sujetos involucrados van buscando alternativas para la resolución de los problemas, inevitablemente generando conflictos entre ellos, rendiciones, dudas y esperanzas frente a la posible recuperación de un joven talentoso que no sabe, ni él mismo, porqué terminó cayendo en el infierno de la adicción. Con canciones exactas, flashbacks oportunos que enfatizan la relación padre-hijo y notables actuaciones, somos testigos de los esfuerzos y retrocesos, parte del proceso curativo, para escaparse de este problema cuyo origen, por incierto, se convierte en más difícil de solucionar.

BATALLA CONTRA LA RUTINA

Dos filmes que retoman casos reales en los que se plantean ciertas condiciones de jóvenes acomodados en Europa, lidiando con la relación parental y la búsqueda de satisfactores que se presentan al alcance de la mano pero no terminan por llenar las expectativas, sobre todo porque puede no saberse, en el fondo, qué es lo que se quiere de la vida; mientras tanto, seguir el curso de los acontecimientos y acogerse a la procrastinación como fórmula para irla llevando en lo que algo del espacio exterior manda señales para reaccionar en algún sentido, cualquiera que éste sea.

Realizada con el acostumbrado tono directo por Fien Troch (Kid, 2012; Unspoken, 2008), Hogar (Bélgica, 2016) retoma un caso real para centrarse en el contexto de un grupo de jóvenes en torno a un centro escolar que pasa el tiempo entre patinetas, algo de droga y acercamientos sexuales, en un contexto donde los padres o están desaparecidos o, en un caso, abusan del hijo en cuestión; el regreso de un joven que había estado detenido por conductas violentas, suma un elemento disonante al ambiente que parece estar bajo un letargo generalizado, entre las rutinas de las labores y las escapadas juveniles de rigor.

La tensión va creciendo dados los conflictos particulares y la supuesta normalidad, siempre escondiendo perversiones, se romperá frente a un hecho previsiblemente violento, en el que se involucran algunos de los jóvenes, que además de lidiar con sus propias dificultades existenciales, ahora se enfrentan a un hecho que los rebasa. Con fotografía dirigida a capturar los interiores de las casas, como para develar lo que sucede tras la fachada de la cotidianidad, la historia se va convirtiendo en una olla de presión que tarde o temprano tendrá que explotar en un entorno donde, en apariencia, nada sucede.

Dirigida y escrita por la debutante en largometrajes Eva Husson, Bang Gang (Una moderna historia de amor) (Francia, 2015), retoma un caso real de un grupo de adolescentes clasemedieros de Biarritz, Francia, que ven la vida pasar entre encuentros sexuales y drogas. George (Marilyn Lima) muestra interés por Alex (Finnegan Oldfield) después de un encuentro y junto con otros amigos de la escuela, como una forma de generar celos, empieza a promover una actividad grupal, que da título al filme, en el que se involucran ideas orgiásticas: poco a poco se van sumando más estudiantes gracias a la novedad del “ejercicio” (retomado del famoso juego de la botella), que irrumpe dentro de sus rutinarias vidas, aunque a fin de cuentas también se vuelva parte de la cotidianidad.

PLANTAS NUCLEARES O EL OSCURO TIEMPO CIRCULAR

3 agosto 2019 by

Un par de programas televisivos de lograda manufactura, una miniserie de cinco episodios y una serie de dos temporadas al momento, rondan las problemáticas surgidas alrededor de la energía nuclear y los avances de la física, desde la recuperación de un tristemente célebre evento, sucedido en la década de los ochenta del siglo pasado, años que también retoma, en una de sus épocas, la otra producción a partir de la ciencia ficción, articulada por la antigua idea de los viajes a través del tiempo: en ambos casos, se observan las estructuras sociales implicadas, las relaciones de poder, los vínculos personales puestos a prueba y las consecuencias específicas que viven los sujetos en contextos de anomalía absoluta.

En el espléndido y cercano para los mortales Lo que no podemos saber (Acantilado, 2018), el matemático londinense Marcus de Sautoy, plantea diversas temáticas científicas que se encuentran en la frontera del conocimiento y que incluso rebasan la propia capacidad de comprensión: así parecen estar los personajes involucrados de estas series, atrapados en mundos que escapan al entendimiento pero que al mismo tiempo los impelen y les exigen acciones con base en lo que se sabe, casi nunca suficiente para tener certezas acerca de la toma de decisiones y sus consecuencias, tanto en el terreno de la realidad como de la contexto sobrenatural. Entonces, surgen las mentiras y los secretos como armas temporales, al final falibles, para enfrentar las eventualidades.

TIEMPO ATRAPADO

Creada por Craig Mazin, dirigida por Johan Renck –con sólida trayectoria en la televisión y en los videos musicales- y producida por la cadena HBO con el habitual sello de calidad de la casa, Chernobyl (EU-RU, 2019) es una concisa recreación del terrible accidente ocurrido el 26 de abril de 1986 en el rector 4 de la planta nuclear, cercana a la ciudad de Pripyat al norte de Ucrania: a lo largo de los cinco episodios se exponen los principales sucesos conocidos tiempo después a cuentagotas, así como el desarrollo de algunos personajes, tanto de los directamente involucrados con los círculos de poder como de personas comunes, las cuales encontraron voz en las emotivas entrevistas de la premio Nobel Svetlana Alexievich, desde una lógica periodística, organizadas en Voces de Chernóbil (1997).

El hilo conductor lo llevan el convencido y lacónico científico Valery Legasov y el enérgico y pragmático Boris Shcherbina, enviado desde el Kremlin para tratar de resolver la situación e identificar culpables, interpretados con gravedad adecuada por Jared Harris y Stellan Skarsgård, respectivamente; al principio renuentes y distantes entre sí, van conformando una mancuerna decisiva para evitar que la tragedia se extendiera aún más de lo que lo hizo; a ellos se les suma Ulana Khomyuk, un personaje ficticio que se incluyó en la trama como un homenaje a todos los hombres y mujeres de ciencia que trabajaron para contener las secuelas de la explosión, bien asumido por Emily Watson en constante estado de urgencia.

Se insertan además algunos relatos colaterales muy significativos como el de los encargados de exterminar a los perros; el del jefe de los mineros y su equipo; el de la esposa que pierde a su marido que fue a atender el estallamiento y el de la mujer que se resiste a evacuar mientras ordeña a su vaca. El drama, el thriller político y la televisión de juzgado articulan los diferentes capítulos con notable equilibrio narrativo y emotivo, soportados por un impresionante diseño de arte que incluye escenarios, vestuarios y utensilios cuidadosamente ambientados a la época que refiere, además de una fotografía que acentúa el tono críptico y angustioso del suceso relatado, musicalizado gélidamente por Hildur Guðnadóttir.

En términos de discurso ideológico, la miniserie ha sido señalada de contar con una mirada demasiado occidentalizada –incluso es hablada en inglés-, orientando su crítica a un sistema totalitario y caduco como el principal responsable de la catástrofe: si bien la estructura burocrática centralizada y vertical provoca la intención de tapar errores y evadir responsabilidades, también se muestran a los héroes dispuestos a arriesgar sus vidas para solucionar la catástrofe; es decir, pareciera que este tipo de jerarquización y disciplina puede ser un arma de doble filo. Por supuesto está también la disputa entre la perspectiva técnica y científica en contraposición a la política y de control de información, tan común en los días que corren.

TIEMPO LIBERADO

Dirigida por Baran bo Odar, también fungiendo como creador junto con Jantje Friese, Dark (Alemania-EU, 2017 – ) es una serie que posa su atención en cómo el ser humano busca encontrar su sentido e identidad entre ideas preconcebidas sobre la predestinación y la imposibilidad de cambiar no solo el pasado, sino un presente lleno de preguntas que difícilmente encuentran una respuesta en la lógica racional. El escenario es un pueblo alemán llamado Winden, en el que varias familiar conviven, tienen conflictos y mantienen vínculos que siempre parecen estar caracterizados por misterios que van más allá de la propia comprensión tanto de padres como de hijos.

Dos familias relacionadas con infidelidad y suicidio incluidos, además de la desaparición misteriosa de un niño, parecen funcionar como el epicentro de una trama con múltiples tentáculos argumentales en los que aparecen un misterioso cura que convence a un niño de seguirlo; un policía intrigado a lo largo de los años, padre de la directora de la planta nuclear; varios jóvenes que viven entre el despertar del amor y los secretos acechantes y otros núcleos familiares y personajes que van y vienen dentro de la trama y, en algunos casos, a través de las épocas que presenta el relato: principios de los años veinte, las que forman el loop cada 33 años como la duración de la vida de Jesús (1953, 1986 y 2019) y hasta un futuro a la Mad Max.

Por supuesto, los viajes en el tiempo generan diversas paradojas de los sucesos vividos como de las relaciones entre los personajes e incluso personales, al grado de poder dialogar con el yo joven, siendo viejo o niño y viceversa: con notable habilidad para tejer la maraña de relaciones, sucesos y diferencias entre los distintos tiempos, a pesar de que por momentos algunos personajes pueden quedar un poco abandonados, la serie se lanza sin demasiado pudor a buscar la reflexión filosófica-existencialista, religiosa y científica, a partir sobre todo de los descubrimientos de la física cuántica, como el bosón de Higgs, también conocida como la partícula de Dios, los agujeros de gusano relacionados con los viajes en el tiempo y los agujeros negros que todo lo desaparecen.

Para ayudar a la comprensión de la trama, se aprovecha una edición fulminante que relaciona a los personajes en sus diferentes edades y momentos, además de basarse en un logrado casting que trasciende los parecidos físicos; los dramas propiamente humanos se entrelazan con la vertiente cienciaficcional que aporta un notable interés narrativo, también logrado por el trazo de los sujetos involucrados en las diversas situaciones, lejos de cualquier maniqueísmo. Los misterios se administran cuidadosamente a lo largo de la trama y el soporte musical de Ben Frost y las canciones que acompañan las secuencias paralelas, aportan un sensible sustento auditivo a la contundente fotografía que hace olvidar las limitaciones de los efectos especiales.

DESPUÉS DEL CINE

25 julio 2019 by

Un par de películas de sendos realizadores iberoamericanos que han trascendido fronteras, ahora reflexionando sobre tiempos idos alrededor de la producción fílmica, integrando con maestría destellos de humor en tramas que se desarrollan a partir de la nostalgia. La producción de cintas como parte esencial del sentido de la vida o bien convertir ésta en materia filmable, entreverando la mirada autobiográfica con ficciones que rondan la puesta en escena para salvar el pellejo. Personajes que saben más por viejos que por talentosos, aunque por supuesto que la habilidad para la creación ayuda.

REMEMORAR LA VIDA

Dirigida con sabiduría contrastante por Pedro Almodóvar, Dolor y gloria (España, 2019) es un reposado, sobrio y sensible texto sobre cómo las propias experiencias vitales van conformando el ser artista del protagonista, un director en retiro involuntario que no ha podido vencer el bloqueo creativo, acentuado por múltiples males físicos –didácticamente explicados con ilustraciones- que se suman a una depresión generalizada. Sumergido en una alberca, Salvador Mallo (alter ego almodovariano) busca aislarse del mundanal ruido cargado de un oxígeno cada vez más difícil de respirar. Llama la atención que la dirección de películas implica también una intensa actividad física.

Emparentada temáticamente con la fallida La mala educación (2004), la cinta gana en sutileza y, sin necesidad del estruendo burdo, plantea un discurso retrospectivo que incluso admite momentos de comedia, sobre todo cuando el protagonista conversa con su madre ya anciana o cuando está bajo el efecto de la droga, muy bien interpretado por Antonio Banderas, ganador al premio de mejor actor en el festival de Cannes gracias a los matices que expresa, entre la inseguridad de un hombre roto, física y espiritualmente, pero al mismo tiempo sabedor de su potencial artístico.

La noticia de que se hará un homenaje a una cinta suya de hace treinta años lo anima un poco y decide buscar al actor de la película (Asier Etxeandia), con quien se mantuvo distanciado desde entonces; tras los reclamos de rigor, terminan fumando la pipa de la paz (de heroína), literalmente, y el realizador inicia unos viajes mentales hacia su infancia, recordando la relación con su madre (Penélope Cruz) y su esquivo padre, así como la calentura provocada por La ley del deseo (1987), dirigida hacia un joven albañil con dotes para la pintura, que ayudó en la remodelación de la casa-cueva y a quien le enseñó a leer y escribir.

Con fotografía multicolor pero controlada en momentos justos, cortesía del habitual colaborador José Luis Alcaine –los vestuarios de tonos enfáticos, el interior de la casa que emula la del director, la reminiscencia de la infancia- y un score de acompañamiento necesario, la cinta confirma a Almodóvar como un director esencial, tras algunos traspiés recientes (en especial Los amantes pasajeros, 2013), capaz de seguir entregando filmes tan logrados como Todo sobre mi madre (1999) o Hable con ella (2002). Y claro que el desenlace, jugando con encuadres matizados por la autoficción, devela las intenciones del realizador, recuperando su vida como objeto filmable y digno de ser contado, más allá de las convenciones de quienes consideran su existencia interesante para los demás mortales.

REINVENTAR LA VIDA

El versátil realizador bonaerense Juan José Campanella, quien igual entrega una obra maestra como El secreto de sus ojos (2009) que Metegol (2013), un disfrutable divertimento futbolero, o bien le entra al trabajo televisivo, dirige con chispeante imaginación, retomando el texto Los muchachos de antes no usaban arsénico de Giustozzi y Martínez, El cuento de las comadrejas (Argentina-España, 2019), en tono de comedia negra salpicada con apuntes sobre la creación fílmica como actividad que salta a la vida cotidiana para resolver un conflicto relacionado con la venta de una vieja casona.

De paso, la película es un gran ejemplo de cómo insertar el flashback sin romper la narrativa del presente, más bien nutriéndolo para explicar la situación actual del director en pleno bloqueo; si bien se fuerzan algunas coincidencias (la acuarela que llega a su destino años después, la asistencia del amante bisexual al monólogo), la historia se despliega de manera redonda, sin necesidad de exagerar el drama o plantear un punto de inflexión, sino más bien presentando a un hombre en pleno proceso de transformación y en un momento clave para la toma de decisiones: atenderse con los médicos especialistas, dejarse ayudar por su asistente y volver a escribir o seguir por el camino de la pausada y silenciosa autodestrucción.

Una diva del cine argentino (Graciela Borges, frágil y firme a la vez) vive con su esposo en silla de ruedas (Luis Brandoni, amable siempre), intérprete de roles pequeños, y otros dos hombres: un director (Óscar Martínez, escopeta en mano) y un guionista (Marcos Mundstock, divertidamente siniestro) con quienes trabajó en diversas ocasiones y que tienen un pasado en común difícil de confesar. Los cuatro mantienen una relación amor-odio y establecen una serie de imaginativas conversaciones en las que se molestan y se dicen sus verdades; este frágil equilibrio se rompe cuando aparecen dos jóvenes (Nicolás Francella y Clara Lago) que le proponen a la actriz vender su casa, situación que generará un conflicto mayor.

A partir de diálogos ingeniosos, el director de Luna de Avellaneda (2004) y El hijo de la novia (2001), recurre premeditadamente a ciertos clichés del thriller (el trueno justo, la mirada inquisidora de los personajes, el juego de planos) para insertarlos en una trama que termina por atrapar dadas sus aristas: el choque generacional, las relaciones entre los personajes y la posibilidad latente de que suceda casi cualquier cosa, además de la revelación de un pasado atrapado en las estatuas que se niegan a confesar. Nunca hay que dejar de ver al rival en una partida de pool, más allá de que meta casi todas las pelotas en la buchaca.

JOÃO GILBERTO: SUSURRROS DESDE LA AMAZONIA

21 julio 2019 by

Los estilos musicales surgen a partir de procesos e influencias múltiples, más que de momentos específicos o inspiraciones súbitas; si bien hay autores tutelares, los sonidos se van alimentando de tradiciones colectivas, innovaciones y reinvenciones. Es el caso de la Bossa Nova, música con sello brasileño, hija de la samba con genética jazzera, cuya paternidad se le adjudica al gran Antonio Carlos Jobim a mediados de los cincuenta, con la complicidad, continuidad y reconfiguración del exquisito compositor, cantante y guitarrista João Gilberto (Bahía, 1931 – Rio de Janeiro, 1919), quien desde los catorce años empezó a tocar y escuchar profusamente el pop brasileño, el swing del gigante Duke Ellington y piezas de rítmicas costeras, para después aparecer en el radio y formar parte brevemente del grupo Garotos da Lua, ya instalado en Rio.

Tras un tiempo de rodar y rodar sin rumbo fijo, entrar en contacto con el cantante Luís Telles y el músico Tom Jobim, otros de sus mentores, realizar algunas grabaciones y participar en un disco de Elizeth Cardoso con letras del contestatario poeta Vinícius de Moraes, finalmente debutó en solitario con cálida sensualidad vía Chega de Saudade (1959), insertando influjos del fado lusitano e inmediatamente llamando la atención por su atmosférico estilo vocal y el virtuosismo para rasgar las cuerdas salpicadas de síncopa soleada.

Le siguieron muy pronto, cual absoluta y brillante explosión creativa, O Amor, o Sorriso e a Flor (1960), lleno de romanticismo al aire libre; Brazil’s Brilliant João Gilberto (1960), confirmando la suavidad de su canto; Gilberto y Jobim (1960), incluyendo orquestaciones de éste último, colaboración extendida en Samba de Uma Note So (1960). Esta etapa cerró con el indicativo Boss of Bossa Nova (1962) y con el festivo siempre contenido João Gilberto Cantando as Musicás do Filme Orfeo do Carnaval (1962). Piezas cortas llenas de emociones compartidas en forma cadenciosa, directa y con un reposado corazón en la mano.

Sus posturas políticas lo llevaron a vivir en Estados Unidos hasta inicios de los años ochenta. Allá entró en contacto con varios jazzistas legendarios que se interesaron en la nueva ola: memorable es el concierto capturado en Bossa Nova at Carnegie Hall (1962), preludio de Getz/Gilberto (1964), obra maestra de la música del siglo XX en la que hizo mancuerna con Stan Getz, Jobim y la cantante Astrud Gilberto, su esposa en aquel entonces: los sonidos brasileños se emparentaban en definitiva con el jazz estadounidense. La intersección continuó con su colaboración con el flautista titulada Herbie Mann & João Gilberto with Antônio Carlos Jobim (1965) y alcanzó para una segunda parte titulada Getz/Gilberto Vol. 2 (1966).

Después de algunas recopilaciones y la presentación de obras en vivo y entrar en comunicación creativa con los compositores Dorival Caymmi y Ary Barroso, regresó al estudio con el homónimo João Gilberto (1973), cuidando los timbres y tonalidades como si fueran frágiles criaturas; volvió con su colega saxofonista Stan Getz en The Best of Two Worlds (1976), ahora con la voz de Miúcha, su esposa, encargándose de las letras en inglés. Cerró la década con Amoroso (1977), de emblemática quietud, y con otra colaboración nombrada Gilberto and Jobim (1977), como manteniendo ese vínculo indisoluble y altamente expresivo.

De regreso a su tierra ya con la dictadura dando sus últimas y sanguinarias pataleadas, grabó João Gilberto Prado Pereira de Oliveira (1980) y se reunió con toda la pandilla de la Tropicália para producir el representativo Brasil (1981) con Caetano Veloso, Gilberto Gil y Maria Bethânia. Trabajó con Gal Costa y Chico Buarque y durante esos años entregó Interpreta Tom Jobim (1985), a manera de sentido homenaje; el pausado Meditação (1985); Live in Montreux (1987), capturando en vivo la fineza de los acordes, y O Mito (1988), haciendo honor a su viejo apodo ya asumido a plenitud en cuanto a leyenda viviente.

Hacia finales del siglo XX, contribuyó con Stan Getz Meets João & Astrud Gilberto (1990), el reivindicador João (1991) y Eu Sei que Vou Te Amar (1994), declaración tersa de los sentimientos bien dirigidos hacia la persona adecuada. Pasaron otros álbumes en directo y recopilaciones para entregar João Voz e Violão (2000), seguido de una serie de conciertos en la capital japonesa editados en el álbum In Tokyo (2004). Hacia el final, aparecieron el elegante Este Seu Olhar (2008); Tristeza de Nos Dois (2012), en colaboración con Sergio Mendes; O Grande Encontro (2013), grabado junto con Jobim; el memorioso Getz/Gilberto ’76 (2016), integrado por presentaciones en San Francisco, y Amor Certinho (2017), a manera de regreso a los orígenes.

Como buen amigo de México, João Gilberto, además de sonar en muchas casas de familias setenteras a través de sus reconocidas interpretaciones, integró Farolito: João Gilberto en México (1970), justo cuando su representativo nacional alzaba la Jules Rimet del mundial de fútbol; Bésame mucho (2000), con la canción titular de Consuelo Velázquez, y la compilación Acapulco (2002), cuando era un puerto más visitable, por decirlo de alguna manera. La impronta de este gran artista, de carácter más bien ermitaño, sigue presente en diversas propuestas musicales, así como en Bebel Gilberto, su hija también dedicada a estos menesteres de llevar el alma brasileña a todas partes para sonar fuerte y, si es el caso, fusionarse con otras manifestaciones orientadas a continuar con el bucle de la innovación.

TORNEOS VERANIEGOS DE FÚTBOL 2019 (III)

30 junio 2019 by

Sigue la actividad en los diversos terrenos de juego alrededor del mundo, aprovechando las pausas de las ligas locales y los certámenes de fama mundial. En el torneo africano, por ejemplo y al que le hace falta una mayor difusión mediática, se juega la primera fase y selecciones como las de Argelia, Egipto, Nigeria, Marruecos, Mali y Camerún encabezan sus respectivos grupos después de un par de jornadas.

COPA DE ORO: PRIMERA FASE

En la primera fase de la Copa de Oro se presentaron algunas gratas sorpresas, un nivel de juego tendiendo más al espectáculo desenfadado que a la técnica depurada y momentos que iban de lo sublime a lo ridículo, como diría el clásico. Nuestra selección debiera competir en otra confederación pero al final, como diría la estimada Cristina Pacheco, aquí nos tocó vivir, para bien y para mal. Quizá si compitiéramos en Sudamérica elevaríamos nuestro nivel de juego pero iríamos a menos mundiales: unas por otras.

El grupo A fue dominado por México, quien sin dar grandes demostraciones venció con facilidad a su primer rival y con ciertos apuros a los otros dos, sembrando las eternas interrogantes en el camino; le siguió el aplicado y disciplinado cuadro de Canadá, que está trabajando en muy buena forma para preparar una selección digna dentro de algunos años cuando funja como anfitrión del Mundial. Por su parte, Martinica resultó ser una agradable sorpresa alcanzando un triunfo que no estaba presupuestado y Cuba volvió a demostrar que lo suyo no es el fútbol, no obstante los logros alcanzados en otros deportes, llevándose goleadas por todas partes.

El grupo B fue de Haití, la revelación del certamen no obstante su difícil situación económica: consiguió tres triunfos y se mostró en la cancha como un equipo competitivo para el contexto de la región, sobre todo sorprendiendo a Costa Rica, que terminó en la segunda posición gracias a sus dos victorias pero dejando dudas acerca de la renovación generacional del conjunto. Bermuda se despidió con dignos tres puntos gracias a su victoria frente a Nicaragua, que se fue con las manos vacías, quizá reflejando la difícil situación política que se vive actualmente bajo el régimen de Ortega: ojalá se parta otro hierro caliente.

El más cerrado de todos fue el grupo C, comandado por Jamaica con sus cinco puntos jugando de gitanos en un mismo partido: parecía que podrían golear y terminaban empatando. La revelación fue Curaçao, un pequeño territorio autónomo de los Países Bajos que con un cuadro semi-profesional consiguió cuatro unidades, logrando clasificar a la siguiente ronda por encima de El Salvador, que perpetúa su crisis a nivel selección y de Honduras, que se ha vuelto un rival a modo para poder conseguir los triunfos necesarios: las crisis en ambos países que se expresa en la emigración, parece afectar también el aparato futbolístico.

Estados Unidos cumplió en su papel de anfitrión y alcanzó las tres victorias posibles, retomando cierto nivel perdido en las eliminatorias para el anterior Mundial; Panamá alcanzó el segundo puesto confirmando el buen nivel que vive su representativo, en tanto Guyana, haciendo lo esperado, y Trinidad y Tobago, quedándose por debajo de las expectativas, se despidieron alcanzando un empate entre sí, sin mayores cosas que contar en casa. Todavía se manifiestan diferencias importantes incluso entre los países de la región, entre los que los canaleros ya se ubicaron como referente importante.

MUNDIAL FEMENIL: LOS CUARTOS

Inglaterra sigue con pie firme y derrotó a Noruega de manera inobjetable: muy pronto, Scott mandó arriba a las británicas y al término del primer medio, White colocó el segundo en la frente; para finiquitar el juego, Bronze puso la tercer pelota en la red y definir el rumbo del partido. Suecia saldó cuentas pendientes y consiguió, con carácter nórdico, darle la vuelta al marcador y ganarle a Alemania, que se fue arriba en el marcador con gran gol de Magull, pasado el cuarto de hora de juego; con fuerza vikinga, Jakobsson emparejó pronto y al empezar el segundo medio, Blackstenius puso al frente a las suecas, que lograron navegar hasta el final del partido con la ventaja en la proa.

En el partido más esperado de la fase, Estados Unidos venció a la anfitriona Francia: de la mano de Rapinoe, desafiando al impresentable de su presidente, abrió el marcador para las únicas sobrevivientes de América cuando el partido amanecía y ella misma, tras una lucha intensa, amplió el marcador en el segundo medio; las galas acortaron a diez del final vía Renard y lucharon por el empate bien impulsadas por la grada, pero ya no fue posible alcanzarlo. En tanto, Holanda continúa dando de qué hablar más allá de lo esperado y con goles de Miedema al ’70 y van der Gragt al ’80 sentenciaron el partido contra Italia, que parecía apostar al alargue.

CUARTOS COPA AMÉRICA: LOS PENALES

La fase se definió, en tres de los casos, por los penales: Brasil buscó, generó e incluso se quedó en superioridad numérica pero no pudo anotar en el tiempo regular frente a Paraguay, a quien terminó venciendo desde los once pasos, con toda justicia. Chile retomó el ritmo, la memoria y la jerarquía para enfrentar a una Colombia que se fue sin recibir gol en tiempo regular en el mejor juego de la fase; la Roja terminó ganando en la tanda de penaltis. Perú no tiró a portería en todo el partido, pero terminó derrotando a Uruguay en la definición de penales, que había mostrado consistencia en la fase previa. Paradójicamente, una desubicada Argentina acaso recordó su historia genética y venció a Venezuela con pronto gol de Martínez y confirmación a veinte del final de G Lo Celso.

TORNEOS VERANIEGOS DE FÚTBOL 2019 (II)

26 junio 2019 by

La Copa América ha llegado a la conclusión de su primera etapa con más lucha que buen fútbol: en la primera se aprecia un mayor nivel, sin llegar a cautivar del todo, mientras que en la segunda se han presentado una mayor cantidad de goles y mayor disparidad entre los contendientes, si bien las sorpresas no han faltado. Además, concluyeron los octavos de final del Mundial femenil y se disputa la Copa de Naciones de África en la que participan 24 selecciones organizadas en seis grupos: se está jugando la primera fase del torneo.

COPA AMÉRICA: TANTEANDO EL TERRENO

En el grupo A la revelación fue Venezuela, alcanzando la segunda posición con cinco puntos, apenas con un gol en contra y logrando un empate histórico ante el anfitrión Brasil, quien comandó el grupo con un par de triunfos holgados y la mencionada igualada, además de mantener su meta indemne y anotar ocho goles; el tercer puesto fue para los de Perú, que a pesar de la irregularidad y gracias a sus cuatro puntos lograron instalarse en la fase subsiguiente. Al fondo quedó Bolivia, único equipo del torneo que no consiguió puntos, confirmando su mal momento como representativo nacional.

La selección de Colombia, único conjunto que ganó sus tres compromisos con solvencia y logrado juego de conjunto, lideró el sector B, seguida de un cuadro argentino que no termina de funcionar y que parece no jugar a nada, sobre todo considerando las expectativas acostumbradas: a pesar de ello, le alcanzó para pasar a la siguiente etapa. Los paraguayos, jugando sin pena ni gloria, se colaron a la siguiente fase con solo un par de unidades y Catar, uno de los invitados que se desempeñó mejor de lo esperado, alcanzó un honroso punto para no irse con las manos vacías y seguirse preparando para recibir en casa el próximo Mundial.

Los uruguayos encabezaron el pelotón C con siete puntos, mostrando solidez en todas sus líneas y confirmando su estatus de candidatos al título; la selección de Chile, en proceso de renovación después de los logros alcanzados en los torneos anteriores, consiguió un par de triunfos que la metieron a los cuartos, mientras que los japoneses se despidieron dignamente solo perdiendo un partido, aunque sin conseguir algún triunfo. En el último lugar se ubicaron los ecuatorianos que únicamente obtuvieron una unidad, constituyéndose como una de las decepciones de la justa.

MUNDIAL FEMENIL: SE DEFINEN LOS CUARTOS

Las del tulipán dieron la sorpresa al eliminar a las subcampeonas y campeonas en Canadá 2015 y Alemania 2011, respectivamente: a pesar de que las niponas generaron más volumen de juego, esta vez no tuvieron la puntería habitual y se quedaron angustiosamente en el camino. Fue La Oranje la que se adelantó en tiro de esquina bien desviado por Lieke Martens, apenas pasado el cuarto de hora de juego; tras un breve descontrol de las del sol naciente, se repusieron pronto e igualaron el marcador poco después por conducto de Yui Hasegawa, aprovechando un balón largo. Y cuando el partido parecía irse a la prórroga, tras un disputado segundo medio, una mano en el área derivó en penal, bien ejecutado por la propia Martens para llevar a Holanda a la siguiente instancia.

En el otro encuentro se preveía un buen duelo de defensas: la tradición italiana, por supuesto extendida al cuadro femenil, y la muralla china, que solo había aceptado un gol a lo largo del torneo. Pero pronto las azzurri se fueron al frente vía Giacinti, cuando el partido apenas avanzaba en su primer cuarto de hora; las dragonas se lanzaron al frente en busca del empate y lograron dominar la primera parte pero sin conseguir igualar, a pesar de contar con algunas oportunidades. Cuando se terminaba el primer tiempo, entró de cambio Galli, quien a la postre le daría el segundo tanto a las italianas con certero disparo, ya en la segunda parte. A pesar de los esfuerzos, las chinas fueron disminuyendo en la presión, mientras que sus rivales administraron la ventaja con solvencia.