Posts Tagged ‘Metal’

FORMAS DEL ROCK ESTADOUNIDENSE

6 noviembre 2016

Tres grupos visitan nuestro país en estos días con propuestas que reflejan algunas de las vertientes reconocidas del rock, desde el metal y el garage hasta el surf y la psicodelia, pasando por el clásico sonido sureño, un poco del infaltable country y sonidos bluseros insertado conforme a la tradición.

METAL PARA EL ALTAR

Quinteto formado en Richmond, Virginia, con todo y nombre místico que contrasta con la fiereza de su propuesta: eso sí, a pesar de su éxito comercial, se han mantenido fieles a sus creencias musicales. Primero conocidos como Burn The Priest y después asumiendo ya el nombre de Lamb of God, su propuesta se sustenta en una notable cohesión y energía inacabada del vocalista Randy Blythe, las contundentes guitarras de Mark Morton y Will Adler, el bajo incisiva de John Campbell y la batería interminable de Chris Adler.

Su primer lance fue el incendiario Burn the Priest (1998), álbum homónimo considerando que así se llamaron al principio, al que le siguió el enfocado y rotundo New American Gospel (00) como toda una declaración de principios tanto en sus letras como en su estética sonora, en la que igual cabe un poco de speed que de death y, ya entrados en gastos, cierto espíritu alternativo. Con este disco se instalaron en la escena metalera como un grupo clave del siglo XXI dentro del género.

Ya asumidos como mesías del mundo heavy, salpicando consignas políticas y apocalípticas más a siniestra que a diestra, y con una sólida fama dentro de los circuitos de las cabelleras agitadas y playeras negras, firmaron el transitorio As the Palaces Burn (2003), rápidamente perseguido por Ashes to Wake (2004), uno de sus álbumes capitales como para regresar de la cenizas, y por el duro e inclemente Sacrament (2006); en el inter, grabaron un disco en vivo titulado Killadelphia (05), con DVD integrado.

Vendría después Wrath (2009), en el que no bajaba la dinámica y un recopilatorio titulado Hourglass: The Anthology (2009), que incluye algunas rarezas y demás joyitas para fans incondicionales y dispuestos al sacrificio (monetario). Con Resolution (2012) la fuerza se mantiene intacta y la intención clara: hacer un álbum de metal con todas las de la ley, procurando voltear a las bases como para recordar de dónde vienen para saber a dónde van, sobre todo porque vendrían tiempos difíciles.

Tras un inicidente que llevó a la cárcel a Blythe por empujar del escenario a un joven fan durante un concierto en Praga, que murió posteriormente por la caída, el vocalista escribió un libro ya fuera de prisión titulado Dark Eyes, en el que plasmó las vivencias alrededor de la tragedia. Vendría después la grabación de VII: Sturm und Drang (2015), reflejando el estado de ánimo entre estresante, caótico y turbulento y con algunos invitados notables que participaron de esta catársis con los decibeles por los cielos.

UN VIAJE POR LOS ESPESOS SETENTAS

Constituido en Ames, Iowa, el grupo Radio Moscow, nombrado así por la emisora propagandística de la Unión Soviética, se integró en el 2004 por el cantante, compositor y baterista Parker Griggs y el bajista Luke McDuff, quienes compartían su gusto por el garage y los sonidos que predominaron décadas atrás, como los que salían de la genialidad de Cream o la Jimi Hendrix Experience. Primero como dueto y después como trío con la inclusión de la batería de Mayuko y en algún momento con cambios de alineación, lograron llamar la atención de Dan Auerbach (The Black Keys, The Arcs).

En la introducción de Radio Moscow (2007), su primer álbum, se presentan con nitidez: espesura setentera edificada por robusta rítmica y las consabidas guitarras en espiral, combinadas con un inconfundible acento sureño bañado, a su vez, de subyacente psicodelia. El resto de esta primera entrega es un dechado de energía bien enfocada en los cauces de la propuesta sonora en deuda con los Allman Brothers, si bien no del todo distintiva o identificable.

Brain Cycles (2009) representó un paso adelante con un narcótico enfoque infiltrado por intensidades crecientes, ya asomándose rasgos de identidad propia, con todo y la búsqueda de ese tercer ojo de los lentes que ilustran la portada, mientras que The Great Escape of Leslie Magnafuzz (2011), significó más bien una particular continuidad, dado que fue un disco grabado casi en su totalidad por Griggs, echando toda la carne al asador, tal como 3 & 3 Quarters (2012), realizado cuando tenía 17 años y que emana espíritu adolescente insuflado por el garage.

Con una nueva alineación que muy pronto aprendió a jugar de manera colectiva, integrada por el macizo bajo de Anthony Meier y las percusiones de Paul Marrone, con la necesaria cuota de dinamismo, Griggs presentó Magical Dirt (2014), disco que pareciera ser una especie de nuevo comienzo, no en el terreno estilístico de donde no se han movido un ápice, sino en la estructura del grupo, articulado como trío con buen punch. Una muestra de sus capacidades y limitaciones en vivo quedó asentada en Live in California (2016).

UN PASEO POR LAS OLAS

Formados en el 2006 en Dana Point y asentados en Costa Mesa, ciudad de Orange County, The Growlers se inspiran en una psicodelia sesentera que se sube a la tabla de surf para navegar sobre olas pop con espuma folk. Se les conoce con la etiqueta del Beach Goth, en el que se integran algunos de los tipos de música a los recurren, incluyendo ciertas oscuridades en pleno ambiente dominado por el sol; el nombre también sirvió para bautizar a un festival que organizan desde el 2012 y que va creciendo con convocatorias cada vez más jugosas.

Entre varios cambios de personal, debutaron con Are You in or Are You Out? (2009), al que le siguió el breve Hot Tropics (2010). La vocal de Brooks Nielsen comparte protagonismo con la guitarra de Matt Taylor, de aliento playero, para deslizarse por la feliz batería de Scott Montoya y por el bajo juguetón de Anthony Braun Perry, dejando como telón de fondo los acordes guiterreros de acompañamiento y los apuntes del teclado de Kyle Straka. De pronto, se pueden asomar algunas botas vaqueras pisando con sutileza la arena del mar.

Ya en plena etapa de consolidarse como un grupo al que se puede recurrir en momentos de buen ánimo, han grabado Hung at Heart (2013), quizá su mejor álbum, y Chinese Fountain (2014); City Club (2016), con el apoyo de Julian Casablancas (Strokes), denota el gusto por seguir haciendo música con base más en sus instintos que en una agenda prevista, estrategia que detona resultados contrastantes.

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METALLICA: EL MAGNETISMO NO HA MUERTO

4 agosto 2012

De pronto se convirtieron en el grupo más visible del mundo, cuando lo suyo había sido la disidencia y los caminos alternativos de un metal duro de roer, ajeno a cualquier guiño con las lógicas de la comercialización. Pero el talento ahí estaba y mientras algunos interpretaron este ascenso al mainstream como un paso natural dada la capacidad de la banda, otros lo vieron como una traición: en efecto, los ultras sentían que su grupo les había dado la espalda y que todo había terminado. Cierto es que sobrevivir a los reflectores no es fácil y ellos han sido un buen ejemplo: las exigencias de la industria y las presiones mediáticas son duras pruebas para mantener el equilibrio tanto personal como artístico.
Los Ángeles como contexto urbano y el inicio de los años ochenta, cuando ya el Heavy Metal tenía una historia que contar, con episodios brillantes escritos al otro lado del Atlántico. Lars Ulrich, un joven procedente de Dinamarca con gustos que se inclinaban por bandas como Iron Maden y Motörhead, convoca a través de una revista a otros músicos con similares intereses para formar una banda: contesta James Hetfield y juntos empiezan a tocar, marcando el nacimiento de Metallica, nombre prestado de una propuesta para bautizar a una revista.
Pronto integran a Lloyd Grant y Ron McGovney (diseñador del famoso logo del grupo, con aspecto tronante y explosivo), quienes son sustituidos por el bajista Clif Burton y Dave Mustaine, talentoso guitarrista rápidamente expulsado por sus problemas de carácter y alcohol, encontrando un destino en la formación de Megadeth, banda que junto a Slayer, Anthrax y Metallica, integraron el cuadrángulo esencial del surgimiento del trash metal, con todo y su velocidad al límite, entrecortes bruscos y letras denunciatorias.
Tras dar algunos tumbos en conciertos fallidos, búsqueda de integrantes y algún sencillo, por fin reclutaron al guitarrista de Exodus Kirk Hammet y Hetfield decidió hacerse cargo de la vocal, además de tocar la guitarra rítmica. Kill ‘em All (83) se constituyó como un poderoso debut de la banda y una obra que en definitiva les permitía sentar las bases de su estilo, contrastante con la escena del glam metal y con los roqueros de peinado de salón. La portada conformada por un martillo en un charco de sangre con la sombra de una mano, y tanto el logo como el nombre del grupo en rojo sobre un marco negro, resultó un reflejo iconográfico de por dónde transcurría la propuesta musical.
Instalados en Copenhague y ya con cierta atención del respetable (es un decir), grabaron Ride the Lightning (84), álbum más expansivo que buscó abarcar otros territorios, acaso de mayores ambiciones estilísticas con todo y la presencia de los rayos cual circuitos de compleja estructuración. Con estos dos álbumes como soporte, vendría su obra cumbre y uno de los álbumes definitivos de los ochenta y de la historia del metal: Master of Puppets (86), centrada en la perversidad de la manipulación y en la que se combinó de una manera orgánica la furia y el talento estructural para crear piezas de alto impacto. Un duro golpe resultó la posterior muerte del bajista Cliff Burton en un accidente de carretera.
El estatus alcanzado de ser la banda del género más importante del momento pareció no afectarles demasiado en términos creativos, por el momento. Su siguiente entrega ya con Jason Newsted en el bajo, precedida por el disco-homenaje Garage Days Re-visited (87), se tituló …And Justice For All (88), cual cerrojo de una brillante década con algunos cortes de complejas texturas que denotaban una indudable evolución en la capacidad compositiva, quizá en detrimento de cierta fiereza. Usualmente relegado a cofradías y alejado de los gustos de la crítica especializada, el metal parecía tener un representante a la altura de las expectativas.

ADIÓS A LOS DÍAS DE GARAGE
Los años noventa se convertirían en los más complicados para el grupo. Empezaron por presentar, de la mano del productor Bob Rock, el álbum Metallica (91), también conocido como The Black Album, obra de gran calado que los colocó como una de las bandas con mayor atención del mundo: en plena época grunge, el metal alcanzaba un estatus mediático que nunca había tenido hasta entonces. El disco atrajo a millones de nuevos fans, mientras que algunos de los antiguos miraban con recelo el éxito de sus antiguos héroes: el pleito con Napster les confirmaba que su grupo favorito se había vendido a los grandes intereses de la industria. Más allá de polémicas, se trató uno de los grandes discos de la década que apenas iniciaba.
Mientras más alto subes, más morbosa es la caída: la crisis creativa se empezó a manifestar con los irregulares Load (96) y Reload (97): cinco años fueron muchos como para reaparecer con un par de entregas que no estaban al nivel de su trayectoria y que, no obstante el criticado cambio asumido en estilo e imagen, no terminaron de consolidar un concepto novedoso. El siglo cerró con Garage Inc. (98), conformado por covers, y S&M (99), álbum doble en compañía de la Orquesta Sinfónica de San Francisco.
Tras otro bache creativo, dieron señales de vida con St. Anger (03), en el que intentaban recuperar la fuerza extraviada en algún punto de la fama, aunque aún con la imaginación aterida, y cuyo proceso de producción dio como resultado Some Kind of Monster (04), un documental terapéutico con su respectivo soundtrack, en el que se muestra la renuncia de Newsted y la llegada de Robert Trujillo, con quien ya presentaron Death Magnetic (08), producido por Rick Rubin y en el que los solos guitarreros volvieron por sus fueros, así como el talento por tantos años buscado en el inconsciente musical del cuarteto, recientemente puesto a las órdenes del maestro Lou Reed para grabar el áspero Lulu (11).
Bienvenidos a México.

CONCIERTOS VACACIONALES

3 abril 2012

Periodo de reflexión que no necesariamente se contrapone a la oportunidad de disfrutar de una andanada de visitantes con sonidos de energías varias. Los compromisos de lunes y martes de la semana de Pascua.

MARK LANEGAN: UN FUNERAL ADEREZADO DE BLUES
Inició su aventura con Screaming Trees, banda de Seattle que acabó siendo precursora del grunge: con ella, definió su estilo en el que igual cabía un rock de piedra que ciertos y discretos apuntes folk y blues, subsumidos a la fiereza del garage. Clairvoyance (86) fue su primer disco y de ahí fueron subiendo en precisión y enfoque, como lo muestra su penúltima y ya consolidada obra titulada Sweet Oblivion (92), en pleno apogeo de Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden, dominadores mediáticos de las camisas de franela a cuadros y los pantalones rotos.
Tras un intento de grabar con Cobain y Novoselic de Nirvana, finalmente apareció el primer lance solista: The Winding Sheet (90), obra confeccionada con la ayuda de Mike Johnson, pronto bajista de Dinosaur Jr. con quien formaría una sólida complicidad para el blusero Whiskey for the Holy Ghost (94), uno de los mejores trabajos solistas del nacido en el estado de Washington. Tras bajar el telón de Screaming Trees con Dust (96), cerró a tambor batiente el siglo con Scraps at Midnight (98) y I´ll Take Care of You (99), disco de covers que hurgaba en los orígenes de su propia propuesta.
Tras Field Songs (01), conformó una nueva banda con la que presentó el estupendo Bubblegum (04), en el que participaron varios amigos ilustres y PJ Harvey. Con la cantante escocesa Isobel Campbell, ex Belle & Sebastian, nos regaló los espléndidos Ballad of the Broken Seas (06), Sunday at Devil Dirt (08) y Hawk (10); de manera simultánea y como para contrastar estas tonalidades de folk británico, colaboró con Queens of the Stone Age, supergrupo de firme y reconfortante pesadez que apostaba por un rock en el poderoso sentido del término.
Por no dejar, también apareció en el disco de Soulsavers titulado It’s Not How Far You Fall, It’s the Way You Land (07) y grabó Saturnalia (07) como la mitad de los Gutter Twins. Blues Funeral (12), mientras tanto, funciona como una obra de reflexiones en tonos pausados y con algunos lances de intensidad guitarrera, remitiéndonos a una especie de síntesis experiencial de todos los años vividos y los estados de ánimo expresados.

LAMB OF GOD Y HATEBREED: DURO Y A LA CABEZA
Quinteto formado en Virginia con todo y nombre místico que contrasta con la fiereza de su propuesta: eso sí, a pesar de su éxito comercial, se han mantenido fieles a sus creencias musicales. Su primer lance fue el incendiario Burn the Priest (98), al que le siguió New American Gospel (00) como toda una declaración de principios tanto en sus letras como en su estética sonora, en la que igual cabe un poco de speed que de death y, ya entrados en gastos, cierto espíritu alternativo.
Ya asumidos como mesías del mundo heavy, salpicando consignas políticas y apocalípticas más a siniestra que a diestra, y con una sólida fama dentro de los circuitos de las cabelleras agitadas y playeras negras, Lamb of God firmaron As the Palaces Burn (03), rápidamente perseguido por Ashes to Wake (04), uno de sus álbumes capitales, y por el duro Sacrament (06); en el inter, grabaron un disco en vivo titulado Killadelphia (05).
Vendría después Wrath (09), en el que no bajaba la dinámica y un recopilatorio titulado Hourglass: The Anthology (09), que incluye algunas rarezas y demás joyitas para fans incondicionales y dispuestos al sacrificio (monetario). Con Resolution (12) la fuerza se mantiene intacta y la intención clara: hacer un álbum de metal con todas las de la ley, procurando voltear a las bases como para recordar de dónde vienen para saber a dónde van.
Por su parte, Hatebreed ha permanecido como un referente no del todo reconocido en el terreno de metal y del hardcore, siguiendo los lineamientos por todos reconocidos: riffs perturbadores, vocales que no dejan de aturdir y rítmica incansable. El quinteto de Connecticut lidereado por Jamey Jasta (vocal), y en el que han participado diversos músicos entre los que aún se encuentran Chris Beattie (bajo) y Matt Byrne (batería), debutó con Satisfaction Is the Death of Desire (97), en cuyo título se plasmaba parte de su propuesta letrística, buscando ciertas paradojas y aparentes contradicciones.
Perseverance (02) y Rise of Brutality (03) resultaron una deseada consecuencia de su debut: mantenerse en la escena alternativa del metal conservando principios y propuesta, como se confirmó en Supremacy (06) con todo y Frank Novinec, guitarrista de cepa metalera. Ya con Wayne Lozinak, le entraron a la lógica de los covers en For the Lions (09), seguido de un álbum homónimo en el mismo año.

CASA LLENA

10 abril 2011

Conciertos en abundancia para todos los tímpanos sin distinción de ánimos, edades, fobias o demás minucias: de los nostálgicos ochenteros a los tecnos noventeros aún de fiesta, pasando por los metaleros de tintes clásicos y hasta los resistentes que aún consiguen sobrevivir a todo un festival, independientemente de su consistencia.

QUINCE AÑOS DE ELECTRÓNICA Y METAL
El quinteto californiano Deftones ha mostrado una inusual consistencia a lo largo de su trayectoria, integrando fiereza con inteligencia desde Adrenaline (95), su primer disco, al que le seguirían los rotundos Around the Fur (97) y White Pony (00); después de bajar un poco la guardia con Deftones (03) y Saturday Night Wrist (06), están en plenitud de facultades con Diamond Eyes (10), en el que igual caben los riffs con gesto fruncido que las baladas para echar los ojos al cielo.
Por su parte, The Chemical Brothers (Tom Rowlands y Ed Simons) le dieron un impulso definitivo a la electrónica noventera con Exit Planet Dust (95) y Dig Your Own Hole (97), un par de obras maestras que catapultaron a los alquimistas carnales al pódium de los diyeis con lances compositivos. Siguieron los correctos Brothers Gonna Work It Out (98) y Surrender (99), para dar paso al nuevo milenio con los revulsivos Come With Us (02) y Push the Button (05), y con los auto-referenciales We Are the Night (07) y Further (10).

MÚSICA OCHENTERA PARA ADULTOS DEL SIGLO XXI
Egresado del grupo de Santana, el guitarrista Neal Schon formó Journey en complicidad con Ross Valory (bajo), entre otros músicos cambiantes. En 1975 firmaron su homónimo álbum debut, seguido por Look Into the Future (76) y Next (77): un trío de obras que pasaron relativamente desapercibidas, navegando entre las aguas confusas de rock fusionado. La llegada del compositor y vocalista agudamente poderoso Steve Perry, le dio un fuerte impulso a la banda, como quedó de manifiesto en Infinity (78), álbum que inició la etapa más brillante de los de San Francisco, continuada con Evolution (79) y Departure (80), ya con la integración de Jonathan Cain (teclados) y Steve Smith (batería).
Con la alineación integrada y la experiencia acumulada, grabaron sus dos mejores trabajos, llenos de gemas pop con incisivas guitarras, uso épico de teclados, rítmica precisa y alta sensibilidad melódica: Escape (81), que incluyó la clásica Don´t Stop Believin’ –ahora resucitada por Glee para los nuevos freakies-, y Frontiers (83) con todo y la energética Separate Ways; además, se dieron el lujo de regalarnos propicias y evocativas baladas para toda ocasión como Who´s Crying Now, Open Arms y Faithfully. El impulso creativo alcanzó para Raised on Radio (86), ya con algunas ausencias, aunque no para Trial By Fire (96), descafeinado reencuentro del equipo titular. Estos años han mantenido cierta presencia a través de Arrival (01), Generations (05) y Revelation (08), con el filipino Arnel Pineda, descubierto en YouTube, cual buen imitador de Steve Perry.
Otro grupo emblema de estos años fue Duran Duran -nombre tomado del villano de Barbarella, integrado por jóvenes fashionistas muy new wave –siguiendo a Roxy Music- que se desenvolvían en lugares exóticos como si estuvieran a la vuelta de su casa, meditando en el más allá o conquistando a las flores más bellas del ejido en elusivos videos de la naciente era MTV. Debutaron con Duran Duran (81) seguido de Rio (82), su mejor obra y vuelto ya un clásico de los ochentas; esta primera etapa culminó con Seven and the Ragger Tiger (83). Con los falsetes de Simon Le Bon, la estilizada guitarra de Andy Taylor, los teclados limpios de Nick Rhodes, y la solvente base rítmica cortesía de John (bajo) y Roger Taylor (batería), habían encontrado la fórmula para el estrellato que muy pronto cobraría la factura como se advertía ya en Arena (84).
Después de proyectos alternos y cambios, regresaron como trío con Notorious (86), Big Thing (88) y Liberty (90), aunque ya con la creatividad mermada, un poco recuperada para el llamado The Wedding Album (93); pero volvieron a las andadas: Thank You (95) fue una innecesaria suma de covers, mientras que Medazzaland (97), Greatest (98) y Pop Trash (00), que con su nombre lo decía todo, pasaron inadvertidos. Para el nuevo milenio, signos de recuperación: se reunió el dream team para grabar Astronaut (04), en el que se demuestra que lo bien aprendido nunca se olvida.
En esta misma tesitura, grabaron Red Carpet Massacre (07) y All You Need is Now (11), su mejor disco de los últimos quince años en el que ahora como cuarteto, con el apoyo del productor Mark Ronson y el guitarrista Dom Brown, han logrado sonar a ellos mismos pero con ese toque de actualidad que paradójicamente también pasa por identificar el espíritu retro, tan necesario para poder mirar con cierta determinación hacia la incertidumbre del porvenir.

METALLICA: EL MAGNETISMO DEL MONSTRUO

3 junio 2009

Si hubiera que elegir un grupo que revolucionó el rock duro en la década de los ochenta, llevándolo a estructuras estilísticas novedosas, la mayoría de los fanáticos metaleros se decidiría por Metallica. Si hubiera que escoger a un grupo dentro del rock pesado que generó las mayores decepciones durante la década de los noventa, dados sus cambios de rumbo y sus crisis cuasiexistenciales, habría que decidirse por… Metallica. Y si quisiéramos tensar la cuerda, tendríamos que admitir que el regreso más importante del 2008 dentro del ámbito de los ruidositos corrió por cuenta de… Metallica.
El cuarteto angelino nació en 1981 y creció en la cuna del metal underground, más cerca de la calle que de los reflectores, más acá de la gente de a pie que de la televisión, como se estila ahora en la producción de famosos a fuerza y a la carta. La hiperactiva guitarra de Kirk Hammett, secundada por la del imponente vocalista y letrista James Hetfield, encontraba un macizo soporte en la batería del danés Lars Ülrich y el bajo de Cliff Burton, consolidada pareja rítmica de incansable labor.some
Junto a Megadeth, banda formada por Dave Mustaine tras ser despedido de Metallica, y Slayer (algunos incluirían a Anthrax), conformaron la triada bendita del trash californiano que trastocó la forma de entender el rock pesado, su lugar en los medios y entre las grandes audiencias, así como en la industria discográfica. En las antípodas del llamado glam metal, saturado de peinados de pistola, agresividad impostada y poses para todo –especialmente para insultarnos con el dedo medio-, esta tendencia tendía a explotar rabias contenidas de auténtica cosecha, como sus heroicos antecesores setenteros.
KillComo marcan los cánones, estamos frente a un grupo sobreviviente: de la prematura muerte de su bajista en accidente carretero mientras rodaban por Suecia; de los continuos calificativos de vendidos cada vez que componían una canción diferente o cuando se enfrentaron a Napster; de los desorbitados egos, conflictos internos, adicciones e inseguridades tan bien retratadas en Metallica: Some Kind a Monster (Berlinger y Sinofsky, 04), logrado texto documental en el que la conflictiva intimidad de la banda y sus circunstancias, con terapia incluida, se retrata de manera honesta. Un grupo Frankenstein en pleno proceso de reinvención tras tiempos aciagos.
RideLa travesía inició con Kill ‘em All (83), cargado de rabia post-adolescente pero con ideas musicales de sorpresiva madurez, como se deja escuchar en Whiplash. Aquí la musculosa guitarra de acompañamiento servía de catapulta a los explosivos y veloces riffs que de pronto incursionaban en la atonalidad; el manejo de los tiempos, con inusual habilidad para la aceleración y viceversa, los acercaba a un speed en el que se sobreponían las ideas creativas a la velocidad per se; mientras que la técnica depurada de velados tintes progresivos cobraría mayor presencia en Ride the Lightning (84), opus dos del cuarteto, como se plantea en Fade to Black.
Con este par de obras como catapulta, apareció Master of Puppets (86), quizá su obraPuppets definitiva y todo un clásico del metal, con la canción titular como síntesis de la propuesta estilística de la banda. Por su parte, Slayer presentaba este mismo año su Reign in Blood, otro disco capital para la cultura del rock pesado. Mostrando agallas no sólo para poner caras de enojados, se aventuraron a explorar nuevos territorios, tras la traumática muerte de Burton y el ingreso de Jason Newsted, con …And Justice For All (88), álbum de corte más político y lleno de búsquedas sonoras más allá de la fiereza habitual, como se deja escuchar en One.Justice
Entrando a los noventas, el mismo año que Nirvana lanzaba su Nevermind, presentaron su disco homónimo, popularmente conocido como The Black Album (91), Negro
una de las obras más polémicas en la historia del rock: los fans de cepa, que se sentían poseedores exclusivos de la banda, los atacaron hasta que se cansaron porque sentían que se habían vulgarizado, en el sentido de hacerse populares; por su parte, millones de orejas se acercaron a los ahora famosos y otro grupo de conocedores, exentos del dogma que sostiene al culto, reconocieron la grandeza de canciones, independientemente de su orientación “comercial”, como Enter Sadman, Sad But True, The Unforgiven, Wherever I May Roam y Nothing Else Matters. Varios años dedicados a giras y lidiar con el veneno de la fama hasta que regresaron, bien peinaditos y mejor vestiditos, con Load (96) y su medio hermano Reload (97), trabajos que los pusieron contra las cuerdas porque ahora sí la orientación cambió por completo, desde la imagen hasta la propuesta musical, más enfocada al difuso mundo del alternativo. LoadReloadComo para volver atrás, presentaron el doble Garage Inc. (98), en el que integraron una grabación de 1987 y nuevas versiones de sus grupos referenciales. garageEl disco S & M (99) cerraría la década en vivo junto a la sinfónica de San Francisco.
Con la brújula descompuesta, la partida de Newsted y las tensiones a todo lo que daban, se involucraron en el proceso de grabación de su siguiente trabajo, puntualmente retratado en el documental mencionado. AngerEl resultado fue St. Anger (03), ya con Robert Trujillo en el bajo y vueltos padres de familia cool, del que se desprende un catálogo de furia positiva que los acercaba un poco al camino extraviado, objetivo alcanzado al fin en Death Magnetic (08), inmersión en busca de sus raíces guiados por la mano experta de Rick Rubin: la fuerza creativa está de regreso.
Metallica vuelve a México con su magnetismo renovado. MagneticEl monstruo sigue vivito y tocando para todos: fans de cepa, advenedizos y casuales. Sin rencores ni distingos.