Archive for 25 julio 2008

LEJOS DE ELLA: AMOR AÚN EN EL OLVIDO

25 julio 2008

La memoria es uno de los cimientos de la relación de pareja, aún cuando entre algunos de los recuerdos se desgrane cierto dolor: la historia construida en común, con sus episodios luminosos y los obstáculos salvados más por el amor que la costumbre, sostiene el vínculo justo cuando las cosas se ponen más complicadas de los roces habituales. Pero cuando el olvido involuntario (¿existe otro?) se empieza a entrometer en la convivencia, acaso nos damos cuenta que la felicidad puede encontrarse nuevamente y concebirse de manera distinta, aunque sea en mundos paralelos que allá en una improbable distancia modifiquen su órbita para reencontrarse.

Basada en el relato Ver las orejas al lobo (The Bear Came Over the Mountain) incluido en el libro Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio (RBA, Barcelona, 2001) de la brillante escritora canadiense Alice Munro, especialista en la brevedad profunda, y dirigida por la actriz debutante tras de cámaras Sarah Polley, recordada por sus emotivas interpretaciones en las películas Mi vida sin mí y La vida secreta de las palabras, ambas dirigidas por Isabel Coixet, Lejos de ella (Away From Her, Canadá, 07) es una inmersión al matrimonio sobreviviente y a los recovecos de la memoria recreada en pareja.

Un matrimonio ha sobrellevado una relación funcional a lo largo de cincuenta años. La vejez empieza a cobrar las facturas en la memoria de Fiona (Julie Christie, notable), que muestra síntomas de Alzheimer, situación que la lleva a solicitarle a su marido Grant (Gordon Pinsent, contenido) que la ingrese a un centro especializado para recibir la atención necesaria, donde establecerá un vínculo especial con otro paciente (Michael Murphy) mientras que su esposo, ante el olvido, se mantiene estoico y convive con la esposa de éste (Olimpia Dukakis, derrochando sabiduría pragmática) y una de las enfermeras.

Como sucedía en Iris (Eyre, 01), la biopic sobre la famosa escritora, y en la sentimental Diario de una pasión (Cassavetes, 04), la relación matrimonial se topará frente a la prueba definitiva: la ruptura que implica dejar de ser reconocible para el otro. Quizá con un uso reducido del flashback, que impide una mayor compenetración con la vida de la pareja, vamos descubriendo que el trayecto no ha sido fácil y que han existido extravíos, como la búsqueda ya imposible para regresar a casa.

La construcción narrativa rompe la linealidad y entremezcla las lecturas de poemas con imágenes que buscan escenificar la tragedia del olvido y la esperanza del recuerdo. El empleo de cuidadosos encuadres y de la luz natural que se cuela por las ventanas o que estalla en los campos nevados, remite a la posibilidad de que la oscuridad de la desmemoria pueda ser vencida en algún momento, por más que las evidencias vayan en sentido contrario.

Un libro sobre Islandia apenas funcionará como salvavidas en el indeseado traslado al segundo piso cuando la condición de la protagonista ha empeorado. No obstante que estamos frente a un drama que bien podría derrapar en exageraciones argumentales y actorales, la dirección de la aún veinteañera Polley consigue mantener a sus personajes como seres humanos cercanos, sin juzgarlos de antemano y permitiendo que sean sus propias decisiones las que los definan: es en los diálogos en donde mejor funciona la adaptación del texto de Munro.

Y aunque el abandono y el desamor acecharan, siempre quedará el agradecimiento de la permanencia, a diferencia de tomar el camino fácil y al fin equivocado de evitar la trascendencia como pareja, vuelta compromiso liberador.

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx

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EL CABALLERO DE LA NOCHE: DE HÉROE A VIGILANTE

19 julio 2008

La nueva saga cinematográfica de Batman ha tomado un camino más oscuro y realista que la realizada por el maestro Tim Burton. En la primera entrega (Batman inicia, 05) nos fuimos al origen del personaje con toda su carga de vengador anónimo obligado a llevar una doble vida, como suele sucederle a los héroes de tal envergadura: la misión autoimpuesta se vuelve liberadora y esclavizante por partes iguales. La imposibilidad de llevar una vida normal es causa y efecto de su propia maldición.

Christopher Nolan ha construido una trayectoria fílmica en la que los personajes han sufrido pérdidas y cargan con un sentimiento destructivo, además de verse envueltos en laberintos indescifrables: un escritor persecutorio se vuelve víctima de la persecución (Following, 98); un vendedor de seguros atrapado en la desmemoria sólo encuentra sentido en una frenética carrera vengativa (Amnesia, 00); un policía insomne padece los estragos de una culpa corrosiva (Insomnia, 02); un mago acorralado en perpetua competencia inalcanzable frente a su adversario, buscando El gran truco (06).

Batman: El caballero de la noche (EU, 08) consigue llevar al cine basado en historietas a un sitio que ninguna otra cinta del subgénero había alcanzado. Con una inusual densidad dramática y profundidad argumental, la reciente entrega del yuppie de día, justiciero de noche, entra en los pantanosos terrenos de la supuesta ausencia de grises en el comportamiento moral; en la figura del guasón se ejemplifica la banalidad del mal: no hay razones aparentes ni motivaciones claras, sólo la sociopatía de la destrucción; el caos y la anarquía como banderas de vida.

Convertido en su propia pesadilla, representada por murciélagos implacables, Batman es una cara de la moneda, complementada por el Guasón, su antagonista por antonomasia: son tan opuestos y tan parecidos, como lo simboliza un tercer personaje, acaso encarnando ambos lados: Harvey Dent es un héroe pero puede ser un monstruo, puede ser uno u otro o los dos al mismo tiempo. Este triángulo de personajes resulta ser la base para el desarrollo de una historia que sabe soltar diversos cabos e irlos amarrando de manera consistente, por más pequeños que sean.

Con el apoyo de ciertas secuencias filmadas en el formato IMAX, como la del asalto al banco por ejemplo, que le brindan a la propuesta fílmica una sensación de absorbente visualidad, y una combinación enfática de tonalidades que van del verde azulado al rojo y de ahí a cierta predominancia de negros y blancos, el filme termina siendo un espectáculo cargado de sentido. La fotografía de Wally Pfister, aprovechando los juegos de iluminación para fortalecer la dualidad de los personajes, consigue involucrarnos en los diversos contextos, empleando la profundidad de campo del búnker de Batman, retratando los laberintos al interior de los edificios e intercalando tomas panorámicas a manera de falsa calma.

El diseño de arte opta por fortalecer el realismo de la propuesta con escenografías de grandes centros urbanos y vestuarios que contrastan a la ciudadanía en general, incluyendo a los mafias de diversos grupos étnicos, con los freaks circundantes, particularmente el Guasón con todo y siniestro maquillaje descompuesto. Para provocar una experiencia fílmica total, la fluida edición sorprende por su capacidad para convertir las más de dos horas de duración en un suspiro, mientras que la banda sonora juega un papel crucial, tanto por los efectos de sonido como por la música incidental y el tensionante efecto de un teclado amenazador.

La notable interpretación de Heath Ledger, cuya muerte reciente le imprime un tono aún más perturbador, se acompaña de un sólido reparto encabezado por los eficaces Christian Bale y Aaron Eckhart, así como los siempre solventes Michael Caine, Morgan Freeman y Gary Oldman. A diferencia de la anterior entrega, el rol femenino cobra mucha importancia (acá interpretado por Maggie Gyllenhall) en un entorno saturado de testosterona en el que no se escatima la violencia gráfica y el correr de la adrenalina.

Acaso estamos frente a la mejor película que se ha realizado sobre un cómic y que se convertirá en un modelo fílmico a la hora de incorporar estos personajes normalmente tratados de manera esquemática y maniquea. No se había llegado, en este tipo de films, a inmiscuirse en la condición humana, como lo ha logrado esta nueva entrega de un héroe no querido, pero sí necesario.

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx

WALL-E: REVERDECER EN LA BASURA

5 julio 2008

Ahí estuvimos, puntuales a la cita, para ver la película más esperada del verano. Nada fácil, sobre todo para los pequeños, estar los primeros minutos frente a un robot pepenador que deambula solitario por una ciudad terrícola, apenas acompañado por una cucaracha y un video de Hello Dolly! (69). Pero la introducción es de una sorprendente emotividad y belleza plástica, aún en una escenografía escalofriante, polvosa y descolorida. Desde ahí, Wall-E se convierte en nuestro entrañable amigo.
Comandada por Andrew Stanton (Monsters Inc, Buscando a Nemo), elemento clave de Pixar, Wall-E (EU, 08) es una básica, inocente y conmovedora historia de amor con enfoque ecológico/cibernético, bien aderezada a partir de cierta dosis de cinefilia, que va de Wallace & Gromit (recordar el robot del corto del viaje a la luna) y Corto circuito (Badham, 86) a las claras referencias a 2001: Odisea del Espacio (Kubrick, 68) y Alien (Scott, 79), con todo y la voz de Sigourney Waever como la computadora de la nave.
La tarea de elegir ciertos objetos –el estuche en lugar del anillo, la colección de encendedores, focos iluminadores y el cubo de Rubik, entre otros- recuerda al personaje de Robin Williams en El pescador de ilusiones, capaz de encontrar cierta belleza aún en la basura. Justo esta mirada poética se abre paso en un contexto deprimente, predominando en una historia casi ausente de villanos, fuera de la computadora kubrickiana y de la propia abulia de la especie humana.
Los gestos y las acciones suplen de manera eficaz y sensible a los diálogos. Sabemos que en los romances que se precien de serlo importa menos lo que se dice que lo que se demuestra: así Wall-E conocerá otro mundo, literalmente, cuando llega a la Tierra una hermosa y decidida robotina de piel blanca, forma de huevo, expresivos ojos azules y un carácter fuerte: justo lo que necesitaba el buenazo de nuestro héroe que seguía haciendo su vida, ya con cierto grado de individualidad, sin saber bien a bien a dónde se estaba dirigiendo.
Además de la mirada a un mundo en el que la especie humana no aparece como la invencible que se ha creído –como en las recientes El final de los tiempos (08) y Soy leyenda (07)- se desliza una frontal autocrítica al estilo que han adoptado algunos sectores estadounidenses –y de otras partes, claro- que pasan la vida sentados frente a un televisor deglutiendo cuanta chatarra se les ponga enfrente. El contraste entre ambos mundos es elocuente: un plastificado y artificialmente colorido paraíso, frente a un inhóspito sembradío de basura en el que, sin embargo, puede crecer una pequeña planta, como aquella de Alerta solar (Boyle, 07).
Las peripecias del pequeño robot por seguir a su amada eran atisbadas puntualmente por mis pequeños acompañantes: José Pablo, el minicrítico, lanzaba preguntas entre angustiado y emocionado; el pequeño Max se mantenía expectante con mirada fija y segura, y el diminuto Gonzalo, ante las tribulaciones del metálico protagonista, soltó una que otra lágrima pronto cambiada por una salvadora emoción: en efecto, la película se vive y consigue inmiscuirse en nuestros sentimientos.
Las secuencias románticas, como la del encendedor, la de la danza espacial y el toque de manos, son capaces incluso de conmover a los gordazos quienes empiezan a redescubrir que no hay nada en las pantallas que se pueda comparar con el contacto humano. Cual cómico del cine mudo, Wall-E demuestra tener un corazón dispuesto a latir para siempre por su Eva, la robotina que pronto descubre su disposición para querer, además de lanzar disparos mortíferos.
Junto a la excelsa animación plagada de detalles y contrastes, la banda sonora se desgrana entre instrumentaciones alusivas y canciones clásicas, entonadas por Louis Armstrong, entre otros; Peter Gabriel, mientras tanto, se encarga de cerrar y los créditos finales, que se acompañan de artísticos dibujos representativos de diversas tendencias, aluden a las formas en que la humanidad va recuperando la idea de comunidad en un planeta en plena recuperación ecológica. ¿Utopía rescatadora? Por supuesto. Estamos frente a la película del verano. 
Nos leemos después.
Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx