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ENTRE LA LIBERTAD Y EL PECADO

1 mayo 2015

Las relaciones entre el individuo y las estructuras sociales continúa siendo una de las temáticas más complejas para entender el mundo de hoy; ampliamente estudiadas por la sociología, estas vinculaciones se van transformando y modificando permanentemente, según la época, el lugar y los contextos singulares en los que se desarrolla. El margen de acción libre de la persona y las oportunidades o limitaciones impuestas por las condiciones económicas, políticas, sexuales, raciales y sociales en las que se desenvuelve, resulta una diada que sigue siendo susceptible de nuevas miradas.

Un par de notables películas que formaron parte del Festival de Cannes en el 2013, coinciden en el análisis de casos concretos en distinto tiempo y circunstancia, aunque colocando a sujetos en situaciones difíciles frente a las estructuras y condiciones adversas: la necesidad de migrar, la injusticia o ausencia de oportunidades laborales, el abuso hacia la figura de la mujer… ya sea a principios del siglo XX o del XXI, parece que hay situaciones que tienden a repetirse como si de un maleficio se tratara.

Sin victimizar a sus personajes con manipulaciones melodramáticas, al contrario, y sin pretender dar clases de moral no solicitadas sobre lo que debería ser la sociedad, se trata de dos obras fílmicas que nos invitan a pensar, más que en asentir. Disponibles en video y en el mundo de las plataformas digitales.

CULPA Y ESCAPE

Con una violencia subyacente que en ocasiones emerge de manera inesperada, breve y contundente, el director Jia Zhang-Ke (Plataforma, 2000; Naturaleza muerta, 2006; 24 City, 2008), perteneciente a la sexta generación de los cineastas chinos y también documentalista, presenta la multigenérica Un toque de pecado (China, 2013), en la que apenas se rozan cuatro historias con sendos personajes que viven en el gigante asiático con su particular mezcla de capitalismo de estado y totalitarismo político, generador cada vez más de diferencias de clase y de esquemas que admiten corruptelas, con el consecuente hartazgo de ciertos individuos que buscan rebelarse de alguna manera.

Toque de pecadoUn obrero (Wu Jiang) denuncia a diestra y siniestra las pillerías sistemáticas del patrón, secundado por otros empleados y por las autoridades: como respuesta recibe una golpiza que, lejos de amedrentarlo, lo impulsa a tomar cartas en el asunto de una manera extrema. Mientras observa un camión volcado, pasa un joven motociclista emigrante (Baoqiang Wang), viajando por caminos que lo llevan a su pueblo o a la ciudad, pistola en mano, defendiéndose de posibles asaltantes y convirtiéndose en uno: una sociedad donde las armas terminan por ser una última compañía.

Una mujer (Tao Zhao) que mantiene un amorío con un hombre casado es descubierta, golpeada y humillada, para deambular con el cuerpo y el corazón roto: termina trabajando como recepcionista en un sauna donde tiene que soportar el abuso de algún cliente; en esa búsqueda laboral también se encuentra un joven (Lanshan Luo) que se enfrenta a un mercado de trabajo reducido, limitado y explotador: no parece haber muchas opciones, ni siquiera ante la oportunidad de convivir con una chica que ejerce la prostitución.

La cámara nos pasea con cierto desasosiego por áridas ambientaciones, entornos fabriles y rurales o de insultante elegancia abigarrada que contrasta con zonas de hacinamiento, esta reflexión a manera  de collage de la China contemporánea parece avanzar sin precisar el destino, deteniéndose en los microrrelatos para continuar su camino, entre agresivos actos de justicia por propia mano y retratos de una soledad atrapada por estructuras impávidas: como si de un salto al vacío se tratara.

MIGRACIÓN Y AUSENCIA

Dirigida con pincel en mano por James Gray (Furia de perros, 1994; La traición, 2000; Dueños de la noche, 2007; Amantes, 2008), Sueños de libertad (The Immigrant, 2013) recrea con acierto una época y estado de ánimo muy particular en la historia de Estados Unidos, nación de migrantes con diferente suerte y estatus: el sueño americano, ya los sabemos, para algunos es una pesadilla, aún hoy en día. El filme sigue a dos hermanas polacas que, tras sufrir algunas vejaciones en el trayecto, logran desembarcar con la bienvenida de piedra de la estatua de la libertad.

Una de ellas se tiene que quedar en el hospital por estar enferma, mientras que la otra, a punto de serInmigrante deportada por alguna falta en su registro, es salvada por un ambiguo hombre que le ofrece protección y apoyo: al no tener otra opción, después de intentar quedarse con sus tíos, la recién llegada queda sometida a este sujeto que navega entre la culpa, el abuso y la búsqueda irremediable de la redención, mientras regentea una especie de teatro-burdel bajo las órdenes de una severa matrona.

Las interpretaciones de Joaquin Phoenix y Marion Cotillard consiguen imbuirnos en una relación tormentosa e injusta, aderezada por la presencia de un tercero (Jeremy Renner), el primo de este hombre que resulta ser un mago de buenas maneras y al fin rival en este relacional triángulo más bien escaleno. Si bien la premisa puede sonar ya demasiada vista, la forma de construir a los personajes y, sobre todo, la puesta en escena, resultan claves para destacar la imposibilidad de salidas para esta inmigrante.

Una paleta cromática que privilegia el rojo y el amarillo, con iluminaciones sosegadas y una cámara que propone encuadres divididos de manera natural, como para enfatizar la dualidad en la que se mueve el protagónico y el doble papel que tiene que desarrollar esta mujer para poder salvar a su hermana: el rostro sumido en una pantalla ennegrecida, ya sea escondiéndose o confesando los pecados necesarios, transmite con fuerza la determinación de quien, a pesar de las estructuras de autoridad corruptas, seguirá durmiendo con un arma bajo la almohada.

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CORPORACIONES ABUSIVAS: CONTROLES

24 abril 2013

Desde diferentes géneros, enfoques y propósitos, tres películas en las que unas empresas omnipresentes e inescrupulosas parecen regularlo todo, incluyendo la posibilidad de ser feliz y hasta, en algunos casos, de sobrevivir. Drama realista, thriller organizacional y ciencia ficción como para contar con perspectivas múltiples acerca de diversos tipos de crisis. En cartelera y en los videoclubes de la ciudad.

CONTROL A DISTANCIA
Una pareja realiza labores de mantenimiento y extracción en la Tierra, ya devastada por una guerra contra los alienígenas Scavs, mientras reciben órdenes de una supervisora siempre al pendiente (Melissa Leo, siniestramente motivante) y recordando la importancia del trabajo en equipo; además, deben cuidarse de unos seres extraños que pululan por el inhóspito paisaje. En poco tiempo podrán volver a Titán, una luna de Saturno donde ahora viven los humanos. La caída de una nave con una sobreviviente, recuerdos quebradizos que se resisten a desaparecer y un pequeño paraíso escondido, se van convirtiendo en elementos que generan dudas acerca de la misión y del sentido de la vida.Oblivion
Dirigida por Joseph Kosinski (Tron, 10) con base en su propia novela gráfica, Oblivion: el tiempo del olvido (EU, 13) retoma ideas, entre el reciclaje y el homenaje, de toda una tradición ciencia ficcional cinematográfica, entre cuyas referencias más claras es posible ubicar a Metrópolis (Lang, 27), 2001: Odisea en el espacio (Kubrick, 68), El planeta de los simios (Shaffner, 68), Solaris (Tarkovski, 72), Blade Runner (Scott, 82), Terminator (Cameron, 84), Brasil (Gilliam, 85), En el globo plateado (Zulawski, 87), El vengador del futuro (Verhoeven, 90), Matrix (hermanos Wachowski, 99), Inteligencia artificial (Spielberg, 01), Wall-E (Stanton, 08,) y En la luna (Jones, 09). Ya cada quien irá encontrando en dónde se percibe la influencia de estas obras.
A pesar de resultar predecible por las múltiples referencias citadas, el argumento termina por esbozar planteamientos interesantes como la forma en la que la humanidad se subyuga frente a sus propios adelantos y la manera en la que los recuerdos se vuelven el último reducto de identidad, poniendo a prueba certezas en apariencia irrebatibles. El score de M83 se integra de forma orgánica con la extensiva fotografía del oscareado Claudio Miranda (Una aventura extraordinaria, 12) y con el diseño tanto de producción como artístico, creando las realidades necesarias para compartir soledades, desengaños y angustias. Por su parte, Tom Cruise mantiene la convicción acostumbrada y es bien secundado por la matizada Andrea Riseborough, pareja y colega a la vez.

CONTROL LABORAL
En la línea de Trabajo confidencial (Inside Job, Ferguson, 10), documental didácticamente certero y poderosamente revelador sobre la crisis del 2008, El precio de la codicia (Margin Call, EU, 11) es una notable relación de hechos sucedidos durante 24 horas, empezando por un inclemente recorte de personal y terminando con una emergencia empresarial para sobrevivir, a costa de lo que sea: una firma financiera que juega a la especulación, la simulación y el engaño descarado para mantener la máxima de que la casa nunca pierde. Por si hubiera duda, ahí está la presencia de la bandera estadounidense, como para reforzar el desencuentro.
Escrita y dirigida por el debutante J.C. Chandor, la cinta se apoya en una asfixiante y claroscura propuesta visual con descriptivos paneos por la oficina que contrastan con las tomas en exterior, y en el trazo de los personajes padeciendo o tomando decisiones, por momentos, contra sus propias convicciones, si quedara alguna: de manera nítida se exhiben algunas de las causas de una crisis anunciada en la que la falta de regulación gubernamental se sumó a la avaricia desmedida de ciertos Gordons Gekkos, nombre de aquel personaje memorable que nos regaló Michael Douglas en Wall Street (Stone, 87).Margin Call
Las notables actuaciones son encabezadas por Jeremy Irons como el mero mero que da escalofríos con su falsa calidez y por Kevin Spacey, regodeándose en la ambigüedad de quien está en medio, pensando en su perro recién fallecido; Stanley Tucci, Paul Bettany, Zachary Quinto, Simon Baker y Demi Moore complementan este cuadro de asesores y quants que van y vienen, de victimarios pronto convertidos en víctimas y de piezas reemplazables a las que los dueños hacen sentir lo contrario mientras convenga, sin importar trayectorias, logros, historias y afectos.
Por su parte, Hombres de negocios (The Company Men, EU, 10) presenta la forma en la que las duras estrategias del llamado downsizing, lideradas por una fiel empleada (Maria Bello, implacable) de un corporativo, empiezan a ser sufridas por un trío de ejecutivos bien parados en una empresa, acostumbrados a un cierto nivel y estilo de vida proporcionado por sus empleos que, al momento de esfumarse, los obliga a renovarse o morir, literalmente: el desprecio del trabajo manual, la centralidad del trabajo como vehículo para la felicidad, la construcción de la identidad a partir de tu desempeño en el mundo laboral y la dependencia del sueldo seguro, con Porsche en el porche, son temáticas que se despliegan con buen ritmo y dinámica fotografía.
Dirigida por John Wells, la cinta no alcanza la profundidad esperada y por momentos pareciera esquemática y maniquea, aunque sí consigue ubicar las consecuencias familiares y personales de las crisis laborales en las clases medias altas y altas, en gran parte gracias al trío de convincentes actuaciones, cortesía de Ben Affleck, Tommy Lee Jones y Chris Cooper, bien contrastadas por un Kevin Costner en plan refunfuñón pero aleccionador, como si la vida simple fuera más feliz, casi en automático. Queda claro, eso sí, que del sueño americano cada vez es más fácil despertar.

ROMANCES INTERMITENTES O HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

23 septiembre 2012

Van y vienen a lo largo del tiempo. Separados por diferencias reconciliables, presencia de incómodos terceros o eventualidades de esas que la vida va poniendo ya sea como pruebas involuntarias o como obstáculos que si no matan, fortalecen o hieren relaciones que se sostienen más por la carencia de opciones que por convencimiento propio: la costumbre es más fuerte que el amor, dicen los realistas-pesimistas; el amor mueve montañas, dicen los idealistas-optimistas. En medio, nosotros los mortales creyendo que la felicidad se construye en la cotidianidad, más que en sucesos grandilocuentes o eventos con alta dosis de intensidad.
Tres cintas, una en cartelera y dos en los videoclubes, que abordan las relaciones románticas desde la perspectiva ya sea del primer amor o del primer compromiso serio. Ya sabemos que este tipo de cintas funcionan si la pareja protagónica resulta cercana y creíble, el guion ofrece alguna variante de la estructura ya sabida (encuentro-enamoramiento-pleito-reencuentro) y si podemos acompañar a los personajes en sus risas y sus momentos difíciles: es decir, qué tanto nos interesa lo que les suceda.

BODA POSPUESTA
Un chef con promisoria carrera en San Francisco (Jason Segel, también participando en el guion) le propone matrimonio a su novia inglesa (Emily Blunt, confirmando sus dotes para la comedia), siempre a la espera de una oportunidad para continuar con sus estudios de posgrado. La ceremonia se tiene que retrasar por diversos motivos –otra boda, cambio de ciudad, desarrollo profesional, resquebrajamiento afectivo- al punto de la ruptura y de la consecuente reflexión acerca de dónde está el hombre-mujer de tu vida. A falta de secundarios sólidos, la pareja protagónica lleva todo el peso de esta cinta que reflexiona acerca de las dificultades que implica primero establecerse como pareja y después construir el resto de la vida. Y no al revés.
Por momentos derivativa y al mismo tiempo funcional, como suele suceder con las películas producidas por Judd Apatow y dirigidas por Nicholas Stoller (¿Cómo sobrevivir a mi ex?, 08; Misión: Rockstar, 10), Eternamente comprometidos (The Five-Year Engagment, EU, 12) combina con astucia el humor, bien construido con estrategias de edición, y las vicisitudes amorosas de una pareja que entra en procesos continuos de desnivelación: tener que sacrificarse por el otro, ver cómo la pareja destaca académicamente y tú te hundes profesionalmente, estar fuera de lugar y ser testigo de la felicidad ajena, son circunstancias que se van planteando con un bienvenido realismo que no pierde la capacidad de integrar diálogos ingeniosos y situaciones de una cercana ridiculez.

UNA RELACIÓN Y CUATRO FUNERALES
Un joven cuya actividad consiste en platicar con un amigo fantasma kamikaze japonés y asistir a sepelios en los que no conoce a nadie, se topa de pronto con una adolescente fanática de la naturaleza, particularmente de las aves, y ambos empiezan a compenetrarse en sus marginales mundos. Con dolorosas historias detrás y en tono de evocación continua, la naciente pareja enfrenta la vida y la muerte con la inocencia y desenfado de quien pareciera no tener nada que perder.
Dirigida con languidez por Gus Van Sant (Drugstore Cowboy, 89; Milk, 08), quien vuelve a explorar el corazón juvenil pero ahora desde una perspectiva romántica, y producida por los Howard, padre e hija, Cuando el amor es para siempre (Restless, EU, 11) se apoya en la notable interpretación de Mia Wasikowska y en una mirada contenidamente esperanzadora sobre la posibilidad de cambiar el estado vital: la música de Danny Elfman y la inserción de canciones que van de Sufjan Stevens a The Beatles, pasando por Bon Iver, Nico y Pink Martini, termina por envolver esta sencilla pero cercana radiografía del primer amor.

AMOR EN TIEMPOS DEL VISADO
Y a manera de análisis del significado del primer amor, cuyo cliché reza que nunca se olvida aunque después vengan otras relaciones, Drake Doremus dirige Con locura (Like Crazy, EU, 11), aprovechando una convencida interpretación de los jóvenes Anton Yelchin y Felicity Jones como un par de estudiantes que se enamoran más pronto de lo que se podrían imaginar, aunque como cabría esperar, se verán envueltos en múltiples situaciones que se presentarán a lo largo de los años, ya cuando él es un diseñador de muebles y ella una escritora en ascenso asentada en su natal Inglaterra.
A partir de un eficaz uso de la elipsis para darle fluidez al desarrollo de los protagonistas, la inserción de flashbacks y de secuencias en silencio o acompañadas con música, la cinta nos permite transitar por la relación y de alguna manera involucrarnos en ella, no obstante ciertos lugares comunes que bien pudieron evitarse. La presencia de personajes interesantes alrededor de la pareja, en particular los padres de ella, colaboran a dimensionar en forma más amplia los contextos que van rodeando la solidificación o derrumbamiento de la primera relación romántica. Para recordar Matrimonio por conveniencia (Weir, 90).

OBSESIONES LLEVADAS AL PATETISMO

30 agosto 2012

Personajes atrapados en sus propias obsesiones, manías e insatisfacciones que terminan por ser destructivos para los demás y para sí mismos, llegando al crimen como forma de resolver, solo en apariencia, sus problemas. Entornos sociales en los que parece no importar la presencia o ausencia de estos seres enajenados de la más mínima posibilidad de convivencia social que pueda ir más allá de sus propios intereses. En tonos variados que van del realismo al terror y de ahí a la comedia, aventándonos sin red de protección de película en película, aparentemente distintas pero con ciertos hilos conductores que surgen de una madeja: el patetismo. Todas disponibles en los videoclubes de nuestra ciudad.

OBSESIÓN IMITATIVA
Un cincuentón con altos grados de frustración acaso no reconocida y canalizada de manera violenta, vive obsesionado en imitar a un ícono fílmico, al estilo de esas personas que dedican su vida a ser quienes no son, buscando fama, afecto o reconocimiento a partir del disfraz de la estrella mediática. Asiste al cine cuantas veces puede para ver la cinta en cuestión y ensaya en solitario y junto a otros seres que viven alrededor de una fonda en la que presumiblemente se presentará un espectáculo mágico y musical, que poco tiene de ambos y que más bien mueve a la depresión y al malestar anímico.
Dirigida por Pablo Larraín (Fuga, 06; Post Mortem, 10; No, 12), Tony Manero (Chile, 08) es un duro retrato del nivel de amoralidad a la que puede llegar un pobre diablo con tal de alcanzar sus absurdos objetivos. Con una por momentos titubeante cámara en mano, abundancia de desenfoques, perspectivas subjetivas y una continua sensación de rechazo, seguimos a este monstruo sumido en la sociedad del espectáculo, acá envuelta por la dictadura pinochetista, en sus pretensiones de montar un deplorable show y ganar un concurso televisivo de imitadores del personaje interpretado por John Travolta en Fiebre del sábado por la noche (Badham, 77). La notable actuación de Alfredo Castro, por momentos recordando a Al Pacino, redondea la construcción de uno de los personas más desagradables que se ha visto en el cine reciente.

PATETISMO ADOLESCENTE Y LABORAL
Arrancando en apariencia como una comedia pero inclinándose más hacia el drama, Adultos jóvenes (Young Adult, EU, 11), sigue a una escritora para adolescentes de éxito declinante, ya llegando a los cuarenta (Charlize Theron), que regresa a su pueblo para reconquistar al novio de la prepa (Patrick Wilson), ahora casado y con un hijo: como cabría esperar, lo que se encuentra no es necesariamente lo que estaba buscando… o quizá sí pero no lo sabía.
Dirigida por Jason Reitman y sin estar a la altura de su propia filmografía (Gracias por fumar, 05; Juno, 07; Amor sin escalas, 09) dadas ciertas situaciones demasiado forzadas provenientes del guion de Diablo Cody, como en el momento en el que se avienta su drama y todos en la fiesta la escuchen como si fuera muy interesante, y a la presencia de personajes que no cuajan (el primo paralítico) y terminan siendo meros estereotipos, el filme sale a flote por el patetismo bien encarnado por la protagonista y ciertos detalles en los que uno que ronda esas edades, acaba irremediablemente reflejado.
Por su parte, Quiero matar a mi jefe (Horrible Bosses, EU, 11) es una comedia dirigida por Seth Gordon en la que tres amigos empleados comparten la monserga de tener a sendos jefes insufribles (en sobreactuación flagrante Kevin Spacey, Colin Farrell y Jennifer Aniston), por diversos motivos: patanería, acoso sexual, prepotencia y lo que se vaya sumando. Con un arranque prometedor que anuncia un humor negro constante, el filme va deshilachándose sin saber bien a bien a dónde quiere llegar, enfatizando la intriga que no resultaba tan interesante como los propios personajes, un cuanto tanto abandonados durante el avance de la historia. Se antojaba para bastante más, dada la ingeniosa idea de inicio.

OBSESIONES ALREDEDOR DE LAS BELLAS DURMIENTES
Un par de hombres que trabajan o administran sendos edificios, amables y serviciales. Dos jóvenes mujeres solas que viven en uno de los departamentos, en trance de terminar o volver con sus igualmente patéticas parejas. Ambas empiezan a pasar malas noches, se despiertan cansadas y no saben con certeza qué es lo que sucede: ¿alguna presencia sobrenatural? ¿mal de sueño? ¿algún intruso de carne y hueso que esté haciendo de las suyas? Se trata de dos películas que coinciden en temática aunque el tratamiento y los resultados son distintos, jugando con lo que no se muestra como elemento central para el desarrollo argumental.
Por una parte, Oculta obsesión (The Resident, EU, 11) es una típica cinta de misterio en la que una doctora recién mudada (Hillary Swank) a un depa que parece ser una gran oportunidad, empieza a percibir eventos misteriosos, mientras es apoyada por el ahora dueño del edificio y ante las miradas sospechosas del abuelo de éste (el gran Christopher Lee). El asunto va siendo demasiado convencional y al limitado desarrollo de personajes, habría que sumarle un desenlace absurdo, por decir lo menos, y una sensación de haber visto la historia demasiadas veces.
Por la otra, Mientras duermes (España, 11) intenta ir más allá pidiendo cierta complicidad con el espectador por aquello de la verosimilitud (eso de contratar a alguien y luego averiguar quién es…) y por la condescendencia con el improbable trazo del personaje femenino (Marta Etura) y de la pequeña vecina, aunque agradeciendo la presencia de Luis Tosar. Dirigida por el especialista en el cine de terror Jaume Balagueró, conocido por la franquicia REC, la cinta con enfático juego de espejos, consigue implicarnos con este personaje cargado de patetismo y paulatinamente más peligroso de lo que él mismo o su madre supondrían.

TIPOS CON SUERTE

12 junio 2012

Películas que se pueden apreciar gracias a los videoclubes de la ciudad en las que vemos a hombres que van lidiando con sus sueños, amores, carreras, rutinas y, sobre todo, manías. Moviéndose desde la incorrección política o desde la intrascendencia personal, pero decididamente frontales y transparentes, sinceros en sus sentimientos y firmes en sus convicciones, aunque por momentos ni ellos mismos las tengan claras, viven sucesos que cambian o confirman sus percepciones, según el caso. Vamos viendo.

EL ENAMORADIZO
Basada en la novela homónima de Mordecai Richler y dirigida por Richard J. Lewis, realizador televisivo que aquí debuta en cine, La versión de mi vida (Barney’s Version, EU, 11) sigue a Panfosky, un intenso hombre de maneras abruptas que se dedica a ser productor de telebasura y que vive tomando decisiones con la epidermis (en su boda se enamora de una invitada, para no ir más lejos), no obstante que en el fondo palpita un corazón burbujeante, abierto y necesitado de todo tipo de afectos, incluso aquellos que resultan inoportunos.
Fan del hockey, bebedor y de carácter impulsivo, mantiene vínculos con su padre, un amigo con el que se detonan recuerdos culposos (Scott Speedman), su hija que lo acompaña ya hacia el final y, desde luego, su segunda esposa (Rosamunda Pike), debatiéndose entre un sincero cariño y la lógica racional que le indica lo difícil que resulta el cambio para un hombre: con todos ellos se presentan los consabidos altibajos que van desencadenando en la crisis de la memoria y la soledad, justo cuando el hubiera parece ser una incómoda compañía.
Con una agradecible combinación de humor, dilema moral y análisis sicológico, la cinta acompaña el la versión del propio sujeto, dándole peso a las propias percepciones sobre los eventos, a fin de cuentas determinantes para entenderlos. Claro que la cinta descansa en la inmensa actuación de Paul Giamatti, que muestra su amplitud de registro en las secuencias de alzheimer, junto a las de pujante vitalidad, así como los encuentros cara a cara con Dustin Hoffman, de quien parece estar aprendiendo muy bien la lección.

EL ILUSIONISTA
Dirigida con oficio por Sean McGinly (2 Days, 03) y producida por Tom Hanks, El Gran Buck Howard (The Great Buck Howard, EU, 08) nos invita a seguirle los pasos, en una etapa que ha dejado atrás los mejores años, a un mentalista que tuvo cierto éxito en la televisión y en Las Vegas, pero que ahora parece haber perdido el toque; sin embargo, él sigue en lo suyo buscando a que la gloria regrese con reflectores por todas partes. Con un nuevo asistente (Colin Hanks), que nos brinda la perspectiva del filme y una gira en puerta coordinada por una joven (Emily Blunt), este transformador de realidades echará su resto para demostrar(se) que mantiene el toque mágico.
John Malkovich se encarga de darle vida a este hombre de formas directas, difícil de trato y un poco alejado de la realidad (la suya es la que cuenta), que finalmente pareciera no estar del todo equivocado. La cinta nos lleva a reflexionar sobre las implicaciones del trazado de metas personales y de cómo saber caer de pie para seguir avanzando, aunque no exista ninguna certeza de la ruta que nos lleve al destino definido, por más que éste se encuentre anclado en un pasado que ya nadie valora.

EL TEATRERO
Dirigida sin riesgo por Malcolm Venville (Venganza premeditada, 10), El robo perfecto (Henry´s Crime, EU, 10) se centra en la consabida historia del hombre común e inocente de vida anodina que acaba en la cárcel y que al salir, junto a un amigo que conoció ahí mismo, deciden perpetrar un robo más de ingenio que de fuerza: entrar a la bóveda de un banco desde el edificio de junto, un teatro en el que se ensaya una obra de la cual forma parte una actriz que, a su vez, entabla una relación con el susodicho. En otras palabras, de cómo la vida puede dar un vuelco inesperado cuando más te lo esperas.
Las actuaciones de Keanu Reeves, James Caan y Vera Farmiga resultan frescas, así como una puesta en escena de cierta estructura teatral, bienvenida al caso. Si bien la trama no plantea mayores innovaciones, el resultado en conjunto del filme resulta entretenido por la manera en la que se va mezclando la ficción –de la puesta en escena- con la realidad, en la que los afectos, odios, solidaridades y traiciones, van apareciendo como si se tratara de diferentes actos teatrales. Así, un tipo que en un momento dado tenía todo que perder, de pronto se ubica en una posición donde tiene todo que ganar, hasta que, justamente, empieza a tener cosas que volver a extraviar.

VIOLINES EN EL CIELO: DESPEDIR PARA COMPRENDER

30 abril 2010

Llegado el momento, no hay más que tomar decisiones radicales: asumir el fracaso vocacional como violonchelista y regresar al origen en busca de respuestas, a pesar de no tener muy claras las preguntas. De los sublimes y melancólicos sonidos de su inseparable instrumento musical, a los rituales mortuorios para dar la última despedida a personas que emprenden quizá el viaje definitivo. Extrañas maneras del destino: para comprenderse a sí mismo nada mejor que acercarse a la muerte y las sensaciones que la acompañan.
Dirigida con genuina emotividad por el veterano Yôjirô Takita, la mal titulada en español Violines en el cielo (Okuribito, Japón, 08), se desarrolla a partir de la decisión de un joven de regresar a su pueblo natal para empezar de nuevo, con el apoyo de su esposa, una vez que la orquesta donde tocaba ha desaparecido y se ha dado cuenta que lo suyo no es el chelo. Más o menos instalado, entra a trabajar a una agencia de viajes muy especial, dedicada a darle una digna despedida a la gente a través del nôkan, ritual funerario más propio de las zonas campestres japonesas.
El filme se permite cierto humor (el primer trabajo, la entrevista inicial con el jefe, el video instruccional) en el cruce de temáticas: la paternidad como responsabilidad trascendente; la muerte como encuentro inesperado, como traslado incierto y oportunidad de comprensión; el trabajo como factor de construcción de identidad; la relación de pareja entre el apoyo y la exigencia; la búsqueda del origen para comprender el presente, trazar el futuro y si se puede, sanar el pasado.
No faltan los elementos simbólicos: el pulpo vivo, los gansos volando y los salmones luchando contra la corriente; personajes secundarios de notable presencia significativa: el estoico jefe y la asistente; la dueña de los baños, su hijo y el silencioso pero sabio cuidador vuelto cremador. Seres que terminan por dotarle una fuerza narrativa al viaje emprendido por el protagónico lleno de inesperados descubrimientos acerca del territorio menos explorado: él mismo.
Con elusivos flashbacks en los que predominan los recuerdos de rostros borrosos; sensible acompañamiento musical digno de la temática abordada; una fotografía prístina de amplitud estética y un permanente cuidado en la composición de los encuadres, buscando destacar los elementos clave a través de un juego de enfoques, esta multipremiada cinta nipona se constituye como una alternativa para fortalecer nuestra educación sentimental y, en una de ésas, asomarnos a un probable espejo en el que nos podemos vernos reflejados, aunque con los ojos un poco más rasgados de lo habitual.
El intercambio de piedras constituye no sólo el recuerdo más presente durante la vida, sino la compañía última al momento de morir.

AMOR SIN ESCALAS: DESPIDO (IN) JUSTIFICADO

17 febrero 2010

Uno de los rasgos de las empresas modernas es la tendencia hacia la descentralización y subcontratación de funciones (outsourcing), tales como la seguridad, limpieza, gestión informática y la administración de recursos humanos, entre otras. Dentro de ésta última, se puede esconder una estrategia opaca: una persona puede ser contratada por una organización y trabajar para otra, por lo que al momento del despido, el empleador no es quien parece ser y quien da la cara, cuando la da, es otra entidad.
Ahora existen esas organizaciones dedicadas a bajar los gastos de las empresas (downsizing), específicamente encargándose de la dura labor de reducción de personal: “lamentamos informarle que su puesto ya no está disponible; en este folleto encontrará toda la información que necesita.” Además de comunicar la mala noticia, toca dar esperanzas y de alguna manera convencer al susodicho de que, a fin de cuentas, puede abrirse un nuevo horizonte de desarrollo.
Para desarrollar el trabajo, qué tal contar con un experto viajero nunca Turista accidental (Kasdan, 88), trasladándose por toda la Unión Americana con todo tipo de ventajas corporativas, siempre libre de compromisos emocionales, ataduras afectivas o sentimientos de culpa, sobre todo ante la diversidad de reacciones que debe enfrentar de las personas despedidas, manteniendo la frialdad y nunca permitiendo que se vuelva personal.
Jugando en apariencia un papel ingrato como el del protagónico de Gracias por fumar (Reitman, 05) y combinando su chamba de portador de malas noticias con conferencias motivacionales de frágil argumentación (viajar ligero y vaciar la backpack), Ryan Bingham (George Clooney, lleno de sutiles matices) vive cómodamente en glamoroso tránsito y aspira alcanzar una cifra dorada de millas por el simple gusto de hacerlo, aunque justo en el momento anhelado, se presente el síndrome del vacío ante el objetivo alcanzado.
Toda su seguridad soportada por innumerables plásticos, relaciones pasajeras y trato preferencial, se pondrá a prueba por tres eventos: el encuentro con una mujer que pareciera funcionar como espejo (Vera Farmiga); la instrucción de su jefe (Jason Bateman) para que le enseñe el trabajo de campo a una joven de reciente ingreso con ganas de incorporar cambios, aprovechando las nuevas tecnologías (Anna Kendrick) y, finalmente, el contradictorio papel que le toca jugar en la boda de su hermana, a la que no veía en años y a cuyo galán ni conocía: a regañadientes cargaba con el cartón de ambos para tomarle fotos en diversos sitios, como en Amélie (Jeunet, 01).
Basada en la novela de Walter Kim y dirigida por Jason Reitman con su habitual talento precoz, la muy mal nombrada en español Amor sin escalas (Up in the Air, EU, 09), resulta ser una mirada agridulce de las relaciones personales y laborales en las sociedades desarrolladas, expresadas en el desarraigo emocional y en la sensación de que cada vez es menos necesario el compromiso a largo plazo: incluso un noviazgo o un vínculo laboral pueden terminarse a través de un mensaje de texto o una videoconferencia.
Considerada como una road movie a 20,000 pies de altura (Scott Foundas en Filmcomment, 11/12, 2009), la cinta se articula a partir de una puesta en escena precisa, sobre todo en las secuencias de aeropuerto, y una edición que permite elevar el vuelo y aterrizar con fluidez, en especial cuando los cortes entre toma y toma se aceleran, enfatizando el estilo de vida del personaje y mostrando las reacciones de los empleados despedidos ante la mirada entre pétrea o de falso duelo por parte del mensajero.
En ciertos momentos, la inserción de canciones country/folk acompaña al desplazamiento ligero y elegante de la cámara, contextualizando el desarrollo de los personajes en esos ambientes tan pulcros como impersonales en los que se está rodeado de gente pero al fin solo, condición de disfrute para algunos y de angustia para otros. Una comedia inteligente y pertinente para los tiempos que corren, esparciendo críticas y provocando reflexiones entre sonrisas levemente esbozadas.