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BAARIA: GENERACIONES CIRCULARES

29 marzo 2011

Una película-río atraviesa el tiempo y fluye por acontecimientos varios, enfocándose en un puñado de personajes que de alguna manera se convierten en portadores de las formas de pensar y actuar en determinados contextos. Usualmente, este tipo de films abarca tres o cuatro generaciones que se van conectando por afinidades familiares o sociales, estableciendo continuidades narrativas que se articulan para darle a la historia un sentido de unicidad.
El riesgo, claro, aparece cuando las bifurcaciones sobrepasan al cauce central y el resultado termina en un desbordamiento tal que lejos de darle diversidad a la propuesta, termina en una dispersión episódica que impide el involucramiento por parte del espectador, perdiendo el interés por los personajes y sus circunstancias. Es probable que todo el aparato narrativo de estas cintas presente tensiones entre el desarrollo de los sujetos y la necesidad de contar los grandes acontecimientos en los que están envueltos.
Dirigida con aliento épico por el siciliano Giuseppe Tornatore (La desconocida, 06; Una pura formalidad, 94), Baarìa: Amor y pasión (Italia, 09) es justamente una cinta que se despliega a lo largo de 50 años, de 1930 a 1980, siguiendo a un tronco familiar en el poblado que da título al film, dentro de la región de Bagheria en Palermo, sitio donde nació este realizador que alcanzara notoriedad con Cinema Paradiso (89), cuyo espíritu está presente en la cinta sobre todo cuando la comunidad se entrega al disfrute del cine, con todo y discusiones morales y las referencias, explícitas o implícitas, de los grandes directores italianos de los cuarentas y cincuentas.
En un tono que retoma el neorrealismo italiano, desde el punto de vista temático, y el cine felliniano en su forma y puesta en escena, el director de Todos estamos bien (90), Novecento: La leyenda del pianista (98) y Malena (00) regresa a la premisa de apretar los botones sentimentales y humorísticos por igual, con mejores resultados los segundos que los primeros, para construir una extendida historia -150 minutos- que mezcla romance, contexto político, situación social, saga familiar, guerra y todo lo que sea posible en la vida de Peppino (Francesco Scianna), un hombre al que seguimos desde niño hasta que se convierte en padre de familia, atravesando por su formación sentimental, ideológica, política y laboral.
Desde la perspectiva de la pequeña comunidad, se siguen los grandes acontecimientos que marcaron aquellos años, particularmente la II Guerra Mundial, y la aparición del comunismo con todos sus mitos, esperanzas y promesas, mientras que elementos como la religiosidad popular y las tradiciones del campo se entremezclaban con el ascenso de la mafia –de paso se menciona a los Corleone- y las diversas disputas que todos estos factores generaban. No obstante, la cinta se da tiempo para darnos ciertos toques de realismo mágico que la hacen más ligera y llevadera, si bien por momentos se extraña una mayor fuerza dramática.
Tanto el diseño de producción –vestuario, construcción de sets, utilería- como el score, cortesía del mítico Ennio Morricone, nos remiten de inmediato a una época histórica determinada, así como el cúmulo de detalles no sólo visuales sino también narrativos (como sucedía con El hombre de las estrellas, 95), en los que se advierten formas de pensar propias de los tiempos que corren, así como la aparición en los pueblos de artefactos varios de acuerdo a los avances tecnológicos primero llegados a las grandes ciudades.
Los espectaculares desplazamientos de cámara y la fotografía de provocadora belleza por momentos captan más la atención que lo narrado, es decir, en ciertos pasajes interesa más la forma que el fondo. La cinta gana fuerza cuando intervienen los personajes femeninos, en especial la esposa (Margareth Madé) y la abuela (Ángela Molina), cuya historia se inserta con tino a través de un flashback: la vitalidad de ambas va sosteniendo al personaje central y ejemplifican la importancia de la mujer en las estructuras familiares de la cultura latina, a pesar de que en otro sentido se le menosprecie.
La estructura circular del film, con esas elipsis continuas en ocasiones bruscas y con esos trompos girando mientras que la mosca sale volando, nos coloca en la posición de apreciar el tiempo no de forma lineal, sino con las idas y vueltas más propias de las vidas humanas y de los acontecimientos históricos que no se suceden de manera predecible y ordenada, sino con regresos al punto de partida. De ahí que un padre refleje su propia infancia en el hijo y éste, a su vez, se proyecte en su progenitor cual modelo a seguir. Para correr, no hacen falta alas, aunque las víboras prietas acechen en los sueños.

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EL DISCURSO DEL REY O CÓMO ENCONTRAR LA PROPIA VOZ

22 marzo 2011

La realeza sigue dando material para que los academicistas del cine propongan obras más preciosistas que intensas y más emotivas que rigurosamente históricas. El departamento de diseño artístico se puede dar vuelo con la reconstrucción de escenarios, confección de vestuarios y todo el trabajo de utilería, mientras que algunas actrices y actores se asumen como reyes ya no de la pantalla, sino de un mundo más cercano a la realidad (es un decir).
Casi convertido en subgénero que podríamos bautizar como filmonárquico, usualmente cae en las trampas de la recreación contextual, con sus excepciones, y en buscar la edificación como mensaje transversal de su argumentación, obviando pasajes que hoy no serían políticamente correctos; un poco de maquillaje vital, pues.
Dirigida con manual de Oscar en mano por el londinense Tom Hooper (Red Dust, 04; The Damned United, 09), más cerca de la pantalla chica que del cine, lo que explicaría el tono de serial televisivo con el que construye su cinta, El discurso del rey (GB, 10) recorre la búsqueda de un hombre, atrapado por las circunstancias, para encontrar su propia voz y así darla a conocer a los demás: el asunto aquí es que el susodicho es el Rey de Inglaterra y los demás es todo el pueblo, aunque la recomendación sea que hablara como si se lo dijera a un amigo.
Habría que sumar el momento histórico que le ha tocado vivir: justo el inicio de la Segunda Guerra mundial, situación que requería, como podríamos imaginar, voces de liderazgo, aliento y seguridad; ya no se trata de un discurso navideño más bien ñoño, sino de una declaración de principios y una insuflación de ánimos en tiempos oscuros, rivalizando con un perversamente poderoso orador como Hitler, cuya forma bastaba para convencer, aunque no se le entendiera nada o sus mensajes carecieran de la más elemental lógica argumentativa.
Resulta que el nuevo rey, coronado por la abdicación de su hermano más bien en trance de enamoramiento (puede más una mujer que un trono, por si alguien lo dudaba), padece tartamudez en apariencia incurable, a pesar de las terapias diogenesianas y de ejercitación física; hasta que llega el verdadero héroe: un actor fracasado pero con gran capacidad para aprender de la experiencia, que lo ha llevado a convertirse en un terapista poco convencional del lenguaje. El problema, desde luego, está más anidado en los afectos infantiles que en los cachetes y garganta.
A pesar de que la cinta simplifica el proceso de “cura” de la tartamudez y acaso lo hace ver como un esquemático remedio conductual, la fuerza narrativa radica en la amistad que van construyendo este doctor sin papelito y este rey sin voz. Para tal efecto, Colin Firth nos regala una actuación llena de matices eludiendo tics o chantajes gestuales, siempre en contraparte con un Geoffrey Rush contenido y profundamente empático.
Alrededor, un sólido entramado actoral: Helena Bonham Carter como la esposa-soporte; Guy Pearce en la piel del rey Eduardo VIII que tiró la toalla; Derek Jacobi enfundado en sotana; Timothy Spall como el agudo Churchill y Michael Gambon como Jorge V en sus últimos días. La música, entre juguetona y emotiva, acompaña de manera precisa los diferentes estados de ánimo del film, bien concatenados para construir un discurso narrativo realmente funcional.
La fotografía establece atractivos contrastes entre unos exteriores nebulosos con tímidos rayos solares y unos interiores cuidadosamente acondicionados, al igual que los vestuarios y los detalles de utilería; con distintos ángulos focales y perspectivas en las que caben logrados encuadres de los personajes frente a la pared o close-ups tensionantes, se van secuenciando las escenas que llegan a alcanzar una emotividad cierta: con Beethoven (alemán) como fondo, el momento que le da título al film.
Es una virtud que el filme, criticado ampliamente desde el punto de vista histórico y acaso por su falta de nervio y la ausencia de una mayor contextualización, consiga hacer que te importe lo que le pase a este personaje tan distante de uno, poderoso y frágil a la vez (el rey, no uno): parece que se debe, sobre todo, a la interpretación de Firth, que ha entrado a una muy buen racha actoral con La última vez que vi a mi padre (07); Génova (08); Un hombre solo (09) y la que nos ocupa.
Destaca también la fuerza de la radio en aquellos años, como único vehículo de comunicación en simultáneo entre el rey y el pueblo: de ahí que la voz, quizá más que la imagen, cobraba una importancia mayúscula. A fin de cuentas, tenemos a un hombre ordinario colocado en una situación extraordinaria, esquema que tanto gusta a los filmes que buscan colocar al optimismo como estado de vida deseable. Y así es, pero cómo cuesta trabajo en estos tiempos que corren.

VISITANTES DISTINGUIDOS

15 marzo 2011

Congregados por el festival de la Ciudad de México y anexas, se lanzan en desbandada una serie de personajes dignos de ser atendidos. Para quien se pueda dar una escapada (¿qué son 400 km. en estos tiempos?) o ande por aquellos lares, todo un festín que ya inició con la presentación de los Residents, veterana agrupación de identidad misteriosa pero de experimentación jugosa. Veamos algunos otros comensales, además de quienes propondrán sus sonidos alternativos como el sax de Evan Parker, el grupo avant-garde Text of Light, los Melvins con toda su experiencia roquera y Earth, banda de culto en los ambientes al margen, entre otros.

HERBIE HANCOCK: TECLADO MULTIGENÉRICO
A sus setenta años, el originario de Chicago le ha dado vuelta a diversos géneros como el jazz en generosas variantes, la fusión, el funk, el R&B y el góspel. Convertido ya en pieza central de la música contemporánea, el alumno aventajado de esa escuela ineludible conocida como Miles Davies, inició con el piano a los siete años y tras tocar en el grupo de Donald Byrd, debutó como solista en Takin’ Off (62) para después reunirse con el aclamado trompetista durante cinco años de intenso aprendizaje y consolidación de un estilo propio, apostando por un virtuosismo interpretativo en conjunción con un eclecticismo estilístico, tal como se desgranó en los discos de aquellos años.
Prolífico como pocos, en los 70’s grabó más de 20 discos, entre los cuales figuraban algunas obras maestras como Mwandishi (70), Crossings (71) y Head Hunters (73), ya en tonalidades más funk; su famoso sexteto se convirtió en referente obligado en los terrenos del jazz-rock y sus linderos de corte experimental, tan en boga durante aquellos años con grupos como Traffic. Durante los 80’s se dio a conocer entre los jóvenes seguidores del naciente MTV con su famoso video de Rockit del álbum Future Shock (83); en contraste y confirmando su permanente estado de inquietud, Hancock se unió al músico de Gambia Foday Musa Suso para grabar Village Life (85).
En la siguiente década aparecieron discos notables ya denotando plena madurez como Dis Is Da Drum (94), The New Standard (96) y Gershwin’s World (98). Su más reciente gran obra, convertida en un clásico instantáneo, se tituló River: The Joni Letters (07), derroche de sensibilidad acompañado por la poética de la gran compositora del clásico Blue (71). Su más reciente grabación es The Imagine Project (10), intento no del todo logrado por visitar estilos y geografías varias. No habrá que perderse la oportunidad de estar frente a un gigante de la música popular, que bien ha sabido pararse en los hombros de quienes lo antecedieron.

CHIFLANDO EN LA LOMA
Instalado primero en el neoswing como violinista acompañante de los Squirrel Nut Zippers y metido después a sagaz combinador de pócimas sonoras, el silbador profesional y músico total Andrew Bird (Chicago, 1973) nos traslada por diversos parajes que van del swing al folk y de ahí al indie rock con apuntes de country para mostrarnos algunas joyas pop, sostenidas por elusivos juegos de cuerdas, silbidos melódicos y letras que saltan de lo habitual a lo imprevisto en apenas unas líneas.
Se lanzó al ruedo en solitario con Music of Hair (96), álbum esparcido de blues al que le siguió Oh! The Grandeur (99); en asociación con el combo Andrew Bird’s Bowls Of Fire, firmó Thrills (98) y The Swimming Hour (01), uno de sus trabajos de mayor envergadura. Cierta influencia de Jeff Buckley y un dejo vocal de David Byrne, fueron incorporándose a este periodo de cierto localismo que ya advertía la ruptura de los circuitos próximos para convertirse en sonido de exportación.
Con una desarrollada capacidad melódica, acaso sacrificando cierto espíritu aventurero, apareció The Weather Systems (03), obra que lo puso en el radar mediático junto a bandas como My Morning Jacket; ya con una mayor atención a cuestas y respondiendo como se debe, grabó Andrew Bird & The Mysterious Production of Eggs (05), un trabajo reconocido como uno de los mejores de aquel año y en el que la guitarra contrapuntea y se lamenta en diálogo permanente con el violín.
Esta buena racha creativa quedaría confirmada con Amchair Apocrypha (07), incluyendo algunos crescendos nostálgicos que recuerdan a Tom Yorke, matizados por los reconocibles chiflidos ocasionales, y por el elusivo Noble Beast (09), redonda excursión al campo multicolor. Bajo la manga, para su presentación en México al lado de la chelista canadiense Zoë Keating, trae Useless Creatures (10), su más reciente obra.

BAILE IMPRONUNCIABLE
Y de ahí nos entroncamos con !!! (pronúnciese Chk, Chk, Chk), locochón octeto que ha llevado la psicodelia a los ambientes bailables, con apuntes funk y expansivos metales que se deslizan entre una continúa rítmica. Originarios de Sacramento, presentaron su primer largo en el 2001, al que le seguiría el trancazo de Louden Up Now (04), álbum que los puso en el mapa de los clubes. Conservando el nivel energético, perpetraron Myth Takes (07), uno de los discos que desfilaron en las listas de lo mejor de aquel año, y Strange Weather Isn’t It? (10), en el que no dan respiro a unos pies incapacitados para quedarse quietos.

EXPLORACIONES FEMENINAS

10 marzo 2011

Películas sobre mujeres que buscan encontrar resquicios de identidad, realización personal y espacios de desarrollo, usualmente en contextos difíciles. De todos géneros y gramáticas. Vamos.

ÉPOCAS DISTANTES, AÚN PRESENTES
Basada en la novela de Donna Woolfolk Cross y dirigida por Sönke Wortmann (El milagro de Bern, 03), La pontífice (Pope Joan, coproducción, 09) relata la historia de una mujer del siglo IX que, aparentando ser hombre por ser el único camino para continuar expresando su fe, llegó a ser elegida/o Papa de la Iglesia Católica, en medio de las intrigas, lealtades y deslealtades de rigor. Con un cautivador desarrollo narrativo, sólida producción y una creíble puesta en escena, queda la imagen de cómo las convicciones se pueden llevar, si son de verdad, hasta enfrentar las últimas consecuencias.
Con producción española estilo Hollywood y sin poder salvar el maniqueísmo propio de muchas cintas históricas, Ágora (Amenábar, 09) se sostiene principalmente por los momentos en los que se plantea la indagación científica y por la convincente interpretación de Rachel Weisz como la astrónoma y filósofa Hipatia de Alejandría, acusada por fanatismos absurdos y envuelta en una lucha de poder ahora emprendida por quienes fueron sus alumnos y uno que otro siniestro personaje, justo cuando empezaba el siglo V. Eso sí, se observa con nitidez cómo el ser humano puede ser capaz de acabar con su propia cultura usando de pretexto a la divinidad. Y seguir tan tranquilo.
Por su parte, La reina joven (GB, 09) retoma el ascenso al trono de Victoria en la Inglaterra de 1837, con todas las luchas de poder y obstáculos propios de la ociosidad real. Con un reparto sólido, encabezado por una buena interpretación de Emily Blunt, e impecable diseño de arte, quizá demasiado aséptico, la cinta trasncurre con soltura entre cierta falta de intensidad y echando de menos un poco de mayor contextualización. Producida por Martin Scorsese y dirigida por Jean-Marc Valle, esta obra se inscribe en este casi subgénero que retrata a reyes y reinas de todos colores y sabores, sobre todo cuando sus vidas eran ligeramente más interesantes que las actuales, a menos que alguna nuera pueda dar de qué hablar.

ÉPOCAS DISTANTES, AMORES IMPOSIBLES
Buscando retomar el espíritu de su aclamada Relaciones peligrosas (88), Stephen Frears adapta junto a Christopher Hampton, un par de novelas de Colette para presentar La edad del deseo (Cheri, GB, 09) apoyada por una narración en of, un evocativo score de Alexandre Desplat, fotografía preciosista y unas sólidas actuaciones sobre todo en las secuencias de la separación y la consecuente soledad. Los amantes malditos quedan atrapados entre el ocio de la Belle Epoque y la ruptura que implicó la primera gran guerra. El duelo tanto argumental como de actuaciones lo escenifican Michelle Pfeiffer y Kathy Bates. Empate.
También puede ser imposible dejar de estar unidos, como sucede en Una vieja amante (Francia-Italia, 07), filme dirigido por la controversial Catherine Breillat (Sucia como un Ángel, 91; Romance, 99) en la que se establece un triángulo amoroso que se resiste a romper, pese a un matrimonio de por medio e intentos de cuartos o quintos por buscar que desaparezca una añeja pasión entre un aristócrata y una pasional mujer, interpretada por una intensa Asia Argento que contrasta con la virginal esposa, en apariencia.

ÉPOCAS PASADAS, DESENTERRADAS
Un par de arqueólogas en sendas películas que coquetean con la aventura y el terror. Por un lado, Las momias del faraón (Les aventures extraordinaires d’Adéle Blanc-Sec, Francia, 10) dirigida en el tono desconcertante cada vez más habitual de Luc Besson (Nikita, 90; El perfecto asesino, 94; El quinto elemento, 97), con la presencia de un pterodáctilo, un anciano misterioso, personajes caricaturescos y una mujer que busca salvar a su hermana; hay una influencia mal aprendida de Spielberg, un humor que no funciona del todo y una trama desparramada, que de pronto resulta original aunque el conjunto no termine de cuajar.
Por el otro, La madre del mal (Italia, 07), dirigida por el mítico director italiano de terror Z Darío Argento con el sello de la casa: mezcolanza de vísceras, caos urbano, fantasmas maternales y brujería de la mala con su acostumbrada desfachatez para que la sangre corra en forma gratuita. Splatter en su latina expresión con, una vez más, Asia, su hija, en el papel de una arqueóloga a punto de descubrirse como la esperanza frente al regreso de una gesticulante mujer de poca ropa y muchos seguidores.
En fin, para todos gustos y aficiones.

LOS DECEMBRISTAS ANUNCIAN LA MUERTE DEL REY

4 marzo 2011

En The King Is Dead (‘11), sexto largo de The Decemberists, quinteto de Portland ya convertido en referente musical del nuevo siglo, y especie de contraparte nominativa del clásico The Queen Is Dead (86) de los Smiths, se despliega un folk bien aprendido de la tradición inglesa ahora combinada con el country americano, integrando instrumentaciones precisas que van de la guitarra acústica y uso del pedal con fuerte presencia de la armónica, al acordeón y el violín, entretejidas para proponer melodías a la mano transitando por las estaciones del año cual referentes anímicos.
Don´t Carry It All y Calamity Song abren con tonos anunciatorios en forma y fondo, con la notoria influencia del primer REM que incluye la colaboración de Peter Buck en tres cortes. Rise to Me transita de manera pausada, mientras que Rox in the Box se desarrolla a partir de un violín que dialoga con el acordeón, construyendo una especie de fogata comunitaria, mientras los viejos fuman pipa y los niños mugrosos revolotean alrededor, acaso ante la mirada del Neil Young en plena cosecha de la luna.
Los meses del invierno al verano: January Hymn y June Hymn buscan un cierto intimismo nostálgico que explota con Down By the Water, al tiempo que All Arise! se inserta en el ambiente rural. This is Why We Fight, una de las mejores, denuncia las absurdas razones de la guerra con un bajo efusivo para ceder paso a Dear Avery, despedida entre atmosféricas vocales. Colin Meloy se escucha convencido, soltando sus evocativas historias de amplio vocabulario como quien va dando explicaciones sí pedidas y cobijado por sus cuatro cómplices de rigor y algún invitado especial como la cantautora Gillian Welch, presencia que fortalece el aroma a campo del álbum.

BESA Y DEJA MORIR
Sam Beam es un barbado cantautor que desarrolla su propuesta artística bajo el nombre de Iron And Wine, con el que ha firmado cuatro discos a la fecha, transitando entre el pop, el folk y la americana, en la línea de Bon Iver, My Morning Jacket y Fleet Foxes. Kiss Each Other Clean (’10-’11) marca su regreso tras el espléndido Shepherd’s Dog (07), con faisanes poblando las imágenes y algunos discretos cambios de registro que si bien no siempre funcionan, apuntan hacia un ensanchamiento de referencias: coros incrementales, apuntes cercanos al Soul y funk matizado con una contenida rítmica setentera. Walking Far From Home abre un racimo de canciones con varios puntos de inflexión, pero cantadas como si las decisiones ya estuvieran tomadas: se percibe relajamiento general sólo trastocado por algún teclado o el sonido de algún metal que contrapuntea el desarrollo armónico y por las letras como de costumbre inquietantes que visitan temáticas tan vitales como imposibles de asir.

SALUDOS Y SORPRESAS
Um, Uh Oh (‘11) es el séptimo disco de Say Hi, proyecto integrado sólo por Eric Elbogen, hombre equipo que se dedica a todos los sonidos encapsulados en esta obra, como se advierte en el cuadernillo. Un pop labrado con paciencia desde alguna casa en Seattle que funciona sobre todo en la parte media del álbum, dejando espacios para incursiones instrumentales identificables de guitarra y teclados, pronto tarareables, con una voz que invita a tener confianza a pesar de la estética de baja fidelidad; por momentos nos encontramos con pasajes nebulosos como de película serie B (Devils), más entusiastas (Take Ya’ Dancin’) o con aires de mayor seriedad (Posture, Etc.). De las temáticas más propias de los geeks, ahora el espectro se amplía para considerar sentimientos que se vinculan con seres humanos reales y no sólo de ficción.

PRIMER AÑO
La columna Sonido & Visión cumple su primer año de aparecer en las páginas de MILENIO. Vaya un agradecimiento a las personas del periódico que han acompañado a esta pequeña que quiere crecer fuerte y sana, así como a los lectores con los que compartimos o disentimos en puntos de vista, apreciaciones y gustos.