Archive for 28 marzo 2009

GRAN TORINO: CARROCERÍA LUMINOSA

28 marzo 2009

Es un modelo clásico, orgullosamente estadounidense y a prueba del tiempo. De impecable manufactura, su maquinaria está en perfecto estado, a pesar de los años, y cuidadosamente engrasada. Nada más de verlo impone de inmediato: su sola presencia ilumina y su vejez lo hace cada vez más interesante. La fuerza de su motor se mantiene intacta y conforme pasan los años, su valía se engrandece: provoca admiración justamente ganada. Es el Gran Torino. Es Clint Eastwood.
De cómo Harry el sucio pasó de rudo y poco expresivo actor a brillante director de dramas poliédricos sigue siendo un misterio: sobre todo a partir de Los imperdonables (92) y realizando poderosas cintas como Los puentes de Madison (95), Río Místico (03), Golpes del destino (04) y Cartas de Iwo Jima (06), el también músico se ha vuelto un personaje capital del cine contemporáneo, acaso como el último gran clásico.
Un hosco excombatiente de la guerra de Corea, con marcadas actitudes xenofóbicas, ha quedado viudo. De origen polaco y jubilado de la Ford, Walt –checar nombre- tendrá que enfrentar su soledad cargando recuerdos, culpas, prejuicios y necedades, un poco como le sucedía al personaje de Las flores del cerezo (Dörrie, 08). Lejos de caer en depresiones, el tipo parece seguir en guerra: contra sus vecinos, nietos, recuerdos, pandilleros, iglesia… su territorio es el césped, único bien cortado.
Distante de sus dos hijos con quienes de plano no se entiende, vive en un barrio que poco a poco se ha poblado de Hmongs, una etnia integrada por personas de diferentes países que fue desplazada por los comunistas tras la guerra de Vietnam y apoyada por Estados Unidos. Por circunstancias extrañas, Walt se convertirá en héroe involuntario de sus vecinos –todos son como chinitos, raros, sucios y poco identificables entre sí- y así empezará su proceso de cambio.
Escrita por Nick Shenk y producida, dirigida e interpretada por Clint Eastwood, Gran Torino (EU, 08) se articula a partir de la posibilidad de transformación personal en el ocaso de la vida, no obstante los enraizados prejuicios con los que uno va construyendo sus certezas, acaso para sobrevivir. Un hombre viviendo en su propia casa pero en un entorno que lo rebasa y que sólo alcanza a observar cómo la realidad se mueve mucho más rápido que su capacidad de adaptación: lo único que queda es soltar gruñidos o mascullar amenazas.
Con pinceladas de humor (la secuencia didáctica para hablar como hombre en la peluquería), ciertos apuntes costumbristas y sólido desarrollo de diálogos y sucesos –ahí están los hermanos (Bee Vang y Ahney Su) con quienes el protagónico construye una especial relación- el film se desarrolla con la soltura narrativa sello de la casa, a partir de una puesta en escena sobria y funcional, y con una edición que permite centrarse en el relato y darle fluido cauce.
Desde el arranque, quedan sentadas las bases para el desarrollo de una historia que gracias a lo impredecible de su desenlace y a la empatía creada por los personajes, nos mantiene siempre cerca, desplegando esa extraña cualidad de colocarnos en diversos estados de ánimo, desde la risa cómplice hasta la angustia y enojo por el curso de los acontecimientos, hasta la reflexión en torno a las conversaciones.
No se descuida el complicado proceso de cambio que va experimentando el protagónico desde sus motivaciones y certezas: aprovechando al personaje del joven sacerdote católico (Christopher Carley), cual improbable espejo que a fuerza de cumplir la misión encomendada por la esposa muerta va poco a poco arrancándole ciertas reflexiones al viejo testarudo, somos testigos del creíble replanteamiento vital que va construyendo este hombre apenas afectuoso con la mascota.
La construcción de ese microcosmos en Michigan queda como reflejo de un mundo multicultural que sigue siendo injusto: aunque eso sí, la herencia de un hombre puede terminar transitando plácidamente por los caminos del destino, aguantando los golpes que sólo consiguen abollar, en pequeña medida, la luminosa carrocería.

Nos leemos después.
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PETER GABRIEL: VIEJO SABIO DE LA INTERCULTURALIDAD

27 marzo 2009

Pilar del sonido progresivo y cerebro de Genesis; pionero de la teatralidad como expresión total y transformador de los conciertos en espectáculos integrales; innovador en el diseño de videos para sus canciones; despertador de conciencias y activista sin mesianismos; rescatador de las músicas del mundo real y voz de las voces olvidadas, aunque deudoras, por la cultura occidental.

A partir de su salida de su grupo originario, Peter Gabriel (13/02/50) emprendió una ecléctica carrera en solitario que lo ha llevado a combinar elementos característicos del rock con influencias musicales de prácticamente todo el planeta. Su debut homónimo apareció en 1977 con canciones como la explicativa Solsbury Hill y la apocalíptica Here comes the Flood, dos de sus más poderosas composiciones hasta la fecha.

Al siguiente año se publicó su segundo trabajo con la participación del Rey Carmesí, Robert Fripp, en el que se dejan escuchar D.I.Y. y On the Air. Con tendencia más política, en 1980 se grabó el tercer álbum en el que se incluían canciones plagadas de conciencia social como Games Without Frontiers y Biko, en honor al legendario luchador contra el racismo. Para que este disco viera la luz, se necesitó una pequeña ayuda de los amigos, entre quienes estaban Phil Collins, Toni Levin y el propio Fripp.

Security (1982), representó la continuidad de una trayectoria que sorprendía por sus innovaciones y su incorporación de otros estilos, camino en el que también estaban David Byrne y Paul Simon. Esta obra constituyó un viaje por la cultura musical del mundo, con obligadas escalas en San Jacinto, basada en una historia de los nativos de Norteamérica, The Family and the Fishing Net, con influencia etíope, la brasileña Kiss of Life y el éxito Shock the Monkey.

Este mismo año, Gabriel presenta por primera vez su festival llamado WOMAD (World of Music and Dance), en el que se dan a conocer músicos de países como Pakistán, Burundi e Indonesia: es aquí donde se empieza a fraguar la creación de su famoso sello Real World, cuyo valioso catálogo ha significado una oportunidad única de acercarse a artistas con propuestas que contrastan con lo que habitualmente satura los estantes.

Peter Gabriel incursionó en la música para películas con Birdy (Parker, 1984) y con Passion (1989), de Martin Scorsese, mostrando notable sensibilidad para involucrarse en el espíritu musical de otras latitudes. El director de Toro Salvaje le devolvió el favor filmando una de sus giras. El conocimiento masivo se dio a partir de So (1986), brillantemente producido por Daniel Lanois y en el que el espíritu de la interculturalidad vuelve a inflamarse, ahora sustentado en los orígenes negros del rock. El resto de la década, Gabriel lo dedicó a su labor de productor, activista de derechos humanos y a tocar en vivo con su gran amigo, el virtuoso senegalés Youssou N’Dour.

NOSOTROS

Posterior a la colección Shaking the Tree (1990), apareció Us (1992), uno de los mejores discos de la década y que originó una de las giras más imaginativas en la historia del rock, llamada Secret World, en la que a través de una compleja puesta en escena, se exploraba la naturaleza íntima y primigenia del ser humano: la sangre del Edén como manifestación de la separación entre la mujer y el hombre, pero también como signo de esperanza para la re-unión.

Este periodo nos brindó la oportunidad de disfrutar a una sólida y creativa base rítmica: Toni Levin en el bajo y Manu Katche en la batería cimentaban cada composición y le daban un encuadre impecable, cual obra negra bella en sí misma. El disco doble en vivo que atrapó este recorrido, es el testimonio sonoro de un momento que por fortuna, aunque no en toda su magnitud, vivimos en México, con todo y Sinéad O’Connor en los coros.

A lo largo de su trayectoria, ha tenido como denominador común la búsqueda de la innovación, razón por la que sus discos son cocinados a fuego lento, como exquisitos platillos auditivos con especias multinacionales.

Después de enfocarse a proyectos diversos de multimedia y al apoyo de otros artistas, el año 2000 celebró la llegada de Ovo, un performance milenarista ideado que consistía, de acuerdo al propio artista, en una experiencia visual y musical que intentaba reflejar el pasado, presente y futuro de la humanidad, a través de la historia conflictiva de una familia cuyos miembros representan los periodos agrícola, industrial y futurista.

En el 2002, presentó Long Walk Home, soundtrack de la película Cerca de la libertad (Noyce, 02) y Up, álbum largamente esperado que no alcanzó la repercusión que se podría pensar, no obstante incluir algunas genialidades no muy visibles. Tras un nutritivo Grandes Éxitos titulado Hit (04), volvió a la carga en el 2008 con la canción principal de Wall-E y con el proyecto Big Blue Ball, producto de grabaciones de principios y mediados de los noventa realizadas por un colectivo de músicos, poetas y escritores.

Peter Gabriel vuelve a México después de haber quedado a deber en su anterior visita. Cosmopolita por convicción, artesano del sincretismo y patriarca de la interculturalidad musical, este hombre ahora con aspecto de viejo sabio representa uno de los lados luminosos de la globalidad: cuando las expresiones más profundas de los pueblos son compartidas en armoniosas celebraciones reconciliatorias.

Nos escuchamos después.

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LA DESCONOCIDA: BÚSQUEDA FRENÉTICA

22 marzo 2009

El abordaje del tema del tráfico de mujeres del este de Europa para explotarlas como prostitutas en los países occidentales, ha sido retomado en cintas como la dolorosamente conmovedora La vida secreta de las palabras (Coixet, 05) o en la cruda Las alas de la vida (Moodysson, 02). Mujeres cuyo pasado en extremo traumático se niega a desaparecer, tocando la puerta de un presente que nunca termina de consolidarse como tal, dadas las vejaciones sufridas, profundamente insertadas en la memoria.

Ahora al tema se le suma el de la venta de recién nacidos en el intenso drama fragmentario vuelto thriller La desconocida (Italia-Francia, 2006), cinta dirigida por Giuseppe Tornatore (de El camorrista, 86 a Baaria, La porta del vento, 08, pasando por Cinema Paradiso, 87, La leyenda del pianista, 97 y Malena, 00), en el que una mujer ucraniana de pasado tortuoso (Kseniya Rappoport, intensa), busca entrar a trabajar a una casa en la que vive la que supone es su hija junto a su madre, para lo cual empleará cualquier método, incluyendo toda clase de, literalmente, zancadillas.

El drama social, incluyendo la velada xenofobia, queda como telón de fondo para dar paso a un rompecabezas sustentado en el suspenso: los recuerdos aparecen como implacables golpes afectivos, en flashbacks breves e intensos, que van configurando las acciones presentes en un principio desprovistas de un sentido claro. El espíritu hitchconiano sobrevuela toda la narrativa dosificando la información para el espectador y manteniendo un extraño ritmo trepidante, a pesar de no incluir demasiadas secuencias de acción.

Si bien por momentos se fuerzan ciertos sucesos –un abuso del ya merito para crear una tensión que no se necesitaba- y se extrañan algunos cierres de ciertos personajes- el destino del papá adoptivo, del cuidador del edificio o de la colega- el armado de las secuencias, desde esa humillante selección de mujeres anónimamente enmascaradas hasta las de violencia explícita, permite en lo general pintar un fresco absorbente de las vicisitudes de la protagonista.

Elementos simbólicos como la escalera de caracol, cual laberinto que conduce al destino definitivo; las fresas cual único recuerdo reparador; las plantas sobrevivientes en las macetas del balcón, y la incapacidad de la pequeña por defenderse de las caídas y de sus compañeros, le brindan al relato una dimensión más allá de la mera descripción minuciosa de los hechos, pasados y presentes, y consiguen establecer una pertinente profundidad en la intensa relación que establecen la desconocida del título y la niña.

La cámara igual capta escenarios amplios que se pone a ras de piso, mostrando una eficaz composición de los diversos elementos del encuadre: ahí está la eficaz utilización de la profundidad de plano en las secuencias de tensión donde todo puede quedar al descubierto, o los objetos en primer plano como referente continuo a explicaciones que vendrán después. Mientras, el maestro Morricone asesta golpes sonoros que se entremezclan con segmentos más melódicos en función de la intencionalidad del momento visual.

El sentido y la continuidad se sustenta en la búsqueda: de la identidad de la pequeña; del hombre amado ahora desaparecido; de la servidora doméstica vuelta amiga, víctima y escucha forzada; de un resquicio para huir del abusivo proxeneta y, al fin, de un futuro que por lo menos ocupe más espacio en los pensamientos que el implacable pasado acechante.

Nos leemos después.

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AMBULANTE: DESPLAZADOS

20 marzo 2009

Un tríptico de documentales que abordan, en distinto contexto y por diversidad de motivos, el desplazamiento, desarraigo y necesidad de migrar como alternativa para la sobrevivencia. Veamos.

1. Dirigido por Juan Carlos Rulfo, nuestro documentalista más reconocido, junto a Carlos Hagerman, Los que se quedan (México, 08) es una mirada intimista a varias familias mexicanas que viven la partida de sus seres queridos, o que ellos mismos se encuentran en el proceso de buscar fortuna en Estados Unidos, ya sea como opción laboral o para alcanzar a los miembros de su clan que ya se encuentran por allá.

Sin amarillismo y lejos del tremendismo simplón al que se podría prestar un trabajo de esta índole, el documental se articula en episodios imbricados en los que compartimos tanto la cotidianidad de estos compatriotas, como la forma en la que las familias encaran la inminente pérdida (o la que ya ocurrió, como en el caso de la viuda), recuperando percepciones y opiniones de los papás, las mamás y los hijos de diversas edades.

Una adecuada edición y una cámara que igual nos muestra el contexto que la habitación privada, permiten que el documento se desarrolle con fluidez y con la suficiente apertura para involucrarse con estos compatriotas que extrañan pero que también se mantienen llenos de expectativas.

Zonas rurales de Michoacán, Jalisco, Puebla, Chiapas, Zacatecas y Yucatán son los escenarios para escuchar a todas estas personas usualmente sin voz, que representan una cara poco abordada del fenómeno de la migración: entre sus sueños y aspiraciones se levanta una realidad inmediata que obliga a la separación física de la familia. Extraña más el que se queda, dicen.

2. Con presupuesto canadiense y dirigido por Yung Chang, Remontando el Yangtsé (07) se centra en las consecuencias casi invisibles de la construcción de una planta hidroeléctrica en el mítico río cuyo nombre da título al texto fílmico. A partir del seguimiento a dos jóvenes –de contrastante origen social y económico- que entran a trabajar en el crucero que recorre las aguas, se expone la situación de la China actual, con la direccional puesta hacia la izquierda pero dando la vuelta a la derecha, como bien cuenta un chiste de uno de quienes trabajan en este complejo turístico-energético: la mirada de la divinidad sobresale entre el monte cual testigo silencioso de los cambios radicales.

3. Como parte de la sección Enfoque: Suecia, se presentó Maggie en el País de las Maravillas (Suecia, 08), film en el que seguimos a la mujer del título, una Massai que vive, no sin ciertas angustias producto de su falta de identificación con el entorno, en un edificio de la ciudad de Malmö, típico centro urbano nórdico de fría organización donde todo parece estar resuelto de antemano, como en la novela de Carroll.

Dirigido por Ester Martin Bergsmack y Mark Hammarberg, el documento se articula a partir de dos miradas: la de la propia protagonista, quien con cámara en mano escribe su diario, y la de los cineastas, quienes atestiguan sus soliloquios con las aves que la rodean, sus paranoias y sus intentos de integración a una sociedad cuya selva no reconoce: claro, siempre queda espacio para la reorientación y la posibilidad de poner orden en la propia casa antes en semiabandono afectivo.

Nos leemos después.

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LOS VIGILANTES: LA HECATOMBE COMO SALVACIÓN

18 marzo 2009

Un grupo de superhéroes en desuso, cargando con sus respectivas crisis de identidad y carentes de poderes especiales salvo uno, cohabitan con una humanidad que nos los tiene en muy buen concepto, al borde del colapso nuclear dada la crisis continuada entre la URSS y EU, potencias bélicas siempre a punto de presionar el botón definitivo. Son los años ochenta del siglo pasado y Nixon se mantiene en el poder con la asesoría de Kissinger, mientras las relaciones bilaterales se caen a pedazos.

Con elusivos e históricamente explicativos créditos iniciales acompañados por el anuncio de los tiempos cambiantes en voz de Bob Dylan, el director Zack Snyder (El amanecer de los muertos; 04; 300, 07) se avienta el riesgo de llevar al cine la única historieta aparecida en aquella lista de las mejores novelas en lengua inglesa a partir de 1923 publicada por la revista Time. Los vigilantes (Watchmen, EU-GB-Canadá, 09) es un esfuerzo quizá demasiado respetuoso por plasmar en pantalla las diversas aristas de un texto cargado de referencias más allá de sus límites como obra gráfica.

De la autoría del férreo antihollywoodense Alan Moore –de quien ya se llevó al cine la fallida La liga extraordinaria (Norrington, 03) y V de Venganza (McTeigue, 06)- y Dave Gibbons, Watchmen buscaba ahondar en el estado de paranoia generalizado llevando a niveles sociopolíticos la cultura del cómic, eliminando cualquier trazo de maniqueísmo y “sometiendo el arquetipo del superhéroe a un inclemente proceso de deconstrucción que no olvidaba ninguna de las variables de su latente lado oscuro: fantasía fetichista, emanación paranoica, pesadilla mesiánica o deseo fascista” (Jordi Costa, El País, 06/08/09).

El filme consigue en lo general capturar la idea de la historieta aunque descuida algunos subtextos de carácter social y cierta profundización en los personajes, más allá de los contextos en los se mueven. El ritmo narrativo es desigual, con momentos muy logrados de plena intensidad, junto con otros que entorpecen la fluidez y no abonan ni al tejido del relato central ni al involucramiento de los personajes y sus circunstancias.

El casting y la caracterización de los vigilantes ahora vigilados, funciona como relojito, elemento constante en el relato: la parte femenina representada por Espectro de Seda I y II, madre e hija (Carla Guguino y Malin Akerman); la entereza hasta el final de Kovacs y su máscara psicológicamente interpretable de Rorschach (Jackie Earle Haley, el pedófilo de Secreos Íntimos); la mesiánica soberbia convenenciera de Adrian (Matthew Goode); la patanería violenta del comediante Edward Blake (Jeffrey Dean Morgan); la serenidad de Daniel Búho Nocturno II (Patrick Wilson) y el omnipoder filosófico, salvo el de controlar a la novia como cabría esperar, del Dr. Manhattan (Billy Crudup).

No obstante, la intertextualidad de la fuente original recibe un tratamiento absorbente en ciertos pasajes del relato, sobre todo aquéllos que se estructuran a manera de flashback para ubicar las dos épocas de los superhéroes en decadencia, y un poco su origen como tales con todo y la ausencia de información que provocará desazón en el espectador que no cuenta con referentes previos. En efecto, pareciera que la prolongada duración -160 minutos- no fue del todo aprovechada en términos narrativos.

La puesta en escena se adapta a la naturaleza del cómic y no escatima en escenas cargadas de violencia y alguna subidita de tono, como marcan los cánones. De pasada, se desarrollan algunos apuntes acerca de la discriminación por preferencia sexual, de las dificultades para la convivencia humana y de la carencia de una conciencia de especie y de mirar al planeta como la única patria posible: ¿sólo a través del magnisacrificio se puede reconstruir ese bucle del que hablaba Edgar Morin, conformado por individuo-sociedad-especie? ¿Sólo al momento de identificar un enemigo externo es posible la integración de la humanidad?

Nos leemos después.

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RADIOHEAD: EXPLORANDO EL ARCOIRIS

13 marzo 2009

Publicado en el periódico a.m. de León, Guanajuato

Nada mal pasar de ser considerado como un grupo One hit wonder al más importante aparecido después de 1990, según una buena parte de la crítica especializada entre la que también se cuentan los detractores, quienes afirman que nunca había existido una banda tan sobrevalorada como ésta. Se mueven con equilibrismo único entre el público de estadio y el más especializado, corriendo el riesgo de ser rechazados por unos y otros cuando se ponen más dulces o más ariscos, según el caso, o al revés: su rango de aceptación puede ser amplísimo.

El hecho de generar tal polémica ya es un indicador, más allá de gustos, de la importancia que tienen los de Oxford para la música popular no sólo desde el punto de vista artístico, sino social y económico, sobre todo por aquella idea de colocar su más reciente obra en un sitio libre para descargas y solicitar en pago lo que sea su voluntad: el sustento del músico del siglo XXI, entonces, parece estar en las presentaciones y conciertos, ya no en las regalías de las ventas de discos.

Compañeros de estudio de una de las universidades más afamadas del Planeta, el cantante Thom Yorke, Ed O’Brian (voz / guitarra), Phil Selway (batería) y los hermanos Jonny (guitarra) y Colin Greenwood (bajo), formaron On A Friday por allá de 1989, para después mutar de nombre a Radiohead. Aparecieron en escena con el EP Drill (92), justo cuando Nirvana, R.E.M. y U2 eran las bandas más visibles del espectro roquero y el cúmulo de influencias provenientes de la electrónica rendía apasionantes frutos.

Su debut largo, de carácter embrionario, se dio a conocer por el sencillo Creep, con esas guitarras cortando cartucho mientras la torturada voz se desplegaba en una épica más bien suplicante y confesional. Pablo Honey (93) anunciaba discretamente lo que estaba por venir, que empezaría a esbozarse en el EP My Iron Lung (94), antecesor del primer salto cuántico del quinteto.

En efecto, el campanazo vendría con el estupendo The Bends (95), en el que las referencias reconocidas –de Pixies a My Bloody Valentine y de R.E.M a U2- se colocaban como telón de fondo a una serie de canciones que a pesar de su compleja estructura, sonaban tan cerca como las propias emociones del escucha; la noción de himno se metamorfoseaba en piezas como Fake Plastic Trees, llenas de mundos impostados, hombres rotos y mujeres perdiendo de antemano contra la gravedad.

Pero se podía ir más allá. La alienación del ser humano de fin de milenio, explorada por Pink Floyd; tintes progresivos y una electrónica rocosa con paredes tapizadas de guitarras en busca del clímax para encontrarse con una vocal en perpetua angustia, fueron elementos que, conjugados por una sorprendente sensibilidad melódica y sólida rítmica, dieron como resultado el mítico OK Computer (97), uno de los álbumes imprescindibles en la historia del rock con todo y su carga de paranoia virtual y de influencias múltiples, entre las que destacaba la del tecnoprogresivo alemán.

 

UN GOLPE DE TIMÓN

Convertidos ya en estrellas, decidieron darle la vuelta a la tortilla y dejar apenas entreabierta la puerta para los grandes públicos. Arriesgaron y triunfaron, demostrando que para ellos la fórmula sólo se usa una vez: Kid A (00) se enclavaba en el resbaladizo terreno del postrock con la electrónica como bandera para encarar el nuevo siglo y, de paso, mantenerse fieles a principios artísticos más que mediáticos. Tan prolífico siguió siendo este periodo que pronto apareció Amnesiac (01), producto de grabaciones hechas al mismo tiempo que se predecesor.

Después de I Might Be Wrong: Live Recordings (01), grabaron Hail to the Thief (03), obra que los regresaba a un cierto formato más convencional, con las reservas del caso, como buscando sintetizar la orientación del grupo que, dados los resultados, se agradece que no haya sido muy estable aunque casi siempre distintiva, a pesar de estarse moviendo en zonas de nutridas referencias y ser ellos, de hecho, una de las principales para los grupos aparecidos en este milenio.

Tras una pausa aprovechada por Thom Yorke para grabar su introspectivo The Eraser (06), por Jonny Greenwood -quien ya había hecho el score del documental Bodysong (03)- para musicalizar a la altura de las circunstancias la imponente Petróleo sangriento (There Will Be Blood, Anderson, 07), y por la disquera para publicar un grandes éxitos, una nueva revolución estaba en puerta: In Rainbows (07) le ponía los pelos de punta a la industria, por su ya comentada estrategia de distribución, y a los escuchas, en diferente sentido, por volver a mostrar que aún dentro del estilo cultivado, siempre habrá colores por descubrir y texturas por modificar: la olla con monedas de oro sí existe.

Radiohead se presenta por segunda vez en México después de aquella vez en la que sólo los conocían en las colonias vecinas. Ahora vuelven como músicos consumados pero no conformistas, acompañados, por si no bastara, de una de las bandas esenciales de la historia de la música electrónica: Kraftwerk. Los boletos fueron devorados: ojalá el público viva la misma experiencia entre interminables capas sonoras y lamentos abrasadores.

 

LA DUDA: ANTÍDOTO CONTRA LA PELIGROSA CERTIDUMBRE

7 marzo 2009

Puede ser del tipo que promueve la reflexión y fuerza nuevos procesos de indagación y descubrimiento; pero también de una naturaleza destructiva, cercana a la intriga, la desconfianza, el chisme y el desprestigio. La capacidad de dudar está en el centro de todo pensamiento filosófico y de cualquier avance científico; en lo particular, nos permite cuestionar nuestras propias certezas para reconstruirlas, desecharlas o fortalecerlas. La duda como detonadora de la transformación.

Dirigida por John Patrick Shanley y basada en su propia obra, La duda (Doubt, EU, 08) es una mirada acerca de la tensión entre el cambio y el mantenimiento; entre el deber ser y el ajuste a la realidad; entre el respeto a la jerarquía y la necesidad de romperla; entre el apego a las reglas y la posibilidad de adecuarlas; entre la flexibilidad; en síntesis, entre la certeza y el cuestionamiento. Dos personajes con visiones distintas y que terminan por representar dos posturas no sólo en la Iglesia Católica, sino prácticamente en cualquier tipo de institucionalidad.

Enclavada en el Bronx, una escuela católica, conservadora y de modelo tradicional, guiada por monjas cubiertas de pies a cabeza. La disciplina se impone con miedo, no a partir del convencimiento. Porque así tiene que ser, se deben tener ojos en la nuca. Son los sesentas y los vientos de cambio soplan con fuerza inusitada, intentando colarse por las ventanas del colegio en cuyas aulas ya estudia Donald, un chico afroamericano en duro proceso de adaptación.

Dos posturas irremediablemente colisionarán: la intransigente directora, encarnación del seguimiento estricto de la norma frente al sacerdote que busca otras formas para relacionarse con los niños, más cercano, más personal. La excesiva atención de éste hacia Donald levantará sospechas que serán aprovechadas por la implacable mandamás del instituto para emprender una cruzada en contra del padre, acusándolo de mantener una relación inapropiada con el niño sólo con base en conjeturas que se han vuelto certezas.

En medio de estas perspectivas irreconciliables, dos mujeres que con sus recursos intentan o evaden enfrentar la verdad: la inocente hermana que todo lo inició sin ninguna mala intención (Amy Adams, aún encantada) y la madre del chico (Viola Davis, impresionante en la brevedad), atrapada entre la furia del marido contra su hijo, la satisfacción porque alguien le preste atención y la posibilidad de posponerlo todo, incluyendo la propia felicidad.

Esta sensación de duda es capturada con astucia visual por la cámara del gran Roger Deakins, quien no se detiene para combinar diversas angulaciones y alterar el eje horizontal: si la incertidumbre tiene diversas aristas, las miradas deben ser múltiples, desde los continuos picados, los encuadres que muestran el exterior y el constante juego del campo contracampo, indispensable para mostrar las posturas contrapuestas. Así, se evita la sensación de estar viendo teatro filmado para adentrarse de lleno en los lenguajes del cine.

El manejo de la luz, cargado de sentido simbólico, advierte acerca de la imposibilidad de conocer la verdad y de la necesidad de asumir los enfoques siempre subjetivos de los protagonistas, manifestados en los sermones cuidadosamente preparados o en la exposición de certezas ante quien se pong enfrente: a fin de cuentas, el combate contra el mal nos aleja de Dios, aunque la compasión tenga que esperar por una mejor ocasión para ser expresada.

Y claro, están dos titanes de la actuación, Meryl Streep y Philip Symour Hoffman, poniéndose literalmente los hábitos y regalándonos un exquisito duelo de interpretaciones de sendos personajes de los que en realidad sabemos poco, más allá de lo que vemos en pantalla: viuda la primera, de permanencia efímera el segundo. Los diálogos que suscitan diversas reflexiones son construidos por este par con plena convicción y sus personajes se convierten de carne y hueso gracias al manejo de la gestualidad y a los logrados cambios de énfasis.

Una película para reconsiderar la duda como un puente salvador del hastío de las certezas anquilosadas.

Nos leemos después.

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INDIE-O FEST 2009

6 marzo 2009

En su edición tapatía, se llevará a cabo este sábado con un cartel prometedor que confirma la solidez de este festival para regocijo de las orejas mexicanas. Un brevísimo repaso por algunas cartas fuertes del elenco.

 

CLINIC: SÓLO HAZLO

Con un poco de acidez, parajes ariscos cercanos al punk y ciertos lances de una tranquilidad afilada, destilan inmediatez en sus letras: por supuesto, pertenecen a la larga descendencia de Velvet Underground, a pesar de ser originarios de Liverpool, cuna de la otra gran familia del rock de apellido beatlesco, de la que también recibieron algún tipo de influencia, acaso no tan evidente pero sin duda presente para los oídos atentos y que bien recuerdan a John Lennon.

Corre 1997 y de la disolución del grupo Pure Morning, Ade Blackburn y Hartley reclutaron a Brian Campbell y Carl Turney para formar el cuadrángulo conocido como Clinic, cuyo tardado debut largo recibió el nombre de Internal Wrangler (00), confirmando las sospechas acerca de que estábamos frente a una de las más importantes promesas que se abría paso en la escena del rock inglés. Ya sonaban desde antes con su EP anterior, IPC Editors Dictate Our Youth (97).

De ahí, una constancia si bien no resplandeciente, sí bastante loable, grabando un disco cada año par de este milenio, además de Funf (07), recopilatorio de EP´s y lados B. Walking With Thee (02) con una pretensión más artística, los elevó a un nivel de mayor audiencia y las comparaciones con Radiohead, a quien le habían abierto conciertos, se hicieron más frecuentes.

Un poco de garage y otro tanto de dub para continuar con el camino ya marcado: Winchester Catedral (04) seguía abonando a la tradición del propio grupo, al igual que Visitations (06), obra en la que se podrían rastrear todos los elementos constitutivos de la banda. Con buenas vibraciones, edición sonora de contraste, cierto desquiciamiento y melodías evocativas, han vuelto con Do It! (08), álbum que los confirma como grupo a seguir en este nuevo milenio.

 

THE HELIO SEQUENCE: EL SOL SALE PARA TODOS

Luminosa propuesta de Portland integrada por Brandon Summer (guitarra/vocal) y Benjamín Wiekel (batería/teclados), dueto que viaja de un pop sicodélico a sonidos ambient que no hacen sino reconfortarnos y ponernos en un estado de vitalidad. Después del EP Accelerated Slow-Motion Cinema (99), apareció su álbum debut, Com Plex (00) como una especie de cara transparente de My Bloody Valentine, su influencia más directa según se ha dicho.

Con Young Effectuals (01) expandieron atmósferas y se posicionaron en su propio universo electrónico con una buena combinación de densidad y levedad, mezcla que no funcionó del todo en Love and Distance (04), álbum en que se le dio mayor prominencia a la guitarra. Keep Your Eyes Ahead (08), su más reciente aventura, recupera la emoción por la melodía creciente y la instrumentación nutritiva, cargada de secuencias en efecto inflamadas por una saludable energía solar.

 

LOS CAMPESINOS!: SEMBRANDO VITALIDAD

En la andanada de los grupos musicales vueltos multitud, aparece este septeto de Gales que le pone aparente felicidad al punk con aromas rurales en su obra titulada We Are Beautiful, We Are Doomed (08), que llamó poderosamente la atención más allá del ambiente agropecuario. Como su particular nombre lo indica, sembraron exclamativamente sonidos dinámicos, con voces mixtas y abultada instrumentación que le cantan a un futuro inexistente, con una energía que podría indicar lo contrario: en efecto, de condenada belleza.

Familia tortuga, Una muerte inesperada, Familia genial

6 marzo 2009

FAMILIAS

Si el epicentro del clan familiar es la madre, a pesar de vivir en sociedades con grados varios de machismo, ¿qué sucede cuando ésta muere? ¿alguien ocupa ese lugar integrador o el vacío provoca la diáspora? Tres películas coinciden en temática con abordajes peculiares: una mexicana y dos estadounidenses. Veamos.

TORTUGA

Cuatro seres extraviados: el tío y sus soliloquios incomprensibles haciéndola de tierno amo de casa (Manuel Plata López); el padre viudo en líos de chamba camino a la auto denigración; el hijo adolescente en busca de la identidad sexual con baile y pintado de ojo solitario,  rechazando la seducción futbolera y comunicándose mejor por el chat (José Ángel Bichir); la hija en busca de escapatoria a través del novio distante y evadirse vía inhalaciones de olvido (Luisa Pardo).

Una ciudad inmensa y ajena, una casa por ponerse en venta, la visita próxima al panteón y las tortugas que aparecen y desaparecen de una realidad asfixiante. Dirigida con notable fluidez narrativa a pesar de la extendida duración y ajena al tremendismo fácil por el recién egresado Rubén Imaz, Familia tortuga (México, 06) es un descenso a la ruptura personal y familiar que ha perdido su centro, acaso para siempre, a partir de un sólido trazo de personajes.

Fuera de las innecesarias reiteraciones hacia el desenlace, en las que pareciera no saber cómo terminar su relato, la cinta consigue atraparnos en el sinsentido y angustiosa incomunicación de su red, con esa cámara flotante que termina por identificar un vacío que todos sentimos pero que nadie puede ponerle nombre.

GENIAL

Inscrita en la tendencia de retratar familias disfuncionales formadas por personas raritas pero inteligentes y al fin con sentimientos, tenemos a un soberbio profesor universitario, tan brillante en lo intelectual como limitado en lo social (Dennis Quaid, jugando con su personaje); a su hija demasiado parecida a él (Ellen Page, en la antipatía absoluta contrastando con su Juno), y a su hijo más distante buscando la normalidad pero igual publicando en el Times.

Una caída del docente desatará los eventos que le dan cauce a la historia y atraerá a dos personajes transformadores: su hermano adoptivo, bueno para nada y para todo, siempre con la respuesta simpática (Thomas Haden Church, aún convirtiéndose en arena) y la doctora que lo atendió (Sarah Jessica Parker, más en la ciudad que en el sexo), a la sazón su exalumna por supuesto olvidada, como todos los demás.

Dirigida con solvencia por el israelí Noam Murro, Una familia genial (Smart People, EU, 08) quizá abusa de los estereotipos y desaprovecha a algunos de sus personajes (la novia del hijo, el propio hijo) pero termina por funcionar gracias a sus diálogos chispeantes, interpretaciones convincentes y una serie de secuencias que viajan sin problema del humor al drama, gracias a un ensamblado cuidadoso y a una natural puesta en escena.

TRANSFORMADA

Una de las múltiples consecuencias funestas de la guerra contra Irak para la propia nación que la ha impulsado a través de su anterior gobierno, ha sido la ruptura de las familias que se quedan sufriendo la muerte de alguno de sus miembros en una misión sin sentido, por más que se esfuercen en encontrárselo. La mirada normalmente se ha puesto en las viudas pero ahora, en Una muerte inesperada (Grace is Gone, EU, 08), se explora la situación al revés: cuando la mujer muere en combate, dejando solos a su marido y a sus hijas.

A manera de road movie, el guión ganador en Sundance del propio director James C. Strouse, presenta a un hombre por completo común (John Cusack, cargando la película a cuestas), incapaz de comunicarle a sus hijas la desoladora noticia, que además lo coloca en un dilema de acuerdo a sus creencias relacionadas con la guerra, puestas también en duda por su hermano (Alessandro Nivola), con quien tienen un breve encuentro. A partir de encuadres que enfatizan el estado de abatimiento, asistimos al duro trance de la pérdida alimentada por la incertidumbre.

Nos leemos después.

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