Posts Tagged ‘Cine político’

LA VERSATILIDAD DE BARRY LEVINSON

21 julio 2013

Productor, escritor, director y actor ocasional, este polifacético hombre de cine y de televisión suele ser impredecible: su siguiente proyecto puede no tener nada que ver con su anterior, tanto desde el punto de vista formal como temático. Además de mostrar talento para la realización de cortos, ya cuenta con un Oscar en su chimenea por la dirección de Cuando los hermanos se encuentran (1988), su película más conocida.
Su filmografía transita entre el mainstream (Avalon, 1990; Bugsy, 1991), las producciones televisivas (El jurado, 1994; 30 for 30, 2009) y los proyectos independientes (The 20th Century: Yesterday´s Tomorrow, 1999; Una amistad duradera, 2000), revisitando épocas y géneros varios: ante la crítica de la ausencia de un sello personal, aparece la virtud de la capacidad de adaptación para realizar filmes de calado muy heterogéneo, como lo muestran El mejor (1984), El secreto de la pirámide (1985), Acoso sexual (1994) y Vida bandida (2001), que bien podrían haber sido realizados por diferentes personas.
Con sus altas (Buenos días, Vietnam, 1987; Los hijos de la calle, 1996) y bajas (Toys, 1992; Esfera, 1998; Envidia, 2004), el ya setentón Barry Levinson ha dirigido a grandes actrices (Annette Bening, Cate Blanchet, Glenn Close); a notables actores (Vittorio Gassman, Robert Duvall, Donald Sutherland, Robert Redford, Dustin Hoffman, Robert De Niro, Al Pacino, Michael Douglas, Warren Beaty, Harvey Keitel, Ben Kingsley, Mickey Rourke, Robin Williams, Kevin Bacon y Adrien Brody, entre otros) y a estrellas ampliamente reconocidas del circuito hollywoodense (Tom Cruise, Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Demi Moore y Brad Pitt, por mencionar algunas): en todos los casos, pareciera que estas figuras se ponen confiadamente a las órdenes del director, a pesar de su pedigrí.
Después de escribir el guion de Justicia para todos (Jewison, 1979), retomó su Baltimore natal en las décadas de los cincuenta y sesenta con un definitivo dejo de nostalgia, para dirigir algunos filmes como su debut para la pantalla grande titulado Diner (1982), después recuperado para el documental Original Diner Guys (1999), en la que aparecen los personajes reales que sirvieron de base para la ficción; la divertidamente absurda Dos estafadores y una mujer (1987), con Richard Dreyfuss y Danny De Vito en pleito eterno, y la antirracial Liberty Heights (1999), desarrollada en una preparatoria.
Barry LevinsonParte de su filmografía retrata los vínculos y manipulaciones entre el mundo del espectáculo, los medios de comunicación (Peeping Times, 1978; Jimmy Hollywood, 1994) y la política, como exponen la estupendamente irónica Escándalo en la casa blanca (1997), quizá su mejor película; la crítica a los procesos electorales plasmados en la fallida El hombre del año (2006) y el documental Poliwood (2009), explorando las contribuciones y consecuentes discusiones entre personas de la farándula y ciudadanos de a pie, mediados por las campañas de los dos partidos políticos más importantes de Estados Unidos.

VIDEO, TV Y CINE
En los años recientes, Levinson ha mantenido un perfil bajo, a pesar de seguir trabajar con gente de renombre. Los realizadores (2008) sigue a un productor que tiene que hacer malabares para mantener cierto equilibrio en su vida personal y en su chamba: entre un director pretensioso y un estudio inflexible con la inauguración de Cannes en puerta y, por si hiciera falta, problemas familiares se agolpan en su puerta, con su hija y su exesposa en el escenario.
De Niro encarna con verosimilitud a este tipo de sujetos, como lo hiciera Tim Robbins en El ejecutivo (Altman, 1992), que abundan en los territorios indescifrables del Hollywood actual, en el que parece privar la ley del más fuerte, o sea, el que paga manda. La película se fue directo al mercado del video, quizá injustamente.
Con No conoces a Jack: La vida y las muertes de Jack Kevorkian (2009) regresó a la televisión (HBO) para recrear la vida de este médico, interpretado por Al Pacino, que creó la llamada “máquina de la misericordia” para realizar suicidios asistidos. Corre 1990 y tanto las disputas legales como los dilemas morales invadieron la discusión al respecto. Con sólido reparto que incluyó a Susan Sarandon, Danny Huston, Brenda Vaccaro y John Goodman, el filme funciona para poner en la mesa de diálogo un tema siempre controvertido como la eutanasia.
Después de más de diez años, Terror en la bahía (The Bay, EU, 2012), un proyecto de bajo presupuesto y del que poco se esperaba, supuso su inesperado regreso a la cartelera comercial. Realizado dentro de la tendencia de confeccionar un filme con supuesto metraje encontrado, dándole un toque de docudrama en el que lo importante es articular una narrativa coherente a partir de diversas fuentes, el filme se ubica en el género de catástrofes, en este caso con claro mensaje ecológico, con ciertos tintes de gore.
El poster publicitario puede llevar a equívocos, sobre todo porque parece que se trata de una cinta como “las chafadas tipo Piraña 3D” (José Pablo dixit), cuando en realidad estamos frente a una historia articulada que busca más la crítica socioambiental y política, que la exposición de jóvenes en bikini y tangas, siendo devorados por algunos monstruos marinos después de pasársela súper en el yate del papito de alguno de ellos. Cierto es que el director vuelve a sorprender dando un giro más, por si hiciera falta, a su sinuosa carrera.

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SIMULACIONES

17 diciembre 2012

ArgoCuando los objetivos planteados no pueden ser alcanzados con lo que se cuenta, cabe la posibilidad de alterar la percepción de la realidad para, creativamente y a través de medios no convencionales y riesgosos, lograr lo que uno se propone: inventarse otra personalidad, fingir ser quien no se es o llevar a cabo acciones que únicamente existen en el mundo de las apariencias, pero que de pronto pueden desplazar a lo auténtico para posicionarse como la verdad aceptada por los involucrados, aunque después se puedan sentir engañados. Un par de películas al respecto en cartelera o en los videoclubes.

ARGO: SIMULACIÓN SALVADORA
Coproducida por George Clooney, basada en el artículo de Joshuah Bearman con guion de Chris Terrio y dirigida con pericia por Ben Affleck, con base en el suceso real a través del cual se logró liberar a seis diplomáticos de la embajada norteamericana durante la crisis de los rehenes con Irán entre 1979 y 1980, Argo (EU, 12) es una mirada satírica a uno de las aristas de Hollywood, con toda su heterogeneidad, y a la manera en la que las decisiones políticas pueden tomarse al filo de la navaja, entre la tentación del uso de la fuerza bruta y el riesgo de emplear alternativas poco usuales, a la manera de Escándalo en la Casa Blanca (Wag the Dog, 97), realizada por Barry Levinson y coescrita por David Mamet.
Con un distinguible equilibrio entre drama, humor, acción y tensión, el director de Desapareció una noche (07) y Atracción peligrosa (10) muestra notable capacidad para la dirección de actores y para la articulación de secuencias, como se muestra en las entrevistas en paralelo que ofrece el grupo radical iraní y los actores de la falsa película que sirve como mascarada para poder sacar a los empleados de la Embajada, escondidos en la casa del embajador canadiense. Quizá se extraña una mayor referencia a los otros rehenes, en el entendido de que no eran el centro de la trama, y a la situación tensa que se generó en aquellos meses, bien recordados por los famosos moños amarillos.
Cierto es que la contextualización del conflicto en general se clarifica con suficiente amplitud para entender la situación de los protagonistas, así como la búsqueda de opciones por parte del aparato gubernamental estadounidense: la decisión más descabellada terminó siendo la elegida no por ser la mejor, sino la menos mala. La combinación de pietaje real, sobre todo en los créditos finales, con el desarrollo representado de los acontecimientos, consigue imbuirnos en la trama y navegar entre realidad y ficción dentro y fuera de la propia estructura del filme, a lo que colabora la precisa fotografía retro de Rodrigo Prieto.
John Goodman y Alan Arkin le ponen la cuota de humor como los personajes de Hollywood que apoyan la falsa realización del film con la influencia de La guerra de las galaxias, mientras que Bryan Cranston (el profe transformado de Breaking Bad) resuelve con solvencia los momentos de farsa (“es como hablar con los viejitos de los Muppets”) y los de resolución expedita de problemas. El propio director interpreta con sobriedad al agente Tony Mendez, condecorado por Clinton años después, y el resto del elenco cumple con sus respectivos papeles, tanto los asignados por la película como los asumidos por el engaño para poder escapar.
Aunque se trata de la recreación de un hecho real, el filme le pone una bienvenida tensión constante, no milimétricamente apegada, al curso de los acontecimientos, con escapatorias por un pelo y soluciones de último segundo: la habilidad aquí reside en que aunque uno ya sabe el desenlace, la angustia es inevitable y acabamos envueltos en todo el proceso de la huida, entre el acoso del gobierno iraní y el cambio de señales de los norteamericanos, acompañada por el estupendo score de Alexandre Desplat, acaso el compositor para cine más importante del momento (nada más este año sumó nueve filmes a su trayectoria). Una película redonda que juega con emociones diversas y con la relación entre realidad y ficción desde múltiples dimensiones.

ALBERT NOBBS: SIMULACIÓN DE GÉNERO

Basada en la historia de George Moore y con guion coescrito por el gran John Banville junto a la propia Glenn Close, quien sostiene al filme con su impecable actuación de una mujer disfrazada de hombre para poder trabajar en un elegante hotel de la Irlanda del siglo XIX, La increíble historia de Albert Nobbs (GB-Irlanda-Francia-EU, 11) es una correctamente producida y realizada puesta en imágenes, por momentos esquemática, de las vicisitudes de un microcosmos que reproduce los esquemas de género prevalecientes en la sociedad de la época.
Dirigida por el director predominantemente televisivo Rodrigo García (Con tan solo mirarla, 99; Madre e hija, 09), la cinta va cocinando con tiento las relaciones entre los personajes y sus motivaciones, entre un cuidado diseño de arte y una sólida interpretación de apoyo cortesía de Janet McTeer. Al final queda una sensación de cierta precipitación en la forma de resolver los conflictos planteados, entre los que se involucra, faltaba más, el amor y la codicia, el control y el deseo de libertad.

CINE Y ELECCIONES (SEGUNDA PARTE): PRESIDENTES FÍLMICOS

12 julio 2012

Una vez pasada la jornada electoral y como lo habíamos comentado, demos una breve repasada por algunas de las películas que de alguna manera se han centrado en la figura presidencial; obviamos las que se refieren a otros personajes de poder, como reyes, emperadores y demás que no llegaron al cargo por algún proceso democrático que si bien no garantiza del todo mantener un estado de derecho, sigue siendo la mejor fórmula que tenemos las sociedades humanas: se puede elegir democráticamente, es cierto, a un grupo o a una persona profundamente totalitaria.

Empezamos el recorrido con Sammy Davis Jr., quien interpretó, aún siendo niño, Rufus Jones para presidente (Mack, 33), un corto musical en el que un infante es elegido para ocupar el cargo. El abolicionista Abraham Lincoln ha sido sujeto de varios filmes, desde El joven Lincoln (Ford, 39), hasta Lincoln, cazador de vampiros (Bekmambetov, 2012), pasando por sendos clásicos que hicieran Griffith en Abraham Lincoln (30) y John Cromwell en Lincoln en Illinois (40), y en muchos otros filmes que lo vinculan como El conspirador (Redford, 11).

El cine estadounidense tiene una larga tradición de retomar sus figuras presidenciales. Oliver Stone ha dirigido, desde una perspectiva crítica que parece perder puntería recientemente, los filmes JFK (91), hombre retomado en 13 días (Donaldson, 00) y varias películas más; Nixon (95), polémico mandatario visto en Todos los hombres del presidente (Pakula, 76) y Frost/Nixon, La entrevista (Howard, 08), e ¡Hijo de… Bush! (W, 08), con destacada actuación de Josh Brolin en la que hace leña del árbol caído, como Michael Moore en Farenheit 9/11 (04), donde incluso se observa un breve duelo verbal entre estos dos antagónicos hombres; incluso el falso documental Muerte de un presidente (Range, 06) planteó la idea de su asesinato.

Otras cintas que han presentado a jefes de estado a través de diversos géneros: Nick Nolte protagonizó Jefferson en París (Ivory, 95); ahí está la serie de HBO John Adams (Hooper, 08) con Paul Giamatti, segundo presidente estadounidense también retratado en Amistad (97) de Steven Spielberg, acá interpretado por Anthony Hopkins; por su parte, El joven Winston (72) fue dirigida por Attenborough, también responsable de Gandhi (82) y Truman (Pierson, 95) fue un filme televisivo poco conocido, con la actuación de Gary Sinise.

Dos películas clave sobre Hitler, en tonos contrastantes que van del realismo duro y puro en La caída (Hirschbiegel, 04), con una actuación antológica de Bruno Ganz, a la parodia llevada a sus más altos niveles en El gran dictador (40), con un Chaplin en pleno dominio del escenario. Por su parte, La amante de Mussolinni (Belocchio, 09) y El Divo (Sorrentino, 08), sobre el pausadamente siniestro Giuglio Andreotti, son dos notables muestras del cine biográfico hecho en Italia. Clint Eastwood retrató la central figura de Mandela en Invictus (10), interpretado con absoluta contención por Morgan Freeman.

DE FICCIÓN O AL BORDE DE LA CARICATURA

Peter Sellers le dio vida al presidente en la estupenda sátira de Stanley Kubrick Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba (64), mientras que Jack Nicholson hacía lo propio en Marcianos al ataque (96), otra paródica cinta dirigida por Tim Burton. En tono extraterrestre, cómo no recordar al desternillante preciso de Monstruos vs. Aliens (Letterman/Vernon, 09), quien se robó la película. En la misma línea, Leslie Nielsen hizo de las suyas en Scary Movie 4 (Zucker, 06); Eddie Murphy se quedó cerca en De estafador a senador (Lynn, 92); Chris Rock, dirigió y estelarizó la medianita Jefe de estado (03) y Robin Williams ganó las elecciones, siendo un comediante, en El hombre del año (Levinson, 06).

También están los amables y enamoradizos como Kevin Kline en Dave, presidente por un día (Reitman, 93); Michael Douglas en Mi querido presidente (The American President, Reiner, 95), escrita por Aaron Sorkin; Hugh Grant se desempeñó como primer ministro y Billy Bob Thornton como presidente en Love Actually (Curtis, 03), mientras que Dennis Quaid se metía en camisa de once varas en Muriendo por un sueño (Weitz, 06) y Jeff Bridges tenía que ponerle sabiduría al asunto en La conspiración (Lurie, 00) para lidiar contra el ataque a su candidata a vicepresidenta, en el aún sexista mundo político que también vivió Geena Davis en Commander in Chief (05-06).

Los héroes al filo de la navaja no podían faltar: Harrison Ford en Avión presidencial (Petersen, 97); Bill Pullman en El día de la independencia (Emmerich, 96), filme patriotero difícil de aguantar Morgan Freeman en Impacto profundo (Leder, 98), Danny Glover en 2012 (Emmerich, 09) y James Earl Jones le entró al quite en The Man (Sargent, 72), considerada la primera película formal en la que un presidente afroamericano asumía la presidencia. La rompedora teleserie 24 colocó en el imaginario del televidente no sólo a un presidente afroamericano (Haysbert), sino a su hermano como sucesor (Woodside), al más puro estilo de los linajes incrustados en el poder.

Los siniestros al estilo Gene Hackman en Poder absoluto (Eastwood, 97); las víctimas de atentados como William Hurt en Justo en la mira (Vantage Point, Travis, 08) o los que se ven envueltos en situaciones extremas como cuando Henry Fonda llegó al Punto límite (Lumet, 64) han sido motivo de revisiones fílmicas con diverso nivel de alcance.

LA POLÍTICA ELECTORERA VA A LAS PANTALLAS (PRIMERA PARTE)

1 julio 2012

Una vez que pudimos descansar, aunque sea dos o tres días, de spots promisoriamente vacíos, falsamente convenencieros y cargados de promesas rayando en el absurdo de la imposibilidad, llegamos al domingo de unas elecciones en apariencia decididas, aunque cabría recordar que el último minuto también tiene sesenta segundos, para decirlo en términos futboleros que vivirá una fiesta con la final de la Eurocopa, de absoluto sabor latino. En fin, como sabemos que el cine es un gran metiche que mete las narices en todo, revisemos brevemente algunas películas que abordan el tema político-electoral, como para comprobar que ficción y realidad de pronto se parecen más de lo que suponemos.

INTRIGAS
En el primer capítulo de la serie televisiva Los Borgia (Jordan, 11), familia también recreada por Hernández en el 2006, el patriarca (Jeremy Irons) va cooptando los votos en la elección papal mediante la discreta entrega de terrenitos, joyas y otras linduras que los cardenales iban aceptando de silenciosa buena gana, hasta que por fin se advierte en el cielo el famoso humo blanco, símbolo inequívoco de que quien fuera conocido como Alejandro VI se asumiría como jefe máximo de la entonces poderos iglesia católica en manos de una decadente jerarquía.
Mientras tanto Nanni Moretti en Habemus Papam (11), se centra en la crisis personal de quien recién fue elegido para desempeñar tal misión en el mundo y la necesidad de entrar a terapia, como en Demasiados secretos para un hombre (Flicker, 87), comedia en la que un psiquiatra se convierte en objeto de persecución para sacarle la sopa acerca de su distinguido paciente. Por su parte, Colosio, el asesinato (Bolado, 12) recrea el suceso trágico de mayor impacto en la política reciente de nuestro País. Igual se recuerda Election (Payne, 99), en la que un agente ajeno modifica un resultado popular, en este caso, los alumnos.
El gran Frank Capra rodó Caballero sin espada (Mr. Smith Goes to Washington, 39), en la que James Stewart encarnó a un novato senador dispuesto a luchar por el bien común (no es broma), mientras que el maestro Otto Preminger, con base en la novela de Allen Drury, dirigió Tempestad sobre Washington (62), historia en la que el nombramiento de un secretario de Estado sacude las instancias de poder, el Senado incluido. Con otro gran reparto, John Frankenheimer realizó Siete días de mayo (64), en la que planteaba la posibilidad de que los militares tomaran el poder para terminar con ese asunto agotado y sobrevalorado que conocemos como democracia; el mismo director se encargó de El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate, 62).
Las intrigas y traiciones en el Partido Conservador inglés quedan de manifiesto en la serie The House of Cards (BBC, 90) y la sede presidencial de Estados Unidos, particularmente en el despacho oval, se convirtió en el centro de atención de El ala oeste de la Casa Blanca (The West Thing, 99-06), serie escrita por el gran Aaron Sorkin, en la que se recrearon con realismo los entretelones de la policía estadounidense. Por su parte, el sufrido Jack Bauer (corre Kiefer, corre) se vio envuelto en una red de ataques al intentar proteger al primer candidato afroamericano en la famosa serie 24, durante su primera temporada (01-02).

CAMPAÑAS Y CANDIDATOS: DE CEPA Y PREFABRICADOS
Empezamos, por supuesto, con el clásico absoluto Ciudadano Kane (Welles, 41), filme que además de renovar el lenguaje cinematográfico, mostró la fragilidad del poder y la facilidad con la que se puede descarrilar en los terrenos políticos a un hombre que parecía tenerlo todo, excepto su trineo afectivo. En la poderosa Un rostro en la muchedumbre (Kazan, 57) se muestra cómo se puede crear un figura mediática sin mayor trasfondo, que incluso se convierta en político; contrastando, El último Hurra (Ford, 58) presenta a un alcalde sagaz y de auténtica habilidad política, interpretado por Spencer Tracy.
Y recordando candidatos, ahí está el documental Primary (Drew, 60), sobre la elección demócrata en la que John F. Kennedy resultó elegido (también está la serie televisiva sobre la famosa y trágica familia). Robert Redford estuvo como mandado a hacer en El amargo sabor del triunfo (The Candidate, Ritchie, 72); Tim Robbins interpretó y dirigió, cual convincente farsante apenas entonado, Ciudadano Bob Roberts (92), en contraste con Warren Beatty, quien hizo lo propio en Bulworth (98) bajo la idea de fuera máscaras ante la situación del nada que perder.
En la piel de Jaques Chirac (Zéro y Royer, 06) es una reconstrucción cargada de ironía, con todo y voz falsa que imitaba la del personaje en cuestión, de la trayectoria del criticado político francés a lo largo de casi cuarenta años. Y de cómo el poder corrompe, ahí están Decepción (All The King´s Men, Rossen, 49), Poder y traición (Ides of March, Clooney, 11), El escándalo (Primary Colors, 98), Escándalo en la casa blanca (Wag the Dog, Levinson, 97), retrato nítido de la manipulación previa a las elecciones para favorecer a un candidato, y Juegos de poder (05) de Mike Nichols.
Cerramos recordando a Un papá muy poderoso (Swing Vote, Stern, 08), que juega con la imaginería de la importancia de cada voto, aunque en la realidad estadística sepamos que no es así. La siguiente entrega, ya con presidente electo, la dedicamos a las mujeres y hombres con el poder político en sus manos; mientras tanto, habrá que releer Ensayo sobre la lucidez de Saramago.
Candidato 1

EN LAS (INTER)CAMPAÑAS, TODO SE VALE

15 abril 2012

Muy oportuna es la llegada de la película de George Clooney –recién arrestado por protestar frente a la embajada de Sudán en Estados Unidos- para los tiempos que corren en nuestro País, donde estamos viviendo un extraño periodo conocido como intercampaña, en el que el IFE lleva la voz cantante y los ya ahora candidatos guardan silencio: las promesas de carcajada, las vaguedades al por mayor, los clichés patrioteros, los lugares comunes sin pizca de imaginación y las profundas contradicciones entre los dichos y los hechos, tendrán que esperar. Como si fueran muy interesantes.
Para algunos, como varios medios de comunicación que no saben cómo llenar sus tiempos, se trata de un absurdo que rompe la dinámica electoral, mientras que para otros ha resultado ser un oasis revelador de otras prácticas partidarias, como la de la cuestionable selección de candidatos a las cámaras en donde, básicamente, confirmamos que los partidos están muy interesados en sí mismos, por si quedara duda. El pueblo queda reducido a una entelequia que siempre es bueno y tiene la razón, o que es incapaz de tomar decisiones o, de plano, a un mal necesario.
A pesar de desarrollarse en el contexto de las primarias del partido demócrata en Estados Unidos, Poder y traición (Ides of March, EU, 11), basada en Farraguth North del exconsejero Beau Willmon, encuentra diversos referentes con el periodo electoral en curso dentro de nuestro País, cada vez más desalentador y ausente de verdaderas expectativas de transformación. En efecto, la manera en que el cambio se convierte en una palabra vacía frente a un auditorio aullante o ausente, da igual, queda claramente plasmada en el cuarto filme del también actor, tras las sólidas propuestas de Confesiones de una mente peligrosa (02), Buenas noches, buena suerte (05) y Jugando sucio (08), comedia menor aunque muy entretenida sobre el inicio del fútbol americano.
El filme se centra en la figura ascendente de un joven treintañero (Ryan Gosling, confesándole a Hoffman que ha aprendido del mejor) que trabaja como parte del equipo de asesores del gobernador con ansias presidencialistas (George Clooney), lidereado por un viejo lobo de procelosas aguas empantanadas (Philip Seymour Hoffman, siempre digno) y enfrentado con el líder del equipo del candidato rival (Paul Giamatti, tentando). Primero con los ideales en alto y después transpirando real politik, el filme describe con prístino detalle la forma en la que un hombre no solo se vuelve parte del sistema, en lugar de cambiarlo, sino que incluso lo puede llegar a encabezar ya sin la intención de transformarlo por los beneficios que recibe del status quo.
No falta el lío de faldas vuelto tragedia que se vuelve moneda de cambio con practicante incluida (Evan Rachel Wood); las estrategias debajo la mesa que van y vienen cual boomerang impredecible; las complicidades odiadas pero necesarias para ganar como sea (Jeffrey Wright); las relaciones con la prensa entre lo institucional y el vínculo personal (Marisa Tomei) y, sobre todo, el despojo de los principios en aras del poder como si se trataran de un ropaje viejo que se deposita en el cesto de los ideales extraviados, ahora solo útiles al momento de los discursos y las entrevistas a modo.
Cuando la podredumbre de los sistemas políticos no alcanzar a reventarlo del todo, las prácticas se van manteniendo hasta el límite de la tolerancia popular o la de otros grupos que reclaman igual tamaño en su rebanada de pastel, como sucedía en El escándalo (Primary Colors, 98) y Juegos de poder (05) de Mike Nichols, Bob Roberts (Robbins, 92) o Bulworth (Beatty, 98). Actuaciones de realismo puro y fundamentado en una edición funcional de simbólicas transiciones que nos regala finas estampas de primeros planos y tomas abiertas con la bandera al fondo, el filme transcurre más en tono expositivo que analítico, quizá más descriptivo que reflexivo, aunque conservando la tensión narrativa en todo momento.
El argumento no nos dice nada que no supiéramos o imagináramos, pero se contextualiza de una forma creíble, nítida y bien articulada: pone el punto en la llaga de la moral puritana que tanto impera en el juicio a los políticos de nuestros vecinos –acá no acaban siendo tan graves los chismes de alcoba- y en cómo la práctica partidaria se ha ido ensuciando y “farandulizando”, al punto de que son las estrategias de publicidad las que determinan triunfos, más que las propuestas razonables de los candidatos (que no es que abunden, tampoco).
Hollywood y su star system se han cargado hacia los demócratas, sobre todo recientemente: todo un tema puede ser el análisis de cómo un poder de facto tan poderoso como la industria fílmica estadounidnse, cuya principal arma es la comunicación masiva, genere tantas molestias: claro, una película puede más que un discurso e incluso que un cambio de política pública, en términos de percepción a gran escala.

COMPLICIDADES, ABUSOS Y SECRETOS

22 enero 2012

Un trío de mujeres buscando justicia, indagando tiempos pasados y tratando de ponerse en paz con su presente. Filmes que se sumergen en los sótanos de los sistemas de seguridad y justicia: policías secretas, experimentos genéticos, complicidades aterradoras y procesos de deshumanización explotando en los pasillos subterráneos del abuso tolerado. En clave de thriller y en alguna de ellas retomando un caso real, las cintas presentan impecable producción quizá en ligero detrimento del desarrollo de personajes. Veamos.

AL FILO DE LA MENTIRA

Escrita por Matthew Vaughn (Kick-ass, 10; X-Men: Primera generación, 11) y dirigida con energía por John Madden (Mrs.Brown, 97; Shakespeare enamorado, 98; La prueba, 05; Tiro mortal, 08), con base en el filme israelí Ha-hov (Bernstein, 07), Al filo de la mentira (The Debt, 10) sigue a tres agentes del Mossad en dos tiempos: cuando tenían que capturar a un siniestro médico nazi en los sesenta y treinta años después, en los momentos en que aquellos sucesos regresaron cual resistentes fantasmas dispuestos a pelear contra el olvido o, en su caso, ante la tergiversación de los hechos. Notables resultan las atmósferas construidas al interior del departamento en el Berlín comunista y en los encuentros dentro del consultorio del ahora ginecólogo.

Armada a manera de rompecabezas a partir de una afilada edición, recreación de época funcional y con logradas interpretaciones entre las que destacan las de Helen Mirren, Jessica Chastain y, sobre todo, Jesper Christensen, el thriller de espionaje combina momentos de tensión creciente con ciertos apuntes de profundización en los personajes, no obstante que se advierten ciertos problemas de congruencia en los personajes jóvenes y viejos, no sólo en términos de parecido físico, sino incluso de personalidad: no es que no cambiemos en el tiempo, pero sin duda hay rasgos conductuales presentados en los agentes jóvenes, que uno supondría con carácter más o menos permanente y que nos se identifican con claridad al paso del tiempo.

SECRETOS PELIGROSOS

El primer largometraje de Larysa Kondracki, originaria de Toronto, se basa en el caso de una mujer policía de Nebraska que acepta un trabajo en Bosnia, con miras a poder recuperar la custodia de su hija, como observadora de la ONU para ayudar a mantener la paz en la región de los Balcanes, tras el terrible proceso de limpieza étnica y la consecuente descomposición social que se reflejaba, entre otros problemas, en la trata de personas orientada al comercio sexual, como se veía en Las alas de la vida (Moodysson, 02), La vida secreta de las palabras (Coixet, 05) y Promesas peligrosas (Cronenberg, 07).

Enfocada al curso de los acontecimientos más que a las emociones de los personajes, si bien expresadas no profundizadas, Secretos peligrosos (The Whistleblower, Alemania-Canadá, 10) dirige sus dardos a señalar las complicidades y participaciones directas de alguna multinacional, la policía local e incluso algunos miembros del cuerpo de paz de la ONU, quienes se suponía tendrían que procurar, justamente, lo contrario, en este execrable tipo de abuso.

Rachel Weisz, cobijada por un sólido reparto, interpreta con gran convicción a Kathryn Bolkovac –como anteriormente lo hizo con Hypatia-, mujer cuya historia es la fuente del guión de este filme que busca, como premisa central, mostrar el vergonzoso papel de los representantes de la ONU, quienes se bifurcaban entre considerar que es más difícil ganar la paz que la guerra y, ante los abusos hacia jóvenes indefensas, concebirlas como rameras de guerra.

HANNA (SIN SUS HERMANAS)

En franco cambio de registro tras Orgullo y prejuicio (05), la estupenda Expiación, deseo y pecado (07) y El solista (09), el londinense Joe Wright acomete una historia que parece combinar a Nikita (Besson, 90) con los cuentos clásicos de hadas con todo y el enfrentamiento entre la princesa y la bruja (Cate Blanchet), con simbólicos ciervos, algún ayudante de la malvada (Tom Hollander) y padre protector en medio (Eric Bana), y por fortuna, sin romántico príncipe salvador: aquí la protagonista de la historia sabe defenderse sola, a pesar de su inocencia y del desconocimiento de la “civilización”. Una joven en pleno momento de emancipación preparada para la dura sobrevivencia, pero con muchos aprendizajes por construir, particularmente los relacionados al autoconocimiento.

Al ritmo de los Chemical Brothers, con vistosas composiciones en los encuadres (en la feria desolada, en el búnker de la CIA, en las montañas nevadas), enfático contraste en los colores y una pertinentemente gélida interpretación de Saoirse Ronan, Hanna (EU-GB-Alemania, 11) funciona como un thriller más de acción que de suspenso, en el que no hay demasiado tiempo para detenerse en las motivaciones y decisiones de los personajes: se opta por establecer una estructura narrativa de persecución continua, en la que finalmente la joven que da título al film está buscando lo que cualquier otro adolescente: su identidad y su lugar en un mundo que parece escindido, aún con posibilidades para la amistad.