Archive for 27 junio 2010

GOLDFRAPP: MUCHO MÁS QUE DOS

27 junio 2010

De la electrónica sentada junto al pop, pasando por un folk sin artilugios y de ahí a una alegría de neón que se mezcla con una velada tristeza exenta de dramatismos, este dúo inglés ha esparcido su estética sónica en lo que va del milenio con la naturaleza como referente continuo dentro de su propuesta lírica, por momentos permitiendo libres interpretaciones y en otros impeliendo esos afectos que suelen romperse sin remedio.
Curtida en los ambientes del trip-hop y el dance de mediados de los 90’s, colaborando con Tricky y Orbital, entre otras criaturas de sonoridades digitales, la artista Allison Goldfrapp se unió con Will Gregory y retomando el apellido de la primera para nombrarse, debutaron con Felt Mountain (00), sorprendente obra en la que uno se sentía dentro de una especie de cabaret futurista: absorbente decadencia matizada con una energía eléctrica siempre contenida, como en ebullición permanente y con la vocal a punto del desquicio pero manteniendo la suficiente fuerza como para no perder credibilidad.
El ahora dúo dinámico volvería a la carga, después de un EP, con Black Cherry (03), álbum que implicó una mutación con respecto a su antecesor: si antes se estaba más cerca de Portishead, ahora daban un paso hacia el desenfado y la pista de baile; sólo un paso. Jugada si bien arriesgada con respecto a la base de fans ya construida, resultaba lógica ante la dificultad de mantener el nivel del primer disco. En esta misma línea presentaron Supernature (06) y su hermano remezclado We Are Glitter (06), dejando que el espíritu de Marc Bolan se colara por los tracks.
Llegaba el momento de otro giro: cerrar la puerta del club nocturno y abrir la de un calmo bosque inspirador para presentar Seventh Tree (08), conformado por parajes acústicos en los que las canciones despojadas de bytes se conectaban de manera orgánica, como cosechadas sólo con productos naturales: ya no la fiesta del sábado en la noche, sino el día de campo en domingo con la compañía de amigos y colados.
Con su más reciente apuesta, Head First (10), vuelven a enchufarse aunque ahora desde una perspectiva más melódica y con reconocible empleo de teclados más propio de los grupos de electropop: las nubes no impiden que el sol ilumine los tonos rosas y el azul del cielo se ha vuelto motivo de compartida alegría, misma que vendrán a irradiar a nuestro País el próximo martes 29, como para dejar que nuestras cabezas vuelen por atmósferas más frescas, quizá por vez primera.

POR LA PRADERA AMERICANA

18 junio 2010

Tres alternativas sonoras de sendos grupos clave dentro de la llamada corriente Americana.

1. Conor Oberst comparte ahora escritura con Neva Dinova para One Jug of Wine, Two Vessels (Saddle Creek, 2010), reciente disco de Brigth Eyes, su proyecto más conocido, ahora integrado por una gran cantidad de músicos que suenan compenetrados y muy en su papel para permitir que la trémula voz del precoz y prolífico músico, en ocasiones nutrida con efusivos coros, cuente historias de bar en tono de comedia negra y regresos confusos. La capacidad melódica se mantiene, tal como se deja escuchar en Happy Accident, con todo y derivaciones sonoras, y I Know You, seguro éxito radial. Si bien la parte final del álbum puede parecer tópica en el terreno del country, se consigue llegar a buen puerto con la pausada Spring Cleaning.

2. The National asume la sutil presencia de Velvet Underground –neoyorkinos al fin- y con ese tono de áspera melancolía confrontada con elocuentes melodías, los creadores del fantástico Boxer (07), entregan High Violet (4AD, 2010), su quinta obra, ya confirmándose como grupo imprescindible del nuevo milenio. Terrible Love va dominando sigilosamente el espacio sonoro, tal como sucede en las relaciones abrasadoras, por más que busquemos el arrepentimiento: Sorrow coloca al frente la gruesa vocal de Matt Berninger, en la tesitura del Nick Cave más reflexivo o del Leonard Cohen más apesadumbrado, cobijada por la característica instrumentación austera cortesía de las dos parejas de hermanos, por completo puntual, extendida a Anyone´s Ghost y Little Faith. De la obsesión paranoica expresada en Afraid of Everyone, al romanticismo apenas esbozado en Bloodbuzz Ohio, para de ahí entroncar con una segunda parte que cierra con la bella contención de England y la discreta euforia de Vanderlyle Crybaby Geeks. Uno de los discos del año.

3. Ahora como quinteto, Band of Horses, la galopante banda que bien ha recorrido la pradera Americana por sus rutas pop con Neil Young como faro orientador, en su veta más melódica, nos entrega Infinite Arms (Brown/Columbia, 2010), su tercera producción plagada de postales visuales y sonoras, cual sello de la casa, con calculadas intenciones estéticas: melodías limpias, agudeza vocal en todos sentidos, instrumentación entretejida con sumo cuidado e indudable inspiración. Factory, potencial hit radial en la línea de On My Way Back Home, abre el galope a media velocidad, encontrando sus momentos más reconocibles en las baladas (la canción titular, Evening Kitchen, Older, For Annabelle, Neighbor) o en cortes inflamados de espíritu setentero, como Blue Beard y Dilly. Un disco para acompañar la búsqueda de estrellas mientras forman espirales imposibles; eso sí, sin dejar de extender los brazos.

CINE Y VIDEOJUEGO

11 junio 2010

Como una fuente para la realización de películas, sumándose a la literatura, el teatro, la propia realidad y demás (atracción de parque incluida), ha surgido con fuerza el videojuego, en particular si consideramos la fuerte penetración que ha tenido entre los niños y jóvenes primero de condición económica desahogada pero cada vez más llegando a otros sectores. Gracias al sorprendente desarrollo tecnológico y a la creatividad puesta al servicio del diseño, hoy estamos muy lejos de aquellos inicios en los que dos rectángulos le pegaban a un punto como juego de ping-pong.
Entre estos dos medios ha surgido una relación de ida vuelta, como de vasos comunicantes: el cine ha aprovechado algunos videojuegos para confeccionar películas y viceversa, cintas famosas después se trasladan a algunas de las consolas para convertirse en entretenimiento interactivo. El mercado parece buscar cualquier alternativa para no dejarnos escapar: si a los niños (o a sus papás) les gustó mucho una película, seguro le estarán echando el ojo al juego y al revés.
Esta relación no ha estado exenta de problemas, sobre todo por la distinta naturaleza de ambos: mientras que uno es de carácter narrativo –casi siempre- y requiere un involucramiento entre emocional y racional, el otro se basa más bien en la diversión basada en la intervención y participación directa. En efecto, el fuerte de los videojuegos no es su argumento, mientras que la principal virtud de las películas no es precisamente que uno como espectador se asuma como el héroe, aunque nos identifiquemos con él o con ella.
Así, los mejores videojuegos no provienen de películas y las cintas que se han realizado con base en uno de ellos, presentan problemas de solidez argumental y de continuidad narrativa: basta recordar a Lara Croft: Tomb Rider (01), Fantasía final (01), Resident Evil (02/04/07), Oscuridad demoniaca (05), Silent Hill (06) y Max Pyne (08), por mencionar algunos ejemplos de variado nivel de calidad fílmica, más toda la producción japonesa, pionera en el campo.
Todo lo anterior viene a cuento por el estreno de El príncipe de Persia: las arenas del tiempo (Newell, EU, 10), basada en el juego que inició en 1987 y estructurada de tal forma que se retoman elementos cinematográficos típicos de matiné (aventura, acrobacia, romance y heroísmo), dejando la lógica y estética del videojuego sólo en algunos pasajes, más bien evitables. Ben Kingsley y Alfred Molina se dan vuelo en sus exquisitas sobreactuaciones, mientras que Jake Gyllenhaal cambia de su registro habitual y Gemma Arterton cumple como la enigmática princesa. Esquemática, cierto, pero entretenida al fin, con todo y saltos temporales.

FÚTBOL Y CINE: ENCUENTROS EN EL TERRENO DE JUEGO

5 junio 2010

Se han convertido en dos fenómenos que han trascendido su propio origen: mientras que el cine ha llegado a ser mucho más que una curiosidad científica, el fútbol va más allá de ser un mero juego. Comparten varias características: son un espectáculo masivo de alcance mundial; son poderosas industrias que mueven mucho dinero; pueden ser analizados desde diversas perspectivas y niveles, y casi todos hablamos de ambos como si supiéramos; en un momento dado, pueden ser arte y van de lo sublime a lo ridículo.
Sin embargo, todavía seguimos esperando la gran película futbolera de ficción. De hecho, los mejores films sobre el fútbol son documentales que atrapan algunos elementos clave del juego (goles, faltas, atajadas, jugadas, jugadores) o relacionados con gestas históricas, ya sean en los mundiales o en los torneos locales, rivalidades acendradas incluidas.

LOS ONCE PASOS
Empezamos el recorrido con la silente alemana Los once diablos (Cordan, 27), en donde se recupera la historia de un equipo conformado por trabajadores y animado por una mujer de corte angelical. El miedo del portero ante el penalty (72) de Wim Wenders, sigue a un arquero que, tras dejarse meter un gol, abandona todo y se dedica a deambular sin sentido aparente; el mítico tiro desde los once pasos, especie de fusilamiento civilizado, sirvió de pretexto para Tiro Penal (Skolnick, 00), El penalty más largo del mundo (Santiago, 05) y Pena Máxima (Echeverri, 03). Un par de niños son protagonistas en la sueca Fimpen (Widerberm, 73) y en Bando et le Ballon D’or (Doukouré, 93) de Guinea.
El cine mexicano se ha ocupado poco del asunto, a pesar de la popularidad de este deporte en nuestro País; algunos ejemplos: Los hijos de Don Venancio (44) con Pardavé y Casarín; Tirando a Goool (66); El chanfle I/II (79/82), Atlético San Pancho (Loza, 01), la mejorcita, y Rudo y cursi (07), en cuyo nombre llevó la penitencia.

CINEFILIA Y PAMBOLERISMO
Glosando el libro Fútbol y cine de Carlos Marañón, Jaime Iglesias (en Cinepremier, junio del 2006) apunta las 11 películas del cinéfilo futbolista según el autor: el thriller detectivesco The Arsenal Stadium Mystery (Dickinson, 40); el homenaje a uno de los grandes en Garrincha, alegria do povo (Pedro de Andrade, Brasil, 62); Pelota de trapo (Torres Ríos, Argentina 48), en la que se siguen los sueños de infancia; la española Once pares de de botas (Rovira, 54), enclavada en las dificultades de un jugador y el problema del soborno.
La lista continúa con Bloomfield (Harris, 71), filmada en Israel y en la que se recupera la relación entre un niño y su héroe futbolero; Escape a la victoria (Huston, 81), que recuerda al clásico de John Sturges El gran escape (63); Ultra (Tognazzi, 90), en clave de tragedia con tifosis incluidos; Fever Pitch (Evans, 97) y el sentido de pertenencia con un grupo de fans; La copa (Norbu, 97), en la que un grupo de monjes budistas quiere ver la final del mundial; Shaolin Soccer (Chow, 01), entremezclando temáticas y artes marciales con fútbol, y Jugando con el destino (Chadha, 02), en la que una niña hindú sueña en ser como Beckham.

A NIVEL CANCHA
También se han recuperado algunas curiosidades como en Peladao (04), del alemán Schoppe, cinta que presenta el torneo más grande del mundo celebrado en Brasil, en el que participan más de 1000 equipos con todo y concurso de belleza; o La otra final (03), del holandés Johan Kramer, en la que se enfrentan Bután y Montserrat, los dos últimos equipos según el siempre dudoso ranking de la FIFA; o el documental sobre las hazañas de Corea del Norte en el mundial de Inglaterra, narrado por algunos de los protagonistas; la tragedia del Dynamo de Kiev durante la invasión nazi a Rusia; Best (McGuckian, 00), sobre la vida extra cancha del famoso jugador; Adelante muchachas (Harzer y Stayman, 03), en donde un par de equipos femeniles juegan en Tegucigalpa. Los dos más grandes jugadores de la historia han sido motivos de sendos documentales: Pelé eterno (Massaini Neto, 04) y Maradona By Kusturica (08) por si hiciera falta.

ENTRE ENSOÑACIONES Y PESADILLAS
Recientemente hemos sido testigos de algunas cintas que recuperan, con mayor o menor fortuna, la temática futbolera, como Historias de fútbol (Wood, 97), articulada a partir de tres episodios en los que este deporte sirve como telón de fondo; la nostálgica Boleiros (Giorgetti, 98), estructurada a partir de recuerdos; Días de fútbol (Serrano, 03), concibiendo el equipo de antaño para resolver las vidas; Desde las profundidades del espacio (Menhert, 04), sobre los recuerdos de un anciano; la emotiva El Milagro de Bern (Wortmann, 2004), y la trilogía ¡Goool! (Cannon, 05; Collet Serra, 07; Morahan, 09), transitando de más a menos, muy al estilo de la forma de juego en nuestros torneos.
Por su parte, los tristemente célebres fanáticos ingleses y la violencia han sido retratados en obras como The Football Factory (Love, 04) y Hooligans (Alexander, 05), intento de mirada cercana a estos exacerbados seguidores de los equipos de la Liga Premier que incluso mereció una secuela. En contraste, Sesenta y seis (Weiland, 06) plantea entre comedia y drama la coincidencia entre una celebración de un niño judío y el juego clave del mundial de aquel año, celebrado en Inglaterra.