Archive for 24 febrero 2013

85ª. ENTREGA DEL OSCAR

24 febrero 2013

Colocándolos en su justa dimensión, los premios Oscar pueden ser entretenidos, es decir, ni menospreciándolos por completo o ensalzándolos como si fueran la celebración fílmica más importante: ésta es más bien cuando un espectador conecta con una película, ni más ni menos. Tampoco se trata de ver qué película, actor, actriz, director o fotógrafo es mejor, sino más bien de entender que se trata de una votación hecha por los miembros de la Academia estadounidense, ni más ni menos, con la filias y fobias del caso. Dicho lo cual, repasemos brevemente nominados y ausentes.
Para mejor película se apuntan Lincoln y Argo como las más fuertes; Steven Spielberg se podrá llevar merecidamente el Oscar por dirección, si bien el reconocimiento a Michael Haneke, uno de los grandes realizadores contemporáneos, sería acertado. Un poco rara la ausencia de Ben Affleck, P.T. Anderson, uno de los directores norteamericanos centrales de los últimos años, y de Wes Anderson, director capaz de crear un mundo particular: sus respectivas cintas, The Master y Un reino bajo la luna, fueron olvidadas a pesar de ser dos obras que siguen consolidando las carreras de ambos.
OscarRecordemos que directores nominados que no ganaron el Oscar, forman una lista un cuanto tanto vergonzosa para la Academia: Hawks, Altman, Kurosawa, Bergman, Fellini, Hitchcock, Kubrick y Welles, por mencionar algunos de los principales. Buñuel y Chaplin, por ejemplo, ni a nominación llegaron. Después como que se arrepienten y entregan premios honoríficos, que terminan siendo un mea culpa y, de alguna manera, un reconocimiento a la grandeza de ciertas trayectorias, más allá de una película en específico.
Volvamos a este año. Daniel Day Lewis parece tener seguro el premio a la actuación, considerando la presencia de Joaquin Phoenix, y Jessica Chastain – –la mejor de su generación- debiera ganar como actriz principal, aunque empuja fuerte Jennifer Lawrence y sería notable que se lo dieran a la legendaria Emmanuelle Riva. Para actor de soporte está Philip Seymour Hoffman y Tommy Lee Jones, mientras que para actriz en esta categoría Anne Hathaway podrá, en efecto, soñar un sueño. Para película animada, la que más me gustó fue Paranorman, pero la estatuilla parece apuntar a Frankenweenie o Ralph el demoledor.
La película extranjera premiada será Amour, que también debiera ser reconocida por su guion original, así como Lincoln por la adaptación. Me gustaría que premiaran a PES y su Fresh Guacamole en corto animado, pero quizá el peso de Disney o Los Simpsons sea determinante. Para corto documental puede ganar Open Heart de Kief Davidson y Cori Shepherd Stern y para largo se anota Searching for Sugar Man deMalik Bendjelloul y Simon Chinn, sobre el gran músico Rodriguez, ahora recuperado del olvido colectivo.
Mejor foto para Roger Deakins en Skyfall, aunque ahí está Claudio Miranda con Una aventura extraordinaria y Janusz Kaminski en Lincoln. La edición puede ser para Argo, a pesar de los notables trabajos en Lincoln y La noche más oscura y en sonido, la edición para Skyfall y la mezcla para Los miserables o La noche más oscura. La canción original interpretada por Adele para acompañar los créditos del 007 suena como favorita, mientras que la música puede ir a parar a manos de John Williams que acompaña las imágenes de Lincoln.
Para efectos visuales pueden ganar La vida de Pi o El Hobbit, merecedor también de maquillaje. El diseño de vestuario puede ir a parar a Anna Karenina y el diseño artístico o de producción a Los Miserables, obra musical que a pesar de su abundancia en primero planos, despliega atractiva composición en sus encuadres.
Se trata de una de las entregas, que yo recuerde, más difíciles de predecir y con mayores posibilidades para que se den las sorpresas. Las campañas de los grandes estudios fueron intensas porque saben que un Oscar significa taquilla, casi en automático, y no aparecer en las nominaciones reduce las posibilidades de distribución y, por ende, de público. No se juega tanto el prestigio artístico sino una enorme posibilidad comercial, aunque por otra parte, nos conviene que ciertas películas de habla no inglesa, por ejemplo, sean nominadas porque se asegura su presencia en cines o videoclubes.

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NICK CAVE O CÓMO EMPUJAR EL CIELO

17 febrero 2013

The Birthday Party se formó en Melbourne durante 1977 y se desintegró seis años después, dejando una estela de retorcidas y sugerentes percepciones acerca de la realidad y sus vericuetos, expresadas a través de ruidosas canciones en clave postpunk con ciertos toques rocanroleros entrelazados con un espíritu gótico. El vocalista era un notable e intenso compositor y escritor de canciones, además de contar con una voz tan profunda como sus letras de altos vuelos.
Se llamaba Nicholas Edward Cave (Warracknabeal, Australia, 1957), mejor conocido como Nick Cave y una vez finiquitada la fiesta de cumpleaños, unas malas semillas quedarían sembradas para iniciar una vibrante, ecléctica y poderosa trayectoria en solitario, aunque bien acompañado por el viejo conocido multiinstrumentista Mick Harvey, el ex-Magazine Barry Adamson (bajo) y Blixa Bargeld, guitarrista de Einstürzende Neubauten, quienes se conocerían como The Bad Seeds, para no dejar duda de su talante y naturaleza perversa.
La voz barítona al estilo Leonard Cohen narraba piezas, con inflexiones tipo Lou Reed, sobre la religión, el amor y la muerte, considerando sus nexos, entre otras temáticas que rondaban la cabeza del también escritor y actor, por momentos dejando caer un manto de oscuridad entre salvaje y espiritual, atravesada por afiladas instrumentaciones de inspiración cinematográfica que salpicaban las historias al borde del colapso. Tras grabar Burnin’ the Ice (83) antes de la ruptura de The Birthday Party, presentó, ya con The Bad Seeds, el clásico From Her to Eternity (84), al que le seguirían The Firstborn Is Dead (85) con el espíritu de Elvis Presley todavía rondando los surcos y Kicking Against the Pricks (86), integrado por significativos covers con resonancias bluseras y ya con la presencia de Thomas Wydler en la batería.
Un juicio sumario para el amor y su consecuente funeral libertario se despliega en Your Funeral… My Trial (86), otra obra ineludible que transcurre entre penumbras con perturbadores sobresaltos, continuada por Tender Pray (88), poderoso álbum que grabó después de aparecer como sí mismo en Las alas del deseo (87), la filosófica obra de Wim Wenders y en cuyo filme Hasta el fin del mundo (91) colaboró con la románticamente mortal (ILove You) Till the End of the World. Mientras tanto, The Bad Seeds cambiaban de personal como si de rotación de cultivo se tratara, renovando los sembradíos con nuevos influjos sonoros.Nick Cave
Una vez superada su adicción a la heroína y experimentando una especie de renacimiento empezó a publicar libros (King Ink, 88; la hilarante novela Y el asno vio al ángel, 89); inició sus colaboraciones en el cine de la mano de su amigo, el director John Hillcoat, vía Ghost… of the Civil Dead (89), filme australiano para el que actuó brevemente y contribuyó con el score, junto a Harvey y Bargled, y grabó The Good Son (90), en el que refleja un estado de mayor equilibrio emocional, con orquestaciones y temas a media velocidad que no pierden su profundidad, sino que bucean en otras aguas menos turbulentas pero igualmente atrayentes. En lugar de hígado, riñón y estómago, un corazón se atreve a asomar su latido.
Después de Henry´s Dream (92), cual equilibrada aventura onírica entre los pasajes turbulentos y los reconfortantes, apareció el exitoso Let Love In (94), cuyos sonidos encontraron a más orejas que las habituales, sin perder el sello acostumbrado, alcance que aumentó con Murder Ballads (96) y los asesinatos convertidos en pretextos para hilvanar melodías al filo de la navaja. Para cerrar el milenio, grabó el intimista The Boatman´s Call (97), al que le siguieron algunos trabajos en vivo y de spoken word, hasta que se reunió de nuevo con las malas semillas, incluyendo a Warren Ellis para presentar No More Shall We Part (01), cargado de un amor irónico y de violencia contenida.
Con ánimos renovados, Cave nos regaló Nocturama (03), disco a media luz con atmósferas tan enrarecidas como atrayentes y el doble Abattoir Blues / The Lyre of Orpheus (04), otra de sus obras mayores en las que se advierte la búsqueda del contraste entre un dinamismo de intrincadas estructuras y un ralentizado blues hiriente, supurando coros y teclados de quieto desenvolvimiento: desde la clásica de Pink Floyd, el dinero no había servido para tanta inspiración desparramada en una canción. A partir de un guion suyo y el score firmado junto al violinista Ellis, Hillcoat filmó Propuesta de muerte (05), descarnado western australiano.
Como para retomar su lado salvaje, Cave formó Grinderman junto con algunos viejos compinches para grabar álbum homónimo en el 2007 y una segunda entrega en el 2010: ambas obras son una ráfaga visceral de blues, punk, no wave y cierta experimentación en la forma de confeccionar la energía sonora, acá orientada a expandir la sensación de salvajismo. Entre ambos discos, Cave se dio tiempo para terminar su novela La muerte de Bunny Munro (1998-2009); colaborar con el soundtrack de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Dominik, 07), así como con la música de El último camino (The Road, 09), la muy digna adaptación fílmica de la poderosa novela de Cormac McCarthy; además, todavía le quedaron energías para grabar el potente Dig, Lazarus, Dig!!! (08), con la banda completa y regresar al cine con el soporte musical y el guion para Sin ley (Hillcoat, 12).
Ahora nos visita con Push the Sky Away (13) que sale al mercado justo cuando esté compartiendo con nosotros sus enormes canciones en las que el amor y la muerte transitan por los mismos acordes.

EL CINE COMO INDUSTRIA

11 febrero 2013

Entre muchas otras dimensiones, el cine se ha constituido como un negocio en el que participan diversos agentes, desde los grandes estudios hasta los espectadores, pasando por los productores, realizadores, actores, guionistas, administrativos, fotógrafos, consultores y exhibidores, entre otros; de ahí que las películas que vemos en la sala, que llegan por medio del video, se van directo a los canales de televisión o se distribuyen por otros medios, son producto de una serie de decisiones en las que participa más gente de la que suponemos, a veces para bien y otras no tanto. Claro que en los tiempos que corren, la diversificación en los canales de distribución se ha ampliado y las formas de producción ya no son únicas: se puede hacer una película con una computadora en la sala de la casa.
Gracias a la comercialización podemos disfrutar de una gran diversidad de películas, aunque en ocasiones, justamente por usar solo criterios de rentabilidad, nos perdemos de otras que bien valen la pena, aunque no sean masivamente vendibles. Que una película sea comercial no tiene nada de malo ni de bueno en sí mismo; sin embargo, que se piense primero en ver cómo se puede vender mejor y en función de ello realizarla, puede convertirla en un mero producto de fórmula así como limitar su alcance artístico o de entretenimiento, que por otra parte no necesariamente son atributos excluyentes: una obra maestra puede ser taquillera a más no poder, al igual que un filme chatarrero, y un bodrio pretensioso puede funcionar solo como engañabobos o apantallatontos.
Películas que miran desde diferentes perspectivas, en términos de metacine, algunos de estos procesos.

HITCHCOCK PARA PRINCIPIANTES
Dirigida por Sacha Gervasi en tono ligero y sin profundizar en los procesos de creación ni en la intrincada personalidad de su personaje central, Hitchcok, el maestro del suspenso (EU, 12) es una revisión casi didáctica de cómo se realizó la seminal obra Psicosis (60) y en qué medida influyó la figura de Alma Reville, esposa del genial director, tomándose algunas licencias históricas pero al fin poniendo sobre la mesa cómo se las gastan los estudios, productores y censores al momento de intervenir en la realización de un film.
Con las interpretaciones de Anthony Hopkins y Helen Mirren, quienes parecen disfrutar de sus papeles más que tomárselos demasiado en serio, la película puede funcionar como un primer acercamiento a la figura del director, a los usos y costumbres en materia de producción fílmica durante los últimos años de la década de los cincuenta y en la forma en la que Hitchcock, un gran mirón que se sabía la estrella del escenario, se relacionaba con actrices y actores, productores, censores y, desde luego, con su esposa y quienes la usaban para acercarse a su redonda figura.
Queda clara la gran capacidad de riesgo y de no quedarse en la zona cómoda de las películas y géneros prefabricados, así como el ojo clínico para identificar qué secuencia habría de mantenerse a toda costa, aunque se sacrificara todo lo demás: ahí está la toma de Hitchcock husmeando hacia el interior de la sala, soltando cuchillazos al aire y disfrutando de la reacción del público, tal como la había muchas veces imaginado.

ENTRE ÍNFULAS
Dirigida por Barry Levinson, cuyas películas más recientes se han ido directamente al circuito de video, Los realizadores (What Just Happened, EU, 08) sigue las vicisitudes de un productor en Hollywood a lo largo de algunos días, luchando para sacar a flote su película y llevarla al festival de Cannes, entre la inflexible postura del estudio, las infantiles excentricidades de los actores y las poses del director, todos al parecer empeñados en que el asunto no salga adelante. Además de lidiar con sus problemas familiares, el protagonista convive con sus propias ínfulas.
Sin llegar al nivel de El ejecutivo (Altman, 92), el filme da una muestra de cómo funcionan las relaciones en algunos de los grandes estudios hollywoodenses y de cómo, al final, los poderosos nunca pierden, por más que tiendan a victimizarse. Con reparto multiestelar que denota conocimiento sobre el tema por quizá haber vivido estas situaciones alguna vez, el filme no alcanza a ser todo lo afilado que quisiera pero termina siendo un retrato más o menos certero de la industria y sus entresijos.

For Your ConsiderationLA IMPORTANCIA DE LLAMARSE OSCAR
Dirigida por Christopher Guest en tono independiente, Yo quiero ganar un Oscar (For Your Consideration, EU, 06) retrata la manera en la que los rumores, ahora soltados por Internet, pueden crear oleadas de opinión para favorecer a una película y de alguna forma moldear la percepción que se tiene sobre ella. Acá vemos cómo una cinta discreta de pronto sale a la luz porque se supone que sus dos actrices y el actor de medio pelo, pueden recibir una nominación al Oscar, lo que transformaría radicalmente sus formas de distribución y de recibimiento.

DISCOS DE JAZZ DEL 2012: FORMAS DIVERSAS, TEXTURAS MÚLTIPLES Y EXPLORACIONES EN CLAVE SINCOPADA

3 febrero 2013

Algunas obras del año que recién terminó y que merecen la atención de nuestras orejas, pertenecientes a este fascinante género musical cuyas fronteras estilísticas se expanden y reinventan, contra lo que pudiera pensarse.
Dream Logic de Eivind Aarset: en su debut para la ECM, el solicitado guitarrista noruego crea un conjunto de texturas en penumbras, tejidas a partir de un misterioso soporte electrónico que nos sumerge en un sueño extrañamente distante, vuelto cada vez más lógicamente realista.

Ídem de HBC: con la fusión por delante como estructura armónica, el súper trío integrado por Scott Henderson (guitarra), Jeff Berlin (bajo) y Dennis Chambers (batería), propone composiciones propias y revisita a Hancock, Shorter y Zawinul con el debido respeto y el consabido dinamismo de síncopa efervescente.

Spririt Fiction de Ravi Coltrane: con el insigne apellido a cuestas, el saxofonista californiano explora territorios del postbop , con la ayuda de Joe Lovano, tanto en la experimental forma de articular al quinteto como en la elusiva estructura armónica: de la realidad a la ficción, hay solo un espíritu.

The Cherry Thing de Neneh Cherry & The Thing: la cantante sueca de origen africano se hace acompañar de instrumentación sonora y abigarrada cortesía de reconocidos jazzistas escandinavos, combinación ecléctica que coloca el calor del funk a integrarse con los lances vanguardistas propios del deshielo.

Blue Moon de Ahmad Jamal: el veterano pianista de Pittsburgh combina composiciones propias con versiones de grandes como Dizzy Gillespie, acompañado de una solvente base rítmica que sostiene las exquisitas florituras a las que nos tiene acostumbrado, expandiendo los contornos del cool jazz.

Saltash Bells de John Surman: cumpliendo 45 años en las andadas, el saxofonista y clarinetista británico construye una atmósfera de nebulosa belleza, apoyado por el mejor asesor informático para los sonidos digitales de apoyo –su hijo- y un aliento que invita a respirar el aire de Cornwall atravesado por el repicar de las campanas.

Within A Song de John Abercrombie Quartet: como si de una conversación reposada se tratara, la guitarra del líder intercambia opiniones con el saxofón de lujo –cortesía del maestro Joe Lovano- mientras la base rítmica, integrada por Joey Baron (batería) y Drew Grass (bajo), apapacha los diálogos desbordantes de elegancia y precisión.

The Well de Tord Gustavsen Quartet: el pianista noruego nos plantea un reto, junto a sus colegas, en el que propone espaciosas composiciones por momentos inasibles, de tal forma que participemos en la reconstrucción de las piezas, entre rítmica suspendida y un saxofón que rompe con la seguridad de los acordes pianísticos.

Year of the Snake de FLY: este trío de virtuosos integrado por Mark Turner (sax tenor), Larry Grenadier (bajo) y Jeff Ballard (batería), comparten talentos y trayectorias para edificar una propuesta sonora tan atrayente como intrincada, tan absorbente como serpenteante; en su tercer lance juntos, han alcanzado su más alto nivel de cohesión armónica.

Four MFs Playin’ Tunes de Branford Marsalis Quartet: con tono festivo con ciertos momentos de quietud, el afamado saxofonista de ilustre apellido es acompañado por el inquieto piano de Joey Calderazzo y por colorida base rítmica (Eric Revis, bajo; Justin Faulkner, batería), quienes además contribuyen con algunas composiciones de jazz en estado puro, siempre con la orientación inconfundible del líder.

Ten Freedom Summers de Wadada Leo Smith: monumental obra de 4 discos que recorre como temática central el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos, a través de estilos clásicos y contemporáneos, con la trompeta de este viejo explorador del free y la improvisación como guía comprometido.

Accelerando de Vijay Iyer Trio: entre las piezas propias y los imprevisibles covers que van de Michael Jackson a Flying Lotus, el pianista indoamericano parece haber encontrado en esta formación una estructura ideal para la búsqueda de la cercanía y complejidad que tan bien logra integrar en sus viajes sonoros.

Snakeoil de Tim Berne: el colmilludo saxofonista debuta como líder en la disquera ECM y estrena cuarteto para regalarnos esta obra integrada por seis piezas de largo aliento, en todos los sentidos, con un despliegue de talento compositivo y un halo de misterio que intenta ser develado constantemente.

Tomorrow Sunny / The Revelry, SPP de Henry Threadgill Zooid: instalado como uno de los pilares compositivos de la escena avant-garde del jazz, el flautista y saxofonista nos abre, junto con su ensamble, una puerta hacia espacios de extraña sutileza cargados de atonalidades que se entremezclan con tapices rítmicos que nos mantienen siempre alertas.

301 de Esbjörn Svensson Trio: disco póstumo que termina siendo una especie de celebración tras la muerte del brillante pianista sueco en el 2008; junto a Dan Berglund y Magnus Öström, formó uno de los grupos centrales del jazz europeo y esta elegante obra es producto de un afortunado hallazgo de las sesiones del que parecía ser el álbum final pero por fortuna, sigue con nosotros.

Unity Band de Pat Metheny: el melenudo guitarrista en efecto integra una banda conformada por puro notable (el sax y clarinete de Chris Potter, el bajo de Ben Williams y la solvente batería del mexicano Antonio Sánchez), que suena fuertemente cohesionada, desplegando profundo entendimiento en la construcción de secuencias sonoras a partir del afilado sabor de las cuerdas.

All Our Reasons de Billy Hart: con más de 50 años de andar acariciando tambores y platillos, el acucioso baterista debuta como líder en ECM, encauzando el virtuoso sax de Mark Turner, el deslizante piano de Ethan Iverson y el bajo cómplice de Ben Street, para darle tenue iluminación a una noche en la que podremos encontrar nuestras mejores razones para seguir amaneciendo.

Elastic Aspects de Matthew Shipp Trio: el pianista de Wilmington sigue aventurándose por géneros diversos y, como lo marca su título, en este elástico álbum convive con el arriesgado bajo de Michael Bisio y la impredecible batería de Whit Dickey, mientras las piezas se van concatenando cual aspectos de un recorrido plagado de innovaciones.

Made Possible de The Bad Plus: el trio neoyorquino mantiene la tensión y orientación melódica para producir piezas absorbentes, de una particular energía; en su séptimo disco de estudio, buscan la inmediatez a partir de composiciones propias, salvo la versión-homenaje a Victoria del recién fallecido Paul Motian, y un abarcador sentido de la urgencia.

Radio Music Society de Esperanza Spalding: la todavía veinteañera revelación del contrabajo muestra que también la vocal puede ser su fuerte, en este álbum con toques de R&B e instrumentaciones cálidas, incluyendo unos contenidos metales regodeándose entre las piezas propias y alguna versión a Wayne Shorter y a Stevie Wonder, con la presencia totémica de Joe Lovano.

Be Good de Gregory Porter: en su segunda entrega, el cantante, compositor y actor demuestra, en efecto, lo bueno que es para incorporar estéticas souleras y deslizar su elegancia en cada uno de los cortes, incluyendo el cierre en donde se avienta God Bless the Child a capela, clásico que solo parecía destinado a la vocalización de Billie Holiday.

Soul de Jeremy Pelt: en formato de quinteto con alineación de lujo, el trompetista californiano se sumerge en la tradición para entregar una obra en clave de balada como para descubrir el alma jazzística que todos podemos tener; se confirma como uno de los compositores e intérpretes a seguir en este nuevo milenio.

Walking Dark de Phronesis: si su nombre refiere a la sabiduría práctica y a la prudencia, entonces el trío británico-escandinavo resulta ser una gran compañía para caminar por contextos oscuros, gracias a su contagiante emotividad que se sostiene en una particular combinación de precisión con creatividad, que alcanza su altura máxima en éste, su cuarto disco.

Ode de Brad Mehldau: el afamado pianista de Florida confirma su capacidad para el desenvolvimiento en el formato de trío, aquí con los habituales Larry Grenadier y Jeff Ballard, donde destila eclecticismo estilístico y fortaleza compositiva; cada corte revela un camino independiente, conduciendo al mismo tiempo hacia parajes de exuberancia o excelsa quietud.

Centennial: Newly Discovered Works of Gil Evans de Ryan Truesdell: para conmemorar el centenario del nacimiento del gran músico y arreglista originario de Ontario y fallecido en Cuernavaca, el también productor rescató, pulió y reinterpretó con toda una big band sus hallazgos para redondear este homenaje a uno de los hombres que definió el cool jazz y que trabajó en discos ya clásicos junto a Miles Davis.

Poetry of Earth de Anne Mette Iversen: el contrabajo de la también compositora sirve de elusivo tapiz para la vocalización poética en clave femenina que nace de la tradición inglesa y danesa; a través de las 18 canciones que pueblan este disco doble, el espacio para la improvisación a la que se suma el piano y los alientos funciona como alimento del espíritu literario de cada pieza.

Lighthouse de Simcock / Garland / Sirkis: el trío se presenta por primera vez sin músicos adicionales y de la mano de un piano que igual irrumpe de manera rítmica que melódica, buscando iluminar todos los rincones de la casa, con un sax siempre oportuno y las percusiones que ponen el énfasis en la estructura de las composiciones.

Live At the Vanguard de Fred Hersch Trio: grabado en el mítico recinto a lo largo de cinco días de presentaciones, el notable pianista comparte escenario con John Hébert (bajo) y Eric McPherson (batería) para desplegar elaboradas improvisaciones sobre reconocibles piezas acá revisionadas al momento. Memorable para los asistentes y, afortunadamente, para quienes lo podemos revivir a destiempo.

Live At the Blue Note de Konitz / Frisell / Peacock / Baron: en esta reunión de pesos pesados a la que podemos acceder a la distancia pero con emotiva cercanía, se desarrollan seis largas piezas que se articulan a partir de la conversación instrumental que va surgiendo al calor de los acordes, siempre de igual a igual pero guardando el debido respeto por quienes entretejen estos sonidos imprevisibles. Los blancos también saben jazzear.

Rimbaud de John Zorn: el prolífico patriarca del avant garde retoma el simbolismo poético del francés, cuyos textos son leídos por el actor/director Mathieu Amalric en Conneries vía desquiciado duelo con el sax, para crear una obra de eclecticismo puro, del free jazz (Illuminations) a la electrónica (A Season In Hell) y a la música clásica contemporánea (Beteau Ivre); por sus cuatro intrincados cortes, exploramos inquietantes posibilidades sonoras con genial e imprevisible guía.

Christian Atunde Adjuah de Christian Scott: en este álbum doble con 23 cortes, el trompetista de Nueva Orleans nos invita, junto con su quinteto, a dar un sustancioso paseo por la cultura jazzística siempre en conversación con otros géneros como el rock, el R&B y el Hip-Hop, colocando en primer plano su técnica depurada para arrancarle sentidas exclamaciones a su instrumento.

Seeds From the Underground de Kenny Garrett: el gran saxofonista nacido en Detroit rinde efusivo homenaje a músicos y personas que han ejercido saludable influencia en su propuesta, sembrando semillas que cayeron en una tierra fértil, bien abonada con talento, disfrute y disciplina por parte de este hombre clave en la escena del jazz contemporáneo y que sabe, además, ser agradecido.

Further Explorations de Chick Corea / Eddie Gomez / Paul Motian: grabado en vivo durante las sesiones llevadas a cabo en el Blue Note de Nueva York y como homenaje a Bill Evans –recordar su disco Explorations (61)-, este álbum fue de los últimos en los que participó el gran baterista (q.e.p.d.), aquí muy bien acompañado por otros dos gigantes del jazz que en efecto nos llevan a exploraciones más allá de las expectativas.

The Art of Dreaming de Jacques Schwarz-Bart Quartet: a partir de la noción de permanecer despierto mientras dormimos para entrar en contacto con otros mundos, que Carlos Castaneda tomó de la sabiduría tolteca, el saxofonista de raíces múltiples entrega una obra prístina, como si de un sueño placenteramente real se tratara, armonioso y evocativo.

The Matador and the Bull de JD Allen Trio: en clave taurina, el saxofonista tenor acomete con firmeza y precisión sus composiciones, impulsado por una base rítmica que de pronto toma al toro por los cuernos o bien funciona como telón de fondo; queda claro en este cuarto disco como trío que la compenetración alcanzada permite encontrar profundidad en la brevedad.

Across the Imaginary Divide de Béla Fleck and the Marcus Roberts Trio: afortunada conjunción del jefe del banjo con el pianista que se fogueó con Wynton Marsalis y ahora comparte escenario con Rodney Jordan (bajo) y Jason Marsalis (batería); inmiscuyéndose entre la tradición del trío, los acordes del instrumento de cuerdas le da un sabor, ciertamente, de imaginación desbordada.

Vagabond de Ulf Wakenius: el guitarrista sueco continúa con su cruzada por recorrer géneros diversos y darles una envoltura jazzística, como se puede advertir en la versión que hace de Message in a Bottle de The Police con la vocal de Youn Sun Nah; el predominio de todo tipo de cuerdas le da un sabor particular a este delicioso vagabundeo guiado por un grupo en constante derroche de talento.

Flight de Dave Stapleton: con el cuarteto de cuerdas Brodowski y uno de jazz, el pianista y creador de la compañía disquera Edition, consigue edificar una inesperada amalgama de estilos que van integrándose a lo largo de las piezas, con mayor énfasis en una agrupación o en otra, en las que el sax de Marius Neset se da vuelo para elevarnos por aires de particular belleza.

Suite of the East de Omer Avital: el cuarentón contrabajista israelí entrega quizá su obra más consistente a la fecha, combinando los sonidos de su tierra y alrededores con la estética jazzística de alcance universal; melódico e intenso por partes iguales.

Reunion: Live in New York de Sam Rivers / Dave Holland / Barry Altschul: una oportunidad para escuchar al legendario saxofonista freejazzero quien murió el año pasado, aquí en compañía del gran contrabajista Holland y al minucioso baterista Altschul; el trío se complementa de solvente manera tanto en los espacios de experimentación como en los más cercanos al jazz clásico.

Dialect Fluorescent de Steve Lehman Trio: el apenas treintón saxofonista neoyorquino, quien gusta de compartir sus profundos saberes musicales, explora los territorios de su instrumento en compañía de una seguidora base rítmica, tan aventurera como el dialéctico líder, siempre buscando las vinculaciones entre acordes en apariencia opuestos.

My Muse de George Cables: del dolor de la pérdida de la mujer amada, surge el mejor homenaje que este veterano pianista puede hacer, haciéndose acompañar de experiencia similar en las figuras de Essiet Essiet en el bajo y de Victor Lewis en la batería; con Helen´s Song el amor por su musa queda sellado para siempre, con la vieja flama aún encendida.