Posts Tagged ‘Fantasía’

AMISTAD EN GRANDE

25 agosto 2016

A la memoria de Nacho Padilla, gran amigo de la infancia.

A la par y en consonancia con su obra literaria, el versátil autor galés Roald Dahl (1916-1990) tuvo una estrecha relación con la televisión y el cine, participando como guionista en Solo se vive dos veces, (Gilbert, 1967) y en Chitty Chitty Bang Bang, (Hughes, 1968), ambas basadas en novelas de Ian Fleming, así como en El enterrador nocturno (Reid, 1971), insertando una combinación de romance, tensión sexual y misterio, cual sello de la casa: elementos narrativos en apariencia contradictoria o subversiva confluyendo en un mismo relato para ser leídos en distintos niveles.

Además, su vínculo con la pantalla fílmica se ha fortalecido como creador de historias irresistibles que pedían a gritos su traslado al mundo de las imágenes, tanto por su originalidad temática, imaginería visual y creación de personajes atípicos, como por su capacidad para incorporar perspicaces ideas de diferente nivel de profundidad en un mismo argumento, en particular las que en apariencia se orientan a un público infantil en el que se confronta el mundo adulto con el de la niñez, pero con personajes que a pesar de la edad conservan cierto espíritu inocente.

Los ejemplos más notables son Willy Wonka y la fábrica de chocolate (Stuart, 1971), con el guion del propio Dahl y que mereció una segunda mirada bajo el título de Charlie y la fábrica de chocolate (Burton, 2005); Las brujas (Roeg, 1990), que bien merecería volverse a ver; la animada Jim y el durazno gigante (Selick, 1996); Matilda (DeVito, 1996), capturando su toque de rebeldía y El fantástico Sr. Zorro (Anderson, 2009), quizá la mejor adaptación que ha recibido la obra del también cuentista (Relatos de lo inesperado, 1979; Historias extraordinarias, 1977) que padeció una vida familiar signada por la tragedia.

Steven Spielberg ya había visitado tangencialmente el universo del escritor cuando produjo Gremlins (Fante, 1983), filme en el que se recuperaba en cierto sentido a las criaturas del folklore inglés dándoles una cara amable; de alguna manera parecía que, por la trayectoria de ambos, en algún momento habría un punto de encuentro entre el texto literario y el traslado fílmico, más allá de cuestiones de derechos, agendas y casas productoras.

Los avances tecnológicos para la producción de imágenes (en este caso la motion capture que funciona muy bien para la gestualidad), la posibilidad de adaptar un texto que cabía en la mirada del afamado director y el interés de la casa Disney, abrieron la puerta para que por fin se pro
dujera el filme sobre el gigante y una huérfana, que ya había detonado The BFG (Cosgrove, 1989), cinta animada para televisión.

DADOR DE SUEÑOS

En cuanto a los rasgos del personaje principal, este acosado y bienintencionado grandulón de útiles orejas expandidas aunque pequeño en comparación con los de su género, parece ser la cara opuesta del gigante egoísta de Oscar Wilde y estar más cerca del gigante de hierro de Ted Hughes, inspirador de la emotiva película de animación homónima de Brad Bird, también perseguido aunque apoyado en una sólida amistad con un niño, tal como le sucede a este amistoso ser.

El buen amigo gigante (The BFG, RU-EU-Canadá, 2016) narra la historia de una amistad entre Sophie, una huérfana con espíritu aventurero (Ruby Barnhill) y un gigante bonachón, vegano y bebedor de un licor artesanal por si hacía falta, que guarda, comparte y asigna los sueños de las personas. Mientras que la primera se las arregla para vivir en el orfanato esperando al monstruo de las tres de la mañana, el segundo resiste el acoso y las burlas de sus congéneres, un grupo de gigantes caníbales de maneras rupestres que no entienden de sueños y quimeras, sino solo de carne y ronquidos.

BFGLa propuesta de la escritora recién fallecida en noviembre del 2015 Melissa Mathison, responsable también de los guiones de El corcel negro (Ballard, 1979), The Escape Artist (Deschanel, 1982), la memorable E.T. El extraterrestre (Spielberg, 1983), La llave mágica (Oz, 1995) y Kundun (Scorsese, 1997), recupera la premisa esencial de la historia enfatizando un humor alejado de las tonalidades oscuras y planteando, sobre todo, la importancia del vínculo que se puede establecer entre dos personas marginadas.

Después de retomar otro clásico europeo en Las aventuras de Tintín (2011), Spielberg opta por cocinar esta historia de buenos amigos a fuego lento, de manera sencilla y parsimoniosa con un enfoque cuidadosamente familiar, quizá perdiendo intensidad emotiva pero ganando tiempo para el hermoso despliegue visual, en consonancia con las ilustraciones originales del libro, mostrado desde las primeras de cambio con la secuencia del gigante recorriendo las calles londinenses y recurriendo a ingeniosas estrategias de camuflaje, notablemente capturado por una cámara que se ubica en los ángulos precisos y se desplaza con la misma soltura que el escurridizo dreamcatcher.

El episodio en el Palacio de Buckingham, particularmente durante el desayuno ofrecido por la reina (Penelope Wilton) y organizado por su asistente (Rebecca Hall), termina por ser el más logrado en términos de entretenimiento, mientras que la secuencia del lago de los sueños resulta visualmente absorbente, si bien el significado que implica la invitación por parte del gigante en términos de confianza, no alcanza a plasmarse del todo. Las escenografías, por su parte, están llenas de detalles que bien vale la pena revisar, como la de la habitación del niño que había llegado antes a la tierra de gigantes.

Está presente el cumplidor score de John Williams para acompañar a las secuencias, ya sea de cierta acción o de emotividad, puntual y expansivamente creadas por la cámara experta del habitual Janusz Kaminski, abriendo espacios para que la luz ilumine los registros actorales del gran Mark Rylance (que repite con Spielberg tras su soberbia actuación en Puente de espías), potenciados por la excelsa técnica de animación que se inscribe como un avance en relación con otros absorbentes esfuerzos vistos en cintas como El expreso polar (Zemeckis, 2004), Una mirada a la oscuridad (Linklater, 2006) y Beowulf (Zemeckis, 2007).

 

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INFANCIA BUSCA DESTINO

4 agosto 2016

Para entender quién eres ayuda saber de dónde vienes, si bien es necesario seguir reflexionando sobre la propia condición presente como base mínima para más o menos dibujar un futuro deseable, sobre todo porque uno nunca termina de configurarse del todo. En general, incluso los niños que tienen claro su origen se hacen preguntas al respecto, pero con la seguridad de saber que ocupan un lugar en una comunidad o familia; los que no, se invaden de cuestionamientos acerca de su propia identidad y buscan adherirse a su entorno próximo, aunque de inicio no pertenezcan a él.

Un par de películas en las que un niño y una niña respectivamente, tratan de entenderse a sí mismos: porqué son como son, cuál es la historia de sus familias y cómo pueden interpretar las claves que se les van presentando, sobre todo las que parecen venir de otros lugares y épocas. Ambas están curiosamente vinculadas con la hermosa y sutil obra animada La leyenda de la princesa Kaguya (Takahata, 2013), una por temática similar y otra por pertenecer a la misma casa productora, la imprescindible Ghibli, y por ende compartiendo orientación estilística y en cierto sentido argumental. Luminosidad y luminiscencia como fenómenos cercanos pero distintos en cuanto al grado de temperatura, en este caso emocional.

NIÑO LUMINOSO

Escrita y dirigida por el aún treintón oriundo de Arkansas Jeff Nichols (Shotgun Stories, 2007; Atormentado, 2011; El niño y el fugitivo, 2012), uno de los directores actuales más consistentes de la escena fílmica, El elegido (Midnight Special, EU-Grecia, 2016) transita con fluidez entre la fantasía, el apunte social y el drama familiar, centrándose en Alton, un niño con habilidades sobrenaturales y una particular fragilidad que le impide entrar en contacto con el sol. Un ser diferente ante el cual las estructuras sociales no saben qué hacer, a diferencia de su núcleo familiar, que lo protege con fe y por un amor lejos de la conveniencia relacional.

ElegidoDadas sus notables e indescifrables capacidades, el pequeño de gogles permanentes se convirtió en una especie de enviado para El rancho, la secta donde ha vivido -que recuerda en parte a la retratada en Red State (Smith, 2011)- cuyo líder interpreta sus aparentes desvaríos y monólogos en clave como mensajes de la divinidad, anunciando eventos trascendentes y dignos de ser materia para el sermón adoctrinante; por su parte, el gobierno y sus diferentes agencias no siempre en sintonía, detectaron el caso y lo ubican como un aliado, o un peligro según el caso, para efectos de seguridad nacional.

Pero entre estos dos grupos de interés está el padre del niño, quien ayudado por un amigo de la infancia, lo consigue extraer del grupo religioso para emprender la huida y reunirse con la madre, dando pie a una inquietante persecución en la que confluyen los distintos y antagónicos propósitos de los involucrados. Entre algunos episodios extraños padecidos o provocados por el protagonista, entretenido en leer un cómic de Superman, va descubriendo de dónde viene y, en consecuencia, quién es y cuál es su propósito.

Con intrigante edición que deja suspendidas las secuencias, dosificando la información para que el espectador vaya insertándose en las ambigüedades del relato, el filme se despliega a la par de los amplios horizontes y espacios capturados en las escenas transicionales, enfocadas a cimentar la noción del trayecto como búsqueda, sin destinos claros pero con acciones definitivas. El enigmático y atmosférico score de David Wingo, por momentos con intenciones de acelerar la marcha, se integra de manera puntual, reforzando significados explícitos cuando se trata de escape o resignación ante las fuerzas militares y sectarias.

Michael Shannon, habitual del director, brinda otra de sus grandes actuaciones como el decidido padre del pequeño, interpretado con la necesaria dosis de inocencia por Jaeden Lieberher y acompañado por un eficaz Joel Edgerton, como el amigo incondicional, y por un dubitativo agente encarnado por Adam Driver, asumiendo por entero la confusión. El gran Sam Shepard, como el mandamás de la secta, y Kirsten Dunst como la madre confundida pero siempre amorosa, complementan un reparto que contribuye a trascender la anécdota del infante con poderes.

La cinta acaba por ser una confirmación de la competencia narrativa y de dirección de actores de Jeff Nichols, aprovechando los recursos propios del lenguaje cinematográfico, para convertir una historia que podría quedarse como una buena anécdota, en campo para la emoción y reflexión, con todo y un mundo imaginario de diseño arquitectónico emparentado con las vanguardias.

NIÑA LUMINISCENTE

En El mundo secreto de Arrietty (2011), el director Hiromasa Yonebayashi plasmaba el Marnieemotivo encuentro entre un niño enfermo y la diminuta adolescente del título, pertenecientes a dos especies humanas diferentes, en particular distinguidas por el tamaño. Ahora, en El recuerdo de Marnie (Japón, 2014), construye la amistad entre una niña adoptada que gusta del dibujo, y otra jovencita que habita una casa misteriosa en un pantano, cuidada por una severa ama de llaves con todo y su castigadora forma de peinar, y un par de mucamas que no parecen guardarle demasiado aprecio.

Basada en la novela de Joan G. Robinson, la historia sigue a Anna, una niña introvertida que tiene que mudarse a un pueblo por cuestiones de salud; ahí será bien recibida por un matrimonio, cuya hija ya voló del nido, que le ayudará a cambiar de aires tanto físicos como emocionales. Pronto logra hacer amistad con la misteriosa habitante de una casa que parece transformarse ante su mirada, como si de otra época se tratara: se trata de una rubia jovial que poco a poco la va sacando de su ensimismamiento, mientras un silencioso barquero y una estilizada pintora aparecen en escena cual testigos de tiempos idos.

El halo de misterio y la posibilidad de la luminiscencia se articulan en una animación sello de la casa, cuidadamente artesanal y evocativa, tal como la experiencia que empieza a vivir Anna cual viaje a un mundo pasado cargado de explicaciones acerca del propio origen: la posibilidad de comprender los sucesos anteriores en relación con sus padres fallecidos abre la puerta para reparar en los propios rencores entremezclados con la culpa, presentes desde hace tiempo pero difícilmente explicables a partir de la confusa información que tenía: nada como saber para perdonar(se).

HOBBIT 3: LA FIEBRE DEL ORO

31 diciembre 2014

Ha llegado el final de las adaptaciones al mundo del cine de los dos principales libros de Tolkien. Sendas trilogías para El señor de los anillos y para El Hobbit, que de hecho sucede antes y que trata sobre la aventura que vive Bilbo Bolsón en compañía de un grupo de enanos escandalosos y un mago gris de inconfundible sombrero, para evitar que el Mal reine sobre la Tierra Media, hábitat en el que confluyen seres de diversas especies por momentos con intenciones contrapuestas. Eran tiempos en los que los buenos son simpáticos o bonitos, mientras que los malos son feos o antipáticos… o las dos a la vez.

Pero más allá de maniqueísmos, estamos frente a la interminable batalla que se libra contra fuerzas oscuras que optan por la violencia, la ambición desmedida y el poder como forma de control y sometimiento hacia los que no están de su lado. Es el Mal con mayúscula, primero en abstracto, que va tomando peligrosamente forma cada vez que hay una batalla y que la muerte se aparece sin permiso (una idea retomada en la Guerra de las Galaxias y en Harry Potter), mientras que las diferentes comunidades optan por la lucha armada en lugar de la construcción pacífica de acuerdos.

Dirigida y coescrita con un dejo de nostalgia por Peter Jackson, junto con Guillermo del Toro entre otros, El Hobbit 3: La batalla de los cinco ejércitos (NZ-EU, 2014) se nutre de ideas de otros textos de Tolkien y culmina la serie iniciada por El Hobbit: Un viaje inesperado (2012) y continuada por El Hobbit: La desolación de Smaug (2013). El filme arranca justo con la devastación de la ciudad del Lago a cargo del furioso dragón (voz gravísima de Benedict Cumberbatch) y la aparición de un héroe que conduce a los sobrevivientes rumbo a la montaña Erebor que guarda un gran tesoro, motivo de disputa entre diversos grupos más o menos dominados por la ambición y el ansia de poder.

Hobbit 3Sin alcanzar el nivel de las películas sobre Frodo y la comunidad del anillo, la trilogía acerca del Hobbit fue de más a menos y terminó resultando una digna extrapolación al mundo de las imágenes, con todo y la discutida innovación puesta en práctica de los 48 fotogramas por segundo: mientras que algunos opinan que ayuda a sentirte adentro de la acción, otros consideran que pierde realismo y naturalidad. Ya sabemos que la sola precisión en la imagen no consigue generar las emociones que los propios personajes nos detonan.

En este caso, la empatía que uno siente con Bilbo, Gandalf, Tauriel y Galadriel, por ejemplo, desde que los conocimos a través de los libros y después con todas las películas, contribuye a considerarlos, más allá de la forma o del nivel de nitidez, cercanos y entrañables: todos tenemos nuestro propio anillo que por momentos nos domina y nos transforma en lo que no queremos ser, aunque ahí podemos tener a nuestro mago gris que nos ayude en esta lucha interna.

Independientemente del tipo de tecnología empleada, la propuesta fotográfica del habitual Andrew Lesnie vuelve a ser envolvente, desde la cercanía a los sucesos tanto dramáticos como de acción, hasta las características tomas panorámicas con locaciones ya convertidas en atractivo turístico, bien acompañadas por el score de Howard Shore, ampliando miradas y contextualizando la fragilidad de los personajes en un mundo que parece destinado a cubrirse de sombras, en particular por la incapacidad de construir alianzas más allá de las propias fronteras.

A los viejos conocidos encabezados por Ian Mckellen, ya en total posesión de Gandalf el Gris; Cate Blanchet, breve pero crucial; Hugo Weaving en plena batalla; Orlando Bloom soltando flechas y el gran Christopher Lee, se sumaron intérpretes que cayeron como anillo al dedo, valga la peligrosa expresión: Martin Freeman consigue transitar de la comedia a los momentos emotivos con soltura; Richard Armitage le pone intensidad a los desvaríos de Thorin; Evangeline Lilly asume con fuerza femenina su papel de elfa y Luke Evans encarna con credibilidad al héroe popular.

El resto del reparto le brinda ese necesario realismo a la oportuna combinación y equilibrio de emociones, entre las batallas, el desarrollo de vínculos personales, la toma de decisiones y hasta un romance imposible. Quizá se abusó de las secuencias de acción aunque, eso sí, todas están impecablemente coreografiadas y editadas. Como de costumbre, el diseño de producción resulta impecable (criaturas, vestuarios, maquillaje, utilería) y la edición permite estructurar la historia de manera ágil, en la que cinco ejércitos van en pos de la montaña que alguna vez perteneció a los enanos, saturada de oro y perdición.

Un sólido cerrojazo a la incursión propuesta por Peter Jackson al mundo del cine de los clásicos tolkinianos, obras de poderosa imaginación en las que, en efecto, se crea un mundo propio con seres, claves, lógicas, lenguajes, ritos y conflictos claramente diferenciados aunque sumamente cercanos: la alegoría del anillo está más presente que nunca. Todo empezó así, cuando el escritor quería contarle una historia a sus hijos: “En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en qué sentarse o qué comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad” (J. R. R. Tolkien, El Hobbit, 1937).

SENTIRSE AJENO

29 abril 2014

Cuando no encajas en ningún contexto conocido, puede ser momento de explorar otras realidades o bien recrear otros mundos en los que haya más posibilidad de pertenecer. Quizá eres de otra época y de pronto te despiertas años después en un mundo extraño, aunque bélicamente familiar; a lo mejor tu forma de pensar y entender los cambios no te alcanza para explicarte cómo y dónde estás; es mejor lo que sucede en tu imaginación que en la realidad tangible o ninguna de las opciones a la mano para dedicar tu vida son para ti, sobre todo cuando te das cuenta que estás siendo utilizado.

AJENO A LA ÉPOCA
La segunda entrega del súper héroe más estadounidense de todos, se ubica en la paranoia post 11/09, cuando la seguridad nacional se ha convertido en obsesión y el miedo en moneda permanente de cambio. Al estilo de Sentencia previa (Spielberg, 2002), la inversión económica se orienta engañosa y paradójicamente a la prevención de los ataques, bajo el argumento de que se puede aplicar un castigo a quien tenga la intención de cometer un delito, a partir de un armamento altamente sofisticado.
Dirigida con eficacia por los realizadores básicamente televisivos Anthony y Joe Russo (Bienvenidos a Collinwood, 2002; Tres son multitud, 2006) Capitán América y el soldado del invierno (EU, 2014) se sostiene por una ágil narrativa que no descuida las secuencias orientadas al diálogo, funcionando como un contrapeso a los intensos momentos de acción, algunos de ellas dinámicamente montados como el del ataque a la camioneta. Si bien algunas conversaciones no tienen sentido entre los interlocutores, sino que más bien se dirigen al espectador, en general se consigue ir más allá del reduccionismo caricaturesco de malos y buenos.Capitán América
Oportunos apuntes humorísticos –aunque se desperdicia la veta de la situación de Steve Rogers (Chris Evans) adaptándose a los tiempos presentes- y suficiente desarrollo de personajes como el de la Viuda Negra (Scarlett Johansson), el Halcón (Anthony Mackie), Nick Fury (Samuel L. Jackson) y el misterioso villano de fuerza incontenible, todavía en la lógica de la guerra fría, complementan la propuesta enfocada directamente al entretenimiento, no obstante la inserción de ciertos episodios relativamente siniestros como el de la presencia computarizada de Toby Jones o los flashbacks que refuerzan la falta de pertenencia del superhéroe.
Claro que siempre será bienvenida la aparición de Robert Redford, más allá del mero cameo, comprometiéndose con el desarrollo del filme y, por supuesto, la esperada aparición del patriarca Stan Lee, con su debida cuota de simpatía ahora como trabajador del Smithsonian. El continuo uso de los recursos digitales está bien equilibrado y a la altura de las circunstancias, terminando por resultar pertinente a la noción de espectáculo, sin robarse, al menos del todo, la atención del desarrollo argumental y sus circunstancias.

AJENA A LA ORGANIZACIÓN SOCIAL
Dentro de la tendencia literaria y fílmica de las sagas juveniles tipo Juegos del hambre y anexas, llega Divergente (EU, 2014), filme que retoma elementos de aquí y allá para ubicarnos en un futuro distópico, otra vez, en el que predomina el control estatal, la destrucción del pensamiento autónomo y la aparente armonía que en realidad esconde una segmentación social absoluta y determinista, recordando al Gran Hermano orwelliano y a varias sociedades reales que han funcionado más o menos sí, disfrazadas de igualdad de oportunidades y de libre albedrío.
Basada en la serie de novelas de Veronica Roth y dirigida con manual en mano por Neil Burger (Interview With the Assassin, 2002; El ilusionista, 2006; Regreso a casa, 2008; Limitless, 2011), la primera entrega de la saga no logra hacer honor a su título, dado el convencionalismo y la saturación de clichés que la vuelven en todo momento predecible, maniquea y bienintencionada, no obstante el fulgurante diseño de producción, sobre todo plasmado en esas recreaciones de un Chicago sobreviviente, y una edición funcional, a pesar de la discutible distribución del tiempo dedicado al proceso de entrenamiento y a la puesta en práctica.
DivergenteEl abandono de la casa paterna en el marco de una sociedad ultraplanificada parece significar el tránsito a la vida adulta sin posibilidad de retorno, como si la vida fuera una sola trayectoria siempre hacia adelante. Tris, otra de las heroínas juveniles que empiezan a pulular por todas partes, vive justamente el momento de la toma de decisión con muy pocos elementos que la orienten. Interpretada con empatía por Shailene Woodley, la protagonista se enfrentará a la mandamás (Kate Winslet, lumínica y amablemente prepotente) y a una estructura social que solo se comprende cuando se empieza a vivir fuera de la preparación.

AJENO AL MUNDO TANGIBLE
Trabajar en una revista de papel tiene sus riesgos, sobre todo cuando no estás preparado para el cambio digital o tu puesto se vuelve innecesario y obsoleto, dadas las nuevas tendencias del adelgazamiento empresarial. Un negativo perdido que serviría para la última portada física de la revista Life, se convierte en la misión de un hombre común paralizado por la fantasía o, si se quiere, revivido en la colorida imaginación mientras sobrevive en la grisura de la realidad.
Ben Stiller actúa y dirige La increíble vida de Walter Mitty (The Secret Life of Walter Mitty, EU, 2013) un remake del filme Delirio de grandezas (1947), dirigido por Norman McLeod y basado en el cuento de James Thurber publicado en 1939. Con el clásico Major Tom bowieano como figura inspiradora y la mujer de sus sueños funcionando a la manera de un inesperado cómplice, el protagonista se lanza a una serie de aventuras que le empiezan a dar contenido a su paralizante existencia y, de paso, a su página de encuentros virtuales.
Con una serie de oportunas canciones bien elegidas para acompañar ciertas secuencias, la cinta se va desplegando en un tono acaso demasiado esperado y optimista, instalándose en la necesidad de dar un mensaje positivo, dándole una lección a los malos y, de paso, a los espectadores. La premisa se prestaba para profundizar en el humor negro, la crítica social y, ya entrados en gastos, en las transformaciones sociales y laborales que implican los desarrollos tecnológicos y las lógicas del mercado.Walter Mitty
Con todo, la cinta está bien producida e interpretada, manteniendo un ritmo fluido además de incorporar algunos apuntes familiares emotivos y otros realmente hilarantes, sobre todo al momento de entrar en las comparaciones entre las ensoñaciones y La dura realidad (1994), sin llegar a los niveles de sátira alcanzados por otras cintas del propio Stiller como Una guerra de película (2008) o Zoolander (2001).

VIAJAR EN EL TIEMPO

23 enero 2014

Una forma de trasladarse a través de diferentes momentos de la vida es reconstruir con la propia memoria los sucesos experimentados, sus causas, consecuencias y contextos. La otra manera es por cortesía de la imaginación, la fantasía y hasta la ciencia ficción: el tránsito ya no solo es mental, sino físico, y de pronto uno se puede ver en una situación pasada en cuerpo y alma, con la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos.
Pero ya sabemos que más conviene aprender del pasado para reconstruir el presente que andarse lamentando, pretendiendo cambiarlo o considerarlo como insuperable. Un par de películas que retoman estas posibilidades para viajar por el tiempo en las que las relaciones familiares ocupan el centro del argumento, aderezadas por circunstancias que influyen en cómo padres e hijos van resolviendo sus propios vínculos y, en su caso, manteniéndolos más allá de los espacios temporales, entre la conservación y la ruptura de la tradición: siempre es momento para corregir el rumbo.

LA BATALLA POR LA IGUALDAD: ENTRE LA OBEDIENCIA Y EL PUÑO EN ALTO
Basada en la historia real de Cecil Gaines, quien atendió a ocho presidentes como eficaz y silencioso mayordomo, y dirigida con sentido del equilibrio por Lee Daniels (Preciosa, 2009; Amores peligrosos, 2012) El mayordomo de la Casa Blanca (The Butler, EU, 2013) sigue la azarosa vida del protagonista desde los años veinte, cuando su familia fue destruida en una plantación de algodón y empezó a aprender a ser un “negro de la casa”, hasta su larga trayectoria en el servicio del hogar presidencial, pasando por su proceso de aprendizaje en un hotel y la conformación de su propia familia.
Sustentado en el artículo de Wil Haygod, el abarcador guion de Danny Strong, responsable de Recuento (Roach, 2008), sobre las elecciones del 2000 en Estados Unidos, contextualiza suficientemente todos estos años de historia, en particular los años sesenta y la emergencia del movimiento de los Derechos Civiles en favor de los afroamericanos, clave para entender el núcleo dramático del film: la relación entre el mayordomo, de alguna manera obediente y sumiso, y su primogénito, quien se suma a los esfuerzos contestatarios –de Luther King a Malcolm X- para buscar la igualdad ciudadana. El mayordomo
Además, está la difícil relación matrimonial por las largas ausencias y el hijo menor, buscando equilibrar el vínculo familiar. Dentro de los grandes acontecimientos históricos, están las pequeñas historias personales de gente común, como sucedía en Desde el jardín (Being There, Hashby, 1979), que resulta ser testigo presencial de hechos que cambian el curso de las sociedades, en este caso, con especial énfasis la lucha de los afroamericanos para ocupar los mismos espacios públicos, poder votar y ganar salarios similares a sus pares blancos, con los referentes de Nelson Mandela y, a manera de culminación, la llegada de Obama a la Casa Blanca.
Con una edición que le brinda la necesaria dinámica elíptica al film, no obstante su larga duración y los varios años transcurridos que contempla, el filme avanza de manera consistente y dramáticamente sólida, planteando con claridad los conflictos centrales y contextualizando oportunamente los periodos presidenciales retratados, con todo y cuidadoso diseño de producción que incluye ciertas secuencias de discreto humor, como si de coreografías musicales se tratara.
La mirada por momentos condescendiente, sobre todo con algunos de los presidentes, no priva a la historia de su creciente y sentido tono dramático, impulsado por una contundente actuación de Forest Withaker, contrapunteada por la de David Banner como el hijo desobediente y soportada por Ophra Winfrey, además de las breves actuaciones de rostros conocidos encarnando al equipo de servicio y a los presidentes, luciendo una dedicada labor de maquillaje que se extiende a la vejez del matrimonio protagonista.

TIEMPO PARA LA COTIDIANIDAD
Dirigida y escrita por Richard Curtis (Los piratas del rock, 2009; Realmente amor, 2003) con la amabilidad, gracia y cuidado habitual hacia sus personajes como lo ha hecho en sus guiones (Cuatro bodas y un funeral, 1994; Notting Hill, 1999; El diario de Bridget Jones, 2001; Caballo de guerra, 2011), Cuestión de tiempo (About Time, RU, 2012) es una comedia con tintes de fantasía acerca de un joven común (Domhnall Gleeson) que en su mayoría de edad recibe la noticia por parte de su padre de que los hombres de su familia pueden viajar al propio pasado.
Las relaciones familiares y de pareja se convierten en el centro de esta historia con particular énfasis en la importancia de valorar el presente, más que en lo que pudo haber sido o en cómo se pueden evitar los sucesos no deseados con saltos al pasado. Para complementar el desarrollo argumental, se insertan secuencias acompañadas de una narración en off y música a tono, en especial con la pregunta que esbozan The Waterboys: How Long Will I Love You?
Además de la indudable química entre el actor protagonista y Rachel McAdams, quien ya había participado en cintas románticas con quiebres temporales o de memoria (Te amaré por siempre, 2009; Votos de amor, 2012), las actuaciones de soporte de Bill Nighy como el papá alivianado, de Tom Hollander con el dramaturgo-casero amargado y de Richard Cordery como el tío extraviado, le dotan a los inteligentes y sencillos diálogos una chispa que va del humor a la reflexión bienvenida.
En lugar de vivir dos veces el mismo día, disfrutarlo desde la primera y pensar que la felicidad está escondida en la cotidianidad.

EL BIEN Y EL MAL SIN MEDIAS TINTAS: FUEGO SIMBÓLICO

29 diciembre 2013

Ahora las segundas partes, en varios casos, ya están previstas de antemano. Ya sea desde la tendencia de la literatura juvenil de proponer trilogías, tetralogías o las que aguante el mercado, o desde la lógica del cómic, que admite alguna secuela, precuela, reboot, spin-off y toda una gama de posibilidades, el cine ha retomado estas ideas y, sobre todo a partir de El Señor de los anillos, propone películas seriadas que mantiene taquilla cautiva durante varios años. Películas en las que el bien y el mal, casi sin los matices de gris, luchan para apoderarse de tierras medias, distritos o planetas, según el caso.

DE CALABOZOS Y DRAGONES
Dirigida por Peter Jackson, El Hobbit: la desolación de Smaug (EU-NZ, 2013) sigue el viaje del grupo de los enanos y Bilbo Bolsón rumbo a la recuperación del reino perdido, apoyados por Gandalf el Gris, quien se tendrá que enfrentar a un creciente enemigo poderoso. Perseguidos por los orcos, se toparán con un bosque desconcertante plagado de arácnidos, un hombre oso de extraña dualidad, el reino de los elfos y un poblado cercano a la montaña donde aguarda el implacable dragón del título, impresionantemente recreado y con una voz profunda cortesía del maloso de Star Trek, Benedict Cumberbach.
A diferencia de su más contemplativa predecesora, esta entrega apuesta por una edición de mayor vértigo y una inserción de secuencias de acción más prolongadas, resueltas con destreza por la plasticidad de la puesta en escena y por la estrategia un poco de parque de diversiones que se emplea en las escapatorias. Las historias secundarias se integran con pertinencia a la trama central, ahora divida en dos vertientes, dada la necesaria separación del mago gris para enfrentar un mal más abstracto –notable la escena de Saurón- que con el que se las tienen que ver los enanos. Así, el universo tolkiniano tiene una digna representación en la pantalla.
El reparto de costumbre con algunas adiciones resuelve con dinamismo el desarrollo argumental que no se extravía a pesar del impresionante trabajo visual, potenciado por los 48 cuadros por segundo y la 3D que no dejan alternativa: formas parte de la caravana, los orcos te acechan sin miramientos, las arañas te envuelven en sus siniestras conversaciones, el enorme oso te quiere devorar, los elfos te atrapan, te las ves cara a cara con el mismísimo mal en proceso de encarnación, deambulas por las callejuelas de Laketown y dialogas con el imponente dragón lleno de fuego y muerte: hasta el poder del anillo empieza a formar parte de tu actuar y sientes que Gandalf te protege.Smaug

EL PODER DE LA FAMA
Dirigida por el vienés Frances Lawrence (Agua para elefantes, 2011) y basada en la segunda entrega de los libros escritos por Suzanne Collins, Los juegos del hambre: En llamas (EU, 2013) retoma la historia de la pareja ganadora de la mortal competencia anterior, ahora usada como arma propagandística para mantener al pueblo con la necesaria esperanza para que no haya revuelta alguna, hasta que, dadas las circunstancias, conviene convocar a unos nuevos juegos con rivales de habilidades diversas.
Con un diseño de producción que no escatima en locaciones, vestuarios y maquillajes que por sí mismos valen la pena, la cinta transcurre en apego a su par literario aunque por momentos no queden del todo asentados ciertos antecedentes de los personajes, como el encarnado por el gran Phillip Seymour Hoffman, quien le imprime una buena dosis de tablas actorales al ya de por sí renombrado elenco, disfrutando con todo de sus magníficas sobreactuaciones a tono con el sentido de sus personajes.
La narrativa logra equilibrar romance triangular, amistad a prueba de totalitarismos, drama silenciado y acción, así como un giro argumental que abre la puerta a una nueva veta argumental. Se mantiene la intención de plantear una sociedad futurista con rasgos que podemos encontrar en el pasado y presente de las sociedades humanas, además de integrar los juegos políticos en las resoluciones de los conflictos, acaso más peligrosos que las guerras armadas francas y directas: un poco de hambre, con algo de esperanza y un mucho de miedo para que las llamas no alcancen una fuerza que después sea imposible controlar.

TINIEBLAS CÓSMICAS
Dirigida por Alan Taylor, quien se ha distinguido como realizador televisivo de altos vuelos, Thor: el mundo oscuro transcurre justo cuando un arma milenaria reaparece en escena junto a un grupo de malosos interplanetarios que parecían exterminados; como si de invasores bárbaros se tratara, empiezan a atacar el centro imperial para poder controlar el universo conocido. Mientras tanto, el protagonista lidia con su hermano encarcelado, el romance en espera y una relación conflictiva con su padre.
La cinta acierta cuando no se toma en serio a sí misma y se atreve, incluso, a insertar detalles de un humor bienvenido que rompe con una solemnidad poco propicia para este tipo de historias: el cameo de Stan Lee y la secuencia en el metro, son las que se quedan en la memoria. Ayuda también, además de los efectos visuales y el intenso montaje, la ambigüedad de Loki, quien se termina por robar una película sedienta de matices morales.

AVENTURAS DE SOBREVIVENCIA

14 enero 2013

Filmes que acompañan sorprendentes hazañas para aferrarse a la vida, en condiciones que comúnmente llevan a la muerte. Ya sea retomando un caso real o ficciones literarias que de primera instancia parecían difíciles de trasladar a la pantalla, estamos ante sensibles historias apoyadas por elusivas propuestas visuales, entre impecables efectos especiales y creativo diseño artístico. A pesar de saber de antemano ciertos desenlaces argumentales, la tensión se mantiene y la atención se centra en las diferentes aristas que plantean las narraciones.

SOBREVIVIR AL NAUFRAGIO
Con base en la novela de Yann Martel, guion abarcador, dirigida con espectacular sutileza por Ang Lee (La tormenta de hielo, 97; Lujuria y traición, 07; Bienvenido a Woodstock, 09) y desplegada a partir de una historia que se desdobla en un plano metafórico para que cada quien elija entre el realismo y la fantasía simbólica, Una aventura extraordinaria (Life of Pi, EU-China, 12) es una travesía en altamar que emprende un joven indio cuyo barco se hundió con toda su familia y un zoológico en tránsito, propiedad del padre siempre aconsejando atender la dimensión realista de la vida.Life of Pi
Acompañado de un tigre, como si de un álter ego cargado de la suficiente agresión para seguir viviendo se tratara, y tras ver cómo una hiena mataba a una cebra y a un orangután en la balsa, el protagonista realizó un viaje definitorio para salvar su vida y, de paso, convertirse en el hombre que desde su casa en Canadá rememora la aventura, que incluye el aprendizaje de convivir con una fiera, atreverse a abandonar su vegetarianismo y saber cuándo abandonar una engañosa isla, cual cómodo destino aparente y que puede convertirse en la aniquilación de las expectativas.
Como hiciera con El tigre y el dragón (00) y Hulk (03), el director taiwanés busca profundidad y vuelve a proponer una visualización poética con tintes épicos en los que igual caben imágenes de belleza deslumbrante que de absorbente intensidad – los peces voladores, la ballena, las suricatas- integradas a una propuesta en 3D que sabe sacar provecho de la combinación de planos, incorporando secuencias de reflexión en medio de la batalla por la sobrevivencia. La angustia de ver cómo el viento se lleva las palabras escritas acabará por ser una buena razón para reescribir la historia y poder voltear atrás sin necesidad de despedirse.

SOBREVIVIR AL TIEMPO
Basada en la novela de David Mitchell y dirigida por Tom Tykwer (Corre, Lola, Corre, 98), Lana y Andy Wachowski (Meteoro, 08), en plan colaborativo y con aliento trascendente, no siempre alcanzado en los diversos pasajes entrelazados a través de diferentes épocas, mundos y circunstancias, Cloud Atlas (Alemania-EU-Singapur-Hong Kong, 12) es un amplio entramado de micro y macrohistorias que buscan plantear las consecuencias de las acciones más allá de la inmediatez temporal, eludiendo la lógica elemental del premio castigo o del karma al que se recurre como explicación simplona para entender los eventos presentes.
Cloud Atlas<Los seis mundos retratados van imbricándose de manera equilibrada, sin una secuenciación en principio clara aunque entretejiéndose paulatinamente con interés creciente, viajando de la pretensión filosófica a la revelación de los nexos a través de realidades disímbolas, presentadas a partir de escenografías que logran ubicarnos pronto en la época y de un diseño artístico que funciona para contrastar los contextos retratados.
El arriesgado casting saca adelante la diversidad de papeles, encabezado por un Tom Hanks como probándose a sí mismo y Jim Broadbent divirtiéndose a través del tiempo. Si bien las historias no mantienen el mismo nivel de cohesión, las reflexiones en off y la telaraña narrativa alcanzan para expresar los mensajes principales de ida y vuelta, vislumbrando la temporalidad más como una espiral que como una línea recta.

SOBREVIVIR AL TSUNAMI
Como una alegoría de la unión familiar que sirve de base para seguir adelante frente a una de las catástrofes naturales más fuertes de los tiempos recientes, Lo imposible (España, 12) nos sumerge, literalmente, en el drama del Tsunami del 2004 que arrasó al sudeste asiático, con un notable armado de las secuencias, en particular durante la devastadora primera media hora, para dar paso a una angustiante búsqueda durante el resto de la cinta.
El manejo de la edición del sonido que consolida la experiencia terrorífica, quizá demasiado subrayada por el omnipresente score, así como la combinación de perspectivas, contribuye a que nos integremos a la tragedia y contrastemos las reacciones de los turistas, desde solidarias hasta egoístas, así como los esfuerzos de los locales por apoyar a todos los heridos: las tomas panorámicas dan cuenta puntual del contexto de completa desolación en el que se buscaba encontrar a los seres queridos.
Lo imposible
Las actuaciones colaboran en definitiva para hacernos partícipes del drama familiar: Naomi Watts muestra el dolor y la fuerza de la madre herida; Ewan McGregor encarna el dilema de las decisiones en situaciones extremas y Tom Holland, interpretando al hijo mayor, consigue transmitir con profundo realismo la angustia de un niño a punto de dejar de serlo, a partir de semejante experiencia que se queda instalada para siempre.

EL HOBBIT O CÓMO SALIR DE LA COMODIDAD DEL HOGAR

7 enero 2013

Todo empezó de manera nítida y sencillamente descriptiva: “En un agujero en el suelo, vivía un Hobbit.” De ahí, la imaginación desbordada y apabullante para crear la Tierra Media, fantástico mundo conformado por territorios, razas, criaturas, lenguajes y rituales propios en el que, como sucede en el más acá, las luchas de poder parecen no tener fin. El genio de J.R.R. Tolkien le regalaba a los lectores de todo el planeta, empezando por sus hijos, la posibilidad de vivir otra realidad, justo debajo de nuestras narices, pero con fuertes similitudes al comportamiento humano.
Publicada en 1937 en Londres, la obra sobre este pequeño personaje de pies grandes y peludos, que se embarca sin temerla ni deberla en una aventura de proporciones épicas en compañía de un particular mago y un grupo de enanos, suscitó el interés suficiente para que los editores solicitaran una continuación del universo mitológico esbozado en esta entrega, que recibió el nombre de El señor de los anillos, poderosa alegoría sobre la fuerza corruptora del poder absoluto.
El neozelandés Peter Jackson transitó el proceso al revés. Primero planteó su imponente trilogía de El señor de los anillos (01, 02, 03) y ahora vuelva a la Tierra Media, tras fungir como eficaz productor (Sector 9, 09; Las aventuras de Tintín, 11; West of Memphis, 12), con El Hobbit: Un viaje inesperado (The Hobbit: An Unexpected Journey, EU-NZ, 12), primera entrega de tres que conformarán el traslado a la pantalla de la seminal novela del autor de El Silmarillion y Los hijos de Húrin, editadas y publicadas por Christopher, su tercer hijo.
Con guion de autoría múltiple, incluyendo al propio director y a Guillermo del Toro, el filme abarca los primeros seis capítulos de una forma bastante respetuosa –incluyendo un prólogo-, con la dificultad de poder darle profundidad a los miembros del grupo de enanos para poder presentarlos de manera entrañable y, llegado el momento, nos importe qué suceda con ellos. Pero solo se consigue darle la dimensión necesaria al líder del grupo, sobre todo gracias al puntual flashback, y un poco al más veterano de todos ellos; desde luego, Gandalf (Ian Mckellen ya con el personaje asumido), el Gollum (el camaleónico Andy Serkis) y Bilbo (Martin Freeman, como mandado a hacer) acaparan la atención.
HobbitEn términos de ritmo, el filme arranca con cierta parsimonia que bien pudo aprovecharse mejor para presentarnos con más detalle a los protagonistas de la historia; como percatándose de ello, posteriormente se introducen secuencias de acción cual ráfagas de adrenalina, algunas de las cuales parecerían solo incluirse para lucir al equipo de efectos especiales (como la pelea de los hombres de piedra, cuyo origen queda oscuro), y que no abonan necesariamente al argumento ni se explican dentro del contexto del mismo. No obstante, las cerca de tres horas fluyen sin problema, entre sutiles salpicadas de bienvenido humor y secuencias transicionales de tomas abiertas muy en deuda con la anterior trilogía del cineasta.
Se ha dicho que es una película que solo encantará a los fans. Me parece que no. Funciona como una entretenida iniciación al mundo tolkiano y resulta lo suficientemente transparente para que cualquier no iniciado pueda comprenderlo y, más aún, se interese en profundizar al respecto; claro que conviene saber de antemano que se trata de una primera parte, para no esperar conclusiones y respuestas al por mayor. Se ha comentado también que de pronto uno se siente en un videojuego; me parece que dada la estructura narrativa, la fuerza de algunos personajes –incluyendo las actuaciones- y las posibilidades múltiples de resolución más allá de pasar al siguiente nivel, la analogía no resulta del todo afortunada.
Con todo y sus limitaciones en términos emotivos, por momentos solventados por el score de Howard Shore, la propuesta visual resulta absorbente por el continuo juego de perspectivas. Considerado como el primer largometraje filmado a 48 cuadros por segundo (HFR), la sensación de realismo sí impacta en términos de ubicarnos en la acción: el temor era que de tan alta definición se vieran las costuras, lo que sucede en contadas ocasiones cuando se aprecian personajes sobrepuestos. Continúa la vieja pretensión de buscar el máximo realismo en el cine.
Las criaturas se presentan con un diseño high tech que no obstante las ubica en consonancia con los escenarios gracias a un elusivo empleo del 3D, mientras que las batallas lucen tan inverosímiles como fascinantes, a pesar de la evidente restricción para mostrar escenas más fuertes, como le gustaba al director en sus inicios gore (Mal gusto, 87; Muertos vivos, 92), ya instalado en el mainstream cuya puerta se le abrió con Criaturas celestiales (94), bastante diferentes a las aquí expuestas.
Temáticamente se plantea en primer término la importancia del hogar y la necesidad de luchar por él, así como la disyuntiva de seguir viviendo en un costumbrismo medianamente satisfactorio o bien sazonarlo con alguna aventura estrafalaria en la que incluso no tengas vela en el entierro. La acechanza del mal en sus diversas formas –notable la secuencia del Nigromante- y los rencores largamente cultivados, parecen enfrentarse de manera continua a una paz cuya naturaleza es provisional. Una experiencia fílmica que conviene experimentar para asomarse a la otra Tierra, la Media.

COMEDIAS Y AVENTURAS PARA CHICOS Y GRANDES

19 febrero 2012

Una serie de películas disponibles en la cartelera o en los videoclubes de la ciudad que transitan por pretensiones, alcances y públicos diversos, como para que todos en casa tengan su momento para ver alguna alternativa sin provocar discusiones innecesarias. Veamos.

1. Basada en un caso real y dirigida por Cameron Crowe, con todo y música de Jonsi, Un zoológico en casa (We Bought a Zoo, EU, 11) sigue la aventura liberadora de un padre y sus dos hijos que resienten la pérdida de su esposa y madre respectivamente. Con especial énfasis en la relación conflictiva que mantienen el recién viudo y su vástago adolescente y de éste con la chica que trabaja en el lugar recién comprado, el film alcanza momentos de genuina emoción, gracias a las convincentes interpretaciones de los jóvenes y de Matt Damon, así como a la inserción de diálogos que se mantienen cercanos, quizá no demasiado reveladores pero sí funcionales.

2. Dirigida por Brad Payton, Viaje 2: La isla misteriosa (EU, 11) continúa con la inacabable vernemanía que sigue dando ideas para que los estudios desarrollen y actualicen sus clásicos, no siempre con la mejor de las fortunas. Desarrollada un cuanto tanto de manera lineal, esta versión del encuentro con un pedazo de tierra extraviado donde todo lo pequeño es grande y viceversa, busca encontrar el gusto de las audiencias jóvenes incluyendo un romance y algunos efectos visuales que no cuajan del todo. Eso sí, un gusto volverse a encontrar con el gran Michael Caine que incluso ayuda a que el rudo Dwayne Johnson resulte simpático

3. En clave de comedia femenina para los tiempos que corren, sin el glamour artificioso de Sex & the City, Damas en guerra (Bridesmaids, EU, 11), alcanza hilarantes momentos de incómodo humor con el sello Apatow, a pesar de acusar falta de síntesis y presentar saltos narrativos bruscos que originan problemas de continuidad. Se coloca la amistad ante todo a través de una galería femenina de personajes arquetípicos cuya interacción detona jugosas secuencias cómicas: la de gran corazón a pesar de la rudeza que la acompaña; la que ya no aguanta a sus hijos y al marido; la rica nueva plato de segunda mesa; la tímida que se empieza a rebelar, la próxima a casarse y en medio de ellas la protagonista, una mujer con baja autoestima en proceso de neurosis y tocando fondo, con negocio recién quebrado, madre que no se cansa de aconsejar, compañeros de casa frikies, amante de cuarta y un policía querendón, soso pero al fin amable y comprensivo.

4. Dirigida por Richard Levine, quien debuta en el terreno de los largometrajes fílmicos, Todos los días (Every Day, EU, 10) posa su mirada sobre una familia en proceso de resolución de conflictos, a través del recurso de las secuencias paralelas: el hijo adolescente asumido como gay, el hermano pequeño a la deriva, la mamá cuidando al recién llegado abuelo y el papá en crisis silenciosa entre los reclamos de su histérico jefe por la ineficacia de sus guiones para televisión. Si bien falta cierta profundidad la presencia de Helen Hunt, Carla Gugino, Brian Dennehy, Eddie Izzard y Liev Schreiber, así como las actuaciones de los hijos, le dan un toque de verosimilitud a la historia.

5. Dirigida por el londinense Nicholas Stoller sin alcanzar la consistencia humorística de Cómo sobrevivir a mi ex (08), de cuyos personajes secundarios se deriva, y dentro de los dominios de la factoría del nuevo rey de la comedia Judd Apatow, quien funge como coproductor, Misión Rockstar (Get Him To the Greek, EU, 10) se sustenta en chispazos humorísticos –particularmente mediados por el exceso de sustancias sin receta- y parodias un cuanto tanto obvias acerca de la industria musical, la eterna adolescencia y, sobre todo, de la insoportable pesadez de ciertas estrellas rockeras que abrazan causas, más para su vanagloria que para ayudar, y se empiezan a considerar mesiánicos, entre que van y vienen anunciando sus caídas y levantadas de sus adicciones, como si el mundo pendiera de ello. La pareja protagónica antagónica (Jonah Hill y Russel Brand, ni mandados a hacer) sostiene la serie de gags un cuanto tanto inconexos que se van desarrollando en su trayecto de Londres a Los Ángeles.

6. La chica de mis sueños (Youth in Revolt, EU, 09) se desarrolla como una comedia romántica juvenil pero con apuntes una cuanto tanto al margen de las convenciones: la pareja protagónica interpretada por Michael Cera y Portia Doubleday, va configurándose en medio de simpáticas animaciones, personajes estrafalarios, viajes con hongos y situaciones que navegan entre la improbabilidad y la cercanía de quienes se encuentran en estos trances de amores juveniles. La dirección de Miguel Arteta (Una buena chica, 02) mantiene atinadamente el tono desenfadado de la propuesta.

HARRY POTTER: PUNTO FINAL

1 agosto 2011

Tras diez años de calidad desigual en sus propuestas, a pesar de mantener los controles creativos bastante férreos, termina la saga fílmica más rentable de la historia, impulsada por un fenómeno literario de ventas y una sólida campaña promocional, que llegó hasta quienes no formamos parte del culto potteriano y que tampoco lo vemos como si se tratara de una plaga de la evasión intrascendente y copiona. Como si fuéramos cualquier muggle hijo de vecino, nos vimos arrastrados si no por los libros, sí por los filmes que parecían aparecerse como por arte de magia en todos lados: uno acababa viendo alguna cinta en el restaurante, el camión, el puesto de tacos o la sala de espera.
Parte integral del sello generacional, más allá de gustos o rechazos, las aventuras del mágico mundo paralelo han generado un importante culto entre los jóvenes: interesante analizarlo en términos de fenómeno de masas, de acercamiento a la lectura y como influencia en formas de comportamiento a partir de su generalización vía las películas, cuidadas más en términos de producto comercial que en cuanto a su potencial artístico: en efecto, por momentos se dificultó la combinación entre la calidad y el entretenimiento, lograda en ciertos filmes como la anterior entrega de esta parte final.
Escrita por Steve Kloves y dirigida por David Yates, Harry Potter y las reliquias de la muerte 2 (Harry Potter and the Deathly Hallows 2, EU, 11), pone el punto final a las peripecias del mago adolescente en constante enfrentamiento con Lord Voldemort, su némesis más vinculado con él de lo que se podría pensar. Entre la trifulca de los dos antagónicos, se vive la lucha permanente entre el bien y el mal que involucra a profesores, alumnos y criaturas mitológicas, además de un territorio clave desde donde se desglosa toda la trama: la escuela Hogwarts, bastión ideológico para tener el control del universo mágico.
A manera de suma, la segunda parte del desenlace viaja a lo largo de toda la historia, desde el nacimiento del mismo protagonista, hasta el final ya bastante conocido por todos, centrándose en la búsqueda de los últimos horrocruxes, cual partes diseminadas del alma perversa del villano cada vez con más forma humana: curioso, mientras más perversamente poderoso, más se parece a un tipo normal. Lo bueno es que solo lo llegamos a ver recién salido a una fallida cirugía estética de esas que abundan en tiempos de homogeneización de la belleza.
A diferencia de su predecesora, esta segunda parte vuelve a acusar cierta estructura episódica, como la que caracterizó a prácticamente todas las entregas de la serie: por momentos los problemas de continuidad y secuenciación rompen con la construcción paulatina de emociones, depositando toda la fuerza en ciertos pasajes y no tanto en la vinculación entre ellos. Cierto, hay alcances épicos de rotunda eficacia y poderosos lances de bien pensada nostalgia, además de un ritmo que se va acelerando conforme se acerca el ansiado desenlace.
El guión, a pesar de los saltos en ocasiones bruscos, captura la esencia del relato conclusivo, combinando los momentos de acción con una mirada retrospectiva que indaga en las razones por las cuales se da el enfrentamiento final. El humor cede terreno a la seriedad: la niñez se ha ido para siempre. Buscando redondear la historia, se brindan explicaciones largamente guardadas que involucran asuntos del corazón, difíciles de predecir dado el desarrollo de los acontecimientos.
Con un reparto adulto envidiable y uno juvenil cada vez más cumplidor, aunque en ocasiones esquematizándose, la cinta va retomando las transiciones de los diversos personajes entre esta vida, la otra y la de más allá: de lo mejor de la cinta son las secuencias que se desarrollan con fantasmas y en recovecos más cercanos a la muerte o al recuerdo siempre reparador, entre limbos blanquísimos y serpientes pausadamente amenazantes, cual representación ancestral del mal.
La fotografía consigue establecer estos contrastes a través de juegos de texturas y coloridos con intensidad diversa según el escenario: no falta el encuadre de postal junto a la consistente creación de atmósferas, potenciada por elusivos efectos visuales, nunca superpuestos al momento emocional del film, al igual que la vigorosa música de Alexandre Desplat, siempre a tono con la intensidad pretendida.
El maniqueísmo que ha permeado todo el relato se rompe apenas gracias a dos o tres personajes que transitan de la oscuridad a la luz, con todo y vuelta de tuerca incluida. Sigue pesando mucho la deuda con El señor de los anillos y con otros relatos de carácter fantástico; sin embargo, la capacidad para conectar con la psique adolescente deI siglo XXI y convertir una realidad omnipresente y frecuentemente aburrida como la escuela, en un mundo donde se usa la varita mágica en lugar del lápiz (o la laptop), se constituyó como una de las claves de su expansión mediática.