Posts Tagged ‘Historia de la música’

TOM PETTY: ROCK PARA ROMPER CORAZONES

5 octubre 2017

Con él aprendimos a volar sin alas rumbo al cielo abierto y nos acompañó en nuestras caídas libres provocadas por escuchar al corazón, aguantando la ruptura sin echarnos para atrás. Eso nunca. En su música cabíamos todos: desde los perdedores que se levantan para volver a fracasar, hasta quienes se la pasan habitando en un mundo romántico lleno de flores silvestres escondidas en la prolongada oscuridad, que nunca termina por asentarse en alguna realidad ligeramente palpable.

El rock guitarrero de aliento sureño se despliega a través de memorables ganchos pop con influjos new wave, bañados en un rock’n’roll de constante actualidad y energía cargada a la mano, ajeno a pretensiones más allá de entregar brillantes canciones de rock clásico, ya de propiedad colectiva y parte del crecimiento vital de quienes andábamos deambulando por ahí sin mayor oficio ni beneficio pero eso sí, con las ganas de trascender a punto de turrón tratando de cumplir con duras promesas.

Ya desde su etapa de bachiller, el oriundo de Florida mostró sus cualidades para el juego de cuerdas y la composición; encontró en una banda conocida como Mudcrutch, su primera y última curiosamente, el ecosistema necesario para iniciar su trayectoria: se hizo cargo del bajo y conoció a colegas clave como el guitarrista Mike Campbell y el tecladista Benmont Tench, escuderos de múltiples gestas y que reencarnaron en The Heartbreakers, la legendaria banda de apoyo que se nutrió con la aportación del bajista Ron Blair y del baterista Stan Lynch, que también le hace a la cantada.

Con la influencia palpable de The Byrds, Buffalo Springfield, The Allman Brothers Band y The Rolling Stones en la construcción musical, así como la de Bob Dylan en el núcleo de la propuesta, Tom Petty debutó en el campo discográfico con el sorprendente homónimo Tom Petty & The Heartbreakers (1976), contrastando con la naciente escalada punk. La costumbrista American Girl comandaba la propuesta tanto sonora como descriptiva de una sociedad en pleno proceso de transformación, reflejada también en Breakdown con una banda que suena prematuramente integrada.

La segunda apuesta fue You´re Gonna Get It! (1978) con canciones memorables como I Need To Know, Hurt y Listen to Your Heart, alcanzando hasta ese momento mayor reconocimiento en Inglaterra que en la propia tierra, cual típico profeta. El rompimiento definitivo llegó con la obra maestra Damn the Torpedoes (1979), saturada con canciones en estado de gracia con Refugge como estandarte, seguida por diversos cortes que ilusionaban a los perdedores con el esperanzador mensaje de que tarde o temprano llegará nuestra chica para remediarlo todo; la estructura sonora se afina y las melodías se vuelven tan cercanas como el fin de una época, gracias también a la punzante producción de Jimmy Iovine.

El impulso y la confianza ganada impregnó a Hard Promises (1981), digno continuista de su predecesor y en el que se mantienen las premisas intactas como se aprecia en la abridora The Waiting. En los años subsiguientes, aparecieron el episódico Long After Dark (1982) y Southern Accents (1985), por medio del cual amplió su radar con el apoyo de la naciente MTV, en donde salió a cuadro como el sombrerero loco en Don’t Come Around Here No More: un disco con aroma a paja que trascendía el localismo aparente. Porque sabemos que el corazón es un pozo no de los deseos reprimidos, sino los que nunca se cumplen pero siempre se anhelan, acompañaron a la bruja blanca Stevie Nicks en la significativa Stop Draggin’ My Heart Around.

EL CIELO HIPNÓTICO NOS ESPERA CON LAS NUBES ABIERTAS

Imposible resistirse a la influencia de Bob Dylan, sobre todo si trabajas con él: ahí está el reflejo de esta experiencia sellada en Let Me Up (I’ve Had Enough) (1987), en donde Petty y los suyos daban muestras de retomar el nivel de finales de los setenta y principios de los ochenta. En estos años, formó The Travelling Wilburys, el súper grupo más renombrado de la historia del rock que entregó un par de discos (Vol. 1, 1988; Vol. 3, 1990: ¿habrá un volumen dos escondido?), en donde participaron íconos absolutos como el propio Dylan, George Harrison, Roy Orbison y Jeff Lyne, vuelto su productor para el fantástico Full Moon Fever (1989), una especie de debut solista que nos puso en disfrutable caída libre para perseguir los sueños sin dar un paso atrás. Ya ni modo, dirían los cínicos.

Los noventa empezaron con los reflectores encima gracias al mediático Into the Great Wide Open (1991), lección de aprendizaje incluida para levantar el vuelo más allá de los límites autoimpuestos, y con el obligado Greatest Hits (1993), con Mary Jane’s Last Dance como carnada para la compra de los coleccionistas. Una vez más prescindiendo de su banda de soporte, se aventuró en una segunda incursión individual para entregar el estupendo e introspectivo Wildflowers (1994) con todo y las orquestaciones de Michael Kamen bajo la producción de Rick Rubin, de moda por aquellos años, compartiendo la dificultad para entender lo que se siente cuando no lo has vivido, sobre todo si alguna vez te ceñiste la corona. Mi favorito.

De regreso con los responsables de tanto ritmo cardiaco suspendido, Tom Petty entró al Tom Pettymundo del celuloide en She’s the One (1996), cuyo score integraba algunas canciones de colegas como Beck y Lucinda Williams. Para cerrar el milenio, apareció Echo (1999), obra menos conocida pero tan consistente como las mejores en la que se refleja su divorcio tras 20 años de matrimonio y un tránsito entre el rock humeante y cierta tristeza. En tono crítico hacia la industria, apareció Last DJ (2002), que tuvo más repercusión en las ventas que en las apreciaciones del público, más recordado por su discurso contestatario que por su apuesta sonora.

Otra vez bajo la batuta de Lyne y con el apoyo de Campbell, grabó el efectivo Highway Companion (2006), se tercer álbum “solista” con Saving Grace y Flirting With Me como canciones representativas y demostrando que solo o bien acompañado podía regalarnos discos no de una sola pieza, sino de varios cortes versátil y fluidamente engarzados a partir de una madurez que lejos de advertir estancamiento, denotaba oficio y creatividad.

Volvió con los rompecorazones, un poco más entrados en años pero todavía en plan de hacer ruido, vía un par de sólidos y energéticos álbumes que demostraban que a veces puede tener más fuerza la experiencia que el músculo juvenil: Mojo (2010) representó un sólido regreso e Hypnotic Eye (2014), toda una confirmación de que lo que bien se aprende no se olvida, sobre todo cuando se cuenta con habilidades para cautivar sicológicamente a la audiencia. También regresó cual viaje a la semilla con su banda primigenia para grabar el homónimo Mudcrutch (2008) y 2 (2016), junto con los compañeros de siempre Tench y Campbell, además de los veteranos Tom Leadon y Randall Marsh.

Un valioso documento para adentrarse en la vida de Tom Petty es Runnin’ Down a Dream (2007), dirigido por Peter Bogdanovich en el que durante cuatro horas nos lleva por la vida y obra del líder de los rompecorazones, retomando una presentación en vivo, imágenes y declaraciones e pietaje, la importancia de Mudcrutch y su intervención en The Travelling Wilburys; cabezas parlantes como George Harrison, Eddie Vedder, Stevie Nicks, Dave Grohl, Jimmy Iovane, Jeff Lynne, Rick Rubin, Johnny Depp, Jackson Browne y varios familiares, entre otros, brindan una buena perspectiva de la importancia de este hombre para la cultura del rock. Al final, también ha estado en las microhistorias de quienes lo incorporamos como parte de nuestras discretas transformaciones.

 

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DAVID BOWIE: LA ODISEA ESPACIAL RUMBO A LA ESTRELLA NEGRA

13 enero 2016

El año pasado, para un trabajo de la materia de arte en el que los alumnos tenían que hacerAladdin Sane un muñeco de algún personaje que les llamara la atención, mi hijo Max decidió elegir a David Bowie (no hubo mano negra, de veras), con la consecuente hinchazón de pecho del orgulloso padre que al menos en este rubro parecía haber cumplido parte de su misión. Se puso a revisar todos los personajes/imágenes del londinense y al fin optó por Aladdin Sane, el personaje creado por el artista en honor a su medio hermano esquizofrénico y representando al Ziggy viajero que se traslada a América con un rayo atravesando su rostro blanquísimo, coronado a su vez por un cabello rojizo en incendio perpetuo.

Ahora está de regreso con todo y su estrella negra, último legado que nos dejó a los terrícolas para que cada vez que escuchemos algunos de sus discos recordemos la forma en la que nos acompañó en nuestra educación sentimental, al igual que lo hará, por lo visto, con las generaciones por venir. A fin de cuentas, todos tenemos alguna anécdota memorable mientras sonaba el Duque blanco, inmiscuido en las propuestas de muchos grupos contemporáneos y posteriores. Como dijera Mark Ruffalo, que descanse en paz el padre de todos nosotros los frikis.

Promovía la implosión de los géneros para reconvertirlos, primero acercándose a ellos y después, cual astuto camaleón, continuar con su labor de deconstrucción. Artista de múltiples rostros, creó personajes diversos entre facetas y alter egos a su alrededor pero emanados desde dentro, como si formaran parte de alguna de sus dimensiones creativas y afectivas, contextualizando épocas, lugares y estados de ánimo, jugando con amplios rangos e intenciones vocales según la situación lo ameritaba e incluso encontrando belleza a partir de la decadencia.

Epítome de la tendencia andrógina dentro del rock, representó la noción de incertidumbre y al mismo tiempo de capacidad adaptativa y olfato para detectar tendencias vigentes y por venir, convirtiéndose en una de ellas. Con gran sensibilidad melódica, un largo colmillo para la construcción de armonías, originalidad para la combinación instrumental y una poética que transitaba de la creación de personajes a la abstracción, consolidó uno de los cancioneros más trascendentes del mundo del pop.

Como si de un extraño Principito se tratara, David Robert Jones (Brixton, Londres, 1947 – Nueva York, 2016) llegó procedente de un pequeño asteroide para caer en la Tierra; con la influencia de su hermano por el gusto hacia la música, formó parte de algunas bandas (King Bees, Manish Boys) hasta que decidió viajar en solitario bajo el nombre de David Bowie, para evitar confusiones con el vocalista de The Monkees. Corrían los años sesenta y la revolución de la música popular estaba en pleno apogeo. Justo sacó a la luz su primer disco en un año crucial para la historia del rock, lleno de obras cumbres.

Fue una salida no tanto en falso, pero sí tanteando el terreno, apenas con ciertos destellos de su creciente talento compositivo y en búsqueda de la identidad artística, aquí con mayor inclinación hacia la escena mod: se entiende dado que recién se estaba acoplando a nuestro planeta. El álbum debut David Bowie (1967) fue una carta de presentación con algunos de los temas que serían recurrentes como la angustia, la decepción y las tonalidades apocalípticas, conviviendo con declaraciones de amor que trascendían el fin de semana.

Después de pasar un cuanto tanto desapercibido, el reconocimiento llegaría pronto de la mano de su segunda obra, la sideral y psicodélica Space Oddity (1969), originalmente titulada Man of Words/Man of Music, coincidiendo con el famoso alunizaje y cuya canción titular nos introdujo al Mayor Tom, un astronauta en busca de libertad espacial que busca respuestas fuera del control en tierra y que ha aparecido en varias canciones de otros artistas y del propio Bowie.

EL HOMBRE QUE VENDIÓ EL MUNDO Y CAYÓ A LA TIERRA

La década de los setenta fue clave para su desarrollo como productor, compositor e ícono artístico que invadía otros terrenos como la moda, la sexualidad y el cine. De entrada, grabó el alocado The Man Who Sold the World (1970) con Mick Ronson y Toni Visconti, dos hombres centrales en su carrera que le ayudaron a iniciar un periodo fundamental no solo para él, sino para la historia del rock. Reposando con elegante vestido femenino como si estuviera en el camerino dentro del contexto de la music hall, el artista empezaba a desarrollar su inaplazable capacidad para el camuflaje y, paradójicamente, para siempre destacar.

Después vendría un cúmulo de clásicos consecutivos que lo confirmarían como uno de los solistas esenciales de la música popular. Abriendo con Changes y Oh! You Pretty Things, transitando por la emotividad orquestal de Life On Mars? (ahí está Jessica Lange interpretándola en American Horror Story) y complementándose con canciones para Bob Dylan y Andy Warhol, Hunky Dory (1971) se estructuró a partir de la diversidad estilística con el piano de Rick Wakeman construyendo escenarios de extraña hospitalidad.

Un rockstar alienígena de sexualidad indefinida vive en un mundo marcado por la decadencia y, ya desde entonces, el culto a la fama. Sin desperdicio alguno, la obra maestra The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders of Mars (1972) se alimenta del rock progresivo en cuanto su naturaleza conceptual y del glam, con todo y su condición de alumno aventajado del mago Marc Bolan (creador del mítico álbum The Slider con T. Rex), por su influjo iconográfico y de provocativa teatralidad. A todo gran ascenso, corresponde una brusca e imparable caída, aunque siempre habrá manera de regresar.

En efecto, Ziggy mutó y apareció Aladin Sane (1973), personaje y título de su siguiente disco en el que se profundiza en la imaginería glam, reflejada en canciones como Panic in Detroit, The Jean Genie y la angustiosa Time. Junto con Roxy Music y Genesis, Bowie se erigía en creador de escenarios donde igual cabe la sofisticación que la mundanidad, el drama que la ironía, el cinismo que la paranoia. Este mismo año presentó Pin-Ups (1973), álbum de covers grabado junto con sus queridas arañas de Marte, y mostró sus dotes como productor en sendas obras de Lou Reed, The Stooges y Mott the Hoople.

Con Diamonds Dogs (1974) recuperó la paranoia orwelliana al tiempo que rockeaba al grito de Rebel Rebel, tal como se deja escuchar en David Live (1974), grabado en directo en Filadelfia y de cuya gira, con el habitual instinto para aprehender estilos, Bowie escuchó el canto de las sirenas del soul con aroma plástico y pronto perpetró el inmediatista Young Americans (1975), sin maquillaje, con la crucial adhesión del guitarrista Carlos Alomar y la inserción de Fame, tema compuesto en complicidad con John Lennon.

Sus estudios de mimo y como actor se fueron poniendo en práctica de manera simultánea. Después de ser Cloud bajo la dirección de Lindsay Kemp y en el filme corto para TV Pierrot in Turquoise or The Looking Glass Murders (Mahoney, 1970), así como aparecer en el fantasmal corto The Image (Armstrong, 1967), representó en pantalla a un alienígena que llega por estos lares para buscar agua y salvar a su agonizante planeta en El hombre que cayó a la Tierra (Roeg, 1976), filme que le significó su primer protagónico con personaje creado como anillo al dedo que hasta a los negocios le sabía.

La diversidad  de los géneros revisitados continuó con Station to Station (1976), uno de los momentos cumbres de su discografía y de la música setentera en general: sus influencias en el uso de los teclados y en la generación de ricas texturas sonoras pueden ser percibidas en diversos grupos posteriores. El delgado duque blanco apareció en el reparto de personajes como una especie de fascista decadente, añorando pasados autoritarios.

Fue una época en la que los abusos de sustancias prevalecieron al punto de que artista y creación parecían confundirse. Integrado por piezas de estos años, se integró el soundtrack Christiane F. Wir Kinder (1981) del filme Yo, Cristina , dirigido por Uri Edel sobre una adolescente atrapada en el mundo de las drogas en el Berlín de los setenta, una ciudad partida y víctima de la guerra fría, en consonancia con el enfoque de la famosa trilogía realizada un poco antes.

En efecto, la trilogía de Berlín tuvo su arranque con Low (1977), brillantemente dúctil en su primera parte, con un pop que rondaba la experimentación vía What in the World y Sound & Vision, y aventureramente instrumental en la segunda con clásicos como Warszawa, imaginados en complicidad con el patriarca ambient Brian Eno, a quien volvería a reclutar para Heroes (1977), la segunda entrega de la etapa berlinesca con influencias del krautrock y el post punk, además de la notoria presencia de Robert Fripp y de la canción titular, gracias a la cual todos nos hemos sentido heroicos al menos un día. O un rato, mientras se escucha la pieza

Lodger (1979) cerró este innovador, peligrosamente extremo, lleno de excesos y al fin fructífero periodo con el que concluyó la década clave de su trayectoria, entre apuntes minimalistas, aromas turcos y la acostumbrada alquimia entre el pop art al alcance de todos y los lances avant garde, expresados en creativas estructuras armónicas y arriesgados cambios de ruta estilística, siempre bajo el cobijo de Toni Visconti y culminando una muy didáctica colaboración con el ex Roxy Music.

LA DÉCADA (NO TAN) PERDIDA

Los años ochenta empezaron en una tesitura intensa y brillante con Scary Monsters (1980), señalando una nueva dirección en el enfoque musical y regresando a un rock más clásico. El Major Tom se ha vuelto chatarra y el mundo de la moda parece invadir todos los escaparates vitales, sin olvidar que terminaremos regresando a nuestra condición de cenizas. Por estos tiempos, además de presentar con Queen la clásica Under Pressure en 1981, protagonizó en teatro El hombre elefante y en cine a un vampiro enamorado de Catherine Deneuve en El ansia (Scott, 1982), dos personajes diferentes y marginales, para no variar.

Llegó al gran público con el new wave bañado de soul de Let´s Dance (1983) y la efusiva Modern Love como estandarte, además de China Girl y la canción titular, con un Bowie mostrando los puños como dispuesto a dar la pelea frente a las críticas, que siguieron con Tonight (1984), no obstante incluir algunos sólidos corte como Lovin the Alien, el hit Blue Jean, God Only Knows en la vertiente de su admirado Elvis Presley y la pieza titular, a dueto con Tina Turner.

Bailó con Mick Jagger en la calle y se dio tiempo para las cámaras fílmicas en Feliz Navidad, Mr. Lawrence (Ôshima, 1983), una de sus mejores actuaciones; en la ochenterísima Fuga al amanecer (Landis, 1985); en el musical Absolute Beginners (Temple, 1986), contribuyendo con la canción titular, como lo hiciera con el estupendo corte This Is Not America en conjunto con Pat Metheny para The Falcon and the Snowman (Schlesinger, 1985), y en la entretenida Laberinto (Henson, 1986), asumiendo el rol de rey de los Goblins.

Vendría un periodo complicado en términos creativos que inició con Never Let Me Down (1987), en donde el filón melódico parecía no estar del todo a punto y que continuó con Tin Machine, un proyecto de rock duro en complicidad con el enérgico guitarrista Reeves Gabrels y los hermanos Sales que generó dos álbumes (Tin Machine, 1989; Tin Machine II, 1991) de los que se rescatan algunos cortes, en particular de la primera entrega.

Asimismo, se lavó las manos representando a Poncio Pilatos dentro de la obra maestra La última tentación de Cristo (1989), dirigida con nervio y poesía por Martin Scorsese. Protagonizó a un empleado de un restaurante que busca robarle a sus empleadores en The Linguini Incident (1991), junto con Rossana Arquette.

VUELTA EN SOLITARIO

David BowieEl camino se empezó a recomponer con el suntuoso Black Tie White Noise (1993), salpicado de influjos de soul y jazz, para después componer el meditativo soundtrack instrumental The Buddha of Suburbia (1994) y dar un salto radical a la intensidad cuasi-industrial de 1. Outside (1995) en complicidad con Brian Eno y con la participación de Trent Reznor. En sus propias palabras, se trata de un “drama gótico no lineal hipercíclico”, y habla acerca de los diarios de Nathan Adler, un detective que investiga una serie de asesinatos artísticos. Para redondear, ahí está el efusivo remix de los Pet Shop Boys saludando al spaceboy cubierto de polvo lunar.

La década noventera concluyó con el consistente Earthling (1996), enclavado en la tendencia electrónica con la incorporación de diversas vertientes como tecno, house y drum´n´bass soportando la astucia melódica habitual, aquí transpirando entre loops, secuencias y sonidos de poderío digital que se entreveran con instrumentaciones musculosas a cuenta de la guitarra y el bajo. Con esta obra bajo la roída gabardina con la bandera inglesa, David Bowie visitó México para dar un concierto dirigido a iniciados, sin complacencias.

La transición del siglo, además de desligarse de la estética electrónica, implicó la realización de tres discos con buena dosis de continuidad y soltura, como si de una mirada al pasado se tratara pero con la perspectiva postmilenaria: Hours… (1999) arranca con la evocativa Thursday’s Child y después de una primera parte de predominio melódico, va subiendo de tono a partir de la guitarra de Gabrels.

Heathen (2002) es una obra inmediatamente reconocible de su autor, incluso en las versiones de piezas de Neil Young y los Pixies, acaso por el regreso de Visconti y Alomar, que puede ir del tono celebratorio al drama, como en la intensa Slip Away; finalmente, Reality (2003) transita por la misma línea, revisitando sonidos propuestos con antelación con todo y el retorno del viejo cómplice Mike Garson en el piano, pero con un toque de ineludible actualidad. Una trilogía que mostraba al tránsfuga de los géneros en plena forma creativa.

SOY UNA ESTRELLA NEGRA

Diez años de silencio musical, salvo algunas contribuciones al mundo del arte como pintor y editor, así como apariciones entre las que se recuerdan la que realizó con sus consentidos de Arcade Fire y cuando se enfundó en la piel de Tesla para el filme de Nolan El gran truco (2006), hasta que se imprimió el nostálgico y sofisticado The Next Day (2013), preguntándose dónde estamos ahora después de asumir tantos rostros y palpitar con Berlín, ya liberada del muro divisorio.

Una especie de epitafio-obsequio para los terrícolas, aprovechando la inminencia de la muerte para convertirla en arte liberador y asumirse ahora como una estrella negra, cohabitando con los misterios que rodean a nuestro planeta y a la realidad tangible que nos circunda. Black Star (2015) es una obra maestra en la que las composiciones se someten a una atmósfera de free-jazz, con un saxo sobrevolando las cambiantes secuencias rítmicas y melódicas, desarrolladas por selectos músicos de estudio abiertos a la síncopa excursionista.

Antes de convertirse en alguna entidad sideral, un hombre con vendas en el rostro ha sustituido sus ojos bicolor por unos botones, acaso para anunciar con más certeza la inesperada despedida inmediata.

 

DISCOS 2014: PERMANENCIAS Y GÉNEROS MÚLTIPLES

25 enero 2015

Seguimos compartiendo algunos de los discos que se presentaron en el año que recién terminó, ahora revisitando diversos estilos y estructuras genéricas.

SOBREVIVIENTES

Surgieron en la segunda mitad de los 70’s o en los 80’s y siguen aquí tan campantes tres décadas después. Suelen dividir a la crítica pero para quienes fuimos creciendo con ellos, agradecemos que no se conformen con el peso de su historia y la sigan escribiendo, todavía con sonidos valiosos por compartir. En ellos se encuentran el postpunk, el pop británico de larga tradición, el electropop y la épica de multitudes.

  • Songs of Innocence de U2
  • Carnival of Souls de Pere Ubu
  • Spectre de Laibach
  • Meteorites de Echo & The Bunnymen
  • Le Petite Morte de James
  • The Violet Flame de Erasure

INSISTENTES

Aparecieron en los años noventa del siglo pasado y muy pronto definieron estilo y tendencia; con  caídas y levantadas en su trayectoria, grabaron obras notables en este año que los mantienen en el radar expresivo a pesar de la cantidad de nuevas propuestas. Oncena de discos situados en el rock con sus múltiples derivaciones para gustos variados, de acuerdo a momentos anímicos, etapas de la vida y contextos en acción.

  • They Want My Soul de Spoon
  • The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett de Eels
  • Futurology de Manic Street Preachers
  • English Oceans de Drive-by Truckers
  • Rave Tapes de Mogwai
  • Everything Will Be Alright at the End de Weezer
  • Here Be Monsters de Jon Langford & Skull Orchard
  • Monuments to an Elegy de Smashing Pumpkins
  • Somewhere Under Wonderland de Counting Crows
  • Sonic Highways de Foo Fighters
  • Ghost Stories de Coldplay

ELECTROPOP

Sonidos de talentosa efusividad e inteligente andamiaje que se despliegan a través de melodías cercanas, como para saltar a la pista de baile o disfrutar en la comodidad de la escucha atenta. Un género que continúa aportando momentos luminosos, desarrollando las potencialidades sembradas en la década de los ochenta y actualizándolas a los tiempos presentes.

  • Singles de Future Islands
  • Trouble In Paradise de La Roux
  • Nabuma Rubberband de Little Dragon
  • Typical Sistem de Total Control
  • UNFLESH de Gazelle Twin
  • The Inevitable End de Röyksopp
  • Love Letters de Metronomy
  • Racine Carrée de Stromae

Todd TerjeELECTRÓNICOS

Aprovechando la cada vez mayor plasticidad, paradójicamente, de los recursos digitales, y aventurando fusiones estilísticas, diez discos que revisitan diversas posibilidades de la electrónica, encontrando los fantasmas en la máquina y generando piezas de cuidada elaboración con riqueza armónica y la consabida exploración hacia innovadoras estructuras musicales, sin despegar el pie de la tradición.

  • It´s Album Time de Todd Terje
  • You´re Dead! de Flying Lotus
  • Our Love de Caribou
  • Faith in Strangers de Andy Stott
  • Angels & Devils de The Bug
  • Bécs de Fennesz
  • Ghettoville de Actress
  • Clark de Clark
  • Koch de Lee Gamble
  • Blaster de James Hoff

HIPOPEROS

Ya sea formando notables asociaciones o continuando las propias trayectorias, obras que confirman la Fortaleza y crecimiento del Hip-Hop, más allá de los cansinos estereotipos. Rimas creativas, sampleos milimétricos  y actitud volcánica para darle contenido a un discurso que nació desde la rebeldía y que sigue teniendo motivos para manifestarse.

  • Run the Jewles 2 de Run The Jewels
  • Lese Majesty de Shabazz Palaces
  • Oxymoron de ScHoolboy Q
  • Black Portland de Young Thug & Bloody Jay
  • Piñata de Freddie Gibbs and Madlib
  • Honest de Future

EXPERIMENTADORES

Para sumergirnos en hábitats de intensidades fuertes y emociones inesperadas, cual tránsito hacia sonoridades envolventes de complejidad creciente. Géneros como la electrónica, el punk, el hip-hop, el metal, el blues y el avant garde, entre otros, fundidos en experiencias musicales alejadas de la convención que nos ponen a prueba más allá de la comprensión inmediata y que, en diferente forma, apelan a nuestros instintos auditivos. No solo de acordes vive la composición, sino también de todo ruido ambiental vuelto arte en contexto. Como provenientes de otro planeta.

  • To Be Kind de Swans
  • Soused de Scott Walker y Sunn O)))
  • A U R O R A de Ben Frost
  • Hidden Tapes de Marc Baron
  • Anthology of Interplanetary Folk Music, Vol. 1: Nommos/Visiting de Craig Leon
  • The Abyss de Kevin Drumm & Jason Lescalleet
  • There’s a Light That Enters Houses with No Other House in Sight de David Sylvian
  • Rays of Darkness de Mono
  • Primitive and Deadly de Earth
  • Non-Fiction de Jon Mueller’s Death Blues
  • Drinking Gasoline de Cabaret Voltaire
  • The Cavern de Inter Arma
  • The Hum de Hookworms

INTENSOS

Desde algunos clásicos del género y sus respectivos continuistas, hasta propuestas de reciente conformación que le dan duro y tupido a los riffs, vocalizaciones y rítmicas, recorriendo subgéneros diversos que han resultado centrales para que el Heavy Metal se expanda más allá de sus propios contornos. Velocidad y espesura por partes iguales para alterar orejas y nervios, anunciando catástrofes, advirtiendo calamidades o desgañitando emociones.

  • Foundations of Burden de Pallbearer
  • From All Purity de Indian
  • The Satanist de Behemoth
  • Once More ‘Round the Sun de Mastodon
  • Pale Communion de Opeth
  • At War With Reality de At the Gates
  • Under Color of Official Right de Protomartyr
  • Clearing the Path To Ascend de Yob
  • Heathen de Thou
  • Die Without Hope de Carnifex
  • Rock or Bust de AC/DC
  • Bloodstone & Diamonds de Machine Head
  • Redeemer of Souls de Judas Priest

RAÍCES, ALMA, RITMO Y BLUES

Las músicas negras cual manifestaciones primigenias de la especie y en continua ebullición, ya sea desde la tierra primera o en diversas latitudes; afropop, blues, R&B y esencias souleras para cantarle al pasado, celebrar la posibilidad de reunión o luchar contra las soledades no deseadas en un mundo frío que no deja de calentarse.

  • Toumani & Sidiki de Toumani Diabaté & Sidiki Diabaté
  • Beware the Fetish de Kasai Allstars
  • Emmaar de Tinariwen
  • Young & Sick de Young & Sick
  • Give the People What They Want de Sharon Jones and the Dap Kings
  • GIRL de Pharrell Williams
  • BLUESAmericana de Keb’ Mo’
  • In the Lonely Hour de Sam Smith
  • Cold World de Naomi Shelton & The Gospel Queens

DISCOS 2014: CONSOLIDADOS Y EMERGENTES

18 enero 2015

Continuamos el paseo sonoro por algunas de las obras importantes que nos acompañaron durante el 2014.

A LO LARGO DEL SIGLO XXI

Este año volvieron a aparecer algunas de las asociaciones que han definido el rock postmilenario, confirmando una vez más la consistencia estilística y la vocación de mirar hacia adelante en busca de nuevas formas para confeccionar discos que se resisten al olvido; si de pronto alguna obra se tambalea, ahí está la disposición para reencontrarse con su núcleo. Del año 2000 para acá, su presencia habitual se sigue agradeciendo.

  • The Take Off And Landing Of Everything de Elbow
  • Benji de Sun Kill Moon
  • Mess de Liars
  • Teeth Dreams de The Hold Steady
  • The Curse of Love de The Coral
  • Turn Blue de The Black Keys
  • Seeds de TV On The Radio
  • Brill Bruisers de The New Pornographers
  • Angel Guts: Red Classroom de Xiu Xiu
  • El Pintor de Interpol
  • No One is Lost de Stars

CANTAUTORES

Van componiendo su o el mundo en solitario, exorcizando demonios internos y lidiando con sus inasibles realidades. Saludan la mañana, despiden el día y miran al infinito y más acá, a través de melodías reposadas que sostienen reflexiones emanadas de las vivencias vueltas experiencias. De paso, nos ayudan, cual prístinos espejos, a mirarnos de maneras distintas.

  • Morning Phase de Beck
  • My Favourite Faded Fantasy de Damien Rice
  • Nothing Important de Richard Dawson
  • Brothers and Sisters of the Eternal Sun de Damien Jurado
  • Salad Days de Mac DeMarco
  • From Scotland With Love de King Creosote
  • Strong Feelings de Doug Paisley
  • Way Out Weather de Steve Gunn
  • Ryan Adams de Ryan Adams
  • Infinity de Yann Tiersen
  • Single Mothers de Justin Townes Earle
  • End Times Undone de David Kilgour And The Heavy 8’s

RUTAS SOLISTAS

Fueron o son piezas clave de bandas esenciales en la historia del rock y no obstante, exploran otras posibilidades de manera personal o bien formando otras asociaciones que se adecuen a su propuesta en lo particular; su talento no se agota en los márgenes del renombre de sus grupos, sino que trasciende hacia otros territorios para seguirse poniendo a prueba.

  • Everyday Robots de Damon Albarn
  • World Peace Is None of Your Business de Morrissey
  • American Interior de Gruff Rhys
  • Wig Out at Jagbags de Stephen Malkmus and the Jicks
  • Natalie Merchant de Natalie Merchant
  • Lazaretto de Jack White
  • Tied To A Star de Mascis
  • The Best Day de Thurstone Moore
  • Stockholm de Chrissie Hynde
  • Something Shines de Laetitia Sadier
  • Beauty & Ruin de Bob Mould
  • Playland de Johnny Marr
  • Phantom Radio de Mark Lanegan Band
  • American Middle Class de Angaleena Presley
  • Tyranny de Julian Casablancas + The Voidz
  • Darlings de Kevin Drew
  • Lion de Peter Murphy
  • Sukierae de Tweedys

War on DrugsSOBREPASANDO EL DEBUT

Andan en su segundo o tercer disco y ya demostraron, además de no ser flor de un día, notable creatividad para compartir sus ideas musicales a partir de inteligentes estructuras pop con evocativo contenido letrístico y consistentes búsquedas armónicas que igual se apoyan en efluvios provenientes del folk, el indie, la psicodelia, el R&B o el country, según tendencias, influencias y aspiraciones.

  • Lost In The Dreams de The War On Drugs
  • Atlas de Real Estate
  • Too Bright de Perfume Genius
  • In Conflict de Owen Pallett
  • Hot Dreams de Timber Timbre
  • This is All Yourse de Alt-J
  • Metamodern Sounds in Country Music de Sturgill Simpson
  • What Is This Heart? de How To Dress Well
  • Nikki Nack de tUnE-yArDs
  • Too True de Dum Dum Girls
  • After the End de Merchandise
  • The Moon Rang Like a Bell de Hundred Waters
  • Divisionary de Ages and Ages
  • Worship the Sun de Allah-Las
  • Stay Gold de First Aid Kit
  • Lose de Cymbals Eat Guitars
  • Pure Adulterated Joy de Morning Parade

RECORRIENDO LA PAISAJÍSTICA AMERICANA

Tradiciones revividas y alimentadas con sonidos de otros contextos, con el impulso de la diversidad propia de los tiempos que corren. Ya sea encontrándose con el rock o con discretas rítmicas bluseras y psicodélicas, obras que abren parajes extraviados en horizontes amplios pero con referentes cercanos a las sensaciones más inmediatas.

  • Upside Down Mountain de Conor Oberst
  • Songs of the Handsome Family de Andrew Bird
  • Strangers de Simone Felice
  • Lateness of Dancers de His Golden Messengers
  • Farmer´s Corner de Wooden Wand
  • Distance de Dan Michaelson & The Coastguards
  • The Outsiders de Eric Church
  • Small Town Heroes de Hurray For The Riff Raff
  • Heal de Strand Of Oak
  • Put Your Needle Down de The Secrets Sisters
  • Refractory Obdurate de Wovenhand

BENDITO RUIDO: ROCKEROS, PUNKETOS Y ALQUIMISTAS

Una docena de alternativas enclavadas en las premisas básicas del rock y sus derivaciones más cercanas, como el punk en plena evolución, la psicodelia o la mixtura de géneros que provoca obras con cierto aliento vanguardista, sobre todo por esa notable capacidad de no tomarse en serio, aunque al momento de elucubrar las pociones se ponga toda la leña al fuego.

  • pom pom de Ariel Pink
  • Manipulator de Ty Segall
  • Commune de Goat
  • Divide and Exit de Sleaford
  • Plowing Into the Field of Love de Iceage
  • Sea When Absent de A Sunny Day In Glasgow
  • Transgender Dysphoria Blues’ de Against Me!
  • Here and Nowhere Else de Cloud Nothings
  • Sunbathing Animal de Parquet Courts
  • Fuck Off Get Free We Pour Light On Everything de Thee Silver Mt. Zion Memorial Orchestra
  • 48:13 de Kasabian
  • Never Hungover Again de Joyce Manor

VERICUETOS DEL POPROCK

Diez propuestas que retoman estilos que van del al pop sesentero al llamado como lo-fi, pasando por ciertas estaciones de electrónica al servicio de la melodía, o bien por caminos oscurecidos apenas iluminados por un espíritu independiente. Grupos y artistas que llevan un rato circulando en este siglo y que confirman sus intenciones de continuar formando parte del escenario de la música popular.

  • Luminous de The Horrors
  • Present Tense de Wild Beasts
  • Familiars de The Antlers
  • So Long, See You Tomorrow de Bombay Bicycle Club
  • Tomorrow’s Hits de The Men
  • Too Much Information de Maxïmo Park
  • Abandoned Apartments de Jeremy Jay
  • Only Run de Clap Your Hands Say Yeah
  • Education, Education, Education & War de Kaiser Chiefs
  • Encyclopedia de The Drums

 

DISCOS 2014: EMPEZANDO Y DE REGRESO

11 enero 2015
  1. VETERANOS

Bryan FerryUna repasada a quienes continúan creando como si hubiera sido ayer, llenos de creatividad, vitalidad y con capacidad de seguir compartiendo su arte musical. Forman parte clave de la cultura musical de nuestros tiempos, no solo por su trayectoria sino también por su presente. 20 ejemplos que iluminaron el 2014 y cuya carrera inició en los setentas o antes.

  • Avonmore de Bryan Ferry
  • Popular Problems de Leonard Cohen
  • Lullaby And… The Ceaseless Roar de Robert Plant
  • High Hopes de Bruce Springsteen
  • The Endless River de Pink Floyd
  • High Life de Eno • Hyde
  • Emma Jean de Lee Fields
  • Silver Rails de Jack Bruce (q.e.p.d.)
  • Hypnotic Eye de Tom Petty and the Heartbreakers
  • A Letter Home de Neil Young
  • Standing In The Breach de Jackson Browne
  • Art Official Age de Prince
  • Melody Road de Neil Diamond
  • Life Journey de Leon Russell
  • The Breeze, An Appreciation of JJ Cale de Eric Clapton & Friends
  • Haven’t Got the Blues (Yet) de Loudon Wainwright III
  • The Man Upstairs de Robyn Hitchcock
  • Going Back Home de Wilco Johnson & Roger Daltrey
  • Acoustic Classics de Richard Thompson
  • Band of Brothers de Willie Nelson
  1. ESTÁN DE REGRESO

Seis casos que suponíamos fuera del circuito y que de pronto aparecen de vuelta, conservando sus talentos y poniéndolos al servicio de nuevas aventuras, ya sea desde la electrónica, la fusión de rítmicas negras, el pop ochentero, el grunge noventero o el noise, según gustos y preferencias.

  • Syro de Aphex Twin
  • Black Messiah de D’Angelo and the Vanguard
  • Do to the Beast de The Afghan Whigs
  • Big Music de Simple Minds
  • Indie Cindy de Pixies
  • Man on the Run de Bush
  1. DEBUTANTES

Seguimos el recorrido con algunas propuestas de quienes inician prometedoras trayectorias y que en el 2014 se presentaron en sociedad con su primer LP.

  1. a) Electrónica

Aunque ya algunos habían tenido experiencia en el campo, firman su primer disco largo aprovechando los recursos tecnológicos para crear universos sonoros eclécticos; el género se expende, se imbrica y se vuelve un asunto global, como lo demuestran estos seis ejemplos.

  • Total Strife Forever de East India Youth
  • Jungle de Jungle
  • Xen de Arca
  • Asiatisch de Fatima Al Qadiri
  • Goddess de Banks
  • Down to Earth de Flight Facilities
  1. b) Rockeros, punketos o psicodélicos

16 propuestas de vitalidad juvenil que demuestran la buena salud que vive el rock en su vertiente ya sea básica, descarnada y directa, o bien con estructuras armónicas de carácter más exploratorio y contemplativo. Ahí está la dosis de rebeldía y espíritu contestatario para estos días de rapidez generalizada.

  • Darlings de The Bronze Medals
  • Sun Structures de Temples
  • The Weird and Wonderful de Marmozets
  • More Than Any Other Day de Ought
  • Royal Blood de Royal Blood
  • No de Black English (primero editado como El Prado de No)
  • Weird Little de Happyness
  • Guilty for Everything de Nothing
  • Gist Is de Adult Jazz
  • PUP de PUP
  • Say Yes To Love de Perfect Pussy
  • Negative Qualities de Single Mothers
  • Eighteen Hours of Static de Big Ups
  • Amphetamines Ballads de The Amazing Snakeheads
  • Honeyblood de Honeyblood
  • Discipline de Trust Punks
  1. c) Músicas negras con alma y ritmo

Ya sea desde sonidos inherentes al Trip-Hop, Rap, R&B, Soul o una sugerente combinación de algunos de ellos, siempre con sensibilidad, un conjunto de artistas que revitalizan y dan continuidad a las largas tradiciones de estos géneros en proceso de metamorfosis continuo. Rimas y acordes en tonalidades diversas.

  • LP1 de FKA twigs
  • Dead de Young Fathers
  • Benjamin Booker de Benjamin Booker
  • Everybody Down de Kate Tempest
  • Broke With Expensive Taste de Azealia Banks
  • My Krazy Life de YG
  • So It Goes de Ratkin
  • Anybody Wanna Buy A Heart? de Michelle
  • Aquarius de Tinashe
  1. d) Cantautores, indies-pop y folkloristas

Una docena de propuestas que navegan entre la armonía con las luces del día y las raíces auditivas que siguen creciendo gracias a la fuerza de la tradición  y al mantenimiento de la identidad; un poco de zonas oscuras apenas iluminadas por instrumentaciones trémulas y emocionales melodías, como para erizarnos la piel sin previo aviso.

  • Whelm de Douglas Dare
  • Alvvays de Alvvays
  • Quick Sparrows Over the Black Earth de Laura Cannell
  • Loom de Fear of Men
  • Rooms With Walls and Windows de Julie Byrne
  • Double EP: Sea of Split Peas de Courtney Barnett
  • Down Like Gold de Champs
  • Conversations de Woman´s Hour
  • DSU de Alex G
  • Pith de Courtship Ritual
  • Haerts de Haerts
  • Zaba de Glass Animals
  1. PROYECTOS PARALELOS, REUNIONES AFORTUNADAS

Nuevas aventuras de músicos reconocidos que buscan renovarse antes que repetirse. Ya sea formando bandas nuevas o reuniéndose con colegas de otras agrupaciones, se lanzan seguir expresando emociones. Dios los hace y ellos, por fortuna, se juntan.

  • Colfax de The Delines
  • Rips de Ex Hex
  • Midnight Sun de The Ghost of a Saber Tooth Tiger
  • Hypnotized de Dream Police
  • Liminal de The Acid
  • Season Son de Gulp
  • Ultimate Painting de Ultimate Painting

DISCOS 2014 (PRIMERA): MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE TALENTO

4 enero 2015

Iniciamos nuestro recorrido por algunos de los discos memorables del año que termina. Cual debe, las damas primero. Aquí la primera de dos partes.

IMPRESCINDIBLES

  1. Are We There de Sharon Van Etten: uno de los grandes discos del año; lleno de nostalgia paradójicamente motivante, con todo y esas instrumentaciones de rítmica pertinente, teclados atmosféricos y una fuerza emocional que emana cuando uno se sabe ubicado en el mundo, por más desafiante que éste sea.
  2. St. Vincent de St Vincent: extrañamente familiar, de pronto nos coloca en una posición de sorpresa que, paradójicamente, pareciéramos haber vivido antes; su incursión al lado de David Byrne, por lo visto, contribuyó para que Annie Clark solidificara sus habilidades para conducirnos por laberintos sonoros y, al final, encontrar una salida hacia algún otro acertijo electrónico.
  3. The Voyager de Jenny Lewis: la cabeza de Rilo Kiley entrega un melodioso álbum plagado de imaginativas pistas para emprender un viaje sensible de arrepentimiento entre tesituras country, folk y pop con altas dosis de vivacidad, expresividad y secuencias sonoras que se quedan en el tímpano memorioso, como para volverse a equivocar y disfrutar el error.
  4. I Never Learn de Lykke Li: en su tercer álbum, la cantante sueca contradice el título de su disco, sobre todo por la manera en que ha ido combinando la electrónica glacial con ritmos de velocidades variables; ahora comparte afectos vía nutritivas baladas de una belleza que solo se producen cuando los hielos se derriten. Y sigue aprendiendo.
  5. Wine Dark Sea de Jolie Holland: la compositora de Houston sintetiza diversos géneros de su patria con un notable sentido armónico para expresar miedos y esperanzas acerca del amor y otros demonios; aquí profundiza, junto con su sólido grupo de soporte, en las búsquedas sonoras y poéticas, destilando intensidad y sosiego para atravesar mares de oscuridad convulsa.
  6. Blank Project de Neneh Cherry: en su quinto disco, después de visitar los territorios del jazz, la originaria de Estocolmo incursiona en rítmicas diversas de carácter electrónico, brindando una absorbente plataforma para la experimentación percusiva e impulsando vocalizaciones de elusiva entonación.
  7. Burn Your Fire For No Witness de Angel Olsen: nació en San Luis y creció en Chicago; abrevó de la influencia folkrock y en su opus tres alcanza un prematuro estatus de compositora con todas las de la ley, insertando parajes encendidos dentro de un territorio dominado por una lógica acústica capaz de revivir fuegos que amenazan con extinguirse.
  8. Ruins de Grouper: el proyecto de Liz Harris, oriunda de Portland y enclavada en las atmósferas ambient, retoma sonidos contextuales –croar de una rana, lluvia- y los integra a melodiosas canciones que transcurren entre un pausado piano y una voz de sensibilidad aplastante, capaz de atravesar paredes y caminar por laberintos cual luz indicativa. Una belleza hecha de aire.
  9. Boy de Carla Bozulich: habituada a romper estructuras musicales, la angelina regresa con una obra bajo su nombre después de varios discos firmados como Evangelista; intensidades bluseras, psicodelia experimental, calma engañosa y un particular dominio del presumible caos con esa voz que se eleva sobre las marañas instrumentales y coros acechantes.
  10. When the Cellar Children See The Light of Day de Mirel Wagner: con esa particular mezcla entre el blues y el folk atravesada por una atmósfera oscura, íntima e intimidante, la cantante y guitarrista nacida en Etiopía y crecida en Finlandia destila poesía para dibujar escenas de infancias trastocadas y amores indescifrables, aunque con la esperanza intacta de alcanzar la luz del día.

ETERNAS

  1. The River & The Thread de Rossane Cash: hija del legendario Johnny, ha sido una de las transformadoras del country a lo largo de más de 35 años; aquí nos invita a un detenido viaje por el sur estadounidense a través de composiciones cristalinas, compartiendo recuerdos familiares por un río que nunca es el mismo dos veces.
  2. Down Where the Spirit Meets the Bone de Lucinda Williams: a 35 años de su debut, la angelina se sumerge en una precisa combinación de rock, blues y country para llevarnos al mundo donde terminamos por ser uno solo; historias de amor y de la vida real que se inclinan más a los huesos que al espíritu.
  3. 24 Karat Gold: Songs from the Vault de Stevie Nicks: la bruja blanca, además de visitar el aquelarre comandado por Jessica Lange, integra un gran puñado de canciones escritas entre 1969 y 1995 para darle forma a este álbum que suena tan nuevo y tan familiar como de costumbre; por supuesto, el hechizo es ineludible.
  4. Give My Love To London de Marianne Faithfull: cumple 50 años su álbum debut y desde entonces, con todo y las tribulaciones experimentadas, no ha parado de grabar; ahora se acompaña de caballeros ilustres y alguna joven talentosa para regalarle un canto a la capital inglesa entre toques de folk, cabaret y rock.
  5. Heartleap de Vashti Bunyan: la folklorista inglesa que debutó en 1970 y fue redescubierta en los dosmiles, entrega el que puede ser su último disco, según ha declarado; una lástima dada la belleza que destila cada una de las canciones que integran este salto del corazón, íntimo y universal a la vez.
  6. Partners de Barbra Streisand: acompañada de cantantes connotados, vivos o muertos gracias a las nuevas tecnologías, la legendaria actriz/cantante/productora ofrece un conjunto de duetos en los que reinterpreta algunos clásicos propios o bien se suma a piezas de sus colegas para aportar su voz, justo la que nos ha acompañado a lo largo de seis décadas con su fuerte dulzura.

MADURAS

  1. Unrepentant Geraldines de Tori Amos: el 14to. disco en estudio de la bautizada como Myra Ellen, retoma la fuerza temperamental y le añade, sin anularla, un dejo de tranquilidad; canciones basadas en los teclados e instrumentaciones nutridas que sostienen evocativas melodías, con esa obstinación convertida en arte tan característica en ella.
  2. I´m Not Bossy, I´m the Boss de Sinéad O´Connor: la polémica irlandesa de férreo feminismo continúa su recuperación creativa, después de estar más ubicada en el escándalo, con este álbum de texturas variadas centradas en un pop inteligente y autorreferencial, con misivas contra la industria musical, entre otros villanos identificados por la cantante.
  3. Tales From the Realm of the Queen of Pentacles de Suzanne Vega: la de Santa Mónica sigue contándonos cuentos de la vida cotidiana con humor y capacidad reflexiva, a partir de letras cercanas y el característico sello melódico, con incorporaciones del rock, el country y un dejo de folk encapsulado.
  4. Nostalgia de Annie Lennox: en su sexto disco firmado bajo su nombre, la mitad de Eurythmics voltea a ciertos standars del jazz y del R&B para proponer su particular interpretación, con esas vocalizaciones fuertes de intensidades a media luz, cargadas de sofisticación e impecablemente producidas.
  5. The Way I´m Livin´ de Lee Ann Womack: la cantante de Jacksonville ha sido un puente entre la tradición y la modernidad del sonido Nashville; en esta oportunidad interpreta canciones de diversos autores, imprimiéndoles sello propio y vitalidad correspondiente con la manera en que gusta expresarse.

EN EL CAMINO

  1. Comet, Come To Me de Meshell Ndegeocello: la bajista levanta la vista desde un basamento construido en clave R&B para ampliar horizontes, entretejer intrincadas armonías y confeccionar absorbentes estructuras rítmicas, listas para recibir alguna señal del cielo y mantener una actuación digna de recibir un regalo más allá de nuestro planeta.
  2. Platinum de Miranda Lambert: en su quinto álbum, la texana asidua a las primeras posiciones en las listas de ventas, aprovecha su imagen mediática para transitar entre el country y el pop sin pedir permiso, mostrando los orígenes y a la vez conservando el enfoque para no perder de vista la posibilidad de convertir esta obra en sinónimo de platino.
  3. The Way de Macy Gray: la voz humosa de la de Ohio, ahora proclamándose como la reina del dolor, vuelve en su octavo álbum en estudio, mapeando las rutas definitorias de un estilo que se mueve entre el soul, el blues y la música disco, con ilustre compañía que aparece en los diferentes cortes para potenciar ya sea las fluidas instrumentaciones o las vocalizaciones correspondientes.
  4. Food de Kelis: en su sexta entrega, la de Harlem cocina una obra nutritiva con dosis balanceadas de R&B, funk y pop, aderezadas de metales festivos, cuerdas volátiles y una voz en su punto; la contribución de David Stick (TV On The Radio) es la cereza de este pastel que es también símbolo de agradecimiento y optimismo.
  5. Runaway´s Diary de Amy LaVere: en su cuarto disco, limpiamente producido, la cantante, bajista y compositora texana muestra un salto cualitativo que se iba advirtiendo paulatinamente; compartiendo detalles personales, transita por estructuras que van del country al rockabilly con cierto aliento proveniente del pop sesentero.

JUVENILES

  1. Somewhere Else de Lydia Loveless: la originaria de Ohio entrega un segundo disco confirmatorio de sus habilidades compositivas y letrísticas; canciones en tesitura country con revulsivos que anuncian las dificultades del amor, además de Verlaine y Rimbaud en duelo, Chris Isaak y alguien más con el que, ahora sí, se podrá establecer una relación aproximada al amor.
  2. The Future’s Void de EMA: en su segunda entrega propone una serie de miradas al mundo de la virtualidad y sus consecuencias en la reconfiguración de las personalidades y los procesos de humanización; en consonancia, la apuesta sonora integra canciones de confección acústica junto con estética electrónica que acentúa la melodía y la rabia.
  3. Ultraviolence de Lana del Rey: hay un sosiego simulado que roza la intimidad, después de haberle dado la vuelta al mundo con su anterior álbum; la agresión está contenida entre canciones con tiempos ralentizados y lógica de aceptación, entre un dejo de melancolía. Producción de Dan Auerbach entre florituras jazzeras que acentúan la atmósfera quieta de los sonidos.
  4. Sucker de Charli XCX: la británica de 22 años se convirtió en la figura femenina juvenil del año musical, gracias a su postura rápidamente identificable y a su apuesta por un punk de referencias evidentes pero sonando desde perspectivas propias; la irreverencia premeditada se advierte desde el título mismo del álbum.
  5. 1000 Forms of Fear de Sia: coescritora de algunos éxitos cantados por algunas colegas del maisntream y colaboradora de Zero 7, la australiana decidió tomar de nueva cuenta el micrófono para grabar, una vez superados fuertes problemas personales, este álbum que recorre los miedos y sus racionalidades con el sencillo Chandelier como estandarte. Disco bálsamo.
  6. Wait ´Til Night de Cooly G: con un soporte de cuidada electrónica, sonando particularmente cálida, se desliza una vocal justa para atravesar el día y esperar la llegada de la noche anhelada, más como un espacio para la cercanía; R&B para el siglo XXI cargado de atmósferas sensuales sin caer en los manidos esquemas prefabricados.
  7. Twice de Holie Cook: reggae para los tiempos que corren, exudando colores de tonalidades diversas y una calidez a prueba de oportunismos; en su tercer disco, la londinense propone una rítmica característica del género, soportando una voz de sorprendente transparencia que seguramente complacería al patriarca Marley.
  8. The Golden Echo de Kimbra: no solo de la Tierra Media vive Nueva Zelanda; también se pueden encontrar algunas gratas sorpresas como este disco de R&B con estructuras pop que se amplían a otros géneros, bien cobijados por un gran número de ilustres invitados que ayudan a que el enfoque se mantenga. Segundo disco confirmatorio.
  9. Tough Love de Jessie Ware: en su segundo disco, la londinense sigue la ruta emprendida por su imparable debut, conservando distinción y alma entre soportes de rítmica electrónica que no hacen sino potenciar la elegancia emanada de una voz poderosa y convencida, analizando la solidez anhelada del amor.

EXPLORADORAS Y EN GRUPO

  1. Meshes of Voice de Jenny Hval & Susanna: con base en el corto experimental sueco Meshes of the Afternoon (Deren, 1943), este par de artistas con caminos propios se integran para crear un álbum espectral y orgánico a la vez, constituido por diversidad de capas sonoras en creciente intensidad, con juegos vocales e instrumentaciones absorbentes. La oscuridad se lleva por dentro.
  2. Chorus de Holly Herndon: la nativa de Tenneessee asentada en San Francisco, se mueve entre la electrónica de aliento clásico, la que se deja escuchar en los clubes nocturnos para despedir el día y la centrada en la experimentación sonora; con su segundo álbum, consigue edificar estructuras de rompimiento estético, cimentadas en brillantes ideas auditivas y hábil manejo de los medios.
  3. Bestial Burden de Pharmakon: proyecto extremo de Margaret Chardiet, neoyorquina apenas sobrepasando los veintes; en su segundo opus retoma una experiencia quirúrgica y el duro proceso de curación, a través de un noise apabullante en carne viva salpicada de profundas lamentaciones emanadas de las vísceras. El dolor transformado en arte.
  4. Warpaint de Warpaint: en su segunda entrega, el femenino cuarteto angelino sigue confeccionando un rock atmosférico que igual puede llevarnos a la ensoñación que a la convulsa realidad tangible; la producción de Flood contribuyó a la focalización sin rigidizar la inventiva de una banda que cumple con las expectativas y promete ampliarlas.
  5. Deep Fantasy de White Lung: un suspiro de rabia femenina para encontrarse con los propios monstruos; diez cortes relampagueantes que apenas rebasan los veinte minutos en conjunto para fantasear breve y profundo, con la crudeza que el caso amerita y sin tiempo para la pausa. El trío canadiense nos sumerge rápidamente y sin respiro en las profundidades de sus fantasías.

DISCOS 2013

16 enero 2014

En primer término, grupos vitales del siglo XXI que mantienen la llama encendida, más o menos en el orden de mis gustos.

1. Modern Vampires of the City de Vampire Weekend: estas luminosas criaturas de la noche, con la influencia de Paul Simon, firmaron en su tercera entrega una obra llena de sensibilidad armónica que confirma su talento para la melodía de belleza inmediata. Disco del año para la Rolling Stone y, en efecto, uno de los imprescindibles para estos tiempos de posmodernidad.
2. Reflektor de Arcade Fire: siempre intensos y ahora más diversos en su cuarto disco, los emocionales canadienses arriesgan con la incorporación de sonidos de estética multiplicadora, como el reflejo infinito que producen con este álbum doble que parece no quererse detener en los logros alcanzados; un disco propio de una de las bandas esenciales de los tiempos que corren.
3. Trouble Will Find Me de The National: los de Brooklyn continúan, en su sexto opus, convirtiendo los problemas en odas a una tristeza en la que siempre encuentran resquicios para la fuerza reivindicadora, expresada en la gravedad de una voz que se respalda en instrumentaciones de precisiones temporales, cargadas de contenida sentimentalidad.
4. …Like Clockwork de Queens of the Stone Age: rock en estado puro emergiendo de la edad piedra y llegando a nuestros días gracias a estas reinitas que saben combinar, cual fino trabajo de relojería, la adrenalina setentera con inventiva y evocación melódica; no podían faltar los invitados de lujo y la sensación de una poderosa dulzura en su sexto álbum en estudio.
5. AM de Arctic Monkeys: comandados por Alex Turner, cuya ruptura amorosa se canalizó a partir de un puñado de canciones vueltas bálsamo festivo, estos primates del ártico nacidos en Inglaterra nos proponen compañía justo en la transición entre el fin de la noche y la aparición del día, reconociendo culpas y saldando cuentas, vía rítmica profunda, guitarras nutritivas y coros convencidos.
6. Fields of Reeds de These New Puritans: en su tercera obra, el ahora trío inglés nos depara una misteriosa visita de aliento diverso, transitando entre cierta experimentación y quietudes sospechosas, con teclados casi ceremoniosos y una rítmica fragmentada por la que se diluyen juegos vocales de exaltación contenida, destilando un dejo de inasible extrañeza.
7. Slow Focus de Fuck Buttons: el dúo ingles vuelve a las andadas en su tercer disco con el espíritu innovador intacto, como si acabaran de darse a conocer; ahora la acostumbrada electrónica juega con ralentizaciones e imbrica planos sonoros que se traslapan de manera sorpresiva, mostrando ingenio más allá de las convenciones del género.
8. The Silver Gymnasium de Okkervil River: cual recorrido memorioso por los tiempos idos en New Hampshire, Will Shef y compañía, asentados en Texas, fungen como guías de turistas para (re)conocer la nostalgia, con todo y las posibilidades de redención, a ritmo de un identificable folkpop ya en plena compenetración, expandida a través de su séptimo largo.
9. Muchacho de Phosphorecent: transitando por los circuitos del country alternativo con su dosis de experimentación que incluye la inclusión de sonidos electrónicos, el proyecto de Matthew Houck continúa su recorrido con este álbum que nos coloca en una particular geografía anímica, como si estuviéramos preguntándonos hacia dónde podemos dirigir nuestras emociones extraviadas.
10. Ghost on Ghost de Iron & Wine: Sam Beam decide salir de su hábitat folk en su sexto disco para internarse por atmósferas discretamente jazzeras, empapadas de tonalidades country que persisten en la recreación de la intimidad acaso buscada por espíritus de otro mundo, celebrando la quietud de la noche o su capacidad de invisibilidad.
11. Monomania de Deerhunter: con Bradford Cox al frente, la sexta producción de los de Atlanta transcurre de manera más incierta que sus grandes discos anteriores, poniendo el énfasis en la indisciplina de las guitarras, la correspondiente cuota de experimentación y en una aparente improvisación que termina por funcionar orgánicamente como conjunto interconectado.
12. Mosquito de Yeah Yeah Yeahs: Karen O sigue marcando la ruta de este trío neoyorquino que navega entre el punk y, con mayor énfasis en esta cuarta producción, una electrónica que busca potenciar la esencia roquera de las canciones, no exentas de un dejo de sensibilidad femenina que ahora opta más por la armonía que por la fiereza, sin que sean excluyentes.
13. Right Thoughts Right Words Right Action de Franz Ferdinand: tras cuatro años, los escoceses lidereados por Alex Kapranos están de vuelta con su cuarta producción, en la que aparecen con una renovada energía que contagia nuestros pensamientos, palabras y acciones para seguir con la rítmica celebración nocturna que había quedado pendiente, guitarra inagotable en mano.
14. Antiphon de Midlake: cual cántico místico que antecede o procede de la palabra, este grupo de Texas se sobrepuso a la salida de su líder y entregó un brillante cuarto álbum, volteando hacia la vertiente suave del rock setentero pero con ciertos toques de psicodelia y letras que admiten interpretaciones abiertas.
15. Comedown Machine de The Strokes: la banda neoyorquina conducida por Julian Casablancas mantiene la esencia rockera pero busca territorios nuevos, como se advierte en su quinto álbum confeccionado a partir de teclados integrados a guitarras serpenteantes, con una inventiva melódica que los mantiene en la línea evolutiva de su imprescindible debut a principios de siglo.
16. Bankrupt! de Phoenix: en su quinta entrega, la juguetona electrónica de estos franceses se regodea en canciones pop que nos envuelven sin rupturas ni miramientos, como si nos paseáramos por Versalles en una fiesta atemporal llena de moda, fama y excesos sin perder la compostura.
17. Corsicana Lemonade de White Denim: el trío de Austin, con la ayuda de Jeff Tweedy de Wilco, plantea en su quinta incursión un zambullido a un rock de raíces conservando discretas tesituras provenientes del punk clásico, con un sabor irresistiblemente retro que incluye guitarras adiposas e instrumentaciones saturadas.
18. Floating Coffin de Thee Oh Sees: en este séptimo LP del proyecto-vehículo de John Dwyers, abundan la distorsión y los cambios de velocidad envolventes, cargados de energía y densidad; el rock en su expresión maciza con toques de exploración y contundencia, dejando la característica psicodelia como soporte para entender que la muerte también puede flotar.
19. Holy Fire de Foals: los de Oxford proponen en su tercer lance una intersección entre los sonidos que te invitan a moverte y los que te emocionan por su tono épico, cual fuego sagrado que solo se puede portar mientras las instrumentaciones suben de intensidad, sin caer en facilismos y profundizando en las interacciones con el escucha.
20. Evil Firends de Portugal. The Man: el proyecto paralelo del guitarrista John Gurley junto al vocal Zach Carothers entre Alaska y Portland, nos regala en su séptimo disco oficial un derroche de entrega guitarrera con la acostumbrada cuota de psicodelia y, por supuesto, una rítmica contagiante cortesía del colmilludo productor Danger Mouse, cual malicioso amigo cómplice.

Iniciadores y continuadores en esta entrega por los discos que transitaron por nuestras orejas; como en el caso de las anteriores partes, en el orden del gusto de quien esto escribe.

…VIEJOS LOS CERROS
1. The Next Day de David Bowie: fue su año, no nada más por este regreso después de un largo silencio, sino por la trascendencia que se advierte de su obra en varios de los discos acá comentados; recordando los berlinescos setentas, se pregunta dónde estamos y se asoma a un futuro inmediato, el del día siguiente. Mi favorito.
2. New de Paul McCartney: uno de los compositores clave en la historia de la música regresa con el talento melódico bien afilado, ahora soportado por instrumentaciones vigorosas que en conjunto redondean un de sus mejores discos en su etapa post-Beatle-Wings. En efecto, la innovación parece no tener final.
3. Man & Myth de Roy Harper: con todo y elusivos cuernos reflejando que el diablo sabe más por viejo, el reciente álbum de este veterano folkrocker de Manchester es un dechado de talento compositivo con un equilibrio notable entre la sensibilidad y la intensidad, acaso descubriendo la cara mítica del ser humano.
4. My Favorite Picture of You de Guy Clark: este setentón derrocha sabiduría a través de las canciones de este hermoso, profundo e intense álbum confeccionado con el sello country de la casa; la reciente muerte de su esposa queda homenajeada con esa foto y esta obra maestra.
5. Electric de Richard Thompson: el ex de Fairport Convention confirma su buena racha con esta obra cuyo título define su orientación, aunque no la delimita; siguen las canciones de tonalidad variopintas que van del rock al folk y de ahí al country, con la consabida confección lírica.
6. The Diving Board de Elton John: con el baluarte letrístico del viejo cómplice Bernie Taupin y asiéndose al piano como el refugio habitual, el hombre que se despidió del camino amarillo sigue obsequiándonos cortes memorables, sin hacer fama y echarse a dormir, sino al contrario.
7. Tooth & Nail de Billy Bragg: el londinense de amplia conciencia social y políticamente expresivo, regresa después de cinco años para entregar esta obra que si bien retoma el folk tradicional, busca plantear las preocupaciones actuales del autor acerca del convulso mundo actual.
8. Love from London de Robyn Hitchcock: el consistente cantautor británico sigue entregando piezas de jugoso contenido psicodélico y aquí, en tono lúdico, nos manda un mensaje desde la capital inglesa para desplegar su buena vibra; sus cualidades musicales, mejorando con el tiempo.
9. 13 de Black Sabbath: los viejos metaleros, promotores esenciales del género, no podían dejar pasar la oportunidad de grabar un disco con número esotérico en el que ponen una vez más sus oscuras habilidades para acometer las canciones con la enjundia de quienes apenas empiezan.
10. Wrote a Song For Everyone de John Fogerty: un conjunto de clásicos de CCR reinterpretados por su creador en compañía de otros cantantes que acometen las versiones con la confianza brindada, dando como resultado un viaje al pasado que no tiene desperdicio.
11. American Ride de Willie Nile: el oriundo de Bufalo nos invita a un recorrido por las texturas estadounidenses, erigiéndose como un conductor de lujo que parece sabérselas de todas, todas, entre toques de country, rock y pop.
12. The Las Ship de Sting: después de estar involucrado en discos de música antigua y hacer una gira con The Police, el exprofesor de historia regresa a la composición propia para navegar en esta nueva embarcación de pop jazzeado que, esperemos, no sea el último.
13. Ready to Die de Iggy and the Stooges: el viejo Pop no se cansa y menos cuando a su lado tiene a los míticos Stooges, acá rockeando como si fuera la primera vez, aunque declarando que están listos para lo inevitable.
14. Old Yellow Moon de Emmylou Harris & Rodney Crowell: la histórica cantante country ahora comparte créditos con quien fuera el guitarrista y cantante de soporte en su banda, por lo que los duetos se escuchan naturales y armonizados, dada la compenetración entre ambos.
15. Now What?! de Deep Purple: y ahora ¿qué procede?… seguir entrándole a los riffs y a las atmósferas de espesura rocanrolera, tal como lo hacen en esta nueva entrega con alineación de antaño y mucha energía por desplegar; de la duda no queda más que la admiración.
16. Time de Rod Stewart: después de andar de crooner versionando aquí y allá y cantando piezas navideñas, el londinense vuelve a las canciones propias con su habitual candidez para la melodía y su indiscutible presencia para transitar por el tiempo sin despeinarse.

LOS HEREDEROS
1. Dream River de Bill Callahan: ocho canciones que transcurren de manera pausada como las estaciones del año, con la vocal limpia y grave que se cobija de instrumentaciones tanto discretas como revolventes, aunque siempre dentro de los márgenes de un río de proporciones oníricas. Una joya.
2. Pale Green Ghosts de John Grant: el compositor de Michigan entrega su segunda obra solista con aditamentos electrónicos, persiguiendo la melodía confesional y dejando libres los fantasmas que pudieran habitar en algún lugar recóndito de sus recuerdos.
3. The Graceless Age de John Murry: el brío de la vocal y las finas composiciones envueltas en una estética de country alternativo cercano al folk, hacen de esta segunda entrega del de Tupelo, una obra en estado de gracia, aunque las edades atenten contra su conservación.
4. Impossible Truth de William Tyler: el guitarrista de Nasvhille ha tocado con Lambchop y Bonnie Prince Billy, por poner dos ejemplos notables; su segunda obra en solitario, a través de sus ocho cortes, remite a tiempos pasados y geografías próximas con ese rockfolk de creciente intensidad.
5. Big Wheel and Others de Cass McCombs: con ecos country, rítmica sesentera y hasta destellos bluseros y jazzeros, la voz cálida y la guitarra en diversas facetas según la ambientación deseada, se conjuntan para crear canciones que transpiran cadencia cautivadora.
6. Big Inner de Matthew E. White: con base en la idea del collage genérico, el de Virginia se muestra con una languidez expresada en la vocal, cobijada por una austera instrumentación que de pronto abre espacios para coros distantes aromatizados por algún espíritu del sur.
Grupos y solistas consolidados que iniciaron en los 80´s o 90´s del siglo pasado y que a pesar de la trayectoria construida, siguen en la ruta de la (re)creación, entregando grandes álbumes; más o menos en el orden de mi gusto.
1. Random Acces Memories de Daft Punk: el encasquetado dueto francés se alía con Nile Rodgers y Giorgio Moroder para invitarnos a un fascinante viaje por sonidos bailables que beben de la tradición setentera y ochentera, con el justo toque de actualidad e innovación que potencia nuestro disco duro.
2. Tomorrow´s Harvest de Boards of Canada: rompiendo una pausa de ocho años, el dúo escocés vuelve para mostrarnos un mundo frío y cercano al colapso donde, no obstante, existe un mañana en el que se podrán cosechar sonidos esperanzadores, creados cual fino trabajo de orfebrería electrónica.
3. The Inivisible Way de Low: con la producción de Jeff Tweedy (Wilco), el trío de Duluth recorre con su sentida parsimonia, enclavada en el slowcore, un camino que parecería oculto para nosotros, revelado poco a poco con una melancólica guitarra que comparte añoranza con las vocales.
4. Electric de Pet Shop Boys: con su mejor disco en quince años, el vital dueto inglés nos comparte lo que mejor sabe hacer, entre melodías memorables, ritmos contagiantes y presencia arquetípica; su synthpop se sigue actualizando de manera sorprendente, cual corriente eléctrica inagotable.
5. Fade de Yo La Tengo: el creativo matrimonio coloca un mayor protagonismo en las cuerdas y los teclados de aroma sesentero, sin descuidar el consabido aderezo experimental con esos inesperados cambios de enfoque y una aparente parsimonia que se ve amenazada por la guitarra.
6. m b v de My Bloody Valentine: a principios de los noventa redefinieron el significado del ruido para el pop y desaparecieron; ahora vuelven para confirmar lo dicho a casi 25 años, con canciones cocinadas a fuego lento que mantienen la intimidad explosiva. Disco del año para Uncut.
7. Desire Lines de Camera Obscura: pop confeccionado con brillantez compositiva dentro de la tradición independiente y letras que recorren una diversidad de estados anímicos, cortesía del quinteto de Glasgow en plena madurez artística.
8. More Light de Primal Scream: cual grito primigenio anunciando la presencia de una vertiente más iluminadora, los escoceses plantean un rock bien condimentando con toques de oscuridad que quieren rendirse ante el poder seductivo del ritmo cadencioso y voces serpenteantes.
9. Kveikur de Sigur Rós: en su séptimo álbum, los islandeses construyen el reconocible hábitat brumoso bajo cero, con vocales fantasmales y contundencia instrumental que por momentos transforma la tristeza en tensión proveniente de las estructuras brindadas por el postrock.
10. Hesitation Marks de Nine Inch Nails: después de cinco años, con una inquietante combinación de atmósferas oscuras y lances más luminosos, se asoma un nuevo disco del proyecto principal del hiperactivo Trent Reznor, quien también realizó el intrincado Welcome Oblivion con How To Destroy the Angels, banda formada junto al viejo colaborador Atticus Ross y Mariqueen Maandig.
11. Lightning Bolt de Pearl Jam: en su décima entrega, los sobrevivientes del grunge ya trascendiéndolo, juegan con imaginativos cambios de velocidad a partir del acostumbrado corazón palpitando intensidad, ahora atravesado por un rayo en plena tormenta.
12. Crimson/Red de Prefab Sprout: ya desde mediados de los ochenta, estos ingleses se han instalado en el pop con tintes diversos que van del jazz al soul y al new wave; como se puede advertir, conservan la intuición melódica necesaria y la capacidad de reinventarse.
13. The Terror de The Flaming Lips: entre lances electrónicos bañados en un punk sicodélico, los comandados por Wayne Coyne construyen una narrativa oscura pasada por ácido; después de 25 años de andar buscando el lado surrealista de la luna, ahora se asoman a su contraparte.
14. Rewind the Film de Manic Street Preachers: estos maniáticos predicadores siguen soltando buenas nuevas a diestra y siniestra, como si de una película muchas veces vista se tratara, pero a la que cada vez le encuentras nuevos y fascinantes detalles.
15. Bloodsports de The London Suede: después de diez años regresan con la emoción romántica intacta, desplegada por un sonido identificado como brit-pop con ecos de glam revestidos de una oscura elegancia, cual cacería en la que siempre surge la tensión entre la vida y la muerte.
16. Delta Machine de Depeche Mode: el ya longevo trío de Essex sigue sobreviviendo a sus propios demonios y entrándole con plena convicción a su reconocible estilo, tal como se destila en estos trece cortes de su 13º. álbum, mismo que se escucha cohesionado e impecablemente producido.
17. False Idols de Tricky: la décima obra de uno de los músicos clave de los noventa, se encuentra muy bien cobijada por las vocalistas invitadas, cuyas aportaciones se integran nítidamente a las reptantes instrumentaciones electrónicas, como para un viaje nocturno por Bristol.
18. Seasons of Your Day de Mazzy Star: en este regreso después de su anterior álbum publicado en 1996, identificamos el estilo caracterizado por una psicodelia en penumbras, ahora con tesituras country, mientras la ensoñadora voz de Hope Sandoval dialoga con la guitarra de David Roback.
19. Innocents de Moby: continuando en la línea de una electrónica pausada con abundancia de emociones, este disco parece querer compartir la intimidad de un artista que ha optado por el ambient como forma expresiva, aunque incorporando invitados de lujo en las vocales.
20. English Electric de OMD: las maniobras orquestales en la oscuridad siguen proporcionando electricidad a su tierra en este confirmado regreso, a través del cual parecen poner a bailar a un geométrico robot enamoradizo que carga con toda la tradición del synthpop.
21. Wonderful, Glorious de Eels: con mayor trabajo de equipo, el décimo álbum de los angelinos transcurre en forma más optimista de lo habitual, con instrumentaciones copiosas entre las que se abre paso una vocal de corte blusera buscando alguna maravilla escondida en la gloria.
22. Understated de Edwyn Collins: muestra de la plena recuperación física y vehículo expresivo para compartir pensamientos y sentimientos, esta obra del ex líder de Orange Juice navega entre géneros sin perder el rumbo, con metales, teclados y rítmica de contrapunteo refrescante.
23. Dream Theater de Dream Theater: disco ídem confeccionado a buena velocidad, como si se tratara de un sueño vertiginoso en un escenario donde se encuentra el acostumbrado virtuosismo instrumental, desplegado en una producción tan precisa como grandilocuente.
24. Forever Endeavour de Ron Sexsmith: el cantautor de Ontario ha desarrollado un currículo tan impecable como discreto, tal como las canciones que integran este álbum, llenas de sensibilidad folk e intimismo vivaz que nos refieren al hogar no exento de soledades y momentos reflexivos.
25. Where You Stand de Travis: el séptimo disco de los escoceses busca ampliar los referentes pop que los han distinguido y, sin perder su esencia melódica, plantean ciertos cambios de ritmo y estructura basados en la accesibilidad como bandera orgullosamente ondulante.

El aporte femenino sigue siendo fundamental para la música, tal como se deja escuchar en estos álbumes de sentimentalidades múltiples y géneros diversos; otra vez, más o menos en orden de gusto personal, 27 ejemplos de cómo las mujeres hacen de este mundo, un lugar más emocionante para vivir.

1. Loud City Song de Julia Holter: retomando la novela Gigi de Collete –convertida en famosa película- el tercer álbum de la angelina es una mirada profunda sobre la celebridad, el mundo citadino y la fama, con elementos prestados de la música clásica contemporánea y una paleta sonora de exquisita y brillante exploración avant-garde.
2. Once I Was an Eagle de Laura Marling: a esta inglesa se le ha comparado, justamente, con la gran Joni Mitchell; basta escuchar su discografía y en especial esta joya de intensidades bifurcadas, que hunde sus notas en tradiciones folk con poderoso sentido de la innovación para volar por lo alto.
3. Nepenthe de Julianna Barwick: como la planta mitológica que ayuda contra la pena y el dolor, el tercer disco de esta mujer con voz que parece bajar del cielo, nos integra a un ecosistema de etérea configuración creado con suavidad electrónica; mejor que cualquier antidepresivo.
4. The Worse Things Get, the Harder I Fight, the Harder I Fight, The More I Love You de Neko Case: la de Virgina nos regala un album dentro de los márgenes del country alternativo que rezuma pasión no solo en la notable vocalización, sino en cada una de las exaltadas composiciones, porque el amor es un campo de fuertes batallas, sobre todo cuando la cosa está que arde.
5. Tales of Us de Goldfrapp: en su sexto disco, el dueto de Alison Goldfrapp y Will Gregory’s se presenta en tono confesional para contarnos algunas historias de nosotros, a través de calmadas y creativas composiciones labradas cual fino trabajo de electrónica orfebrería en clave intimista.
6. Warp and Weft de Laura Veirs: belleza melódica en la tradición americana se desprenden de este puñado de canciones relacionadas con la maternidad y sus implicaciones, la inspiración artística y el milagro de la vida, interpretadas por un reparto de lujo que cobijan a la guitarra de la autora.
7. One True Vine de Mavis Staples: la veterana cantante de Chicago nos regala algunos covers y canciones originales con la solvencia vocal que la caracteriza, apoyada por coros respetuosos y una cauta instrumentación con invitados al nivel de las circunstancias. ¡Aleluya!
8. Chance of Rain de Laurel Halo: la joven más connotada de la escena electrónica nos anuncia posibilidad de lluvia vía una electrónica rocosa, sin demasiado espacio para el respiro y que por momentos parece sumergirse en aguas subterráneas siguiendo patrones inasibles.
9. Hearthtrob de Tegan and Sara: las gemelas canadienses le pusieron un poco de beat electrónico a su propuesta habitual más centrada en el folk y el resultado termina por ser una delicia, como para animar hasta a los menos aptos para levantarse del asiento.
10. The Stand–In de Caitlin Rose: en principio atrapa la fina confección de melodías pronto asequibles, para después terminar convenciendo por cómo las canciones, estructuradas a partir de una equilibrada mezcla entre el country alternativo y la lógica pop, se quedan en la memoria auditiva.
11. Beautiful Africa de Rokia Traoré: el quinto disco de esta maliense universal es un sentido canto a la integración de tierras a partir del reconocimiento de la belleza del otro, en este caso, del continente de donde todos venimos; imbricación de tradición musical con tendencias globales.
12. American Kid de Patty Griffin: heredando toda una tradición musical casera, esta cantante estadounidense nos guía de inmediato, como si fuéramos unos pequeños con el territorio por descubrir, por el EU profundo, vía canciones que revisitan los géneros que ahí se cocinaron.
13. Mug Museum de Cate Le Bon: con un delicioso y evocativo toque retro, la cantante de Cardiff nos regala, en su tercera apuesta, un conjunto de canciones que buscan ensanchar referentes genéricos con un enfoque poético que nos devuelve a una realidad al fin reconstruida.
14. Personal Record de Eleanor Friedberg: la mitad del dúo The Fiery Furnaces entrega un segundo disco plagado de un pop reposado, rítmicamente accesible y con ecos setenteros –flautas y guitarras-, mostrando capacidad para compartir experiencias cercanas y para la intersección compositiva.
15. The Electric Lady de Janelle Monáe: con invitados que hacen honor a la ambición de la segunda propuesta de esta dama cargada de energía, transcurren la cuarta y la quinta suite que, a su vez, se dividen en canciones destilando negritud y electricidad imposible de resistir.
16. Matangi de M.I.A.: la inglesa de origen esrilanqués, ahora enfrentando a la fama, vuelve a lo suyo con recitaciones contundentes, descargas de tensión eléctrica y golpes armónicos que parecen provenir de la mismísima divinidad a la que hace referencia en título.
17. Silence Yourself de Savages: en la vertiente de colocar la agresión como instinto de sobrevivencia, estas rabiosas debutantes nos plantean una sugerencia en clave decidida para tomar conciencia de nuestro alrededor; la cara salvaje de la feminidad, tan atrayente como absorbente.
18. Like a Rose de Ashley Monroe: detrás de la aparente inocencia de esta veinteañera de Kentucky con paraguas en mano y mirada tierna, se puede identificar a una mujer que ha vivido y que sabe de raíces como el honky tonk entre acordeón, teclados, guitarras, violines y base rítmica ad hoc.
19. One Breath de Anna Calvi: en efecto, te puede dejar con solo un aliento para escuchar su segundo opus, siguiendo la línea trazada por su antecesor; aquí hay una elegancia que puede parecer melancólica pero que quizá termine por resultar hipnótica, salvo por el ruidismo ocasional.
20. Wed 21 de Juana Molina: esta cincuentona bonaerense está de regreso con una intrincada telaraña instrumental de corte lúdico-electrónico que sirve de sustento a unas vocalizaciones referidas a osos de la guarda, bichos, ratas, ferocidades y ciertos lamentos pero con final feliz.
21. Beyoncé de Beyoncé: justo cuando el año estaba por concluir, la diva del R&B más conocida de la comarca sorprendió a todos con un disco ídem a libro abierto, con una producción impecable y un enfoque personal que se desliza por las estructuras sonoras de indudable negritud.
22. Days Are Gone de Haim: el trio de hermanas de Los Ángeles debutan con la mira bien enfocada, construyendo un pop que distingue y combina influencias de las músicas negras y de algún espíritu ochentero, con Fleetwood Mac como figura tutelar; para recibir el sol californiano sin presión.
23. Cerulean Salt de Waxahatchee: en su segundo lance, la cantante de Filadelfia Katie Crutchfield conserva el espíritu punk, pero ahora lo envuelve en canciones más acabadas que acaban siendo de una franqueza desarmante, en particular cuando se acompaña de su guitarra acústica.
24. Innocence is Kinky de Jenny Hval: con una franqueza que se expresa en la apertura de ideas políticas, sexuales y vitales en general, esta joven noruega le pone fuego al hielo que la rodea con una voz que se acerca y toma distancia, apoyada en un maleable soporte electrónico.
25. Night Time, My Time de Sky Ferreira: influencias femeninas reconocibles en voz y actitud, transitando sobre un tapiz de electrónica sucia, mientras las guitarras juegan con cierta disonancia, como si se tratara de una salida nocturna pop en algún año perdido de los ochenta.
26. Avalanche de Quadron: el R&B encuentra frescura y progresión en el segundo opus de este dúo danés, integrado por Robin Hannibal y la vocalista Coco O. de registro amplio y limpia tesitura, alcanzando ampliar miradas que incluyen un caluroso soul y ciertos dejos folk.
27. Same Trailer Different Park de Kacey Musgraves: country-pop con historias propias de los jóvenes que andan en la tercera década de vida, narradas como si se hubieran vivido en carne propia con cuidada producción y precisa instrumentación.

Un recorrido por un par de géneros muy en boga y algunos de los debuts que más promesas desprendieron en quien esto escribe.

ELECTRÓNICA

1. Shaking the Habitual de The Knife: el cuarto disco de los hermanos de Estocolmo busca derroteros más allá de los explorados, tal como lo señala el título, en formas de abstracción que se concretizan en cortes motivadores para sacudirnos la zona de confort. Toda una aventura.
2. Virgins de Tim Hecker: nacido en Vancouver y desarrollado en Montreal, este músico-productor no deja de innovar, como se muestra en su séptimo álbum desplegado a partir de fuentes diversas que trascienden la electrónica pura para crear un collage de texturas hipnóticas.
3. Exai de Autechre: el dueto inglés vuelve a plantear un desafío a través de sus intrincadas estructuras digitales, tan desconcertantes como apasionantes, siempre y cuando uno acepte entrar a unas lógicas musicales tan distintas como atrayentes.
4. Immunity de Jon Hopkins: las reiteraciones y la contenida mezcla van haciendo mella en las orejas al fin rendidas con la presencia del patriarca Brian Eno; una obra que implica una evolución de una de las figuras clave de la escena electrónica de nuestros días.
5. R Plus Seven de Oneohtrix Point Never: el proyecto de Daniel Lopatin, originario de Brooklyn, nos remite de inmediato a la estética tecladista de tiempos pasados que se resisten al olvido, aderezada por efectos sonoros que le brindan un halo imperecedero.
6. Berberian Sound Studio de Broadcast: el quinto álbum de la banda inglesa nos provoca una inmersión en una película de horror setentera italiana, en la que de pronto nos convertimos en protagonistas involuntarios y de la cual, al parecer, no podemos escapar.
7. The Inheritors de James Holden: el de Essex sigue hacienda lo que le gusta, combinando una propuesta casi minimalista con acordes que se escapan hacia mundo más asequibles, tratando de encontrar las notas para que el escucha se involucre en un trance cómplice.

DEBUTS

1. Pure Heroin de Lorde: canciones que huelen al espíritu adolescente en tono contenido con instrumental electrónico de orientación melódica; la joven neozelandesa admite comparaciones pero se distingue pronto dada su habilidad para convertir sus obsesiones en piezas ensoñadoras.
2. Light Up Gold de Parquet Courts: desenfado, velocidad y mucha vitalidad nos regalan los de Brooklyn, como para recordarnos que el punk y el género llamado americana pueden tener un feliz maridaje.
3. Acid Rap de Chance the Rapper: el de Chicago se presenta con un álbum de extrema fluidez, integrando sabores jazzeros y del R&B a las rimas y recurriendo al acervo musical de su tierra para sorprender a extraños, como su rostro en la portada, y ser bien recibido por los propios.
4. The Bones of What You Believe de Chvrches: pop en estado puro armado con base en sintetizadores y una voz en femenino de adolescencias clavadas; el trío de Glasgow muestra una precoz capacidad para la melodía pegajosa, sin caer en simplismos.
5. Doris de Earl Sweatshirt: el rapero angelino de 19 años miembro del colectivo OFWGKTA realiza su primer largo con entre toques de horror y verbalizaciones de sólida sintaxis, soportadas por una estructura de beats que transitan de manera pausada.
6. Settle de Disclosure: estos hermanos británicos, a pesar de su juventud, nos ponen a bailar a pesar de nuestras resistencias con todo un tinglado de canciones que remiten a tiempos pasados cuidadosamente actualizados, como si el ambiente disco nunca se hubiera ido.
7. Big Inner de Matthew E White: como si de pronto nos llevaran a los años setenta, este cantautor no se conforma con el sonido soft estadounidense de aquellos años, sino bucea en ciertos ritmos tropicales para entregarnos un álbum de nostalgia absoluta.
8. Factory Floor de Factory Floor: como tarjeta de presentación, parece bastante clara en cuanto a sus intenciones musicales, sobre todo cuando combinan una tendencia dance con un discreto industrialismo robótico, siempre cautivante. La pista de baile es de quien la trabaja.

HIP-HOP

1. Yeezus de Kanye West: intrincando y pretencioso, político y sexual, arriesgado y absorbente; el hipopero más importante de la actualidad entra al terreno de la electrónica para samplear sin recato, gritar sin miedo, recitar sin respiro. El disco con más presencia en las listas de la crítica especializada.
2. Old de Danny Brown: este gran rimador de Detroit, de agudo sentido del humor, cronista social y sobreviviente del mundo de las drogas, entrega una obra de grandes alcances en todos sentidos, tanto musicales como letrísticos. Una aventura de la palabra en formato rapero.
3. Run the Jewels de Run the Jewels: el súper dueto integrado por El-P y Killer Mike entrega un disco que parece provenir de algún confín galáctico pero con la mira puesta en la crítica política y en la confección de poderosos cortes llenos de rimas implacables.
4. Born Sinner de J. Cole: el nacido en Alemania y criado en Carolina del Norte con la tutela musical de Jay-Z, entrega en su segundo disco una suerte de puesta en escena en la que comparte asuntos personales, que incluye a varios nombres conocidos, con una narrativa por completo explícita.
5. Nothing Was the Same de Drake: en su tercer disco, el de Toronto sigue navegando entre el R&B y el Hip-Hop de carácter intimista, ahora refiriendo a cuestiones familiares y relacionadas con la fama; la presencia del clan Wu-Tang se integra como influencia inevitable.
6. My Name is My Name de Pusha T: del Bronx para el mundo de asfalto, confirmando identidades y construyendo un nombre propio que se codea con una pléyade de ilustres invitados; mientras tanto, los sonidos electrónicos y la edición contundente hacen su parte.
7. Magna Carta… Holy Grail de Jay-Z: ya convertido en una institución del género, el también productor continúa con el pulso firme y el colmillo afilado para el sampleo, acá reflexionando sobre la pobreza y la riqueza con el aporte de Justin Timberlake, Timbaland y demás miembros del clan.
Para terminar con el recorrido de los discos del año (faltan los de jazz para una siguiente entrega), proponemos una lista de 60 discos que bien valen la pena escuchar, ya sea de nombres conocidos o de artistas que se desarrollan en los márgenes de las estaciones radiales y las disqueras conocidas. Ya sabemos que el reconocimiento puede ser un asunto circunstancial y que más allá de imágenes y famas, lo que al final queda es la música, independientemente de lo “comercial” o “alternativo” que se le considere.

INTENSIDADES

A partir de estructuras propias del metal en sus cada vez más amplias ramificaciones, del hard en sus vertientes y del punk clásico, se desprenden sonidos que nos remiten a parajes de incertidumbre con diferentes velocidades, ya sea con la lógica del vértigo o con la de una angustiosa, espesa y doliente parsimonia, que profundiza las sensaciones ahí donde la belleza es lo más oscuro: entre que no somos nada y que estamos llamados a la eternidad, a pesar de que en el cielo puede no escucharse nada o encontrarnos con alguna perla mística.

• Sunbather de Deafheaven
• Your Nothing de Iceage
• Honeys de Pissed Jeans
• No Answer : Lower Floors de Wolf Eyes
• Lesser Evil de Doldrums
• You Are Eternity de Dadub
• Sky Burial de Inter Arma
• The Blackest Beautiful de Letlive
• Pearl Mystic de Hookworms
• Altered State de Tesseract

OTROS DE ELECTRÓNICA

Aprovechando las posibilidades tecnológicas para potenciar sus talentos compositivos y de edición, le dan vida propia a los sonidos digitales combinándolos con episodios análogos para edificar, cual arquitectos auditivos, diversos complejos que entremezclan la riqueza de subgéneros que conforman el mundo de la electrónica. Viajes mentales que crecen hacia los alto o se sumergen en las raíces de un mundo mágico por cercano.

• Cupid´s Head de The Field
• Traditional Music of Notional Species Vol. I de Rashad Becker
• Psychic de Darkside
• Overgrown de James Blake
• Excavation de The Haxan Cloak
• We Are the 21st. Century Ambassadors of the Peace & Magic de Foxygen
• The Marriage of True Minds de Matmos
• Rival Dealer de Burial
• Krieg Un Friedden (Music for Theater) de Apparat
• Amygdala de DJ Koze
• Thriller de !!!

EN SOLITARIO

Ya sea que pertenezcan a un grupo reconocido o que hayan labrado su canto por su cuenta, colocan el sentimiento por delante para desplegar sus canciones en las estructuras de sus estilos, cual formas que les permiten explorar alternativas tanto letrísticas como musicales. Hay veteranos que apenas inician, jóvenes que parecieran tener gran experiencias y aventureros que han decidido lanzarse al campo sin mayor protección que su propio nombre y, desde luego, sus talentos artísticos.

• Wakin on a Pretty Daze de Kurt Vile
• Victim of Love de Brad Charles Bradley
• Monkey Mind in the Devil´s Time de Steve Mason
• A Wonder Working Stone de Alasdair Roberts & Friends
• Mark Kozelec & Desertshore de Mark Kozelec
• Southeastern de Jason Isbell
• Regions of Light and Sound of God de Jim James
• The Messenger de Johnny Marr
• My Garden State de Glenn Jones
• Division Street de Harper Simon
• The Beast In Its Tracks de Josh Ritter
• Mala de Devendra Banhart
• The Raven that Refuse to Sing and Another Stories de Steven Wilson

TRAYECTORIA EN CONSTRUCCIÓN

Grupos y solistas que debutaron este año o bien andan en su segundo o tercer lance discográfico, convirtiéndose en promesa sólida para los años que vienen. Vamos desde coros electrificados de R&B con yuxtaposiciones vocales, hasta cajas de ritmos y teclados que van abriendo camino a las notas llenas de frescura, pasando por sabores country, pop, psicodelia y rock en su expresión universal.

• Nomad de Bombino
• II de Unknown Mortal Orchestra
• Anything In Return de Toro y Moi
• Engravings de Forest Swords
• Haw de Hiss Golden Messengers
• MGMT de MGMT
• Sing To The Moon de Laura Mvula
• Long Island de Endless Boogie
• The Civil Wars de The Civil Wars
• Paracosm de Washed Out
• Big TV de White Lies
• Anxiety de Autre Ne Veut
• Hummingbird de Local Natives
• {Awayland} de Villagers
• Praxis Make Perfect de Neon Neon

CAMINO ANDADO

Ya con una trayectoria a cuestas, continúan proponiendo novedades para expresar sus propias transformaciones y sus permanentes procesos de actualización: desde grandes nombres hasta grupos que se han mantenido constantes, un poco de manera callada, dentro del circuito. Andan en su cuarto disco, por lo menos, o bien ya llevan varios años sonando sin descanso, aunque se reúnan por primera vez como grupo.

• Wise Up Ghost de Elvis Costello & The Roots
• Push the Sky Away de Nick Cave & The Bad Seeds
• B-Room de Dr.Dog
• Maggie and the Dandelion de The Avett Brothers
• Amok de Atoms For Peace
• Lousy with Sylvianbriar de Of Montreal
• The Marshall Mathers LP 2 de Eminem
• The 20/20 Experience de Justin Timberlake
• Paramore de Paramore
• An Object de No Age
• Specter At the Feast de Black Rebel Motorcycle Club

DISCOS DE 1963: CINCUENTA AÑOS Y GIRANDO (SEGUNDA PARTE)

22 diciembre 2013

A la memoria de mi padre José Manuel (1931-2013),
quien me enseñó desde pequeño a disfrutar la síncopa de la vida.

JAZZ CON ENFOQUE COLABORATIVO
El prolífico y longevo Kenny Burrell (1931), legendario guitarrista todavía en activo y originario de la ahora endeudada Detroit, se destapó aquel año con el clásico Midnight Blue, acaso su obra más reconocida, con Lotsa Bosa Nova! y un trío de colaboraciones estampadas en Crash!, junto a Jack McDuff (1926-2001); Blue Bash! junto al inquieto organista Jimmy Smith (1928-2005), a quien le devolvió el favor participando en su dinámica obra Back at the Kitchen Shack; y Kenny Burrel & John Coltrane, lucidora participación con uno de los gigantes del saxofón, quien también se apuntó con John Coltrane and Johnny Hartman, vocalista barítono.
El propio John Coltrane (1926-1967), como para aprovechar al máximo su momento creativo, produjo Live at Birdland, uno de los grandes discos en vivo de la década junto a Ugetsu de Art Blakey’s Jazz Messengers (1919-1990), mostrando notable capacidad de improvisación y grabado en el mismo recinto con la participación del aún activo Wayne Shorter (1933) y de Freddie Hubbard (1938-2008), quien firmó por su parte Body & The Soul, justo moviéndose en estas dos dimensiones humanas. Y hablando de trompetistas privilegiadas, imposible obviar al más grande de todos: Miles Davis (1926-1991), quien nos llevó muy cerca del paraíso con Seven Steps to Heaven, donde ahora sabemos que los sonidos de la trompeta pueden ser hipnóticos.
La inolvidable Ella Fitzgerald (1917-1996) seguía mostrando poderío vocal en Sings the Jerome Kern Song Book y junto a su viejo amigo Count Basie (1904-1984) estampó Ella and Basie! con toda la admiración que esta pareja sigue produciendo. Sara Vaughan (1924-1990) levantó la mano con el sentido Sarah Sings Soulfully, confirmando su sobrenombre que la elevaba al rango de las divinidades.
Con cuarteto de lujo, el pianista Andrew Hill (1937-2007) nos obsequió el incombustible Black Fire, alimentado con derroche de inventiva armónica e impecable ejecución. Por su parte, el trompetista de Detroit Donald Byrd (1932-2013) presentó el restaurador A New Perspective, con deliciosos juegos vocales de alcance coral acompañados de colorida instrumentación, cortesía de un septeto poblado por nombres ilustres. El trombón encontró en Grachan Moncur III (1937), a uno de sus más versátiles intérpretes, un fluido vehículo de expresión como se advierte en Evolution, título preciso para definir el contenido.
El guitarrista Grant Green (1935-1979), destilando elegancia en Idle Moments, uno de sus mejores discos, se deslizó con suave rítmica alimentada por el vibráfono de Bobby Hutcherson (1941) y el saxofón de Joe Henderson (1937-2001), quien a su vez entregó el clásico Page One. Otro disco clave con el sax por delante fue Our Man in Paris, confirmando la distinción de Dexter Gordon (1923-1990) y, de paso, la globalidad del jazz. Ampliando horizontes para el Hard-Bop, el excelso trompetista Lee Morgan (1938-1972) compartió su clásico The Sidewinder, de imprescindible presencia en toda colección jazzera que se precie.
Charles MingusFue uno de los años de Charles Mingus (1922-1979) y sus incursiones en el avant-garde, a partir del atrevido, personalísimo y conceptual The Black Saint and the Sinner Lady, convertido en uno de los álbumes imprescindibles de la década y del revisionista Mingus, Mingus, Mingus, Mingus, Mingus, en el que el bajista nacido en Arizona y fallecido en Cuernavaca, vuelve sobre su obra con una diferente y apasionante perspectiva. Bill Evans (1929-1980) en plan reflexivo propuso Conversations With Myself, ya con absoluto dominio de un estilo pianístico de intensa interpretación en forma de monólogo.
João Gilberto (1931) y Stan Getz (1927-1991) firmaron el afamado álbum Getz/Gilberto, apellidos suficientemente representativos para que el jazz y el bossa nova tuvieran un romance espléndido, apadrinado por el patriarca Antonio Carlos Jobim (1927-1994) y su disco The Composer of Desafinado, Plays. En el terreno de la música para películas, destacó Elmer Bernstein (1922-2004) con su partitura para El gran escape y Henry Mancini (1924-1994) para el filme Charade, al tiempo que el gigante Thelonious Monk (1917-1982) se dedicaba a grabar álbumes en vivo a borbotones, dejando rastro de su inagotable creatividad al momento de pisar un escenario.
Eric Dolphy (1928-1964) grabó el exploratorio y rupturista Iron Man, así como Conversations, por no dejar y el saxofón alto de Jackie McLean (1932-2006) hizo su trabajo por partida doble con los intensos Destination Out! y One Step Beyond, ya influenciado por el free jazz. El trío del excelso pianista todavía entre nosotros McCoy Tyner (1938) se expresó por medio de, entre otro álbumes, Reaching Fourth, mientras que la trompeta de Kenny Dorham (1924-1972) sobrevolaba sutil y precisa en Una Mas.
Finalmente, Sonny Stitt (1924-1982) se destapó con el saxofón grande y grabó sin parar: entre los discos que nos entregó este año, destacaron Stitt Plays Bird y Sonny Stitt & The Top Brass; el guitarrista Joe Pass (1929-1994) entregaba Catch Me, su segunda producción pero ya dueño de un estilo propio y el saxofón de Paul Desmond (1924-1977), enclavado en el cool, dialogaba con inteligencia con la guitarra invitada de Jim Hall (1930-2013) en Take Ten.

DISCOS DE 1963: CINCUENTA AÑOS DE GIRAR SIN PARAR (PRIMERA PARTE)

15 diciembre 2013

Año recordado fundamentalmente por la aparición del grupo de música popular más influyente que ha existido, por la presencia de la primera obra maestra del cantautor más importante en la historia de la música popular y por la continuación de diversos géneros que empezaban a encontrar la potencialidad del encuentro con otras propuestas, más allá de sus propia fronteras.
Un breve recorrido por algunos álbumes –principalmente del folk, rock´n’roll, soul, funk, R&B y jazz, que quedarán para la segunda parte- que cumplieron la mitad del siglo como si nada, al contrario, creciendo ante cada escucha. No son todos los que debieran pero sí constituyen una muestra suficiente para adentrarse en los sonidos de hace medio siglo.

CONOCIENDO A LOS GENIOS
Bob Dylan (1941) firmó su prematura primera obra maestra: el icónico The Freewhelin’ Bob Dylan, saturado de clásicos y con portada mil veces retomada. La poesía había aterrizado con abstracta energía en los sonidos folk ahora entonados con ecos nasales, mientras la respuesta se difuminaba en un viento soplado por una enigmática chica del país del norte, cargado de una dureza lluviosa que anunciaba, como para no pensárselo dos veces, la llegada de los maestros de la guerra: quizá una guitarra y una armónica puedan hacer que se retiren.
Por su parte, cuatro jóvenes hacían su presentación desde Liverpool: se hicieron llamar The Beatles y grabaron los álbumes Meet the Beatles y Please Please Me. La revolución había empezado, justo donde menos se esperaba: un grupo con peinados de niños buenos que parecía pensado para enloquecer jovencitas, como tantos y tantos que van y vienen sin ninguna repercusión, pronto se convertiría en la banda que trastocó para siempre la forma de crear y entender la música popular.Beatles

CONSTRUYENDO LOS GÉNEROS
Sam Cooke (1931-1964) se encargó de invitarnos a disfrutar de una noche llena de sentimiento, ritmo diverso y alma compartida, a través de Night Beat, disco esencial de la historia del soul que se da la mano con el blues, el góspel y jazz. James Brown (1933-2006) desgranó funk interminable en Live At the Apollo, muestra contundente de cómo convertir una presentación en un auténtico concierto exorcizante, y Johnny Cash (1932-2003) exudaba country con Blood, Sweat and Tears, firmado junto a The Carter Family.
The Beach Boys siguieron haciendo olas, ahora por partida triple: Surfin’ USA, Little Deuce Cope y Surfer Girl, como para no dejar de vivir las playas californianas donde todo podía pasar, como encontrarse con el clásico Bo Diddley´s Beach Party, efusiva fiesta con Bo Diddley (1928-2008) como anfitrión de lujo y ya entrados en el tema, disfrutar de la comedia hablada del gigante de la parodia Allan Sherman (1924-1973), a través del disco My son, My Nut, imprescindible para quienes se interesen en este renacido campo.
El folk tuvo su presencia con Peter, Paul & Mary, quienes también dobletearon con In the Wind y Moving, y sobre todo con el histórico concierto del mítico revivalista neoyorkino Pete Seeger (1919) capturado en Carnegie Hall Concert, We Shall Overcome, homenajeado años después por el jefe Springsteen. Por otro lado, Tony Bennett (1926) mantuvo el nivel con I Wanna Be Around… y Roy Orbison (1936-1988) colaboró con un prematuro álbum de éxitos titulado In Dreams. Apareció también Indian´s Master Musician de Ravi Shankar (1920-2012), quien se convertiría en figura muy conocida en Occidente.
Barbara Streisand realizó su disco debut, ya con sus capacidades teatrales aplicadas a la vocalización, por medio de The Barbara Streisand Album, mientras que Judy Collins (Seattle, 1939) hizo lo propio con Judy Collins 3, incluyendo una memorable versión de Masters of War de Dylan, y la organista Shirley Scott (1934-2002) con Soul Shoutin’, su obra más sentida pergeñada junto a Stanley Turrentine. La jazzera Sheila Jordan (1928) grabó Portrait of Sheila Jordan, iniciando su carrera en todo lo alto.
El disco navideño del año, y quizá de la historia, corrió por cortesía del afamado y controvertido productor Phil Spector, vía A Chistmas Gift For You From Phil Spector, con invitados diversos (The Ronettes y The Crystals, entre otros) y su famoso muro de sonido en acción. The Impressions, trío liderado por el brillante compositor Curtis Mayfield, debutó causando una muy buena ídem, no solo por los juegos de vocalización, sino por las aún recordadas composiciones como se escucha en The Impressions. Nat “King” Cole (1919-1965) deslizó con la suavidad acostumbrada su obra Those Lazy-Hazy-Crazy Days of Summer, ya en sus últimos años de vida.
El blues estuvo sentidamente representado por el reconocido John Lee Hooker (1917-2001) con el recopilatorio Don’t Turn Me From Your Door: John Lee Hooker Sings His Blues y por Lightnin’ Hopkins (1912-1982) y su Goin’ Away; el dueto integrado por Joe Venuti & Eddie Lang produjo Stringing the Blues, en una exquisita conversación entre violín y guitarra, mientras que otro dúo conocido como Jim & Jesse, grabó Bluegrass Special, música de raíces con espíritu religioso.

LOU REED: EN EL SATÉLITE DE UN DÍA PERFECTO

15 noviembre 2013

Mis hijos y yo estábamos escuchando el nuevo disco de Peter Gabriel, integrado por versiones de sus canciones interpretadas por otros artistas: el último corte del álbum es una reconstrucción inquietante de Solsbury Hill, cortesía de Lou Reed y que quizá, no lo sé de cierto, sea la última grabación del poeta convertido en rockero primigenio. Mientras les iba platicando sobre los intérpretes que participaron en la grabación del exlíder de Genesis, me preguntaron cuál era mi grupo favorito; ante la complicada pregunta de respuesta cambiante según la etapa de la vida en la que uno ande, empecé a soltar nombres, entre los cuales apareció, desde luego, The Velvet Underground.
Bajo la tutela de Andy Warhol con todo y su icónico plátano listo para pelarse despacio, firmaron junto con la gélida y enigmática Nico, The Velvet Underground (1967), acaso el debut más trascendente de la historia: no solo fue el año del Sargento Pimienta, sino también de cómo el rock descubrió una vertiente de crudeza artística, gracias a la combinación de talentos de John Cale y el propio Reed, con el apoyo de Maureen Tucker y Sterling Morrison (q.e.pd.): el poder de las flores encontraba su contraparte en la frialdad de los callejones urbanos, donde los marginados sobrevivían a sus propias adicciones y soledades perturbadoras.
Con estos niveles de intensidad, no se puede durar demasiado: vinieron puras obras maestras –White Light/White Heat (1968), The Velvet Underground (1969), Loaded (1970)- y el cuarteto se transfiguró en una impronta que permanece hasta nuestros días: la cara descarnada del rock que después tomaría muchos nombres -punk, hardcore, noise, indie, no wave- se había fusionado con las vanguardias poéticas y musicales que crecían incontenibles en el Nueva York de los sesenta. La trascendencia de la banda, incluso equiparable a la de The Beatles, sigue advirtiéndose en la forma en que cientos de grupos han bebido de sus pócimas desgarradoras, como bien lo advirtió Brian Eno en su momento.
Alcanzaron el reconocimiento años después de su desintegración, como corresponde a los grandes grupos de culto y se constituyeron como la antítesis de la complacencia, plasmando en sus letras una realidad inédita para el rock, en las que identificaron la cara rabiosamente realista de las experiencias relacionadas con la esperanza, confianza y amor: en cambio, su narrativa estaba habitada por la pérdida, la desesperación y la transgresión. Es el mundo del terciopelo subterráneo, descomponiéndose muy por debajo de la epidermis en donde cohabitan los marginados, las drogas y la muerte en sus múltiples formas.

EL LADO SALVAJE DEL SUCIO BULEVAR
Más allá del extenso anecdotario que rodea a Lou Reed está su fuerte presencia como ícono cultural, específicamente en los campos de la poesía y la música: nació el 2 de marzo de 1942 en Freeport, Long Island, en el seno de una familia clasemediera. A los 14 años grabó su primer disco (So Blue, 1957), reeditado en una recopilación pirata. Formó su primera banda en el bachillerato y empezó a dejarse influenciar por gente del tamaño del músico Ornette Coleman y del poeta Delmore Schwartz.
Después de su paso por The Velvet Underground, inició una fértil carrera en solitario con Lou Reed (1972), seguido por los extraordinarios Transfomer (1972) en el que se transfiguró en músico glam con la producción de David Bowie, y el profundamente depresivo Berlin (1973), obra maestra sobre un perverso triángulo amoroso. Predominaban los parloteos con los dientes apretados, más que los cantos a pulmón abierto; su escritura sangraba sin redención; no componía, sufría; lo suyo era más el exorcismo que la mera interpretación. Su siguiente trabajo, Rock’n’ Roll Animal (1974), se convirtió en un clásico de los setentas por el manejo de la guitarra cual arma desestabilizadora, vuelto en efecto, una bestia musitante.Lou Reed y Laurie Anderson
Vendría un periodo de altibajos con álbumes en vivo, recopilaciones y de estudio, entre los que grabó el exitoso Sally Can’t Dance (1974); el experimentalmente fallido Metal Machine Music (1975); el restaurador Coney Island Baby (1976) y el irregular Rock and Roll Heart (1976). Cerró la década con Street Hassle (1978), drama de degradación y redención, y con The Bells (1979), disco anticipatorio de los rumbos por venir. Estos años, no obstante, lo consolidaron como una de las personalidades más importantes de la escena rockera, alcanzando uno de sus sueños: ser uno de los más grandes escritores en la tierra de Dios, como él mismo lo declararía en una entrevista de 1979.
Los ochenta arrancaron con el transicional Growing Up in Public (1980), álbum que antecedió a The Blue Mask (1981), de una consistencia sorprendente y un optimismo inusual en el maestro de la corrosión: se trató de una de sus mejores obras. El impulso creativo renovado alcanzó para Legendary Hearts (1983) y New Sensations (1984). Después del fallido Mistrial (1986), apareció New York (1989), imprescindible retrato que se sumaba a los aportados por otros oriundos notables –cineastas, poetas, pintores, escritores- sobre las palpitaciones de este efervescente centro urbano.
A finales de esta década, Reed se reunió con John Cale, su excompañero de Velvet y con quien siempre mantuvo una conflictiva relación, para grabar un disco homenaje a Andy Warhol llamado Songs from Drella (1990), a manera de tributo solo en apariencia tardía con quien fuera su mentor artístico: jugada reconciliatoria de tres bandas. Otra antología en álbum triple apareció en 1992 al tiempo que una profunda reflexión sobre el amor y la muerte se plasmaba en Magic and Loss (1992), disco clave con el que se presentó en nuestro país; al año siguiente, la última reunión de Velvet Underground, a manera testamentaria.

EL ÉXTASIS DE LA TRANSGRESIÓN
Con letras impresas en nuestro idioma y ánimo renovado, se editó Set the Twilight Reeling (1996), predecesor de Ecstasy (2000), en donde el hablado entre dientes y la ácida guitarra se entremezclan con machaconas percusiones, bajo incansable de Fernando Saunders y atrevimientos del saxofón tenor de Paul Shapiro, así como del violín eléctrico de la artista conceptual Laurie Anderson, su ahora viuda que lo salvó de sí mismo. En colaboración con Robert Wilson, grabó POE-try (2001), siniestro homenaje a Edgar Allan Poe, maestro relator de la noche y sus andanzas, que continuó con The Raven. Animal Serenade (2004), álbum doble en vivo que incluyó también un recuerdo del concierto del disco de 1974.
Voviendo al tono experimental, ahora desde una perspectiva reflexiva, presentó Hudson River Wind Meditations (2007), al que le siguió en forma contrastante el teatral Lulu (2011), grabado con una inesperada banda conocida por todos y que responde al nombre de Metallica. Hace unos días, nos despertamos con la triste noticia del fallecimiento de este hombre capaz de transformar la natural agresión en arte, integrando tensas calmas en sus melodías, de pronto explotadas en contradicciones, transgresiones, ironías y ensanchamientos de horizontes, justo para tener un día perfecto.