Archive for 27 marzo 2015

LAS ESTRELLAS ESTÁN ENTRE NOSOTROS

27 marzo 2015

Un par de conciertos para iniciar el periodo vacacional con las orejas afiladas. Una buena oportunidad, además, para visitar el DF en su mejor época, cuando las calles dejan de ser estacionamientos involuntarios.

POR EL AMOR ESTAMOS ALLÁ

Con la poderosa influencia de cantantes como Joni Mitchell, Vashti Bunyan y Kath Bloom, Sharon Van Etten (New Jersey, 1981) es una de las principales voces femeninas aparecidas en los años recientes, junto a mujeres como Brandi Carlile y Kathleen Edwards, gracias a su sensibilidad letrística y a su intenso uso de armonías que se reflejan en composiciones enmarcadas y basadas en un folk que mira al futuro. Aplicada niña de coro eclesial que se nutría musicalmente con la profusa colección de vinilos con la que contaban sus padres, empezó a escribir sus propias canciones durante la adolescencia.

Tras moverse a Brooklyn, fue apoyada por Kyp Malone (TV On the Radio) para iniciar su carrera y dado su reconocible talento, firmó con la disquera Drag City para grabar Because I Was in Love (2009) un debut de carácter personal como para escucharse en ambientes privados, orientado a comprender que la razón de todas las decisiones que tomamos, por más vueltas que le demos, se asientan en el enamoramiento. Un disco que comparte emociones y sentimientos sin filtro alguno, como para quedarse pensando si uno se conforma con quedarse o ser el premio de consolación.

Dando un paso adelante con Epic (2010), su segunda obra ahora grabada por Ba Da Bing Records, optó por una propuesta más ubérrima y frondosa sin abandonar el tono íntimo, soportada por una presencia más evidente de la banda que la acompaña, aquí complementada con otras voces femeninas como la de Meg Baird del grupo Espers, a quien le abrió sus conciertos en una gira: a través de siete convincentes composiciones advertimos signos de paz para escaparnos del crimen y, de paso, aprovechar la oportunidad de amar más y salvar nuestros corazones.

Vinieron los EP´s  I´m Giving Up On You (2010) y Serpents/Mike McDermot (2010) como una preparación para Tramp (2012), el tercer disco de la cantautora ahora bajo el sello Jagjaguwar y dedicado a John Cale, con el que se dio a conocer entre públicos más amplios, conservando esa capacidad para comunicar ideas, pensamientos y afectos de manera prístina y cercana, provocando, en algún pasaje, una irremediable identificación. El productor y guitarrista Aaron Brooking le brindó un contexto propicio a la distinguida vocal, entreverada con mágicos acordes cual vagabunda en busca de refugio, frente al desasosiego e incertidumbre.

Con producción propia ayudada por Stewart Lerman, quien ha trabajado con artistas como Patti Smith,Sharon Van Etten Elvis Costello, Beck, Antony & The Johnsons, Jules Shear, Loudon Wainwright III, Willie Nile y Angélique Kidjo, además de colaborar en la música de varias películas y series de HBO, Are We There (2014) muestra a una cantante en continuo crecimiento atisbando nuevos territorios: el amor como arma de múltiples filos y la disyuntiva entre aprovechar las oportunidades ante la imposibilidad del cambio, se desliza entre canciones que van quemando de a poquito. Además de sus colaboraciones con grupos como The Antlers y Shearwater, sendas piezas suyas han sido utilizadas en las series The Walkind Dead y Elementary.

NADIE SE PIERDE CON LAS CANCIONES NOCTURNAS

Presente a lo largo del siglo XXI, esta banda canadiense ha construido un sonido de referencias identificables en el terreno del pop independiente, aunque manteniendo una consistencia y continuidad difícil de encontrar en los tiempos que corren. El vocalista Torquil Campbell y el tecladista Chris Seligman formaron esta banda de espíritu libre entre roquero y bailador que pronto se complementó con la nítida vocal de Amy Millan, los ritmos de Pat McGee y las habilidades multiinstrumentistas de Evan Cranley y Chris Seligman, además de invitados recurrentes.

El quinteto se presentó con Nightsongs (2001), acompañado del EP Comeback (2001) y seguido del rompedor Heart (2003), uno de sus mejores trabajos que puso un mayor énfasis en los sonidos electrónicos. Buscando panoramas más amplios tanto en las letras como en sus edificaciones armónicas, vía una producción detallista, grabaron el expansivo Set Yourself on Fire (2004), álbum que los dio a conocer más allá de la tierra de maple y que motivó la idea de pedirle a diferentes colegas que hicieran una mezcla versión del mismo, titulada explícitamente Do You Trust Your Friends? (2007), con resultados variopintos.

De carácter profuso e integrado por trece cortes, entregaron In Our Bedroom After the War (2007), manteniendo el nivel creativo de su predecesor y al que le siguió The Five Ghosts (2010), como buscando influencias fantasmales en un pasado ochentero; volvieron a ajustar la brújula con The North (2012), entre cantos a romances atrapados en la teoría de la relatividad, pero con probabilidades para romper muros, y con No One Is Lost (2014), combinando dinamismo y calma en justas proporciones, a partir de sensibles baladas y ritmos de irresistible invitación a la pista.

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JAZZ DE ETIQUETA

25 marzo 2015

En la notable película Whiplash (Chazelle, 2014), una de las aspiraciones más importantes de los estudiantes que asisten a Shaffer, un ficticio conservatorio de jazz ubicado en Nueva York, es poder integrarse a la Jazz at Lincoln Center Orchestra (JALCO), dirigida por el excelso trompetista, compositor y educador Wynton Marsalis, perteneciente a un renombrado clan familiar y líder de los llamados Young Lions, especie de movimiento no escrito encaminado a retomar la fuerza de una música considerada patrimonio nacional de alcance planetario.

A mediados de los ochenta, el Lincoln Center se propuso ampliar sus programas para atraer a nuevas audiencias. Como una de las músicas más representativas de los Estados Unidos, se consideró que el jazz debía tener un espacio y programa específicos dentro del contexto institucional. Una serie de memorables conciertos dieron origen, en 1991, al departamento ahora conocido como Jazz at Lincoln Center (JALC) que cobijó la integración de la orquesta.

En su declaración de principios, el JALC se plantea como misión contribuir con el entretenimiento, enriquecimiento y expansión de la comunidad global jazzística, a través de las actuaciones, la educación y la conservación. Manifiestan que el jazz es una metáfora de la democracia: dado su carácter de improvisación, celebra la libertad personal e impulsa la expresión individual. Dado que el jazz es rítmica que se balancea (swinging), dedica su libertad a encontrar terrenos comunes con los demás. Añaden que con su raíces bluseras, el jazz nos inspira a mantener una cara de permanente optimismo frente a la adversidad.

Mucho más joven que otras organizaciones como la venerable Preservation Hall Jazz Band, que recientemente grabó That’s It! (2013), integrado por piezas propias por primera vez en sus más de 50 años de existencia, la (JALCO), además de sus actividades didácticas y sociales, se ha dado tiempo de grabar algunos discos, tanto en estudio como en vivo, que le hacen honores a grandes monstruos del género como Duke Ellington (Portraits of Ellington, 1992), John Coltrane (A Love Supreme, 2005) y Charles Mingus (Don´t be Afraid: The Music of Charles Mingus, 2005).

Con piezas propias del propio Marsalis y con su firma, la orquesta integrada por 15 intérpretes de altísimos vuelos más el afamado director, grabaron el oratorio Blood on the Fields (1997), el tradicionalista Big Train (1999) y Cast of Cats (2006), seguidos de Congo Square (2007) junto con el percusionista Yacub Addy; rindiendo homenaje a pintores famosos, firmaron Portrait in Seven Shades (2010) como una especie de conjunción mágica entre trazos y notas. Además, produjo con la Filarmónica de Los Ángeles y un coro de más de 100 gargantas el absorbente All Rise (2002).

Lincoln Center JazzAlgunos de sus conciertos han sido capturados en grabaciones que igual rinden tributo a gente como Paco de Lucía (Vitoria Suite, 2010), que al swing, concepto que se siente en el ritmo corporal más fácilmente de lo que se puede explicar (They Came to Swing, 1994; Live in Swing City: Swinging with the Duke, 1999); no han faltado Thelonious Monk, Jelly Roll Morton y desde luego Miles Davis, máxima influencia para la trompeta de Marsalis (The Fire of the Fundamentals, 1994).

El radio de acción no se ha limitado a Estados Unidos: sabemos que el  jazz está por encima de dictaduras, bloqueos económicos y guerras verbales. El encuentro de hace algunos años entre Marsalis y la JALCO con prominentes músicos cubanos como Chucho Valdés, entre muchos otros jóvenes entusiastas, representa una muestra más de cómo los lazos musicales pueden fracturarse por decisiones políticas pero nunca romperse: el tiempo se encarga de volverlos a unir. Aquella visita a Cuba, como anticipando los intentos por normalizar las relaciones entre ambos países, también pareció abrir la oportunidad para que ahora realicen una gira por Latinoamérica, México incluido.

EL JAZZISTA QUE VIENE DEL FRÍO

Volvamos a Whiplash. El implacable maestro le avisa a su ensamble, poco antes de salir a escena, que en el público hay gente de Blue Note y ECM, disqueras de élite. A esta última, fundada en 1969 por Manfred Eicher en Munich (se puede ver el documental Sounds and Silence del 2010 dirigido por Peter Guyer y Norbert Wiedmer), está muy ligado el pianista y compositor sueco Bobo Stenson (1944), activo desde finales de los sesenta y que tras firmar Underwear y Start, ambos en 1971, se ha convertido en toda una referencia del jazz europeo, colaborando con una interminable lista de músicos de excepción.

Particularmente conocido por su trabajo en formato de trío, junto con el bajista Anders Jormin y el baterista Jon Fält, con algunos cambios en el camino, Stenson tiene la notable capacidad para moverse de estructuras clásicas y tradicionales a propuestas avant garde, pasando por las alternativas de géneros populares diversos que se encuentren en el camino y manteniendo un particular sello, como se deja escuchar en discos esenciales del calibre de War Orphans (1998), Serenity (2000), Cantando (2008) e Indicum (2012). Una buena síntesis de su obra se puede encontrar en Selected Recordings (2002). Nos visita el miércoles 11 en el defeño centro cultural Roberto Cantoral.

LOS CIENTÍFICOS TAMBIÉN TIENEN SU CORAZONCITO

23 marzo 2015

Un par de películas insertadas en el género biográfico que presentan parte de la vida de sendos personajes entregados a la ciencia pero cuyas relaciones afectivas resultaron determinantes en su desarrollo tanto profesional como personal. A pesar de los grandes obstáculos presentes en sus respectivos caminos, ya sea por enfermedad degenerativa o por absurdo acoso gubernamental dada la orientación sexual –legal pero injusto-, este par de genios ingleses forman parte del avance de la humanidad gracias a sus imprescindibles contribuciones en el campo de la informática y de la física, particularmente de la cosmología.

No obstante y de manera entendible, las cintas privilegian la dimensión personal de los científicos, planteando sus aportes al mundo del conocimiento pero sin entrar en detalle a los procesos de investigación y construcción del conocimiento. El cine puede ser un apoyo para la divulgación en este terreno y para generar el interés por profundizar en las teorías, inventos y descubrimientos de estos hombres notables que, ciertamente y como no se muestra del todo en los filmes, pueden llegar a ser muy difíciles de trato.

Bienvenidas sean estas obras que, además de su posible papel formativo, fílmicamente se encuentran sólidamente producidas. Finalmente se trata de dos hombres con aspiraciones que rayan en la locura pero que nos mueven como especie: crear una máquina que pueda pensar más rápido y mejor que el ser humano y, por no dejar, encontrar la teoría que lo explique todo, o sea, conocer la mente de Dios, aunque juegue a los dados. O no. Así es, todo sin tener que recurrir a la explicación mística de la intervención de un ser superior. El asunto suena apasionante y aterrador al mismo tiempo, sobre todo para quienes seguiremos siendo creyentes, aunque se nos demuestre lo contrario. Cada quien sus necedades.

FUENTES Y ADAPTACIONES

Con elocuente guion de Graham Moore, basado en el libro de Andrew Hodges, y dirigida por el noruego Morten Tyldum, estrenándose en las producciones de altos vuelos (Buddy, 2003; Fallen Angels, 2008; Headhunters, 2011, retomando la novela homónima de Jo Nesbø), El código enigma (The Imitation Game, EU-GB, 2014) sigue a un matemático llamado Alan Turing que participó en un equipo secreto, responsable de intentar descifrar los mensajes de los nazis durante la II Guerra Mundial (temática emparentada con Códigos de guerra [Woo, 2002]), para después continuar con sus intentos para crear una máquina inteligente, convertida en fundamental antecedente de las computadoras modernas.

Teoría del todoPor su parte, La teoría del todo (The Theory of Everything, RU, 2014) se basa en el libro de Jane Hawking, esposa del científico, convertido en minucioso y descriptivo guion por Anthony McCarten, puesto a disposición de la dirección con libro en mano por James Marsh, más conocido como documentalista (The Team, 2005; Man on Wire, 2008; Proyecto Nim, 2011) que en el terreno de la ficción (El rey, 2005; Agente doble, 2012). El argumento sigue la vida de Stephen Hawking, acaso el primer científico vuelto famoso a nivel global, desde su ingreso a Cambridge en los años sesenta, hasta el reconocimiento planetario, con todo y el drama de la enfermedad esclerosis lateral amiotrófica, que lo empezó a invadir a los 21 años.

LA FORMACIÓN DEL ESPÍRITU CIENTÍFICO

Venciendo obstáculos al estilo de Bachelard, las películas cuentan con narrativas contrastantes: mientras que la vida de Turing se cuenta con una sugerente temporalidad fracturada, que va de un presente fílmico –el desciframiento del código- a un futuro solitario y de acoso policiaco, y de ahí a un pasado escolar, cuando experimenta su primer amor, el recorrido de Stephen Hawking se despliega en forma lineal y sustentada en un clasicismo fílmico sin costuras, acaso como se muestra en su examen de doctorado con Penrose y Thorne (asesor de Nolan para realizar Interestelar) como sinodales.

Ambas cintas cuentan con actuaciones protagónicas de altos vuelos. Benedict Cumberbatch entrega una actuación de intensidades contenidas, reflejando a un hombre siempre sintiéndose superior (parecido a su Sherlock Holmes) pero de emocionalidad frágil; por su parte, Eddie Redmayne (en deuda con el Christy Brown de Daniel Day-Lewis) se vuelca en la pantalla con una interpretación físicamente exhaustiva, más allá de la obviedad de interpretar a un hombre enfermo, logrando transmitir la preocupación del científico por salvaguardar su cerebro y su innegable tono irónico.

Ambos cuentan con soportes femeninos, tanto personajes reales como actores, a la altura de las circunstancias: Keira Knightley deja de lado sus manierismos y nos regala una actuación sobria, encarnando a una mujer que, a su manera, desafía las convenciones de la época; haciendo lo propio, Felicity Jones le brinda emotividad a su abnegación y a las dudas previsibles acerca de seguir siendo la esposa de un hombre tan complejo como la búsqueda que ha emprendido. Además, está todo un elenco secundario que le brinda a las dos producciones la suficiente solvencia en cuanto a interpretaciones se refiere.

EL FANTASMA EN LA MÁQUINA

Las puestas en escena, con todo y la integración de secuencias que van de lo personal a lo científico,Código enigma así como scores de oportuna belleza cortesía de Alexander Desplat y Jóhann Jóhannsson, buscan brindarle emotividad a los relatos desde diferentes perspectivas: ya sea desde la incesante búsqueda para encontrar la clave que permita identificar la lógica del código que cambia cada día, una especie de fantasma inserto en la máquina, o bien a partir de la batalla contra una enfermedad que parece no impedir esa incansable persecución para formular las preguntas adecuadas y, por ende, indagar acerca de las respuestas pertinentes acerca de asuntos tan por encima de nuestras pequeñas certidumbres como el origen del universo, por decir lo menos.

La recreación de épocas cuenta con el cuidado que cabría suponer pero, sobre todo, permite entender las formas predominantes de pensamiento, tanto científico como político, y los contextos sociales prevalecientes, incluyendo los códigos no precisamente enigmáticos, sino morales: una sociedad que castigó a Oscar Wilde por su homosexualidad a finales del siglo XIX, lo volvía a hacer con Alan Turing. El problema es que hoy siguen existiendo regímenes de izquierda y derecha que penalizan, como si fuera un crimen, la orientación sexual.

Por fortuna, las ciencias y las artes están muy por encima de necedades emanadas de poderes autoritarios. Y hasta de enfermedades supuestamente devastadoras en el corto plazo. La ciencia sigue sin responder a todo. Como decía Borges, hay que buscar por el gusto de la búsqueda misma, no de la recompensa.

DESEOS IMPREVISTOS

23 marzo 2015

Ya sabemos que hay que tener cuidado con lo que deseamos porque en una de ésas, se nos cumple: ahí nos damos cuenta que en realidad lo importante era el solo hecho de querer algo, no de tenerlo. Un poco como el síndrome del objetivo alcanzado: ya que lo logramos, ahora no sabemos qué hacer con ello y perdemos el sentido que habíamos depositado en la búsqueda, en el proceso. Además, está el asunto de las expectativas: depositamos tanto en algo que buscamos alcanzar que cuando se convierte en realidad, nos percatamos que la felicidad estaba en otra parte (aunque en el fondo ya lo supiéramos).

El clásico “vivieron felices para siempre” es, por decir lo menos, una buena broma. Los personajes de los cuentos clásicos cargan esta consigna imposible de alcanzar porque encierra en sí misma una contradicción: no hay mal que dure cien años, pero tampoco bien que nunca se acabe; ni hablar, es parte de la condición humana que de pronto puede extenderse hasta los cuentos o los musicales.

Tener un hijo largamente esperado, casarse con la persona de tus sueños, recuperar la juventud perdida o hacerse rico como por arte de magia, forman parte de algunos deseos que pueden motivar la incursión en las profundidades de un desconocido y amenazante bosque, o sea, territorios desconocidos: solo entrando ahí cabe la posibilidad de alcanzar el propósito, sobre todo por la implicancia de buscar más allá de los propios límites.

LA VIDA ES UN CUENTO

Basada en el musical ochentero de la dupla Sondheim / Lapine (también responsable del guion) y dirigida por Rob Marshall, con los filmes propios del género Chicago (2002) y Nine (2009) en su currículo, En el bosque (Into the Woods, EU, 2014) imbrica varios cuentos de los hermanos Grimm alrededor de una pareja que desea fervientemente tener un hijo, para lo cual tiene que conseguir algunos objetos solicitados por la bruja con el fin de cancelar la maldición familiar y, de paso (o al revés), volver a ser joven y bella.

Como cabría imaginarse, dichos objetos involucran a otros reconocibles personajes: el pelo de Rapunzel, niña hechicera, aviéntame tu cabellera; la capa de la buza caperuza que fácilmente la puede suplir (Lilla Crawford, ambigua); el zapato dorado de una dubitativa y huidiza cenicienta; la vaca blanca deslechada, propiedad del afectuoso Jack (Daniel Huttlestone, todavía formando parte de los miserables) y al fin intercambiada por los frijoles mágicos con los consecuentes regaños de su madre, viviendo en la angustia perpetua por las permanentes vacas flacas.

Impecables resultan el diseño de producción y la edición de sonido, así como la fotografía, propicia para el lucimiento actoral y de las propias escenografías. Maquillajes y vestuarios con el sello de la casa, coreografías discretas y efectos especiales suficientes. El problema del film tiene que ver con la adaptación del guion y la edición: el ritmo es disparejo, por momentos la historia se percibe reiterativa (la fiesta hubiera sido de una noche y no de tres, por ejemplo) y ciertos números aportan poco al sentido emocional del film. Además, no todas las canciones se encuentran al mismo nivel, el destino de Rapunzel queda en el olvido y resultan discutibles las omisiones en relación con el material original.

Eso sí, el trabajo de casting termina por ser meritorio: ahí están las interpretaciones comandadas por Meryl Streep, en plan bruja esperando que el diablo la vista a la moda, y bien secundadas por Emily Blunt, como la mujer del panadero equivocándose de cuento; James Corden en busca de su gran oportunidad; Chris Pine cual príncipe encantador medio coscolino; Anne Kendrick huyendo del compromiso; Christine Baransky, intentando colocar a sus hijas a fuerza que ni los zapatos entran; Mackenzie Mauzy, esperando salir de la torre de la falsa pureza; Frances de la Tour, cual giganta en busca de venganza y Johnny Deep, encarnando a un lobo que actúa como Jack Sparrow (otra vez).

El habitual mundo de fantasía y felicidad se transforma en una comunidad realista, con todo y amenaza externa con la consecuente búsqueda de algún chivo expiatorio como si de un sacrificio salvífico se tratara. A fin de cuentas, las familias se pueden configurar de maneras inesperadas y, extrañamente, funcionar como un refugio afectivo para sus improbables miembros.

BOB ESPONJA: EN BUSCA DEL CÓDIGO ENIGMABob Esponja

Ya que estamos con mundos de fantástica y aparente felicidad, sumerjámonos en Fondo de Bikini, una comunidad subacuática poblada por personajes de muy diversas especies marinas, además de una ardilla, que tienen como epicentro una hamburguesería regenteada por un ambicioso cangrejo, atendida por un calamar amargado y una esponja de inocencia a prueba de tsunamis –cuy mejor amigo es una estrella de mar macho tan babeante como simpático-, y envidiada por un alterado plancton, cuya compañía es una computadora que hace las veces de su pareja.

Ahora el detonante de la trama es el robo de la fórmula secreta con la que se hacen las cangreburguers, situación que trasciende más allá de un pleito empresarial: la convivencia social se desmorona y de pronto parece que estamos en una especie de Mad Max submarina, con todo y el pacífico caracol Gary convertido en un Coronel Kurtz y peces desquiciados aporreando lo que encuentran a su paso, llantas incluidas. Una alternativa será viajar en el tiempo para recuperar la fórmula: sin hamburguesa no hay paz social.

Realizada por Paul Tibbitt, responsable de la primera entrega, Bob Esponja: Un héroe fuera del agua (EU, 2015) funciona como un divertimento a tono con la expectativa que ha generado esta caricatura, una de las más importantes del siglo XXI. La animación está más cuidada, así como la integración con la acción fuera del mar; el humor se conserva con todo y los pequeños detalles salpicados de psicodelia, aunque quizá falte alguna secuencia como aquélla de la borrachera de helados de su antecesora, y la presencia de Antonio Banderas, totalmente sobreactuado como ameritaba el caso, resulta agradecible.

EXTRAÑOS CORAZONES NORMALES ALREDEDOR DEL LAGO

16 marzo 2015

Un par de filmes que posan sus miradas en sendos microcosmos poblados por hombres homosexuales, contrastando su propuesta argumental con la vertiente romántica presentada en películas como Secreto en la montaña (Lee, 2005) y Filadelfia (Demme, 1993), por poner dos ejemplos del mainstream. La comunidad gay es variopinta y heterogénea, por lo que siempre serán bienvenidas perspectivas diferentes acerca de su configuración y de sus prácticas, más allá de victimizarla o de repudiarla sin los necesarios matices.

LATIDOS POR LA VIDA

Producida por la cadena HBO, soportada por un sólido elenco, escrita por el también actor Larry Kramer, también autor de la obra teatral en la que se basa (Women In Love, 1969; Gay Sex in the 70s, 2005), y dirigida por Ryan Murphy (Recortes de mi vida, 2006), Corazón normal (The Normal Heart, EU, 2014) se ubica a principios de la década de los ochenta en Nueva York, cuando un virus con alto nivel de contagio empieza a cobrar vidas, particularmente entre miembros de la comunidad gay.

Las reacciones del colectivo toman diversas rutas que van desde la militancia para pedir apoyo gubernamental, hasta el desdén y la negativa para cambiar de hábitos, específicamente los relacionados con la promiscuidad. A las diferencias al interior del grupo motivadas por el poder y los desacuerdos en las estrategias para alcanzar similares propósitos, se le suma un abandono ya no en los hechos, sino incluso en el discurso político conservador que privó durante todos esos años, bajo la presidencia de Reagan. Como suele suceder, ante el ataque o la indiferencia externa, la comunidad se fortalece al interior.

No obstante, algunos apoyos como la de una médica con polio (Julia Roberts en plan activista), de varios voluntarios o el del hermano abogado (Alfred Molina) del inestable líder del movimiento (Mark Ruffalo, adaptado a cualquier papel), funcionan como un contrapeso a la abierta discriminación de algunos sectores de la sociedad, entre los que se llegó a manejar ridículamente que se trataba de un castigo de Dios (como si no tuviera mejores posibilidades para manifestarse) o bien de un exterminio natural, siguiendo aquella máxima de “justo castigo a su cochino proceder”.

El equilibrio entre los momentos políticos, íntimos, dramáticos y festivos, potenciado por una discreta pero solvente puesta en escena y recreación de época, resulta clave para que el filme alcance a presentar con una buena dosis de realismo la situación que se vivió en aquellos años, cuando el VIH era –sigue siendo- un misterio y las sociedades se comportaban de manera más cerrada –en algunos casos no han cambiado-, incluyendo la neoyorquina, con fama de liberal.

La historia se cruza con Dallas Buyers Club. El club de los desahuciados (Vallée, 2013), en cuanto a la búsqueda de alternativas más allá de las que se ofrecen de manera oficial, así como de la forma en la que se empiezan a construir redes de solidaridad, aunque también fisuras hacia el interior. Las actuaciones de Taylor Kitsch, Jonathan Groff, Jim Parsons y Matt Boomer contribuyen a visualizar las diferencias individuales dentro de un grupo que puede observarse equivocadamente homogéneo.

Extraño del lagoLATIDOS POR LA MUERTE

En inusual tono de thriller entroncado sin previo aviso y con secuencias explícitas que contrastan con una fotografía entre paisajista y carnal, El extraño del lago (Francia, 2013) sigue el peligroso proceso de enamoramiento que vive Franck (Pierre Deladonchamps), cuando conoce en el escondido e idílico oasis donde se reúnen algunos homosexuales, a Michel (Christophe Paou), un misterioso hombre entre encantador y violento, quien ahogó a su anterior pareja. Aún a sabiendas del riesgo implícito o precisamente por ello, Franck queda irremediablemente atraído por este ambiguo personaje.

Dirigida por el desconocido en México Alain Guiraudie (El rey de las fugas, 2009; Aquí ha llegado el tiempo, 2005), quien ya ha tratado la temática gay, la cinta examina un microcosmos que se integra alrededor del lago, en donde los hombres van a buscar relajación, placer carnal y paz, entre chapuzones, asoleadas, conversaciones y encuentros sexuales en medio del bosque: no falta el voyeurista en busca de una oportunidad o incluso el heterosexual de corte contemplativo que encuentra en este contexto ajeno la posibilidad de desconectarse de su vida.

DE SELMA A MONTGOMERY O LA MARCHA DEL VOTO

12 marzo 2015

El 7 de marzo pasado se conmemoró el quincuagésimo aniversario del llamado Domingo sangriento en Selma, Alabama. La policía del condado, ordenada por el sheriff y apoyada por el gobernador del estado, atacó a manifestantes afroamericanos pacíficos que solicitaban derecho irrestricto para poder votar, en su plena condición de ciudadanos estadounidenses. Las trabas absurdas para poderse registrar en el padrón, impedían que muchas personas tuvieran el poder del voto para decidir, en alguna medida, su destino.

Al igual que luchas civiles históricas como la de la sal en la India, la de la primavera de Praga o la de los estudiantes en México, ésta movió conciencias y planteó interrogantes a un régimen que promovía la guerra en Vietnam y era incapaz de cuidar a sus propios habitantes. Un par de días después, se desarrolló otra manifestación ahora nutrida con personas de todos colores y credos, unidas por una causa común de elemental justicia: esta vez liderada por Martin Luther King Jr., quien decide retirarse en el momento crucial, después de recibir un mensaje más allá de la comprensión inmediata.

Finalmente, una multitudinaria manifestación con artistas conocidos por su activismo, desembocó en la decisión del presidente Lyndon Johnson de firmar la Ley de derechos electorales en 1965. Con la canción We Shall Overcome escapándose de sus gargantas, la multitud lanzó un mensaje imposible de ser escuchado. La batalla se ganó, 50 años después el presidente es Barak Obama, pero la guerra parece resistirse a desaparecer del todo: los recientes atentados contra hispanos y afroamericanos, además de los ridículos discursos racistas por parte de algunos políticos ignorantes y empresarios de cuarta, mantienen encendida la chispa del odio.

De cómo se fraguó esta cruzada en busca del voto nos cuenta Selma, el poder de un sueño (EU, 2014), Selmafilme dirigido por la también documentalista Ava DuVernay (Esto en la vida, 2009; Yo seguiré, 2010; En medio de la nada, 2012), en el que recrea, a partir de la combinación de grandes sucesos históricos con momentos íntimos, el crucial año de 1965 para el movimiento por los derechos civiles, comandado por el reverendo y brillante orador Martin Luther King (David Oyelowo, convincente).

El arco histórico presentado en el film abarca desde el recibimiento del Premio Nobel de la Paz en Oslo, hasta la firma de la Ley que permitió a la población afroestadounidense ejercer su derecho al voto sin pretextos, sobre todo en poblaciones sureñas regidas por personajes atrasados y siniestros, desde sheriffs impresentables hasta gobernadores peligrosos, como George Wallace (Tim Roth con elocuente acento sureño) racista convencido y postulante fracasado para ser presidente de EU, quizá solo para regresar al país a una etapa pre-Lincoln.

Luther King y su grupo se tienen que mover entre la banqueta y las negociaciones con asociaciones locales, y la política al más alto nivel, que incluye continuas solicitudes al preciso evasivo Johnson (Tom Wilkinson, siempre al borde del hartazgo) y diálogos de fina argumentación con algunos de sus enviados. El debate acerca de la pobreza, la necesidad de educación y el derecho al voto como propósitos imposibles de abarcar al mismo tiempo, coloca la reflexión en torno a los alcances de la política, por una parte, y del activismo, por la otra.

VENCIENDO A LOS MAESTROS DE LA GUERRA

Si bien por momentos la fluidez de la narración se advierte entrecortada por ciertos saltos bruscos entre las conversaciones personales y los eventos de alcance global, la cinta consigue plantear con claridad las estrategias y dificultades enfrentadas por parte del movimiento, adentro y afuera, para alcanzar sus propósitos: un clima de muerte, violencia y segregación orquestado por grupúsculos racistas sin rostro tipo el Ku Klux Klan y por las propias autoridades.

Y en otro sentido, ahí está la presencia contrastante de Malcolm X (llevada al cine en 1992 por Spike Lee y encarnado por Denzel Washington, así como por el documentalista Arnold Perl en 1972, narrada por James Earl Jones); de los grupos activistas locales de Alabama con todo y las diferencias de perspectivas acerca de cómo afrontar los desafíos, y de su esposa, siempre al pie del cañón (Carmen Ejoge) pero manifestando sus desacuerdos.

La cámara define la perspectiva del film, sobre todo con esos desplazamientos que nos colocan en el centro de los conflictos y muy cerca de la fuerza verbal y espiritual del protagónico. Las actuaciones de soporte como la de Giovanni Ribisi, metiéndose en la piel del asesor presidencial, y la de la también productora Ophra Winfrey, interpretando a la heroína Annie Lee Cooper, quien murió a los 100 años en el 2010, redondean un casting sólido y comprometido con la historia.

La cinta se apoya, también, en una contundente edición de sonido y un score a la altura de la gesta histórica, integrado por cortes pertinentes, la intervención del jazzista Jason Moran y la canción titular de Common y John Legend, acompañando a escenas de la época por las que transitan los héroes de esta lucha que terminó trascendiendo, para bien, su origen electoral.

La presencia de ciertos personajes, entre viejos aun con ganas de luchar y jóvenes dispuestos a dar la vida, así como del grupo más cercano a Luther King, amplía la mirada sobre los significados del momento histórico y acerca de lo que realmente estaba en juego: son batallas focalizadas que terminan por alcanzar una resonancia mucho más allá de los límites territoriales en los que se libran. Se advierte la importancia y la fuerza, en este caso positiva, que pueden tener los medios de comunicación como cercos al sistemático abuso del estado.

WHIPLASH: LA BATERÍA CON SANGRE ENTRA

4 marzo 2015

De pronto el jazz se volvió elitista. De ser claramente popular y contar con múltiples seguidores durante buena parte del siglo XX, ahora parece ser parte del gusto de públicos más focalizados. El rock se convirtió en el género de masas y el Hip-Hop en la vertiente más presente de la música negra. Si bien algunos han señalado que el jazz murió con Miles Davies, hoy por hoy siguen apareciendo grandes músicos y se continúan produciendo discos memorables, aunque menos accesibles, ya sea por precio, difusión o distribución.

Cierto es que en Estados Unidos y Europa, el jazz sigue teniendo un nicho claramente identificable que se expresa en festivales, publicaciones, disqueras y escuelas: además están las fusiones que el propio género ha experimentado con otros sonidos, signo de los tiempos que corren. Las fronteras estilísticas se diluyen y las formas musicales se combinan sin pudor alguno, para gracia y beneficio de los escuchas. Y claro que el jazz mantiene esa fama, siempre discutible, de contar con los mejores intérpretes de la música popular, equiparables a los que se desenvuelven en la música clásica.

Los músicos de jazz transitan entre la técnica y la inspiración, la precisión y la improvisación, el virtuosismo individual y la capacidad de conjuntarse. El género se identifica en particular con los instrumentos de aliento, sobre todo saxofón y trompeta, y los percusivos como el bajo y la batería, además del piano, que puede funcionar a manera de comodín. La base rítmica es uno de los rasgos distintivos de esta música y uno de los que más atención jalan del escucha: una vez atrapados en la telaraña del ritmo es imposible escaparse.

Si bien la batería en los inicios se ubicaba como un mero instrumento comparsa, al paso del tiempo empezaron a surgir grandes intérpretes que la colocaron en un sitio de mayor protagonismo, desde el llamado abuelo Warren ‘Baby’ Dodds y los pioneros Ben Pollack, Zutty Singleton y Jo Jones, quien supuestamente le lanzó el platillo a Parker después de una interpretación, hasta el famoso Gene Krupa, durante los años 20´s y 30´s.

Vendrían después nombres míticos como Ed Blackwell, Max Roach, Roy Haynes, Art Blakey, Tony Williams, Elvin Jones, Paul Motian y Jack DeJohnette, por mencionar algunos ejemplos, hasta llegar a contemporáneos como Jeff ‘Tain’ Watts, Brian Blade, Rudy Royston y nuestro compatriota Antonio Sánchez, ya con discos propios además de tocar con Pat Metheny y Chick Corea, entre otros, y parte fundamental de la atmósfera creada en Birdman (G. Iñárritu, 2014).

AL MAESTRO SIN CARIÑO

Escrita y dirigida por Damien Chazelle, Whiplash: Música y obsesión (EU, 2014) sigue a un joven baterista de creciente ambición que ingresa al conservatorio más prestigiado de jazz de Nueva York; mientras practica en solitario, se encuentra con un maestro de didáctica implacable que busca al próximo Charlie Parker, aunque él sabía, supongo, que no lo iba a encontrar por dos razones: el mítico saxofonista de vida tormentosa es irrepetible (se puede ver Bird de Clint Eastwood) y si anduviera por ahí, no entraría a estudiar a ese lugar: parece ser que este tipo de talentos innatos no se acercan al sistema educativo.

Con todo y ciertas licencias (la recuperación mágica del accidente), la historia se desarrolla a partir de la relación que se establece entre maestro y alumno, alrededor de humillaciones, violencia física y simbólica, exigencias al límite, batallas ególatras, desafíos constantes y una extraña admiración mutua que va quedando oculta frente a tanta confrontación. El tempo se vuelve el ámbito de control docente y todos los alumnos tienen que estar a su ritmo, en sentido literal y metafórico. El perfeccionismo puede confundirse con capricho, la autoridad con sometimiento y el impulso con opresión: eso sí, en su práctica resulta bastante coherente.

WhiplashLa intimidación como método, evitar que se sientan seguros o confortables y la presión para sacar lo mejor de los aspirantes a músicos son apuestas arriesgadas cuyos resultados son inciertos. “Buen trabajo” es el peor comentario que se le puede hacer a alguien, de acuerdo a la racionalidad de este profesor, también caracterizada por fomentar una competencia amarranavajas y ser tanto pasional como ingenioso para el insulto.

Por su parte, con la imagen de Buddy Rich en su futuro, el joven alumno empieza a ser invadido por una soberbia que lo lleva a terminar una incipiente relación con una empleada del cine a donde iba con su padre, con quien mantiene una relación más o menos cercana pero cuyo modelo no quiere repetir: si él abandonó la literatura, yo no voy a dejar la batería. Incluso empieza a despreciar a los demás por considerarlos perdedores y se asume como destinatario de grandes logros. Pareciera que tiene más interés en la fama que en el jazz mismo.

Con su actuación, J. K. Simmons consigue trascender el papel del instructor abusivo, con todo y su impecable vestimenta negra y su puntualidad obsesiva, para brindarle a su personaje un amplio rango de matices, incluso lidiando con sus propias frustraciones, culpas y derrotas personales. A la altura, cual duelo actoral, Miles Teller consigue crear un sujeto que navega entre la búsqueda, la pérdida de piso y la mirada aspiracional para dejar de ser el niño abandonado por la mamá y sobreprotegido por el papá. Batallas de este tipo vimos en Reto al destino (Hackford, 1982), Cara de guerra (Kubrick, 1987) y El cisne negro (Aronofsky, 2010).

La edición de Tom Cross adquiere una rítmica sincopada a batacazo limpio: los cortes se articulan con golpes de tambor y pareciera que tanto la mezcla de sonido como el armado de las secuencias siguen una misma batuta de pronto acelerada y por momentos más reposada, dejando que la conversación en turno se desarrolle con calma tensa. Para complementar la propuesta visual, ahí están los desplazamientos de cámara que parecen formar parte de la partitura de piezas clásicas como Caravan, compuesta por Juan Tizol y popularizada por el gigante Duke Ellington, o la que le da el título al film escrita por Hank Levy.

Si el destino dorado de estos aspirantes es formar parte de la Jazz at Lincoln Center Orchestra ahora dirigida por Wynton Marsalis (que tocará en México el sábado 7 y domingo 8 de marzo) o bien firmar para disqueras prestigiosas como Blue Note o ECM, para el rudísimo profesor cargado de pasión y habilidad para el insulto ingenioso, es lograr, maquiavélicamente, que sus alumnos den todo de sí hasta que literalmente ya no puedan más, porque la batería con sangre entra.