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EL BIEN Y EL MAL SIN MEDIAS TINTAS: FUEGO SIMBÓLICO

29 diciembre 2013

Ahora las segundas partes, en varios casos, ya están previstas de antemano. Ya sea desde la tendencia de la literatura juvenil de proponer trilogías, tetralogías o las que aguante el mercado, o desde la lógica del cómic, que admite alguna secuela, precuela, reboot, spin-off y toda una gama de posibilidades, el cine ha retomado estas ideas y, sobre todo a partir de El Señor de los anillos, propone películas seriadas que mantiene taquilla cautiva durante varios años. Películas en las que el bien y el mal, casi sin los matices de gris, luchan para apoderarse de tierras medias, distritos o planetas, según el caso.

DE CALABOZOS Y DRAGONES
Dirigida por Peter Jackson, El Hobbit: la desolación de Smaug (EU-NZ, 2013) sigue el viaje del grupo de los enanos y Bilbo Bolsón rumbo a la recuperación del reino perdido, apoyados por Gandalf el Gris, quien se tendrá que enfrentar a un creciente enemigo poderoso. Perseguidos por los orcos, se toparán con un bosque desconcertante plagado de arácnidos, un hombre oso de extraña dualidad, el reino de los elfos y un poblado cercano a la montaña donde aguarda el implacable dragón del título, impresionantemente recreado y con una voz profunda cortesía del maloso de Star Trek, Benedict Cumberbach.
A diferencia de su más contemplativa predecesora, esta entrega apuesta por una edición de mayor vértigo y una inserción de secuencias de acción más prolongadas, resueltas con destreza por la plasticidad de la puesta en escena y por la estrategia un poco de parque de diversiones que se emplea en las escapatorias. Las historias secundarias se integran con pertinencia a la trama central, ahora divida en dos vertientes, dada la necesaria separación del mago gris para enfrentar un mal más abstracto –notable la escena de Saurón- que con el que se las tienen que ver los enanos. Así, el universo tolkiniano tiene una digna representación en la pantalla.
El reparto de costumbre con algunas adiciones resuelve con dinamismo el desarrollo argumental que no se extravía a pesar del impresionante trabajo visual, potenciado por los 48 cuadros por segundo y la 3D que no dejan alternativa: formas parte de la caravana, los orcos te acechan sin miramientos, las arañas te envuelven en sus siniestras conversaciones, el enorme oso te quiere devorar, los elfos te atrapan, te las ves cara a cara con el mismísimo mal en proceso de encarnación, deambulas por las callejuelas de Laketown y dialogas con el imponente dragón lleno de fuego y muerte: hasta el poder del anillo empieza a formar parte de tu actuar y sientes que Gandalf te protege.Smaug

EL PODER DE LA FAMA
Dirigida por el vienés Frances Lawrence (Agua para elefantes, 2011) y basada en la segunda entrega de los libros escritos por Suzanne Collins, Los juegos del hambre: En llamas (EU, 2013) retoma la historia de la pareja ganadora de la mortal competencia anterior, ahora usada como arma propagandística para mantener al pueblo con la necesaria esperanza para que no haya revuelta alguna, hasta que, dadas las circunstancias, conviene convocar a unos nuevos juegos con rivales de habilidades diversas.
Con un diseño de producción que no escatima en locaciones, vestuarios y maquillajes que por sí mismos valen la pena, la cinta transcurre en apego a su par literario aunque por momentos no queden del todo asentados ciertos antecedentes de los personajes, como el encarnado por el gran Phillip Seymour Hoffman, quien le imprime una buena dosis de tablas actorales al ya de por sí renombrado elenco, disfrutando con todo de sus magníficas sobreactuaciones a tono con el sentido de sus personajes.
La narrativa logra equilibrar romance triangular, amistad a prueba de totalitarismos, drama silenciado y acción, así como un giro argumental que abre la puerta a una nueva veta argumental. Se mantiene la intención de plantear una sociedad futurista con rasgos que podemos encontrar en el pasado y presente de las sociedades humanas, además de integrar los juegos políticos en las resoluciones de los conflictos, acaso más peligrosos que las guerras armadas francas y directas: un poco de hambre, con algo de esperanza y un mucho de miedo para que las llamas no alcancen una fuerza que después sea imposible controlar.

TINIEBLAS CÓSMICAS
Dirigida por Alan Taylor, quien se ha distinguido como realizador televisivo de altos vuelos, Thor: el mundo oscuro transcurre justo cuando un arma milenaria reaparece en escena junto a un grupo de malosos interplanetarios que parecían exterminados; como si de invasores bárbaros se tratara, empiezan a atacar el centro imperial para poder controlar el universo conocido. Mientras tanto, el protagonista lidia con su hermano encarcelado, el romance en espera y una relación conflictiva con su padre.
La cinta acierta cuando no se toma en serio a sí misma y se atreve, incluso, a insertar detalles de un humor bienvenido que rompe con una solemnidad poco propicia para este tipo de historias: el cameo de Stan Lee y la secuencia en el metro, son las que se quedan en la memoria. Ayuda también, además de los efectos visuales y el intenso montaje, la ambigüedad de Loki, quien se termina por robar una película sedienta de matices morales.

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DISCOS DE 1963: CINCUENTA AÑOS Y GIRANDO (SEGUNDA PARTE)

22 diciembre 2013

A la memoria de mi padre José Manuel (1931-2013),
quien me enseñó desde pequeño a disfrutar la síncopa de la vida.

JAZZ CON ENFOQUE COLABORATIVO
El prolífico y longevo Kenny Burrell (1931), legendario guitarrista todavía en activo y originario de la ahora endeudada Detroit, se destapó aquel año con el clásico Midnight Blue, acaso su obra más reconocida, con Lotsa Bosa Nova! y un trío de colaboraciones estampadas en Crash!, junto a Jack McDuff (1926-2001); Blue Bash! junto al inquieto organista Jimmy Smith (1928-2005), a quien le devolvió el favor participando en su dinámica obra Back at the Kitchen Shack; y Kenny Burrel & John Coltrane, lucidora participación con uno de los gigantes del saxofón, quien también se apuntó con John Coltrane and Johnny Hartman, vocalista barítono.
El propio John Coltrane (1926-1967), como para aprovechar al máximo su momento creativo, produjo Live at Birdland, uno de los grandes discos en vivo de la década junto a Ugetsu de Art Blakey’s Jazz Messengers (1919-1990), mostrando notable capacidad de improvisación y grabado en el mismo recinto con la participación del aún activo Wayne Shorter (1933) y de Freddie Hubbard (1938-2008), quien firmó por su parte Body & The Soul, justo moviéndose en estas dos dimensiones humanas. Y hablando de trompetistas privilegiadas, imposible obviar al más grande de todos: Miles Davis (1926-1991), quien nos llevó muy cerca del paraíso con Seven Steps to Heaven, donde ahora sabemos que los sonidos de la trompeta pueden ser hipnóticos.
La inolvidable Ella Fitzgerald (1917-1996) seguía mostrando poderío vocal en Sings the Jerome Kern Song Book y junto a su viejo amigo Count Basie (1904-1984) estampó Ella and Basie! con toda la admiración que esta pareja sigue produciendo. Sara Vaughan (1924-1990) levantó la mano con el sentido Sarah Sings Soulfully, confirmando su sobrenombre que la elevaba al rango de las divinidades.
Con cuarteto de lujo, el pianista Andrew Hill (1937-2007) nos obsequió el incombustible Black Fire, alimentado con derroche de inventiva armónica e impecable ejecución. Por su parte, el trompetista de Detroit Donald Byrd (1932-2013) presentó el restaurador A New Perspective, con deliciosos juegos vocales de alcance coral acompañados de colorida instrumentación, cortesía de un septeto poblado por nombres ilustres. El trombón encontró en Grachan Moncur III (1937), a uno de sus más versátiles intérpretes, un fluido vehículo de expresión como se advierte en Evolution, título preciso para definir el contenido.
El guitarrista Grant Green (1935-1979), destilando elegancia en Idle Moments, uno de sus mejores discos, se deslizó con suave rítmica alimentada por el vibráfono de Bobby Hutcherson (1941) y el saxofón de Joe Henderson (1937-2001), quien a su vez entregó el clásico Page One. Otro disco clave con el sax por delante fue Our Man in Paris, confirmando la distinción de Dexter Gordon (1923-1990) y, de paso, la globalidad del jazz. Ampliando horizontes para el Hard-Bop, el excelso trompetista Lee Morgan (1938-1972) compartió su clásico The Sidewinder, de imprescindible presencia en toda colección jazzera que se precie.
Charles MingusFue uno de los años de Charles Mingus (1922-1979) y sus incursiones en el avant-garde, a partir del atrevido, personalísimo y conceptual The Black Saint and the Sinner Lady, convertido en uno de los álbumes imprescindibles de la década y del revisionista Mingus, Mingus, Mingus, Mingus, Mingus, en el que el bajista nacido en Arizona y fallecido en Cuernavaca, vuelve sobre su obra con una diferente y apasionante perspectiva. Bill Evans (1929-1980) en plan reflexivo propuso Conversations With Myself, ya con absoluto dominio de un estilo pianístico de intensa interpretación en forma de monólogo.
João Gilberto (1931) y Stan Getz (1927-1991) firmaron el afamado álbum Getz/Gilberto, apellidos suficientemente representativos para que el jazz y el bossa nova tuvieran un romance espléndido, apadrinado por el patriarca Antonio Carlos Jobim (1927-1994) y su disco The Composer of Desafinado, Plays. En el terreno de la música para películas, destacó Elmer Bernstein (1922-2004) con su partitura para El gran escape y Henry Mancini (1924-1994) para el filme Charade, al tiempo que el gigante Thelonious Monk (1917-1982) se dedicaba a grabar álbumes en vivo a borbotones, dejando rastro de su inagotable creatividad al momento de pisar un escenario.
Eric Dolphy (1928-1964) grabó el exploratorio y rupturista Iron Man, así como Conversations, por no dejar y el saxofón alto de Jackie McLean (1932-2006) hizo su trabajo por partida doble con los intensos Destination Out! y One Step Beyond, ya influenciado por el free jazz. El trío del excelso pianista todavía entre nosotros McCoy Tyner (1938) se expresó por medio de, entre otro álbumes, Reaching Fourth, mientras que la trompeta de Kenny Dorham (1924-1972) sobrevolaba sutil y precisa en Una Mas.
Finalmente, Sonny Stitt (1924-1982) se destapó con el saxofón grande y grabó sin parar: entre los discos que nos entregó este año, destacaron Stitt Plays Bird y Sonny Stitt & The Top Brass; el guitarrista Joe Pass (1929-1994) entregaba Catch Me, su segunda producción pero ya dueño de un estilo propio y el saxofón de Paul Desmond (1924-1977), enclavado en el cool, dialogaba con inteligencia con la guitarra invitada de Jim Hall (1930-2013) en Take Ten.

DISCOS DE 1963: CINCUENTA AÑOS DE GIRAR SIN PARAR (PRIMERA PARTE)

15 diciembre 2013

Año recordado fundamentalmente por la aparición del grupo de música popular más influyente que ha existido, por la presencia de la primera obra maestra del cantautor más importante en la historia de la música popular y por la continuación de diversos géneros que empezaban a encontrar la potencialidad del encuentro con otras propuestas, más allá de sus propia fronteras.
Un breve recorrido por algunos álbumes –principalmente del folk, rock´n’roll, soul, funk, R&B y jazz, que quedarán para la segunda parte- que cumplieron la mitad del siglo como si nada, al contrario, creciendo ante cada escucha. No son todos los que debieran pero sí constituyen una muestra suficiente para adentrarse en los sonidos de hace medio siglo.

CONOCIENDO A LOS GENIOS
Bob Dylan (1941) firmó su prematura primera obra maestra: el icónico The Freewhelin’ Bob Dylan, saturado de clásicos y con portada mil veces retomada. La poesía había aterrizado con abstracta energía en los sonidos folk ahora entonados con ecos nasales, mientras la respuesta se difuminaba en un viento soplado por una enigmática chica del país del norte, cargado de una dureza lluviosa que anunciaba, como para no pensárselo dos veces, la llegada de los maestros de la guerra: quizá una guitarra y una armónica puedan hacer que se retiren.
Por su parte, cuatro jóvenes hacían su presentación desde Liverpool: se hicieron llamar The Beatles y grabaron los álbumes Meet the Beatles y Please Please Me. La revolución había empezado, justo donde menos se esperaba: un grupo con peinados de niños buenos que parecía pensado para enloquecer jovencitas, como tantos y tantos que van y vienen sin ninguna repercusión, pronto se convertiría en la banda que trastocó para siempre la forma de crear y entender la música popular.Beatles

CONSTRUYENDO LOS GÉNEROS
Sam Cooke (1931-1964) se encargó de invitarnos a disfrutar de una noche llena de sentimiento, ritmo diverso y alma compartida, a través de Night Beat, disco esencial de la historia del soul que se da la mano con el blues, el góspel y jazz. James Brown (1933-2006) desgranó funk interminable en Live At the Apollo, muestra contundente de cómo convertir una presentación en un auténtico concierto exorcizante, y Johnny Cash (1932-2003) exudaba country con Blood, Sweat and Tears, firmado junto a The Carter Family.
The Beach Boys siguieron haciendo olas, ahora por partida triple: Surfin’ USA, Little Deuce Cope y Surfer Girl, como para no dejar de vivir las playas californianas donde todo podía pasar, como encontrarse con el clásico Bo Diddley´s Beach Party, efusiva fiesta con Bo Diddley (1928-2008) como anfitrión de lujo y ya entrados en el tema, disfrutar de la comedia hablada del gigante de la parodia Allan Sherman (1924-1973), a través del disco My son, My Nut, imprescindible para quienes se interesen en este renacido campo.
El folk tuvo su presencia con Peter, Paul & Mary, quienes también dobletearon con In the Wind y Moving, y sobre todo con el histórico concierto del mítico revivalista neoyorkino Pete Seeger (1919) capturado en Carnegie Hall Concert, We Shall Overcome, homenajeado años después por el jefe Springsteen. Por otro lado, Tony Bennett (1926) mantuvo el nivel con I Wanna Be Around… y Roy Orbison (1936-1988) colaboró con un prematuro álbum de éxitos titulado In Dreams. Apareció también Indian´s Master Musician de Ravi Shankar (1920-2012), quien se convertiría en figura muy conocida en Occidente.
Barbara Streisand realizó su disco debut, ya con sus capacidades teatrales aplicadas a la vocalización, por medio de The Barbara Streisand Album, mientras que Judy Collins (Seattle, 1939) hizo lo propio con Judy Collins 3, incluyendo una memorable versión de Masters of War de Dylan, y la organista Shirley Scott (1934-2002) con Soul Shoutin’, su obra más sentida pergeñada junto a Stanley Turrentine. La jazzera Sheila Jordan (1928) grabó Portrait of Sheila Jordan, iniciando su carrera en todo lo alto.
El disco navideño del año, y quizá de la historia, corrió por cortesía del afamado y controvertido productor Phil Spector, vía A Chistmas Gift For You From Phil Spector, con invitados diversos (The Ronettes y The Crystals, entre otros) y su famoso muro de sonido en acción. The Impressions, trío liderado por el brillante compositor Curtis Mayfield, debutó causando una muy buena ídem, no solo por los juegos de vocalización, sino por las aún recordadas composiciones como se escucha en The Impressions. Nat “King” Cole (1919-1965) deslizó con la suavidad acostumbrada su obra Those Lazy-Hazy-Crazy Days of Summer, ya en sus últimos años de vida.
El blues estuvo sentidamente representado por el reconocido John Lee Hooker (1917-2001) con el recopilatorio Don’t Turn Me From Your Door: John Lee Hooker Sings His Blues y por Lightnin’ Hopkins (1912-1982) y su Goin’ Away; el dueto integrado por Joe Venuti & Eddie Lang produjo Stringing the Blues, en una exquisita conversación entre violín y guitarra, mientras que otro dúo conocido como Jim & Jesse, grabó Bluegrass Special, música de raíces con espíritu religioso.

VIEJOS EN ACCIÓN O EL RETORNO DE LOS HÉROES OCHENTEROS

8 diciembre 2013

El cine de acción se diversifica en personajes y en estrategias visuales, acaso en ciertas resoluciones narrativas, pero la base sigue siendo la misma: uno o dos tipos al filo de la legalidad, sobreviviendo a su propia soledad y demonios internos, que terminan por detener criminales declarados o corruptos representantes de la ley, después de las consabidas explosiones, persecuciones, balaceras, golpizas y rescates de algún ser querido presumiblemente distanciado.
El género tuvo un fuerte auge en los ochenta y ahora parece que los protagonistas están de regreso. Ya lo decía José Felipe Coria en su columna titulada Geriatrón (El Financiero, 04/03/13): “La combinación de géneros resultó interesante al fundar el humor posmoderno y cuando la acción trepidante se llenó de audaces movimientos de cámara”. Si bien las generaciones recientes tienen sus propios héroes de acción rápidos y furiosos, ahora también ubicados en los videojuegos, resulta interesante en términos de audiencia que dentro de esta tendencia retro-ochentera también reaparezcan los personajes que surgieron en aquellos años.
De esta manera, una cinta como Los indestructibles (The Expendables, 2010) convocada y dirigida por Stallone, apela a una nostalgia jocosa en la que se ponen canas y arrugas por delante para reírse de sí mismos, pero al fin demostrar que todavía salen muchas correas de sus cueros: los años no pasan en balde porque aunque se pierdan capacidades físicas se ganan experiencias que permiten resolver las situaciones límite o al menos soltar el comentario ocurrente, como sucede en la inminente secuela Los indestructibles 2 (West, 2012), que anticipa una tercera entrega y así hasta donde se pueda.

JUBILACIÓN POSPUESTA
El propio Sylvester Stallone, quien revivió a sus personajes paradigmáticos en Rocky Balboa (2006) y John Rambo (2008), es dirigido por Walter Hill, otro veterano de regreso y responsable de la modélica 48 horas (1982) y de la memorable El peleador callejero (Hard Times, 1975) con Charles Bronson, en El ejecutor (Bullet to the Head, 2012), en la que se sigue a un matón ya añoso que de pronto es traicionado por sus contratistas y, junto a un policía coreano forma una divertida pareja para desenmascarar a los malosos y salvar, de paso, a su crecidita hija.
Andando como quien se las sabe de todas (casi) todas, pidiendo un bourbon que ningún bar tiene, buscando la salida en auto de lujo si se puede y soltando sarcasmos, balas y trancazos a diestra y siniestra, James Bonomo (Stallone) es un personaje que quizá hemos visto miles de veces en situaciones parecidas: la diferencia, al parecer, radica en la forma de representar a un viejo mercenario que no solo usa el colmillo, sino que todavía puede hablar con los puños y enfrentar a jóvenes gigantones vueltos máquinas de matar.
Mientras tanto Arnold Schwarzenegger, parte del elenco indestructible, ha vuelto al ruedo de la ficción después de su paso por la política (quizá otra forma de ficción, por cierto), que lo llevó a ser gobernador de California del 2003 al 2011. Ahora, en el mundo fílmico, se convirtió en Ray Owens, un sheriff de un pequeño pueblo ubicado en la frontera con México. Al borde el retiro, se convertirá en la oportunidad final para detener a un peligroso narcotraficante, perseguido por medio mundo, que tiene que pasar por sus olvidados dominios para salir de Estados Unidos.
IndestructiblesDirigida por Kim Jee-Won (La maldición de las hermanas, 2009), El último desafío (The Last Stand, 2013) juega creativamente con dos escenarios que van convergiendo en la pelea final, desarrollada a partir de un indudable espíritu western. Ahí queda la frase memorable del sheriff cuando se dirige al escurridizo delincuente para hacerle notar que no haga quedar mal a los inmigrantes hispanos. Y eso que era republicano.
Por su parte, Bruce Willis, además de participar en películas de otros géneros usualmente con buenos resultados (Asesino del futuro, 2012; Un reino bajo la luna, 2012), ha sido figura constante en el cine de acción: recientemente continuó con la saga de John McCLane en Duro de matar: un buen día para morir (Moore, 2012), en la que va a buscar a su hijo en Rusia para verse en medio de un conflicto de proporciones explosivas que deberá ser resuelto, como cabría esperar, por los McClane.
Actuó en las olvidables Dura verdad (The Cold Light of Day, El Mechri, 2012), Fuego con fuego (Barrett, 2012), Un robo con riesgos (Set Up, Gunther,2011) y Catch .44 (Harvey, 2011). Dentro de la tendencia de combinar experiencia, comedia y acción, fue integrante del grupo de agentes de regreso al campo de batalla en las disfrutables dos partes de Red (Parisot, 2013 / Schwentke, 2012) e hizo acto de presencia en G.I. Joe: La venganza (Chu, 2013), otra cinta que pronto pasó a formar parte del montón.

TODAVÍA BUSCANDO PELEA
Finalmente, moviéndose en los circuitos del video (buscar en los botaderos de los supermercados) y cada vez menos llegando a las salas cinematográficas, otro par de héroes de acción siguen haciendo películas, rutinarias si se quiere, pero todavía con ganas de atrapar malosos o ser uno de ellos sin importar la notoria sobreactuación y desgaste. Por una parte, el sueco Dolph Lundgren, quien saltara a la fama como el rival ruso de Rocky, ha entregado recientemente Blood of Redemption (Serafini y Sourgose, 2013), El blanco de los asesinos (One in Chamber, 2013), Entrega explosiva (The Package, 2013), Regreso al presente (Retrograde, 2012) e Icarus (2010).
Por la otra, Jean-Claude Van Damme ha resucitado a su personaje más famoso en Soldado universal 3: Regeneración (2009) y Soldado unviersal 4: Día del juicio (2012),), ambas dirigidas por John Hymas, quien también se encargó de la rutinaria Los ojos del dragón (2012). La saga inició con Soldado universal (Emmercih, 1992) y el mismo Lundgren ha participado activamente. El actor belga sorprendió a propios y extraños con su actuación en JCVD (El Mechri, 2008), en la que se interpreta a sí mismo viviendo similares problemas a los de su vida real, entre adicciones y rupturas familiares. Estos dos actores participaron también en la ahora serie de Los indestructibles.
En fin, ahí siguen los veteranos héroes de acción, medio restirados y hojalateados, con las dotes actorales de siempre, prefiriendo los golpes de sus enemigos fílmicos a ser derrotados por una invencible jubilación. Como muestra de que la mata sigue dando, Plan de escape (Håfström, 2013) vuelve a reunir a Rambo y Terminator para compartir grescas y bromas sobre la vejez.

DIVERSIDAD SONORA PARA CERRAR EL AÑO

1 diciembre 2013

Se escurre el 2013 y antes que se vaya en definitiva, todavía recibimos algunas oportunidades para asistir a conciertos que abren posibilidades para gustos variopintos. Veamos.

THESE NEW PURITANS
En un principio se les comparó con The Fall, Public Image Limited y Wire, con tendencias electrónicas que encuentran su hábitat idóneo en los clubes nocturnos. Han mutado en estilo y vertiente, apostando por la construcción de una identidad distinguible a partir de la incorporación de elementos del free jazz, la música clásica contemporánea y sonidos provenientes de otras formas del conglomerado de la electrónica. Sus letras, por momentos estructuradas a partir de frases etéreas, complementan esta propuesta cada vez más identificable dentro del numeroso conjunto de bandas aparecidas en los años recientes.
Conformado por los gemelos Jack (guitarra/laptop) y George (batería), junto con la tecladista Sophie Sleigh-Johnson y el bajero-samplero Thomas Hein, These New Puritans nació en el 2006 y entregó el EP Now Pluvial (2007) como primera muestra de su breve aunque versátil obra, también iniciada con el sencillo Navigate, Navigate. Su LP debut, Beat Pyramid (2008), los colocó en la mirada de público y prensa gracias a la creativa letrística y a la forma de encarar la conformación de las secuencias rítmicas.
Con la grabación de Hidden (2010), el cuarteto se aventuró a territorios nuevos para ellos, proponiendo el riesgo como forma de vida y la búsqueda como apellido estilístico. Hay sonidos de espadas que anuncian batallas imposibles de ganar, mientras en el aire se respiran aromas arabescos como guardados al vacío. Con esta obra parecería que ya no hay un posible retorno, sino una caminata viendo hacia un horizonte incierto pero más apasionante: si volteas para atrás puedes quedarte pasmado.
Ya sin la tecladista, entregaron Fields of Reeds (2013), disco que nos depara una misteriosa visita de aliento diverso, transitando de cierta experimentación a quietudes sospechosas, con teclados casi ceremoniosos y una rítmica fragmentada por la que se diluyen juegos vocales de exaltación contenida. Cada uno de los cortes que lo integran parece sugerir la apertura de una nueva ruta, como se advierte desde la abridora This Guy´s In Love With You, destilando un dejo de inasible extrañeza.These New Puritans

OMER AVITAL
Este cuarentón contrabajista israelí recibió influjos sonoros de diversas regiones que fueron integrándose a su concepción del jazz, fuertemente consolidada por su participación con tipos de la talla de Kenny Garrett y Roy Haynes, por mencionar un par de ejemplos. De un intenso proceso de aprendizaje se derivó su incursión como líder que se vio cristalizada con el brillante y elusivo Think With Your Heart (2001), que inició una consistente trayectoria con obras como Third World Love Songs (2002), Asking No Permission (2006), con poderosa presencia de múltiples saxofones, y The Ancient Art of Giving (2006).
Después de Arrival (2007), The Omer Avital and Marlon Bowden Project (2007), Free Forever (2011) y Yes! (2012), grabado junto a Aaron Goldberg y Ali Jackson, nos regaló Suite of the East (2012), quizá su obra más consistente a la fecha, combinando los sonidos de su tierra y alrededores con la estética jazzística de alcance universal; melódico e intenso por partes iguales. Un buen ejemplo de cómo el jazz se puede hermanas con músicas surgidas antes del inicio de los tiempos.

RADAID
Formado por Saúl Ledesma y Emmanuel Macías en Guadalajara, Jalisco a finales del siglo pasado, este colectivo de aliento intercultural debutó con Radaid (2003), enfocando su propuesta a la diversidad de géneros, mostrando amplio registro y prometedoras capacidades camaleónicas: si bien cuando se ubica en el pop no se distingue de muchas otras bandas que inundan como clones las estaciones radiales, resultan más interesante sus incursiones por territorios tapizados de folk, música celta, florituras árabes e incluso por sonidos más cercanos al bel canto.
Con algunos ajustes en la alineación y alcanzando mayores registros estilísticos que permitieran dar una vuelta al mundo en menos de ochenta días, grabaron Luz escondida (2006), al que le seguirían L’intent (2009) y The Willing Parte 1 (2012), álbum en el que Sofía Orozco y la soprano Daniella Lazzeri se contrapuntean y conjuntan para darle a las piezas una bienvenida riqueza sonora que trasciende fronteras, apuntaladas por la elusiva instrumentación que juega con elementos tradicionales y modernos, de corte electrónico.

BANKS
Jillian Banks firma solo con su apellido. Es una joven californiana que en una primera escucha, puede parecerse demasiado a Lana de Rey, pero si nos damos una segunda oportunidad, empiezan a develarse ciertos atributos como la combinación atinada de elementos provenientes del trip-hop, el dark y el pop alternativo, incluyendo ritmos que van poco a poco haciendo mella en los atribulados corazones. Con el EP London (2013), grabado después de algunos sencillos, se presenta en el mundo discográfico y, quizá es prematuro decirlo, pero podrá convertirse en otra de las figuras femeninas a seguir en el universo pop.