Archive for 30 agosto 2012

OBSESIONES LLEVADAS AL PATETISMO

30 agosto 2012

Personajes atrapados en sus propias obsesiones, manías e insatisfacciones que terminan por ser destructivos para los demás y para sí mismos, llegando al crimen como forma de resolver, solo en apariencia, sus problemas. Entornos sociales en los que parece no importar la presencia o ausencia de estos seres enajenados de la más mínima posibilidad de convivencia social que pueda ir más allá de sus propios intereses. En tonos variados que van del realismo al terror y de ahí a la comedia, aventándonos sin red de protección de película en película, aparentemente distintas pero con ciertos hilos conductores que surgen de una madeja: el patetismo. Todas disponibles en los videoclubes de nuestra ciudad.

OBSESIÓN IMITATIVA
Un cincuentón con altos grados de frustración acaso no reconocida y canalizada de manera violenta, vive obsesionado en imitar a un ícono fílmico, al estilo de esas personas que dedican su vida a ser quienes no son, buscando fama, afecto o reconocimiento a partir del disfraz de la estrella mediática. Asiste al cine cuantas veces puede para ver la cinta en cuestión y ensaya en solitario y junto a otros seres que viven alrededor de una fonda en la que presumiblemente se presentará un espectáculo mágico y musical, que poco tiene de ambos y que más bien mueve a la depresión y al malestar anímico.
Dirigida por Pablo Larraín (Fuga, 06; Post Mortem, 10; No, 12), Tony Manero (Chile, 08) es un duro retrato del nivel de amoralidad a la que puede llegar un pobre diablo con tal de alcanzar sus absurdos objetivos. Con una por momentos titubeante cámara en mano, abundancia de desenfoques, perspectivas subjetivas y una continua sensación de rechazo, seguimos a este monstruo sumido en la sociedad del espectáculo, acá envuelta por la dictadura pinochetista, en sus pretensiones de montar un deplorable show y ganar un concurso televisivo de imitadores del personaje interpretado por John Travolta en Fiebre del sábado por la noche (Badham, 77). La notable actuación de Alfredo Castro, por momentos recordando a Al Pacino, redondea la construcción de uno de los personas más desagradables que se ha visto en el cine reciente.

PATETISMO ADOLESCENTE Y LABORAL
Arrancando en apariencia como una comedia pero inclinándose más hacia el drama, Adultos jóvenes (Young Adult, EU, 11), sigue a una escritora para adolescentes de éxito declinante, ya llegando a los cuarenta (Charlize Theron), que regresa a su pueblo para reconquistar al novio de la prepa (Patrick Wilson), ahora casado y con un hijo: como cabría esperar, lo que se encuentra no es necesariamente lo que estaba buscando… o quizá sí pero no lo sabía.
Dirigida por Jason Reitman y sin estar a la altura de su propia filmografía (Gracias por fumar, 05; Juno, 07; Amor sin escalas, 09) dadas ciertas situaciones demasiado forzadas provenientes del guion de Diablo Cody, como en el momento en el que se avienta su drama y todos en la fiesta la escuchen como si fuera muy interesante, y a la presencia de personajes que no cuajan (el primo paralítico) y terminan siendo meros estereotipos, el filme sale a flote por el patetismo bien encarnado por la protagonista y ciertos detalles en los que uno que ronda esas edades, acaba irremediablemente reflejado.
Por su parte, Quiero matar a mi jefe (Horrible Bosses, EU, 11) es una comedia dirigida por Seth Gordon en la que tres amigos empleados comparten la monserga de tener a sendos jefes insufribles (en sobreactuación flagrante Kevin Spacey, Colin Farrell y Jennifer Aniston), por diversos motivos: patanería, acoso sexual, prepotencia y lo que se vaya sumando. Con un arranque prometedor que anuncia un humor negro constante, el filme va deshilachándose sin saber bien a bien a dónde quiere llegar, enfatizando la intriga que no resultaba tan interesante como los propios personajes, un cuanto tanto abandonados durante el avance de la historia. Se antojaba para bastante más, dada la ingeniosa idea de inicio.

OBSESIONES ALREDEDOR DE LAS BELLAS DURMIENTES
Un par de hombres que trabajan o administran sendos edificios, amables y serviciales. Dos jóvenes mujeres solas que viven en uno de los departamentos, en trance de terminar o volver con sus igualmente patéticas parejas. Ambas empiezan a pasar malas noches, se despiertan cansadas y no saben con certeza qué es lo que sucede: ¿alguna presencia sobrenatural? ¿mal de sueño? ¿algún intruso de carne y hueso que esté haciendo de las suyas? Se trata de dos películas que coinciden en temática aunque el tratamiento y los resultados son distintos, jugando con lo que no se muestra como elemento central para el desarrollo argumental.
Por una parte, Oculta obsesión (The Resident, EU, 11) es una típica cinta de misterio en la que una doctora recién mudada (Hillary Swank) a un depa que parece ser una gran oportunidad, empieza a percibir eventos misteriosos, mientras es apoyada por el ahora dueño del edificio y ante las miradas sospechosas del abuelo de éste (el gran Christopher Lee). El asunto va siendo demasiado convencional y al limitado desarrollo de personajes, habría que sumarle un desenlace absurdo, por decir lo menos, y una sensación de haber visto la historia demasiadas veces.
Por la otra, Mientras duermes (España, 11) intenta ir más allá pidiendo cierta complicidad con el espectador por aquello de la verosimilitud (eso de contratar a alguien y luego averiguar quién es…) y por la condescendencia con el improbable trazo del personaje femenino (Marta Etura) y de la pequeña vecina, aunque agradeciendo la presencia de Luis Tosar. Dirigida por el especialista en el cine de terror Jaume Balagueró, conocido por la franquicia REC, la cinta con enfático juego de espejos, consigue implicarnos con este personaje cargado de patetismo y paulatinamente más peligroso de lo que él mismo o su madre supondrían.

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AL BORDE DEL ABISMO

23 agosto 2012

Un par de documentales que logran trascender su narrativa más allá de los sujetos y temáticas que presentan, alcanzando a desglosar diversas aristas de la naturaleza humana. Independientemente del interés que uno tenga por el equilibrismo y las carreras de autos, ambos se plantean como textos creativamente articulados que pintan de cuerpo entero a sendos hombres viviendo de acuerdo a sus convicciones, tentando a la muerte sin preguntarse por las razones de estar constantemente al filo de la vida: no como extremismo vacío, sino como una especie de respuesta a un llamado imperceptible para hacer que la adrenalina se desparrame por la pista o el cable.
Enfrentando al vacío como escenario por explorar y a la altura o a la velocidad, según el caso, como condición no solo física sino anímica, convertida en forma de vida, este par de hombres entendían que sus hazañas pasaban más por una serie de convicciones anidadas en la niñez y no como una forma de atraer a los reflectores: en la sencillez de sus planteamientos, como si sus acciones fueran una consecuencia natural de las creencias propias, pareciera estar la clave para entenderlos. Del otro lado de las cámaras, un par de cineastas ingleses cuyo mejor territorio parece ser el del documental. Estos estupendos filmes están disponibles en los videoclubes de la ciudad y si bien nos llegan con retraso, aquí sí aplica el más vale tarde que nunca.

EL HOMBRE EN EL CABLE: NO SIEMPRE HAY UN PORQUÉ
Dirigida por John Marsh, que igual se ha movido en la ficción (El rey, 05; Red Riding: In the Year of Our Lord 1980, 09; Shadow Dancer, 12) que en el documental (Wisconsin Death Trip, 99; Project Nim, 11) y basada en el libro del propio funámbulo convertido en atracción mediática Philippe Petit, Man On Wire: La gran hazaña (RU-EU, 08), ganadora del Oscar en la categoría correspondiente, toma como centro del relato el llamado “crimen artístico del siglo”: atravesar las torres gemelas del World Trade Center neoyorquino en 1974, a través de un cable tendido entre ambas, con el apoyo de una pértiga y de una desbordada capacidad para desafiar todo tipo de lógicas.
Como lo hiciera en The Team (05), donde retrataba a un equipo de fútbol formado por vagabundos que participó en la 1st. Annual Homeless Soccer World Cup en Austria durante el 2003, el director vuelve a retomar a un grupo de outsiders que acompañan al protagonista en su locuaz aventura por los aires, desde los viejos conocidos en su natal Francia, con todo y los momentos de melancolía por la posterior ruptura, incluyendo a su pareja de toda la vida, hasta los estadounidenses que se incorporaron para facilitar el inusual tránsito entre techo y techo, con ciertos toques de humorístico thriller de espías.
A partir de dramatizaciones, pietaje auténtico y la consabida presencia de las cabezas parlantes, puntualmente editadas, las secuencias de ayer y hoy se van estructurando de manera fluida y empática, acompañadas de la incisiva reiteración musical cortesía de Michael Nyman y de una notable capacidad para involucrarnos en esta deliciosa irreverencia. Es inevitable la mirada del film a partir de los sucesos del 11/09, sobre todo por el contraste de épocas: una en la que parecía privar las travesuras con tamiz infantil, en contraste con la barbarie de los aviones comerciales estrellándose contra las simbólicas torres, dándole dramática entrada al nuevo milenio. Como planteaba Petit ante la insistencia de indagar por las razones de su travesía: no hay un porqué.

AYRTON SENNA: POR LA AUTOPISTA DE DIOS
Dirigida por Asif Kapadia (El guerrero, 01; El regreso, 06; Far North, 07) con notable equilibrio entre la acción de la Fórmula Uno, la suciedad política y mercadológica infiltrada en el deporte y la presentación de un tímido hombre creyente, patriótico, filántropo y de firmes propósitos, convertido en estrella mundial, Senna (10) es una mirada con oportunos cambios de velocidad por la trayectoria del piloto brasileño, desde sus inicios en la infancia hasta los años gloriosos en los 80’s y principios de los 90’s, con todo y sus conflictos con Alain Prost y el presidente de la Federación.
Articulada con entrevistas, escenas televisivas y reportajes, la sensible cinta permite adentrarse en el mundo de este hombre no solo como uno de los grandes de las carreras automovilísticas, sino como un tipo que no olvida de dónde viene y no se obnubila por los logros alcanzados, sino al contrario, sigue agradeciendo a Dios y repartiendo parte de sus ganancias entre los menos favorecidos de su querido país carioca. El exhaustivo trabajo de recuperación documental y su oportuno ensamblaje, nos permite conocer de primera mano y con voz propia, la trayectoria de este seguidor incondicional de la velocidad como forma de entender la evolución.

Sirva este texto para recordar al francés Chris Marker (1921-2012), uno de los grandes maestros del documental como forma de expandir la realidad.

DE HOMBRES Y DE DIOSES: LA FE MÁS ALLÁ DE LOS CREDOS

16 agosto 2012

La decisión de permanecer en un convento en el monte Atlas de la región del Magreb, a pesar del evidente riesgo para la vida, o bien regresar a Francia, dejando a la comunidad con la que han logrado vincularse afectivamente. No se trata de hacer mártires, sino de seguir sirviendo a los demás de la mejor forma posible, de continuar la construcción del reino de Dios en el que todos caben, sin distingos raciales, religiosos o sociales: buscar más las coincidencias entre el Corán y la Biblia que acentuar las diferencias; promover los encuentros de las posturas moderadas y evitar los extremismos que acaban por tocarse pero en la destrucción mutua.
Basada en un caso real ocurrido en Argelia en 1996, De hombres y de dioses (Francia, 10) se constituye como un film que permite reflexionar en torno al sentido de la vocación más allá del sacrificio provocado, a la posibilidad de convivencia armónica entre religiones y a la manera en la que es posible asumir compromisos grupales, aunque en ello vaya la vida, independientemente de las decisiones unipersonales: cuando los principios se mantienen intactos, las alternativas se presentan de una forma nítida y las acciones encuentran un sólido asidero en las convicciones largamente cultivadas.
Ocho monjes cistercienses franceses desarrollan su misión en la convulsa Argelia, encabezados por el religioso Christian (Lambert Wilson, estoico), de firmes creencias pacíficas y que sostiene la idea de evitar cualquier tipo de intimidación-apoyo, ya sea de los grupos guerrilleros o del gobierno: la labor está claramente dirigida a la comunidad fundamentalmente musulmana, con la que se participa en las celebraciones, se le brinda atención médica, a través del sabio hermano Luc (Michel Losdale, notable) y se dialoga continuamente.
Vemos la vida cotidiana en el monasterio, entre los sentidos rezos, los cánticos cargados de humildad, la cosecha real y metafórica y las actividades de carácter intelectual, a la manera de El gran silencio (Gröning, 05), aquella reflexiva y silenciosa película desplegada al interior del corazón de los monjes trapenses. Pero también nos vamos mezclando con la comunidad y con los contextos de violencia que empiezan a invadir el escenario, como sucedía en La misión (Joffé, 86), en la que las posturas de los religiosos se contraponen entre sí ante el ataque de los colonizadores.
Al ser asesinado un grupo de trabajadores extranjeros, se desata una serie de actos violentos en los que participan grupos extremistas, pronto atacados por las fuerzas militares del gobierno. Los monjes toman la postura de ayudar sin mirar a quién dentro de sus principios humanitarios y religiosos, hasta que la situación se vuelve insostenible. La palabra de Dios y el espíritu de servicio se convierten en las más poderosas armas que trascienden los ataques alrededor del convento, asediado por fuerzas que solo entienden cuestiones de este mundo.
El quinto filme largo de Xavier Beauvois (North, 91; No olvides que vas a morir, 95; Según Matthieu, 00; El pequeño teniente, 05) se ubica en el cine histórico-religioso que plantea desde una perspectiva contemplativa con los espíritus de Dreyer, Bergman y Bresson rondando las atmósferas y eludiendo manipulaciones sentimentaloides de heroicidad forzada, el proceso vivido por un grupo de hombres en una situación extrema que coloca su vida en riesgo frente al llamado de continuar con su apostolado en una región que vive un conflicto bélico.
Aparece el miedo como una condición humana natural, asumido claramente por Christophe (Olivier Rabourdin) en contraste con una vocación sustentada en un misticismo construido a partir del diálogo con Dios pero también con los hermanos misioneros y la comunidad, en la que se toman acuerdos y se establecen posturas. Con una fotografía a contraluz, encuadres de sobria plasticidad y parsimoniosos desplazamientos de cámara, particularmente sobre su eje horizontal en concordancia con la idea de igualdad, se van mostrando los hombres en su fragilidad, pero también en su convicción amorosa.
Y la última cena, con el fondo musical de El lago de los cisnes de Tchaikovski, termina por mostrar a este grupo de hombres al fin decididos y mirando de frente: cada uno tiene su espacio en el desarrollo de los acontecimientos para poder identificarlos no solo en su individualidad, sino como parte integrante de una entidad que en el consenso encuentra su principal fortaleza, iluminada por el soplo del llamado a continuar con el apostolado encomendado, en una tierra llena de pugnas en las que se combina el dogma con el ansia de poder.
El filme nos presenta a seres humanos comunes que dudan una y otra vez; deliberan y argumentan en torno a las medidas que deben tomar de acuerdo a las circunstancias y colocan como objeto de discusión al sacrificio necesario como un camino que no se busca por sí mismo, pero que acaso se encuentra en consonancia con la voluntad divina. Una película imprescindible.

ASCENSOS Y DESCENSOS

11 agosto 2012

Un par de films de acción con trasfondo social y político, enclavados en la lucha por el control territorial y por ende, para asumir el poder como forma de dominio: ya sea una ciudad en aislamiento o un mercado clientelar. ¿Qué significa el ascenso: la muerte, la normalidad, el anonimato, la ausencia definitiva, el romance efímero? ¿Y el descenso: liberación, salvajismo o enajenación? Ambas en la cartelera de la ciudad.

LA ESPERANZA COMO FORMA DE CONTROL
El cine del londinense Christopher Nolan (corto Doodlebug, 97) se ha caracterizado por el abordaje de la pérdida y la dificultad de sobrevivir a ella: de la autonomía en Following (98); de la memoria en Amnesia (00); del descanso en Insomnia (02); de la personalidad en Batman inicia (05); de la moral en El caballero de la noche (08); de la sorpresa en El gran truco (06) y de la realidad en El origen (10). El cine como espectáculo se entrelaza, con más fortuna en unas que otras, con la mirada artística y la firma de autor.
Ahora, con El caballero de la noche asciende (The Dark Night Rises, EU, 12) plantea la pérdida de la esperanza como el vehículo, paradójicamente, para cambiar el estado de las cosas. Si la esperanza se convierte en una especie de anestesia que impide a las sociedades actuar por estar esperando mejores oportunidades, mantenla siempre de alguna manera, lo bastante cerca para que sea alcanzable y lo suficientemente lejos para que no ocurra la transformación anhelada. Construye mitos, siembra el miedo, finge hacer justicia y el control estará asegurado.
Con dos mujeres cargadas de misterio a su alrededor (Marion Cotillard, Anne Hathaway), el apoyo de sus incondicionales (Michael Caine y Morgan Freeman, breves y luminosos) y aún con la confianza de un par de representantes de la ley (Gary Oldman, Joseph Gordon-Levitt), el hombre murciélago (Christian Bale) deberá salir de su ostracismo para enfrentar a sus demonios internos, a cierto policía desorientado (Matthew Godine) y, sobre todo, al siniestro enmascarado de respiración profunda y cuerpo anabólico (Tom Hardy), buscando imponer el terror como forma de entender la vida.
Más allá de filias y fobias, Nolan ha cambiado las reglas del juego para el cine basado en cómics, si bien parece haberse engolosinado en esta entrega final sobre su mirada a este personaje irremediablemente escindido, olvidando algunos detalles de coherencia interna en el imaginativo guion que sabe establecer conexiones con los dos filmes anteriores, y quizá cayendo por momentos en ciertos lances pretenciosos. Cierto es que a partir de ahora, el planteamiento para realizar un filme de algún superhéroe, tendrá que voltear a ver lo hecho con Batman.
No obstante, las vueltas de tuerca, la combinación de drama con acción, el desarrollo de algunos personajes (otra vez un villano a la altura de las circunstancias) y el manejo de emociones múltiples, se mantiene a lo largo del film, soportado por el intenso score de Hans Zimmer, una puesta en escena grandilocuente fotografiada a partir de la lógica de contrastes, y una edición de rítmica variada, según la intención emocional de la secuencia. Digna conclusión, quizá con un desenlace demasiado subrayado, a una de las grandes sagas del siglo XXI del cine entendido como espectáculo puro.

NEGOCIOS RIESGOSOS
Después de realizar puntillosas películas sobre las realidades bélico-políticas (Salvador, 86; Pelotón, 86; Talk Radio, 88; Nacido el cuatro de julio, 89; JFK, 92; Nixon, 95), de corrupción financiera-deportiva (Wall Street, 87; Un domingo cualquiera, 99) y de violencia social (Asesinos por naturaleza, 94; Camino sin retorno, 97), Oliver Stone no ha logrado volver a su nivel en lo que va del siglo, realizando documentales sobre Castro y Chávez, alguna secuela tardía, un drama convencional y biopics de escasa fuerza narrativa.
Ahora regresa para dirigir Salvajes (Savages, EU, 12), cinta basada en la novela homónima de Don Winslow, quien colabora en el guion y es bien conocido por su inquietante texto El poder del perro, en la que se confrontan un par de amigos con negocio próspero de mariguana que comparten novia y ganancias, contra la llegada de un cartel mexicano a territorio estadounidense que quiere su parte del pastel: en medio, un agente que le puede ir apostando al mejor postor, según se muevan los vientos de cambio.
Con narradora en off y una acezante edición que no se detiene para mostrar la violencia gratuita que invade estas batallas por el mercado y los territorios, la historia se desarrolla sin dar mayores pistas contextuales, centrada en el trazo de los personajes, entre siniestros y caricaturescos, y los procesos de negociación/traición que van delineando la relación entre ellos: ante la propia perspectiva, los otros son vistos como unos salvajes, hasta el momento que te asumes como tal y reconoces que tú también lo eres, aunque con buena vibra.
Un filme que funciona mucho mejor como un thriller de acción que como un retrato cercano al complejo problema que aborda, dibujado de manera más certera en Tráfico (Soderbergh, 00). Parece que Stone ha sacrificado mirada crítica y amplia en aras del impacto inmediato. Juego de texturas, banda sonora continua y un elusivo juego de angulaciones de cámara buscando darle un barniz de actualidad a la película, se combina con una estridencia actoral que es bienvenida siempre y cuando se trate de una sobreactuación premeditada. Ninguno de los dos finales propuestos parece tener mucho sentido, a menos que se trate de una parodia.

METALLICA: EL MAGNETISMO NO HA MUERTO

4 agosto 2012

De pronto se convirtieron en el grupo más visible del mundo, cuando lo suyo había sido la disidencia y los caminos alternativos de un metal duro de roer, ajeno a cualquier guiño con las lógicas de la comercialización. Pero el talento ahí estaba y mientras algunos interpretaron este ascenso al mainstream como un paso natural dada la capacidad de la banda, otros lo vieron como una traición: en efecto, los ultras sentían que su grupo les había dado la espalda y que todo había terminado. Cierto es que sobrevivir a los reflectores no es fácil y ellos han sido un buen ejemplo: las exigencias de la industria y las presiones mediáticas son duras pruebas para mantener el equilibrio tanto personal como artístico.
Los Ángeles como contexto urbano y el inicio de los años ochenta, cuando ya el Heavy Metal tenía una historia que contar, con episodios brillantes escritos al otro lado del Atlántico. Lars Ulrich, un joven procedente de Dinamarca con gustos que se inclinaban por bandas como Iron Maden y Motörhead, convoca a través de una revista a otros músicos con similares intereses para formar una banda: contesta James Hetfield y juntos empiezan a tocar, marcando el nacimiento de Metallica, nombre prestado de una propuesta para bautizar a una revista.
Pronto integran a Lloyd Grant y Ron McGovney (diseñador del famoso logo del grupo, con aspecto tronante y explosivo), quienes son sustituidos por el bajista Clif Burton y Dave Mustaine, talentoso guitarrista rápidamente expulsado por sus problemas de carácter y alcohol, encontrando un destino en la formación de Megadeth, banda que junto a Slayer, Anthrax y Metallica, integraron el cuadrángulo esencial del surgimiento del trash metal, con todo y su velocidad al límite, entrecortes bruscos y letras denunciatorias.
Tras dar algunos tumbos en conciertos fallidos, búsqueda de integrantes y algún sencillo, por fin reclutaron al guitarrista de Exodus Kirk Hammet y Hetfield decidió hacerse cargo de la vocal, además de tocar la guitarra rítmica. Kill ‘em All (83) se constituyó como un poderoso debut de la banda y una obra que en definitiva les permitía sentar las bases de su estilo, contrastante con la escena del glam metal y con los roqueros de peinado de salón. La portada conformada por un martillo en un charco de sangre con la sombra de una mano, y tanto el logo como el nombre del grupo en rojo sobre un marco negro, resultó un reflejo iconográfico de por dónde transcurría la propuesta musical.
Instalados en Copenhague y ya con cierta atención del respetable (es un decir), grabaron Ride the Lightning (84), álbum más expansivo que buscó abarcar otros territorios, acaso de mayores ambiciones estilísticas con todo y la presencia de los rayos cual circuitos de compleja estructuración. Con estos dos álbumes como soporte, vendría su obra cumbre y uno de los álbumes definitivos de los ochenta y de la historia del metal: Master of Puppets (86), centrada en la perversidad de la manipulación y en la que se combinó de una manera orgánica la furia y el talento estructural para crear piezas de alto impacto. Un duro golpe resultó la posterior muerte del bajista Cliff Burton en un accidente de carretera.
El estatus alcanzado de ser la banda del género más importante del momento pareció no afectarles demasiado en términos creativos, por el momento. Su siguiente entrega ya con Jason Newsted en el bajo, precedida por el disco-homenaje Garage Days Re-visited (87), se tituló …And Justice For All (88), cual cerrojo de una brillante década con algunos cortes de complejas texturas que denotaban una indudable evolución en la capacidad compositiva, quizá en detrimento de cierta fiereza. Usualmente relegado a cofradías y alejado de los gustos de la crítica especializada, el metal parecía tener un representante a la altura de las expectativas.

ADIÓS A LOS DÍAS DE GARAGE
Los años noventa se convertirían en los más complicados para el grupo. Empezaron por presentar, de la mano del productor Bob Rock, el álbum Metallica (91), también conocido como The Black Album, obra de gran calado que los colocó como una de las bandas con mayor atención del mundo: en plena época grunge, el metal alcanzaba un estatus mediático que nunca había tenido hasta entonces. El disco atrajo a millones de nuevos fans, mientras que algunos de los antiguos miraban con recelo el éxito de sus antiguos héroes: el pleito con Napster les confirmaba que su grupo favorito se había vendido a los grandes intereses de la industria. Más allá de polémicas, se trató uno de los grandes discos de la década que apenas iniciaba.
Mientras más alto subes, más morbosa es la caída: la crisis creativa se empezó a manifestar con los irregulares Load (96) y Reload (97): cinco años fueron muchos como para reaparecer con un par de entregas que no estaban al nivel de su trayectoria y que, no obstante el criticado cambio asumido en estilo e imagen, no terminaron de consolidar un concepto novedoso. El siglo cerró con Garage Inc. (98), conformado por covers, y S&M (99), álbum doble en compañía de la Orquesta Sinfónica de San Francisco.
Tras otro bache creativo, dieron señales de vida con St. Anger (03), en el que intentaban recuperar la fuerza extraviada en algún punto de la fama, aunque aún con la imaginación aterida, y cuyo proceso de producción dio como resultado Some Kind of Monster (04), un documental terapéutico con su respectivo soundtrack, en el que se muestra la renuncia de Newsted y la llegada de Robert Trujillo, con quien ya presentaron Death Magnetic (08), producido por Rick Rubin y en el que los solos guitarreros volvieron por sus fueros, así como el talento por tantos años buscado en el inconsciente musical del cuarteto, recientemente puesto a las órdenes del maestro Lou Reed para grabar el áspero Lulu (11).
Bienvenidos a México.

ITALIANO PARA TURISTAS Y PRINCIPIANTES

2 agosto 2012

Cuando un país o ciudad se colocan como personajes de un film, se corre el riesgo de caer en un desgastado costumbrismo de folleto, más bien saturado de anacrónicos estereotipos al borde de la caricatura; pero también se tiene la oportunidad de darle un robusto contexto al desarrollo de la trama: dependerá de la astucia del guion para incorporar, a manera de condimento, los rasgos culturales del lugar donde se desarrolla, a una trama de mayor alcance que pueda resultar interesante incluso para quienes vivan ahí. Veamos un par de ejemplos: uno en cartelera y otro en los videoclubes de la ciudad.

WOODY ALLEN VIAJA A ROMA
Nueva York, Londres, Barcelona y París. El genial director cómico más importante del cine moderno, ha sabido convertir las ciudades de sus historias en auténticos espacios vivos de relaciones, situaciones y vicisitudes con un marco urbano de enorme peso. Ahora le toca el turno a Roma, ciudad eterna que ya Fellini develó simbólicamente en La dolce vita (60), obra maestra tejida en clave séptima y que ha servido para numerosos filmes de muy variada ralea.
En su más puro estilo coral con historias apenas traslapadas de recuerdos, amoríos y descubrimientos existenciales, salpicadas con el característico humor más basado en los diálogos que en las situaciones, nos presenta De Roma con amor (Rome With Love, EU-Italia-España, 12), su nueva citadina aventura europea, continente que por lo general se ha visto más receptivo a su obra que se propio País, no obstante que la Academia estadounidense lo acaba de premiar otra vez con un Oscar por mejor guion del film Medianoche en París (11).
La combinación de personajes estadounidenses con italianos no recurre al cliché de las diferencias culturales, sino más bien a construir diversas miradas sobre temáticas recurrentes como la fama (El precio del éxito, 98; Recuerdos de una estrella, 80) el retiro, la relación de pareja, el pasado, la profesión, la terapia (“No me sicoanalices, muchos han tratado y todos han fallado”) y la creación artística (El ciego, 02). La conclusión parece ser que Así pasa cuando sucede (09) y que más bien podemos cambiar todo para seguir igual que al principio, aunque dejar de ser reconocido en la calle, cual maldición del objetivo alcanzado, se convierta en una desgracia.
Cuatro historias con un prólogo de un agente de tránsito en glorieta intransitable: una pareja madura (Allen y Judy Davis) viaja a Roma para conocer a la familia del novio (Flavio Parenti) de su hija (Alison Pill), quienes se encontraron porque ella andaba perdida buscando la Fontana de Trevi; un famoso arquitecto (Alec Baldwin) vacaciona con sus amigos y se encuentra con un joven estudiante (Jesse Eisenberg) que le recuerda sus años mozos en el barrio del Trastévere; un tipo absolutamente común se convierte, de un día para otro, en famoso por el simple hecho de ser famoso (Roberto Benigni); una pareja de Pordenone llega a la gran capital para empezar ahí una nueva vida (Alessandro Tiberi y Alessandra Mastronardi).
Si bien no todas las historias mantienen el mismo nivel de interés y ciertos momentos se antojan un cuanto tanto forzados, destacan los pasajes en los que el director aparece en pantalla con su capacidad para reírse incluso de sí mismo como Groucho Marx –hacía tiempo que no lo hacía- y la chispa humorística para cuestionar lo políticamente correcto e insertar personajes que se convierten en indicativa ruptura de lo que los protagónicos podrían esperar: la insufrible aspirante a actriz de un snobismo ridículo (Ellen Page); la prostituta mejor conocida de las élites romanas (Penélope Cruz); el papá enterrador convertido en cantante de ópera de regadera (Fabio Armiliato); el actor aprovechado de la aparente inocencia (Antonio Albanese) y la esposa asumiendo la fama marital con singular naturalidad (Monica Nappo).
Me pregunto: ¿qué película haría Woody Allen con nuestro querido León como trasfondo? ¿Un pespuntador enamorado en silencio de la supervisora? ¿Un jugador de fútbol deprimido porque quería seguir jugando en la división de ascenso y no en la liga MX? ¿Una mujer casada de alta alcurnia viviendo una crisis por haberse enredado con un estudiante del Yo Soy 132, justo debajo del Arco de la Calzada? ¿Un cantante de ópera italiano que se escapa de la pantalla de la proyección en el Forum para quedarse a vivir con la rosa púrpura de León? ¿Un funcionario que vive la duda existencial de cambiarse o no de Partido? ¿un chofer de la oruga convertido en cronista de la ciudad?

LONE SCHERFIG APRENDE ITALIANO
Un grupo de personas solitarias de mediana edad, van coincidiendo en un curso de italiano. Con pérdidas recientes –padre, madre, esposa, empleo- intentan seguir adelante apoyadas por nuevos vínculos que encuentran a la vuelta de la esquina. En tono de comedia romántica y siguiendo los preceptos del movimiento Dogma 95, la realizadora danesa Lone Scherfig dirigió Italiano para principiantes (Dinamarca-Suecia, 00), cálido filme en el que se posibilita a los personajes para que puedan resarcir corazones y almas. En un curso de italiano puedes no aprender italiano, pero quizá sí a volverte a enamorar.