JOYAS ANIMADAS

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Si bien sabemos que en el mundo de los estudios cinematográficos de animación Pixar levantó el listón que han intentado alcanzar algunos competidores como Dream Works, Universal o Blue Sky, existen otras casas productoras reconocidas que, a partir de una propuesta estética inconfundiblemente imaginativa, siguen alimentando el género con filmes de sorprendente manufactura, integrando posibilidades tecnológicas con belleza artesanal y sensibilidad argumental.

DE LA REBELIÓN EN LA GRANJA A LAS LUCES DE LA CIUDAD

Uno de ellos es Aardman, fundado en los setenta por Peter Lord and David Sproxton que incorpora el clásico humor inglés y cuya carta de presentación fue Morph; en los ochenta, ya en conjunto con Nick Park, cabeza visiblemente creativa, diseñaron el video de Sledgehammer para Peter Gabriel y produjeron Un día de campo en la luna (1989), donde conocimos a los ahora célebres Wallace & Gromit, también protagonistas de Los pantalones equivocados (1993), la serie de diez cortos Cracking Contraptions (2002), Un asunto de pan y muerte (2009) y de La batalla de los vegetales (2005), amplia y justamente premiadas.

A partir de oportunos convenios, aparecieron las notables Pollitos en fuga (2000), Lo que el agua se llevó (2007), Operación regalo (2011) y ¡Piratas! una loca aventura (2012). Ahí está la técnica del stop motion llevada a sorprendentes niveles gracias a unas manos tan creativas como llenas de plastilina, demostrándonos que este dúctil material puede convertirse en arte puro, desenfadado y cómicamente costumbrista, heredando el humor mudo llevado a grandes altitudes por Charles  Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd.

ShaunAhora regresan con la deslumbrantemente cómica Shaun, el cordero (Shaun the Sheep: The Movie, RU, 2015), luminoso largometraje dirigido a diez dedos por Burton y Starzak, basado en el inteligente y nada borrego personaje creado por Park, ya merecedor del protagonismo en una cinta de largo aliento después de sus constantes apariciones en televisión a partir del 2007 inspiradas, a su vez, en el corto Una afeitada al ras (1995), ganador del Oscar.

En esta oportunidad, la entrañable oveja lidera a su hato para, primero, romper con la rutina vivida en la granja bien vigilada por el perro pastor y, después, para rescatar a su cuidador extraviado con amnesia en la ciudad, ya vuelto una celebridad de la nada simplemente por realizar peinados cual eficaz trasquilador, frente a los peligros implícitos del cambio de hábitat y los provocados por un perseguidor de animales sin dueño.

Las logradas escenografías cual curso avanzadísimo de elaboración de maquetas, un score siempre a tono, aprovechando el bagaje de la música inglesa, , acompañan la hilarante travesía de este grupo de ovejas con mandíbula oblicua en busca de su pastor, contada a través de secuencias coherentes entre sí pero que valen por sí mismas como impagables sketches cómicos, como los disfraces utilizados que incluyen convertirse en una back pack.

No faltan las múltiples referencias ingeniosamente insertadas en la trama como la del misterioso artista callejero Bansky, los trajes de Breaking Bad, Robert De Niro en Taxi Driver, Hannibal Lecter en forma gatuna y la dualidad de La noche del cazador (Laughton, 1955), representada por el BARK/BITE en lugar del famoso LOVE/HATE de los nudillos, dándole un toque de intertextualidad a toda la escena de la prisión, dentro de la que también se identifica la presencia de Sueño de fuga (Darabont, 1994).

Unos cínicos cerdos parranderos, un oportuno toro, el gallo abriendo y cerrando la puesta en escena y un extraño y solidario perro callejero, que contrasta con el de los ojos locos siempre mirando fijamente, además de paródicos apuntes sobre el absurdo de la fama, complementan esta maravilla animada que consigue desplegar humor en varios niveles y para todo mundo sin descuidar el toque emotivo.

LA LEYENDA DE LA PRINCESA NACIENTE

El otro estudio clave en el universo de la animación contemporánea es Ghibli, salpicado de la deslumbrante cosmovisión japonesa, alimentada con historias de otras latitudes, y con una tendencia hacia la estética manual que entiende que la belleza está en el detalle. Fue fundado a mediados de los años ochenta por el gigante de la animación mundial Hayao Miyazaki junto con su amigo y maestro Isao Takahata y la primera película del sello fue Nausicä en el valle del viento (1984), del propio Miyazaki.

Vendrían después varias obras maestras de ambos a quienes se sumaron, siguiendo el estilo visual y la tonalidad de los argumentos, otros realizadores como Tomomi Mochizuki (Puedo escuchar el mar, 1993), Yoshifumi Kondo (Susurros del corazón, 1995), Hiroyuki Morita (Haru en el reino de los gatos, 2002), Hiromasa Yonebayashi (Arrietty y el mundo de los diminutos, 2010; El recuerdo de Marnie, 2014) y Gorō Miyazaki (Cuentos de Terramar, 2006; La colina de las amapolas, 2011), hijo del padre fundador.

El estudio cuenta con un museo en Tokyo, asentado en una hermosa casa que parece sacada de alguna de sus películas; desde que se llega, en un camioncito propio, la sensación inmediata es formar parte de un mundo fantástico pintado a mano, lleno de colores e historias emotivas. Desafortunadamente, Ghibli se encuentra en una reestructura  dadas las dificultades económicas por las que atraviesa, crisis acentuada con el anuncio dado a conocer por Miyazaki acerca de su decisión de colgar los lápices a color.

Justamente del cómplice Takahata, bien conocido por la imprescindible La tumba de las luciérnagasPrincesa Kaguya (1988), llega La leyenda de la princesa Kaguya (Japón, 2013), cuya historia se basa en el antiguo cuento El cortador de bambú, acerca de una pequeña niña que nace en una de estas plantas y es recogida por una pareja de ancianos campesinos sin hijos, quienes la educan como propia en el campo pero que al crecer deciden llevarla a la gran ciudad para que viva como lo que se supone es: una princesa en espera de un príncipe, aunque no sea azul.

De la natural y fresca vida en la comunidad rural, la heroína tendrá que pasar por el duro proceso de aprendizaje para ser de la realeza, recibir candidatos para casarse con ella y averiguar su identidad: de dónde vino, cuál es su destino y cuál es el significado de su presencia en este mundo, que parece ajeno al de su origen. A través de poéticas pinceladas vamos acompañando a esta pequeña para encontrar las respuestas a sus preguntas, mientras intenta ser feliz estrechando lazos afectivos.

Hermosamente dibujada, con trazos sencillos y colores apagados que se soportan en líneas negras, muy en consonancia con la tradición de la pintura japonesa que tanto influenció a los impresionistas, el filme encuentra un pausado dinamismo en ciertas secuencias con emotivos desplazamientos que permiten a los personajes, delineados con claridad y acompañados de un luminoso score, disfrutar de los amplios espacios naturales que contrastan con la vida en palacio. Una obra maestra de sutileza pictórica.

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