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LEONARD COHEN: PALABRA Y ACORDE

13 noviembre 2016

El gran poeta montrealés sutil y elegantemente cobijado por la música, saltaba a golpe de graves susurros de la sensualidad a la espiritualidad, del amor anhelante siempre al borde a la muerte esperada, y de una melancolía contagiante a un canto cargado de esperanza, con todo y un filón político propio de sus raíces. Junto a Bob Dylan y Paul Simon, se constituyó como uno de los principales letristas de la música popular, entre melodías evocativas enclavadas en un folk calmo con destellos country, impulsado por los infaltables coros femeninos en plenos crescendos y una instrumentación tan austera como precisa.

Originario de una emigrante familia judía clasemediera, Leonard Cohen (1934 – 2016) formó parte del grupo casero de country The Buckskin Boys y se presentó en el escenario de las letras en su época de estudiante universitario con Comparemos mitologías (1956), conjunto de poemas influenciados por García Lorca (nombre que le puso a su hija), al que le seguiría el consagratorio La caja de las especias de la tierra (1961), en el que demostró su capacidad para la creación de una poesía que se inmiscuye en la imaginación, sin dejar de pertenecer al mundo de los sentimientos compartidos.

Bajo los influjos de los vientos de la isla griega de Hydra, bañada por el hipnótico mar Egeo, a la que se fue a vivir un tiempo en los 60’s, escribió las novelas El juego favorito (1963), con fuerte carga sexual y apuntes autobiográficos de juventudes pasadas, y Los hermosos vencidos (1966), mostrando una importante evolución sobre todo en la creación de personajes, aquí formando un peculiar triángulo amoroso con la mira puesta en una mujer sagrada mohawk. Entre ambas, publicó Flores para Hitler (1964), al que habría que recurrir ahora que lo impensable ha ocurrido en las elecciones de Estados Unidos, y el también poemario Parásitos del Paraíso (1966), retomando sus temáticas habituales –religión, sexo, amor-

LA LETRA CON MÚSICA ENTRA

Fue a partir de estos años en los que empezó a componer canciones para alimentar de sonidos a sus poemas, reflejados por fin en el tardío y brillante Songs of Leonard Cohen (1969), su debut discográfico que abría con la clásica Suzzanne, ya interpretada antes por Judy Collins. Resonando las cuatro paredes, Songs from a Room (1969) mantuvo estilo y nivel para dar paso a una década prolífica en cantidad y calidad que empezó con Songs of Love and Hate (1971), en el que estos dos fuertes sentimientos de la vida humana se plantean en formas diversas.

Sus discos, por si quedaba la duda, se componían justamente de canciones, como señalan los títulos, vinculadas por un contexto definido. El libro La energía de los esclavos (1972) se tejió a partir de la integración de versos libres con fuerte carga denunciatoria. Tras el directo Live Songs (1973), el canadiense ya con el reconocimiento a cuestas de los círculos tanto literarios como musicales, consolidó su trayectoria con New Skin for the Old Ceremony (1974), musicalmente nutritivo con todo y la presencia de la voz de Janis Ian.

ENTRE EL ESPÍRITU Y LA CARNE

La década de los setenta culminó con Death of a Ladie´s Man (1977), con cierto cambio en la propuesta auditiva dada la intervención de Phil Spector, y el libro de poemas Memorias de un mujeriego (1978), parte de su incansable reflexión acerca de las mujeres y la condición femenina en el que, sin dejar de presentar imágenes específicas sobre el sexo, el deseo carnal y demás apetitos, se introducen en la complejidad de las relaciones de pareja, abriendo horizontes para seguirse preguntando acerca de su intrincada racionalidad, envueltas en un halo de misterio permanente. Recents Songs (1979), aderezado con florituras gitanas y toques de mariachi que sostienen una prosa enfática con su necesaria cuota sardónica, cerró esta etapa de desenfreno.

Posterior a la publicación de El libro de la misericordia (1984), inspirado por un aliento de carácter religioso, el silencio discográfico se rompió con Various Positions (1985), en el que se incluyeron la multiversionada Hallelujah y la irresistible Dance Me to the End of Love, antecediendo de paso al autoconfirmatorio I´m Your Man (1988), otro de sus clásicos que, para estar en consonancia con los tiempos, recurrió al sonido de los sintetizadores dejando en claro, a fin de cuentas, todo mundo sabe y que lo primero que habría que hacer es tomar Manhattan y después Berlín.

Compuesto en el contexto de los disturbios raciales de Los Ángeles tras el brutal acto policiaco en contra de Rodney King, el esperanzador The Future (1992), no obstante los grandes nubarrones que aquejan a la humanidad, marcó un alto en su trayectoria, acaso anunciando un milagro a la vista. Poco después de publicar el volumen de poemas Stranger Songs (1993), Cohen tomó la decisión de ingresar a un monasterio zen en el que permaneció cinco años en proceso de aprendizaje meditativo para finalmente ser ordenado monje budista. Así llegaría al fin del milenio.

CAMBIO DE MILENIO: A LAS AFUERAS DEL MONASTERIO

Regresó pasado el cambio de milenio, ya con la sabiduría que da la vejez en quien ha aprovechado la vida para aprender, con el estupendo Ten New Songs (2001), realizado en complicidad con la corista Sharon Robinson, representando la presencia femenina tan característica en su discografía y poética; liderado por el corte In My Secret Life, cual realidad paralela llena de deseos incumplidos, y con una referencia al gran poeta Kavafis, el álbum seguía la forma habitual de titular los discos pero ahora con un aire de novedad, como enfatizando la importancia de la vuelta al escenario, después de estar a un millar de besos de profundidad.

Confirmando que el retorno al ruedo no era asunto de un mero impulso creativo sino de un continuo en una trayectoria construida verso a verso, el ya setentón grabó Dear Heather (2004), producido en conjunto con Anjani Thomas, su pareja en ese momento, y con la participación de la propia Robinson. Continúan los versos al amor sublime y visceral con vocalizaciones más cercanas a la recitación que al canto, si bien desde una perspectiva más reposada, incluso aquí entonando letras de otros. Instrumentaciones directas y luces bajas para que los coros acompañen el tono barítono que se atreve a mostrarse ligeramente optimista.

Cual golpe mundano de realidad, atravesó dificultades económicas por un desfalco a manos de su representante, aunque pronto volvió a la actividad. Integrado por poemas transitando del erotismo al misticismo y por dibujos realizados en la segunda mitad de la década de los noventa, El libro del anhelo (2006) mereció la atención de Philip Glass, quien lo tomó como base para realizar Book of Longing. A Song Cycle based on the Poetry and Artwork of Leonard Cohen (2007), integrado por recitaciones en vivo del poeta acompañado por el piano del músico minimalista, cuerdas tensionantes y coros vivificadores.

A partir del 2008 y hasta el 2011, la premisa fue compartir su música en vivo. Dándole la vuelta al mundo, dejó su impronta en escenarios de aquí y allá (faltó México) con una vitalidad propia de un hombre que entendió el secreto de la juventud, sin importar los años. Live In London (2009) y Songs from the Road (2010), con DVD incluido, quedaron como evidencias de sus emotivas presentaciones.leonard-cohen

Las raíces y las fuentes de su arte fueron muy importantes para el cantautor. En 1972 dio un concierto memorable en Israel, como una especie de regreso a la semilla, en el que tuvo que abandonar el escenario dado que sentía que no podía continuar. En el camerino, mientras esperaba reponerse, lo asaltó el recuerdo de un consejo de su madre, que llegó justo a tiempo (http://elpais.com/elpais/2016/11/11/icon/1478846402_258278.html).

En el discurso de aceptación del premio Príncipe de Asturias en el 2011, agradeció y reconoció la importancia de la tierra española: primero por la enorme influencia de García Lorca, a través de la cual pudo descubrir que era posible tener una voz poética propia y distinguible; después por el guitarrista anónimo que le enseñó seis acordes provenientes del flamenco, base de toda la música que compuso y, finalmente, por su guitarra Conde que tanto atesoraba, siempre manteniendo su frescura vital.

IDEAS, PROBLEMAS Y OSCURIDAD: UNA TRILOGÍA FINAL

Old Ideas (2012) encontró a un Leonard Cohen bien y de buenas, conversando consigo mismo, acompañado por sus seres queridos (Patrick Leonard, Anjani Thomas, Sharon Robinson) y combinando estilos musicales con la pericia esperada, del jazz gitano al góspel y de ahí a discretos teclados electrónicos insertados en un festival folk de variada instrumentación. Las letras serpentean entre el humor, la reflexión espiritual y el infaltable deseo erótico, bien protegidas por cuerdas elocuentes y coros femeninos para desgranar con su rotunda voz una poética de ideas viejas siempre vigentes. Por si había alguna duda, el amor tiende a la oscuridad.

Ya como jovial ochentero, publicó el sabio y pausado Popular Problems (2014), otra consistente colección de canciones en la misma línea musical que su antecesor con buena presencia del teclado del propio Patrick Leonard, mientras el autor bolea cuidadosamente sus zapatos en imágenes de soporte; del álbum, oda a la lentitud frente al acelere sin sentido con algún canto arabesco y percusiones discretas, una mirada a la devastada Nueva Orleans y una disposición a tomarse las cosas en su justa medida, se generó una gira de la que se desprendió Live in Dublin (2014), triple CD, DVD y Blu-Ray, capturando su presentación en la mítica arena O2 de la capital irlandesa.

La aventura discográfica concluyó con el directo Can´t Forget: A Souvenir of a Grand Tour (2015) y el brillantemente oscuro, si cabe el oxímoron, You Want it Darker (2016), uno de los mejores álbumes del año y suprema despedida de uno de los artistas clave de las décadas recientes. Listo para morir, según declaró al New Yorker, aunque después matizó su declaración, y sugiriendo apagar la llama doble (diría Octavio Paz) para encontrar una mayor oscuridad, el poeta insufla de emotividad la gravedad de su voz, dialogando con Dios y con nosotros los mortales.

Una instrumentación desnuda entre la que se incluye una rememorativa guitarra flamenca y los coros de siempre con cierto toque eclesial, acompañando el canto de un alma que se presenta así, en completa paz y preparada para encarar el final aquí y empezar de nuevo donde corresponda. Metafórico o literal, según la intencionalidad del momento y el ámbito expresivo, ha decidido dejar la mesa y salirse del juego, acaso dirigiendo el camino hacia esa luz viajera cual rapsodia que desearía terminar como un acuerdo entre tu amor y el mío.

Notable ha sido la manera en que algunos cineastas como Robert Altman (McCabe & Mrs. Miller, 1971), Atom Egoyan (Exótica, 1994), Oliver Stone (Asesinos por naturaleza, 1994), Kathryn Bigelow (Días extraños, 1995), Curtis Hanson (Loco fin de semana, 2000), Zack Snyder (Watchmen, 2005), Richard J. Lewis (La versión de mi vida, 2007), Jean-Marc Vallée (Alma salvaje, 2014) y hasta Jon Stewart (Rose Water, 2015) han integrado sus canciones en determinadas secuencias vueltas memorables, sobre todo Hallelujah, Suzanne, Dance Me to the End of Love, Everybody Knows, I´m Your Man, Take This Waltz, Ain´t No Cure for Love y Waiting for the Miracle, entre otras.

En particular, el alemán Rainer Werner Fassbinder, representante del movimiento fílmico de los años setenta en su país, aprovechó sus piezas para incorporarlas a varios de sus filmes. Además, en incontables series televisivas y documentales se escuchan las canciones del quebequense, ya sea en versión original o por medio de algunas de las múltiples versiones inspiradas por la belleza de su música y poesía, tan terrenales como nuestras experiencias cotidianas y tan celestiales como la vivencia estética abrasadora.

Sensualidad, espiritualidad, romance, libertad, amor, compasión. Hineni, Hineni.

 

EL PEQUEÑO GENIECILLO DE MINNEAPOLIS

15 mayo 2016

Prolífico para producir y componer, al grado de dar y regalar canciones a sus colegas o protegidos; talentoso para la interpretación con el instrumento que se le pusiera enfrente; ecléctico para crear su imaginería visual y auditiva, alrededor de una apuesta por la sensualidad; incansable para girar por el mundo, desparramando ritmo y buena vibra; trascendente a juzgar por las incontables influencias escuchadas en músicos de su generación y de las posteriores: “suena a Prince”, solemos decir.

ENTRE EL ECLECTICISMO Y LA TRANSGRESIÓN

Los ochentas fueron, en buena parte, suyos, después de alzar la mano para hacerse presente a finales de los setenta con For You (1978), en el que se hizo cargo de todos los instrumentos y composiciones, y el homónimo Prince (1979), centrado en un funk de sustento pop. Ya se reflejaba su notable rango vocal, que puede ir de una agudeza chirriante a una serenidad esotérica, y algunas de sus preocupaciones temáticas como el sexo y el amor, la espiritualidad y la condición de raza, entre otras, además de su ojo clínico para el gancho melódico y la rítmica voluptuosa.

Grabó obras maestras alejadas de la popularidad y grandes discos enclavados en la lógicaPrince 1 del mainstream, revisitando una multiplicidad de géneros con el funk como piedra angular para de ahí dispararse con absoluta soltura por los terrenos del folk, el pop, la new wave ochentera, el jazz y el soul: las músicas negras encontraron a su nuevo abanderado, navegando entre el espíritu experimentador y la seguridad cohesiva del hit irreprochable.

Durante los noventa no dejó de componer y se enfrentó junto con su banda The New Power Generation, al poder de las disqueras; una conversión religiosa a principios del milenio marcó parte de su propuesta musical a lo largo de la primera década de los dosmiles, manteniéndose presente pero un cuanto tanto al margen de los reflectores, al igual que los años subsiguientes, sin dejar de producir y reencarnar según el signo de los tiempos.

Prince Rogers Nelson (Minnesota, 1958–2016) fue, como cabría esperarse, un niño genio que aprendió a tocar el piano de oído. Nombrado así por la banda en la que tocaba su padre, un aspirante a músico de jazz, se volvió multiinstrumentista cuando todavía no le cambiaba del todo la voz y en sus primeras presentaciones escolares prefería no cantar. Sus notables influencias empezaban a revelarse: de Jimmy Hendrix a The Beatles y de James Brown a Parliament/Funkadelic, pasando por el gigante Duke Ellington y Stevie Wonder, por mencionar algunos notables.

Con la transgresión como bandera, en particular acerca de las convenciones y roles sexuales, asumió el púrpura como color distintivo, a saber si por ínfulas monárquicas, mero gusto o por cierta referencia hacia los Vikingos de Minnesota, el equipo de fútbol americano del cual fue fan y al que le compuso la pieza Purple and Gold. No faltaron a lo largo de su trayectoria mujeres a las que protegía e impulsaba musicalmente, incluso hasta sus últimos discos.

MY NAME IS PRINCE

El inmediatista y descarnado Dirty Mind (1980) fue su primera gran obra, integrando géneros y estilos con sorprendente fluidez y organicidad, girando temáticamente alrededor del sexo; Controversy (1981) transitó por caminos similares en términos musicales con abundancia de sintetizadores y su enfoque temático se orientó más al ámbito político y de protesta social, sin dejar del todo la vertiente sexual.

Con 1999 (1982) se dio a conocer, sobre todo con la pieza titular, entre públicos más allá del circuito del funk, abriendo la puerta para Purple Rain (1984), uno de los discos más vendidos en la historia y que produjo, en contraste con su brillantez, una película de dudosa manufactura que pronto se volvió gusto culposo de más de uno. Junto con su banda The Revolution, las canciones destilaban un pop de sensible y efusiva orientación: a partir de aquí, la lluvia cambió de tonalidades.

Con Paisley Park, Raspberry Beret y Pop Life incendiando la radio, grabó Around the World in Day (1985), seguido por Parade (1986), fungiendo como el soundtrack de la olvidable película Under the Cherry Moon; ambos se orientaron hacia la búsqueda de nuevas fronteras donde colindaba la psicodelia y el rock de pretensiones artísticas con todo y la oda funky al beso. Por estos años compuso el clásico Nothing Compares 2 U, que hiciera famosa unos cuantos años después Sinnéad O’Connor con sentida interpretación.

Al parecer, estos discos resultaron ser preparatorios para el enorme en todos sentidos Sign ‘O’ the Times (1987), otro de sus álbumes esenciales y uno de los discos clave de la década en el que sobrevuela un espíritu góspel, además de la consabida integración estilística. El aliento alcanzó para que al final del año apareciera The Black Album (1988), con una reedición oficial en 1994, direccionado por su característico funk potenciado por sonidos prestados del rock.

Pero como lo suyo era desconcertar a propios y extraños, pronto dio una vuelta de timón con Lovesexy (1988), que pasó más o menos desapercibido con todo y su muy particular portada, en contraste con Batman (1989), efervescente soundtrack para la película de Tim Burton con un Jack Nicholson desatado. La secuela de Purple Rain se llamó Graffiti Bridge (1990), disco altamente disfrutable con la presencia de George Clinton, pero poco apreciado por el mercado; para seguir neceando, se acompañó de una película que resulta fácil de olvidar.

EL PODER DEL SÍMBOLO

Los ochenta quedaron atrás y las predominantes tendencias musicales de fin de milenio le daban la bienvenida a la electrónica, al hip-hop, al indie y al grunge, entre otras. Fuera de ellas, seguían surgiendo grupos nuevos y se mantenían los sobrevivientes más allá de las vetas socorridas. Prince continuó en plan chambeador con el notable Diamonds and Pearls (1991), interpretado con su nueva banda que le brindaba una robusta sonoridad basada en una orientación hacia el R&B.

El disco conocido como “The Love Symbol Album” (1992), de rítmica contagiante con alguna salpicada de reggae, empezó a marcar sus disputas contra los consorcios musicales, en particular con Warner, y a favor de la libertad del artista, asediada por los cronogramas y dictados de la empresa: incluso cambió su nombre al símbolo que parece ser una letra p con las referencias a los íconos que representan lo masculino y femenino.

Con la finalidad de cubrir el acuerdo previo con la disquera, apareció el cumplidor Come (1994), firmado como Prince: libre de ataduras contractuales volvió a nombrarse como el símbolo identificador en Gold Experiencie (1995), una especie de demostración de lo que todavía era capaz de hacer: entregar un disco que podía llamar la atención, redondo a lo largo de los cortes y con The Most Beautiful Girl in the World como sencillo pegador. Curiosamente, una voz femenina en español anunciaba que El artista estaba muerto.

El siguiente año resultó, para variar, sumamente prolífico. Compuso el soundtrack Girl 6 (1996) de la floja película dirigida por Spike Lee; reafirmó su estatus de independencia con Chaos & Disorder (1996) y se destapó con la cuchara grande grabando el álbum triple Emancipation (1996), dándole un prolongado e incesante toque funky al espíritu libertario, propulsado por un poco de dance hall, jazz disfrazado de R&B y pop de rítmica irresistible.

Una colección de cortes que no habían aparecido anteriormente se integró en Crystal Ball (1998), que mostró ciertas dificultades para la distribución, al igual que New Power Soul (1998), pasando desapercibido incluso para quienes más o menos habían seguido la trayectoria del artista, no solo en los momentos de fuerte presencia mediática. La década cerró con Vault: Old Friends 4 Sale (1999) colección de su etapa con Warner y con Rave Un2 the Joy Fantastic (1999), más largo que memorable, con algún invitado y de baladera orientación.

CH-CH-CHANGES

Ya en el nuevo milenio, el inagotable compositor y virtuoso instrumentista decidió convertirse en Testigo de Jehová y empezó a cambiar de imagen, enfoque musical y de algunos colaboradores y protegidas: para muestra ahí está la interesante rareza Rainbow Children (2001), anunciando su nueva fe con una envoltura jazzera de inesperada tesitura. Este mismo año apareció The Very Best of Prince (2001), acaso la mejor compilación de su obra.

One Nite Alone (2002) fue grabado en solitario con todo y un cover de A Case of You de Joni Mitchell, encontrando su contraparte en un disco en vivo. Siguieron los instrumentales Xpectation (2003) y N.E.W.S. (2003), integrado por cuatro piezas como si de un divertimento se tratara. Todavía por los linderos de la producción comercial, grabó un par de álbumes bajo el título de Trax from The NPG Music Club, Volume 1: The Chocolate Invasion (2004) y Volume 2: The Slaughterhouse (2004).

Prince 2Después de esta etapa al margen, volvería al mundo del mainstream, bien conocido por él, con Musicology (2004), su mejor obra desde inicios de los noventa, recordando su etapa de mediados de los ochenta, y con el sólido 3121 (2006), acompañado de la cantante Támar y de Maceo Parker. El impulso creativo alcanzó para Planet Earth (2007), cual relajado y convencido canto para la casa de todos, entre citas esotéricas y música confeccionada con el sabor de la experiencia.

El guitarrero LotusFlow3r (2009) se integró a otros dos discos para conformar otro triplete: el funketo retro MPLSound y Elixer, firmado también por la vocalista de R&B Bria Valente, una de sus múltiples discípulas. Una vez más usando diarios y revistas como medios de distribución, al igual que en el caso de Planet Earth, presentó 20Ten (2010), ahora convertido en un disco difícil de conseguir que seguía la tendencia surcada entre el soul, el funkpop, el acento roquero y el R&B.

Tras una reconciliación con Warner Bros. y la realización de diversos sencillos, regresó al formato largo, moda afro incluida, con el disfrutable Art Official Age (2014) y PlectrumElectrum (2014), secundado por el energético trío femenino3rdEyeGirl. Y para cerrar la trayectoria, otro doblete: HITnRUN: Phase One (2015) y HITnRUN: Phase Two (2015), álbumes que antecedieron la intención de salir de gira bajo la lógica del piano y el micrófono misma que no podrá disfrutarse en este planeta, acaso en algún otro microcosmos de elusivas tonalidades doradas.

Después de 38 álbumes en estudio, más los que se vayan acumulando a través de las grabaciones que dejó en el tintero; una presencia cargada de una iconografía por completo distinguible; reflexiones constantes sobre el papel del artista en el mundo de las mercancías y transacciones y, sobre todo, la trascendencia estética frecuentemente identificable en múltiples propuestas actuales, el pequeño geniecillo de Minneapolis se ha despedido para emprender su viaje intergaláctico, de cósmicas resonancias.

BLUR: CUANDO EL OCIO SE CONVIERTE EN MAGIA

15 octubre 2015

La invasión inglesa no termina, afortunadamente. Nadie como ellos para hacer rock: como si ya se convirtiera en un asunto genético. A diferencia del fútbol, que si bien los ingleses lo reglamentaron, otros países han logrado llevarlo a un territorio estético distinto, como Brasil o Argentina. Pero si pensamos en la música más popular desde mediados del siglo XX, necesariamente aparecen ineludibles agrupaciones británicas por borbotones, al igual que si miramos a los mejores jugadores de la historia y vinieran a la mente varios pamperos y cariocas.

Para muestra, este botón que tomó por asalto la década de los noventa y que todavía, a estas alturas del partido, ha regresado para confirmar su estatus en la bulliciosa escena del siglo XXI. Hacia 1989 en Londres, el creativo tecladista, letrista privilegiado para la ironía y vocalista Damon Albarn formó un grupo llamado Seymour, junto al versátil y enjundioso guitarrista Graham Coxon y al bajista Alex James, a quienes se les unió poco después el baterista Dave Rowntree.

Ya renombrados como Blur y cargando con toda la tradición del rock inglés en algunas de sus múltiples variantes, debutaron con Leisure (1991), en el que se incluía She´s So High, su primer sencillo, asomándose cierta psicodelia y la búsqueda de un ámbito propio de expresión con claras influencias de Stone Roses y Happy Mondays. Un debut que esbozaba un estilo por desarrollar y una propuesta visual entre retro y luminosa, expresada desde la portada misma.

El cuarteto asumió muy pronto la bandera, junto a Oasis, del movimiento conocido como Britpop, ampliamente difundido por aquellos años. Con el rompedor Modern Life is Rubbish (1993), mostraron una evolución estilística cargada de ciertos ingredientes tomados del postpunk y un mayor riesgo en la arquitectura instrumental que anunciaba el despegue definitivo cuyo destino fue ParkLife (1993), disco imprescindible de los años noventa que colocó al grupo en el lugar que todavía hoy ocupa: como los perros embozados en plena carrera de la carátula, el objetivo aparecía claramente identificado.

Blur 2015Ya en la cúspide grabaron The Great Escape (1995), homónimo del clásico film de John Sturges, que pronto se convirtió en otra obra de escucha obligada con ecos plenamente identificables de sus grandes referentes como The Kinks, The Jam y, por supuesto, de The Beatles; en este disco, síntesis de tradiciones y contemporaneidades, se despliegan composiciones que van de la belleza melódica de The Universal (mi favorita) al dinamismo contagiante de Charmless Man y Country House.

La banda cerró el siglo con los dignos Blur (1997), su obra menos británica con Beetlebum y Song 2 como piezas tutelares, y 13 (1999), luciendo portada diseñada por Coxon, como para echar el resto y empezar a voltear hacia otros derroteros, impulsado por canciones que anticipaban apertura a otras propuestas estilísticas como la prolongada Tender, sustentada por coros de probada negritud, o hacia un estilo construido a través de los años, como la inmediatamente reconocible Coffee & TV.

CONTINUIDAD

Think Thank (2003) fue la presentación de la banda en el nuevo milenio, ya acusando ciertas tensiones que al parecer alcanzaron a incidir en el resultado, dadas las diferencias entre los enfoques de Albarn y Coxon, quien solo firmó su participación en una canción. Con todo, el álbum se ubica cercano al nivel del resto de la discografía, sobre todo porque a estas alturas resultaba difícil que con semejante talento presente una obra del grupo desmereciera, no obstante las contrastantes críticas de las que fue objeto.

Claro que después vinieron el silencio, los caminos en distintas direcciones y la aparente ruptura, matizada por un trío de joyas para coleccionistas: Midlife: A Beginner’s Guide to Blur (2009), tour doble para conocer clásicos y rarezas; Blur 21 (2012), caja interminable conformada por 18 CD´s y 3 DVD´s, y Parklive (2012), disco doble en vivo que captura a la banda en el Hyde Park londinense brindando un concierto en el contexto de los Juegos Olímpicos celebrados en aquella ciudad.

Coxon siguió con una notable trayectoria solista que ya cuenta con ocho álbumes de estudio y Albarn se convirtió en hombre multiproyectos, incluyendo el famoso combo de estética caricaturesca conocido como Gorillaz, entre otras muchas apuestas que denotan el talante tan inquieto como creativo de este músico cada vez más abarcador con la mira puesta en manifestaciones igual de África que de China.

Pasaron doce años para que se reunieran a grabar canciones nuevas, pero lo hicieron, y en grande. Originado en Hong Kong, The Magic Whip (2015) es una obra que transita con una detallista calma, como si de un brillante artefacto se tratara en el que todos los engranajes, de sutilidad y precisión pasmosa, funcionaran tanto independientemente como siendo parte del conjunto. Las canciones, en efecto, parecen labradas a mano con cuidado y sensibilidad, trastocando el estilo noventero pero respetando su esencia. Por momentos nos podemos sentir en un viaje íntimo al cosmos, látigo mágico en mano para hacer del ocio un arte del transcurrir.

UN NEURÓLOGO SENSIBLE HACIA LA DIFERENCIA

2 septiembre 2015

Si bien estamos definidos como especie por nuestras características comunes, son las diferencias las que nos enriquecen, nutren y permiten que sigamos hacia delante en términos evolutivos y culturales. La normalidad no existiría sin la anomalía y los rasgos singulares permiten ampliar la mirada y reconfigurar justamente lo que entendemos por lo común, lo genérico. Porque nuestra complejidad implica, necesariamente, escaparnos de patrones peligrosamente homogeneizadores.

Ahora que se viven momentos de repudio hacia los otros, particularmente con el ascenso de ciertos partidos políticos radicales en Europa, la siniestra pornografía del Estado Islámico y la presencia del xenófobo precandidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, que ha dejado de ser una mala broma para convertirse en una peligrosa vergüenza para la humanidad, parece urgente recordarnos lo valioso que resulta encontrarse y comprender a los de junto con todas sus distinciones.

ENGLISHMAN IN NEW YORK

Estas diferencias fueron justamente la materia prima para Oliver Sacks (1933-2015), neurólogo nacido en Londres y asentado en Nueva York, que trasladó su actividad científica, específicamente la desarrollada con varios de los casos médicos que atendió, a brillantes textos literarios, llenos de humanidad y cercanía con las personas protagonistas, no obstante haber recibido críticas por transitar sobre la delgada línea que divide la explotación de un paciente para fines personales y la difusión de sus condiciones en aras de construir conocimiento acerca de la mente y el cerebro.

En lo personal, la lectura de sus textos me ha permitido comprender mejor mi condición humana y en ningún momento percibí que los pacientes fueran retratados como fenómenos de feria, sino al contrario y gracias a la capacidad literaria del afamado médico y químico aspirante, como lo dejó claro en El tío Tungsteno (2001), identifiqué un rescate de sus atributos y una valoración de sus vidas en cuanto personas singulares. Además, se agradece que los grandes científicos, con todos los riesgos de rigurosidad que ello implica, intenten acercarse al gran público para hacer asequibles temas reservados a especialistas, aunque a las comunidades científicas no les gusten las celebridades.

Esta labor de difusión de la ciencia, oportunamente traducida al español por la imprescindible editorial Anagrama, empezó con Migraña (1970), volumen reseñado y alabado por el mismísimo poeta W. H. Auden (ver el artículo de Luis Miguel Aguilar, Un problema musical, Milenio 02/09/15), al que le siguió su célebre Despertares (1973), convertido en película homónima con tintes autobiográficos y dirigida en 1990 por Penny Marshall, en la que Robin Williams –otro hombre diferente- encarnaba al doctor que lograba el milagro de regresar a la actividad, vía la aplicación de una droga experimental, a pacientes con encefalitis letárgica, entre los que se encontraba el interpretado por Robert De Niro.

En Con una sola pierna (1984) el sujeto de estudio se vuelve él y reflexiona en torno a un accidente que sufre en una montaña de Noruega, afectándole una de sus extremidades inferiores, al grado de sentirla como si fuera un organismo externo. Publicó después su afamado El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (1985), que incluye el caso de un cantante de ópera con agnosia visual y que dio origen a una obra teatral realizada por ni más ni menos que por Peter Brook y Marie Heléne Estienne, así como a una película para la televisión dirigida por Christopher Rawlence y coescrita por Michael Nyman.

TRANSITAR POR LOS VERICUETOS DE LA MENTE

En papel más antropológico dado el análisis de poblaciones específicas, publicó Veo una voz (1989), en la que se sumerge en las particulares condiciones de una comunidad en Massachusetts que presentaba una especie de sordera hereditaria, y La isla de los ciegos al color (1999), en el que analiza la incapacidad de una población de un par de islas de Micronesia para ver la diversidad cromática, y otro padecimiento de parálisis que convierte a los habitantes de la isla de Guam en estatuas o bien les provoca un padecimiento similar al Parkinson y demencia.

Uno de sus relatos, en el que se enfatiza la importancia de saber ver, sirvió de base para la olvidable cinta A primera vista (Winkler, 1999). Siete casos que nos permiten ampliar nuestra capacidad de admiración y de entendimiento hacia nuestros congéneres integran Un antropólogo en Marte (1995), una de sus obras más redondas y absorbentes que nos colocan de lleno en el proceso vivido por estos sobrevivientes.

En Diario de Oaxaca (RBA, 2002/2010) exploró la literatura de viajes y qué mejor que aprovechar unOliver Sacks recorrido por estas fascinantes tierras con el objetivo inicial de acompañar a la Sociedad Americana del Helecho (en efecto, existe), pero que trascendió a una descripción de la geografía humana. Musicofilia (2009), uno de mis favoritos, se interna por este misterioso mundo de los sonidos y silencios pero desde la perspectiva de las reacciones y sensaciones que puede provocar en diferentes tipos de escucha, además del gozo o la sublimación.

El mundo visual también resultó de su interés. Los ojos de la mente (2011) cohesiona peculiares casos de personas que, a pesar de haber perdido algunas habilidades para entender cierto tipo de textos escritos, se pueden seguir comunicando gracias al funcionamiento global de la mente, misma que puede generar visiones de cosas que no existen en la realidad tangible como se presenta en Alucinaciones (2012), libro en el que amplía la mirada acerca de este fenómeno que no es exclusivo de casos avanzados de pérdida de razón.

La muerte anunciada de manera sensible y celebratoria en una carta publicada por el New York Times (se puede consultar en español en Milenio o El País), le permitió escribir la necesaria y esperada autobiografía cuyo título, On the Move (2015), expresa de manera precisa la avidez y el disfrute de conocer, aprender, crecer, admirarse y, desde luego, vivir. Con nuestra propia mente. Con los demás, parecidos y diferentes, familiares y extraños.

FESTIVAL CEREMONIA

9 mayo 2015

Para seguir sumando celebraciones musicales en nuestro país, ahora llega la tercera edición de este festival que apuesta al eclecticismos y a la combinación de géneros. Se llevará a cabo en el Foro Pegaso, ubicado en la carretera Toluca-Naucalpan del Estado de México. Una mirada fugaz a algunos de los ilustres invitados.

ROCK

Formado a mediados de la década de los 00´s, The Horrors es un quinteto inglés de Southend que ha sabido integrar tendencias del rock que van del postpunk de su tierra con atmósferas que se despliegan en tinieblas, y de ahí los sonidos primigenios del garage que se manifiestan en Strange House (07) su sólido debut que muy pronto los colocó, a pesar de la saturación de propuestas, en el radar de los escuchas que apreciaban ese toque arty de su imagen y sonido.

Continuaron con el estupendo Primary Colours (09) matizado por un sonido más cercano al gótico de finales de los setenta y principios de los ochenta, mismo que en Skying (11), su siguiente disco, aunque mostrando una mayor iluminación en texturas, vía un teclado más encendido, sin apartarse de cierto espíritu proveniente de mundos oscuros. Con Luminous (2014), en efecto, encontraron la luz de su estilo, sin que ello signifique absoluta madurez, sino un proceso en el que se siguen aventurando por parajes que enriquecen su propuesta.

HIP-HOP

Rodeado de una humareda permanente y relajante, el usualmente alivianado californiano, aunque contestatario Calvin Broadus, mejor conocido como Snoop Dogg, apodo puesto por su madre, se inició en los rudos ambientes del gangsta rap a principios de los noventa. Su presencia en el clásico The Chronic (1992) de Dr. Dre impulsó su trayectoria, pronto aprovechada para grabar su álbum debut Doggystyle (1993), seguido del breve soundtrack Murder Was the Case (1994): sus problemas con la ley potenciaron el estatus del rapero, pero su valía estaba más en su fino sentido para la melodía y su rítmica contagiante, además de su notable e inconfundible capacidad narrativa.

Después de Tha Doggfather (1996), tuvo continuidad en la década de los noventa con álbumesFestival ceremonia irregulares como Da Game Is to Be Sold, Not to Be Told (1998) y No Limit Top Dogg (1999). Sin embargo, con una rítmica envolvente como si de una cortina de humo se tratara y rimas afiladas que parecían romper con su pasado violento, presentó álbumes más redondos a partir del nuevo milenio como Tha Last Meal (2000), Paid tha Cost to Be da Boss (2002), quizá el mejor de su carrera, R&G (Rhythm & Gangsta): The Masterpiece (2004) y Tha Blue Carpet Treatment (2006).

La tendencia continuó con Ego Trippin (2008) Malice N Wonderland (2009), Doggumentary (2011), Reincarnated (2013), con fuerte influencia de reggae y firmado como Snoop Lion, y Bush (2015), barnizado de R&B con invitados distinguidos como Stevie Wonder, Kendrick Lamar, Rick Ross, Charlie Wilson y Gwen Stefani; la producción corrió por cuenta de Pharrell Williams, cuyo apoyo ha resultado vital para el rapero a lo largo del presente siglo. Además, gusta de aparecer frente a las cámaras, como se advierte en las películas y series televisivas en las que ha participado, casi siempre actuando (es un decir) como Snoop Dog.

Por su parte, Pusha T es uno de los principales raperos de la escena actual. Después de representar la mitad del aguerrido y fraterno dúo Clipse, de notable contribución al género durante la década pasada con tres discos en su trayectoria, el nacido en el Bronx bajo el nombre de Terrence Thornton fue cobijado por Kanye West y grabó el casero Fear of God (2011), seguido del oficial Fear of God II: Let Us Pray (2011), aunque su consolidación solista vino con My Name Is My Name (2013), uno de los mejores álbumes del año de Hip-Hop, aunque con un fuerte aderezo de R&B.

ELECTRÓNICA

Formado por los músicos Kenny Glasgow y Jonny White en Toronto hacia finales de la década pasada, el dueto Art Department se dio a conocer con el sencillo Without You, pronto invadiendo las pistas de baile durante el 2010. Debutaron con el imparable largo The Drawing Board (2011), plagado de brillantes matices electrónicos que colocó al grupo en un lugar visible dentro de la escena tecno. Regresaron con Social Experiment (2013), álbum de mezclas que antecedió a Natural Selection (2014), justo para celebrar la fiesta en un ambiente evolutivo.

Autonombrado Chet Faker para diferenciarse de algún homónimo y como un homenaje al gran jazzista Chet Baker, presente en su infancia auditiva por los gustos paternos, el australiano Nick Murphy empezó su carrera con un cover a la canción No Diggty, original de Blackstreets. Su estilo sosegado, de sentida parsimonia y pausada emotividad se reflejó en el EP Thinking in Textures (2012), orientado, en efecto, a brindarnos una ambientación para reflexionar más allá de la epidermis vía una inteligente conversación.

Después de grabar el EP Lockjaw (2013), una colaboración con su colega Flume, presentó Built On Glass (2014), ciertamente construido a partir de una electrónica abierta, de rítmica cadenciosa y cuidadosamente montada, como si estuviera sostenida por elusivos soportes de vidrio: toda una lección de paciencia acompañada de un cigarro solitario, mientras se despliega una atmósfera en lógica downtempo.

NEIL DIAMOND: UN CAMINO MELODIOSO RUMBO A CASA

22 abril 2015

De voz rasposa y cálida a la vez, a medio camino entre un romanticismo con dejos de ruptura y una épica de estadio paradójicamente intimista, con toques country y R&B que salpican un pop melódico, se constituyó como uno de los cantantes y compositores principales del movimiento conocido como softrock, al que hoy le quieren endilgar la espantosa etiqueta de “adulto contemporáneo”, que más bien parece describir a un tipo acomodado, estancado, conformista, sin ganas de seguir escuchando propuestas nuevas y con la capacidad de riesgo totalmente aterida.

Neil Leslie Diamond (Brooklyn, 1941) fue inspirado por el viejo folklorista Pete Seeger para, en primera instancia, formar un dueto a principios de los sesenta que no prosperó: parece que su destino era emprender el camino como solista. Debutó con The Feel of Neil Diamond (1966), álbum titulado muy en consonancia con la moda y con el que levantaba la mano para llamar la atención a partir de canciones propias como Solitary Man y Cherry Cherry, que ya mostraban su sensibilidad compositiva, además de cantar piezas de algunos colegas.

La década sesentera vio desfilar Just For You (1967), con un mayor refinamiento de la vocal y ya con puras canciones de autoría propia, incluyendo Shilo; Velvet Gloves and Spit (1968), reeditado en 1970 y con algunos cortes aparecidos anteriormente; Brother Love’s Travelling Salvation Show  (1969), especie de calentamiento para su primer gran disco, Touching You, Touching me (1969), con Holly Holy como estandarte compositivo con todo y su aroma gospel. También veía la luz un creyente en la dulce Carolina, acompañado de un rojo, muy rojo vino.

EL RUIDO HERMOSO

Empezaba así una de las mejores épocas para el cantante, justo cuando los setentas hacían su aparición. Con discos como Tap Root Manuscript (1970), Gold (1971), grabado en vivo y en el que se incorporan varios de sus temas más conocidos, y Stones (1972), con algunos covers de colegas de la talla de Leonard Cohen y Joni Mitchell, Randy Newman y Jacques Brel, Diamond se colocó como un artista cuyas canciones despertaban el interés no solo de los escuchas, sino de otros autores para interpretarlas a su estilo, dada la flexibilidad de las composiciones. La pregunta recurrente era: ¿a poco esta canción es de él?

Neil DiamondTras Moods (1973), obra con piezas que mantuvieron el sello distintivo, grabó Hot August Night (1973), muestra imprescindible de su contagiante desempeño en vivo; vendrían Jonathan Livingstone Seagull (1973), score para la película basada en Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, bordando el mensaje de autoayuda con el sol al fondo, y el irregular Serenade (1974), para recuperar la intensidad y sensibilidad con Beautiful Noise (1976), una de sus obras insignia con enfática producción de Robbie Robertson.

Love at the Greek (1977), otro álbum en vivo con resultados apenas decentes, y el poco memorable I’m Glad You’re Here with Me Tonight (1977), antecedieron a You Don´t Bring Me Flowers (1978), trabajo con deliciosa miel agridulce a flor de piel, como se deja escuchar en la canción titular con la presencia de Barbra Streisand. La década concluyó en forma discreta con Carmelita´s Eyes (1979) y el demasiado aséptico September Morn (1979), en el que el endulzante se pasó de tueste.

EL AMOR SE ESCAPA

Con una considerable fama a cuestas, Neil Diamond se animó a entrar a la pantalla grande, ni más ni menos que junto al gigante Laurence Oliver, para hacer una revisión del clásico que inauguró el sonido en el cine; el álbum se tituló, como el filme, The Jazz Singer (1980) y se consolidó como uno de sus mayores logros en cuanto a números se refiere. El cantante se hizo acreedor al Razzie como peor actor del año. Sin duda aprendió aquello del zapatero a tus zapatos.

Vinieron años de sequía creativa con álbumes como On the Way to the Sky (1981), Heartlight (1982), Primitive (1984) y Headed for the Future (1986), que apenas sobrevivían por dos o tres piezas recordables y que se encasillaron en un estilo ochentero que parecía ajeno a la esencia del cantautor. Algunos discos en vivo, recopilaciones y hasta uno navideño, parecían anunciar el final creativo, aunque todavía grabó Lovescape (1991), sin resultados demasiado esperanzadores. Más notoria fue la presencia de su clásico Girl, You´ll Be A Woman, Soon en Tiempos violentos: Pulp Fiction (Tarantino, 1994), cantada por Urge Overkill.

Sin embargo, signos de recuperación se empezaron a advertir con Tennessee Moon (1996), grabado en tiempos difíciles por la ruptura con su esposa, y en el que se asentó en la tierra del country; con la decisiva participación de Raul Malo de The Mavericks, dio rienda suelta a su espíritu vaquero, aunque instalada en los tiempos que corren. El milenio cerró de manera más o menos digna con The Movie Album: As Times Go By (1998), obra en la que jugó a lo seguro.

RENACER

Cuando todo parecía finiquitado, Neil Diamond está experimentado una renovación de altos vuelos en lo que va del siglo XXI, manifestada en un cuarteto de álbumes de bienvenida frescura, sin perder el estilo, impecablemente producidos y llenos de canciones a la altura de su trayectoria: se trata de Three Chord Opera (2001), que significó el regreso a las composiciones propias; 12 Songs (2005) y Home Before Dark (2008), ambos guiados de la mano experta del productor Rick Rubin, y el más contenido y cercano Melody Road (2014), con Don Was en la producción.

Tampoco han faltado en estos años, los álbumes en vivo, el navideño de rigor y el de covers, por no dejar, titulado Dreams (2010). Por primera vez nos visita un hombre que considera la creación de canciones una necesidad, más que un gusto o un trabajo. Le debemos muchos momentos de romántica efusividad y de recuerdos que han contribuido a nuestra educación sentimental: aprendimos que el amor se puede tomar en las rocas o solito y que las flores no lo resuelven todo, aunque la luna de septiembre nos sirva de inspiración. Bienvenido.

LAS ESTRELLAS ESTÁN ENTRE NOSOTROS

27 marzo 2015

Un par de conciertos para iniciar el periodo vacacional con las orejas afiladas. Una buena oportunidad, además, para visitar el DF en su mejor época, cuando las calles dejan de ser estacionamientos involuntarios.

POR EL AMOR ESTAMOS ALLÁ

Con la poderosa influencia de cantantes como Joni Mitchell, Vashti Bunyan y Kath Bloom, Sharon Van Etten (New Jersey, 1981) es una de las principales voces femeninas aparecidas en los años recientes, junto a mujeres como Brandi Carlile y Kathleen Edwards, gracias a su sensibilidad letrística y a su intenso uso de armonías que se reflejan en composiciones enmarcadas y basadas en un folk que mira al futuro. Aplicada niña de coro eclesial que se nutría musicalmente con la profusa colección de vinilos con la que contaban sus padres, empezó a escribir sus propias canciones durante la adolescencia.

Tras moverse a Brooklyn, fue apoyada por Kyp Malone (TV On the Radio) para iniciar su carrera y dado su reconocible talento, firmó con la disquera Drag City para grabar Because I Was in Love (2009) un debut de carácter personal como para escucharse en ambientes privados, orientado a comprender que la razón de todas las decisiones que tomamos, por más vueltas que le demos, se asientan en el enamoramiento. Un disco que comparte emociones y sentimientos sin filtro alguno, como para quedarse pensando si uno se conforma con quedarse o ser el premio de consolación.

Dando un paso adelante con Epic (2010), su segunda obra ahora grabada por Ba Da Bing Records, optó por una propuesta más ubérrima y frondosa sin abandonar el tono íntimo, soportada por una presencia más evidente de la banda que la acompaña, aquí complementada con otras voces femeninas como la de Meg Baird del grupo Espers, a quien le abrió sus conciertos en una gira: a través de siete convincentes composiciones advertimos signos de paz para escaparnos del crimen y, de paso, aprovechar la oportunidad de amar más y salvar nuestros corazones.

Vinieron los EP´s  I´m Giving Up On You (2010) y Serpents/Mike McDermot (2010) como una preparación para Tramp (2012), el tercer disco de la cantautora ahora bajo el sello Jagjaguwar y dedicado a John Cale, con el que se dio a conocer entre públicos más amplios, conservando esa capacidad para comunicar ideas, pensamientos y afectos de manera prístina y cercana, provocando, en algún pasaje, una irremediable identificación. El productor y guitarrista Aaron Brooking le brindó un contexto propicio a la distinguida vocal, entreverada con mágicos acordes cual vagabunda en busca de refugio, frente al desasosiego e incertidumbre.

Con producción propia ayudada por Stewart Lerman, quien ha trabajado con artistas como Patti Smith,Sharon Van Etten Elvis Costello, Beck, Antony & The Johnsons, Jules Shear, Loudon Wainwright III, Willie Nile y Angélique Kidjo, además de colaborar en la música de varias películas y series de HBO, Are We There (2014) muestra a una cantante en continuo crecimiento atisbando nuevos territorios: el amor como arma de múltiples filos y la disyuntiva entre aprovechar las oportunidades ante la imposibilidad del cambio, se desliza entre canciones que van quemando de a poquito. Además de sus colaboraciones con grupos como The Antlers y Shearwater, sendas piezas suyas han sido utilizadas en las series The Walkind Dead y Elementary.

NADIE SE PIERDE CON LAS CANCIONES NOCTURNAS

Presente a lo largo del siglo XXI, esta banda canadiense ha construido un sonido de referencias identificables en el terreno del pop independiente, aunque manteniendo una consistencia y continuidad difícil de encontrar en los tiempos que corren. El vocalista Torquil Campbell y el tecladista Chris Seligman formaron esta banda de espíritu libre entre roquero y bailador que pronto se complementó con la nítida vocal de Amy Millan, los ritmos de Pat McGee y las habilidades multiinstrumentistas de Evan Cranley y Chris Seligman, además de invitados recurrentes.

El quinteto se presentó con Nightsongs (2001), acompañado del EP Comeback (2001) y seguido del rompedor Heart (2003), uno de sus mejores trabajos que puso un mayor énfasis en los sonidos electrónicos. Buscando panoramas más amplios tanto en las letras como en sus edificaciones armónicas, vía una producción detallista, grabaron el expansivo Set Yourself on Fire (2004), álbum que los dio a conocer más allá de la tierra de maple y que motivó la idea de pedirle a diferentes colegas que hicieran una mezcla versión del mismo, titulada explícitamente Do You Trust Your Friends? (2007), con resultados variopintos.

De carácter profuso e integrado por trece cortes, entregaron In Our Bedroom After the War (2007), manteniendo el nivel creativo de su predecesor y al que le siguió The Five Ghosts (2010), como buscando influencias fantasmales en un pasado ochentero; volvieron a ajustar la brújula con The North (2012), entre cantos a romances atrapados en la teoría de la relatividad, pero con probabilidades para romper muros, y con No One Is Lost (2014), combinando dinamismo y calma en justas proporciones, a partir de sensibles baladas y ritmos de irresistible invitación a la pista.

JAZZ DE ETIQUETA

25 marzo 2015

En la notable película Whiplash (Chazelle, 2014), una de las aspiraciones más importantes de los estudiantes que asisten a Shaffer, un ficticio conservatorio de jazz ubicado en Nueva York, es poder integrarse a la Jazz at Lincoln Center Orchestra (JALCO), dirigida por el excelso trompetista, compositor y educador Wynton Marsalis, perteneciente a un renombrado clan familiar y líder de los llamados Young Lions, especie de movimiento no escrito encaminado a retomar la fuerza de una música considerada patrimonio nacional de alcance planetario.

A mediados de los ochenta, el Lincoln Center se propuso ampliar sus programas para atraer a nuevas audiencias. Como una de las músicas más representativas de los Estados Unidos, se consideró que el jazz debía tener un espacio y programa específicos dentro del contexto institucional. Una serie de memorables conciertos dieron origen, en 1991, al departamento ahora conocido como Jazz at Lincoln Center (JALC) que cobijó la integración de la orquesta.

En su declaración de principios, el JALC se plantea como misión contribuir con el entretenimiento, enriquecimiento y expansión de la comunidad global jazzística, a través de las actuaciones, la educación y la conservación. Manifiestan que el jazz es una metáfora de la democracia: dado su carácter de improvisación, celebra la libertad personal e impulsa la expresión individual. Dado que el jazz es rítmica que se balancea (swinging), dedica su libertad a encontrar terrenos comunes con los demás. Añaden que con su raíces bluseras, el jazz nos inspira a mantener una cara de permanente optimismo frente a la adversidad.

Mucho más joven que otras organizaciones como la venerable Preservation Hall Jazz Band, que recientemente grabó That’s It! (2013), integrado por piezas propias por primera vez en sus más de 50 años de existencia, la (JALCO), además de sus actividades didácticas y sociales, se ha dado tiempo de grabar algunos discos, tanto en estudio como en vivo, que le hacen honores a grandes monstruos del género como Duke Ellington (Portraits of Ellington, 1992), John Coltrane (A Love Supreme, 2005) y Charles Mingus (Don´t be Afraid: The Music of Charles Mingus, 2005).

Con piezas propias del propio Marsalis y con su firma, la orquesta integrada por 15 intérpretes de altísimos vuelos más el afamado director, grabaron el oratorio Blood on the Fields (1997), el tradicionalista Big Train (1999) y Cast of Cats (2006), seguidos de Congo Square (2007) junto con el percusionista Yacub Addy; rindiendo homenaje a pintores famosos, firmaron Portrait in Seven Shades (2010) como una especie de conjunción mágica entre trazos y notas. Además, produjo con la Filarmónica de Los Ángeles y un coro de más de 100 gargantas el absorbente All Rise (2002).

Lincoln Center JazzAlgunos de sus conciertos han sido capturados en grabaciones que igual rinden tributo a gente como Paco de Lucía (Vitoria Suite, 2010), que al swing, concepto que se siente en el ritmo corporal más fácilmente de lo que se puede explicar (They Came to Swing, 1994; Live in Swing City: Swinging with the Duke, 1999); no han faltado Thelonious Monk, Jelly Roll Morton y desde luego Miles Davis, máxima influencia para la trompeta de Marsalis (The Fire of the Fundamentals, 1994).

El radio de acción no se ha limitado a Estados Unidos: sabemos que el  jazz está por encima de dictaduras, bloqueos económicos y guerras verbales. El encuentro de hace algunos años entre Marsalis y la JALCO con prominentes músicos cubanos como Chucho Valdés, entre muchos otros jóvenes entusiastas, representa una muestra más de cómo los lazos musicales pueden fracturarse por decisiones políticas pero nunca romperse: el tiempo se encarga de volverlos a unir. Aquella visita a Cuba, como anticipando los intentos por normalizar las relaciones entre ambos países, también pareció abrir la oportunidad para que ahora realicen una gira por Latinoamérica, México incluido.

EL JAZZISTA QUE VIENE DEL FRÍO

Volvamos a Whiplash. El implacable maestro le avisa a su ensamble, poco antes de salir a escena, que en el público hay gente de Blue Note y ECM, disqueras de élite. A esta última, fundada en 1969 por Manfred Eicher en Munich (se puede ver el documental Sounds and Silence del 2010 dirigido por Peter Guyer y Norbert Wiedmer), está muy ligado el pianista y compositor sueco Bobo Stenson (1944), activo desde finales de los sesenta y que tras firmar Underwear y Start, ambos en 1971, se ha convertido en toda una referencia del jazz europeo, colaborando con una interminable lista de músicos de excepción.

Particularmente conocido por su trabajo en formato de trío, junto con el bajista Anders Jormin y el baterista Jon Fält, con algunos cambios en el camino, Stenson tiene la notable capacidad para moverse de estructuras clásicas y tradicionales a propuestas avant garde, pasando por las alternativas de géneros populares diversos que se encuentren en el camino y manteniendo un particular sello, como se deja escuchar en discos esenciales del calibre de War Orphans (1998), Serenity (2000), Cantando (2008) e Indicum (2012). Una buena síntesis de su obra se puede encontrar en Selected Recordings (2002). Nos visita el miércoles 11 en el defeño centro cultural Roberto Cantoral.

WHIPLASH: LA BATERÍA CON SANGRE ENTRA

4 marzo 2015

De pronto el jazz se volvió elitista. De ser claramente popular y contar con múltiples seguidores durante buena parte del siglo XX, ahora parece ser parte del gusto de públicos más focalizados. El rock se convirtió en el género de masas y el Hip-Hop en la vertiente más presente de la música negra. Si bien algunos han señalado que el jazz murió con Miles Davies, hoy por hoy siguen apareciendo grandes músicos y se continúan produciendo discos memorables, aunque menos accesibles, ya sea por precio, difusión o distribución.

Cierto es que en Estados Unidos y Europa, el jazz sigue teniendo un nicho claramente identificable que se expresa en festivales, publicaciones, disqueras y escuelas: además están las fusiones que el propio género ha experimentado con otros sonidos, signo de los tiempos que corren. Las fronteras estilísticas se diluyen y las formas musicales se combinan sin pudor alguno, para gracia y beneficio de los escuchas. Y claro que el jazz mantiene esa fama, siempre discutible, de contar con los mejores intérpretes de la música popular, equiparables a los que se desenvuelven en la música clásica.

Los músicos de jazz transitan entre la técnica y la inspiración, la precisión y la improvisación, el virtuosismo individual y la capacidad de conjuntarse. El género se identifica en particular con los instrumentos de aliento, sobre todo saxofón y trompeta, y los percusivos como el bajo y la batería, además del piano, que puede funcionar a manera de comodín. La base rítmica es uno de los rasgos distintivos de esta música y uno de los que más atención jalan del escucha: una vez atrapados en la telaraña del ritmo es imposible escaparse.

Si bien la batería en los inicios se ubicaba como un mero instrumento comparsa, al paso del tiempo empezaron a surgir grandes intérpretes que la colocaron en un sitio de mayor protagonismo, desde el llamado abuelo Warren ‘Baby’ Dodds y los pioneros Ben Pollack, Zutty Singleton y Jo Jones, quien supuestamente le lanzó el platillo a Parker después de una interpretación, hasta el famoso Gene Krupa, durante los años 20´s y 30´s.

Vendrían después nombres míticos como Ed Blackwell, Max Roach, Roy Haynes, Art Blakey, Tony Williams, Elvin Jones, Paul Motian y Jack DeJohnette, por mencionar algunos ejemplos, hasta llegar a contemporáneos como Jeff ‘Tain’ Watts, Brian Blade, Rudy Royston y nuestro compatriota Antonio Sánchez, ya con discos propios además de tocar con Pat Metheny y Chick Corea, entre otros, y parte fundamental de la atmósfera creada en Birdman (G. Iñárritu, 2014).

AL MAESTRO SIN CARIÑO

Escrita y dirigida por Damien Chazelle, Whiplash: Música y obsesión (EU, 2014) sigue a un joven baterista de creciente ambición que ingresa al conservatorio más prestigiado de jazz de Nueva York; mientras practica en solitario, se encuentra con un maestro de didáctica implacable que busca al próximo Charlie Parker, aunque él sabía, supongo, que no lo iba a encontrar por dos razones: el mítico saxofonista de vida tormentosa es irrepetible (se puede ver Bird de Clint Eastwood) y si anduviera por ahí, no entraría a estudiar a ese lugar: parece ser que este tipo de talentos innatos no se acercan al sistema educativo.

Con todo y ciertas licencias (la recuperación mágica del accidente), la historia se desarrolla a partir de la relación que se establece entre maestro y alumno, alrededor de humillaciones, violencia física y simbólica, exigencias al límite, batallas ególatras, desafíos constantes y una extraña admiración mutua que va quedando oculta frente a tanta confrontación. El tempo se vuelve el ámbito de control docente y todos los alumnos tienen que estar a su ritmo, en sentido literal y metafórico. El perfeccionismo puede confundirse con capricho, la autoridad con sometimiento y el impulso con opresión: eso sí, en su práctica resulta bastante coherente.

WhiplashLa intimidación como método, evitar que se sientan seguros o confortables y la presión para sacar lo mejor de los aspirantes a músicos son apuestas arriesgadas cuyos resultados son inciertos. “Buen trabajo” es el peor comentario que se le puede hacer a alguien, de acuerdo a la racionalidad de este profesor, también caracterizada por fomentar una competencia amarranavajas y ser tanto pasional como ingenioso para el insulto.

Por su parte, con la imagen de Buddy Rich en su futuro, el joven alumno empieza a ser invadido por una soberbia que lo lleva a terminar una incipiente relación con una empleada del cine a donde iba con su padre, con quien mantiene una relación más o menos cercana pero cuyo modelo no quiere repetir: si él abandonó la literatura, yo no voy a dejar la batería. Incluso empieza a despreciar a los demás por considerarlos perdedores y se asume como destinatario de grandes logros. Pareciera que tiene más interés en la fama que en el jazz mismo.

Con su actuación, J. K. Simmons consigue trascender el papel del instructor abusivo, con todo y su impecable vestimenta negra y su puntualidad obsesiva, para brindarle a su personaje un amplio rango de matices, incluso lidiando con sus propias frustraciones, culpas y derrotas personales. A la altura, cual duelo actoral, Miles Teller consigue crear un sujeto que navega entre la búsqueda, la pérdida de piso y la mirada aspiracional para dejar de ser el niño abandonado por la mamá y sobreprotegido por el papá. Batallas de este tipo vimos en Reto al destino (Hackford, 1982), Cara de guerra (Kubrick, 1987) y El cisne negro (Aronofsky, 2010).

La edición de Tom Cross adquiere una rítmica sincopada a batacazo limpio: los cortes se articulan con golpes de tambor y pareciera que tanto la mezcla de sonido como el armado de las secuencias siguen una misma batuta de pronto acelerada y por momentos más reposada, dejando que la conversación en turno se desarrolle con calma tensa. Para complementar la propuesta visual, ahí están los desplazamientos de cámara que parecen formar parte de la partitura de piezas clásicas como Caravan, compuesta por Juan Tizol y popularizada por el gigante Duke Ellington, o la que le da el título al film escrita por Hank Levy.

Si el destino dorado de estos aspirantes es formar parte de la Jazz at Lincoln Center Orchestra ahora dirigida por Wynton Marsalis (que tocará en México el sábado 7 y domingo 8 de marzo) o bien firmar para disqueras prestigiosas como Blue Note o ECM, para el rudísimo profesor cargado de pasión y habilidad para el insulto ingenioso, es lograr, maquiavélicamente, que sus alumnos den todo de sí hasta que literalmente ya no puedan más, porque la batería con sangre entra.

YANN TIERSEN: BAILANDO EL VALS INFINITO

12 mayo 2014

La nutrida y larguísima tradición estética de la chanson (canción francesa) ha ido evolucionando a través de los últimos tres siglos, incorporando elementos y estructuras sonoras de otros ámbitos, como la música clásica, la vanguardia y el rock alternativo. Particularmente durante el siglo XXI, Yann Tiersen ha continuado esta premisa, buscando el eclecticismo y la apertura de horizontes estilísticos como forma de expresión, junto con Benjamin Biolay y Dominique A, por mencionar un par de colegas insertos en esta tendencia y más o menos conocidos fuera de Francia.
Nacido en la Bretaña el 23 de junio de 1970, estudió piano y violín de pequeño, aunque de manera simultánea con la llegada de la adolescencia, cual debe, llegó el interés por el punk y el postpunk inglés y estadounidense. Pronto se volvió una especie de hombre orquesta que iba y venía con su espectáculo propio, tocando cuanto instrumento se le pusiera enfrente, desde el piano de juguete hasta el acordeón, pasando por la guitarra, la armónica, el clavecín, el banjo y las campanas tubulares, por mencionar algunos de ellos.
Mostrando sus dotes como multiinstrumentista y compositor, debutó con La valse des monstres (1995), en el que se integraron algunas piezas compuestas para filmes cortos grabadas con anterioridad. En esta primera etapa de su trayectoria, tan interesante como la que siguió ya con el reconocimiento más allá de las fronteras de su patria, presentó Rue des cascades (1996) y Le phare (1997), que incluyó el exitoso corte Monochrome, interpretado por el mentado Dominque A y que le brindó una ventana hacia un público más amplio, si bien insertado en las músicas propias de la región que lo vio nacer.
Para cerrar el siglo, grabó La Vie rêvée des anges (1998), música para la película de Erick Zonca y que significó su primera incursión en la composición fílmica, no obstante ya había trabajado para algún documental televisivo y un corto; presentó la obra en directo Black session (1999), con la participación de Neil Hannon (Divine Comedy) y el propio Dominque, y A Tout est calme (1999), en la que incorporó un aliento más roquero con la presencia de bandas como Les Têtes Raides y The Married Monk.
El ecléctico músico bretón inició fuerte el nuevo milenio con el brillante y juguetón score Le fabuleux destin d’Amélie Poulain (2001) para la famosa película de Jean-Pierre Jeunet, sobre una joven en busca del disfrute sencillo de la vida, interpretada con justa mezcla de picardía e inocencia por Audrey Tautou. Los ecos de Michael Nyman se dejan escuchar en esas secuencias inspiradoras que suben y bajan por las escalas, mientras intentamos descubrir cómo se puede entender que aquí nos tocó vivir.
L’absente (2001) confirmaba el intenso momento creativo, cargado de contrastes y una soltura plástica de gran alcance y versatilidad para fundir géneros y viajar por estilos de una canción a otra, con todo e invitados de lujo entre quienes se encontraba Lisa Germano: acaso se trate de su obra más redonda y consistente a la fecha. Vendría después otro disco en vivo titulado C’etait ici (2002), seguido de Good bye, Lenin! (2003), soundtrack de la película envuelta en tono de farsa dirigida por Wolfgang Becker, y por Yann Tiersen & Shannon Wright (2004), una colaboración con el cantautor estadounidense.
Yann TiersenTanto Les retrouvailles (2005), como el álbum en vivo On tour (2006), que representa una buena muestra de su expresivo desempeño en el escenario, se acompañaron de sendos DVD’s: La traversée (2005) y On tour (2006), ambos dirigidos por de Aurelié du Boys. El primero, grabado en una isla cual contexto inspirador, revisita sonidos evocativos conducidos por el piano y el clavecín, los juegos de cuerdas, el acordeón y su aliento atemporal, los sentidos cantos masculinos y las vocales de Elisabeth Fraser (Cocteau Twins), con su habitual intimidad luminosa, y la mítica Jane Birkin, figura central de la canción francesa a partir de los sesenta –a pesar de haber nacido en Londres- y quien desprende aquí una frágil sensualidad otoñal.
Después de musicalizar Nos retrouvailles (2007), drama francés sobre la relación entre padre e hijo, y el documental Tabarly (2008) de Pierre Marcel, en el que se retoma la vida del gran navegante galo, grabó Dust Lane (2010), reflexionando sobre la muerte y continuando con esta inclinación hacia el rock ahora con un enfoque relacionado con la electrónica y Skyline (2011), mirando hacia el cielo con un dejo de post rock al estilo, justamente, de bandas como Explosions in the Sky.
El álbum Ciclo (2013), pedalea a la par del documental de Andrea Martínez acerca del famoso recorrido en bicicleta del DF a Toronto realizado por los hermanos Martínez en 1956, visto ahora desde la perspectiva de los personajes ya septuagenarios. Con ∞ (Infinity) (2014), recién sacado del horno aunque en ambientes que nos sitúan en los fríos parajes islandeses mostrando a un artista en plena ebullición creativa, regresa a nuestro país para regalarnos un par de conciertos en la ciudad de México.

FESTIVAL SONOSÍNTESIS EN LEÓN
Integrado por conciertos electroacústicos y de música acusmática –emparentada con el concretismo y entendida como aquella que se reconstruye a partir de la manipulación de sonidos almacenados en dispositivos varios, ahora potenciada por las amplias posibilidades informáticas-; conferencias de especialistas vinculados al quehacer artístico; talleres orientados a construir ambientes de aprendizaje creativo y exposiciones que incluyen instalaciones sonoras, este importante esfuerzo por abrir espacios a manifestaciones artísticas en nuestra ciudad más allá de lo acostumbrado, se está llevando a cabo desde el 19 de mayo y continuará hasta el 1 de junio en Azul Magenta, terraza cultural y tecnológica.
Una apuesta del festival apunta a promover interacciones entre diversas disciplinas artísticas y las tecnologías, apuntando hacia rutas experimentales que nos pueden conducir a experiencias estéticas innovadoras y retadoras. Si la síntesis también implica recrear un todo en función de la integración de sus partes, ahí está uno de los sentidos y significados que se pueden advertir en este bienvenido encuentro artístico. Para mayores informes se puede consultar la página http://www.sonosintesis.mx, en la que se detallan horarios, actividades, invitados y aventuras exploratorias sonoras, didácticas y visuales.