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HOMBRES SOLOS

10 diciembre 2010

Tres personajes masculinos, solitarios y acaso rondando los cuarentas, atrapados en contextos diversos y cuyos escasos o efímeros encuentros los van colocando en perspectiva de cambio. Veamos.

SOLEDAD LUNAR
Dirigida por el debutante Duncan Jones, En la luna (Moon, GB, 09), se inserta en la tradición de las grandes películas espaciales orientadas a la reflexión acerca de la condición humana, con 2001: Odisea del espacio (Kubrick, 68) y Solaris (Tarkovsky, 72) a la cabeza. A partir de una notable interpretación prácticamente en solitario de Sam Rockwell en papel similar al robot de Wall-E (Stanton, 08), sólo acompañado por la voz de Kevin Spacey cual amable Hal-9000 y de las imágenes de su familia, el filme del vástago de David Bowie puntualiza la importancia de la memoria para la sobrevivencia y de la necesidad de una imagen de futuro para mantener la sanidad mental, deslizando una crítica a las empresas para quienes sus empleados son meros engranajes intercambiables: en épocas de clonación, más vale construir alianzas con mi otro yo, por el bien de la familia.
La cámara se permite ciertas tomas exteriores para romper la cluastrofobia en un ambiente ascéptico y de control absoluto a pesar de la ausencia física de supervisores, fortalecido por el score, mientras que las crisis de identidad y la soledad laboral van haciendo mella en la cabeza del empleado sin eternos resplandores de una mente aún con recuerdos. La lógica del tiempo se fragmenta sin remedio y el sacrificio se convierte en posibilidad para, al fin, cerrar los ojos en cierta paz.

SOLEDAD AFECTIVA
Dirigida por Noah Baumbach (Historias de familia, 05; Margot en la boda, 07) con su habitual estilo, dando tiempo para que sus personajes se desarrollen, y con título en español de innecesaria aclaración, Greenberg, un perdedor sin ilusiones (EU, 09) se enfoca en analizar la dificultad de llegar a los cuarenta sin un proyecto claro de vida, sobre todo porque pareciera ser que se entra a un momento de últimas llamadas, ya sea para dar un brusco golpe de timón o continuar como hasta ahora.
Ben Stiller sale de sus papeles habituales para interpretar a un tipo más bien antipático y sin mayor gracia que llega a Los Ángeles para cuidar la casa de su hermano, mientras cuida al perro y hace un trabajo de carpintería: un viejo amigo que aún lo tolera (Rhys Ifans), una exnovia que más bien le da la vuelta (Jennifer Jason Leigh), la aparecida sobrina con su grupos de amigos y, sobre todo, la asistente de la familia (Greta Gerwig), también viviendo como en un mundo paralelo, se convertirán en refererentes para tomar decisiones.

SOLEDAD AUTOIMPUESTA
Escrita y dirigida por Bart Freundlich (Atrápenlos, 04; Ellas y ellos, 05; Mi segunda vez, 09) y apenas llegando por estos lares, Recuperando mi vida (World Traveler, EU, 01) es una road movie en tono melodramático de búsqueda sin sentido claro, con encuentros cercanos de todo tipo. Billy Crudup asume el papel de un arquitecto que decide irse sin decir agua va, justo en el tercer cumpleaños de su hijo y ante la mirada de su esposa, para hacer un recorrido en el que a partir de diversos personajes-espejo busca en apariencia respuestas sin tener claras las preguntas. Julianne Moore realiza una breve y sólida aparición en este film que se articula a partir de imágenes anticipatorias, dislocación entre escena y diálogo y una cámara que viaja junto con el protagónico manteniendo las interrogantes.

LOS CINCUENTONES: UN BREVE RECORRIDO POR LOS DISCOS QUE CUMPLEN MEDIO SIGLO

5 diciembre 2010

Géneros diversos e innovaciones en una década naciente que cambiaría radicalmente la forma de entender la música popular. El rock como con todas sus posibilidades, nacería de estas simientes que tomaron forma durante los 50’s: Rockabilly, Doo-Woop, Boogie Woogie, R&B y Honky-Tonk. Géneros mayores como el Jazz y el Blues continuaban su expansión. Gracias a las estaciones radiales, con Alan Freed al frente, y a algunas disqueras, las músicas negras se empezaron a encontrar con diversos estilos del country y el folk, durante la década de los cincuenta. Cuando los años sesenta empezaban, este maridaje ya estaba produciendo resultados que cambiarían para siempre a la música popular, primero con el Rockabilly y después con su hijo más nutritivo: el rock. Una fugaz mirada a los discos que cumplen cincuenta años, al igual que la famosa disquera Motown, fundada por aquellos años y convertida en sonido distintivo. Veamos.

PRIMERO LAS DAMAS
La baladera Connie Francis presentó un cuarteto de álbumes en tonos accesibles, también encontrados en el par de discos de Brenda Lee, al tiempo que Wanda Jackson, desde una perspectiva más vital, contribuyó con Rockin with Wanda y la versátil Dinah Washington con Unforgettable. La formidable Ella Fitzgerald nada más presentó cinco discos en este año, como para no dejar dudas acerca de su espíritu prolífico y de altas intensidades, con esa voz de privilegio entre las privilegiadas. En los terrenos del folk, destacó Joan Baez con su disco homónimo, en el que ya dejaba su impronta como una de las mujeres sustanciales de la música propular norteamericana.

COUNTRY Y ROCK’N’ROLL
Imposible olvidar a Hank Williams, tótem del country que se hizo presente con The Lonesome Sound of Hank Williams y Wait for the Light to Shine. Johnny Cash, desde la misma estructura sonora, se desgranaba en Now, There Was a Song, en los terrenos cercanos a la tragedia como los visitados por Eddie Cochran, una de las primeras leyendas rockeras fallecidas prematuramente, de quien se publicó Eddie Cochran Memorial Album. Y de este lado más oscuro, Gene Vincent hizo honor a su vida con el título de su álbum: Crazy Times.
Entre el surf y el rock’n’roll, The Ventures se presentó ante las juventudes con Walk Don´t Run, álbum de irónico título, en tanto el británico Joe Meek nos invitaba a una expedición a la luna con I Hear a New World, interesante intento de búsqueda sonora. El dúo fraterno Everly Brothers, con jugoso contrato en mano de la naciente discográfica Warner Brothers (que también imprimió un par de discos de Bil Haley), se hiceron presentes con It’s Everly Time y A Date with the Everly Brothers, o sea, el momento preciso para tener una cita con ellos. The Kingston Trio por partida triple con Sold Out, String Along y The Last Month of the Year, confirmando su estatus de grupo más importante del folk.
El guitarritsa Johnny Burnette, pionero enclavado en el Rockabilly, grabó Dreamin’; el influyente Bo Diddley (preguntar a los Rolling Stones) trabajó horas extra en un trío de obras: Have Guitar, Will Travel, así como In the Spotlight y Bo Diddley is a Gunslinger. Un soprendente éxito comercial fue alcanzado por el pianista de redonda figura y largo talento Fats Domino, personaje puente entre el R&B y el Rock’n’Roll que continuó sus hazañas en los teclados con Sings Million Record Hits.

JAZZ
1959 fue para el Jazz quizá el mejor año de su historia. Pero 1960 no desmereció en absoluto. Miles Davis, después de su obra cumbre, se aventuró con su característico espíritu innovador por terrenos ibéricos en Sketches of Spain con el apoyo de Gil Evans, que se dio tiempo de proponer Out of the Cool, acaso su obra más redonda con un elenco de cinco estrellas. El gusto por el riesgo también fue asumido por Ornette Coleman en Free Jazz -obra en la que participó Eric Dolphy, quien a su vez presentó el sorprendente Far Cry- y por John Coltrane en My Favorite Things. La contribución teórica de George Russell fue bien aprovechada por estos músicos para sus desarrollos tonales; Jazz in the Space Age es una buena muestra de su importancia también como compositor.
Modern Jazz Quartet, nacido como grupo de soporte de Dizzy Gillespie, grabó The Comedy como muestra de las posibilidades del ritmo y sus variantes dentro de la estética del Jazz. El pianista, bajista y compositor Charles Mingus, uno de los más grandes músicos del siglo XX, continuaba mostrando que atravesaba por una de sus crestas creativas con Presents Charles Mingus, justo cuando la trompeta hardbopera de Freddie Hubbard sonó fuerte en Open Sesame, uno de sus discos clave. El piano virtuoso de Horace Silver se desgranó en Horace-Scope, el de Cecil Taylor en The World of Cecil Taylor y el de John Lewis por partida doble: en Improvised Meditations and Excursions/Eastern Exposure y Golden Striker/Jazz Abstractions, obras de colorido variado y secuencias intrincadas.
Wes Montgomery alcanzó con Incredible Jazz Guitar su pico más alto en su brillante trayectoria, al igual que el trompetista Clark Terry con Color´s Changes; el tenor saxofón del ex Jazz Messenger Hank Mobley, se desplegó en todo su potencial a través de Soul Station, mientras que dos de sus mentores hacían lo propio: el gran baterista Max Roach grabó We Insist! Freedom Now Suite, con el ritmo puesto en la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos y el maestro Art Blakey, en el amplio sentido del término, presentó The Big Beat y A Night in Tunisia, en el que aporrea a placer los tambores con sentido de improvisación.

BLUSEROS, BALADEROS Y FAMOSOS
En los terrenos del Blues, Elmore James hizo su presentación pública con Blues After Hours, en el que plasmó sus famosos slides en la guitarra, instrumento que también le sirvió al influyente texano T-Bone Walker para grabar T-Bone Blues. El pianista Otis Spann, fallecido a los cuarenta años, también debutó aquel año con Is the Blues: queda la imagen plasmada de un rostro sudoroso que busca en lo alto respuestas imperceptibles, apenas aferrándose a la estructura de su piano.
Por si fuera poco, Spann formó parte del mítico concierto de Muddy Waters que se plasmó en At Newport 1960, donde se pueden escuchar algunos de los clásicos de este bluesman mayor, justo cuando se hacía famoso entre públicos de circuitos más allá del Blues, en los que empezaba a figurar un personaje vital hasta nuestros días: B.B. King, quien entregó su B.B. King Sings Spirituals. Y hablando de personajes legendarios, el altamente inflyuente Willie Dixon siguió surcando el Mississippi con un par de grabaciones: At the Village Gate y The Blues Every Which Way.
El soulman por excelencia, James Brown, ponía alma por delante en Think (King). Otra figura que ganaba enorme popularidad fue Ray Charles, haciéndose presente con el álbum In Person, mientras que en tonos más aterciopelados, The Platters deslizaban Reflections y The Imperials Shades of the 40’s en consonancia con cantantes y compositores más cercanos al pop como el canadiense Paul Anka, con un triplete de discos (Swings For Your Lovers, At the Copa, It´s Christmas Everywhere), mismo número que Sam Cooke (Hit Kit, I Thank God, Wonderful World) y el ídolo de adolescentes Bobby Darin (This is Darin, At the Copa y For Teenagers Only), así como Neil Sedaka con Circulate.
Digamos que eran para toda la familia aunque los jóvenes volteaban, discretamente, hacia donde un joven negro de piel blanca originario de East Tupelo, se inmiscuía en la sala de tele y continuaba metiéndose hasta la cocina: Elvis Presley, quien en 1960 presentó Elvis is Back, ya con una considerable fama a cuestas; por su parte Chuck Berry, uno de los indiscutido padres del rock, grabó Rockin’ at the Hops, tras saltar a la fama un año antes, y Little Richard, en tono Góspel que contrastaba con sus apoteósicas presentaciones en vivo, colaboró para la historia de este año con Pray Along With Little Richard vol. 1 y 2 y Clap Your Hands.

No son todos, desde luego, pero valga como un rápido paseo de lo que sucedía con la música popular hace cincuenta años.