Posts Tagged ‘Romance’

LA LA LAND: CANTO A LO QUE PUDO SER

3 febrero 2017

En cuanto género clásico, el musical se inscribe en una lógica que permite ponerle un alto al flujo de los acontecimientos y sublimarlos para crear una realidad paralela: los problemas se cantan, los romances se proclaman y los conflictos se coreografían. El mundo de tonos grisáceos se pinta de colores. Pero también el dolor se acentúa, la melancolía se potencia y la tristeza termina por profundizarse, como sucede en Bailando en la oscuridad (Von Trier, 2000). En términos narrativos, los musicales apuestan a la ruptura de la lógica y solicitan del espectador su complicidad para entender que el relato, a fin de cuentas, se desliza más por el pentagrama que por la página en blanco.

Escrita y dirigida por el oriundo de Rhode Island Damien Chazelle, volviendo al eje musical y en particular del jazz, explorado en Guy y Madeline en un banco del parque (2009) y en Whiplash: Amor y obsesión (2014), sus dos películas anteriores, La La Land: Una historia de amor (EU, 2016) es un homenaje entre celebratorio y nostálgico de tiempos en apariencia idos pero que permanecen mirando hacia el futuro y tratando de convertirse en él, como lo plantea el músico John Legend en una de sus líneas de diálogo: rememorar una forma musical tan vital como el jazz; un género colorido como el musical; una ciudad que en sus contrastes encuentra su fuerza como Los Ángeles; unos jóvenes con aspiraciones y, por supuesto, un enamoramiento sin dobleces.

Mia (Emma Stone, entusiasta) es una joven que intenta ser actriz y escritora de teatro, dividiendo su tiempo en atender una cafetería y participando en audiciones, esas experiencias que ponen a prueba la tolerancia a la frustración; por su parte, Sebastian (Ryan Gosling, polifuncional) es un pianista que busca mantener la integridad de sus convicciones con respecto a la pureza del jazz, en cierto sentido similar al estudiante de batería de Whiplash con todo y su actitud desdeñosa. Ambos están en ese estado en el que se encuentran millones de jóvenes en labores transicionales, esperando la oportunidad para dedicarse a lo que siempre han deseado.

Se puede vivir con optimismo aunque los sueños sigan sin cumplirse o incluso si los caminos que se presentan apuntan a otros destinos; claro que si la oportunidad se vuelve presentar, por más que uno diga haber renunciado a ellos, habrá que volverlo a intentar aunque el temor al fracaso incremente la desconfianza. Y si no se alcanzan, las expectativas se van ajustando a las condiciones de la realidad por mero instinto de sobrevivencia emocional y para no padecer la eterna frustración del hubiera sido, hubiera podido, hubiera hecho… sin dejar, por supuesto, de seguir imaginando nuevas posibilidades. Pero si las penas con pan son menos, los fracasos con amor como quiera. La duda es si los logros sin amor se saborean igual.

Un insufrible atolladero en un puente vehicular puede atemperarse si salimos del coche, soltamos el cuerpo y celebramos a todo pulmón que tenemos otro día soleado, aunque después tengamos que regresar a los autos y desquitarnos con el claxon o con el de adelante que no avanza. Eso sí: queda la alternativa de saberse uno más en la multitud, disfrutar una noche encantadora sin la compañía esperada, visitar el planetario para alcanzar la ciudad de las estrellas y seguir siendo un tonto repleto de sueños que se reconvierten al paso de las estaciones.

UN ROMANCE COREOGRAFIADO

Ella vive con unas jóvenes parecidas a Las señoritas de Rochefort (Demy, 1967) con vestidos y de colores primarios y actitud festiva; cuando conoce a esta especie de hosco Vendedor de ilusiones (DaCosta, 1962), primero se comporta como La inconquistable Molly Brown (Walters, 1964), pero a fin de cuentas sabe que es una encantadora Funny Girl (Wyler, 1968), buscando convertirse en La estrella (Wise, 1968) o en La cenicienta en París (Donen, 1957) y manteniendo el optimismo de Dulce caridad (Fosse, 1969), a pesar de las caídas y, como que no quiere la cosa, para entender porqué Todos dicen que te amo (Allen, 1996).

Por su parte, el admirador de los clásicos, la historia y los significados del jazz como manifestación cultural, de pronto se da cuenta, al llegar La noche de un día difícil (Lester, 1964), que está en posición de decir que ella es Mi bella dama (Cukor, 1964), aunque duda si pudiera sumarse a una Sinfonía en París (Minnelli, 1951), quizá en alguna vida paralela que incluya una visita al Molin Rouge (Luhrmann, 2001), manteniendo la esperanza de poner un club que sea All That Jazz (Fosse, 1979), cual refugio para la tradición, como si se tratara de un Cabaret (Fosse, 1972), búnker para la libertad y diversidad en plena represión nazi.

Entonces, ambos se encuentran ante la gran oportunidad de hacer, vía pura imaginación,la-la-land Un brindis al amor (Minnelli, 1953) mientras están Cantando bajo la lluvia (Donen y Kelly, 1952), con la protección de Los paraguas de Cherburgo (Demy, 1964), pero terminan por preferir el cielo despejado lleno de estrellas con la ciudad a sus pies y el infaltable farol de la calle para iluminar hasta la oscuridad de la casa, justo para que, a pesar de sus diferencias, tengan la gran oportunidad de edificar un Amor sin barreras (Robbins y Wise, 1961) que se expanda A través del universo (Taymor, 2007).

La vuelta a la normalidad de los personajes, después de participar en alguna de las secuencias de ese mundo paralelo donde la cotidianidad se vuelve coreografía, pone una vez más las cosas en su sitio, más en la medianía rutinaria que en los extremos. En este caso, atender la cafetería del estudio cinematográfico con clientes reacios al gluten, ir a audiciones interrumpidas por naderías, convertirse en el Piano Man de la clásica de Billy Joel (en lugar del nuevo Bill Evans), hacer covers de A-ha y A Flock of Seagulls disfrazado de falso bombero en alguna fiesta insulsa o entrar a una banda con la que no se comparte del todo la estética sonora.

A partir de coreografías sencillas y lucidoras para la pareja principal, sin pretender alcanzar los niveles de baile de Fred Astaire y Ginger Rogers sobre todo en Swingtime (Stevens, 1936), y de canciones de reconocimiento inmediato, cortesía de Justin Hurwitz, que abren la puerta para momentos de humor, festejo y añoranza, la puesta en escena apuesta por el clasicismo y una intencional disposición de elementos y colores, bien capturados por una cámara que sabe cuándo elevarse, acercarse o desplazarse para provocar el efecto deseado, en todo momento reforzado por el preciso uso de la iluminación.

La edición contribuye al desarrollo ágil de este romance aspiracional, siempre creíble por el indudable carisma de los intérpretes, de química probada desde anteriores filmes, y de las breves apariciones de los secundarios, en tanto las transformaciones de escenas y la magia de las secuencias en las que nos extraviamos en épocas pasadas y presentes donde la gravedad deja de ser ley, se integran al tono retro de un relato que encuentra su punto culminante en el notable desenlace, cual emotivo canto de lo que pudo ser. La La Land se convierte en un clásico instantáneo del género.

Anuncios

SALIR AL MUNDO

24 abril 2016

Un par de coproducciones en las que participan Canadá e Irlanda donde los personajes viven la experiencia de buscar insertarse en un contexto mucho más amplio que el que habían conocido hasta entonces. Ya sea por imposiciones externas o limitaciones propias, nos desplazamos por los territorios que conocemos hasta que se presenta una alternativa o bien decidimos ensanchar el margen de maniobra. Y las coincidencias también juegan.

Cual cajas de resonancias, un pueblo y una habitación parecían representar toda la realidad vital hasta que una serie de eventos abren los horizontes con las dificultades y posibilidades del caso, incluyendo la tentación de regresar a lo conocido, no necesariamente por ser mejor opción, sino por la necesidad de certidumbre. Queda la inquietud de saber qué sucederá con los personajes en un futuro, una vez que han tomado ciertas determinaciones sobre su pasado.

LA HABITACIÓN: EL ORIGEN

Dirigida con cercana sensibilidad por Lenny Abrahamson (Adam & Paul, 2004; Frank, 2014) a partir de un guion de Emma Donoghue basado en su propia novela, La habitación (Room, Irlanda-Canadá, 2015) es, por una parte, una mirada a la fortaleza de una mujer para sobrevivir en condiciones de extrema depresión, contando con la fuerte motivación de la maternidad como impulso primigenio y, por la otra, el durísimo proceso de adaptación a un entorno por completo desconocido, como si de otro planeta se tratara.

La primera parte del filme contrasta el infierno del secuestro que vive una joven a manosHabitación de un tipo peligrosamente común en la superficie, como el pedófilo retratado en Michael. Crónica de una obsesión (Schleinzer, 2011), con el luminoso vínculo que establece ella con su hijo, nacido en cautiverio y para quien todo el mundo se reduce a las cuatro paredes donde vive y los objetos a los que saluda cada mañana, incluyendo el día que cumple cinco años con pastel sin velas.

En tanto, la segunda mitad de la historia consigue transmitir las tonalidades agridulces que implica un pasado traumático y el esfuerzo para adaptarse y mantenerse a flote: como nunca, se requiere la fuerza del cabello de Sansón para querer seguir viviendo a pesar de la dificultad para enfrentar la necesaria despedida emocional. Realidades más allá de la televisión, como si de un jardinero sin suerte se tratara: mascota, amigo, cómplice, médico, abuelo ausente y abuela pendiente.

Para construir una interacción materno-filial creíble y emotiva, resultan esenciales las interpretaciones dela ganadora del Oscar Brie Larson, llena de matices dadas las situaciones que vive su personaje, y Jacob Tremblay, escenificando la capacidad de admiración y los temores de la infancia en forma natural. Joan Allen termina por redondear las notables actuaciones como la abuela y madre que entiende la necesidad de convertirse en la figura fuerte de la inédita situación.

La cámara combina diversas perspectivas y potencia la utilización del espacio narrativo con encuadres que anuncian los sucesos por venir (la cena en silencio, por ejemplo), sobre todo cuando se ubica al interior del cuarto: la mirada desde y hacia el clóset, el tragaluz como único contacto con un exterior celestial, opacado por una hoja podrida o el recorrido pausado por los diversos objetos, cual país de las maravillas cotidianas, contrapunteando con los desplazamientos nerviosos que la situación plantea y rompiendo la sincronía entre imagen y palabra.

BROOKLYN: EL DESTINO

Dirigida por John Crowley (Intermission, 2003; Boy A, 2007; ¿Hay alguien ahí?, 2008; Circuito cerrado, 2013) con atención en los detalles y centrada en la toma de decisiones de la protagonista y las racionalidades para llegar a ellas, Brooklyn (Irlanda-RU-Canadá, 2015) es un relato de crecimiento, reconocimiento y apertura en el que las circunstancias se van presentando explícitamente para dejar que sea la joven, con sus recursos, saberes y limitaciones, quien opte desde un omnipresente deber ser largamente inculcado que puede ponerse en duda.

Una inmigrante irlandesa llega al sitio del título tras aleccionadora travesía en barco en la década de los años cincuenta, cuando no había ideas absurdas relacionadas con muros y deportaciones masivas. Deja a su madre (Jane Brennan), a su querida hermana (Fiona Glascott) y su mejor amiga, además de un trabajo que no le gustaba bajo el mando de una grosera y metiche mujer. Sobre todo, deja una forma de ver la vida para intentar adaptarse a otras perspectivas.

BrooklynSaoirse Ronan interpreta con enjundia a Eilis Lacey, contagiando sus disyuntivas y asumiendo las inevitables transformaciones que implica dejar el nido, incluyendo la bifurcación romántica encarnada por un sencillo galán de origen italiano (Emory Cohen), de esas personas que tienen el encanto de la simpleza y por un agradable joven de su pueblo que le ofrece la posibilidad de sentirse en casa por el resto de sus días (Domhnall Gleeson).

Las actuaciones de soporte de los siempre entrañables Jim Broadbent y Julie Walters, además de las compañeras de casa de la recién llegada a tierras americanas y el hermano pequeño del novio, le brindan un necesario toque de humor, sobre todo considerando la formalidad de la puesta en escena, el score y la vistosidad del diseño de producción, dándose vuelo con las modas cincuenteras que reflejan también los cambios en los estados de ánimo de la protagonista.

El estupendo guion de Nick Hornby basado en la novela homónima de Colm Tóibín, que se deja leer en una sentada, permite acompañar a la protagonista en sus procesos decisorios, así como entender las formas de pensamiento y los contrastes entre ambos sitios separados por el Atlántico, sobre todo relacionados con un urbanismo creciente de multiculturalidad y un localismo de tradiciones arraigadas y únicas.: ahí está el emotivo canto en la cena para los viejos migrantes irlandeses que se han quedado en el vacío material y anímico, solo rescatados por la memoria musical.

 

 

LA SOBREVIVENCIA DE LOS AMANTES

17 abril 2016

Parejas de todo tipo que buscan trascender las dificultades propias de los contextos en los que viven, transgrediendo normas o avanzando contra los prejuicios acumulados, acaso sabiendo de antemano que el amor no pertenece al ámbito de la felicidad, sino de la sobrevivencia. Disponibles en plataformas virtuales o en los establecimientos de costumbre, cada vez más escasos.

ROMANCE SOBRENATURAL

Dirigida por el férreo independentista Jim Jarmush, después de Flores rotas (2005) y Los límites del control (2009), Solo los amantes sobreviven (Alemania-RU-Francia-Grecia, 2013) plantea la dificultad para sostener la motivación vital a la que se enfrenta una culta pareja de vampiros, mientras van siendo testigos de la decadencia imparable desde siglos atrás, ahora evidenciada en una ciudad como Detroit, símbolo del postcapitalismo abandonado a su suerte y atrapado por la corrupción y la delincuencia, después de ser la vigorosa ciudad del automóvil. En contraste, ahí está Tánger como hábitat donde todavía se cree en el amor entre tonos amarillos de luz inocua.

En tono de lúgubre nostalgia, aderezado por diálogos que se bifurcan entre el apunte histórico-artístico y la justificada lamentación por las conductas humanas, seguimos a la viajera Eve y al músico anónimo Adam, nombrados así en tono fundacional, cuando se reúnen y les cae de sorpresa la hermana de ella, una adolescente pesadita (también a los vampiros les pasa) que rompe la estética dinámica entre pausada, amorosa y victimista de la pareja, cual amantes malditos asumiendo su condición de eternidad.

El casting es preciso y ahorrador de maquillaje: Tilda Swinton y Tom Hiddleston funcionanSolo los amantes sobreviven como los enamorados en las tinieblas, así como Mia Wasikowska en plan caprichudamente insoportable, Anton Yelchin como el dealer buena onda de guitarras y Jeffrey Wright de sangre, ambos representando los únicos contactos con el exterior para el protagonista. El gran John Hurt redondea el reparto de esta historia gótica posmoderna en la que parece ser claro que solamente hay una condición para la sobrevivencia.

ROMANCE OTOÑAL

Dirigida y coescrita por Ira Sachs (Infieles, 2007), El amor es extraño (Love is Strange, EU-Francia-Brasil-Grecia, 2014) plantea con empatía las dificultades a las que se enfrenta una pareja homosexual ya entrada en años, justo a partir de que deciden casarse después de dos décadas de relación, como si de una maldición se tratara: uno de ellos es despedido de su empleo como maestro y tendrán que dejar el departamento donde viven para refugiarse, por separado, en casas de amigos o vecinos, según el caso, cual muestra de cómo las clases medias se encuentran a la deriva en tiempos de turbulencias inmobiliarias.

A las dificultades de la pareja, interpretada con brillo natural por Alfred Molina y John Lithgow, se le suman las de los personajes que los rodean, en particular del matrimonio con el hijo adolescente, también en pleno proceso transicional, y de la pareja de policías rompiendo estereotipos. La capacidad de adaptación a las nuevas condiciones de vida según la dinámica de sus respectivos anfitriones se pone a prueba, y la distancia forzada de los ahora esposos coloca la perspectiva para la reflexión sobre los lazos construidos. Sutil y emotiva.

ROMANCE PROHIBIDO

Dirigida por Drake Doremus (Con locura, 2011), Pasión inocente (Breathe In, EU, 2013) es la crónica de una infidelidad anunciada en la que un agente externo se inserta en un sistema lleno de fisuras invisibles, en este caso, una joven estudiante de música que llega de intercambio a una familia integrada por los padres y una hija de la misma edad que la nueva inquilina. En apariencia, la cotidianidad marcha por rumbo definido, pero frente a la ruptura de la rutina los resultados pueden ser reveladores y devastadores al mismo tiempo, como para no poder aguantar la respiración.

Aunque previsible, el manejo de las situaciones y personajes va subiendo en tensión de manera creíble, en particular por el consistente andamiaje de situaciones y por las actuaciones de Guy Pearce, como el músico al fin insatisfecho entre la interpretación y la docencia; Amy Ryan como la esposa que lo sabe todo pero dice poco; Felicity Jones, con la sensibilidad estética a flor de piel (ahí está la pieza We Played Some Open Chords de A Winged Victory for the Sullen) y Mackenzie Davis, entre la sensación del desplazamiento y la valoración de la amistad. Cualmúsica propia del romanticismo, el desenlace se va precipitando hacia rumbos de intensidad combustible.

ROMANCE CONSAGUÍNEO

Dirigida por el escocés Kevin Macdonald (El último rey de Escocia, 2006; Los secretos del poder, 2009), Mi vida ahora (How I Live Now, RU, 2013) relata la incursión de una joven neoyorquina (Saoirse Ronan, obsesiva) que tiene que viajar a casa de su tía en la campiña inglesa, donde empezará a convivir con sus primos, primero de manera reticente por sus propias telarañas mentales, incluso parlantes, y después sintiéndose parte de una singular comuna familiar, al grado de enamorarse del mayor (Tom Holland, entregado), justo cuando estalla una guerra de la que no se sabe mucho.

Con elusiva cámara panorámica integrada a una fotografía intensa que se acompaña del emotivo score de Jon Hopkins, y con canciones articuladoreas de secuencias, el relato busca construir ciertos simbolismo como el del halcón para salir de la zona de confort y centrarse en el objetivo para fortalecer la inesperada y dura aventura de esta joven, asumiendo responsabilidades con la prima pequeña y después con los demás en un contexto de ausencia de la ley y de preceptos adultos, acaso para empezar a encontrar, donde menos se lo espera, el sentido de su vida.

 

LAS ESTRELLAS MIRAN HACIA ARRIBA

21 julio 2014

Los hombres en algún momento son dueños de su destino:
La culpa, querido Bruto, no está en nuestras estrellas,
Sino en nosotros mismos, que somos subalternos
(William Shakespeare,
La tragedia de Julio César, 1599 aprox.).

Los prejuicios pueden acercarte o alejarte de la oportunidad de conocer, comprender y disfrutar de los fenómenos que nos circundan. En el caso de una película, ahora que se cuenta con tanta información entre opiniones de a pie, críticas fílmicas, páginas con todo tipo de puntajes y campañas publicitarias, resulta relativamente fácil dejarse llevar por este mar de comentarios o bien por los propios supuestos concebidos a lo largo de la vida: que si es de tal director, debe ser buena; si sale x actor seguro es pésima; si es hollywoodense va ser lo mismo de siempre; si es europea voy a ver pura pretensión pseudointelectual; si es asiática va a estar aburridísima o va a ser una deslumbrante obra maestra, aunque no le entienda nada.
El asunto viene a cuento porque puse a prueba mis propios prejuicios: una película basada en un libro súper ventas no puede ser buena; si el tema está dirigido a un público treinta años menor que yo, a mí no me interesa, porque se supone que soy un adulto ya pasé por ésas; si es sobre un romance juvenil con fuerte carga lacrimógena, enfermedad terminal de por medio, entonces debe ser una historia manipuladora que solo te quiere arrancar lágrimas, aunque sean de cocodrilo; si la protagonista está de moda por participar en alguna trilogía futurista de carácter distópico, debe ser todo muy prefabricado; si aparece un par de actores de renombre, entonces solo es para darle imagen de solidez al casting; si el soundtrack se integra por canciones de un pop sensible, seguro las van a usar para darle emoción a algunas secuencias que por sí mismas no la tienen. Y así.
En el caso de Bajo la misma estrella (The Fault in Our Stars, EU, 2014) la mayor parte de estas ideas preconcebidas acabaron siendo equivocadas. No es ninguna obra maestra pero se trata de una película genuinamente emotiva, que sabe combinar rasgos de humor, romance y drama en dosis adecuadas para construir una relación humana cercana y realista, de tal manera que te va importando lo que les sucede a estos dos jóvenes con los días contados y al amigo en proceso de quedarse ciego (Nat Wolff), sin sentir lástima por ninguno de ellos: padecen algún tipo de cáncer que los afecta de diferente forma, tanto física como anímicamente.Bajo la misma estrella
Con algunos apuntes en off por parte de la protagonista, que nos advierte desde el inicio que no todo es felicidad y que solo tener una hija con cáncer es peor que padecerlo, el guion escrito por la dupla Neustadter / Webber (Aquí y ahora, 2013; 500 días sin ella, 2009) sigue muy de cerca a su par literario escrito por John Green y publicado en el 2012, modificando pequeños detalles pero conservando la esencia que tanto encandiló a jóvenes de todo el mundo, en particular por la facilidad para la identificación con la pareja, más allá de su condición de salud.
Diversas cintas han retomado la situación de los enfermos terminales y la forma en la que viven sus últimos días en cuanto a sus relaciones románticas, pero la virtud de esta cinta dirigida por Josh Boone (Un lugar para el amor, 2012), consiste en trascender este contexto dramático y conectar afectivamente con jóvenes que no se encuentran en esa difícil circunstancia, pero que sí experimentan los sinsabores de las relaciones románticas en sus etapas iniciales.
Las interpretaciones de Shailene Woodley y Ansel Elgort son convincentes y en todo momento consiguen transmitir la sensación de que en realidad se están enamorando (química, le llaman): ella, inteligentemente pesimista, y él, efusivamente contagiante, con tiempo para el humor negro y para apoyarse mutuamente en los momentos difíciles, cada vez más frecuentes. Pero el tono propuesto tiende más al optimismo y a rescatar el efímero disfrute de la vida, incluyendo los pequeños placeres que ayudan a sobrellevar las grandes tribulaciones e incluso a darles cierto sentido.
La posibilidad de conocer al admirado escritor (Willem Defoe, en perfecto plan antipáticamente desquiciado cargado de dolor, escuchando rap sueco) en una Ámsterdam muy bien retratada para promocional turístico, se convierte en uno de esos motivos que tanto se necesitan en la vida para seguir adelante, a pesar de las evidentes adversidades: si el objetivo alcanzado decepciona, se descubre que lo importante estuvo en el proceso, como le sucedió a Ana Frank. Un cigarro se convierte en un arma que tú controlas y una palabra compartida se transforma en símbolo de un vínculo amoroso que aunque se crea para siempre, está sujeto a los avatares de las emociones trastocadas.
El contexto social es más o menos idílico y acaso poco realista: clases acomodadas viviendo en un suburbio de una ciudad funcional; padres al pendiente de los jóvenes (Laura Dern con creíble y permanente rictus de angustia), buscando lo mejor para ellos e incluso planeando el futuro ya sin la hija; alternativas médicas a la mano (no hay problema con las dificultades del obamacare) y de soporte psicológico o religioso al alcance de la mano, con grupos de ayuda que se reúnen sobre el corazón de Jesús bordado en un tapete.
La inferioridad ante las estrellas queda compensada gracias a la posibilidad de llegar a ellas con una historia de amor para ser compartida. Quizá sea un infinito menor que otro, pero infinito al fin.

HÉROES EN LAS ALTURAS

26 mayo 2014

Ya sea contemplando la ciudad desde la punta de los rascacielos o vigilando a los pasajeros en el interior de un avión en pleno vuelo, tenemos a dos hombres de edades diferentes que se debaten entre el cumplimiento de su deber y sus conflictos afectivos, particularmente lidiando con la pérdida de algún ser querido. Películas de acción orientadas al entretenimiento y a la adrenalina que, no obstante, se dan el tiempo para humanizar a sus protagonistas que difícilmente pueden poner los pies en la tierra.
HOMBRE ARAÑA ELECTRIFICADO
La nueva saga del superhéroe más famoso de Marvel, tras la trilogía dirigida por Sam Raimi (2002; 2004; 2007), inició con una formulación del personaje sin despegarse demasiado de sus premisas básicas, quizá dándole más importancia a ciertos factores pero a fin de cuentas recuperando su perfil característico: acaso el cambio más notable se advierte en la personalidad del humano-arácnido, quien pasó de ser un tímido preparatoriano de pronto probando su lado oscuro, a un joven de buen ánimo dispuesto a bromear mientras se bate a muerte con algún villano.
Para esta transformación también hacía falta otro actor: ahí entra al relevo Andrew Garfield, quien puede desenvolverse en el tono de comedia y al mismo tiempo darle un cierto toque dramático cuando lo amerita, como bien lo hizo en La red social (Fincher, 2010) y Nunca me abandones (Romanek, 2010). De igual manera, se imponía el cambio en la actriz que interpretara el siempre difícil interés romántico: Emma Stone, igual probada en la comedia y en el drama, cumple con el papel de ser la joven con aspiraciones y cierta capacidad de riesgo para no conformarse con caer en las redes del galán saltimbanqui.
Dirigida por Marc Webb, responsable de El sorprendente hombre araña (2012), y con guion escrito por una multitud que se nota por todos los cabos sueltos no del todo cerrados, El sorprendente hombre araña 2: la amenaza de Electro (EU, 2014) plantea las dificultades que enfrenta el protagonista para lidiar con todas sus relaciones y, además, contener a los villanos de cajón, empezando por el desaprovechado rinoceronte Aleksei Sytsevich (Paul Giamatti, furibundo en sus risotadas), continuando con el empleado necesitado de atención ahora electrificado hasta ponerse azul de soberbia (Jammie Fox, lleno de timidez resentida) y terminando con Harry Osborn, en trance de volverse duende verde (Dane Dehaan, repitiendo su papel de Poder sin límites [2012], que tan bien le sale).
Spiderman es un joven que tiene que asimilar su orfandad, aquí explicada con otras aristas, y combinar sus tareas de rescate con sus relaciones familiares, representadas por la tía (Sally Field); amistosas, expresadas en el reencuentro con Harry, y románticas, que lo colocan en estados de efusividad y depresión en un parpadeo. No obstante, se trata de un personaje que no se sume en las profundidades existenciales vistas en otros como Batman o algunos de los X-Men, sino que mantiene ese tono de cierta fantasía comiquera en donde la vida se va armando cuadro por cuadro.Spiderman 2014 1
Como demostró en 500 días con ella (2009), el director sabe construir relaciones amorosas creíbles combinando el drama y la comedia, tal como lo desarrolla en esta entrega del fotógrafo misterioso: el vínculo romántico ocupa un espacio importante de la trama, incluyendo la imposibilidad por la promesa hecha al padre de Gwen Stacy y tanto por su alternativa de irse a estudiar a Londres como por el tipo de actividad que desarrolla su enmascarado novio. Se vuelve a colocar a la empresa, en este caso Oscorp, como villana indirecta y campo de luchas de poder, mientras que los problemas de personalidad una vez más se ven acrecentados cuando se adquieren capacidades más allá de lo esperado.
Con fluida edición para el desarrollo de la secuencias, una ambientación propia del mundo conocido de Spiderman y con un suficiente balance entre puños y palabras que incluyen algunas líneas de diálogo ingeniosas, la cinta funciona justo para lo que fue realizada: brindar entretenimiento y abrir espacios para que la esperada trilogía cierre en una tesitura de cierto desparpajo, pero sin dejar de dibujar las dificultades que implica ser el objeto de tantas expectativas, como si de una telaraña inabarcable se tratara.

SIN TIEMPO PARA EL JET LAG
Dirigida por el barcelonés Jaume Collet-Serra ya instalado en Hollywood (La casa de cera, 2005; La huérfana, 2009) y volviendo a hacer equipo con Liam Neeson como en Desconocido (2011), Non-stop: sin escalas (GB-Francia-EU, 2014) logra generar la tensión suficiente como para que nos pongamos el cinturón de seguridad, a pesar de las arbitrariedades del guion y de ciertas secuencias que terminan siendo ilógicas una vez conocido el desenlace, como la insistencia por inculpar al protagónico, por ejemplo.
El asunto es que en un vuelo de Nueva York a Londres, un policía aéreo medio entregado a la bebida por una pérdida no resuelta, recibe un mensaje amenazante: o se depositan 150 millones de dólares en una cuenta secreta (que luego resulta estar a su nombre) o un pasajero morirá cada 20 minutos. Claro que el protagonista empieza a buscar al sospechoso ayudado por algunos pasajeros, convenciendo con dificultades a los de control aéreo y a la tripulación, mientras que la sentencia empieza a cumplirse en situaciones extrañas.
Ciertas pistas resultan ingeniosas y la presentación de los candidatos para erigirse como culpables, incluyendo el prejuicio racial y social, resulta suficiente para crearnos incertidumbre y mantenernos al filo de la butaca, aunque al salir de la sala todo quede como una turbulencia pasajera que se resolvió de una forma que no nos generó preocupación o sorpresa. Es decir, el trazo de los personajes no alcanzó a que nos interesara, más allá de la curiosidad, quién era la o el extorsionador, ni si tenía motivos más allá del billete.

ARTEFACTOS AFECTUOSOS O EL ESPÍRITU EN LA MÁQUINA

22 abril 2014

En el futuro próximo, la soledad sigue merodeando la vida de las personas y se encuentra instalada en sociedades cuyo desarrollo tecnológico ha permitido crear otras entidades capaces de interactuar y tomar decisiones. Las necesidades de afecto y compañía, desde luego, no han desaparecido, aunque quizá sí las posibilidades para satisfacerlas. O a lo mejor, paradójicamente, resulta más difícil.

UN ROMANCE ENTRE LOS BYTES Y LAS CÉLULAS
Escrita con sensibilidad poética y dirigida a partir de una narrativa de contrastación visual y emocional por Spike Jonze (¿Quieres ser John Malkovich?, 1999; El ladrón de orquídeas, 2002; Donde viven los monstruos, 2009; Pretty Sweet, 2012), profuso realizador de cortos y videos musicales, Ella (Her, EU, 2013) es un retrato de los avatares románticos de Theodore, un hombre solitario, en pleno proceso de divorcio que parece refugiarse en su trabajo como una especie de Cyrano posmoderno.
Amablemente dialoga con algún compañero de trabajo y frecuenta a una pareja con quien mantiene una amistad, además de tener alguna cita presencial con alguna mujer (Olivia Wilde) o algún encuentro sexual en el mundo de la virtualidad para sobrevivir al insomnio, sin ninguna trascendencia. Se siente como un extraño en una comunidad que parecería proporcionarle todo lo necesario para ser feliz o, al menos, para evadir la sensación de tristeza.
En estas circunstancias, el protagonista de sonrisa melancólica siempre acomodándose los lentes, decide contratar un sistema operativo diseñado a modo del usuario. Con dos preguntas de entrada sobre el grado de sociabilidad y la relación con la madre, se configura el servicio, una vez definido el sexo. De esta manera, Theodore va construyendo un particular vínculo con su nueva compañera, una voz que habita en los gadgets del usuario y que empieza a incorporar emociones humanas y, por ende, necesidades afectivas.
EllaGracias al conmovedor guion, a la creación de atmósferas vaporosas y a las actuaciones tanto del gran Joaquin Phoenix, integrando los matices físicos y psicológicos de su personaje, y de Scarlett Johansson dándole voz al sistema operativo autonombrado como Samantha, la relación se vuelve inverosímilmente creíble, con todo y los diversos momentos por los que atraviesa la mayor parte de los romances: de la efusividad al enamoramiento y de ahí a la necesidad de control, la posesividad, los celos, los malos entendidos, los egoísmos, la angustia de la pérdida y la euforia de la recuperación.
La exploración de los nexos más allá de la entidad corpórea, remite a las ideas futuristas acerca de la cada vez menos necesaria realidad física para la humanidad, aunque en este caso, Samantha busca adquirir esa realidad corpórea justo para humanizarse y no solo quedarse en las emociones: las diferencias en las realidades físicas de cada uno parecen no afectar la evolución de la pareja, disfrutando de paseos, pláticas nocturnas y escucha de canciones propias.
La inserción de los flashbacks para mostrar los episodios diversos con su exesposa (Rooney Mara), los diálogos sostenidos con la amiga (Amy Adams), los videojuegos para paliar la ausencia de compañía y las tomas transicionales transcurridas en los elevadores, o a través de los recorridos por las calles con pantallas promocionales y gente conectada con algún aparato, expresan la dificultad para mantener lazos emocionales y entender que no hay amor programable ni persona que termine por ser exactamente como se quiere, ni siquiera dentro del universo de la inteligencia artificial.
Justo en estas secuencias se imbrica el sutil piano solitario, los teclados brumosos o las íntimas cuerdas de Arcade Fire, contribuyendo con un score pertinente para un filme que se desarrolla también en interiores, remitiendo a contextos amables, armónicos y reposados: las ventanas de colores de la oficina contrastan con los tonos azules de la recámara y con las grisáceas miradas hacia la gran ciudad. Los rojos de la pantalla y de las camisas, usadas además de otras vivaces tonalidades, destacan como indicativo de las pasiones expresadas y contenidas, además de los usos de la iluminación para mantener el tono apacible y cálido de los entornos.
Cierta nostalgia esperanzadora se simboliza a través del reposo de la cabeza en un hombro amistoso para sobrellevar el abandono, quizá para saber que el misterio del amor no puede ser resuelto ni por sistemas operativos súper avanzados, casi de espíritu humano: al contrario, al final ellos también sucumben frente a sus inexplicables codificaciones porque difícilmente se puede vivir sin la experiencia de amar y sentirse correspondido. Acaso el reencuentro puede darse en un mundo inmaterial, aún inexplorado por las nacientes sensaciones entretejidas.
No solo se trata de explorar lo que más nos gusta de la pareja, sino de cómo convivimos con lo que menos nos parece de ella. Las emociones reales se sienten pero también se trabajan y se mantienen, sobre la idea de la exclusividad acordada y convencida: el entendimiento mutuo no es asunto de un momento, sino de una reconstrucción cotidiana y de ahí la dificultad para seguir adelante. Incluso después de la ruptura hay espacio para el perdón sin intenciones reconciliatorias y para reconocer todos los logros alcanzados en conjunto: el amor como un libro que se escribe y se habita en medio de las palabras pero que en cualquier momento puede darse por concluido.
Una obra maestra del drama romántico que demuestra la inacabada posibilidad de continuar ensanchando los géneros fílmicos.

UNA AMISTAD ENTRE LA MEMORIA Y LA COMPLICIDAD
Con guion de Christopher D. Ford y dirigida con solvencia por el debutante Jake Schreier, Un amigo paraUn amigo para Frank Frank (Robot & Frank, EU, 2012) es una entrañable historia familiar en la que un viejo ladrón de joyas con problemas de memoria (Frank Langella, notable) establece un fuerte vínculo afectivo con un robot (voz humanoide de Peter Sarsgaard), proporcionado por su hijo (James Marsden) para cuidarlo en su soledad.
Entre la visita de su hija (Liv Tyler) y la amistad que establece con la bibliotecaria (Susan Sarandon), este hombre intentará renovar sus viejas habilidades, mientras que va reconstruyendo las relaciones que suponía finiquitadas. Un filme de espíritu independiente cuidadosamente escrito e interpretado que consigue provocarnos sentimientos hacia un personaje de metal sin gestos pero con mucha disposición para la amistad. Como a su dueño, que termina por verse reflejado en él.

LAS VENTAJAS DE JUGAR CON UN DESTINO INVISIBLE

19 marzo 2013

Un par de películas en las que se combina el proceso de crecimiento y superación de eventos desastrosos con un poco de locura, siempre al borde de regresar, como para aderezar las propias vivencias y convertirlas en fundamento para nuevos comienzos sin negar el pasado, sino más bien incorporándolo. Ambas tituladas de manera extraña en español, por decir lo menos, y desprendidas de sendas novelas que aparecen en los estantes de best-sellers, de lectura fluida y atrapante, sin ser hitos literarios ni mucho menos (o sea: ideales para adaptarlos al cine y no apurarse mucho por leerlos). Las dos integran elementos de comedia con drama, romance y relaciones familiares, se apoyan en pertinentes soundtracks y se desarrollan en ciudades cercanas: Filadelfia y Pittsburgh.

EL LADO POSITIVO DE LAS COSAS
Juegos del destinoBasada en la novela de Matthew Quick, con algunos cambios –la amnesia, el intercambio de cartas- pero sustrayendo su esencia, y con guion y dirección efectiva, en particular del cuadro actoral, de David O. Russell (Tres reyes, 99; El peleador, 10), Los juegos del destino (Silver Linings Playbook, EU, 12) constituye un seguimiento a la posibilidad de recuperación de un hombre tras un evento frustrante, buscando siempre el lado positivo de las cosas, como señala su título original, sin perder el ánimo por recuperar lo perdido: un matrimonio fracturado que terminó de romperse por la infidelidad.
Frente a los optimistas irredentos se encuentran los pesimistas confesos: en ambos el juicio crítico parece cancelado y la oportunidad de cambiar el estado de las cosas es muy limitada, dado que para los primeros todo está bien y para los segundos todo seguirá mal. Entre ellos, quizá se ubique un tipo de persona cuyo optimismo le sirve para seguir adelante sin desentenderse de que sigue habiendo cosas por mejorar: la cuerda es muy delgada y resulta sencillo caer de un lado o del otro, desconociendo la realidad. El manejo de la cámara parece reflejar esta dualidad, por momentos encimando a los personajes con nerviosismo y en otros ampliando su perspectiva, como para dar respiro y repensar las cosas.
En este caso parece encontrarse Pat (Bradley Cooper, en su mejor papel), recién salido del hospital psiquiátrico tras una estancia de ocho meses y de regreso a la casa de sus padres (Jacki Weaver y Robert De Niro, estupendos), con miras a recuperar su vida, para lo cual se dedica a leer y hacer ejercicio, dos factores que parecieron haber influido en la ruptura: ferviente creyente de los finales felices, arroja a Hemingway por la ventana como para seguir convenciéndose de que su vida debe terminar bien, con su trabajo de profesor sustituto y al lado de su esposa (Brea Bee), controlando su bipolaridad y sin alterarse por escuchar esa canción de Stevie Wonder
Mientras tanto, será apoyado por su estoica madre, tendrá que convivir con su fanático padre cuya vida se va en apostarle a las Águilas de Filadelfia, y tendrá encuentros ocasionales con su amigo (John Ortiz) y su pesadita mujer (Julia Stiles), con un comprensivo terapeuta (Anupam Kher) y su compañero de hospital (Chris Tucker), además de reencontrarse con su hermano (Shea Whigam) a quien la vida parece sonreírle. Es en este trance donde entronca la comedia romántica a través del personaje de Tiffany (Jennifer Lawrence, explosiva aunque con Oscar sobrevalorado), una viuda locuaz que buscó respuestas en el sexo y que ahora se encuentra, también, en un estanque emocional. Juntos pero no revueltos, emprenderán una constante carrera para encontrarse a sí mismos.

EL OTRO LADO DEL TAPIZ
Con base en su propia novela y su consecuente guion, el cuarentón oriundo de Pittsburgh Stephen Chbosky dirige Las ventajas de ser invisibleLas ventajas de ser invisible (The Perks of Being a Wallflower, EU, 12), que lejos de ser un reiterado mosaico de adolescentes en conflicto, resulta una sensible y evocativa reflexión sobre el duro trance de solventar los traumas (puntuales flashabcks in crescendo), satisfacer el sentido de pertenencia y encontrar tu lugar en un mundo que parece solo interesado en los escandalosos y no en los discretos, tímidos o que pasan desapercibidos: ahora resulta que lo importante es la fama, aunque sea mala.
Las cercanas interpretaciones de los tres personajes centrales (Logan Lerman, Emma Watson y Ezra Miller), cada uno con sus respectivos problemas y angustias, entre los que caben el flechazo del primer amor, el suicidio de un amigo, el desprecio por ser gay y los sueños aún vivos a pesar de los obstáculos, sostienen una historia que intenta sumergirse en motivaciones y sentidos, incluyendo diversas perspectivas adultas como la de los padres, así como apuntes sobre la cultura escolar y juvenil, la trascendencia que puede tener un docente al detectar un interés, los prejuicios de diversa índole, la fundamental importancia de la amistad en esas edades de constante transformación y el papel evocativo que puede jugar la música.
Solo así se podrá atravesar ese túnel festivo mientras resuena, con toda su fuerza, Heroes, la clásica de David Bowie (ni modo que no supieran de quién es aunque fueran de los años noventa), que los podrá acompañar hacia la liberación, al menos momentánea, de sus demonios internos, exorcizados en parte gracias a la escritura epistolar.

ROMANCES INTERMITENTES O HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

23 septiembre 2012

Van y vienen a lo largo del tiempo. Separados por diferencias reconciliables, presencia de incómodos terceros o eventualidades de esas que la vida va poniendo ya sea como pruebas involuntarias o como obstáculos que si no matan, fortalecen o hieren relaciones que se sostienen más por la carencia de opciones que por convencimiento propio: la costumbre es más fuerte que el amor, dicen los realistas-pesimistas; el amor mueve montañas, dicen los idealistas-optimistas. En medio, nosotros los mortales creyendo que la felicidad se construye en la cotidianidad, más que en sucesos grandilocuentes o eventos con alta dosis de intensidad.
Tres cintas, una en cartelera y dos en los videoclubes, que abordan las relaciones románticas desde la perspectiva ya sea del primer amor o del primer compromiso serio. Ya sabemos que este tipo de cintas funcionan si la pareja protagónica resulta cercana y creíble, el guion ofrece alguna variante de la estructura ya sabida (encuentro-enamoramiento-pleito-reencuentro) y si podemos acompañar a los personajes en sus risas y sus momentos difíciles: es decir, qué tanto nos interesa lo que les suceda.

BODA POSPUESTA
Un chef con promisoria carrera en San Francisco (Jason Segel, también participando en el guion) le propone matrimonio a su novia inglesa (Emily Blunt, confirmando sus dotes para la comedia), siempre a la espera de una oportunidad para continuar con sus estudios de posgrado. La ceremonia se tiene que retrasar por diversos motivos –otra boda, cambio de ciudad, desarrollo profesional, resquebrajamiento afectivo- al punto de la ruptura y de la consecuente reflexión acerca de dónde está el hombre-mujer de tu vida. A falta de secundarios sólidos, la pareja protagónica lleva todo el peso de esta cinta que reflexiona acerca de las dificultades que implica primero establecerse como pareja y después construir el resto de la vida. Y no al revés.
Por momentos derivativa y al mismo tiempo funcional, como suele suceder con las películas producidas por Judd Apatow y dirigidas por Nicholas Stoller (¿Cómo sobrevivir a mi ex?, 08; Misión: Rockstar, 10), Eternamente comprometidos (The Five-Year Engagment, EU, 12) combina con astucia el humor, bien construido con estrategias de edición, y las vicisitudes amorosas de una pareja que entra en procesos continuos de desnivelación: tener que sacrificarse por el otro, ver cómo la pareja destaca académicamente y tú te hundes profesionalmente, estar fuera de lugar y ser testigo de la felicidad ajena, son circunstancias que se van planteando con un bienvenido realismo que no pierde la capacidad de integrar diálogos ingeniosos y situaciones de una cercana ridiculez.

UNA RELACIÓN Y CUATRO FUNERALES
Un joven cuya actividad consiste en platicar con un amigo fantasma kamikaze japonés y asistir a sepelios en los que no conoce a nadie, se topa de pronto con una adolescente fanática de la naturaleza, particularmente de las aves, y ambos empiezan a compenetrarse en sus marginales mundos. Con dolorosas historias detrás y en tono de evocación continua, la naciente pareja enfrenta la vida y la muerte con la inocencia y desenfado de quien pareciera no tener nada que perder.
Dirigida con languidez por Gus Van Sant (Drugstore Cowboy, 89; Milk, 08), quien vuelve a explorar el corazón juvenil pero ahora desde una perspectiva romántica, y producida por los Howard, padre e hija, Cuando el amor es para siempre (Restless, EU, 11) se apoya en la notable interpretación de Mia Wasikowska y en una mirada contenidamente esperanzadora sobre la posibilidad de cambiar el estado vital: la música de Danny Elfman y la inserción de canciones que van de Sufjan Stevens a The Beatles, pasando por Bon Iver, Nico y Pink Martini, termina por envolver esta sencilla pero cercana radiografía del primer amor.

AMOR EN TIEMPOS DEL VISADO
Y a manera de análisis del significado del primer amor, cuyo cliché reza que nunca se olvida aunque después vengan otras relaciones, Drake Doremus dirige Con locura (Like Crazy, EU, 11), aprovechando una convencida interpretación de los jóvenes Anton Yelchin y Felicity Jones como un par de estudiantes que se enamoran más pronto de lo que se podrían imaginar, aunque como cabría esperar, se verán envueltos en múltiples situaciones que se presentarán a lo largo de los años, ya cuando él es un diseñador de muebles y ella una escritora en ascenso asentada en su natal Inglaterra.
A partir de un eficaz uso de la elipsis para darle fluidez al desarrollo de los protagonistas, la inserción de flashbacks y de secuencias en silencio o acompañadas con música, la cinta nos permite transitar por la relación y de alguna manera involucrarnos en ella, no obstante ciertos lugares comunes que bien pudieron evitarse. La presencia de personajes interesantes alrededor de la pareja, en particular los padres de ella, colaboran a dimensionar en forma más amplia los contextos que van rodeando la solidificación o derrumbamiento de la primera relación romántica. Para recordar Matrimonio por conveniencia (Weir, 90).

ITALIANO PARA TURISTAS Y PRINCIPIANTES

2 agosto 2012

Cuando un país o ciudad se colocan como personajes de un film, se corre el riesgo de caer en un desgastado costumbrismo de folleto, más bien saturado de anacrónicos estereotipos al borde de la caricatura; pero también se tiene la oportunidad de darle un robusto contexto al desarrollo de la trama: dependerá de la astucia del guion para incorporar, a manera de condimento, los rasgos culturales del lugar donde se desarrolla, a una trama de mayor alcance que pueda resultar interesante incluso para quienes vivan ahí. Veamos un par de ejemplos: uno en cartelera y otro en los videoclubes de la ciudad.

WOODY ALLEN VIAJA A ROMA
Nueva York, Londres, Barcelona y París. El genial director cómico más importante del cine moderno, ha sabido convertir las ciudades de sus historias en auténticos espacios vivos de relaciones, situaciones y vicisitudes con un marco urbano de enorme peso. Ahora le toca el turno a Roma, ciudad eterna que ya Fellini develó simbólicamente en La dolce vita (60), obra maestra tejida en clave séptima y que ha servido para numerosos filmes de muy variada ralea.
En su más puro estilo coral con historias apenas traslapadas de recuerdos, amoríos y descubrimientos existenciales, salpicadas con el característico humor más basado en los diálogos que en las situaciones, nos presenta De Roma con amor (Rome With Love, EU-Italia-España, 12), su nueva citadina aventura europea, continente que por lo general se ha visto más receptivo a su obra que se propio País, no obstante que la Academia estadounidense lo acaba de premiar otra vez con un Oscar por mejor guion del film Medianoche en París (11).
La combinación de personajes estadounidenses con italianos no recurre al cliché de las diferencias culturales, sino más bien a construir diversas miradas sobre temáticas recurrentes como la fama (El precio del éxito, 98; Recuerdos de una estrella, 80) el retiro, la relación de pareja, el pasado, la profesión, la terapia (“No me sicoanalices, muchos han tratado y todos han fallado”) y la creación artística (El ciego, 02). La conclusión parece ser que Así pasa cuando sucede (09) y que más bien podemos cambiar todo para seguir igual que al principio, aunque dejar de ser reconocido en la calle, cual maldición del objetivo alcanzado, se convierta en una desgracia.
Cuatro historias con un prólogo de un agente de tránsito en glorieta intransitable: una pareja madura (Allen y Judy Davis) viaja a Roma para conocer a la familia del novio (Flavio Parenti) de su hija (Alison Pill), quienes se encontraron porque ella andaba perdida buscando la Fontana de Trevi; un famoso arquitecto (Alec Baldwin) vacaciona con sus amigos y se encuentra con un joven estudiante (Jesse Eisenberg) que le recuerda sus años mozos en el barrio del Trastévere; un tipo absolutamente común se convierte, de un día para otro, en famoso por el simple hecho de ser famoso (Roberto Benigni); una pareja de Pordenone llega a la gran capital para empezar ahí una nueva vida (Alessandro Tiberi y Alessandra Mastronardi).
Si bien no todas las historias mantienen el mismo nivel de interés y ciertos momentos se antojan un cuanto tanto forzados, destacan los pasajes en los que el director aparece en pantalla con su capacidad para reírse incluso de sí mismo como Groucho Marx –hacía tiempo que no lo hacía- y la chispa humorística para cuestionar lo políticamente correcto e insertar personajes que se convierten en indicativa ruptura de lo que los protagónicos podrían esperar: la insufrible aspirante a actriz de un snobismo ridículo (Ellen Page); la prostituta mejor conocida de las élites romanas (Penélope Cruz); el papá enterrador convertido en cantante de ópera de regadera (Fabio Armiliato); el actor aprovechado de la aparente inocencia (Antonio Albanese) y la esposa asumiendo la fama marital con singular naturalidad (Monica Nappo).
Me pregunto: ¿qué película haría Woody Allen con nuestro querido León como trasfondo? ¿Un pespuntador enamorado en silencio de la supervisora? ¿Un jugador de fútbol deprimido porque quería seguir jugando en la división de ascenso y no en la liga MX? ¿Una mujer casada de alta alcurnia viviendo una crisis por haberse enredado con un estudiante del Yo Soy 132, justo debajo del Arco de la Calzada? ¿Un cantante de ópera italiano que se escapa de la pantalla de la proyección en el Forum para quedarse a vivir con la rosa púrpura de León? ¿Un funcionario que vive la duda existencial de cambiarse o no de Partido? ¿un chofer de la oruga convertido en cronista de la ciudad?

LONE SCHERFIG APRENDE ITALIANO
Un grupo de personas solitarias de mediana edad, van coincidiendo en un curso de italiano. Con pérdidas recientes –padre, madre, esposa, empleo- intentan seguir adelante apoyadas por nuevos vínculos que encuentran a la vuelta de la esquina. En tono de comedia romántica y siguiendo los preceptos del movimiento Dogma 95, la realizadora danesa Lone Scherfig dirigió Italiano para principiantes (Dinamarca-Suecia, 00), cálido filme en el que se posibilita a los personajes para que puedan resarcir corazones y almas. En un curso de italiano puedes no aprender italiano, pero quizá sí a volverte a enamorar.

TIPOS CON SUERTE

12 junio 2012

Películas que se pueden apreciar gracias a los videoclubes de la ciudad en las que vemos a hombres que van lidiando con sus sueños, amores, carreras, rutinas y, sobre todo, manías. Moviéndose desde la incorrección política o desde la intrascendencia personal, pero decididamente frontales y transparentes, sinceros en sus sentimientos y firmes en sus convicciones, aunque por momentos ni ellos mismos las tengan claras, viven sucesos que cambian o confirman sus percepciones, según el caso. Vamos viendo.

EL ENAMORADIZO
Basada en la novela homónima de Mordecai Richler y dirigida por Richard J. Lewis, realizador televisivo que aquí debuta en cine, La versión de mi vida (Barney’s Version, EU, 11) sigue a Panfosky, un intenso hombre de maneras abruptas que se dedica a ser productor de telebasura y que vive tomando decisiones con la epidermis (en su boda se enamora de una invitada, para no ir más lejos), no obstante que en el fondo palpita un corazón burbujeante, abierto y necesitado de todo tipo de afectos, incluso aquellos que resultan inoportunos.
Fan del hockey, bebedor y de carácter impulsivo, mantiene vínculos con su padre, un amigo con el que se detonan recuerdos culposos (Scott Speedman), su hija que lo acompaña ya hacia el final y, desde luego, su segunda esposa (Rosamunda Pike), debatiéndose entre un sincero cariño y la lógica racional que le indica lo difícil que resulta el cambio para un hombre: con todos ellos se presentan los consabidos altibajos que van desencadenando en la crisis de la memoria y la soledad, justo cuando el hubiera parece ser una incómoda compañía.
Con una agradecible combinación de humor, dilema moral y análisis sicológico, la cinta acompaña el la versión del propio sujeto, dándole peso a las propias percepciones sobre los eventos, a fin de cuentas determinantes para entenderlos. Claro que la cinta descansa en la inmensa actuación de Paul Giamatti, que muestra su amplitud de registro en las secuencias de alzheimer, junto a las de pujante vitalidad, así como los encuentros cara a cara con Dustin Hoffman, de quien parece estar aprendiendo muy bien la lección.

EL ILUSIONISTA
Dirigida con oficio por Sean McGinly (2 Days, 03) y producida por Tom Hanks, El Gran Buck Howard (The Great Buck Howard, EU, 08) nos invita a seguirle los pasos, en una etapa que ha dejado atrás los mejores años, a un mentalista que tuvo cierto éxito en la televisión y en Las Vegas, pero que ahora parece haber perdido el toque; sin embargo, él sigue en lo suyo buscando a que la gloria regrese con reflectores por todas partes. Con un nuevo asistente (Colin Hanks), que nos brinda la perspectiva del filme y una gira en puerta coordinada por una joven (Emily Blunt), este transformador de realidades echará su resto para demostrar(se) que mantiene el toque mágico.
John Malkovich se encarga de darle vida a este hombre de formas directas, difícil de trato y un poco alejado de la realidad (la suya es la que cuenta), que finalmente pareciera no estar del todo equivocado. La cinta nos lleva a reflexionar sobre las implicaciones del trazado de metas personales y de cómo saber caer de pie para seguir avanzando, aunque no exista ninguna certeza de la ruta que nos lleve al destino definido, por más que éste se encuentre anclado en un pasado que ya nadie valora.

EL TEATRERO
Dirigida sin riesgo por Malcolm Venville (Venganza premeditada, 10), El robo perfecto (Henry´s Crime, EU, 10) se centra en la consabida historia del hombre común e inocente de vida anodina que acaba en la cárcel y que al salir, junto a un amigo que conoció ahí mismo, deciden perpetrar un robo más de ingenio que de fuerza: entrar a la bóveda de un banco desde el edificio de junto, un teatro en el que se ensaya una obra de la cual forma parte una actriz que, a su vez, entabla una relación con el susodicho. En otras palabras, de cómo la vida puede dar un vuelco inesperado cuando más te lo esperas.
Las actuaciones de Keanu Reeves, James Caan y Vera Farmiga resultan frescas, así como una puesta en escena de cierta estructura teatral, bienvenida al caso. Si bien la trama no plantea mayores innovaciones, el resultado en conjunto del filme resulta entretenido por la manera en la que se va mezclando la ficción –de la puesta en escena- con la realidad, en la que los afectos, odios, solidaridades y traiciones, van apareciendo como si se tratara de diferentes actos teatrales. Así, un tipo que en un momento dado tenía todo que perder, de pronto se ubica en una posición donde tiene todo que ganar, hasta que, justamente, empieza a tener cosas que volver a extraviar.