Posts Tagged ‘Espionaje’

ANTMAN & ETHAN HUNT: IRRUPCIONES

7 agosto 2015

Un par de blockbusters rescatables del verano fílmico coinciden en desarrollar un episodio en el que los protagonistas tienen que ingresar a empresas de alta tecnología, convertidas en fortalezas infranqueables, para evitar que los siniestros malosos, ambos en primera instancia formando las filas de los buenos, concreten sus perversos planes salpicados de la usual venganza contra quienes, según ellos, los usaron y después los despreciaron o dejaron de entenderlos: en el fondo, parece un asunto de necesidad de afecto.

HORMIGAS AL RESCATE

A estos maravillosos insectos los hemos visto en plan montonero escenificando Marabunta (Haskin, 1954); como reflejo de la lucha de clases en Hormiguitaz (Darnell & Johnson, 1998) y cual comunidad explotada esperando un libertador en Bichos (Lasseter, 1998). Pero también pueden organizarse en torno a un héroe que se hacía grandote y se hacía chiquito para evitar una catástrofe; un tipo que de pronto puede combinar lo mejor de ellas con lo más rescatable de la raza humana: si arañas y moscas ya se habían mezclado con nosotros, por qué no estas industriosas criaturas de fidelidad a prueba de moches.

Dirigida por Peyton Reed (Yes, Man, 2008) con base en el personaje creado por el trío Lee, Lieber y Kirby, especie de superhéroe menor en contraste con Spiderman, Antman (EU, 2015) resulta ser la grata sorpresa del verano comiquero gracias a la ingeniosa combinación de humor, aventura y adecuada construcción de personajes que se desarrollan a través de un guion, cortesía de Edgar Wright y el propio Paul Rudd, entre otros, que apuesta por un enfoque de sencillez que redunda en un film justo para el entretenimiento, que a estas alturas no es asunto menor.

Cual Increíble hombre menguante (Arnold, 1957), un ladrón recién salido de prisión que busca un trabajo estable para estar cerca de su hija, termina aceptando el clásico último robo que lo llevará a verse en la necesidad de participar en una extrañaAntman misión, junto con el científico creador de un imperio industrial ahora fuera de las decisiones de su propia empresa, y la hija de éste, con todo y sus resentimientos hacia el padre y las dudas respecto al nuevo recluta. Si en Ant Bully. Las aventuras de Lucas (Davis, 2006) un niño se hacía parte del hormiguero, aquí las hormigas se pondrán a las órdenes del insospechado héroe.

Paul Rudd como el portador del traje convertidor, Evangeline Lilly como la férrea mujer aún con asuntos por reclamar y Michael Douglas en el papel del brillante científico intentando que su invento no caiga en las manos equivocadas, muestran una bienvenida química tanto en los momentos tensos como en los de complicidad absoluta. Cumplidor también resulta el villano, encarnado por Corey Stoll, a quien vimos ser manipulado por Kevin Spacey en House of Cards (Willimon, 2013 – ).

Las secuencias narrativas del cómplice interpretado por Michael Peña le aportan la cuota de humor al filme, mientras que el entrenamiento del futuro hombre hormiga le brinda dinamismo a la historia, sobre todo cuando se presentan los tipos de estos insectos y en los momentos en los que se presentan los intentos humanos para adquirir los poderes de los himenópteros. La inserción en el mundo de los Vengadores y la relación entre padres e hijas, respectivamente, redondean un film del que se esperaba una pequeña contribución, pero que terminó engrandecido, como la contribución de cada hormiga para su colonia

SINDICATO FANTASMA

Dirigida y coescrita con confianza por Christophe McQuarrie, quien ya dirigió a Tom Cruise en Jack Reacher (2012), además de escribir los guiones de Al filo del mañana (2014) y las historias de Operación Valquiria (2008) y Sospechosos comunes (1995), Misión: Imposible – Nación secreta (EU, 2015) apuesta por la acción inteligente y cargada de adrenalina, gracias a una fotografía de constantes vaivenes y al arriesgado trabajo de montaje que nos coloca en el vértigo de un avión, en la velocidad de la carretera y nos sumerge en lances con muy poco margen de éxito.

Sin alcanzar las cuotas de su predecesora Protocolo fantasma (Bird, 2011), el filme se inserta en esta renovada tendencia de la saga para presentar más el trabajo en equipo, como sucedía en la serie televisiva, que el heroísmo individual, si bien se sigue manteniendo como claro protagonista Ethan Hunt, con un Tom Cruise echando toda la carne al asador y combinando bien tanto con el infalible Simon Pegg, ya dueño de la vertiente humorística, como con Rebecca Ferguson, funcionando como centro gravitacional de los conflictos.

Misión imposible 5Jeremy Renner, Ving Rhymes y Alec Baldwin, sumándose al cuadro como el jefe de la CIA, complementan un reparto sólido, en el que se incluye Simon McBurney como el jefe espía inglés y Sean Harris, metiéndose en el piel de un manipulador y anticipatorio villano que alcanza buenas dosis de siniestralidad, a pesar de darle una y otra oportunidad a la ambigua mujer que un día parece estar de un lado y al siguiente del otro. Pareciera que el presente de los conflictos bélicos ya no se centra en las naciones que conocemos, sino en esos países deslocalizados que emergen para buscar el control ideológico, político y económico.

Ya se sabe que el que a hierro (no) mata, a hierro muere, por lo que la batalla no admite tregua o empate: estará escenificada por bandos invisibles que parecen no existir pero que se mueven sigilosamente por los pasillos del contraespionaje, causando o evitando daños de proporciones mundiales. Más que una historia articulada, estamos frente a emocionantes episodios como los que se desarrollan en la Ópera, al estilo de diversos filmes; en el avión y en la intromisión acuática al complejo para robar información, así como en la que aparece el Primer Ministro inglés (Tom Hollander) y la correspondiente al desenlace.

Anuncios

ESPÍAS DESENFADADOS

22 julio 2015

Las películas de espías se han vuelto muy serias, le dice Samuel Jackson a Colin Firth en una tensa y divertida conversación que sostienen acerca de los clichés que pululan en las cintas de acción en general: además, rememoran los primeros filmes de James Bond mientras saborean unas hamburguesas en bandeja de plata y miden fuerzas una vez que han descubierto su inevitable rivalidad.

El subgénero ha dado pie a diversas tendencias que van de un realismo ajeno a cualquier tipo de glamour (La vida de los otros, 2006; Un enemigo en casa, 2007; El espía que sabía demasiado, 2011; El hombre más buscado, 2014) a la comedia que viaja entre la parodia y el homenaje con la serie, no la película, del Súper Agente 86 como referencia principal (Espías como nosotros, 1985; Johnny English, 2003/2011; Austin Powers, 1997/1999/2002), pasando por el tratamiento deliciosamente idealizado justamente con James Bond a la cabeza, aunque recientemente se haya tenido que manchar las manos en las estupendas películas protagonizadas por Daniel Craig, en la línea de Jason Bourne y otros atormentados y vulnerables personajes.

La veta del espionaje sigue dando buenos frutos, como se puede advertir en la intensa serie Los infiltrados (The Americans, 2013 – ), que ya comentamos en este espacio, y en películas recientes que amplían las posibilidades para seguir disfrutando de estos personajes y sus emocionantes aventuras, ya sea desde la lógica del humor o de la estética comiquera y de videojuego, como sigue.

ESPÍA EN TUBOS Y CHANCLAS

Realizada con preciso sentido cómico y flexible dirección de actores por Paul Feig, Spy: Una espía despistada (EU, 2015)Espía es una hilarante comedia que se sustenta tanto en la creación de situaciones como en ingeniosas líneas de diálogo, además de jocosas interpretaciones con el necesario énfasis para que los personajes se desarrollen más allá de los meros estereotipos chistositos. La trama es más o menos convencional: varios malosos están en busca de adquirir una bomba y una eficiente analista que ayuda a su compañero en el trabajo de campo desde su computadora, tiene que entrar al quite para salvar al mundo.

El director vuelve a hacer mancuerna con Melissa McCarthy, después de Damas en guerra (2011) y Chicas armadas y peligrosas (2013) para desarrollar un papel que pareciera estar pensado para ella, dado su registro interpretativo: así, puede ser una dulce analista, la mejor vendedora de algún estado del medio oeste norteamericano, la loca de los gatos que no falta ni en Los Simpsons, la tía que nadie quiere ir a visitar, una explosiva armapleitos o una lépera guardaespaldas, según se necesite.

El registro cómico de la protagonista se ve potenciado por una serie de interacciones con otros intérpretes para resolver algún tipo de asunto: con Jude Law, su galán inalcanzable apenas susurrándole al oído a kilómetros de distancia y recibiendo espantoso regalo; con Jason Statham, quien no deja de burlarse de sí mismo y de sus personajes anteriores, al tiempo que minimiza a la agente recién integrada en campo; con Rosie Byrne, insultándose de lo lindo mutuamente a través de ingeniosos diálogos y confirmando el lugar común que este tipo de películas son tan buenas como la villana en cuestión; con su amiga Miranda Hart, toda una revelación de caras y gestos, aquí como un ideal complemento de la rotunda espía con peinados diversos y con Allison Janney, en ajustado plan anticlimático.

ESPÍA EN JEANS Y SWAG

Con base en la novela gráfica de Mark Millar y Dave Gibbons The Secret Service, y guion de la colaboradora habitual Jane Goldman, Matthew Vaughn dirige Kingsman: El servicio secreto (Reino Unido, 2014) con la necesaria dosis de picardía, vitalidad y estilacho entre elegante e irreverente. Cierta estética de videojuego, sobre todo en las coreografías de los divertidos pleitos, se combina con elementos de un mayor clasicismo que se refleja en las secuencias de entrenamiento y equipamiento de los futuros espías.

Una agrupación secreta pierde a uno de sus miembros y tiene que darse a la tarea de seleccionar a su reemplazo, para lo cual recluta niños bien de la sociedad inglesa, salvo un adolescente curtido en la lógica de las banquetas y los barrios de alumbrado público insuficiente. Al mismo tiempo, un villano de caricatura, peligroso por inestable y riesgoso por sus conexiones políticas (suena conocido), pretende ayudar al planeta haciendo un proceso de selección antinatural, de acuerdo con sus propios criterios y apoyado por una mortal fémina de aspecto cortante.

Además del dinamismo en la edición y el desarrollo de secuencias explosivas que integran pertinentes elementos deKingsman comedia, el filme cuenta con un reparto tan impecable como la elegancia de los caballeros ingleses: del venerable Michael Cane al contundente Mark Strong y del sofisticado Colin Firth a la impredecibilidad de Samuel L. Jackson, pasando por los cumplidores jóvenes Taron Egerton y Sophie Cookson.

Dentro de la filmografía de Vaughn, esta cinta está más cerca de No todo es lo que parece (Layer Cake, 2004), que por cierto incluía en su reparto al futuro James Bond, y de Kick-Ass (2009), el superhéroe común, que de Stardust (2007) y de la brillante X-Men: Primera generación (2011), aunque el realizador inglés vuelve a demostrar su capacidad para moverse dentro de los estándares del mainstream con gran soltura y astucia, ensanchando sus márgenes con pizcas de innovación e inteligencia.

SKYFALL O CÓMO REGRESAR A TU PASADO SIN QUE EL CIELO SE DESMORONE

10 noviembre 2012

Ya son cincuenta años de entregarnos espionaje glamoroso con esmoquin siempre recién salido de la tintorería y martinis secos preparados al punto, solo agitados; chicas que llevan el apelativo del apellido que se menciona dos veces, rodeando al primer nombre, y villanos que se burlan de su propia caricaturización, siempre con malas intenciones de alcance mundial. Autos (Aston Martin, de preferencia), moda y gadgets; salones de juego, ciudades fastuosas y paraísos escondidos para lucir anatomías impecables. Intrigas imposibles, resoluciones inverosímiles que juegan con la complacencia del público y una elegante picardía que nos hace guiños constantes, como para que entremos en la lógica de relumbrón exaltada por el consabido score.
A partir de la llegada de Daniel Craig para encarnar a Bond, James Bond (Casino Royale, 06; Quantum of Solace, 08), un poco ha cambiado y otro tanto se ha retomado, sabiendo mantener la tradición pero mirando a los tiempos que corren: expresa ciertos sentimientos, sangra por dentro y fuera, las tecnologías han evolucionado más rápido que su conocimiento y, mejor aún, tiene un pasado del cual se quiere sacudir pero es como si intentara eludir del peso del cielo caído sobre sus hombros: ni la muerte, ni el rincón tropical, ni el alcohol, ni la compañía femenina, ni la picadura de un alacrán, ni buscando el Camino a la perdición (02), Solo un sueño (08) o El mejor lugar del mundo (09)… hay destinos disfrutablemente convulsos y el del nuevo 007 es uno de ellos.
Basada en el personaje creado por Ian Flemming a principios de los cincuenta en la novela Casino Royale (llevada a la TV en 1954 con Barry Nelson en el papel central y al cine en 1967 con David Niven), con guion de los habituales Neal Purvis y Robert Wade, apoyados por la complicidad de John Logan, quien ha trabajado con Burton, Scorsese, Scott y Stone, y dirigida por Sam Mendes (Belleza americana, 99), mostrando sello personal, Skyfall (RU-EU, 12) es la más inquietante, profunda e interesante película que se ha hecho sobre este agente del servicio secreto británico, gracias a una afortunada combinación de elementos que, por la solvente y significativa mano del director, confluyen en una intensa y estética narrativa que sabe integrar los principios del cine-espectáculo y el cine de autor.
Daniel Craig encarna con humanidad al por momentos falible 007, queriendo ser un Soldado anónimo (05), en constante debate interno por cumplir con los estándares que se esperan de él y la tentación de mandarlo todo al diablo. Judi Dench asume con entereza un rol protagónico como M, lidiando con inquisidoras instancias externas, con el maloso y con su propio equipo, mientras que Javier Bardem contribuye a crear un estilizado y monstruoso villano, como si continuara en Sin lugar para los débiles (07), pero con influencia de Hannibal Lecter. Ralph Fiennes y Albert Finney le dan solidez al reparto secundario, mientras que las chicas Naomie Harris y Bérénice Marlohe cumplen con la tradición.
La privilegiada fotografía de Roger Deakins se presenta con fuerte personalidad desde el prólogo y los dinámicos créditos iniciales, hasta las secuencias de drama contenido, pasando por las lucidoras escenas de acción, por momentos saturadas de luz multicolor –notable la pelea en el edificio de Shangai y las acciones en Estambul y la campiña escocesa- y en otros jugando con la oscuridad como encubridora de intenciones y motivaciones indecibles. No faltan los encuadres de sorprendente plasticidad que capturan una atenta puesta en escena, distintivo de Mendes con todo y su formación teatral, integrada a una fluida edición que hace llevaderas las dos horas y media de metraje, sin que el interés decaiga en ningún momento, también alimentado por la música de Thomas Newman, colaborador frecuente del director, y hasta por la voz de Adele.
Si bien el guion nos pide pronto algunas complicidades o desemboca en situaciones no del todo sustentadas, resulta atrayente por los tintes shakespereanos y de tragedia griega que sostienen las motivaciones y acciones de los personajes principales, mismos que se zafan del simplón maniqueísmo y se construyen con el suficiente grado de densidad como para hacer que nos interesen, más allá de la pirotecnia visual de persecuciones, peleas o salvamentos, de cualquier manera filmadas con puntual eficacia. Las creíbles relaciones que se logran establecer no solo entre el trío protagónico (¿dos hermanos en competencia por el amor materno?), sino con el resto de los personajes, denota una indudable habilidad de escritura y de interpretación.
Por supuesto está presente la eterna disyuntiva de casi cualquier organización entre el trabajo de campo y la labor de escritorio, con todo y la ceguera de taller, así como el papel que juega la tecnología informática en contraste con la labor de a pie, manual o de plano, artesanal, incluyendo la fuerza de los puños. Así, los gadgets son reducidos al mínimo, pero con el máximo de efectividad, proporcionados por el joven Q (Ben Whishaw, el ex John Keats de Bright Star), aún con su acné y esa soberbia propia de ciertos jóvenes informáticos, pronto puesta en evidencia por la experiencia de quien sí se ensucia los zapatos. Entretenimiento de altos vuelos en los que la tragedia del héroe es, justamente, no poder dejar de serlo.

SEGUNDAS PARTES

21 junio 2011

Reza el lugar común que nunca fueron buenas. Existen las excepciones para confirmar la regla (El padrino, Alien, El señor de los anillos –que en realidad, como el libro, era una sola película segmentada para efectos de comercialización-, Toy Story) y muchos casos que en efecto caen en la maldición, sobre todo cuando la intención primordial se convierte en explotación de una franquicia que tuvo éxito en su primera entrega y se supone que lo seguirá teniendo: por éxito, en este caso, se refiere al ingreso en taquilla, nada más, uno de los criterios más importantes para determinar si se realiza una secuela o no.
Una segunda parte camina por el filo de la navaja: las expectativas del público suelen ser altas y espera experimentar una sensación tan grata, al menos, como la que vivió al ver la primera parte. Al tiempo que debe retomar los elementos centrales de su antecesora, necesita darle vuelta a la página: ese doble juego eleva la dificultad tanto argumental como de creación de personajes. Por otro lado, sin embargo, se cuenta con un público asegurado dispuesto a abarrotar las salas, aunque después reniegue del resultado.
Veamos casos recientes: en ¿Qué pasó ayer? 2 (Phillips, EU, 11) no se entendió una premisa básica de la comedia: chiste contado por segunda vez, pierde gracia. Cuando en una reunión se empiezan a contar chistes, el humor se acabó y la risa se vuelve artificial. Si un ingrediente clave del mundo de la comicidad es su espontaneidad, la segunda entrega de los parranderos involuntarios perdió todo el efecto de su antecesora. Otro ejemplo: Buza Caperuza 2 (Disa, EU, 11) carece de ese sentido humorístico que sostuvo a la primera, más allá del argumento, y que sorprendió gratamente por su desfachatez a pesar de copiar la fórmula de Shrek y de no contar con una animación de altos vuelos.
Dos casos en los que la segunda entrega supera a la primera. Sin ser ninguna maravilla y sin estar a la altura de las exigencias de su casa productora, Cars 2 (EU,11) muestra un mayor dinamismo, sobre todo para el público infantil, gracias a su estructura narrativa y a la inclusión de otros vehículos personificados con el cuidado acostumbrado. Claro que su limitante fundamental es la poca conexión que establece con el espectador adulto, característica presente en prácticamente todas las demás cintas de Pixar.
Por momentos parecería que la decisión de hacer una segunda parte fue motivada más por la necesidad de sacarse la espina que por darle continuidad a las aventuras de los autos humanizados: en efecto, la conocida afición de John Lasseter por el mundo del automovilismo lo ha llevado a realizar no una, sino dos películas al respecto cuyo alcance termina por ser reducido, no obstante la lograda transfiguración de coches, aviones, barcos y hasta submarinos, en este nueva entrega que cambia de protagonista. Habrá que tener cuidado, eso sí, cuando se nos acerque una Gremlin o un Pacer.
Por su parte Kung Fu Panda 2 (Eu, 11) acaba por resultar superior a su antecesora, acaso demasiado enfocada a los niños pequeños, gracias a una historia mucho mejor trabajada, con diferentes niveles de interacción, y a una animación que sabe apuntalar los detalles de los personajes y al mismo tiempo abrir escenografías deslumbrantes. Si bien el humor sigue siendo bastante obvio, el personaje central ya no resulta del todo antipático y se le dota de una mayor profundidad, además de insertar logradas secuencias de acción y de cierto reposo meditativo.
La directora Jennifer Yuh, especialista en el diseño de arte, consigue darle fuerza no sólo al relato, sino al propio contexto de acción, considerando un enfático uso de colores para darle una notable viveza a las texturas plasmadas. No se descuida tampoco el tono de comicidad y se atraviesa el tema de la búsqueda de la identidad y el origen como una forma de comprenderse a sí mismo. Uno no hubiera supuesto que se hiciera una segunda parte de esta película pero los cálculos más allá de la lógica de la pantalla indicaban que sí era conveniente.
Al menos comparando estas dos cintas, Dreamworks saca la ventaja sobre Pixar, situación no vista desde que el ogro verde, con toda su carga de irreverencia, dominó los pantanos y las pantallas. Frente a este verano más bien limitado en el nivel de Blockbusters (quizá salvo X-Men), enfocado más a las secuelas y precuelas, unas películas medianitas como la de la grúa-espía y el panda karateca, aparecen como alternativas que al menos se sostienen mientras transcurre la proyección, aunque al salir de la sala sólo quede el recuerdo de cómo las técnicas de animación y la puesta en escena han rebasado a la capacidad argumental, por lo visto en estos casos.

DUPLICIDAD: JUEGO DE ESPEJOS

30 mayo 2009

Una vez más las empresas y sus tácticas sospechosas para competir en el mercado, se colocan al centro de un film, como sucediera recientemente con Agente internacional (Tykwer,09); nada más que ahora el tono es de estilizada comedia criminal de vuelta de tuerca constante, al más puro estilo de David Mamet, en el que igual cabe la sofisticación que los cerebrales golpes bajos, en lugar de la bien representada lucha cuerpo a cuerpo entre los mandamases de los emporios rivales, interpretados con placer por dos grandes: Paul Giamatti y Tom Wilkinson.
Dirigida por Tony Gilroy, responsable de la espléndida Michael Clayton (07), en la que ya se inmiscuía en las cloacas de las corporaciones, Duplicidad (EU-Alemania, 09) es un juego en el que seguimos los encuentros/desencuentros de dos espías (Julia Roberts y Clive Owen, aligerando la química ya evidente en Closer) en apariencia rivales con larga historia que contar, desmenuzada a partir de flashbacks explicativos que permiten ir armando el rompecabezas del presente, donde trabajan en las dichas empresas antagónicas, uno de cada lado aunque respondiendo al bando contrario, un poco como en Héroes infernales (Law y Mak, 02) e Infiltrados (Scorsese, 06).Duplicidad
Con la ligereza que la intención del film requería, el guión se va retorciendo entre locaciones múltiples, lucidores recursos visuales y hasta cierta tensión enfatizada en la secuencia de la fotocopia clandestina. La segmentación de la narrativa funciona para darle un toque de suspenso y de necesaria confusión a los diversos sucesos, poco a poco esclareciéndose justo a tiempo para algunos y demasiado tarde para otros. Un entretenimiento en serio.

Publicado en el periódico a.m. el viernes 29 de mayo del 2009

UN NUEVO ESPÍA: NO MÁS BOND, JAMES BOND

23 noviembre 2008

La sofisticación ha sido sustituida por la rudeza necesaria: en lugar de un martini en mano, mejor seis o siete adentro para ahogar las penas insumergibles. El humor y la ironía apenas se asoman entre la necesidad de venganza. Los gadgets han cedido paso a los puños en continuos enfrentamientos cuerpo a cuerpo que lo dejan en condiciones muy lejanas a la galanura acostumbrada. Las chicas Bond han dejado de ser objetos decorativos y se han vuelto amores dolorosamente perdidos o cómplices dispuestas al riesgo. Hasta para ponerse un smoking se lo tiene que robar a algún incauto.
Así es el nuevo James Bond, más cercano a la idea de Ian Fleming cristalizada hace 55 años, que a la iconografía fílmica, según se ha dicho. Empezó con la selección de un actor, Daniel Craig, que en su momento causó polémica pero con cuyas interpretaciones ha despejado dudas, para bien, confirmando que el cambio no sólo era posible, sino necesario. Cambio, por cierto, que ha encontrado apoyo entusiasta y decepción por partes iguales.
Tras la lograda Casino Royal (06), la franquicia más longeva del cine vuelve con su vigésimo segunda propuesta: 007 Quantum (Quantum of Solace, EU, 08), basada en un relato corto de Sólo para tus ojos y funcionando a manera de secuela, ahora bajo la responsabilidad del teutón Marc Forster (Cometas en el cielo, 07; Más extraño que la ficción, 06; El umbral, 05; Descubriendo el País de Nunca Jamás, 04; El pasado nos condena, 01), quien pisa un terreno nuevo para él y consigue, en términos generales, salir bien librado a pesar de la sensación episódica de la cinta.
Con frecuentes usos del montaje paralelo –muy en deuda con El Padrino de Coppola- y recurriendo a la clásica diversidad de locaciones, la cinta apuesta por una estructura basada en la acción vertiginosa sin descuidar a su personaje central en cuanto a hombre dolido. La clave de la acción está en las persecuciones –las hay en casi todos los medios de transporte- y en los enfrentamientos directos, editados con enjundia y dotándolos de un brío cercano al de Jason Bourne, aunque sin llegar a sus niveles.
Retomando una negociación corrupta perpetrada entre una empresa multinacional dizque ecológica y un gobierno totalitario depuesto pero con ganas de regresa al poder, el argumento tiene su centro en Bolivia –todavía con una mirada un cuanto tanto anacrónica- en donde el representante de la susodicha empresa (Matheiu Amalric, el de El llanto de la mariposa) fuerza al dictador con ansias de continuar su Fiesta del chivo (Joaquín Cosío) para que le ceda un vasto territorio en apariencia inservible a cambio de apoyarlo para su regreso triunfal.
Ya en documentales como La corporación, se difundió un caso de intento de privatización del agua en Bolivia, un aparente subtexto de la cinta que dadas las circunstancias cobra mucha importancia en los días que corren, por el tema del agua en primer término y, en segundo, por el de las relaciones entre los gobiernos y ciertos grupos de particulares que pueden resultar beneficiosas para la población pero que también se pueden convertir en un pantano insondable de corrupción, como es el caso.
En esta ocasión vemos junto al aún entristecido James Bond, a una mujer que, como él, busca venganza (Olga Kurylenko) y con la que mantiene una tensa distancia; está la infaltable M (Judi Dench) confiando en su chico preferido, con ese insustituible instinto maternal, a pesar de todas las evidencias en contra, y su distanciado cómplice Mathis (Giancarlo Giannini), dispuesto a correr otra aventura en lugar de ponerle bronceador a la esposa.
El relato se complementa con una serie de personajes ambivalentes, entre obstáculos y facilitadores para que Bond intente finiquitar su revancha y, de paso, cumplir con su deber, entre intrigas multinacionales, la canción titular a cargo del tándem Jack White / Alicia Keys, y desiertos interminables dominados por un sol calcinante: desde los espacios geográficos llenos de arena hasta ésos que siguen provocando un hueco permanente en el corazón del espía que amó.

Nos leemos después.
Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx

TRAIDOR O EL PARAÍSO PERDIDO

8 noviembre 2008

Los peores enemigos de las religiones se encuentran en sus propias filas. Tras la falacia de estar cumpliendo la voluntad de Dios o atendiendo su llamado, se enmascaran acciones que nada tienen que ver con el amor al otro sino más bien de dominio sobre los demás, como bien lo ha demostrado la historia. Pareciera que las guerras santas –nótese el oxímoron- sólo han conseguido que los seres humanos se alejen del Dios a quien dicen adorar. Seguimos en una búsqueda equivocada del paraíso extraviado.
Dirigida por Jeffrey Nachmanoff (Hollywood Palms, 01) Traidor (Traitor, EU, 08) intenta plantear diversos discursos sobre la geopolítica, la religión y el terrorismo a escala global, a partir de dos personajes que difieren de ciertos patrones que hemos visto en películas relacionadas. Por una parte, un exagente devoto musulmán, nacido en Sudán pero criado en Estados Unidos (Don Cheadle, intenso) y, por la otra, un eficaz agente del FBI que prefiere la persuasión verbal a la tortura (Guy Pearce), a diferencia del común denominador.
En ambos se presenta una tradición religiosa y un cuestionamiento, sobre todo en el primero, acerca de las propias acciones. El desarrollo argumental acierta en la construcción de estos dos personajes y sostiene una sólida narración en forma de thriller político, sin necesidad de recurrir a secuencias tan espectaculares como gratuitas: quizá se pueda cuestionar la verosimilitud de la forma en que se resuelve el conflicto central. Lo dicho: la verdad es complicada.
Aún así, la cinta consigue inquietar: los dilemas morales abundan, así como las nuevas formas que han tomado las guerras. Personas esperando indicaciones para convertirse en bombas humanas, agencias que no se detienen ante la inocencia de civiles, gobiernos rebasados o vueltos cómplices y hombres que se debaten en sus propios conflictos éticos, al punto de que la traición se ha convertido en estilo de vida, aunque ya no se sepa bien a bien de qué lado está la razón: sabemos que nunca está completamente en uno o en otro.
Este cruce de discursos se encuentra funcionalmente puesto en imágenes: la edición logra integrar la diversidad de secuencias en los escenarios múltiples y el desarrollo de las acciones en las bien elegidas locaciones, permite entresacar reflexivas líneas de diálogo que reflejan los puntos de vista de los involucrados, desde los protagonistas hasta el amigo terrorista/ajedrecista (Said Taghmaoui), pasando por el otro agente (Jeff Daniels) y las mujeres relacionadas con el personaje central.
El filme no está exento de cierta idealización y por momentos de simplificación: los enredados nudos que propone los deshace de una manera que no corresponde a lo retorcido de los hilos. En su descargo, vale decir que el asunto tratado es de una complejidad tal, que difícilmente se pueda abarcar en todas sus dimensiones. Coescrito por el comediante Steve Martin, el guión se inserta en la línea de trabajos recientes de mayor realismo como El paraíso ahora (Abu-Assad, 05) y Vuelo 93 (Greengrass, 06), por mencionar dos casos notables.

Nos leemos después.
Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx

DESENCUENTROS

20 septiembre 2008

Cintas en los videoclubes de la ciudad que no pasaron por los cines pero que bien valen la pena una mirada atenta. Encuentros y desencuentros que ponen a prueba las lealtades y las verdaderas motivaciones de los personajes. Veamos.

CUANDO LOS HERMANOS SE ENCUENTRAN

Dirigida por Tamara Jenkins (Barriadas en Beverly Hills, 98), dentro de la estética del clásico cine independiente norteamericano, La familia Savage (The Savages, EU, 07) coloca a dos hermanos en una situación forzada de reencuentro cuando tienen que atender a su padre senil (Philip Bosco), quien se ha quedado solo ante la muerte de su pareja. Ambos rondan los 40 y están atorados en sendos procesos creativos relacionados con la escritura teatral; ella se conforma con ser la amante de un tipo casado entrado en años y él rehuye el compromiso de casarse con su novia polaca a quien se le está por vencer la visa.

Con soberbias actuaciones de Laura Linney y Philip Seymour Hoffman, la directora consigue rescatar a sus propias criaturas del patetismo en el que se han envuelto, gracias a un inteligente desarrollo de sus personajes y al rescate de una cotidianidad en la que nos podemos ver de alguna manera reflejados, sobre todo quienes andamos por esas edades. Los reproches soltados a los demás se vuelcan implacablemente para entender que aún la mascota desahuciada puede seguir corriendo y que el talento puede seguir floreciendo.

A partir de mostrar locaciones contrastantes –del desierto de Arizona a la lluviosa Bufalo- se construye una perspectiva visual con movimientos pausados de cámara que juegan con el tempo fílmico de tal forma que llegamos a comprender a este par de hermanos en trance de madurez. La responsabilidad que implica atender al distante progenitor, con quien muy poco se comparte, colocará a los hijos en una posición de ruptura frente a su propio ostracismo y su propia zona de infeliz comodidad.

LUCHA DE PODERES

Dirigida por Ang Lee de regreso a sus tierras tras Secreto en la montaña (05), Lujuria y traición (Lust, Caution, China-EU-Taiwán, 07) sigue a una aspirante a actriz de teatro (Tang Wei) que durante la ocupación japonesa a finales de los treinta y principios de los cuarenta, se inserta en una célula rebelde para fingirse dama de sociedad, inmiscuirse en un grupo de mujeres y poder liquidar al esposo de una de ellas, un jefe policíaco torturador (Tony Leung), con quien establece un apasionado romance que va tomando rumbos inesperados para ambos.

El poder del erotismo y el poder político represivo entran en una equilibrada batalla a través de un romance siempre bien contextualizado en una época convulsa, llena de abusos y traiciones. La fotografía del compatriota Rodrigo Prieto enfatiza los entornos cerrados con elusivas sombras llenas de ausencia, así como los exteriores, caracterizados por un efervescencia clasista en la que siempre caben los dobles juegos: los de mesa y los de la vida.

Entre el idealismo transformador y el mantenimiento autoritario del status quo, la pulsión romántica se erige como una tercera fuerza incontrolable. Las convicciones, por más siniestras o loables que sean, se pondrán en tela de juicio ante la avalancha de sensaciones que el erotismo produce sin avisar su llegada y mucho menos su despedida, acaso porque una vez atrapado no sea posible escapar sin una huella indeleble que a parecerá en la cama vacía, apenas iluminada.

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx