Posts Tagged ‘Matrimonio’

TOM FORD: DE LA MODA AL CINE

22 febrero 2017

Originario de Austin, Texas, Tom Ford cimentó su carrera, después de estudiar arte, como creativo y pujante diseñador de modas en Gucci e Yves Saint Laurent para posteriormente iniciar un camino en solitario con su propia e inalcanzable línea de ropa. El contacto directo con el mundo del cine tuvo un momento decisivo con la creación de su compañía fílmica Fade To Black en el 2005, si bien antes había aparecido en Zoolander (Stiller, 2001) y en algunos documentales relacionados esencialmente con el mundo de las pasarelas y los diseños de vanguardia.

Tras comprar los derechos de la famosa y rompedora novela Un hombre soltero (1964) de Christopher Isherwood, sobre un profesor homosexual que decide suicidarse tras perder a su pareja en un accidente de automóvil, la adaptó a la pantalla con la notable presencia de Colin Firth en el protagónico. Con una dirección funcional y soportada tanto por una sensible recreación de época y contexto (Los Ángeles en los sesenta), como por un cuadro actoral de solvencia probada, Ford salió bien librado de esta excursión a la realización cinematográfica, aún con detalles por pulir.

Además de respetar en esencia el argumento de su par literario, Solo un hombre (A Single Man, EU, 2009) mostró ciertos intereses temáticos de su director entre los que destacan el de la soledad en cuanto a condición frecuente de vida, el miedo como motor de la acción y el sentido que puede tener ese estado tan inasible y temporal al que llamamos felicidad. El uso enfático de los colores, la cámara que mira hacia dentro de la intimidad del hogar tapizado de cristales y el retrato cadencioso de la cotidianidad formada por rutinas que en ciertos momentos dejan de pasar inadvertidas, fueron algunos de los elementos estilísticos que se plasmaron en esta ópera prima.

LA VENGANZA ES UNA NOVELA QUE SE ESCRIBE EN CALIENTE

Cuando parecía que su debut como director había sido una aventura aislada en su trayectoria profesional, apareció Animales nocturnos (EU, 2016), thriller psicológico de un amor diluido que regresa en forma de literaria venganza, cinta basada en el libro Tony and Susan de Austin Wright con guion del propio Ford, quien logra trasladar la conocida premisa del relato dentro del relato con notable y orgánica fluidez narrativa, transitando de la historia retratada, la de una dueña de galería profundamente infeliz que recibe una novela de su ex marido, a la recreada por esta mujer mientras va leyendo el volumen en cuestión; para complementar, se inserta de manera natural el recurso del flashback para dar contexto a los sucesos vistos en tiempo presente.

Animales nocturnosA las estelares actuaciones de Amy Adams, entre la fragilidad, la ambición añorante y la culpa latente; de Jake Gyllenhaal, expresando idealismo, debilidad y furia en doble papel y del gran Michael Shannon como el detective sin nada qué perder aunque en el fondo tampoco qué ganar, se suman pequeñas intervenciones como la de Michael Sheen en el rol del gay que intenta animar a la artista en potencia y de su pareja Andrea Riseborough, así como del marido actual y ausente interpretado por Ammie Hammer, hermético en su indiferencia, de Isla Fisher como la esposa en la novela y de Aaron Taylor-Johnson, en plan desquiciado.

Hay cierto glamour decadente y retorcido (que va del inodoro al excelso decorado de interiores), acaso expresado desde el performance inicial con esas obesas mujeres desnudas bailando o recostadas entre los invitados, que se inscribe en este contexto del arte contemporáneo tan discutido que va de considerar ciertas obras como basura apantallabobos, siempre dispuestos a pagar fuertes cantidades por ellas por un asunto de snobismo, a definirlas como auténticas innovaciones transgresoras que contribuyen al desarrollo de la expresión artística, reflejando las grandes preocupaciones humanas según los tiempos que corren. Acá, mujeres recostadas y vistas de espaldas que se convierten en un elemento transversal del filme con diferentes significados abiertos a la interpretación.

Con influencias hitchconianas en la estructura narrativa y lynchianas en la puesta en escena, ambos maestros en la creación de atmósferas cargadas de un misterio incisivo, según las intenciones de la obra, el filme despliega una fotografía cargada de contrastes, entre los claroscuros del abandono y la fiereza de las tonalidades rojizas y verdosas de intensidad acechante, que igual retratan en texturas opuestas el desarrollo de la novela y las secuencias de la protagonista, atrapada en esa casa de exquisito decorado con ventanales interminables y bien custodiada por uno de los afamados perros de Koons, como elaborados con globos de fiesta infantil.

El realizador vuelve a recurrir al polaco Abel Korzeniowski para musicalizar el filme y enfatizar ciertos momentos de tensión abierta –el conflicto en la carretera- y otros de angustia contenida, sobre todo en la lectura y la rememoración de los eventos que llevaron al final del matrimonio; la cortante edición consigue vincular las emociones experimentadas tanto por los personajes de la pieza literaria dentro de la película como de quien nos conduce a través de ella por su lectura, influenciándose mutuamente en esta idea de que el lector reconstruye al texto escrito: desde que abre el envoltorio del libro, se advierte que el material es cortante y doloroso.

De pronto nos damos cuenta que terminamos convirtiéndonos en una persona que detestamos, como le advierte la madre de la protagonista, segura votante de Trump (Laura Linney, notable en la brevedad), y al parecer ya no hay mucha oportunidad para regresar a enmendar ese extraño destino manifiesto del cual renegamos pero acabamos abrazando, como si se tratara de un refugio para el encuentro de la propia identidad, decidida muchos años antes aunque no lo supiéramos. Sentarse a esperar puede ser la última alternativa para, al menos, comprender en alguna medida quién esa persona que nos devuelve el espejo, más allá del maquillaje.

Los animales nocturnos viven en y de la oscuridad; sus instintos se alertan justo cuando el sol desaparece: no por elección, sino por condición natural.

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FAMILIAS AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS

4 mayo 2015

Un par de películas sumamente disfrutables y ligeras en el buen sentido, enfocadas a exponer diversas situaciones que viven sendas familias en contextos y momentos distintos. Comedias familiares por razón doble: el tema que abordan, alrededor de las peripecias y vicisitudes que experimentan y  la orientación que plantean en sus tratamientos argumentales. Ir al cine para vivir buenos momentos, justamente, en familia, y ya de paso darse la oportunidad de espejearse un poco.

RECONFIGURACIÓN FAMILIAR

Los musulmanes representan el 7% de la población francesa y la mayoría, desde luego, son pacíficos, como se advirtió en la reciente manifestación que llevaron a cabo contra el Estado Islámico; en Francia se encuentra la comunidad judía más grande después de las de Estados Unidos e Israel, con una población de aproximadamente 600,000 personas, aunque en el 2014 emigraron 7,000 por el creciente antisemitismo; en cuanto la población asiática, más o menos representan el 3% y la africana el 6%. Estamos en uno de los países con mayor diversidad étnica, religiosa y cultural.

Dirigida con dinamismo y entendible condescendencia por Philippe de Chauveron, dado que estamos ante una de las llamadas feel good movies, Dios mío ¿qué hemos hecho? (Qu’est-ce qu’on a fait au Bon Dieu?, Francia, 2014) retrata un fenómeno intercultural presente y creciente en la nación gala, pero desde la intimidad y el microcosmos de una familia en pleno proceso de ampliación (o reducción, según se vea), a partir de una perspectiva amable e integrista, que contrasta con los terribles sucesos recientes del ataque al semanario satírico Charlie Hebdo.

Un matrimonio tradicional católico de la provincia francesa se enfrenta tanto al proceso del nido vacío como a tiempos de apertura y cambio, ya no solo vistos en París, sino en buena parte del territorio nacional: su hija mayor se casó con un abogado musulmán (Medi Sadoun); la segunda con un negociante judío (Ary Abittan); la tercera con un banquero chino (Frédéric Chau) y la cuarta está en el proceso de contraer nupcias con un actor teatral, africano de raza negra (Noom Diawara), primero confundido con el valet parking por parte del padre de la novia.

Con muy simpáticas secuencias que parecen sucederse una tras otra, vemos las bodas en el registro civil y el contraste entre las multitudes de los novios con la ausencia de invitados de las novias: únicamente los papás con cara de angustia y de preguntarle a Dios, como apunta el título, qué hicieron mal para que sus hijas no asumieran los valores nacionalistas de Francia, aunque se entone la Marsellesa con enjundia, y de la religión católica. Los tiempos están cambiando, diría Dylan.

Dios mío..Las reuniones familiares, ya nos imaginaremos, pueden convertirse en un infierno o todo lo contrario, una muy buena oportunidad para aprender nuevas costumbres y ampliar horizontes: depende del tipo de prejuicios que se tengan. Interesante y cómica resulta la forma en la que se cruzan las percepciones durante la convivencia familiar y posterior a ella, cuando las parejas conversan acerca de los demás.

El filme se decanta por un tono irónico, manteniéndose en la corrección política aunque de pronto atreviéndose a burlarse de ésta, en el que se aprovechan los estereotipos culturales para elaborar humorísticas situaciones, complementada con la ruptura de ciertos moldes: el chino no es tan inescrutable y sonríe; el musulmán es más abierto y aplica la ley civil y el judío no es tan bueno en los negocios; incluso no siempre comen lo que se supone que debían disfrutar y hasta el patriarca africano (Pascal N’Zonzi) tiene su corazoncito, a pesar de representar una tierra históricamente saqueada por los países europeos.

Si bien dos de las hijas quedan un cuanto tanto desdibujadas (Frédérique Bel, Julia Piaton), el trazo de los personajes trasciende la caricatura multicultural, incluyendo la esposa del chino, con una hipersensibilidad muy afrancesada (Émilie Caen, en el llanto perpetuo), y la más chica (Élodie Fontan), rechazando convencionalismos sociales (el pesadito galán que le presentan sus padres) y en el trance de tomar la decisión de casarse o no, en virtud de los problemas presentados no solo de parte de su familia, sino de su posible suegro, al fin tan prejuicioso como su propio padre: pero cuando se buscan coincidencias, se encuentran.

Christian Clavier le da vida con gran soltura y un amplio registro cómico al padre de familia, un tipo gaullista, sarcástico y con ese complejo de superioridad que tienen algunos franceses en relación con otras naciones y culturas; mientras tanto, Chantal Lauby personifica con credibilidad a la madre, primero dubitativa y después buscando la interculturalidad a toda costa, junto a su probable consuegra (Salimata Kamate). Las actuaciones de los maridos, del cura y del patriarca africano, redondean un elenco bien seleccionado para los propósitos humorísticos del film. Para reírse a pierna suelta.

REORGANIZACIÓN FAMILIAR

Dirigida por Miguel Arteta, con amplia experiencia en las series televisivas, Alexander y un día terrible, horrible, malo… ¡muy malo! (EU, 2014) es una entretenida peripecia familiar que parte de la conocida advertencia de tener cuidado con lo que uno desea. Combinación oportuna de humor y la inevitable dosis de drama, orientada a mandar un mensaje claro y directo, aunque sin caer en un moralismo excesivo. La agilidad del relato, la creación de situaciones y las solventes interpretaciones contribuyen a captar la mirada y el interés.

Un padre desempleado y sobrecalificado pero un poco fuera de ritmo, entrándole a la crianza con enjundia mientras busca chamba (Steve Carell); madre siempre ocupada con fuertes presiones laborales (Jennifer Garner); dos hijos adolescentes con sus asuntos característicos, uno entrando a la pubertad alrededor del cual gira el conflicto (Ed Oxenbould, simpático) y un bebé, como para complicar más la situación. Como si de un ecosistema se tratara, la familia funciona de acuerdo al nivel de interacción entre sus miembros y en la manera en la que se comparte la atención, el interés y los problemas.

PERDIDA: ESCENAS DE UN MATRIMONIO

24 diciembre 2014

Al conocerse, un hombre y una mujer suelen mostrar su mejor cara en caso de que exista interés en el otro. Si la relación se consolida, entonces saltan a la vista las costuras que nos hacen humanos y reales, aunque puedan no ser tan agradables como aquellas primeras impresiones: surgen los puntos de quiebre que llevan a la ruptura, la indiferencia para sobrellevar el asunto o la aceptación y las ganas de seguir creciendo en conjunto. El problema surge cuando se deja de coincidir en expectativas y propósitos, cualquiera que éstos sean.

En cualquier caso, se busca alcanzar ese estado difuso y siempre lejano que llamamos felicidad, peligrosamente obstaculizado por la simulación. Sabemos que en toda pareja que se precie existen luchas de poder, negociaciones interminables, momentos luminosos, melodramas intramuros y contrastes afectivos: se trata de la relación humana en la que se puede pasar del amor absoluto al odio profundo con sorprendente velocidad, dada la intensidad de los vínculos establecidos.

Ingmar Bergman nos presentó una nítida radiografía de una pareja en la miniserie Escenas de un matrimonio (1973) y tanto Woody Allen como Ang Lee reflexionaron al respecto en Maridos y esposas (1992) y La tormenta de hielo (1997), respectivamente; verse reflejados en otros puede ser confrontante como en ¿Quién le teme a Virgina Woolf? (Nichols, 1966), basada en la clásica obra escrita por Edward Albee o bien la relación puede terminar en batalla campal de humor negro como en La guerra de los Roses (DeVito, 1989).

Pero también el matrimonio puede ser una salida como sucede en el filme En contra la pared (Akin, 2004) y un motivo por el que vale la pena luchar a pesar de que todo parezca finiquitado, como en la agridulce Triste San Valentín (Cianfrance, 2010). Sarah Poley ha puesto la mirada en la infidelidad implícitamente reconocida en Take This Waltz (2011) y en Lejos de ella (2006), con base en un cuento de Alice Munro, atravesado por el tema del Alzheimer como en la obra maestra Amor (2012) de Michael Haneke.

EL MATRIMONIO COMO CAMPO DE BATALLA

Con una estructura narrativa que evita la linealidad y se detona a partir de una desaparición, como lo hizo en ambos sentidos aunque con distinto propósito François Ozon en 5 x 2 (2004) y en Bajo la arena (2000), respectivamente, David Fincher dirige Perdida (Gone Girl, EU, 2014), con su habitual capacidad para la creación de atmósferas que reflejan procesos de enrarecimiento (Seven, 1995; El club de la pelea, 1999; Zodiaco, 2007) y giros en los que lo que parece no es y viceversa (House of Cards, 2013) para entroncar con el thriller como lógica de género (Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres, 2011), siguiendo al maestro Hitchcock, toda proporción guardada.

La novela escrita por Gillian Flyn se desarrolla con la suficiente fluidez argumental y al mismo tiempo con la necesaria profundización en los contextos, circunstancias, sentidos y significados de los personajes, en la línea de la gran Patricia Highsmith (otra vez: toda proporción guardada), de la que parece haber aprendido ciertas claves literarias del género negro. El contraste de la vida neoyorquina con el medio oeste norteamericano, la omnipresencia de los centros comerciales, la crisis del empleo y sus consecuencias económicas, la voracidad de la prensa cual poder enjuiciador y los secretos que se escurren por las paredes de las casas una vez que la puerta se cierra.

La historia se organiza a partir de las percepciones de marido y mujer en diferentes etapas temporales para después confluir: él nos cuenta a partir de que su esposa desapareció justo cuando cumplen cinco años de casados, ya viviendo en Missouri, y ella nos va platicando desde que se conocieron y la gradual descomposición del vínculo afectivo, detonado en apariencia por la dependencia económica de él hacia el dinero de su esposa, una paulatina desvalorización mutua y un cambio de lugar de residencia no del todo asumido.

El guion escrito por la misma autora va siguiendo a su par literario, sintetizando pasajes y ajustando ciertos episodios que en el libro no valían tanto la pena, como la descripción del romance extramarital, aunque dejando de lado ciertos apuntes que impiden compenetrarse por completo con los esposos. En términos generales la adaptación funciona en pantalla, gracias a una adecuada selección y énfasis de los pasajes, además de la modificación que se propone para el desenlace.

Amy es una sofisticada mujer que escribe tests para revistas (Rosamund Pike, llena de matices), cuya vidaPerdida 2 fue idealizada por sus padres en una serie de novelas, un poco como le sucedía al personaje de Rachel Griffiths en Six Feet Under (2001-2005), sujeta a experimentación psicológica por parte de sus progenitores, mientras que Nick es un tipo común y corriente sin mayores méritos, más o menos agradable y que además de mentiroso, dice poco de lo que piensa (Ben Affleck, confirmando que es mejor director que actor).

Se consigue retomar con verosimilitud a los personajes secundarios clave, gracias a un notable trabajo de casting: la solidaria melliza con la que regentea el bar (Carrie Con); los padres de ella entre estirados y aprovechados (David Clennon y Lisa Bannes); la insulsa vecina, carne de cañón (Casey Wilson); la encargada del caso (Kim Dickens), en la vena de Frances McDormand como la policía de Fargo (Hermanos Coen, 1996); el oportunista abogado de risa al estilo del doctor de Los Simpson (Tyler Perry) y el misterioso exnovio (Neil Patrick Harris).

El desarrollo de la trama resulta cautivante, al grado de estar dispuesto a dejar pasar ciertas inconsistencias, particularmente referidas a las transformaciones de los personajes: quizá por momentos se abusa de la elipsis y es difícil pensar que una persona puede cambiar tan quitada de la pena, mostrando rasgos y formas de pensar que no se entiende bien de dónde salieron. ¿Será que el odio y rencor acumulado trastoque a tal grado la personalidad de alguien? Desde luego, ahí está la astucia para darle una nueva vuelta de tuerca al siniestro suceso cuando parecía haberse resuelto.

Los vaporosos teclados de la dupla habitual Reznor / Ross le brindan a las secuencias un extraño tono inicuo, bien contrastadas por la fotografía del viejo cómplice Jeff Cronenweth, en particular las tomas en interiores y capturando el indicativo trabajo de maquillaje y vestuarios para fortalecer los momentos anímicos de los protagonistas. Si uno quisiera abrir la cabeza de la pareja para desenrollar su cerebro y saber todo lo que piensa, hay que asumir las consecuencias. Cuidado con lo que deseas porque se te puede cumplir; o peor aún: cuidado cuando ni siquiera sabes qué deseas.

LA FAMILIA COMO CÍRCULO SIN CERRAR

22 diciembre 2014

El tema de la pérdida de un hijo, tan contrario a los procesos naturales de vida y por ende tan desestructurante, ha sido objeto de diversas películas que pusieron el énfasis en distintas situaciones presentes en esta tragedia: el proceso de la enfermedad, la atención médica y los tratamientos elegidos, las causas del fallecimiento y la forma de enfrentar la desgracia por parte del vástago y los padres, así como por las personas afectivamente involucradas.

Lars Von Trier proponía en Anticristo (2009) un viaje lleno de dolor en el que el mal se va apoderando de la pareja en desgracia y cargada de culpa por la muerte de su pequeño, justo en una especie de contaminado y boscoso jardín del edén. En contraste, la directora Valérie Donzelli propuso en Declaración de guerra (2011), con tintes autobiográficos, la dedicación de una joven pareja para salvar a su bebé del tumor cerebral detectado.

Si seguimos el enfoque sistémico para entender la conformación familiar, sabemos que el cambio de uno de sus miembros afecta y modifica al resto, trastocando todo el funcionamiento del sistema y las formas de relación entre las partes: el enclave familiar puede adaptarse a la nueva situación y continuar, o bien romperse en definitiva dada su imposibilidad para asumir las nuevas condiciones, usualmente llenas de dolor y desasosiego. La primera película en la cartelera de nuestra ciudad, una grata sorpresa, y las otras dos disponibles en video.

EL CÍRCULO ROTO

Didier es un músico de bluegrass admirador de Bill Monroe (Johan Heldenbergh, quien coescribió la obra en la que se basa el filme) y Elise, una creativa y luminosa tatuadora (Veerle Baetens): se conocen, se enamoran y empiezan a vivir juntos en un ambiente rural, cercano a una pequeña ciudad en la región de Flandes; ella se suma al conjunto de cuerdas como vocalista y ahora parecen compartirlo todo. El asunto parece idílico incluso después del inesperado arribo de una simpática hija, al principio creando desazón en él pero al final llenando la casa de vida, como suele suceder con los niños. El círculo parece perfecto.

Pero ante la enfermedad de la pequeña Maybelle (notable Nell Catrysse), el círculo empieza a mostrar sus fisuras. El doloroso proceso del tratamiento del cáncer y el mantenimiento de un espíritu esperanzador por parte de la familia se presentan con sensibilidad y con el suficiente realismo para involucrar al espectador en el duro trance que viven los padres y la niña, apoyados siempre por los músicos con quienes no solo comparten el escenario, sino también las vicisitudes de la cotidianidad.

Todo empieza a volverse triste: las canciones antes celebratorias, las animadas conversaciones, los encuentros sexuales, los momentos en la cocina… se acentúan las diferencias ideológicas y religiosas, salen a la luz los rencores, se buscan culpabilidades en la pareja y en quien se ponga enfrente: ahí está el veto de George Bush a la investigación con células madre y la arenga evolucionista a medio concierto, soltando los dardos contra la idea del dios vengativo, sádico y violento. Estados Unidos es objeto de odio y admiración al mismo tiempo: vibrante cultura popular y gobierno retrógrado de los primeros años del siglo XXI.

Dirigida y adaptada con punzante estilo visual a la pantalla por Felix van Groeningen (Steve & Sky, 2004; LaCírculo roto vitalidad de los afectos, 2009), El círculo roto (The Broken Circle Breakdown, Países Bajos-Bélgica, 2012) se estructura a partir del uso de la prolepsis (plantear primero el futuro, rompiendo la secuencia temporal), en una lógica de circularidad dramática donde las consecuencias y las causas se convierten en parte de un mismo ciclo. La dislocación entre imagen y sonido y los desplazamientos de la cámara acompañados de las contagiantes canciones, consiguen crear un interesante contraste con el drama que inunda buena parte de la historia.

Mejor ahora llamarse Alabama, como para reinventar la dura realidad, o proteger a las aves de su incapacidad para aprender a evitar chocar contra el cristal, aunque sea con soluciones temporales; voltear a ver las estrellas para ubicar al pájaro muerto y encender una vela en el altar de sincretismo religioso. Los tatuajes pueden cambiarse o taparse, pero hay dolores que se quedan insertos para siempre en la piel.

EL CÍRCULO POR CERRAR

Adaptada de la novela Abaire de David Lindsay (Pulitzer en drama) y dirigida por John Cameron Mitchell en cambio radical de registro después de Shortbus (2006), Al otro lado del corazón (Rabbit Hole, EU, 2010) sigue a un matrimonio que pierde a su hijo de cuatro años, el proceso de duelo y los intentos de cura, cada uno por su cuenta y separándose paulatinamente: ella se encuentra con el adolescente que provocó el adolescente fatal y él recurre a la evasión vía el pasado o el encuentro con otras personas.

Aaron Ekhart y Nicole Kidman, también productora, encuentran buen soporte actoral en Dianne Wiest Miles Teller, Tammy Blanchard, Giancarlo Esposito y Sandra Oh, quienes le brindan emotividad al relato. Después de la distancia, queda el encuadre silencioso que anuncia un pequeño resquicio de esperanza para salir de un hoyo que se ha convertido en guarida y obstáculo a la vez.

Por su parte, No pudo decir adiós (The Greatest, EU, 09) de Shana Feste coloca a un matrimonio maduro (Susan Sarandon y Pierce Brosnan) en la situación de aceptar la presencia de la solitaria novia (Carey Mulligan) de su hijo recién fallecido, mientras que el hermano lucha con sus propios demonios y la consecuente desatención (Johnny Simmons). El filme despliega una primera parte de solidez dramática que flaquea hacia el desenlace, no obstante consigue presentar una radiografía cercana de una familia en pleno proceso de recomposición.

ROMANCES INTERMITENTES O HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

23 septiembre 2012

Van y vienen a lo largo del tiempo. Separados por diferencias reconciliables, presencia de incómodos terceros o eventualidades de esas que la vida va poniendo ya sea como pruebas involuntarias o como obstáculos que si no matan, fortalecen o hieren relaciones que se sostienen más por la carencia de opciones que por convencimiento propio: la costumbre es más fuerte que el amor, dicen los realistas-pesimistas; el amor mueve montañas, dicen los idealistas-optimistas. En medio, nosotros los mortales creyendo que la felicidad se construye en la cotidianidad, más que en sucesos grandilocuentes o eventos con alta dosis de intensidad.
Tres cintas, una en cartelera y dos en los videoclubes, que abordan las relaciones románticas desde la perspectiva ya sea del primer amor o del primer compromiso serio. Ya sabemos que este tipo de cintas funcionan si la pareja protagónica resulta cercana y creíble, el guion ofrece alguna variante de la estructura ya sabida (encuentro-enamoramiento-pleito-reencuentro) y si podemos acompañar a los personajes en sus risas y sus momentos difíciles: es decir, qué tanto nos interesa lo que les suceda.

BODA POSPUESTA
Un chef con promisoria carrera en San Francisco (Jason Segel, también participando en el guion) le propone matrimonio a su novia inglesa (Emily Blunt, confirmando sus dotes para la comedia), siempre a la espera de una oportunidad para continuar con sus estudios de posgrado. La ceremonia se tiene que retrasar por diversos motivos –otra boda, cambio de ciudad, desarrollo profesional, resquebrajamiento afectivo- al punto de la ruptura y de la consecuente reflexión acerca de dónde está el hombre-mujer de tu vida. A falta de secundarios sólidos, la pareja protagónica lleva todo el peso de esta cinta que reflexiona acerca de las dificultades que implica primero establecerse como pareja y después construir el resto de la vida. Y no al revés.
Por momentos derivativa y al mismo tiempo funcional, como suele suceder con las películas producidas por Judd Apatow y dirigidas por Nicholas Stoller (¿Cómo sobrevivir a mi ex?, 08; Misión: Rockstar, 10), Eternamente comprometidos (The Five-Year Engagment, EU, 12) combina con astucia el humor, bien construido con estrategias de edición, y las vicisitudes amorosas de una pareja que entra en procesos continuos de desnivelación: tener que sacrificarse por el otro, ver cómo la pareja destaca académicamente y tú te hundes profesionalmente, estar fuera de lugar y ser testigo de la felicidad ajena, son circunstancias que se van planteando con un bienvenido realismo que no pierde la capacidad de integrar diálogos ingeniosos y situaciones de una cercana ridiculez.

UNA RELACIÓN Y CUATRO FUNERALES
Un joven cuya actividad consiste en platicar con un amigo fantasma kamikaze japonés y asistir a sepelios en los que no conoce a nadie, se topa de pronto con una adolescente fanática de la naturaleza, particularmente de las aves, y ambos empiezan a compenetrarse en sus marginales mundos. Con dolorosas historias detrás y en tono de evocación continua, la naciente pareja enfrenta la vida y la muerte con la inocencia y desenfado de quien pareciera no tener nada que perder.
Dirigida con languidez por Gus Van Sant (Drugstore Cowboy, 89; Milk, 08), quien vuelve a explorar el corazón juvenil pero ahora desde una perspectiva romántica, y producida por los Howard, padre e hija, Cuando el amor es para siempre (Restless, EU, 11) se apoya en la notable interpretación de Mia Wasikowska y en una mirada contenidamente esperanzadora sobre la posibilidad de cambiar el estado vital: la música de Danny Elfman y la inserción de canciones que van de Sufjan Stevens a The Beatles, pasando por Bon Iver, Nico y Pink Martini, termina por envolver esta sencilla pero cercana radiografía del primer amor.

AMOR EN TIEMPOS DEL VISADO
Y a manera de análisis del significado del primer amor, cuyo cliché reza que nunca se olvida aunque después vengan otras relaciones, Drake Doremus dirige Con locura (Like Crazy, EU, 11), aprovechando una convencida interpretación de los jóvenes Anton Yelchin y Felicity Jones como un par de estudiantes que se enamoran más pronto de lo que se podrían imaginar, aunque como cabría esperar, se verán envueltos en múltiples situaciones que se presentarán a lo largo de los años, ya cuando él es un diseñador de muebles y ella una escritora en ascenso asentada en su natal Inglaterra.
A partir de un eficaz uso de la elipsis para darle fluidez al desarrollo de los protagonistas, la inserción de flashbacks y de secuencias en silencio o acompañadas con música, la cinta nos permite transitar por la relación y de alguna manera involucrarnos en ella, no obstante ciertos lugares comunes que bien pudieron evitarse. La presencia de personajes interesantes alrededor de la pareja, en particular los padres de ella, colaboran a dimensionar en forma más amplia los contextos que van rodeando la solidificación o derrumbamiento de la primera relación romántica. Para recordar Matrimonio por conveniencia (Weir, 90).

INFIELES: ESCENAS DE UN MATRIMONIO ENTRE CRÍMENES Y PECADOS

16 diciembre 2009

Ningún secreto es que la vida matrimonial encierra grandes posibilidades para encontrar la felicidad plena; tampoco lo es que la dificultad que ello implica es del mismo tamaño que la recompensa, por lo que la tentación para buscar ese particular estado de ánimo fuera de sus dominios está constantemente a la vuelta de la casa. Engaños, mentiras, malos entendidos, confusiones, buenas intenciones mal comprendidas: entre el sexo y el amor, toda una maraña de sentimientos encontrados.
Uno buscando caminos rápidos para llegar al cielo, intentando no herir a nadie pero haciendo lo que se cree mejor para sentirse bien, aunque de por medio esté el pensamiento de construir la propia felicidad sobre la infelicidad de otros: nadie se considera tan inconsciente como para hacer tal cosa pero sí lo suficientemente hábil para darle la vuelta a la molesta sensación de culpa que se niega a desaparecer de en medio.
Basada en el libro Five Roundabouts to Heaven de John Bingham y dirigida por Ira Sachs, quien con su oscura postal familiar Forty Shades of Blue (05) ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance, Infieles (Married Life, EU, 07) es un escrupuloso e íntimo retrato justamente de la vida matrimonial ambientado en 1949, casi en el ecuador del siglo XX, cuando todavía se cuidaban las formas y la imagen social, para bien y para mal.
Una pareja madura (Chris Cooper y Patricia Clarkson, formidables) convive de manera funcional y se procura, aunque no es feliz: él busca una plenitud que parece haber encontrado en una joven viuda (Rachel McAdams), mientras que ella sostiene que las relaciones en realidad empiezan y terminan en el sexo con un pequeño aderezo de compañía y comprensión mutua. Para completar el cuadro inicial, un cínico amigo del protagónico que hace las veces de narrador (Pierce Brosnan), reflexionando sobre las vicisitudes de la pareja y, sin darse mucha cuenta, cayendo en la trama relacional.
Adquiriendo un tono hitchconiano con la suficiente habilidad para plantear un argumento que abre múltiples posibilidades, no obstante rondar un tema muchas veces abordado, la historia consigue atraparnos gracias también al verosímil trazo de los personajes, con base en un estupendo casting de la cotizada Avy Kaufman, y a la creciente tensión que se va creando en este microcosmos, cuyas alternativas van bifurcándose conforme se toma o se omite alguna decisión por parte de alguno de los involucrados.
Aparece entonces el asesinato como solución incluso para la víctima en este particular juego de pensar en cómo ser feliz con los menores daños colaterales posibles. Un casual aventón a un hombre cuya hermana acaba de fallecer; un instante de silencio que se prolongará angustiosamente; una línea telefónica descompuesta cual síntoma de lo que sucede entre los personajes y un nuevo perro que parece indicar el regreso a la acallada normalidad, apenas sustentada por mentiras o, si se quiere, verdades a medias.
La cámara recorre desde afuera o por dentro los tres hogares principales a manera de contextos vivos que reflejan el curso de los acontecimientos, puntualmente soportados por una efectiva ambientación y un tono que a partir de la propia dinámica del film da la impresión de pertenecer al Hollywood de aquellos años.
Entre Escenas de un matrimonio (Bergman, 73) y Crímenes y pecados (Allen, 89), mejor jugar caras y gestos con el humo del cigarro, la copa en mano y la sonrisa evasiva. Aquí no pasó nada.

TIPOS COMUNES Y CORRIENTES

22 agosto 2009

Una de las nuevas tendencias de la comedia norteamericana se centra en una mirada masculina a medio camino entre los nerds ochenteros, los freaks de los noventa y los baquetones del nuevo milenio. Rondando los cuarenta, más menos cinco, son dignos representantes de la adolescencia tardía: no necesariamente guapos, inteligentes, ricos o carismáticos, atributos hoy sobrevalorados; pero eso sí, cómo se divierten, no obstante puedan catalogarse, según los estrechos parámetros que rifan en estos tiempos de homogenización, como fracasados o perdedores.

CUARTETO DESMEMORIADO
Cuando un tipo abre el ojo por la mañana y pregunta “¿qué tal me la pasé?” y nadie a su alrededor puede responder a la pregunta, sino más bien todos se formulan el mismo cuestionamiento, entonces el tiroteo estuvo intenso. Más divertido que haberlo vivido, puede ser la idea de reconstruir lo sucedido, con todo y los riesgos inherentes a que la memoria haga de la suyas: el fantasma de la cruda moral puede sobreponerse a la física o bien, soltar la carcajada una vez que los sucesos regresan a la conciencia.
Dirigida por Todd Phillips, persistente realizador de comedias masculinas más o menos eficaces según el caso (Viaje censurado, 00; Aquellos viejos tiempos, 03; Starsky & Hutch, 04; Escuela para idiotas, 06), ¿Qué pasó ayer? (The Hangover, EU, 09) es un armado de rompecabezas en plena cruda que deben llevar a cabo cuatro tipos en Las Vegas: el festejado próximo a casarse ausente del periplo; su extraño pero al fin afectuoso cuñado y sus dos mejores amigos, un dentista sumiso y frustrado profesionalmente y un improbable galán maestro de escuela.Hangover
Si la comedia en lo global funciona a medias, con un exceso de huecos narrativos y hechos tan inverosímiles como forzados aún dentro de su propio contexto, son los hilarantes segmentos los que consiguen arrancarnos sabrosas y sonoras carcajadas. El tono de comedia se plantea como una reconstrucción de daños, en función de lo que aparece al día siguiente en la suite de los cuatro borrachines, bien personificados y aprovechados los tres que más están en pantalla, a diferencia de los otros personajes que acaban siendo un cuanto tanto desperdiciados, en particular Heather Graham, quien salva el honor femenino.
Phillips, también director de Frat House (94), una crítica mirada a los usos y costumbres de las fraternidades universitarias, y del documental Hated (94), sobre el punk GG Allin y sus tendencias autodestructivas, destila comicidad en la frontera de la corrección política junto a sus guionistas Moore y Lucas, lindando con pizcas de surrealismo (esa gallina que nunca se explica) y cuidando en todo momento a sus criaturas, con las que a pesar de todo sentimos empatía y hasta ganas de brindar con ellos.

PAR MODELO
He aquí a dos vendedores que recorren escuelas, uno como botarga y otro como orador, para promover una vomitiva bebida engañabobos. Uno es desenfadado (Seann William Scott) y el otro empieza a padecer la adultez (Paul Rudd), sobre todo ahora que su novia lo cortó (Elizabeth Banks) y que empieza a darse cuenta que su vida más bien no ha sido lo que esperaba.
un par nada ejemplarUn desaguisado automovilístico los lleva a la necesidad de cubrir 150 horas como tutores de niños y jóvenes: aquí empieza la diversión y mala leche, hasta que la comedia sucumbe ante la necesidad de darnos un mensaje no pedido que por fortuna se lo guardan durante la mayor parte del metraje. Así, la comedia funciona en un nivel simple pero dinámico, expresando más de lo que una primera mirada podría captar.
Dirigida por David Wain, Un par nada ejemplar (Role Models, EU, 08) le da una divertida repasada a los huecos rollos de autoayuda, a los juegos de rol en su vertiente enajenante pero también socializadora; a las relaciones entre adultos y adolescentes y a las organizaciones de beneficencia, aquí dirigida por una estupenda Jane Lynch, interpretando a una dura exadicta en etapa de jefaza.

SÓLO UN SUEÑO: LA OTRA BELLEZA AMERICANA

28 febrero 2009

Ser una actriz teatral o vivir un poco a la deriva en París, quizá escribiendo, mientras se disfruta cada minuto con intensidad. Pero llega la normalidad: te casas, consigues un trabajo que te da un buen sustento económico, compras una linda casita en los suburbios, convives con los vecinos iguales que tú; te dedicas al hogar, tienes dos hermosos hijos, atiendes al marido como se debe. Y esta normalidad no tiene absolutamente nada de malo, excepto que está muy lejos de tus sueños.

Detrás de la fachada impecable, la desolación de las alcobas: insatisfacción laboral a todo lo que da, repitiendo el esquema no deseado del padre; hijos que prácticamente no aparecen; infidelidades que ahondan el estado anímico depresivo; incapacidad para mantener una comunicación funcional; en síntesis, una situación de vida en permanente estado de infelicidad. Éste es el matrimonio de los Wheeler: la frustrada aún con convicciones April (Kate Winslet) y el empleado ya domesticado por el status quo Frank (Leonardo DiCaprio), en constante tensión relacional.

Pero dentro del sofocante equilibrio renace la idea del viejo sueño, al tiempo que el desquiciado hijo (Michael Shannon) de la mujer que les vendió la casa (Kathy Bates),  suelta sentencias que todos pensaban y nadie decía, con cierto dejo poético que, como bien sabemos, es la forma más cercana a expresar la verdad. Una simple idea convertida en decisión por tomar parece tener el poder de cambiarlo todo, hasta que otros sucesos se van interponiendo justo en la REM, la etapa más profunda del sueño.

Basada en la novela de Richard Yates, escrita en 1961, y dirigida por Sam Mendes, Sólo un sueño (Revolutionary Road, EU-GB, 08) es una dramática inmersión a la vida matrimonial y su paulatino desmoronamiento, en la línea de la grandiosa Secretos de un matrimonio (Bergman, 74) y el derrumbe al revés visto en 5 x 2 (Ozon, 04). El director británico vuelve a retratar la falsa Belleza americana (99) pero ahora sin un dejo de humor, ni siquiera negro. Se apuesta por un realismo que se resiste en todo momento a caer en el melodrama sobre todo gracias al diseño de los personajes y a las consistentes interpretaciones de Winslet y DiCaprio, ya salvados del hundimiento del Titanic y en plena madurez actoral.

La cámara del solvente Roger Deakins –fotógrafo de cabecera de los Coen- funciona como exacto soporte al desenvolvimiento de los actores y sus contextos cerrados, básicamente la casa. El manejo de las distancias es completamente expresivo y alude tanto a los puntos de vista de los protagonistas como a los momentos cruciales de la historia, como cuando ella está viendo las fotos o está parada frente a la cortina con la gota de sangre; la sobria iluminación y los serenos desplazamientos, contribuyen a centrar la atención en la pareja y su inexorable erosión.

El retrato de los años cincuenta se plantea más en los momentos de convivencia que desde una perspectiva social: fuera de las secuencias del viaje al trabajo, alguna referencia a los beatniks (¿vas ir a Tánger?), el nacimiento del boom de las computadoras y ciertas pistas musicales, la época se refleja en las costumbres propias de la clase media norteamericana de los suburbios y desde luego, en el diseño de arte: vestuario cuidadoso y escenografías que de inmediato nos remiten a los años de la posguerra.

Estamos frente a otro Camino a la perdición (02), nunca revolucionario, en el que un Soldado anónimo (05) de la era industrial intenta acomodarse a pesar del vacío que invade hasta su propia intimidad. Con flashbacks que enfatizan los momentos de felicidad imposibles de volver a vivir y música sentida del viejo cómplice Thomas Newman (Wall-E), exacto en la reiteración pianística, la historia fluye por la capacidad de envolvernos y, en una de ésas, funcionar como espejo.

Mejor bajar el volumen del aparato auditivo en un lugar donde nadie sabe callarse y sentarse a pensar: todos hablan y nadie escucha; todos dicen y nadie reflexiona. Eso puede dar miedo y confirmar que se trata sólo de un sueño.

NUEVE AÑOS DE ALUCINE

Empezó a finales de febrero del año 2000 con un texto sobre Belleza americana, justamente; desde entonces, en la columna se ha tratado de compartir puntos de vista acerca de todo tipo de cine, sin distingos de ningún tipo. Vale la pena reiterar que he escrito siempre con completa libertad y que las opiniones vertidas aquí responden a mi criterio, nada más.

Agradezco a todas las personas en el periódico que han hecho posible este noveno cumpleaños y en especial a todos los ojos que han recorrido estas palabras mientras acuerdan o disienten de lo aquí expresado. Alucine es un niño hecho y derecho con ganas de seguir creciendo.

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx

LAS FLORES DEL CEREZO: SUCESOS EFÍMEROS, RECUERDOS PERMANENTES

14 febrero 2009

La muerte del ser más próximo conduce irremediablemente a la tristeza y a la angustia de no volver a mirar el mundo de la misma forma. Sin embargo, cabe la posibilidad de la transformación personal y buscar, en apariencia de forma solitaria, la vivencia de los deseos incumplidos y lejanos, en su momento, de la persona que se fue o que quizá espera, desde algún estado en suspenso, ver cumplidos sus sueños a través de quien se queda: incluso poder, con la fuerza de la imaginación o la fe, hacerse de alguna manera presente para despedirse.

Dirigida con sensibilidad y regocijo por la experimentada directora alemana Doris Dörrie (Nadie me quiere, 94; Desnudos, 02), Las flores del cerezo (Alemania-Francia, 08) sigue a un metódico y rutinario teutón de provincia (Elmar Wepper) que se queda dolorosamente viudo después de visitar, con su esposa (Hannelore Elsner), a los distantes hijos. Atrapado en la soledad y la tristeza, iniciará un reconocimiento póstumo de su mujer, esa fiera enjaulada, a través de un proceso de comprensión vital que lo llevará hasta Japón, donde vive su otro hijo también atrapado en la lógica laboral y donde siempre quiso estar su pareja.

La realizadora alemana vuelve para proponer a Japón, tras la notable Iluminación garantizada (2000), como terreno de búsqueda y muestra una vez más su capacidad para profundizar en la psicología masculina como lo hiciera en su famosa comedia Hombres (85), que la colocó como realizadora visible del cine europeo. Con cámara directa, combina tomas cerradas en las que los personajes y sus contextos cercanos se desarrollan, así como panorámicas de las ciudades y de la grandiosa timidez del monte Fuji, resistente a mostrarse en los primeros encuentros.

Múltiples temáticas se van entrecruzando conforme avanza la trama, además de la ruptura generacional entre padres e hijos, mirándose como extraños e incapaces de mostrar lo que sentían hace años; mientras que los nietos, instalados en el siglo XXI, tienden todavía a un mayor aislamiento emocional. Más empatía recibirán de la novia de la hija, como más cercanía encontrará el viudo, ya en Japón y perdido en la traducción (Coppola, 05), con la joven bailarina callejera de la danza Butoh (Aya Irizuki), pasión de su esposa.

El espíritu de Ozu, el gran maestro japonés de la minimalista comedia familiar, sobrevuela a través de su Historia de Tokio (53), inspiración reconocida por la propia directora teutona, quien enfatiza los contrastes entre Alemania y Japón –occidente y oriente-, insertados en el progreso pero con diferentes resquicios para mirar hacia la trascendencia: contraste del lugar de origen con la cosmopolita Berlín o la bulliciosa capital nipona, entre los edificios interminables y la celebración de las tradiciones.

Las lágrimas caen en el pañuelo o se deslizan mientras se desarrolla la danza, como oportunidad única para dialogar con la sombra cual personaje independiente y con voluntad propia; la música de Claus Bantzer se inserta continuamente en los trances emotivos del hombre ahora solitario con vestimenta femenina como compañía oculta, en camino de la comprensión propia y de la mujer retratada en todas las fases de la gestualización.

La belleza como estado efímero encuentra en las flores del cerezo una celebración a su transitoriedad, en contraste con los recuerdos, usualmente permanentes y presentes. Pero también la fugacidad se refleja en la pasión por vivir todo en un instante como la mosca que ha escapado de la mano para cumplir su inmediato destino cotidiano. Aún después de la muerte, se presenta la oportunidad de reencontrarse en esa belleza calladamente construida, silenciosamente bailada.

Una pareja de viejos que como dos rollos de col, colocados juntos, han sido sorprendidos por la muerte que avisa su llegada a uno pero visita primero a la otra. De cualquier manera, tendrán la oportunidad de danzar juntos, desde distintos mundos, entrelazados con las sombras que los reflejan, que los trascienden. Una película hermosa.

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx