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PRIMOS EN DISPUTA

31 agosto 2011

Para que mis pequeños acompañantes tuvieran los antecedentes necesarios, los puse a ver la clásica versión de Schaffner de 1968, que ha envejecido bien, y después la infravalorada versión de Tim Burton del 2001, más apegada a la novela de Pierre Boulle y con un desenlace poderoso; cierto, tiene sus resbalones pero la crítica se ensañó de más con ella. Después, el debate: al minicrítico le gustó más la original; al pequeño Minimoy la burtoniana y Max, ahora convertido en César, decretó un salomónico empate.
Tras el proceso de entrenamiento, llegó el día del estreno de El Planeta de los simios (R)evolución (Rise of the Planet of Apes, EU, 11) y las expectativas andaban por las copas de los árboles: el ambiente simiesco rondaba las conversaciones familiares y las variadas hipótesis sobre cómo fue que se llegó a esa sociedad distópica, eran soltadas sin miramientos, retomando las invasiones que los humanos han sufrido en las pantallas fílmicas por las que han desfilado alienígenas, robots, zombies, plantas y demás criaturas dispuestas a todo.
Dirigida por Rupert Wyatt (The Escapist, 08, solo vista en video por acá y en la que también participaba Brian Cox) a partir de un consistente guión de Jaffa y Silver, la nueva entrega alrededor de la dominación de nuestros primos busca hurgar en el origen de la transformación en la jerarquía planetaria –basada en esta errónea y ancestral idea de que somos los dueños y no parte del mundo-, integrando dos vertientes: el desarrollo de una droga para revitalizar las funciones cerebrales pensada para curar el Alzheimer y probada en simios, y la presencia de un amenazante virus con alto poder de contagio, derivado de los mismos experimentos.
La imaginativa premisa argumental, que funciona a manera de precuela o de explicación coherente dentro del propio contexto fantasioso de lo que vimos en el clásico sesentero, seguido de una serie de films serie B, encuentra un poderoso referente visual en su traslado a la pantalla, así como una puesta en escena de nutritivo dinamismo que tiene como telón de fondo a San Francisco y su inseparable Golden Gate, invadido por primates en lugar de mutantes, como sucedía en la tercera entrega de los X-Men.
El puntual desarrollo del protagonista, desde su salvación por parte del científico (James Franco) hasta el reconocimiento de dónde está el verdadero hogar, pasando por el proceso de darse cuenta de su condición, se suma a la sorprendente gestualidad lograda por Andy Serkis, con esa particular mirada que parece observar hacia adentro y de ahí tomar impulso para proyectarse hacia fuera, para brindarle al simio líder una cercanía emocional con el espectador rara vez vista en un personaje de esta naturaleza, quizá como sucedía con el Gollum y King Kong, otras de las criaturas desarrolladas por este versátil e invisible actor.
Logrados momentos de intensidad dramática –como cuando el chango principal ayuda al personaje de John Lithgow con el tenedor y el vecino o cuando es entregado en la institución por parte del investigador y su novia (Freida Pinto)- se integran con oportunidad a las secuencias de acción, notablemente resueltas no solo en términos de efectos especiales, de por sí impactantes, sino por la forma de utilizar la cámara para encuadrar justo el desarrollo de los sucesos, ya sea en perspectiva abierta o bien como asomándose por una ventana estrecha, cual recuerdo de la casa que lo vio hacerse todo un hombre, perdón, chango.
Y este proceso de humanización, si cabe, se plantea a partir del perfeccionamiento de los mecanismos de comunicación, la resolución de problemas, la posibilidad de crear comunidad a pesar de las diferencias (el gorila fiel, el orangután de circo, los chimpancés, los changos del zoológico) y, simbólicamente, erguirse en dos patas como una forma de otear el horizonte y planear el futuro. Pero también por la aparición de la necesidad de venganza, del rencor y de la violencia como forma de predominar sobre el resto de las criaturas, vía exterminio o domesticación.
De pasada, se abordan críticamente temáticas como la ambición de cierto sector de la industria farmacéutica –revisada con profundidad en El jardinero fiel (Meirelles, 05)-, la crueldad en el trato a los animales para la experimentación, la incomprensión social frente a cierto tipo de enfermedades y, desde luego, la segregación por motivos absurdos. Con más énfasis, se recorre la importancia del sentido de pertenencia y la dificultad que implica la convivencia entre primos, cual monos desnudos (Morris dixit) en proceso de reencuentro inverosímil.
Al salir del cine, mis pequeños acompañantes asumieron una actitud, como cabría esperar, mimética: andaban como simios, gritando más de la cuenta y gesticulando cual machos alfa en potencia: “se siente bien chido”, afirmaban. Me quedé pensando en todo el esfuerzo realizado para su desarrollar su educación. Con razón nos conquistaron.

MÚSICA PARA SOSTENER LA FIESTA

25 agosto 2011

Este cuarteto de grupos que tiene a bien presentarse en nuestro País, comparten una predominancia por la estética digital y por buscar ritmos que sirvan de telón de fondo a las diversas etapas de la fiesta, desde que se van calentando motores hasta que el sol anuncia su inoportuna pero necesaria salida, pasando, desde luego, por lo momentos en los que la celebración atraviesa su fase más luminosa al cobijo de la destellante oscuridad. Formadas en lo que va del nuevo milenio, estas bandas incorporan elementos de la electrónica, el post punk y la música disco en su fase inicial, antes de ser devorada por el mainstream.

THIEVES LIKE US
Retomando su nombre de una canción de New Order, influencia evidente en su ecléctica propuesta, este trío que entreteje sus cortes a partir de claroscuros sonoros que igual nos ponen a bailar con efusividad que con cierto derrotismo, se conforma por los suecos Pontus Berghe (batería) y Björn Berglund (teclado), y el estadounidense Andy Grier (vocalista), quienes se conocieron en Berlín durante el 2002, ciudad que se palpa en Play Music (09), su primer largo, grabado en París.
Ecos de la electrónica alemana (Krautrock) y de cierto abandono propio de las penumbras de algún cabaret, resuenan en paredes más cercanas a las propuestas del nuevo milenio, incluyendo una cierta fragancia francesa y estableciendo una particular combinación: cuando la noche ya dio de sí y se pasa al estado en el que la emoción cambia de halo, quizá para reinventar nuevas rutas celebratorias.
Vinculados por las tecnologías de la información y la comunicación, dado que viven en ciudades distintas, los tres músicos han continuado en activo y grabaron Again and Again (10), obra en la que se advierte un tono más resplandeciente, insertando influencias de la música disco italiana, según se ha comentado, y de teclados cercanos al funk, con los que se arropa un tinglado con mayores texturas sonoras, también presentes en su EP Your Love Runs Still (11). Thieves Like Us se presenta en León, Guadalajara y Torreón; hará lo propio en Puebla, el D.F. y Monterrey.

SHE WANTS REVENGE
Este dueto formado por los angelinos Justin Warfield y Adam Bravin debutaron con She Wants Revenge (03), álbum muy en deuda con esa gran influencia llamada Joy Division y emparentado con la propuesta de grupos más consolidados como Interpol y The Editors, y al nivel de The Bravery. Una voz profunda y tonalidades oscuras cual andamiaje para melodías pronto reconocibles, hicieron que no obstante la falta de originalidad de su apuesta, se hicieran escuchar entre el público más allá de la intercultural urbe.
Con una mayor semejanza a las tesituras de Peter Murphy, grabaron This is Forever (07), seguido de un par de EP´s (Save Your Soul, 08; Up & Down, 09). A pesar de la dificultad que siempre implica un segundo trabajo, como fue el caso, consiguieron mantenerse en los tímpanos de los fieles, sin trascender más allá de lo conseguido con su debut. Ahora traen bajo el brazo el menos sombrío Valleyheart (11), con melodías más afiladas, letras sencillas y tres o cuatro cortes que denotan esas posibilidades que aún no explotan del todo. Al tiempo. Tocan el 31 de agosto en el D.F.

CIUDADES EN MOVIMIENTO
Un par de grupos muy pertinentes para acompañar la celebración. Por una parte, el trío londinense formado en el 2001 por Ben Harris, Paul Harris y Steve Smith, mejor conocidos como Dirty Vegas, quienes sonaron en todo el mundo por el hit de aliento house Days Go By, inlcuido en su debut homónimo en el 2002, al que le siguió un álbum de mezclas y One (04), en el que predominaban la guitarra, a diferencia de su electrónico antecesor. Tras excursiones en solitario, un disco en vivo y algún single, por fin apareció Electric Love (11), obra que se inclina más por un sonido que invita al baile sin sonrojarse, de estructura más pop y manteniendo el ánimo lo más alto posible.
Por otra parte, Miami Horror es un proyecto australiano comandado por Benjamin Plant que mira hacia la música bailable de los 70´s y 80´s para proponer, con tecnología y espíritu del siglo XXI, una alternativa que nos lance a la pista de baile sin complejo alguno, sin fijarnos en nuestras capacidades dancísticas. Primero apareció el EP Bravado (08) para dar paso a Illumination (10), álbum que nos invita desde el inicio a esbozar una sonrisa, desperezarnos y ponernos en movimiento, mientras las preocupaciones cotidianas parecen ponerse en saludable pausa. Ambos grupos se presentan juntos el 2 de septiembre en el Lunario del Auditorio Nacional del D.F.

Ahí están las alternativas para poder husmear por dónde andan los sonidos del nuevo milenio y en el caso de algunos, acercarse a lo que llena las orejas de los hijos.

RAÚL RUIZ: REFLEXIONES A LA LUZ DE LA CÁMARA

20 agosto 2011

Existen varios términos para referirse a quien dirige una película, en la mayoría de los casos: realizador, director, cineasta… pero no necesariamente se trata del mismo alcance. Hay muchos casos de realizadores con oficio y experiencia que sacan adelante los proyectos que se les asignan; hay otros que pueden elegir las películas que quisieran hacer y les inyectan un cierto sello personal, siempre y cuando no contravenga a los dictados de la casa productora: en ocasiones la fórmula de quien paga manda, se convierte en un obstáculo creativo.
Pero pocos son los que a partir del cine crean un mundo propio, identificable y generador de análisis y reflexiones no solo sobre sus creaciones, sino en cuanto a la forma de comprender y explicar el fenómeno fílmico. Unos cuantos han escrito explícitamente sobre sus propias ideas y otros las han ido planteando a lo largo de su carrera en entrevistas o conversaciones: en cierta forma, son cineastas-teóricos que convierten su quehacer en una verdadera praxis, en un cuerpo analítico que brinda miradas hacia la sociedad y en relación al propio medio de expresión.
Así, si analizamos la filmografía de Chaplin, Hitchcock, Welles, Lang, Kurosawa, Bergman, Ozu, Fellini y tantos otros, podemos derivar reflexiones de carácter teórico, como de hecho lo han llevado a cabo pensadores como Cocteau, Daney, Epstein, Bazan, Metz, Mitry, Aumont y Bordwell, por mencionar algunos. De manera explícita, sin embargo, directores como Eisenstein, Lubitsch, Rohmer, Tarkovsky, Godard y Truffaut han escrito y puesto en práctica sus ideas sobre las posibilidades expresivas del cine. También están otros como Resnais y Malick, quienes optan por no comentar nada acerca de su trabajo.
Dentro de este grupo, se encuentra Raúl Ruiz (Puerto Montt, 1941) , chileno afincado en Francia que murió el pasado 19 de agosto en París justo a los 70 años, después de regalarnos y dejarnos como brillante despedida el prolongado film Misterios de Lisboa (10), un opus magna basada en la novela decimonónica de Camilo Castelo Branco en la que, de acuerdo a Tony Pipolo, se incita a una seria reflexión acerca de la lógica y los límites del punto de vista en primera persona dentro de la narración cinematográfica (filmcomment, julio-agosto, 2011).
Prolífico como pocos (más de 200 filmes), probó en diversos formatos y con variadas estructuras argumentales, como si se tratara de un científico experimental que busca no la verdad única, sino las posibilidades de un medio al que llegó después de estudiar Derecho y Teología y de trabajar en el teatro, particularmente escribiendo guiones. Su primera etapa como realizador, que incluyó cintas como Tres tristes tigres (68), Militarismo y tortura (69), Ahora te vamos a llamar hermano (71) y Palomita blanca (73), se caracterizó por un compromiso de carácter político, aunque ya se advertía su inquietud por internarse en recovecos de índole más abstracta.
Exiliado en Francia tras el golpe de estado pinochetista, empezó con Diálogos para exiliados (74) a desarrollar toda su capacidad para crear un cine único, cargado de retórica cultivada e irónica, y de poética barroca (Vázques Rocca, en Margen Cero, 2005). En este periodo, destacaron La hipótesis del cuadro robado (78), Las tres coronas del marinero (83) y La isla del tesoro (85), en la que apareció Pedro Armendáriz Jr. Caso excepcional, la mítica revista Cahiers Du Cinema le dedicó un número completo en 1983, destacando la forma en la que su cine es visto desde curiosos prismas, con planos que en sí mismos conllevan múltiples interpretaciones y en los que los ejes de vista aparecen como imposibles.
En efecto, la presencia oculta de un humor desconcertante, así como el empleo de recursos visuales y narrativos que rompen con la linealidad de manera particularmente lúdica, fueron características presentes en la propuesta del autor de Tres vida y una sola muerte (95), cinta con la que Mastroiani empezaba a despedirse de este mundo. Con películas como El tiempo recobrado (98), en la que retoma a Proust; La comedia de la inocencia (00), con su fascinante dilema; Días de campo (04) y Klimt (05), logró expandir su radio de público sin perder su intrigante veta.
En su libro más conocido, Poética del cine (Ed. Sudamericana, 2000), comentó con amplitud sus objeciones a la teoría del conflicto central –uno quiere algo y alguien pretende evitar que lo consiga- y propuso una profunda revisión del tema de las decisiones, como piedra de toque para el desarrollo no sólo de un argumento, sino de la vida misma, así como del concepto del aburrimiento vinculado a la no-decisión, como contraparte de la idea de un activismo en el que parece no haber opción.

CONCIERTOS: SANGRE JOVEN

12 agosto 2011

Empieza le etapa fuerte de conciertos en nuestro País y para muestra, varios botones. Grupos que andan dando sus primeros pasos en el saturado circuito del rock y sus derivados, buscando identidad y ganarse un lugar en los tímpanos de las audiencias: jóvenes que se buscan conectar con jóvenes en tiempos donde la globalidad, a pesar de la heterogeneidad persistente, permite encuentros y accesos que antes resultaban impensables.
La aldea puede escuchar propuestas en simultáneo que nacen en todos los continentes, sin importar las distancias; en este caso, alternativas atravesadas por aportes del campo de la informática vueltas opciones sonoras, vía sensibilidad melódica y construcción armónica que igual sirve de escenario para la fiesta que para la reunión más pausada. Veamos.

MAPS & ATLASES EN LEÓN
Este cuarteto formado en Chicago durante el otoño del 2004 por estudiantes de la escuela de arte de Columbia -Shiraz Dada (bajo), Chris Hainey (batería), Dave Davison (guitarra/vocal) y Erin Elders (guitarra)-, anduvo en un largo proceso de búsqueda hasta que se presentaron con el EP Tree, Swallows, Houses (06), en el que ya se advertía esa combinación entre el indiefolk y el llamado mathrock, subgénero hijo del progresivo y hermano del postrock en el que cabe una melodía reconocible envuelta en estructuras musicales disonantes o experimentales, estableciendo paralelismos con el abstracto lenguaje matemático.
Con influencia de bandas como Hella, según se ha señalado, continuaron su ruta en busca de nuevos contextos con el EP You and Me and the Mountain (08), con un estilo más inclinado hacia tesituras folk, cargadas de una escritura que respiraba campo abierto. Después de estas obras cortas, por fin llegaría Perch Patchwork (10), sorprendente propuesta que sabe integrar sonidos disonantes con armonías reconocibles, en la línea de Animal Collective con todo y los juegos de vocalizaciones traslapadas. La mejor noticia es que se presentarán en nuestra Ciudad, además de tocar en el D.F. y en Guadalajara.

PHANTOGRAM
Dúo neoyorkino muy en la línea de las propuestas que combinan la estética digital con organicidad vocal, cual ilusión óptica llevada al campo de la audibilidad, integrado por los amigos desde la preparatoria Josh Carter (guitarras) y Sarah Barthel (teclados), quienes se dieron a conocer con un par de EP´s: Running From the Cops (09) cuya canción titular de ritmo machacón y voces susurrantes, también presentada en versión instrumental y Phantogram (09), alimento ambos para Eyelid Movies (10), su primer largo, en el que también se insertan guitarras como en espiral.
En canciones como Mouthful of Diamonds, la voz en clave femenina contrapuntea la electrónica entre suave y distorsionada, con ruidillos aparecidos por aquí y por allá, mientras que 10,000 Claps transcurre en tonos más pausado, al tiempo que When I´m Small despliega una vocal de ensueño que se eleva sobre una instrumentación de cambios bruscos, jugando con una planeada ralentización. Bloody Palms mete discretamente el acelerador y en Voices un pop con sutiles salpicadas psicodélicas se da tiempo para llevarnos por atmosféricas construcciones sonoras. Se presentan en el D.F.

ART VS. SCIENCE O EL FALSO DILEMA
De Australia nos llega este trío en el que todos cantan, conformado por Jim Finn (teclados), Dan McNamee (teclados/guitarra) y Dan Williams (batería). Inspirados por Daft Punk, empezaron a proponer sus sonidos para acompañar atrevidas incursiones a ese territorio siempre arriesgado conocido como la pista de baile, donde siempre se transita al filo de la navaja entre la liberación corporal y el ridículo masivo.
Con su álbum The Experiment (10) debutaron en el circuito del dance-pop con ecos más allá de la isla que parece continente: coros bien afilados para meterle energía a las dinámicas instrumentaciones, siempre a punto para no dejar a nadie sentado y, si se puede, indiferente. Ya veremos cómo van evolucionando en sus próximos trabajos: por lo pronto, vale la pena dejarse atrapar por sus redes para vivir la noche como se merece, ahora que estarán en el D.F.

YACHT: TECNÓLOGOS SONOROS
Dueto de Portland que nació como el proyecto solista de Jona Bechtolt, quien grabó los álbumes Super Warren MMV (04), MEGA (05) y I Believe in You. Your Magic is Real (07). Con la incorporación definitiva de la anterior colaboradora Claire L. Evans, el ahora dueto produjo See Mystery Lights (09), álbum que atrajo los radares de los escuchas más allá de la habitual zona de influencia en la que se habían hecho escuchar.
Con Shangri-La (11) la propuesta terminó de tomar forma, soportada por un concepto en el que se propugna el pensamiento abierto, la libertad de conciencia y el uso de los avances informáticos, cual camino hacia la creación. Estos filotecnólogos de lances utópicos, recorren caminos andados por algunos colegas y buscan mantenerse en la actitud constante de buscar alternativas arquitectónicas para sus canciones, en las que se respira cierta tradición con miras hacia un futuro prometedor. Su concierto será en el D.F.

HEROÍSMOS NOSTÁLGICOS

5 agosto 2011

Un par de películas que se despliegan a partir de una estructura clásica de entretenimiento, recreando épocas próximas pasadas y combinando emoción, heroísmo, pérdida de la inocencia y cierta sensibilidad insertada con pertinencia en las respectivas tramas, incluyendo cierto aroma nostálgico en contextos bélicos –activos y latentes- cuando los enemigos eran visibles y claramente identificables y cuando un sencillo muchacho se podía convertir en el ídolo del pueblo, siempre crédulo o dictaminador de culpables según los tiempos que corren: en este caso, los nazis o los soviéticos.
Con estas cintas se cierra de manera digna un verano fílmico más bien olvidable, apenas rescatado por dos o tres obras que respondieron a las pretensiones generadas por las omnipresentes campañas: aunque se plantee lo contrario, existe crisis creativa en la escritura de historias para los grandes estudios o bien sus mecanismos y criterios de selección están fallando: quizá no se entienda que la taquilla se da por añadidura, no por buscarla como primer objetivo.

SÚPER 8: FORMATO DE ENTRETENIMIENTO
El tema de la presencia alienígena sirve como metáfora para presentar el ancestral temor a lo diferente, como en Gremlins (Dante, 84); el aprovechamiento de cualquier oportunidad para convertirla en armamento y la permanente tensión entre el centro y la periferia, con todo y teorías conspiratorias incluidas. Además, el planteamiento del crecimiento personal, el interés artístico desde edades tempranas y la posibilidad del perdón frente a la pérdida, redondean una trama que no se conforma con la estructura del perseguido monstruo aterrorizante, sino que lo trasciende a un mayor nivel de significación.
En un pueblo de Ohio a finales de los setenta, un grupo de niños a punto de dejar de serlo desarrollan un proyecto fílmico de zombies para un concurso. Mientras rodaban una escena, un misterioso tren es descarrilado por un profesor de la escuela local, provocando una infernal explosión: más pronto que tarde, el sitio es invadido por el ejército, abandonado por los perros y el desarrollo argumental se instala con precisión, soltando sus hilos narrativos por diferentes cauces pero siempre articulados en torno a un epicentro conflictivo.
Si bien algunas resoluciones se plantean de manera facilona y quedan preguntas que el guión no alcanza a contestar -y que debiera-, la cinta mantiene un acertado equilibrio entre el desarrollo de sus personajes, emocionalmente bien definidos, y los momentos de acción, siguiendo la premisa básica de que el miedo se genera a partir de lo que se oculta, no de lo que se muestra, como magistralmente se empleó en Alien (Scott, 79). La dirección de los jóvenes actores, el abarcador manejo de la cámara y el enfático uso de la perspectiva, se constituyen como elementos clave para el funcionamiento del film en cuanto a su fluidez y conexión con el espectador.
Dirigida por J.J. Abrams (Misión imposible III, 06; Viaje a las estrellas, 09), Súper 8 (EU, 11) opera como entretenimiento para distintas generaciones, refiriendo en primera instancia a cintas como Cuenta conmigo (Reiner, 86) y E.T. (82) de Steven Spielberg, quien funge acá como productor, para entroncar con otras más cercanas en tiempo como la coreana El huésped ( Joon-ho, 06) o Cloverfield (Reeves, 08), producida por el propio Abrams. Hay que quedarse a ver los créditos.

CAPITÁN AMÉRICA: PRIMER VENGADOR
Un iluso y debilucho joven cree que alistarse en el ejército e ir a la guerra es una contribución para la sociedad. Tras varios rechazos dadas sus condiciones, termina por someterse a un experimento para convertirlo en un súper soldado y así servir como showman animador de tropas, convocante al ejército y elemento patriotero más bien de irrisoria factura. Pero como se trataba de un tipo comprometido y con verdadera madera de héroe, el ahora anabólico joven se aventurará para combatir a un desquiciado oficial nazi, también metido en pruebas químicas modificadoras de anatomías.
Siguiendo con la idea de plantear paralelismos a la historia oficial, como lo hiciera Bastardos sin gloria (Tarantino, 09), Capitán América: Primer vengador (EU, 11) se basa en el exitoso cómic creado en plena Segunda Guerra Mundial por Joe Simon y Jack Kirby, que después vino a menos para volver a resurgir de la mano de Stan Lee, quien hace su habitual cameo en la película dirigida con dinamismo y de acuerdo a los cánones del género por Joe Johnston (El hombre lobo, 09; Hidalgo, 04).
Con reparto competente, un guión que arriesga poco y una puesta en escena de estética retro pero aprovechando las posibilidades visuales de hoy, el filme es una muestra de cómo el entretenimiento clásico puede seguir funcionando para responder a las expectativas del público actual, ciertamente sin rebasarlas por su evidente maniqueísmo y su ausencia de matices. La contextualización del origen del personaje permite entender su dimensión y proyectarlo con mayor sentido para los tiempos que corren: de ahí el interesante desenlace.

HARRY POTTER: PUNTO FINAL

1 agosto 2011

Tras diez años de calidad desigual en sus propuestas, a pesar de mantener los controles creativos bastante férreos, termina la saga fílmica más rentable de la historia, impulsada por un fenómeno literario de ventas y una sólida campaña promocional, que llegó hasta quienes no formamos parte del culto potteriano y que tampoco lo vemos como si se tratara de una plaga de la evasión intrascendente y copiona. Como si fuéramos cualquier muggle hijo de vecino, nos vimos arrastrados si no por los libros, sí por los filmes que parecían aparecerse como por arte de magia en todos lados: uno acababa viendo alguna cinta en el restaurante, el camión, el puesto de tacos o la sala de espera.
Parte integral del sello generacional, más allá de gustos o rechazos, las aventuras del mágico mundo paralelo han generado un importante culto entre los jóvenes: interesante analizarlo en términos de fenómeno de masas, de acercamiento a la lectura y como influencia en formas de comportamiento a partir de su generalización vía las películas, cuidadas más en términos de producto comercial que en cuanto a su potencial artístico: en efecto, por momentos se dificultó la combinación entre la calidad y el entretenimiento, lograda en ciertos filmes como la anterior entrega de esta parte final.
Escrita por Steve Kloves y dirigida por David Yates, Harry Potter y las reliquias de la muerte 2 (Harry Potter and the Deathly Hallows 2, EU, 11), pone el punto final a las peripecias del mago adolescente en constante enfrentamiento con Lord Voldemort, su némesis más vinculado con él de lo que se podría pensar. Entre la trifulca de los dos antagónicos, se vive la lucha permanente entre el bien y el mal que involucra a profesores, alumnos y criaturas mitológicas, además de un territorio clave desde donde se desglosa toda la trama: la escuela Hogwarts, bastión ideológico para tener el control del universo mágico.
A manera de suma, la segunda parte del desenlace viaja a lo largo de toda la historia, desde el nacimiento del mismo protagonista, hasta el final ya bastante conocido por todos, centrándose en la búsqueda de los últimos horrocruxes, cual partes diseminadas del alma perversa del villano cada vez con más forma humana: curioso, mientras más perversamente poderoso, más se parece a un tipo normal. Lo bueno es que solo lo llegamos a ver recién salido a una fallida cirugía estética de esas que abundan en tiempos de homogeneización de la belleza.
A diferencia de su predecesora, esta segunda parte vuelve a acusar cierta estructura episódica, como la que caracterizó a prácticamente todas las entregas de la serie: por momentos los problemas de continuidad y secuenciación rompen con la construcción paulatina de emociones, depositando toda la fuerza en ciertos pasajes y no tanto en la vinculación entre ellos. Cierto, hay alcances épicos de rotunda eficacia y poderosos lances de bien pensada nostalgia, además de un ritmo que se va acelerando conforme se acerca el ansiado desenlace.
El guión, a pesar de los saltos en ocasiones bruscos, captura la esencia del relato conclusivo, combinando los momentos de acción con una mirada retrospectiva que indaga en las razones por las cuales se da el enfrentamiento final. El humor cede terreno a la seriedad: la niñez se ha ido para siempre. Buscando redondear la historia, se brindan explicaciones largamente guardadas que involucran asuntos del corazón, difíciles de predecir dado el desarrollo de los acontecimientos.
Con un reparto adulto envidiable y uno juvenil cada vez más cumplidor, aunque en ocasiones esquematizándose, la cinta va retomando las transiciones de los diversos personajes entre esta vida, la otra y la de más allá: de lo mejor de la cinta son las secuencias que se desarrollan con fantasmas y en recovecos más cercanos a la muerte o al recuerdo siempre reparador, entre limbos blanquísimos y serpientes pausadamente amenazantes, cual representación ancestral del mal.
La fotografía consigue establecer estos contrastes a través de juegos de texturas y coloridos con intensidad diversa según el escenario: no falta el encuadre de postal junto a la consistente creación de atmósferas, potenciada por elusivos efectos visuales, nunca superpuestos al momento emocional del film, al igual que la vigorosa música de Alexandre Desplat, siempre a tono con la intensidad pretendida.
El maniqueísmo que ha permeado todo el relato se rompe apenas gracias a dos o tres personajes que transitan de la oscuridad a la luz, con todo y vuelta de tuerca incluida. Sigue pesando mucho la deuda con El señor de los anillos y con otros relatos de carácter fantástico; sin embargo, la capacidad para conectar con la psique adolescente deI siglo XXI y convertir una realidad omnipresente y frecuentemente aburrida como la escuela, en un mundo donde se usa la varita mágica en lugar del lápiz (o la laptop), se constituyó como una de las claves de su expansión mediática.