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ANTMAN & ETHAN HUNT: IRRUPCIONES

7 agosto 2015

Un par de blockbusters rescatables del verano fílmico coinciden en desarrollar un episodio en el que los protagonistas tienen que ingresar a empresas de alta tecnología, convertidas en fortalezas infranqueables, para evitar que los siniestros malosos, ambos en primera instancia formando las filas de los buenos, concreten sus perversos planes salpicados de la usual venganza contra quienes, según ellos, los usaron y después los despreciaron o dejaron de entenderlos: en el fondo, parece un asunto de necesidad de afecto.

HORMIGAS AL RESCATE

A estos maravillosos insectos los hemos visto en plan montonero escenificando Marabunta (Haskin, 1954); como reflejo de la lucha de clases en Hormiguitaz (Darnell & Johnson, 1998) y cual comunidad explotada esperando un libertador en Bichos (Lasseter, 1998). Pero también pueden organizarse en torno a un héroe que se hacía grandote y se hacía chiquito para evitar una catástrofe; un tipo que de pronto puede combinar lo mejor de ellas con lo más rescatable de la raza humana: si arañas y moscas ya se habían mezclado con nosotros, por qué no estas industriosas criaturas de fidelidad a prueba de moches.

Dirigida por Peyton Reed (Yes, Man, 2008) con base en el personaje creado por el trío Lee, Lieber y Kirby, especie de superhéroe menor en contraste con Spiderman, Antman (EU, 2015) resulta ser la grata sorpresa del verano comiquero gracias a la ingeniosa combinación de humor, aventura y adecuada construcción de personajes que se desarrollan a través de un guion, cortesía de Edgar Wright y el propio Paul Rudd, entre otros, que apuesta por un enfoque de sencillez que redunda en un film justo para el entretenimiento, que a estas alturas no es asunto menor.

Cual Increíble hombre menguante (Arnold, 1957), un ladrón recién salido de prisión que busca un trabajo estable para estar cerca de su hija, termina aceptando el clásico último robo que lo llevará a verse en la necesidad de participar en una extrañaAntman misión, junto con el científico creador de un imperio industrial ahora fuera de las decisiones de su propia empresa, y la hija de éste, con todo y sus resentimientos hacia el padre y las dudas respecto al nuevo recluta. Si en Ant Bully. Las aventuras de Lucas (Davis, 2006) un niño se hacía parte del hormiguero, aquí las hormigas se pondrán a las órdenes del insospechado héroe.

Paul Rudd como el portador del traje convertidor, Evangeline Lilly como la férrea mujer aún con asuntos por reclamar y Michael Douglas en el papel del brillante científico intentando que su invento no caiga en las manos equivocadas, muestran una bienvenida química tanto en los momentos tensos como en los de complicidad absoluta. Cumplidor también resulta el villano, encarnado por Corey Stoll, a quien vimos ser manipulado por Kevin Spacey en House of Cards (Willimon, 2013 – ).

Las secuencias narrativas del cómplice interpretado por Michael Peña le aportan la cuota de humor al filme, mientras que el entrenamiento del futuro hombre hormiga le brinda dinamismo a la historia, sobre todo cuando se presentan los tipos de estos insectos y en los momentos en los que se presentan los intentos humanos para adquirir los poderes de los himenópteros. La inserción en el mundo de los Vengadores y la relación entre padres e hijas, respectivamente, redondean un film del que se esperaba una pequeña contribución, pero que terminó engrandecido, como la contribución de cada hormiga para su colonia

SINDICATO FANTASMA

Dirigida y coescrita con confianza por Christophe McQuarrie, quien ya dirigió a Tom Cruise en Jack Reacher (2012), además de escribir los guiones de Al filo del mañana (2014) y las historias de Operación Valquiria (2008) y Sospechosos comunes (1995), Misión: Imposible – Nación secreta (EU, 2015) apuesta por la acción inteligente y cargada de adrenalina, gracias a una fotografía de constantes vaivenes y al arriesgado trabajo de montaje que nos coloca en el vértigo de un avión, en la velocidad de la carretera y nos sumerge en lances con muy poco margen de éxito.

Sin alcanzar las cuotas de su predecesora Protocolo fantasma (Bird, 2011), el filme se inserta en esta renovada tendencia de la saga para presentar más el trabajo en equipo, como sucedía en la serie televisiva, que el heroísmo individual, si bien se sigue manteniendo como claro protagonista Ethan Hunt, con un Tom Cruise echando toda la carne al asador y combinando bien tanto con el infalible Simon Pegg, ya dueño de la vertiente humorística, como con Rebecca Ferguson, funcionando como centro gravitacional de los conflictos.

Misión imposible 5Jeremy Renner, Ving Rhymes y Alec Baldwin, sumándose al cuadro como el jefe de la CIA, complementan un reparto sólido, en el que se incluye Simon McBurney como el jefe espía inglés y Sean Harris, metiéndose en el piel de un manipulador y anticipatorio villano que alcanza buenas dosis de siniestralidad, a pesar de darle una y otra oportunidad a la ambigua mujer que un día parece estar de un lado y al siguiente del otro. Pareciera que el presente de los conflictos bélicos ya no se centra en las naciones que conocemos, sino en esos países deslocalizados que emergen para buscar el control ideológico, político y económico.

Ya se sabe que el que a hierro (no) mata, a hierro muere, por lo que la batalla no admite tregua o empate: estará escenificada por bandos invisibles que parecen no existir pero que se mueven sigilosamente por los pasillos del contraespionaje, causando o evitando daños de proporciones mundiales. Más que una historia articulada, estamos frente a emocionantes episodios como los que se desarrollan en la Ópera, al estilo de diversos filmes; en el avión y en la intromisión acuática al complejo para robar información, así como en la que aparece el Primer Ministro inglés (Tom Hollander) y la correspondiente al desenlace.

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LA MENTE COMO ECOSISTEMA EMOCIONAL

8 julio 2015

Apunta el afamado científico Michio Kaku en su interesantísima y accesible obra El futuro de nuestra mente (Debate, 2014) que en los últimos quince años hemos aprendido más sobre el funcionamiento del cerebro que en toda la historia previa de la humanidad. Plantea que los dos mayores misterios de la naturaleza, paradójicamente, son el universo y la mente humana; en la Vía Láctea existen cien mil millones de estrellas, más o menos la misma cantidad de neuronas que habitan en nuestro cerebro.

El estadounidense de ascendencia japonesa explica que fue a partir de la aparición de las máquinas de imagen por resonancia magnética y otros escáneres cerebrales, cuando la neurociencia se transformó radicalmente, a partir de los años noventa; las ciencias cognitivas, por su parte, también han recibido un desarrollo trascendente desde diversas áreas del conocimiento, sobre todo a desde su interacción en proyectos de investigación de largo aliento.

Claro que nos hemos parado en los hombros de gigantes, desde los filósofos de la antigua Grecia (Anaxágoras dijo que la mente es la más fina y pura de todas las cosas hace 2500 años aproximadamente) y los trabajos de Freud, Jung y Carl Sagan con su clásico Los dragones del Edén (1977), hasta António Damásio con El cerebro creó al hombre (2010), pasando, por supuesto, por los estudios de Sacks, Maturana, Pinker y tantos más que nos han dejado sus hallazgos para seguir investigando.

La manera como pensamos y reconstruimos la realidad, las múltiples formas en las que sentimos y desarrollamos procesos intersubjetivos y la fuerte influencia que tienen los contextos sociales en los que nos desenvolvemos, convierten al estudio del cerebro y la mente en un campo tan apasionante como misterioso, en particular por el cúmulo de factores interdisciplinarios que confluyen en su análisis.

DIALÉCTICA AFECTIVA

Con su habitual talento para contar historias que combinan una gran sensibilidad con emoción y humor, Peter Docter, responsable de clásicos pixarianos como Monsters Inc. (2001) y Up (2009), dirige junto con el filipino Ronnie del Carmen, quien aparece como coautor del relato base, la cinta Intensa-mente (Inside Out, 2015), inmersión a la mente de una niña común de once años que vive feliz con sus padres en Minnesota y de quien vamos conociendo su existencia desde su nacimiento: forma parte del equipo de hockey, tiene una buena amiga y se siente parte de un mundo reconocible.

La estabilidad se rompe cuando la familia se muda a San Francisco, bellamente plasmada, por laIntensamente chamba del papá: el proceso de adaptación a la escuela y el entorno, además del amenazante fin de la infancia y las presiones propias de la vida de los adultos, sacudirán los cimientos relacionales y obligarán a los tres involucrados a reformular sus vínculos y enfrentar las diferencias, poniendo en acción sus neuronas espejo. Si el asunto visto así resulta interesante, más aún si nos sumergimos en los mecanismos mentales que operan en los involucrados, particularmente en los de la protagonista.

La historia parece retomar diversas ideas acerca de indagaciones recientes sobre la actividad de la mente, como las de Michael S. Gazzaniga expuestas en ¿Quién manda aquí? El libre albedrío y la ciencia del cerebro (Paidós, 2012) y Lo que el cerebro nos dice: los misterios de la mente humana al descubierto (Paidós, 2012) de V. S. Ramachandran. El guion del propio Docter en complicidad con Josh Cooley y Meg LeFauve, productora de Historias fantásticas (Cave, 2002) consigue darle un tratamiento accesible y profundo al mismo tiempo a una temática que podría ser sumamente árida o reducida a manual de autoayuda, a pesar de verse en la necesidad de simplificar ciertos  procesos que suceden en nuestras cabezas.

La premisa, entonces, se centra en la forma de tomar decisiones a partir del concurso de cinco emociones –alegría, temor, enojo, disgusto y tristeza- representadas por sendos personajes que, por alguna razón no explicada, en el caso de la niña son mixtos y en el de los papás corresponden al sexo de la persona. Claro que podría pensarse también en la empatía, el afecto, el orgullo, la vergüenza y la sorpresa, por ejemplo. El filme, entonces, juega con los procesos internos de pensamiento y las acciones externas, con todo y el agudo sentido del humor expresado en el recuerdo del piloto brasileño todavía guardado por las dudas.

La alegría y la tristeza terminan fuera del centro de control y se aventuran para buscar el camino de regreso por diversos espacios del cerebro, entre los que se encuentran algunos tipos de pensamiento y los ámbitos de la conciencia, sin quedar muy clara la diferencia entre el basurero del olvido, que es la única cosa que no existe según Borges, y el subconsciente, habitado por un payaso gigante en espera de fiesta. En alguno de los recovecos, las emociones viajeras se topan con un curioso elefante que resulta ser el cada vez más olvidado amigo imaginario, quizá más común en los hijos únicos.

La artística escenificación del pensamiento abstracto, repasando vanguardias pictóricas del siglo XX, y la cómica puesta en escena del apartado de los sueños cual rutinaria producción televisiva, resultan brillantes y con altas dosis de imaginación, al igual que la representación de los pensamientos centrales relacionados con la memoria a largo plazo y las islas vistas como sustentos afectivos, así como la construcción de recuerdos en formas de coloridas esferas convertidas en ideas fijas y certezas instaladas en nuestra mente, sin que nos detengamos a pensar qué tanto nos ayudan a desarrollarnos socialmente: las damos por hecho sin posibilidad de cuestionarlas, vía el pensamiento autocrítico.

Del riesgo de la depresión al hueco optimismo o de la neurosis permanente a la parálisis temerosa, terminamos por corroborar que la imbricación de las emociones es la que les da sentido en la mundo exterior y que dependen unas de otras para construir los propios caminos vitales e incluso para comprenderse entre sí.

Claro que el contraste entre lo que estamos pensando mientras escuchamos a alguien o nos enfrentamos a alguna situación es un banquete para la comedia (como bien lo ha explotado Homero Simpson), aquí aprovechado para evidenciar a papás (que en realidad sí ponemos atención) y mamás e incluso hasta a algunas mascotas, aunque el ejemplo final del gato sea equivocado.

No se había visto el cerebro tan estéticamente animado, lleno de coloridos recovecos y amenazantes oscuridades por las que avanza un tren cargado de pensamientos siempre al borde del descarrilamiento, como en esta nueva obra maestra del cine de animación.

WELCOME TO THE HOTEL BUDAPEST

12 agosto 2014

El hotel como personaje y objeto de narración, espacio para convivencias efímeras pero trascendentes, se ha presentado en filmes tan notables como Gran Hotel (Goulding, 1932), mezcla de drama y romance con ambiente berlinés como fondo: Greta Garbo, John Barrymore y una muy joven Joan Crawford, transitaban entre pasillos, afectos y dinámica hotelera, también presente en los enredos de los hermanos Marx para montar una obra teatral en la clásica El hotel de los líos (Seiter, 1938).

Enclavada en el realismo poético francés, Hotel du Nord (Carné, 1935) funciona como escenario irónico a personajes cargados de historias dignas de contarse; o bien en cuanto a escenografía de grandes relatos épicos y románticos como el Hotel des Bains de Muerte en Venecia (Visconti, 1971). Ahí está el oscuro proyecto conjunto entre Bono y Wim Wenders titulado Million Dollar Hotel (2000), así como el humor retorcido de Hotel New Hampshire (Richardson, 1984), basada en la famosa novela de John Irving. Para rejuvenecer sin necesidad de pócimas mágicas, El exótico hotel Marigold (Madden, 2011) puede ser una buena opción.

LA BELLEZA DE LA DECADENCIA

Dirigida por Wes Anderson (Los excéntricos Tenenbaum, 2001; Vida acuática, 2004; Viaje a Darjeeling, 2007), referente ineludible del cine estadounidense contemporáneo ya poseedor de un estilo propio, de inmediato reconocible y muy pronto trascendente, El gran hotel Budapest (EU, 2014) es un filme que se mueve entre una lógica posmoderna cargada de una colorida nostalgia y un romanticismo a flor de piel, expresado en la incorporación poética y la pintura del periodo (ahí está la presencia del pintor Caspar David Friedrich), y en la idea de rescatar al individuo por encima de sus circunstancias.

La historia transcurre en la provincia inventada de Zubrówka, que además de ser una marca de vodka polaco, hace las veces de región del este de Europa. Seguimos las vicisitudes del conserje buen amante de octogenarias y recitador poético medio histérico Monsieur Gustave (Ralph Fiennes, dando los matices necesarios a su personaje) y su fiel botones Zero (Tony Revolori, de bigote irrisorio), leídas en los 70´s por una joven lectora frente al busto del escritor (Tom Wilkinson), quien después cuenta cómo supo de la historia para trasladarnos a la conversación entre él cuando era joven (Jude Law) y el Monsiuer Moustafa (F. Murray Abraham, elocuente), en los 60´s, cuando le cuenta todo el relato sucedido entreguerras.

No faltan en la historia elementos narrativos clásicos casi hitchconianos: la misteriosa muerte de una viejilla millonaria con mal esmalte de uñas (Tilda Swinton), llena de familiares buitres, entre quienes están las hijas y su siniestro vástago (Adrien Brody, encendido) y su matón cuasivampírico por aquello de Transilvania (Willem Dafoe); una estancia y escape carcelario con gigante salvador y líder descamisado (Harvey Kietel); un policía llegando un segundo después y emergiendo del subsuelo (Edward Norton); testigos en peligro como el abogado encargado de la herencia (Jeff Goldblum) y el típico mayordomo sospechoso (Mathieu Amalric), secundado por la sirvienta chismosona (Léa Seydoux).

Un guion que remite a la circularidad de Un reino bajo la luna (2012) y que se basa en los escritos de Stefan Zwieg, más como un homenaje a su obra completa que a un texto en específico, y una dirección de fotografía que provoca de inmediato estados de ánimo entre añorantes y cómicos, aderezados por la música lúdica de Alexander Desplat, siempre en modus vivendis. Las referencias indirectas a la época van desde la política (el ZZ en lugar de la SS), a la pintura (Klimt), pasando por la arquitectura y, desde luego, la poesía inmiscuida en los sucesos cotidianos y en el destino de los personajes.

Es así como el filme transcurre con múltiples referencias no solo cinéfilas, con el director alemán Ernst Lubitsch a la cabeza, sino también de otras artes y del devenir histórico y cultural donde se inserta. Anderson crea mundos en contextos específicos pero con un cierto halo de irrealidad, entre surrealistas y paralelos pero con fuertes vínculos con ese mundo al que finalmente se pertenece: ahí está toda la exasperante, para el personaje central, secuencia de los monjes misteriosos, así como la aparición de mensajes indicativos solo para el espectador.

EL PODER DE LA RECREACIÓN

Como plantea Alfredo Leal (La Tempestad, No. 97, julio-agosto, 2014), Anderson hace películas que como formas de adaptación no solo explican el mundo, sino también las posibilidades que se concentran en dicha explicación. En efecto, para el director de Ladrón que roba ladrón (1996), la realidad se convierte en fuente susceptible de retomarse, moldearse, manipularse y reconstruirse para crear una nueva atmósfera que se debe, paradójicamente, a esa realidad base: de ahí que se integre la presencia de un narrador identificable y después pareciera desaparecer ante el cúmulo de eventos que se suceden con independencia.

Un buen ejemplo de este juego de perspectivas que gusta tanto al director originario de Houston, es el gran valor que tiene el cuadro inexistente El niño y la manzana atribuido a un pintor ficticio pero con todo el estilo de la época, sustituido por un cuadro de dos mujeres tocándose sexualmente que remite de inmediato a la estética del artista Egon Schiele. Un mundo en el que se enfrenta la codicia frente al aparente pudor romántico.

Hotel BudapestAdemás, están los encuadres claustrofóbicos pero cómodos del elevador, el camarote, el comedor de los empleados y la habitación, guardando una simetría de carcajada, con cachetes encimados y narices sangrantes. De paso, se agradece el guiño del lunar con forma del mapa de México que luce la pastelera y hábil cómplice/novia del botones (Saoirse Ronan). Los acostumbrados travellings casi caricaturescos muy bien explotados en El fantástico seño zorro (2009), se integran con las tomas frontales que nos ponen en diálogo directo con los personajes y sus circunstancias.

En este universo andersoniano, confeccionado a partir de la combinación de formatos en los que  aparecen pantallas cuadradas (secuencias más oscuras o en exteriores) y rectangulares, según el momento y escenario, cabe un permanente énfasis en las texturas y los colores: los naranjas y amarillos que predominan en los interiores del hotel implican un contraste completo con los azules y verdes de la cárcel y los blancos fantasmagóricos de los exteriores, tanto en los montes nevados como en el acostumbrado correr del tren. Claro que aparecen los rojos intensos cuando la pasión contenida quiere aparecer, ante el reiterado ordenamiento de no coquetear con la mujer ajena.

Pero el tono de comedia profunda emparentada con el cine de Aki Kaurismäki, termina por ser fundamental, sobre todo por las hilarantes secuencias reiteradas del movimiento de cortinillas y de; de la sociedad secreta de las llaves en la que participan, casi a manera de cameo, Bill Murray, Bob Balaban, Fisher Stevens, Waris Ahluwalia y Wally Wolodarsky, y por la desternillante persecución en las instalaciones abandonadas de los juegos de invierno, en las que tanto persecutores como perseguidos no tienen ninguna razón para hacer lo que están haciendo. No faltan los cameos de los habituales Owen Wilson y Jason Schwartzman, como para recordarnos el sello de la casa.

Un hotel en el que puedes checar la entrada cuando quieras pero del que nunca te podrás ir. Al menos en tus recuerdos como sucede en la canción de The Eagles y en El resplandor (Kubrick, 1980). La mejor película que he visto este año.

EL HOBBIT O CÓMO SALIR DE LA COMODIDAD DEL HOGAR

7 enero 2013

Todo empezó de manera nítida y sencillamente descriptiva: “En un agujero en el suelo, vivía un Hobbit.” De ahí, la imaginación desbordada y apabullante para crear la Tierra Media, fantástico mundo conformado por territorios, razas, criaturas, lenguajes y rituales propios en el que, como sucede en el más acá, las luchas de poder parecen no tener fin. El genio de J.R.R. Tolkien le regalaba a los lectores de todo el planeta, empezando por sus hijos, la posibilidad de vivir otra realidad, justo debajo de nuestras narices, pero con fuertes similitudes al comportamiento humano.
Publicada en 1937 en Londres, la obra sobre este pequeño personaje de pies grandes y peludos, que se embarca sin temerla ni deberla en una aventura de proporciones épicas en compañía de un particular mago y un grupo de enanos, suscitó el interés suficiente para que los editores solicitaran una continuación del universo mitológico esbozado en esta entrega, que recibió el nombre de El señor de los anillos, poderosa alegoría sobre la fuerza corruptora del poder absoluto.
El neozelandés Peter Jackson transitó el proceso al revés. Primero planteó su imponente trilogía de El señor de los anillos (01, 02, 03) y ahora vuelva a la Tierra Media, tras fungir como eficaz productor (Sector 9, 09; Las aventuras de Tintín, 11; West of Memphis, 12), con El Hobbit: Un viaje inesperado (The Hobbit: An Unexpected Journey, EU-NZ, 12), primera entrega de tres que conformarán el traslado a la pantalla de la seminal novela del autor de El Silmarillion y Los hijos de Húrin, editadas y publicadas por Christopher, su tercer hijo.
Con guion de autoría múltiple, incluyendo al propio director y a Guillermo del Toro, el filme abarca los primeros seis capítulos de una forma bastante respetuosa –incluyendo un prólogo-, con la dificultad de poder darle profundidad a los miembros del grupo de enanos para poder presentarlos de manera entrañable y, llegado el momento, nos importe qué suceda con ellos. Pero solo se consigue darle la dimensión necesaria al líder del grupo, sobre todo gracias al puntual flashback, y un poco al más veterano de todos ellos; desde luego, Gandalf (Ian Mckellen ya con el personaje asumido), el Gollum (el camaleónico Andy Serkis) y Bilbo (Martin Freeman, como mandado a hacer) acaparan la atención.
HobbitEn términos de ritmo, el filme arranca con cierta parsimonia que bien pudo aprovecharse mejor para presentarnos con más detalle a los protagonistas de la historia; como percatándose de ello, posteriormente se introducen secuencias de acción cual ráfagas de adrenalina, algunas de las cuales parecerían solo incluirse para lucir al equipo de efectos especiales (como la pelea de los hombres de piedra, cuyo origen queda oscuro), y que no abonan necesariamente al argumento ni se explican dentro del contexto del mismo. No obstante, las cerca de tres horas fluyen sin problema, entre sutiles salpicadas de bienvenido humor y secuencias transicionales de tomas abiertas muy en deuda con la anterior trilogía del cineasta.
Se ha dicho que es una película que solo encantará a los fans. Me parece que no. Funciona como una entretenida iniciación al mundo tolkiano y resulta lo suficientemente transparente para que cualquier no iniciado pueda comprenderlo y, más aún, se interese en profundizar al respecto; claro que conviene saber de antemano que se trata de una primera parte, para no esperar conclusiones y respuestas al por mayor. Se ha comentado también que de pronto uno se siente en un videojuego; me parece que dada la estructura narrativa, la fuerza de algunos personajes –incluyendo las actuaciones- y las posibilidades múltiples de resolución más allá de pasar al siguiente nivel, la analogía no resulta del todo afortunada.
Con todo y sus limitaciones en términos emotivos, por momentos solventados por el score de Howard Shore, la propuesta visual resulta absorbente por el continuo juego de perspectivas. Considerado como el primer largometraje filmado a 48 cuadros por segundo (HFR), la sensación de realismo sí impacta en términos de ubicarnos en la acción: el temor era que de tan alta definición se vieran las costuras, lo que sucede en contadas ocasiones cuando se aprecian personajes sobrepuestos. Continúa la vieja pretensión de buscar el máximo realismo en el cine.
Las criaturas se presentan con un diseño high tech que no obstante las ubica en consonancia con los escenarios gracias a un elusivo empleo del 3D, mientras que las batallas lucen tan inverosímiles como fascinantes, a pesar de la evidente restricción para mostrar escenas más fuertes, como le gustaba al director en sus inicios gore (Mal gusto, 87; Muertos vivos, 92), ya instalado en el mainstream cuya puerta se le abrió con Criaturas celestiales (94), bastante diferentes a las aquí expuestas.
Temáticamente se plantea en primer término la importancia del hogar y la necesidad de luchar por él, así como la disyuntiva de seguir viviendo en un costumbrismo medianamente satisfactorio o bien sazonarlo con alguna aventura estrafalaria en la que incluso no tengas vela en el entierro. La acechanza del mal en sus diversas formas –notable la secuencia del Nigromante- y los rencores largamente cultivados, parecen enfrentarse de manera continua a una paz cuya naturaleza es provisional. Una experiencia fílmica que conviene experimentar para asomarse a la otra Tierra, la Media.

MUTANTES Y PIRATAS

25 mayo 2011

Son dos de las franquicias principales del siglo XXI en el terreno del cine de entretenimiento. Basadas en un cómic y en una atracción de parque de diversiones, sintomáticas fuentes para explicar sus mecanismos narrativos, lograron ocupar un lugar preponderante en las propuestas veraniegas no solo gracias a sus valores de producción, sino a la combinación equilibrada de acción y diseño de personajes atractivos.
Aunque ambas dieron muestras de agotamiento en su tercera entrega, sobre todo la de los piratas, han regresado para fortalecerse en su cuarta edición, particularmente la de los mutantes. Mientras que una responde al universo Marvel y a Stan Lee, su mastermind, la otra hace lo propio con el sello Disney, ya dueño del primero. Una diferencia entre ambas, que se evidencia más ahora, es que los hombres X incluyen apuntes sociales en su propuesta, mientras que los viajeros del Caribe se enfocan al clásico cine de aventuras.

PRIMERA GENERACIÓN
El director Matthew Vaughn ha demostrado no ser flor de un trío de películas: a partir de sus muy entretenidas No todo es lo que parece (04) y Kick-Ass (10), parece haberse ganado el puesto para volver a colocar a los mutantes y seres humanos que los acompañan en la palestra de los blockbusters: lo logró. Con base en un guión que sabe cuándo detenerse en los personajes, cuándo imprimir cierta acción aderezada de un bienvenido humor y en qué momento vincularse con el mundo de los humanos –en este caso, la crisis de los misiles en Cuba con una mirada al nazismo- la cinta se constituye como una de las grandes del género, abriendo nuevas posibilidades a lo que había hecho Christopher Nolan con Batman.
X-Men: Primera generación (X-Men: First Class, EU, 11) se centra en la historia de amistad y desencuentro entre Charles y Erik, quienes mientras tuvieron un enemigo común (Kevin Bacon, estupendo) no hubo tanta bronca, como suele suceder en esto de las relaciones personales. Alrededor de ellos, una serie de mutantes en proceso de descubrimiento y auto aceptación adolescente –notable las secuencia de reclutamiento- y otros ya más creciditos y definidos, aunque tomando partido según la postura de los líderes en cuanto a cómo vincularse con la humanidad, entre la que se ubicaba Moira (Rose Byrne), al fin personaje clave de la trama trastocando machismos laborales.
Con una edición acorde a las necesidades de la trama, incluyendo pietaje de declaraciones reales y la ya usada división de pantalla; un pertinente score y un diseño de arte que remite a las películas del primer James Bond y al contexto de la Guerra Fría, el filme acaba por resultar el mejor de la saga, gracias también a un gran trabajo de casting en el que participan intérpretes más conocidos (James McAvoy, Oliver Platt) junto a otros que ya se habían visto en sólidas obras de corte independiente como Michael Fassbender en Hambre (McQueen, 08) y Jennifer Lawrence en Invierno profundo (Granik, 10), además de January Jones (Mad Men) y Nicholas Hoult (A Single Man, Ford, 09), entre otros.
Una película consistente en sus propósitos que conecta con el fan comiquero y que no olvida a las grandes audiencias, buscando entretenimiento capaz de atrapar atenciones y transportar al espectador, si se deja, a otros mundos en los que las infinitas posibilidades deben estar tamizadas por el punto que se encuentra justo entre la serenidad y la ira: precisamente el engranaje entre diálogos, sucesos y recuerdos es el que permite que el filme alcance lecturas más allá de la diversión simple, sin obviarla. Sólo faltó que conociéramos un poco más, por cierto, de los orígenes de algunos de ellos.

CUARTA GENERACIÓN
Ahora con el especialista en musicales Rob Marshall en la dirección (Chicago, 02; Nine, 09) y la inclusión de Penélope Cruz como una pirata advenediza y de Ian McShane interpretando con suficiente descaro a Barba Negra, aparecen los piratas que quieren ser bucaneros y viceversa. Notable resulta la ambientación y la creación de escenarios, con detalles de diversa índole que por momentos resultan más atractivos que el desarrollo argumental, así como una fotografía reluciente, sobre todo en la secuencia de las sirenas, la más atractiva del film.
Piratas del Caribe: Navegando aguas misteriosas (EU, 11) se sustenta en un guión que sigue la arquitectura básica de sus predecesoras: un objeto deseado, en este caso la fuente de la eterna juventud, y una serie de grupos antagónicos en su busca: en medio, el manierista Jack Sparrow Deep danzando para salvar el pellejo y conseguir lo que quiere, aliándose y traicionando según las necesidades del caso. A esta repetitiva estructura se le añade el romance entre una sirena y un religioso, así como la siempre agradable presencia de Geoffrey Rush, también con agenda propia ya sin escuchar el discurso del rey.

EXPLORACIONES FEMENINAS

10 marzo 2011

Películas sobre mujeres que buscan encontrar resquicios de identidad, realización personal y espacios de desarrollo, usualmente en contextos difíciles. De todos géneros y gramáticas. Vamos.

ÉPOCAS DISTANTES, AÚN PRESENTES
Basada en la novela de Donna Woolfolk Cross y dirigida por Sönke Wortmann (El milagro de Bern, 03), La pontífice (Pope Joan, coproducción, 09) relata la historia de una mujer del siglo IX que, aparentando ser hombre por ser el único camino para continuar expresando su fe, llegó a ser elegida/o Papa de la Iglesia Católica, en medio de las intrigas, lealtades y deslealtades de rigor. Con un cautivador desarrollo narrativo, sólida producción y una creíble puesta en escena, queda la imagen de cómo las convicciones se pueden llevar, si son de verdad, hasta enfrentar las últimas consecuencias.
Con producción española estilo Hollywood y sin poder salvar el maniqueísmo propio de muchas cintas históricas, Ágora (Amenábar, 09) se sostiene principalmente por los momentos en los que se plantea la indagación científica y por la convincente interpretación de Rachel Weisz como la astrónoma y filósofa Hipatia de Alejandría, acusada por fanatismos absurdos y envuelta en una lucha de poder ahora emprendida por quienes fueron sus alumnos y uno que otro siniestro personaje, justo cuando empezaba el siglo V. Eso sí, se observa con nitidez cómo el ser humano puede ser capaz de acabar con su propia cultura usando de pretexto a la divinidad. Y seguir tan tranquilo.
Por su parte, La reina joven (GB, 09) retoma el ascenso al trono de Victoria en la Inglaterra de 1837, con todas las luchas de poder y obstáculos propios de la ociosidad real. Con un reparto sólido, encabezado por una buena interpretación de Emily Blunt, e impecable diseño de arte, quizá demasiado aséptico, la cinta trasncurre con soltura entre cierta falta de intensidad y echando de menos un poco de mayor contextualización. Producida por Martin Scorsese y dirigida por Jean-Marc Valle, esta obra se inscribe en este casi subgénero que retrata a reyes y reinas de todos colores y sabores, sobre todo cuando sus vidas eran ligeramente más interesantes que las actuales, a menos que alguna nuera pueda dar de qué hablar.

ÉPOCAS DISTANTES, AMORES IMPOSIBLES
Buscando retomar el espíritu de su aclamada Relaciones peligrosas (88), Stephen Frears adapta junto a Christopher Hampton, un par de novelas de Colette para presentar La edad del deseo (Cheri, GB, 09) apoyada por una narración en of, un evocativo score de Alexandre Desplat, fotografía preciosista y unas sólidas actuaciones sobre todo en las secuencias de la separación y la consecuente soledad. Los amantes malditos quedan atrapados entre el ocio de la Belle Epoque y la ruptura que implicó la primera gran guerra. El duelo tanto argumental como de actuaciones lo escenifican Michelle Pfeiffer y Kathy Bates. Empate.
También puede ser imposible dejar de estar unidos, como sucede en Una vieja amante (Francia-Italia, 07), filme dirigido por la controversial Catherine Breillat (Sucia como un Ángel, 91; Romance, 99) en la que se establece un triángulo amoroso que se resiste a romper, pese a un matrimonio de por medio e intentos de cuartos o quintos por buscar que desaparezca una añeja pasión entre un aristócrata y una pasional mujer, interpretada por una intensa Asia Argento que contrasta con la virginal esposa, en apariencia.

ÉPOCAS PASADAS, DESENTERRADAS
Un par de arqueólogas en sendas películas que coquetean con la aventura y el terror. Por un lado, Las momias del faraón (Les aventures extraordinaires d’Adéle Blanc-Sec, Francia, 10) dirigida en el tono desconcertante cada vez más habitual de Luc Besson (Nikita, 90; El perfecto asesino, 94; El quinto elemento, 97), con la presencia de un pterodáctilo, un anciano misterioso, personajes caricaturescos y una mujer que busca salvar a su hermana; hay una influencia mal aprendida de Spielberg, un humor que no funciona del todo y una trama desparramada, que de pronto resulta original aunque el conjunto no termine de cuajar.
Por el otro, La madre del mal (Italia, 07), dirigida por el mítico director italiano de terror Z Darío Argento con el sello de la casa: mezcolanza de vísceras, caos urbano, fantasmas maternales y brujería de la mala con su acostumbrada desfachatez para que la sangre corra en forma gratuita. Splatter en su latina expresión con, una vez más, Asia, su hija, en el papel de una arqueóloga a punto de descubrirse como la esperanza frente al regreso de una gesticulante mujer de poca ropa y muchos seguidores.
En fin, para todos gustos y aficiones.