Archive for 30 abril 2010

VIOLINES EN EL CIELO: DESPEDIR PARA COMPRENDER

30 abril 2010

Llegado el momento, no hay más que tomar decisiones radicales: asumir el fracaso vocacional como violonchelista y regresar al origen en busca de respuestas, a pesar de no tener muy claras las preguntas. De los sublimes y melancólicos sonidos de su inseparable instrumento musical, a los rituales mortuorios para dar la última despedida a personas que emprenden quizá el viaje definitivo. Extrañas maneras del destino: para comprenderse a sí mismo nada mejor que acercarse a la muerte y las sensaciones que la acompañan.
Dirigida con genuina emotividad por el veterano Yôjirô Takita, la mal titulada en español Violines en el cielo (Okuribito, Japón, 08), se desarrolla a partir de la decisión de un joven de regresar a su pueblo natal para empezar de nuevo, con el apoyo de su esposa, una vez que la orquesta donde tocaba ha desaparecido y se ha dado cuenta que lo suyo no es el chelo. Más o menos instalado, entra a trabajar a una agencia de viajes muy especial, dedicada a darle una digna despedida a la gente a través del nôkan, ritual funerario más propio de las zonas campestres japonesas.
El filme se permite cierto humor (el primer trabajo, la entrevista inicial con el jefe, el video instruccional) en el cruce de temáticas: la paternidad como responsabilidad trascendente; la muerte como encuentro inesperado, como traslado incierto y oportunidad de comprensión; el trabajo como factor de construcción de identidad; la relación de pareja entre el apoyo y la exigencia; la búsqueda del origen para comprender el presente, trazar el futuro y si se puede, sanar el pasado.
No faltan los elementos simbólicos: el pulpo vivo, los gansos volando y los salmones luchando contra la corriente; personajes secundarios de notable presencia significativa: el estoico jefe y la asistente; la dueña de los baños, su hijo y el silencioso pero sabio cuidador vuelto cremador. Seres que terminan por dotarle una fuerza narrativa al viaje emprendido por el protagónico lleno de inesperados descubrimientos acerca del territorio menos explorado: él mismo.
Con elusivos flashbacks en los que predominan los recuerdos de rostros borrosos; sensible acompañamiento musical digno de la temática abordada; una fotografía prístina de amplitud estética y un permanente cuidado en la composición de los encuadres, buscando destacar los elementos clave a través de un juego de enfoques, esta multipremiada cinta nipona se constituye como una alternativa para fortalecer nuestra educación sentimental y, en una de ésas, asomarnos a un probable espejo en el que nos podemos vernos reflejados, aunque con los ojos un poco más rasgados de lo habitual.
El intercambio de piedras constituye no sólo el recuerdo más presente durante la vida, sino la compañía última al momento de morir.

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LA ISLA SINIESTRA: PSICOLOGÍA DE SOBREVIVENCIA

24 abril 2010

¿Qué sucede cuando la realidad se vuelve intolerable y los recuerdos asaltan nuestra fragilidad mental? ¿Hasta dónde está el límite para continuar instalado en la cordura si el hecho de tener conciencia de los eventos pasados es una permanente batalla de resistencia emocional? ¿Cómo distinguir lo que vemos como verdad objetiva de las construcciones de nuestra psique?
Un excombatiente de la II Guerra Mundial, ahora convertido en detective (DiCaprio, creíble), viaja a la isla-manicomio del título junto a su nuevo compañero (Mark Ruffalo) para investigar la extraña desaparición de una paciente-prisionera (Emily Mortimer). Serán recibidos con sospechosa amabilidad por el director de la institución (Ben Kingsley) y tendrán que lidiar tanto con el decano (el bergmaniano Max Von Sydow), como con el reticente personal y los propios pacientes, con diferente nivel de riesgo.
Después de ver La isla siniestra (Shutter Island, EU, 10), queda claro que Martin Scorsese quiere seguir haciendo cine y del bueno. Dirigida con brío y el ojo clínico de siempre, la cinta asume la compleja tarea de trasladar a imágenes la novela de Dennis Lehane (Río místico), en la que realidad y alucinación se entreveran al grado de confundirse irremediablemente.
El permanente recuerdo de la esposa que se deshace en sus manos (Michelle Williams); la poco explicada presencia del pirómano (Elias Koteas); las confesiones del interno golpeado (Jackie Earle Haley); la inesperada aparición de una doctora en fuga (Patricia Clarkson) y la continua presencia del agua en sus varias manifestaciones, se constituyen como elementos que van acentuando la ruptura entre realidades, colocándonos en un estado similar al que vive el teniente en busca de respuestas sin tener muy en claro las preguntas.
Con enfático empleo de contrastes en el uso de la luz, los colores y las texturas, cortesía del especialista Robert Richardson, se va tejiendo un relato que sucede en muchos lugares a la vez: la mente y los recuerdos del protagónico; las diversas secciones del hospital; la imaginación de los internos siempre en ebullición; un misterioso faro que se eleva entre agresivos peñascos y, desde luego, una época en la que la Guerra fría tomaba forma y la paranoia tenía múltiples caldos de cultivo.
Una cámara desplazándose con firmeza, igual subjetiva que descriptiva, nos va sometiendo paulatinamente al laberinto mental del cual parece ser imposible hallar la salida. Porque la realidad siempre pondrá trabas a nuestros deseos de configurarla según la propia conveniencia.

JOSÉ EMILIO PACHECO: CONTINUIDAD CERVANTINA

20 abril 2010

El 23 de abril es el día en el que se conmemora la muerte del autor de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha; desde hace 35 años, se entrega el Premio Miguel de Cervantes, máximo galardón literario en nuestra lengua. El elegido ahora fue el novelista, poeta, ensayista, crítico y cuentista José Emilio Pacheco (D.F., 1939), quien lleva más de 50 años habitando la Ciudad de la memoria (86-89) como si fuera El viento distante (63), siempre descubriendo Los elementos de la noche (58-62) y escuchando El silencio de la luna (85-96).
Su sencillez resalta en un medio por lo general carente de ella; su capacidad para mirar la cotidianidad desde un lugar distinto pero asequible y entrañable se ha vuelto Desde entonces (75-78), El principio del placer (72) para quienes lo han homenajeado de la mejor forma posible: leyéndolo. Las batallas en el desierto (81) no pueden suspenderse ahora que vivimos en La edad de las tinieblas (09), aunque te adviertan que Irás y no volverás (69-72), como si fueras La arena errante (92-98) a sabiendas de que Morirás lejos (67).
La fama, ese animal traicionero del que ya nos ha advertido muy bien Gabriel Zaid, no le hace mella porque nunca la ha buscado: cuando llega, como si nada pasara; la modestia sigue siendo tan auténtica como su versátil obra literaria, lúcida y cercana, incorporando tradición y abriendo nuevas rutas para la literatura mexicana.
“Me siento como un actor de cine” ha declarado con motivo de la atención mediática recibida por un par de premios casi consecutivos: Reina Sofía y Cervantes, entregado el viernes pasado en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, pequeña y vivaz ciudad llena de gente con los brazos abiertos y en donde No me preguntes cómo pasa el tiempo (64-68).
Nada más al entrar en el hermoso recinto uno ya se siente diferente, entre inspirado e intimidado. La estructura arquitectónica y la madera que lo cubre todo, le da un aire de tradición y de reconocimiento. Verlo vacío invita a la recreación de lo que ahí ha ocurrido con otros compatriotas galardonados –Paz, Fuentes, Pitol- y a la imaginación para trasladarse a la época en la que la Universidad tomaba rumbo y el conocimiento se diseminaba por los aires. Estar presente en la ceremonia debe ser toda una aventura atemporal.
“El premio Cervantes debe ser para Cervantes”, ha dicho el autor de La sangre de Medusa y otros cuentos marginales (59)… aunque él es un digno destinatario, sin duda, y gran continuador cervantino.

SEMANA DE CONCIERTOS

11 abril 2010

Tres alternativas prácticamente traslapadas para disfrutar en nuestro País durante la semana que marca el regreso al mundo de la cotidianidad escolar de nuestros niños y jóvenes. De sabores distintos para todos gustos y estados de ánimo. Veamos.

1. Hablando de cotidianidad, qué mejor que reunirnos con ese poeta lúdico que convierte el día a día en jugosas analogías capaces de arrancarnos sonrisas y lágrimas por igual. Admirador de José Alfredo Jiménez e imaginativo escultor de frases memorables a ras de piso, Joaquín Sabina (1949) nos visita con espíritu animoso para presentarnos Vinagre y rosas (09), álbum característico que muestra al de Úbeda con aún cosas por decir.
Mejor letrista que compositor, inició su trayectoria discográfica con Inventario (78), aunque ya había escrito Memorias del exilio (76), un cuaderno de canciones que alimentó su debut musical. Hotel dulce hotel (87) lo convirtió en cantautor conocido más allá del circuito español y marcó el inicio de su mejor etapa con El hombre del traje gris (88), Mentiras piadosas (90), Física y química (92) y Esta boca es mía (94).

2. De nombre cinematográfico, Camera Obscura es un colectivo de Glasgow que gusta de plasmar escenas luminosas con engañosos tonos pastel, a partir de un pop que parece provenir de tiempo atrás con dejos de bossa nova, folk propio de las islas y un discretísimo soul.
De Biggest Bluest Hi-Fi (01) a My Maudlin Carrer (09), plagado de robusta sensibilidad y con un claro mensaje de que el amor existe pero se rompe con facilidad, sobre todo cuando es genuino, han dibujado un panorama de escondida tristeza que sabe arroparse entre alegres panderos, melodías hospitalarias y armonías de clara gentileza.

3. Guiados por el infatigable Steven Wilson, Porcupine Tree ha convertido al neoprogresivo en su guarida y su terreno de exploración. Conformados en Londres, debutaron con On the Sunday of Life (92) y de ahí no han parado hasta su reciente The Incident (09), álbum que combina pasajes acústicos de calma efímera con las acostumbradas explosiones sonoras que bien hemos escuchado en contundentes obras como Stupid Dream (99), In Absentia (02) o Fear of a Blank Planet (07).
Tres alternativas acompañadas de indudable nostalgia pero aún con ánimos de seguir recordando el provenir.

DOS DE VIKINGOS

6 abril 2010

Desde una perspectiva poco común, exceptuando Erik el vikingo (Jones, 89), para la forma en la que se había retratado esta cultura en el cine – Los vikingos (Fleischer, 58)- nos llegan a cartelera un par de películas que se desarrollan en sendas aldeas nórdicas que viven tiempos de cambio, ya sea en su relación con enemigos ancestrales o ante la presencia de un extranjero que trae consigo una batalla particular. La primera para toda la familia con lograda animación y la segunda en el terreno de la fantasía con ¡alienígena incluido!
Basada en el primer libro de la serie escrita por Cressida Cowell y dirigida por la dupla DeBlois / Sanders, Cómo entrenar a tu dragón (EU, 10) es una vistosa historia adolescente de un vikingo en busca de una transformación cultural para su pueblo, particularmente en la forma de relacionarse con los dragones, considerados enemigos naturales por los atavismos de siempre.
Si bien los personajes no alcanzan a ser memorables y se extraña el humor de la antecesora de la casa –Monstruos vs. Aliens- la historia encuentra un adecuado desarrollo, evitando triunfalismos del todo fáciles (checar el epílogo) y proponiendo con acertada construcción narrativa sus temáticas básicas: relación paterna filial, rituales de iniciación a la adultez, tolerancia a lo diferente y ruptura de tradiciones culturales que se suponen parte de la propia naturaleza, como para que no se anden cuestionando.
Notables son algunas estampas y secuencias en su diseño animado y fotografía, sobre todo las que incluyen agua o fuego; la 3D aquí sí colabora para la sensación de vértigo o de liberación, según sea el caso y tanto la combinación de colores como de escenarios, aprovechando la propia cultura vikinga, en particular sus tradicionales embarcaciones, permite que el concepto visual encuentre coherencia tanto estética como funcional para la narración de las peripecias del joven protagónico.
Dirigida por Howard McCain y titulada acá con torpe intención mercadológica, La tierra media y el tesoro del dragón solitario (Outlander, EU, 09), sobre todo porque ni se desarrolla en el sitio imaginado por Tolkien, ni hay un tesoro, ni vemos un dragón y el monstruo en cuestión no está solito, no acaba resultando tan abominable como podría parecer de primera impresión.
No es que estemos ante un clásico del género cienciaficcional/fantástico ni mucho menos, pero ciertas secuencias solventemente montadas, las escenografías que recrean la aldea, una fotografía que juega con las sombras, el subtexto de venganza y las actuaciones eludiendo el acartonamiento, se constituyen como tablas de salvación para hacer llevadera ésta al fin convencional película que nada tiene que ver con El señor de las anillos.