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ESCÁNDALO AMERICANO: FUERA PEINADOS

30 enero 2014

Hace algunos años, las estafas se intentaban hacer más con triquiñuelas que a punta de balazos, más con engaños cuidadosamente orquestados que con amenazantes y burdas peticiones de derecho de piso y la conocida disyuntiva de plomo o plata: no es que estuvieran bien las primeras, desde luego, pero la pérdida de la inocencia de las sociedades contemporáneas también se refleja hasta en las formas delincuenciales. Permanece, eso sí, la ambición desmedida como motivadora perversa y el abuso para aprovecharse de quienes se encuentran en una posición vulnerable, ya sea económica, afectiva o social.
Dirigida y coescrita en tono de comedia criminal por el neoyorquino David O. Russell (Secretos íntimos, 1994; Tentados por el desastre, 1996; Tres reyes, 1999; Yo amo a Huckabees, 2004), nuevo consentido de la academia estadounidense como se puede advertir en las nominaciones obtenidas por sus tres más recientes filmes (El peleador, 2010; Juegos del destino, 2012 y la que nos ocupa), Escándalo americano (American Hustle, EU, 2013) retoma parcialmente el curioso operativo ABSCAM, a través del cual se detuvo a políticos que aceptaban sobornos de intermediarios de un falso jeque árabe.
En nuestro país, además, creamos otras modalidades (moches) con la variedad de que solo intervienen políticos pero usando nuestro dinero, faltaba más. Por lo menos nos dejan agradecerles todo lo que hacen por nosotros, como lo recalcan en su genial promocional que se transmite a todas horas.
Irving Rosenfeld (Christian Bale, irreconocible y brillante otra vez) es un estafador desde la infancia, cuando rompía cristales para ayudar al negocio de su padre; ahora cuenta con tintorerías fachada para vender arte falso y engañar a incautos con inversiones inexistentes, actividad que se potencia cuando conoce y se enamora de Sydney Prosser (Amy Adams, imparable), una mujer que trabajó en Cosmopolitan y a la que se la da muy bien la seducción como forma de vida. El gusto compartido por Jeep´s Blues del gran Duke Ellington, terminó de convencer a ambos para aventurarse en una nueva relación.Escándalo americano
Pronto se hacen amantes a pesar del descubrimiento de que él está casado con una mujer vulgarmente simple en apariencia(Jennifer Lawrence), pero que también sabe de manipulación aprovechando sus encantos y la responsabilidad asumida para con su hijo. Los nuevos socios empiezan a hacerse ricos con el cuento de unos comtactos en Londres, hasta que los descubre Sideny Prosser(Bradley Cooper, enloquecidamente primario), un agente del FBI quien decide usarlos, no obstante las reticencias de su jefe (Louis C. K.), para atrapar a peces más gordos como Carmine Polito (Jeremy Renner), el bienintencionado alcalde de Nueva Jersey (inspirado en Angelo Errichetti), que busca la manera de beneficiar a su estado, incluyendo la rehabilitación de Atlantic City (recordar la serie Boardwalk Empire).

PORQUE PARECE MENTIRA…
El argumento va desplegándose a partir de una serie de enredos que vinculan a estos personajes, más algunos otros, a través de reuniones, fiestas, depósitos y lo que se programe, hasta llegar a ciertos callejones sin salida que provocan la develación de los engaños, generados por todos y simulados al punto de ya no saber dónde o cuándo empezó el conflicto central y la forma de resolverlo; como diría el maestro Daniel Sada a través del título de una de sus grandes novelas: “Porque parece mentira, la verdad nunca se sabe”. Cierto es que por momentos la historia parece avanzar en círculos y regodearse demasiado en sí misma, acaso extrañando una edición más puntual.
Estamos frente a una película de personajes en constante proceso de reconstrucción, navegando entre el patetismo y la brillantez, entre el absurdo y el drama, entre la simulación y la explosión genuina de sentimientos: para cada uno hay un momento de presentación y de consolidación, en buena medida gracias a la narración en off. Un siniestro mafioso que entra y sale de las sombras (Robert de Niro, en pleno Casino); un policía mexicano disfrazado (Michael Peña); un jefe que olfatea la buena imagen (Alessandro Nivola); un guardaespaldas que aprovecha la coyuntura (Jack Huston) y una esposa siempre al pie del cañón (Elisabeth Röhm): hombres y mujeres que van y vienen por este laberinto de avaricia.
También es una película de cabelleras masculinas que reflejan un contraste entre la apariencia y el fondo: el bisoñé de complicado acomodo, los rizos cuidadosamente confeccionados, el copetón que se mantiene intacto y el relamido al que no se le mueve ni un pelo. Los escotados arreglos femeninos, por su parte, refuerzan la presentación de una época ambientada y recreada en vestuarios lo suficientemente estrafalarios para que no quede duda, además de las decoraciones y la utilería fugazmente iluminadas y contrastadas por una combinación de colores en función del momento narrativo de la historia.
No podía faltar el baile discotequero para sentir el amor en primera persona (Donna Summer) y las secuencias que se acompañan de canciones arquetípicas de aquellos años, en especial cuando se sugiere decirle adiós al camino de ladrillo amarillo (Elton John) o seguir el largo camino negro (ELO); vivir y dejar morir (Wings) o convertirse en un caballo sin nombre (America); Tom Jones, Bee Gees y Jack Jones, entre otros, hacen el resto. Russell opta por mantenerse en el tono satírico y desarrollar toda su historia a través de una lógica narrativa inclinada a la farsa. Todo fuera como un esmalte de uñas olvidado en el coche.

VIAJAR EN EL TIEMPO

23 enero 2014

Una forma de trasladarse a través de diferentes momentos de la vida es reconstruir con la propia memoria los sucesos experimentados, sus causas, consecuencias y contextos. La otra manera es por cortesía de la imaginación, la fantasía y hasta la ciencia ficción: el tránsito ya no solo es mental, sino físico, y de pronto uno se puede ver en una situación pasada en cuerpo y alma, con la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos.
Pero ya sabemos que más conviene aprender del pasado para reconstruir el presente que andarse lamentando, pretendiendo cambiarlo o considerarlo como insuperable. Un par de películas que retoman estas posibilidades para viajar por el tiempo en las que las relaciones familiares ocupan el centro del argumento, aderezadas por circunstancias que influyen en cómo padres e hijos van resolviendo sus propios vínculos y, en su caso, manteniéndolos más allá de los espacios temporales, entre la conservación y la ruptura de la tradición: siempre es momento para corregir el rumbo.

LA BATALLA POR LA IGUALDAD: ENTRE LA OBEDIENCIA Y EL PUÑO EN ALTO
Basada en la historia real de Cecil Gaines, quien atendió a ocho presidentes como eficaz y silencioso mayordomo, y dirigida con sentido del equilibrio por Lee Daniels (Preciosa, 2009; Amores peligrosos, 2012) El mayordomo de la Casa Blanca (The Butler, EU, 2013) sigue la azarosa vida del protagonista desde los años veinte, cuando su familia fue destruida en una plantación de algodón y empezó a aprender a ser un “negro de la casa”, hasta su larga trayectoria en el servicio del hogar presidencial, pasando por su proceso de aprendizaje en un hotel y la conformación de su propia familia.
Sustentado en el artículo de Wil Haygod, el abarcador guion de Danny Strong, responsable de Recuento (Roach, 2008), sobre las elecciones del 2000 en Estados Unidos, contextualiza suficientemente todos estos años de historia, en particular los años sesenta y la emergencia del movimiento de los Derechos Civiles en favor de los afroamericanos, clave para entender el núcleo dramático del film: la relación entre el mayordomo, de alguna manera obediente y sumiso, y su primogénito, quien se suma a los esfuerzos contestatarios –de Luther King a Malcolm X- para buscar la igualdad ciudadana. El mayordomo
Además, está la difícil relación matrimonial por las largas ausencias y el hijo menor, buscando equilibrar el vínculo familiar. Dentro de los grandes acontecimientos históricos, están las pequeñas historias personales de gente común, como sucedía en Desde el jardín (Being There, Hashby, 1979), que resulta ser testigo presencial de hechos que cambian el curso de las sociedades, en este caso, con especial énfasis la lucha de los afroamericanos para ocupar los mismos espacios públicos, poder votar y ganar salarios similares a sus pares blancos, con los referentes de Nelson Mandela y, a manera de culminación, la llegada de Obama a la Casa Blanca.
Con una edición que le brinda la necesaria dinámica elíptica al film, no obstante su larga duración y los varios años transcurridos que contempla, el filme avanza de manera consistente y dramáticamente sólida, planteando con claridad los conflictos centrales y contextualizando oportunamente los periodos presidenciales retratados, con todo y cuidadoso diseño de producción que incluye ciertas secuencias de discreto humor, como si de coreografías musicales se tratara.
La mirada por momentos condescendiente, sobre todo con algunos de los presidentes, no priva a la historia de su creciente y sentido tono dramático, impulsado por una contundente actuación de Forest Withaker, contrapunteada por la de David Banner como el hijo desobediente y soportada por Ophra Winfrey, además de las breves actuaciones de rostros conocidos encarnando al equipo de servicio y a los presidentes, luciendo una dedicada labor de maquillaje que se extiende a la vejez del matrimonio protagonista.

TIEMPO PARA LA COTIDIANIDAD
Dirigida y escrita por Richard Curtis (Los piratas del rock, 2009; Realmente amor, 2003) con la amabilidad, gracia y cuidado habitual hacia sus personajes como lo ha hecho en sus guiones (Cuatro bodas y un funeral, 1994; Notting Hill, 1999; El diario de Bridget Jones, 2001; Caballo de guerra, 2011), Cuestión de tiempo (About Time, RU, 2012) es una comedia con tintes de fantasía acerca de un joven común (Domhnall Gleeson) que en su mayoría de edad recibe la noticia por parte de su padre de que los hombres de su familia pueden viajar al propio pasado.
Las relaciones familiares y de pareja se convierten en el centro de esta historia con particular énfasis en la importancia de valorar el presente, más que en lo que pudo haber sido o en cómo se pueden evitar los sucesos no deseados con saltos al pasado. Para complementar el desarrollo argumental, se insertan secuencias acompañadas de una narración en off y música a tono, en especial con la pregunta que esbozan The Waterboys: How Long Will I Love You?
Además de la indudable química entre el actor protagonista y Rachel McAdams, quien ya había participado en cintas románticas con quiebres temporales o de memoria (Te amaré por siempre, 2009; Votos de amor, 2012), las actuaciones de soporte de Bill Nighy como el papá alivianado, de Tom Hollander con el dramaturgo-casero amargado y de Richard Cordery como el tío extraviado, le dotan a los inteligentes y sencillos diálogos una chispa que va del humor a la reflexión bienvenida.
En lugar de vivir dos veces el mismo día, disfrutarlo desde la primera y pensar que la felicidad está escondida en la cotidianidad.

DISCOS 2013

16 enero 2014

En primer término, grupos vitales del siglo XXI que mantienen la llama encendida, más o menos en el orden de mis gustos.

1. Modern Vampires of the City de Vampire Weekend: estas luminosas criaturas de la noche, con la influencia de Paul Simon, firmaron en su tercera entrega una obra llena de sensibilidad armónica que confirma su talento para la melodía de belleza inmediata. Disco del año para la Rolling Stone y, en efecto, uno de los imprescindibles para estos tiempos de posmodernidad.
2. Reflektor de Arcade Fire: siempre intensos y ahora más diversos en su cuarto disco, los emocionales canadienses arriesgan con la incorporación de sonidos de estética multiplicadora, como el reflejo infinito que producen con este álbum doble que parece no quererse detener en los logros alcanzados; un disco propio de una de las bandas esenciales de los tiempos que corren.
3. Trouble Will Find Me de The National: los de Brooklyn continúan, en su sexto opus, convirtiendo los problemas en odas a una tristeza en la que siempre encuentran resquicios para la fuerza reivindicadora, expresada en la gravedad de una voz que se respalda en instrumentaciones de precisiones temporales, cargadas de contenida sentimentalidad.
4. …Like Clockwork de Queens of the Stone Age: rock en estado puro emergiendo de la edad piedra y llegando a nuestros días gracias a estas reinitas que saben combinar, cual fino trabajo de relojería, la adrenalina setentera con inventiva y evocación melódica; no podían faltar los invitados de lujo y la sensación de una poderosa dulzura en su sexto álbum en estudio.
5. AM de Arctic Monkeys: comandados por Alex Turner, cuya ruptura amorosa se canalizó a partir de un puñado de canciones vueltas bálsamo festivo, estos primates del ártico nacidos en Inglaterra nos proponen compañía justo en la transición entre el fin de la noche y la aparición del día, reconociendo culpas y saldando cuentas, vía rítmica profunda, guitarras nutritivas y coros convencidos.
6. Fields of Reeds de These New Puritans: en su tercera obra, el ahora trío inglés nos depara una misteriosa visita de aliento diverso, transitando entre cierta experimentación y quietudes sospechosas, con teclados casi ceremoniosos y una rítmica fragmentada por la que se diluyen juegos vocales de exaltación contenida, destilando un dejo de inasible extrañeza.
7. Slow Focus de Fuck Buttons: el dúo ingles vuelve a las andadas en su tercer disco con el espíritu innovador intacto, como si acabaran de darse a conocer; ahora la acostumbrada electrónica juega con ralentizaciones e imbrica planos sonoros que se traslapan de manera sorpresiva, mostrando ingenio más allá de las convenciones del género.
8. The Silver Gymnasium de Okkervil River: cual recorrido memorioso por los tiempos idos en New Hampshire, Will Shef y compañía, asentados en Texas, fungen como guías de turistas para (re)conocer la nostalgia, con todo y las posibilidades de redención, a ritmo de un identificable folkpop ya en plena compenetración, expandida a través de su séptimo largo.
9. Muchacho de Phosphorecent: transitando por los circuitos del country alternativo con su dosis de experimentación que incluye la inclusión de sonidos electrónicos, el proyecto de Matthew Houck continúa su recorrido con este álbum que nos coloca en una particular geografía anímica, como si estuviéramos preguntándonos hacia dónde podemos dirigir nuestras emociones extraviadas.
10. Ghost on Ghost de Iron & Wine: Sam Beam decide salir de su hábitat folk en su sexto disco para internarse por atmósferas discretamente jazzeras, empapadas de tonalidades country que persisten en la recreación de la intimidad acaso buscada por espíritus de otro mundo, celebrando la quietud de la noche o su capacidad de invisibilidad.
11. Monomania de Deerhunter: con Bradford Cox al frente, la sexta producción de los de Atlanta transcurre de manera más incierta que sus grandes discos anteriores, poniendo el énfasis en la indisciplina de las guitarras, la correspondiente cuota de experimentación y en una aparente improvisación que termina por funcionar orgánicamente como conjunto interconectado.
12. Mosquito de Yeah Yeah Yeahs: Karen O sigue marcando la ruta de este trío neoyorquino que navega entre el punk y, con mayor énfasis en esta cuarta producción, una electrónica que busca potenciar la esencia roquera de las canciones, no exentas de un dejo de sensibilidad femenina que ahora opta más por la armonía que por la fiereza, sin que sean excluyentes.
13. Right Thoughts Right Words Right Action de Franz Ferdinand: tras cuatro años, los escoceses lidereados por Alex Kapranos están de vuelta con su cuarta producción, en la que aparecen con una renovada energía que contagia nuestros pensamientos, palabras y acciones para seguir con la rítmica celebración nocturna que había quedado pendiente, guitarra inagotable en mano.
14. Antiphon de Midlake: cual cántico místico que antecede o procede de la palabra, este grupo de Texas se sobrepuso a la salida de su líder y entregó un brillante cuarto álbum, volteando hacia la vertiente suave del rock setentero pero con ciertos toques de psicodelia y letras que admiten interpretaciones abiertas.
15. Comedown Machine de The Strokes: la banda neoyorquina conducida por Julian Casablancas mantiene la esencia rockera pero busca territorios nuevos, como se advierte en su quinto álbum confeccionado a partir de teclados integrados a guitarras serpenteantes, con una inventiva melódica que los mantiene en la línea evolutiva de su imprescindible debut a principios de siglo.
16. Bankrupt! de Phoenix: en su quinta entrega, la juguetona electrónica de estos franceses se regodea en canciones pop que nos envuelven sin rupturas ni miramientos, como si nos paseáramos por Versalles en una fiesta atemporal llena de moda, fama y excesos sin perder la compostura.
17. Corsicana Lemonade de White Denim: el trío de Austin, con la ayuda de Jeff Tweedy de Wilco, plantea en su quinta incursión un zambullido a un rock de raíces conservando discretas tesituras provenientes del punk clásico, con un sabor irresistiblemente retro que incluye guitarras adiposas e instrumentaciones saturadas.
18. Floating Coffin de Thee Oh Sees: en este séptimo LP del proyecto-vehículo de John Dwyers, abundan la distorsión y los cambios de velocidad envolventes, cargados de energía y densidad; el rock en su expresión maciza con toques de exploración y contundencia, dejando la característica psicodelia como soporte para entender que la muerte también puede flotar.
19. Holy Fire de Foals: los de Oxford proponen en su tercer lance una intersección entre los sonidos que te invitan a moverte y los que te emocionan por su tono épico, cual fuego sagrado que solo se puede portar mientras las instrumentaciones suben de intensidad, sin caer en facilismos y profundizando en las interacciones con el escucha.
20. Evil Firends de Portugal. The Man: el proyecto paralelo del guitarrista John Gurley junto al vocal Zach Carothers entre Alaska y Portland, nos regala en su séptimo disco oficial un derroche de entrega guitarrera con la acostumbrada cuota de psicodelia y, por supuesto, una rítmica contagiante cortesía del colmilludo productor Danger Mouse, cual malicioso amigo cómplice.

Iniciadores y continuadores en esta entrega por los discos que transitaron por nuestras orejas; como en el caso de las anteriores partes, en el orden del gusto de quien esto escribe.

…VIEJOS LOS CERROS
1. The Next Day de David Bowie: fue su año, no nada más por este regreso después de un largo silencio, sino por la trascendencia que se advierte de su obra en varios de los discos acá comentados; recordando los berlinescos setentas, se pregunta dónde estamos y se asoma a un futuro inmediato, el del día siguiente. Mi favorito.
2. New de Paul McCartney: uno de los compositores clave en la historia de la música regresa con el talento melódico bien afilado, ahora soportado por instrumentaciones vigorosas que en conjunto redondean un de sus mejores discos en su etapa post-Beatle-Wings. En efecto, la innovación parece no tener final.
3. Man & Myth de Roy Harper: con todo y elusivos cuernos reflejando que el diablo sabe más por viejo, el reciente álbum de este veterano folkrocker de Manchester es un dechado de talento compositivo con un equilibrio notable entre la sensibilidad y la intensidad, acaso descubriendo la cara mítica del ser humano.
4. My Favorite Picture of You de Guy Clark: este setentón derrocha sabiduría a través de las canciones de este hermoso, profundo e intense álbum confeccionado con el sello country de la casa; la reciente muerte de su esposa queda homenajeada con esa foto y esta obra maestra.
5. Electric de Richard Thompson: el ex de Fairport Convention confirma su buena racha con esta obra cuyo título define su orientación, aunque no la delimita; siguen las canciones de tonalidad variopintas que van del rock al folk y de ahí al country, con la consabida confección lírica.
6. The Diving Board de Elton John: con el baluarte letrístico del viejo cómplice Bernie Taupin y asiéndose al piano como el refugio habitual, el hombre que se despidió del camino amarillo sigue obsequiándonos cortes memorables, sin hacer fama y echarse a dormir, sino al contrario.
7. Tooth & Nail de Billy Bragg: el londinense de amplia conciencia social y políticamente expresivo, regresa después de cinco años para entregar esta obra que si bien retoma el folk tradicional, busca plantear las preocupaciones actuales del autor acerca del convulso mundo actual.
8. Love from London de Robyn Hitchcock: el consistente cantautor británico sigue entregando piezas de jugoso contenido psicodélico y aquí, en tono lúdico, nos manda un mensaje desde la capital inglesa para desplegar su buena vibra; sus cualidades musicales, mejorando con el tiempo.
9. 13 de Black Sabbath: los viejos metaleros, promotores esenciales del género, no podían dejar pasar la oportunidad de grabar un disco con número esotérico en el que ponen una vez más sus oscuras habilidades para acometer las canciones con la enjundia de quienes apenas empiezan.
10. Wrote a Song For Everyone de John Fogerty: un conjunto de clásicos de CCR reinterpretados por su creador en compañía de otros cantantes que acometen las versiones con la confianza brindada, dando como resultado un viaje al pasado que no tiene desperdicio.
11. American Ride de Willie Nile: el oriundo de Bufalo nos invita a un recorrido por las texturas estadounidenses, erigiéndose como un conductor de lujo que parece sabérselas de todas, todas, entre toques de country, rock y pop.
12. The Las Ship de Sting: después de estar involucrado en discos de música antigua y hacer una gira con The Police, el exprofesor de historia regresa a la composición propia para navegar en esta nueva embarcación de pop jazzeado que, esperemos, no sea el último.
13. Ready to Die de Iggy and the Stooges: el viejo Pop no se cansa y menos cuando a su lado tiene a los míticos Stooges, acá rockeando como si fuera la primera vez, aunque declarando que están listos para lo inevitable.
14. Old Yellow Moon de Emmylou Harris & Rodney Crowell: la histórica cantante country ahora comparte créditos con quien fuera el guitarrista y cantante de soporte en su banda, por lo que los duetos se escuchan naturales y armonizados, dada la compenetración entre ambos.
15. Now What?! de Deep Purple: y ahora ¿qué procede?… seguir entrándole a los riffs y a las atmósferas de espesura rocanrolera, tal como lo hacen en esta nueva entrega con alineación de antaño y mucha energía por desplegar; de la duda no queda más que la admiración.
16. Time de Rod Stewart: después de andar de crooner versionando aquí y allá y cantando piezas navideñas, el londinense vuelve a las canciones propias con su habitual candidez para la melodía y su indiscutible presencia para transitar por el tiempo sin despeinarse.

LOS HEREDEROS
1. Dream River de Bill Callahan: ocho canciones que transcurren de manera pausada como las estaciones del año, con la vocal limpia y grave que se cobija de instrumentaciones tanto discretas como revolventes, aunque siempre dentro de los márgenes de un río de proporciones oníricas. Una joya.
2. Pale Green Ghosts de John Grant: el compositor de Michigan entrega su segunda obra solista con aditamentos electrónicos, persiguiendo la melodía confesional y dejando libres los fantasmas que pudieran habitar en algún lugar recóndito de sus recuerdos.
3. The Graceless Age de John Murry: el brío de la vocal y las finas composiciones envueltas en una estética de country alternativo cercano al folk, hacen de esta segunda entrega del de Tupelo, una obra en estado de gracia, aunque las edades atenten contra su conservación.
4. Impossible Truth de William Tyler: el guitarrista de Nasvhille ha tocado con Lambchop y Bonnie Prince Billy, por poner dos ejemplos notables; su segunda obra en solitario, a través de sus ocho cortes, remite a tiempos pasados y geografías próximas con ese rockfolk de creciente intensidad.
5. Big Wheel and Others de Cass McCombs: con ecos country, rítmica sesentera y hasta destellos bluseros y jazzeros, la voz cálida y la guitarra en diversas facetas según la ambientación deseada, se conjuntan para crear canciones que transpiran cadencia cautivadora.
6. Big Inner de Matthew E. White: con base en la idea del collage genérico, el de Virginia se muestra con una languidez expresada en la vocal, cobijada por una austera instrumentación que de pronto abre espacios para coros distantes aromatizados por algún espíritu del sur.
Grupos y solistas consolidados que iniciaron en los 80´s o 90´s del siglo pasado y que a pesar de la trayectoria construida, siguen en la ruta de la (re)creación, entregando grandes álbumes; más o menos en el orden de mi gusto.
1. Random Acces Memories de Daft Punk: el encasquetado dueto francés se alía con Nile Rodgers y Giorgio Moroder para invitarnos a un fascinante viaje por sonidos bailables que beben de la tradición setentera y ochentera, con el justo toque de actualidad e innovación que potencia nuestro disco duro.
2. Tomorrow´s Harvest de Boards of Canada: rompiendo una pausa de ocho años, el dúo escocés vuelve para mostrarnos un mundo frío y cercano al colapso donde, no obstante, existe un mañana en el que se podrán cosechar sonidos esperanzadores, creados cual fino trabajo de orfebrería electrónica.
3. The Inivisible Way de Low: con la producción de Jeff Tweedy (Wilco), el trío de Duluth recorre con su sentida parsimonia, enclavada en el slowcore, un camino que parecería oculto para nosotros, revelado poco a poco con una melancólica guitarra que comparte añoranza con las vocales.
4. Electric de Pet Shop Boys: con su mejor disco en quince años, el vital dueto inglés nos comparte lo que mejor sabe hacer, entre melodías memorables, ritmos contagiantes y presencia arquetípica; su synthpop se sigue actualizando de manera sorprendente, cual corriente eléctrica inagotable.
5. Fade de Yo La Tengo: el creativo matrimonio coloca un mayor protagonismo en las cuerdas y los teclados de aroma sesentero, sin descuidar el consabido aderezo experimental con esos inesperados cambios de enfoque y una aparente parsimonia que se ve amenazada por la guitarra.
6. m b v de My Bloody Valentine: a principios de los noventa redefinieron el significado del ruido para el pop y desaparecieron; ahora vuelven para confirmar lo dicho a casi 25 años, con canciones cocinadas a fuego lento que mantienen la intimidad explosiva. Disco del año para Uncut.
7. Desire Lines de Camera Obscura: pop confeccionado con brillantez compositiva dentro de la tradición independiente y letras que recorren una diversidad de estados anímicos, cortesía del quinteto de Glasgow en plena madurez artística.
8. More Light de Primal Scream: cual grito primigenio anunciando la presencia de una vertiente más iluminadora, los escoceses plantean un rock bien condimentando con toques de oscuridad que quieren rendirse ante el poder seductivo del ritmo cadencioso y voces serpenteantes.
9. Kveikur de Sigur Rós: en su séptimo álbum, los islandeses construyen el reconocible hábitat brumoso bajo cero, con vocales fantasmales y contundencia instrumental que por momentos transforma la tristeza en tensión proveniente de las estructuras brindadas por el postrock.
10. Hesitation Marks de Nine Inch Nails: después de cinco años, con una inquietante combinación de atmósferas oscuras y lances más luminosos, se asoma un nuevo disco del proyecto principal del hiperactivo Trent Reznor, quien también realizó el intrincado Welcome Oblivion con How To Destroy the Angels, banda formada junto al viejo colaborador Atticus Ross y Mariqueen Maandig.
11. Lightning Bolt de Pearl Jam: en su décima entrega, los sobrevivientes del grunge ya trascendiéndolo, juegan con imaginativos cambios de velocidad a partir del acostumbrado corazón palpitando intensidad, ahora atravesado por un rayo en plena tormenta.
12. Crimson/Red de Prefab Sprout: ya desde mediados de los ochenta, estos ingleses se han instalado en el pop con tintes diversos que van del jazz al soul y al new wave; como se puede advertir, conservan la intuición melódica necesaria y la capacidad de reinventarse.
13. The Terror de The Flaming Lips: entre lances electrónicos bañados en un punk sicodélico, los comandados por Wayne Coyne construyen una narrativa oscura pasada por ácido; después de 25 años de andar buscando el lado surrealista de la luna, ahora se asoman a su contraparte.
14. Rewind the Film de Manic Street Preachers: estos maniáticos predicadores siguen soltando buenas nuevas a diestra y siniestra, como si de una película muchas veces vista se tratara, pero a la que cada vez le encuentras nuevos y fascinantes detalles.
15. Bloodsports de The London Suede: después de diez años regresan con la emoción romántica intacta, desplegada por un sonido identificado como brit-pop con ecos de glam revestidos de una oscura elegancia, cual cacería en la que siempre surge la tensión entre la vida y la muerte.
16. Delta Machine de Depeche Mode: el ya longevo trío de Essex sigue sobreviviendo a sus propios demonios y entrándole con plena convicción a su reconocible estilo, tal como se destila en estos trece cortes de su 13º. álbum, mismo que se escucha cohesionado e impecablemente producido.
17. False Idols de Tricky: la décima obra de uno de los músicos clave de los noventa, se encuentra muy bien cobijada por las vocalistas invitadas, cuyas aportaciones se integran nítidamente a las reptantes instrumentaciones electrónicas, como para un viaje nocturno por Bristol.
18. Seasons of Your Day de Mazzy Star: en este regreso después de su anterior álbum publicado en 1996, identificamos el estilo caracterizado por una psicodelia en penumbras, ahora con tesituras country, mientras la ensoñadora voz de Hope Sandoval dialoga con la guitarra de David Roback.
19. Innocents de Moby: continuando en la línea de una electrónica pausada con abundancia de emociones, este disco parece querer compartir la intimidad de un artista que ha optado por el ambient como forma expresiva, aunque incorporando invitados de lujo en las vocales.
20. English Electric de OMD: las maniobras orquestales en la oscuridad siguen proporcionando electricidad a su tierra en este confirmado regreso, a través del cual parecen poner a bailar a un geométrico robot enamoradizo que carga con toda la tradición del synthpop.
21. Wonderful, Glorious de Eels: con mayor trabajo de equipo, el décimo álbum de los angelinos transcurre en forma más optimista de lo habitual, con instrumentaciones copiosas entre las que se abre paso una vocal de corte blusera buscando alguna maravilla escondida en la gloria.
22. Understated de Edwyn Collins: muestra de la plena recuperación física y vehículo expresivo para compartir pensamientos y sentimientos, esta obra del ex líder de Orange Juice navega entre géneros sin perder el rumbo, con metales, teclados y rítmica de contrapunteo refrescante.
23. Dream Theater de Dream Theater: disco ídem confeccionado a buena velocidad, como si se tratara de un sueño vertiginoso en un escenario donde se encuentra el acostumbrado virtuosismo instrumental, desplegado en una producción tan precisa como grandilocuente.
24. Forever Endeavour de Ron Sexsmith: el cantautor de Ontario ha desarrollado un currículo tan impecable como discreto, tal como las canciones que integran este álbum, llenas de sensibilidad folk e intimismo vivaz que nos refieren al hogar no exento de soledades y momentos reflexivos.
25. Where You Stand de Travis: el séptimo disco de los escoceses busca ampliar los referentes pop que los han distinguido y, sin perder su esencia melódica, plantean ciertos cambios de ritmo y estructura basados en la accesibilidad como bandera orgullosamente ondulante.

El aporte femenino sigue siendo fundamental para la música, tal como se deja escuchar en estos álbumes de sentimentalidades múltiples y géneros diversos; otra vez, más o menos en orden de gusto personal, 27 ejemplos de cómo las mujeres hacen de este mundo, un lugar más emocionante para vivir.

1. Loud City Song de Julia Holter: retomando la novela Gigi de Collete –convertida en famosa película- el tercer álbum de la angelina es una mirada profunda sobre la celebridad, el mundo citadino y la fama, con elementos prestados de la música clásica contemporánea y una paleta sonora de exquisita y brillante exploración avant-garde.
2. Once I Was an Eagle de Laura Marling: a esta inglesa se le ha comparado, justamente, con la gran Joni Mitchell; basta escuchar su discografía y en especial esta joya de intensidades bifurcadas, que hunde sus notas en tradiciones folk con poderoso sentido de la innovación para volar por lo alto.
3. Nepenthe de Julianna Barwick: como la planta mitológica que ayuda contra la pena y el dolor, el tercer disco de esta mujer con voz que parece bajar del cielo, nos integra a un ecosistema de etérea configuración creado con suavidad electrónica; mejor que cualquier antidepresivo.
4. The Worse Things Get, the Harder I Fight, the Harder I Fight, The More I Love You de Neko Case: la de Virgina nos regala un album dentro de los márgenes del country alternativo que rezuma pasión no solo en la notable vocalización, sino en cada una de las exaltadas composiciones, porque el amor es un campo de fuertes batallas, sobre todo cuando la cosa está que arde.
5. Tales of Us de Goldfrapp: en su sexto disco, el dueto de Alison Goldfrapp y Will Gregory’s se presenta en tono confesional para contarnos algunas historias de nosotros, a través de calmadas y creativas composiciones labradas cual fino trabajo de electrónica orfebrería en clave intimista.
6. Warp and Weft de Laura Veirs: belleza melódica en la tradición americana se desprenden de este puñado de canciones relacionadas con la maternidad y sus implicaciones, la inspiración artística y el milagro de la vida, interpretadas por un reparto de lujo que cobijan a la guitarra de la autora.
7. One True Vine de Mavis Staples: la veterana cantante de Chicago nos regala algunos covers y canciones originales con la solvencia vocal que la caracteriza, apoyada por coros respetuosos y una cauta instrumentación con invitados al nivel de las circunstancias. ¡Aleluya!
8. Chance of Rain de Laurel Halo: la joven más connotada de la escena electrónica nos anuncia posibilidad de lluvia vía una electrónica rocosa, sin demasiado espacio para el respiro y que por momentos parece sumergirse en aguas subterráneas siguiendo patrones inasibles.
9. Hearthtrob de Tegan and Sara: las gemelas canadienses le pusieron un poco de beat electrónico a su propuesta habitual más centrada en el folk y el resultado termina por ser una delicia, como para animar hasta a los menos aptos para levantarse del asiento.
10. The Stand–In de Caitlin Rose: en principio atrapa la fina confección de melodías pronto asequibles, para después terminar convenciendo por cómo las canciones, estructuradas a partir de una equilibrada mezcla entre el country alternativo y la lógica pop, se quedan en la memoria auditiva.
11. Beautiful Africa de Rokia Traoré: el quinto disco de esta maliense universal es un sentido canto a la integración de tierras a partir del reconocimiento de la belleza del otro, en este caso, del continente de donde todos venimos; imbricación de tradición musical con tendencias globales.
12. American Kid de Patty Griffin: heredando toda una tradición musical casera, esta cantante estadounidense nos guía de inmediato, como si fuéramos unos pequeños con el territorio por descubrir, por el EU profundo, vía canciones que revisitan los géneros que ahí se cocinaron.
13. Mug Museum de Cate Le Bon: con un delicioso y evocativo toque retro, la cantante de Cardiff nos regala, en su tercera apuesta, un conjunto de canciones que buscan ensanchar referentes genéricos con un enfoque poético que nos devuelve a una realidad al fin reconstruida.
14. Personal Record de Eleanor Friedberg: la mitad del dúo The Fiery Furnaces entrega un segundo disco plagado de un pop reposado, rítmicamente accesible y con ecos setenteros –flautas y guitarras-, mostrando capacidad para compartir experiencias cercanas y para la intersección compositiva.
15. The Electric Lady de Janelle Monáe: con invitados que hacen honor a la ambición de la segunda propuesta de esta dama cargada de energía, transcurren la cuarta y la quinta suite que, a su vez, se dividen en canciones destilando negritud y electricidad imposible de resistir.
16. Matangi de M.I.A.: la inglesa de origen esrilanqués, ahora enfrentando a la fama, vuelve a lo suyo con recitaciones contundentes, descargas de tensión eléctrica y golpes armónicos que parecen provenir de la mismísima divinidad a la que hace referencia en título.
17. Silence Yourself de Savages: en la vertiente de colocar la agresión como instinto de sobrevivencia, estas rabiosas debutantes nos plantean una sugerencia en clave decidida para tomar conciencia de nuestro alrededor; la cara salvaje de la feminidad, tan atrayente como absorbente.
18. Like a Rose de Ashley Monroe: detrás de la aparente inocencia de esta veinteañera de Kentucky con paraguas en mano y mirada tierna, se puede identificar a una mujer que ha vivido y que sabe de raíces como el honky tonk entre acordeón, teclados, guitarras, violines y base rítmica ad hoc.
19. One Breath de Anna Calvi: en efecto, te puede dejar con solo un aliento para escuchar su segundo opus, siguiendo la línea trazada por su antecesor; aquí hay una elegancia que puede parecer melancólica pero que quizá termine por resultar hipnótica, salvo por el ruidismo ocasional.
20. Wed 21 de Juana Molina: esta cincuentona bonaerense está de regreso con una intrincada telaraña instrumental de corte lúdico-electrónico que sirve de sustento a unas vocalizaciones referidas a osos de la guarda, bichos, ratas, ferocidades y ciertos lamentos pero con final feliz.
21. Beyoncé de Beyoncé: justo cuando el año estaba por concluir, la diva del R&B más conocida de la comarca sorprendió a todos con un disco ídem a libro abierto, con una producción impecable y un enfoque personal que se desliza por las estructuras sonoras de indudable negritud.
22. Days Are Gone de Haim: el trio de hermanas de Los Ángeles debutan con la mira bien enfocada, construyendo un pop que distingue y combina influencias de las músicas negras y de algún espíritu ochentero, con Fleetwood Mac como figura tutelar; para recibir el sol californiano sin presión.
23. Cerulean Salt de Waxahatchee: en su segundo lance, la cantante de Filadelfia Katie Crutchfield conserva el espíritu punk, pero ahora lo envuelve en canciones más acabadas que acaban siendo de una franqueza desarmante, en particular cuando se acompaña de su guitarra acústica.
24. Innocence is Kinky de Jenny Hval: con una franqueza que se expresa en la apertura de ideas políticas, sexuales y vitales en general, esta joven noruega le pone fuego al hielo que la rodea con una voz que se acerca y toma distancia, apoyada en un maleable soporte electrónico.
25. Night Time, My Time de Sky Ferreira: influencias femeninas reconocibles en voz y actitud, transitando sobre un tapiz de electrónica sucia, mientras las guitarras juegan con cierta disonancia, como si se tratara de una salida nocturna pop en algún año perdido de los ochenta.
26. Avalanche de Quadron: el R&B encuentra frescura y progresión en el segundo opus de este dúo danés, integrado por Robin Hannibal y la vocalista Coco O. de registro amplio y limpia tesitura, alcanzando ampliar miradas que incluyen un caluroso soul y ciertos dejos folk.
27. Same Trailer Different Park de Kacey Musgraves: country-pop con historias propias de los jóvenes que andan en la tercera década de vida, narradas como si se hubieran vivido en carne propia con cuidada producción y precisa instrumentación.

Un recorrido por un par de géneros muy en boga y algunos de los debuts que más promesas desprendieron en quien esto escribe.

ELECTRÓNICA

1. Shaking the Habitual de The Knife: el cuarto disco de los hermanos de Estocolmo busca derroteros más allá de los explorados, tal como lo señala el título, en formas de abstracción que se concretizan en cortes motivadores para sacudirnos la zona de confort. Toda una aventura.
2. Virgins de Tim Hecker: nacido en Vancouver y desarrollado en Montreal, este músico-productor no deja de innovar, como se muestra en su séptimo álbum desplegado a partir de fuentes diversas que trascienden la electrónica pura para crear un collage de texturas hipnóticas.
3. Exai de Autechre: el dueto inglés vuelve a plantear un desafío a través de sus intrincadas estructuras digitales, tan desconcertantes como apasionantes, siempre y cuando uno acepte entrar a unas lógicas musicales tan distintas como atrayentes.
4. Immunity de Jon Hopkins: las reiteraciones y la contenida mezcla van haciendo mella en las orejas al fin rendidas con la presencia del patriarca Brian Eno; una obra que implica una evolución de una de las figuras clave de la escena electrónica de nuestros días.
5. R Plus Seven de Oneohtrix Point Never: el proyecto de Daniel Lopatin, originario de Brooklyn, nos remite de inmediato a la estética tecladista de tiempos pasados que se resisten al olvido, aderezada por efectos sonoros que le brindan un halo imperecedero.
6. Berberian Sound Studio de Broadcast: el quinto álbum de la banda inglesa nos provoca una inmersión en una película de horror setentera italiana, en la que de pronto nos convertimos en protagonistas involuntarios y de la cual, al parecer, no podemos escapar.
7. The Inheritors de James Holden: el de Essex sigue hacienda lo que le gusta, combinando una propuesta casi minimalista con acordes que se escapan hacia mundo más asequibles, tratando de encontrar las notas para que el escucha se involucre en un trance cómplice.

DEBUTS

1. Pure Heroin de Lorde: canciones que huelen al espíritu adolescente en tono contenido con instrumental electrónico de orientación melódica; la joven neozelandesa admite comparaciones pero se distingue pronto dada su habilidad para convertir sus obsesiones en piezas ensoñadoras.
2. Light Up Gold de Parquet Courts: desenfado, velocidad y mucha vitalidad nos regalan los de Brooklyn, como para recordarnos que el punk y el género llamado americana pueden tener un feliz maridaje.
3. Acid Rap de Chance the Rapper: el de Chicago se presenta con un álbum de extrema fluidez, integrando sabores jazzeros y del R&B a las rimas y recurriendo al acervo musical de su tierra para sorprender a extraños, como su rostro en la portada, y ser bien recibido por los propios.
4. The Bones of What You Believe de Chvrches: pop en estado puro armado con base en sintetizadores y una voz en femenino de adolescencias clavadas; el trío de Glasgow muestra una precoz capacidad para la melodía pegajosa, sin caer en simplismos.
5. Doris de Earl Sweatshirt: el rapero angelino de 19 años miembro del colectivo OFWGKTA realiza su primer largo con entre toques de horror y verbalizaciones de sólida sintaxis, soportadas por una estructura de beats que transitan de manera pausada.
6. Settle de Disclosure: estos hermanos británicos, a pesar de su juventud, nos ponen a bailar a pesar de nuestras resistencias con todo un tinglado de canciones que remiten a tiempos pasados cuidadosamente actualizados, como si el ambiente disco nunca se hubiera ido.
7. Big Inner de Matthew E White: como si de pronto nos llevaran a los años setenta, este cantautor no se conforma con el sonido soft estadounidense de aquellos años, sino bucea en ciertos ritmos tropicales para entregarnos un álbum de nostalgia absoluta.
8. Factory Floor de Factory Floor: como tarjeta de presentación, parece bastante clara en cuanto a sus intenciones musicales, sobre todo cuando combinan una tendencia dance con un discreto industrialismo robótico, siempre cautivante. La pista de baile es de quien la trabaja.

HIP-HOP

1. Yeezus de Kanye West: intrincando y pretencioso, político y sexual, arriesgado y absorbente; el hipopero más importante de la actualidad entra al terreno de la electrónica para samplear sin recato, gritar sin miedo, recitar sin respiro. El disco con más presencia en las listas de la crítica especializada.
2. Old de Danny Brown: este gran rimador de Detroit, de agudo sentido del humor, cronista social y sobreviviente del mundo de las drogas, entrega una obra de grandes alcances en todos sentidos, tanto musicales como letrísticos. Una aventura de la palabra en formato rapero.
3. Run the Jewels de Run the Jewels: el súper dueto integrado por El-P y Killer Mike entrega un disco que parece provenir de algún confín galáctico pero con la mira puesta en la crítica política y en la confección de poderosos cortes llenos de rimas implacables.
4. Born Sinner de J. Cole: el nacido en Alemania y criado en Carolina del Norte con la tutela musical de Jay-Z, entrega en su segundo disco una suerte de puesta en escena en la que comparte asuntos personales, que incluye a varios nombres conocidos, con una narrativa por completo explícita.
5. Nothing Was the Same de Drake: en su tercer disco, el de Toronto sigue navegando entre el R&B y el Hip-Hop de carácter intimista, ahora refiriendo a cuestiones familiares y relacionadas con la fama; la presencia del clan Wu-Tang se integra como influencia inevitable.
6. My Name is My Name de Pusha T: del Bronx para el mundo de asfalto, confirmando identidades y construyendo un nombre propio que se codea con una pléyade de ilustres invitados; mientras tanto, los sonidos electrónicos y la edición contundente hacen su parte.
7. Magna Carta… Holy Grail de Jay-Z: ya convertido en una institución del género, el también productor continúa con el pulso firme y el colmillo afilado para el sampleo, acá reflexionando sobre la pobreza y la riqueza con el aporte de Justin Timberlake, Timbaland y demás miembros del clan.
Para terminar con el recorrido de los discos del año (faltan los de jazz para una siguiente entrega), proponemos una lista de 60 discos que bien valen la pena escuchar, ya sea de nombres conocidos o de artistas que se desarrollan en los márgenes de las estaciones radiales y las disqueras conocidas. Ya sabemos que el reconocimiento puede ser un asunto circunstancial y que más allá de imágenes y famas, lo que al final queda es la música, independientemente de lo “comercial” o “alternativo” que se le considere.

INTENSIDADES

A partir de estructuras propias del metal en sus cada vez más amplias ramificaciones, del hard en sus vertientes y del punk clásico, se desprenden sonidos que nos remiten a parajes de incertidumbre con diferentes velocidades, ya sea con la lógica del vértigo o con la de una angustiosa, espesa y doliente parsimonia, que profundiza las sensaciones ahí donde la belleza es lo más oscuro: entre que no somos nada y que estamos llamados a la eternidad, a pesar de que en el cielo puede no escucharse nada o encontrarnos con alguna perla mística.

• Sunbather de Deafheaven
• Your Nothing de Iceage
• Honeys de Pissed Jeans
• No Answer : Lower Floors de Wolf Eyes
• Lesser Evil de Doldrums
• You Are Eternity de Dadub
• Sky Burial de Inter Arma
• The Blackest Beautiful de Letlive
• Pearl Mystic de Hookworms
• Altered State de Tesseract

OTROS DE ELECTRÓNICA

Aprovechando las posibilidades tecnológicas para potenciar sus talentos compositivos y de edición, le dan vida propia a los sonidos digitales combinándolos con episodios análogos para edificar, cual arquitectos auditivos, diversos complejos que entremezclan la riqueza de subgéneros que conforman el mundo de la electrónica. Viajes mentales que crecen hacia los alto o se sumergen en las raíces de un mundo mágico por cercano.

• Cupid´s Head de The Field
• Traditional Music of Notional Species Vol. I de Rashad Becker
• Psychic de Darkside
• Overgrown de James Blake
• Excavation de The Haxan Cloak
• We Are the 21st. Century Ambassadors of the Peace & Magic de Foxygen
• The Marriage of True Minds de Matmos
• Rival Dealer de Burial
• Krieg Un Friedden (Music for Theater) de Apparat
• Amygdala de DJ Koze
• Thriller de !!!

EN SOLITARIO

Ya sea que pertenezcan a un grupo reconocido o que hayan labrado su canto por su cuenta, colocan el sentimiento por delante para desplegar sus canciones en las estructuras de sus estilos, cual formas que les permiten explorar alternativas tanto letrísticas como musicales. Hay veteranos que apenas inician, jóvenes que parecieran tener gran experiencias y aventureros que han decidido lanzarse al campo sin mayor protección que su propio nombre y, desde luego, sus talentos artísticos.

• Wakin on a Pretty Daze de Kurt Vile
• Victim of Love de Brad Charles Bradley
• Monkey Mind in the Devil´s Time de Steve Mason
• A Wonder Working Stone de Alasdair Roberts & Friends
• Mark Kozelec & Desertshore de Mark Kozelec
• Southeastern de Jason Isbell
• Regions of Light and Sound of God de Jim James
• The Messenger de Johnny Marr
• My Garden State de Glenn Jones
• Division Street de Harper Simon
• The Beast In Its Tracks de Josh Ritter
• Mala de Devendra Banhart
• The Raven that Refuse to Sing and Another Stories de Steven Wilson

TRAYECTORIA EN CONSTRUCCIÓN

Grupos y solistas que debutaron este año o bien andan en su segundo o tercer lance discográfico, convirtiéndose en promesa sólida para los años que vienen. Vamos desde coros electrificados de R&B con yuxtaposiciones vocales, hasta cajas de ritmos y teclados que van abriendo camino a las notas llenas de frescura, pasando por sabores country, pop, psicodelia y rock en su expresión universal.

• Nomad de Bombino
• II de Unknown Mortal Orchestra
• Anything In Return de Toro y Moi
• Engravings de Forest Swords
• Haw de Hiss Golden Messengers
• MGMT de MGMT
• Sing To The Moon de Laura Mvula
• Long Island de Endless Boogie
• The Civil Wars de The Civil Wars
• Paracosm de Washed Out
• Big TV de White Lies
• Anxiety de Autre Ne Veut
• Hummingbird de Local Natives
• {Awayland} de Villagers
• Praxis Make Perfect de Neon Neon

CAMINO ANDADO

Ya con una trayectoria a cuestas, continúan proponiendo novedades para expresar sus propias transformaciones y sus permanentes procesos de actualización: desde grandes nombres hasta grupos que se han mantenido constantes, un poco de manera callada, dentro del circuito. Andan en su cuarto disco, por lo menos, o bien ya llevan varios años sonando sin descanso, aunque se reúnan por primera vez como grupo.

• Wise Up Ghost de Elvis Costello & The Roots
• Push the Sky Away de Nick Cave & The Bad Seeds
• B-Room de Dr.Dog
• Maggie and the Dandelion de The Avett Brothers
• Amok de Atoms For Peace
• Lousy with Sylvianbriar de Of Montreal
• The Marshall Mathers LP 2 de Eminem
• The 20/20 Experience de Justin Timberlake
• Paramore de Paramore
• An Object de No Age
• Specter At the Feast de Black Rebel Motorcycle Club

2103: EL CINE QUE VIMOS EN LEÓN

6 enero 2014

Durante el año que recién terminó, se proyectaron en la cartelera comercial de nuestra ciudad 217 películas con predominio de las producciones estadounidenses pero con una presencia inusual del cine hecho en México, desde los taquillazos comerciales hasta los filmes hechos con una mirada para proyectarse en los festivales internacionales; además, se exhibieron algunas películas de otras latitudes que alcanzaron la proyección en cine: muy pocas en contraste con la producción mundial.
El verano fílmico fue de los más flojos de los últimos años y nos quedamos esperando tanto el blockbuster como la cinta animada que generaran consenso acerca de su valoración. La diversidad de géneros fue una constante en la cartelera y la presencia de secuelas (la mayoría decepcionantes) y remakes (casi todos sin pena ni gloria), aunque se extrañó, como suele suceder desde hace algunos años, el estreno de varias películas que sí vieron la luz en otras ciudades del País, ya no digamos de otras naciones.
La tendencia de los grandes consorcios exhibidores sigue siendo buscar la taquilla, más que la diversidad de opciones, a pesar de que se abrieron nuevas salas de cine en la ciudad, establecidas en centros comerciales, que finalmente ofrecen lo mismo que las demás. Se mantuvieron algunos esfuerzos privados y municipales para el armado de ciclos diversos y por supuesto tuvimos el Festival de Cine de Guanajuato, ya consolidado como uno de los más importantes de México y que cumplió 15 años.
Se proyectó el 17º. Tour de Cine Francés, sólida propuesta que ya es una tradición, y la Muestra de Cine de la Cineteca Nacional, cada vez más relegada y a la que valdría la pena recibir en mejores condiciones para que fuera proyectada por alguna de las cadenas que amplían su presencia en la ciudad: sería una forma concreta de favorecer la cultura cinematográfica, más allá de únicamente estar haciendo cuentas de costos y beneficios.
A continuación, las treinta películas que más me gustaron y que se exhibieron en los cines de la ciudad entre el 1º. de enero y el 31 de diciembre del 2013. Más o menos, en el orden de mis muy subjetivas preferencias, omitiendo el título original cuando es igual que en español:

Amour 2

1. Amor (Amour) de Michael Heneke
2. Lincoln de Steven Spielberg
3. Un reino bajo la luna (Moonrise Kingdom) de Wes Anderson
4. The Master: Todo hombre necesita un guía de P.T. Anderson
5. El niño y el fugitivo (Mud) de Jeff Nichols
6. Jazmín Azul (Blue Jasmine) de Woody Allen
7. Antes de la medianoche (Before Midnight) Richard Linklater
8. Capitán Phillips (Captain Phillips) de Paul Greengrass
9. La reina infiel (En kongelig affære) de Nikolaj Arcel
10. Una niña maravillosa (Beasts of the Southern Wild) de Benh Zeitlin
11. Metal y hueso (De rouille et d’os) de Jacques Audiard
12. Los miserables (Les Misérables) de Tom Hooper
13. Heli de Amat Escalante
14. Post Tenebras Lux de Carlos Reygadas
15. La noche más oscura (Zero Dark Thirty) de Kathryn Bigelow
16. Anna Karenina de Joe Wright
17. El Hobbit: La desolación de Smaug (The Hobbit: The Desolation of Smaug) de Peter Jackson
18. Toda una vida (Another Year) de Mike Leigh
19. Lazos perversos (Stoker) de Chan-wook Park
20. Gravedad (Gravity) de Alfonso Cuarón
21. Camille Claudel de Bruno Dumont
22. El conjuro (The Conjuring) de James Wan
23. El mayordomo de la Casa Blanca (The Butler) de Lee Daniels
24. Star Trek: En la oscuridad (Star Trek Into the Darkness) de J. J. Abrams
25. Mujeres al poder (Potiche) de François Ozon
26. Monsters University de Dan Scanlon
27. Ladrones de la fama (The Bling Ring) de Sofia Coppola
28. Blancanieves de Pablo Berger
29. Django sin cadenas (Django Unchained) de Quentin Tarantino
30. Las ventajas de ser invisible (The Perks of Being a Wallflower) de Stephen Chbosky

Valieron también la pena: Siete psicópatas y un perro; Ruby, la chica de mis sueños; Los juegos del destino; En Trance; Los ilusionistas: Nada es lo que parece; Un viaje fantástico; Rush: Pasión y gloria; Elysium; Todo lo que necesitas es amor; Titanes del Pacífico; Terapia de riesgo; Spring Breakers: Viviendo al límite; Armadas y peligrosas y Un atrevido Don Juan.

Otras 28 películas que pudimos ver por video u otros medios (la Muestra de Cine incluida) que no habría que perderse:
• Tetro de Francis Ford Coppola
• Una luz en la oscuridad de Agnieszka Holland
• César debe morir de Paolo y Vittorio Taviani
• Marley de Kevin Macdonald
• Cosmópolis de David Cronenberg
• Paraíso: Fe de Ulrich Seidl
• El Romance y la Culpa de Shion Sono
• Holy Motors: Vidas extrañas de Leos Carax
• La Caza de Thomas Vinterberg
• Un amigo para Frank de Jake Schreier
• Buscando a Sugar Man de Malik Bendjelloul
• Juan of the Dead de Alejandro Brugués
• Le Havre: el puerto de la esperanza de Aki Kaurismäki
• Líbano de Samuel Maoz
• Arirang de Ki-duk Kim
• El lugar donde todo termina (The Place Beyond the Pines) de Derek Cianfrance
• Seis sesiones de sexo de Ben Lewin
• Comenzando de nuevo (Smashed) de James Ponsoldt
• To The Wonder: Deberás amar de Terrence Malick
• Encadenado de Jennifer Lynch
• Coriolanus: enemigos a muerte de Ralph Fiennes
• Atormentado (Take Shelter) de Jeff Nichols
• Conociendo a Flynn de Paul Weitz
• Amor y letras (Liberal Arts) de Josh Radnor
• Pérdida total (Wrecked) de Michael Greenspan
• El precio de la codicia (Margin Call) de J.C. Chandor
• Hombres de negocios (The Company Men) de John Wells
• Una familia muy normal (Mine vaganti) de Ferzan Özpetek

Que el 2014 esté lleno de buen cine.