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SALIR AL MUNDO

24 abril 2016

Un par de coproducciones en las que participan Canadá e Irlanda donde los personajes viven la experiencia de buscar insertarse en un contexto mucho más amplio que el que habían conocido hasta entonces. Ya sea por imposiciones externas o limitaciones propias, nos desplazamos por los territorios que conocemos hasta que se presenta una alternativa o bien decidimos ensanchar el margen de maniobra. Y las coincidencias también juegan.

Cual cajas de resonancias, un pueblo y una habitación parecían representar toda la realidad vital hasta que una serie de eventos abren los horizontes con las dificultades y posibilidades del caso, incluyendo la tentación de regresar a lo conocido, no necesariamente por ser mejor opción, sino por la necesidad de certidumbre. Queda la inquietud de saber qué sucederá con los personajes en un futuro, una vez que han tomado ciertas determinaciones sobre su pasado.

LA HABITACIÓN: EL ORIGEN

Dirigida con cercana sensibilidad por Lenny Abrahamson (Adam & Paul, 2004; Frank, 2014) a partir de un guion de Emma Donoghue basado en su propia novela, La habitación (Room, Irlanda-Canadá, 2015) es, por una parte, una mirada a la fortaleza de una mujer para sobrevivir en condiciones de extrema depresión, contando con la fuerte motivación de la maternidad como impulso primigenio y, por la otra, el durísimo proceso de adaptación a un entorno por completo desconocido, como si de otro planeta se tratara.

La primera parte del filme contrasta el infierno del secuestro que vive una joven a manosHabitación de un tipo peligrosamente común en la superficie, como el pedófilo retratado en Michael. Crónica de una obsesión (Schleinzer, 2011), con el luminoso vínculo que establece ella con su hijo, nacido en cautiverio y para quien todo el mundo se reduce a las cuatro paredes donde vive y los objetos a los que saluda cada mañana, incluyendo el día que cumple cinco años con pastel sin velas.

En tanto, la segunda mitad de la historia consigue transmitir las tonalidades agridulces que implica un pasado traumático y el esfuerzo para adaptarse y mantenerse a flote: como nunca, se requiere la fuerza del cabello de Sansón para querer seguir viviendo a pesar de la dificultad para enfrentar la necesaria despedida emocional. Realidades más allá de la televisión, como si de un jardinero sin suerte se tratara: mascota, amigo, cómplice, médico, abuelo ausente y abuela pendiente.

Para construir una interacción materno-filial creíble y emotiva, resultan esenciales las interpretaciones dela ganadora del Oscar Brie Larson, llena de matices dadas las situaciones que vive su personaje, y Jacob Tremblay, escenificando la capacidad de admiración y los temores de la infancia en forma natural. Joan Allen termina por redondear las notables actuaciones como la abuela y madre que entiende la necesidad de convertirse en la figura fuerte de la inédita situación.

La cámara combina diversas perspectivas y potencia la utilización del espacio narrativo con encuadres que anuncian los sucesos por venir (la cena en silencio, por ejemplo), sobre todo cuando se ubica al interior del cuarto: la mirada desde y hacia el clóset, el tragaluz como único contacto con un exterior celestial, opacado por una hoja podrida o el recorrido pausado por los diversos objetos, cual país de las maravillas cotidianas, contrapunteando con los desplazamientos nerviosos que la situación plantea y rompiendo la sincronía entre imagen y palabra.

BROOKLYN: EL DESTINO

Dirigida por John Crowley (Intermission, 2003; Boy A, 2007; ¿Hay alguien ahí?, 2008; Circuito cerrado, 2013) con atención en los detalles y centrada en la toma de decisiones de la protagonista y las racionalidades para llegar a ellas, Brooklyn (Irlanda-RU-Canadá, 2015) es un relato de crecimiento, reconocimiento y apertura en el que las circunstancias se van presentando explícitamente para dejar que sea la joven, con sus recursos, saberes y limitaciones, quien opte desde un omnipresente deber ser largamente inculcado que puede ponerse en duda.

Una inmigrante irlandesa llega al sitio del título tras aleccionadora travesía en barco en la década de los años cincuenta, cuando no había ideas absurdas relacionadas con muros y deportaciones masivas. Deja a su madre (Jane Brennan), a su querida hermana (Fiona Glascott) y su mejor amiga, además de un trabajo que no le gustaba bajo el mando de una grosera y metiche mujer. Sobre todo, deja una forma de ver la vida para intentar adaptarse a otras perspectivas.

BrooklynSaoirse Ronan interpreta con enjundia a Eilis Lacey, contagiando sus disyuntivas y asumiendo las inevitables transformaciones que implica dejar el nido, incluyendo la bifurcación romántica encarnada por un sencillo galán de origen italiano (Emory Cohen), de esas personas que tienen el encanto de la simpleza y por un agradable joven de su pueblo que le ofrece la posibilidad de sentirse en casa por el resto de sus días (Domhnall Gleeson).

Las actuaciones de soporte de los siempre entrañables Jim Broadbent y Julie Walters, además de las compañeras de casa de la recién llegada a tierras americanas y el hermano pequeño del novio, le brindan un necesario toque de humor, sobre todo considerando la formalidad de la puesta en escena, el score y la vistosidad del diseño de producción, dándose vuelo con las modas cincuenteras que reflejan también los cambios en los estados de ánimo de la protagonista.

El estupendo guion de Nick Hornby basado en la novela homónima de Colm Tóibín, que se deja leer en una sentada, permite acompañar a la protagonista en sus procesos decisorios, así como entender las formas de pensamiento y los contrastes entre ambos sitios separados por el Atlántico, sobre todo relacionados con un urbanismo creciente de multiculturalidad y un localismo de tradiciones arraigadas y únicas.: ahí está el emotivo canto en la cena para los viejos migrantes irlandeses que se han quedado en el vacío material y anímico, solo rescatados por la memoria musical.

 

 

17ª. EDICIÓN DEL VIVE LATINO

22 abril 2016

Algunos de los invitados para soltar amarras en la celebración de este encuentro musical para celebrarse el 23 y 24 de abril del 2016, como para no dejar de festejar a pesar de las noticias usualmente abrumadoras, en el mal sentido, a las que no nos debemos acostumbrar en este país.

PESADEZ CROMÁTICA

Metal con tintes de progresión melódica y postpunk con miras actualizadas es la propuesta del cuarteto Baroness, integrado al inicio con alineación clásica por John Baizley (guitarra/voz), Brian Blickle (guitarra), Summer Welch (bajo) y Allen Blickle (batería). Originarios de Virginia pero al fin conformados en Savannah, Georgia, se presentaron con algunos EP´s a manera de calentamiento antes de grabar The Red Album (2007), su primer largo en el que mostraban su potencial poderío y su inscripción a la tendencia metalera liderada por Mastodon.

Con la adhesión del guitarro Pete Adams en sustitución de Blicke, sacaron el consistente e intrincado Blue Record (2009), álbum con el que consiguieron mostrar de qué estaban hechos. Vendría Yellow & Green (2012), ambicioso disco doble de primarias aspiraciones, por aquello de los colores que le dan título. Tras sobrevivir a un terrible accidente automovilístico en el 2012 y con algunos cambios en su conformación, decidieron seguir adelante para concluir la gira de la que se desprendió el directo Live at Maida Vale (2013).

A manera de conjuro con el recuerdo del duro percance todavía fresco, grabaron Purple (2015) con el apoyo del productor Dave Fridmann, quien ha trabajado con Flaming Lips y Sleater-Kinney. La obra termina por ser una especie de energética y versátil celebración pletórica de pasajes hardroqueros bien alimentados por apuntes propios de otros géneros: las guitarras suenan cual imparable juego de espejos y la base rítmica busca la variedad de acuerdo a la intención de las piezas.

MONSTRUOS Y HOMBRES EN ARMONÍA

Desde Islandia nos visita un grupo de esos que transitan entre el éxito radial y el talento para enganchar a variado tipo de orejas, a partir de un pop espumoso con bien pensados momentos de emotividad y rítmica intrusiva rodeada de áurea étnica. Se trata de Of Monsters and Men, liderados por los cantantes y guitarristas Nanna Bryndís Hilmarsdóttir y Ragnar Þórhallsson, complementados por el guitarrista Brynjar Leifsson, el tecladista Árni Guðjónsson, el bajista Kristján Páll Kristjánsson y la batería de Arnar Rósenkranz Hilmarsson.

Con el efusivo y eficaz corte Little Talks, cual carta global de presentación, My Head Is an Animal (2011) significó el inmediato reconocimiento por parte de los grandes públicos. Pronto, como aprovechar la ola, apareció el EP Into the Woods (2012) y la fama estaba prematuramente cimentada, con todos los riesgos que ello implica. Manteniendo el nivel y expectativas generadas, entregaron Silhouettes para el soundtrack de Los juegos del hambre: en llamas (2013) y grabaron ya como quinteto Beneath the Skin (2015), en línea similar a su predecesor como si se tratara del reverso de la moneda de sus compatriotas de Sigur Rós.

EL SUR TAMBIÉN EXISTE

De Argentina se presenta Tototomás, alzando la mano para refrescar los vínculos entre el rock y el folk vitaminado con ritmos bailables que huelen a tradición latinoamericana y hasta con acentos discretamente punketos. El proyecto encabezado por el multiinstrumentista Tomás Agustín Casado debutó con el homónimo EP Tototomás (2012), al que le siguió el también corto Multifacético (2013); Jau Jau, (2014), su primer largo, los colocó en tono festivo dentro del panorama más allá del fin del mundo y con Bochorno (2016), se confirman como una alternativa a seguir en el panorama de la música popular en nuestro idioma.

Nacida en Santiago de Chile hace poco más de tres décadas, Camila Moreno ha ido ocupando un lugar en la escena de las cantautoras sudamericanas a partir de un folk de alcance contestatario y vibrantes vocalizaciones, como se advierte en su debut Almismotiempo (2009) y en Opmeitomsimla (2010), su opus 2. Las instrumentaciones se vinculan con la estética sajona sin abandonar las raíces, expresadas en el uso del charango. Con Panal (2012) y Mala madre (2015) la propuesta se orienta más hacia el dreampop con soportes electrónicos, conservando el estilo melódico de sus inicios.

DEL OTRO LADO DEL MAR

Dorian es un grupo barcelonés de indie pop que empezó a sonar con el disco 10.000 metrópolis (2004) bajo la batuta del compositor Marc Dorian, acompañado por el tecladista Belly Hernández, el bajo de Bart Sanz, la guitarra y los teclados de Lisandro Montes y el soporte percusivo de Víctor López. Su debut llamó la atención en el circuito virtual y el voz a voz se convirtió en un factor decisivo para que fueran trascendiendo hasta estos lares, lo que terminó por suceder con El futuro no es de nadie (2007) abanderado por el sencillo Cualquier otra parte, de alcance social.

El estilo sencillo y melódicamente directo continuó con La ciudad subterránea (2009) y con el poéticamente titulado La velocidad del vacío (2013), ya más pulidamente producido sin extraviar la naturalidad de sus predecesores. Diez años y un día (2015) celebra la década de existencia de la banda con versiones acústicas de sus canciones más representativas y un par de cortes inéditos que no desmerecen.

 

 

LA SOBREVIVENCIA DE LOS AMANTES

17 abril 2016

Parejas de todo tipo que buscan trascender las dificultades propias de los contextos en los que viven, transgrediendo normas o avanzando contra los prejuicios acumulados, acaso sabiendo de antemano que el amor no pertenece al ámbito de la felicidad, sino de la sobrevivencia. Disponibles en plataformas virtuales o en los establecimientos de costumbre, cada vez más escasos.

ROMANCE SOBRENATURAL

Dirigida por el férreo independentista Jim Jarmush, después de Flores rotas (2005) y Los límites del control (2009), Solo los amantes sobreviven (Alemania-RU-Francia-Grecia, 2013) plantea la dificultad para sostener la motivación vital a la que se enfrenta una culta pareja de vampiros, mientras van siendo testigos de la decadencia imparable desde siglos atrás, ahora evidenciada en una ciudad como Detroit, símbolo del postcapitalismo abandonado a su suerte y atrapado por la corrupción y la delincuencia, después de ser la vigorosa ciudad del automóvil. En contraste, ahí está Tánger como hábitat donde todavía se cree en el amor entre tonos amarillos de luz inocua.

En tono de lúgubre nostalgia, aderezado por diálogos que se bifurcan entre el apunte histórico-artístico y la justificada lamentación por las conductas humanas, seguimos a la viajera Eve y al músico anónimo Adam, nombrados así en tono fundacional, cuando se reúnen y les cae de sorpresa la hermana de ella, una adolescente pesadita (también a los vampiros les pasa) que rompe la estética dinámica entre pausada, amorosa y victimista de la pareja, cual amantes malditos asumiendo su condición de eternidad.

El casting es preciso y ahorrador de maquillaje: Tilda Swinton y Tom Hiddleston funcionanSolo los amantes sobreviven como los enamorados en las tinieblas, así como Mia Wasikowska en plan caprichudamente insoportable, Anton Yelchin como el dealer buena onda de guitarras y Jeffrey Wright de sangre, ambos representando los únicos contactos con el exterior para el protagonista. El gran John Hurt redondea el reparto de esta historia gótica posmoderna en la que parece ser claro que solamente hay una condición para la sobrevivencia.

ROMANCE OTOÑAL

Dirigida y coescrita por Ira Sachs (Infieles, 2007), El amor es extraño (Love is Strange, EU-Francia-Brasil-Grecia, 2014) plantea con empatía las dificultades a las que se enfrenta una pareja homosexual ya entrada en años, justo a partir de que deciden casarse después de dos décadas de relación, como si de una maldición se tratara: uno de ellos es despedido de su empleo como maestro y tendrán que dejar el departamento donde viven para refugiarse, por separado, en casas de amigos o vecinos, según el caso, cual muestra de cómo las clases medias se encuentran a la deriva en tiempos de turbulencias inmobiliarias.

A las dificultades de la pareja, interpretada con brillo natural por Alfred Molina y John Lithgow, se le suman las de los personajes que los rodean, en particular del matrimonio con el hijo adolescente, también en pleno proceso transicional, y de la pareja de policías rompiendo estereotipos. La capacidad de adaptación a las nuevas condiciones de vida según la dinámica de sus respectivos anfitriones se pone a prueba, y la distancia forzada de los ahora esposos coloca la perspectiva para la reflexión sobre los lazos construidos. Sutil y emotiva.

ROMANCE PROHIBIDO

Dirigida por Drake Doremus (Con locura, 2011), Pasión inocente (Breathe In, EU, 2013) es la crónica de una infidelidad anunciada en la que un agente externo se inserta en un sistema lleno de fisuras invisibles, en este caso, una joven estudiante de música que llega de intercambio a una familia integrada por los padres y una hija de la misma edad que la nueva inquilina. En apariencia, la cotidianidad marcha por rumbo definido, pero frente a la ruptura de la rutina los resultados pueden ser reveladores y devastadores al mismo tiempo, como para no poder aguantar la respiración.

Aunque previsible, el manejo de las situaciones y personajes va subiendo en tensión de manera creíble, en particular por el consistente andamiaje de situaciones y por las actuaciones de Guy Pearce, como el músico al fin insatisfecho entre la interpretación y la docencia; Amy Ryan como la esposa que lo sabe todo pero dice poco; Felicity Jones, con la sensibilidad estética a flor de piel (ahí está la pieza We Played Some Open Chords de A Winged Victory for the Sullen) y Mackenzie Davis, entre la sensación del desplazamiento y la valoración de la amistad. Cualmúsica propia del romanticismo, el desenlace se va precipitando hacia rumbos de intensidad combustible.

ROMANCE CONSAGUÍNEO

Dirigida por el escocés Kevin Macdonald (El último rey de Escocia, 2006; Los secretos del poder, 2009), Mi vida ahora (How I Live Now, RU, 2013) relata la incursión de una joven neoyorquina (Saoirse Ronan, obsesiva) que tiene que viajar a casa de su tía en la campiña inglesa, donde empezará a convivir con sus primos, primero de manera reticente por sus propias telarañas mentales, incluso parlantes, y después sintiéndose parte de una singular comuna familiar, al grado de enamorarse del mayor (Tom Holland, entregado), justo cuando estalla una guerra de la que no se sabe mucho.

Con elusiva cámara panorámica integrada a una fotografía intensa que se acompaña del emotivo score de Jon Hopkins, y con canciones articuladoreas de secuencias, el relato busca construir ciertos simbolismo como el del halcón para salir de la zona de confort y centrarse en el objetivo para fortalecer la inesperada y dura aventura de esta joven, asumiendo responsabilidades con la prima pequeña y después con los demás en un contexto de ausencia de la ley y de preceptos adultos, acaso para empezar a encontrar, donde menos se lo espera, el sentido de su vida.

 

ANIMALES ANIMADOS

10 abril 2016

Para entrar de lleno a la etapa vacacional de primavera, películas que consiguen resultar de interés para toda la familia, más allá de los convencionalismos en la estructura argumental, gracias a una animación vistosa que busca contrastar momentos narrativos, algunos destellos de humor y personajes que trascienden la caricatura bidimensional, incluso lanzando mensajes de contenido sociopolítico. Coincidentemente, en dos de ellas se deja escuchar la voz de J. K. Simmons, el ex rudísimo maestro de batería.

EL ARTE DE REGRESAR

En el galardonado y emotivo cortometraje animado Historia de un oso (Chile, 2014), con claras referencias a los abusos cometidos por la dictadura pinochetista, seguimos a un viejo que sale a presentar el relato, a través de su pequeño teatro con figuras de hojalata, de una familia de plantígrados separada por el circo, que se lleva al padre a punta de garrote junto con otros animales, para obligarlo a efectuar algunas suertes, dejando a la esposa e hijo solos.

Historia de un osoSegún se ha comentado, el corto se basa en la vivencia del abuelo del director Leopoldo Osorio, quien fue encarcelado tras el golpe de estado durante dos años. La entrañable historia, contada en dos planos narrativos con sendos estilos de animación, se despliega con sensibilidad sin necesidad de diálogos a partir de la conocida técnica del stop motion con apoyo de la 3D, remitiéndonos a esas tristes realidades de familias separadas por el abuso del poder, pero con la esperanza de la reunión.

EL ARTE DE ENSEÑAR

Kung Fu Panda 3 (EU, 2016) fue dirigida a cuatro manos con mezcla cultural: por el debutante en largometrajes Alessandro Carloni, reconocido colaborador italiano en el departamento de arte en diversas producciones –incluyendo las cintas previas del famoso panda- y codirector del corto The Shark and the Piano (2001), y por la sudcoreana Jennifer Yuh, responsable de Kung Fu Panda 2 (2011). El guion corrió por cuenta de la mancuerna formada por Jonathan Aibel y Glenn Berger, quienes además de haber escrito las dos primeras partes, han colaborado en Bob Esponja: Un héroe fuera del agua (2015) y Monstruos vs. Aliens (2009).

En esta tercera entrega, Po (Jack Black, ni mandado a hacer) debe asumir su papel como guerrero dragón para salvar al mundo de una especie de toro furibundo llamado Kai (J. K. Simmons, regresando al tono rudo) y liberado del más allá que gusta de apropiarse de la fuerza de quienes se le pongan enfrente, convirtiéndolos en fieles soldados de jade. El héroe conocerá sus orígenes “pandescos” al tiempo que libra una dura batalla contra sí mismo para asumirse como lo que se supone debe ser, de acuerdo a las enseñanzas de la vieja tortuga, ya instalada fuera de este mundo, aunque padeciendo pleitos eternos.

Pero para poder cumplir con su misión primero debe aprender a enseñar, una de las prácticas más importantes y complejas que se pueden desarrollar en la vida: para tal efecto contará con el apoyo de Shifu (Dustin Hoffman), de sus dos padres (Bryan Cranston y James Hong), sin ningún trauma o victimismo por tener dos papás del mismo sexo, aunque eso sí, de diferente especie, y de sus antiguos compañeros entre que son convertidos y la libran apenas.

Este armado argumental se sostiene, sobre todo, por el reencuentro con la bohemia comunidad panda, ciertos destellos de humor (esos puerquitos como testigos de la conversación entre padre e hijo), que se sobreponen a otros momentos menos logrados, y la forma de integrar a los nuevos personajes con los ya conocidos, como la tigresa y la pequeña panda y la relación que establecen los dos padres.

La diversificación de las secuencias animadas, según su función en la narración, le brinda al filme un notable atractivo: de un estilo oriental como si se tratara de dibujos en pergaminos, a un realismo animado cercano a los estudios Ghibli (en las tomas abiertas del paisaje) y de ahí a una estética que conecta con las películas anteriores, enfatizando la gestualidad y la distinción de cada uno de los animales, particularmente de los pandas. Editada con precisión para mantener los sentidos atentos, se trata de una sorprendente secuela de una saga que no parecía dar para más.

EL ARTE DE INVESTIGAR

Dirigida y escrita por Byron Howard (Bolt, 2008; Enredados, 2010) y Rich Moore (Ralph, 2012), apoyados por Jared Bush, Zootopia (EU, 2016) es una ingeniosa animalización caricaturizada de un thriller policiaco en el que una pareja-dispareja, integrada por una vehemente coneja con amplio sentido del deber recién llegada a la fuerza policiaca (Ginnifer Goodwin) y un zorro medio trácala (Jason Bateman), se enfrenta a un caso de grandes proporciones en la ciudad que da título al film, donde habitan más o menos en armonía mamíferos herbívoros y carnívoros.

Entre homenajes a varios filmes, notoriamente a El Padrino (Coppola, 1972), referencias a la cultura pop en general y una burbujeante animación que no escatima detalles, colorido y escenografías deslumbrantes, el filme se desliza con soltura tomando impulso a partir de algunos destellos de simpatía (los perezosos cual burócratas, los osos guaruras) y creativas ideas del guion que sabe atar cabos y aprovecharlos con naturalidad (la obra teatral infantil). Los roles sociales asumidos se asocian con ingenio a las características de los animales en cuestión, salvando los estereotipos.

Si bien los mensajes pueden parecer reiterativos, no por ello dejan de ser importantes, sobre todo en tiempos de radicalizaciones absurdas: la convivencia con los diferentes como fuente de crecimiento; la acotación de los riesgos del poder político cuando propone soluciones simplistas a problemas complejos y, ya en el plano más familiar, alentar las aspiraciones de los hijos a pesar de los propios prejuicios: una coneja puede salir del campo y enrolarse en las fuerzas de la ley para trabajar en la megalópolis, por más inverosímil que parezca.

Twitter: @cuecaz

COLDPLAY O LA CABEZA LLENA DE SUEÑOS POR CUMPLIRSE

3 abril 2016

Estar en el ojo del huracán mediático no es fácil. Ya hemos visto varias veces la historia del grupo que empieza a ser alabado por la crítica y el público para después ser abandonado por la primera y seguido por el segundo. Mantener un nivel creativo a tope tampoco es para cualquiera y las presiones que implican las altas ventas y las imposiciones de las empresas disqueras, suelen repercutir en el ámbito propiamente de la producción artística, ahora sujeta a otro tipo de vendavales.

Coldplay es el tipo de grupo que puede encandilar a las niñas bien, recibir la aprobación de tu mamá también y descubrir el rudo corazón de los valientes que usualmente optan por los decibeles y el canto gutural, aunque en ciertas circunstancias lo tengan que negar para no ser señalados como poperos, calificativo por completo difuso. Su fuerza radicó en el atinado énfasis melódico con fuerte carga emocional aún en sus canciones más desnudas y su capacidad para beber de la tradición del rock británico.

Primero como diversión y después tomándose demasiado en serio, empezaron a tocar juntos. Chris Martin (vocal, piano, guitarra), Will Champion (batería), el escocés Guy Berryman (bajo) y el galés Jon Buckland (guitarra) coincidieron como estudiantes en Londres a mediados de los noventa y para 1998, con tres canciones bajo el brazo, se dieron a conocer en un festival en Manchester. Se dice que el nombre de la banda, primero llamada Starfish, se debió a Tim Rice-Oxley, quien estaba ya enrolado con Keane.

El paso natural, tras la grabación de algunos EP´s de limitada difusión, fue la aparición de su primer largo, Parachutes (2000), álbum que pronto los impulsó directo al cielo con todo y la influencia temprana tanto de Echo and The Bunnymen como de Jeff Buckley, y la inclusión de Yellow, vuelto clásico instantáneo, así como de la sutil Trouble. Las comparaciones con Radiohead –se llegó a decir que era la versión light de la banda comandada por Thom Yorke- y con U2, en cuanto a estilo y pretensiones, llegaron de inmediato: es uno de los riesgos de empezar a entrar en el mundo raro de la fama mediática.

CON LA SANGRE EN LA CABEZA

Mientras que para muchas bandas el segundo álbum representa una prueba no superada, para Coldplay significó el encumbramiento total: con la melancolía cargada de falsetes en la voz, el piano onírico, la guitarra melódica y una eficiente base rítmica persiguiendo la emoción, llegó A Rush Of Blood To the Head (2002), que arranca con la energía cambiante de Politik para continuar con el primer sencillo, la romántica para algunos y cursi para otros In My Place, pronta invasora de las estaciones radiales.

Así, con ciertos apuntes épicos y piezas de alto nivel evocativo como The Scientist y Clocks, se trató del disco del año para varias publicaciones especializadas. La negativa para que se usaran sus canciones en anuncios comerciales, la participación en grandes conciertos benéficos, el apoyo para Amnistía Internacional y la campaña de Comercio justo, así como sus elusivas presentaciones en vivo, empezaban a fortalecer el estorboso epítome de “la banda más grande del mundo”, a lo que se sumaba la presencia de la prensa del corazón siguiendo la relación del líder con la estrella hollywoodense Gwyneth Paltrow, hoy finiquitada.

Pero la fama es un animal traicionero. Las presiones para la aparición de la tercera entrega y la carga sobre los hombros del cuarteto, parece que hicieron mella en el resultado. En efecto, X & Y (2005) es un trabajo consistente, percibido sobre todo a la segunda o tercera escucha, pero no alcanzó las expectativas generadas por su predecesor. No faltan canciones contundentes como Square One, Speed of Sound y Talk o baladas sensibles como la espléndida Fix You, pero sí mayor nervio o acaso convencimiento, sobre todo en la parte intermedia de la obra.

De la mano de Brian Eno, esa mente maestra de aliento explorador, grabaron Viva la Vida or Death and All His Friends (2008) con cierta cuota de riesgo, incluyendo apuntes a la cultura latina –francesa, española y mexicana- que terminó por funcionar gracias, en buena medida, a la habilidad para extraer la esencia de la banda y potenciarla por parte del gurú del ambient: además de la canción titular, una de las más escuchadas de los años recientes, se encuentran piezas de acabada manufactura que coquetean con el art rock.

Cuando se esperaba que dieran el gran salto para su quinto disco y asumir el rol de la banda más grande del mundo, parecieron renunciar a las expectativas y empezar a convertirse en un grupo más de rockpop capaz de seguir llenando estadios pero ya sin colocarse en la punta de la lanza, optando por cierta obviedad letrística y jugando en cancha segura. La dependencia hacia el estado de ánimo de su líder se acentuaría y un cierto empantamiento evolutivo pareciera seguir afectando para conseguir la ansiada obra maestra que se anunciaba tras sus primeros discos.

FANTASMAS EN LA CABEZA

COLDPLAY 2016Vinieron Mylo Xyloto (2011), con algunos destellos de la brillantez anterior, aunque sin alcanzar la consistencia necesaria a lo largo de todos los tracks; Ghost Stories (20014), atravesado por la ruptura matrimonial de Martin y que se quedó lejos de otros discos producto de este tipo de separaciones, como las obras maestras Here, My Dear de Marvin Gaye, Blood On the Tracks de Dylan y Rumours de Fleetwood Mac, además de Sea Change de Beck, For Emma, Forever Ago de Bon Iver y Vunicura de Björk, por mencionar algunos notables ejemplos recientes.

Después de la depre, nada mejor que un tono celebratorio, aunque no suene muy convincente; así apareció muy pronto el efusivo A Head Full of Dreams (2015), al que se le tundió más de la cuenta no obstante que incluye dos o tres cortes a la altura de las circunstancias, sobre todo porque hoy es cool criticarlos negativamente: cierto es que se lo han ganado, en parte, pero se ha exagerado al grito de “necesitamos leña y ahí tenemos un árbol caído”. Hasta su presencia en el Súper Bowl provocó que se dudara de su capacidad para, ellos solos, llenar el espectáculo de medio tiempo.

Hace algunos años, Chris Martin declaraba que “la única alternativa es intentar llevar nuestro trabajo lo más lejos posible… entiendo que todo eso de la fama y la fortuna es una mentira, y grabar discos sólo con ese fin no nos haría felices… me da igual ser grande o famoso. Lo que de verdad importa es plantar cara y pelear por estar ahí.” (Entrevista de Miranda Sawyer, Rockdelux 231, julio-agosto, 2005). Ahora dijo, con poca fortuna, que “vamos a hacer nuestras cosas; si no te gustan, no me importa, juega Play Station” (Entrevista de Josh Eells, Rolling Stone 1255, febrero 25, 2016).

Quizá es lo que siguen haciendo y nuestras expectativas son las que están equivocadas. Yo no tengo Play Station y en general me gusta Coldplay.

Twitter: @cuecaz