Archive for 27 marzo 2012

INDIE-O FEST 2012

27 marzo 2012

Regresa este sugerente festival para posarse en nuestras orejas el sábado 7 de abril: una buena forma de aprovechar la vacación y salir disparado al visitable DF, ahora que los nativos dejaron calles y cielo semivacíos, aunque no se note mucho. Veamos.

CHICAS SUPERPODEROSAS
Wild Flag, en cuyo nombre lleva el homenaje al punk, hizo su presentación con disco homónimo en el 2011: intensidad femenina puesta al servicio de cortes directos de apariencia y fondo roquero, donde todas cantan –unas más que otras-, mientras un par de guitarras, teclados de soporte y una propositiva batería le ponen sensibilidad e intensidad al asunto por partes iguales. Ellas aman el sonido cual carta de amor (Romance) y exigen que se tomen riesgos con vitalidad envolvente (Racehorse), no sin dejar constancia de su tono inquisitivo (Black Tiles).
Integrado en Portland a manera de supergrupo por las Sleater-Kinney Carrie Brownstein y Janet Weiss y por Rebecca Cole (Minders) y Mary Timony (Helium), recordando a la añeja escuela de las rrriot girls (The Slits), mantienen la energía aunque se le añaden creativas estrategias armónicas de marcado contraste (Glass Tambourine, Future Crimes), pausas liberadoras (Something Came Over Me) y elusivos arranques de vocalizaciones rebeldes de falsetes catárticos (Boom, Short Version); el teclado toma el control por momentos (Endless Talk) o bien la batería (Electric Band), según convenga a los propósitos de la pieza.

DOS PARTES DE SONIC YOUTH
Colaborador de diversos proyectos artísticos alternos, además de ser pieza clave del mítico grupo referido, Thurstone Moore se ha dado tiempo para aventurarse en solitario, tanto en el terreno experimental como en el formato de canciones: ahí están el brillante Psychic Hearts (95), las odas a la improvisación tituladas Klangfarbenmelodie… And the Colorist Strikes Primitiv (95) y Three Incredible Ideas (01) o el redondo Trees Outisde the Academy (07), como ejemplos contundentes de un músico que parece reacio a la quietud estilística. Ahora, con producción de Beck y en tono de trovador reflexivo, guitarra en mano y juegos de cuerdas contextuales, Thurston Moore entregó el evocativo Demolished Thoughts (11), uno de los discos clave del año, con una poética que revisita temáticas religiosas, mundanas y todo lo que quepa en medio.
Por su parte Lee Ranaldo ha estado también muy movidito dentro del escenario de la vanguardia neoyorquina, ya sea con su grupo alterno The Fluks (chéquese el guiño dadaísta), como poeta, productor y como solista, tal como se deja escuchar en From Here to Infinity (87), seguido de Scriptures of the Golden Eternity (95) que captura lances en vivo con alta dosis de sustentada improvisación y de Amarillo Ramp (For Robert Smithson) (97), en honor a la gran escultura de tierra realizada por el artista en 1973. Visitando los terreno del free jazz junto a William Hooker, grabó el absorbente Oasis of Whispers (05) y tras otros trabajos de exploración sonora, viene con Between the Times and Tides (12) bajo el brazo.

BAJA FIDELIDAD, SABOR CASERO
Kurt Vile y su banda The Violators debutó en solitario con Constant Hitmaker (08), después de conformar el dueto War on Drugs, conocido por el largo Wagonwheel Blues (08). Con aroma de hogar y reducida fidelidad pero mucha sazón, el de Filadelia empezó a sonar fuerte en los ambientes de los trovadores generados en las salas de sus hogares. Tras un minidisco titulado God is Saying This To You? (09), grabó los dos álbumes que le darían el reconocimiento merecido: el consistente Childish Prodigy (09) y, sobre todo, el grandioso Smoke Ring for My Halo (11) rico en texturas y colores, con una escritura más acabada que viaja de un cierto cinismo a un pesimismo narcótico y una guitarra convencida de arropar a esa vocal por momentos recordando a Lou Reed.
Mientras tanto, la propuesta del de Idaho Trevor Power, conocida como Youth Lagoon, tomó forma definitiva con The Year of Hibernation (11), uno de los debuts clave del año enmarcado en un pop que pretende capturar ambientes caseros, antes que la precisión sonora: fragilidad ensoñadora, angustia contenida y una ligera dosis de sicodelia al tiempo que nos dejamos llevar por un arcoiris en cuyo final será difícil encontrar la olla con las monedas de oro, pero sí al menos un poco de refugio emocional.
Por su parte, City and Colour es el proyecto desenchufado de Dallas Green, líder de la banda canadiense hardcore Alexisonfire, en el que explora terrenos más cercanos al rock alternativo de cantautor. Después del EP The Death of Me (04), apareció su primer largo, titulado Sometimes (05), al que le seguiría un álbum en vivo y el sólido Bring Me Your Love (08). Para su participación en el festival, trae un reciente as bajo la manga: Little Hell (11), como para recordarnos que uno se va creando sus íntimos y muy personales infiernos.

Anuncios

CUMBRE TAJÍN 2012: UNA MIRADA FEMENINA

20 marzo 2012

Dentro del cartel musical que integra el festival desarrollado al norte de Veracruz, cuna de la cultura totonaca, destacan dos mujeres de diversa propuesta, naturaleza y época, atravesando momentos clave en sus respectivas trayectorias y enfatizando la manera en que, a través de su música, entienden y trascienden el mundo conocido y, por supuesto, los que nos quedan por conocer en esta fiesta de espiritualidad, sincretismo e historia viva.

BJÖRK: UN CANTO A LA VIDA
En su octavo disco como solista, la artista islandesa ahora con abundante cabello rojizo, se lanzó a los confines de la existencia misma para crear una obra compleja creada con la ayuda de un I-Pad, en la que un arpa –en la línea de PJ Harvey y Joanna Newsom- y una serie de aplicaciones informáticas, se funden con instrumentos creados ex profeso para que de manera imbricada puedan constituirse como una entidad viva llena de sonidos, colores, imágenes en movimiento, juegos interactivos y palabras escapadas de la inconfundible voz de la exlíder de los Sugarcubes: la tecnología digital se da la mano con la naturaleza primigenia apuntando a un futuro que parece mirar hacia pirámides ancestrales.
Moon abre el disco a partir de la sabiduría del arpa y la vocal principal, acompañada por desdoblamientos a manera de ecos ausentes que anuncian la posibilidad de rejuvenecimiento, en particular para reforzar el gen predominante del enamoramiento, puesto al descubierto en la milagrosa Thunder Bolt, sustentada en limpias programaciones y beats que parecen buscar su propia composición química, incluso extendiéndose a Crystaline, espacio donde el amor se encuentra en las nebulosas, las piedras crecientes y el centro de la Tierra: “conquisté la claustrofobia y demando la luz”.
Con esta perspectiva sistémica, el álbum continúa cual viaje sideral, con la hermosa Cosmogony: un viaje lleno de placidez por ciertos parajes de eternidad celestial, ahí donde los cuerpos se esfuman. De pronto, cierto dejo de angustia y silenciosa preocupación se despliega en Dark Matter, aún reverberando en Hollow, composición enclavada en el avant garde que en efecto nos conduce por un profundo hueco en el que caben ancestros portadores de DNA, cual collar eterno. Virus funciona en clave metafórica para explicar las necesidades mutuas que se generan en los nexos vitales, con campanillas resonando por allá y por acá, mientras que Sacrifice se delinea en tono de mayor gravedad con rupturas percusivas de alto contenido digital: ya es momento de entender todo lo que ella ha hecho por nosotros
Para sellar la propuesta de completa concepción ecológica, Mutual Core nos coloca de frente a las placas tectónicas y Solstice nos recuerda que el corazón y la tierra soplan de la misma manera: la voz de la pequeña duendecilla islandesa, vuelta maestra del universo, se integra a los ataques electrónicos de subida intensidad. Tras un par de versiones de cortes anteriores, ampliándolos o incorporando un ceremonial órgano, la obra cierra con la envolvente Náttúra y la participación de Thom Yorke en los coros. Esta sorprendente obra es una confirmación del interés de Björk en vincular las emociones humanas con el entorno físico, científico, tecnológico y espiritual.

SINÉAD O´CONNOR: PROTESTA HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS
Con Lion on the Cobra (87) y el estupendo I Do Not Want What I Have Got (90), transformó la imagen de la vocalista femenina: se mantenía la fragilidad y la sensibilidad pero combinada con una fiereza al natural, sin artificios ni poses forzadas de mujer fatal. Una actitud genuinamente punk entremezclada con una estética pop que tomó a todos por sorpresa, en particular por la energía de una voz siempre al borde de la quiebra emocional. La originaria de Dublín se volvería de pronto demasiado famosa y se empezaría a hablar más de sus declaraciones políticamente incorrectas que de sus discos.
Después de grabar Am I Not Your Girl? (92), álbum de versiones, vendría el episodio en el que rompió una foto del Papa Juan Pablo II en un programa televisivo en vivo y el abucheo cuando se presentó en un homenaje a Bob Dylan. Quizá se equivocó en la forma pero no en el fondo: los casos de pederastia cometidos por algunos sacerdotes católicos, no solo irlandeses, explotaron en las manos algunos años después para constituirse en el escándalo más vergonzoso de los últimos años en el seno de la Iglesia católica.
La fuerte inestabilidad emocional que la ha acompañado durante todos estos años, intentos de suicidio incluidos, no fue obstáculo para que siguiera grabando obras como Universal Mother (94), The Gospel Oak EP (97), el intenso Faith and Courage (00) y Sean-Nós Nua (02), enclavado en el folk irlandés. Tras un álbum doble de rarezas y versiones anunciado como capítulo final, apareció el reggaesiano Throw Down Your Arms (07), seguido de Theology (09) cual juego de espejos y del sólido How About I Be Me (And You Be You) (12), mostrándola aún con talento por compartir.

DRIVE: ANONIMATO TRAS EL VOLANTE

13 marzo 2012

No sabemos su nombre. Lleva una chamarra plateada con un simbólico escorpión dorado prendido de la espalda, como anunciando su irreprochable e inevitable naturaleza. Amplio lente oscuro, martillo a la mano (Cinco días para vengarse, Park 03), guantes de cuero y palillo en boca, habla lo menos posible y su gesto no cambia cual máscara inexpresiva, excepto cuando suelta una diminuta sonrisa frente al niño, cuya madre también es capaz de arrancarle una mirada de discreta ternura. Apareció de la nada y suele mantener la calma, excepto, como los alacranes, cuando es momento de cazar o de ser cazado. No hay motivaciones claras a simple vista, ni antecedentes ni proyección: puro presente, duro y seco.
Stunt vehicular durante el día para las escenas de persecuciones, mecánico a ratos y chofer de atracos por la noche: su espacio es el automóvil, cual emblema de una modernidad extraviada en Los Ángeles, urbe atemporal configurada a partir de arterias nerviosas, luminosas e inabarcables. Como si se tratara de una combinación entre un personaje jarmuschiano al estilo de Ghost Dog: El camino del samurai (99) o Los límites del control (09), y scorsesiano como el conductor de Taxi Driver (76), nuestro anónimo antihéroe se desliza con discreción por los pasillos de su edificio, las autopistas silenciosas y los lugares públicos, fundiéndose con las masas para convertirse en cualquiera, en nadie.
Basada en la novela criminal de James Sallis y dirigida con agresión contenida, pero explotando de pronto por Nicolas Winding Refn (trilogía Pusher, 96, 04, 05; Bleeder, 99; Fear X, 03; Bronson, 08; Valhalla Raising, 09, disponible en video) cuarentón realizador danés que debuta fuerte en Hollywood ya con la Palma de Oro de Cannes, Drive, el escape (EU, 11) es una mirada al bajo mundo angelino desde la perspectiva de un imperturbable conductor al margen de la Ley, de pronto envuelto en una situación de alto riesgo en el que se vinculan su empleador (Bryan Cranston de Breaking Bad), la vecina (Carey Mulligan, frágil) y su pequeño hijo, el padre/esposo recién salido de la cárcel y un par de vulgares mafiosos que no se andan con cuentos al momento de reclamar lo suyo, ajenos a cualquier imagen glamorosa o sofisticada.
Indefinida en la época en la que transcurre –puede ser de ayer o de hace cuarenta años-, la cinta va creciendo paulatinamente en intensidad, conforme se van develando los pocos sucesos que la integran: más bien se trata de un film de procesos, en los que interesa más la forma en que se van constituyendo las relaciones que la manera en que desembocan. La idea de tránsito es permanente: una cámara que se desplaza al ritmo de la secuencia, con la parsimonia necesaria pero también acelerando el ritmo cuando la secuencia así lo requiere, en particular para contrastar la tranquilidad del protagónico con sus explosiones de sobrevivencia y acechanza, en el sentido de Colateral (Mann, 04) y de El ocaso de un asesino (Corbijn, 10).
El ritmo narrativo nos permite zambullirnos de lleno con los personajes para instalarnos en la acción como tal para que ésta resulta significativa: de alguna manera ya hemos tomado partido y nos empieza a importar lo que les va a suceder a los personajes, cuya construcción termina por ser la clave dramática del film. La perspectiva se integra a través de la visión desde el interior del automóvil, en forma más panorámica como sobrevolando la gigantesca urbe lynchiana o bien en los espacios cerrados: particularmente el pasillo del edificio y, desde luego, el elevador dorado cual transporte a la salvación.
La edición articula la narración para equilibrar tanto los sucesos de impacto como para comprender motivaciones y reacciones de los personajes, por momentos rompiendo la sincronía entre los diálogos y la imagen o bien acompañando éstas ya sea con la música retroelectrónica de Cliff Martinez (habitual de Soderbergh) o bien un tenso silencio, en el que casi se pueden escuchar los pensamientos de quien va detrás del volante, a quien seguramente no le gusta recibir indicaciones de cómo manejar. Entre texturas de neón, se despliega una paleta de colores deslavada que de pronto adquiere una viveza disruptiva, con tonalidades de fuerte impacto para la pupila.
Clasificada dentro del cine neo-noir de cuarta generación conocida como la de los regeneradores (Sergio González Rodríguez, Reforma, 29/01/12) e injustamente olvidada por el Oscar, la cinta puede reanimar, dentro de las tendencias de los grandes estudios, este tipo de historias más centradas en los personajes que en la acción por sí misma, sin abandonarla, cargadas de ambigüedad y de posibilidades para que los espectadores participemos en su reconstrucción: es posible si se cuenta, además, con grandes actuaciones como la Ryan Gosling, Ron Perlman y Albert Brooks, en memorables duelos comunicativos: verbales, no verbales y, sobre todo, físicamente salvajes.

LAS PRINCESAS SON DE MARTE Y LOS HOMBRES DE LA TIERRA

6 marzo 2012

Si el amor es tan fuerte como para dejar todo lo que uno conoce y lanzarse a su reencuentro en otro planeta o, faltaba más, volver a intentarlo a pesar de tragedias pasadas, entonces pareciera que las fuerzas impulsoras para los grandes cambios en la vida se sustentan en esta particular combinación de sentimiento, pasión, voluntad, necedad y decisión: grandes batallas a las que uno le termina por dedicar buena parte de su vida, con resultados inciertos.
Extraña mezcla de ciencia ficción a la antigua, melodrama bélico y cine de aventuras, John Carter: entre dos mundos (EU, 12) es un blockbuster arriesgado, a pesar de contar con todo el apoyo de la casa Disney (o quizá por eso), un director de trayectoria impecable y una campaña lo suficientemente notoria como para llamar la atención del respetable infantil y juvenil, aunque los mayores se pudieran también sentir atraídos por el material literario en el que se basa: el primer texto de la serie de Barsoom escrita por Edgar Rice Burroughs, mejor conocido por ser el creador del clásico Tarzán de los monos, escrito hace un siglo y en el que él mismo se asume como personaje cuyo aventurero tío le pone en bandeja la fantástica historia.
Dirigida por Andrew Stanton, director clave del mundo de animación de Pixar y con el antecedente de haber realizado la enorme Wall-E (08), la cinta sobre el anti-héroe que termina viajando de la Tierra a Marte primero por razones ajenas a su voluntad y después por amor y nada más, ya había sido objeto de esfuerzos para ser llevado a la pantalla: al parecer se trataba de una de esas historias, tipo Dunas (84), en las que hasta el más pintado tiene el riesgo de patinar, aunque no de resbalar (recordar a David Lynch).
En efecto, el resultado de la apuesta de Stanton navega entre el convencionalismo disneyano y ciertos apuntes de tono más pulp alternativo que permiten ver la mano de su realizador, sobre todo en la capacidad para mantener el ritmo narrativo y en la construcción de secuencias que apuntan hacia diferentes intencionalidades, con todo y fotografía hiperrealista y música a tono: de lo épico a lo cómico; de lo romántico a la acción; de la tensión al suspenso: sin llegar al nivel de su trayectoria, el director de Bichos (98) y Buscando a Nemo (03) asumió el riesgo para al final caer de pie.
Inevitablemente comparada con El príncipe de Persia: las arenas del tiempo (Newell, 10), la cinta se apoya en un argumento mil veces visto: dos ejércitos en pugna, una princesa rebelde cual moneda de cambio, un tirano con mucho poder, un pueblo tercero en discordia que juega al mejor postor y la aparición de un inesperado héroe, de buscador de oro a líder de la rebelión, que no quería serlo pero que termina asumiendo el rol por aquello que llaman amor.
Pero aunados a esta estructura básica, aparecen elementos distintivos que terminan por ser los más atractivos dentro del inevitable tono de matiné: viaje interplanetario a manera de juego de espejos, la malicia de los mensajeros de una diosa invisible y omnipotente y algunas subtramas que permiten alcanzar a apreciar a algunos personajes, sobre todo los que no pertenecen a nuestra especie, como la hija desobediente (Samantha Morton) y el infaltable perro envuelto en piel de sapo.
La estética visual por momentos recordando a Star Wars, se despliega a partir de escenografías que rayan en monumentos kitsch, naves translúcidas y vestuarios a manera de una especie de imperio romano perdido en el cosmos con todo y coliseo cual escenario de luchas entre primates; así, a medio camino de un primitivismo salvaje –acribillamiento de los huevos- y una modernidad no del todo entendida, se dan las luchas de poder tal como sucedía en la Guerra Civil, de donde provenía el hombre conocido primero como Virginia.
Interpretado bajo la sombra de Johnny Deep por Taylor Kitsch, el protagonista que da título al filme ha conocido el dolor, sin duda; pero también la ambición y el cinismo, aunque en esta versión se aproveche este rasgo para insertar ciertas secuencias de humor. La princesa (Lynn Collins) transita entre cierta sensualidad negada –por ella misma y por el tono impuesto en la película- y su vocación más bien científica, como una especie de Hipatia marciana. Mark Strong, Thomas Haden Church, Dominic West (el ambiguo detective de la estupenda The Wire), Willem Dafoe y Ciarán Hinds, complementan un competente reparto, ya sea como seres humanos o como reptiles cornudos de múltpiles extremidades.
p.d. Sonido y visión cumple dos años de publicarse un par de veces a la semana en Milenio León. Un fuerte agradecimiento a quienes lo hacen posible y desde luego a los lectores, siempre dándole sentido a lo que uno hace.

FESTIVAL 72810 Y OTRAS CELEBRACIONES SONORAS

4 marzo 2012

Ahora que León está en pleno ascenso como sede para el turismo de negocios, no estaría nada mal que pudiéramos empezar a explorar otras vetas de atracción, particularmente la de los encuentros masivos de música, como lo han estado haciendo algunas ciudades, entre las que se encuentran Papantla, Toluca y ahora Cholula, Puebla, en donde se va a llevar a cabo el Festival 72810. Demos un vistazo a algunos de los músicos que se presentan y quien quita, nos animemos a lanzarnos para allá, ahora aprovechando las nuevas vialidades.

HIP-HOP: COSECHA DE ORIGEN
Public Enemy está en el altar rapero desde hace 30 años: es una de las bandas que han contribuido de manera decisiva para que el género se haya convertido en un hito no solo musical, sino cultural. Si bien el Hip-Hop ya tenía algunos años de estar circulando por las calles, fue con It Takes A Nation of Millions To Hold Us Back (88) que se consolidó como una manifestación socioartística de primera fila. Chuck D, Flavor Flaw, Terminator X y Professor Griff, quienes ya se habían presentado con el innovador Yo! Bum Rush the Show (87), firmaron uno de los discos más importantes de la música popular del siglo XX, cargado de política como campo de conflicto, crítica apuntando para todas partes y una estética asentada desde la misma producción y ensamblaje de las piezas, discurriendo como programa radial de ingeniosas rimas.
Como consecuencia natural, pronto apareció Fear of a Black Planet (90), otro clásico que siguió sentando las bases de lo que sería la explosión hipopera de los 90´s: la comunidad afroestadounidense tenía otra voz de fluidez y precisión notables, como se siguió escuchando en Apocalypse 91… The Enemy Strikes Back (91). Para cerrar el siglo, grabaron Muse Sick-N- Hour Mess Age (94), He Got Name (98) que fungió como soundtrack para la película de Spike Lee, y There´s a Poison Goin’ On (99), volteando la mirada hacia sus inicios. En el nuevo milenio han sido autorreferenciales pero no repetitivos: abrieron fuego con Revolverlution (02), y New Whirl Odor (95), quizá acusando cierto estancamiento, rápidamente zanjado con Beats and Places (05), Rebirth of a Nation (06) y con el cuestionador How You Sell Soul to a Soulles People Who Sold Their Soul? (07): juego de palabras que inquiere sobre la honestidad.

INDIE PARA TODOS
Con nombre prestado de un cuento de Virginia Wolf para referirse a la clase trabajadora color de ratón y cultivadores del auténtico movimiento alternativo con una propuesta abierta a diversas tendencias, que van del country al punk y de ahí al indie, Modest Mouse se formó en 1993 por Isaac Brock (guitarra), Jeremiah Green (batería) y Eric Judy (bajo). Debutaron con el EP Blue Cadet-3, Do You Connect? (94), al que le siguió la grabación de Sad Sappy Sucker, editado hasta el 2001.
Tras estos primeros apuntes, se destaparon con el doble This Is a Long Drive For Someone With Nothing To Think About (96), en el que la ironía se consolidaba como elemento característico del grupo. Con su siguiente largo, The Lonesome Crowded West (97), consiguieron firmar uno de los trabajos clave del movimiento alternativo de la década de los noventa: rico en matices y con lírica arriesgada, el trío más sus invitados atrajeron la atención de circuitos siempre atentos a las propuestas ajenas a modas y buscadoras de ventas.
The Moon & Antartica (00) confirmaba las expectativas y abría la puerta al rompedor Good News For People Who Love Bad News (04), con el que la rendición fue total en parte gracias a Float On y Ocean Breathes Salty, sencillos que nos atrajeron al resto de su obra: se trató de uno de los discos esenciales de aquel año que terminó por convencer a un público más amplio, no porque se hubiera cedido en la apuesta letrística y musical, sino porque el tiempo, lo sabemos, siempre tiene la razón, aunque a veces se tarde un poco. El trío tiene un espacio en el saturado universo sonoro de la independencia, hábitat al que ahora muchos quieren pertenecer, a pesar de su propia naturaleza. Pero lo genuino se nota más temprano que tarde, tal como se advierte en We Were Dead Befor the Ship Even Sank (07) y el EP No One’s First and You´re Next (09).

OTRAS VISITAS DE ORIGEN ELECTRÓNICO
Junior Boys nos hace los honores para presentar su revelador It´s All True (11), tecnopop de intrincadas texturas que ya habían desplegado desde los espléndidos Last Exit (04), So This is Goodbye (04) y Body Language, Vol. 6 (08); por su parte, Apparat hace lo propio con Devil´s Walk (11), uno de los discos que más disfruté del año pasado por su consistente fragilidad y ensoñación arriesgada, ya explorada en obras como Duplex (03), Walls (07) y DJ Kicks (10).

EL ARTISTA: SONIDO Y SILENCIO

1 marzo 2012

La transformación tecnológica más importante que ha experimentado el cinematógrafo fue la inserción del sonido, incluso por encima de la llegada del color, del cinemascope, de la digitalización y de la ahora renacida tercera dimensión, cuyas posibilidades fueron bien aprovechadas por James Cameron y Martin Scorsese. Pero como las alternativas para desarrollar una película no se van excluyendo, sino más bien sumando, y la historia no es lineal, siempre queda el campo abierto para que en la segunda década del siglo XXI se produzca un film con las lógicas de hace noventa años.
Cierto es que la aparición del sonido supuso, como ninguna otra innovación, una mirada estética alternativa pero sobre todo un fuerte impulso de carácter comercial: el cine como industria y la noción de clasicismo se consolidaron durante la década de los treinta del siglo XX y los estudios hollywoodenses empezaron a constituirse como emporios de largo alcance; aunque fue a partir de los cuarenta, sobre todo, que el lenguaje fílmico como tal dio un salto cuántico: “la fotografía plana es sustituida por la profundidad de campo, el montaje rápido y las figuras repartidas por el plano desaparecen a favor de los encuadres más compuestos y los grupos de personajes situados a diferentes distancias de la cámara. En los años treinta lo más habitual es que los personajes se recorten sobre fondos difusos o indefinidos. En los cuarenta empezamos a ver espacios: perspectivas.” (Losilla, Carlos. La invención de Hollywood. Ed. Paidós, 2003, p.13).
También la llegada del sonido, a partir de la exhibición de The Jazz Singer (Alan Crosland, 1927), provocó que algunos artistas se quedaran en el museo del cine mudo, unos lograran dar el salto y que otros aparecieran para configurar lo que se conoció como el star system, alrededor del cual rondaba un fuerte potencial económico y un cambio social en la forma de entender la cultura de la fama y el estrellato. No obstante, las obras maestras del cine mudo y sus creadores aún permanecen con la vigencia y trascendencia intactas: Murnau, Lang, Griffith, Melies, Wienes, Clair, Epstein, Dulac, Sjöström, Chaplin, Keaton, Lloyd, Vertov, Eisenstein y Pabst, por mencionar algunos apellidos, siguen siendo referencia obligada para cinéfilos y nuevos creadores.
Es así como El artista (Francia-Bélgica, 2011), se inscribe en el ámbito del metacine o del cine visto por el cine y en el de las cintas que prescinden de diálogos hablados como Tuvalu (Helmer, 1999). A través de la historia de una actor (Jean Dujardin, gesticulante) que ve cómo su trayectoria entra en decadencia con la llegada del sonido, inversamente proporcional a la de su compañera (Bérénice Bejo, mostrando habilidades para la mímica y la comedia física), el director aparecido como de la nada Michel Hazanavicius, realizador de cintas de espías y ahora con flamante Oscar en la repisa de su casa, propone una mirada entre nostálgica, cómica y melodramática de aquellos años en los que el cine cambió para siempre.
Sin embargo y a pesar de que el filme es mudo –no silente por la presencia continua de la música indicativa y algunos sonidos ocasionales como en la pesadilla donde el protagónico se queda sin voz- parece rendírsele homenaje también a grandes nombres que fortalecieron su carrera a partir de los cuarenta, como Wilder, Hitchcock (partitura prestada) y Welles (la secuencia del desayuno con Penelope Ann Miller, la esposa distanciada) y hasta a directores posteriores como Brooks y su cinta La última locura de Mel Brooks (Silent Movie, 1976).
El artista en depresión total ya sin esposa, con objetos en subasta, haciendo películas soporíferas y sin el respaldo del estudio dirigido con criterios más mercadológicos que artísticos por un dubitativo ejecutivo (John Goodman), será apoyado hasta las últimas instancias por su fiel perro, el chofer que se resiste a dejarlo a pesar de la falta de pago (John Cronwell) y, desde luego, su silenciosa enamorada con lunar impuesto, ahora vuelta diva de la pantalla gracias a su capacidad para sortear el cambio del silencio al sonido.
El blanco y negro, la inserción de letreros, el vestuario exacto y la fluida edición aún usando la mirilla para embonar las secuencias, consiguen que nos traslademos a la época propuesta en términos cronológicos y afectivos: en los encuadres se combinan las distancias –el de las escaleras, los close-ups- y las formas de la composición, en las que los elementos presentes interactúan en diferentes planos según la necesidad comunicativa de la toma.
El baile como alternativa se va anunciando paulatinamente, como presagiando la entrada del musical y, en particular, el fuerte impacto que tuvo Fred Astaire y Ginger Rogers, al grado que hasta Fellini los recordó en su Ginger & Fred (1986). Claro, mientras se le pueda dar al público lo que pida, o convencerlo de que le gusten los productos ofrecidos, puede resucitar una estrella que aunque los jóvenes no conocen, podrán aplaudirle gracias a su innegable talento histriónico.