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RYLEY WALKER: UN FOLKLORISTA PARA EL NUEVO MILENIO

30 septiembre 2016

Los distintos géneros de la música popular, cimentados a lo largo de muchos años, han logrado combinarse para dar como resultado nuevos estilos y fascinantes imbricaciones sonoras: porque la diversidad nutre y el arte se dinamiza y evoluciona a partir de los encuentros entre tendencias, ideas y perspectivas. Las mutaciones e hibridaciones contribuyen a mantener las formas musicales en condiciones vitales. La visita reciente de un músico joven a nuestro país ejemplifica muy bien la forma en la que no hay mejor forma de innovar que sustentarse en la tradición, trascendiendo etiquetas y fronteras estéticas.

El cantautor Ryley Walker (Chicago, 1989) creció en un vibrante y ecléctico contexto musical cortesía de la ciudad de los vientos, aunque en su segundo disco, Bill Meyer aclara que su evolución como artista inició en Rockford, una ciudad industrial donde surgió Cheap Trick y que representa un espacio de apertura donde igual convive el skate-rock que la nostalgia sesentera. Claro, no basta con estar ahí, sino aprender a absorber sonidos y esencias musicales del medio ambiente.

A través de algunas presentaciones en vivo acompañado de su guitarra, el intérprete, compositor y cantante desarrolló un estilo propio que se ha ido consolidando gracias a la disposición exploradora: gusto por los pasajes instrumentales, hundiendo dedos y sentimientos en las cuerdas para producir un folk con aliento de actualidad, aderezado con notas de jazz, rock y cierta experimentación en los márgenes de las composiciones, para viajar por estados de ánimo calmos a convulsos sin mediar palabra.

ryley-walkerDe pronto aparecen las influencias que van de los clásicos del género como Tim Buckley y John Fahey a reminiscencias del Neil Young más campirano. Con The Evidence of Things Unseen (2011), un EP de edición limitada solo grabado en cassette, empezó a manifestar sus planteamientos en torno a un reconocimiento de la tradición, ahí está el homenaje en la portada al Death Chants, Breakdowns & Military Waltzes (1963) del propio Fahey, pero con la mirada puesta hacia la innovación, como se infiere en Deathly Premonitions (2011), disco de cuatro canciones realizado en colaboración con su colega Daniel Bachman y en West Wind (2013), vinil de tres canciones que alcanzó circulación más en forma.

El sello de autenticidad quedaba fuera de duda. La búsqueda de la complejidad armónica, más por el cúmulo de ideas puestas en juego que por un mero lucimiento, quedó plenamente plasmada en All Kinds Of You (2014) su primer largo: la guitarra se lanza por caminos de terracería con toda la convicción de quien ya ha recorrido esos parajes, mientras otras cuerdas acompañan las acometidas con un peculiar sabor a campo que igual se abraza a texturas psicodélicas o bluseras.

The West Wind y Blessings representan un faro inicial de identidad con todo y esa viola que aporta su nota de bucolismo, mientras que en las dos partes de Twin Oaks, contrastantes en ritmo e intención, despliega su habilidad para diseñar figuras sonoras. Junto con la tradición de la América profunda, se insertan influjos provenientes del folk inglés que remiten al gran Bert Jansch, aún en activo, como se disfruta en Great River Road, Clear the Sky y Tanglewood Spaces, corte que cierra este sorprendente disco inicial.

BENDITA PRIMAVERA

Primrose Green (2015) le abrió las puertas a públicos más allá del circuito por el que transitó en su debut. Eficazmente infectado por un jazz proveniente de la acertada inclusión de músicos locales clavados en el género, de pronto mutando a sonidos más rockeros, el álbum se mantiene en la tesitura de un folk innovador, destilado en barril de viejo cuño con la integridad y cuidado del caso, para generar canciones de un sabor popular con sello de origen, tan fehaciente como los colores que empiezan a aparecer a partir de finales de marzo.

Instrumentación boyante desde el corte titular para de inmediato atajar la síncopa en Summer Dress y dejar que la instrumentación burbujeante de Love Can Be Cruel y Griffiths Buck Blues se expliquen por sí mismas a partir de un diálogo de cuerdas. En tono de mayor gravedad, Same Minds se articula con un dejo de insistencia que se expande a cortes con vocal a tono como Sweet Satisfaction, The High Road y la ceremonial Hide in the Roses, en una epifanía que ameritan las certezas del caso. Se trató de uno de los discos principales del año.

Muy pronto apareció Golden Sings That Have Been Sung (2016), otro sólido álbum que si bien no llega a las cuotas impuestas por su antecesor, sí alcanza a perpetuar esta naciente racha creativa con figuras tutelares en la mira tan disímbolas como John Martyn, cuyo fantasma se pasea entre las cuerdas, el genio ubicuo de Jim O´Rourke y Tortoise, sus coterráneos que gustan del postrock intenso (no sé si hay de otro). La abridora The Halfwit in Me, memorable en su arquitectura, y la tensa de lograda sutilidad A Choir Apart, funcionan a manera de continuidad en relación con la obra previa, mientras que el resto apunta hacia direcciones diversas, prometedoras en su mayoría.

Después de tocar en México, Ryley Walker puso en su cuenta de twitter: “Mexico City rules. Good food. Cool people. Beautiful architecture everywhere. So dope.” Estos vecinos del norte son a los los que hay que invitar.

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AURAL 2016 (II)

21 septiembre 2016

Segunda entrega relacionada con el festival que nos invita a escuchar sonidos y silencios más allá de nuestra costumbre.

STETSON + NEUFELD

Nacido en Michigan y asentado en Montreal, el versátil saxofonista Colin Stetson (1977) también intérprete de cuanto instrumento de viento se nos ocurra, gusta de participar con grupos y solistas de altos vuelos de la escena del rock y grabar sus propios discos con orientación jazzera de espíritu experimental. Todavía estando en su ciudad natal como universitario aprendiendo de grandes maestros (Roscoe Mitchell y Henry Threadgill, por ejemplo), grabó Transmission (1997) y Tiny Beast (2002), con el Transmission Trio, donde ya empezaba a mostrar su repertorio de sofisticadas técnicas interpretativas.

Ya como titular con firma propia, propuso el fluido Slow Descent (2003), articulado con una justa medida de accesibilidad y riesgo, entre episodios de complejidad creciente donde la técnica de la circulación del aire y los cambios de timbre se dan vuelo, y otros de cierta calma que nos abrazan con sentida inspiración. Sus colaboraciones igual incluyen cantautoras de diverso cuño como Sinéad O’Connor, Feist, Jolie Holland y Angélique Kidjo, que notables grupos como Animal Collective, The National, TV On the Radio y Godspeed You! Black Emperor, así como artistas de los sonidos digitales como LCD Soundsystem y The Chemical Brothers.

Mientras tanto, la violinista canadiense Sarah Neufeld (Vancouver, 1979), llegó a la escena musical de Montreal junto con el brillante músico electrónico Tim Hecker, apenas cumpliendo la mayoría de edad (según los parámetros mexicanos). Su talento interpretativo y su decisiva capacidad para ahondar en sus habilidades, la llevaron a participar en el clásico instantáneo Funeral (2005) de Arcade Fire, grupo grande con el cual ha mantenido una estrecha relación, ya sea como miembro o intérprete de soporte. Con el impulso, formó parte de The Bell Orchestra y The Luyas, en ese sentido de comunidad artística que ha caracterizado a nuestros vecinos de más al norte.

Con el inquietante New History Warfare, Vol. 1 (2007), plagado de habilidades técnicas integradas a un sorprendente despliegue imaginativo que incluye la simultaneidad en el sonido de las notas, Stetson inició una trilogía que se complementaría con New History Warfare Vol. 2: Judges (2011), en el que se escucha la voz de Laurie Anderson, y New History Warfare Vol. 3: To See More Light (2013), con el apoyo de Justin Vernon (Bon Iver); las obras narran la historia de una comunidad que vivía en el mar y, tras asentarse en tierra algunos de sus miembros, se encuentran con la guerra, el amor y la muerte.

En el inter, a este saxofonista de excepción le dio tiempo para presentar el EP Those Who Didn’t Run (2011) y editar Stones (2012), álbum grabado en vivo junto con el colega sueco Mats Gustafsson durante una presentación en el festival de jazz de Vancouver. Neufeld, por su parte, se animó a grabar como solista Hero Brother (2013), su álbum debut de corte austero en el que logró plasmar ideas propias, después de estar rodeada de puro genio musical, considerando que la producción corrió por cuenta de Nils Frahm, otra figura clave de la escena electrónica. Las tres canciones de regalo se integraron después en el EP Black Ground (2014).

Ya juntos, integrados por su convergencia en Arcade Fire, firmaron el soundtrack para Blue Caprice (Moors, 2013) y presentaron el notable Never Were the Way She Was (2015), de intrincadas texturas con una orientación de cercanía; la obra acabó siendo uno de los discos a seguir de aquel reciente año, sobre todo gracias a la creativa suma de talentos en el territorio de la experimentación.

Posteriormente, Stetson propuso Sorrow: A Reimagining of Gorecki’s 3rd. Symphony (2016), una revisión intensa de la clásica obra acerca de las lamentaciones del compositor polaco y Outlaws and Angels (2016), quizá lo mejor del desapercibido filme homónimo de JT Mollner, al tiempo que Neufeld grabó The Ridge (2016), con una mayor presencia de su vertiente como vocalista y ya en plena faceta de búsqueda en solitario.

OOIOO

Cuarteto de mujeres niponas más invitados diversos que mezclan garage, punk, noise y cualquier otra vertiente alterada con absoluto desparpajo y fiereza. Comandadas por Yoshimi P-We, conocida como la percusionista de Boredoms aunque aquí encargándose de la voz y la guitarra, debutaron con el ruidoso OOIOO (1998), al que le seguiría el ingenioso Feather Float (2001), ya atravesando el milenio con una mayor consistencia en el estridente entramado, soportado por efectos sonoros como sacados de otro planeta.

Kila, Kila, Kila (2004) y Gold and Green (2005) le dieron continuidad a la banda, si bien se trató de álbumes transicionales, como para seguir afilando las armas y no perder el hábito de crear escenarios de oscuridad que por momentos parecieran encontrar una calma cargada de ansiedad y de cierto humor retorcido. Vendría después Taiga (2006), otro de sus discos centrales que nos traslada a un naturaleza recargada de tonalidades como los vestuarios fosforescentes que portan Yoshimi, Kayan (guitarra), Aya (bajo) y Ai (batería) en los conciertos.

Regresaron con Armonico Hewa (2009) combinando el español y el swahili en el título, acaso proponiendo una orientación ligeramente más armoniosa, considerando los patrones sonoros en los que se mueven estas niponas, quienes presentaron Gamel (2014), después de cinco años de ausencia y en el que incorporaron rítmicas tribales con influencia del gamelán, tipo de grupo musical originario de Bali y Java: uno acaba sintiéndose parte de un cuadro de Gauguin retocado con extraños colores.

 

 

 

AURAL 2016

14 septiembre 2016

 

Vuelve el festival de experimentación sonora después de un año de ausencia. Luciendo un cartel potente, revisemos algunas de las presencias siempre bienvenidas para ampliar rangos y escaparnos de las zonas conocidas. Además, el programa ofrece un cine-concierto sobre las cintas de George Méliès, musicalizadas por un cuarteto de lujo integrado por Lee Ranaldo, John Medeski, Kenny Grohowski y Mike Rivard. Del FIAC en León, podemos seguir la tendencia exploradora con el Aural en la CDMX.

OKKYUNG LEE

La chelista surcoreana inició su formación en el ambiente de la música clásica y poco a poco fue revisitando otros territorios como el jazz y el avant garde, mostrando que lo suyo es la versatilidad y la capacidad de riesgo. Tras mudarse a Boston para desarrollar sus estudios, se fue a Nueva York donde entró en contacto con un ambiente musical que pronto reconoció como propio. Su trayectoria se conforma por dos grandes vertientes: como colaboradora de grandes nombres del ambiente de la experimentación y grabando sus propios discos.

Dentro de la primera, formó parte del grupo Taylor Ho Bynum & SpiderMonkey Strings, con el que grabó Other Stories (Three Suites) (2005) y ha compartido su talento con gente como Evan Parker, Laurie Anderson, Thurston Moore, Swans, Vijay Iyer, Jim O´Rourke, Nels Cline y John Zorn, por mencionar algunos notables de la vanguardia musical contemporánea. Justamente en la disquera de éste último realizó Nihm (2005), su primer álbum en solitario, abriendo la segunda línea artística mencionada.

Entre colaboración y colaboración, continuó con su propia obra con I Saw the Ghost of an Unknown Soul and It Said (2008), de tendencia escalofriante, seguido de Noisy Love Songs (2010), cual inquietante y febril mirada al romanticismo, y del exquisitamente desconcertante Ghil (2013), con un acento experimentalista y enloquecido ante el que no queda más que rendirse al azaroso desarrollo de sus episodios sonoros, como si fueran producidos por una criatura que cambia de forma constantemente y no sepamos en qué se va a convertir.

Con un solo corte de más de 30 minutos, Amalgam (2016) se desplaza por senderos alterados y disonantes, abiertos en conjunto con Christian Marclay y lleno de expresiones chirriantes como si se exprimieran las posibilidades del chelo en plena trifulca con los lances electrónicos; en este mismo año, grabó Live at Café Oto (2016) junto con Bill Orcutt, guitarrista que gusta del noise y de las aventuras sonoras sin destino predeterminado.

ROBERT A. A. LOWE

Artista representativo de la comunidad creativa de Chicago, este cantante y multiinstrumentista formó parte del proyecto de rock matemático the 90 Day Men como bajista y de Dreamweapon, junto con integrantes del cuarteto Town and Country. Bajo el sobrenombre de Lichens grabó The Psychic Nature of Being (2005) y Omns (2007), álbumes que navegan entre ecos monásticos, notas engañosamente relajantes con una guitarra acuática de resonancia hipnótica y sonidos electrónicos de creciente intensidad, aunque conservando el tamiz contemplativo.

En complicidad con Rose Lazar grabó Gyromancy (2008), pieza de aproximadamente quince minutos desarrollada por un teclado con sonido en espiral que formó parte del proyecto de una disquera, y Eclipses (2010), incorporando algunos elementos folkpop e indierock. Presentó también Fazo IV: La Kvalito de Speguloj (2010), conformado por ocho cortes en clave electroambiental que de pronto nos llevan a una especie de viaje astral, continuado en su colaboración con el francés Ariel Kalma que se concretó en FRKWYS, Vol. 12: We Know Each Other Somehow (2015).

GODFLESH

El veterano dueto primero y trío después, originario de Birmingham y liderado por el guitarrista y cantante Justin Broadrick (quien participó de adolescente con Napalm Death y posteriormente en el proyecto Head of David), se instaló en el territorio del industrial como base de su propuesta, incorporando elementos del metal, la experimentación y el grindcore: o sea, por intensidades no paramos. No obstante, siguen buscando nexos nuevos entre los géneros sin abandonar la densidad en su enfoque.

Junto con el bajista Ben Green, el apoyo de Paul Neville y una caja de ritmos (después sustituida por el baterista Ted Parsons), Broadrick firmó el EP Godflesh (1988) y Streetcleaner (1990), su primer largo que en efecto ya buscaba de manera extrema las carnalidades hasta en las entidades espirituales y advertir sobre la tensión destructiva que invade las las calles. Con esta hiperkinética presentación, la escena del rock conocía a un abrasivo representante, dispuesto a prender fuego por todas partes.

Durante los años noventa, mantuvieron una frenética actividad expresada en álbumes de corte apocalíptico como en Slavestate (1991), originalmente concebido como un disco corto y el EP Cold World (1992), seguidos por Pure (1992), su segundo largo propiamente, Selfless (1994), más cercano al rock, el EP Merciless (1994), integrado por dos piezas que no habían visto la luz y otro par de reciente creación, y Songs of Love and Heat (1996), homónimo de la obra maestra coheniana.

La andanada continuó con Love and Heat in Dub (1997), a partir de un mayor énfasis en los recursos electrónicos del dub y el drum’n’bass pasados por la rudeza característica y retomando sonidos del disco anterior, y con Us and Them (1999), articulado desde un noise digitalizado de corte mecanicista que nos recuerda la permanencia de los conflictos entre ellos y nosotros, justo para cerrar el siglo a tambor batiente entre alaridos de angustia y rítmica machacante.

Para empezar el milenio, se publicó In All Languages (2001), notable recopilación del trabajo del trío que sintetiza con tino la producción desarrollada durante los diez años anteriores. Todavía alcanzaron a sacar el macizo Hymns (2001), a manera de aparente despedida con todo y la salida de Green. Trece años después, cuando todo parecía finiquitado, regresaron con el EP Decline and Fall (2014) y el largo de incendiario mensaje A World Lit Only By Fire (2014), demostrando cómo la experiencia se puede aprovechar para profundizar el furibundo enfoque musical.

 

BASURA ABSOLUTA

7 septiembre 2016

Tres productores, siempre tras bambalinas, se reúnen para una sesión informal que deriva en un proyecto orientado a ponerse frente al escenario, saliendo de la zona cómoda (para ellos). Un sólido trípode que aún así requería una voz e imagen que funcionara como vehículo de la apuesta musical: construcciones pop enmarcadas en estructuras tecno, apuntes guitarreros de calculada efectividad y con ese aliento alternativo tan de moda a principios de los noventa: tanto que dejó de serlo.

Así, entre Duke Erikson, Steve Marker y el afamado Butch Vig (quien ha producido a Nine Inch Nails, U2, Nirvana, Smashing Pumpkins, Sonic Youth y Green Day, entre otros), se entretejió la simiente para que la escocesa ex rostro visible de Angelfish, Shirley Manson, entre frágil y oscura, canalizara con voz de doliente seguridad las inquietudes del ahora cuarteto. Corría el año de 1993 en Madison, Wisconsin, cuando el grunge, la electrónica, el britpop y el rap predominaban en los radares musicales.

Garbage (1995) fue la carta de presentación. Poner el colmillo por delante para capturar el espíritu de la época: guitarras a la My Bloody Valentine, ecos de los grandiosos Sonic Youth, loops y efectos articulados con pericia, efectiva base rítmica y melodías rápidamente identificables, como se advierte en la juguetona Queer, las cascadas de Only Happy When It Rains, la rica en matices Vow con dejos góticos, el hit radial Stupid Girl y la desesperada Milk, en la que una voz declara abierta y sentidamente que espera por ti.

La producción, demostrando que en casa del herrero azadón de hierro, acaba por ser impecable, cual fórmula diseñada por expertos laboratoristas. No en balde la trayectoria de Vig desde Fire Town y Spooner, resultó significativa en aprendizajes al fin capitalizados primero desde el terreno de la producción durante los primeros noventa, y de la composición a lo largo de estos años, no muy prolíficos si se quiere pero de indudable efectividad, olfateando el signo de los tiempos.

Y para reincidir en el camino andado, continuaron con Version 2.0 (1998) que desde el título planteaba una especie de continuación, de intentar mejorar la fórmula. El ambiente tecno cobra mayor presencia y si bien no se encuentra el nivel de canciones confeccionadas en su debut, sí se expresa una mayor consistencia, expulsando demonios acomodaticios. “Soy una loba con piel de oveja” canta seductoramente Shirely Manson en la abridora Temptation Waits para después enloquecer serenamente con I Think I’m Paranoid.

La mayor presencia de una estética informática quizá le resta frescura aunque gana en efectismo: When I Grow Up parece venir de otra época y Medication funciona como sedante hacia el futuro. Special y Push It se enfocaron directamente a la programación radial y The Trick is to Keep Breathing, destila una discreta sensualidad, la suficiente para cortarte el aliento pero mantenerte vivo, al menos para que puedas afirmar You Look So Fine, encargada de cerrar esta segunda incursión.

garbagePero la fórmula parecía dar muestras de cierta volatilidad en Beautiful Garbage (2001), trabajo irregular apenas sustentado en destellos como la entrecortada Androginy, la campaneada Can´t Cry These Tears, la fantasmal Cup of Coffe, la fantasía adolescente de Cherry Lips (Go Baby Go!) y la cálida Drive You Home, que parecía sentenciar un regreso definitivo para guardar la calma. Tras este trabajo, los augurios no parecían prometer mucho: problemas personales, retirada de Butch Vig y operación de las cuerdas vocales de Shirely Manson.

Bleed Like Me (2005) sonó a una puesta al día de intereses comunes, todavía con asuntos por pulir. Eficaz reciclamiento mezclado con otras influencias (Deep Purple) que sostienen la natural capacidad melódica del cuarteto: la voz femenina se oye renovada, exigente, solicitando al novio que sea un chico malo con guitarra descarada (Bad Boyfriend) o que sangre como ella (Bleed Like Me); pidiendo explicaciones sobre las razones por las que la ama (Why Do You Love Me) o por las que no regresa (Why Don´t You Come Over). Sex is Not The Enemy, cantada como bajo el agua, busca levantar el nivel de frescura.

PERSONAS DIFERENTES Y PÁJAROS EXTRAÑOS

Después de un silencio que parecía definitivo apenas paliado con el recopilatorio Absolute Garbage (2007), atestiguamos un bienvenido regreso a través de Not Your Kind of People (2012) cual recuperación de un hábito sistemático y automático, generado durante la segunda mitad de los noventa. Tras las dudas dejadas en los dos discos anteriores, el cuarteto encontró una forma de reagruparse mirando a su pasado noventero pero buscando, con cautela, ciertos visos de actualización, como se advierte en el sencillo Blood for Puppies y en canciones con el sello de la casa como Felt, I Hate Love, el corte de apertura y el que le da título al álbum.

Y ahora confirman la etapa de madurez asumida con creatividad en Strange Little Birds (2016), el mejor trabajo que han firmado desde su homónimo debut, ya sin las presiones del entorno y anímicamente, al parecer, en efervescente estadio, sin abandonar los parajes oscuros, sobre todo en las letras. Sometimes abre el disco con plena confesión de torbellinos sentimentales, entre efímeros rasgueos y un piano aislado que da pie Empty, fungiendo como sencillo y conectando con los tiempos pasados en sonido y letra, al igual que Blackout, guiada por un bajo que se encarga de promover las detonaciones en medio de una oscuridad siempre aparente.

Retomando el sentido mensaje de un fan, Night Drive Loneliness transcurre con la emotividad que impone la recurrencia, contra lo que se podría pensar, mientras que los episodios de ausencia y soledad contrastan con los de la posibilidad del amor y el deseo en la bella y ceremoniosa Even Though Our Love Is Doomed, donde se aclara que solo vale la pena pelear por ti, y tanto en Magnetized como en We Never Tell, en las que se esgrimen ciertos destellos románticos con el corazón atravesado.

Como decía el personaje de El pescador de ilusiones (Gilliam, 1991), interpretado por Robin Williams, “se pueden encontrar cosas hermosas en la basura.” Ésta parece ser una de ellas.

EL ARTE RELACIONAL: OROZCO Y EL FÚTBOL

4 septiembre 2016

Para el análisis de esta tendencia artística se puede partir de la noción planteada por Nicolas Bourriad en su libro Estética relacional (2008), donde afirma que es necesario examinar e intentar dar respuestas a los problemas que plantea una época particular, en este caso desde los años noventa, y no nada más abordar las preocupaciones de ayer.

Para el autor, el arte relacional es aquél “que tomaría como horizonte teórico la esfera de las interacciones humanas y su contexto social, más que la afirmación de un espacio simbólico autónomo y privado” (2008: 13). Quizá los muros que separaban al gran arte de la cotidianidad se abren y fragmentan, si bien permanecen, para permitir un conjunto de transacciones en ambos sentidos.

La creciente urbanización de las sociedades humanas es un factor determinante para que el arte se vincule estrechamente en este conjunto de circuitos, cruces y nexos que se establecen en las ciudades, insertándose en las experiencias cotidianas más allá de estar recluido en espacios enajenados de su contexto. En efecto, como afirma el propio Bourriad, al arte entendido desde la perspectiva relacional, se ha convertido en un estado de encuentro.

Un ejemplo de arte que puede insertarse dentro de esta vertiente es la que ha desarrollado Gabriel Orozco en torno al fútbol, deporte del cual es aficionado e incluso practicante. Al tratarse del deporte más popular del mundo que se juega en prácticamente todos los rincones del planeta y que convoca a un gran abanico de personas de diversidad racial, religiosa, social y cultural, se convierte en un punto de encuentro relacional con manifestaciones humanas que van de la euforia a la tristeza, y del enojo a la algarabía, pasando por el sentimiento de pertenencia.

Una de estas obras consiste en un conjunto de balones clásicos –hexágonos negros y blancos- pegados unos con otros para conformar una especie de tubo, mutando su forma esférica y dando una idea de vínculo estrecho, continuidad y acaso movimiento, como si se siguiera la trayectoria del balón dejando una huella de sí mismo idéntica al propio objeto.

Pelota ponchadaOtra obra en este sentido es la famosa fotografía del artista mexicano titulada La pelota ponchada (1993), en la que se encuadra, desde un picado, a un balón desinflado que forma una especie de cuenco lleno de agua sobre una superficie que parece ser cemento.

Se presta a lecturas múltiples, como la de escarbar en la esencia del juego o bien la omnipresencia de un componente central del fútbol, aquí como recipiente del vital líquido venido de algún lugar incierto, acaso como abandono pero con intenciones de sobrevivencia. Los tonos grisáceos contrastan con el blanco ensuciado del balón, demostrando que rodó por campos de superficies varias y que, de alguna manera, regaló alegrías y tristezas cuando entraba en la portería o pasaba por en medio de las dos piedras habilitadas como postes.

El enfoque relacional estaría dado a partir de tomar como referente un deporte popular con una iconografía bien conocida e identificable – en estos dos casos particulares tomando el diseño del balón como ejemplo- para proponer a través de la plástica y la fotografía una mirada evocativa, lúdica y con un dejo de nostalgia acerca de este juego convertido en parte de la cultura global, con todo y sus claroscuros.

Gabriel Orozco también formó parte de la exposición Artistas y el mundial, conformada por quince grabados de edición limitada, tanto fotografías como pinturas, que incluyó la participación de diversos artistas de renombre global. Esta iniciativa se desarrolló en el contexto de la celebración mundialista en Brasil desarrollada en el 2014. Una muestra también de la vinculación del arte con otras manifestaciones humanas que, en este caso, acaparan la atención del gran público.