Archive for 24 septiembre 2014

CHILDREN OF THE LIGHT TRIO: JAZZ PARA RECORDAR LA RADIANTE INFANCIA

24 septiembre 2014

Es el título de una pieza del monstruo del sax Wayne Shorter, uno de los gigantes de la historia del jazz. Bajo su cobijo y compenetrados con su propuesta musical, tres excelsos instrumentistas y compositores brillando con luz propia, decidieron formar un trío teniendo como referente al genial saxofonista, con quien grabaron Footprints Live! (2002), Alegría (2003), Beyond the Sound Barrier (2005) y el espléndido Without a Net (2013): fue así como integraron el Wayne Shorter Quartet, alineación que impulsó al baterista Brian Blade, al pianista Danilo Pérez  y al contrabajista John Patitucci a constituirse como una agrupación con vida más allá de su maestro.

John Patitucci (Brooklyn, 1959) destaca tanto en el bajo eléctrico como en el acústico, no solo por los cambios de velocidad que le puede imprimir al instrumento, sino por su capacidad para transitar de un esquema poderosamente rítmico a una claridad melódica que se abre paso en las piezas. Después de tocar con numerosos músicos entre quienes se encuentra el legendario Freddie Hubbard, formó parte de la Elektric Band de Chic Corea a partir de la segunda mitad de los ochenta y hasta principios de los noventa.

Tras algunos discos iniciales, grabó el sólido Heart of the Bass (1991), que lo catapultó en su trayectoria solista, sumamente consistente a lo largo de los últimos veinte años, con obras como Another World (1993), Now (1998), Imprint (2000) y el ecléctico Remembrance (2009) en el que contribuyó, justamente, Brian Blade. Además, sus diversas colaboraciones con notables jazzeros lo han mantenido en el estudio de grabación como uno de los bajos más buscados del circuito.

Por su parte, Brian Blade (Shreveport, 1970) ha construido su currículo a través de dos vertientes: como baterista invitado de amplio registro y como líder de su grupo conocido como Fellowship Band. Su trayectoria incluye colaboraciones con Bob Dylan, Joshua Redman y Kenny Garreth, ahí nomás. Debutó al frente con Brian Blade Fellowship (1998), álbum seguido de Perceptual (2000); Friendly Travelers (2007), en complicidad con el músico alemán Wolfgang Muthspiel; el iluminativo Season of Changes (2008), y Mama Rosa (2009), cual sentido canto a su abuela.

Él y sus amigos grabaron el sereno Landmarks (2014), de corte cerebral y calculado hasta el detalle, sin perder ese matiz de espontaneidad que se advierte justo en las sutilezas armónicas. El baterista sabe distribuir juego, desempeñarse en equipo y compartir el protagonismo cuando la estructura sonora así lo requiere. Claro que se trata de uno de los álbumes imprescindibles del año.

La sangre caribeña que corre por las venas de Danilo Pérez (Panamá, 1966), quien estudió en el prestigiado Berklee College of Music y que se diera a conocer en la Orquesta de las Naciones Unidas, comandada por el mítico Dizzy Gillespie, le ha permitido crear una poción fusionista cargada de rítmicas, sentimientos y armonías de alcance universal, sobre todo por su capacidad para apoderarse del piano y convertirlo tanto en una fiesta como en una caja de resonancia llena de talento exquisito, al estilo de los grandes de la historia del jazz.

El Bebop se encuentra con sonidos propios del folklor panameño: al igual que sus otros dos compañeros, empezó a llamar fuertemente la atención por su dechado de técnica e imaginación latina con obras redondas como el iniciático Danilo Pérez (1992); The Journey (1993), todo un viaje lleno de texturas por los ritmos caribeños y africanos; Panamonk (1996) y Central Avenue (1998). Junto con Patitucci, formó el Roy Hanes Trio y siguió su imparable búsqueda del encuentro entre los sonidos de Nueva Orleans y El Caribe durante el nuevo milenio: Panama 500 (2014) es una muestra del nivel de plenitud que ha alcanzado y, desde luego, es uno de los discos clave del jazz de este año.

NIÑOS ILUMINADOS

De acuerdo a la página allaboutjazz.com el trío tocó en el Festival de Jazz de Blue Note en Nueva York el mes de junio pasado; la segunda noche fue dedicada a Horace Silver, el virtuoso pianista recientemente fallecido. En las presentaciones interpretaron en tono lúdico y espontáneo, con sus matices de intensidad, piezas como Panama 500 y The Expedition, del más reciente trabajo de Danilo Pérez, House of Jade del patriarca Shorter y Melting Pot (Chocolito); Rediscovery of the South puede disfrutarse en http://www.youtube.com/watch?v=yKjp7MyZWgM, como para ubicar el altísimo nivel de compenetración de estos tres maestros del jazz contemporáneo que, además, disfrutan a plenitud las presentaciones en vivo: casi diez minutos de exquisitez gozosa.

La crítica de su presentación en el club Ronnie Scott de Londres en julio, publicada por John Fordham,Children of the light también brinda buenas pistas de las atmósferas que son capaces de crear estos pequeños luminosos, con los eclécticos sonidos de Pérez bien cobijados por el bajo eléctrico o acústico, según el momento del concierto, cortesía de Patitucci y la siempre abarcativa y versátil batería de Blade.

De acuerdo con una nota publicada en La Jornada, el trío intentará, como lo expresaba Shorter, sumergirnos en la gravedad cero, en la que se empieza y termina un concierto de la manera en la que te gustaría que fuera el mundo. Ojalá pronto se animen a firmar un disco en conjunto, en el entendido de que poderlos acompañar en vivo resulta toda una experiencia sincopada que toca almas y pulsaciones cardiacas.

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THE ANTLERS: EXTRAÑAMENTE FAMILIAR

17 septiembre 2014

Se trata de uno de esos proyectos que surgen en la recámara de un joven sensible, sin demasiadas pretensiones, con mucho sentimiento puesto por delante y que terminan por convertirse en fenómenos a seguir en la amplísima escena musical: una especie de folk atmosférico grabado con baja fidelidad, como sello de autenticidad, que se va integrando a sensibles estructuras pop nutridas a partir de sonidos fantasmales poco a poco materializándose en contundentes armonías integrativas.

The Antlers es la propuesta del compositor, multiinstrumentista y vocalista Peter Silberman, asentada en Brooklyn e iniciada primero en solitario que cristalizó con Uprooted (2006) e In the Attic of the Universe (2007), álbumes de poco menos de media hora integrados por ocho cortes que transitan entre una austera melancolía y una melodiosa ausencia, con todo y algún episodio ambient que en efecto nos coloca como en el cuarto alto del hogar, siempre misterioso y atemporal, de este entramado auditivo del que pareces formar parte.

Además, grabó los inmediatistas y absolutamente caseros The February Tape (2006), sacado al vapor en un instante de inspiración y Cold War (2007), únicamente con guitarra en mano y voz en garganta. Esta etapa de alguna manera funcionó como base para el desarrollo posterior, con obras más elaboradas y enfocadas, sin perder el espíritu independiente que flota en sus atmósferas de abrupta emotividad. New York Hospitals (2008) fue el tercer EP aparecido en este formato hogareño y con el que se cerraba la primera etapa del proyecto.

Con Hospice (2009) hizo labor de equipo: se sumó el baterista y percusionista Michael Lerner y Darby Cicci en la trompeta y el banjo; además, el bajista Justin Stivers participó de manera fundamental en la base rítmica y la gran cantante Sharon Van Etten, cuyos discos son imprescindibles dentro del actual panorama musical en clave femenina. A través de los cortes, conocemos la dramática historia de una abusiva paciente de cáncer en los huesos, al borde de la muerte, y el doloroso proceso de enamoramiento de su enfermera.

Con este álbum, The Antlers –llamados así por una canción de The Microphones- alcanzó el reconocimiento de circuitos más amplios y consiguió hacerse presente dentro de la escena del estilizado folk del siglo XXI con tesituras soul, compartiendo cierta estética y en algún sentido con Iron & Wine, Grandaddy, Antony & The Johnsons y Neutral Milk Hotel, por mencionar algunos ejemplos.

EXPLOSIONES EN CASA

Ya establecidos como trío, vendría el más electrónico Burst Apart (2011), llevando la propuesta a una lógica de mayor digitalización, sin terminan de definirse del todo, con Darby Cicci encargándose de los teclados y unas vocalizaciones de elegante tesitura que abren y cierran paréntesis, explican por qué no se quiere amor e integrándose al canto del líder, por momentos con estructuras sonoras retrotrayendo ecos ochenteros. Siguieron un par de EP´s: Together (2011), con versiones del disco anterior y Undersea (2012), construido con cuatro piezas como pasadas con agua temática y estilísticamente hablando.

Grabado en su estudio de Brooklyn, la banda parece haber alcanzado su punto más alto con Familiars (2014), expandiendo su esencia directa con una producción más acabada de Chris Coady quien ha colaborado con Beach House entre otros, y que termina por potenciar el talento compositivo e interpretativo del grupo, por momentos convirtiéndose en septeto gracias a la presencia de invitados a modo, según la intención de la pieza.Antlers

Los títulos de las canciones son de una sola palabra y los sonidos parecen llevarnos, en particular por la ceremonial trompeta que rompe la bruma, por parajes de tristeza inevitable cargados de ambientes contenidamente orquestales. Las letras de tono existencial y esa particular quietud que se va tornando densa en su abstracción, como avanzando a paso lento pero inmiscuyéndose en múltiples vericuetos.

The Antlers visitan nuestro país para ofrecernos un concierto en el que seguramente nos podremos sentir extrañamente familiares, como cuando alguien sube al ático de la casa donde vivió de niño y se encuentra con sorpresivos recuerdos que se suponían abandonados, cual explosiones de la memoria.