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EL CINE DEL 2015 QUE VIMOS EN LEÓN

28 diciembre 2015

Un fugaz recorrido por las imágenes en movimiento que se proyectaron en nuestra ciudad durante el año que recién termina. Como suele suceder, hubo gratas sorpresas y algunas decepciones, joyas ocultas y por fortuna, diversidad en los canales de distribución para poder acercarse a propuestas que no encuentran cabida en la cartelera. Veamos.

DE FESTIVALES Y PROPUESTAS

Tuvimos el habitual y siempre bienvenido Tour de cine francés con una programación sólida y representativa del cine para el gran público que se hace por aquellos lares. La Muestra internacional de la Cineteca, ahora en su 57ª. versión, continuó en el sótano con cupo apenas para 50 personas (aunque la mayor parte de las películas se podían ver, afortunadamente, por otros medios) y el Festival internacional de cine Guanajuato mantuvo presencia e importancia.

La Escuela de artes visuales organizó el Festival Internacional de Cine de León y la Dirección de Gestión Ambiental de León promovió el Festival Internacional de Cine de Medio Ambiente: se trata de dos propuestas que revitalizan el quehacer fílmico en nuestra ciudad y que ojalá logren trascender. Además, en salas comerciales se proyectó el Afro Samurai Director´s Cut y el festival Mórbido, dándole cierta versatilidad a la cartelera habitual.

EL CINE EN CARTELERA

Se proyectaron 203 películas a lo largo del año a través de las dos exhibidoras principales que se encuentran en la ciudad. Predominó, como ha sucedido desde hace muchos años, el cine estadounidense y en particular el confeccionado en los grandes estudios. No se critica que se proyecten este tipo de películas pero se agradecería una mayor diversidad, presente en otras plataformas y vehículos de difusión. Un fenómeno creciente y preocupante fue la proyección de filmes doblados, en varios casos ocupando más horarios que la versión original subtitulada.

DE LA REALIDAD

McFarland: Sin límites y Los inventores fueron dos películas inspiradoras y oportunas, ahora que la ignorancia xenófoba está poniéndose de moda en algunos grupos; además, Selma: El poder de un sueño nos recordó las grandes gestas por la igualdad. Otro par de cintas retomó el mundo de la pintura para presentar sendos casos ligados a derechos de autor y propiedad: La dama de oro y Ojos grandes, resultaron interesantes aunque se quedaron cortas en sus aspiraciones. Un crítico de cine recién fallecido también fue sujeto de un filme como valorar su importancia.

Se realizaron logrados biopics de científicos y tecnólogos de avanzada como La teoría del todo, de músicos fallecidos prematuramente o de grupos fundacionales, fortaleciendo su estatus mítico, así como de personajes contrastantes como Gloria y Escobar. No faltaron los héroes de guerra como en El francotirador, algún heredero enloquecido, la recreación de un trascendente hecho histórico o los relatos conmovedores tipo Siempre Alice o increíbles como En la cuerda floja. Incluso nuestros primos fueron retratados en el documental El reino de los monos.

ESPÍAS Y SAGAS JUVENILES

El género encontró diversas manifestaciones que fueron de un bienvenido humor como en Kingsman. El servicio secreto y Spy: una espía despistada, hasta las franquicias revividas a través de la lógica de los blockbusters Misión imposible: Nación secreta y 007 Spectre; para complementar el cuadro de espionaje, otra mirada retro con estilo se desplegó en El agente de C.I.P.O.L.

Las sagas juveniles empezaron a dar síntomas de agotamiento, como se pudo advertir en Maze Runner: Prueba de fuego, Los juegos del hambre: Sinsajo el final e Insurgente. No faltaron las cintas románticas y de acción convencional que tampoco alcanzaron para desmarcarse del resto. En cambio, Más notas perfectas, la segunda parte de las concursantes cantantes, solidificó la premisa báse de su antecesora, al igual que Rápidos y furiosos 7, con todo y el homenaje al fallecido Paul Walker.

ANIMADAS, CÓMICS Y CUENTOS

Un buen año para el cine animado en pantalla. Además de las estelares, valieron la pena la muy lograda Snoopy y Charlie Brown, Peanuts la película, la evocativa El principito, Un gran dinosaurio, Bob Esponja: Un héroe fuera del agua y hasta Hotel Transylvania 2; en contraste, quedaron a deber Los minions y Don Gato: el inicio de la pandilla, que parece no encontrar un adecuado traslado a la pantalla grande por más intentos que se llevan a cabo.

El mundo de los cómics estuvo mal representado por la fallida Los 4 fantásticos y la decepcionante Los vengadores: Era de Ultrón; sacando la casta, nos quedamos con la muy entretenida Ant-Man: El hombre hormiga, de la que no se esperaba mayor cosa. El mundo de los cuentos recibió una sólida adaptación de la joven con el pie exacto en Cenicienta, mientras que el traslado del musical En el bosque, tuvo algunos momentos rescatables si bien el conjunto no funcionó del todo. Se recuerda la propuesta familiar de Escalofríos, con las criaturas de cuentos cobrando vida.

TERROR Y BLOCKBUSTERS

Poco qué reportar en el cine de terror exhibido en las pantallas. Se recurrió a secuelas o remakes como en La noche del demonio 3, La dama de negro 2, Actividad paranormal: La dimensión fantasma, Siniestro 2 y Poltergeist, así como a temas revisitados como en el caso de Exorcismo en el Vaticano, Demoniaco, Halloween: Buscando el terror, Los hijos del diablo y El payaso del mal, entre otras. La cumbre escarlata logró desmarcarse del promedio, aunque prometió más de lo que terminó ofreciendo.

Dos rescates con desiguales resultados: mientras que Mundo jurásico le hizo honor a la idea original incorporando alguno elementos novedosos, Terminator: Génesis, buscó recomponer la franquicia con una especie de refundación y terminó siendo un bajón de la ya de por sí devaluada saga, lejos de poder equiparar los logros de las dos primeras entregas, vueltas clásicos de la ciencia ficción.

Sal de la tierra30 PELÍCULAS

Entre las cintas exhibidas entre el 1 de enero y el 31 de diciembre en las salas cinematográficas de León, excluyendo festivales y muestras, comparto la lista de las que más me gustaron, más o menos en el orden de disfrute.

 

  • La sal de la tierra de Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado.
  • Dos días, una noche de los hermanos Dardenne.
  • Puente de espías de Steven Spielberg.
  • Foxcatcher de Bennet Miller.
  • Mad Max: Furia en el camino de George Miller.
  • Está detrás de ti de David Robert Mitchell.
  • Intensa-mente de Pete Docter y Ronnie del Carmen.
  • Música y obsesión de Damien Chazelle
  • El expreso del miedo de Joon-ho Bong.
  • Boyhood: Momentos de una vida de Richard Linklater.
  • El código enigma de Morten Tyldum.
  • Shaun el cordero de Mark Burton y Richard Starzak.
  • Tierra de nadie: Sicario de Denis Villeneuve.
  • Relatos salvajes de ‎Damián Szifron
  • Cobain: Montage of Heck deBrett Morgen.
  • Amy: La mujer detrás del nombre de Asif Kapadia.
  • El año más violento de J. C. Chandor.
  • Letras explícitas de F. Gary Gray.
  • Chicos y Guillermo ¡A comer! de Guillaume Galliene.
  • La entrega de Michael R. Roskam
  • Steve Jobs de Danny Boyle.
  • 600 millas de Gabriel Ripstein.
  • El regalo de Joel Edgerton.
  • Misión rescate de Ridley Scott.
  • Alma salvaje de Jean-Marc Vallée.
  • Star Wars: El despertar de la fuerza de J. J. Abrams.
  • La vida misma de Steve James.
  • Una nueva amiga de François Ozon.
  • El incidente de Isaac Ezban
  • Héctor y el secreto de la felicidad de Peter Chelsom.

 

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LAS FUERZAS QUE ACOMPAÑAN A J. J. ABRAMS

20 diciembre 2015

Retomar una de las sagas más importantes de la cultura pop sin ser su creador, parecía una empresa demasiado arriesgada, sobre todo por las legiones de idólatras que deambulan por esta galaxia muy cercana. No obstante, el nombre de J. J. Abrams parecía el indicado, sobre todo por su notable capacidad para entender el mundo de la televisión y del cine como espectáculo y entretenimiento clave para las sociedades contemporáneas, transitando entre sus propios arquetipos y la posibilidad constante de la renovación.

El resultado de esta dura prueba termina por ser positivo. Star Wars: El despertar de la fuerza (EU, 2015) resulta ser un blockbuster con todas las de la ley, listo para consumirse por cincuentones y cuarentones dispuestos a renovar su condición de freaks y por niños y adolescentes etarios y tardíos con necesidad de pertenencia a alguna hermandad más allá de magos escolares, heroínas luchando contra dictaduras que gustan de los juegos y las hambrunas y superhéroes de cómic recibiendo una atención que nunca imaginaron cuando vieron la luz.

El balance entre el refrito y la renovación parece ser exacto para convocar a varias generaciones. Abrams asume el control de tan esperada cinta y, convocando a la compañía de la fuerza, desarrolla su propuesta con soltura, agilidad y funcionalidad, inveterando todos elementos diversos del género de fantasía y respetando la idea central del filme: la lucha entre el bien y el mal, tal como años antes lo había planteado Tolkien en El señor de los anillos, referencia clara para toda la cosmovisión de esta trifulca interespacial que, como suele suceder, se origina en los conflictos familiares. Seis fuerzas acompañan a Abrams en esta misión.

a) La fuerza de los modelos: George Lucas dirigió THX 1138 (1971), la clásica American Graffiti (1973) y después La guerra de las galaxias (1977). No volvió a la silla de realizador hasta la saga de los tres primeros episodios (1999, 2002, 2005), cuyos alcances estuvieron por debajo de las expectativas de la mitología creada a finales de los años setenta. Se percibían anacrónicas, fuera de foco y con una narrativa que no correspondía al curso de los tiempos postmilenarios. En cambio, como productor, incluso colaboró con el gigante japonés Kurosawa, además de Francis Ford Coppola y Steven Spielberg, dos de los directores que reinventaron Hollywood en los setenta.

Sin embargo, Lucas parecía no haberse renovado en términos de realizador como,Star Wars 2015 pongamos, el propio Spielberg. Entre estos dos modelos creativos, Abrams parece aspirar al del segundo, como se puede advertir en el filme homenaje Super 8 (2011). Ahora le falta crear una saga de semejante tamaño pero original y no simplemente recuperar y renovar, como muy bien lo hizo con Star Trek y ahora con La guerra de las galaxias. Los pininos ya están dados con sus incursiones televisivas como Alias, Fringe, Undercovers y Lost.

b) La fuerza de la nostalgia: a sabiendas de que muchos fanáticos quedaron en espera de la continuidad, más allá de las limitadas precuelas realizadas, la nueva oportunidad para renovar cofradías y lances multitudinarios buscando la juventud perdida, no podía desaprovecharse. El reto central, bien cumplido, era llamar la atención de quienes crecieron con las primeras películas y atraer a las nuevas generaciones para que no nada más se sumen como una favor a sus papás, sino con pleno convencimiento de causa en plena época de divergentes, juegos del hambre y corredores por laberintos prefabricados.

Para alimentar la nostalgia ahí está el score de John Williams, la presentación de los créditos, la aparición central de Harrison Ford (de clásica sonrisa chueca) y Peter Mayhew (Chewbacca), Carrie Fisher (con cambio de icónico peinado) y Mark Hamill, así como constantes guiños en el impecable diseño de producción, en las naves, artefactos, ejércitos enemigos (ahora con ciertas actitudes más propias de humanos), robots inmortales y escenografías diversas que nos colocan en los diversos mundos en los que se desarrolla la trama. Única queja: nunca me había imaginado una película de la saga sin la presencia de Yoda, aunque sea en flashback. Del sabio verdoso mucha falta la presencia hace.

c) La fuerza del guion: con la decisiva participación de Lawrence Kasdan se aseguraba calidad y continuidad. El escritor de El imperio contraataca (Kershner, 1980) y En busca del arca perdida (Spielberg, 1981) conoce la médula del universo Star Wars y su aporte resulta esencial para darle coherencia al argumento desarrollado en esta nueva entrega, además de aportar humor y atención al desarrollo de los personajes, con todo y pasados difíciles de superar. Esta chatarra puede funcionar y el hecho de saberse de regreso a casa, son parte de las líneas de diálogo que definen la película.

El guion cuida la corrección política y, al mismo tiempo, no alcanza una dimensión política dada su condición, como toda la saga, de maniqueísmo. Muy en la línea de algunas series juveniles actuales, el papel del héroe recae en una mujer (como años atrás ya lo había hecho Hayao Miyazaky en varias de sus películas) y, para complementar el cuadro, en un afroamericano que es el único personaje que rompe un poco con el esquematismo del bien absoluto frente al mal total, sin grises de por medio.

d) La fuerza de las nuevas incorporaciones: tanto la veinteañera londinense Daisi Ridley, aquí tomando un protagonismo inusitado como una chatarrera vuelta esperanza de la galaxia muy lejana, como Jon Boyega, entre desertando por salvar el pellejo o por una causa mayor (hacer lo correcto), sostienen buena parte del film, bien secundados por los malosos Adam Driver, como el nieto que quiere “abuelear” y por Domhnall Gleeson, asumiendo con plena convicción el rol de anticlimático líder oscuro.

Para complementar el reparto, aparecen el omnipresente Oscar Isaac, piloteando por altos vuelos su carrera actoral; Andy Serkis, el mejor actor con máscara real o digital, manejando sus piezas de la fuerza oscura y Lupita Nyong’o, abriendo los ojos al máximo para ver más allá de lo evidente, como diría el clásico. Para redondear, el venerable Max Von Sydow, abriendo el filme como una especie de presentador dándonos la bienvenida a esta renovada saga interestelar.

e) La fuerza de la edición: el flujo narrativo que en efecto se va como agua, obedece a un guion puntual y a la habilidad para el ensamblaje de secuencias, con lucidores recursos que van de los clásicos de cortinillas a otros como la transición a través del uso de humo, que permiten un equilibrio emotivo entre la acción y el desarrollo de los personajes, como para hacer que nos interese lo que suceda con ellos. Cierto es que de pronto se cae en algunos artificios tanto en las conversaciones grupales (todos hablan como si estuvieran pidiendo la palabra) como en las peleas cuerpo a cuerpo (los malos nunca le atinan), donde no hay sorpresas.

f) La fuerza de los detalles: múltiples personajes entre anfibios, humanoides, paquidermos, reptiles o seres de cierta estética punk sideral, además de escenografías que merecen ponerle pausa para apreciarlas, se despliegan brevemente por los diferentes contornos de los mundos visitados, capturados por una cámara versátil que igual se pone en plan panorámico para apreciar los paisajes verdes o se sumerge entre los fierros de algún deshuesadero desértico.

Detalles también en determinados diálogos, vestuarios u objetos que despiertan la memoria de los fans o atraen la atención de los recién llegados al universo Star Wars, incluyendo las pizcas de humor y los destellos retro que se insertan en una trama bien actualizada, salpicada de novedades que ya tendrán a los congresos sobre este fenómeno pop discutiendo a profundidad, quizá más de lo que ameritaría.

Vamos a ver si J. J. Abrams busca que la fuerza lo acompañe para emprender una saga original para el cine o si se sigue dedicando, con indudable eficacia, a resucitar clásicos del universo pop para ponerlos al alcance de las nuevas generaciones. Ojalá opte por lo segundo. O que haga las dos cosas.

 

CINE DE 1965: CINCUENTA AÑOS DE ILUMINAR LA PANTALLA

12 diciembre 2015

Un fugaz recorrido por algunos de los filmes que se recuerdan después de medio siglo en el que vieron la luz por vez primera.

ENTRE LA GUERRA Y LA PAZ

Doctor Zhivago se volvió un clásico instantáneo de la mano de David Lean, quien asumió el enorme de reto de llevar a la panDoctor Zhivagotalla la obra inmortal de con la Primera guerra mundial y la Revolución de Octubre como grandes contextos. El trío actoral integrado por Omar Sharif, Julie Christie y Geraldine Chaplin está a la altura del desafío. El musical La novicia rebelde (The Sound of Music) de Robert Wise, favorita de abuelas con un Christopher Plummer implacable pero con su oculto corazón aun latiendo y una Julie Andrews encantadora hasta lo imposible.

Una de las más conocidas sobre la vida de Jesús es La historia más grande jamás contada de George Stevens, mientras que en el mismo tono pacífico se presentó el docudrama El juego de la guerra de Peter Watkins, que se hizo acreedor al Oscar por mejor documental. Dirigida por Rezo Chkheidze, El padre de un soldado narra la epopeya de un hombre que va en busca de su hijo y termina involucrado en el ejército soviético enfrentando a los Nazis.

En The Hill, Sidney Lumet plantea un drama de sobrevivencia de cinco prisioneros durante la Segunda guerra mundial, mientras que Robert Aldrich colocó a James Stewart, Richard Attenborough y Peter Finch dentro de una situación difícil en pleno Sahara, vía la aventura de aviación El vuelo del fénix. Y al final de esta confrontación de alcance global, un joven vive una serie de peripecias en My Way Home (Így jöttem), realizada en tono lírico por el húngaro Miklós Jancsó. Otto Preminger, mientras tanto, rodó Primera victoria (In Harm´s Way) con John Wayne recibiendo una segunda oportunidad después de Pearl Harbor.

ESPÍAS, APOSTADORES Y DELINCUENTES

Operación trueno de Terence Young coloca a James Bond frente a un miembro de SPECTRE, organización retomada en la más reciente del agente secreto. Sean Connery dominando la pantalla y ya vuelto referencia para el personaje. En otra tonalidad, Martin Ritt dirigió Alto espionaje (The Spy Who Came in from the Cold) sobre la reconocida novela de John Le Carré. Se recuerda también El gran desafío (The Cincinnati Kid) de Norman Jewison con la interpretación de Steve McQueen como un jugador de póquer en los años 30´s del siglo pasado buscando llevarse el juego completo.

Por unos dólares más del maestro Sergio Leone forma parte central del western con salsa italiana para cuya realización resultó clave la presencia de Clint Eastwood. Con base en la novela de John Fowles, William Wyler realizó El coleccionista, sobre un hombre que captura a una mujer simplemente para tenerla atrapada: Terence Stamp resulta inmejorable para el papel. Por su parte, el filme de culto Faster, Pussycat! Kill! Kill! de Russ Meyer, sigue a tres strippers en busca de fortuna a costa de lo que sea. Por su parte, Blake Edwards nos ponía en modo de comedia con La carrera del siglo.

HISTORIAS A LA DISTANCIA

Los corceles de fuego de Sergei Parajanov nos lleva por una historia de amor imposible en una comunidad alejada de la región de los Cárpatos, entre apuntes costumbristas, música y drama que va adquiriendo contrastante colorido. De igual forma, una pequeña historia desarrollada en la naciente Unión Soviética, cerca de la frontera china, se presenta en El primer maestro de Andrey Konchalovskiy, desplegada a partir del momento en el que un hombre es enviado a una comunidad para educar a las masas según los preceptos del gobernante partido comunista.

En una pequeña villa eslovaca durante la ocupación nazi un sencillo carpintero se tendrá que enfrentar a un dilema moral en La tienda de la calle mayor, realizada por los nacidos en el imperio austrohúngaro Ján Kadár y Elmar Klos. En El manuscrito encontrado en Zaragoza, el director polaco Wojciech Has presenta a un oficial que, tras encontrar el texto del título, sigue las huellas de su abuelo a través de España. Mientras tanto, The Beatles gritaban Help! de la mano de Richard Lester

LOS GRANDES MAESTROS

Orson Wells retomaba el texto de Shakespeare sobre Sir John Falstaff, acompañante del príncipe Hal, para dirigir Campanadas a medianoche. Del dramaturgo inglés, Laurence Olivier interpretó con la maestría acostumbrada Otelo, realizada por Stuart Burge. Antes de ser mundialmente conocido, el checo Milos Forman rodó la comedia romántica Los amores de una rubia y Agnès Varda hizo lo propio con La felicidad, ese extraño estado de ánimo que usualmente se trastoca cuando aparece una variable no prevista dentro de una rutina aparentemente satisfactoria.

Roman Polanski se sumergió en la creciente locura de una joven, interpretada por Catherine Deneuve, en la desazonante y claustrofóbica Repulsión; otra mujer busca la tranquilidad después de ser engañada en Julieta de los espíritus, recurriendo a todo tipo de ayuda tanto del más allá como del más acá: se advierte, desde luego, el aliento de su director, Federico Fellini. También de Italia, Marco Bellochio presentó Las manos en los bolsillos, filme centrado en un joven y su familia disfuncional. Luis Buñuel contribuyó con el mediometraje con enfoque místico Simón del desierto.

Mientras que Jean-Luc Godard ponía a Jean-Paul Belmondo en plan escapista y aventurero permanente, junto con Anna Karina, en Pierrot el loco. El célebre director galo también propuso Alphaville, particular cinta del futuro con agente secreto incluido. Akira Kurosawa seguía dirigiendo obras imprescindibles a partir de un estilo único para la puesta en escena, tal como fue el caso de Barbarroja, filme que sigue el entrenamiento brindado por un médico a un interno con la presencia habitual de Toshirô Mifune.

 

MÁS QUE HUMANO

5 diciembre 2015

Con el título prestado de la gran novela de Theodore Sturgeon, es posible identificar un trío de filmes que se insertan en los vínculos existentes entre las grandes corporaciones, la tecnología robótica y el significado e implicación de seguir siendo humano. Historias que colocan a personas en soledad como sucedía en Her (Jonze, 2014), formando parte de alguna oscura empresa, desarrollando entidades o resolviendo enigmas que terminan por confrontarlos con el propio sentido de la existencia.

INTELIGENCIA NATURAL

Escrita y dirigida por Alex Garland (guiones de 28 días después, 2002; Sunshine, 2007; Nunca me abandones, 2010) en tono de aséptico thriller pausado cargado de interrogantes, Ex-Máquina (RU, 2015) retoma la estructura argumental de Frankenstein para presentar la historia de un joven empleado con dotes para la programación que gana un concurso en el que es invitado a la residencia del dueño de la empresa, enclavada en las montañas, para participar en un experimento que consiste en identificar las características de la inteligencia artificial insertada en una robot de algo más que rostro humano.

En el encierro dentro de un ambiente controlado y cómodo, pero en algún sentido hostil, no del todo descubierto, se empezará a crear un particular triángulo entre el soberbio genio inventor, aislado y de carácter inestable con gusto por la bebida (Oscar Isaacs, críptico), el joven recién llegado lleno de interrogantes e intereses (Domnhall Gleeson) y la última creación robótica demasiado cargada de humanidad (Alicia Vikander en plan exploratorio). Al trío se le suma alguna aparición silenciosa de otra mujer que atiende al dueño de la casa, construida con la lógica de las edificaciones inteligentes.

De manera brillante se van tejiendo los hilos argumentales que salen a la luz paulatinamente, mientras que una tensión contenida se acrecienta por las diversas posibilidades que se abren ante los diálogos que sostienen los personajes, como poniéndose a prueba constantemente y manejando distintos niveles de conversación, que va de la cotidianidad y el conocimiento mutuo a las confesiones que transitan por la delgada línea de la verdad, susceptible de ser manipulada desde alguna programación inasible.

Los juegos cromáticos que prevalecen en cada una de las escenas, así como las diversas perspectivas de la cámara que acompañan a los involucrados, resultan indicativos de la dualidad entre el encierro casi aceptado y la posibilidad de respirar aire fresco. El score de Geoff Barrow (Portishead) y el especialista televisivo Ben Salisbury le inyecta sonoridad a las atmósferas en apariencia apacibles, donde la innovación fluye, aunque acompañadas subrepticiamente por decisiones e intenciones no previstas que irrumpen en la lógica del proceso creador. Una de las mejores películas del año.

PRUEBA IRRESOLUBLE

En Teorema Zero (RU-Rumania-Francia-EU, 2013) el director Terry Gilliam (entre Brazil, 1985 y Tideland, 2005), que gusta de mundos surreales y atiborrados, explora con algunos destellos pero sin redondear el discurso narrativo, la búsqueda del sinsentido en una sociedad hipercontrolada de colorido saturado, donde la felicidad es una mercancía que está a la vuelta de la esquina, aunque se sepa de antemano que se trata de un artificio. El retrato de la realidad pareciera escindirse en una rutinización agobiante y una aspiración escapista, aunque sea a la propia casa, acaso para suponer que se tiene todo controlado.

Con la finalidad de probar el sinsentido de todo lo existente, un empleado (Christoph Waltz, hablando en primera persona del plural) es comisionado para encontrar el teorema del título, convertido en una paradoja que al parecer nunca va a tener una solución satisfactoria, un poco como la vida real en contraste con las posibilidades que ofrece la virtualidad para introducirse en los deseos y pensamientos, puestos en algún paradisiaco destino donde se pueda jugar con el sol cual pelota playera.

A la manera de trabajo en casa y cargando con una extraña enfermedad, este hombre vive esperando una llamada cual mensaje celestial en una capilla desvencijada con crucifijo acéfalo, mientras que intenta resolver el enigma, al tiempo que recibe la visita de algún supervisor (David Thewlis) y un par de husmeadores sujetos, así como de la terapia de una doctora virtual (Tilda Swinton), una mujer que conoció en una fiesta (Mélanie Thierry) y hasta al hijo del dueño de la empresa (Lucas Hedges), quien busca siempre pasar desapercibido (Matt Damon).

POSTHUMANO

Dirigida y coescrita por el sudafricano Neill Blomkamp, Chappie (EU-México, 2015) desarrolla el vínculo entre un robot, cual niño en completa apertura al aprendizaje, y su diseñador, un brillante y sencillo inventor (Dev Patel) que trabaja para una empresa de seguridad, convertida en proveedora del gobierno para habilitar a una especie de robocops enfocados a la tarea de mantener el control de la delincuencia, en una sociedad que cada vez más depende de estos elementos de la fuerza del orden.

A pesar de contar con algunas secuencias desarrolladas en forma descuidada (la facilidad del protagonista para recuperar al robot de la banda criminal, por ejemplo), la premisa alcanza a resultar atractiva, emotiva por momentos en cuanto al afecto construido entre creador y criatura e inquietante si miramos la dificultad que implica combinar la seguridad con los derechos humanos (o robóticos), sobre todo cuando surgen tantos intereses de por medio.