Posts Tagged ‘Pérdida’

CUANDO LOS HIJOS MUEREN

27 abril 2017

La vida se convierte en sobrevivencia, en una batalla cotidiana frente a la tentación de morir lo más pronto posible y encontrarle algún sentido al hecho de seguir despertando cada mañana. Al dolor de la pérdida, se le suma el frecuente enfriamiento emocional entre los padres y la dificultad de continuar adelante con los otros hijos, si es el caso. El sentimiento de culpa, mientras tanto, ronda con crueldad los pensamientos incluso cuando no hay justificación, acechando constantemente y atacando el frágil equilibrio a la menor provocación. Un par de filmes en los que el tema se aborda desde perspectivas distintas. Como dice alguno de los personajes, la muerte de un hijo es como tener un permanente grito atorado en las entrañas.

LO QUE PERDIMOS EN EL FUEGO NO ESTÁ EN LAS CENIZAS

Escrita y dirigida con amplio sentido realista por Kenneth Lonergan (Margaret, 2011), dándose tiempo para hacer una breve aparición frente a cámaras increpando al protagonista, Manchester junto al mar (Manchester By the Sea, EU, 2016) es un contenido drama acerca de la pérdida más dura de sobrellevar, que incluso se atreve a insertar un sutil humor sin perder fuerza y que contribuye, al contrario, para profundizar en la cercanía de las situaciones y reacciones de los diferentes personajes y los cambios en los vínculos que establecen entre sí, en particular después de la tragedia central del relato.

Un hosco milusos que atiende los departamentos de varios edificios, recibe la noticia del fallecimiento de su hermano y la consecuente solicitud de que se convierta en el tutor de su sobrino, un adolescente entre simpático, listo, demandante y conflictivo (o sea, un adolescente). Como cabría esperar, la dinámica entre tío y sobrino, que convivían y jugaban años atrás, resulta en principio espinosa y áspera pero al fin afectuosa: ambos se encuentran con una circunstancia que no saben manejar pero que tendrán que afrontar, al menos mientras se ajustan las cuestiones legales y se toman las decisiones sobre el destino del joven.

Con ruptura de la linealidad temporal, más como una estrategia narrativa que como un mero artilugio desgastado, conocemos pasado y presente de este hombre, alguna vez casado y padre de dos hijas, parte de la comunidad y con una relación cercana con su hermano mayor, en dificultades matrimoniales por el alcoholismo de la esposa. Hoy carga una culpa imposible de digerir que asalta sus recuerdos y busca ser castigado, ya sea provocando peleas en los bares o aislándose de cualquier posibilidad de establecer una relación personal, en tanto su ex esposa ha intentado reconstruirse con una nueva pareja.

A la discretamente dolorosa interpretación de Casey Affleck, en la línea de sus papeles en El asesinato de Jesse James por el cobarde Tom Ford (Dominik, 2007), Desapareció una noche (Affleck, 2007) y El asesino dentro de mí (Winterbottom, 2010) se añaden notables secundarios como el joven Lucas Hedges, entre el sarcasmo y el miedo al congelamiento; Kyle Chandler como el hermano apoyador y Michelle Williams, conduciendo notablemente a su personaje a través de un proceso de transformación.

Una foto paisajística y recurrente, acompañada de Handel y Albinioni, contrastando con Ray Charles, Bob Dylan y Ella Fitzgerald, captura los parajes nevados que congelan la posibilidad de seguir adelante, expresada en las miradas extraviadas del protagonista, al tiempo que la notable edición contribuye al ensamble de las secuencias viajando en doble dirección temporal, con el necesario tono dramático y costumbrista, orientado a construir personajes que a pesar de todo terminan por ser entrañables.

ManchesterEl director vuelve a explorar las dificultades del regreso a casa como en Puedes contar conmigo (2000), ahora ubicando el contexto geográfico en Manchester-by-the Sea, un pequeño pueblo de Essex, Massachusetts, nombrado así a partir de 1989 y habitado por poco más de 5,000 personas (censo del 2010), en su mayoría de raza blanca. En este ámbito donde es difícil que exista el anonimato, los intentos por reinsertarse después de haber pasado tiempo fuera y con el estigma de la dolorosa experiencia, serán víctimas de los prejuicios y del auto sabotaje.

Acaso se tiene la esperanza de reparar el pequeño barco como vehículo para explorar los alrededores marítimos y, en su caso, escapar de una realidad incierta y apremiante, apenas soportada por el apoyo de alguna pareja de amigos y la necesidad de resolver trámites pendientes, cual terapia ocupacional siempre interrumpida por algún recuerdo que se clava en el alma: olvidar dónde se dejó el coche, jugar con una pelota y mirar directo hacia el mar, esperando que puedan emerger respuestas o, al menos, sumergir la tristeza en el horizonte.

SUPERAR EL DOLOR

Dirigida con buen sentido de la tensión por Karyn Kusama, La invitación (EU, 2015) aborda desde la lógica del thriller el duro tránsito de una ex pareja, actualmente en compañía de otras personas, para superar la muerte de su hijo. Tras dos años de separación, Eden (Tammy Blanchard) y su novio actual (Michiel Huisman) organizan una cena a la que asiste el ex marido Will (Logan Marshall-Green) y su pareja (Emayatzy Corinealdi), entre otros viejos amigos; a la reunión llega una joven extrañamente confianzuda (Lindsay Burdge), de esas que te dicen que te quieren sin conocerte y un misterioso hombre (John Carroll Lynch), quien cuenta una triste historia acerca de su esposa, demasiado personal para estar frente a un grupo de desconocidos.

La reunión va tomando un giro inesperado cuando los anfitriones muestran un video de alguien que muere pacíficamente para después proponer algunos ejercicios grupales sobre confesiones de secretos, deseos y asuntos por el estilo, a la manera de grupos de autoayuda sospechosamente sectarios. Will intuye que algo raro flota en el ambiente: ya no reconoce a su ex mujer, todos se comportan muy amables y tendrá que dilucidar que está pasando, mientras el dolor de la muerte de su hijo lo invade sin misericordia, sobre todo ahora que volvió a la casa donde lo crió.

De premisa interesante, si bien por momentos predecible y recurriendo a algunas reacciones incomprensibles (como la de no salirse de la reunión cuando surgen las dudas, como sí lo hizo una de las invitadas), el filme funciona con su mezcla de drama familiar, angustia existencial y crítica directa a las puertas falsas y soluciones únicas, sobre todo cuando se quieren imponer a los demás, manipulando con dogmatismos sacados de la manga y tomando decisiones que invaden la alternativa de vivir el propio dolor.

 

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INVENTORES ANIMADOS

7 febrero 2015

Un par de películas de animación con evidente espíritu japonés: una realizada allá y otra inspirada en la isla que comparten como centro argumental la pérdida y la posibilidad de innovación creativa como para darle sentido al mundo: o más allá, para crear un entorno diferente donde la luz brille por encima de las calamidades. Ahí, justo donde el recuerdo inspire o el viento nos anuncie la necesidad de mantenernos dispuestos a optar por la vida.

DEBEMOS INTENTAR VIVIR

Se levanta el viento (Japón, 2013) representa un elocuente final de trayectoria artística llena de imaginación, puesta al servicio del cine como vehículo expresivo, específicamente a través de la animación hermosamente artesanal. El gran realizador nipón Haya Miyazaky ha declarado que la cinta biográfica basada en su propio cómic sobre Jirô Horikoshi, el diseñador de aviones durante la II Guerra Mundial, es la última que dirige: inevitable resulta encontrar ciertas comparaciones entre ambos, particularmente las vinculadas al espíritu creativo y a la búsqueda de la belleza ya sea en los aeroplanos o en las películas animadas, según sea el caso.

La historia sigue justamente a este ingenioso diseñador desde su infancia hasta su etapa adulta, ya convertido en un visionario diseñador aeronáutico, pasando por su juventud con todo y las inspiraciones oníricas de Caproni, un creador italiano de aviones por completo anticipado a su época, así como su ingreso a una compañía creadora de aviones en 1927, su relación matrimonial con Nahoko y su vínculo amistoso con su colega Honjo. El argumento se contextualiza a partir de eventos catastróficos como el terremoto de 1923 y la dura epidemia de tuberculosis.

En su undécimo largometraje, el también realizador de notables cortos como Pan-dane to Tamago-hime (2010), propone unSe levanta el viento héroe masculino de la vida real, en contraste con sus habituales protagonistas femeninas insertas en mundos complejos –Nausicaä, Sheeta, Kanta/Michicko, Kiki, Mononoke, Chihiro, Sofî, Ponyo-, y se inclina más al realismo que a la fantasía, solo incorporada a través del onirismo recreado en el mundo del futuro inventor: el poder de la inspiración atraviesa la convicción de que los sueños pueden transformarse en estética realidad.

Una vertiente narrativa que complementa el argumento central del filme, posa su atención en el matrimonio del protagonista con una sensible pintora de frágil estado de salud: esta dimensión entre romántica y dramática contribuye a entender de manera más integral al personaje, considerando todo el desarrollo en la empresa y con su buen amigo y colega, mostrando la obsesión por convertir el sueño recurrente en prístina realidad.

La temática de la guerra vuelve a desplegarse como en El castillo vagabundo (2004) y se plantea la disyuntiva de crear artefactos para la destrucción o para engrandecer al ser humano (de hecho estos aviones Zero se usaron en Pearl Harbor). La reflexión también se formula en torno a la manera en la que la cultura japonesa se fue transformando en términos de calidad: de los aviones malhechos en casa, a la necesidad de construir artefactos impecables en funcionamiento y en forma; no es casual que se describa esa capacidad nipona para retomar buenas ideas de otras partes del mundo y engrandecerlas.

Una vez más la animación es deslumbrante por la capacidad de absorbernos y colocarnos justo ahí, en el terremoto de Kanto; en el aire, el cielo, el campo y la lluvia; en los sueños del niño y en las difíciles condiciones que se vivían en aquellos años: la paleta cromática busca los claroscuros y tanto los paisajes como los interiores son labrados con delicadeza pictórica. La banda sonora termina por ampliar la recreación de una época y un momento particular en los márgenes de la terrible guerra.

En su poema El cementerio marino de 1922, Paul Valery concluye que “El viento se levanta! … ¡Hay que intentar vivir! / Mi libro cierra, inmenso, luego lo vuelve a abrir, / ¡De las olas deshechas nuevas olas derivan! / ¡Vuelen, vuelen ustedes, páginas deslumbradas! / ¡Rompan, olas! ¡Rompan con aguas exaltadas / Este techo tranquilo donde los foques iban!” Como las velas que se enfrentan a la tormenta, pareciera que la proyección vital puede mirar hacia un horizonte donde, en efecto, el viento nos pueda dar un nuevo impulso, cuando todo parece perdido.

DEBEMOS INTENTAR RENOVARNOS

Con una impronta japonesa desde la ambientación y nombre de la urbe donde se desarrollan los sucesos (San Fransokyo), Grandes Héroes (Big Hero 6, EU, 2014) es una sensible y entretenida cinta de animación que se sustenta en la relación que establecen un niño genio rebelde y una especie de robot cual muñeco de nieve inflable de irresistible simpatía. Es de hecho este personaje el que resulta clave para que el filme consiga trascender más allá del disfrute momentáneo, además de la integración de un cierto dramatismo.

Dirigida por Don Hall y Chris Williams con guion armado por una multitud, la cinta sigue la línea estética desarrollada en Ralph (Moore, 2012) y Frozen (Buck y Lee, 2013), estableciéndose como una propuesta de Disney paralela a Pixar, tratando de diferenciarse y al mismo tiempo de incorporar ideas que alimenten este tipo de filmes de animación. Además de una buena dosis de emoción y humor, la historia se articular a partir de diálogos inteligentes y una edición eficaz, soportada por una animación que integra ciudades y nos lleva a un mundo extrañamente familiar.

ENTRE OGROS REBELDES Y JUGUETES SENSIBLES

6 agosto 2010

Son las dos joyitas de sus respectivos estudios, competidores en el jugoso mercado de la animación infantil. Pixar está en la cima seguido por Dream Works, acusando cierta irregularidad en sus propuestas que contrasta con la consistencia de los miembros de la casa Disney (excepto Cars, 06), quienes han sabido cuidar muy bien su franquicia emblemática, incluso arriesgando una tercera producción.
Shrek (Adamson/Jenson, 01) fue todo un suceso, al nivel de Toy Story (Lasseter, 95): por diferentes motivos, las dos películas tienen reservado un lugar de privilegio en la historia de la animación; las segundas partes de ambas fueron continuaciones dignas de la trascendencia de sus predecesoras (Toy Story 2, Lasseter, 99; Shrek 2, Adamson/Asbury, 04) pero Dream Works se precipitó y produjo una fallida tercera entrega (Shrek Tercero, Miller/Hui, 07) de la que sólo se recuerda la secuencia del ataque de las princesas impulsadas por el grito de Robert Plant, dejando un pantanoso sabor de boca entre los fieles seguidores del irreverente y ahora domesticado marido de Fiona.
Y esa condición parece que motivó la realización de Shrek para siempre (EU, 10), buscando volver la mirada hacia los orígenes para tratar de cerrar en forma más honrosa las peripecias de los personajes pobladores de este anti-cuento escrito por William Steig. Dirigida por Mike Mitchell (Súper escuela de héroes, 05), la cinta recurre a la estrategia del mundo paralelo para revalorar la cotidianidad como vehículo hacia la felicidad y aunque se extraña más humor, de alguna manera el daño hecho por su predecesora queda resarcido.
Por su parte, Toy Story 3 (Lee Unkrich, 10) es un dechado de inteligencia fílmica y sensibilidad lúdica: la combinación de humor, acción y drama funciona como una precisa relojería narrativa que hace cómplice al espectador; incluso los homenajes a los maestros Orson Welles (Lotso) y Hayao Miyazaki (Totoro) y las consabidas referencias a otros filmes, se insertan orgánicamente en la trama, impecablemente ligada a sus dos predecesoras.
El aprovechamiento de la 3D aquí sí encuentra un sentido para contrastar el juego entre interiores y exteriores, mientras que el manejo de la perspectiva consigue involucrarnos en las aventuras de los famosos juguetes parlantes, a pesar de tratarse de animación. La pérdida como condición de vida y la dureza de los diferentes ambientes entre los que priva la ley del más fuerte, se contrapone con la posibilidad de cambio y la importancia de la amistad al punto de arriesgar, una vez más, el pellejo (o el plástico, en este caso).